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1ª Incursión de Azura, Noel, Gael, Giz y Nia:Nubla

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Alicia

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Recuerdo del primer mensaje :

Acompañada por sus amigos y la chica medusa, Azura salió al fin, dispuesta a cruzar, después de más de un año confinada en la ciudad, el portal hacia otro mundo. Persistía el cosquilleo a la altura del pecho, el nerviosismo y la actividad que se había apoderado del grupo después de comer; tanto, que casi sin notarlo, caminaban anormalmente rápido. No tardaron apenas en encontrarse frente al que custodiaba el portal, que los miró reacio ante un grupo tan numeroso. Les preguntó sus planes, que ella contestó, adelantandose a las palabras de sus compañeros, de manera parca, y a la vez apremiante. No tenía tiempo que perder con trámites que ni si quiera interesaban al que hacía las preguntas.
Respecto a su sospecha acerca de la naturaleza del condimento que tan alegremente habían echado en su almuerzo, había quedado desplazada y olvidada, porque Azura estaba muy ocupada urdiendo planes con los que desenmascarar a un ladrón suficientemente hábil. Aun no había dicho nada de esto a los demás.
Les colocaron unos brazaletes para localizarlos, y ella se dejó hacer cada vez más nerviosa.
Salieron en mitad de una extensión de campo, donde la pradera verde, cubierta de hierba esponjosa por recientes lluvias, se perdía en el horizonte. El cielo estaba encapotado por nubes, pero la luz se colaba grisacea por ellas. Un tipo de palidez distinta a la de Rocavarancolia, y más parecida a la de la tierra natal de Azura. En realidad, casi idéntica. Abandonando de repente la compostura, se dejó caer sobre el suelo y rodó como si hubiese olvidado la sensación de aquel suelo, queriendo abrazar a una vieja amiga perdida. Se quedó unos segundos quieta, bocarriba, mirando las nubes con placer, y con el cosquilleo y el picor que acompañan a la hierba que roza piel desnuda. Sus compañeros de viaje la miraban. Azura que no había nacido como una persona muy extrovertida, se había vuelto una desequilibrada emocional en la ciudad, y tras la transformación, era tan solo como una niña, mucho mas pasional de lo que había pretendido ser nunca. Ella se daba cuenta de esto, y no le sorprendía que sus amigos la mirasen con extrañeza porque era la primera que no estaba acostumbrada a esas reacciones. Pero empujada de nuevo por la especie de cafeína que tenía en el cuerpo, se levantó y caminó.

Azura tenía un aspecto muy cómico. Cubierta con una larga capa con capucha que había cogido de la torre, andaba a ratos lento, a ratos rápido. No podía evitar acelerar, pero luego recordaba que le apetecía saborear el momento, e iba más despacio. Por eso, rara vez iba al mismo paso que el resto.
Las primeras chozas aparecieron ante ellos, pero no quiso detenerse en ellas, sin dar ningun motivo concreto. Los ladronzuelos, los pícaros, se mueven entre la gente, porque necesitan alguien a quien robar, no aran tierra y plantan... no sé... calabazas.
Por fin llegaron a una ciudad. A la capital, algo que algunos sospecharon, pero ninguno sabía con seguridad, porque no habían caído en que necesitaban un mapa.
Las calles se sucedieron mientras ellos caminaban tratando de ser discreto. Azura se había recogido el pelo rubio y escondido. Todos los transeuntes, vestidos con ponchos coloridos, solían ser bajitos, pocos más altos que la propia Azura. El pelo negro y los ojos un poco rasgados les daba aspecto de asiáticos pálidos, excepto por los cuernos de los adultos. Azura pidió disculpas y se separó del grupo, prometiendo regresar pronto. Había repasado hechizos la noche anterior. A ella no se le acababa la fuente de magia, y aunque resultaba cansado, podía practicar durante más tiempo. Todos los hechizos eran ilusorios. Se hizo ensanchar hasta parecer un nublino más fuerte y robusto de lo normal. Y una bolsa colgaba de su capa con un tintineo de monedas que no existían. Cualquiera se vería tentado por semejante frotuna imaginaria, pero se necesitaba ser valiente para exponerse a que aquel tipo que en realidad era Azura te cogiese.
Se sentó en un banco de una concurrida plaza, y se fingió dormido. La gente la miraba con creciente curiosidad, pero como no hacía nada y parecía intimidatorio, dejaban pronto de prestar atención y se iban. No es que Azura no estuviese llamando la atención, como les había prohibido el guardia, pero como iba disfrazada, tampoco le pareció un gran crimen.
El cordon de la bolsa estaba encantado, y cuando un muchacho jovencito probó a cortarlo con un habil movimiento de cuchillo, se encontró con que el cuchillo no hacia ni cosquillas a la cuerda. Ligeramente sorprendido, se quedó quieto el tiempo justo como para que la mano de Azura lo aprisionara junto a ella. El chico cada vez más asustado la miró con ojos de horror cuando la mano grande y peluda paso a ser una delicada mano de mujer que le aferraba con igual fuerza. Azura se llevó una mano a los labios- esta todavía gruesa y varonil, porque solo la mano que sujetaba al muchacho estaba libre de la ilusión - esperando que fuese un signo universal, y el chico dejó de intentar huir. Quizás, atrapado como una mosca por la curiosidad, o por el miedo, o porque intuía la verdadera forma de su captor. Azura lo arrastró hasta un callejón oscuro, lejos del tránsito de las personas. Cuando estuvo segura de que nadie observaba, se quitó la capucha y deshizo el hechizo. El chico cayó de culo en el suelo, atónito. Azura, que había oido hablar a Jack mas de una vez con Elunin, y que también sabía más o menos sobre su primer encuentro, no le dejó tiempo a hablar y actuo con firmeza:
- Estas frente a mi, bruja escindida de Rocavarancolia, ¿que tienes que decir?
Pero el chico no tenía palabras. En cambio se arrodilló, repentinamente devoto. No temblaba como hacía la chica de Toima, y eso le gustó aun más.
- ¿como te llamas, y donde está tu familia?
- Yloh, huerfano, señora.
- Huerfano y ladrón.- esto pareció asustarlo proque pego un respingo – pero yo busco un ladrón que me sirva. A donde te llevo, si aceptas, la persona a quien debes robar es igual de temible que yo. Si eso te echa para atrás...- dejó la frase inacabada.

