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EL SALTO (Dos meses anteriores a la 3ª cosecha)

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Lupin

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Estos dos meses antes de la llegada de los nuevos cosechados no han estado nada mal, la dedicación a ayudar a los nuevos transformados me mantuvo entretenida y pude aprender más magia con la que complementar mis runas.

Lo que me llevó más tiempo y problemas fue enseñar a volar a Noel. Íbamos a la bahía de los náufragos con Gael, Giz, una de las Alicias y el chico de los ojos a entrenar sobre lo que sabía cada uno: vuelo, magia, defensa personal tanto armada como desarmada, puntería... Además, algunas noches hacíamos entrenamientos con Jack, quien podía enseñarnos esgrima. No sé si me sirve para algo aprender, pero nunca se sabe cuándo podré necesitar usar una espada y no está de más que sepa, como mínimo, cómo no clavarme la punta.

Volviendo a Noel, al principio decidí incidir en la parte del equilibrio, pues esa es la base para todo. Aún tenía problemas para correr y mantener el equilibrio, así que cada día corríamos un rato a ritmo variable y haciendo ejercicios con las alas. Lo cierto es que también me ayudó a mí a mejorar ciertos aspectos que no tenía pulidos, como mover las alas mientras corro. Si no se tiene cuidado, pueden ser muy molestas, frenarte o hacerte caer si las despliegas mientras corres. En definitiva, Noel no fue el único en caer dolorosamente en medio de una carrera.
Aparte de correr, también le hice varios ejercicios más centrados en el equilibrio (en los que yo le acompañaba y, por supuesto, me ayudaron a mejorar), a los que se unió Giz. Les hacía subir en una tabla de madera con el mismo ancho que un pie y les mandaba mantener el equilibrio. Al principio les dejaba sostenerse sobre las dos piernas, pero viendo que progresaron rápido les hice alternar entre pies. Esto les costó mucho más de dominar y cayeron muchas veces, pero el verdadero problema llegó cuando tocó hacer practicar Noel ejercicios moviendo las alas y la cola encima de la tabla. Y no sólo él tuvo problemas, yo misma no había hecho eso nunca y también me costó aprender a moverlas en una situación como esa. Este ejercicio estuvimos practicándolo incluso mientras le enseñaba a volar y, al cabo de los dos meses, creo que yo sería capaz incluso de bailar encima de la tabla.

Lo más costoso para mí fue cuando, después de dos semanas de equilibrios, llegó el momento de enseñar a volar tanto a Noel como a Gael con su nuevo cadáver: una especie de dragón del tamaño de un perro. Aunque las todas son alas, las de Noel son con plumas y tiene cola, mientras que al dragoncillo se le tiene que añadir que se mueve a cuatro patas.
Lo primero les hice practicar es saltar desde una altura suficiente para poder desplegar las alas y planear, pero sin riesgo a lesiones. Nada les libró de darse con el suelo muchas veces, pero a base de insistir durante un tiempo, darles consejos y demostraciones prácticas, aprendieron a saltar, desplegar las alas y planear. Aterrizar les costó algo más, pero Noel lo enganchó rápido y a Gael no le costó mucho más, a pesar de las cuatro patas.
A continuación, pasamos a algo bastante más peligroso: alzar el vuelo y desplazarse en el aire. Para esta parte decidí enseñarles por separado: primero lo intentaba uno y después otro, siempre acompañados por mí. Esto sólo les llevó casi un mes aprender a dominarlo, a pesar de que Noel tenía la ventaja de tener el centro de equilibrio asumido gracias al entrenamiento anterior y que Gael aprendiera rápido a dominar el vuelo con su ser cuadrúpedo. Al final, les dejaba volar a los dos por su cuenta y les empecé a enseñar las maniobras básicas en el rato que dedicábamos a volar por la ciudad. Iban mejorando cada vez más su velocidad y movilidad. Más adelante debería enseñarles a luchar en medio del aire, pero tiempo al tiempo.

Además de estos entrenamientos, también les enseñé las bases de la defensa personal sin armas, que ya empecé a practicar mucho antes con Gael. También les enseñé a usar armas largas tomando unos bastones largos como base, y aprender a disparar con ballestas (aunque no de repetición como la mía, otras más precisas). El chico de los ojos me ayudaba con estas clases de puntería y a la vez les enseñaba a defenderse de las mismas armas, algo que es muy útil conocer y que se puede aplicar a otro tipo de armamento.
En cuanto a magia, enseñé a Noel la runa para vestir, que es como un cero tachado y puede servir para convocar varias prendas a la vez, pero sólo puede invocar unas determinadas que haya programado al dibujar la runa, no se pueden cambiar las prendas asignadas a esa runa. También ayudé algo a Gael a enseñar con lo poco que ya sabía de hechizos básicos, pero en ese sentido aprendí mucho más que enseñé. También practiqué otros lenguajes rúnicos por mi cuenta, aunque sólo tuve tiempo aprender bien uno cuyo uso se centra en crear trampas con runas.

