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Faro

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1 Faro el 02/08/11, 06:25 pm

Rocavarancolia Rol

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Recuerdo del primer mensaje :

Construido en piedra blanca, de una sola pieza, mide 150 metros de alto, terminado en una linterna que atrae a los barcos para hacerlos naufragar.

Descripción del interior:
La puerta del faro da a un vestíbulo. Allí se encuentra una trampilla que conduce a una bodega repleta de maromas, herramientas y barriles. A todo esto se les suman unos rollos de papel fino, granuloso, apilados en el suelo. Cada uno mide más de dos metros y en cada extremo hay ceñida una arandela metálica.

Al fondo del vestíbulo también comienza una gran escalera de caracol robusta, con escalones de madera y una barandilla oxidada y poco fiable. Esta les conduce hasta la parte alta del faro, compuesta por dos pisos habitables y un tercero para la linterna.

La escalera acaba frente a un arco sin puerta tras el cual se abre paso una sala de estar muy sencilla, con muy poca coherencia a nivel estético. Pegado a una pared hay un sofá y, a ambos lados de este, un par de muebles entreabiertos, desordenados y más vacíos que llenos. Cada pieza de la decoración es de un color y formas diferentes, parecen no ser del mismo lugar o de la misma época; esto incluye los cajones de los muebles, que nisiquiera cierran bien. Dentro de ellos pueden encontrar algún que otro amuleto y ropa en desuso de varios mundos vinculados. Una mesa coja preside el salón, con la pata corta apoyada sobre un par de revistas de Frivowaldanny y la Tierra. Cuatro sillas  de diferente tamaño la rodean.

En la pared frente al arco de entrada se abren dos puertas: una da a una cocina ligeramente más moderna que las de los torreones e igual de disparatada que la sala de estar. La otra da a un pasillo por el cual continúan las escaleras hasta el siguiente piso.

La segunda planta está ocupada enteramente por un baño y dos habitaciones. La primera es una estancia grande con cama de matrimonio, frente a esta hay un gran ventanal que ocupa toda la pared. Destacan un par de mesitas de noche en mitad de la habitación y un espejo rectangular, de cuerpo entero, apoyado en la misma pared que la cabecera de la cama. La segunda habitación es mucho más pequeña, apenas tiene una cama individual y un armario diminuto. La luz entra en ella por una ventana mucho más modesta, apenas mide el metro cuadrado.

El pasillo que une ambas habitaciones y el baño tiene unas escaleras que conducen al último piso. Esta planta es completamente circular: en el centro está la habitación de la linterna, a la cual se accede por una arcada. A un lado de esta arcada descansa un arpón clavado en la pared, sobre una vieja mancha de sangre. Desde la habitación de la linterna se puede salir a una balconada que rodea toda la planta y que permite asomarse al exterior. El suelo está repleto de mantas y toallas con motivos variopintos, entre las que destacan algunas con aspecto de banderas piratas.

Hechizos disponibles:
-Hechizo térmico
-Levitación
-Inmovilizar
-Curación superficial



Última edición por Rocavarancolia Rol el 04/08/17, 07:38 pm, editado 1 vez


373 Re: Faro el 03/08/18, 09:38 pm

Yber


GM
El reflejo se estabiliza para Mónica en cuanto Sinceridad termina de colocar el espejo en la planta de abajo. Mónica puede ver lo que ocurre allí a través del marco que une sus dos realidades: la vieja y la nueva. La habitación para Mónica, sin embargo, seguirá vacía: ni Sinceridad ni Lorenzo se reflejan junto a ella.

374 Re: Faro el 03/08/18, 10:42 pm

Jack


Había algo abriéndose paso en su cuerpo que la mantuvo a flote, no obstante. Notaba un cosquilleo molesto recorrer su cuerpo, pero no era algo móvil sino localizado. Sus bultos. <<¿Qué es esto...?>> Escuchar los quejidos de Lorenzo también ayudaba. Pero escuchar lo que les dijo a ambas... Tuvo que suspirar.
¿Pelear? No hay nada que hacer. ¡Míranos! No sé cómo ha acabado ahí dentro, ¡pero no puedo esperar a que vuelva a salir! ¡¿Qué quieres que haga?! —se había ido enfadando, más por su propio dolor que por el chico, y incorporó de golpe. Hizo un ademán de agarrar el espejo, pero vio que el humano lo estaba tocando así que lo soltó—. Me está empezando a doler todo. ¿Y si acabo como tú? ¿Qué diablos quieres que haga? ¿Que lo coja y lo estampe contra la pared a ver si así sale? ¿¡Y SI LA MATO AL HACERLO!? ¡Si no lo hace el espejo, no pienso hacerlo yo por error!

Llegados a ese punto, estalló y sí que golpeó algo. La mesa. La pata más cercana se llevó un puntapie, aunque su intención había sido darle a la silla. No le dolió más que las pústulas de la pierna que se estiraron con el movimiento. O el orgullo por no haber sido capaz de atinar por culpa de los ojos. Se rascaba todo el cuerpo mientras hablaba y su situación empeoraba tanto como su enfado y su impotencia. Llegó a pensar que preferiría estar inválida de dolor que allí en medio sin poder ayudarles.
¡Joder! ¡Se me está cubriendo la piel de esta mierda y con los ojos apenas veo! ¿Qué plumas quieres que haga? No podemos hacer otra cosa que esperar, joder —gruñó. Levantó las manos y avanzó casi a tientas. Le daba miedo limpiarse con los ojos con aquellas cosas en la piel, pero no le quedaba otra si no se ponía en marcha—. Voy a por agua, aunque a este paso meteré la cabeza en un cubo.

