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Calle de las trampas

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1 Calle de las trampas el 04/04/14, 01:22 am

Rocavarancolia Rol

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Situada en uno de los recodos de la Avenida de las Casas Carnívoras, las trampas que le dan su nombre no residen en los adoquines sino en las propias mansiones y callejones: casi todo lo que está construido en esta bocacalle está encantado. Entre los edificios más destacables está la casa envenenada, construida en enfermizo ladrillo verde, que mata al cabo de una hora a todo aquel que se atreva a entrar por su puerta. También existe la casa melancólica, en la que quien entra olvida qué razones tenía para seguir vivo y cuyo desván está lleno de sogas y el baño de cuchillas; y la casa enamoradiza que, celosa, se encapricha de todo el que entra en ella y no lo deja salir. A lo largo de la calle también hay puentes y pozos malditos, callejones condenados...

2 Re: Calle de las trampas el 04/07/14, 11:22 pm

Zarket

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GM
Ni siquiera sabía cómo demonios me había separado del grupo, pero cuando conseguí ver algo me encontré solo, perseguido por un gigantesco insecto. La niebla seguía a nuestro alrededor, pero por suerte era sólo uno, así que veía algo mejor. Aun así era apenas lo suficiente como para saber que era una zona que no conocía. Eso no era exactamente algo tranquilizador: necesitaba reunirme con el otro grupo y volver al refugio que era Letargo. El bicho estaba cada vez más cerca, y no quería saber qué podía hacer.

Un tropezón hizo que trastabillara y casi perdiera el equilibrio. Me vi andando de espaldas, intentando mantener alejado al insecto mediante patadas. No era algo me amedrantase, y solté un grito al sentir las tenazas enganchando mi pierna. Perdiendo pie definitivamente caí hacia atrás, con la magnífica suerte de acabar en el suelo de una casa. Levantándome asustado, comprobé que el bicho no se atrevía a entrar y, sin preguntarme por qué, cerré la puerta corriendo.

Me quedé apoyado en ella, respirando entrecortadamente. Cuando abrí los ojos fruncí algo el ceño, examinando más detenidamente aquel lugar. Era verde, endemoniadamente verde, hasta en el más mínimo detalle. No pude evitar arrugar algo la nariz, algo asqueado con tener alrededor un ambiente tan... Monocorde.

Desenfundé rápidamente la espada, poniéndome en guardia. Estaba ya claro que aquella casa no era carnívora, pero no podía saber qué otras trampas podía albergar... Y mucho menos podía conocer qué o quién vivía allí. Aun así, atraído por una irreflenable curiosidad, comencé a explorar, poniendo muchísimo cuidado en cada paso.

Era la casa más anódina y normal que podía imaginarme, exceptuando por el hecho de que todo era de un enfermizo color verde. El suelo era verde, las mesas eran verdes, las sillas eran verdes, la cocina era verde, las camas eran verdes. Habría estado divertida, si las circunstancias hubieran sido otras, una casa cuyo creador sufría una horrible falta de imaginación. Pero la cosa era que estaba solo, alejado quién sabía cuanto del lugar donde vivía, y que desconocía qué había en aquel lugar.

Un pinchazo en mi pierna hizo que me sentase en una cama (verde) y me mirase la herida. No sangraba ni era demasiado profunda, pero el corte no era exactamente limpio, y dolía a base de bien. Siseando, intenté apartar los pocos hilos del desgarramiento de la tela de la herida. Podía andar, así que me apoye y me fui hacia el piso de abajo.

A mitad de la escalera me tuve que apoyar en la pared, comenzando a sentir un leve mareo. Tenía algunas náuseas, así que esperé a que se me pasaran, algo confundido y atontado. Estaba comenzando a sudar, especialmente por la cabeza y la nuca, pero intenté seguir hacia delante. «Solo un pie... Y detrás otro... Vamos...»

Estaba maldiciendo a aquella casa cuando me apoyé en una ventana que daba a la calle, al lado de la puerta. Estaba tan dolorido que agradecí poder sentarme y apoyarme contra ella. En la calle no se veía nada, y todavía tardé unos minutos en darme cuenta de lo que significaba. Con paso inestable, y un mareo cada vez mayor, me dirigí hacia la salida.

