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Rocavarancolia Rol » Otros Mundos » Mundos vinculados » Nubla

Nubla

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1 Nubla el 12/08/12, 06:30 pm

Rocavarancolia Rol

avatar
Recuerdo del primer mensaje :

Nubla

Portal situado en un campo vacío en la zona templada del hemisferio Norte, no demasiado lejos de Varanublia.


13 Re: Nubla el 13/12/12, 06:17 pm

Administración


Necir no se esperaba aquello.
Para empezar, los cambios físicos deberían haber engañado a los nublinos. Algunos con garras, otros con alas y algunos otros cuyas magias se despertaran. Tan sólo eso hubiera bastado. Y si no salía bien, siempre podría huir tranquilamente entre todo el caos a las montañas con la esperanza de que los deformados mataran a Brinael o de que le diera un infarto o algo así. Al fin y al cabo, la esclava había envejecido.
Pero lo de los rocavarancoleses era una sorpresa. Se suponía que los habían vencido completamente. Que todos los mundos vinculados habían quedado separados. ¿De dónde se habrían sacado a todo aquel ejército?
"Las corrientes ungidas, seguro" Dedujo. "Con tan sólo un náufrago con buena esencia bastaría para poner Rocavaragálago en marcha"
Rocavaragálago. Se retorció al recordar el edificio. Cómo lo odiaba y a la vez lo amaba, pues él mismo había aprendido a apreciar su magistral elaboración. Ni en arquitectura lo había podido imitar del todo bien.
Así que en cierto modo agradeció que lo fueran a tomar como prisionero. Tal vez le dejaran explicarse y todo. Bajó la cabeza y colocó las manos en su espalda, en señal de que no haría ningún hechizo.

A unos cuantos metros de ahí, en el borde del lodazal, el palanquín de Brinael había caído al suelo, al ser soltado por los nublinos que lo portaban. La esclava observaba el edificio con los ojos muy abiertos. Se había hundido bastante poco en el suelo comparado con el resto, pero las salpicaduras de barro de las que se había empezado a cubrir no contribuían precisamente a su belleza. El caos de los deformados había respetado la integridad de la mujer nublina. Ella estaba paralizada: su mirada alternaba entre la multitud, el rey y la bruja que lo acompañaba. Estos dos últimos se mantenían al margen. Estaban demasiado lejos como para reconocer sus expresiones, pero Brinael hubiera dicho que se les veía satisfechos.

14 Re: Nubla el 14/12/12, 12:15 am

Lupin


Nubla. La ceremonia de una catedral cuyo nombre es casi irrecordable, burda imitación de Rocavaragálago, parece haber sido un completo fracaso. ¿Qué hacemos aquí? Supuestamente, controlar a los nublinos; realmente, esto no es del todo así. Todo esto se hubiera podido evitar, mostrarnos tal cual y someterlos… pero o bien el rey es un dramas –poco probable, creo–, o bien creía que podía sacarle partido en caso de que saliera el experimento mágico. No me importa.

El rey ordena la masacre. Muchos no se sentirán contentos con estas órdenes, algunos pensarán que es una estupidez, que se podría haber evitado y no querrán… No me importa.

—Bueno, ya que nos toca tirar la basura, al menos saquemos algo de ello. –No sirve de nada negar mi propio interés por segar vidas.

Procedo a estirar las piernas mientras contemplo cómo se adelantan los demás. A continuación, tomo un camino distanciado del resto y me hundo de una patada en una maraña de carnes rojas, deformadas, putrefactas, ennegrecidas, imposibles… No niego estar pasándome lo bien, la magia me rodea y es para mí, cada cadáver es como un cerdito roto. Se libera una sonrisa y aumento la intensidad del ataque.

He recibido un golpe en el costado, el primero que se resiste a mi masacre es un loco saco de carne de mi altura con aspecto joven… o debía tener tal. Lo agarro por el cuello y lo alzo, se debate con feroces puños hacia un brazo que no siente nada, un cuerpo que no logra alcanzar. El chico se rompe entre mis dedos y su poder se añade al de los demás. Me acerco a otro, uno lleno de cuernos que salen de las piernas y le inmovilizan los brazos, pero ello no le impide devorar el cadáver de otro malformado. ¿Cadáver? No, sigue vivo. ¿Sigue vivo? Mis alas, más rojas que nunca, responden que ninguno de los dos podrá moverse más.

Sigo adelante con mi matanza particular, atrapando a los que huyen y despachando con rapidez y eficacia a los que me desafían. Una locura.

Tampoco puedo evitar que mane mi propia sangre. Dos engendros –que, parece, conservan un mínimo de raciocinio–, me asaltan juntos mientras estoy ocupada con otro par de moribundos. Ya los veía venir, pero confían en que el número les salvará… ilusos. No espero a que lleguen, me lanzo a la carrera… y entonces es cuando resulto herida. ¡El asta de un caído! Un monstruo descomunal que no esperó ni a que llegara para fallecer, del que sobresale una multitud de cuernos serrados de más de metro de longitud. Un resbalón con la sangre y de poco no me ensarto, aunque a cambio me ha dejado un doloroso tajo justo bajo la mandíbula. Agarro el cuerno, medio desprendido de la carne, y lo descargo contra el primero de los atacantes, que muere al instante con la clavícula hundida, seguramente, hasta el corazón. El segundo, que tarda más en llegar, intenta golpearme en la cabeza, pero me agacho ágilmente y descargo una patada en toda su espinilla –o lo que sea que haya ahí ahora–. Remato al monstruo en el suelo.

Un poco más tranquila, me fijo en un pequeño endriago. A pesar del aspecto arrugado de sus facciones aún muy humanas y no pasar del metro y medio de altura, corre y salta por encima de los restos de sus compañeros como lo haría un atleta medallista. Se dirige hacia un palanquín caído en el barro, donde hay cuatro engendros peleando entre ellos y… ¿una no transformada? ¡Podría ser la esclava!

Me dirijo hacia los seres, pero llego justo cuando el monstruo ha acabado con los demás… como si no fueran nada, de un plumazo. Con piernas cortas pero ágiles, logra esquivar de un salto mi ataque. Al instante de caer, se lanza hacia mí con unos brazos cubiertos por completo de cuernos. No me engancha por sorpresa y detengo su ataque con un golpe de las alas endurecidas. El ser se recupera sin dificultades del golpe, pero esta vez va más pausado. Me tomo el momento para observarle como él lo hace conmigo. Sus capacidades físicas unidas delatan una mejora física respecto a su anterior estado, parece que envejecido. ¿Una mejoría entre todo el caos de malformaciones? Casi parece una burla del darwinismo. Por el tercer apéndice que cuelga del pecho y los cuernos dispuestos de forma caótica, diría que ha sido por pura coincidencia.

Se lanza al ataque de nuevo. Su agilidad supera la mía con creces y me veo obligada detener sus ataques o esquivarle sin opción a contraatacar. Aunque no dejo falla en mi defensa, acabaré cometiendo un error, así que mejor… El error llega, pero porque yo he querido. Aprovechando el impulso del monstruo, intento agarrarle la cabeza, fallo, cojo el brazo, un ala corta y muere. Al instante suelto el brazo del monstruo, con la mano izquierda llena de sangre por los múltiples cuernos.

Me giro hacia la mujer… señora, más bien, manchada de barro, y me la cargo al hombro sin ninguna delicadeza. Mientras la llevo hasta el rey, evito los pocos engendros que se me acercan con un hechizo de intangibilidad mientras pido cobertura. Quien finalmente lo hace es Gael, que llega como una exhalación. Finalmente, llego hasta el monarca y bajo a la mujer.

—¿Es esta la esclava? –Me siento al oír la respuesta afirmativa y me palpo la herida de la cara. Justo bajo la mandíbula y siguiendo la línea de esta, ha faltado muy poco para no contarlo. Me empiezo a marear.

15 Re: Nubla el 14/12/12, 02:11 am

Yber


GM
Giz no entendió muy bien qué pintaba él allí. Miseria les había avisado de que tenían que ir a Nubla para la inauguración de Varanubliagálago. Pero allí estaba, con su poco imponente imagen, viendo como la imitación barata fallaba y su influjo destrozaba las vidas de los desgraciados que habían sido bendecidos con algo de esencia. Los gritos de la gente le resultaban casi dolorosos, junto con la panorámica del edificio manando sangre y las grotescas deformaciones físicas que se habrían paso alrededor. << Lo de Valenz no fue más que un juego de niños comparado con esto >>. No recordaba la tortura del mercader como un momento agradable, pero esto lo eclipsaba por completo.

