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Templo de los suicidas abnegados

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1 Templo de los suicidas abnegados el 13/04/12, 05:54 pm

Rocavarancolia Rol

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Recuerdo del primer mensaje :

Edificio alto con torres puntiagudas y fachada recargada y llena de salientes, de los que cuelgan ahorcados en distintos estados de descomposición. El interior es oscuro, con ventanas diminutas a través de las cuales apenas entra luz. Las paredes estan desnudas salvo por algunos frescos con escenas cruentas y deprimentes. No queda ningún mueble, y no hay pisos salvo por las escaleras que permiten subir a las fachadas y las que bajan a las catacumbas, cuyas paredes están cubiertas de huesos de todo tipo. Allí se encuentra la sede de los Hijos de Ewa, y allí viven la mayoría de los sacerdotes y algunos adeptos.


109 Re: Templo de los suicidas abnegados el 22/01/16, 12:51 pm

Bellota


Mon escuchó la respuesta de la roquense a Tritón (respuesta que no le satisfizo)… y se estaba girando hacia Vampy cuando oyó lo que dijo de ellos. En ese momento se le borró la sonrisa de los labios, de tal modo que no pudo prestarle atención siquiera a lo que contaba Vampy y a lo que pasaba alrededor de la furia que sentía.

-A ver, pajarraca insensible- comenzó diciendo mientras se le ponía la cara cada vez más roja del enfado. –Hemos venido porque estábamos preocupados por vosotros y somos un grupo, y por mucho que yo preferiría haberme ido a las mazmorras he acompañado a los demás porque SOMOS. UN. GRUPO… y… oh. Ooh, Dios- Mon perdió el hilo al ver cómo una sombra terrorífica aterrizaba sobre Doña Plumitas, y sacudió con fuerza la cabeza cuando su voz resonó en sus mentes. La chica se agarró las sienes con las manos.
¿Ha hablado en mi cabeza?” se preguntó, retrocediendo un par de pasos y con los ojos muy abiertos, de nuevo más allá del terror y ahora sabiendo que podía haber escapado de la muerte antes, pero que ahora iba a ser mucho más difícil. Veía el terror de la roquense y se sentía incapaz de ayudarla: tirarle una piedra a ese ser no parecía buena idea, desde luego, y comprendió por qué no quiso decirle su verdadero nombre. “Yo tampoco lo haría”. Escuchar lo que le dijo la princesa Dafne a su amigo entre susurros hizo que les mirara con los ojos como platos. "<<¿No sé qué se trae esa cosa entre manos?>> ¿En serio?" se dijo cerrando los ojos por un momento, anonadada y frustrada. "¡Hacernos una fiesta del té, no te jode! Voy a morir entre gente corta, lo veo...".

Retrocedió imperceptiblemente otra vez y abrazó a Zanahoria, no tanto por darle sensación de seguridad a la pequeña como para dársela a ella misma. Se giró bruscamente hacia Roño al escucharle hablar. “¿Señor rocavarancolés? ¿SEÑOR?”. Mónica sintió la risa nerviosa acumularse en su garganta y la retuvo, aunque no pudo evitar un levísimo bufido que se le escapó por la nariz.

Al ver a Doña Plumitas moverse le dirigió una mirada de advertencia mientras vocalizaba en su dirección un “NO TE MUEVAS, NO TE MUEVAS, NO LE CABREES”. Enfadar a ese ser parecía la peor opción que tenían en ese momento... ¡y la pájara esa quería hacerlo! "Claro, como tiene alas la cabrona... ¡Nos abandonaría aquí por algo que ha atraído ella!". Sin embargo la intervención de Cenizo devolvió su atención al ser salido de una pesadilla. “¿Mi señor?” se dijo de nuevo, divertida y aterrorizada al mismo tiempo. Para evitar reírse se tapó la boca con una mano, pero no pudo evitar abrirla de par en par al escuchar lo que dijo Tritón tras ella. “¿Le está ignorando? ¡¿A esa cosa?! ¡¿Estamos locos?!”. Abrazó con más fuerza a Zana mientras miraba alternativamente a sus compañeros y al ser que tenían delante.

¡¿NADIE SE DA CUENTA DE QUE ESA COSA NOS PUEDE MATAR CUANDO Y COMO QUIERA?! ¡¿CÓMO PUEDEN SER TAN CABESTROS?!

110 Re: Templo de los suicidas abnegados el 23/01/16, 12:03 am

Merodeador


Nadzieja estaba harta de todo aquello, si pudiera les enviara a todos a la mierda. Pero aceptó gustosamente el trozo de pañuelo que le ofrecía Mónica para limpiarse la boca “Ni si quiera esta entero ¡será egoísta!”.  Y aunque en otra ocasión se hubiese reido con las pantomimas de la española en ese momento no tenía fuerzas ni ganas para nada de eso. Por lo que se quedó en el suelo limpiándose la boca y recogiendo los escasos trozos de dignidad que le quedaban.

