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Mazmorras de la Cosecha (Archivo III)

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Elliot

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El sueño engaña mis sentidos, empujandome a un lugar entre la realidad y el delirio, viajando entre mundos y épocas. Muy poco a poco, voy siendo consciente del frío que invade mi cuerpo y que penetra hasta los huesos haciendo que estos tiemblen como si el propio hielo del aire los agitase violentamente. Pero no es el frio lo que me despierta. Tampoco es la luz, que de tan escasa, apenas se puede ver mas que una ventanita, que ilumina parte del camastro en el que estoy tumbada. Lo que hace que me despierte es la inminente sensación de libertad. La sensación de que esos muros de piedra gris no son lo que me retiene en aquel lugar, la completa seguridad de que tras la puerta no hay un guardia listo para activar el collar eléctrico y hacer que me retuerza en el suelo... Al menos eso fue lo que la muerte me dijo en su visita. Tenía el pelo y la piel blanca, no podía ser otra cosa que la guía hacia el mundo de los muertos.

Poco a poco abro los ojos, sin ver practicamente nada. No me muevo de la cama hasta que me acostumbro un poco a la oscuridad y consigo distinguir algunas formas en la habitación. Me envuelvo en la sábana que me cubre, del color de la muerte, como si fuese una capa, tratando de no castañear los dientes. Cuando me fijo en que el collar sigue alrededor de mi cuello, una tremenda sensación de miedo me recorre, aunque al detenerme a pensar, me doy cuenta de que el cosquilleo permanente que este emite cuando está activado ha desaparecido. Eso me tranquiza en parte. Mi ropa sigue siendo la del centro en el que estaba. Un vestido azul cyan, del color de la sangre, cuya manga derecha se enrolla alrededor de mi brazo y el pico de la falda, corta por la derecha, se alarga hacia mi pierna izquierda enrollandola, recordando a quien lo mire que está atado.
Me doy cuenta que la muerte ha limpiado mi piel de sangre, pero no ha conseguido quitar todas las manchas del vestido. Lo siguiente que llama mi atencion es el olor. El aire no huele como debería oler. Huele a rancio, a amargo a agrio. Huele a miedo y a muerte. Huele a libertad.

Me pongo de pie, sintiendome algo debil y me acerco a la puerta, que es de una tosca madera marrón. ¿Quien habrá hecho eso? ¿Porque la hizo así? ¿Porque no la pulió y la pintó para hacerla mas agradable?¿Porque la sabana es tan áspera? ¿Porque el aire estan gelido? ¿Porque no hay luz? ¿Porque no hay color?
Aun no sé si estoy soñando, si todo esto no es más que un delirio provocado por la perdida de sangre o si realmente la muerte me ha ido a visitar. En tal caso, ¿me ha acogido el demiurgo entre sus brazos ya? ¿Es éste el mundo anterior con el que tantas veces mi raza ha soñado? No... no puede ser. ¿Como iba esta habitacion fria y gris a formar parte de un mundo tan maravilloso como el que describen las historias, como el que tratamos de alcanzar? No es el mundo anterior. Me niego a que lo sea.

¿Estoy viva entonces? ¿Estoy soñando? ¿Estoy realmente en otro mundo? El nombre aun resuena en mis pensamientos. Rocavarancolia. Yo siempre me había imaginado un nombre mas... armonioso, pero no dejaba de ser musical. Hay un millon de dudas en mi interior, no se lo que es real o lo que no, no se si estoy viva o muerta y la verdad es que tampoco me importa. Yo he elegido mi camino. Sea como sea, esté donde esté, soy mas libre de lo que era antes.


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¡Superpor la aceptación, la integración y los derechy'x Frivy's!