El rey de Rocavarancolia se adelantó entonces, proclamando el retorno de la ciudad con un discurso escueto y voz como el hierro candente. El añadido de dama Liviana hizo que Giz se estremeciera. << Yo no soy así >> se dijo para convencerse. Tenía el estómago encogido por cierto miedo acuciante, pues las aberraciones no debían de distar mucho de lo que podría ocurrirle a alguno de sus animales en un hechizo de genemagia fallido. << Es distinto >>. Se mordió los labios casi con culpa, dirigió la mirada hacia el lugar por el que había escapado Necir y vio que la mayoría de sus compañeros iban hacia allí. Tras decidir que el rey estaba ya a un paso de lo que quería y no lo necesitaba, el asreniano se dio un capricho.

Se volvió intangible, abrió la gola y echó a correr hacia la catedral, atravesando las casas que se le interponían por el camino. Tenían órdenes directas de no dañar el edificio, para que quedara de recuerdo de mal gusto, pero con los afectados por su magia tenían cierta libertad. Giz llegó hasta la zona en la que acababa el lago artificial de sangre acuosa y prefirió no adentrarse; a partir de ahí empezó a buscar.

Tuvo que pasar un puñado de cadáveres deformes antes de toparse con el primer superviviente. Tenía los brazos dislocados, largos y feos a causa de varias articulaciones que le habían nacido nuevas. Los huesos del hombro se habían abierto paso a través de la carne en forma de pinchos y caminaba encorvado. Lo que quedaba de nublino alzó una cabeza abultada y dirigió su mirada, de un único ojo hinchado y deforme, al asreniano. Por su expresión, Giz no podía adivinar qué pasaría por su cabeza, si es que pasaba algo. Sentía lástima por él (y quizá también algo de asco).

-Tranquilo-dijo en voz alta, ayudándose de un hechizo de logomancia básico, cortesía de dama Puente-. No te haré nada.

E inmediatamente después, Giz estaba agradeciendo el no haberse deshecho del hechizo de intangibilidad. El ser había perdido la razón y se había lanzado sobe él, balbuceando cosas sin sentido y gritando a ratos. << Es irreparable >> se dio cuenta. Obviamente el nublino se golpeó contra el suelo y Giz se alejó cuanto pudo de él. Vaciló un instante, uno largo. Su intención había sido la de intentar curarle, devolverle a la normalidad, pero si había perdido el juicio no tenía sentido. Así pues, con la absoluta (y posiblemente equivocada) certeza de que hacía lo mejor para él, lanzó un hechizo térmico y heló su cuerpo.

Siguió buscando por la zona, evitando los lugares más concurridos de engendros tras comprobar lo peligrosos que podrían ser. << Ratas de laboratorio >> citó a Miloslava, que solía usar esa expresión bastante a menudo, ya que esta ocasión era bastante acertada. Después de anular el hechizo de intangibilidad para evitar malgastar magia, tuvo que matar a otros dos que se le acercaron demasiado, con la misma actitud agresiva que el primero. Esta vez aprovechó para coger pelos y tantas muestras como pudo de piel, sangre y otras vísceras, guardándolo todo en recipientes dentro de uno de sus zurrones.

Pudo escuchar a Adara pidiendo algo de ayuda cerca y también le pareció ver a Gael flotando hacia la ángel negro, pero Giz se había empeñado en arreglar aunque fuera una ínfima parte de todo este experimento y se limitó a seguir buscando alguna rata que pudiera devolver a su estado inicial.

16 Re: Nubla el 14/12/12, 11:21 pm

Red


Necir parecía asombrado, así lo reflejaba en su rostro, aunque Vac no estaba seguro de fuera únicamente por la aparición de los rocavarancoleses. Quizás el nigromante esperaba un buen resultado, tal vez aquella carnicería no había sido su intención, realmente poco importaba, ya era demasiado tarde. El nublino no opuso resistencia, y se llevó las manos a la espalda, en señal de que no haría ningún hechizo.

-Mejor tenlas delante, no quiero perderlas de vista –le pidió el hado con cortesía fría.

Sujeto al nigromante con cuidado, para ayudarle a bajar del edificio volando, pero no eligió el camino fácil para llegar hasta el rey. Aterrizó a los pies del edifico y deposito a Necir a su lado, indicándole que caminarían con un gesto. El griego echó a andar junto al nigromante, pasando entre los restos de la carnicería deliberadamente, Vac no quería privarle de la visión de primera mano de su gran obra. Caminaron entre restos mutilados y cadáveres retorcidos, lo único que quedaba de aquellos a los que la catedral había cambiado, incluso a lo lejos aun se escuchaban refriegas, lamentos y gruñidos. U par de engendros les salieron al paso, pero el hado los despachó con rapidez, evitando que el nigromante sufriera daño.

No tardaron en acercarse al lugar donde aguardaba el rey y dama Liviana. Adara y Gael ya estaban allí, habían encontrado a la aprendiz y la habían llevado ante el monarca. Vac dejó al nublino frente al rey y habló.

-Alfa Necir, nigromante de Nubla y creador de Varanublagálgo –anunció-. Vivo, como queríais -concluyó en tono neutro.

El hado dio un paso atrás, dejándoles espacio, pero no aparto la mirada del nigromante, atento a la menor señal de peligro, dispuesto a matarle si intentaba alguna tontería.

17 Re: Nubla el 15/12/12, 12:13 am

Giniroryu


GM
El nigromante no parece tener intención de querer oponer resistencia alguna, aunque no le quito ojo de encima por si se trata de alguna treta. Desde las alturas los gritos de los deformados llegan con menos intensidad pero todavía puedo oírlos con claridad… Sacudo ligeramente la cabeza para centrarme en la captura del mago. Lo observo con expresión seria, preguntándome qué se le habría pasado por la cabeza exactamente para hacer algo así… y sobre todo por qué se lo habían permitido. Recuerdo vagamente las palabras de Dama Liviana en aquella incursión, la primera y en la que Azura se llevó a Yloh. Nunca habían tenido intención de detenerlos, sólo esperar el resultado… Y por eso estábamos hoy aquí. ¿Lo habían hecho con la única intención de demostrar el poder de Rocavarancolia o había algo más? No me parecía necesario semejante acto de crueldad para tal fin, sobre todo tratándose de Nubla. Los nublinos ya adoraban a los rocavarancoleses sin reservas, habría bastado con dejar en evidencia al nigromante frente a ellos, no debería ser algo tan difícil de realizar para el consejo. Pero por algún motivo habían preferido permitir esta masacre sin sentido. Mientras cavilaba, Vac ya había empezado a moverse.

Realmente no tengo mucho qué hacer en la cima de Varanubliagálago, pues el hado se encarga enseguida de la situación y el nigromante parece que de verdad va a dejar que se lo lleven sin más. Al volver al suelo sigo a mi hermano junto con Jack mientras conduce a Necir a través del caos hacia el rey y el resto de miembros del consejo. Por el camino algunos engendros nos atacan, pero entre los tres no tenemos apenas problemas para deshacernos de ellos. Cuando finalmente el hado deja al mago frente al rey, nos encontramos con que Adara y Gael por su parte se habían encargado de capturar a la ayudante. Tras dirigirles un rápido vistazo a mis amigos, centro mi atención en el rey. Era la primera vez que lo veía y no me había esperado a alguien tan joven. Aguardo, expectante y todavía tratando de ignorar los gritos que aún se oyen en la distancia, a lo que sea que fuera a suceder a continuación.