Las palabras de la Roquense le erizaron el pelo de todo el cuerpo como un viento frio, era tan humillante para ella que le recordasen su poco aguante. Tampoco soportaba el modo con el que los trataba, como si todos fuesen tontos, ella no era tonta “Pues si no ha servido para nada, los únicos tontos sois vosotros… y que más te da lo que hagamos, plumero con patas, podemos hacer lo que queramos. Deja de reírte de nosotros. Deja de reír. Eres horrible.” Se mantuvo callada a pesar de que tenía ganas de decirle todo aquello, pero por debajo del pelo le lanzo una mirada llena de odio que se vio interrumpida por el jalón de Sox al ponerla en pie.

-Sí, puedo caminar y sola además, pero muchas gracias. – Ya estaba caminando en la dirección por la que habían venido cuando un zumbido le hizo girar la cabeza para ver a un monstruo horripilante cernirse sobre la pájara, del susto no pudo ni gritar. “Oh, no, ahora sí que sí, esta vez la palmamos seguro, no nos salva nadie, que bicho más horrible y feo… nos va a destrozar, nos arrancara la piel y las uñas y el pelo y otras cosas… nos meterá en cajas con clavos, nos cocinara…” Y entonces la voz resonó en su cabeza y tuvo que agárrasela para comprobar que seguía ahí y no eran alucinaciones suyas “No, por favor no, me estoy volviendo loca, oigo cosas en mi cabeza, estoy perdida, olvidare quien soy, y a mi familia, y la dirección de casa, como llegar al colegio... que es… ¿cómo era? No me acuerdo, estoy perdiendo la mente, Primero salimos de casa y vamos hasta la parada de tranvía de Georges Henri, de ahí cogemos el tranvía hasta Montgomery, donde cambiamos a la línea de la derecha, cogemos el tranvía pasamos por Le Chien Vert hasta Woluwe, cruzamos la carretera mirando a ambos lados y bajamos la calle… si, uf, aún me acuerdo. Pero vamos a morir.”

Nad apenas presto atención a las palabras de Sinceridad porque solo podía mirar a la criatura que ahora los observaba intentando un nuevo método de supervivencia “Comete al pájaro y deja al resto. Comete al pájaro. A mí no. Comete al pájaro. Comete al pájaro…” Pero las palabras de los nublinos si le llamaron la atención lo suficiente como desconcentrarla de su labor de persuasión. “¿Señor? Estáis mas locos que… que algo que este muy loco… ¡estáis más locos que los elefantes rosas de dumbo!” Y para añadir a todo eso la española se abrazó a ella, lo que la pequeña belga aprovecha para refugiarse “tengo un escudo” para luego pensar “no tan fuerte, no me agarres tan fuerte, me ahogas”.

111 Re: Templo de los suicidas abnegados el 23/01/16, 04:07 pm

Naeryan


Parecía que Since se iba volando. Los demás parecían más que listos, ansiosos por ponerse en marcha, de modo que aquella discusión podían seguirla por el camin-
Sus pensamientos se vieron interrumpidos, literalmente. Reconoció con desconcierto el zumbido interno de la telepatía ajena en su cabeza, y se giró al ver las caras de sus compañeros.

Otra especie. Podía ser la autóctona, podía no serlo. Al contrario que la mujer a la que habían visto antes, su envergadura y sus ademanes hablaban de peligro. Sox no llevó a cabo ninguna acción precipitada. En su lugar clavó la mirada en Since en busca de alguna clase de señal, en tensión, y cuando la roquense dijo un nombre diferente al que conocían supuso que tenía alguna clase de plan. Aprobó la estrategia que usó, aunque se sorprendió cuando realmente funcionó y aquel ser la soltó. La inquietud aún le hormigueaba en el estómago, pero aquel giro de los acontecimientos le infundió un renovado brote de seguridad. Se podía dialogar con él. Atendía a razones. Era una buena base; más de lo que había esperado tras el susto inicial.

¿Descortesía? Aquello le distrajo momentáneamente y miró a Eriel con el ceño fruncido. La había cogido de la cabeza sin un "qué tal". Ninguno de los nublinos parecía cuestionar lo que tenían delante. "La cabeza clara", les increpó mentalmente. No era el momento de hacerlo en voz alta.

El ser había comenzado a pasearse entre ellos. Sox le salió al paso porque, fuese lo que fuese, quería buena vista de lo que se dijese y lo que pasase. Puede que si se parara a pensar en ello sus posibilidades de intervenir fueran muy limitadas, pero mantenerse de observador le resultaba insoportable. Tenía que sentirse preparado para ello, al menos.
—¿Sois vosotros los que traéis gente a este lugar? —la pregunta fue disparada rápido y al grano—. ¿Por qué dejáis que mueran?
Le latía rápido el corazón, aunque se mantenía inmóvil como una estatua en un intento de que no se le notara. Si el objetivo de todo aquello era satisfacer los hechizos de un culto raro... No iban a tener mejor oportunidad de confirmarlo que aquella.

