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Anfiteatro

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1 Anfiteatro el 02/08/11, 06:26 pm

Rocavarancolia Rol

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Construido en piedra, ahora abandonada y sucia, su interior está repleto de objetos desechados o robados, y sus sótanos infestados de hienas. La arena mide 75 x 44 metros.

2 Re: Anfiteatro el 03/10/11, 06:45 pm

Cain

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Algo había oído de aquél lugar, como la cantidad de chatarra que allí se acumulaba, y sobre el extraño hombre que solía vivir allí. Por alguna razón las hienas no quisieron adentrarse, a pesar de haberle estado siguiendo el rastro casi todo le camino. Inspeccionó le área cuidadosamente para evitar sorpresas desagradables y dejó la espada apoyada contra un muro para no gastar magia, colocando la jaula y los pergaminos a su lado. Había montones de celdas malolientes y arcones carcomidos repletos de cosas, montañas de chatarra y basura de todo tipo que bien podría ser la valiosa colección de algún chiflado. Cain se arremangó y empezó a rebuscar en uno de los arcones. No había ningun orden ni clasificación, por lo que el proceso era lento y tedioso, buscar por buscar, y lo peor de todo es que seguramente, aquello que necesitaba ni siquiera estaba entre toda esa basura, pero no podía arriesgarse a no comprobarlo, tenía que registrarlo todo... Tras varias horas de trabajo agotador y alguna que otra estúpida distracción Cain dió con una lija, lo suficientemente suave como para pulir metal decentemente. Satisfecho, lo puso junto a sus cosas y lo recogió todo, haciendo levitar la espada una vez más y tomando el camino de vuelta a su refugio, esta vez, caminando sobre el aire para ahorrase problemas.

(sigue en el burdel de dama Espasmo)


_________________________________________

Y con este nombre yo te maldigo, y ni tan siquiera la muerte podrá librarte de tu condena, pues todo aquel que intente matarte recibirá siete veces tu castigo.

3 Re: Anfiteatro el 11/11/11, 06:46 pm

Elliot

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Con un hechizo de levitación, subo todo lo que mi energía me permite hasta poder ver practicamente toda la ciudad a mis pies. Miro a todos lados, buscando algun sitio... cualquier sitio. No se exactamente a donde tengo que ir ni que debo hacer. Solo se que necesito... necesito... entoces lo veo. A un par de kilometros hay un lugar medio en ruinas. Una especie de anfiteatro del que quedaba poco mas que rocas unas sobre otras entre las que se podían adivinar las gradas y una enorme arena. Volé hasta allí con una corazonada. Por el camino saqué el libro que me había dado el violinista del saquito y repasé una de las páginas que más me había llamado la atención. Aun me quedaba mas de la mitad del libro por leer, pero lo poco que había aprendido ya me abrumaba por completo. Me veia completamente incapaz de hacer la mayoría de las cosas que ponía en él. Llegué al anfiteatro con un aterrizaje algo forzoso por el cansancio que sentía. Tuve que agarrarme a una de las enormes piedras que se habían desplomado sobre la arena para no caer. "Mira que son guarros en esta ciudad... ya podían limpiar esto un poquito..." pensé mientras miraba a mi alrededor. Desde el aire no me había dado cuenta, pero el lugar estaba lleno de trastos. Había desde jarrones de cerámica rotos hasta escudos de bronce abollados. Todo lo que pudieses buscar... en las peores condiciones que pudieses imaginar. Comencé a andar de una lado a otro, revolviendo los trastos y buscando sin querer encontrar nada en especial. El libro flotaba a mi lado y de vez en cuando leía alguna página. Encontré tenedores de plata ennegrecidos, lanzas partidas por la mitad, botas de cuero rotas, cristales de colores esparcidos por el suelo y algunas espadas con el filo desgastado y oxidadas. Cogí una de ellas, comprobando su peso. Poco tenía que ver con las que había utilizado en Letargo o durante el entrenamiento. Esta era pesada y no tenía ningún tipo de decoración. Medía algo menos de un metro, y acababa en un pico, que se había doblado un poco hacia un lado. Dejé caer la espada al suelo, sentándome en una de las rocas que había cerca y continué leyendo, sin encontrar lo que necesitaba. Lo había leído antes... yo recordaba haberlo leído pero ni siquiera le di importancia... Necesitaba una espada... la necesitaba "Vamos espadita, vamos bonita, sal de donde quiera que estés..." pensé concentrándome. En el sueño no me había costado apenas conseguir que las cariocas tomasen forma en mis manos con tan solo desearlo... pero claro, los sueños eran sueños y en la realidad, por mucho que trataba de hace que apareciese una espada no había manera. "Oh, vamos... no puede ser tan difícil..." Traté de concentrarme en la niebla, de darle forma... pero lo mas que conseguía era hacer que el humo se moviese un poco. Me levanté frustrada, dándole una patada a la piedra, que me dolió mas a mi que a ella. En el libro tan solo ponía que se podían invocar objetos, pero no decía como. "¿¡Es que tengo un botón oculto en mi cuerpo para hacer aparecer cosas!?" Cada vez me sentía mas y mas irritada conmigo misma. Había probado todo lo posible, todos los pensamientos que se me habían ocurrido... "¿Abracadabra aparece macabra? ¿Accio espada?" Seguía con mi retahíla de absurdas palabras mágicas en un intento desesperado por conseguir resultados... pero nada... quizá algo estaba mal conmigo... a lo mejor no podía invocar cosas... me dejé caer al suelo, apoyando mi espalda sobre la piedra.