Mis relaciones con los nuevos transformados también mejoraron estos dos meses. Sobretodo hablé mucho con Noel y Giz, que demostraron tener muchas ganas de aprender. Aunque cada uno tenía su forma de ser, se nota que ya se llevaban muy bien como cosechados. Alicia azul y el chico de los ojos también demostraron estar interesados en llevarse bien y aprender; ella me pareció muy tímida y el otro muy impulsivo, aunque no parece que le guste mucho hablar de sí mismo; pero me caen bien.

También fue muy curioso ver que Alicia roja se instaló en la Sede de los Taumaturgos. Fue unos días después de que lo hicieran los demás y nos pidió a todos los que habitábamos que no dijéramos nada. Supongo que no quería que supiera nada su otro yo de Serpentaria. No quise inmiscuirme en su extraño conflicto, así que opté por hacerle caso y diría que los demás han pensado lo mismo.

Sin duda, estos dos meses han resultado bastante agitados, pero creo que me gusta ver cómo aprenden los demás. Y aprender yo, por supuesto, siempre quiero conocer.



Última edición por Lupin el 16/04/12, 11:45 pm, editado 2 veces

Giniroryu

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GM
A partir de nuestro segundo día en la torre Serpentaria por fin empecé a escuchar normalmente de nuevo. Y no solo eso, sino que además percibí que mi audición había mejorado respecto a cuando era humano. Al principio me costó acostumbrarme a mi nueva capacidad, pero pronto dejé de percibirlo como algo extraño. Pude notar que a veces perdía el equilibrio por la falta de práctica, especialmente corriendo. Por ello agradecí cuando comenzamos los entrenamientos. Junto con Adara y el señor káiser nos íbamos todos juntos a una playa que se llamaba “la bahía de los naufragios”. Sin duda los nombres de los lugares en Rocavarancolia no dejaban mucho pie a la imaginación. Varios barcos naufragados se asentaban en aquella playa que, las raras veces que le daba el sol, brillaba debido a los cristales y conchas que poblaban su suelo.

Adara comenzó realizando ejercicios de equilibrio conmigo. Lo más difícil al principio resultaba correr a diferentes ritmos. Más de una vez acabábamos comiendo el suelo, incluso Adara también. Pero tras unas cuantas clases intensivas tanto ella como yo mejoramos mucho. Al cabo de una semana las alas y la cola, ayudado por Giz con esta última, ya no se me movían a su antojo aleatoriamente y sin control. Todavía tenía que dominarlas, pero era un buen comienzo. Además de correr hicimos otros ejercicios de equilibrio caminando sobre tablas. No tuve muchos problemas para mantener el equilibrio con dos pies pero cuando pasamos a hacer ejercicios con uno solo las caídas eran mi pan de cada día. La cosa no hizo sino ponerse aún más difícil cuando sumamos a ello el mover las alas y la cola. Me costó mucho lograr mantener bien el equilibrio de este modo, pero cuando conseguí progresar noté que mis problemas con las alas y la cola en otros ámbitos prácticamente habían desaparecido.

Mientras todavía realizábamos ejercicios de equilibrio, comenzamos a practicar algo que llevaba esperando desde el primer momento: volar. Me sentía emocionado y al mismo tiempo muy nervioso. Gael se unió a nosotros con su nuevo dragoncito. Los primeros ejercicios no eran peligrosos pero sí complicados, especialmente el aterrizaje. Aun así al cabo del día siempre acababa con alguna magulladura. Tras insistir a diario acabamos cogiéndole el truco y cuando Adara consideró que estábamos listos pasamos a la parte realmente complicada. Alzar el vuelo era mucho más difícil de lo que parecía. Nos costó cerca de un mes controlar el despegue y desplazamiento por el aire y al principio no podía evitar sentir algo de miedo cuando me elevaba. Por suerte Aadara no se seperó de nosotros hasta que vio que podíamos desempeñarnos bien por nuestra cuenta. Al cabo de mes y medio conseguíamos realizar alguna maniobra en el aire, pero todavía teníamos mucho que mejorar.

Por mi cuenta había estado practicando a utilizar mis plumas tal y como describía el libro que hablaba sobre los Dracos de Estínfalo. Para mi sorpresa no me resultó demasiado difícil, parecía algo muy natural en mi nuevo cuerpo. Practicaba con ellas en tierra y en el aire una vez aprendí a volar, aunque en movimiento apenas podía hacerlo y no me salía nada bien. Encontré mucho más fácil lanzar las plumas de las extremidades que las de la espalda y alas, pues la trayectoria que debían seguir era más complicada. Dediqué bastante tiempo, incluso mientras entrenábamos con armas a distancia con el señor káiser y Adara para mejorar mi puntería también con las plumas por lo que al cabo de varias semanas tenía cierto control sobre ellas. Pronto quedó patente que lo que mejor sabía manejar eran mis propias plumas más que un arco o ballesta, aunque no estaba de más practicar con ellas. También aprendimos técnicas de defensa personal y de desarme con el señor káiser. A todo esto había que sumarle las esporádicas clases nocturnas de esgrima con Jack. La esgrima parecía dárseme algo mejor que las armas a distancia, quizás también porque me gustaba más.