Llevaba la espada casi arrastrando, pero cuando abrí la puerta todavía me quedaba suficiente sentido común como para mirar si había algo cerca. Nada. Gimiendo, y con ganas de llorar di un par de pasos hacia la calle. No pude dar otro cuando caí de rodillas y comencé a vomitar.

Sentía las lágrimas bajando por las mejillas, pero por pura tozudez no me quedé allí. «No me ganarás... No me ganarás...». La desesperación, el miedo y el odio impregnaban mis sentimientos, mis pensamientos y mi cara. Tenía que ir a cuatro patas, pero me daba igual. Sólo podía morderme con fuerza el labio, tragarme mis lloriqueos y avanzar, poco a poco. Muy a lo lejos podía ver el torreón, y sabía que si llegaba, si llegaba...

Gemí. Tras sufrir unos temblores, caí al suelo, donde volví a expulsar algo de bilis. El dolor era ya completamente general, pero lo peor era la cabeza. Sentía como si estuviesen intentando hundirme el cráneo a base de golpear con un martillo neumático, lo que no dejaba demasiado espacio para el raciocinio. Haciéndome un ovillo, comencé a temblar descontroladamente. Y caí en la oscuridad.

---

Cuando esperté el dolor se había intensificado por mil. Volví a intentar levantarme, pero apenas me había movido cuando mi estómago volvió a echar su poco contenido. Cerré los ojos y volví a llorar. «No es justo, no es justo...» era lo único que podía pensar, angustiado. Quedaba poco para la Luna, tenía que quedar poco... «No... No...»

Había voces cercanas. Solo podía escuchar el runrun, incapaz de comprender sus matices, su tono y simplemente de distinguirlas. Sólo sabía que eran las de mis compañeros... «Me salvarán. Tienen...». Mis labios temblaron. No me iba a salvar.

Me aferré al más cercano, sins aber siquiera quién era. Sólo importaba que era un ancla, una unión con este mundo. La desesperación y el miedo del moribundo me guiaban.

—No... No... —me ahogaba, no tanto por falta de aire como por sentir la oscuridad a mi alrededor, aprisionándome, reclamándome—. Que no os maten. Que...

No pude seguir. Volví a vomitar. Acurrucándome, me abandoné a la oscuridad.

Al poco de caer inconsciente el cuerpo del humano comenzaría a sufrir temblores, que se convirtieron en verdaderos espasmos muy bien conocidos por los letarguinos. No moriría instantáneamente, pero el corazón del humano no llegaría latiendo al torreón Letargo. Ya nunca más se despertaría.

Nfdr: por si no queda claro, cuando consigan librarse de los bichos Ozz hace el conjuro de localización. Esta última escena es lo último de su vida. Pobre xD

Nfdr2: para que lo recordéis: Álvaro aclaró a Sura que, si moría, lo quemasen.

3 Re: Calle de las trampas el 06/07/14, 08:30 pm

Naeryan

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Taro recordaba aquellas calles de forma más distante que otras zonas de Rocavarancolia, pero aún le resultaban familiares. Aquella vez, en lugar de torcer por uno de los recodos de la avenida de las casas carnívoras para llegar a Letargo, la seguirían hasta el final para explorar lo que hubiera al otro lado.

Los pasos de Taro se ralentizaron insconscientemente cuando llegaron allí, y cuando el carabés se dio cuenta sacudió la cabeza muy molesto consigo mismo. Endureció la expresión y aceleró el paso hasta quedar el primero del grupo. Pisaba con decisión pero su postura era tensa.
A ambos lados de la calle las casas aullaban sus reclamos: centrales sanitarias abandonadas pero convenientemente casi intactas, la voz de Renen llamándole, los aullidos desesperados de Baurus recriminándole que sabiendo lo que era estar encerrado en un lugar así no se parase ni un segundo a pedirles a los demás que le rescataran, los gritos de sus propios compañeros a sus espaldas dando a entender que algo les había atacado por detrás, los de Letargo alegando un encuentro casual, construcciones que imitaban a la perfección la imagen que Taro tenía de un refugio subterráneo seguro.