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Me haré una cama con tus huesos, Invitado, Muajajaj!


Taceant Colloquia.
Effugiat risus.
Hic locus est ubi mors gaudet succurrere vitae.

¡Superpor la aceptación, la integración y los derechy'x Frivy's!

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4 Re: Anfiteatro el 11/11/11, 07:09 pm

Cain

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-Waaaaaa ¿qué tenemos aquí?
Un niño con el cabello verde y un pijama amarillo sucio estaba sentado sobre una montaña de basura. Tenía un ojo tapado con una venda mugrienta y en una de sus manos ocultas bajo las larguísimas mangas de la camiseta llevaba un palo en el que había ensartado la cabeza de una hiena.
-¿Vienes a jugar?- preguntó en tono inocente mirando a la chica con curiosidad. Bajó trotando por la montaña, usando el palo como si fuese un caballito y llegó hasta la dullahan- Eres rara ¿Como te llamas? Nadie aquí viene a jugar salvo esos perros tontos- dijo en referencia a las hienas. Miró el libro de reojo y usó el palo para auparse y verlo mejor- ¿Qué es, qué es?


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Y con este nombre yo te maldigo, y ni tan siquiera la muerte podrá librarte de tu condena, pues todo aquel que intente matarte recibirá siete veces tu castigo.

5 Re: Anfiteatro el 11/11/11, 08:59 pm

Elliot

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Alguien en el anfiteatro habló, sacándome de mis pensamientos. Era la voz de un niño. Un niño pequeño, demasiado. Alcé la vista de mi libro para ver al mocoso de pelo verde, que estaba sentado sobre un montón de objetos rotos. El muchacho iba vestido con un pijama mugriento y algo viejo. Tenía una venda tapándole los ojos... ¿Que manía le tiene esta ciudad a los ojos? A mi me los quita, a Cain le quita uno, a Vacuum se los cambia... al niño...
El pequeño tiene un palo de los típicos con forma de caballo... solo que no es una inocente cabeza de madera... es de una hiena. El chico se acerca corriendo montado sobre ella mientras habla con voz dulce. ¿A jugar? Como no sea al escondite entre los trastos. El niño me mira. ¿Rara yo? ¿Se ha mirado en un espejo el asqueroso enano éste? Me quedo quieta analizándole. No tenía pensado hablar con nadie por lo que no me había traído ningún bolígrafo o libreta con la que comunicarme. Con un hechizo, escribí "Deatach" en la arena del suelo. Luego miró mi libro y en un gesto inconsciente lo agarré con fuerza. El niño se levantó para verlo y decidí cerrarlo y guardarlo en el saquito por si acaso. Ese libro era uno de mis bienes mas preciados y no tenia ganas de que un niño lo andase curioseando.