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Matt

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Poco a poco empiezo a notar el suelo en el que estoy tumbado. Hace algo de frío en comparación con mi casa pero nada que no pueda soportar. Me incorporo despacio mientras noto que la cabeza me da algunas vueltas.
- Dios mio que colocón con el humillo ese. - Me dije mientras recordaba el momento en que me encontré a ese personaje con aquella nube de humo verde y su nerviosismo que conseguía contagiarme. Ese mismo personaje paliducho que me prometía un mundo maravilloso y me convencio para venir a Rocavarancolia. “Rocavarancolia.. suena hasta raro decirlo pero bueno hay nombres de pueblos mas raros Matt”

De pronto me doy cuenta de una cosa, no es el suelo donde estoy postrado como un perro, sino una especie de camastro de piedra. - Pues valiente mierda, encima tengo que dormir en esta cosa.- “Si esto se puede denominar cama que venga dios y se acueste a ver que le parece.”
De momento aún no había visto nada de maravilloso en lo que se me mostraba a la vista, un simple camastro de piedra y cuatro paredes mohosas adornadas por una simple ventana y una puerta al lado contrario.
- Joder, tengo la espalda molida, por lo menos un colchoncito podrían poner- Dije para mi soltando un risilla para mitigar un poco el nerviosismo que ostentaba. “ Bueno Matt es hora de ver mundo.” Me digo mientras me termino de incorporar, “La cabeza me da algunas vueltas, es como una resaca después de una gran fiesta”. Al fin me pongo de pie, me tambaleo un poco pero nada que no pueda soportar. Me dirijo hacia aquella puertita de madera. Me paro ante ella y me convenzo a mi mismo que es una buena idea. Empujo la puerta despacio y el chirriar de la puerta me pone los pelos de punta.
- Genial, un poquito de grasilla para la puerta nunca viene mal- Dije mientras una sonrisilla se me escapaba de entre las comisuras de mis labios. “ Pff, como todo lo que me espere aquí sea igual.. muy maravilloso no veo que sea... Aunque bueno Matt hay que ser optimistas, ¡no fue ningun error! Por lo menos... eso espero” Me recalco mientras observo la estampa que se me presentaba delante de mis ojos.

Ante mi se abre un pasillo largo abarrotado de puertas y al fondo una escalera que descendía. Todas las puertas eran exactamente igual a la puerta de la que acababa de salir. Algo dentro de mi me instaba a abrir las puertas para ver si no estaba solo, pero el temor de encontrarme con alguna cosa que no quisiese ver en realidad me inundó la cabeza. “Ni de coña Matt, a saber que hay detras de las puertas estas, quita quita tu sigue recto que será mejor” Así que decidí ir por las escaleras.


Las escaleras estaban igual de mohosas que el resto del edificio y para mi gusto olía algo raro, un olorcillo que no sabia distinguir pero no me gustaba. En el final de las escaleras se abre un gran salón parecido a un recibidor algo destartalado pero con algo mas de mobiliario que lo poco que había visto de las estancias de arriba. alcanzo a ver una puerta al fondo entreabierta y una mesita al lado derecho de la sala con una silla.
-Matt, tranquilizate que no te va a comer nada coño- Me digo para intentar mitigar los temblores de nerviosismo que ostentaba.
“Ya sé! siéntate en la silla, y vas a encenderte un cigarrito, que alguien llegara para recibirte.” Así que rebusque en mi pantalón vaquero y saque mi paquete de tabaco sin abrir, lo desenvuelvo con las manos algo temblorosas y saco un cigarro, ahora me meto la mano en el otro bolsillo - Mierda, ya estamos como siempre, ¿donde esta el mechero?- Rebusco entre los bolsillos del pantalón y de la cazadora hasta que por fin saco un pequeño zippo, lo miro con cariño y lo abro con cuidado, enciendo el cigarro y soplo la llama hasta extinguirla mientras olisqueo el olor a gasolina que desprende. “Espero de verdad que llegue alguien a por mi.” me digo mientras le doy enérgicas caladas al cigarro y me siento en la mesa con las piernas cruzadas.

C.a.e

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Cuando abrí los ojos ya no estaba en casa.

Estoy confusa y lo veo todo borroso, las palabras de ese hombre todavía suenan confusas en mi cabeza: Rocavarancolia... te espera... magia....

