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Casa de los Dulces

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1Casa de los Dulces - Página 13 Empty Casa de los Dulces el 03/08/11, 10:53 am

Rocavarancolia Rol

Rocavarancolia Rol
Recuerdo del primer mensaje :

Una modesta casita hecha principalmente de chocolate y otros dulces. Está protegida por un hechizo de gula que te obliga a comer y comer dulces sin parar hasta que la casa decide que ya estás lo suficientemente cebado como para ir al horno en el que te chamuscarás hasta las cenizas.


145Casa de los Dulces - Página 13 Empty Re: Casa de los Dulces el 27/02/19, 12:11 am

Tak


GM
Nime sentía el apremio de los demás, pero no entendió por qué debían huir hasta que escuchó un gruñido familiar a sus espaldas. El protagonista de un gran número de sus pesadillas estaba ahí, tan real como cuando se habían enfrentado a él por primera vez. El monstro que había arrancado la pierna de Eitne y matado a Drusar los miraba con rabia. Nime comprendió al momento que no había muerto en la caída, y también que buscaba venganza. Quería arrebatarles aún más cosas, y ella no estaba más preparada para enfrentarse a él que la última vez.

Lo mejor que podía hacer era correr y esperar ser más rápida. El problema era que no todos estaban cooperando. Por algún motivo, algunos de sus compañeros no se estaban moviendo o, en el peor de los casos, iban en dirección contraria. Los gritos de otros la alertaron de aquello y la hicieron mirar a su espalda. Nime no entendía cómo se había desatado aquel caos, lo único que podía hacer era intentar activar los impactos de su transformación para ganar tiempo.

El problema era que, como siempre, no salían solo porque quisiese. Ni siquiera fue capaz de hacer uno. Volvía a ser la Nime cosechada, pero sin magia. El pánico la dominó por completo al darse cuenta de que no podía hacer nada, y el monstruo parecía más grande y más imponente por momentos. Pero no podía echar a correr. No si al hacerlo abandonaba a sus amigos.
¡Vámonos, por favor! ¡Por favor! —apremió, prácticamente sollozando. Era consciente de que faltaban algunos de ellos, pero no podían averiguar donde se habían metido si no salían de aquella situación.

146Casa de los Dulces - Página 13 Empty Re: Casa de los Dulces el 28/02/19, 06:32 pm

Lathspell


Aquella voz era imposible de olvidar. Aquella alegría y respeto, todos los consejos que había escuchado, historias y esperanzas. El sonido se había paseado de un lado a otro antes de que la puerta crujiera, como no, lentamente, antes de abrirse. En el pasado, la figura macilenta de su abuela había caído y cerrado los ojos frente a Zobriel, en aquel lejano sueño, el niño había asumido su papel de transformado, había sentido un poco de lo que su abuela le había contado tantos años. Pero ahora la mujer estaba mas esquelética, con los ojos bien abiertos aunque velados, mirando directamente a las pupilas del basilisco sin dejar de sonreír mientras avanzaba saliendo de la casa. La mano arrugada se levanto como una garra señalando  a Pam mientras daba un par de pasos mas, sosteniéndose del marco de la puerta, como si fuera una débil anciana.
- Vamos pequeño, lo sé , lo sé....es tu amiga, y ya sabes que por eso debe ser así. Dámela, entrégala y haremos con sus alas una prenda de la que serás digno....Sabes que debes hacerlo.. - le dijo la anciana moviendo la mano para llamar a Pam, sin que esta la viera.

- No....n-no....tu no estás.....essstabas ....yo...

- No seas tonto cariño....eres un niño, y aun en este maravilloso sitio sigues siendo una decepción y una lástima de niño.....no me podrías haber matado...y soy yo quien te debo enseñar a ser grande y temible como los Dioses.... - la voz era calida ahora, y eso la hacía mas terrible. Cuando Rox, y los demás empezaron a ver sus temores y pesadillas, la abuela de Zobriel volteo la cabeza, moviendo la boca sin producir sonido alguno, pero con pausas y sonrisas.

- ¡Déjalos! Ellos no querían esto....¡¡Ellosss no deseaban ser monstruos!! - El nublino estaba aterrado, furioso, con la boca seca y las garras cerradas. Los músculos de sus ojos estaban tensos, frunciendo las escamas alrededor de ellos pero sin que ninguna lagrima asomase. Su cuerpo quería estallar en desesperación pero ya no podía hacerlo como antes. Nunca le había temido a su abuela, pero esta vez ella parecía todo lo que siempre había esperado de sus descendientes. Y eso si aterrorizaba a Zobril, una diosa que parecía demonio.

De alguna forma su figura frágil y decrepita tenia poder como el que Zob no había soñado jamás. La señora volteo sonriendo la cabeza mientras Rox, hablaba algo. Mientras que los demás huían de ella. No la conocían pero no era difícil querer escapar, algo estaba mal allí y ella tenía la culpa. La anciana frunció el seño al ver como algunos empezaban a correr, Rena estaba de pie con los ojos abiertos, Y logro atisbar que Adru estaba tratando de controlar a Neil. Supuso que algo debería de haberles hecho, pues sonreía y movía la boca de nuevo sin emitir sonidos. La señora, ya cansada de todo al aparecer, y aun sonriente, avanzo dos pasos hacia ellos. Zob no podía mas, en ese instante quería ser el inútil de antes y quebrarse bajo todo eso, pero ya no tenía derecho a serlo. Salto con la cola arqueada detrás de él, los ojos abiertos como plato y enseñando sus colmillos. Parecía un patético intento de ser valiente, pero aquella ilusión era gracias a la Luna Roja, si fuera un nublino común, su cara seria de pánico y miedo, retrocediendo poco a poco y dando manotazos para alcanzar a alguien. Sintió voces que decían algo, era la voz de la mona del queso. No entendía mucho, pero si lo suficiente para tomarla de la muñeca y jalarla para salir de allí.