Las clases de magia también eran frecuentes. Los que ya teníamos ciertos conocimientos enseñamos hechizos básicos al resto y Gael que era el que más dominaba el asunto del grupo nos ayudó a aprender hechizos más complejos. Yo seguí practicando con el libro todas las noches que no caía redondo nada más meterme en cama, agotado por el entrenamiento durante el día. Estas prácticas fueron breves pues durante estos dos meses que la luna estaba en el cielo el entrenamiento en la bahía fue intensivo. La propia Adara me dijo que ella no había realizado un entrenamiento tan duro como este.

Lo que sí aprendí durante las clases de magia fue una runa para vestirse que me enseñó Adara, pues le pregunte como hacía ella para ponerse camisetas y similares con las alas. Era una runa sencilla, se parecía al símbolo del conjunto vacío, y que consumía muy poca magia. Poco a poco fui consiguiendo ropa de mi agrado y la asigné a la runa para poder vestirme inmediatamente y sin que las alas y la cola fuesen un impedimento. Utilizaba una camiseta de manga larga y unos pantalones de cuero. Además de unas botas altas nuevas, también negras, pues las mías ya no me servían debido al cambio de mis pies. La chaqueta que había traído de la tierra tampoco me servía porque había crecido, pero encontré una especie de gabardina larga sin mangas que tenía unos cortes en la parte inferior. Seguí usando mi antigua muñequera ya que era lo único que todavía me servía de la ropa que traje de la tierra. El color negro predominaba claramente en mi vestimenta, tal y como acostumbraba. Un día, siendo aconsejado por mis compañeros, hice una breve incursión en la Cicatriz de Arax para conseguir un par de piezas de armadura. Me hice con unos brazales, un trozo de armadura para el pecho de los que cubren sólo el lado del corazón y un par de hombreras, una de ellas adornada con pinchos. Preferí que fuesen de cuero en lugar de metal, ya que por mi actual cuerpo debía aligerar todo el peso que pudiera para facilitar el vuelo y el movimiento en general.

Le estaba muy agradecido a Adara, a la cual había empezado a llamar “maestra”, por todo lo que se había esforzado enseñándome a manejar mi nuevo cuerpo. Igualmente el señor káiser y Jack nos habían ayudado mucho. Desarrollé un gran apego por todos ellos durante este tiempo, especialmente me sentía muy unido a Gael y, como de costumbre, a Giz, quizás porque nuestras edades eran similares y pasábamos mucho tiempo juntos divirtiéndonos con cualquier tontería. Alicia, que también participó con nosotros en los entrenamientos, se mostraba cada vez más abierta con los demás y ya no parecía la misma chica extremadamente tímida que era cuando la conocí. Por otra parte no sabíamos nada de la Alicia de rojo… esperaba que estuviese bien.

Durante este tiempo conseguí accidentalmente un poco de magia, ya que nos hacíamos daño en los entrenamiento con frecuencia. Como era muy poco y sabiendo lo rápido que se me gastó la única otra vez que pude hacerla, apenas la utilizaba realmente. Uno de los principales usos que le di, además de para vestirme, fue para crear burbujas de silencio. Al principio no me gustaba nada hacerlo, pero a Gael y Giz no parecía incomodarles demasiado que lo hiciera. Ellos, al igual que el resto, se esforzaron por aprender a reírse en silencio, pero no siempre eran capaces. Recurrían entonces a burbujas de silencio para que no me doliesen los oídos y, cuando la risa les impedía formular el hechizo, lo hacía yo mismo. No puedo evitar sentirme un poco culpable por esto todavía, pero no se me ocurre otro remedio. A lo largo de todo este tiempo mi propia risa empezó a antojárseme extraña, ya que asociaba el sonido con dolor pero la mía no me resultaba dolorosa. Eso y el modo de obtener magia eran dos lastres que aún arrastraba. Me había estado mentalizando para conseguir magia durante todo este tiempo pero todavía no me había atrevido… Sin embargo ahora estaba decidido a hacer una incursión en los subterráneos, ya que Gael me había hablado de ellos. No podía depender siempre de los demás con la magia, tenía que conseguirla por mi cuenta.

Los días pasaron deprisa entrenando y con muchas risas, casi sin darnos cuenta llegaron nuevos cosechados a la ciudad… Ya había pasado un año desde que había llegado a Rocavarancolia.



Yber

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GM
Desde el momento en que llegamos a Serpentaria, apenas tuvimos un momento de descanso. Se podría decir que desde el primer momento me adjunté a las clases que Koval y Adara iban a impartir a Noel sobre Magia el primero y sobre vuelo la segunda. Prestaba más atención a las clases del fuego fatuo, pero la segunda me vino bastante bien para mejorar un poco mi equilibrio, a pesar de las inmensas castañas que me pude pegar por el camino.

Kaiser y Jack también se ofrecieron a entrenarnos con diversos tipos de armas y acepté a pesar de lo complicadas que me resultaban. Estaba claro que las armas no eran del todo lo mío y llegó un momento en el que no veía casi ninguna mejora en los entrenamientos, salvo en la rapidez con la que efectuaba los hechizos para curarme las heridas. Aún así no dejé de asistir.