Siete les recordó que tenían otras cosas que hacer, y una parte de Sox le daba la razón. Sin embargo el mismo impulso que le había impelido a no querer volver a las mazmorras sin resultados tiraba de él, manteniéndole reluctantemente parado en el sitio.
Aquella salida, que se suponía que debía ser estúpidamente predecible, estaba desmontándose progresivamente como un castillo de naipes. Tenían que sacar algo de provecho de aquello, poder unir los puntos de forma aunque fuese una milésima más fiable que el día anterior. Por favor.

112 Re: Templo de los suicidas abnegados el 24/01/16, 02:51 am

Cain


Los ojos del demente se iluminaron con las palabras de los nublinos. Que lo tratasen de ''señor rocavarancolés'' no era algo que ocurriese a menudo. Los rodeó a ambos con sus largos y huesudos brazos.

-<< Me traen las risas de vuestra compañera. Y la curiosidad. De normal no me permiten acercarme a los cosechados pero que vosotros entreis en territorio del culto me da la excusa perfecta>>- y cerrando el canal solo al menor de los nublinos- << Y entre tú y yo, si los cachorros entran en nuestras propiedades por ley podemos mataros.>>

Se acabó decantando por este, ignorando al resto del grupo y cualquiera de sus acciones. La roquense dejó de ser de su interés en cuanto salió de su campo de visión, y tuvo una reacción más o menos coherente.

-<< Ewa...>> -saboreó el nombre pronunciándolo al mismo tiempo por telepatía y a viva voz- << La segunda madre. Aquella que nos liberará de las ataduras de la razón, que nos mostrará el Mundo Verdadero. Rocavarancolia está llena de secretos reservados para unos pocos, y la Secta acoge a todos aquellos que deseen conocer la verdad, acceder a la forma detrás de la forma.>>

El niño rubio lo interrumpió. Ladeó la cabeza para mirarle, soltando a los nublinos y acuclillándose frente a él, muy cerca, de forma que Sox podía verse reflejado en la bilis de sus ojos. De nuevo restringió su canal telepático.

-<< Yo no os traje aquí, cachorro, yo vine, igual que vinisteis vosotros. Los dones de la Luna Roja son preciados, y no se os concederán si no sois capaces de sobrevivir a la ciudad. Esta no es tierra de débiles, tarde o temprano todos seréis devorados, ya sea por los monstruos que habitan en las calles, o por los que habitan en vuestras mentes.>>

Dió un toquecito en la frente de Sox con la punta de la uña, y una imagen de un astro rojo aclamado por aullidos invadió su cabeza unos segundos.

-<< Es la hora de la misa>>- anunció, poniéndose en pie.- << No me sigais si no quereis morir.>>

Alzó el vuelo, haciendo zumbar sus alas de insecto. Su figura se perdió en la cima del templo, y poco después un llanto se extendió por las calles, llamando a los fieles.

113 Re: Templo de los suicidas abnegados el 24/01/16, 03:48 pm

Jack


La roquense habría seguido alejándose de no ser por algunas miradas que le impelían a no hacerlo. Se quedó quieta, esperando, mientras trataba de calmarse. Por suerte, no tuvo que aguardar mucho tiempo: la criatura se dirigió a los nublinos. Sinceridad aprovechó la ocasión. No iba a seguir escuchando aquella voz en su cabeza, aquello no era normal. Si al menos les dijera algo importante, pero eso era, en su opinión, basura. Si no fuera porque sus compañeros le habían detenido, hacía tiempo que habría estado más cerca del Refugio que de aquel edificio. Un tiempo malgastado que decidió reutilizar. No miró a nadie cuando saltó y se elevó. Ni tampoco cuando se alejó. Si no habían huido antes, no era su problema. Cuando estuviera en el único lugar que le parecía seguro, ya pensaría en todo lo sucedido.

Sigue en las Mazmorras

114 Re: Templo de los suicidas abnegados el 24/01/16, 05:40 pm

chicoaeseg15

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El belga se estremeció cuando un escalofrío le recorrió la columna, se le pusieron todos los pelos de punta al escuchar algo inusual. Un zumbido, y cada vez se acercaba más.