- ¡Si si Vamonos vamo...!  ¡Guille vámonos ya! Corre...co....nonono.. -Sea lo que sea que Rena hubiese visto en su abuela, Zob no sabía por qué se quedaba parada. Primero Milo los dejo solos la noche de la Luna, ahora ella se quedaba ahí....malditos irrenses, los desmayaría después una vez tras otra tras otra si no les pasaba nada en ese momento. - ¡Rena por favor! vamosss sal de allí ¡ven ven! - le grito mientras corría tras Nime y esperaba que los demás estuvieran también escapando, no quería voltear por miedo a ver a alguien a los ojos, por temor a ser una carga y no ayudarlos.

- ¡¡Ven aquí Zob ,cariño!! Sabes que debe ser así....ven y mírame, soy la única a quien puedes mirar, a los demás terminaras matándolos, a tu amiguita y al niño, sabes que no podrás nunca más ver a los ojos a quienes quieres.....eres mi pequeño Dios de la muerte, ¡Ven Zobriel!....- Gritaba la anciana abuela del nublino mientras el corría alejándose poco a poco aun con Pam en su garra.

147Casa de los Dulces - Página 13 Empty Re: Casa de los Dulces el 01/03/19, 04:22 pm

Yber


GM
Eitne flotaba agobiado ante la imagen del lagarto, que para él había emprendido una carrera hacia el grupo. Temblaba como si hubiese despertado en lo más profundo del Polo Norte, que era un sitio muy frio y hecho de hielos, según le habían dicho.La mano de Rena se aferró a la suya y solo entonces sintió algo de calor, de alivio. El tirón de la ursántropa lo llevó a otra mano, la de Adru, y Eitne musitó un par de “gracias”.

Durante el breve periodo de tiempo en el que Eitne avanzó gracias a ellas, pudo comprobar que la criatura que serró su rodilla no tenía intención de dejarlos ir. El animal corría a dos patas, medio inclinado, ayudándose de su cola cual timón. De lejos, desde una seguridad que no existía, Eitne habría pensado que el animal era muy gracioso, que tenía una forma muy patosa de moverse. Sin embargo, en aquel momento solo quería llorar.

La mano de Adru lo acabó soltando por la situación que se desarrollaba ante ellos y Eitne volvió a impulsarse con magia hacia delante, lejos, tal y como le habían pedido los más mayores. Fue entonces cuando pudo fijarse en las casas que dejaba tras de sí, en cómo se desperezaban. En cada una de ellas se abrían decenas de ojos dibujados en tiza, óvalos sencillos con un punto dentro. Parpadearon todos a la vez y de repente, decenas de pupilas se clavaron en el niño.

Entre los ladrillos comenzaron a surgir frases escritas.

“Todo esto es culpa tuya”

“Debiste guardar mi secreto”

“Moriréis todos”

Con las frases llegó un ruido nuevo. Al principio Eitne apenas oyó un rumor, como si la tierra temblara ante la pisada de una criatura antigua, gigantesca. El rumor se convirtió en tierra que se arrastra y uñas arañando la pizarra. Un sonido estridente tomó forma, hosco; una voz que nacía de la profundidad de otro plano y que, claramente para Eitne, era la voz del Huesped:

“No podrás correr cuando se coma tu otra pierna”

Eitne lloraba horrorizado. Miró hacia atrás con nerviosismo, a la vez que evitaba a toda costa cruzar su mirada con los ojos de tiza que le acosaban. Temblaba tanto que el niño parecía vibrar en el aire, se sacudía.

“No podrás correr cuando los devore a todos”

¡DÉJANOS EN PAZ! —gritó apretando los ojos.

“No podrás correr cuando las garras se claven en tus carnes y tu sangre se mezcle con las suyas”

Eitne había avanzado tanto que, sin querer, se había alejado del grupo. Se giró enseguida y no vio a nadie tras él, ni a sus amigos ni a la criatura que los perseguía. Cuando volvió a mirar al frente entendió por qué. El lagarto flotaba frente a él, enmarcado por un sin fin de ojos que cubrían las paredes de las casas, el suelo… Los ojos lo salpicaban todo: incluída la piel del monstruo. La sangre chorreaba de su boca: rojo, azul, morado… los colores se mezclaban en los diferentes cauces que se habían formado en torno a su cuello, cauces que arrastraban la tiza de algunos globos oculares.

“No podrás correr cuando te mueras”

El daeliciano se había quedado paralizado por el horror, su cuerpo entró en tensión en mitad del aire, elevado, y el único movimiento fue el de los pelos erizándose. El lagarto se abalanzó sobre él e hincó sus garras en los brazos del niño. Un dolor lacerante, agudo; familiar. La sangre manó de varias heridas bajo ambos hombros. Eitne gritó y se dejó la garganta en ello.

