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Templo de los suicidas abnegados

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1 Templo de los suicidas abnegados el 13/04/12, 05:54 pm

Rocavarancolia Rol

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Recuerdo del primer mensaje :

Edificio alto con torres puntiagudas y fachada recargada y llena de salientes, de los que cuelgan ahorcados en distintos estados de descomposición. El interior es oscuro, con ventanas diminutas a través de las cuales apenas entra luz. Las paredes estan desnudas salvo por algunos frescos con escenas cruentas y deprimentes. No queda ningún mueble, y no hay pisos salvo por las escaleras que permiten subir a las fachadas y las que bajan a las catacumbas, cuyas paredes están cubiertas de huesos de todo tipo. Allí se encuentra la sede de los Hijos de Ewa, y allí viven la mayoría de los sacerdotes y algunos adeptos.

Ficha de la transformación de Ewa:

Delirio

-Cambios físicos: su cuerpo físico queda atrapado entre dos planos, por lo que el aspecto con el que se materialicen en la "realidad" puede ser el que más les guste. No necesitan alimentarse, pues se alimentan de la impresión que deja su imagen en las personas. Que dejen de pensar sobre ellos puede significar que dejen de existir.

-Cambios psicológicos: pierden su propia concepción física y cualquier vínculo con la realidad, al cabo del tiempo acaban perdiendo la empatía pues todo lo ven como en una pantalla, ajeno a ellos. Se vuelven locos en poco tiempo. Adquieren una gran paciencia y un sentido del humor enfermizo.

-Magia: nivel avanzado.

-Precio de la magia: se recargan con el tiempo, que puede transcurrir de forma diferente en el interplano que en la realidad.

-Otras habilidades: mientras la Luna Roja está en el cielo pueden rasgar el tejido que separa los planos si consiguen bastante poder y crear portales para que les resulte más fácil nutrirse y asegurar su existencia. Dichos portales pueden ser creados sobre una persona únicamente durante el proceso de transformación, justo después de que salga la Luna, y hacer que comuniquen con una parte del interplano al que el delirio tiene acceso. Esta interferencia durante el cambio provoca algunos efectos secundarios y por eso los llamados "bendecidos por Ewa" presentan variaciones físicas frente a otros transformados de su misma especie. Con práctica puede darle su propio toque al interplano. Afinidad con el ilusionismo y con hechizos de confusión y alteración de los sentidos.

-Ventajas: mucha magia, relativamente fácil de conseguir. Al no estar en un plano real es inmune a enfermedades, heridas físicas, dolor físico, guerras, etc. Te da una visión mucho mas amplia de los sucesos ocurridos en un plano.

-Desventajas: se vuelven locos. Pierden la capacidad de relacionarse físicamente con la gente, y no pueden pertenecer realmente a ningún mundo. Los interplanos son aburridos y solitarios.

-Problemas iniciales: si no has hecho muchas amistades antes de la Luna puede que pronto la gente se olvide de ti y mueras al poco de transformarte. Las manifestaciones cuestan energía y al principio concretar imágenes puede resultar trabajoso y difícil. Estar en el interplano desorienta y es agobiante.

-Consejos: intenta mantener la calma y concentrarte en materializarte. Por mucho que te duela, recuerda que el miedo es el sentimiento que deja una impresión en la gente mas fácilmente.


109 Re: Templo de los suicidas abnegados el 22/01/16, 12:51 pm

Bellota


Mon escuchó la respuesta de la roquense a Tritón (respuesta que no le satisfizo)… y se estaba girando hacia Vampy cuando oyó lo que dijo de ellos. En ese momento se le borró la sonrisa de los labios, de tal modo que no pudo prestarle atención siquiera a lo que contaba Vampy y a lo que pasaba alrededor de la furia que sentía.

-A ver, pajarraca insensible- comenzó diciendo mientras se le ponía la cara cada vez más roja del enfado. –Hemos venido porque estábamos preocupados por vosotros y somos un grupo, y por mucho que yo preferiría haberme ido a las mazmorras he acompañado a los demás porque SOMOS. UN. GRUPO… y… oh. Ooh, Dios- Mon perdió el hilo al ver cómo una sombra terrorífica aterrizaba sobre Doña Plumitas, y sacudió con fuerza la cabeza cuando su voz resonó en sus mentes. La chica se agarró las sienes con las manos.
¿Ha hablado en mi cabeza?” se preguntó, retrocediendo un par de pasos y con los ojos muy abiertos, de nuevo más allá del terror y ahora sabiendo que podía haber escapado de la muerte antes, pero que ahora iba a ser mucho más difícil. Veía el terror de la roquense y se sentía incapaz de ayudarla: tirarle una piedra a ese ser no parecía buena idea, desde luego, y comprendió por qué no quiso decirle su verdadero nombre. “Yo tampoco lo haría”. Escuchar lo que le dijo la princesa Dafne a su amigo entre susurros hizo que les mirara con los ojos como platos. "<<¿No sé qué se trae esa cosa entre manos?>> ¿En serio?" se dijo cerrando los ojos por un momento, anonadada y frustrada. "¡Hacernos una fiesta del té, no te jode! Voy a morir entre gente corta, lo veo...".

Retrocedió imperceptiblemente otra vez y abrazó a Zanahoria, no tanto por darle sensación de seguridad a la pequeña como para dársela a ella misma. Se giró bruscamente hacia Roño al escucharle hablar. “¿Señor rocavarancolés? ¿SEÑOR?”. Mónica sintió la risa nerviosa acumularse en su garganta y la retuvo, aunque no pudo evitar un levísimo bufido que se le escapó por la nariz.

Al ver a Doña Plumitas moverse le dirigió una mirada de advertencia mientras vocalizaba en su dirección un “NO TE MUEVAS, NO TE MUEVAS, NO LE CABREES”. Enfadar a ese ser parecía la peor opción que tenían en ese momento... ¡y la pájara esa quería hacerlo! "Claro, como tiene alas la cabrona... ¡Nos abandonaría aquí por algo que ha atraído ella!". Sin embargo la intervención de Cenizo devolvió su atención al ser salido de una pesadilla. “¿Mi señor?” se dijo de nuevo, divertida y aterrorizada al mismo tiempo. Para evitar reírse se tapó la boca con una mano, pero no pudo evitar abrirla de par en par al escuchar lo que dijo Tritón tras ella. “¿Le está ignorando? ¡¿A esa cosa?! ¡¿Estamos locos?!”. Abrazó con más fuerza a Zana mientras miraba alternativamente a sus compañeros y al ser que tenían delante.

¡¿NADIE SE DA CUENTA DE QUE ESA COSA NOS PUEDE MATAR CUANDO Y COMO QUIERA?! ¡¿CÓMO PUEDEN SER TAN CABESTROS?!

110 Re: Templo de los suicidas abnegados el 23/01/16, 12:03 am

Merodeador


Nadzieja estaba harta de todo aquello, si pudiera les enviara a todos a la mierda. Pero aceptó gustosamente el trozo de pañuelo que le ofrecía Mónica para limpiarse la boca “Ni si quiera esta entero ¡será egoísta!”.  Y aunque en otra ocasión se hubiese reido con las pantomimas de la española en ese momento no tenía fuerzas ni ganas para nada de eso. Por lo que se quedó en el suelo limpiándose la boca y recogiendo los escasos trozos de dignidad que le quedaban.