Volvió al poco con un paño húmedo para sus ojos así como el cubo con un vaso. Si el diestro quería, le ayudaría a beber. Se disculpó, también. El chico no se merecía sus gritos, por muy justificados que pudieran estar.
Siento lo de antes, pero es que no hay nada que hacer. No puedo sacarla de ahí y no puedo curarte.

375 Re: Faro el 03/08/18, 10:45 pm

Bellota


Mónica dejó de responder. No podía, se sentía incapaz. Estaba atrapada, y se sentía atrapada. Simplemente se concentró en respirar. Eso era todo lo que podía hacer. Escuchaba de fondo a sus compañeros de torreón, sufriendo. Sufriendo igual que ella.

Se apoyó contra el cristal, poniendo la mano contra este, y respiró.

Eso era todo.

376 Re: Faro el 04/08/18, 12:58 am

Leonart


Lorenzo

El sonido del crujir de huesos y tirones de músculos todos restallando en similitud seria terriblemente ahogado por los llantos de extremo dolor que sangraban la sala. Sangre mancharia los sus pantalones a medida que Lorenzo ya no podia tenerse boca arriba. El mareo tan solo incrementó y acabó por tirarse a un lado y vomitar. Solo bilis, pues su estomago llevaba horas ya vacio.
Pero aquello no le impidió volverlo a hacer en cuanto los doleres se repitieron.

Estaba febril ya, musitando incoherencias y con los ojos velados, los tejidos de su pantalón se abullaban y abultaban alli donde la sangre tocaba, hasta que eventualmente, toda su zona trasera y zapatos se encontraba impregnada del líquido rojo.
El diesto imploraba a la Virgen en su delirio, cogiendose a la cruz de Santiago que llevaba al pecho justo antes de volver a vaciar su vientre una vez más. Aunque ya poco le quedase.

El dolor no paraba, ni queria parar. Solo incrementaba, notaba cada vez como le molestaba todo y le dolia todo aún más. Y el crujir de huesos y músculos ciertamente no le ayudaba. Gritaba, aullaba de dolor puro. Luego se desmayaba por unos segundos y para cuando volvia en si, volvia a gritar y el ciclo se repetia.

El español, no ajeno al dolor, sentia que la suma de todo el sufrimiento que habia sentido en sus carnes a lo largo de su vida no se acercaba ni una minucia a lo que sentia y estaba por sentir. Cada pocos segundos, el dolor se doblaba, como para demostrarle que todavia era capaz de sentir mayor agonia.

377 Re: Faro el 04/08/18, 03:30 am

Jack


No hubo respuestas, solo más sufrimiento. La roquense se tensó cuando sintió la quemazón por todo el cuerpo, pero aún más al escuchar a Lorenzo. Quiso acercarse a ayudarle, de alguna forma, guiándose por sus quejidos, pero una nueva oleada de su propio dolor se lo impidió. Tropezó con el cubo y desparramó el agua por el piso, pero pudo apoyarse en la pared sin resbalar del todo. Se lo pensó una vez más y en lugar de acercarse intentó lo opuesto. Alcanzó la mesa a tientas y la empujó hacia la pared opuesta. No dejaba de trastabillar y de gruñir. Cada movimiento estiraba su piel y podía notar cómo cada milímetro de esta se tensaba alrededor de los bultos. Tanto que podía jurar que algunas de las heridas se las estaba haciendo ella misma con el esfuerzo.

Pero aquello no hacía más que renovar su empeño. Tenía que alejarse de sus amigos. Había decidido que cada cual debía sufrir aquella penuria a solas y, al final, se decidiría quién suponía un peligro. Para entonces, ella estaría entre la mesa y la pared.

Cuando chocó con el muro, empezó a rodearla sin despegar las manos de ella. Solo distinguía tonos de luz pero de vez en cuando creía ver borrones. ¿Quizá no perdería la visión del todo? Pero no podía saberlo así que siguió a lo suyo. Aquella parte de su plan era fácil y le supuso un alivio. Sin embargo, la Luna no regalaba treguas y tanpronto como hubo rodeado una esquina, notó un cosquilleo en la cara. ¡Sus ojos, sus ojos! Instintivamente se quiso llevar las manos hacia allí, pero moverlas lo más mínimo acrecentó el dolor. Debía tener al menos dos cortes en cada mano. O tres. ¿Cuatro? No sabría decirlo con certeza, la sensación lacerante saltaba de una zona a otra. Alas, incluso, que hastaentonces parecían inmunes. Sus magníficas alas.

Se vino abajo cuando sintió arder la piel alrededor de los ojos. Se estiraba. Se movía. Podía notarla vibrar bajo sus manos. Y lo peor es que el resto de heridas se sumaron a su baile. Se apoyó contra la mesa. Se sentó en el borde. Incluso se sentó en el suelo. Pero ninguna postura relajaba la tirantez de la piel ni el sufrimiento, aunque tenía claro y comprobado que se le abrían las heridas aunque ella estuviera quieta.

Quieta. Si estaba quieta, ¿por qué veía borrones aquí y allá, por qué se estaba mareando? Aunque su propia piel estuviera cubriendo sus ojos, no estaba a oscuras. Pero si intentaba enfocar mejor, el mareo empeoraba. Se quedó en el suelo, pero hizo un último esfuerzo para arrastrarse sobre su propia sangre y sus plumas, sus hermosas plumas, bajo la mesa. Allí podría retorcerse y quejarse a gusto. Si terminaba convertida en una pesadilla, mejor ahí debajo lejos de miradas.

