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Rocavarancolia Rol » Otros Mundos » Mundos vinculados » Varmania

Varmania

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1 Varmania el 12/08/12, 07:07 pm

Rocavarancolia Rol

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Recuerdo del primer mensaje :

Varmania

Portal suspendido sobre un mar mediano del planeta


61 Re: Varmania el 19/08/16, 05:11 pm

Dal


Varsai no apartó la mirada del amanecer y tan sólo asintió a las palabras del hombre árbol. Para Varsai aquello significaba una despedida, era la última vez que vería el amanecer desde el mirador, sería la última vez que vería a sus hermanos y por ello, al pensa en eso, un par de lágrimas se escaparon de sus ojos.

Se las secó disimuladamente y forzó una sonrisa cuando volvió a mirar a Dirke. Esa sonrisa se volvió menos forzada cuando vio al chico anonadado con la salida del sol. Varsai archivó aquella imagen en su memoria para poder pintarla luego.

"Tengo hambre. Vamos, te invito a desayunar."

Varsai conocía una panadería que abría temprano que además tenía servicio de cafetería donde vendían bollos recién horneados. Antes de ir a la ciudad la niña muchas veces había desayunado allí, bien fuera sentada en su terraza o interior como llevándose un bollo para comer de camino a clase.

No era el único motivo, si todo seguía como debiá uno de sus hermanos pasaría por allí a comprar el pan, aquella era su panadería habitual.

"¿Qué quieres? Tienen unos bollos rellenos de chocolate y nata muy buenos." le preguntó cuando se acercaron a dicho lugar.

Varsai sacó su monedero, antes de ir a Varmania la chica había cambiado algunas monedas por dinero varmano con el que poder costearse algún recuerdo.

62 Re: Varmania el 22/08/16, 05:03 am

Yber


GM
Una vez acabaron de ver la salida del sol desde el mirador, Varsai le dijo que le invitaba a comer y Dirke decidió no decir nada al respecto, salvo asentir. Seguro que la leopardo necesitaba reponer energías tanto cómo él, pero en su caso no funcionaba igual. Una vez llegaron a la panadería, el hombre árbol entendió por qué le había traído ahí (o eso creyó). Los dulces tenían una pinta buenísima aun cuando Dirke no sentía ningún tipo de interés por comerlos.

Perdona, no quise decir nada, pero no puedo comer nada de esto —le explicó—. Para mí un vaso de agua estará bien, pero si coges unos pocos bollos podemos invitar a la vuelta a los de la Sede —acabó sugiriendo.

63 Re: Varmania el 19/09/16, 03:30 pm

Dal


Varsai bajó la mirada avergonzada, se reprendió a sí misma por no haberse dado cuenta de aquel dato. Desde que conocía al hombre árbol nunca lo había visto probar bocado, tenía que haber caído en ello.

Se acercó a la mujer que estaba tras el mostrador y escribió en su cuaderno. Al principio le resultó raro volver a escribir en varmano pero tras las primeras palabras ganó confianza en los trazos que tan familiares le resultaban. Pidió para sí un bollo y un té de frutas, para el chico pidió un vaso grande de agua. También pidió que le apartaran unos bollos para llevar que recogería antes de irse.

Se sentó en una mesa pegada a la pared con Dirke. Miró hacia arriba y sonrió, señaló un cuadro que tenía sobre las cabezas y le escribió.

"Lo pinté yo y se lo regalé a los dueños hace unos años. Su hijo y yo íbamos al mismo curso de la escuela y éramos cercanos. Me alegra ver que esa pintura aún dura aunque no lo hagan los recuerdos sobre mi."

El cuadro representaba la fachada del local junto a sus dueños. La pintura desprendía cierta calidez, Varsai había sabido captar el cariño que le tenían los dueños a la panadería y lo había plasmado inmortalizándolo en el cuadro.

Llegaron las cosas que había pedido y sonrió al chico pero se sintió un poco mal, por eso comió despacio y aunque estaba muy bueno no lo exteriorizó. Al poco le señaló a Dirke un joven que había entrado por la puerta, éste tenía cicatrices por la cara quele bajaban por el cuello, eran bien visibles.