18 Re: Nubla el 15/12/12, 01:46 am

Administración

avatar
Necir no se inmutó cuando Vacuum le hizo caminar entre las víctimas de Varanubliagálago. Algunos nublinos no afectados por el artefacto intentaron lanzarse sobre el nigromante, pero los deformados, como protegiendo al culpable de su estado, acababan involuntariamente espantando a cualquier amenaza.
-He visto cosas peores que estas, hado -murmuró Necir-. Estos fanáticos no me producen ni asco ni lástima.
Llegó ante el rey, junto al cual esperaba Brinael. La esclava no había dicho nada en todo el camino, pero en ese momento torció su expresión y miró fijamente al nigromante. Éste cayó al suelo entre gritos de dolor.
-Detente -le exigió dama Liviana-. ¡Detente he dicho!
Brinael, agotada, terminó la transferencia de energía. Aquella había sido especialmente larga e intensa, desesperada, y a Necir le había dolido mucho. El resto de veces, la nublina había tenido que ser más reservada para evitar quedarse sin reservas y sobrecargar a su amo, perdiendo el poder sobre él hasta ganar más energía.
-Pero... Majestad...
-Silencio, nublina. Que hable el transformado -dijo el rey.
-Ella es la responsable, y estoy seguro de que lo sabéis -se quejó Necir-. Aprovechó el poder que el vínculo le dio sobre mí para obligarme a hacer cosas imposibles del las que ni Hurza y Harex hubieran sido capaces.
-¡Calla! ¡CALLA! -saltó Brinael, haciendo una nueva transferencia de energía- ¡Siempre dices lo mismo!
Necir ya no se molestó en levantarse y se quedó de rodillas y con la cabeza gacha.
-Siempre digo lo mismo porque es verdad. No sabes nada de magia.
-De momento, que los lleven a las mazmorras -dijo el rey-. Y creo que con esto basta para que los nublinos sepan que hemos vuelto, ¿verdad?
Dama Liviana asintió lentamente.
-Entonces, ya podemos ir volviendo a Rocavarancolia. Que este edificio quede ahí para que a nadie se le olvide que dependen de nosotros -indicó el rey.
La bruja de la brisa colocó unas cadenas mágicas sobre las manos de los dos dirigentes nublinos y tomó a Necir con un hechizo de levitación.
-Que alguien se encargue de su compañera. Está menos vieja y por tanto menos frágil.
Los dos miembros del consejo mandaron un mensaje a Cicatriz, y ésta les dijo a quienes estaban entre los nublinos que podían retirarse. Caillech prácticamente la ignoró, estaba cogiendo una extremidad tras otra para llevárselas a la boca. Sostenía un ramo de extremidades entre sus brazos, de hecho. La licántropa tuvo que recordarle que aquel volvía a ser un mundo de cría a partir de ese momento.


_________________________________________


19 Re: Nubla el 15/12/12, 07:36 pm

Jack

avatar
El nigromante se rindió sin mucho follón, así que cuando lo vi descender con Vacuum, quise quitarme de en medio para descargar algo de energía mágica en la lucha de abajo, pero no pude. Protocolo: llevar el nigromante hasta el Rey, bastante joven -detalle alentador para salir de los negocios y meterse en política- y observar la escena que siguió. Desgraciadamente, Nubla volvía a ser mundo de cría...

Así que tocaba volver a casa sin tocarles un pelo. <<Diablos... Necesito expediciones de estas más a menudo. Y con mejores contrincantes... >>Y cuando vuelva a casa, necesito un baño bien frío detrás de otro. Y algo de magia, que no había estado tan energético en mucho tiempo y necesito descargar energías.
-Nos vemos.-me despido antes de llegar al portal, dando a entender que desapareceré una vez en casa...


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Die wahre Macht, die uns beherrscht, ist die schädliche, unendliche, verzehrende, zerstörende, unstillbare Gier...
Spoiler:
El verdadero Poder que nos controla es la vergonzosa, interminable, desgastante, destructiva e insaciable Sed...


New Sincy:

20 Re: Nubla el 15/12/12, 08:37 pm

Tak


GM
En mi viaje de un cuerpo a otro, apenas me doy tiempo de abrir los ojos para buscar al siguiente. No hago más que alejarme de la quimera con que llegué a Nubla, y en un momento dado alzo el cadáver sobre sus dos manos, una de ellas rota por aquel que lo hubiera matado. Lo hago para buscar el cuerpo pero lo único con lo que dan estos ojos prestados es con un ángel negro a lo lejos, Adara. Se está cargando un bulto a la espalda y, con curiosidad, abandono el cadáver y me acerco un poco levitando. Acaba de pedir cobertura de un grito, y lo primero que hago es localizar la quimera y volver a ella saltando de cadáver en cadáver. Al recuperarla, un mutado hincaba el diente en su pata trasera. Controlando a un congénere muerto le propino una patada que lo aleja, aunque acaba arrastrando la quimera un poco consigo antes de soltarla. La pata está desgarrada y ahora me va a tocar repararla. Al poseerla lo primero que hago es perseguir a aquel peligroso nublino e inmovilizarlo para hacer crujir su cuello. Como a las ratas o los murciélagos. No es más que eso, un animal, ya no razona, no…

Corriendo hacia Adara ya nada sale a mi encuentro, la mayoría de transformados por esa farsa han sido reducidos. Diviso a la ángel negro de nuevo y apuro el paso. Se ha vuelto intangible, pero ahora que la veo más de cerca tiene una herida en la cara, y a lo lejos la sangre se confundía. La ira todavía bulle, ver a Adara herida solo la alimenta. Al llegar a su lado freno en seco, derrapando en el lodo, y me sitúo a su espalda para que nada se interponga en su camino.

Cuando llegamos ante el rey, Adara entrega a la mujer, a la que apenas había prestado atención hasta ahora. Tampoco tengo tiempo de fijarme mucho, porque Adara se lleva la mano a la herida y parece algo aturdida. Le pongo la zarpa en el hombro y le doy un pequeño tirón para alejarnos de allí, pero en ese momento otro grupo llega trayendo al nigromante culpable de todo esto. Todos empiezan a hablar, pero no presto atención. No dicen nada que me interese, ni siquiera hablan de qué va a ser de los dos prisioneros más allá de ser llevados a las mazmorras. Se supone que ya volvemos a Rocavarancolia, dejando a los nublinos un maravilloso recuerdo a la vista. Ojalá volase en pedazos.

21 Re: Nubla el 15/12/12, 09:02 pm

Lupin

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Cuando Gael pone la mano en mi hombro, alzo algo la cabeza e intento espabilarme. Miro mi mano derecha y priorizo un hechizo de restauración en ella. La mano no me deja de doler, aunque no tanto como antes y al menos no sangra. Aplico el mismo hechizo para la herida del rostro y, a continuación, sigo a donde me indica Gael, atenta todo lo que puedo a la llegada del nigromante y las palabras del diálogo entre este, la esclava, Dama Liviana y el rey, pero sin poder estar atenta de todo. Aún ando un poco mareada, necesito descansar.

Al terminar el diálogo, cruzo el portal con los demás compañeros del Cuchitril.

22 Re: Nubla el 15/12/12, 11:21 pm

Yber

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GM
Giz había tenido que rematar a más engendros de los que le hubiera gustado, pero al final consiguió dar con uno que reunía las cualidades necesarias. Era un ovillo entre los matorrales y se le oía sollozar. Se veía de lejos que uno de los brazos era más largo que el otro y tenía que sostenérselo con el brazo bueno para mantenerlo alzado, alrededor de sus rodillas. Tenía tres cuernos en la cabeza y parecía haber perdido el pelo. Giz no era capaz de adivinar su sexo siquiera, pero parecía que los cuernos habían nacido de manera más limpia que en otros casos y no habían decidido arremeter cráneo adentro, llevándose el cerebro por delante.

El asreniano se volvió intangible, para evitar hacer ruidos al acercarse. Más de cerca se le podían ver lo que parecían espinas irregulares que nacían aleatoriamente por la espalda, rompiéndole la camisa que llevaba, y un intento fallido de cola que asomaba por la corcusilla con el aspecto de medio lazo caído. Giz deshizo el hechizo de intangibilidad cuando estuvo lo suficientemente cerca tras él y posó una mano sobre su hombro. El engendro se encogió asustado, cayó de culo y se alejó empujándose con las piernas en el suelo hasta que el tronco de un árbol frenó su avance.

-Shhhhh-Giz cerró la gola y alzó las manos-. Solo te quiero ayudar, conseguir curarte-añadio en tono conciliador-. Te lo prometo.

El ser alzó la cara. No había sido demasiado maltratado, tan solo parecía exageradamente mueso. Sin embargo tenía una mueca de dolor fija en el rostro. Clavó unos ojos lastimeros en Giz, quizá con la confianza ciega de un desesperado, y abrió la boca. Giz se dio cuenta entonces de que estaba manchada de sangre. Una hilera de colmillos había intentado abrirse paso por las encías, pero se había quedado a medias y solo había provocado la pérdida de varios de sus dientes originales. Después dejó que su lengua asomara. Se la había perforado. << Pobre desgraciado >>. Se acercó con cautela y le lanzó un hechizo anestesiante a la boca.