Intento incorporarme, pero tropiezo y me caigo al suelo. Dentro de mis venas, el calmante que mis padres me dieron anoche está jugándome una mala pasada. Me restriego los ojos, aunque tardo un buen rato en comprender que está todo oscuro y lo que hago es inútil. Así que me apoyo en la cama y poco a poco consigo ponerme en pie. Maldigo la noche en que cogí un camisón tan corto, me estoy helando. Al menos llevo las zapatillas. Sonrío.

¿Y ahora qué?

Según el joven, estoy aquí para ayudar a la ciudad, a Rocavarancolia, y que no estoy sola. Pero no recuerdo el resto. Creo que mencionó el peligro. Tampoco recuerdo haber dicho que sí. Tengo un lapsus de esa noche.

Tirito de frío y me abrazo a la sabana, tengo miedo de abrir esa puerta y salir. No se como es Rocavarancolia, pero creo que no me va a gustar.

Intento armarme de valor, pero no puedo. Me cubro aún más con la manta. Ese movimiento exagerado hace que sienta un pequeño pinchazo de dolor. Me arremango la manga, y la veo. La marca de la aguja. Empiezo a lagrimear.

Así que papá y mamá me mintieron. Me prometieron que si era buena no me llevarían a "ese" sitio, y que se acabarían los pinchazos y las pruebas médicas.

Ahora si que estoy llorando a lágrima viva, intento parar pero no puedo.

Deberías

Esa voz.... me trae recuerdos y me influye valor. Me enjuago las lágrimas. Abriré esa puerta y averiguaré si estoy o no en Rocavarancolia.

Frikomid

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*Quien me mandaría a mi hacer caso a ese extraño ser...*

No puedo evitar sentir confusión ante lo que estoy viendo. En donde vivía antes de tener ese extraño encontronazo no había nada semejante a aquello de lo que estoy rodeado. El aire está más cargado y noto algo extraño en el ambiente. Me lo debo de estar imaginando...

Bueno en fin... ese extraño ser con rasgos nunca antes vistos me contó que tendría que ayudar a restaurar el reino... pero aquí no veo nada con lo que empezar... Un momento, y si soy yo el material? Que estoy diciendo... ¿Como puedo pensar eso? El me prometió que viviría grandes aventuras... Sepalian Xila decía llamarse... Su estructura mórfica es más que imposible... ¿y si hay más como el cerca de aquí?

Bueno, pensándolo mejor, si son como el me sentiría mejor... a juzgar por sus pintas y por sus intenciones parecía más interesado en repoblar mi mundo que aquellos que decían ser mis amigos... Espera, algo no va bien. Aquí está pasando algo raro. Siento un pesado vacío en mi estómago ¿donde está el sol?

Me aproximo a una grieta que desprende algo de luz y miro a través de ella y tal vez logre saciar tan extraño pesar...

Sepalian no me había advertido de este extraño ruido... ¿Acaso hay otro congénere cerca? ¿Quien está reproduciendo los sonidos de mi aparato respiratorio? Pero no veo a nadie... Supongo que estoy demasiado alterado y nervioso, imaginaciones mías...

Sincerándome conmigo mismo, no llevo ni... no se cuanto llevo aquí durmiendo! Pero ya añoro la seguridad con la que conocía mi lugar de origen... en fin... me acostumbré a una vida llena de incertidumbre y desconfianza por todos... todo será acostumbrarme...

Salgo del extraño podio sobre el que estaba tendido y me decido a explorar el extraño lugar en el que estoy; busco puntos de referencia para ocultarme en caso de que ocurra algo... Definitivamente, creo que estoy empezando a detestar a Sepalian...

Esmael

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Estoy confuso, mis ojos aún no se han acostumbrado a la oscuridad, por lo que busco el interruptor. Al tocar la pared me doy cuenta que es muy áspera, es más, es piedra.

-¡Per que narices! ¡Esta no es mi pared!-

Me da vueltas la cabeza, por lo que decido incorporarme. Pese estar cansado y mareado logro recordar donde estoy, o mejor dicho, donde me han llevado.

Rocavarancolia


No logro recordar nada más.
La “cama”, que no es más que unas cuantas piedras juntas, me ha dejado la espalda molida, por lo que me estiro antes de ponerme en pie.