"Mi hermano mayor." escribió y lo observó hasta que se fue con la bolsa del pan bajo el brazo. Su mirada se había tornado triste y de pronto el dulce ya no le supo tan bien.

64 Re: Varmania el 21/09/16, 10:16 pm

Yber


GM
Al contrario que Varsai, para Dirke no hubo ningun mal en que la muchacha no hubiera caído en que no comía. Era algo que ocurría sorprendentemente a menudo y el hombre árbol jamás le había dado importancia. Él tampoco sabía con certeza todas las implicaciones de las transformaciones de sus amigos, ¿por qué debía ser diferente?

El cuadro es precioso —reconoció—. Algún día tienes que pintarme un paisaje bonito.

Y se sumió en silencio, dejando que Varsai desayunara tranquilamente mientras él disfrutaba del local. Su último mensaje, la llegada de su hermano, no hizo sino reforzar aún más ese silencio. Dirke sonrió a la muchacha y le acarició el hombro suavemente, dejándola asimilara a su ritmo la entrada de su hermano. Si le pedía cualquier cosa, Dirke la haría encantado; si no, dejaría a la varmana en privado con sus emociones.

Mientras tanto, el alemán se pelearía consigo mismo. Visualizar estas escenas le traía mucha más tristeza de lo que se podía ver desde fuera.

65 Re: Varmania el 11/10/16, 05:30 pm

Dal


Cuando su hermano se fue Varsai le dirigió una sonrisa a Dirke, era una sonrisa triste pero la niña intentó con todas sus fuerzas sonreír y no echarse a llorar. Lo consiguió centrándose en su comida y en terminar su desayuno.

El chocolate la animó, no cabía duda de que ese dulce la reconfortaba. Ver a su hermano había sido como echarle sal a una herida abierta. Dolía, pero la niña sabía que era necesario para que por fin empezase a sanar.

Algo más animada tras el desayuno insistió en llevar al humano por la ciudad dando un paseo y enseñándole los distintos lugares de ella. Los parques en los que había jugado cuando era más pequeña, el colegio donde había aprendido, el bloque de pisos que había llamado casa. La niña mantuvo su sonrisa durante el recorrido y, aunque al principio había sido forzada, ahora era genuina. Se divertía contándole anécdotas al hombre árbol.

"Sólo me queda una cosa por hacer." le escribió cuando el sol marcaba cerca del mediodía. Era día de mercado y la costumbre de sus hermanos era dar un paseo mirando los tenderetes, Varsai necesitaba ver a su otro hermano. Escribió una cosa en un papel que no le enseñó a Dirke, lo arrancó, lo dobló y se lo metió en un bolsillo.

Llegaron a la plaza del mercado y Varsai activó sus sentidos animales para que le ayudaran a localizar a sus hermanos. Cuando los hubo encontrado le pasó a Dirke su mochila pidiéndole que la cuidara un momento. Varsai se acercó sin hacer ruido a su hermano mayor e introdujo dentro de un bolsillo suyo la nota que había escrito. Lo observó de cerca durante unos segundos en los que se sorprendió de lo poco que había cambiado, para Varsai parecía haber pasado una eternidad cuando tan sólo había sido menos de un año.

Por fin se volvió hacia Dirke y se alejó de sus hermanos. Aquello le estaba costando la vida, cada paso era un suplicio en el que se obligaba a continuar adelante y dejar atrás a sus seres queridos sin sinquiera darles un último abrazo. Cuando llegó a la altura del humano grandes lágrimas se precipitaban por sus mejillas, le hizo un gesto para que la siguiera y una vez fuera de la ciudad se abrazó a él enterrando la cabeza en su hombro y permitiéndose llorar por fin.

En la nota que su hermano encontraría horas después decía: "Gracias por todo."

66 Re: Varmania el 11/10/16, 06:49 pm

Yber

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GM
Dirke se limitó a continuar con la actitud pasiva que había mantenido desde que empezó todo. El hombre árbol no hacía nada que no fuera necesario para Varsai, la seguía de cerca, paraba cuando tuviera que parar y sujetaba lo que fuera necesario para ella en aquel momento. Era la despedida de Varsai y él no era más que un simple espectador en ella. Quería que fuera así. Cuando la chica volvió llorando no hubo preguntas, Dirke anduvo tras ella en completo silencio hasta que llegó lo que parecía necesario.