Taro sabía que eran ilusiones, pero eso no le había servido de nada la primera vez: se prohibió terminantemente a sí mismo bajar la guardia. No debía prestarles atención, no podía permitirse pensar que merecían su atención. Tenía que apagar a pisotones cualquier rescoldo de miedo que le quedara, y tenía que probarlo demostrando que era capaz de pasar por aquella avenida ignorándolas por completo. Caminó más rápido, más recto, más fuerte.

-Creo que a partir de aquí ya no hay ilusiones- dijo deteniéndose cuando llegaron a cierto punto, con un rastro de duda en la voz-. Hay demasiado silencio.
No significaba que pudieran explorar con total tranquilidad, pero sí que podrían hacerlo sin preocuparse de que el sótano al que llegasen fuese el estómago de una casa carnívora. Taro miró a su alrededor, inseguro de por dónde empezar. Las casas parecían estar en buen estado en general, por lo que a primera vista ninguna parecía mejor que otra.
-Sería buena idea empezar por una casa que tenga pozo- se le ocurrió-. Nos garantiza que hay un subterráneo cerca. Quizá encontremos algún acceso derrumbado que conecte las dos cosas.


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4 Re: Calle de las trampas el 07/07/14, 02:57 am

Giniroryu

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GM
El área circundante al torreón Letargo la habían explorado en numerosas ocasiones ya que habían peinado la zona tratando de hallar el paradero de Taro. No obstante, aquella calle en concreto, quizás por su emplazamiento poco visible a continuación de aquella plagada de los edificios que mostraban ilusiones, les había pasado desapercibida en anteriores exploraciones.

Las casas parecían en mucho mejor estado que la mayoría de las edificaciones que habían visto hasta ahora y, tras usar la niebla mágica para asegurarse de que no se trataba también de un engaño y que tampoco estaban habitadas, siguió la indicación de Taro y señaló una casa que contaba con un pozo en un patio cerrado a un lateral de la construcción. Aquella era una casa de apariencia anodina externamente y que, tras echar un vistazo al interior con el sortilegio, no parecía contener nada peligroso en su interior. Por ello decidieron empezar por ella y el ingeniero abrió la puerta ya que esta no opuso ninguna resistencia cuando giró su pomo.

El interior, el cual ya había atisbado superficialmente, se podría describir como acogedor. No tenía un aspecto extravagante como la casa que había atrapado a Baurus, pero desde luego resultaba mucho más hogareña que el torreón. El ingeniero, de todas formas, avanzaba con cautela y la aconsejaba a los demás según se internaban en la casa. Abandonó el recibidor, en el que había un colgador para la ropa en una de las paredes, y llegaron al primer cuarto propiamente dicho. Una cocina mejor equipada que la que tenían en Maciel se rodeaba de muebles en aparente buen estado. En el centro de la estancia había una mesa de madera sobre la que el ingeniero vio el primer elemento que comenzó a fundar sospechas. Un plato con lo que parecía alguna clase de dulce descansaba sobre él. Lo que no encajaba era que no se encontraba en mal estado, al menos en apariencia. No tardó en señalárselo a quien se encontrase cerca en ese momento.
Podría vivir alguien aquí, o podría tratarse de un engaño más. No es aconsejable tocar nada. Utilizaré un hechizo de amplificación sensorial para permanecer alerta —anunció para inmediatamente después comenzar a entonar dicho sortilegio.



Última edición por Giniroryu el 07/07/14, 03:54 am, editado 1 vez

5 Re: Calle de las trampas el 07/07/14, 03:21 am

Alicia

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Ri quería decir que no le gustaba aquella casa. Que fuese agradable, que no estuviese en ruinas, era mala señal. Desencajaba con el paisaje. A su pesar, aquella le gustaba. Los muebles parecían sospechosamente comodos, los colores eran cálidos y parecían abrigarla.  Miró el dulce torciendo una comisura. Recordar la boca sangrando de Baurus le hizo retroceder. Después de todos esos meses, se preguntó porque aun cruzaban el umbral de algun edificio.

-Salgamos-dijo. Pero el pasillo la llevo a un dormitorio de color naranja. La cama era enorme, de sabanas suaves y claras. Había una ventana amplia que se le antojó a puerta de emergencia. No hubo resultados cuando quiso abrirla y salió para mirar al resto, golpeandose el meñique contra la pata de la cama.



