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Rocavarancolia Rol » Otros Mundos » Mundos vinculados » Idris

Idris

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1 Idris el 12/08/12, 06:57 pm

Rocavarancolia Rol

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Recuerdo del primer mensaje :

Idris

Portal situado en el mar al Noreste del archipiélago occidental.


13 Re: Idris el 25/06/14, 02:05 am

Giniroryu


GM
Noel atendió a la historia de Wen haciendo comentarios ocasionales mientras dejaba escapar alguna que otra risa al observar los infructuosos intentos de Ornlu de caminar sobre el hielo.
Claro —respondió a su pregunta cuando terminó de hablar—. Podemos volver en tu próximo cumpleaños si quieres tras habernos hecho con unos patines. A lo mejor tenemos que esperar unos meses porque en octubre puede que todavía no haga suficiente frío aquí, pero podrás tener tu regalo de cumpleaños aunque sea con doce años de retraso —le aseguró sonriendo divertido—. A propósito… ¿Tú vendrás a la Tierra este Samhein? Se ha hablado en más de una ocasión acerca de ir y yo la verdad es que no tenía interés hasta que Toima me regaló un mp3 que debo llenar con mucha música. —Dejó escapar una leve risa—. Porque en realidad no siento que tenga ningún motivo para volver. Pero, ¿qué hay de ti?

14 Re: Idris el 29/06/14, 03:08 am

Muffie



Wen se emocionó mucho ante la promesa de Noel. Aunque no lo había dejado ver, el no haber podido aprender a patinar le había dejado triste y enfadada y aquello hacía que su niña interior saltara de felicidad. La vouivre le agradeció la promesa con besos y abrazos.

- ¿Volver a la Tierra?- repitió su pregunta pensativa.- Mentiría si dijera que no lo he pensado. No sé… No dejé mucho atrás, pero sí que me gustaría comprobar que lo poco que dejé está bien y es feliz.- reflexionó.- Es duro pensar que nadie ahí me recuerda ya. Cuando acepté ir a Rocavarancolia solo pensaba en la libertad, en salir del sistema, pero ahora… quizás es algo que necesite en realidad. Asegurarme de que todo está bien al otro lado del portal para cerrar definitivamente mi vida ahí. Además, sonará a tontería, pero me gustaría visitar la tumba de Maggie.- quedó callada unos segundos.- Nunca la he visto, ¿sabes? Ni siquiera el día del funeral. Me quedé en la puerta del cementerio. Es lo que hacía siempre. Entrar sería como confirmar que nunca más iba a volver. El mundo ya era suficientemente malo como para además cargar con esto.- quedó callada otros segundos y luego miró al draco con una sonrisa.- Creo que sí que iré. Maggie se merece que la despida, ¿no crees?


15 Re: Idris el 29/06/14, 03:44 am

Giniroryu


GM
Sonrió complacido ante los besos y abrazos que le regaló la vouivre tras su propuesta, a los que no dudó en corresponder. A continuación escuchó atentamente la respuesta a su pregunta y realizó un gesto de asentimiento cuando su pareja solicitó su opinión.
Te acompañaré a Londres si no es un problema, ya que es tan buen lugar como cualquier otra ciudad para conseguir música. —Hizo una pausa larga durante la cual adquirió un aire reflexivo—. A mí creo que no me molesta que no me recuerden. Es más fácil así para romper por completo con la vida que nunca podría recuperar. —Observó una de sus garras, pensativo, para después cerrar el puño y apartar la mano de su campo de visión—.  Mis padres también serán más felices sin recordarme. Me pregunto si habrán adoptado a otro niño, ahora que lo pienso… —Dejó escapar una breve exhalación a modo de risa leve—. Quizás en otra ocasión me acerque a echar un vistazo, pero no siento que merezca visitarlos. No volvería a mi vida anterior si se me diese la oportunidad a pesar de que no tenía una mala vida, en absoluto…

Era completamente cierto. El draco nunca se había sentido tan lleno como desde que había empezado a formar parte de Rocavarancolia y a compartir su nueva vida con los que ahora eran sus amigos, su nueva familia. Y por supuesto estaba ella. El sueco le dedicó otra larga mirada a la británica con expresión seria al principio que derivó en una sonrisa.
¿Quieres que busquemos si hay otro lago cerca? Los había de más colores, que recuerde… —propuso entonces poco después—. Tal vez podamos ver uno que no parezca la piscina de Barbie —añadió con jocosidad.

16 Re: Idris el 29/06/14, 05:19 am

Muffie




- No me malinterpretes, tampoco cambiaría Rocavarancolia por volver a Londres. Aunque n os tuviera a vosotros, soy libre y es más de lo que la niñata borde que era podía pedir.- intentó aclarar.- Solo quiero asegurarme de que no soy la única que he alcanzado la felicidad.- terminó sonriendo.

La vouivre rió por la broma del draco y aceptó el buscar otro lago. Noel alzó el vuelo para localizarlo desde las alturas y no tardó en bajar informando que no muy lejos se encontraba uno de tonalidades azul oscuro. Como la distancia era corta, decidieron ir andando, con las dificultades que esa decisión acarreaba, pero riendo cada vez que Ornlu saltaba a un montón de nieve donde no hacía pie y se hundía en ella para luego lloriquear para que lo sacaran.

- ¿Te he contado que hay un nuevo prostituto en el burdel?- le comentó la vouivre.- Es brujo de los opiáceos, creo. Solo he cruzado un par de palabras con él, así que tampoco tengo mucho que decirte. Se llama Wheem y por lo que sé tu hermano lo compró en el mercado de esclavos por orden del jefe.


17 Re: Idris el 29/06/14, 05:49 am

Giniroryu


GM
Una vez la vouivre estuvo de acuerdo Noel usó la ventaja que le suponía el hechizo de amplificación sensorial para alzar el vuelo luchando contra la nevada y otear desde el aire. No tardó en localizar otro lago cercano, el cual tenía un color diferente y, por ello, en cuanto se lo comunicó a Wen se pusieron en marcha. Riéndose de las numerosas veces que Ornlu provocaba su propio aprisionamiento en la nieve, se dirigieron hacia la siguiente parada de la visita a Idris.