Poco después se unió encontró al grupo, y apareció acompañada de Yloh, que iba cabizbajo a su lado, sumiso. Sin embargo se entreveía que estaba excitado, porque apretaba los puños junto al cuerpo, como si solo la fuerza de voluntad le impidiese dar saltos o montar un numerito. Pero en general, resultaba muy discreto.
- Yo he hecho lo que vine a hacer – informó resuelta. Por dentro, un gran peso se le había quitado, y sustituido solo por una vaga duda de si se habría equivocado. Volvía a llevar la capucha calada casi hasta la nariz.- Os acompaño a donde querais. Este es Yloh, por cierto.

El chico miró con cara de haber sido golpeado con una sartén en la cara, aparentemente, su nueva señora le concedía el honor de ser presentado a sus semejantes. Otro quizás habría hecho una gran reverencia, pero como había sido advertido, inclinó la cabeza y no pronunció palabra. Luego se llevó una mano al pelo, y retorció un corto mechón, pensativo.



Última edición por Alicia el 05/07/12, 04:02 pm, editado 1 vez


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Giniroryu


GM
Tras presentarnos todos a Yloh y cuando Nia se separó del grupo, alcé el vuelo. El clima de Nubla era agradable, al menos en este día y disfrute durante unos segundos de la brisa en el rostro. Sin embargo poco duró el momento de paz; un gran estruendo sonó en la ciudad, gente aplaudiendo y gritando. Bajé a tierra y pregunté a mis amigos que habían estado mirando a un punto en el cielo a mis espaldas. Por lo visto algo había caído muy cerca de donde nos encontrábamos, como un trozo de meteorito o algo similar. Iba a comentar algo pero Giz ya había empezado a correr hacia el lugar donde lo había visto caer. Azura se encargó del problema de nuestra apariencia y, sin pensarlo más, eché también a correr tras Giz y los demás.

El lugar se encontraba al otro lado de la ciudad, pero esta no era especialmente grande así que no tardamos mucho en llegar. Fue fácil dar con él: todos los nublinos se habían congregado allí atraídos como moscas a la miel. Probablemente podríamos haber ido al descubierto y no se habrían fijado en nosotros: parecían sumamente entusiasmados y enfervecidos por lo que acababa de ocurrir. Si no fuera por mi altura, o más bien la carencia de esta de los nublinos, no habría podido distinguir que estaban mirando con tanta expectación debido a la aglomeración que había alrededor del objeto en cuestión.

Se trataba de un trozo de roca de considerables dimensiones. A simple vista no parecía tener nada de especial.
-¿Qué será eso? -pregunté a mis compañeros en un tono de voz moderado-. Para los frikis de Rocavarancolia estos parece ser algo muy importante.
Lo cierto era que sentía bastante curiosidad. Si los nublinos actuaban de este modo, ¿se trataba de algo relacionado con Rocavarancolia? Todo parecía indicar que sí, pero no podía imaginar de que se trataba.

Sepalian Xila


Unos nublinos se acercaron a la roca. Eran gente de cuernos muy pequeños y vestidos con ponchos muy poco decorados en su mayoría. Parecían serios. Una mujer señaló un extremo de la roca, y algunos de sus acompañantes asintieron y se colocaron a distancia para medirla. Uno de los integrantes de aquel raro equipo llevaba consigo un trozo de papel sobre una tabla de madera, y empezó a dibujar algunos signos.
-Tres tarnaes con dos -dijo. Los nublinos con ponchos austeros sonrieron. Aquel fragmento tenía un tamaño superior al que Necir había dicho que necesitaría.
La multitud aplaudió discretamente ante el no tan espectacular trabajo de medición. Luego, algunos nublinos bastante robustos comenzaron a picar en la piedra símbolos que copiaban de unos papeles que los medidores les mostraban. De vez en cuando les corregían si no hacían bien la proporción.
"¿Pretendes que con esa línea cale bien el hechizo para pulir la forma?"
"No, no, ese punto va a cero con treinta y seis rotaciones del círculo, no a cero con cuarenta y cinco. Así, así mejor."
"No piques tan superficialmente, así el hechizo no calará bien. Pero tampoco te pases tanto, así se va a agrietar. Ahora sí, ¿ves?"
Algunos espectadores ya habían vuelto a su rutina, aunque ancianos desocupados y niños observaban la preparación de la piedra. Pronto, los esbozos de cinco grandes símbolos que parecían ser mucho más complejos, empezaron a tomar forma bajo los cinceles de los obreros y los carboncillos de los medidores.