Última edición por Alicia el 07/07/14, 06:11 pm, editado 2 veces


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6 Re: Calle de las trampas el 07/07/14, 04:37 pm

Leonart

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Kudryavka

Para un cambio que el ruso quiso pensar postivo, la casa en la que se encontraban era ampliamente arreglada y cuidada. Transmitia una sensación agradable y hogareña. Pero no por ello, el ruso pensó por un momento que era tan solo eso. Era obvio que alguien deberia de vivir ahi dentro y, sin embargo...
-No huelo a nadie.-dijo arrugando la nariz.

Todo parecia demasiado bonito y el aprendiz se mantenia escéptico sobre aquello. Sin embargo, sus métodos directos le impelian a descubrir el problema de esta para que pudieran admitir que era imposible que todo fuese tan bien.
-¿¡HOLA!? ¿¡HAY ALGUIEEEEEEEN!?-gritó, por encima de sus pulmones. Aguardó silencio unos instantes y se movió a otra zona: Una especie de salón con sillones y un sofá enfrentados a una televisión, todo ello decorado con cojines de aspecto mullido.-¿¡HAY ALGUIEN AQUIIIII!? ¡Si hay alguien aquí, que no se tome a mal que hayamos entrado sin permiso, somos muy maleducados pero nos iremos si vemos que molestamos!-exclamó. De nuevo, sin respuesta.

>> Que mal rollo... Si, soy rubio, si tengo rizos, pero no por ello quiero acabar como Ricitos de Oro.

-¡Chicos! ¡No os metais en las camas o comais sopa! Podriamos tener problemas de un gran calibre osez...-

Algo habia captado la atención del ruso. ¿¡Como no se habia dado cuenta antes!? Una televisión de las viejas, de esas de tubo, que eran más profundas que ancha la pantalla. Parecia montada encima de un vhs, como esas teles populares que se vendieron en los noventa. Y, a su lado, lo que parecia ser una colección de vhs antiguos.
-¡Espera! ¿Puede que sean...-
No dijo nada más pues enseguida soltó un gritito de emoción. Ante él podia ver la compliación en vhs de todas las temporadas de "Xena, la princesa guerrera" apiladas en perfecto orden. Comenzó a reir, en un cacareo casi, mientras pasaba la llema de sus dedos por los lomos de las cintas, buscando y recordando capitulo por capitulo.
-¡Que fuerte, tio!-decia entre carcajadas. Cogió al cinta número treinta y cuatro, que comprendia los capitulos veintiuno y veintidos, titulados ambos "Sacrificio", tan solo que separado en dos partes, dos cintas.-¡Gente, venid! Este final de temporada es la caña...-dijo, metiendo la primera cinta y saltando sobre el sofá con una gran estúpida sonrisa dibujada en su rostro mientras recitaba el clip que servia de opening para la serie, imitando los movimientos de la heroina, sin levantarse del sofá, bañado por la ya conocida y nostálgica música.


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Spoiler:

7 Re: Calle de las trampas el 07/07/14, 05:55 pm

Naeryan

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Taro parpadeó confuso ante la imagen que tenía delante. Se había hecho a la idea de que encontrar Maciel tan equipado había sido una suerte tremenda, ¿y de repente esto? ¿Se habían conformado con poco acaso?

La pinta tan bonita que tenía todo le recordó inmediatamente, con un pinchazo de alerta, a las casas carnívoras, y por lo tanto no tocó nada, todos los músculos en tensión. Sin embargo pronto sus compañeros estuvieron interactuando con la casa, dejando patente que tenía poco de ilusión. Sin confiar aún del todo en nada pero con un poco más de seguridad, Taro por fin se avino a probar las cosas por él mismo.

