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Templo de los suicidas abnegados

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1 Templo de los suicidas abnegados el 13/04/12, 05:54 pm

Rocavarancolia Rol

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Recuerdo del primer mensaje :

Edificio alto con torres puntiagudas y fachada recargada y llena de salientes, de los que cuelgan ahorcados en distintos estados de descomposición. El interior es oscuro, con ventanas diminutas a través de las cuales apenas entra luz. Las paredes estan desnudas salvo por algunos frescos con escenas cruentas y deprimentes. No queda ningún mueble, y no hay pisos salvo por las escaleras que permiten subir a las fachadas y las que bajan a las catacumbas, cuyas paredes están cubiertas de huesos de todo tipo. Allí se encuentra la sede de los Hijos de Ewa, y allí viven la mayoría de los sacerdotes y algunos adeptos.


49 Re: Templo de los suicidas abnegados el 25/08/13, 04:47 am

Zarket


GM
-Deberías dejar de interpretar todo como te da la puta gana -le solté, sin querer oír más al chico. Dejando aparte la propia presión de mi transformación estar más tiempo del estrictamente necesario con Tero me enervaba. Y un día entero era muchísimo más de lo estrictamente necesario, lo que significaba que iba a estar molesto todo ese día. Y que no pensaba dejarme avasallar por mucho que el otro lo intentase-. No he dicho nada de que sea pueda hacerte daño o no. Me he limitado a decir que no tengo la más mínimas ganas de descontrolarme, así que deja ese berrinche porque te hayas sentido herido en tu orgullo -había comenzado mirándolo a la cara, para desviar la vista cuando siguió desnudándose, bufando molesto con Tero. Había cerrado los puños con rabia ante la actitud del tercero, aunque una parte de mi furia seguía dirigiéndose a la ciudad y a mí mismo. Pero el sacerdote era la misma encarnación de lo que me había dado cuenta que era de verdad Rocavarancolia, así que estar enfadado con él era mucho más práctico.

-Suéltame -siseé-. No soy tan gilipollas como pareces pensar que soy así que, aunque conozco más de lo que me gustaría a los trasgos, sé quien tiene más desarrolladas sus habilidades por simple sentido común. Pero al menos yo no pierdo el control solo por sentirme herido en el orgullo porque ni siquiera soy capaz de entender qué es lo que dicen los demás.

50 Re: Templo de los suicidas abnegados el 25/08/13, 02:37 pm

Cain


Tero no atendía a razones, estaba dispuesto a despellejar al trasgo como había prometido, y ya había clavado sus garras en él cuando la puerta se abrió de golpe.

-¿Qué cojones pasa aquí?

Dama Casia se había chivado, y Nihil estaba ahora plantada en la puerta con cara de pocos amigos. Iba vestida bastante informal para lo que solía ser normal en ella, con un corpiño de cuero bastante sencillo y el cabello recogido en una cola alta, por lo que quien la conocía podía intuir que venía de ver a su maestro. Camino con paso firme hacia la pareja y agarró a Tero de una oreja para separarlo de Branniel.

-Deja de intentar matar a la gente que no toca, maldito crío- le reprendió

-¡Pero ha empezado él! ¡No quiere ser mi esclavo, pero perdió la apuesta!- se defendió el brujo

-Me da igual quien empezase, tienes que ver a los fieles dentro de media hora. Te quiero limpio como una patena y en la sala de ceremonias o no volverás a salir en todo el año. Casia, ocúpate de él.

La ninfa asintió con una leve reverencia y recogió la palangana que el niño había tirado para volver a llenarla de agua. Nihil tuvo que curarle las heridas y en cuanto lo hizo se llevó a Branniel de la habitación.

-Muy inteligente eso de dejarte provocar por un niño de doce años- dijo en tono neutral, mientras caminaban por el largo pasillo- Voy a invitarte a comer, así que ya puedes darme las gracias.

Lo condujo hacia la salida del templo, pero no la principal, sino una lateral para evitar encontrarse con los fieles.

51 Re: Templo de los suicidas abnegados el 25/08/13, 08:46 pm

Zarket


GM
El sentir las garras clavándose en mí avivó más mi furia, empeorada de por sí por el olor de Tero. Ya había lanzado una mano intentando cogerle el cuello cuando la puerta se abrió y entraron Casia y Nihil, apartándonos. Por un momento algo me dijo que saltase sobre los tres, pero me pude contoner a tiempo y apartarme un par de pasos del grupo. «¿Qué cojones te está pasando?». Me sentía mareado y la división que sentía desde la salida de la Luna seguía acrecentándose, dándome ganas de tirarme del pelo de la frustración.

—Oye, no he sido yo quien ha tenido un berrinche por no saber ni escuchar —corté a Tero cuando me echó las culpas, mirándole furioso. Miré a Nihil de reojo, curioso, ya que hasta el momento era la única con la que no había hablado. Aun así no pude pensar mucho en ello, dado que tenía que intentar mantener a raya mis instintos.

—El crío tiene una capacidad especial para sacarme de mis casillas —mascullé, aunque estaba algo avergonzado de la actitud que había tenido. Ante la mención de comida volví a sentir el aguijón del hambre, mezclado esta vez con esa parte de mí que decía que me resistiese a los cambios que sentía. «Eres... Eres esto. Tienes que acostumbrarte» me intenté convencer, intentando eliminar mis dudas. Sin embargo, a pesar de mis palabras, los nervios y las dudas me invadían, puesto que no sentía tener ni el derecho ni la capacidad de arrancar a nadie su vida.