-Necesito que asientas si entiendes lo que digo-le pidió entonces, solo para asegurarse que se fiaba de él a conciencia y no de manera instintiva. Quería descartar que hubiera sufrido daños cerebrales severos. El ser asintió. Giz soltó un resoplido y dejó escapar algo parecido a una sonrisa apenada-. ¿De verdad me entiendes?-volvió a asentir-. Pues escúchame…-Giz le contó sus intenciones de llevárselo a Rocavarancolia para repararlo con hechizos de sanación o incluso genemagia, si conseguía avanzar hasta ese punto. Este volvió a asentir una vez más tras escuchar al goliat. Estaba claro que no tenía otra salida, cualquier otra decisión que no fuera acompañar a Giz lo sentenciaría más temprano que tarde. Y tal vez el asreniano lo supiera.

Como los hechizos de curación solo recompusieron las heridas de la lengua, Giz lo durmió de una caricia en la frente y se encargó de transportarlo hasta el portal. Le encontraría algún hueco en el castillo (dudaba que se lo negaran, pues contribuiría a su avance con la genemagia al mismo tiempo) y allí trataría de regresarlo a su anterior aspecto.


_________________________________________

No llores por no poder ver tu pierna,
las lágrimas te impedirán ver los cadáveres de tus amigos.

23 Re: Nubla el 15/02/14, 07:00 pm

Naeryan

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Los días pasaron sin que sucediese nada demasiado destacable. Shizel seguía preparándose para el torneo a su ritmo, y en los entrenamientos conjuntos que pudieran tener lugar con alguno de los demás ahora el skrýmir era un poco más reservado en sus estrategias por ese mismo motivo.

Había sustituido algunas de sus actividades por visitas rutinarias al otro lado de algún portal; algunas le ocupaban casi todo el día y otras en cambio apenas pasaban de un par de horas. Acabó por preferir el mar de Roca Sagrada al de Rocavarancolia para nadar por las mañanas: no solo era mucho más seguro sino que era más frío.
Además de los paseos por Roca Sagrada, un día Shizel había probado a atravesar el portal de Asrena y lo había odiado a muerte. Era un mundo completamente seco y hacía un calor espantoso. Lo había abandonado al poco tiempo, sin la paciencia para recorrer el aburrido desierto hasta llegar a un oasis.

Entre tantas idas y venidas se fue acostumbrando poco a poco a la sensación de atravesar al portal y ya casi prácticamente no le producía mareo. Sin embargo cuando aterrizó en Nubla ese día, a causa de que era un mundo nuevo con condiciones nuevas, tardó un poco más en situarse.

Nada más abrir los ojos se le escapó un silbido de admiración. Había doce lunas en el cielo, y por un momento Shizel se olvidó de la impresión que el espectáculo de la Luna Roja había causado sobre él.

Había hecho preguntas a Branniel antes de aventurarse en Nubla por primera vez. Aunque el regreso de Rocavarancolia a ojos de los nublinos había tenido lugar durante su misma cosecha y dicha información quedase algo desfasada, Shizel se sentía algo más seguro al tener una base sobre la que manejarse.

-

Encontró el poblado por error.
Buscaba Varanublia, más por verla desde lejos que por querer entrar tan pronto, pero una cadena montañosa le bloqueaba la vista. Shizel había ascendido en el aire para sortearla hasta que había encontrado un paso semejante a un valle-meseta y se había internado en ella, olvidando como excursionista inexperto que era que Nubla era un planeta húmedo y que el clima montañoso cambiaba con mucha rapidez.

La lluvia no le resultaba especialmente molesta en sí misma, pero estorbaba su visibilidad y mojaba sus ropas. Llenaba el suelo de barro, y aunque Shizel podía fácilmente levitar, hacerse intangible y utilizar la niebla mágica para sortear todos esos inconvenientes, era un gasto continuado que constituía a todas luces un desperdicio teniendo en cuenta que solo buscaba disfrutar de un paseo. La lluvia no pasaba aún de un mero chirimiri, pero cualquier idrino sabía cómo se las gastaba un clima húmedo para empeorar en poco tiempo.

Estaba planteándose dar media vuelta y regresar al portal cuando distinguió en la distancia lo que parecía ser un poblado. El idrino dudó un poco, receloso de que efectivamente pudiese dejarse ver como nada. Sin embargo se obligó a sí mismo a recordar que era un rocavarancolés y que por lo tanto tenía todo el derecho a hacerse notar, y se internó en su dirección con paso firme.

No le hizo falta entrar en el pueblo para que sus habitantes se apercibieran de su presencia. Shizel se dio cuenta de que desde lejos debía parecer una aparición, ya que la llovizna chisporroteaba contra su piel produciendo más volutas de vapor de lo normal. Una vez llegó a la plaza principal se paró para que pudiesen verle mejor y aprovechó para hacerse intangible por fin para evitar mojarse de más.

"Por aquí no ha pasado ningún skrýmir antes", dedujo Shizel ante la curiosidad suprimida que notaba en algunas caras. Su transformación no era muy difícil de imitar físicamente, pero no había ninguna razón práctica para que alguien quisiese hacerlo a menos que fuese por exhibicionismo: era un gasto inútil de hechizos térmicos contrapuestos.
Los que estaban situados más lejos de él parecieron confundirle inicialmente con un nublino a causa de su tono de piel, pero bastó que Shizel se colocara un mechón de pelo detrás de la oreja para sacarlos de su error. "Y tampoco han visto muchos idrinos", añadió mentalmente. Ni siquiera en Rocavarancolia había muchos, por lo que no era extraño.
Había cuchicheos y avisos de unos a otros, pero fuese como fuese ninguno de ellos parecía alarmado ante su apariencia extraña. Podían no saber quién era, pero sí de dónde venía.

El idioma nublino, por supuesto, sonaba a sus oídos a jeringonza indescifrable, y Shizel se esforzó por aislarla para poder centrarse mejor en lo que leía a nivel corporal. La sensación le produjo un dejá vu que se remontaba a las horas anteriores a beber del agua de la fuente justo antes de su cosecha, cuando casi una veintena de cosechados de diferentes mundos vinculados trataban de entenderse entre sí.

Para su sorpresa finalmente uno de los lugareños le habló en un rocavarancolés vacilante pero correcto, preguntándole adónde se dirigía.
-A ninguna parte en concreto- contestó Shizel tras pensárselo un poco. Era completamente cierto, pero la verdad era que a falta de nada que hacer el idrino en un principio había pensado en tratar de encontrar Varanublia. Sin embargo no le parecía inteligente parecer un pardillo que se había perdido, y no lo preguntó. Probablemente acabarían diciéndoselo de todas formas.
-¿Viene a cosechar?
Shizel resistió el impulso de torcer la boca con disgusto al distinguir al niño que había hablado entre la multitud. Él había confiado como un imbécil en su cosechador, pero aún así la apuesta le había salido bien.
A Branniel no.
Se preguntó cuántos de los cosechadores dormirían con la conciencia tranquila por las noches.
-Rocavarancolia no cosecha fuera de hora- se limitó a decir en su lugar. El chaval pareció decepcionado pero no sorprendido-. Solo estoy de paso.

-No son buenas horas para viajar- señaló el mismo hombre que había hablado en un primer momento-. Quizá queráis esperar a que amaine para continuar.
Shizel miró pensativo al cielo: la llovizna había derivado en lluvia torrencial. Habría sido estupendo poder decir que la tormenta no le suponía ningún problema, pero el idrino era consciente de sus limitaciones. Avanzar mientras llovía le resultaría más trabajoso y desde luego no era capaz de modificar el clima.

Finalmente asintió y dejó que le guiasen a lo que parecía ser una taberna. Pensaba quedarse lo justo hasta que la lluvia cesase y luego volver a emprender el camino bien a través de la montaña o bien de vuelta al portal.
Pidió algo caliente de beber y miró de reojo a la concurrencia, que aún se mantenía a una prudente distancia de él. Teniendo en cuenta que no parecía ser un lugar de paso para aquellos rocavarancoleses que iban a Varanublia se había esperado una reacción más efusiva, o al menos más abierta. Los más jóvenes sí que le miraban descaradamente, pero por alguna razón no se acercaban a hacerle preguntas.

El por qué quedó explicado cuando el skrýmir se percató de que la franja intermedia entre los ancianos y los jóvenes, concretamente, le miraban con un rango de emociones que variaba entre la inexpresividad y el recelo; y no estaba seguro de que fuese por el "respeto reverencial nublino" del que le habían hablado.