Durante el camino, el sueco se enteró de la inclusión de un nuevo prostituto en el burdel del cual no sabía nada hasta que la británica no se lo dijo. Frunció el ceño ante la mención de su dominio, no por cual fuese este sino simplemente porque indicaba que se trataba de un transformado esta vez.
¿En qué demonios piensa Cain?—inquirió enseguida una vez ella terminó de hablar. Al instante se quedó callado y dejó escapar un bufido sarcástico debido al juego de palabras involuntario que acababa de hacer—. Bueno, creo que está claro en cuáles piensa, pero, ¿es que no se da cuenta de que un transformado del cual no sabemos si podemos fiarnos puede representar un peligro para ti? —Se quedó callado unos instantes tras emitir un leve gruñido por lo bajo. No añadió que además si provenía del “mercado de esclavos”, significaba que había estado en la casa de Gar. Prefirió no ahondar en las posibilidades que ello podría implicar, no quería volver a tener que pensar en ellos durante aquel viaje y mucho menos planteárselo a Wen, ya que cabía la posibilidad de que ella aún no hubiese llegado a considerarlas y prefería que no lo hiciese. No desde luego en aquel momento—. No creo que haya motivo para desconfiar de los antiguos empleados, pero alguien nuevo… —Negó con la cabeza con desaprobación—. Sé que serás cuidadosa, pero avísame de si ese tal Wheem hace cualquier cosa que pueda resultar mínimamente sospechosa.

Mientras tanto, habían alcanzado el nuevo lago, que tenía una tonalidad más agradable a la vista, al menos para el draco, y volvió a contemplar la superficie congelada largamente, empapándose con la visión de aquel espectáculo natural. En cuanto diesen por terminada la conversación acerca del nuevo empleado del burdel, Noel propondría a Wen hacer un muñeco de nieve. No podría patinar en aquella ocasión, pero nada le impedía recrear aquel otro clásico de los inviernos que había pasado en su país natal.

18 Re: Idris el 29/06/14, 05:11 pm

Muffie

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- ¿Crees que permitirían que me pasara algo?- intentó tranquilizarlo.- Le tengo un ojo puesto encima en todo momento. Nuestros horarios no coinciden, así que en ese sentido estoy tranquila. No he tenido que cambiar mis hábitos así que no es una molestia. De todas maneras, te mantendré informado.- le aseguró.

Cuando llegaron al lago azul, Noel le propuso hacer un muñeco de nieve. A diferencia de patinar, si que se había estrenado en el arte de hacer muñecos de nieve. Había sido cuando todavía estaba en el orfanato, la feliz época anterior a su adopción. Una mañana de invierno, de improvisto, el patio del orfanato había amanecido cubierto de nieve y los huérfanos no podían haber sido más felices. Se habían pasado la tarde jugando con la nieve y, al medio día, cuando Maggie y Church fueron a de visita, la niña había conseguido convencer al muchacho de que le ayudara a hacer un gran muñeco. Ante la sonriente mirada de Maggie, Church y Wen habían pasado la tarde creando al Señor Ojos de Botón, el cual se había derretido tristemente a la mañana siguiente.

Los acontecimientos y las circunstancias que siguieron a esa anécdota no permitieron que se volviera a repetir, por lo que la idea de hacer un Señor Ojos de Botón con Noel resultaba emocionante y divertida. La nieve y las proposiciones de Noel le hacían sentir como una niña y, extrañamente, no le disgustaba.


19 Re: Idris el 29/06/14, 06:21 pm

Giniroryu

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GM
Noel tampoco pensaba quitarle el ojo de encima al tal Wheem, aunque no comentó nada más al respecto y realmente la explicación de su pareja lo dejó satisfecho por el momento.

Así pues, draco y vouivre se afanaron en realizar un muñeco de nieve de buen tamaño durante los siguientes minutos. En una ocasión en la que el sueco ya había conseguido formar una bola de nieve consistente como para ser la cabeza del muñeco, Ornlu decidió que le apetecía jugar con aquella masa en cuanto Noel se dio la vuelta para recoger algunas ramas y, aunque el sueco lo apartó enseguida, el lobo se las había apañado para destrozar una parte de la bola con sus zarpas. El draco le lanzó una mirada asesina en silencio al animal antes de cortar una de las ramas y lanzarla mientras decía “toma, Ornlu, busca” y añadir en cuanto el lobezno se lanzó a por el palo un “…y deja de tocarme las narices ya” mientras volvía a reconstruir la bola para la cabeza refunfuñando por lo bajo.

Pronto la base del muñeco estuvo terminada, aunque todavía le faltaban algunos complementos. Utilizaron ramas para las manos y la cara del muñeco, a la cual a última hora Noel decidió añadir también unos cuernos. Se encontraban contemplando su obra y pensando en cómo mejorarla, cuando el oído amplificado del draco captó un sonido tenue. Pidió a la vouivre que guardase silencio un instante para poder concentrarse en lo que estaba escuchando y, tras unos segundos, determinó que lo que oía era el sonido de pisadas en la nieve, probablemente de varios pares de piernas además de algún otro elemento que se movía a través de la nieve pero que no supo identificar debido a la vaguedad con la que lo recibía en aquel momento.
Tenemos que ocultarnos, estoy bastante seguro de que se acerca gente —informó señalando a la arboleda que tenían a su espalda.

Aunque el sueco había avisado con antelación suficiente, les hizo falta el tiempo para recoger a un Ornlu que había vuelto a intentar caminar sobre la superficie del lago con éxito nulo y después colocarse tras el amparo de los árboles. Los idrinos no tardaron en aparecer. Se trataba de un grupo de niños con un trineo, en el que iban montados los más pequeños mientras que uno de los mayores tiraba de él con esfuerzo. El mencionado soltó la cuerda y exclamó algo que por el tono a Noel le sonó a “tirad vosotros del trineo, pesados”, pero obviamente solo era una mera conjetura.

Los idrinos no tardaron en descubrir su muñeco de nieve y parecieron mantener alguna conversación al respecto, con los niños pequeños correteando emocionados a su alrededor. Uno de ellos se quitó su bufanda y se la colocó en el cuello al muñeco.
Bueno, creo que se han apropiado de nuestra obra y cómo no la hemos registrado en la oficina de patentes no hay nada que podamos hacer —le comentó a la vouivre en tono sarcástico—. Será mejor que nos alejemos de aquí —constató mientras observaba como los idrinos se deslizaban por el lago con el trineo.
Se trataba de otro mundo completamente distinto, pero durante el transcurso de aquella excursión el sueco se sintió casi como si hubiese vuelto a la Tierra por un día en más de una ocasión.