52 Re: Templo de los suicidas abnegados el 25/08/13, 09:09 pm

Cain


-Es su habilidad. Solo lo hace para tener la atención de los demás. Es solo un crío enfermo, y ya nos cuesta bastante controlarlo como para que encima tú le des cuerda.

Las atenciones de Donna y Nihil y el cuidado constante de Casia y otros sirvientes habían logrado mantener a Tero más o menos sereno. El infante había perdido completamente la capacidad de relacionarse con las personas de forma normal, y solo conocía la violencia. Pero eso Branniel no lo sabía. Nihil miró al trasgo de reojo y suspiró.

-Voy a llevarte a un sitio fino, así que compórtate. Y no, no es una cita.- dijo en tono molesto, encabezando la marcha fuera del templo.

Sigue en la Casa de los Dulces.

53 Re: Templo de los suicidas abnegados el 26/08/13, 01:57 pm

Zarket


GM
—Vale, vale, intentaré no volver a perder los nervios con él —sabía que no sería fácil estar calmado ante ese demonio, pero empezaría por no acudir a donde él estuviese con ganas de liarla.

—¿Sitio fino? ¿Y sirven comida para trasgos? —dudé alzando una ceja. Recordaba cómo me había sentido ante los cadáveres de hombres bestia, y eso no casaba con lo que pensaba yo de fino. «Aunque bueno, los transformados no pegan mucho con lo que yo pensaba que era un dios» pensé—. Y no había pensado en cita hasta que lo has dicho —le dije, desviando la mirada. Nunca había tenido ninguna y la verdad es que si Nihil no lo hubiese mencionado ni se me habría ocurrido pensar en ello. Decidiendo dejar de pensar en esto, la seguí fuera del Templo.

Sigue en la Casa de los Dulces.

54 Re: Templo de los suicidas abnegados el 02/09/13, 09:16 pm

Zarket

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GM
Cuando llegué al Templo me dirigí rápìdamente hacia mi habitación, esperando no encontrarme a nadie, especialmente a niños psicópatas especialistas en sacar de quicio a los demás. Quedaba un rato hasta la noche, tampoco demasiado, pero en esos momentos no podía importarme menos. Había incumplido la promesa que me hice a mí mismo el día de la lluvia y había matado a dos personas solo porque no había sido capaz de controlarme. Y lo peor de todo es que me había sentido bien. Jamás había tenido tanta hambre y sentir ahora el estómago calmado era una bendición que me permitía pensar con vlaridad. «No soy mucho mejor que Tero...» me recriminé, repentinamente molesto al recordar la alegría del tercero el día siguiente a la Luna.

Sin embargo ya había decidino que no podía seguir así. Nunca había imaginado que tener el estómago vacío era tan desesperante, y el descontrol que suponía ser dominado por el hambre era muy peligroso. «Hoy ha sido Tero, pero mañana...». Aparté el pensamiento de mi mente, sin estar seguro de querer saber qué haría Lah Donna si me echaba sobre los adeptos en un ataque de hambre. Y sin querer ni imaginar cómo me sentía si atacaba a mis amigos.

Estuve toda la tarde entrenando las bocas y leyendo los libros que había en la habitación, aunque sumido más en mis pensamientos que en otra cosa. No solo debía comer para evitar otra vez el episodio de horas antes, sino que quería hacerlo para evitar el hambre. Aun así no estaba seguro de poder comer a nadie o, al menos, de evitar los pensamientos de desprecio. «Es más fácil cuando no te recuerdan a ti...» pensé mirando de reojo a las jaulas de la habitación. Quizás por eso había podido matar tan fácilmente a los dos hombres bestia la noche de la Luna. «Vale, ya está bien. Piensa en esto mañana, mejor».

Spoiler:
Me relamo del gusto al ver entrar a los cocineros con los platos, que huelen tan bien que a duras penas me contengo para no saltar sobre ellos. El que está a mi lado parece divertido ante mi ansia, aunque no le presto atención al ver que ya van a servirnos el primer plato. El olor me hace sospechar cual es, y mis pensamientos se ven confirmados al empezar a comer.

—Oh, estofado de libense. Sabroso —el que está a mi izquierda me pregunta que como es posible que conozca su sabor, si por la alianza no se pueden cazar—. Una de las habitantes de mi torreón era libense. Fue muy útil para aprender a manejar la espada durante la criba, y la noche de la transformación encontré lo útil que era como comida.

Mi interlocutor parece sorprendido de que hubiese aceptado tan rápido mi naturaleza, y también algo complacido, pues comienza una perorata en contra de "esas criaturas con precio pusilánimes que de verdad creen que pueden luchar contra su naturaleza", a lo que respondo con un sencillo "Soy práctico. Si uno tiene hambre, lo mejor es comer".