Las palabras de la Roquense le erizaron el pelo de todo el cuerpo como un viento frio, era tan humillante para ella que le recordasen su poco aguante. Tampoco soportaba el modo con el que los trataba, como si todos fuesen tontos, ella no era tonta “Pues si no ha servido para nada, los únicos tontos sois vosotros… y que más te da lo que hagamos, plumero con patas, podemos hacer lo que queramos. Deja de reírte de nosotros. Deja de reír. Eres horrible.” Se mantuvo callada a pesar de que tenía ganas de decirle todo aquello, pero por debajo del pelo le lanzo una mirada llena de odio que se vio interrumpida por el jalón de Sox al ponerla en pie.

-Sí, puedo caminar y sola además, pero muchas gracias. – Ya estaba caminando en la dirección por la que habían venido cuando un zumbido le hizo girar la cabeza para ver a un monstruo horripilante cernirse sobre la pájara, del susto no pudo ni gritar. “Oh, no, ahora sí que sí, esta vez la palmamos seguro, no nos salva nadie, que bicho más horrible y feo… nos va a destrozar, nos arrancara la piel y las uñas y el pelo y otras cosas… nos meterá en cajas con clavos, nos cocinara…” Y entonces la voz resonó en su cabeza y tuvo que agárrasela para comprobar que seguía ahí y no eran alucinaciones suyas “No, por favor no, me estoy volviendo loca, oigo cosas en mi cabeza, estoy perdida, olvidare quien soy, y a mi familia, y la dirección de casa, como llegar al colegio... que es… ¿cómo era? No me acuerdo, estoy perdiendo la mente, Primero salimos de casa y vamos hasta la parada de tranvía de Georges Henri, de ahí cogemos el tranvía hasta Montgomery, donde cambiamos a la línea de la derecha, cogemos el tranvía pasamos por Le Chien Vert hasta Woluwe, cruzamos la carretera mirando a ambos lados y bajamos la calle… si, uf, aún me acuerdo. Pero vamos a morir.”

Nad apenas presto atención a las palabras de Sinceridad porque solo podía mirar a la criatura que ahora los observaba intentando un nuevo método de supervivencia “Comete al pájaro y deja al resto. Comete al pájaro. A mí no. Comete al pájaro. Comete al pájaro…” Pero las palabras de los nublinos si le llamaron la atención lo suficiente como desconcentrarla de su labor de persuasión. “¿Señor? Estáis mas locos que… que algo que este muy loco… ¡estáis más locos que los elefantes rosas de dumbo!” Y para añadir a todo eso la española se abrazó a ella, lo que la pequeña belga aprovecha para refugiarse “tengo un escudo” para luego pensar “no tan fuerte, no me agarres tan fuerte, me ahogas”.

111 Re: Templo de los suicidas abnegados el 23/01/16, 04:07 pm

Naeryan


Parecía que Since se iba volando. Los demás parecían más que listos, ansiosos por ponerse en marcha, de modo que aquella discusión podían seguirla por el camin-
Sus pensamientos se vieron interrumpidos, literalmente. Reconoció con desconcierto el zumbido interno de la telepatía ajena en su cabeza, y se giró al ver las caras de sus compañeros.

Otra especie. Podía ser la autóctona, podía no serlo. Al contrario que la mujer a la que habían visto antes, su envergadura y sus ademanes hablaban de peligro. Sox no llevó a cabo ninguna acción precipitada. En su lugar clavó la mirada en Since en busca de alguna clase de señal, en tensión, y cuando la roquense dijo un nombre diferente al que conocían supuso que tenía alguna clase de plan. Aprobó la estrategia que usó, aunque se sorprendió cuando realmente funcionó y aquel ser la soltó. La inquietud aún le hormigueaba en el estómago, pero aquel giro de los acontecimientos le infundió un renovado brote de seguridad. Se podía dialogar con él. Atendía a razones. Era una buena base; más de lo que había esperado tras el susto inicial.

¿Descortesía? Aquello le distrajo momentáneamente y miró a Eriel con el ceño fruncido. La había cogido de la cabeza sin un "qué tal". Ninguno de los nublinos parecía cuestionar lo que tenían delante. "La cabeza clara", les increpó mentalmente. No era el momento de hacerlo en voz alta.

El ser había comenzado a pasearse entre ellos. Sox le salió al paso porque, fuese lo que fuese, quería buena vista de lo que se dijese y lo que pasase. Puede que si se parara a pensar en ello sus posibilidades de intervenir fueran muy limitadas, pero mantenerse de observador le resultaba insoportable. Tenía que sentirse preparado para ello, al menos.
—¿Sois vosotros los que traéis gente a este lugar? —la pregunta fue disparada rápido y al grano—. ¿Por qué dejáis que mueran?
Le latía rápido el corazón, aunque se mantenía inmóvil como una estatua en un intento de que no se le notara. Si el objetivo de todo aquello era satisfacer los hechizos de un culto raro... No iban a tener mejor oportunidad de confirmarlo que aquella.

Siete les recordó que tenían otras cosas que hacer, y una parte de Sox le daba la razón. Sin embargo el mismo impulso que le había impelido a no querer volver a las mazmorras sin resultados tiraba de él, manteniéndole reluctantemente parado en el sitio.
Aquella salida, que se suponía que debía ser estúpidamente predecible, estaba desmontándose progresivamente como un castillo de naipes. Tenían que sacar algo de provecho de aquello, poder unir los puntos de forma aunque fuese una milésima más fiable que el día anterior. Por favor.

112 Re: Templo de los suicidas abnegados el 24/01/16, 02:51 am

Nihil


Los ojos del demente se iluminaron con las palabras de los nublinos. Que lo tratasen de ''señor rocavarancolés'' no era algo que ocurriese a menudo. Los rodeó a ambos con sus largos y huesudos brazos.

-<< Me traen las risas de vuestra compañera. Y la curiosidad. De normal no me permiten acercarme a los cosechados pero que vosotros entreis en territorio del culto me da la excusa perfecta>>- y cerrando el canal solo al menor de los nublinos- << Y entre tú y yo, si los cachorros entran en nuestras propiedades por ley podemos mataros.>>

Se acabó decantando por este, ignorando al resto del grupo y cualquiera de sus acciones. La roquense dejó de ser de su interés en cuanto salió de su campo de visión, y tuvo una reacción más o menos coherente.

-<< Ewa...>> -saboreó el nombre pronunciándolo al mismo tiempo por telepatía y a viva voz- << La segunda madre. Aquella que nos liberará de las ataduras de la razón, que nos mostrará el Mundo Verdadero. Rocavarancolia está llena de secretos reservados para unos pocos, y la Secta acoge a todos aquellos que deseen conocer la verdad, acceder a la forma detrás de la forma.>>

El niño rubio lo interrumpió. Ladeó la cabeza para mirarle, soltando a los nublinos y acuclillándose frente a él, muy cerca, de forma que Sox podía verse reflejado en la bilis de sus ojos. De nuevo restringió su canal telepático.

-<< Yo no os traje aquí, cachorro, yo vine, igual que vinisteis vosotros. Los dones de la Luna Roja son preciados, y no se os concederán si no sois capaces de sobrevivir a la ciudad. Esta no es tierra de débiles, tarde o temprano todos seréis devorados, ya sea por los monstruos que habitan en las calles, o por los que habitan en vuestras mentes.>>

Dió un toquecito en la frente de Sox con la punta de la uña, y una imagen de un astro rojo aclamado por aullidos invadió su cabeza unos segundos.