El muchacho la abrazó con fuerza, acariciándole la espalda con sumo cuidado, y no se despegó hasta que la varmana dio muestras de querer espacio.

Ya está —la consoló—. Ya está. Has dado un paso muy difícil de dar, Varsai, siéntate orgullosa; y recuerda que en Rocavarancolia te espera una nueva familia.

Dirke estiró uno de sus brazos y lo cubrió de una corteza que la varmana reconocería de sobra: pertenecía a una de las especies que poblaban los parques de su pueblo. Hizo surgir un par de flores de la palma de su mano y las cortó sin miramientos para ofrecerselas a Varsai.

Ellos no pueden verlas —le explicó—. Para ellos, estas flores no crecen en esta época del año.

Aquella frase tan rebuscada y casi fuera de lugar pretendía ser una forma de reconfortar a la muchacha, el alemán había visto muchas pelis. Para él, Varsai dejaba atrás una sociedad gris; llena de viejos familares, viejos sentimientos, viejos lugares... Cosas pasadas de moda, anticuadas y vivas casi únicamente por la nostalgia. Tan lejos y tan inconscientes de toda la grandeza que les había ofrecido la luna, aquellas cosas no se merecían ni convertirse en lastre.

En cuanto la varmana lo quisiera, emprenderían el camino de vuelta.


_________________________________________

No llores por no poder ver tu pierna,
las lágrimas te impedirán ver los cadáveres de tus amigos.

67 Re: Varmania el 15/01/17, 04:38 pm

Dal

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Las lágrimas pararon después de un rato y Varsai por fin se separó de Dirke. Se limpió con las mangas los restos que aún le quedaban por la cara y trató de componer una sonrisa, cosa que no consiguió. Asintió a las palabras del humano y por fin sonrió cuando vio las flores en manos del hombre árbol. Era una sonrisa triste pues aquellas flores le traían recuerdos de su infancia.

Cogió las flores y tras pensarlo unos segundos le dio una a Dirke.

"Quiero que tú tengas una y yo otra, como recuerdo de este viaje. La conservaré siempre."

Olió la flor y las lágrimas volvieron a asomar a sus ojos pero esta vez las contuvo. Guardó la flor entre las páginas de su cuaderno y volvió a escribir.

"¿Nos vamos? Creo que esta visita ya se ha alargado lo suficiente."

Varsai ahora sólo tenía ganas de volver a la ciudad y echar a correr por sus calles. Correr y olvidarse de todo hasta volver a la Sede y desplomarse en su cama de cansancio.


_________________________________________

Soy Dal, hijo del Estío y el Crepúsculo. Señor del Vacío y Amo del Infinito. Destructor de Mundos y Artífice de Infiernos. Conde de la Nada y Duque de los Océanos. Rey del Purgatorio y Terror del Cielo. Marqués del Inframundo y Barón de la Muerte. Por todos estos titulos, Invitado, reclamo tu vida para mí .

68 Re: Varmania el 16/01/17, 08:58 pm

Yber

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GM
Dirke asintió y cogió la suya. Se colocó la flor tras la oreja e hizo volver la tabla para iniciar el viaje de vuelta hacia el portal. Varsai superaría este viaje, como lo superaban casi todos los que lo emprendían. Tal vez fuera cosa de la Luna Roja y su influencia, que traía cierta capacidad de superación consigo. O tal vez solo era consecuencia de la cosecha y lo duras que eran sus normas.

De vuelta a casa —dijo.

Se subió en la tabla, invitó a Varsai a que hiciera lo mismo y puso rumbo de vuelta a Rocavarancolia.


_________________________________________

No llores por no poder ver tu pierna,
las lágrimas te impedirán ver los cadáveres de tus amigos.

69 Re: Varmania el 10/04/18, 04:40 pm

Zarket

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GM
El joven casi temblaba en la linde de una ciudad varmana. Era noche cerrada, y no solo por las horas que hacía que había atardecido: tanto nieblas como tupidas nubes dificultaban la visión. Esa noche, en aquella ciudad, ni las lunas podían verse.