20 Re: Idris el 30/06/14, 03:46 am

Muffie

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Mientras Ornlu jugueteaba con la nieve, Noel y Wen pusieron manos a la obra para hacer un gran muñeco de nieve. El lobezno, como era de esperar, miraba con curiosidad el trabajo de los dos humanos y quiso unirse a ellos saltando sobre la bola de nieve que hacía Noel, destrozándola en el acto. Después de sacudirse la nieve de encima, Ornlu miró al draco con la lengua fuera como si esperara a que este alagara su trabajo y se vio recompensado con un palo volador que debía perseguir. Wen rio ante la escena y reprendió al draco entre risas porque, según ella, el lobezno solo quería ser su amigo.

Mientras Wen admiraba su obra de cuerpo redondito y cuernos de madera, Noel le indicó que guardara silencio. Al parecer, había oído algún ruido inusual y era probable que se acercaran idrinos. Cuando Noel se lo confirmó, rápidamente cogieron a Ornlu y se escondieron. Los niños pronto empezaron a jugar con su muñeco de nieve y la vouivre coincidió con el draco en que era mejor retirarse. Noel lanzó sobre ambos el hechizo de opacidad y alzaron el vuelo de vuelta al portal.

Sigue en Explanada de los portales.

21 Re: Idris el 13/08/14, 05:07 pm

Giniroryu

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GM
>>Las lunas atrapadas en la superficie gélida del lago se disputaban el primer puesto por engalanar con su brillo las aguas que
<<No es bueno>>.

Las palabras desaparecieron bajo los pliegues de la hoja que una mano enguantada arrancó del cuaderno sobre el que se hallaba y estrujó sin muchos miramientos. Irianna chasqueó la lengua, visiblemente frustrada y agobiada para cualquier idrino que la observase en aquel momento. Pero por suerte allí no había nadie. Precisamente por eso la chica había acudido a la orilla de aquel lago de coloración violeta que, si bien no se encontraba helado como en la línea del relato que había amagado comenzar a escribir, solía ayudarla a encender la chispa de su codiciada inspiración nocturna cuando más lo necesitaba.

Pero probablemente no había sido una buena idea tratar de distraer su mente escribiendo en aquel momento. Aquella línea que versaba sobre algún lugar en lo más crudo del invierno, tal vez algún lago del norte, probablemente derivaría en una historia acerca de un incauto, uno de pelo blanco y ojos azules, que se perdió en medio de la nevada y murió de congelación. Probablemente no se llamaría igual que él, pero ella lo sabría. Sabría que era él y su pluma se deslizaría con vehemencia sobre la hoja mientras describía un destino fatal para aquel infeliz.

Lo había vuelto a hacer, y además en aquella ocasión se había excedido.

Aproximadamente una hora antes, Irianna había vuelto a casa tras, desoyendo las instrucciones de su madre acerca del horario de estudio que debería haber seguido aquella tarde, haberse pasado buena parte del día tratando de escribir algo que le convenciese bajo la sombra de un árbol en cuyo tronco había un agujero en el cual unas aves habían hecho su nido. Acostumbrados ya a la presencia de la idrina, los pájaros parecían observarla tras sus largos picos mientras ella rellenaba hojas y hojas –aunque la mayoría terminaban desechadas- y ocasionalmente rompían el silencio con algún graznido para que su habitualmente silenciosa visitante los acallase con algunas de aquellas semillas que tanto les gustaban. La escritora también les había regalado dos relatos cortos en los que ellos eran los protagonistas, pero ella solía decir que menos mal que no sabían leer ya que su perfeccionismo a la hora de escribir le impedían concebir aquellos dos escritos como algo que no pudiera haber sido escrito por un crío de diez años.

La situación había llegado a tal punto que para Irianna aquellos pájaros eran una compañía mucho más deseable que sus padres. Y probablemente también tuviesen mejor criterio que ellos, porque continuaban convencidos de que Veril era “un muchacho estupendo, educado y muy inteligente”. Desde luego la chica no dudaba de su inteligencia, al fin y al cabo había sido su tutor durante un tiempo, y lo cierto era que le había ayudado mucho en sus estudios. Y también sabía mantener su fachada muy bien delante de los demás. El “guapo y galante” Veril. Irianna dejó escapar un resoplido mientras apretaba todavía más la hoja hecha una bola en su mano izquierda.

Su madre la había reprendido severamente, como cada vez que la contrariaba, pero además estaba él allí. “Y no voy a seguir porque no quisiera avergonzarte delante de Veril. Ojalá te parecieses más a él”. Aquello había sido la gota que colmó el vaso. No solo se lo había encontrado en su casa al volver, sino que su madre se atrevía a poner a aquel asqueroso como ejemplo de respetabilidad. De lo único que podía ser un buen ejemplo Veril era de cómo desperdiciar un ingenio agudo y afilado en ocultar su absoluta depravación.

Aquel enfermo la había seguido a su cuarto cuando ella abandonó la sala de estar sin decir una sola palabra ni dedicarle una mirada a él, sin molestarse en ocultar su irritación en el brusco movimiento que la condujo fuera de aquella tortuosa estancia. Porque estar con él en el mismo cuarto era suficiente para hacerle perder toda su compostura y no podía dejar traslucir nada de aquello delante de su madre. Pero con su tono y gestos perfectamente ensayados para resultar confiables y agradables, Veril tuvo la desfachatez de decirle a la madre de la chica que iría a hablar con ella para “tranquilizarla”.

Irianna deseó poder estrujar fuertemente con sus propias manos aquella sonrisa perversa de su estúpida cara como hacía con las hojas cuyo contenido salido de su pluma la avergonzaban como escritora. Pero ni a aquellos intentos fallidos ni a sus inflexibles padres, los aborrecía tanto como a él. La idrina había dejado traslucir perfectamente en su expresión y de forma que resultaba casi agresiva en sus gestos el profundo odio que le inspiraba mientras él se acercaba sin dejar de sonreír. Y los traslució todavía más cuando Veril, acercándose cada vez más a ella, la informó de que aquella tarde en la que le estaba ayudando con los deberes, poco antes de que empezase todo, no había sido la última que había entrado en aquel cuarto, antes de ese mismo momento. Además de otros datos que deseó poder arrancar del interior de su cabeza. Cuando la agarró de un brazo y trató de arrinconarla contra la pared, no pudo más.