-<< Es la hora de la misa>>- anunció, poniéndose en pie.- << No me sigais si no quereis morir.>>

Alzó el vuelo, haciendo zumbar sus alas de insecto. Su figura se perdió en la cima del templo, y poco después un llanto se extendió por las calles, llamando a los fieles.

113 Re: Templo de los suicidas abnegados el 24/01/16, 03:48 pm

Jack


La roquense habría seguido alejándose de no ser por algunas miradas que le impelían a no hacerlo. Se quedó quieta, esperando, mientras trataba de calmarse. Por suerte, no tuvo que aguardar mucho tiempo: la criatura se dirigió a los nublinos. Sinceridad aprovechó la ocasión. No iba a seguir escuchando aquella voz en su cabeza, aquello no era normal. Si al menos les dijera algo importante, pero eso era, en su opinión, basura. Si no fuera porque sus compañeros le habían detenido, hacía tiempo que habría estado más cerca del Refugio que de aquel edificio. Un tiempo malgastado que decidió reutilizar. No miró a nadie cuando saltó y se elevó. Ni tampoco cuando se alejó. Si no habían huido antes, no era su problema. Cuando estuviera en el único lugar que le parecía seguro, ya pensaría en todo lo sucedido.

Sigue en las Mazmorras

114 Re: Templo de los suicidas abnegados el 24/01/16, 05:40 pm

Aes

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El belga se estremeció cuando un escalofrío le recorrió la columna, se le pusieron todos los pelos de punta al escuchar algo inusual. Un zumbido, y cada vez se acercaba más.

No se equivocó cuando opinó sobre si  quedarse o marcharse, debían correr, porque un tipo enorme con los huesos marcados aterrizó al lado de Sinceridad. Tayron lo analizó en silencio, mudo de la sorpresa y por la altura del ser, además su aspecto era extravagante y su piel violáceo le llamaba la atención, casi tanto como sus ojos en los que abundaba con totalidad el negro. El chico se habría puesto en marcha de no ser porque el adepto sostuvo a la roquense, tensó los músculos, esta vez estaba dispuesto a luchar si la cosa se ponía fea, no pensaba dejar a nadie tirado y que una muerte cayera sobre sus hombros. Tayron se consideraba un hombre de verdad, de los que había antes y cada vez escaseaban más. No se iría con el rabo entre las piernas, al menos debía aguardar al próximo movimiento de esa cosa.

Cuando la voz sonó en su cabeza instintivamente dejó escapar un “puta” y se llevó las manos a los oídos, notablemente extrañado. ¿Podía hablarles telepáticamente? ¿Y por qué no?. Si las bañeras flotaban casi todo era muy posible.

Sin darse cuenta se apegó a Dafne apretando los dientes, hasta el punto de casi tropezar con ella. Gracias a que estaba lo suficiente cerca pudo escuchar el comentario de la noruega, como respuesta le dirigió una mirada llena de preocupación y confusión. Definitivamente, era un día extraño.

No le hizo falta seguir muy de cerca la conversación para clasificar al extraño como loco, cuando empezó a hablar sobre mentes enfermas y servir a nuestra madre un clic más allá de lo normal se activó y agarró la lanza con firmeza.
-Se le va mucho la olla- musitó a su amiga- fíjate, Barael le habla como si fuera alguien importante.- habló.

Le jodía, sólo un poco pero le fastidiaba. Entendía la diversidad de religiones pero no veía claro por qué una cosa como visualizar a los rocavarancoleses como dioses podía eclipsar el hecho de que ese maleducado empujara a Sinceridad, sí, era cierto que de alguna forma se alegró porque la chica se pasaba de borde a veces, pero...¿Señor?.

Aguardó, la idea de hacerle preguntas le parecía interesante, sí, pero había sido un día larguísimo, y quizás esa criatura no era la más conveniente para ponerse a charlar un rato.

Escuchó la petición de Siete y descubrió que no podía estar más de acuerdo. Como el individuo se limitaba a hablar por vía mental el resto no podía escuchar lo que les dijo a Sox y los nublinos, aún así Tayron no habría prestado atención a sus palabras, seguía de cerca su lenguaje corporal. Por suerte el adepto de Ewa se marchó mucho antes de lo esperado, no sin antes regalar una amenaza que en opinión del humano fue muy gratuita.

Antes de que se diese cuenta se percató de que Sinceridad ya había despegado sin pensar en el resto. Se apuntó esa acción y lo encajó como mejor supo hacer, contemplando desde su posición la ruta que habría escogido para volver.
-Bien, ¿Os parece que nos vayamos ya?- exigió- ¿Alguna pregunta más que hacerle a vuestro señor chicos?- les dijo a los nublinos, medio en broma, medio en serio.- pues si a nadie más le apetece correr peligro yo creo que seguir a la premio nobel en escabullirse es lo mejor.- dicho eso esperó a escuchar lo que el resto tenía que decir, igual hasta les reñía si querían seguir con la excursión. La ciudad le estaba poniendo a prueba, pero de momento el grupo se le antojaba más difícil que la propia supervivencia a la que estaban destinados a conseguir.


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" Ya No Hay Fuego, Pero Sigue Quemando."

"Conquistar Sin Riesgo, Es Triunfar Sin Gloria."

115 Re: Templo de los suicidas abnegados el 24/01/16, 06:35 pm

Dal

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Eriel pronto notó el pesó del hado cuando éste lo rodeó con su brazo. Asintió a sus primeras palabras y con las últimas se le pusieron los pelos de punta. Si cualquiera de ellos hubiera entrado en la iglesia a Eriel no le quedaba ninguna duda de que ya habría muerto.

<<Ewa...>> repitió en su cabeza como si fuese un eco de la voz mental del hado. Al nublino se le iluminaron los ojos con las palabras del cultista. <<Yo quiero, quiero conocer a Ewa, quiero conocer la verdad y acceder a la forma tras la forma.>> pensó con fanatismo.

El nublino se quedó pensativo preguntándose cómo podría adorar a Ewa hasta que el hado se despidió de ellos dándoles una última advertencia. <<Sobreviviré hasta la Luna Roja y volveré>>.

-Será mejor que nos vayamos - propuso. Miró a su hermano y le dedicó una sonrisa.- No ha ido tan mal ¿eh? - miró al resto y preguntó.- ¿Vamos pues a la torre esa de carne podrida para ver si han dejado más comida?

Se puso a andar pero notó a Siete molesto por algo y se acercó a él.

-¿Te pasa algo? - preguntó con curiosidad.- Si puedo saberlo claro.

Antes de salir de las inmediaciones del templo se dio la vuelta para ver la edificación una última vez grabando en su memoria el aspecto del edificio.

-Ewa... - dijo, casi como si fuera una plegaria.

Sigue en El río.


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Soy Dal, hijo del Estío y el Crepúsculo. Señor del Vacío y Amo del Infinito. Destructor de Mundos y Artífice de Infiernos. Conde de la Nada y Duque de los Océanos. Rey del Purgatorio y Terror del Cielo. Marqués del Inframundo y Barón de la Muerte. Por todos estos titulos, Invitado, reclamo tu vida para mí .

116 Re: Templo de los suicidas abnegados el 24/01/16, 07:48 pm

Reifon

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Su cuerpo se tensó al extremo y su corazón latía a todo lo que daba. Aquel tío estaba tocando a su hermano y era impredecible.