Era una absoluta casualidad que el clima le fuera tan favorable a sus intenciones, pero desde luego no pensaba desaprovecharla.

Si alguien hubiera visto su cara la habría definido de leve desagrado contenido, como si fuera a hacer algo que no le hacía mucha gracia pero no le quedara más remedio. En cierto modo así era. Lanor Gris, el último demiurgo transformado por la Luna Roja, necesitaba urgentemente materiales para crear constructores. Y, dado el poco dinero que tenía, no podía comprarlos.

Así que tenía que robarlos.

El demiurgo suspiró, resignado. Esperaba que nadie sufriera ningún castigo por su mano larga.

Varios seres alados volaron desde su cercanía hacia alrededor, siguiéndole por detrás o abriéndole camino, o volando en las calles aledañas. Eran vigilantes, con vida que se extinguiría al cabo de unas pocas horas. Solo tenían una misión: avisar de cualquier persona con la que el joven aprendiz de arquitecto pudiera toparse.

Antes de poner un pie en aquella zona habitada el demiurgo trenzó varios hechizos: sus ojos se volvieron negros y le otorgaron la capacidad de ver cualquier punto concreto en un radio determinado, sus sentidos aumentaron más allá de sus capacidades innatas y su cuerpo se volvió intangible por completo, como si no fuera más que un fantasma. Y el cansancio de aquel día también desaparició, consumido por el hechizo de vela.

A Lanor Gris le habría gustado ser invisible, pero no le había dado tiempo de aprender la magia que podía volverlo así.

Se había aprendido el camino que debía seguir hasta el almacén metalúrgico más cercano, pero aquel conocimiento no le aportaba tranquilidad. No temía a los varmanos ni nada de lo que le pudieran hacer, por supuesto: su capacidad mágica prácticamente garantizaba su seguridad en aquel mundo. No, lo que temía era lo que podían hacerle en Rocavarancolia si cometía un error. El Consejo de la ciudad no se caracterizaba ni por su piedad ni por su paciencia, al fin y al cabo.

Y, sobre todo, temía lo que pudieran a hacer a cualquier varmano que le viera.

Había muy poca gente en la calle, por supuesto. Al día siguiente los que habitaban aquella zona de la ciudad debían trabajar, y eso les obligaba a usar aquellas horas para descansar.

Pero aun así no todos dormían. Varios minutos después de meterse en aquellas calles irregulares y no especialmente limpias Lanor Gris escuchó una respiración sorda unos metros por delante. Gracias a la niebla mágica comprobó que era algún vagabundo, o quizás un simple borracho que se había tendido allí en medio. Balbuceaba cosas incoherentes, aunque lo más importante era que estaba en medio de la calle que debía atravesar.

Aquel desconocido le dio lástima, pero eso no evitó que hubiera un remalazo de irritación al tener que cambiar el camino. Era algo que había asumido al planificar el viaje, pero eso no lo hacía menos fastidioso.

No fue la única ocasión en la que lo hizo, aunque tampoco podría jurar que absolutamente nadie lo había visto. Esperaba que, si así fuera, no vieran nada extraño: iba cubierto de arriba a abajo con ropa varmana que había en Serpentaria, incluyendo un gorro que le cubría las orejas. Era cierto que se le podía reconocer como no varmano, pero para eso había que estar a una distancia decididamente cercana a él. Imaginaba que cualquier insomne que le viera desde una ventana aleatoria, o que contemplara de lejos su silueta, lo tomaría como cualquier otro de sus compatriotas. Quizás con uno de poco fiar, dada su evidente prisa y el obvio paso furtivo, pero uno de los suyos al fin y al cabo.

«No puedo tener problemas con el Consejo» se dijo, sintiendo que la preocupación por él mismo y los varmanos no dejaba espacio para el dilema moral que conllevaba el hecho de estar robando.