Visto lo visto, decidí emplearme a fondo con las clases de magia y pronto comencé a interesarme por una rama de hechizos en concreto: hechizos de localización. Al principio no entendía muy bien qué finalidad podría tener y lo hice únicamente por recomendación de un par de guías sobre transformaciones. Sin embargo pronto descubrí lo útil que era la gola en combinación con ellos. En parte se parecía mucho a la forma que tenemos los asrenianos para orientarnos utilizando el olfato, pero con un componente mágico y usando la gola en lugar de las narices.

En cuanto a convivencia, pasar el día con Noel y Gael siempre era divertido. No había día que no ocurriera algo. Lo único que tuvimos que aprender a controlar Gael y yo eran las risas, para no molestar a Noel con ellas ya que le rechinaban en los oídos. Pero no fue difícil adaptarse a eso y, en los casos más extremos, siempre había alguien dispuesto a poner burbujas de silencio de por medio.

Los dos meses pasaron rápidamente, completando nuestro primer año en la ciudad y dejándonos de lleno con una nueva cosecha.


_________________________________________

No llores por no poder ver tu pierna,
las lágrimas te impedirán ver los cadáveres de tus amigos.

Tak

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GM
La llegada de los nuevos cosechados al torreón lo cambió todo. Los días aburridos, monótonos y, en definitiva, siempre iguales, se acabaron después de eso. Sé que fui un cabezota por no ir a visitar tanto a mis amigos, pero nunca quise que me vieran como un canijo plasta que no se valía por sí mismo. Ahora me doy cuenta de que era una tontería, y por suerte he empezado a recuperar el tiempo perdido. Nos hemos estado viendo con el grupo de la Sede y con Jack, que ahora tiene un sirviente o algo así, en la bahía para las clases prometidas. Han sido realmente útiles, y con Jack y el ulterano he podido empezar a aprender técnicas nuevas con distintas armas además de seguir mejorando en la lucha cuerpo a cuerpo con Adara. Como ya tenía bastante perfeccionado el control sobre dos cadáveres simultáneamente llevaba siempre ambos al entrenamiento, uno para vuelo y el otro para golpear y manejar armas. Trataba de centrarme y hacer cosas muy diferentes al mismo tiempo poseyendo ambos a la vez, como volar y luchar, y aunque al principio era desastroso ya casi puedo arreglármelas. Cuando consiga hacer ese tipo de cosas de forma más instintiva y sin pensar confío en que sea más fácil, pero también tendré que aumentar el número de posesiones simultáneas poco a poco.

Pero las clases de defensa y vuelo no fueron lo único, ni divertirse con los demás tampoco. Tenía que continuar con los experimentos de conservación de cadáveres y también tenía que buscar un lugar donde guardar los que tenía. Aunque todavía había habitaciones deshabitadas, me sabía mal tener una ocupada con mis cosas solamente. Mientras no encontraba donde hacerlo, seguí practicando experimentos allí a puerta cerrada. Busqué un nido de ratas en los edificios abandonados cercanos y las congelé para transportarlas a la torre. En los días siguientes apliqué en ellas diferentes hechizos de conservación y fui comprobando la evolución de la carne hacia la podredumbre, viendo qué hechizos podían haber salido mal y cuáles eran más eficaces. Quería perfeccionar esos hechizos como fuera.

Por otro lado había algo que me ponía nervioso cada vez que pensaba en ello. Pronto tendría que encargarme de la cosecha en Asrena, y no tenía ni idea de cómo hacerlo. Consulté libros en la biblioteca y en Serpentaria, tanto sobre el mundo del que venía Giz como sobre cosechas y cosechadores. No creía tener la habilidad suficiente para llevar a cabo la tarea, pero por suerte el consejo me proporcionó ayuda con una brújula de esencia. Sabía que sería una noche dura y pensaba que sería difícil convencer a los muchachos, pero cuando ese día llegó me sorprendió ver que no me costaba deshacerme en halagos sobre la ciudad. Parece que estos dos últimos meses me han hecho cambiar de nuevo. Creo que cada día estoy más seguro de mí mismo, pero sí hay algo a lo que aún tengo un poco de miedo. Y tras haber pasado toda la noche de cosecha fuera, los demás se habrán dado cuenta. Noel ya sabrá el por qué, pero Giz no, y tendré que enfrentarme a él cuando vuelva. No quiero mentirle a un buen amigo.