La puerta que abrió en un lateral del salón daba a una cocina: nada parecido a las asépticas estancias donde se preparaba la comida en las residencias, pero tampoco tan rústica como aquélla de la que disponían en Maciel. Era moderna pero a la vez coqueta, con cuadros en las paredes, alfombras y moqueta. Parecía un sitio estupendo para sentarse y charlar mientras uno esperaba a que estuviera lista la comida, y de hecho una mesa y sillas al fondo de la estancia atestiguaban aquellas circunstancias. Algo en los estantes le llamó la atención, y fue a comprobarlo con el ceño fruncido.
-Ostras- murmuró perplejo-. Pues esto es caro.
Aquello no era pasta de sobre, no señor. Aquello era comida carabesa de la buena: reconocía las marcas. Estaba sellada y la fecha de caducidad era la correcta, así que era imposible que estuviera envenenada... ¿O no?

Ante la duda la dejó en el estante, con demasiada curiosidad como para no rebuscar pero aún con la desconfianza suficiente como para no probar nada. A sus espaldas pudo oír el grito jubiloso de Kud, y al regresar y ver lo que se cocía se mesó el cabello, confuso. Si de seriales se trataba, ¿encontraría en uno de los dormitorios acaso todas las temporadas de Defensa contras las artes oscuras? "Porque no me las volvería a ver ni borracho."
-No creo que esta casa sea de una sola persona- dijo, un tanto vacilante-. Hay cosas de diferentes mundos.
En el salón había otra puertecita, y Taro dudó unos instantes antes de girar el pomo. Como sospechaba, daba a un sótano.
Resopló y bajó las escaleras más por tozudez que porque realmente tuviera interés. Sin embargo abajo le aguardaba algo que captaría su atención rápidamente.
-¡Joder!- se podría oír en el salón su exclamación, a la vez sorprendida y encantada.
No podía ser. ¡Era una sala de ensayo! ¡Una maldita sala de ensayo! Taro no sabía de quién había sido la genial idea de implementar algo así en una casa, de forma más acogedora que en un centro de actividades, pero le habría besado en ese momento.
"Tengo que hablarle de esto a Cío."
Sí... Ahí estaba toda la parafernalia de percusión, los altavoces estaban implementados en las paredes, una mesa de mezclas por alguna parte, y en una esquina, apoyada contra la pared, estaba...

No tenía el mismo tacto y olor a nuevo que habría sido de esperar, sino que se ajustaba a él como si llevara años perteneciéndole. Algunas muescas le indicaban los puntos necesarios donde afinar, y la correa para colgársela al hombro estaba ajustada precisamente a su altura. Cómoda, ésa era la palabra. La sensación que desprendía la guitarra, y también toda la casa.
Por un momento Taro se olvidó de que habían venido allí a explorar, y se sentó en el escalón de la plataforma para intentar unos rasgueos de prueba. A pesar de ser inalámbrica, los controles estaban ajustados para que no hiciese falta magia para acceder a toda la gama de sonidos.


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8 Re: Calle de las trampas el 07/07/14, 07:12 pm

Giniroryu

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GM
Gracias al hechizo de amplificación sensorial pudo escuchar a Kudryavka como si lo tuviese a escasos centímetros. Acudió al lugar donde les llamaba y frunció ligeramente el ceño ante el medio audiovisual que se encontraba en medio de aquella sala de estar. Podría tratarse de algo completamente anticuado, pero no dejaba de tratarse de un elemento mucho más avanzado tecnológicamente de lo que cabía esperarse de Rocavarancolia tras constatar su completo atraso en ese ámbito a lo largo de los meses. Contempló durante unos instantes aquella extraña producción de extravagantes coreografías y atuendos altamente estrafalarios antes de dirigirse al ruso.
No deberías tocar nada, Kudryavka, podría ser peligroso —le advirtió—. Y en caso de que viva alguien en este lugar podría encolerizase por utilizar sus efectos personales sin permiso.

Con la seguridad que le daba el poder escuchar con claridad a sus compañeros en el caso de que les sucediese algo aun estando en otras habitaciones, el irrense continuó explorando la casa más por curiosidad que por otro motivo. A aquellas alturas lo más probable era que estuviese habitada y por tanto no podían apropiarse de ella, pero la sucesión de diferentes elementos que claramente no encajaban con la noción que tenían de la ciudad le llamaba poderosamente la atención. El irrense se preguntaba si el dueño de la casa había traído todas aquellas cosas atravesando los portales que teóricamente empleaba la ciudad para trasladarse a los distintos mundos.