"Los rocavarancoleses masacraron parte de Varanublia al regresar", recordó de repente. "No muy lejos de aquí."
Era lógico que desconfiasen. Demasiado jóvenes para haber crecido bajo la gloria de la vieja Rocavarancolia, y demasiado mayores como para caer en el olvido fácil que influía a sus hijos. Sólo sabían que unos conquistadores habían aparecido de leyendas ya casi olvidadas, habían arrasado a sangre y fuego con el orden establecido y habían reclamado un legado que en mayor o menor medida todos creían abandonado. En aquel poblado perdido entre montañas no habían recibido ninguna prueba tangible de que Rocavarancolia era buena para Nubla: solo la noticia de que algún familiar, algún amigo, algún conocido había sucumbido al experimento fallido de la catedral allá en Varanublia, y al castigo consiguiente.

No se le ocurría ninguna manera de salvar aquella barrera, salvo irse lo antes posible. Era obvio que la presencia de un rocavarancolés les incomodaba y no pretendía alargar su estancia más de lo necesario.

Sus pensamientos se desviaron de aquello a cómo iba a pagar la bebida cuando oyó que ya estaba lista. Obviamente no disponía de dinero nublino, pero en el portal le habían asegurado que aceptaban moneda rocavarancolesa.
Por pura costumbre atrajo la jarra hacia sí con un hechizo cuando el posadero la colocó sobre la barra, y aquello disparó una serie de murmullos. Shizel levantó la mirada y los sorprendió mirándole fijamente.

Parecían esperar... algo. Shizel tenía sentido del espectáculo e intuía que levantarse a entregar el pago sería un poco anticlimático. A modo de prueba sacó las monedas de su zurrón y las hizo levitar en fila a las manos del posadero.

Bingo. Algunos de los niños le señalaron, y los murmullos se intensificaron. Shizel sonrió como para darles ánimos para preguntar, aunque ninguno de los presentes se atrevió todavía. Sin embargo el idrino aún no iba a darse por vencido.
-¿Me permite?- le preguntó al posadero, y la siguiente ronda de bebidas que llegó la repartió él sin moverse del sitio. Cada copa levitante aterrizó en su mesa correspondiente de acuerdo a las indicaciones que el nublino le dio.
Y por fin alguien se atrevió a romper el silencio. De nuevo un niño.
-¿Puedes hacer flotar esta mesa?
El skrýmir se encogió de hombros.
-Puedo- dijo con una sonrisa aviesa, y así lo hizo.

-

A lo largo de la noche Shizel recordó por qué le gustaban los trucos de ilusionismo antes de ser cosechado. El sentido de espectáculo, la mirada atenta de un público y el asombro general al completar un truco: todo eso se perdía al otro lado del portal. En aquel mundo paralelo que era Rocavarancolia, ¿qué había de maravilloso en la magia?

El idrino disponía de hechizos de vela para no sucumbir al sueño mientras esperaba a que amainase la lluvia, de modo que no tuvo que pedir alojamiento. No obstante le sorprendió comprobar que muchos de los parroquianos tampoco se marchaban, sino que prefirieron quedarse a ver el espectáculo y una vez la noche y las bebidas hubieron avanzado lo suficiente, empezar a hablar con él.

No todos hablaban rocavarancolés, y el propio Shizel se sentía obligado a usar frases cortas y genéricas para facilitar lo más posible la comunicación. Sin embargo de alguna forma aquello lo hacía todo más cómodo. Él no sabía nada de sus vidas ni ellos de la suya: solo esperaban de él lo que podía ofrecerles.

Le pidieron historias de Rocavarancolia, y Shizel les mintió de la forma más ambigua que le fue posible sobre la decadencia de la ciudad.

Le preguntaron si la magia podía usarse para aplicaciones prácticas: hacer crecer las cosechas, proteger al ganado y evitar las plagas. Shizel les confirmó que sí y pudo captar por fin una chispa quizá no de confianza, pero puede que sí de interés.

Le pidieron maravillas, y él se las dio.

Se hizo intangible y apareció y desapareció entre paredes. Encendió una columna de fuego mágico en plena lluvia y la moldeó en el aire para que formase figuras imposibles. Petrificó a un pájaro en pleno vuelo y volvió a revertirlo a su estado original antes de que cayera al suelo. En cierto momento seleccionó a un voluntario entre la audiencia y le ayudó a caminar en el aire.
Cosas fáciles, usuales para él y que había olvidado que resultaban imposibles para nadie a aquel lado del portal.

Había una joven, de cerca de una veintena de años, que parecía especialmente escéptica. Le pidió que repitiese varias veces el hechizo de la llama bajo la lluvia y Shizel accedió divertido, intuyendo que había alguna razón tras ello.
-¿Dónde está el truco?- preguntó por fin la nublina con cierta dosis de mosqueo.
El idrino sonrió.
-Eso es lo mejor- dijo con sencillez-. No hay.

-

Regresó a Rocavarancolia de un humor extraño, entusiasmado pero en calma a la vez.

No le habló a nadie de momento de aquella escapada, que se había extendido hasta la mañana del día siguiente. A sus ojos era diferente a las demás, porque en ella había recuperado algo que no sabía que había perdido.
En algún momento entre la cosecha, la Luna y los grimorios, había olvidado lo que era la magia para aquellos que no la conocían.

[Sigue en la Torre Serpentaria unos pocos días después]


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24 Re: Nubla el 15/04/14, 02:50 pm

Dal

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Atravesé el portal y me encontré en un gran campo vacío. Miré a mi alrededor y me sorprendí al no ver ningún tipo de montaña, no sé, me esperaba algo mas imponente pero lo cierto es que todo estaba tranquilo. Busqué el sol en el cielo y la estrella blanca me devolvió el resplandor. <<Guau, es la segunda vez que veo un sol de otro color>>. Sabía que había estrellas de otros colores claro, pero una cosa es saberlo y otra muy distinta verlo por ti mismo.

<<Veamos, creo que en esa dirección había un pueblo>> pensé recordando un mapa que había examinado antes de ir. Y en efecto había un pueblo, casi dos horas de camino después. Podían hacer los mapas a menos escala oye.

En los prados de alrededor había animales parecidos a los yaks, más tarde supe que se llamaban linacs y que eran inofensivos, pero en ese momento preferí no acercarme demasiado por si acaso.

El pueblo tenía algunas plantaciones de algún tipo de cereal que no conocía, aún estaban floreciendo pero no tardarían mucho en poder ser cosechables. El pueblo era grande, muchas casas eran de un solo piso, pero había otras más grandes de dos. Había nublinos cuidando los campos que no parecieron notar mi presencia.

Giré una esquina y vi una pequeña fuente y unos niños jugando cerca. Sonreí al verlos tan despreocupados, parecían jugar a algo como el pilla-pilla. Me quedé observándolos hasta que una niña del grupo tropezó y cayó al suelo, el resto se empezó a reír y la niña se echó a llorar. Frunciendo el ceño me acerqué y me agaché al lado de la niña, vi que tenía una herida en la rodilla y se la curé con algo de magia.

-Mira, ya está - la tranquilicé - No tienes que llorar.

La joven nublina se miró la pierna y se quedó con la boca abierta. El resto del grupo me miraba anonadado, les devolví una sonrisa y se echaron un poco para atrás.

-Gra-gracias - la voz de la chica sonaba entrecortada, levantó la mirada y clavó en mi sus ojos - ¿Tú eres.... de Rocavarancolia?

-Sí, he venido de visita para conocer este mundo - examiné a la niña y luego pregunté - Ya no te duele ¿verdad?

-N-no - la chica desvió la mirada y la clavó en el suelo.

-Me alegro - Me levanté y le tendí la mano para ayudarla a levantarse. La cogió y se puso en pie, miré a los otros niños y les dije - No deberíais reíros de alguien que se ha caído.

Sin que yo lo viera la niña le sacó la lengua a sus amigos. Uno de ellos se acercó a mí y me preguntó si podía hacer magia. Me reí con ganas e hice aparecer unas luces de colores en el aire, los niños emitieron sonidos de asombro y trataron de tocar las luces que simplemente pasaban a través de ellos.

El espectáculo de luces había llamado la atención de los adultos cercanos que al verme empezaron a murmurar entre ellos. Miré alrededor y lo cierto es que las multitudes me agobiaban, demasiada gente prestándome atención a la vez.