Alicia

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Los dos meses siguientes a su llegada a la Sede fueron extraños para Azura. Alicia. Aun le costaba acostumbrarse a su nuevo nombre, aunque se había aprovisionado de todo un cargamento de ropa azul. Le costaba tanto como a sus compañeros, incluso a los que acababa de conocer, porque ellos solo oían a Noel y a Giz llamarla de Alicia.
Por un lado ahora que ya se sentía acompañada de algún modo por sus amigos de la cosecha, recayó un poco en su concha, ahora que todo estaba mas calmado. De todas formas, hacia esfuerzos cada vez mas asiduos por relacionarse con todo el mundo. Iba cada día a ver sus entrenamientos, aunque ni se planteó subir a la tabla. Tenía un poco de vertigo. Pero aprendió magia y otras cosas de defensa personal que le resultarían utiles
Respecto a su animo, aunque no sufría tantas tormentas como durante el tiempo en el que habia esperado a la luna roja, seguía con oleadas. Subidas y bajadas. A ratos era feliz de sentirse acompañada. Todavía echaba de menos su nueva vida, pero por algun motivo también rocavarancolia era su hogar. Pero sobretodo, lo peor era cuando recordaba a su hermana. No sabía donde estaba, pero la odiaba igual. Dios mio, la odiaba tanto que a veces quería golpear cosas. Y sentía un poco de miedo al saber que era mutuo. Que quizás le esperaba algo a la vuelta de la esquina. No era tonta y sabía que a Pyro (ella le había comentado su nuevo nombre antes de separarse) tambien habria pensado en el uso de terceros en esa "guerra" personal, cuyo símbolo de la victoria era la moneda. Ella tenia la moneda. Estaba todo bien.
Dos meses pasaron y se dio cuenta de que llevaba allí un año. Y de que nuevos niños llegarían esa noche. Iba a ser una noche dificil Y una vez mas, se pregunto donde estaba su enemiga.

Leonart

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Dos meses tranquilos. Sobre todo eso, tranquilos. Los pequeños aprenden de los mayores con sus entrenamientos regulares en la Bahía de los Náufragos. Toima no participó excesivamente en los entrenamientos debidos que eran cosas que él ya comprendía o que manejaba de forma distinta. También su propio orgullo le impedía ser curioso y ver otras alternativas. Eso si, al contrario de lo imaginable, muchos no tenían entrenamiento alguno en combates a distancia. Toima oyó entonces que aunque en la tierra el armamento de la tierra sea más centrado en las armas de fuego el ejercito solo forma un mínimo insignificante dentro de la población y gran parte de esta no está entrenada para el combate.
Los entrenamientos que oficio Toima se llevaron la máxima exigencia hasta que más o menos sus “aprendices” lograron captar la teoría y aplicarla. Con esto, podrían tener el mismo entrenamiento que un recluta de Ulterania que, si bien era bueno, no era la mejor alternativa a la ciudad. Toima se contaba que en verdad su especialidad eran las armas de fuego y que añoraba empuñar una pues cuando le habían cosechado no había traído ninguna con él. Toima se resistía a volver a entrenar como lo hacía, pues no deseaba heredar la voluntad de Unabara en ese aspecto, el hombre que le entrenó desde joven y le dejó al borde de la muerte más veces que cualquier otra persona en el mundo hasta que el aprendiz mató al maestro en un accidente provocado.
A medida que pasaba el tiempo y los entrenamientos eran una rutina, Toima se fue abriendo más y más. Su nombre seguía siendo un misterio para los demás y eso era algo que carcomía al Ulterano, pues la vergüenza que para él conllevaba su nombre era enorme y no podía ir soltándolo así como así. Ya bien podría haber pasado un año, pero se seguía mostrando reticente a decirlo.
Casi al finalizar el segundo mes, Toima ya se codeaba con los demás con total normalidad pero seguía sin soltar palabra de su persona. Llegó a entrenar con Adara con artes marciales avanzadas, propias del ejercito Ulterano pero la mujer parecía llevarle siempre ventaja, no solo en la experiencia sino en la técnica pues Toima nunca había dominado del todo las artes marciales de su cultura que solían combinar el uso de armas ocultas y el pelo.
El Ulterano se alzaba al final del mes como un orgulloso Argos entrenado. Un guerrero. Dispuesto a probar su valía contra los más fuertes. Por las noches, cuando Jack venia, Toima notó que traía consigo un sirviente que no había visto antes. Tras preguntar al vampiro descubrió que se trataba de un habitante del planeta vinculado bajo el nombre de “Nubla” El ulterano descubrió de labios de Jack varias cosas. La primera, el viajar a otros mundos era posible así que su venganza no sería desestimada, lo segundo, que los nublinos eran una raza muy sumisa y veneraban a los rocavarancolenses, haciéndolos óptimos para su secuestro y aprendizaje de la servidumbre. La idea de un escudero persuadió a Toima y, los últimos días del mes decidió viajar al mundo conocido como Nubla para conseguirse un leal seguidor.


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TFW le pones dos velas a la Virgen pa que os saque de aquí pero a un ingrato le da por ser ateo
Spoiler:

Caillech

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Dos meses, ¿dos meses habian transcurrido ya desde que me convertí en Dama Gula? Se dice rápido, y pensar en todo lo que he tenido que hacer...

Desde el día que fui vencida por el trasgo de la Taberna y la partida a la que sería nuestro nuevo hogar, el hogar de los guerreros, no hubo día que no entrenase. Siempre estaba intentando mejorar aún más mis habilidades de combate, ya sea cuerpo a cuerpo o a distancia, la cosa era llegar a ser lo suficientemente fuerte para que nadie más pudiese golpear tan duramente en mi orgullo, para que la proxima vez fuese capaz de defenderme siquiera. No fue fácil, nada en esta vida lo es para mi, en especial porque algunas veces el hambre era demasiado voraz. Había días en los que tuve que encerrarme a mi misma en una habitación hasta lograrme controlar o salir de aquel edificio a la caza de lo que fuese, no importaba ni su sabor, olor o estatura mientras pudiese incar los dientes en él.