Tras propinar una fuerte patada con sus botas a una zona delicada de la anatomía masculina, Irianna salió corriendo de su casa mientras oía de fondo los gritos de Veril y su madre preguntaba escandalizada qué había sucedido. Antes de que nadie la pudiese detener, ya que había escuchado también los pasos de su padre salir de su dormitorio, la chica apuró el paso y se perdió por las calles en dirección al lago, sin detenerse ni mirar atrás en ningún momento.

Y ahora allí estaba, tras haber hecho aquel fútil intento por distraerse mientras temía el momento en el que fuesen a buscarla y tuviese que dar explicaciones. ¿Qué pasaría entonces? No lo sabía y no quería saberlo. Todavía con la hoja arrugada en la mano, Irianna había comenzado a pensar en a dónde podría huir y cómo cuando comenzó a oír las voces.

22 Re: Idris el 13/08/14, 05:09 pm

Administración

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Unas leves ondas aparecieron en la superficie del lago, apenas advertibles para la joven. Lo que le llamó la atención fueron las voces que súbitamente rompieron el silencio de la escena.
-Iri-iri-iri-iri... -iban subiendo de tono y volumen con cada "iri". Todo aquello parecía provenir de una única máscara gris que flotaba frente a la idrina.
Miseria, que estaba escondido tras una roca cercana, hizo un gesto para que otras cinco máscaras emergieran del agua, y entonces todas exclamaron, con un tono más potente y agudo:
-ANNAAAAAAA
El ominario sonrió ante aquel pequeño espectáculo, que tendría que garantizarle por fuerza la atención de la joven.


_________________________________________


23 Re: Idris el 13/08/14, 05:53 pm

Giniroryu

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GM
El bote que dio en el sitio, mientras dejaba caer por fin la hoja arrugada de su mano, la habría avergonzado de haber podido permitirse pensar en ello. Irianna contuvo un grito a tiempo mientras sus grandes ojos verdes se abrían como platos ante la extraña máscara flotante que había aparecido frente a ella. Al escuchar los chapoteos giró rápidamente la cabeza en dirección al lago sin dejar de mirar de reojo a la aparición que comenzó a catalogar en su cabeza como producto de alguna clase de hechizo. En cuanto las otras cinco emergieron, la idrina retrocedió sin darles la espalda en ningún momento, demasiado sorprendida como para salir corriendo.
¿Qué… qué está pasando? —consiguió articular, titubeante—. ¿Quién está detrás de esto?
Endureciendo su expresión, frunció ligeramente el ceño y su tono se volvió más firme y confiado a pesar de que todavía seguía asustada. En su cabeza la posibilidad de que aquello, de alguna manera, pudiera ser obra de Veril hizo saltar todas sus alarmas.

24 Re: Idris el 13/08/14, 06:17 pm

Administración

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Las máscaras se quedaron un rato en silencio, y se movieron para rodear a la joven.
-Hola, Irianna -dijo la que había cantado primero. Mostraba una expresión neutra como un folio en blanco, parecía almidonada, y la boca se movía abriéndose y cerrándose sin naturalidad-. ¿Sabías que eres especial? Hay algo en ti muy especial, algo único, nosotros lo hemos podido oler. Tienes algo mágico, un potencial, una esencia, que puede ser mucho más de lo que es ahora. Ahora ni tu cuerpo ni tu mente reflejan lo que de verdad eres.
Un hombrecillo, de aspecto muy joven, con el pelo largo y múltiples diademas metálicas sobre la cabeza, apareció frente a Irianna.
-Soy el ominario Miseria Nombre, y yo he creado estas máscaras -su voz era la misma que la de los rostros encantados. Mostraba una sonrisa extremadamente tranquila-. Olvida todo lo que sabes de tu mundo, olvida todo lo que sabes de tu universo, pues en la ciudad de Rocavarancolia es donde tenemos la más privilegiada cosmovisión. Reservada a personas especiales. Personas con alto potencial, como tú -aquí Miseria congeló su rostro en una sonrisa etérea de cordialidad, esperando la respuesta de la joven.


_________________________________________


25 Re: Idris el 13/08/14, 08:08 pm

Giniroryu

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GM
Irianna comenzó a llamarse estúpida mentalmente por no haber sido capaz de salir corriendo cuando las máscaras la rodearon. Se alejó instintivamente de aquella que comenzó a hablarle, resultándole difícil de creer lo que estaba pasando.
¿Qué soy especial? ¿De qué estás hablando? ¿Dónde…?
La pregunta que no llegó a finalizar fue respondida en cuanto el desconocido apareció frente a ella.

La idrina observó al recién presentado como Miseria Nombre, componiendo una expresión escéptica al observar su aspecto.
Tú… no eres idrino —constató tras dedicarle una rápida mirada escrutadora.
Al momento se sintió estúpida por constatar algo tan obvio, pero aquella situación distaba de ser normal y no creía que nadie la pudiese culpar por encontrarse, cuanto menos, anonadada. <<¿Qué Reflejo es un ominario, a fin de cuentas?>>

Escucha, no tengo ni idea de qué estás hablando, pero… ¿Rocavaran…? Como sea que hayas dicho. ¿Es el nombre del lugar de dónde vienes? Hay… ¿Hay más como tú?
<<Más alienígenas>>, añadió en su mente. La idea era claramente ridícula. Parecía sacada de alguno de las novelas fantasiosas que solía leer o alguno de sus propios relatos –casi todos desechados- más imaginativos. Pero precisamente por eso su interés hacia el tal Miseria Nombre aumentó. ¿Se habría vuelto completamente loca? Era probable.



Última edición por Giniroryu el 30/09/14, 03:27 am, editado 1 vez

26 Re: Idris el 13/08/14, 09:02 pm

Administración

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-Te estoy ofreciendo la oportunidad de tu vida. La oportunidad de ser quien realmente eres. Tienes poder, sólo tienes que extender la mano -Miseria le alargó la mano derecha y ensanchó levemente su sonrisa- y cogerlo -dijo, al tiempo que hacía el gesto de agarrar alguna fruta invisible.
Las máscaras se reunieron en un semicírculo a la espalda del ominario.
-Cooooogerlooooo -corearon, unas notas más alto, al tiempo que se alzaban.
-Rocavarancolia está lejos, muy lejos, tan lejos que no tendrás que aguantar a tus padres ni a ese imbécil de tu acosador -explicó Miseria, alzando los brazos. Una nueva máscara salió de su abrigo para posarse en su hombro. Tenía alas de algo que parecían plumas y correas en vez de cinta-. Más allá de un portal en el cielo, en un planeta lejano -otra máscara salió de su espalda, ésta tenía un ojo cosido. Miseria introdujo la mano por la boca, para sacar su esfera de cristal con mapas de mundos, dispersando algunos jirones de picadura de Morfeo contenidos en la bolsa mágica. El mapa mostraba la Roca-. Desaparecerás sin dejar rastro, y ni si quiera recordarán que alguna vez exististe.
El ominario le tendió cordialmente el mapa a Irianna.