Me alejé un poco del grupo y me senté en un muro cercano. Estaba pensando en si habría algún tipo de taberna o posada donde pudiese comer algo cuando la niña que había curado se acercó a mí. La miré y observé cómo se sentaba cerca de mí.

-¿Quieres algo? - le pregunté, la chica me miró por el rabillo del ojo y al darse cuenta de que la estaba mirando desvió la mirada.

-Me preguntaba.... si Rocavarancolia es como cuentan en las historias. Qui-quiero decir, la magia es real, y eres grande, pero imaginaba a la gente más....

-¿Imponente? - completé con una sonrisa - Lo cierto es que no sé qué historias se cuentan aquí, así que no puedo negarlas. ¿Cómo te llamas? - pregunté con curiosidad.

-Nirael - Hizo una pequeña pausa en la que pareció debatirse interiormente y luego preguntó - ¿Y tú?

-Enredo - respondí con una sonrisa.

-¿Eso es un nombre de tu mundo? - preguntó con los ojos brillantes por la curiosidad.

-Podrías decir que sí - contesté mirando al cielo y viendo que se estaba nublando con nubes que anunciaban lluvia - Nirael, ¿hay algún lugar donde pueda comer? Tengo dinero claro.

-Podrías venir a mi casa, no tenemos mucho pero seguro que a papá no le importará compartir - respondió tras pensárselo unos instantes.

Acepté tras pensarlo un poco, iba a pagar la comida por supuesto y no tenía ninguna razón para desconfiar de la niña y su familia. Acompañé a la chica hasta una casa con dos plantas, por el camino me enteré de varias cosas sobre ella. Tenía once años, un hermano pequeño y en la casa vivían sus padres y su abuelo por parte de madre. Al principio pensaba que la chica era tímida pero me equivocaba, resulta que al principio me tenía un poco de miedo y por eso se mostraba así, en cuanto lo superó resultó una compañía la mar de agradable. Abrió la puerta de la casa y pasamos, me quedé observando la estancia.

-Papá, traigo un invitado - dijo la niña llamando a su padre.

La estancia era un recibidor que daba a una especie de comedor y había otro par de puertas en la planta baja que estaban cerradas. Oí unas pisadas en el piso superior y también los pasos por la escalera.

-¿Quién es, Nirael? ¿Alguna de tus amigas? - su voz era tranquila, cuando llega al recibidor se me queda mirando durante unos segundos como digiriendo quién estaba en su casa - Perdón señor, debe ser usted de Rocavarancolia, no creí ni por un instante que pudiera ser... Quiero decir, bienvenido a mi casa señor. ¿Qué puedo hacer por usted?

-Relájate, sólo estoy de paso, y no me trates tan formalmente por favor. Soy Enredo, brujo de Rocavarancolia y bueno, estaba buscando un lugar donde comer cuando tu hija muy amablemente me invitó - expliqué - Pienso pagar claro - aclaré.

-Ya veo, pues bienvenido señor Enredo - dijo con voz entre temblorosa y reverencial.

-Nada de señor, sólo Enredo. Me siento raro con esos títulos - me reí.

-Papá papá, quizá el podría...

-Nirael, por favor - la cortó su padre - Pasa - me invitó - puedes sentarte donde quieras, comeremos un poco más tarde. Ahora.... debo ir a hacer algunas cosas arriba - dicho eso subió por las escaleras.

Me senté en una silla y la nublina se sentó en frente con una expresión triste en la cara. Me picaba la curiosidad por la escena que acababa de presenciar, y desde luego la niña parecía más accesible que su padre.

-¿Pasa algo? - le pregunté con una sonrisa.

-No, es que....

-¿Es que? - repetí animándola a contarlo.

-Mi madre está muy enferma - dijo tras dar un breve vistazo a las escaleras para comprobar que su padre no bajaba. A mí se me ensombreció la mirada al conocer la noticia pero ella no pareció notarlo - Lleva así un tiempo y yo esperaba que tu pudieras curarla, igual que curaste mi pierna.

No dije nada pero por dentro iba pensando varias cosas, la primera era que una herida no era lo mismo que una enfermedad y que realmente dudaba mucho de poder curar una enfermedad. Pero si podía ayudar con algo tampoco es que me costase mucho.

-Ya veo, no prometo nada - le dije.

Su padre bajó dos segundos después y no dije nada más. Un tiempo después cuando la comida estaba haciéndose aparecieron el abuelo y el hermano de Nirael. Una vez pasadas las presentaciones tenía al niño pegado a mi pidiéndome que hiciese magia.

-Brenel, no molestes a nuestro invitado - le reprendió su abuelo.

-No no, no es molestia - dije sonriéndole al niño, hice levitar algunas de las bolas de mi cinturón y las hice girar a su alrededor. El niño empezó a reírse encantado mientras intentaba atrapar las bolas. Mientras entretenía al niño su padre sirvió la comida, una especie de guiso de verduras que tenía muy buen olor. La madre no apareció.

-Nirael, ¿por qué no vas con tu hermano a jugar afuera un rato? - le propuse con un guiño cuando acabó la comida. La niña cogió a su hermano y se fue - Bien, su hija me ha dicho lo que pasa y me gustaría ayudar de alguna forma.

-No es necesario de verdad, de todas formas quizá no puedas.

-La magia es capaz de muchas cosas, pero no sabré si puedo ayudar o no si no me lo cuentas - comenté tratando de convencerle.

-Mi mujer está enferma - empezó el nublino cediendo en parte - Hace tiempo que lo está, comenzó como una simple tos, pero de hace un tiempo para acá se ha encontrado peor, sus ataques de tos la tienen postrada en cama, cada vez está más débil y no sé qué más puedo hacer. Cuando empezó a toser sangre pagué a un médico de la capital para que nos ayudase, pero no pudo hacer nada.

-¿Podría verla? - pregunté.

-Ahora mismo está dormida, no sé si es buena idea, deberíamos dejarla descansar.

-Hijo - el abuelo le llamó la atención - Este hombre es de Rocavarancolia, para ellos no hay nada imposible, y si puede ayudar a mi hija sería bueno que le dejaras hacer.

El padre claudicó y me permitió subir, lo hice acompañado por ambos. En una habitación la mujer se removía en sueños, de vez en cuando tosía, no me hizo falta mucho para darme cuenta de que le costaba respirar. En una mesita cercana había un pañuelo teñido de rojo.

-Esta enfermedad... ¿Que podéis decirme de ella? - les pregunto, cualquier información que puedan darme es inestimable, dudo poder curarla ahora, pero si vuelvo a Rocavarancolia seguro que encontraré los medios, por eso cuanto más sepa antes podré hacer algo.

-El médico no nos dijo el nombre, en un principio no se distingue de un simple ataque de tos, pero cuando se empieza a toser sangre es un claro síntoma, a partir de ese momento la persona tiene los días contados, entre dos y seis meses más o menos - la cara del hombre estaba desencajada, pero no pude evitar ver una chispa de esperanza en sus ojos - Al menos no es contagiosa, no soportaría estar lejos de ella y no poder cuidarla. ¿Podrás curarla?

-Lo siento, no puedo hacer nada por ella. Al menos no ahora, no tengo tanto conocimiento en estas cosas como para intentarlo. Sin embargo, volveré pronto a la ciudad y estudiaré el caso, quizá pueda llegar antes de que sea demasiado tarde - dije intentando darle esperanzas- Pero tampoco puedo prometer nada. Otra pregunta, ¿ha habido algún otro caso por aquí?

-No -respondió el padre

-Sí -dijo el abuelo, el padre le miró con extrañeza- No me mires así, fue años antes de que tanto tú como mi hija nacieseis. Un hombre del pueblo enfermó, no tardó mucho en morir.

-¿Qué puedes decirme de las últimas fases de la enfermedad? -le pregunté.

-Lo vi de primera mano, el hombre parecía tener fiebre y sufría delirios, aproximadamente una semana después de tener fiebre no lo aguantó más.

-Entiendo - volví a mirar el pañuelo - ¿Les importa si me lo quedo? Quizá me ayude a resolver lo que le pasa - el padre hizo un gesto de asentimiento y metí el pañuelo en mi zurrón.

Se oyó la puerta cerrarse y los niños entraron a la casa. A través de la ventana se veía diluviar.

-Deberíamos decírselo a los niños - propuso el abuelo, el padre asintió.

-Yo os dejaré algo de espacio - dije apesadumbrado - para estas cosas un desconocido sobra.