<<Los ojos.>> -Era su única garantía de hacerle algo si intentaba atacar a su hermano.

Los suyos estaban completamente abiertos, atentos a cualquier gesto del alto que mostraran cualquier indicio de agresividad hacia su hermano, afortunadamente no fue así, aunque notó como se centraba en este un pequeño lapso de tiempo.

<<¿Ewa?>> -Su discurso fue cuanto menos interesante para Barael, dudaba no obstante de si de verdad aquel ser podría mostrarle la verdad sobre las cosas o si no era más que palabrería sobre abstracción  filosófica por parte de un culto al igual que muchos de su raza tenían idealizados a los rocavarancoleses como auténticos dioses capaces de obrarlo absolutamente todo.

Cuando los soltó pudo relajarse algo. -<<Demasiadas cosas por hoy...>> -Tantos altibajos y emociones enfrentadas le habían ganado una jaqueca. Vio como se centraba en Sox y le hacía algo, cosa que no le importó, ya estaba lejos como para poder intentar algo siquiera y el dolor de cabeza no ayudaba. Por suerte para él no parecía nada grave.

<<Genial, una misa, pues es la opción dos>>

La advertencia le quedó bien clara, sería mejor no volver por ahí y dar un rodeo largo siempre que pasaran.

Y después de todo, su hermano sonreía. Suspiró y se pasó una mano por la cabeza para ahuyentar el dolor.

-Ya, podríamos haber muerto todos.....
-Primero quiero pasar otra vez por el jardín, he visto plantas de nubla y algunas podrían ser de utilidad.
-Se lo decía mas a su hermano que a los demás, ya estaba harto por hoy de tratar con gente.

Una vez allí comprobó que las plantas estaban protegidas, aunque sí que localizó algunas algo útiles algún tipo de magia impedía que las llegase a tocar cuando se disponía a ello.

-Una pena. -Dijo más para sí mismo que otra cosa.

Era hora de encaminarse, con dolor de cabeza o sin él, había cosas que hacer.

Sigue en río

117 Re: Templo de los suicidas abnegados el 24/01/16, 08:59 pm

Bellota

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Mon no pudo soportar tanto la tensión, de modo que, cerrando los ojos y tarareando mentalmente, trató de no pensar. Sin embargo la voz de la criatura volvió a resonar en su cabeza de modo inquietante, haciéndole perder la melodía y con ella la falsa calma. Se mordió el pulgar para evitar hacer algún sonido. “Puedo hacerlo, puedo hacerlo, puedo hacerlo. Una cosa humanoide y aterradora no puede conmigo” se repetía en mantra. Y si pensaba que escuchar la voz en su cerebro era malo… descubrió que no oírla cuando el ser interaccionaba con sus compañeros era mucho peor. El revoloteo de Doña Plumitas la distrajo. “Allá va” pensó, mirando con cierta envidia sus alas por la libertad que le daban.

Cuando de nuevo escuchó al ser asintió en su dirección repetidas veces. “¿Misa? ¿Misa de qué? ¿Aquí hay religiones?” se preguntó, a caballo entre la curiosidad y el miedo. La amenaza explícita en la siguiente frase convenció a la chica de no preguntar. -No te seguiremos- dijo con voz trémula, casi un murmullo. “Ni ganas, chato. Vete, vete, por favor. Y no vuelvas”.

Le observó volar hacia el edificio macabro y soltó un suspiro que casi la hizo caer al suelo. –Me tiemblan hasta las rodillas- comentó forzando una sonrisa, aunque se le notaba el miedo que había pasado en la cara y en la voz. Asintió a lo que dijo el tirafichas (que necesitaba urgentemente un mote). –Yo quiero volver. Por favor- se frotó los ojos con los puños en un gesto inconscientemente infantil, y después aferró con fuerza su bolsito. –Demasiadas emociones en un día, al menos para mí. No quiero arriesgar mi vida de nuevo…

Sin embargo su voz se vio acallada por la de Cenizo, que proponía ir a buscar más comida, y por la de Roño, que quería volver al jardín. El asentimiento de Tritón le pilló con la guardia baja. Mónica casi gimotea al escucharlo. “¿Más? No puedo explorar más por hoy… ¿Es que a nadie le importa que haya estado a punto de morir hace nada a manos de un lagarto gigante? ¿Y si tengo algún transtorno post-traumático?” se dijo dramáticamente, con un nudo en la garganta. “¿Y si nos sale algún otro loco a amenazarnos de muerte?... seguro que tengo un trauma. ¿Quién no lo tendría? Y encima estoy sin ropa casi. Pero claro, eso no conviene a las ansias de exploración de los caballeros… Tendría que haberme quedado en las mazmorras. Ojalá”. Probablemente alguno más dijera algo que justificara esa nueva excursión, pero estaba tan desolada, asustada y dolorida que no pudo ni escucharles. Sin embargo, al verles echar a andar sin posibilidad de discutir se unió penosamente a la procesión de la mano de Zana, exudando cansancio y ganas de llorar por todos los poros. De hecho el sermón del idrino hizo que casi se le saltaran las lágrimas de frustración, que se tragó de puro orgullo. -No puedo irme sola. Y además, un grupo es un grupo y la unidad nos protege, lo he dicho más veces. Yo sigo al grupo, está claro.

Siguió caminando dispuesta a darles una lección de resistencia, pero la postura de los hombros la delataba, así como su levísima cojera. Cuando Tritón, que debió verle la cara de agotamiento, le ofreció el brazo se sorprendió bastante ante el gesto, sobre todo después de su "regañina", y le dirigió una sonrisa vacilante tratando de olvidar su irritación mientras se le agarraba (no podía negar la ayuda en ese momento), apoyándose levemente en él para hacer más soportable el dolor de pies.

Sigue en El Río



Última edición por Bellota el 24/01/16, 10:55 pm, editado 2 veces (Razón : fsjner colores que se me lían ishfksef)

118 Re: Templo de los suicidas abnegados el 24/01/16, 10:04 pm

Alicia

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Siete se mordió la boca con nerviosismo y miró con el ceño fruncido a Sinceridad, alejandose. Su mirada fue a Sox, que parecía tener todavía algo entre las orejas y luego al monstruo, que procedió a marcharse después de todas las advertencias. El idrino suspiró hondo.

- Sí, deberíamos comprobar si es algo periodico y si podemos contar con ello de ahora en adelante- corroboró. Pesé a su enfado general con el grupo y con la humana, Siete percibía perfectamente la desesperación en sus gestos. El enfado en su lenguaje corporal dio paso a cansancio, al tomarle la mano a Monica.
- Diciendolo antes, y con la seguridad de que sabrías llegar, claro que podrías volver. Pero si algo ocurriera nos enteraríamos de ello con retraso o nunca, y eso debes valorarlo. Eso incluye a Nad, si ella quisiera seguirte, porque esta cansada o lo haya pasado mal. Se que a la mitad os importa poco el resto, o al menos sois bastante desconsiderados por sistema, pero yo os considero mi grupo. Os consideraré mi grupo si somos quienes hay aqui durante meses. Y para que eso funcione necesito un poco más de tu parte. Un esfuerzo. Huele mal. Todo es peligroso.  Ayuda con las cestas, asegura la cena de hoy y de mañana. Las emociones no van a irse a ninguna parte en Rocavarancolia. Esto es duro para todos, y se necesita fuerza y animos de más de una persona.