No se equivocó cuando opinó sobre si  quedarse o marcharse, debían correr, porque un tipo enorme con los huesos marcados aterrizó al lado de Sinceridad. Tayron lo analizó en silencio, mudo de la sorpresa y por la altura del ser, además su aspecto era extravagante y su piel violáceo le llamaba la atención, casi tanto como sus ojos en los que abundaba con totalidad el negro. El chico se habría puesto en marcha de no ser porque el adepto sostuvo a la roquense, tensó los músculos, esta vez estaba dispuesto a luchar si la cosa se ponía fea, no pensaba dejar a nadie tirado y que una muerte cayera sobre sus hombros. Tayron se consideraba un hombre de verdad, de los que había antes y cada vez escaseaban más. No se iría con el rabo entre las piernas, al menos debía aguardar al próximo movimiento de esa cosa.

Cuando la voz sonó en su cabeza instintivamente dejó escapar un “puta” y se llevó las manos a los oídos, notablemente extrañado. ¿Podía hablarles telepáticamente? ¿Y por qué no?. Si las bañeras flotaban casi todo era muy posible.

Sin darse cuenta se apegó a Dafne apretando los dientes, hasta el punto de casi tropezar con ella. Gracias a que estaba lo suficiente cerca pudo escuchar el comentario de la noruega, como respuesta le dirigió una mirada llena de preocupación y confusión. Definitivamente, era un día extraño.

No le hizo falta seguir muy de cerca la conversación para clasificar al extraño como loco, cuando empezó a hablar sobre mentes enfermas y servir a nuestra madre un clic más allá de lo normal se activó y agarró la lanza con firmeza.
-Se le va mucho la olla- musitó a su amiga- fíjate, Barael le habla como si fuera alguien importante.- habló.

Le jodía, sólo un poco pero le fastidiaba. Entendía la diversidad de religiones pero no veía claro por qué una cosa como visualizar a los rocavarancoleses como dioses podía eclipsar el hecho de que ese maleducado empujara a Sinceridad, sí, era cierto que de alguna forma se alegró porque la chica se pasaba de borde a veces, pero...¿Señor?.

Aguardó, la idea de hacerle preguntas le parecía interesante, sí, pero había sido un día larguísimo, y quizás esa criatura no era la más conveniente para ponerse a charlar un rato.

Escuchó la petición de Siete y descubrió que no podía estar más de acuerdo. Como el individuo se limitaba a hablar por vía mental el resto no podía escuchar lo que les dijo a Sox y los nublinos, aún así Tayron no habría prestado atención a sus palabras, seguía de cerca su lenguaje corporal. Por suerte el adepto de Ewa se marchó mucho antes de lo esperado, no sin antes regalar una amenaza que en opinión del humano fue muy gratuita.

Antes de que se diese cuenta se percató de que Sinceridad ya había despegado sin pensar en el resto. Se apuntó esa acción y lo encajó como mejor supo hacer, contemplando desde su posición la ruta que habría escogido para volver.
-Bien, ¿Os parece que nos vayamos ya?- exigió- ¿Alguna pregunta más que hacerle a vuestro señor chicos?- les dijo a los nublinos, medio en broma, medio en serio.- pues si a nadie más le apetece correr peligro yo creo que seguir a la premio nobel en escabullirse es lo mejor.- dicho eso esperó a escuchar lo que el resto tenía que decir, igual hasta les reñía si querían seguir con la excursión. La ciudad le estaba poniendo a prueba, pero de momento el grupo se le antojaba más difícil que la propia supervivencia a la que estaban destinados a conseguir.


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" Ya No Hay Fuego, Pero Sigue Quemando."

"Conquistar Sin Riesgo, Es Triunfar Sin Gloria."

115 Re: Templo de los suicidas abnegados el 24/01/16, 06:35 pm

Dal

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Eriel pronto notó el pesó del hado cuando éste lo rodeó con su brazo. Asintió a sus primeras palabras y con las últimas se le pusieron los pelos de punta. Si cualquiera de ellos hubiera entrado en la iglesia a Eriel no le quedaba ninguna duda de que ya habría muerto.

<<Ewa...>> repitió en su cabeza como si fuese un eco de la voz mental del hado. Al nublino se le iluminaron los ojos con las palabras del cultista. <<Yo quiero, quiero conocer a Ewa, quiero conocer la verdad y acceder a la forma tras la forma.>> pensó con fanatismo.

El nublino se quedó pensativo preguntándose cómo podría adorar a Ewa hasta que el hado se despidió de ellos dándoles una última advertencia. <<Sobreviviré hasta la Luna Roja y volveré>>.

-Será mejor que nos vayamos - propuso. Miró a su hermano y le dedicó una sonrisa.- No ha ido tan mal ¿eh? - miró al resto y preguntó.- ¿Vamos pues a la torre esa de carne podrida para ver si han dejado más comida?

Se puso a andar pero notó a Siete molesto por algo y se acercó a él.

-¿Te pasa algo? - preguntó con curiosidad.- Si puedo saberlo claro.

Antes de salir de las inmediaciones del templo se dio la vuelta para ver la edificación una última vez grabando en su memoria el aspecto del edificio.

-Ewa... - dijo, casi como si fuera una plegaria.