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6 Re: Anfiteatro el 12/11/11, 01:09 am

Cain

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El niño frunció el ceño cuando la dullahan le quitó el libro y lo guardó, pero volvió rápidamente a su expresión inocente. Podía sentir sin problemas el desagrado proveniente de ella... << Perfecto...>>
-Vale Deatach, vamos a jugar a un juego- propuso con una gran sonrisa- Las reglas son muy fáciles << Para que una idiota como tú pueda entenderlas sin problemas>> pensó- el primero que muera, pierde- dicho esto le dió un golpe a la chica en el estómago con el juguete de hiena haciéndole chocar contra una de las montañas de cachivaches antes de que el palo se quebrase- Oh, vaya, esto ya no sirve...- se lamentó el chico tirando el juguete inservible. Se acercó a Deatach aun en el suelo y le dió una patada como el que patea un animal para comprobar si está muerto- QUé rollo, a mi me gustan las chicas con pelo largo para poder agarrarlas de él... Y tú no tienes ni cabeza...- la sujetó del cuello y la levantó todo lo que su propia altura le permitió- ¿Cómo voy a ver si cara agonizando mientras te quedas sin aire? - desplegó las monstruosas garras de una mano y con un gesto aburrido le dió un zarpazo a la dullahan en el pecho, desgarrándolo de parte a parte. La regeneración empezó a hacer su trabajo y una niebla negra envolvió a la chica, lo que le pareció a Teru algo muy divertido- ¡Echas humo! Y sin prenderte fuego- volvió a agarrar a Deatach, esta vez de un brazo y la lanzó contra el suelo desplegando ambas garras para propinar sendos zarpazos en su espalda.


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7 Re: Anfiteatro el 12/11/11, 02:23 am

Elliot

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Al chico no pareció hacerle demasiada gracia que guardase el libro, pero su sonrisa se ensanchó. ¿Un juego...? Me quedé helada mientras oía las palabras del chico. ¿Como iba yo a luchar contra él? Era tan pequeño y tan... algo impactó contra mi estomago acallando mis pensamientos. El golpe me tiró hacia atrás, sobre un montón de vasijas rotas. Oí un chasquido y por un segundo pensé que me había roto alguna costilla... pero lo único que se había quebrado era el palo que sostenía el niño. "Si esa es tu forma de jugar no me extraña que ni las hienas se acerquen a ti..."Seguía sin poder moverme, incapaz de creer que un niño tan pequeño como ese pudiera haberme dado semejante golpe. Tiró el palo a un lado y se acercó a mi completamente desarmado. Noté su pie en mi costado, golpeándome como si no fuese mas que un animal. Eran sus palabras mas que sus actos los que hicieron que notase el calor bajo mi piel... otra vez la furia estallaba dentro de mi, incontrolable. El niño ya no me parecía pequeño, ni frágil, ya no me daba pena... ni miedo. Me agarró del cuello, levantándome del suelo, como si levantase un cojín. Pataleé y me revolví, tratando de soltarme, tratando de abalanzarme sobre él. Una de sus manos, convertida en una garra, acuchilló mi pecho y noté como todo se halaba a mi alrededor, como si el fuego que me consumía por dentro extrajese todo el calor del ambiente, concentrándolo en las heridas que no dejaban de desprender una niebla negra mientras cerraban. El niño se rió... "Te equivocas mocoso... si que ardo... solo que tu no ves las llamas..." Las heridas de mi pecho ya habían cicatrizado, y, aunque un leve dolor aun invadía mi piel, decidí que ese era el momento para atacar. Vi la espada a menos de un metro y medio de distancia y fui a lanzarme hacia ella... pero justo antes de poder tocarla, el niño ya me había agarrado y me tiraba contra el suelo. Traté de darme la vuelta rápido, pero el sonido de la carne desgarrándose y un dolor agudo recorriendo toda mi espalda hizo que me tuviese que volver al suelo. Apenas tardó dos segundos en cicatrizar pero se me hicieron eternos. Me levanté despacio, tanteando el terreno. Era imposible... no podía luchar contra el... no sola, no sin armas... si tuviese una espada, un daga... mis cariocas...apenas lo había pensado cuando algo extraño sucedió. Exactamente al igual que en el sueño, una niebla muy densa, casi como petróleo gaseoso descendió por mis brazos trazando espirales en ellos y condensándose en mis manos donde tomaron la forma de dos cariocas negra y brillantes, que soltaban un suave vaho. Apenas pesaban, pero podía notar su firmeza. Durante unos segundos sonreí internamente mientras me dejaba llevar por la rabia, esto es lo que había estado esperando. Una oportunidad para probarme, para averiguar de hasta donde era capaz de llegar. Hice girar las cariocas mientras me notaba estallar por dentro. Sin apenas pararme a pensar salí a correr hacia el niño, pasando una de las cariocas horizontalmente para cortarle el cuello, pero éste no necesitó mas que un saltito para esquivarme. No retrocedí. Me daba igual todo... me daba igual el dolor, el bien y el mal... incluso me olvidé de Cain, de Vacuum y de mi misma. Solo existía el mocoso y mi ira. Solo podía pensar en verle atravesado por las cuchillas. Sin parar de mover las armas a mi alrededor, volví a lanzarme contra el niño.