El mareo se suavizó, al menos, por lo que intentó pensar. Decidir no le costó mucho. Presa de espasmos allí donde se abría otra herida, se llevó la mano derecha a una del brazo izquierdo. No eran cortes sin más. Podía sentir perfectamente cómo algo se removía bajo la piel, donde los bultos, y cómo asomaba al exterior. Pero no llegó a iniciar su carnicería. Primero, porque el mareo volvía con cada movimiento. Segundo, porque tocar la herida abierta le causó tanta dentera como retorcerse de dolor. Y, tercero, porque rechazó la idea de autoinfligirse ese dolor tantas veces como pústulas tuviera. Acabaría desmayándose si forzaba la salida de aquellas cosas... si no la dejaba inconsciente la sensación de sus ojos. Ya no le pertenecían. No le respondían, pero los sentía vibrar, moverse, estrecharse, ondularse. Nunca había sabido de qué estaban hechos, pero ahora le quedaba bastante claro que debían contener algún tipo de líquido en su interior.

Ella parecía a punto de perderlo, parecían a punto de aplastarse del todo en las cuencas y derramarse. No había imaginado que aquello fuera posible, tan solo contaba con la maldición de las legañas. Pero su cordura sufría, tanto por las oleadas de dolor, que iban y venían pero siempre a peor, como por perder la confianza en su propia imagen. Podía aceptar la ceguera, ¿pero por qué todo lo demás? ¿Rocavarancolia no podía respetar su aspecto? Nadie la reconocería en casa con esas aberturas y esa cara demacrada. Sus amigos la repudiarían. Acabaría convertida en un monstruo para la vista. Y ni siquiera ella podría ni reconocerse ni verse a sí misma. Pero quizá fuera lo mejor.

378 Re: Faro el 04/08/18, 07:30 am

Bellota

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Por fin, tras muchos minutos de agonía, Mónica logró calmarse, darse cuenta de que no se estaba muriendo y de que aunque todo pintase mal, lo solucionarían. Fue entonces cuando levantó la cabeza y miró hacia fuera.

Y lo que vio fue una pesadilla. Lorenzo sangraba y se retorcía, y algo crecía en su parte posterior. Los gritos que hasta ahora su pánico había ahogado cobraron fuerza, y la humana tuvo que taparse los oídos. El miedo volvió, ya no por ella, sino por sus compañeros. Después miró a Sinceridad, quien se alejaba de ellos a trompicones y a quien le burbujeaba algo bajo las plumas, y ahogó otro grito. Dios mío, estaba pasando. Estaba pasando.

De pronto, el espejo no estaba tan mal.

379 Re: Faro el 04/08/18, 11:38 am

Leonart

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Lorenzo

Nueva carne salia de Lorenzo. En un bautismo de sangre y agonia, sus pantalones se vieron imposibilitados de contener la marea de mutación. Sus gritos alcanzaron un nuevo ápice de estruendo cuando una figura larga y puntiaguda chocaba contra el cuero. Con aparentes renovadas fuerzas, el español comenzó a pelears con su faja y su pantalón, nerviosamente arañando el nudo y telas mientras sollozaba. A muy duras penas logró quitarse los pantalones, o al menos bajarselos hasta los tobillos.

Y ahí el horror estaba a la vista.

Dos apendices, por llamarlos de alguna manera estaban surgiendo de su coxis. A medida de sangre, carne y hueso nuevo, los apendices no se parecian a nada que él podia recordar, salvo una bastardización de unas patas. Y tan solo era capaz de verlos si se giraba sobre si mismo, pues hasta su propio pandero parecia expandirse.
Una a una de las ultimas vértebras se fueron deconstruyendo y realineando para este nuevo y creciente aspecto. El aspecto de una bestia. Y el dolor, de alguna manera, encontró maneras de intensificarse, incluso despues de todo.

Sin más lágrimas, vómito o sudor que reclamar, el Español espumeaba por la boca a medida que nueva piel, tendones y órganos eran formados en la nueva y protuberante adición.


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380 Re: Faro el 04/08/18, 05:30 pm

Jack

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El español gritaba por ella, eclipsaba sus propios quejidos. Ella estaba llegando a plantearse si un buen golpe en la cabeza la dejaría lo suficientemente inconsciente como para aguantar ese suplicio, pero no lo parecía. Había visto a heridos caer rendidos de dolor, pero Lorenzo aún aguantaba. Y ella... ella por más que intentaba refugiarse en la oscuridad y soportar ahí su propio dolor, no conseguía dejar de ver cosas indescriptibles. Sabía que estaba debajo de la mesa de madera que había estado en el Faro desde que llegaron, pero no la reconocía. Ni siquiera sabía si era eso lo que estaba viendo. No. Ni siquiera podía tener la certeza de estar viendo y tampoco es que el dolor le dejase pensar.

Más heridas se abrieron sin piedad, algunas en sus espaldas, otras en sus piernas. Consiguió tumbarse de costado para ponérselo fácil y se retorcería mientras aquellas cosas saliesen de sus músculos. Aquellas cosas que se habían ido formando lentamente bajo su piel. Al menos, al menos... Al menos no parecían huevos o parásitos. Pero no suponía ningún alivio sentir apéndices nuevos por todo su cuerpo. Palpitantes. Calientes. Dolorosos. Y, por lo que sentía al moverse, al roce de la piel, su superficie era dura.