Salí bajo la lluvia y me alejé un tramo, usé un hechizo sensorial para aumentar mi sentido del oído y oír la conversación. Nirael no parecía muy fuerte y yo mismo había pasado por algo parecido y hasta los más fuertes se quiebran ante esas noticias. Para qué negarlo, la chica me había caído bien y estaba preocupado.

Tanto la chica como el hermano dieron rienda suelta a sus lágrimas al enterarse, su padre les dijo que yo haría todo lo posible, pero el miedo a la muerte de su madre estaba ahí y sólo pensar en la propia muerte de mis padres me aterraba, no me imaginaba lo que era saber que tu madre podía morir y que su única salvación estaba en manos de un desconocido, por mucho poder que éste tuviese.

Tras reflexionar en ese momento me di cuenta de algo. Desde que me había transformado consideraba cualquier magia una especie de milagro. Y sin embargo... en ese momento toda la magia del mundo me parecía insignificante en comparación a unos niños que estaban llorando. Un milagro sería verlos reír abrazados a su madre. Y yo quise ser una persona capaz de crear esos milagros. Después de esa reflexión me fui, quería llegar cuanto antes pudiese a la ciudad. Mientras caminaba una idea iba tomando forma en mi cabeza, la idea de poder curar a la gente que lo necesitase. Pero eso necesitaría un arduo estudio, en ese momento me pregunté si merecía la pena. Y sí, merecía la pena.

Sigue en Rocavarancolia.


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Soy Dal, hijo del Estío y el Crepúsculo. Señor del Vacío y Amo del Infinito. Destructor de Mundos y Artífice de Infiernos. Conde de la Nada y Duque de los Océanos. Rey del Purgatorio y Terror del Cielo. Marqués del Inframundo y Barón de la Muerte. Por todos estos titulos, Invitado, reclamo tu vida para mí .

25 Re: Nubla el 17/05/14, 05:21 pm

Dal

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[Un par de días después de mi anterior post]

Al salir del portal me recibió una cortina de agua que me empapó. Pensándolo ahora se me ocurren un par de chistes, pero en ese momento sólo pensé que la próxima vez me llevaría un paraguas.

Hice un par de hechizos para impermeabilizar mis cosas, mojarme yo tenía un pase, pero en el zurrón llevaba varias cosas a las que no sabía como podía afectar el agua. Eché a andar en dirección al pueblo, en esta ocasión el camino se me hizo eterno, el suelo estaba embarrado y algunas zonas entre colinas inundadas. Suerte que podía usar magia para vadear esas zonas o habría tardado más de lo que era el camino en sí.

Al poco de avistar el pueblo la lluvia se detuvo, con un suspiro continué andando. Al poco cubrí la distancia que me separaba de las primeras casas, no tenía nada que hacer allí así que me dirigí a la casa que buscaba. Golpeé la puerta con decisión y no tardé en oír pasos por la casa, el padre de Nirael abrió la puerta y tardó como dos segundos en reaccionar a que yo estuviera plantado en su puerta.

-C-creí que no ibais a volver - dijo con voz entrecortada.- P-pero pasad y sentaos cerca del fuego, estáis empapado.

Me extrañó que Nirael no saliese al oír a su padre, quizás estuviese en su habitación.

-No hace falta - dije mientras empezaba a trazar un hechizo, segundos después mi cuerpo empezó a soltar vapor, una vez estuve seco detuve el hechizo e hice otro para limpiar mis embarradas botas.- Bueno, ya está - me giré para mirar al hombre que me observaba con los ojos como platos pero cuando posé mi mirada sobre él desvió la vista y yo medio sonreí.- ¿Y por qué pensabas que no iba a volver?

-Yo... pensé que alguien de Rocavarancolia tendría mejores cosas que hacer que prestarnos atención- dijo aún sin mirarme.

-Pues resulta que no, no tengo nada mejor que hacer - y era cierto, todas mis prioridades habían cambiado de lugar desde hacía un par de días.

-De todas formas has venido a decir que es imposible salvarla ¿no? No es posible que hayas encontrado una cura en tan poco tiempo - habló con pesar y solo por esas palabras entendí cuanto miedo sentía de perder a su esposa.

-Tengo buenas noticias, pero antes... ¿dónde están los niños?

Sus ojos se iluminaron como faros cuando oyó que tenía buenas noticias y no tardó en responder.

-Su abuelo los ha llevado al pueblo de al lado para visitar a unos familiares - hizo una pequeña pausa.- ¿Qué decíais de buenas noticias?

Le sonreí abiertamente antes de responder.

-Tengo la cura - pude ver como los ojos se le empañaban,- y voy a dársela ahora mismo, vamos.

Subimos al segundo piso y la mujer estaba sentada en la cama mirando por la ventana, el hombre se adelantó y se arrodilló junto a la mujer que miró en mi dirección.

-Vaya, ¿puedes que seas....? - no terminó la frase porque le sobrevino un ataque de tos repentino que manchó las sábanas con algunas gotas de sangre.

-Mi amor, él es de quién te hablé, el rocavarancolés que vino y ahora dice que tiene la cura para lo que te pasa - le dijo una vez se le pasó el ataque.

-Así es, tengo algo que puede curarte - comenté mientras rebuscaba en mi zurrón hasta dar con la medicina.- Una simple dosis de esto y estarás curada.

-¿Tan fácil como eso? - preguntó. Asentí y entonces ladeó la cabeza.- ¿Pero por qué me ayudas? Yo no soy nadie importante, ni tengo nada que poder darte a cambio.

-No, todo el mundo es importante - negué con la cabeza ante sus palabras.- Y además tú eres hija, esposa y madre, piensa en cómo se sentirían tus seres queridos si tú murieses. Eso es lo que quiero evitar a toda costa.

Ella asintió aceptando lo que decía y le expliqué como funcionaba el medicamento. Cogió el inhalador con torpeza y cuando se lo metió en la boca pulsó el botón. No sé si se esperaban luces brillantes o algún acto de magia pero lo que si sé es que ambos quedaron decepcionados.

-¿Y ya está? ¿Eso fue todo? - empezó el marido pero se vio interrumpido por una exclamación de la mujer.

-Empiezo a respirar mejor - dijo con voz entrecortada, los ojos se le inundaron de lágrimas.- Gracias, muchísimas gracias - las lágrimas rodaban por sus mejillas y ella no hacía nada por detenerlas mientras esbozaba una sonrisa. El hombre no dijo nada, pero yo creo que no podía, que no le salían las palabras.

-No ha sido nada - respondí.- Ahora bien, debes seguir unas indicaciones. De aquí a una hora todo rastro de la enfermedad en tu cuerpo habrá desaparecido, sin embargo tus defensas siguen débiles, eso no puedo borrarlo, por eso es mejor que no salgas de casa en un tiempo, un par de semanas o así, y no quiero que hagas ningún esfuerzo significativo en al menos un mes. Me pasaré por aquí en ese tiempo para ver que todo sigue bien. Y creo que será mejor que me vaya - dije levantándome y guardando mis cosas en el zurrón. Saqué además el pañuelo que me había llevado y un bote con hierbas.- Se me olvidaba, una infusión de esto cada ocho horas aproximadamente, es para prevenir infecciones, y si sigues mis indicaciones al pie de la letra no debería ocurrir nada malo.

El hombre me acompañó abajo y no paró de darme las gracias hasta que llegamos a la puerta.

-¿Seguro que no quieres quedarte a esperar a Nirael para darle las buenas noticias? - me preguntó mirándome con veneración.

-No, esto es algo familiar, no estaría bien que yo interviniese - respondo con una sonrisa.- De todos modos tengo cosas que hacer y otra gente que me necesita, no te preocupes, volveré en otro momento.

-Siempre serás bienvenido en esta casa. Gracias otra vez - y hace una sencilla inclinación que hace que me ruborice.

-Sí sí, cuida de ella y no dejes que haga esfuerzos - dije alejándome, sólo podía imaginarme a Nirael y su hermano llegando a casa y encontrando a su madre completamente curada. Esa imagen la mantuve hasta llegar al portal y con una sonrisa lo crucé.

Sigue en la Torre Serpentaria.


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26 Re: Nubla el 25/10/15, 07:09 pm

Dal

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Traspasó el portal llevando como siempre su zurrón. Parecía que se echaría a llover en cualquier momento pero no era algo que le preocupase al brujo, un simple hechizo y no se mojaría. Hacía tiempo que quería volver de visita pero entre una cosa y otra no había tenido tiempo.