La siguiente habitación a la que accedió, no obstante…
¿Un taller biomecánico?
Ni siquiera se dio cuenta de que lo había dicho en voz alta de la impresión que se llevó cuando abrió la puerta de la estancia. Aquella sala, amplia, correctamente iluminada y equipada con mesas de trabajo, guardaba un gran parecido con su taller en Ío. El ingeniero se acercó a una de las mesas y dedicó una mirada anhelante a las herramientas que allí había, comenzando a alargar una mano para tocar una de ellas…
La retiró casi instantáneamente. No, empezaba a ver un patrón en aquella casa que olía cada vez más a chamusquina. El humano había encontrado algo claramente perteneciente a la Tierra y que al parecer era de su agrado, mientras que él se había topado con lo último que esperaría encontrar en Rocavarancolia y que era lo que sin duda más había echado en falta desde el primer día. La teoría de que la casa estaba habitada comenzó a ser sustituida por la cuasi certeza de que aquello era alguna clase de engaño.

Pero antes de abandonar la sala e ir en busca de sus compañeros para tratar de imponer la lógica sobre ellos, algo le llamó poderosamente la atención. Un bote de aceite, justo del que necesitaban para el mantenimiento de implantes. La mente del ingeniero entró inmediatamente en conflicto. Por un lado no le parecía racional desoír sus propias advertencias, pero por otro… ¿Y si aquel frasco era real? Podría estar desaprovechando la oportunidad de evitarle a Cío perder la movilidad de su brazo. Dudó. Durante largos segundos permaneció en el umbral de la puerta mordiéndose el labio inferior y observando alternativamente el bote de aceite y el pasillo de la casa.

Finalmente, el Archime actual venció la batalla al biomecánico impertérrito de hacía cinco meses y, con cautela, recogió el bote y lo introdujo en uno de los bolsillos de su bata. En silencio, todavía dándole vueltas en su cabeza a lo que acababa de hacer, regresó en busca de sus compañeros.

Siguiendo el estruendo producido por lo que parecía algún instrumento, acabó por encontrar al carabés en otra de las habitaciones.
Taro, este lugar…
El irrense observó a su alrededor, fijándose en aquellos instrumentos clásicos que poblaban aquella estancia. A juzgar por lo interesado que se veía al carabés en el que tenía entre las manos, el ingeniero tan solo pudo reafirmar su teoría al ver que el patrón volvía a repetirse. En cuanto el carabés, y quien quiera que se acercase a aquella habitación, le escuchase, explicaría su hipótesis y los instaría a que saliesen de allí cuanto antes. No contaría a nadie, sin embargo, que la mano izquierda, metida en uno de sus bolsillos, jugueteaba con un bote de aceite para asegurarse de que seguía siendo sólido.

9 Re: Calle de las trampas el 07/07/14, 07:43 pm

Alicia

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Había una estantería en la habitación. Tocó sin darse cuenta los tomos, con la punta de los dedos. Resultaban alentadores. Algunos estaban incluso medio sacados, tentandola a curiosear. Todos estaban curioseando a esas alturas.  Cogió un volumen dudosa, afianzando su agarre para abrirlo en una pagina al azar. Era una historia ilustrada, con letras caligrafiadas con cuidado en un margen. " Y ella le dijo: conmigo no se pasa hambre ni sed. ¿No ves que te quiero?". Ri cerró el libro y lo depositó en su sitio. Revisó un par con aire distraído. Los había bonitos, de palabras mullidas e historias suaves para dormir. Algunos, que prometían aburrimiento, parecían querer que se replanteara la cama.  El último era más lúgubre "Pero adónde vamos no lo sabemos. Tal vez podamos sobrevivir a las enfermedades y escapar a las selecciones, tal vez hasta resistir el trabajo y el hambre que nos consumen: ¿y luego? Aquí, alejados momentáneamente de los insultos y de los golpes, podemos volver a entrar en nosotros mismos y meditar, y entonces se ve claro que no volveremos. Hemos viajado hasta aquí en vagones sellados; hemos visto partir hacia la nada a nuestras mujeres y a nuestros hijos; convertidos en esclavos hemos desfilado cien veces ida y vuelta al trabajo mudo, extinguida el alma antes de la muerte anónima. No volveremos."