“Sin mí, estáis condenados”

La voz cavernosa del Huésped rió, sus carcajadas estaban llenas de aristas puntiagudas que se clavaban en lo más profundo de la mente del daeliciano; tanto o más que las garras afiladas de aquel monstruo que había vuelto para vengarse. Eitne sintió su lengua bífida rasparle las mejillas y el hedor de su aliento inundó sus fosas nasales antes de que todo se volviera negro.

148Casa de los Dulces - Página 13 Empty Re: Casa de los Dulces el 03/03/19, 08:06 pm

Red


¿Remi? —la voz le llegó desde muy lejos, como un eco del pasado, y la niebla que enturbiaba la mirada del irrense empezó a aclararse poco a poco —. Vamos, Remi, ¿aún estás dormido? Tenemos que ir a trabajar y tienes el desayuno a medio empezar. Date prisa... —su padre, al otro lado de la mesa de la cocina, consultaba las últimas noticias en la red mientras mordisqueaba un bollo con aire ausente. Parecía cansado, como si no hubiera dormido bien por la noche, y las ojeras que ensombrecían su mirada solo reafirmaba aquella suposición.

Rando siempre había sido un hombre fuerte, pero en los últimos tiempos había envejecido bastante rápido, y las canas que salpicaban su cabello moreno solo eran uno de los indicios. Su mono de trabajo, muy similar al que llevaba el propio Milo, le quedaba algo holgado, y los hombros antaño firmes ahora estaban ligeramente caídos.
Lo siento papá, creo que anoche tuve un sueño raro y estaba intentando recordarlo —murmuró en respuesta con una voz que no era del todo suya, alargando la mano hacia una tostada que empezó a untar con movimientos involuntarios—. Juraría que había una ciudad en ruinas y un montón de alienígenas, pero no estoy del todo seguro... —comentó, mordisqueando la rebanada de pan con expresión pensativa.

Su padre alzó la mirada un instante y la diversión brillo en sus ojos, provocando que en algún lugar muy lejano el corazón del muchacho diera un vuelco repentino, pero al cabo de unos segundos volvió su atención a la pantalla de su ordenador y el momento pasó.
Seguro que es por jugar a tantos videojuegos —replicó, imitando el tono que su madre empleaba para regañarle cuando perdía demasiadas horas frente a la consola—. Si Mena se entera de que te quedaste despierto hasta las tantas se te va a caer el pelo, muchacho. —añadió, esbozando una sonrisa burlona de complicidad.

Milo rió avergonzado y continuó desayunando, dejando que el silencio reinara durante unos minutos entre los dos. Aquel prometía ser un día duro en la mina, pues en las últimas semanas los turnos se habían duplicado para cubrir la cuota que reclamaban desde la capital y el plazo de entrega se estaba agotando.
¿Crees que Iggi estará bien? —preguntó de repente, recordando al compañero que se había roto el brazo orgánico hacía una semana. Su paga se resentiría bastante por faltar al trabajo y aquel mes su familia tendría que apretarse el cinturón, algo que hacía bullir de ira una parte del irrense que en aquellos momentos estaba aletargada—. Tenía bastante mala pinta, ¿verdad? Últimamente estamos teniendo demasiados accidentes. —masculló, terminándose de un trago su vaso de leche.

Rando, repentinamente serio, se limitó a gruñir por lo bajo en señal de asentimiento y continuó leyendo la prensa. A veces era difícil saber en que pensaba, pero estaba bastante claro que el tema le tenía preocupado, pues él era capataz jefe y estaba al cargo de la seguridad de muchas personas. Se sentía responsable de la mala racha que estaban teniendo y eso le consumía por dentro.
¿Estás listo? —preguntó en cuanto Milo terminó su desayuno—. Si salimos en cinco minutos no llegaremos tarde, así que date prisa y recoge todo esto antes de marcharnos. Yo te espero fuera, hijo. —añadió en cuanto el chico asintió, levantándose de la mesa y saliendo de la cocina a buen paso.

Milo recogió la mesa con rapidez y metió los platos en el lavavajillas, buscando su casco con la mirada mientras barría el suelo. Sus movimientos eran metódicos y automáticos, como si nada en aquella situación fuera extraño, pero en su cabeza el runrun de que algo no estaba bien no dejaba de molestarle. La voz de su padre que lo llamaba desde la entrada le devolvió a la realidad, no obstante, y salió tras sus pasos con celeridad.

El camino hasta la mina fue como un borrón de tiempo, apenas un instante, y aunque tuvieron que coger dos trenes el irrenses no supo discernir en qué momento se habían cambiado de uno a otro. En cuanto llegaron a la entrada, sin embargo, el tiempo volvió a discurrir con normalidad, y frente al ascensor que descendía a las profundidades Milo se quedó paralizado.

Una parte irracional suya sabía que bajar allí era mala idea, que algo terrible podía sucederle a su padre si lo hacían, pero su mente racional que aquellos temores eran infundados.
¿O no lo son... ? —murmuró indeciso, cambiando su peso de una pierna a otra en un claro gesto de nerviosismo.

Remi, espabila, que estás cortando el paso —le llamó la atención su padre, empujándole hacia el interior de la caja metálica y terminando de esa forma con sus dudas—. Céntrate de una vez, ¿de acuerdo? Ya no estamos en casa y ahora tienes que prestar atención a lo que haces, hijo. —le advirtió Rando, apretándole el hombro mientras descendían hacia el corazón de la mina.