Leonart


Nia

La niña llevaba más de doce nublinos testados con su cura. Estaba logrando grandes resultados, y solo uno habia sufrido convulsiones y otro una grave urticaria por todo el cuerpo, debido a que probablemente, era alérgico a la cura. Finalmente, encontró a la que seria su ultima prueba, una mujer con una bolsa a su espalda. Nia, repitiendo el mismo proceso, picó a lo largo de su cabeza y cuello hasta que cayó inconsciente al suelo. Preparó el ungüento. Y justo cuando se lo iba a aplicar a la mujer, escuchó un pequeño sonido, apagado. Parpadeó varias veces como si pensase que hubiera sido su imaginación, pero el sonido se repitió una vez más. Eran las carcajadas de un bebe.
Lentamente, abrió la bolsa que estaba a la espalda de la mujer. Un bebé extendió sus brazos mientras babeaba, feliz, viendo como la bolsa se habia abierto sola, pues Nia era invisible. Un ligero color aparecio en los carrillos de la niña mientras se sonrojaba. Nia alzó la cabeza mirando en todas direcciones, comprobando que no habia nadie, y deshizo el hechizo de invisibilidad apareciendo súbitamente ante el bebé.
-¡BU!-dijo haciéndole dar un respingo mientras ponía una cara de sorpresa expresiva solo como los bebes saben hacer. El bebé se quedó mirando a la ulterana como sin saber si estaba asustado o no y finalmente rompió a llorar.
Nia dio un respingo pues no se esperaba aquello. El bebé probablemente la delataria. Alarmada y mirando en todas direcciones se giró hacia el bebe llevándose un dedo a los labios.
-¡¡SHHHHH!! ¡Qué te van a oír!-
Pero el bebé no callaba. Nia se mordió el labio y le tapó la boca con sus manos que empezaron a brillar por la bioluz, debido al pánico en que se encontraba. El bebé se fue callando a medida que la luz de la niña fue aumentando. Viendo que eso le hacia callar, probó a encender su bioluz a diferentes ritmos y colores, cosa que hizo chillar al bebé de emoción, tirando de las manos de Nia, con ganas de palmear las luces, como si fueran botones.
-Ya va... Ya va...-decía Nia, fascinado con el bebé. Nunca habia visto uno de cerca y le parecían muy monos y adorables, claro está que Nia no sabia todo el trabajo que suponían. Cuando se acercó para que viera las luces de sus brazos, el traicionero bebé comenzó a tirarle de un mechón, cosa que a un humano, puede dolerle más o menos, pero a un ulterano, era bastante doloroso tirar del pelo así porque si, sobretodo cuando era tan delicado como el de Nia. La chica abrió los ojos con dolor e intentó, sin éxito separar la mano rechoncha del bebé de su pelo, que encima, el infante se divertía tirando de él. Nia no podía aguantar aquel maltrato así que rápidamente le tocó la frente al pequeño y, con una caricia y un hechizo, le dejó durmiendo plácidamente en la bolsa.
La niña retrocedió con una lágrima en el ojo, agarrando su maltratado mechón. Y finalmente, cerró la bolsa. Curó las heridas a la madre y le dio el antídoto. Pronto se despertaría. Nia volvió a lanzar el hechizo de invisibilidad y remontó el aire, intentando buscar al grupo, pero no encontró a simple vista de pájaro a nadie. Miró una ultima vez a su mechón de pelo, que estaba retorcido en zig-zag y para nada liso. Aguantó un último lloriqueo y vio como un grupo grande de nublinos se habia reunido entorno a una roca enorme.
Quizás ahí encontrase al grupo. Mientras se acercaba al lugar, sacó su cuaderno y anotó lo malo que era dejar que un bebé se acercase mucho a su pelo. Finalmente, comprobó como el grupo de encapuchados se encontraba en el lugar, pero no muy cerca de la roca o de los operarios. Nia sonrió, mientras su lado travieso se puso en acción. Aún invisible, comenzó a robar utensilios y herramientas que estaban usando los trabajadores, haciendo tropezar a alguno de ellos, o simplemente distrayéndoles, todo ello conteniendo la risa.