Las calles estaban mayormente vacías, pues a esa hora casi todos los varmanos pobres estaban dormidos, descansando para la jornada de trabajo del día siguiente. Alguna vez, sin embargo, se encontró con transeuntes, mendigos o borrachos perdidos. En una ocasión, para evitar que le vieran, tuvo que meterse por completo en el suelo tras tomar aire. El transeúnte no había tardado ni un minuto en desaparecer, pero mientras lo espiaba con la niebla mágica Lanor llegó a creer que se desmayaría de la asfixia antes de poder salir.

No sería la primera vez aquella noche que usaría aquel hechizo, aunque sí la más angustiosa.

Tanto la noche como la travesía habían parecido interminables al demiurgo, dividido entre la necesidad y los escrúpulos, entre el deseo y el terror. Pero el viaje, al fin, acabó, o al menos su primera etapa. Los muros del almacén al que se dirigía salieron a su vista, más cercanos de lo que se había esperado. Un instante de sorpresa siguió a aquel, unos segundos para asumir lo que debía hacer.

La ejecución no era difícil: intangibilidad, desmayo y moldeo eran formas de magia muy por debajo de su nivel. No, allí el trance era moral.

Lanor Gris inspiró hondo, intentando quitarse de en medio aquellas dudas. Apenas había caído en la cuenta de que aquello no era, ni de lejos, lo peor que un rocavarancolés podía hacer en algún mundo vinculado, pero de haberlo hecho le habría sido indiferente. El problema allí era lo que él hacía, no la forma de actuar del resto. Aquella era, en muchos sentidos, su primera acción como ciudadano de Rocavarancolia: por primera vez interactuaba con un mundo vinculado, por primera vez realizaba una acción para conseguir sus objetivos, por primera vez rompía las normas morales con las que se había educado…

Al realizar aquello afianzaba su propia pertenencia a la ciudad del espanto. Eso era lo que realmente le frenaba.

Los segundos de indecisión se alargaron como el paso de los eones cósmicos. Y sin embargo aquella escena no fue de duda, sino de procrastinación: habiendo llegado allí sabía que no podía volver atrás. Así pues, tras aquellos momentos, el demiurgo inspiró hondo, recurrió una vez más a un hechizo de intangibilidad y cruzó la pared.

El interior de aquel lugar estaba ordenado de una forma estricta y meticulosa. En Rocavarancolia había podido leer que el almacén vendía al por mayor, por lo que no le sorprendió ver aquello: grandes estanterías completamente alineadas en cuyos estantes había metal en diversas formas, en especial moldeado como cilindros huecos. Pasos se oían, aunque pensaba que no demasiado cerca.

Abrió una de las dos bolsitas que tenía colgadas a la cintura. La que había elegido, más abultada, contenía dos vigilantes, aunque en ese momento todavía estaban inertes. El plan era darles poco tiempo de vida y combinarlos con la niebla mágica para saber cuántos varmanos vigilaban aquel almacén.

El proceso, a aquellas alturas de su transformación, fue rápido y relativamente preciso: aquellas criaturas poseerían poco tiempo de vida. De emociones tenían poco más que amor a su creador y cierta urgencia en cumplir su misión, y aunque Lanor sabía que en aquel aspecto podría haber afinado más decidió dejar aquello para más tarde.

Por supuesto no hubo solo rapidez y precisión: también hubo dolor. Hacía tiempo que había conseguido no gritar al dar vida, pero todavía no conseguía habituarse al mordisco helado que se metía en sus entrañas cuando lo hacía. Y comenzaba a pensar que nunca lo haría.

Pronto pudo comprobar que el número de varmanos vigilantes era relativamente alto, con dos cercanos a su propia posición y otro a algo más de distancia. El demiurgo dejó de respirar por un instante, pero luego, con algo de duda, se puso en movimiento. A efectos de aquella “misión” se había aprendido el hechizo de desmayo, que no tardó en aplicar sobre el varmano más cercano, momentos antes de que lo viera.

Luego se puso a trabajar.

Con movimientos temblorosos cogió uno de los tubos cercanos y lo metió en la bolsa sin fondo que llevaba, cortesía de Virai Nura. Después volvió a inspirar, e hizo lo mismo con la siguiente barra, ahora con movimientos más serenos. El nerviosismo fue desapareciendo, sustituido por rapidez y precisión. Dentro de la bolsa el hierro se fue apilando de forma caótica, la rapidez demasiado necesaria para poder ordenarlos mejor.