Los platos van sucediéndose, algunos bastante entrenidos, como unos pinchitos que hay con pequeños repobladores vivos. Es tremendamente divertido observar el miedo que tienen, especialmente cuando cuando me los llevo a la boca. Conforme la comida va terminando me permito prestar más atención al entorno ahora que el hambre está algo más aplacado. El comedor tiene la misma majestuosidad escondida, perdida, que caracteriza a toda Rocavarancolia, cosa que me entristece. Un mundo que llegó a ser de los más poderosos y majestuosos del universo reducido a... Esto.

Observando el lugar me doy cuenta que, en un rincón en las sombras, hay una jaula colgada del techo. No se ve muy bien, aparte de que parece haber un nublino arrodillado y agarrado a los barrotes que me mira de forma indescifrable. Frunzo el ceño y fuerzo más la vista al darme cuenta de que, detrás de él, hay más gente, aunque está a la sombra.

Entre las que está más cerca del nublino hay una chica libense que me mira con una mezcla de furia y asco. Cuando se da cuenta de que la veo sonríe socarronamente y se gira, mostrándome el hueco que había donde tendría que estar su ojo izquierdo. Algo dentro de mí se revuelve al verla, como si intentase alcanzar una sensación que se me escapa.

Incómodo, salto la vista a otra de las sombras, y consigo ver a dos idrinos, aunque están ciertamente distintos a lo que suele ser normal en cualquier especie, puesto que les han arrancado el cráneo a la mitad de la frente. Me miran con una mezcla de desaprobación y desprecio. Al darse cuenta de que los miro sonríen con burla y hacen una parodia de reverencia, mostrando que en vez de cerebro tienen una ensalada de insecto.

Cada vez más confundido, y con esa sensación extrañamente conocida jugando conmigo, miro a otra de las sombras de la jaula. Esta vez tardo algo más en darme cuenta de qué es: un foner, completamente calvo y con una manzana en la boca. Su piel tiene un extraño tinte a medio camino entre el dorado y el marrón, y entonces me doy cuenta de que no es un tinte. A ese foner lo han horneado.

Me mira de forma precavida y desconfiada, como si no se fiase de mí. Cuando se da cuenta de que lo observo su cara cambia, ahora está enfadado, además de que parece querer decir "¿Cómo has podido?"

Cada vez más confuso, y con esa sensación a la que no puedo poner nombre cada vez más cercana, miro a la última sombra. Está en el centro del grupo, como si la estuviesen protegiendo de mí. Es una varmana, más baja que el resto, que me mira asustada. El sentimiento que me huía antes ahora me alcanza de pleno al verla. Entonces bajo la mirada al nublino, y al verlo lo comprendo todo.

El chico me mira con decepción.

Y lo que siento es horror.

Me desperté bruscamente, aunque sin sentirme demasiado agitado, más bien algo asqueado y molesto por la pesadilla. «Otra vez no» me dije, sin saber cuantas veces más tendría que revivirla. Llevaba soñando días con lo mismo, desde que había visitado el "restaurante" con Nihil, y estaba harto. «Maldito sueño, maldita Luna, maldita transformación». Me pasé una mano algo templorosa por la cara, sin tener ganas de volver a dormir. Agobiado ante la misma pesadilla repetida cada vez que dormía me sentí repentinamente cerrado en esa habitación, de la que no había salido desde la comida con Nihil. Necesitaba salir y, sin pensarlo demasiado, seguí el camino que creía recordar que llevaba a una de las salidas cercanas.

Sigue en la Plaza del Estandarte.

55 Re: Templo de los suicidas abnegados el 10/09/13, 03:41 pm

Muffie

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La licántropa volvió a la cocina complacida con su recién escrita lista y manteniéndola guardada en el sitio que había adjudicado para él. Dado el reducido tamaño del cuaderno y la escasez de ropa de la libense, el único sitio que había encontrado para este eran sus pechos.

Karime había oído de fondo la afirmación del sinhadre de que Yrio había muerto. No sabía muy bien lo que le pasaba y le disgustó que se sintiera de esa manera. Ella, al menos por el momento, poco podía hacer y además iba a irse pronto, pero esperaba poder ayudarle a su vuelta. Cuando todos se fueron a dormir, quedaron únicamente las dos sinhadres y la libense en la cocina.

- Y ahora es cuando tu, pequeña Alder, comienzas a contarme las bondades de acostarse con un idrino. ¡Y no escatimes en detalles! Me enfadaré mucho si descubro que hay algo que no me has contado.- le exigió mientras sacaba una jarra de syv helado y repartía unos vasos.- Se que no lo tomáis frio, pero me parecía injusto que fuerais las únicas familiarizadas con el brebaje.

Las tres chicas estuvieron hablando hasta bien entrada la noche, por lo que, a la mañana siguiente, Karime se despertó algo más tarde de lo que hubiera querido. Había pretendido empezar su búsqueda del nublino por la mañana, pero por razones de fuerza había tenido que postergarla a la tarde. Al medio día se dispuso a comer algo antes de salir y en la cocina encontró a Saren. Estuvo hablando con él bastante tiempo: sobre dónde había estado metido, cómo llevaba su entrenamiento, qué era exactamente,… También informó al idrino sobre la tarde en la playa, pero no mencionó su plan de vivir durante una temporada como loba.