Pero todos esos pensamientos no eran más que sensaciones fugaces. El coro de gritos de ambos y su propia tortura eran suficiente. Ni quería ni podía centrarse en otra cosa que en esperar el final de aquello. Pero, a pesar de esto, en los segundos de calma entre herida y herida, en esos segundos de lucidez intentaba afinar el oído por si oía de nuevo a su amiga. No quería que su último recuerdo antes del final, ya significara este su muerte o acabar convertida en un monstruo, fueran los alaridos de Lorenzo. Quería poder escucharles a salvo y se lo repetía entre quejido y quejido. Pero no, tan solo escuchaba gritos y el repiquetear de la lluvia en las ventanas. Llovía, aunque fuera una tormenta, y habría llorado si hubiera podido, porque ya ni eso podría ver.


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Die wahre Macht, die uns beherrscht, ist die schädliche, unendliche, verzehrende, zerstörende, unstillbare Gier...
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381 Re: Faro el 08/08/18, 05:08 pm

Lumichen

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Los dias y semanas pasaban, y Fahran ya ni podia apreciarlos. Habia perdido toda voluntad o gana de abandonar el cuarto, ni si quiera para comer, con lo que esperaria a que los demás niños no estuvieran para coger comida. Cosas terribles les estaban pasando, les podia oir a través de las paredes cuchichear. Una chica habia muerto y estaban todos pasando por el duelo y otros dolores.

Se alegraria, pensó, si ella pudiera morirse tambien. Sus ojos se dirigieron hacia el techo, vacios y sin color. Se habia trenzado el pelo haria un tiempo,  no queriendo ver los enormes huecos que se habia hecho en la cabellera, pero con el tiempo habian crecido hacia afuera, en un pandemonio de pinchos y desastre de puntas que se abrian en todas direcciones.
Ya no le importaba nada. O más bien, desearia que no le importase. Roaxen no vino a por ella al final. Sintió algo de alivio por el dolor. Un dolor que ardía, trepando por sus pies hacia sus piernas pasandole por la espalda.  

Su cuerpo temblaba, se arrebujaba de agonia, pero su expresión permanecia sin cambiar, fría y vacia. Podia oir los chillidos de los demás haciendo eco a través del edificio, ardiendole en la sien. Por el Emperador, deseaba morirse ya de una vez. O al menos sufrir en silencio, como lo hacia en aquellos momentos. Como habia hecho siempre.  

La sábana cayó de sus hombros cuando se incorporó e hizo amago de salir de la cama. Comos i caminase sobre el filo de un cuchillo, sus pies ardían de dolor bajo su peso, pero Fahran siguió caminando de todas formas No sabia porque, pero sabia que debia de ir. Para cuando se percató de lo que habia pasado, se encontró desnuda, metida en la bañera y su ropa esparcida sobre el suelo. Se miró las manos y frotó las yemas arrugadas de sus dedos sobre su cara.

El agua estaba fría, pero  no hizo esfuerzo por levantarse. Recostandose hacia atrás, cerró los ojos, sintiendo el dolor amortiguado esparcirse por el agua. No sabia si se trataba de la temperatura del agua, pero esta parecia calmarle la dolencia.

No fue sino entonces que notó algo burbujeando bajo la superficie.  Sus ojos se abrieron de par en par. El agua estaba teñida de rojo. Un grito reseco y asustado salió de entre sus labios a medida que vío su cuerpo cubierto de pequeños cortes sobre su piel. Sus brazos se agarrraron a sus hombros a medida que se retorcia de agonía.  

Quiso levantarse, pero las piernas ya no le respondian.

382 Re: Faro el 08/08/18, 06:08 pm

Leonart

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Basilisco

Tres golpes, uno detrás del otro acometieron la puerta, a cada cual abollándola aun más, llegando a un punto que las bisagras no pudieron más, y un cuarto golpe bastó para saltar la puerta del quicio. Golpeando el suelo con un estruendo, una ola de calor proviniente de la playa entró al cuarto y, con esta, una figura sombria.
Vestido con un chal y americana negros, camisa lila y corbata en conjunto al color oscuro, el ulterano se adentró por el rellano, pisando la puerta con sus pristinas botas de cuero negro. Un parche exquisitamente decorado con filigranas en oro ocultaba un ojo y el otro, completamente negro como una bola de billar, miraba hacia el vacio. Alzando una mano, gesticuló un amago de un puño y golpeó suavemente el aire.
-¿Toc toc?- preguntó con una expresión confusa.

Aquel acto, o broma, duró poco pues su voz se vió ensordecida por los gritos que habia dentro. Una de sus manos en el chal y la otra al aire, enguatada en cuero negro, sobrepasó la puerta tirada y se adentró al epicentro donde los nuevos monstruos de la ciudad aun se estaban concentrando. Sus aullidos de dolor eran del todo molestos, dictaminó, pero no veia ni pizca de la presencia de Fahran. Mas sabia que estaban a dentro.
Con un gesto descarado, les vaticinó un hechizo de enmudecedor y, sin dedicarles una segunda mirada a los agonizantes niños a sus pies, atendió a sus oidos. Más arriba, podia discernir un grito. Un grito de lo más suculento y femenino.

Sabiendo que aquellos niños que se encontraban en aquella planta, quedaba por descartar que arriba seria donde encontraria su premio. De tanta espera y tanto trabajo, por fin recibiria su recompensa.
El placer que podia palpar en el aire, el miedo, el horror, la agonia y, más importante, la vulnerabilidad sin duda le llenaron de extasia, sin embargo, debia atender a otros asuntos y cuanto antes. Su lasciva mente ya estaba precipitandose ante la sorpresa que se iba a llevar. Queria algo genuino a primera vista, no a través de la niebla mágica, como tantas veces habia visto las delicias del cuerpo de la chica.