Por fortuna, Jack mantuvo su palabra de ayudarme con mi autocontrol. Siempre iba a nuestro lugar de encuentro después de que el sol desapareciese del firmamento. Allí comenzaba otro arduo entrenamiento, más aún al que sometía a mi cuerpo cada día. Y es que lo que aquí entrenabamos era mi fuerza de voluntad para conseguir parar mi insaciable hambre. Era mil veces más fácil el hacer el entrenamiento de lucha con una grande y pesada atada a la espalda que esto.

No lo conseguí de inmediato, pero se podría decir que comencé a hacer pequeños avances poco a poco. Primero, dejé de atacar a la primera de cambios a los que me rodeaban. Segundo, fui capaz de quitarme el trapo de la cara. Esas fueron mis grandes logros entre otras. Todavía no era una expertaba, pero podía saber cuando mi control se aflojaba y cuando era el momento de escapar para no herir a mis compañeros.

Así mismo, un día después del entrenamiento con Jack cacé una hiena bastante grande viva y, atandolo bien, lo dejé delante de la Taberna con una nota: "Siento lo que hice aquella vez. Atte. Dama Gula". No esperaba perdón de él, no lo había, nunca había habido perdón para mi. El único que me lo había dado fueron mis amigos, por eso no esperaba nada de los demás. Estaba tan acostumbrada a que la gente me diera la espalda a la minima oportunidad que ya ni me sorprendía de cosas como esa.

Hasta aprendí un poco de magia esos mese, a escondidas y sin que nadie me viese, solo por seacaso a pesar del odio que le tenía a la magia. No se sabe cuando se necesitara, puede que un día mi vida dependiese de ello y aunque lo despreciase apreciaba mucho más mi vida. Era capaz de hacer casi cualquier cosa, salvo matar a mis compañeros, para mantener mis almas en su lugar de origen por ahora. De modo que aprendía nuevos hechizos, a perfeccionar mi tecnica, mis gestos y pronunciación en los momentos que nadie veía o escuchaba. Me daba verguenza admitir que podría haber situaciones que mi dominio de las armas y mi fuerza no fuesen suficiente para mantenerme viva.

Y así transcorrieron los dos mese hasta la aparición de la nueva cosecha, entre intento e intento para convertirme más fuerte por mi y por los que quería proteger, como en mis días de cosechado.

Parecía que algunos hábitos nunca cambian....



Última edición por Caillech el 25/04/12, 06:22 am, editado 1 vez


_________________________________________

Al principio lloré,
pero tiempo después
el hambre y el dolor me hizo cambiar
teniendo que matar y de carne alimentar.

Si tu olor golpea mi nariz, siento tu carne
y así el hambre aflora.
No, nolo puedo evitar, no creas que esta mal
es que yo soy asi
pues el pasado he de olvidar

Vlad

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Dos meses habían pasado desde aquella noche de locura bajo la Luna Roja. Poco había pasado fuera de lo común en la vida del Conde Vladimir Ibrahimovic desde aquel día. Su primera noche cómo Hijo de la Luna y habitante legítimo de la ciudad la había pasado con la pequeña Mánia en el burdel del invocador de demonios, arrancándose los últimos retazos de inocencia y humanidad para iniciarse en su nueva vida de lujuria.

No habían sido tiempos fáciles para él. Su compañera había entrado en un estado de aletargamiento y, aún atado por parte de sus leyes caballeresco morales, se sintió se sintió en la obligación de proteger a la muchacha.

Portando su cuerpo inmóvil pero vivo, había atravesado la ciudad hasta dar con Luna Alta, el barrio de los palacetes, en busca de un nuevo hogar para ambos. Entre las oscuras ruinas de las viejas glorias de la metrópolis derruida, había encontrado un edificio de su agrado y, por lo que sabía, de su compañera.

Era un palacete abandonado, alto y picudo, que aun por la erosión del tiempo había sido capaz de alzarse de entre la decadencia de la vegetación y el polvo mantenerse en pié y altivo, aunque decrépito. A Vlad le trajo recuerdos de su antigua morada en Rumania y, sabedor de que el miedo a sus progenitores ya no oprimiría su pecho nunca más, se adentró en su interior, dispuesto a convertirlo en su nueva hogar.

Era pequeño pero alto y, más allá de la valla de hierro carcomido por la herrumbre y estrangulado por la enredadera, se alzaba su negra fachada, cómo si intentara alejar del prolífico suelo y de sus verdes garras, que lo aferraban y trepaban. Desde un principio tuvo que atravesar la puerta a machetazos, combatiendo la vegetación. Adivinando el camino entre la maleza, llegó a la puerta, sintiendo las pétreas miradas de las lascivas estatuas gargóleas que abarrotaban el selvático jardín delantero, escondidas entre el forraje.

El interior estaba ordenado, pero cubierto de polvo y telarañas, cómo si el edificio entero estuviera construido en la parte baja del reloj de arena del tiempo.