Lo hizo sin dudas, sin vacilación. Aquel no era el momento para reflexionar sobre la ética.

Luego dio un paso atrás, contemplando los materiales que había metido en la bolsa mal llamada sin fondo. Con un suspiro la cerró, sabiendo que en Rocavarancolia debería ponerse a moldear aquello y clasificar. No lo había calculado con exactitud, pero esperaba haber obtenido suficientes materiales para tirar con aquello hasta tener dinero propio.

Un aviso mental de una de las criaturas rompió su concentración, aunque al demiurgo le hizo falta un segundo para comprender por qué. Uno de los varmanos se había acercado demasiado y, tras un instante, se dejó ver a través del pasillo frente al que estaba Lanor Gris.

La fortuna quiso que estuviera girado, observando algo que escapaba del campo de visión del demiurgo. Este último, por desgracia, estaba demasiado nervioso para darse cuenta: el hechizo de desmayo salió despedido de sus dedos antes de que pudiera enfocar el lanzamiento, dando de lleno al desconocido antes siquiera de que pudiera mirar en la dirección en la que estaba el demiurgo.

El cuerpo inconsciente, como un fardo, cayó hacia atrás, justo sobre una de las estanterías repleta de cilindros de hierro en frágil equilibrio. El golpe, por supuesto, fue más que suficiente para desestabilizarlos. Y, una vez el primero estuvo fuera de su lugar, otros le siguieron.

Inevitable fue que todos los cilindros de aquella estantería se desbordaran por ambos lados de aquel pasillo. Algunos cayeron sobre el varmano antes de que el hechicero dador de vida pudiera moverse siquiera. Otros cayeron a su alrededor, y todavía más cayeron hacia la otra zona del lugar.

Todos formaron un ruido que debía de haberse oído no ya en el almacén entero, sino hasta fuera de este.

Las criaturas del demiurgo revolotearon a su alrededor, intentando sacarlo del estado en el que se había quedado. Un rictus de horror cruzaba su cara, mientras que el resto del cuerpo había quedado convertido en una estatua congelada.

Las voces alarmadas de los vigilantes consiguieron sacarlo de su estupor. Su brazo se alargó de malos modos para meter a todas sus criaturas en la bolsa sin fondo que colgaba del cinturón, mientras con la otra mano volvía a lanzar el hechizo de intangibilidad. Luego se metió de lleno en el suelo, cuidando de que nadie lo viera.

Y, como se suele decir, salió por patas.

Pensó que iba a asfixiarse antes de poder salir al aire en una calle solitaria, cercana al almacén. Sus oídos no escuchaban nada que fuera demasiado extraño, pero dado que tampoco deseaba quedarse esperando decidió hacer lo más práctico: cancelar el hechizo y aumentar la velocidad. Debía llegar cuanto antes a Rocavarancolia. La niebla, entre tanto, se había vuelto incluso más espesa que antes, como una mortaja descendida sobre la ciudad.

Fue ya fuera de la ciudad, cerca del vórtice, cuando se permitió relajar su paso. El miedo y la pena inundaron su corazón al reflexionar sobre aquellos últimos instantes en el almacén. Podría haber tomado otras soluciones: intangibilizarse y meterse bajo el suelo, ocultarse tras otras estanterías… ¿Por qué había tomado aquella? ¿Qué le haría el Consejo si se enteraba? ¿Por qué había perdido el tiempo con nervios y dudas en vez de, simlemente, pensar en cómo hacer aquello?

El segundo varmano al que había desmayado surgió en su mente. Fue allí cuando las lágrimas surgieron en sus ojos, mientras su imaginación se encargaba de darle coba a su pesar. ¿Se había convertido él aquella noche en un asesino?

Poco le importaba que, de ser así, habría sido completamente accidental. Una vida menos era una vida menos, y nada podía cambiar aquello.

Sus pasos no tardarían en dejarlo frente al portal, y una vez en Rocavarancolia tampoco tardarían en llevarlo a su cama.

Sigue en... ya veré dónde.

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