Las lamparas de sus cascos titilaron ligeramente al encenderlas una vez estuvieron abajo, cortando la oscuridad con sus haces de luz cuando movían la cabeza de un lado a otro.
Hoy nos toca en los pozos del sector 4-Norte, chicos. Todos en fila de a uno, andando. —ordenó su padre a la cuadrilla con su mejor voz de jefe, abriendo el mismo la marcha hacia la zona de trabajo.

El trayecto fue otro parpadeo en la consciencia de Milo, al igual que las primeras horas de la jornada, pero cuando los segundos volvieron a correr con normalidad el chico supo que algo malo iba a suceder.
... —intentó avisar a los demás, advertirles de que algo en sus entrañas le decía que algo terrible iba a suceder, pero tenía la garganta paralizada, y cuando el temblor de tierra sacudió la galería ya era demasiado tarde.

No fue el pasillo entero lo que se vino abajo, si no el suelo bajo los pies de Milo, y cuando los demás quisieron darse cuenta ya era demasiado tarde.
¡REEEMIIIIIIIII... ! —el grito de Rando se perdió en la oscuridad, cada vez más lejos, y lo último que el norteño vio antes de que el pozo de cobre fundido con el que se había topado se lo tragara fue el rostro devastado de su padre en las alturas.


Cuando la incandescencia abrasadora lo engulló una ominosa torre oscura invadió todo su campo de visión, arrancándole de aquel pozo de metal fundido, y su siguiente sensación fue la de estar tendido sobre el duro empedrado de la calle.

Milo se incorporó con rapidez desesperada, boqueando para coger aire mientras su ropa humeaba. La sensación de haber ardido era demasiado real, demasiado dolorosa, y aunque su piel estaba intacta su mono de trabajo estaba cubierto de quemaduras.
Agua... —logro articular con voz rasposa, aunque nadie le escuchó en medio de la confusión, y poco a poco empezó a darse cuenta de que no estaba solo.

Sus compañeros le rodeaban en distintos estados de agitación, aunque no conseguía ubicar a Rox o a Guille, y todos miraban horrorizados el edificio que tenían en frente. Para Milo el aspecto de la casa de los dulces no significaba mucho, pues no la había llegado a ver nunca, y aunque se la habían descrito nunca se había esforzado en imaginarla. La sensación de peligro, sin embargo, si que la percibía, y aunque a sus ojos la casa no estaba en llamas todo se empezó a llenar de un humo empalagoso.
Vamonos de aquí, sí. —se unió a la petición general, articulando las palabras con dificultad mientras trataba de seguir el paso a sus compañeros.

Fue entonces cuando la situación empezó a torcerse y el grupo se dividió entre los que intentaban volver y los que trataban de escapar. Neil se zafó del agarre de su edeel en un acto impulsivo que el irrense nunca antes había presenciado, encaminándose hacia la casa seguido por una niña rubia que Milo tampoco había visto nunca.
Volved, no vayáis hacia allí... —suplicó entre tosidos sin que nadie llegara a oírle.

El brujo apenas podía ver con tanto humo, pero cuando la puerta de la ahora cabaña se abrió la luz que venía desde el interior estuvo a punto de cegarlo.
Teníamos un trato mocoso, un trato que tú has estado intentando romper —las palabras lo atravesaron como un cuchillo mientras el dueño de la voz daba un par de pasos fuera del edificio—. Ahora pienso cobrarme todo el pago de una sola vez. —rió Rutilante, torciendo la boca por el peso de la pipa que le colgaba de la comisura de los labios llenando el aire de aquel humo tóxico.

Los ojos del hacker se abrieron de par en par, rebosantes de miedo, y cuando el unicornio alzó las manos en su dirección trató de alejarse a la carrera.
No podrás huir, cachorro. —volvió a reír el veterano, gesticulando con las manos para conjurar un hechizo que empezó a drenar al norteño con inusitada velocidad.

Milo sintió como el fragmento de cuerno que aún tenía enterrado en la carne de su brazo lo abrasaba, retorciéndose en su interior, y cuando sus fuerzas empezaron a menguar sus rodillas flaquearon y se dio de bruces contra el suelo.
No, no, no... —suplicaba una y otra vez con ojos vidriosos, arrastrándose por un camino de tierra en un bosque fantasma que solo podía ver él.

Mientras la vida se le escapaba como el agua entre los dedos de la mano su único alivio era que había dejado de ver a sus compañeros, lo que sin duda significaba que habían conseguido escapar.

149Casa de los Dulces - Página 13 Empty Re: Casa de los Dulces el 04/03/19, 08:45 pm

Evanna


Por mas que sitio para que huyeran el mundo parecía haberse parado para sus compañeros, todos miraban hacia la casa con expresiones de horror imposibles de describir y Pelusa impaciente, molesta y asustada, corrió hacia Zbriel que había caído al suelo con sus ojos horrorizados mirando hacia la casa de los dulces. Pelusa no miro, no quiso mirar no quiso ser testigo de aquello que mantenía al resto de sus amigos paralizados por el temor por miedo a acabar igual que ellos. Porque podía escucharlos y solo con ellos sentía su cuerpo temblar y convulsionar, no queria atestiguar con sus ojos lo que sus oídos escuchaban.