Lo primero que hizo Vlad fue subir a la torre más alta del pequeño palacete, dónde preparó una habitación para su ama. Depositó a Mánia sobre la amplia cama del habitáculo circular, enfrente del ventanal que daba a los tejados de la ciudad muerta. Se había encargado de limpiarla a conciencia, pues se pasaba la mayor parte de su tiempo velando su tranquilo sueño. Allí, tendida y con semblante tranquilo, era observada por el atento conde, que contemplaba su quietud serena, que a las horas prontas de la clara mañana se asemejaba a la de una perfecta y delicada estatua de mármol.

El resto de su tiempo lo había dedicado a adecentar cómo buenamente había podido el palacete. El jardín trasero, con su estanque, estaba tan asilvestrado o más que el delantero, atestiguando que la vegetación era le verdadera señora del lugar. Vlad había decidido no modificarlo más de lo estrictamente necesario cómo para hacer transitable el camino principal, pues era inútil combatir lo inevitable. Aun así, había explorado cada recoveco de su nuevo hogar, tanto el selvático jardín cómo las oscuras y enigmáticas estancias.

Así pues había estado explorando el barrio, saqueando los palacetes vecinos, acumulando baratijas, libros y todo tipo de artilugios útiles e inútiles.

Se había procurado sustento cazando por barrios más poblados. Su técnica era sencilla. Se plantaba ante la criatura que pretendía abatir, y su antinatural libido hacía el resto. Usándose a sí mismo de cebo, había acumulado un buen número de colaespinas muertos en la despensa del palacete.

También había tenido que valerse de sus encantos en otros sentidos. Necesitaba magia y dinero y, por el momento, sólo sabía de una forma de conseguirlo. Había pasado largas noches, esperando en las oscuras calles del mercado, a la espera de que algún interesado se le acercara con ánimos exaltados y monedas tintineándole en el bolsillo… Y había tenido que ingeniárselas para apuñalarlos por la espalda antes de que llegaran a más. No es que le repugnaran ni que ninguna ley moral le impidiera trabajárselos para ganarse aquel dinero que les quitaba. Era, simple y llanamente, más divertido hacerlo cuando ya no respiraba. Había leído que la cantidad de poder obtenido era directamente proporcional a lo perverso de la unión, y le interesaba maximizar beneficios.

En verdad había algún que otro reparo la primera vez, pero ya había llegado a Rocavarancolia preparado y mentalizado para el asesinato, y el llevarlo a la práctica había sido cuestión de tiempo. Además, su culpa se había desvanecido cuando, finalmente en el sótano del palacete, su lujuria tomó las riendas de la situación y se dejó llevar por aquellos malsanos y enfermizos apetitos de ultratumba.

Así transcurrió el tiempo, leyendo el diario de Sir Havran Métvola, aprendiendo los rudimentos del arte de los muertos, que todavía no era capaz de llevar a la práctica, mientras velaba el sereno descanso de su ama, admirando su belleza sobrehumana y reprimiendo sus apetitos, que luego saciaba con los dos cuerpos que yacían en la parte baja del palacete, hasta que, finalmente, su ama despertó.


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¿Qué es más divertido que matar a un bebé en una batidora?

Matarlo con la tapa abierta.

Elliot

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El tiempo pasa con una rapidez que a Elliot se le antoja demasiado fugaz, no parece mas de lo que tardan en batir unas alas, de lo que tarda en caer una gota de sangre... aunque a decir verdad mas de una gota ha caido.

Vacuum anunció que se iba a los mundos vinculados y, por muchas que fueron las suplicas de Elliot para que se quedase, éste se marchó, prometiendo volver sano y salvo y dejándola con Cain, en quien se refugió los primeros dias, aun con el sentimiento de resquemor por la disputa causada por el Incubo, pero al no volver a aparecer éste, se le pasó en poco tiempo.

Las cosas habían cambiado en el burdel. Su casa, su refugio, habia dejado de serlo y había quedado reducido a su habitación, pues despues de que Cain abriese el local al público, siempre había algun intruso en él, perturbando la tranquilidad de la chica. Los largos baños en las termas y sus tardes tumbada en el salón entre cojines habían pasado a mejor vida, pero por suerte, ella estaba demasiado centrada en otras cosas.

Con el transcurso de los días, Elliot cada vez pasaba menos tiempo dentro del burdel, y mas en el gran anfiteatro, entrenando fieramente con Deatach que en cada sesión hacia que Elliot estirase mas y mas su fuerza y su magia hasta el punto de volver a casa tan agotada que apenas podía hacer otra cosa que fuese dormir. Su entrenamiento inicial ahora percía un juego de niños mientras saltaba de tejado en tejado, escalando paredes con armas en la mano, mientrashacía piruetas dificilmente alcanzables para un humano y medía la fuerza de sus brazos con la de las zarpas del Dragón. Mas de una vez notaba que ni su poder de regeneracion era suficiente para paliar los daños y tenia que recurrir a hechizos de curación.