Eriel había notado su tono de voz, parecía. La forma en que le salían las palabras rasposas, sin dulzura ni aire. La forma en que miraba la mano de Monica con ojos entrecerrados antes de ofrecer todo el brazo para que se apoyase, como si pensase, como si tragase algo con mal sabor. Cualquiera podía notarlo, seguía creyendo el idrino, porque el se fijaba conscientemente en esos detalles cuando la gente lo rodeaba. Habría evitado hablar de aquello, después de haberle dado el sermón a la humana. Y quizás no hubiera dicho nada porque temía las reacciones de gente que había sido criada de forma diferente y que le era desconocida. No se sentía verdaderamente capaz de increpar a la pájaro por su propio pie. Pero no mentía en sus respuestas.

- Estoy enfadado y cansado- le dijo, con el tono informando que era más lo segundo que lo primero en ese instante, y que no lo dirigía concretamente a él. Ya había empezado a andar hacia la torre muerta y miraba a su interlocutor lo justo-. Había entendido que no mentíais, que era un rasgo cultural compartido, pero Monica propuso fingir, y Sinceridad, después de llamaros hipocritas, mintió descaradamente. Tampoco pareceis pensar como grupo, sino por separado. Y puede que sea que no somos familia o un clan y apenas nos conocemos, pero se siente como perseguir niños por la bahía. Niños con opiniones distintas que no saben dialogar y que mienten en estupideces.  Se que incluso en mi mundo hay culturas que tienen la mentira como algo social, pero a mis ojos, ahora mismo, teneís la madurez de niños de seis años- se dio cuenta de lo brusco que había sonado y en su cobardía, retractó como pudo- No hablo de todo el mundo. Pero ahora no me fio de mis primeros juicios. Y me frustra no saber como podremos colaborar juntos. O encontrar si nos une algo mas que estar perdidos.


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119 Re: Templo de los suicidas abnegados el 24/01/16, 11:31 pm

Naeryan

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Sox no solía alegrarse de estar equivocado pero en aquella ocasión habría hecho una excepción. No obstante su deducción se probó horriblemente acertada cuando el ser confirmó, en aquella suerte de voz-zumbido en sus cabezas, la palabra "culto".  
Culto, secta, librarse de la razón y mierda varia sobre un mundo verdadero: apartados de una lista imaginaria iban siendo tachados uno por uno. Todas las alarmas posibles estaban sonando a la vez en su mente, y Sox quería irse de allí YA.

No reaccionó a tiempo para apartarse, aunque fue su primer impulso. Se mantuvo inmóvil a pesar de que el pulso le rugía en los oídos, un instinto innominado susurrándole que aquélla era la mejor opción. Poderoso, o no habría prevalecido. Sox no se fiaba de sus instintos.
Un parpadeo y tuvo delante una luna monstruosa. Enorme, cruel, del color rojo de la sangre que no era suya, aclamada por voces fanáticas que bebían de su presencia. Y aquel mismo astro a la vez ejercía un influjo irresistible, un pulso que exigía el mundo entero a cambio de todo lo que prometía. Incluso a través de la mala copia que era el recuerdo de otro Sox pudo intuirlo.
A medio camino de taparse los oídos la visión desapareció de su mente. Parpadeó para librarse de la imagen de aquella luna infernal, a pesar de saber que la imagen estaba grabada en su cerebro y no tras sus párpados.

Fue el único en no reaccionar a los lamentos a su alrededor, aún con las voces dementes del recuerdo del adepto retumbándole en los oídos . No añadió nada a las conversaciones circundantes: habían llegado solitos a la conclusión de irse y a la de hacerlo a algún sitio provechoso. Ahora mismo le bastaba con eso, pálido tras la visión y las palabras del adepto.
Las barajaba en su cabeza. Piezas nuevas de un rompecabezas que por un breve momento había parecido completo de una forma a la vez espantosa y tranquilizadora. Lo primero por saber en manos de quiénes parecían estar, lo segundo por la satisfacción consoladora de que todos los puntos pareciesen por fin unidos.

Mirada circular, Since ya no estaba. Si decidía irse por su cuenta era cosa suya, además de que sabía volar y conocía el camino de vuelta a las mazmorras. Posiblemente era por la que menos debieran preocuparse ahora mismo.
Además seguía faltándoles una. Sox suspiró, permitiéndose un breve momento de cansancio. Qué desastre.

Sigue en el Río.


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"And if you gaze long enough into an abyss, the abyss will gaze back into you."
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120 Re: Templo de los suicidas abnegados el 16/06/17, 11:51 pm

Zarket

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GM
Bastel, sexto sacerdote de Ewa, había acabado por abrazar del todo su monstruosidad. Era un engendro de Rocavarancolia en cuerpo y alma, y se enorgullecía de ello. No era imposible que un trasgo recordara lo que era la luz, pero en su caso había acabado olvidándola: la Luna Roja y Rocavarancolia habían empozoñado su alma, le habían metido dentro dentro toda la oscuridad que podía contener. Y, a pesar de la larga travesía, de que una parte de él había querido resistirse con todas sus fuerzas, lo cierto fue que al final cedió.

Renunció por completo a su nombre y su pasado nublino cuando salió la Luna Roja, dos años después de aquel día en que se transformó. A Bastel no se le escapaba la ironía de que aquel había sido su cumpleaños cono Branniel, y seguiría siendo su cumpleaños como Bastel. El aniversario, sin embargo, adquiría significados completamente opuestos. Ahora era la fecha en la que había oficializado el abrazo de la perversidad y la demencia, del sadismo y la crueldad. El trasgo, por fin, rugía triunfante. Del nublino ya no quedaban ni restos en su estómago.

Aunque quizás sí quedará de él un pequeño resto, incluso si se había asimilado al trasgo y había abrazado la locura con tanta ansia como él. Bastel no abandonaría a sus amigos. Seguía teniendo aprecio y cariño por algunos macieleros: Saren, Shizel, DL, Karime... Sus lazos con ellos habían perdurado más allá de la criba y estaban demasiado cimentados como para que nada pudiera ponerlos a prueba. Se seguían viendo, aunque fuera menos, como era inevitable cuando fueron perdiendo tiempo libre. Aun así no se abandonaban. Si de Bastel dependía, nunca se abandonarían. Y eso le bastaba.

Siguió con su entrenamiento con Leip, por supuesto, así como con las peleas de los bajos fondos. Eran entrenamientos orientados a lo físico, pues en las peleas con otros hijos de la Luna Roja la magia que se usaba era siempre de bajo nivel. Había transformados que sí usaban hechizos ofensivos más potentes cuando tocaba matanza de esclavos, pero a Bastel no le atraía esa técnica. Con los sin esencia prefería que fueran sus manos y dientes los encargados de la carnicería.

El progreso en las peleas fue lento, a veces casi aburrido, y la impaciencia consumía al trasgo de Ewa. Más de una vez había acabado al borde de una discusión con el xipe totec: deseaba más retos y, por supuesto, más dinero. Al final siempre había cedido al sentido común, por mucho que su orgullo le dijera lo contrario. Su necesidad de ocupar más o menos poco tiempo entrenando lo enlentecía mucho, y lo aceptaba, pero distaba de estar conforme con el ritmo. Incluso si sabía que poco o nada podía (o incluso deseaba) hacer para dedicar más horas a su entrenamiento.