_________________________________________


27 Re: Idris el 13/08/14, 09:35 pm

Giniroryu

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GM
La chica quiso retirar instintivamente la mano cuando el ominario se la extendió, pero no llegó a reaccionar a tiempo. En otro momento tal vez hubiera tenido que llevar a cabo una pequeña lucha interno por no mostrar el desagrado que le producía un contacto espontáneo como aquel con un desconocido, porque tenía demasiadas cosas en las que pensar. Irianna flexionó sus dedos de forma parecida, dejándose llevar por la corriente de forma prácticamente distraída de lo que el alienígena le decía acerca del poder que, según clamaba, estaba destinada a obtener. Las máscaras volvieron a entonar sus voces y la idrina pensó en que le resultaban un tanto escalofriantes.

Ello quedó completamente relegado a un segundo plano ante las siguientes palabras del extraño. Irianna clavó su mirada verde en el rostro suave del ominario, con la expresión de pronto muy seria y reflexiva. Una vez superado el shock inicial, la idrina había estudiado todo lo disimuladamente que pudo las inflexiones y lenguaje corporal de Miseria Nombre. O era bueno mintiendo o no parecía que hubiese dicho nada que no fuese cierto. O tal vez simplemente la chica buscaba una excusa a la que aferrarse para auto convencerse de que no estaba cometiendo ninguna estupidez.

Porque, sin duda, estaba a punto de decir una estupidez. Irianna, tras dedicar una breve mirada al ominario, recogió la esfera que le tendía y observó su interior sin analizarlo demasiado. En su cabeza había otras prioridades en aquel momento.
Miseria Nombre —interpeló al ominario mientras continuaba con la vista fija en el mapa—. ¿Me prometes que es completamente cierto que Veril va a olvidarse de mí si acepto acompañarte? —preguntó finalmente mientras le tendía la esfera para devolvérsela, observándole de nuevo con una expresión tan seria como determinada.
Sus puños enguantados se habían cerrado inconscientemente, denotando cierta tensión, mientras aguardaba la respuesta afirmativa de Miseria Nombre. Porque, e Irianna lo sabía, estaba a punto de cometer una locura. Pero era una locura que necesitaba cometer a toda costa.

Poco después, Veril no sabría qué hacía en casa de aquella famosa pareja de comerciantes, que por algún motivo conocía bastante bien, ni por qué hasta hacía unos instantes había tenido una sensación de perversa satisfacción incomprensible.

28 Re: Idris el 27/04/15, 01:08 am

Naeryan

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[Se recomienda la lectura de este relato para más contexto]

"¿Y si cometo un desliz?", había preguntado Shizel al custodio del portal.
"Borra tus huellas o mata a los testigos", había sido la respuesta, y a Shizel le había bastado. Llevaba dos años especializándose en borrar su propio rastro.

Había probado el hechizo de teletransporte en otros mundos vinculados por seguridad, mundos en que no importaba si se dejaba ver sin querer o cometía algún error, pero aquélla era la primera vez que lo hacía en Idris. Se dio cuenta de que había estado conteniendo la respiración cuando por fin liberó un suspiro de alivio, tras abrir los ojos y verse a escasa distancia de su ciudad de nacimiento.

Caminar por las calles de Arialis fue una sensación muy extraña. La gente le miraba pero no reparaba en él, y Shizel sentía ganas de preguntarles si no notaban nada raro. Si no intuían la chispa de la magia anidando en su interior, si no notaban que su piel solo no tendía al hielo porque la refrenaban hechizos térmicos.
En la metrópolis era solo otro joven idrino más. El skrýmir no estaba muy seguro de si la sensación le gustaba o le incomodaba, y no se demoró calmando la nostalgia en lugares familiares. Estaba a punto de recuperarlos, al fin y al cabo, o tal vez no. La duda anidaba en su cerebro, impidiéndole disfrutar del reencuentro hasta que tomara una decisión definitiva.

-

Un sondeo telepático cerca de la puerta le bastó para saber que estaba en la dirección correcta. Los padres de Anya le tenían bastante cariño a aquella pequeña mansión, al fin y al cabo, y habría sido extraño que se hubieran mudado.

Había oído los rumores que siempre seguían a cualquier cosecha antes de marcharse, y aquella vez Miseria había hecho su trabajo. Shizel no había llegado a verla -seguía considerando una falta de respeto espiar a los cosechados- pero sí se había enterado de que aquel año había traído a una chica idrina, y había esperado con todas sus fuerzas que no fuese a la que buscaba.

—Buenos días —saludó con perfecta educación cuando le abrió la mayordoma. La sensación de haber recuperado su idioma, con todos sus matices de cordialidad, sí le gustó mucho—. Quisiera hablar con Anya, si está en casa.
—¿De parte de...? —la empleada le miró expectante, y Shizel se esforzó por no mostrarse desconcertado. Aquella mujer llevaba recibiéndole años, y el ser tratado como un desconocido era una experiencia extraña.
—De un amigo—la idrina no reconocería su nombre, pero al skrýmir le bastaba conseguir un par de minutos a solas con ella.

Envió de nuevo un sondeo mental a la casa, y empezó a trabajar sobre los recuerdos de su amiga mientras ésta bajaba las escaleras en dirección a la sala de espera donde habían hecho pasar a Shizel.
—Disculpa, ¿me buscabas? —aunque los modales de Anya eran cordiales, no hacía menos duro ver la extrañeza en su rostro.
El skrýmir rompió entonces la última hebra del sello, y vio que el reconocimiento asomaba a sus ojos poco a poco, aunque aún no encajasen todas las piezas. Antes de que pudiera recordar allí mismo que llevaba dos años desaparecido y que se formara un escándalo, pidió:
—¿Podemos hablar en un sitio más privado?
La idrina asintió distraídamente y Shizel dejó que le guiara en silencio a una habitación que ya sabía dónde estaba, dejando que fuese recordando poco a poco. El que hubiese aceptado su petición significaba que, como mínimo, le resultaba familiar y había recuperado la sensación subyacente de que era una persona de confianza.