De su sorpresa ahí dependeria, si salia de aquel sitio con un coñito exótico, o con un poderoso esclavo. Quizás ambos. No podia contener el buen humor en el que se encontraba.

-Disfrutad de la bendición de la Luna Roja. Delectaos en como penetra vuestro cuerpo y rompe, reconstruye y empodera vuestra castidad y pureza  transformandolos en algo horrible horrible y abyecto.-les dijo a los supurantes enmudecidos antes de dirigirse a tomar las escaleras y subir por estas. Estaba desvocandose por segundos. La Luna en el aire, le hacia hervir la sangre.

De la antelación se le erizaban los pelos de la nuca y a cada grito de ella que le acariciaba sus oidos le era más dificil contener el ídolo que se alzaba entre sus piernas exultante, expectante.

Unos gritos que se mezclaban con el salpicar del agua. Se estaba bañando. Relamiendose los labios abrio la puerta de par en par y contempló la escena ahí dispuesta.Y sonrió. Afilados dientes dispuestos en filas se retorcieron para la más abyecta y pervertida de las sonrisas cuando contempló la figura de la chica transformante y su cuerpo desnudo. Cual sabueso presentado como un filete, tuvo que resistir babear insitu.

Cogito Ergo Sum escribió:♕ ¡ B i n g o !

Cambiando inmediatamente su dispoción a una que le permitiria interpretar su papel, cruzó la estancia en un par de rápidas zancadas.
-¡F-Fahran! ¡Oh mi pequeña y pobre Flany!-
Tirandose dramáticamente al suelo al lado de la bañera, se empapó los pantalones. Aquellos pantalones eran demasiado caros para haber hecho eso.Maldijo para sus adentros y continuó con el show. Dirigiendo su mano enguatada empezó a acariciar su cabeza.- Cuanto te he echado de menos, mi pobre lirio endeble...-
Volcado sobre la bañera la recogió de la cara le dio un breve pero intenso beso forzado. Solo se separia de sus labios cuando fingió acordarse de algo. Acariciandole la cabeza, rebuscó en el bolsillo del chal, extrayendo un pequeño frasco del tamaño de una pastilla. Dentro habia un liquido viscoso y de color púrpura. Rompiendo la tapa de un mordisco, volcó el contenido sobre su boca, agarrandola de la nuca.
-Ten, bebe, te ayudara con el dolor... Pobrecita... Mi pobre Flanny...-

Hizo un amago de abrazarla, pero vio que ya no era necesario. La droga actuo rápido dejandola sumergida en un trance de extasis. Su gesto babeante y retorcido en una sonrisa estúpida le aseguró que ya no tenia que sobre exagerar. Ya estaba en su control. Dejando su cabeza caer con poca delicadeza, se dió en la nuca con la porcelana pero no le pareció importar. La ulterana se estaba retorciendo de placer en aquellos momentos y tan solo seria consciente de un mundo y una realidad de color rosa, sin dolor ni angustias.

Poniendose de pie, el ulterano se sacudió los pantalones empapados con una cara desagradable antes de girarse hacia la todavia sangrante xolnita y le hizo una pregunta.
-¿Tienes algo que recoger o nos podemos ir ya a nuestra casa?- dejó una breve pausa.-Si, te he venido a recoger, como prometí. Soy un hombre que cumple sus promesas, ¿no es asi?-le preguntó cogiendola de la barbilla.


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383 Re: Faro el 08/08/18, 07:09 pm

Bellota

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Mónica se aovilló todavía más sobre sí misma, gritando mudamente en su refugio espejado, tapándose la cara para no ver a Lorenzo, para no ver a Sinceridad, para no verles sufrir. Quería olvidar esto para siempre, quería ayudarles, quería desaparecer, quería que todo fuera un sueño.

En ese momento un desconocido con una figura amenazante entró en el torreón y, con un gesto, silenció a sus amigos. Mónica se horrorizó, ya que, ante el silencio repentino, solo pudo pensar en que los había matado. Se levantó, temblando de miedo y rabia, y se arrojó contra su prisión de cristal, dispuesta a defenderlos. "¡Aléjate de ellos!", gritaba. Funcionó, pero funcionó mal. La humana atravesó el espejo, rompiéndolo, y cayó sobre los cristales, cortándose las manos y dándose un fuerte golpe en la cabeza. Atontada, sobre el suelo, solo pudo arrastrarse hacia Lorenzo y gemir, sintiéndose vulnerable.

384 Re: Faro el 08/08/18, 10:51 pm

Lumichen

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Después de que el dolor le habia llegado hasta sus muñecas otro chillido agudo hizo eco en el baño. Abiertos en canal, sus brazos ahora tambien espumeaban. Su cuerpo se debilitaba por segundos debido a la pérdida de la sangre y el frío. A este paso se iba a morir.

Y entonces, como en los cuentos de hadas que Fahran se inventaba desde pequeña antes de irse a dormir, la puerta se abrió de par en par. Y ahi se tuvo su Principe. Por un instante, todo dolor desapareció cuando sus ojos se encontraron. Incluso habia parado de temblar.

Tenia una pinta distinta, y habia crecido y cambiado. Pero sus maneras y personalidad seguian siendo las mismas. Era el mismo Roaxen.

-¡R-Roaxen!- la chica soltó un chillido de excitación.-¿Esto es real? ¿Estoy alucinando?-

Alargó el brazo le cogió de la muñeca para sentir el hecho de que aquello era real, que de veras estaba pasando. Su cuerpo, sin embargo, cayó a plomo cuando sus piernas le fallaron. La chica, completamente cubierta de espuma rojiza, sollozó ruidosamente, como si aquello tan solo se tratase de otra broma cruel que el destino queria jugarle.