-¿Hola? ¿Hay alguien ahí?-


Oigo un ruido de afuera, alguien está caminando por el pasillo, un sudor frio recorre toda mi espalda mientras rezo para que mi pulso no me delate. Una silueta pasa por delante de mi puerta sin detenerse.

Estoy asustado, no es que no quiera estar aquí, pero dar miedo, lo que es dar miedo: da miedo.
Por lo tanto decido volver a la cama, y si quieren algo de mí, que vengan a buscarme.

NH

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A Nasher le pitan los oídos. Los tambores de la última celebración y los gritos de su última discusión aun retumban en su cabeza. El suelo frío bajo él le advierte de que no está en casa. Sonríe. Lo había conseguido. Cuando aquella extraña hoguera que brillaba con los colores de Nassandra se presentó ante él y le ofreció el trato creyó estar soñando. Después de perder su oportunidad para huir de la aldea, Nassandra, su Nassandra, le había dado una segunda oportunidad. << Tal vez sí que soy un chico afortunado..>> pensó divertido. Pero poco le duró la risa, pues la baja temperatura de la estancia le había entumecido todo el cuerpo. Necesitó de toda su fuerza de voluntad para incorporarse un poco, y cuanto antes se puso en movimiento para desentumecerse. Se estiró, haciendo crujir sus huesos, y exploró la sala en la que estaba. Parecía una especie de cueva con forma rara, de piedra gris y con un camastro del que se debería haber caído al dormir. Había un agujero en la pared con palos grises verticales y otro más grande tapado con tablones de madera. Cogió carrerilla y se encaramó al agujero pequeño. Estaba frío, y casi se cae al descubrirlo. << De qué estará hecho?>> No era madera, ni piedra, ni hueso... Le dio un lametazo a los palos lisos e hizo una mueca
-Sangre? Sangre mala
Piedra de sangre mala, sería algo así... Fuera el aire era frio y el paisaje era todo piedra. No veía nada de arena por ningún sitio, y había restos de humedad en el ambiente que resultaban refrescantes e hicieron que a Nasher le diese un escalofrío.
-Un lugar que huele a noche en pleno día- murmuró maravillado
Había cientos de cuevitas fuera, que se sostenían solas en lugar de estar excavadas, y algunas eran altas como los monumentos de los que los viejos le habían hablado. No podía esperar a explorarlas todas...
Saltó de la pared y corrió al otro agujero. Inspeccionó su superficie, comprobando el estado astillado de la madera, cómo estaba trabajada... Además pequeños trozos de la piedra de sangre mala unían los tablones. << Curioso...>> La empujó. No se movió. Probó con una patada y chirrió... Tras una patada más fuerte los tablones se vinieron abajo estruendosamente. Nasher se echó a reír. Miró a un lado y a otro de la galería de piedra plagada de agujeros que seguramente harían de entrada a otras cuevas. Un olor nauseabundo le lleno las fosas nasales y el chico hizo una mueca de asco.
-Puaj! Qué es esa peste?

Elliot

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La puerta de abre con un chirrido amargo, tan molesto que me tengo que tapar los oidos. Sigo preguntandome qué tipo de persona ha hecho algo tan desagradable a los sentidos. Es aspera, tiene un color feo y hasta suena mal. Sin duda no está hecha para el mundo anterior.

Tras la puerta, la oscuridad sigue reinando, enturbiando mis ganas de explorar el lugar. El cuchillo que hace poco bebió de mi vida, se sostiene en mi mano, defendiendola ahora. Palpo de nuevo el collar que rodea mi cuello, temiendo aun que en cualquier instante se active. No me atrevo a salir aun. Doy un paso hacia afuera y miro hacia todos lados, escuchando con detenimiento. Cuando estoy segura de que no hay nadie a mi alrededor, avanzo con cuidado, midiendo mis movimientos.

El cuchillo va escondido entre la sábana que me cubre. ¿Que pensaría alguien si me viese, vestida del color de la muerte, con sangre en la ropa y un cuchillo en la mano? ¿Como reaccionarían al comprobar que mi pelo es blanco y que un collar de confinamiento cubre mi cuello? ¿Que harán cuando lean mis pecados en mi brazo? Sin duda voy a necesitar sacar mi mejor papel de niña buena si quiero que obvien todo eso. ¿Habrá mas gente? Espero que haya mas gente.