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8 Re: Anfiteatro el 12/11/11, 08:42 pm

Cain

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Teru entrecerró los ojos mientras veía formarse las cariocas. Era interesante, pero no era un acto de destrucción así que no se mostró muy sorprendido. Su amplia sonrisa se había desvanecido en el mismo momento en que la notó... su ira. La dullahan emitía una potente aura de pura ira que casi podía olerse, Teru arrugó la nariz pues no era un sentimiento que le gustase demasiado... Le gustaba la impotencia, la tristeza, el dolor, la desesperación, pero la ira y la rabia le resultaban aburridas. << La ira puede tornarse desesperación e impotencia...>> pensó esperanzado. Entonces la chica atacó, y el sacerdote esquivó el golpe sin problemas.
¿Es todo lo que tienes? -preguntó en tono de aburrimiento. No lo era. Deatach volvió a atacar haciendo bailar sus cariocas, tratando de golpear al niño con todas sus fuerzas. Teru se unió al baile esquivando sus golpes con una agilidad pasmosa, o desviándolos con sus garras. Sus movimientos se hicieron burlones, acercándose peligrosamente a la chica a través de los giros de sus cariocas, moviéndose alrededor de ella y permitiendo que el filo negro de las armas se acercase a apenas centímetros de su pìel, solo por lo emocionante de la sensación que le provocaba. Tras un buen rato de juego, ya aburrido por la facilidad con la que esquivaba los golpes de la dullahan, hizo que las cadenas de las cariocas se enredaran en sus garras y tiró de ellas, desequilibrándo a su contrincante y poniéndola a la distancia adecuada para asestarle un rodillazo en las costillas. Las armas se esfumaron al soltarlas su ama y Teru dedicó unos segundos en admirar cómo el humo negro escapaba entre sus dedos de metal. Luego fijó su único ojo en la chica
-Eres idiota- le espetó- Piensas que por tener un arma puedes vencerme ¿a que si? Pero llevo mucho mucho tiempo aquí, más que tú- a Teru le gustaba que los novatos que llegaban fuesen mayores que él, porque era mucho más divertido verles la cara cuando estaba a punto de darles el golpe de gracia- Me aburres, así que voy a matarte...- Teru clavó a Deatach en el suelo para que no se moviera y se preparó para rajar su cuerpo de parte a parte y hacerlo pedazos.
-¡Tú, pequeño bastardo!- se oyó una voz femenina, furibunda. Era la de Nihil, a través de un ojo volador- ¿Se puede saber que haces fuera del templo? Donna lleva horas buscándote
-Es que me aburro- se quejó el niño, prediendo el interés en Deatach por un momento
-¡Me da igual! Ya puedes ir volviendo cagando leches o mando a Infecto a buscarte
-Infecto me da asquito... y es raaaaarooooo- dijo Teru a pesar de que él no era precisamente normal. Ya se había olvidado totalmente de la dullahan.