-¡Zobriel levantarte maldita sea, dejad de paralizaros en el lugar, CORRED! - les grito Pelusa sacudiendo a Zobriel y mordiéndose el labio inferior buscando impaciente con la mirada a los demás. No lo hacia, no se movían y no entendía el porqué ¿Porque se quedaba allí paralizados sin moverse, porque no parecían atender a sus llamados? Se resistio con todas su fuerza en mirar hacia la casa, no quería verlo no quería atestiguar que aquella voz que escuchaba eran reales, voces conocidas, voces que nunca olvidaría y cuyos cuerpos terminaron siendo consumidos por la llamas.

-Nos darás la espalda, igual que lo hiciste esa vez. Huirás abandonándonos como todos lo hicisteis...¡Maldito seáis, no hicisteis nada! ¡Tú, tú y todos ellos debisteis morir ahí!

No sabia cuando terminaba la voz de Drake y cuando comenzaba la de Ain, sabia que era la de ellos, nunca olvidaría los gritos de Ain tras aquel muro que nunca pudieron atravesar, o el terror en los ojos vacíos de Drake cuando aquel cizaña acabo con sus vidas frente a ellos.

Pelusa recordaba tan claramente sus muertes, porque fue la primera que sintió realmente el dolor de perder a alguien.El peso de sus alas le recordaba su presente y en este los dueños de aquellas voces que le gritaban, reclamaban y se acercaban y mas a ella desde aquella casa, ya no existían.

No sabia que ocurría, no sabía cuan real e irreal era lo que estaba viviendo. ¿Habrían vuelto ala vida? No sabia si aquello era posible y aun si así fuera ¿porque debía sentirse culpable por algo que no pudo cambiar de ninguna forma? No pudo hacer nada por ellos esa vez, y seguía sin poder hacer nada por sus compañeros ahora.

-¡No os iréis, nos os iréis, vendréis con nosotros, acabareis como nosotros!

Pelusa sintió la mano de Zobriel apresandole y ahciendole retroceder y sus ojos se alzaron en sorpresa. La vision de los dos cuerpos de los anteriormente fueron compañeros inundaron su visión. Drake, tal y como lo recordaba en su últimos momentos, con sus cuello retorcido en un angulo extraño y su mirada clavada en ella vacía y sin vida  y Ain...o lo que quedaba de el, su piel había perdido todo su color convirtiendo en un espectro quemado de lo alguna vez fue. Pelusa sintió arcadas revolviendo sus entrañas pero apretando los dientes no aparto la vista, pese a los temblores de su cuerpo pese a lo que verlos en ese estado le producía.Esos seres eran sombras de los que alguna vez fueron.Ambos murieron estaba segura de eso, lo lloro y lamento, lo que fuesen ahora esos seres que tomaban sus voces en su contra, se acercaban con andares pesados pero sin freno a ellos, con susurro que se convertían en gritos desesperados y rabiosos.

Las manos de Drake estaban a apunto de alcanzar a Zobriel, la mirada del basilisco no afectado a los vacíos ojos sin vida del humano. Pelusa apretó los dientes ante el siseo rabiosos de basilisco en defensa, incluso sin ver sus ojos podía notar sentir su miedo a través de su tacto. Pelusa empujo con fuerza a Zobriel lejos del alcance de las manos de Drake que se cerraron en el aire con un gruñido de rabia.

-¡VENÍS DEBÉIS QUEDAROS CON NOTROS!

Pelusa le atravesó con una mirada rabiosa y frustrada., los temblores eran tan incontrolables como su tensión. Ya estaba muertos no podía hacer nada por ellos y lo sabia desde hacia tanto tiempo ¿porque debían torturarlos de nuevo? ¡Lo intentaron, casi acabaron quemados vivos en aquella maldita casa! ¡no pudieron hacer nada! ¿¡porque venían ahora a reclamarlos!?

-Ya estáis...muertos, dejadnos en paz. No los toquéis, no me toquéis -su voz apenas era un susurro congestionado, se sentía tan increíblemente molesta por no saber como sentirse. Su dueño ya paso por lo que la pena sentida en su momento ya no tenia mas decir, no se podía cambiar lo ocurrido lo sabia tan claramente que lamentarlo no tenia mayor sentido. No pudo hacer nada por ellos y odiaba que se lo echaran en cara.

No le obedecieron no hicieron caso, Drake se dirigió hacia ella ahora y Ain cambio su dirección hacia la figura de Guille. Los ojos de la niña se abrieron en horror ante la visión que el niño estaba apunto de presenciar. No era justo, Guille ni siquiera estuvo allí aquel día y era solo un niño.

Pelusa no lo aguanto mas y impotencia se lanzó contra Ain, quería hacerle daño, quería alejarlo de sus amigos cuyas vidas aun podían ser salvadas, quería alejarlos de ella misma y dejar escuchar los reclamos de sus voces por no haber podido hacer nada por ellos.

-¡FUERA, fuera, fuera de aquí! ¡Si ya estáis muertos, QUEDAROS MUERTOS! ¡No pude hacer nada, pero no os voy a dejar...! - sus palabras sonaron tan crueles que hasta sintió ganas de llorar de impotencia por decirle aquellos ambos que perdieron la vida de aquella forma, mas no dejo de golpear con toda la fuerza de sus nuevos pequeños puños. Los gritos de Ain se mezclaban con lo insultos, los reclamos y las amenazas pero Pelusa lo ignoro todo y siguió golpeando una y otra vez, alejándolo de Guille.