Sigue en El río.


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Soy Dal, hijo del Estío y el Crepúsculo. Señor del Vacío y Amo del Infinito. Destructor de Mundos y Artífice de Infiernos. Conde de la Nada y Duque de los Océanos. Rey del Purgatorio y Terror del Cielo. Marqués del Inframundo y Barón de la Muerte. Por todos estos titulos, Invitado, reclamo tu vida para mí .

116 Re: Templo de los suicidas abnegados el 24/01/16, 07:48 pm

Reifon

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Su cuerpo se tensó al extremo y su corazón latía a todo lo que daba. Aquel tío estaba tocando a su hermano y era impredecible.

<<Los ojos.>> -Era su única garantía de hacerle algo si intentaba atacar a su hermano.

Los suyos estaban completamente abiertos, atentos a cualquier gesto del alto que mostraran cualquier indicio de agresividad hacia su hermano, afortunadamente no fue así, aunque notó como se centraba en este un pequeño lapso de tiempo.

<<¿Ewa?>> -Su discurso fue cuanto menos interesante para Barael, dudaba no obstante de si de verdad aquel ser podría mostrarle la verdad sobre las cosas o si no era más que palabrería sobre abstracción  filosófica por parte de un culto al igual que muchos de su raza tenían idealizados a los rocavarancoleses como auténticos dioses capaces de obrarlo absolutamente todo.

Cuando los soltó pudo relajarse algo. -<<Demasiadas cosas por hoy...>> -Tantos altibajos y emociones enfrentadas le habían ganado una jaqueca. Vio como se centraba en Sox y le hacía algo, cosa que no le importó, ya estaba lejos como para poder intentar algo siquiera y el dolor de cabeza no ayudaba. Por suerte para él no parecía nada grave.

<<Genial, una misa, pues es la opción dos>>

La advertencia le quedó bien clara, sería mejor no volver por ahí y dar un rodeo largo siempre que pasaran.

Y después de todo, su hermano sonreía. Suspiró y se pasó una mano por la cabeza para ahuyentar el dolor.

-Ya, podríamos haber muerto todos.....
-Primero quiero pasar otra vez por el jardín, he visto plantas de nubla y algunas podrían ser de utilidad.
-Se lo decía mas a su hermano que a los demás, ya estaba harto por hoy de tratar con gente.

Una vez allí comprobó que las plantas estaban protegidas, aunque sí que localizó algunas algo útiles algún tipo de magia impedía que las llegase a tocar cuando se disponía a ello.

-Una pena. -Dijo más para sí mismo que otra cosa.

Era hora de encaminarse, con dolor de cabeza o sin él, había cosas que hacer.

Sigue en río

117 Re: Templo de los suicidas abnegados el 24/01/16, 08:59 pm

Bellota

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Mon no pudo soportar tanto la tensión, de modo que, cerrando los ojos y tarareando mentalmente, trató de no pensar. Sin embargo la voz de la criatura volvió a resonar en su cabeza de modo inquietante, haciéndole perder la melodía y con ella la falsa calma. Se mordió el pulgar para evitar hacer algún sonido. “Puedo hacerlo, puedo hacerlo, puedo hacerlo. Una cosa humanoide y aterradora no puede conmigo” se repetía en mantra. Y si pensaba que escuchar la voz en su cerebro era malo… descubrió que no oírla cuando el ser interaccionaba con sus compañeros era mucho peor. El revoloteo de Doña Plumitas la distrajo. “Allá va” pensó, mirando con cierta envidia sus alas por la libertad que le daban.

Cuando de nuevo escuchó al ser asintió en su dirección repetidas veces. “¿Misa? ¿Misa de qué? ¿Aquí hay religiones?” se preguntó, a caballo entre la curiosidad y el miedo. La amenaza explícita en la siguiente frase convenció a la chica de no preguntar. -No te seguiremos- dijo con voz trémula, casi un murmullo. “Ni ganas, chato. Vete, vete, por favor. Y no vuelvas”.

Le observó volar hacia el edificio macabro y soltó un suspiro que casi la hizo caer al suelo. –Me tiemblan hasta las rodillas- comentó forzando una sonrisa, aunque se le notaba el miedo que había pasado en la cara y en la voz. Asintió a lo que dijo el tirafichas (que necesitaba urgentemente un mote). –Yo quiero volver. Por favor- se frotó los ojos con los puños en un gesto inconscientemente infantil, y después aferró con fuerza su bolsito. –Demasiadas emociones en un día, al menos para mí. No quiero arriesgar mi vida de nuevo…