El pasillo continúa recto y yo me muevo por el con sigilo, con algo de temor a lo desconocido, pero con una alegría inmensa, como si con cada paso, el sentimiento de que todo era real cobrase mas fuerza. Miro hacia todas partes, desorientada y buscando algo de luz o... algo de comida.

Me encuentro con unas escaleras que suben, pero prefiero quedarme donde estoy. Si no me engaña la intuición, este debe de ser el primer piso y en caso de que las cosas se pongan feas, siempre podré huir... a cualquier sitio. La verdad es que no tengo ni idea de lo que hay fuera. Ni siquiera me paré a mirar por la ventana. Debería haberlo hecho. Continuo andando y me topo con una habitación grande, decorada de forma sosa y aburrida. Gris. Triste. Este mundo debe ser el antagonismo del mundo anterior, pero por extraño que parezca, no me desagrada del todo. cada pequeño detalle esta tan distinto de daelicia... No hay colores, no hay luz, ni cosas bonitas, ni olores dulces, ni sonidos suaves. Pero tengo libertad, y eso me basta.

De pronto me doy cuenta de algo. Hay alguien... ¿Alguien? Eso no es alguien. Tiene forma humana. Sin duda, por la forma es igual... pero su color... Su color es tan apagado como el resto de las cosas que he visto hasta el momento. Una mezcla entre rosa y naranja con el pelo del color de la madera. Sus formas no son feas, pero su tono... ¿estará enfermo?

Mi postura cambia completamente. Guado el cuchillo en uno de los giros de la tela alrededor de mi pierna y, aunque estoy helada, dejo caer la sabana blanca para no causarle una mala impresión al vestir el color del luto. Sonrio y suavizo mi gesto mientras me acerco, casi bailando hasta él. Me quedo a una distancia prudencial, dejando mi mano cerca del mango del cuchillo por si acaso, y tapando lo mejor que puedo la mancha de sangre de mi ropa con el brazo que no tiene los tatuajes. El collar no tengo forma de taparlo, pero confío en que no se asuste por el.

-Buenos días. Mis padres me llamaron Ennakhai cuando nací, por lo que así puedes llamarme.- Mi voz es apenas un murmullo, una melodía tan suave que casi adormece, que hipnotiza, un ronroneo dulce perfectamente ensallado. - ¿Cual es tu nombre? -Sonrío inocentemente pero no le doy tiempo a que conteste. - Siento ser tan ruda pero... ¿hay algo mal en ti? ¿Alguna enfermedad? Tu color... - no continúo la frase. No quiero parecerle grosera, lo ultimo que quiero es que se enfade. Podría ser útil. La gente tiene la mala costumbre de no apreciar la utilidad de la gente a su alrededor, de tratarles como si fuesen mas, cuando no lo son. Yo se muy bien que es lo mas importante. Puede parecer que hago las cosas por cortesia y amabilidad, pero yo se muy bien que es lo mas importante. Lo mas importante soy yo.


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Matt

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Mientas apuro las ultimas caladas al cigarro escucho pasos acercarse hacia la habitación. “ Por fin, ya era hora que alguien viniese a recibirme”. Me acerco al borde de la mesa cuando de pronto una figura fantasmal entra en la habitación poniéndome los pelos de punta.

Un poco sobresaltado me fijo en aquel “ente” que se aproximaba hacia mi. Era una chica ataviada con una sabana blanca como la que había en mi cama pero su piel era extraña, era de un color violáceo y su pelo era blanco, un blanco inmaculado precioso. “Es como la virgen María con alguna enfermedad de la piel” me dije mientras se aproximaba hacia mi.

Su acercamiento tan rápido me hizo levantarme de la mesa y ponerme un poco en guardia. Aquella cosa estaba ya demasiado cerca, tan cerca como para llegar a ponerme de los nervios. De pronto un hilillo de voz muy dulce salió de la comisura de sus labios.