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9 Re: Anfiteatro el 17/11/11, 07:27 am

Elliot

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El niño ya no sonreía, aunque no había ni rastro de temor en su mirada... simplemente parecía desilusionado, como si no le gustase el nuevo juguetito que tenía ante él. El mocoso esquivaba mis ataques con una facilidad increíble, sin apenas moverse, casi aburrido. De vez en cuando desviaba las cariocas con las garras, haciendo que tuviese que redirigirla con rapidez para no darme a mi misma. Se acercaba hasta quedar a pocos centímetros de mi, obligándome a retroceder, a cambiar de técnica cada pocos segundos mientras mi irritación crecía por momentos. Era un lucha desigual, sin duda. En uno de sus movimientos agarró las cadenas de las cariocas, tirando de ellas haciendo que me cayese hacia adelante, pero, antes de llegar al suelo, noté su rodilla en mi costado, junto con un dolor que llenó todo mi cuerpo. Caí al suelo de rodillas, con mis manos sobre las costillas mientras las cariocas volvían a convertirse en humo. El fuego se esfumó de mi interior con las palabras del niño. Ya no quedaba ira, ni rabia... solo había miedo... un terror enfermizo mientras le miraba... ¿Que es lo que esta ciudad había hecho con ese niño? ¿Acabaría yo igual, matando sin piedad solo por diversión... o por aburrimiento? No seguramente no... porque lo mas probable es que muriese ahora. El chico me sujetó en el suelo, pero no bajé la mirada. Tenía preparados mis ultimos pensamientos, había tenido ocasiones de sobra para ensayarlos en los últimos meses. No traté de huir. No había salida, lo tenía asumido, tratar de escapar solo lo haría mas doloroso. Vi como levantaba el brazo, y justo cuando iba a bajarlo, una voz sonó de fondo. Al principio no pude ver de donde venía, pero después vi el pequeño ojo que volaba alrededor del niño. Este se puso ha hablar con él, olvidándose de mi por un segundo. Mi primer instinto no fue huir... quería atacarle, algo dentro de mi gritaba que tratase de matarle ahora que tenía una oportunidad, y lo hubiese hecho... lo hubiese hecho si no hubiese pensado en Cain y en Vacuum. En menos de un segundo salí a correr mientras hacía un hechizo de levitación, alejándome lo más rápido posible. "Huyendo como una rata, muy mal..." Pero volvería... algún día, cuando estuviese preparada volvería. Nunca me había gustado dejar cosas a medias.

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10 Re: Anfiteatro el 17/11/11, 05:12 pm

Cain

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Teru se giró cuando sintió movimiento y vió a Deatach alejándose.
-¡Por tu culpa se me ha escapado! -le recriminó al ojo. Bufó y se dispuso a seguirla pero la voz de Nihil le detuvo. La voz de la súcubo ahora estaba rota, ronca como si viniese de las profundidades de la tierra, y la furia se había convertido en ira. Un monstruo de sombra y bilis ocupaba el lugar del ojo flotante.
-Mueve tu jodido culo verde hacia el templo ahora mismo o ya no tendrás piernas con las que volver a escaparte...
Teru palideció y asintió energicamente para poco después correr a toda velocidad de vuelta al templo. El monstruo se esfumó sin dejar rastro y el ojo siguió al niño en su camino de regreso para asegurarse de que se había tomado en serio sus palabras.


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11 Re: Anfiteatro el 16/12/11, 08:35 pm