Sepalian Xila


Dama Liviana no raptaba nublinos por su fidelidad. Tampoc por su fuerza, qué tontería hubiera sido hacerlo por esa razón. Y mucho menos por su diligencia. Raptaba nublinos porque tenían el sistema digestivo igual que ella.
Qué fácil era perder a uno en un bosque -o lejos de algún camino- e interpretar el espectáculo de que lo estaba cosechando. Siempre lejos de Varanublia, lejos de lo delicado. Cuando raptaba, lo hacía en lugares diferentes y normalmente cerca de las montañas para que pudieran culpar a los uroks.
Pero aquella vez sí que fue a la capital. Disfrazada con ropas normales, era indistinguible del resto de la población. Le disgustaba tener que pisar el suelo, pero quería comprobar de primera mano la naturaleza de los hechizos de Necir. Caminó hacia los tres fragmentos que ya debían haber descendido cruzando la ciudad. Era extraño el ambiente de la población. Los nublinos parecían preocupados. No era raro que a veces lo estuvieran por los problemas de convivencia que su ciudad inexperta solía suponerles. Pero generalmente se sentían orgullosos y energéticos en su "nueva Rocavarancolia".
"Pobres. Menos mal que a mí nunca se me pegó su tontería". Dama Liviana se estaba mintiendo. "Bueno, al menos nunca se me pegó por completo". La bruja cruzó los brazos. Aquella ciudad era como una derrota vergonzosa para ella. Toda su juventud escuchando como tonta los relatos de aquel despropósito y admirando al idiota de Necir. "De todas formas, no se puede culpar a una ignorante niña del Norte de creer las falsas promesas de Brinael. Brinael, ¿cómo pudiste atreverte, rata venida a más? Una concubina fanática no puede guiar a un pueblo. Ni si quiera es capaz de gastar ella sola su energía mágica regalada.".
Al llegar a los fragmentos de lunas, trató de ignorar el olor a quemado. A pesar del clima húmedo de aquella zona del planeta, nadie podía librarse de los incendios eternamente. Así que no le dio mucha importancia. Abrió discretamente un frasco diminuto del que voló un polvo detector. Lo prefería a los hechizos normales porque, a pesar de tardar más en elaborarse, consumían menos energía y podía utilizarlos repetidas veces si guardaba todos los restos con sus manos de brisa.
Lo normal. Impulsores que lanzaban los hechizos puestos a las personas que encontraban, con prioridad entre los que más esencia tenían. Necir había retocado un poco los hechizos para hacerlos pensar en orgánico, y había aguzado el criterio de éstos. Pero poco más. Un engaño solamente. Como un truco de ilusionista, eso era lo que reposaba en las piedras. Y ni si quiera completo. En la más antigua había tristes intentos de potenciar la magia. Podía verse que eran como garabatos, escritos y borrados y vueltos a escribir con cambios y luego vueltos a borrar porque Necir no tenía ni idea de cómo crear hechiceros. De hecho, tendría suerte si conseguía que aquella obra llegara a convertir a alguien en una rana.
Dama Liviana siguió escrutando y no vi ni rastro de ningún intento de potenciador de esencia. Nada de nada porque ningún nigromante había conseguido hacer algo así. A la bruja le constaba de intentos fallidos de transplantarla, pero desde los hermanos fundadores, nadie había conseguido amplificarla. Sin duda aquellos primeros hechizos eran una declaración de impotencia. ¿Lo sabría Brinael?
"Me apuesto lo que sea a que no le hace ni caso a Necir"
Dama Liviana ya había visto bastante, y le hubiera hecho gracia de no ser porque ya había dejado de hacerle gracia. Así que volvió a internarse en la ciudad.
La luz de las lámparas iluminaba bien las anchas calles expuestas. La bruja iba a preguntar a alguien cuando olió a plata vieja. Probablemente fuera el hechizo de Necir al descender, pero se concentraba en un banco de la plaza en la que se encontraba. La brisa le trajo el conocido aroma y pudo ver bien el rastro. Lo siguió, esperando encontrarse tarde o temprano con la torre de los líderes, pero sin embargo le llevó lejos del centro. Cruzando por la ciudad detectó un nuevo efluvio. Era una esencia vegetal, química. Con un algo de alcohol y parte de salitre. Tenía el olor molesto de lo que no es alimento natural pero tampoco mata. El olor de los medicamentos. Eso era muy extraño. Los nublinos no tenían ni idea de medicamentos más allá de remedios ridículamente caseros. Aquello era demasiado sofisticado, sin embargo. Con un presentimiento de sospecha, siguió al olor hacia una colina fuera de la ciudad donde se olía la plata vieja con mucha más claridad en comparación.
A la luz de la noche no le fue difícil distinguir el extraño grupo de encapuchados. Eran rocavarancoleses. ¿Pero por qué tantos? La bruja se deshizo la trenza del pelo dejando sus cintas libres a la brisa y su pelo pareció ganar tamaño. Levitó sin quitarse la ropa normal, pero mantuvo su pose digna.
-Soy dama Liviana, la alquimista mayor del reino. Quiero saber qué hacéis aquí y por qué habéis apestado toda Varanublia de magia.

Yber


GM
Al ver que los nublinos comienzan a medir la roca y tallarla con símbolos y runas mágicas, mi atención se focalizó casi en su totalidad en ellos. Incluso cuando la mayoría de ciudadanos ya se habían aburrido de mirar, yo seguía atento. Me había preguntado si habría alguna manera de sonsacarles la información, pero no estaba seguro de saber un hechizo que lo hiciera de forma pacífica y poco llamativa.

Después de que haya caído el sol, mientras continuamos varados en el mismo sitio, una mujer se nos acerca. Se suelta la larga melena al aire y, al tiempo que echa a levitar, nos pregunta con un tono entre digno y borde el por qué de haber apestado la ciudad con magia. << Pues ya podría estar así de apestada siempre... >>. Abro la gola como respuesta a mi propio pensamiento.

-¿Qué es lo que está ocurriendo aquí?-pregunto a la alquimista en un tono inocentemente curioso, obviando darle una respuesta a su anterior pregunta. Si algo tengo (o creo tener) claro, es que esta mujer no quiere saber el motivo de la magia, sino el motivo por el que estamos en Nubla y yo tampoco tengo un motivo importante, más allá de acompañar a mis amigos-¿Es alguna ceremonia típica de los Nublinos? Oh, por cierto. Yo soy Giz, encantado-improviso tras recordar fugazmente ciertas normas de cortesía.