Era como una cancioncilla, intenté escuchar lo que decía pero no conseguí entender nada.
Mientras intentaba reponerme del susto aquella niña lila no paraba de canturrear cosas que no entendía “Matt o la paras o esta tia no va a parar de darte el concierto. Quien sabe puede estar enferma o haber comido algo en mal estado. Pero ese lila no es normal, yo no me acercaré mucho no sea que me pille algo malo”

-¿Qué?, lo siento cariño pero si me hablas sin cantar te entenderé mejor- eche a reír mientras me fijaba en su extraña tonalidad.
-Espero que te hayas fijado pero.. ¿Eres lila?.
Me quedé esperando alguna reacción de aquella niña lila, su expresión me ponía nervioso, era una sonrisa dulce, tan dulce que podría llegar a ser empalagosa.
-¿ Hola? Te he hecho una pregunta, es de mala educación no responder ¿Lo sabias?
Mientras esperaba algún signo de vida de esa "niña" saqué mi Zippo y comencé a abrirlo y a cerrarlo en señal de impaciencia

Muffie

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Wednesday ni siquiera tuvo que abrir los ojos para darse cuenta de que no dormía en ningún lugar conocido. Sabía a ciencia cierta reconocer cada uno, que no eran pocos, de los lugares en los que había dormido a lo largo de su vida y, en este momento, no se encontraba en ninguno de ellos. Intentó recordar la noche anterior y lo único que vino a su mente fue haber tenido de nuevo el sueño del autobús, como siempre; pero, esta vez, de una manera completamente distinta.

Era noche cerrada y una espesa y mortecina niebla recorría las calles de Londres. A pesar de que la calle en la que se encontraba estaba situada a las afueras de la ciudad, sobre los tejados podía apreciar con toda perfección el reloj del Big Ben dando las 12 a la vez que el sonido de las campanas resonaba en el silencio nocturno. Wen le dio otra calada a su cigarro y se protegió del frio acurrucándose contra sí misma dentro de su gabardina negra. Se ajustó la boina y le dio otra calada al cigarro. Esperaba que, como cada noche en sus sueños, se oyera el ronroneo del autobús anunciando su aparición inminente entre el humo de su cigarro. Soltó una risa sin diversión alguna. Se sentía estúpida. Estar en la misma parada de autobús, a la misma hora, con la misma ropa y el mismo cigarro que en su sueño le hacía sentirse sumamente estúpida a cada paso que daba. ¿Qué esperaba? ¿Que el autobús llegara y le llevara al lugar al que pertenece?

Arrojó la colilla al suelo y comenzó a andar sin rumbo determinado. Tenía que planear muy bien sus próximos pasos, pues esta vez no quería errar. Todavía no sabía dónde iba a pasar la noche. Los callejones de Tooting High Street se le antojaban muy frio en esa noche y le desagradaba tener que recorrer todas esas calles llenas de figuras decorativas de Halloween.

Decidió ir a La Granja, todavía tenía las llaves. Ni por un momento pasó por su cabeza la idea de volver a casa de los Thompson, por mucho frio que hiciera en la calle ni siquiera se permitiría tener la tentación. Quizás antes fuera un juego, pero esta vez iba a salir del sistema para siempre.

La verdad es que le hubiera gustado llevarse en su camino a los enanos, pero, como siempre decía Church, ella era una loba solitaria. Por ahora, se contentaba con haberles dejado toda su ropa; más adelante, quizás, pudiera sacarlos de ahí, pero lo primero era sacarse a sí misma.

Se le antojó otro cigarro y se deslizó en un callejón para fumárselo con tranquilidad, sin tener que estar atenta de la calle y la posibilidad de que su plan no hubiera funcionado y la Sra. Thompson se hubiera dado cuenta de su ausencia mandando a la policía en su busca. Tras guardar de nuevo el paquete de tabaco y el mechero en su mochila, se recostó en la pared aspirando placenteramente el humo de su filtro divino. Era una delicia. Un ruido dentro del callejón interrumpió su momento de éxtasis. Un joven encorvado de cuyos bolsillos salían una veintena de lo que parecían bichos se acercaba hacia ella de forma nerviosa.