Anya se paró bruscamente en mitad de las escaleras, ahogando un grito. Intuyendo lo que pasaba, el skrýmir no se movió ni dijo nada cuando se giró hacia él con los ojos muy abiertos.
—Shiz —dijo con la voz trémula.
—Sí — el aludido sonrió con un nudo en la garganta.

-

—Hola, Anya —la familiaridad de aquel saludo, y de la situación en general, una vez que su amiga le hizo pasar a su habitación pasado el primer arrebato emocional, le llenó de nostalgia. Él sentado sobre la cama, ella en una silla con las piernas encogidas—. Me gustaría preguntarte algo.
—Dispara —la idrina hizo una mueca, sus recuerdos reajustándose a los huecos que dejaban los pedazos de memoria recién restaurados—. ¿Sabes? Me siento rara. Sigo teniendo la sensación de que hace bastante que no te veo. Pero al mismo tiempo no sé cómo se me ha podido olvidar.
—Ahora te lo explico.

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Se lo contó todo. Dónde había pasado esos dos años perdidos, a quiénes había conocido, qué había ganado de su experiencia. Qué cosas había perdido y cuáles quería recuperar.
—He decidido volver. Llevo peleando por ello desde que llegué a la ciudad —finalizó—. Pero ahora tengo dudas. Lo tenía muy claro al principio, pero todo el mundo me dice que estoy tomando una decisión equivocada —suspiró con pesadez—. Pero ellos solo ven una cara de la moneda. Quería saber qué pensabas antes de tomar ninguna decisión definitiva.

Anya respiró hondo y pensó largamente antes de contestarle, como solía hacer. El gesto le despertó tanta morriña que el skrýmir ni siquiera se impacientó. Cuando la idrina se cruzó de brazos y le miró directamente, intuyó que no iba a ser una respuesta conveniente para él.
—Shiz, no te lo tomes a mal pero a veces no piensas. O no quieres—el aludido rió entre dientes. Se había desacostumbrado a los reproches envueltos en tono amable de su amiga.
—No me digas. ¿Por qué?
—Porque es lo de siempre. No quieres que nadie te mire mal, pero a la vez quieres hacer lo que te da la gana —se había desacostumbrado también a hablar con alguien que le conocía tan bien, y se quedó sin aire—. Y para eso hay que ser muy ingenuo o tener la cara muy dura. Lo quieres todo a la vez y las cosas no van así.
—No lo quiero "todo" —se defendió—. Me parece razonable querer lo mejor de los dos mundos.
—¿Crees que el ir saltando de un mundo a otro no va a influir en nada? —le rebatió ella—. ¿Que después de meses de ausencia tus amigos van a recibirte exactamente igual que cuando vivías allí, sabiendo que solo estás "de visita"? ¿O que aquí no se van a dar cuenta de que no estás?

Le molestó que resaltara fallos tan obvios en sus planes, cosas que él había solucionado con parches.
—A los de aquí les puedo alterar la memoria. Los de allí saben mis circunstancias.
—Claro —el tono de Anya resbaló a lo sarcástico—. Y por eso se han tomado tan bien el que dijeras de volver, ¿verdad?
—No deberían —a Shizel se le coló algo de resquemor en la voz—. Es infantil.
—Les has ignorado para decidir —Anya habló un poco más suave—. Eso tampoco está bien.
El aludido se retrajo a un silencio defensivo. Sabedora de eso, la idrina no le insistió hasta que hubo formulado una respuesta de acuerdo a sus pensamientos.
—Es que no entiendo qué tiene de malo no querer elegir —confesó él a media voz.
—Que no siempre funciona, Shiz —la suavidad de la voz de Anya adoptó un tono algo dolido al recordar tiempos pasados—. Con lo nuestro fue igual. No fastidies esto también.
—Quería que funcionara —musitó Shizel con aire culpable. No habían llegado nunca a aclarar eso después de cortar.
—Ya lo sé, pero no porque te saliera del alma. Querías limitarte a tener contentos a tus padres, aprender a quererme de verdad como novia y no sentirte atado. Todo al mismo tiempo, y me cogiste tirria —Anya le interrumpió con un gesto disciplente de la mano antes de que siguiera justificándose—. No hace falta que disimules. Salir contigo también me aburría.
Shizel se echó a reír.

—¿Y qué hiciste? Te rajaste —continuó su amiga—. Y a mí me dio igual porque estaba en las mismas que tú. Pero a otra persona podrías haberle hecho daño.
La sonrisa del skrýmir se derrumbó como un castillo de cartas al acordarse de DL. Ella lo captó.
—Reflejo, Shiz. Cualquiera diría que un año huyendo de monstruos te habría hecho más listo. Sea quien sea, discúlpate.
—Ya lo he hecho —murmuró.
—No hablo de decir "perdón" por educación. Ve a quien sea, mírale a los ojos y aunque te estés muriendo por dentro dile que lo sientes. De hecho si te estás muriendo por dentro es buena señal. Eso es que aún te queda vida interior.
—Dos años fuera y hay que ver lo que piensas de mí —bromeó Shizel.
—Solo tengo de referencia la última vez que te vi, y a veces lo dudaba. No te veía más que en fiestas haciendo que te rieran las gracias —por primera vez a Anya se le coló en la voz una chispa de despecho.
—Puede ser —admitió Shizel—. Y tú te volviste más cerrada—ahora que las heridas al orgullo habían cicatrizado, era más fácil admitir que habían estado pendientes el uno del otro.
Anya musitó un gruñido de incomodidad.
—Un poco. Estaba algo amargada —reflexionó un poco—. De todas formas ahora estás distinto.
—¿Tú crees? —a Shizel le sorprendió de veras aquella afirmación. No se notaba cambiado.
—Más maduro. No es que te parezcas otra vez a como cuando te conocí —aclaró ella, refiriéndose a una faceta del idrino, silenciosa e introvertida, de la que él hacía muchos años que se había desecho—, sino... como eras cuando te fuiste, vaya, pero con la cabeza más en su sitio. Me pregunto qué te ha pasado mientras yo no estaba.
—Muchas cosas —murmuró el skrýmir. Manoseaba una de las canicas que había traído, haciéndola aparecer y reaparecer entre sus dedos—. Me habría encantado que vinieras —añadió a continuación con cierta melancolía—. Tú y yo sin presión, como cuando éramos pequeños. A lo mejor las cosas habrían salido de manera diferente.
Tal vez si la presencia de Anya le hubiese obligado a abandonar aquella regresión infantil de carácter las cosas habrían sido distintas. Se preguntó en qué habrían cambiado los acontecimientos si los de Maciel hubieran conocido a un Shizel distinto al de las sonrisas falsas y los caprichos por delante.