Para su sorpresa, sin embargo, Roaxen se le acercó e incluso enseñó muestras de estar preocupado por ella. ¿Preocupado? ¿Él? O lo que era más, ¿Por ella? Sin darle tiempo para pensar, le cogió de la cabeza y acercó su cara a la suya. Los ojos de la chica se abrieron como platos, incluso antes de que su mente registrase lo que estaba pasando.

Sus labios puestos contra los suyos, tan suaves y gentiles, como siempre los habia imaginado. ¿Estaba soñando? ¿Se habia muerto entonces? Se sentia liviana, como una pluma, derritiendose en sus manos, con lágrimas que no cesaban de caer por sus carrillos. A medida que se separaron, Fahran se acordó de respirar de nuevo justo antes de que sacase el frasquito con la droga.

No se lo pensó dos veces, demasiado aturdida todavia por la acción del chico. Cuando este le ordenó abrir la boca así ella lo hizo, sin vacilar, tragandose aquella sustancia viscosa. En tan solo segundos, su cabeza comenzó a darle vueltas, y el agua en la bañera le pareció que estaba hirviendo.

-No necesito ninguna de esas cosas...-dijo intentando salir de la bañera, con los cortes abriendose de nuevo y cubriendose de espuma, pero no parecia importarle, o más bien, sentir el dolor o si quiera de darse cuenta que estaba completamente desnuda delante de él.

-¡Roxxy! ¡Siempre supe que volverias a por mi!- queria ir junto a él, abrazarle, pero sus pies le fallaron y le hicieron aterrizar con su cara sobre el duro suelo, saltandole dientes que escupiria al incorporarse.

Sin parecer importarle la chica le miraba con ardiente admiración y se arrastró hacia sus pies, dejando un rastro de sangre tras de si.

-¡Si! ¡Todo un caballero!- sus brazos se adhirieron con fervor a sus piernas frotandose febrilmente contra sus botas. - ¡Roxxy es el mejor! ¡No paré de pensar en ti todos los dias, cada segundo!-

385 Re: Faro el 08/08/18, 11:22 pm

Leonart

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Lorenzo

El español que apenas podia darse cuenta de lo que pasaba a su alrededor, logró percibir al individuo que habia echado la puerta abajo cuando escuchó su voz en la nuca. Girandose repentínamente, sus pezuñas dieron un vuelco y lograron salir del agarrote con el que habian nacido. Sacudiendolas salvajemente, sintió descargas de dolor intensificadas cada vez que intentaba poner algún orden a los espasmos. Tan solo logró poner control sobre estos nuevos apendices cuando se mordió el carrillo y la boca se le llenó con el sabor de la sangre.
Mónica, quien habia salido del espejo en algún momento, parecia querer guarecerse del individuo.
Febril y mareado, el diestro tan solo supo de coger a la chica y acercarla para si, abrazandola fuertemente mientras el dolor le daba palpitaciones. Intentaria fijar la vista en quien era. Podia notar el pelo purpura y sus palabras casi llegaban más claras de lo que podia entenderse en una conversacion. Pero Lorenzo estaba gritando a ratos. El dolor de desgañitarse se habia apoderado de su garganta y ahora cada vez que sentia un nuevo surco de dolor este se replicaba cuando forzaba la garganta a gritar.
A grito mudo, se quedó afónico.

Abrazando a Mónica con un brazo intentó interpelar contra el individuo levantando su otra mano en señal de paz, pero sus palabras afónicas fueron enmudecidas por alguna magia. Intentaba ahora hablar con Mónica, pero tan solo oia silencio. Ni si quiera notaba su garganta vibrar. Llamaba a Sinceridad, nada. Era la afonia completa y de alguna forma esto le asustaba más al diestro que los apendices cubiertos en sangre que ahora le temblaban colgando de su nueva posterior.

Basilisco

El xolnita habia sido demasiado lento o descuidado con la chica. Mientras se habia distraido olfateando su ropa interior usada, vamos, lo que era una cuestion de parpadear, se habia intentado levantar y se dió de bruces contra el suelo. Con la cara ensangrentada y llena de espuma, la Cizaña se inclinó para recogerle el cuerpo. Chasqueando con la lengua, sacaria un pañuelo bordado con sus iniciales con un gesto amargo para limpiarle la cara.
-¡Mira lo que te has hecho, Torpe!-la regañó suavemente a medida que le limpiaba la cara.
Habia perdido dientes que ni eran esenciales ni una gran pérdida, así que todo considerado, su cara todavia era follable. Que alivio.
-Será mejor que nos vayamos entonces. Cuanto antes lleguemos a casa y te meta en tu nueva bañera antes lograrás encontrarte agusto.- le indicó y, tras besar su frente, el ulterano se inclinó y la cogió de la espalda y cadera, cargando con ella como si se tratase de una novia en la noche de bodas. E iban a tener una suerte de noche de bodas, así que era propio aquello, pensó.

Abriendo la puerta de una patada, el ulterano llevaba a la chica drogada en sus brazos. Sangre espumosa virtiendose por toda su ropa muy a su pesar y con un paseo pesado se dirigió a la escalera, bajando por esta con algo de dificultad. En parte porque tampoco estaba físicamente muy capacitado, su protesis temporal era inconveniente de usar y que la chica estaba cubierta por resbaladiza espuma de sangre.
A medida que pasaron de largo de los otros chicos transformados, Roaxen alzaria una ceja y le diria a la xolnita en voz alta:
-Dile adios a tus amiguitos, querida.-

Sin embargo, la nereida no pareció estar de acuerdo, negando fuerte con la cabeza y optando por acurrucarse más en sus brazos, sintiendose la felicidad hecha carne.
-¿No? Está bien, no son la gran cosa después de todo...-
Y con eso, salieron del faro para nunca volver. Al instante que desaparecieron por el umbral de la puerta esta se recompuso en su lugar, reparandose perfectamente como una vez habia estado antes de que el ulterano la habia tirado abajo. Y a su vez cuando esta estuvo completamente reparada, el hechizo de insonorización se levantó y lo supieron porque el grito ronco de Lorenzo desgañitó el aire de nuevo.