Sin embargo su voz se vio acallada por la de Cenizo, que proponía ir a buscar más comida, y por la de Roño, que quería volver al jardín. El asentimiento de Tritón le pilló con la guardia baja. Mónica casi gimotea al escucharlo. “¿Más? No puedo explorar más por hoy… ¿Es que a nadie le importa que haya estado a punto de morir hace nada a manos de un lagarto gigante? ¿Y si tengo algún transtorno post-traumático?” se dijo dramáticamente, con un nudo en la garganta. “¿Y si nos sale algún otro loco a amenazarnos de muerte?... seguro que tengo un trauma. ¿Quién no lo tendría? Y encima estoy sin ropa casi. Pero claro, eso no conviene a las ansias de exploración de los caballeros… Tendría que haberme quedado en las mazmorras. Ojalá”. Probablemente alguno más dijera algo que justificara esa nueva excursión, pero estaba tan desolada, asustada y dolorida que no pudo ni escucharles. Sin embargo, al verles echar a andar sin posibilidad de discutir se unió penosamente a la procesión de la mano de Zana, exudando cansancio y ganas de llorar por todos los poros. De hecho el sermón del idrino hizo que casi se le saltaran las lágrimas de frustración, que se tragó de puro orgullo. -No puedo irme sola. Y además, un grupo es un grupo y la unidad nos protege, lo he dicho más veces. Yo sigo al grupo, está claro.

Siguió caminando dispuesta a darles una lección de resistencia, pero la postura de los hombros la delataba, así como su levísima cojera. Cuando Tritón, que debió verle la cara de agotamiento, le ofreció el brazo se sorprendió bastante ante el gesto, sobre todo después de su "regañina", y le dirigió una sonrisa vacilante tratando de olvidar su irritación mientras se le agarraba (no podía negar la ayuda en ese momento), apoyándose levemente en él para hacer más soportable el dolor de pies.

Sigue en El Río



Última edición por Bellota el 24/01/16, 10:55 pm, editado 2 veces (Razón : fsjner colores que se me lían ishfksef)

118 Re: Templo de los suicidas abnegados el 24/01/16, 10:04 pm

Alicia

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Siete se mordió la boca con nerviosismo y miró con el ceño fruncido a Sinceridad, alejandose. Su mirada fue a Sox, que parecía tener todavía algo entre las orejas y luego al monstruo, que procedió a marcharse después de todas las advertencias. El idrino suspiró hondo.

- Sí, deberíamos comprobar si es algo periodico y si podemos contar con ello de ahora en adelante- corroboró. Pesé a su enfado general con el grupo y con la humana, Siete percibía perfectamente la desesperación en sus gestos. El enfado en su lenguaje corporal dio paso a cansancio, al tomarle la mano a Monica.
- Diciendolo antes, y con la seguridad de que sabrías llegar, claro que podrías volver. Pero si algo ocurriera nos enteraríamos de ello con retraso o nunca, y eso debes valorarlo. Eso incluye a Nad, si ella quisiera seguirte, porque esta cansada o lo haya pasado mal. Se que a la mitad os importa poco el resto, o al menos sois bastante desconsiderados por sistema, pero yo os considero mi grupo. Os consideraré mi grupo si somos quienes hay aqui durante meses. Y para que eso funcione necesito un poco más de tu parte. Un esfuerzo. Huele mal. Todo es peligroso.  Ayuda con las cestas, asegura la cena de hoy y de mañana. Las emociones no van a irse a ninguna parte en Rocavarancolia. Esto es duro para todos, y se necesita fuerza y animos de más de una persona.

Eriel había notado su tono de voz, parecía. La forma en que le salían las palabras rasposas, sin dulzura ni aire. La forma en que miraba la mano de Monica con ojos entrecerrados antes de ofrecer todo el brazo para que se apoyase, como si pensase, como si tragase algo con mal sabor. Cualquiera podía notarlo, seguía creyendo el idrino, porque el se fijaba conscientemente en esos detalles cuando la gente lo rodeaba. Habría evitado hablar de aquello, después de haberle dado el sermón a la humana. Y quizás no hubiera dicho nada porque temía las reacciones de gente que había sido criada de forma diferente y que le era desconocida. No se sentía verdaderamente capaz de increpar a la pájaro por su propio pie. Pero no mentía en sus respuestas.

- Estoy enfadado y cansado- le dijo, con el tono informando que era más lo segundo que lo primero en ese instante, y que no lo dirigía concretamente a él. Ya había empezado a andar hacia la torre muerta y miraba a su interlocutor lo justo-. Había entendido que no mentíais, que era un rasgo cultural compartido, pero Monica propuso fingir, y Sinceridad, después de llamaros hipocritas, mintió descaradamente. Tampoco pareceis pensar como grupo, sino por separado. Y puede que sea que no somos familia o un clan y apenas nos conocemos, pero se siente como perseguir niños por la bahía. Niños con opiniones distintas que no saben dialogar y que mienten en estupideces.  Se que incluso en mi mundo hay culturas que tienen la mentira como algo social, pero a mis ojos, ahora mismo, teneís la madurez de niños de seis años- se dio cuenta de lo brusco que había sonado y en su cobardía, retractó como pudo- No hablo de todo el mundo. Pero ahora no me fio de mis primeros juicios. Y me frustra no saber como podremos colaborar juntos. O encontrar si nos une algo mas que estar perdidos.