Última edición por Giz el 13/07/12, 06:11 pm, editado 1 vez

Sepalian Xila

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Dama Liviana suspiró y se llevó una mano a la frente. Luego descendió un poco y le hizo una discreta reverencia en el aire al goliat.
-Encantada, Giz. Y no, no es muy típico de los nublinos que hagan esta clase de cosas. Lo sé porque vengo de aquí. Lo que están haciendo es tratar de imitar Rocavaragálago porque echan de menos Rocavarancolia. Esas piedras son de tres de las lunas de aquí. No tienen valor mágico en absoluto, pero Necir trata de otorgárselo. El pobre no tiene ni idea y esto va a ser una penosa farsa. Tendrá suerte si algún varanublino se transforma en rana. Sin embargo, todo esto le va a servir muy bien a nuestra ciudad. Cuando estén todos desesperados por su fracaso, llegaremos nosotros y nos adorarán más que nunca. Tendremos un planeta entero lleno de fanáticos. Débiles e indolentes, pero fanáticos. Y con bastante esencia. Sin embargo, no conviene desenvolver la sorpresa de nuestra aparición demasiado pronto, ¿no creéis?


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Alicia

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Azura observó a la que se había presentado como Dama Liviana. La sorpresa por su aparición y la manera en que se había presentado, había evitado que diera una respuesta inmediata. Ahora en cambio dijo, a su siguiente pregunta:
- No pretendíamos llamar la atención. - Yloh miraba la piedra con el mismo respeto que a sus recién adquiridos dioses, pero perdió interés cuando Dama Liviana dijo que era una farsa. Su boca se frunció con desaprobación. Azura, de forma instintiva quiso ocultarlo, y lo agarró y acercó a ella, rehuyendo la mirada de la mujer. No sabía que opinión podría tener de que Azura fuese por ahí raptando niños.- Hemos venido a dar una vuelta.- agarrando la muñeca de Yloh como un cepo, sonaba un poco falso.- Nada más.
-Probablemente, no nos quedemos mucho más.- añadió vagamente.


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Giniroryu

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GM
Observamos con cierta perplejidad, al menos por mi parte, el despliegue de trabajo alrededor del trozo de roca. La multitud termina perdiendo el interés ante lo aburrido de las tareas más complejas y despejan el lugar. De pronto veo, al principio con gran extrañeza, como a algunos nublinos las herramientas se les escapan inexplicablemente de las manos y salen volando. Pronto recuerdo que la invisibilidad era una de las habilidades de Nia y me río internamente mientras veo como otros tantos tropiezan y se sienten desconcertados por los "suecesos paranormales" a su alrededor. Sin embargo, mi atención vuelve a cambiar nuevamente, pues una mujer de pelo largo se nos acerca levitando y nos habla. Giz y Azura dan unas explicaciones muy escuetas a sus preguntas. Azura no parece querer revelar el motivo por el que estamos realmente aquí, supongo que temerá que el consejo, pues sin duda esta mujer pertenece a él, no vea con buenos ojos el "tráfico" de nublinos. Sin embargo yo no creía que hubiese ningún problema, estaba seguro de que Elunin y Tania no habrían pasado desapercibido al consejo de Rocavarancolia. Por lo poco que sabía de él, estaba convencido de que pocas cosas sucedían en la ciudad que no llegase a su conocimiento.

-Yo soy Noel, encantado -le digo a Dama Liviana-. Tan sólo hemos utilizado magia para ocultar nuestra presencia aquí, estamos siendo discretos... bueno, tal vez nuestra amiga se haya excedido un poco con las bromas -comento lanzando una rápida mirada a los nublinos desconcertados.
Esuché atentamente lo que nos contó acerca del suceso que acabábamos de presenciar. Así que aquello era un trozo de luna. Ahora comprendía el entusiasmo de los nublinos: esperaban ser bendecidos por estos fragmentos como si de la Luna Roja en Rocavarancolia se tratase. El asunto de los "fanáticos" de Rocavarancolia no era santo de mi devoción, pero claro, sin duda se podrían sacar numerosas cosechas de nublinos manteniéndolos de esta forma y eso era beneficioso para la ciudad. No podía decir que me gustasen todos los métodos que utilizaba Rocavarancolia para conseguir sus propósitos, ni siquiera entendía para que propósito servían algunas cosas.
-Los nublinos son demasiado fanáticos para su propio bien -comenté sin poder evitarlo-. ¿Has dicho que tú eras nublina, verdad? ¿Por qué los nublinos sois tan fanáticos y sumisos? ¿Es que no hay ninguno con el valor suficiente como para odiar todo lo relacionado con Rocavarancolia? -pregunté con vehemencia mientras daba un par de pasos hacia delante.
De pronto me detuve, pues me di cuenta de con quién estaba hablando. Agaché la cabeza ligeramente, pero la volví a alzar esperando alguna respuesta, nervioso. ¿Había sido demasiado temerario haciendo ese tipo de preguntas a un miembro del consejo? Tampoco es que hubiese expresado mi disgusto hacia las acciones de Rocavarancolia en voz alta, pero quizás debí haberme callado. << No, callarme siempre me convertiría en lo mismo que los nublinos >>, pensé con determinación.