- No pienso darte un cigarro, si es lo que vienes a pedir, yonqui.-le escupió despectivamente sin dejar de disfrutar de su cigarro. De ahora en adelante tendría que estar continuamente escapando y ocultándose de la policía. Ese estúpido yonqui no iba a amargarle su cigarro. Y, si las cosas se complicaban, siempre podría sacar la navaja de su bota.
- Wednesday, vengo a llevarte al lugar al que perteneces.

Dejó caer el cigarro al suelo de la impresión y no tardó ni dos segundos en empuñar su navaja. Estaba asustada, muy asustada. Solo el sistema, Church y los enanos sabían su verdadero nombre y estaba claro que ese drogadicto no era ninguno de ellos. Pero lo que más miedo le daba era que conocía su sueño, y eso solo se lo había contado a Maggie.

- ¿Cómo sabes mi nombre? ¿Cómo sabes lo de mi sueño?- hablaba con nerviosismo y no dejaba de avanzar y retroceder confundida.
- Se algunas cosas de ti, pero eso no es lo que importa ahora. Lo que importa es el maravilloso lugar al que te voy a llevar. Aquí nunca vas a ser comprendida, ni valorada; aquí nunca llegaras a ser todo lo que puedes llegar a ser.- El joven pausó su discurso unos segundos esperando ver la reacción de Wen, pero esta se había tranquilizado lo suficiente como para poner su típica cara de poker. Al ver la nula reacción, continuo.- Aventuras, milagros,… magia.
- Me parece que hoy te has pasado de éxtasis, la magia no existe.
- Entonces, explica esto.- en el momento, un bicho mecánico cayó en su mano vacía. El animal se mantuvo inmóvil hasta que el joven chasqueó los dedos y comenzó a moverse alborotadamente. Wen intentó detenerlo, pero el animalito no se dejó pillar. Con una maestría digna de una pulga, saltó de su mano, corrió hacia el joven y subió por su pantalón hasta volverse a introducir en su bolsillo.- si vienes conmigo puedo prometer todo lo que ansíes.

Probablemente era un truquito de mago aficionado, probablemente era un muñeco motorizado, o probablemente era alguna ilusión óptica. Pero había algo en el joven, algo en el bichito mecánico o algo en la situación, que le hacía creer en la magia.

- Si voy contigo ¿no habrá más traslados? ¿no más casas de acogidas, escapar de la policía, ni servicios sociales?- necesitaba saber, pues si le prometía eso, no habría nada que la retuviera aquí.- si me voy contigo ¿no habrá más sistema?
- Ven conmigo, futuro portento, y nunca más tendrás que preocuparte de esas cosas. Ven conmigo a la ciudad de los milagros, ven conmigo a Rocavarancolia…


No había sido un sueño. Era demasiado diferente como para serlo. Había sido la realidad y ahora ella estaba en ese lugar. La ciudad de los milagros…
Al instante se puso alerta. Lo primero que hizo sin ni siquiera abrir los ojos fue comprobar que todavía llevaba el pañuelo al cuello y los guantes de cuero. Al verificar que, en efecto, los llevaba se tranquilizo, pero no se permitió distraerse y siguió con su reconocimiento, esta vez habiendo abierto los ojos. Llevó su mano a la bota en cuanto reconoció una pequeña habitación en penumbra, tan similar a las celdas del cuartel policial. No fue un gesto defensivo el sacar su navaja de la bota, sino más bien un gesto con el cual comprobar si su arma blanca seguía ahí. Últimamente la llevaba bien escondida, pero la policía le había quitado demasiadas navajas como para confiarse.