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119 Re: Templo de los suicidas abnegados el 24/01/16, 11:31 pm

Naeryan

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Sox no solía alegrarse de estar equivocado pero en aquella ocasión habría hecho una excepción. No obstante su deducción se probó horriblemente acertada cuando el ser confirmó, en aquella suerte de voz-zumbido en sus cabezas, la palabra "culto".  
Culto, secta, librarse de la razón y mierda varia sobre un mundo verdadero: apartados de una lista imaginaria iban siendo tachados uno por uno. Todas las alarmas posibles estaban sonando a la vez en su mente, y Sox quería irse de allí YA.

No reaccionó a tiempo para apartarse, aunque fue su primer impulso. Se mantuvo inmóvil a pesar de que el pulso le rugía en los oídos, un instinto innominado susurrándole que aquélla era la mejor opción. Poderoso, o no habría prevalecido. Sox no se fiaba de sus instintos.
Un parpadeo y tuvo delante una luna monstruosa. Enorme, cruel, del color rojo de la sangre que no era suya, aclamada por voces fanáticas que bebían de su presencia. Y aquel mismo astro a la vez ejercía un influjo irresistible, un pulso que exigía el mundo entero a cambio de todo lo que prometía. Incluso a través de la mala copia que era el recuerdo de otro Sox pudo intuirlo.
A medio camino de taparse los oídos la visión desapareció de su mente. Parpadeó para librarse de la imagen de aquella luna infernal, a pesar de saber que la imagen estaba grabada en su cerebro y no tras sus párpados.

Fue el único en no reaccionar a los lamentos a su alrededor, aún con las voces dementes del recuerdo del adepto retumbándole en los oídos . No añadió nada a las conversaciones circundantes: habían llegado solitos a la conclusión de irse y a la de hacerlo a algún sitio provechoso. Ahora mismo le bastaba con eso, pálido tras la visión y las palabras del adepto.
Las barajaba en su cabeza. Piezas nuevas de un rompecabezas que por un breve momento había parecido completo de una forma a la vez espantosa y tranquilizadora. Lo primero por saber en manos de quiénes parecían estar, lo segundo por la satisfacción consoladora de que todos los puntos pareciesen por fin unidos.

Mirada circular, Since ya no estaba. Si decidía irse por su cuenta era cosa suya, además de que sabía volar y conocía el camino de vuelta a las mazmorras. Posiblemente era por la que menos debieran preocuparse ahora mismo.
Además seguía faltándoles una. Sox suspiró, permitiéndose un breve momento de cansancio. Qué desastre.

Sigue en el Río.


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"And if you gaze long enough into an abyss, the abyss will gaze back into you."
Al veros conspirar... (CLICK):


Al poner un evento... (CLICK):
Durante el transcurso del evento... (CLICK):

120 Re: Templo de los suicidas abnegados el 16/06/17, 11:51 pm

Zarket

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GM
Bastel, sexto sacerdote de Ewa, había acabado por abrazar del todo su monstruosidad. Era un engendro de Rocavarancolia en cuerpo y alma, y se enorgullecía de ello. No era imposible que un trasgo recordara lo que era la luz, pero en su caso había acabado olvidándola: la Luna Roja y Rocavarancolia habían empozoñado su alma, le habían metido dentro dentro toda la oscuridad que podía contener. Y, a pesar de la larga travesía, de que una parte de él había querido resistirse con todas sus fuerzas, lo cierto fue que al final cedió.

Renunció por completo a su nombre y su pasado nublino cuando salió la Luna Roja, dos años después de aquel día en que se transformó. A Bastel no se le escapaba la ironía de que aquel había sido su cumpleaños cono Branniel, y seguiría siendo su cumpleaños como Bastel. El aniversario, sin embargo, adquiría significados completamente opuestos. Ahora era la fecha en la que había oficializado el abrazo de la perversidad y la demencia, del sadismo y la crueldad. El trasgo, por fin, rugía triunfante. Del nublino ya no quedaban ni restos en su estómago.

Aunque quizás sí quedará de él un pequeño resto, incluso si se había asimilado al trasgo y había abrazado la locura con tanta ansia como él. Bastel no abandonaría a sus amigos. Seguía teniendo aprecio y cariño por algunos macieleros: Saren, Shizel, DL, Karime... Sus lazos con ellos habían perdurado más allá de la criba y estaban demasiado cimentados como para que nada pudiera ponerlos a prueba. Se seguían viendo, aunque fuera menos, como era inevitable cuando fueron perdiendo tiempo libre. Aun así no se abandonaban. Si de Bastel dependía, nunca se abandonarían. Y eso le bastaba.