Como comenzaba a ser tradicional en él se acercó a los portales durante la noche de Samhein, contemplando la llegada de los cosechados dormidos. No le sorprendió en nada el nutrido grupo que llegó de Nubla: su gente podía ser espantosamente servil, pero su esencia era fuerte. Aun así Bastel no guardaba muchas esperanzas, el envoltorio que los envolvía solía ser demasiado frágil. Esperaba que Rocavarancolia los curtiera y demostraran ser dignos de recibir la bendición de la Luna Roja y Rocavaragálago, pero si resultaban no serlo no le apenaría. Era preciso conseguir que los ciudadanos fueran fuertes.

Su rutina estaba ya firmemente establecida, aunque en esta ocasión, encontrándose completamente integrado en los bajos fondos, hubo una novedad. Era un lugar por donde corrían con especial facilidad los rumores, y por eso desde el primer día se supo bien todo lo que pasaba con la cosecha. Oyó hablar de numerosos incidentes, aunque los que más llamaron su atención fue el despertar tardío de parte de los cosechados (¡hasta con meses de retraso!), el derrumbe de una casa sobre dos transformadas, matando a una de ellas y los consiguientes problemas que traería a los macieleros implicados con la salida de la Luna Roja y, por supuesto, la casi visita de algunos cosechados al Templo de los Suicidas Abnegados, cosa que ya sabía de antes. A Bastel le hacía especial gracia la ironía del asunto: que un cosechado entrara en el Templo lo convertía, desde luego, en un suicida abnegado.

Y así, entre ver a sus amigos, idas a los bajos fondos a entrenarse, pelear y divertirse y cumplimiento de sus obligaciones con la Secta vivió el trasgo, una vez más, los primeros compases del ciclo de la Luna Roja.

-

La noche anterior había acabado tan agotado que se había dormido sin siquiera comer antes, y eso lo notó al despertarse algo prematuramente por culpa de un pequeño aguijonazo de hambre. Le recordó fugazmente a los primeros tiempos de su transformación, cuando creyó, en un alarde de estupidez, que podía luchar contra su auténtica naturaleza. El trasgo sonrió, aviesamente. Encontraba sumamente placentero que al final le hubiera dominado la cordura. «O la demencia, según se mire».

Aun así se quedó un poco más con los ojos cerrados. En una de las jaulas de su habitación estaba encerrado un joven ochrorio, listo para ser el desayuno, y estaba razonable seguro de que ya se habría despertado. Su delicioso olor llenaba la habitación entera, y el trasgo no podía sino salivar ante el apetitoso aroma que despedía.

Se levantó y desesperezó con lentitud, entreabriendo los ojos. Efectivamente, su comida estaba dispuesta. Y temblando de pavor.

Bastel sonrió.

—Qué buen día hace, ¿no crees? —era un tono de calculada crueldad, remezclada con burla. Se fue aproximando a aquel muchacho, con un paso calculado, casi de acecho—. Aunque no se tú, pero yo me muero de hambre —ya había entrado en la jaula. Agarró por las mejillas a aquel tipo, obligándome a mirarle. Sonreía con ferocidad, disfrutando del terror que estaba provocando en aquel vulgar sin esencia—. Menos mal que tenía guardado un apetitoso desayuno —manifestó, enseñándole los dientes. Luego se puso a comer. Los gritos solo le proporcionaron un mayor deleite.

Cuando terminó se vistió, saboreando todavía las últimas hilachas de carne que quedaban entre sus dientes. Lo hizo con premura, dándose cuenta de que llegaba tarde. DL había vuelto a la ciudad, y habían decidido dar una vuelta.

Sigue en los Pozos.

121 Re: Templo de los suicidas abnegados el 19/04/18, 01:06 am

Yber

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GM
A Corann no le costó mucho encontrar una oferta suculenta para Kromen Pietro y a la gárgola no le costó mucho aceptar. A cambio de un caos tal que podría lanzar hechizos durante meses, Kromen Pietro estaba dispuesto a cometer una traición. Para la realización de aquel pacto, había hecho falta una red de seguridad que le abriera camino y lo ocultara. Kromen se preguntaba cuántos adeptos habían participado sin que él lo supiera.

Cuando le llegó el aviso para actuar, en sueños, se desperezó y abandonó su estado inmóvil. Envolvió su cuerpo en una burbuja de silencio; descendió de su cornisa, esquivando los cuerpos colgados, y cruzó el umbral. Había soñado tantas veces el camino, que podía recorrerlo con los ojos cerrados: tomar las escaleras, bajar a las catacumbas y cruzar hasta dar con la primera puerta abierta. No se encontró ni un alma por el camino, ni tocados por Ewa ni adictos adoradores.

A quien sí encontró fue a Lil, tras el umbral que debía estar. El ghoul dormía plácidamente, quién sabe si perdida su conciencia o no, a pesar de que Nihil lo había atado a una cadena de seguridad. Kromen Pietro tuvo que contener una risa. Aquella cadena jamás había funcionado, pero ahora se había convertido en la ruina del ghoul y de su despiadada cuidadora.

La gárgola se irguió y estiró los músculos de los brazos, quedando los crujidos amortiguados por la burbuja. Movió la cabeza de un lado a otro y se cernió sobre la cama del niño muerto. Estaba listo.

Con un movimiento suave cogió la cabeza del ghoul, con la fuerza de la roca viva la partió entre sus dedos.


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No llores por no poder ver tu pierna,
las lágrimas te impedirán ver los cadáveres de tus amigos.

122 Re: Templo de los suicidas abnegados el 19/04/18, 03:43 pm

Zarket

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GM
La súcubo de las pesadillas observó cómo se alejaba el cuervo con la nota para el vampiro, todavía temblando de ira. Su mente, por supuesto, ya había trabajado frenéticamente en quien podía haber hecho aquello, en cómo había sucedido y en por qué nadie había hecho nada para evitarlo. Solo había una conclusión posible a todas aquellas preguntas. Nihil salió al pasillo, dispuesta a llegar al final de aquello.

—¡Casia, ven ahora mismo!

La ninfa se acercó con un paso inestable, a medias cauteloso y a medias temeroso. Nihil no esperó a que hablara para interrogarla.

—Por qué no estabas en tu puesto —su voz sonó como un látigo. Su... protegida carecía de cualquier daño visible, por lo que era evidente que no había luchado contra nadie.

—Un adepto solicitó mi presencia, nec-

La segunda sacerdotisa de Ewa perdió entonces la paciencia. Agarrándola del cabello la arrastró hasta su habitación y la echó a los pies del cadáver de Lil' Zombie. La sorpresa fue suficientemente sincera en la cara de dama Casia para saber que ella no había sido, pero aquello no disminuyó la ira de Nihil.

—¡¿Crees que soy imbécil?! ¡Yo creé esos contratos! ¡Yo se los enseñé a Corann! ¡Soy capaz de oler esa magia a kilómetros de distancia, y tú hiedes! —no había soltado aquella melena en un solo momento, pero ahora lo hizo. La dejó tirada en el suelo mientras ella misma se alzaba en toda su estatura, con sus ojos relampageando con un odio que no había sentido nunca—. Estoy segura de que sabes quién ha sido el brazo ejecutor, así que más te vale decírmelo o te juro que lo mal que estás durmiendo últimamente te va a parecer descansar en el séptimo cielo.

La ninfa la miraba aterrorizada, pero su cerebro ya había llegado a la conclusión inevitable. El nombre de la persona cuya travesía no debía molestar era, con mucha probabilidad, el nombre del asesino.