Fue tan rápido , tan extraño que cuando la niña fue realmente consciente de lo que pasaba, Drake no estaba y sus naos estaban cubiertas de sangre ajena. Drake se encontraba postrado en el suelo, sangre y piel quemada, lo cubrían. No se movía, ya no gritaba ni reclamaba. pelusa se arrodillo, frente a el , agotamiento y culpabilidad por igual, la rabia e impotencia desapareciendo de su cuerpo tras cada golpe dado.

No fue capaz de hacer nada por ellos, y el temor de no poder hacer nada por el resto prevalecía. Un grito rezno en el aire y cuando Pelusa se giró asustada. Vió a Drake, que había desparecido de su campo de visión, agarrando a Guille del cuello.

Pelusa abrió los ojos asustada e impotente se levanto con las fuerzas que le quedaba e intento correr hacia a ellos los pocos metros que los separaban.

Un crujido resonó en sus oídos, un cuerpo derrumbarse y con ellos sus propios se cerraron en la oscuridad con la mirada de aquel pequeño niño rubio que le devolvía una mirada vacía y que por un segundo antes de que la oscuridad la tomara, se convirtió en el rostro de una niña que con su ultimo retazo de consciencia, susurro unas palabras.

Sigue en salón del trono

150Casa de los Dulces - Página 13 Empty Re: Casa de los Dulces el 04/03/19, 10:01 pm

Giniroryu

Giniroryu
GM
Todo se había empezado a tornar negro a su alrededor. El cielo, el suelo, sus compañeros… Neil. Todo se fundió en una negrura impenetrable que parecía querer absorberlo todo. Todo excepto la casa, que destacaba sobre la inmensidad del vacío con las sofocantes llamas que, de pronto, la cubrían por completo. El fuego no iluminaba ni producía ninguna otra sensación que no fuese asfixia y crueldad. Y el hombre escorpión seguía allí, en medio del fuego y mirándola con gran diversión.
—Es culpa tuya.
¡No! —gritó con desesperación mientras trataba de incorporarse—. Yo no he hecho nada y tú estabas muerto.
—Tch… —el hombre chistó con impaciencia—. Veo que la Luna no ha rellenado tu cabeza con nada útil. Estoy hablando de ellos, por supuesto.

De algún modo el sinhadre se anticipó a lo que vio a continuación. Sin los globos oculares y con un reguero de sangre chamuscada discurriendo desde sus cuencas vacías Ain y Drake la encaraban desde aquellos pozos sin fondo de los que emanaba la misma negrura que la rodeaba. De alguna forma sabía que sus miradas sin ojos eran atormentadas y acusadoras. Adru había conseguido ponerse en pie y observaba a aquella parodia de lo que los humanos habían sido en vida acercarse cada vez más a ella.
—Es culpa tuya.
Las voces de los dos se entremezclaban en un cacofónico eco que le hizo cubrir sus oídos con las manos.
¡Callad, eso no importa ahora! ¡Tengo que encontrar a Neil e irnos!

Dispuesto a salir corriendo en dirección opuesta, la edeel se giró rápidamente todavía con las manos en los oídos y cerrando los ojos. Algo la detuvo en seco. Una presencia delante de ella que, una vez más, ya había previsto que estaría. Abrió los ojos con temor y dejó caer sus brazos como si fueran un peso muerto. Las cuencas vacías de Neil la miraban ahora. Su aurva colgaba boca-abajo frente a ella de manera imposible.
—Es culpa tuya —dijo acusadoramente mientras alzaba el brazo para señalarla—. Eres débil y nunca has podido protegerme. La culpa te paraliza y ahora ya es demasiado tarde.
Lágrimas habían comenzado a brotar de los ojos de Adru, paralizada tal y como decía Neil, tan solo podía temblar en el sitio.
N-n-no… —musitó entre sollozos—. Ahora soy fuerte, soy un…
—Ya no eres nada —Neil volvió a hablar, cortándola de forma implacable—. Tus actos han sido juzgados y se te ha despojado del poder. No eres nada. Nada. Nada. Nada. Nada. Nada…
La palabra seguiría resonando en el vacío. Primero solo la decía Neil, después también Drake. Luego Ain. Luego había más voces procedentes de sus compañeros aunque no pudiese verlos. Ain y Drake se acercaban cada vez más y el vacío de sus ojos se agrandaba. El vacío iba a llevársela, porque no era nada. El vacío…

Sigue en el Salón del trono.


_________________________________________

El quinto GM oculto representado en un gif:
Casa de los Dulces - Página 13 WLJLnOD

151Casa de los Dulces - Página 13 Empty Re: Casa de los Dulces el 05/03/19, 02:26 am

Nihil

Nihil
Aunque la pequeña Rox pareció resistirse al principio acabó escondiéndose a su espalda. Tal vez había reconocido a Ain pero no había visto la cola de escorpión, la irrense no lo sabía, el caso es que estaban ante una amenaza, de nuevo una de tantas que no comprendía.

Sus amigos se envalentonaban, la instaban a irse, se volvían, corrían hacia un lado y otro pero Rena estaba clavada en el sitio mirando a Ain y a su sonrisa siniestra. Era una expresión tan antinatural en él, como si llevase puesta la cara de otra persona, o como si otra persona llevase puesta su cara. El humano avanzó un paso y Rena se tensó, apretando los puños.