La loba salió de la sede en forma lobuna, con una mochilita ajustada a su espalda lobuna que contenía unos pantalones, su chaleco, algo para picar y sus dardos, ya que no necesitaba nada más. La licántropa olfateó concienzudamente los alrededores del torreón Maciel y de la biblioteca, que eran los lugares que ella sabía que había pisado recién transformado, hasta que encontró un rastro perfectamente claro. Antes de eso, la loba se había pasado horas correteando por las calles de la ciudad, perdiendo y encontrando rastros, y retrocediendo cuando la situación lo requería. Aunque no le resultó fácil, dado que era una parte de ella que todavía no sabía utilizar a la perfección, consiguió por fin dar con el camino y pronto dio con el templo de los suicidas abnegados. A Karime el lugar se le antojó extraño, no entendía muy bien dónde conectaban aquel edificio y Branniel, pero, decidida a preguntárselo en persona, se acercó al portón y rascó la madera con su zarpa para que le abrieran la puerta acompañando el gesto con aullidos.


56 Re: Templo de los suicidas abnegados el 10/09/13, 03:59 pm

Cain

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Tal vez Karime no lo oyese, pero sus aullidos habían despertado a los muertos que colgaban de la fachada. Habían empezado a hablar, casi en susurros, repitiendo la palabra ''intruso'' una y otra vez. La discreta alarma se propagó por las galerías del templo, las calaveras llevaban el mensaje a los adeptos, y a sus sacerdotes. Nihil dejó el libro que estaba leyendo y se puso uno ojo de cristal coloreado, idéntico al que llevaba puesto uno de los ahorcados. << Maldito niñato...>> Se levantó y corrió a la puerta lo más rápido que pudo, pero sabía que alguien llegaría antes que ella.

El aullido de la loba fue interrumpido por una patada en el hocico, cortesía del tercer sacerdote. Había saltado desde la fachada para caer sobre ella a tal velocidad que no se le vio llegar.

-Tú no eres de la manada- dijo, poniendo un pie sobre ella- ¿Qué has venido a buscar? ¿Acaso quieres la esencia de Ewa? ¿Quieres sentir su poder?

La boca que le cruzaba la cara empezó a supurar bilis. Se inclinó para derramarla sobre Karime pero unos lados negros salieron del suelo y lo levantaron, agarrándolo por el cuello. Tero intentaba que no lo ahorcasen, y pataleaba violentamente. Los lazos también habían inmovilizado a Karime, pero solo atándole las patas.

-He avisadoa tu amigo- le dijo Nihil, ignorando las quejas de Tero- Aunque supongo que ya te habrá olido. Has tenido suerte de que a este pequeño monstruo le diese por preguntar primero antes de despellejarte...

La miró con desdén. Odiaba a los entrometidos.


_________________________________________

Y con este nombre yo te maldigo, y ni tan siquiera la muerte podrá librarte de tu condena, pues todo aquel que intente matarte recibirá siete veces tu castigo.

57 Re: Templo de los suicidas abnegados el 10/09/13, 06:43 pm

Zarket

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GM
Pasé el resto del día y buena parte del siguiente sumido en mis pesimistas pensamientos, aunque la visita a Serpentaría me hacía tener un humor algo más alegre que de costumbre. No hice gran cosa, a parte de practicar con las manos y leer un poco de un libro de hechizos básicos.

Un olor me sacó de la rutina haciéndome fruncir el ceño. Sacudí la cabeza, intentando despejarme. El olor estaba tan lejano que creí que me lo había imaginado, hasta que llegó el aviso de Nihil. Me mordí el labio con preocupación, antes de salir disparado hacia la puerta del Templo. Había esperado absurdamente mantener el secreto de mi paradero, quizás si no para siempre al menos sí un tiempo más. Acordándome de la cara de la libense en mi pesadilla apreté el paso.

La escena me dejó congelado un momento. Miré de reojo a Tero, esperando que no hubiese metido la pata, antes de mirar de reojo a la loba.

-Hola Ka -estaba bastante incómodo por la situación, aunque intenté que no se me notase demasiado.

58 Re: Templo de los suicidas abnegados el 22/09/13, 01:49 am

Zarket

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GM
La charla con Karime me había dejado pensativo acerca de cómo había actuado últimamente. Casi inconscientemente me había alejado de mis compañeros y amigos, no solo por el temor de hacerles daño, sino por la vergüenza (y también miedo) de ser lo que era, y de su opinión acerca de mi transformación. La pesadilla que había estado teniendo tan solo intensificaba estos miedos. Realmente dudaba que mis amigos confiasen en mí y, si bien la charla con Karime me había tranquilizado en cuanto a eso, un nuevo pensamiento había sustituido a los anteriores. «No me merezco esa confianza. ¿Por qué lo hacen?»

59 Re: Templo de los suicidas abnegados el 23/09/13, 09:18 pm

Cain

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Nihil estaba esperando a Branniel dentro del templo, justo ante las escaleras que bajaban a las catacumbas. De brazos cruzados y apoyada en una pared, movía la cola de un lado, molesta.

-Con que iba a dejarte sin compañeros de casa- comentó en tono casual- Vaya, que confianza, esa debe ser la que fue a la casa de los dulces... Me sorprende que semejante idiota haya llegado a la Luna, y más que Cicatriz tenga intención de meterla en el ejército- se echó a reir de forma cruel- Espero que no tengamos ninguna guerra...

Dejó la pared para caminar hacia el trasgo, y lo agarró por la barbilla con lo que en un principio sería delicadeza, pero que al final obligó a Branniel a ponerse a su altura.