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386 Re: Faro el 10/08/18, 01:51 am

Jack

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No veía... No veía nada concreto. Tan solo borrones, flashes, sombras, curvas, alteraciones sin sentido ni forma. Le dolían los ojos de apretar los músculos que los solían cerrar, pero no los... No los... ¿No estaban? Sabía que algo los cubría, lo había palpado con las manos, pero... No sabía qué le estaba pasando en la cara y mucho menos podía ponerle palabras. Sus ojos simplemente habían dejado de responder. ¡Pero seguía viendo... cosas! Y seguía gritando de dolor y de frustración. Seguía. Seguiría.

Hasta que el golpe de la puerta la acalló. Intentó guardar silencio y centrarse en el ruido ajeno, pero lo poco que pudo escuchar no servía de nada. Alguien había entrado. Lorenzo también guardaba silencio... ¿Acaso su tortura habría terminado ya? Se vio con fuerzas para preguntar qué sucedía, pero no salió sonido alguno de su garganta. Asustada, gritó. Y gritó. Y acabó tosiendo, pero sin ruido. Tenía más ganas de llorar por pura desesperación que del propio dolor. Pero no pudo. ¿No podía tampoco? Le habría venido de lujo esa sensación de alivio, aunque fuera temporal. Aunque fuera por tener algo limpio encima, no tanta sangre, plumas pegadas y tantos restos de las heridas.

Lo que fuera que había entrado se perdió escaleras arriba. Allí solo quedaba la ulterana, o al menos no la había escuchado bajar. ¿Eso era lo que le deparaba la ciudad ahora? ¿Sobrevivir sin su visión, aguzando el oído? Así fue como escuchó una serie de crujidos de cristales. ¿Cristales? ¡Cristales! Consiguió escurrirse de debajo de la mesa con la esperanza de distinguir a Mónica entre los borrones que percibía, pero no vio ni escuchó nada, solo quejidos. Quiso llamar a sus amigos, pero, de nuevo, solo se hizo daño al gritar. ¿Por qué había perdido la voz si se estaba rajando la garganta?

Pasos. Voces. Una la conocía bien, aunque no supiera nada de su dueña. La otra, desconocida por completo. Sinceridad se arrastró bajo la mesa de nuevo, asustada por la presencia misteriosa que descendía, pero descubrió algo al hacerlo: ya no se abrían más heridas, ya solo quedaba la molestia de los bultos que recorrían su cuerpo así como los dolores de la cara. ¿Estaba terminando? Al menos pudo centrarse en las voces... Hablaban como si se conociesen. Notaba fascinación en la ulterana. ¿Quién sería?

Les habló. Bueno, al menos le habló de ellos. "Amiguitos". No eran nada suyo, solo apéndices sin los que no habría podido sobrevivir. Solo les había traído problemas, aunque no directamente. No se "despediría" de ellos, ¿verdad? No. La ulterana cumplió, y la roquense gruñó y estrelló uno de los puños contra un tablón de la mesa.

Se fueron y ella salió a golpes de su escondite. ¿Qué más daban un par de moratones después del calvario que acababa de pasar? Escuchó cómo la puerta volvía a sus goznes y también les volvió la voz. Le escocía la garganta, pero lo intentó otra vez.
¡Lorenzo! ¡Mónica! No os veo, no os veo —sollozaba y tosía a partes iguales—. Mónica, dime que estás ahí, por favor, ¡por favor!

Se acercó siguiendo los alaridos del diestro, con las manos en alto. No sería una imagen nada agradable, con todas esas heridas abiertas, las plumas húmedas de fluidos viscosos, sudor y sangre. Y ojos, ojos por doquier, cerrados, abiertos, bizqueando, mirando aquí y allá. Pero eso ella no lo sabía. Ni quería saberlo.


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Die wahre Macht, die uns beherrscht, ist die schädliche, unendliche, verzehrende, zerstörende, unstillbare Gier...
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387 Re: Faro el 15/08/18, 01:49 am

Bellota

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Lorenzo la abrazó con fuerza, y Mon sollozó, todavía aturdida. Le pesaba la cabeza, le palpitaban las manos y sentía los pensamientos lentos.

Notó al diestro tratar de gritar y el silencio salir de su boca, y sollozó de nuevo. Y fue en ese momento en el que se oyó, después de lo que había parecido una eternidad en silencio. La humana gimió con suavidad mientras el ser amenazador desaparecía escaleras arriba y mientras este reaparecía con lo que parecía Fahran en brazos. Mónica pensó que alucinaba, ya que ella solo vio una sirena con la cara de la ulterana, pero escuchó claramente al monstruo decirle que se despidiese de ellos. «No. Otra pérdida no. No» pensó. Puede que la ulterana no le gustara, pero era de ellos.