-No voy a dejar que les hagas daño -dijo, ignorando el caos a su alrededor.

Ain soltó una carcajada que le puso los vellos de punta.

-¿Quien dices que va a hacerles daño?

De pronto el agarre de Rox a su espalda fue sustituido por un peso distinto. Rena se giró y casi no tuvo tiempo de agarrar el cuerpo deslabazado de su amigo, ahora con su estatura y aspecto habitual. A la irrense se le cortó la respiración al ver un gran tajo en su garganta.

-No… -gimió -No, no, no ha pasado

Ain reía a su espalda.

-Mira otra vez -le dijo.

Rena alzó la cabeza y vio los cadáveres de sus compañeros, despedazados, repartidos por el suelo como juguetes rotos. La sangre corría entre los adoquines y su olor era tan intenso que no existía ninguno más. Sintió como le embotaba la cabeza, le embriagaba, y toda su rabia eran apartados a un lado. Le gustaba ese olor, y eso fue, sin duda, lo que más miedo le dio de todo.

De pronto los brazos que sujetaban a Rox eran garras, mucho más grandes que las que le había dado la Luna. Eran negras y monstruosas y estaban manchadas de sangre. Rena intentó hablar pero todo lo que le salió fue un gruñido. Eso provocó que la risa de Ain se intensificara, y fue precisamente por esa risa que la ursántropa tuvo la certeza de que nunca iba a recuperar su forma original. Había matado a sus amigos y por ello se había convertido en bestia, estaba condenada a vivir el resto de su vida como un animal.

Y en el fondo, muy en el fondo, Rena lo aceptaba.


Sigue en el salon del trono


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Y con este nombre yo te maldigo, y ni tan siquiera la muerte podrá librarte de tu condena, pues todo aquel que intente matarte recibirá siete veces tu castigo.

152Casa de los Dulces - Página 13 Empty Re: Casa de los Dulces el 05/03/19, 03:45 am

Goliat

Goliat
La criatura que a duras penas reconocía como su padre ignoró sus esfuerzos por esconderse tras la irrense. Siguió avanzando hacia ella, sin prisa pero sin pausa, como si aquello no fuese más que un juego para él. Rox finalmente echó a correr, pensando que el adulto solo iba tras ella por la manera en la que la miraba. Pero la pequeña se equivocaba.

¿También vas a abandonar a esta? Y yo pensando que te importaba.

Se le heló la sangre. «Rena

Acompañado de otro ruido sordo, la niña giró la cabeza lo justo para ver el cuerpo de su amiga tendido en el suelo en una postura desagradable, como si la hubieran aplastado a presión. El monstruo no había tenido tiempo de hacer algo semejante, pero por su sonrisa parecía declararse culpable. La imagen le hizo temblar de tal forma que tuvo que bajar el ritmo para no irse de boca al suelo. Lo último que vio antes de voltear el rostro fue, fugazmente, el cadáver de Mike reemplazar al de la peliverde.

El llanto renovado le hizo hipear y las taquicardias más difícil correr. Aún así, la adrenalina le instaba a seguir huyendo, y así cumplió. A su alrededor las calles parecían repetirse, como si corriera en círculos sobre la plataforma en movimiento de un carrusel. Atrás el eco de pasos, que por mucho que avanzase seguiría oyendo con la misma intensidad.
Estaba exhausta. La presión en su pecho hacía que hasta jadear fuese doloroso, y a cada gesto de debilidad, la velocidad de su perseguidor aumentaba. Agotada, Rox se volteó una vez más para comprobar la distancia que les separaba: nula.

Los hilos que formaban los brazos del hombre se habían tornado rojos, como músculo en carne viva sin piel que los cubriera. Las extremidades se le alargaron hasta asemejarse a las patas de un escorpión, obligándole a adoptar una postura nada humana. Sus rasgos se volvieron más grotescos aún, rompiendo en el proceso carne, hilo y pelo por igual. Rox quiso gritar, pero algo le había arrancado la voz. Ya no había nada de su padre en ese ser. Antes de permitirle ninguna reacción, se abalanzó sobre ella con una velocidad pasmosa, tumbando a la niña debajo suya. Ella trató de zafarse de su agarre, patear y golpear, pero esto solo hizo todo más doloroso.

Él clavó los dientes en su hombro, y cuando lo hizo la chica no vio a otro más que Verael. Lloraba y pedía perdón, aún teniendo la boca ocupada.

Cuando el aguijón pasó silbando en busca de su cabeza, rasgando parte de su mejilla antes de pinchar el suelo, vio al cizaña, mirándola con la misma calma con la que les había mirado meses atrás. La misma que vagamente trata de ocultar un aluvión de regocijo y satisfacción en su sufrimiento.

Cuando por fin recuperó las cuerdas vocales y pudo chillar de dolor, vio a su padre, un simple humano sin nada más que una expresión de bochorno en el rostro.

Cállate. Tu madre está durmiendo.


Sigue en el salón del trono


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Casa de los Dulces - Página 13 Mercad11

153Casa de los Dulces - Página 13 Empty Re: Casa de los Dulces el 06/03/19, 12:28 am

Muffie

Muffie

Neil intentó soltarse de Adru cada vez con más fuerza y se sintió muy molesto cuando Rena se interpuso en su camino. ¿Es que acaso no lo veían? ¡Él tenía que llegar a la cera! ¡Su edeel estaba en peligro! ¡Él tenía que ayudar! Neil no podía dejar de pensar en que necesitaba su cera, porque sin su cera no era capaz de hacer nada y su edeel necesitaba ayuda.