Leonart

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Nia
La náyade le quitó el cincel a uno de los operarios que, sorprendido, manoteó el aire para agarrar la herramienta flotante, Nia vacilándole, haciéndole creer que el cincel tenia vida propia. Sin embargo, un nublino chocó con ella por detrás, ya que literalmente, no la vio y el cincel calló al suelo. Por una décima de segundo, el hechizo flaqueó y el nublino reconoció la figura de la Náyade. Incrédulo, parpadeó un par de veces y dirigió su mano hacia el lugar donde habia visto a la niña.
Nia se aguantó un pequeño gritito y rodó por el suelo, esquivando por los pelos al nublino. Un supervisor comenzó a gritarle y este volvió al trabajo con una mirada que era un cuadro de perplejidad. Nia suspiró y se alzó, ya que ponerse de pie no podía. Rió un poco por lo bajo y se giró al grupo. Vio como una mujer ajena se les habia unido, y, por su reacción, no era de ahí. El instinto de Nia le dijo que no tenia cara de buenos amigos, pero que tampoco parecía una persona mala. Nia habia visto muchas personas así a lo largo de su vida. Personas serias. Un escalofrío recorrió su espalda. Se habia cansado de jugar con los operarios y se acercó flotando al grupo, pensando una nueva travesura.
Plantándose de cara a la mujer, se frotaba la barbilla, preguntándose si esta la podría ver. Su hechizo solo fallaba cuando la luz rebotaba en un espejo, pues aún no habia practicado lo suficiente aquello, ya que los rayos de luz tomaban ángulos dispares y le costaba a Nia, pero no parecía portar ningún espejo ni ella se reflejaba en nada así que sacó su lengua, con una broma en mente, pero antes, sacudió la mano frente a su cara, para estar segura que no la veia.


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TFW le pones dos velas a la Virgen pa que os saque de aquí pero a un ingrato le da por ser ateo
Spoiler:

Sepalian Xila

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-Ya, pero tantas desapariciones, y precisamente en la capital, resultan un poco sospechosas, ¿no crees? -dama Liviana había cruzado los brazos y entrecerrado sus ojos rasgados de nublina. Trataba de parecer educada pero no le estaba resultando fácil por lo que decía- No puedo culparos porque el Consejo ha sido demasiado hermético con su plan. Pero también hemos pedido discreción. Y la discreción es a dos niveles. Uno es que no te pillen. Otro es que no sospechen de lo que has robado. Muchas veces se olvida el segundo.
Cuando Noel le preguntó, puso gesto de cansancio. No era la primera vez que la habían molestado con prejuicios.
-Y si tú eres terrícola, ¿por qué no sueñas con tener una de esas "empresas" que talan árboles para hacer con ellos papel de dinero? Creo que eso era lo que hacían, pero es igual. ¿Y no admiras a esa gente que sale en esas "teles" que tenéis? Pues eso.
Al percibir la brisa la presencia de la náyade, dama Liviana atrapó la mano de Nia enfadada.
-¿Piensas que dependo exclusivamente de la luz para ver? -estaba mordiéndose el labio con fuerza para no estallar. No pudo evitar hacer más presión sobre la muñeca de la ulterana, pero se contuvo y la soltó, no sin apretar los puños después.
-Como iba diciendo -explicó apretando los dientes-, a la ciudad le conviene que los nublinos terminen su Varanubliagálago por sí mismos y fracasen. Porque van a fracasar, podéis estar seguros. Pero si de repente ven herramientas voladoras y gente desapareciendo, pensarán que nosotros hemos saboteado Varanubliagálago. Y en vez de adorarnos, nos guardarán rencor. ¿Y qué nos conviene más? Me parece que está bastante claro.


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Giniroryu

avatar
GM
La respuesta de Dama Liviana me cogió por sorpresa. Venía a decir que estaba prejuzgando a los nublinos.
-¡No! No es eso... Es sólo que no he visto a ningún nublino actuar de otra manera, y este despliegue de entusiasmo -dije mirando a mi alrededor- frente a ese fragmento de luna... No sé, es tan sólo que me gustaría conocer a un nublino diferente al resto -suspiré brevemente-. Lo siento si te he ofendido, no era mi intención. En cualquier caso, gracias por explicarnos la situación -finalicé con cierto tono de desánimo.

Dama Liviana había hecho una tajante alusión a las acciones de Nia y esta, que de pronto se hizo visible de nuevo, se apresuró en ponerse la capucha -al hacerlo pude notar que uno de los tentáculos que tenía como pelo se había quedado tieso de forma extraña- con el rostro reflejando temor y, sin pronunciar palabra, se hizo lo más "invisible" sin magia que pudo ocultándose detrás de nosotros. Sonreí ligeramente reprimiendo una pequeña carcajada ante el repentino cambio en el comportamiento de Nia.