—Kromen. Tuvo que ser Kromen.

La boca de Nihil se contrajo en una fina línea al oír aquel nombre. Con aquello ya tenía los nombres de los dos principales culpables de aquel crimen, y se prometió que, antes de que terminara todo aquello, Corann y Kromen sufrirían.

—Ya veo. Así que estoy rodeada de desagradecidos y traidores.

No dedicó una mirada más a la ninfa antes de girarse e ir velozmente hacia el puesto de la gárgola. Los adeptos se apartaban a su paso, quizás sabiendo que cualquiera que hubiera tenido que ver con aquello no podría tener sueños placenteros nunca más, y aquello con suerte. A Nihil le traía sin cuidado: nunca le habían importado los adeptos sino como medio para mantener su nivel de vida, y aquel momento era el último en el que eso cambiaría.

En cuando vio la puerta del Templo se echó un hechizo de levitación que en poco tiempo la alzó hasta las espaldas de la gárgola. Un sortilegio disolvente le sirvió a modo de saludo. No hizo ningún daño a Kromen, aunque sí a sus defensas.

—Qué violenta, Nihil —la gárgola dignificó a la mujer que le había introducido en la Secta con una sonrisa sardónica. Nihil respondió con un lanzazo de magia que volatilizó la mayor parte de las defensas que quedaban, sin ganas de andarse con sutilezas.

—Por qué —la ira y la indignación se mezclaban en la voz de la súcubo de las pesadillas, todavía incapaz de asumir que la única persona que realmente parecía haber sido fiel a ella estuviera muerta—. Qué te prometió a cambio de hacer eso.

—Me prometió exactamente lo que va a traer: el caos. El caos eterno, el caos indomable, el caos para toda Rocavarancolia —la voz de Kromen Pietro sonaba enloquecida más allá de todo nivel, la máscara de los últimos tiempos ya caída. Durante un segundo el aire alrededor de los dos se congeló, con Kromen disfrutando al recordar la promesa de Corann y Nihil asimilando y desentrañando el significado de aquellas palabras.

Luego la gárgola lanzó una consunción ámbar, y el duelo empezó.

Sortilegios desintegradores y hechizos sombríos volaron sobre el Templo de los Suicidas Abnegados, donde se originó un despliegue de magia ofensiva que no se veía desde el ya famoso duelo de mercenarios de unos años atrás. En esta ocasión, sin embargo, no solo pendía el destino de unos rocavarancoleses cualquiera: sin que nadie lo supiera el futuro de toda la ciudad estaba en juego.

Pero Nihil era indudablemente superior a Kromen, y aquella falsa batalla acabó saldándose a su favor. Una consunción mandó a la gárgola a volar lejos de allí, con las alas dañadas. Antes de que tocara el suelo le dio un hechizo fulminante, y cuando los gritos de la gárgola cesaron un lanzazo púrpura dio en el pecho de Kromen Pietro, asfixiándolo. Luego siguió la malla ácida y una llamarada oscura.

Nihil observó la masa quemada y desgarrada que quedaba del asesino de Lil, todavía inundada por el odio. Kromen estaba vivo, y a la súcubo nada le gustaría más que sanarlo y volver a empezar, pero una vocecita en su cabeza insistía en que había otras cosas que hacer mucho más importantes. Y que aquel desdichado, a fin de cuentas, era solo el brazo ejecutor. El auténtico asesino todavía estaba suelto.

Unos segundos después un hechizo desintegrador volatilizó el cuerpo de Kromen Pietro. Nihil, súcubo de las pesadillas, segunda sacerdotisa de Ewa, se dio la vuelta. Tenía mucho en lo que pensar, y más todavía que hacer.

123 Re: Templo de los suicidas abnegados el 29/04/18, 03:19 pm

Giniroryu

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La acólita solicitó audiencia con Lah Donna, asegurando que tenía información muy importante para la líder de la secta. Información que arrojaría luz sobre la traición que se estaba llevando acabo dentro de aquellas paredes, y por eso afirmó que era preferible llevar a cabo aquel encuentro entrada la medianoche, cuando habría menos oídos indiscretos en el interior del templo.
Se trataba de una nueva adepta que había llegado a la secta por primera vez hacía un mes. Una ochroria proveniente de la Iglesia Espiritual que afirmaba haber encontrado en Ewa un sustituto a su anterior fe. Su devoción había aumentado con el paso de las semanas, y durante los últimos días pasaba la mayor parte de su tiempo en el templo preguntando a otros adeptos acerca de los milagros y portentos de su diosa, Ewa.
El hado infernal sin nombre la condujo hacia la sala de audiencias de la súcubo. La acólita caminaba en silencio, su rostro oculto por la capucha roja que vestía. Bajo su capa, mantenía su única mano cerca de un bolsillo interior. El adepto abrió la puerta y se hizo a un lado, permitiéndole ver a Lah Donna recostada en su lugar habitual.
—Me han informado de que dispones de información importante para la secta.
—Así es, mi señora.
La acólita comenzó a caminar para acercarse a la líder de la secta. Lo sucedido un mes atrás omnipresente en su mente.

124 Re: Templo de los suicidas abnegados el 01/05/18, 05:10 pm

Giniroryu

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GM
Paso a paso Gighena, oculta tras la ilusión de una adepta ochroria, se acercó a Lah Donna. Lo hizo a un ritmo constante pero con movimientos calmados, tratando de evitar levantar sospechas. Bajo la capa su mano continuaba deslizándose hacia el bolsillo interior. Cerró sus dedos alrededor de una daga invisible. Su bolsillo también llevaba hechizos anclados, destinados a evitar que el veneno permease en la capa y perdiese efecto. No sabía de dónde había sacado Casia aquella fórmula en particular de la que nunca había oído hablar (o probablemente habría intentado algo como aquello mucho antes), pero no tenía más opción que fiarse de la ninfa ciervo.

—He oído los rumores sobre la presencia de traidores en la Secta.

Donna fumaba en una larga pipa y dejó escapar un aro de humo, demorándose unos instantes en la respuesta.

—Vaya, sí que se extienden rápido los rumores aquí para que una adepta tan reciente esté al tanto.
Gighena había deslizado con precaución la daga invisible fuera por completo, manteniendo su puño contra su pierna.

—Precisamente estoy al tanto porque dichos traidores se pusieron en contacto conmigo, aunque desconozco cuántas personas forman parte de la disidencia. Pensé que querríais conocer los nombres de los que sí dispongo.

—Si es como dices sin duda nos serás de gran ayuda. Adelante, por favor.

—Creo que Kromen Pietro ya recibió su castigo debido, pero además de él... Gighena.

La súcubo alzó una mirada extrañada hacia la adepta.

—¿Cómo?

La trasgo trató de ser lo más rápida posible, lanzándose con la daga invisible por delante buscando ensartarla en cualquier parte del cuerpo de Lah Donna. Si Casia no estaba mal informada, con que penetrase en la sangre de alguien en cuyo cuerpo se hallase rastro de bilis negra, esa persona moriría irremediablemente en poco tiempo.

—¡Esta pesadilla se termina aquí y ahora!

La daga se clavó en la carne, pero no en la que Gighena esperaba.