-Como ella o cualquiera de tus amiguitos asome la nariz por aquí clavaremos sus cabezas en una pica.- escupió- Aquí no aguantamos niñatos, y menos niñatos que no saben con quién se están metiendo. Vvoy a dejarte algo muy claro, novato, en esta ciudad no se menciona el nombre de Ewa, no se habla de nosotros, y solo los locos y los desesperados se acercan a este templo...

Soltó el agarre con brusquedad, y se separó de él unos pasos. Nihil no tenía ojos en ese momento, pero aún así podía sentirse su mirada clavarse como un puñal. Estaba enfadada, y no pensaba tomarse la molestia en ocultarlo.


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Y con este nombre yo te maldigo, y ni tan siquiera la muerte podrá librarte de tu condena, pues todo aquel que intente matarte recibirá siete veces tu castigo.

60 Re: Templo de los suicidas abnegados el 23/09/13, 09:47 pm

Zarket

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GM
No me di cuenta de la presencia de Nihil casi hasta que empezó a hablar. Enarqué una ceja al escuchar lo que empezaba a decir, sintiendo que mi estado depresivo daba paso a una fuerte irritación con gran facilidad.

—Karime no es idiota —le respondí con brusquedad, molesto al recordar la escena de la casa de los dulces—. Y probablemente esté de sobras capacitada para el ejército de vuestra divina ciudad —acabé con cierto retintín. Tuve que contenermepara no intentar soltarme del agarre, no solo molesto con Nihil por insultar a la libense. «Joder, si mantenía en secreto el lugar donde vivía era por una-puta-razón

—Gracias por la advertencia, pero ya tenía perfectamente claro lo especial que es la secta en la ciudad. Por eso no había dicho a nadie nada de lo que me ha pasado desde la Luna —respondí fríamente a la sacerdotisa antes de soltar un bufido de molestia, más por mí mismo que por otra cosa. La amenaza me había cabreado y, en algún nivel, me decía que si hubiera sido más precavido esa charla no estaría pasando—. El problema es que se me había olvidado que no era el único a quien la Luna le había enseñado a rastrear... —murmuré. Era más bien un pensamiento en voz alta que algo que decir a Nihil, y no pude evitar girar la boca al no recordar la especial forma de ser de aquella otra persona de mi torreón con un olfato desarrollado. «Muy bien genio, a ver cómo solucionas esto». La irritación con Nihil estaba dando paso a unas asombrosas ganas de pegarme cabezazos contra la pared hasta meter algo de sentido común y memoria en mi cerebro.

61 Re: Templo de los suicidas abnegados el 06/10/13, 12:26 am

Zarket

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GM
Durante los meses posteriores a aquel día en la playa me esforcé en dominar mi transformación y, especialmente, entrenar. No había perdido mi objetivo de hacer tragar tierra a Tero, pero ya había aprendido que todavía debía mejorar mucho para poder estar siquiera a su nivel (y que si alguna vez llegaba a enfrentarlo debía hacerlo de forma más sutil para no acabar como la última vez). Me esforcé en mejorar tanto mis técnicas de lucha como mis habilidades mágicas, pero le di más importancia a estas por no haber podido usarlas en toda la cosecha. Los entrenamientos con el grupo del anfiteatro, que ya usaban magia desde hacía meses, eran especialmente útiles para mejorarla con rapidez. También entrenaba mi autocontrol, para lo que las jaulas de mi habitación resultaron imprescindibles. Pasaron varios meses, pero al final pude dominarme hasta cierto punto, si bien mis avances fueron muy lentos en este campo por intentar hacerlo por mi cuenta.

No pasó mucho tiempo hasta que llegó mi presentación al resto de la Secta y el inicio de mis obligaciones como sacerdote, junto con la adopción de un nuevo nombre: Bastel, inspirado en un rey antiguo rey trasgo. Era un nombre que solo usaría ante la Secta y desconocidos, mi nombre rocavarancolés, pero no era para nada necesario usarlo con aquellos con los que había hecho amistad durante mi criba, y así se lo dije a aquellos.

El comienzo del cumplimiento de mis obligaciones como sacerdote me dejó profundamente perturbado. Sabía lo que hacían (con todo lo que había visto y escuchado era evidente qué hacíamos los sacerdotes), pero ver en primera persona la escena, siendo parte de ella, era algo que no había pensado cómo sería. Intenté que no se me notara, pero me desagradó bastante ver las desesperación de la que hacían gala para conseguir la bilis, tan parecida a la del día en el que llegué. Por supuesto, no mencioné nada de esto a nadie.

Los meses pasaron de forma monótona, alternando la vida y entrenamientos con mis compañeros con mis desagradables obligaciones de sacerdotes, aunque siempre ponía mi mejor cara para no hacer notar lo que pensaba interiormente. Aun así el tiempo y la costumbre normalizó mi día a día, a la par que la Luna y mi propia transformación eliminaban los restos morales que quedaban del nublino que una vez fui. Intentaba reprimir la minúscula sensación de poder que sentía al comer o al alimentar a los fieles, de sentirme por encima de aquellos que se arrodillaban ante mí esperando mi bilis o que me miraban aterrados al comprender cual sería su final. Lo peor no era que esos sentimientos fuesen progresivamente más fuertes durante los momentos en los que vivía esas experiencias, sino que, una vez pasados estas vivencias y los pensamientos que me torturaban, la importancia o el desagrado a esa nueva parte de mí era cada vez menor. Con el tiempo incluso acabé pensando de forma bastante neutra acerca de estos episodios, aunque sospechando que al final las tornas voltearían y lo que al comienzo me había desagradado en todo momento (menos cuando lo hacía) sería algo que al final disfrutaría en todo momento, sin preocuparme de los pensamientos del que era antes.