Su amiga se encogió de hombros con una sonrisa cansada, sus pensamientos al parecer yendo por una línea similar.
—Podríamos haber recuperado la amistad allí. Habría sido bonito.
A Shizel se le ocurrió una locura.
—Podría llevarte conmigo. Yrio volvió a su mundo a por alguien que conocía.
Anya esbozó una sonrisa sardónica.
—Claro. Y estar todo el tiempo pendiente de que me protejas de vete a saber qué gente. No, gracias. Llámame aburrida pero prefiero dejar las aventuras en los libros —se encogió de hombros—. Y aún estoy a tiempo de que me convenzan, ¿no? Dices que siguen llevándose a gente.
—Desde luego —y al decirlo el skrýmir se dio cuenta de que no deseaba ese futuro para ella. De que su lugar estaba en un mundo donde el mayor contratiempo que podía sucederle era repetir un curso en el Magisterio, no una carrera contrarreloj contra la Luna Roja. Y de que con ese pensamiento se refería tanto a su amiga como a todo lo que había dejado al otro lado del portal al marcharse.

—Vale, pongamos que tengo que elegir. ¿Pero qué elijo entonces?
Anya le miró con esa lucidez en la mirada que denotaba que veía muy simple una cosa a la que él daba demasiadas vueltas.
—Shiz, no he estado en ese sitio ni soy experta en contratos mágicos... Pero si aceptaste fue porque querías irte, ¿no?
La simplicidad de aquel argumento le desarmó.
—Me engañaron —protestó aún así—. No me dijeron toda la verdad, y puede que me drogasen.
—Ya, eso no fue muy amable —admitió ella—. Pero a pesar de haber visto lo que hay... sigues dudando. Creo que es bastante significativo. Quiero decir, dices que en esa ciudad muere gente todo el rato. Y aún así te lo planteas.
—Es que no es sólo muerte —se defendió Shizel.
—¿Ah, no? ¿Qué más hay?
—Ya te lo he contado.
—Compláceme.
El skrýmir resopló, consciente de que Anya estaba dándole coba.
—Hay magia.
Los labios de su amiga se curvaron en una sonrisa contenida.
—Si me hubieran preguntado entonces, diría que hubiese bastado con eso para que hicieras las maletas. Venga, ¿qué más?
—La gente... —tuvo que reflexionar un poco aquel factor—. Es extraña. Pero quizá por eso es distinto a tener amigos aquí.
—Me dijiste muchas veces que socializar aquí te aburría. Antes, al menos.
Shizel rió sin muchas ganas.
—Después siguió siendo más de lo mismo. Y en Rocavarancolia otra cosa no, pero no puedes aburrirte. Todo pasa muy rápido y muy fuerte, y nadie es educado.
—Como si te gustara ser educado todo el rato —se burló Anya.
—Créeme que allí llegué a echarlo de menos —Shizel suspiró.
—No te desvíes del tema. ¿Qué más dejarías atrás si te quedaras?
—La Luna Roja.
Anya se encogió de hombros, sin comprender el valor de aquel astro arbitrario.
—No lo entiendes, es... Es como un subidón —intentó explicarle Shizel—. Te cambia la primera vez, y las siguientes no quieres que se vaya nunca.
—¿Te ves capaz de no verla más?
—No —admitió él tras unos segundos de silencio trabajoso—. Pero es solo una vez al año. Podría atravesar el portal a Rocavarancolia y quedarme mientras dure.
—Eso es hacer trampa.
—Tendría que hacerlo de todas formas —argumentó Shizel—. Obtengo magia de la magia ajena. No creo que con la de los laboratorios me baste, y para mantener mi vida aquí y modificar recuerdos cuando me haga falta la necesito.
"La necesito, a secas."
Su amiga ladeó la cabeza.
—Eso de los recuerdos es inquietante. ¿Sabéis hacerlo todos los magos?
Shizel se echó a reír. ¿Había sido él alguna vez tan ingenuo respecto a la magia?
—No, qué va. Tuve que especializarme y estudiar mucho. Me gano la vida con eso, además.
Aquello llamó la atención de Anya.
—Perdona, ¿dices que trabajas?
—Sí. De mentalista —la expresión de Shizel se oscureció entonces—. Eso sí que no me importaría dejarlo atrás.
—Tal vez deberías plantearte dedicarte a otra cosa —propuso ella con tacto, detectando tu amargura.
—Y eso planeaba. Aquí tengo la vida solucionada, ¿no?
Aquella vez Anya lo miró estupefacta.
—¿Don "no quiero ser banquero" ha vuelto para coger el negocio familiar? ¿Sin que su padre le obligue?
Shizel abrió la boca para replicar pero no se le ocurrió nada.
—¿Y ése es el mundo al que volverías solo por obligación? —Anya sonrió—. Creo que ya has elegido. Pero justo por pensar demasiado ni te habías dado cuenta.
No fue una sorpresa ni una revelación, porque todo hasta ese momento, sus planes, sus desengaños, el desencanto de sus amigos, aquella misma conversación, había estado guiándole hasta aquel descubrimiento. Y con él tomó una decisión, dolorosa pero que consideró necesaria.

—Gracias —Shizel se levantó de la cama. Esbozaba la sonrisa más triste que recordaba haber expresado nunca—. Anya, te voy a echar de menos.
La idrina parpadeó confusa.
—¿Por qué?
El skrýmir la recogió en sus brazos cuando cayó, sedada.
—Por esto —susurró.

-

Borró su memoria antes que la de cualquier otro, y fue en la que empleó más mimo. Destruyó para siempre los recuerdos que Miseria se había limitado a sellar, dejando en su lugar intacta, sin embargo, la impresión de haber estado acompañada en todos los momentos en que Shizel había sido importante para ella. Borró concienzudamente su nombre y sus atributos, pero dejó, aunque emborronado, el recuerdo de su presencia, como una sombra a la que no pudiese poner cara.