Se elevó en el aire con un hechizo de vuelo y se dirigió al pueblo de siempre. Llegó en apenas unos minutos y descendió en las afueras intentando que nadie lo viera, no porque le importase el hecho de ser visto, si no porque no quería que se corriese la voz y ya no fuese una sorpresa.

No tardó en localizar la casa y con decisión golpeó la puerta con los nudillos. Antes de que ésta se abriese Enredo escuchó pasos apresurados al otro lado y también un golpe. Nirael abrió los ojos como platos al encontrárselo allí de pie y la sonrisa del brujo se ensanchó. La nublina se abrazó a él visiblemente emocionada.

-Has vuelto - dijo con voz entrecortada.- Creí que nunca volvería a verte para poder darte las gracias.

-He estado ocupado, pero he vuelto - repuso con voz tranquila devolviéndole el abrazo a la niña.

Por fin se separó de él y le indicó que pasara. Enredo cerró la puerta tras él esperando ver al resto de la familia pero no encontró a nadie, salvo a Nirael trasteando en la cocina con algunos cacharros.

-¿Dónde está tu familia? - preguntó el brujo esquivando una viga con la que estuvo a punto de darse en la cabeza.

-Están en el campo - respondió guardando algunos platos, en su voz se notaba un tono de exasperación.- Al menos mis padres y mi abuelo, mi hermano creo que está jugando con un amigo. Yo preferí quedarme en casa leyendo, y ya que estaba me puse a recoger los platos. Estaba en ello cuando llamaste a la puerta.

-¿Qué tal está tu madre por cierto? - le preguntó interesándose por si había tenido una recaída o algo.

-Estupendamente, ella asegura que nunca se ha encontrado en tan buena forma - una sonrisa cruzó la cara de la nublina.- Creo que nunca podré agradecerte lo suficiente que la salvaras.

-No me tienes que dar las gracias - el brujo le restó importancia con un gesto.- Además gracias a vosotros yo encontré un trabajo que me gusta.

-¿Si, cuál? - preguntó interesada.

-Médico - respondió.- Me he especializado en magia curativa, aunque aún me queda mucho por mejorar - explicó con una sonrisa.

El silencio se cernió sobre la sala, no era un silencio incómodo, al contrario era bastante acogedor. Nirael terminó rompiéndolo.

-¿Te apetece un té? - ofreció, Enredo aceptó y la niña empezó a sacar cosas para prepararlo.

Una vez estuvo hecho Nirael se sentó a la mesa con el brujo y lo avasalló a preguntas sobre la ciudad (preguntas a las que Enredo daba evasivas), sobre su mundo de origen y sobre su vida en general.

Pasaron el rato conversando hasta que llegaron sus familiares, todos se alegraron de ver al brujo, los que más fueron la madre y el hermano de Nirael. La primera agradeciéndole todavía el haberla salvado, y el segundo pidiéndole magia como ya era habitual. Lo invitaron a cenar y el brujo accedió ante la insistencia de todos.

Conversaron de un poco de todo y el brujo se enteró de que iban a ir a la fiesta que se celebraba en la capital por la cosecha. Al final se tuvo que despedir prometiendo que volvería de visita otro día.

-Enredo - estaba ya fuera cuando la voz lo hizo detenerse y girarse. Nirael estaba en el quicio de la puerta mirándolo.- Este año me escogerán para ir, ya lo verás - le sonrió como si diese por hecho que iba a ir a la ciudad.

El brujo le devolvió la sonrisa y se despidió de ella. Según se alejaba la sonrisa desapareció y en su fuero interno deseó que la niña nunca pisase la ciudad, no era algo que le desease.


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Soy Dal, hijo del Estío y el Crepúsculo. Señor del Vacío y Amo del Infinito. Destructor de Mundos y Artífice de Infiernos. Conde de la Nada y Duque de los Océanos. Rey del Purgatorio y Terror del Cielo. Marqués del Inframundo y Barón de la Muerte. Por todos estos titulos, Invitado, reclamo tu vida para mí .

27 Re: Nubla el 27/10/15, 12:57 am

Administración

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Varanublia parecía una auténtica ciudad aquél día. Había músicos y puestos de mercado con cuentas brillantes y ramos de flores y un delicioso olor a tortilla, carne y especias.

En el centro de la plaza más grande, un curioso espectáculo tenía lugar. Una anciana, parte del consejo de gobierno, interpretaba un número de marionetas. Parecía estar pasándoselo realmente bien, probablemente hubiera usado su influencia para conseguir esa pequeña fracción de protagonismo. Y, sin duda, sabía contar historias. En su mano derecha, Castel; en la izquierda, Sendar, en un duelo a espadas. Pero qué entretenido anacronismo.

Todavía más extraña era la presencia de una intimidante guerrera cubierta de cicatrices grises y armada hasta los dientes, sonriendo con su ancha boca, como si el espectáculo estuviera en las caras de los espectadores y no en el teatrillo en sí.


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28 Re: Nubla el 27/10/15, 01:30 am

Dal

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Eriel estaba muy excitado, la fiesta era sólo una vez al año y siempre se ponía nervioso. ¿Y si por fin lo cosechaban? No paraba de mirar de un lado a otro observando los puestos por encima buscando alguno de comida. Siempre que se ponía nervioso le entraba hambre, hambre de cosas dulces por norma general.

Por fin encontró uno que tenía buena pinta y no demasiada gente esperando a que les atendiesen. De entre todo lo que vio eligió un tubérculo dulce y pagó con el dinero que le había dado su abuelo por el motivo de la fiesta. Le dio un mordisco disfrutando de su sabor dulce y de que aún estuviese caliente, esa clase de comida fría no sabía ni la mitad de bien.

Siguió la marea de gente y se percató del espectáculo que estaba teniendo lugar.

-¡Barael! ¡Barael! - llamó a su hermano a gritos tratando de captar su atención.- Ven a ver esto.

Sin esperar a que le respondiese el nublino se internó entre la gente hasta quedar en primera fila. Allí vio una chica que debía de tener pocos años menos que él, le pareció guapa y desde luego tan emocionada como él mismo. No tardó mucho en desviar la mirada al espectáculo embebiéndose de la historia. No tardó en captar su atención la mujer que estaba de pie junto a la anciana. No podía tratarse más que de una rocavarancolesa.

Abandonó la narración para observar atentamente a la mujer. Ver una diosa era infinitamente mejor que oír relatos de dioses lejanos.


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Soy Dal, hijo del Estío y el Crepúsculo. Señor del Vacío y Amo del Infinito. Destructor de Mundos y Artífice de Infiernos. Conde de la Nada y Duque de los Océanos. Rey del Purgatorio y Terror del Cielo. Marqués del Inframundo y Barón de la Muerte. Por todos estos titulos, Invitado, reclamo tu vida para mí .

29 Re: Nubla el 27/10/15, 02:30 am

Reifon

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Y otro año más, Barael visitaba la ciudad en su mayor fiesta, el día en que los rocavarancoleses venían a elegir a aquellos  afortunados que iban a ser parte de aquellos portentos (no le gustaba el hecho de llamarlos dioses). No le perdía ojo a ningún escaparate ni vendedor, ya ofertaran hierbas o accesorios, pieles o artesanías aunque lo que a él más le interesaban eran estas últimas. Iba acompañado de Brinava y de Per, últimamente pasaba mucho tiempo con ellos.

Aprovechando que había conseguido algo de dinero a base de hacer trueques con sus juguetes y figurillas de madera le compró a Brinava un colgante que no paraba de mirar y, para ser justo, una pulsera a Per. Mientras ellos se lo ponían ilusionados Barael giro la cabeza para observar una de las tantas demostraciones de magia. Para él era increíble que eso pudiese ser posible, se imaginaba todo lo práctico que debía ser disponer de tal herramienta. Paseó algo más por los puestos comiendo y hablando con ellos.

Cuando escuchó como su hermano lo llamaba este ya estaba metiéndose entre el gentío. Suspiró.

-Vamos a por él no vaya a ser que le pase algo por ir a lo loco.

Tomó de la mano a ambos y se abrió paso a través de la gente hasta llegar donde estaba su hermano.

Y observó. Observó como la anciana narraba. Observo como los muñecos se movían al compás de la historia, peleando entre sí. Pero sobre todo observó a esa extraña mujer, sus armas, sus cicatrices, su sonrisa y como ella observaba al público sin cesar.

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