Elliot

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Sobrevolé el anfiteatro a unos quince metros de altura, inspeccionando minuciosamente cada rincón para asegurarme de que no había nadie. No quería sustos como los del otro día. Era difícil saber si si había alguien pues todo estaba lleno de montañas de trastos, piedras y basura. Tras estar prácticamente segura que nada vivo se arrastraba por la arena, me quedé unos segundos en el aire. "¿Estas seguro de que es una buena idea?" pregunté al dragón. Realmente no me gustaba nada la idea de bajar allí de nuevo... Él asintió en mi interior, sin decir nada. Sin demasiada seguridad todavía, descendí rápidamente en una zona que estaba mas o menos despejada. El humo negro se condensó a mi lado, formando la tremenda silueta del dragón, que aun seguía haciéndome estremecer.
-¿Que se supone que tengo que hacer ahora? - Le pregunté mientras me sentaba en una de las grandes rocas que había por allí tiradas.
-Hay que despejar la arena para poder entrenar bien. - Contestó el dragón.
-¿¡Quitar todas las cosas!? ¡Eso nos llevará días! - exclamé mirando a mi alrededor, observando la enorme cantidad de objetos, todos ellos bastante pesados, que estaban desperdigados.
-TE llevará días - recalcó el dragón. - Yo no pienso moverme, es tu trabajo y tu entrenamiento... - dijo tumbandose en el suelo.
-¿Mi entrenamiento consiste en hacer de barrendera? - pregunté perpleja. No sabía si reirme o monerme a gritar. Me quedé parada unos segundos para ver si estaba de broma... ¿Realmente quería que moviese piedras que medían el doble que yo y montañas de objetitos? ¡Eso era ridículo, una soberana idiotez!
-¿Ves pesas por aqui, niña? ¿A que no? Pues las piedras son lo mas parecido que tenemos. - Dijo con voz neutra.
-¡Pero...! - Empecé a quejarme cuando el dragón me cortó, esta vez enfadado.
- Debes aumentar tu fuerza y resistencia, pero óyeme, no soy tu padre ni tu maestro. Si no quieres hacerlo, no lo hagas.- Me quedé en silencio unos instantes pensando. Finalmente, con un suspiro reprimido, me di la vuelta y cargué con una de las piedras, tan grande como una silla. Nunca recordaba que tenía mas fuerza que cuando era humana. Pero, aunque mi fuerza era mayor, mantener en equilibro la enorme piedra era bastante complicado. Conseguí llevarla hasta el extremo de la arena sin demasiadas complicaciones. La siguiente piedra era algo mas pequeña por lo que la llevé rápido tambien. Continué así durante algo menos de una hora, cargando piedra tras piedra... algunas de ellas ni siquiera podía levantarlas, tenía que arrastrarlas por el suelo a duras penas. Tambien transportaba brazadas de pequeños trastos. Acabé tirandome al suelo, sin fuerzas apenas, con todo el cuerpo doliéndome.
- ¿Ya te has cansado? - rió el dragón con sorna.
-No, solo estaba dándole un descanso a las piedras, deben estar mareadas de tanto viaje - contesté cortánte.
-Claro, por supuesto... bueno, ponte de pie, no hemos acabado aun. - dijo riendo aún. Me levanté muy despacio, cansada, y me quedé quieta esperando que me dijese qué hacer. -Bueno, ¿sabes hacer el pino niña? Pues ahora debes hacerlo, y quedarte bocabajo tanto tiempo como te sea posible. - ¿Hacer el pino? Bueno, eso no era dificil... me dolían los brazos, pero estaba segura de poder hacerlo. Cambié mi ropa en un segundo, pues el vestido no era lo mas adecuado para hacer gimnasia. Luego, cogiendo impulso, planté mis manos sobre el suelo y elevé las piernas. Por un segundo me mantuve en el aire pero luego, debido a que no tenía la cabeza para hacer de equilibrio, caí hacia atrás, dando un espaldazo en el suelo. Con un gruñido bajo, me levanté sacudiendo el polvo que se había pegado a mi piel y volví a intentarlo. Esta vez conseguí mantenerme en equilibrio. Estuve mas de cinco minutos asi, bocabajo, hasta que el dragón me dijo que andase. Nunca había intentado andar asi, la verdad es que nunca me había interesado nada de esto de la gimnasia... levanté una mano y, encuanto lo hice, todo mi cuerpo se fue abajo. De nuevo me puse de pie y lo tuve que intentar varias veces, pero al final conseguí dar unos pocos de pasos.
El dragón no se conformó con eso. Me hizo poner al maximo mi flexibilidad y agilidad. Incluso en uno de los ejercicios, me hizó salir a correr tras las cosas que lanzaba como si no fuese mas que un simple perrito, para cogerlas en el aire. Por supuesto, debido a la fuerza con la que éste los lanzaba, solo uno acabó en mis manos antes de rozar la arena. El siguiente de los ejercicios realmente me asustó. El dragón desplegó sus alas y una lluvia de llamas negras volaron hacia mi. Tenía que esquivarlas, pero por supuesto, mas de la mitad acabaron consumiendose en mi piel.
Cuando acabé estaba destrozada. Notaba que todos los musculos de mi cuerpo estaban tensos, doloridos y yo apenas podía moverme... este entrenamiento sin duda iba a dejarme agujetas durante un buen tiempo.
-Estas hecha una blanda, niña... vas a tener que entrenar bastante duro... será mejor que lo dejemos por hoy, no quiero romperte, pero mañana empezarás con las armas, asi que ve a la biblioteca y lee tantos libro sobre armas como puedas. Da igual de que tipo sean, aun no sabes las que estan vinculadas a ti asi que trata de aprender un poco de todas. - Le miré desconcertada durante unos instantes y luego, agotada, hicé el hechizo de levitación. El dragón extendió sus alas, y voló hasta llegar a mi lado, donde se deshizo dejando una estela de humo negro.