Se preguntó por el lugar del que hablaba, quiso saber que ocurría con el protagonista, pero también cerró ese libro. "No volveremos" danzaba detrás de sus orejas.  Bajó al sotano, reluctante, donde recordaba haber oido algo. A Kud lo arrastraría luego fuera.

-No me fío de esta casa- dijo nada más acercarse lo suficiente. Archi y Taro estaban alli. El segundo aun tenía las manos cerradas en un instrumento que ella no terminaba de reconocer. En cuanto al irrense, coincidían en puntos de vista-.Está hecha a medida. No querrría quedarme mucho más.

Cuando volvió a subir las escaleras, un escalón crujió bajo su pie y se hundió, haciendole perder el equilibrio momentaneamente. El resto los subió de dos en dos.


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10 Re: Calle de las trampas el 07/07/14, 09:18 pm

Naeryan

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Taro nunca había llegado a utilizar una guitarra electrónica carabesa de verdad, pero había pasado sus buenas horas en un arcade gastándose los créditos en un sucedáneo. No se podía decir que los acordes que sacaba fuesen melódicos, pero sí semi-pasables. No obstante paró instantáneamente de arrancarle chirridos al instrumento en cuanto Archi apareció, sin querer público. Escasos segundos después llegó Ri, corroborando las palabras del biomecánico.
-Sí...- terminó por decir con reticencia. Sí, maldita sea, era demasiado bueno para ser verdad. Se descolgó la guitarra sin mucho afán, sintiendo que la calma de aquellos últimos minutos le abandonaba y era sustituida por la familiar tensión. Un cosquilleo de alerta se le alojó en el fondo del estómago, y de repente tuvo muchas ganas de salir rápido de allí. Si lograsen salir sin ningún problema se reiría de sí mismo y de sus paranoias tontas, y Taro no deseaba otra cosa en ese momento que el confirmar que la mala espina que daba el que todo fuese tan perfecto fuese infundada.

Cuando iban en dirección a la escalera pasaron al lado de un mural en el que había pegados varios carteles de grupos musicales, no todos carabeses sino algunos de ellos residuos de los recuerdos de otras personas que habían pasado por la casa. De haber bajado un terrícola a esa estancia habría podido reconocer la letra de "Love me do" en uno de ellos, garabateada en una caligrafía tan redonda que parecía infantil.

-Kud, en el sótano no hay nada- dijo Taro cuando llegaron arriba, localizando al ruso todavía frente a la tele. Sí, sí que había algo y a Taro le estaba doliendo como nunca separarse de ello, pero se forzó a sí mismo a recordar que no buscaban una casa, sino un subterráneo, y el de allí era inservible a sus propósitos. No les quedaba nada que hacer en aquel lugar, y si efectivamente el edificio "tenía truco" ni siquiera les convenía volver a acercarse por allí-. Nos vamos.

Kud parecía de todo menos dispuesto y Taro tiró de él para levantarle del sillón, respondiendo con infinita paciencia ante sus quejas. ("Que es el final de la tercera temporada") " Ya sé que es duro tener que irse en mitad, tío, pero siempre las terminan con un final de esos con suspense de todos modos." ("Lucy Lawless en su plenitud") "Sí, ya, yo llevo perdiéndome a Ekko desde que he llegado y no me quejo. Venga, arriba." Sentía su dolor pero tenían que seguir avanzando.

Retrocedieron en tropel hasta la puerta de entrada, y Taro fue el primero en alargar la mano para retorcer el picaporte, con una decisión que camuflaba más bien algo de ansiedad. Al instante una reja se alzó desde el suelo para bloquearles la salida, y los pinchos que la coronaban le hicieron un corte de advertencia a la mano extendida del carabés.
Hubo unos segundos de silencio. Taro se miró incrédulo durante unos instantes el corte en la mano. Sangraba.
-Archi, intangibilízanos.
En su voz se traslucía un deje de ira. No iba a dejarse encerrar en una casa trampa. Otra vez no.