Sepalian Xila

avatar
Dama Liviana trató de quitarle tensión a su expresión. Para uno en el grupo que parecía medio discreto, no quería hacerle sentir tanta culpa.
-Los hay, pero es muy difícil encontrarlos. En realidad aquí es más difícil encontrarlos que en la Tierra, porque con vuestras culturas nuevas, cualquiera puede decir cualquier cosa. Sin embargo, aquí, quien critique a Rocavarancolia o tache a los demás de fanáticos, lo pasa muy mal. Yo antes era bastante así. Tuve mis dudas, pero debo admitir que yo era muy así.
La bruja quedó un instante en silencio.
-Tú, náyade. Te gusta la alquimia, ¿verdad? Pues vamos a intoxicar a la ciudad entera con un inhibidor de la sospecha. Necir se enteraría si usáramos magia. ¡Venga, vamos! Tenemos prisa antes de que las desapariciones y sucesos extraños hayan calado demasiado hondo.
La alquimista hizo aparecer un símbolo en su muñeca y dirigió la boca hacia él.
-Doce, necesito que mandes a uno de tus hijos con los ingredientes que dejé en la habitación del castillo. Y pídele a Sepalian una de sus flores de yeebaranerg. Dile que es por el bien del reino si se queja. Y rápido, tengo mucha prisa. No voy a darte explicaciones pero te lo pagaré. En serio.
Dama Liviana alzó la cabeza.
-Os estoy salvando de la "reprimenda" del rey. Estaréis contentos, ¿no?


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Jack

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Deslizándome por las calles, volví a las afueras de la capital, donde antes detecté los rastros, y desde ahí lo seguí hasta que uno se separaba del grupo completo. Pero al mismo tiempo, un nublino se unió al grupo. <<< Así que han venido a por uno de estos? ¿Uno para cada o...? A ver, sigamos... >>>

Así pues, sigo al grupo dejando el otro de lado, y acabo llegando a donde estuviera la multitud contemplando la espectacular caída del tercer fragmento. Allí fue casi imposible dar con el grupo, así que me encaramé a una torre y, en forma de humo siempre, ascendí para tener una mejor panorámica.

Escudriñando la noche, de pronto un grupito llama mi atención, apartados de los nublinos y en ropas oscuras. Me acerco descendiendo en diagonal hasta que la visión de Dama Liviana me detiene en el aire, pero acabo bajando al suelo por si acaso, y me encamino hacia el grupo aún en forma de humo. Pero cuando escucho la conversación, todo lo que haya sentido al prender el fuego anterior, se desploma con las palabras de Dama Liviana.

Entonces es cuando, tras hablar con Nia, me materializo y saludo
-¿Buenas?-no trato de ser amable, <<< si estos han llamado la atención, ¿yo? Pfff >>>


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Die wahre Macht, die uns beherrscht, ist die schädliche, unendliche, verzehrende, zerstörende, unstillbare Gier...
Spoiler:
El verdadero Poder que nos controla es la vergonzosa, interminable, desgastante, destructiva e insaciable Sed...

Compis de Sinceridad:
De momento, estos son los deseos/nombres que Sinceridad coloca a sus compis:
Sox= Chamán
Nadzieja = Silencio
Mónica = SinGritos
Tay = Directo
Eorlir = Mapa
Ina = Tímida
Eriel = Fanático 1
Barael = Fanático 2
Dafne = Cría
Lorenzo = Enrevesado
Sakrilt = Sakosa
Siete = Dudoso
Rádar = Callado/Carabés
Fahran = Madura

Warning: estos nombres están sujetos a cambios según el parecer de Sinceridad.

Yber

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GM
Observo el intento fallido de broma o susto por parte de Nia a la alquimista. No me ha costado mucho advertir el hechizo de invisibilidad conforme se acercaba, pero siempre es mejor mantener la boca cerrada. Incluso ahora mismo, que me muero de ganas por hacer preguntas sobre todo lo que ocurre aquí a Dama Liviana. Pero esta no me acaba de inspirar confianza. De hecho, después de hablarse a la muñeca, comunicandose con alguien que supongo sería del consejo, nos explica que va a limpiar nuestro rastro de magia y trato de responderle de la manera más educada posible.

-Lo estamos, Dama Liviana. Gracias-en realidad ni me va ni me viene, pero eso es otra historia. Poco después aparece Jack- ¡Hombre!, ¿tú por aquí?-le pregunto sorprendido. Tenía la idea de que andaría por Rocavarancolia, pero veo que no- ¿Nos queda algo por hacer todavía?-pregunto con curiosidad al grupo. No me apetece quedarme quieto, la presencia de la alquimista me pone nervioso, y si nos tenemos que quedar un rato más, me gustaría echar un mejor vistazo al lugar. Seguro que es una ciudad interesante, a pesar de la obsesión que todos con los rocavarancoleses y las lunas.


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No llores por no poder ver tu pierna,
las lágrimas te impedirán ver los cadáveres de tus amigos.