Siguió con su entrenamiento con Leip, por supuesto, así como con las peleas de los bajos fondos. Eran entrenamientos orientados a lo físico, pues en las peleas con otros hijos de la Luna Roja la magia que se usaba era siempre de bajo nivel. Había transformados que sí usaban hechizos ofensivos más potentes cuando tocaba matanza de esclavos, pero a Bastel no le atraía esa técnica. Con los sin esencia prefería que fueran sus manos y dientes los encargados de la carnicería.

El progreso en las peleas fue lento, a veces casi aburrido, y la impaciencia consumía al trasgo de Ewa. Más de una vez había acabado al borde de una discusión con el xipe totec: deseaba más retos y, por supuesto, más dinero. Al final siempre había cedido al sentido común, por mucho que su orgullo le dijera lo contrario. Su necesidad de ocupar más o menos poco tiempo entrenando lo enlentecía mucho, y lo aceptaba, pero distaba de estar conforme con el ritmo. Incluso si sabía que poco o nada podía (o incluso deseaba) hacer para dedicar más horas a su entrenamiento.

Como comenzaba a ser tradicional en él se acercó a los portales durante la noche de Samhein, contemplando la llegada de los cosechados dormidos. No le sorprendió en nada el nutrido grupo que llegó de Nubla: su gente podía ser espantosamente servil, pero su esencia era fuerte. Aun así Bastel no guardaba muchas esperanzas, el envoltorio que los envolvía solía ser demasiado frágil. Esperaba que Rocavarancolia los curtiera y demostraran ser dignos de recibir la bendición de la Luna Roja y Rocavaragálago, pero si resultaban no serlo no le apenaría. Era preciso conseguir que los ciudadanos fueran fuertes.

Su rutina estaba ya firmemente establecida, aunque en esta ocasión, encontrándose completamente integrado en los bajos fondos, hubo una novedad. Era un lugar por donde corrían con especial facilidad los rumores, y por eso desde el primer día se supo bien todo lo que pasaba con la cosecha. Oyó hablar de numerosos incidentes, aunque los que más llamaron su atención fue el despertar tardío de parte de los cosechados (¡hasta con meses de retraso!), el derrumbe de una casa sobre dos transformadas, matando a una de ellas y los consiguientes problemas que traería a los macieleros implicados con la salida de la Luna Roja y, por supuesto, la casi visita de algunos cosechados al Templo de los Suicidas Abnegados, cosa que ya sabía de antes. A Bastel le hacía especial gracia la ironía del asunto: que un cosechado entrara en el Templo lo convertía, desde luego, en un suicida abnegado.

Y así, entre ver a sus amigos, idas a los bajos fondos a entrenarse, pelear y divertirse y cumplimiento de sus obligaciones con la Secta vivió el trasgo, una vez más, los primeros compases del ciclo de la Luna Roja.

-

La noche anterior había acabado tan agotado que se había dormido sin siquiera comer antes, y eso lo notó al despertarse algo prematuramente por culpa de un pequeño aguijonazo de hambre. Le recordó fugazmente a los primeros tiempos de su transformación, cuando creyó, en un alarde de estupidez, que podía luchar contra su auténtica naturaleza. El trasgo sonrió, aviesamente. Encontraba sumamente placentero que al final le hubiera dominado la cordura. «O la demencia, según se mire».

Aun así se quedó un poco más con los ojos cerrados. En una de las jaulas de su habitación estaba encerrado un joven ochrorio, listo para ser el desayuno, y estaba razonable seguro de que ya se habría despertado. Su delicioso olor llenaba la habitación entera, y el trasgo no podía sino salivar ante el apetitoso aroma que despedía.

Se levantó y desesperezó con lentitud, entreabriendo los ojos. Efectivamente, su comida estaba dispuesta. Y temblando de pavor.

Bastel sonrió.

—Qué buen día hace, ¿no crees? —era un tono de calculada crueldad, remezclada con burla. Se fue aproximando a aquel muchacho, con un paso calculado, casi de acecho—. Aunque no se tú, pero yo me muero de hambre —ya había entrado en la jaula. Agarró por las mejillas a aquel tipo, obligándome a mirarle. Sonreía con ferocidad, disfrutando del terror que estaba provocando en aquel vulgar sin esencia—. Menos mal que tenía guardado un apetitoso desayuno —manifestó, enseñándole los dientes. Luego se puso a comer. Los gritos solo le proporcionaron un mayor deleite.

Cuando terminó se vistió, saboreando todavía las últimas hilachas de carne que quedaban entre sus dientes. Lo hizo con premura, dándose cuenta de que llegaba tarde. DL había vuelto a la ciudad, y habían decidido dar una vuelta.

Sigue en los Pozos.

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