Recibí a la furiosa tormenta mágica de la cosecha en la azotea de un edificio abandonado pero casi indemne, observando con curiosidad los vórtices y el trajín de cosechadores y dormidos cosechados que salían de allí. «Es increíble lo que he cambiado en este año» medité al darme cuenta de todo el tiempo que llevaba ya en Rocavarancolia. No podía reconocer a los cosechados y sus cosechadores a tanta distancia, únicamente saber de qué mundos venían más y de cuales menos. Estuve especialmente atento al portal de Nubla, preguntándome si habría nublinos ese año, o qué monstruo esconderían en su interior los cosechados que traspasasen el portal, curioso sobre todo por mi mundo de origen.

Me volví, cansado, hacia el Templo cuando quedaba poco para el amanecer. El aire seguía bullendo de magia debido a la tormenta, cosa que me agradaba profundamente. Quizás era un resto de mi antiguo deseo por convertirme en un dios rocavarancolés, pero la magia me apasionaba profundamente, y sentirla bullir alrededor me agradaba. ¿Cuántos de ellos serán igual? ¿Quiénes se transformarán en criaturas poderosamente mágicas? ¿Quiénes serán criaturas que deberán hacer frente a un precio inmoral para tener su magia? ¿Quiénes no podrán realizar magia ni siquiera después de la Luna?» me pregunté al pensar en los que en pocas horas se despertarían sorprendidos en una mazmorra. Todo volvería a comenzar para una nueva generación de cosechados y potenciales ciudadanos de la ciudad en el ciclo sin fin que nos marcaba, mal que bien, nuestra verdadera reina. «La Luna Roja».

62 Re: Templo de los suicidas abnegados el 07/02/14, 12:28 am

Zarket

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GM
Como siempre, la efusividad de Ka me abrumaba un momento, aunque estando ya acostumbrado a ella me recompuse rápidamente. Al decir lo que le pasaba lo entendí rápidamente, sintiendo algo de melancolía al pensar en mi propio mundo. ¿Qué pensaría mi familia o cualquier nublino al ver entre ellos un trasgo? Dudaba que se lo tomase tan bien como probablemente se lo tomarían los libenses, pero claro, ni Karime ni Atol se habían convertido en horripilantes monstruos que se alimentaban de otras personas. Intenté apartar estos pensamientos de mí mente, lográndolo con menos efectividad que últimamente. La visita a la casa me había afectado y no pude evitar un gruñido interior. No podía permitir que los avances que había hecho (o, más bien, lo que se había desarrollado mi habilidad para ignorar lo que no me gustaba) se desmoronase en un día.

Quizás por esto dudé cuando Ka me invitó a Libo. Una licántropa o un helión estaba bien, ¿pero un trasgo? De todas maneras a la libense no parecía preocuparle que los habitantes de su mundo pudieran impresionarse de algo como yo, así que acepté. No sabía cómo se lo tomaría la secta, pero tampoco podía dar demasiadas largas a Karime sin parecer sospechoso, así que ya pensaría en cómo pedir un permiso para ausentarme los días que durase la visita.

Esa noche tuve una pesadilla de la que nada quedó al retornar al mundo de la vigilia, más allá de un montón de nublinos servilmente felices por agasajarme y una Marina que me gritaba que era un mentiroso. Cuando me desperté me pareció sentir por un momento el olor de la casa de los dulces donde un día soñé que era devorado, pero el innegable producto de mi imaginación sólo duró un segundo. No se fue, sin embargo, la risa de Ewa, escuchada especialmente por las noches. Parecía estar burlándose de mí, de mi debilidad, del resurgimiento de las dudas y el odio que la transformación me había provocado al inicio.

Di un fuerte puñetazo al techo de la cama excavada en la roca, sintiendo surgir una debilidad de la que renegaba. Había creído que aquel cambio era irrevocable e ineludible. Que no tenía más remedio que incumplir mi promesa porque, de hecho, no era yo mismo quien cambiaba, sino la Luna la que provocaba el cambio. ¿Y cómo iba a luchar contra semejante cuerpo? No había forma, no era posible resistirse a su magia, no tenía otro camino que recorrer. Pero ahora no era algo tan claro. La Luna puede cambiar tu cuerpo, aquello que te alimenta o tus propias habilidades, ¿pero cómo iba a ser tan absoluta de cambiar tu propia mente? Este pensamiento comenzó a golpearme incansablemente, a pesar de mis intentos por ignorarlo. Porque si tenía razón, entonces nadie me había obligado a cambiar, a incumplir mi promesa, sino que había sido yo mismo el que no había encontrado la fortaleza de tomar otro camino. Porque, si aquello tenía razón, no podía echar la culpa de mi cambio mental a la Luna Roja, al universo, a la secta, a Ewa ni a Rocavarancolia. Sólo a mí.