En su desesperación por soltarse, Neil no se percató de como uno a uno todos sus amigos iban desapareciendo a la par que la escena se difuminaba en blanco.

- ¡No! ¡Suéltame! ¡SUÉLTAME!- gritó con todas sus fuerzas mientras abofeteaba hacia atrás. El sonido de su mano chocando con la cara de la otra sinhadre le sorprendió más que el picazón de su mano.

Con un jadeo sorprendido Neil se dio la vuelta. Ante él, Adru, su edeel, le miraba con una mano sobre la mejilla enrojecida y con expresión de profunda decepción. De repente, como si las reminiscencias de Adru se hubieran contagiado a los dos, a su alrededor comenzaron a aparecer una y otra vez copias de esa misma escena, desapareciendo los Neils al final de ella y quedando solo todas aquellas Adrunes mirándole a él con decepción y algo de miedo.

Las manos del aurva comenzaron a picar cada vez más a medida que el sonido de las miles de bofetadas comenzaban a embotar su mente. Asustado de sí mismo, Neil comenzó a retroceder buscando una salida.

- ¿Cómo has podido?- preguntaron las Adrus haciendo que sus voces sonaran en forma de un siniestro eco-. Me has pegado-. dijeron con tono sorprendido, aunque sus rostros reflejaban que habían esperado que su aurva hiciera precisamente eso-. Yo te quería. Eras mi aurva-. Lagrimas comenzaron a caer de los ojos de las edeels y Neil casi se ahogó al escuchar el pasado en su declaración-. Ya no puedo confiar en ti. Yo solo quería protegerte y tú me has dañado.

Neil estaba horrorizado por lo que acababa de hacer y por las consecuencias que había tenido. No era capaz de imaginar cómo había podido hacer eso. ¡Él no era así! ¡Él amaba a Adru! ¡Era su edeel! ¡Él no podía perderle!

De un momento a otro las Adrus comenzaron a enfadarse y a gritarle de forma iracunda esta vez cada una con su propia voz.

- ¡Nos odia desde hace tiempo!
- ¡No nos quiere!
- ¡No podemos estar con él!
- No se merece nuestra confianza!
- ¡Debimos elegir otro aurva!
- ¡Nuestra unión fue un error!
- ¡Ni siquiera es capaz de hacer nada sin su cera!
- ¡Si le damos la oportunidad nos hará más daño!
- ¡Aléjate de nosotras!
- ¡No te queremos!
- ¡No queremos estar contigo!
- ¡Vete!
- ¡Vete!
- ¡Vete!







Sigue en Salón del trono.


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"Rocavarancolia es una ciudad llena de misterios y sorpresas, como un acertijo complicado y excitante."

154Casa de los Dulces - Página 13 Empty Re: Casa de los Dulces el 09/03/19, 08:17 pm

Red

Red
La risa de Rutilante resonaba entre los árboles con fuerza, burlándose de su patético intento de huida, y aunque no podía oír sus pasos el irrense sabía que lo seguía de cerca. Cada metro que avanzaba era un suplicio, un esfuerzo colosal que no le alejaba apenas del peligro que se aproximaba, y poco a poco su sentido del tiempo empezó perder continuidad. Intentó varias veces ponerse en pie, pero apenas lograba dar dos pasos antes de derrumbarse de nuevo, y tras lo que le parecieron horas al final fue incapaz de avanzar más.

El unicornio no tardó en dar con él tirado sobre el suelo de hojarasca, y lo primero que hizo fue darle una patada en el estómago que le sacó todo el aire de los pulmones.
No deberías haber huido, mocoso, no va a servirte de nada —comentó con una sonrisa desagradable mientras el norteño luchaba por recuperar el aliento con ojos llorosos.
Vete... a la mierda. —logró responder al final, su voz un susurro estrangulado.

La segunda patada fue más fuerte y le rompió varias costillas con un crujido espantoso. Milo intentó gritar, pero no había aire que expulsar y lo único que le salió fue un gemido estrangulado.
Cierra el pico, estúpido desagradecido —le reprendió Rutilante con tono hastiado, dándole a continuación una tercera patada casi desganada que estuvo a punto de hacerle perder la consciencia.

El brujo, sin fuerzas, yacía desmadejado en el suelo y su respiración era apenas un silbido inaudible. La sangre le corría por las comisuras de la boca y tenía los ojos nublados por el dolor.
Si hubieras mantenido la cabeza gacha nada de esto habría pasado, Milo. Cuando acabe contigo voy a tener que encargarme de tus amigos, ¿lo sabías? —le preguntó con una media sonrisa—. Por desgracia no puedo permitir que el Consejo se entere de mi intervención, así que tus compañeros desaparecerán del mapa. Muere sabiendo que fue tu culpa. —se despidió con una carcajada.

La sensación de vacío en el interior del irrense se intensificó cuando el unicornio redobló la intensidad del hechizo de drenaje, robándole la poca fuerza vital que le quedaba, y lo último que vio antes de undirse en la inconsciencia fue la mirada burlona de Rutilante.

Sigue en el Salón del Trono.

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