Mónica respiró hondo e hizo lo único que se sentía capaz de hacer: comenzó a gritar, un grito agudo, molesto, interrumpido solo por los momentos en los que tomaba aire para no ahogarse. Asimismo, aunque ella no se dio cuenta de esto, en los cachos de espejo rotos en el suelo aparecieron réplicas de la escena que estaba sucediendo delante de ella vista desde el punto de vista de la humana. «Déjala», «Devuélvenosla», «No te la lleves» y variantes similares fueron lo único que pudo proferir antes de que el ser se marchara y el grito de Lorenzo se uniese al suyo. Y después, la voz de Sinceridad, que se acercaba a ellos.

¡Sinceridad! —gritó Mónica mientras se retorcía para salir del abrazo del centauro. Fue entonces cuando la vio. Ojos. Sangre. Líquido. Una arcada recorrió el cuerpo de la humana y, de la impresión, se volvió a caer al suelo, sintiéndose mareada, por lo que aferró sin darse cuenta un trozo de espejo roto, lo que pacificó un poco su corazón. Miró a Lorenzo y, de nuevo, la sensación de vacío, de irrealidad. Luego se miró las manos ensangrentadas pero, en apariencia, iguales que siempre, ignoró sus reparos, se arrojó en brazos de la roquense y comenzó a llorar. No parecía justo que ellos hubieran… cambiado y ella estuviera igual.

388 Re: Faro el 19/08/18, 08:49 pm

Jack

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Por fin escuchó a la chica. Gritó su nombre y vio un borrón con sus colores moverse un poco más adelante. Avanzó un par de pasos más, pero ocurrieron dos cosas. La primera: notó un cosquilleo por todo su cuerpo al moverse, pero era lo de menos porque parecía que sus pasos eran más largos, o sus patas. La segunda: a punto estuvo de trastabillar hacia atrás cuando su amiga se le echó encima

La abrazó al recuperar el equilibrio, aunque le temblaban las piernas.. Hizo un ademán de tocarle los brazos o la cara, buscando desperfectos, heridas, cambios, pero se detuvo: se sabía sucia... y se notó torpe. Le pesaban más las extremidades. Cada segundo que permanecía de pie o cada movimiento que hacía le pesaba, como si tuviera agujetas. ¿De retorcerse, quizá?
Mónica, Mónica, ¿eres tú? ¿Cómo has salido? ¿Có... cómo estás?

Se refería a algo más que estar herida o ilesa, bien o mal, cansada o indiferente. No, todo eso daba igual. Tenía miedo de que estuviera cambiando como ellos, pero a lo mejor se había salvado al haber quedado atrapada en el espejo.

Abrió la boca para preguntarle por su propio aspecto esta vez, pero un sonido extraño le hizo girar la cabeza hacia la puerta. Llevaba un rato oyéndolo, realmente, pero solo ahora en la "semi-calma" de su propio dolor pudo escucharlo de verdad.
¿Has oído eso? Debe ser enorme para hacer ese rui...—Un calambrazo recorrió su cuerpo y se tensó entera—Ay... Necesito sentarme. Lo que sea que me pase no ha terminado —sentenció antes de intentar buscar una silla.


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389 Re: Faro el 20/08/18, 11:35 am

Bellota

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Soy yo —le aseguró a Sinceridad—. No… ¿no me ves? ¿No ves a… Lorenzo?—preguntó con cierta aprensión, mirando los ojos nuevos de su amiga. ¿No funcionaban?

Mónica seguía asustada por todo lo que había sucedido (y seguía sucediendo) en la cocina, pero parecía que Sinceridad, a pesar de ser ahora un… ¿djinn? seguía siendo la misma Sinceridad de siempre y no uno de los monstruos espantosos que habían amenazado sus vidas anteriormente. Volvió a mirar a Lorenzo sin saber qué hacer, pero decidió que no podía ocuparse de los dos a la vez, por lo que antes de responder a las preguntas de la roquense, la ayudó a llegar a una silla, sorteando los fragmentos de espejo, y, una vez allí, volvió a mirarla con preocupación, al tiempo que volvía de nuevo la mirada también hacia Lorenzo, que seguía tendido en el suelo.

No sé cómo salí —decidió empezar por ahí ya que parecía más sencillo—. Esa cosa entró y os silenció y yo pensé que estabais muertos y me asusté y enfadé tanto que simplemente… lo atravesé.
Se movió nerviosamente y comenzó a recoger los cristales con cuidado, sintiéndose extrañamente feliz al tenerlos en las manos, y comenzó a acumularlos en sus bolsillos. Sin ella darse cuenta, los pedacitos que no recogió de inmediato se fueron acercando a sus pies.
La pena es que lo tiré al salir y se ha roto. Ten cuidado, porque hay cristales por todas partes. Y estoy… normal —un sentimiento parecido a la culpa tiñó su voz—. O al menos eso creo…

No le quiso decir que aún no había tenido el valor de mirarse en sus nuevos espejos. Luego se arrodilló junto a Lorenzo, que parecía seguir luchando, y se le llenaron los ojos de lágrimas de nuevo. ¿Por eso les habían traído aquí? ¿Para hacerlos sufrir? ¿Para ver muertes? ¿Para transformarlos en seres monstruosos? Y sin embargo ella, con las manos llenas de espejos, se sentía bien.

Lo que oyes es Lorenzo —bajó un poco la voz—. Ha sido horrible. Le duele. Mucho. No sé cómo ayudar. Ahora es medio caballo y… —le apoyó suavemente una mano en el comienzo del lomo, manchado de sudor y sangre, y se estremeció, luchando contra el asco y las ganas de lavarse las manos. De meterse en una bañera y no salir hasta dejarse reluciente. Pero no podía dejar que sus amigos vieran sus reparos. Se incorporó de nuevo y dudó. ¿Qué hacer?

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