Intenté cerrar los ojos, volver a dormir, pero era imposible. Cada vez que lo intentaba aquellos sucesos que creía firmemente enterrados volvían a asaltarme. La casa de los dulces había revivido mi pesadilla de hacía meses, y todo lo demás venía con ella: los sendarios y los recuerdos de Dahannei, Marina, Brina, Thras, mi promesa de no ser como los monstruos de la pesadilla... Y eso sólo retroalimentaba la ansiedad que mis pensamientos generaban. No eran nuevos cierto (ya los había pensado cuando salió el astro rojo que reinaba en Rocavarancolia), pero la última vez sólo había podido vencerlos la poderosa y adictiva sensación que la Luna Roja provocaba cuando se alzaba en los cielos de la ciudad. Sin esa ayuda, con la verdadera reina de Rocavarancolia a una enorme distancia de la ciudad, ¿cómo iba a enterrar una vez más aquellas ideas?

Con el tiempo esto sólo contribuyó a una extraña polarización en mi manera de ser. Durante uno o dos días intenté volver a reducir mis hábitos alimenticios al mínimo, intenté volver a no hacer daño a nadie, a cumplir mi promesa en recuerdo de mi amiga. Pero no sirvió de nada, y el hambre, que hacía tanto que no sentía, me llevó a rendirme, una vez más, al trasgo que ahora se negaba a marcharse. Un curioso (y, quizás para aquel que había sido antes de la cosecha, espantoso) ciclo comenzó entonces en el que mi naturaleza cobraba una fuerza desmedida cuando me alimentaba, momento en el que me rendía por completo a mis apetitos y al cruel cazador que llevaba dentro, lo que era seguido por horas de odio, desprecio y algo cercano a los remordimientos. Pero, si había que ser sinceros, no estaba muy seguro exactamente de dónde nacían esas sensaciones, ni a quién o qué estaban dirigidas. Sólo sabía que una parte de mí mismo odiaba a otra, ¿pero cuál a cuál?

Entre tanto, intentaba enfocarme lo máximo en cualquier otro tema para eliminar de mi cabeza cualquier cosa ni remotamente vinculada con la casa de los dulces. Los entrenamientos mágicos con DL sirvieron maravillosamente a estos propósitos, además de una mayor profundización en mis propios entrenamientos privados, que intentaba que me llevasen más allá de mi límite. También seguí con mi línea de investigación de "apoyos" mágicos. Si realmente quería desarrollar mi capacidad mágica todo lo que un trasgo podía hacerlo debía buscar más allá de la biblioteca.

El anuncio del torneo me afectó poco. Parecía interesante, pero no me interesaba participar en lo más mínimo. No creía que fuese capaz de hacer gran cosa contra otros transformados, no después de las dos palizas que Tero me había pegado. Y, en cualquier manera, no me resultaba demasiado conveniente atraer atención.

Uno de los asuntos pendientes que más curiosidad me despertaban eran los cosechados, a los que quería hacer una "visita" visual en algún momento. Tenía gran itnerés en ver qué síntomas irían demostrando con el tiempo, en intentar adivinar qué formas obtendrían sus cuerpos una vez saliese la Luna. No obstante, no era algo que corriera una enorme prisa: todavía faltaba mucho tiempo para el gran acontecimiento, y ya había escuchado un par de rumores de la ciudad donde el acontecimiento que más divertía a algunos era espiar cosechados. En ocasiones una insidiosa vocecilla me interrogaba. «¿No será que estás esperando a que la varmana muera para así poder vigilar a gusto a los cosechados sin tener que soportar su vista?» preguntaba con maldad, pero lograba apartarla, ignorarla, centrarme en otros asuntos, y autoconvencerme una y otra vez de que la chica no tenía nada que ver en mi permanente postergación del espionaje a los cosechados.

Huía por un infinito laberinto de pasillos metálicos que se interseccionan y se cortaban mutuamente una y otra vez, pero sin conducir a ningún lugar en particular. Ninguna puerta, ninguna sala, ninguna ventana ni cualquier otro posible objeto rompían la monótona vista gris del metal con que estaba construido el lugar. Únicamente una larga alfombra roja cubría el suelo, mientras que del techo colgaban luces mágicas de las cuales desconozco su creador.

No sabía de qué huía, o ni tan siquiera si había algo de lo que huir. Tampoco sabía cómo había llegado a este lugar sellado: simplemente sabía que había despertado en aquel lugar, después de tal inconmensurable tiempo de oscura inconsciencia que era imposible saber cuánto había pasado desde la Luna que todo lo cambió. Quizás eones enteros.

Ya no era un trasgo. Tampoco era, de hecho, un nublino. Parecía más como un engendro híbrido entre las dos criaturas: un ser demasiado monstruoso para pertenecer a Nubla, pero demasiado ordinario para ser de Rocavarancolia. Algo a medio camino entre las dos naturalezas con las que había vivido cuando el universo era (mucho) más joven, y que se había quedado permanentemente congelado en esa forma. A veces corría más o menos de pie, mientras que en otras ocasiones lo hacía más encorvado.