También una advertencia, no de Shizel sino de Desidia. Cualquier rocavarancolés que intentase secuestrarla o hacerle daño la vería marcada claramente.

-

Shizel siempre había sospechado que su padre estaba decepcionado con él.
Aquel breve paseo por sus pensamientos le confirmó que era verdad.

Su paso por la mente de su madre fue mucho más superficial, pero quizá por fugaz fue más doloroso. Ver que apenas había nada que borrar, el rostro de su hijo más vívido en recuerdos de su infancia que en cualquier otro. El hijo del que se había despedido, muchos años antes de que éste se fugara a un mundo desconocido, con una caricia en el pelo, una sonrisa y un sello de crédito.

-

Había formulado el hechizo de localización modificado hacía mucho tiempo, y solo tuvo que usarlo para un propósito diferente al original. Shizel eliminó para siempre los recuerdos significativos que albergaban sobre él todas las personas con las que había cruzado caminos alguna vez. Borró con paciencia su imagen de la mente de amigos, enemigos, conocidos, personas que hubieran tratado con él de una manera u otra. Pudo saber lo que pensaban de él, y fue conociendo las distintas impresiones que había ido dejando en la gente con la que había tratado, múltiples caras de la persona que había sido.

Un chico agradable para algunos. Un creído para otros. Un amigo al que se recordaba con afecto. Una fuente de diversión en las fiestas. Un mago con talento. Un alumno que se aplicaba lo justo para contentar a sus padres. El centro de un grupo que castigaba inadvertidamente con su indiferencia. Un egoísta. Un niño de papá. Un buen conversador. Un niño retraído. Un adolescente descarado. Un ligue de una noche sin más significado. El blanco de un enamoramiento sufrido en silencio. Un objeto de deseo. Un fácil. Una sonrisa encantadora que se ofrecía con facilidad. Una cara bonita sin nada más debajo.

Captaba soterrado bajo todo aquello, con más frecuencia de la que esperaba, una pizca de respeto; y aquello fue un pequeño consuelo.

-

Caía la noche cuando terminó. Y levitando se alejó, sin prisa, en dirección al cruce entre mundos y dejando atrás a medida que caminaba su ciudad, sus pertenencias, su vida y todo lo que había conocido como su mundo.

No, se corrigió justo antes de cruzar el portal. No se marchaba de su hogar.
Regresaba a él.

Sigue en Rocavarancolia.


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29 Re: Idris el 27/10/15, 04:59 pm

Alicia

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Sirce y Siete se habían alejado bastante del grupo una vez terminadas las tareas. Habían ido nadando a favor de la corriente y estaban dentro de una gruta cercana. La habían descubierto buceando juntos.
Me encanta como suena la voz dentro de estos sitios- dijo Sirce. Asomaba poco más que la cabeza desde el agua. Arriba, la roca se abría lo justo para dejar pasar dos tristes rayos de sol de los que vivían las algas de las paredes. El rumor lejano de las olas era todo lo que llegaba del mundo exterior. Siete probó una nota en voz alta, Sirce respondió con otra más aguda y se rieron los dos por la niñería. Luego empezó Sirce y Siete le siguió con un acorde.  Se sonrieron mutuamente y aquello pareció decidir que era el momento de volver a casa.
Notó que algo iba mal cuando se sumergió. Salieron los dos al poco, de nuevo en la gruta.
¿Estaba la corriente así a la ida?
No lo sé. Mierda, puede que sea por el cambio de marea.
Tengo otra mala noticia- Sirce levantó el indice. La piedra tenía, casi en su techo, la línea que marcaba la subida del agua, un cambio de color apenas perceptible en la roca, una mancha de sal y de pared erosionada. Ahogarse ahora o ahogarse después. Siete tuvo que encontrarle el sentido del humor.
Habrá que nadar con ganas.

La inquietud no llegó hasta que estuvo sumergido, mirando a través del agua. Un tapón transparente que se resistía a sus empujes. Era la falta de aire mientras pataleaba, no la posibilidad de la muerte. Una urgencia que había olvidado a su amigo y que agarró el aliento en la superficie como si tuviera más necesidad de la que sentía. Hubo un rugido sordo a su espalda, de ola recién rota, junto con la repentina sensación de que el sol había desaparecido del cielo. Boqueó. Volvió a hundirse. Se tumbó casi para dejar pasar la ola y vio entonces: a su amigo saliendo detrás de él de la gruta, yendo a asomar la cabeza cuando la ola estaba casi encima. Como Sirce no tocaba el aire de fuera. Siete gritó bajo el agua. La ola se llevó a Sirce como un muñeco de trapo. Lo había estampado contra la orilla cuando lo alcanzó. Y ahí si lo sintió. El pánico. Arrastró consigo a Sirce hacia fuera, resollando.
No, joder, no, joder no. No, Sirce, por lo que más quieras- las lágrimas se le mezclaban con el agua de mar. Le pegó con las dos manos en el pecho. Había sido un gesto inconsciente. Sirce empezó a toser y el agua le salió de boca y nariz.  No tenía que haber pasado eso. No tenía que haberlo tocado.
Lo siento!- dijo, con la voz rota, retrocediendo en la arena. Vio que su amigo lo comprendía. Lo había salvado-. ¡Ha sido sin querer! ¡Ha sido sin querer, Sirce!
¿Como se hace algo así sin querer?
No se lo puedes decir a nadie- cortó brusco. Se tapó la boca con fuerza.
Esto es malo.

Sonaba tan rasposa. La voz de Sirce sonaba a Ahogado. El corazón de Siete no había llegado a quedarse tranquilo pero ahora casi sentía que se le salía por la boca. Se incorporó. Por el contrario, el otro se había doblado sobre si mismo en la arena, y lo ponía el doble de nervioso no poder leer su cara.

No se lo digas a nadie- “me matarán”-. Lo siento. Lo siento de verdad.

Echó a correr. No se le ocurrió que no podía huir, no de verdad.  Tropezó después, respirando como si le quemara. Cerró el puño sobre la arena y empezó a gemir cuando oyó algo y al levantar la cabeza vio la tela de una túnica.  Siete sintió que le abandonaba el espíritu y la sangre. Tosió. Se incorporó con torpeza.

¿Vienes del mar?- dijo petrificado.
De mucho más lejos- un cacao de voces y de rostros, reverberantes. Venía a hacerle promesas y a Siete le bastaba con la mitad de ellas.


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