Sepalian Xila

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-Vaya, Jack, así que tú también. No me dirás que has estado alimentándote de gente de Varanublia, ¿no? -esbozó una sonrisa que se torció al notar un efluvio de olor a quemado en la ropa del vampiro- Oh, mierda. ¿Pero qué te han hecho estos pobres idiotas? Menos mal que he llegado a tiempo. Os estoy salvando el culo a todos, que os quede bien claro -dijo señalándolos con el dedo.
Fue entonces cuando llegó la creación de Doce. Dando un rodeo para no acercarse a la ciudad, la cómoda con alas de abanicos aterrizó en un pequeño bosque cerca de allí.
-Vamos, corred -dijo la bruja-. No vamos a desplegar el equipo de alquimia aquí, ¿verdad? -se volvió a llevar la muñeca a la boca- Gracias, Doce, te debo una. ¿Qué ha dicho Sepalian? Vale, perfecto, menos mal que a ti te cree más que a mí.
Dama Liviana flotó junto con el grupo hacia el pequeño bosque. Estaba muy cubierto de musgo, y sobre una roca les aguardaba la cómoda con alas de abanico. La alquimista sacó un cubo muy alto de metal y unas piezas de carbón naranja. Las colocó en un compartimento en el fondo del cubo y las puso a arder. Era como un raro caldero en forma de jarrón.
-Giz, ¿ves esa planta? Pues corta piezas que contengan exactamente la misma magia que se emplea para lanzar el hechizo de consunción moderado de Radilan tres veces y media. Supongo que lo conoces, ¿no? Es muy famoso -luego se dirigió a Nia-. Náyade, necesito cuatro volúmenes zecarpinos de suero variado de quinto grado mezclado a partes iguales con elixir mineral número II. No lo calientes ni la manosees demasiado. Luego hacemos la filtración de Nataran y entonces sí que hay que ponero a calentar.


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Leonart

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Nia
La ulterana actuó asustandose cuando la mujer la agarró de la muñeca y comenzó a apretarla. Pero en cuanto se la soltó, se echó la capucha por encima de la cabeza y se integró silenciosamente en el grupo tratando desesperadamente de peinar su tentáculo torcido.
No fue hasta intercambiar un par de palabras con los demás cuando la mujer se volvió a dirigir a Nia. La niña dio un respingo y respondió tartamudeando.
-¿¡S-Si!?-
Le preguntó que si le gustaba la alquimia. Nia ya sabia de sobra que la mayoria de rocavarancoleses denominaba a su habilidad con plantas y medicamentos como "alquimia". Nia lo le veia el punto de llamarle a eso por ese nombre. Toda su vida habia sido "química y biologicas" y asi siempre se referia a ello en sus apuntes. Nerviosa, tragó saliva y le contestó a la mujer.
-Bueno... Gustarme me gusta pero no me gusta "intoxicar" a la gente porque si...-dijo con una amplia sonrisa forzada, sabiendo que mentia pues habia sido regresar y casi que habia drogado a todas las personas con las que se habia cruzado. Al parecer, la mujer iba a intentar preparar alguna receta para quitarles motivación a los nublinos. Nia atendio con otros ojos a la mujer, en quien vio una persona versada en esa ciencia. Quizás seria su enlace para hablar con el consejo, quizás seria capaz de que le enseñara algo más de quimica y biologicas. Sus apuntes y notas eran muy incompletos.
De prontó, los ojos de la ulterana captaron la melena rubia de un conocido.
-¡Jack!-gritó de alegria mientras se lanzaba contra él, placandole en el pecho con quizas una fuerza desmedida. Después comenzó a flotar, a ras de suelo, en círculos alrededor del vampiro, parloteando.
-¡Hacia mucho que no nos veiamos! ¿Como estás? ¿Están todos por el burdeos bien?-preguntaba enérgicamente mientras iban en la direccion en la que la mujer les guiaba, finalmente llegaron. Nia tomó apuntes de lo que comenzó a preparar la alquimista y a lo que le mandó hacer tanto a Giz como a ella. Comprobó los ingredientes, apenas conocia ninguno, sus propiedades, o si quiera su nombre. Se giró hacia la mujer ráscandose la cabeza.
-Verá es que yo... Estoy más familiarizada con ingredientes marinos... Y estos me son un poco ajenos... Ni si quiera se sus nombres. Si me pudiera decir cual es cual, la ayudaria con mucho gusto.-dijo mientras garabateaba en su cuaderno, esta vez siendo aquella mujer su modelo, el nombre y algunos datos estaban por escribir.


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TFW le pones dos velas a la Virgen pa que os saque de aquí pero a un ingrato le da por ser ateo
Spoiler:

Sepalian Xila

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Dama Liviana rápidamente le pasó un pequeño folleto que tenía por título "Guía básica de alquimia mineral en clave de contaminación número III".
-Esto creo que lo explica bastante bien. Eso sí, no dice que tienes que evitar la cristalización de la sal de ámbito morado. No permitas que cristalice.
Le extendió también una nota en la que había garabateado algunos puntos bajo el título de "Trucos de mineral CCIII"
-Bueno, se supone que esto vamos a tener que echarlo en el agua cuando terminemos. El problema es que con la lluvia, los acuíferos se limpian muy pronto, así que va a haber que usar una invisibilidad y un sigilo perfecto para llegar a todos los depósitos de agua de lluvia de cada casa.
La bruja vertió un barril de alcohol transparente en el extraño caldero alargado y lo removió un poco con una varilla. Absorbió una brisa que pasaba por allí para formular un hechizo esterilizador. Luego vertió una gota de un líquido negro que guardaba en un pequeño recipiente.
Mientras seguía removiendo y apartaba en el aire los vapores que iban hacia su cara, no pudo evitar pensar que el Consejo había sido demasiado hermético en cuanto a los planes exactos con Nubla. "Y nunca reconocerán su culpa. Al menos la mayoría. Ya me gustaría a mí ver a Cicatriz o a Garoni aceptándolo. Seguro que Libra tampoco es capaz."


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