63 Re: Templo de los suicidas abnegados el 09/02/14, 11:38 pm

Alicia

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Seon entró en un laberinto. Metal en las paredes lisas y una alfombra continua como un río de sangre. El sentimiento pesado a tiempo viejo inundaba todo, inspirandole historias de estrellas incandescentes y el olor a las eras primordiales, a polvo y agua. Y Seon no quiso interrumpir por el momento al soñante en su frenesí, sólo darle un rumbo más interesante. Deshizo su prisa y por primera vez en aquellos pasillos eternos apareció una escalera.
La sala que esperaba a Bran tenía que tener un regusto a destino. Era una sala gris con un unico ventanal en su derecha, en medio de las paredes infinitas. El vidrio, en forma de estrella de ocho puntas, daba a un cielo rojizo cubierto de las motas brillantes del firmamento. Era un cielo tan bonito que podría estar pintado perfectamente. Al fondo, una silla de metal y de pie, a su lado, la soñadora. Como le gustaba llevar los sueños como parte de sí misma, se había vestido de rojo y metal: un vestido largo hasta los pies, y una diadema oscura y brillante. Dejó que el chico decidiese por su cuenta que era lo que había venido a hacer.


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64 Re: Templo de los suicidas abnegados el 10/02/14, 12:18 am

Zarket

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GM
El corazón, que no me había dado cuenta de que se había convertido (¿o quizás siempre lo había sido?) en un animal desbocado dentro del pecho, redujo su fuerza. También se minimizó algo la ansiedad de la necesidad que tenía de escapar de allí, al tiempo que encontraba el primer elemento diferenciador en aquel infinito mar de pasillos. Una escalera, que antes habría parecido casi blásfema en aquel lugar, pero que ahora parecía extrañamente adecuada.

El claro contraste de la nueva sala con el resto del lugar la señalaba, indudablemente, como un lugar especial. ¿Quizás era la salida a aquello? ¿Quizás el lugar que desentrañaba su misterio? ¿Su origen? O, quizás, algo tan simple como otra parte más de aquel rompecabezas, tan perteneciente al lugar como las luces mágicas o la infinita alfombra roja como la sangre. En cualquier caso, era el único lugar que permitía comprobar que existía un fuera, que el universo no se había reducido a ser tan sólo ese lugar.

Algo impactantemente nuevo se dejaba ver en aquel lugar. O, mejor dicho, alguien. Una nueva pobladora, un nuevo ser vivo que se revelaba como otro habitante de aquel misterioso sitio. El pensamiento de que quizás fuese la dueña o la creadora de aquello, la que había decidido tenerme allí, fue deshechado casi antes de formarse: era una conocida. Una compañera de cosecha, una amiga de mis amigos.

—Tú eras de Letargo.

Mi murmullo no era una pregunta, ni una duda, sino una tajante afirmación sin posibilidad alguna de error o equivocación. No obstante, era una frase a la que no le faltaba un tono de cordialidad, y donde era imposible encontrar la más mínima traza de hostilidad. Me acerqué a ella, buscando reconocerla mejor, recordar su identidad. La encontré tras unos segundos de duda.

—... Seon, ¿no?

«¿Qué hago aquí?» fue el pensamiento que me cruzó en ese momento. No sabía quién me había llevado a aquel lugar. De hecho, no sabía qué era aquel lugar. Aquello antes me había producido una enorme ansiedad: ¿quién me había traído? ¿Con qué razón? ¿Qué había pasado con los demás, con lo demás, durante mis eones de ausencia? ¿Por qué no recordaba nada? ¿Qué debía hacer para regresar? Pero en aquella sala... La ansiedad había sido sustituida por una tranquila y sana curiosidad, que se había extendido a aquel lugar, a sus propósitos, a sus misterios. Y a Seon.

65 Re: Templo de los suicidas abnegados el 14/02/14, 10:09 pm

Alicia

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- Seon, sí.- dijo la soñadora sentandose en el aire con las piernas cruzadas. La falda del vestido caía por detrás, desorganizada, rozando el suelo.- ¡Pero espera, no estropees el momento!
Sonrió traviesa y procedió a mostrarse muy digna, aun en su posición informal. Se llevó las manos a la cabeza, haciendo la mimica de coronarse. Al retirarlas, había efectivamente una corona sobre su cabello y su rostro estaba ligeramente cambiado. Algo inapreciable que le daba edad y profundidad a la forma de mirar.
- Bienvenido, viajero, al lugar donde desembocan todos los ríos y llegan todos los soles cuando anochece. No hay en él otra cosa que nosotros y al mismo tiempo esperan impacientes todos los imposibles que te apetezcan. Este es el Palacio del Tiempo, y el tiempo es eterno en un sueño.
Tu busqueda ha concluido; tus aventuras y desgracias, serán pagadas. Pide y se te concederá.
- la voz se deslizaba como terciopelo, se hacia clara y resonante en las paredes, y al mismo tiempo, como un susurro que acariciase el oído. Y no era, desde luego, su voz de siempre.
- Que significa que digas que te apetece hacer, y yo lo traigo.- le chivó recuperando momentaneamente la expresión infantil y la sonrisa. Pero al poco parecía un mero espejismo.
Ella era, entonces, emperatriz de lo inexistente y reina de lo imposible y como en un cuento infantil desprendía un aura especial y solemne. Hubiera sido un crimen hacer las cosas de otro modo en aquel escenario.


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