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11 Re: Calle de las trampas el 07/07/14, 11:14 pm

Leonart

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Kudryavka

En respuesta a la información sobre el sótano proporcionada por Taro, el ruso soltó una especie de mugido propio de las criaturas que moran en sofás durante horas mientras miraba con la misma cara de ensimismamiento la televisión y las imagenes que en ella aparecian.
En el momento más tenso, en el que se retorcian contra los males que acechaban a los protagonistas, fue cuando Taro le arrancó de su asiento. Sabia que no podia decir que "No", pero intentaba convencer al chico de que, por lo menos, le dejase acabar el episodio, mientras soltaba varios argumentos, en su opinion, bastante convincentes mientras salian de la sala, giraba el cuello de manera que si lo pudiera desarrollar mediante lamarkismo, acabaria siendo un buho de tomo y lomo.

Y con un suspiro derrotado, se reunió con los demás. Todos tenian la misma sensación incómoda. Podia leer en sus ojos que habian, como él, encontrado algo que les invitaba a quedarse. Un suspiro en mitad de la tormenta caotica que era la ciudad y que él mismo no era el único que luchaba contra si mismo para salir de aquel lugar. Taro fue directo a abrir la puerta y, varias cosas pasaron a gran velocidad. La primera, que, por acto de alguna magia, una gran verja de aspecto amenazador se alzó. Aquello daba cierto sentido a la situación, ya que en Rocavarancolia no habia nada planamente bueno sin pedir algo a cambio y, al parecer, en aquella casa, el precio era ser su prisionero.
Y, por último, se dió cuenta de que era lo que sentia Taro, cuando con ira le dijo a Archi que les intangibilizase. Aun con esa verja, el ruso no se sentia atrapado. Siempre podrian abrirse paso por alguna ventana y si eso no funcionaba, bien podrian tirar de la magia, arrasando con la entrada o simplemente como se planeaba hacer: Con intangibilidad. Pero supo que para Taro era algo más, pues teniendo la experiencia que tuvo en las casas de las ilusiones, aquello deberia de afectar más. El ruso le palmeó el hombro y, con una sonrisa, le dijo unas palabras tranquilizadoras con una carcajada al finalizar.
-Claro. Bien podemos irnos o quedarnos, no lo decide esta casa, pinchos o no.-


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12 Re: Calle de las trampas el 07/07/14, 11:31 pm

Giniroryu

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GM
En cuanto intentaron salir, la hipótesis se convirtió en absoluta certeza empírica. El biomecánico se acercó a una ventana que se encontraba a la izquierda de la puerta de salida y, al intentar abrirla, tan solo la protección básica le libró de que algunos de sus dedos fuesen machacados por los barrotes súbitos que emergieron cubriendo toda la ventana. Incluso antes de que Taro lo hubiese pedido el irrense ya había decidido que los intangibilizaría a todos de inmediato y por ello se limitó a asentir al carabés mientras ya comenzaba a conjurar. En su fuero interno albergaba dudas: la casa hecha de dulces se había probado protegida contra toda clase de hechizos y tal vez fuese el caso de aquella. Mientras entonaba la intangibilidad paseó la vista por los cuadros del recibidor ya que las imágenes que en ellos se veían habían cambiado. Ahora la mayoría mostraban fotografías de ellos mismos en diferentes habitaciones de la casa. Archime se vio a sí mismo en el taller biomecánico y tan solo no se llevó la mano al bolsillo porque ello provocaría la interrupción del sortilegio.

Por suerte pudo suspirar internamente de alivio al comprobar que su brazo atravesaba la pared que daba a la fachada de la casa y pronto todo el grupo se encontró fuera de aquella trampa. Ahora sí, la mano izquierda del ingeniero palpó el bolsillo indicado y… nada. Como único signo externo de decepción, el hocico del irrense se arrugó ligeramente, pero internamente no podía dejar de pensar qué le había llevado a cometer aquella estupidez o a albergar alguna clase de esperanza con algo que sabía que no guardaba lógica alguna. Le hacía sentirse estúpido y el biomecánico no recordaba haberse sentido así tal vez nunca. Por supuesto, ello no conllevó ninguna modificación en absoluto de su expresión ni de su tono cuando se dirigió a los demás.
Tal vez esta casa y las del punto de abastecimiento del torreón Letargo no sean los únicos edificios con trampas de esta zona. Quizás deberíamos alejarnos si queremos continuar explorando.

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