El dragón era cariñoso y bueno con Elliot por lo general, pero una vez que comenzaba el entrenamiento, no paraba hasta ver a la chica tirada en el suelo, incapaz de moverse. No existía la piedad ni la delicadeza. "Un enemigo no parará porque estes cansada" decía Deatach y realmente Elliot se lo agradecía. Las primeras heridas que el dragón le hizo en los entrenamientos le habían sentado muy mal, por lo que inmediatamente despues había comenzado a soltar estocadas y ataques llenos de ira sin ningun control. Se volvía una presa fácil y, como duelo a su orgullo, el dragón le vencía con aun mas sencillez. Pero finalmente había aprendido a controlarse durante la lucha y, aunque la rabia seguia inundando cada milimetro de su cuerpo, no entorpecía sus movimientos, perfectamente milimetrados, elegantes y letales, ni enturbaba su juicio. El fuego seguía ardiendo en su interior durante la batalla, pero ahora no le quemaba sino que se alimentaba de él.

Las armas se habían convertido en una extensión de ella misma, manejándolas mejor que sus propias manos, con tantas técnicas y estilos, con tantos movimientos y artimañas que cuando luchaba parecía que bailaba con ellas, combinando su propio cuerpo y su fuerza con sus juguetitos.

Pero su propio cuerpo se había convertido en un arma. La chica había aprendido a deslizarse por la ciudad con un sigilo y una rapidez increibles, siendo capaz de saltar de edificio en edificio, de esconderse tras las sombras y de fundirse con los muros, como si Rocavarancolia y ella fuesen una sola. El dragón había hecho que se pasease por toda la ciudad sin dejarle poner un solo pie en el suelo.

Pero su entrenamiento no se había reducido a eso. Tras algo mas de un mes, el dragón decidió que ya era hora de poner en práctica esos conocimientos.

El primer mundo vinculado que visitó fue Varmania. Tuvo especial cuidado en que nadie les viese mientras sobrevolaba a lomos del dragon el mundo hasta llegar a una casa aisladas cercana a los bosques. Se refugió entre los árboles, esperando a sus presas, como si no fuese mas que un animal, un depredador hambriento. Cuando vio a los dos cazadores saltó de la rama, en un gesto bastante teatrál, mientras un gigantesco aro negro, cubierto de cuchillas se formaba entre sus manos. Durante los entrenamientos había acabado cogiendole bastante cariño a ese arma por su aire fantasioso, su dramatismo y, sobre todo, su facilidad para realizar el cometido: cortar cabezas.

Le resultó hasta aburrido matar al primero. En un principio dejó que tratara de defenderse, pero finalmente acabó dandole una muerte rápida, notando como se hinchaba de poder. Pero se le había escapado un detalle. El otro cazador era apenas un niño de diez años y, en el segundo de duda que paralizó a Elliot, el niño había salido a correr hacia la casa, gritando y advirtiendo de su presencia.

Sabía que no había opción. No podía dejar que supiesen de su presencia. Andó despacio hacia allí, riñendose a si misma por haber sido tan tonta y no haberle matado a la primera. Cuando llegó a la casa, dentro una de las mujeres gato, la esperaba con un cuchillo en la mano y cubriendo al niño tras de si con un gesto de horror que derretiría el hielo. Pero esta vez se recordó a si misma que la compasión solo traeria mayores problemas y mas dolor. Dos cabezas rodaron por el suelo en apenas unos segundos, sin mas sufrimiento que el de ver acabadas sus vidas.

Mujeres, niños, ancianos, padres de familia, ladrones, asesinos... Elliot ya no hacía distinciones. En sus excursiones a los mundos vinculados, cualquier persona que fuese sola y cayese en sus manos era una buena presa sin importar lo poco etico que pudiese ser. "Una vida es una vida, y vale lo mismo la del asesino que mata que la del niño que juega o el anciano que agoniza" Pensaba Elliot.

El numero de muertos a sus espaldas comenzaba a ascender vertiginosamente, y el poder que obtenía con cada uno de esos asesinatos (pues no eran otra cosa que asesinatos a sangre fría) lo utilizaba para entrenar mas aun. Consiguió dominar la telepatía hasta el punto de poder comunicarse perfectamente y enviar justo la informacion que ella deseaba. Pero no solo hizo eso, aprendió algunas nociones básicas de como impedir que alguien pudiese leer su mente e incluso consiguió provocar dolor con solo quererlo. También desarrollo otra especialidad, la defensa contra la magia. Contrahechizos y magia de protección, para poder librarse de los ataques mas débiles y suavizar aquellos mas fuertes.

Su relación con el dragón habia llegado a ser completamente intima a ese punto, de modo que compartian cualquier tipo de pensamiento por muy desagradable o molesto que fuese. Elliot podía montar sobre el dragon de cualquier forma posible, habian aprendido a luchar y pensar como si fuesen uno solo.

Elliot practicamente habia olvidado su vida anterior. Había olvidado que una vez fue humana, que una vez tuvo familia mas alla de Cain y Vacuum, que una vez fue solo una niña pequeña e indefensa. Progresivamente, la ciudad la había hecho suya, y sin duda, Elliot no había puesto resistencia a ello...



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Me haré una cama con tus huesos, Invitado, Muajajaj!


Taceant Colloquia.
Effugiat risus.
Hic locus est ubi mors gaudet succurrere vitae.

¡Superpor la aceptación, la integración y los derechy'x Frivy's!

Spoiler:




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