El hado infernal había observado la audiencia a una distancia prudencial. Tal vez habría perdido el juicio, pero el adepto sabía hacer bien su trabajo. No había dejado de observar los movimientos de la falsa acólita, y se había dado cuenta de que su puño se encontraba cerrado alrededor de un arma invisible. Impulsándose con sus alas, se interpuso entre la líder de la secta y su atacante, recibiendo la puñalada envenenada en un costado.

Entre gritos de agonía, el adepto se derrumbó y gritó agónico. La súcubo se había levantado con mucho esfuerzo, pero no pudo hacer nada por ayudar a su subordinado. Este se había comenzado a poner lívido y sus ojos se habían inyectado de bilis negra. Escupió sangre y bilis a partes iguales y se retorcía de dolor. Se arrancó la daga invisible, que retumbó en el suelo, y extendió un brazo espasmódico hacia Gighena. Parecía querer decir algo pero tan solo consiguió toses y sonidos ahogados. Finalmente, dejó de moverse. La bilis negra se derramaba bajo su cadáver, mezclándose con la sangre.
—Eres tú...

Lah Donna observaba a Gighena con rabia y temor a partes iguales, pues la trasgo había recuperado la daga en cuanto la oyó caer y había deshecho la ilusión para que la súcubo pudiera verla y supiera en qué situación se encontraba.

—He vuelto. Pero no para quedarme. Como iba diciendo... Esto termina aquí y ahora.

La puerta de la sala se abrió de golpe y un sortilegio salió despedido en dirección a la mano de la trasgo. La daga fue arrojada hacia un lateral de la instancia y Gighena se dio la vuelta, asustada.

—Tienes razón, pero para ti.

Nihil preparaba un relámpago negro y plata.

125 Re: Templo de los suicidas abnegados el 02/05/18, 05:54 pm

Zarket

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GM
Gighena apenas dedicó un segundo a mirar con incredulidad e indignación a la súcubo de las pesadillas. Luego usó un hechizo de dispersión para contrarrestar la ofensiva de Nihil. La ola de calor resultante inundó la estancia de una atmósfera sofocante que, no obstante, no detuvo a las tres combatientes. Al fin y al cabo Gighena no deseaba más que ver reducido a escombros aquel Templo; y dadas las circunstancias Nihil y Donna no eran proclives a tener piedad con alguien que, a fin de cuentas, era una traidora.

El primer paso lo dio la primera sacerdotisa de Ewa: un hechizo de intangibilidad. No se engañaba al respecto de que estaba en mucho más peligro que Nihil, y aquello no solo por ser el objetivo del atentado: Gighena mataría con la misma satisfacción a cualquiera de las dos, lo sabía. Sin embargo la aprendiz de Siloco poseía mucha más experiencia que ella en la magia de combate, y lo último que necesitaba era preocuparse de su defensa además de defenderse y atacar a la trasgo.

Las dos contendientes principales, entre tanto, trenzaron un hechizo sombrío de forma prácticamente simultánea. Ambos proyectiles chocarón en el aire, desviándose hacia lugares opuestos de la habitación. El duelo, sin embargo, no paró ni un momento: Nihil invocó un sortilegio disolvente que Gighena esquivó por poco saltando a la cama donde antes había estado Donna. Esta, habiendo terminado la finta, lanzó el conjuro que había estado preparando: una malla ácida. Nihil la recibió de lleno, aunque el único daño que hizo aquel sortilegio fue a sus defensas.

Sin embargo Lah Donna no se había mantenido de brazos cruzados. Le había costado algunos momentos recordar bien el sortilegio, pero finalmente logró despedir un hechizo fulminante hacia Gighena. La trasgo, enfrascada en el combate contra la súcubo de las pesadillas, no tuvo tiempo de evitarlo. Sus gritos inundaron la habitación, dando tiempo a Nihil para paliar algo sus defensas y trenzar una llamarada oscura que su enemiga apenas pudo desviar. Nihil, sin embargo, no cejó: recurrió una vez al mismo hechizo, que una vez más fue desviado. Sin embargo, poco a poco, la segunda sacerdotisa fue acorralando a la antigua Número tres. Los desvíos eran cada vez más costosos, y pronto la temperatura comenzó a subir.

Lah Donna se quedó quieta, incapaz de pelear contra Gighena por miedo a darle a Nihil. Y eso le permitió apreciar la subida de la temperatura, cosa que las dos contendientes ignoraron, enfrascadas como estaban en la pelea. La primera sacerdotisa frunció el ceño, empezando a preocuparse de lo que podía pasar allí. Aquella sala estaba preparada para proporcionarle un lujoso descanso durante las audiencias, no para soportar la concentración de magia que empezaba a haber en el ambiente.

—Deberías haberte quedado.

—Jamás —escupió Gighena—. La enfermiza vida que lleváis en este pozo de fanatismo no la quiero, ni la he querido nunca.

—Como si a mí o a Donna nos importara mucho Ewa o los adeptos —un paso más, una maldición más acompañaron a estas palabras, Gighena acercándose un poco más al lugar aproximado donde la quería—, pero es un precio leve. Unas horas a la semana dando droga y a cambio una vida cómoda y lujosa. Y, sobre todo, unas horas a la semana dando droga —el hechizo que estaba formulando cambió: de llamarada sombría a un impulso especialmente reforzado. Lo suficiente para desestabilizar a aquel peligro para la Secta, al menos—, y no estarías a punto de morir.

El hechizo pasó, gracias a la rapidez de su conjuración, por detrás de un desvío que Gighena no pudo completar a tiempo. La desestabilizó tanto como pudo, pero lo importante fue el tiempo que consiguió para Nihil: suficiente para usar un hechizo de impacto que, esta vez sí, dio con Gighena en el suelo.

Un alarido llenó la habitación cuando el puñal envenenado se clavó en su espalda.

Lah Donna torció el gesto ante los gritos de la trasgo y suspiró. Luego dio unos pasos hacia donde calculaba que estaba el diván, conteniendo las muecas que deseaba soltar. Algo que tenía claro era que odiaba a cualquier persona que la obligara a estar de pie.

—Nihil —la llamó, una vez pudo recostarse en una posición cómoda. No había oído el menor movimiento por parte de la súcubo de las pesadillas, abstraída no sabía Lah Donna si por elucubraciones o por puro agotamiento—. Quiero una explicación.

—He estado vigilando a dama Casia desde lo de Kromen —Nihil contenía como podía el cansancio que amenazaba con colarse por su voz. En lo más hondo de su ser la cofundadora de la Secta de Ewa solo quería acabar ya con todo aquel asunto, pero la raíz estaba demasiado lejos de sus manos para que estuviera contenta—. La he visto hablando varias veces con... La "acólita ochroria" —dirigió una mirada despectiva hacia el cadáver de Gighena—. Pensaba ir a su habitación a investigar cuando me enteré de que la nueva tenía en ese momento una audiencia contigo. Preferí venir directamente.

—Muy bien, entonces ve ya. Sácale hasta las entrañas, si hace falta, pero quiero que llegues al final de todo esto. ¿Hay guardias en los que confíes?

—Algunos —había investigado a cuantos pudo tras la traición de Kromen, y creía ya tener una idea aproximada tanto de los tratos de Corann como de los de Casia.

—Ponlos en la puerta de esta sala. Que maten a cualquiera que quiera entrar que no seas tú. Y, Nihil —añadió cuando oyó cómo la súcubo de las pesadillas empezaba a alejarse—, cuando termines ven tan pronto como puedas. Quiero un informe de todo lo que está sucediendo en la Secta.

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