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12 Re: Anfiteatro el 13/12/12, 12:29 am

Vlad

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RR caminaba semiflexionado, casi agachado y arrastrándose por las calles de la ciudad muerta, o al menos en apariencia. Ya había comprobado que aquella bestia de piedra decrépita y rajada y de madera podrida simplemente fingía estar descomponiéndose para lanzarse a la yugular del incauto curioso de turno. Él, aun por todos sus esfuerzos y su guardia constantemente alta, ya había probado en sus carnes las peligrosas dentelladas de Rocavarancolia, y no iba a dejarse pillar dos veces. Aquello sólo reafirmaba su teoría de que nunca, jamás, bajo ningún concepto se está lo suficientemente paranoico.

Finalmente, doblaron una esquina, no sin antes asegurarse de que no había ninguna trampa ni artilugio que lo fuera a empalar nada más girarla o que algo o alguien los estuviera esperando para hacer más o menos algo similar. Allí, ante la mira de la ballesta en ristre de RR, se alzaba un extraño edificio circular, claramente abandonado y en ruinas, al igual que el resto de la ciudad, semejante de alguna forma arcaica y extraña a un estadio.

-Oh, premio.-comentó en voz baja, casi más para sí que para sus acompañantes.- Sugiero que entremos primero en los edificios colindantes antes de entrar allí…

Y fue entonces cuando vio las hienas, y se preocupó seriamente. Volvió a cubrirse tras el muro, asegurando de nuevo el agarre de su ballesta.

-¿Damos un rodeo para llegar a las casas de alrededor? No tengo muchas ganas de enfrentarme con esos bichos sin ningún botín a mano, y aun menos desde una posición tan desaventajada como esta.

Sin esperar mucho a que les contestaran, tomó el camino a través de las callejuelas a buena velocidad, manteniéndose agachado y con el arma en ristre, y con los cinco sentidos puestos en cuanto les rodeaba.

En el primero de ellos, se tomó cierto tiempo para comprobar la ausencia de trampas de cualquier tipo. Después de haber leído el libro de runas, se le habían ocurrido muchas ideas, y a sabiendas de que las que tenía a su disposición eran muy básicas y rudimentarias, no quería ni pensar lo que podrían haber hecho los anteriores habitantes de la ciudad con unos conocimientos más completos y avanzados.

Por su lado, rebuscó entre los escombros y el polvo hasta encontrar algo que lo satisfizo: Un tubo metálico, de una longitud aceptable y de una solidez adecuada. Desde luego, aquel tipo de cosas eran las que él andaba buscando, y aquello había sido un verdadero golpe de suerte. Se lo echó al saco y, seguidamente, miró por las ventanas con mucha cautela a las bestias de más abajo, que parecían holgazanear a la entrada del edificio circular.

-¿Os parece que les disparemos desde aquí? No tengo muchas ganas de arriesgar mi culo ahí abajo, en campo abierto.-comentó a sus compañeros, volviéndose hacia ellos y señalando a las bestias con el dedo pulgar.-Además…-añadió, volviéndose hacia el ventanuco, mirando esta vez a las alturas.- Esa cosa de ahí arriba me pone los pelos de punta.


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¿Qué es más divertido que matar a un bebé en una batidora?

Matarlo con la tapa abierta.

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