Se irguió en la cama, dolorida por la incomodidad y observó minuciosamente la celda en la que se encontraba. No era un cuartel londinense, de eso estaba segura. No es que hubiera estado en todos, pero, según Church, la estructura era en todos similar. A pesar de la escasa luz que entraba por la pequeña ventana puedo ver una mochila a su costado. Se golpeó mentalmente al darse cuenta que la mochila era suya y que ni si quiera había recaído en pensar en ella. La abrió al instante para comprobar que lo conservaba todo: su cartera con las 500 libras que le había robado al Sr. Thompson; el mechero que pertenecía a Maggie, las llaves de casa de Church; sus dos paquetes de tabaco y los cuatro que le había robado a la Sra. Thompson; las galletas saladas con las que le habían obsequiado los enanos, previamente robadas de la alacena de la casa de acogida; un coletero; unas horquillas; un peine sin algunas púas; y un paquete de pañuelos.
Tras comprobarlo todo, se quito la gabardina, la dobló enrollada y la metió en la mochila; la hacía ver un poco deforme, pero la verdad es que se moría de calor.

Se dio cuenta que había perdido su preciada boina y, a pesar de que en Londres hubiera sido una cosa que le hubiera hecho enfadarse, simplemente desvió sus pensamientos a otras ramas. Comenzaba a sentirse vulnerable y un poco perdida, pero esos sentimientos eran fieramente aplacados por la sensación de libertad que le embargaba. No se había puesto a pensar en que, si las palabras del chico de los bichos eran ciertas, ya no habría más servicios sociales. ¡No más casas de acogida, no más nombres nuevos, no más familias nuevas que la miran con desprecio, no más correr delante de la policía! ¡Ya nunca más estaría dentro del sistema!

No sabía si seguía en Gran Bretaña, ni si seguía en la Tierra; no podía asegurar que iba a dejar de automutilarse con el recuerdo de unos padres que nunca existieron, tampoco podía asegurar que iba a cambiar, ni si quiera podía asegurar que estaba fuera de todo peligro. Pero todo eso no impidió que una leve sonrisa de felicidad hiciera amago de aparecer en su eterna cara de poker.



Última edición por Muffie el 31/03/12, 01:21 pm, editado 1 vez

Elliot

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El chico enfermizo parece asustarse cuando me ve. No le doy mayor importancia. Es normal que la gente reaccione así ante alguien con el pelo blanco y el atuendo de confinamiento. Me mira con recelo, pero yo no me inmuto, continuo sonriendo y acercándome. Puedo notar como se pone en guardia. Tampoco es la primera vez que me pasaba.

El chico es bastante mas alto que yo, pero eso no me da miedo. Yo tengo un cuchillo y el parece indefenso, y, ademas está enfermo. No podría hacerme nada. ¿Que tipo de enfermedad teñirá la piel y el pelo de ese color? ¿Será éste aire raro? ¿Será esta ciudad la que consume el color y la luz de las cosas hasta dejarlas así? ¿Porque alguien iba a querer vivir en un sitio tan anodino como éste? ¿Me pondré yo así con el paso del tiempo? Eso me asusta. No quiero ponerme enferma.

El chico me escucha mientras hablo, pero parece confundido. No me entiende. Seguramente sea de alguno de los pueblos del sur, que apenas tienen relaciones con Las Ciudades y les cuesta entender a cualquiera que no pronuncie las palabras como rugidos de bestias. En el centro para niños problematicos había mas de un pequeño infractor de los pequeños poblados, cada uno con su carismática y ronca forma de hablar, dando veces, pronunciando las palabras casi como insultos sin importarles si sonaba bien o mal o si era agradable o no. Yo siempre he tenido mucho cuidado con mis palabras y con mi voz. Las palabras son armas mas fuertes que cuchillos si se saben utilizar con maestria y soltura.

Pero de pronto el muchacho comenzó a hablar, y ahora era yo la que no entendía nada. Ese dialecto no era de ninguno de los pueblos. A los chicos de campo se les entendía, dificultosamente, si, pero se podía conocer el hilo de sus palabras. En cambio, las de esta persona más parecían graznidos que palabras. Eran fuertes y ásperas, aunque vacías de significado para mi. Su tono no era extremadamente rudo, pero no se lo había escuchado nunca antes a nadie de Daelicia. Era descuidado, como si simplemente no tuviese ningun control sobre su voz y la dejase salir, como hacen los animales. A lo mejor todo en el era mas tosco. Quiero acercarme y olerle, saber si tiene el olor de Daelicia o está impregando del hedor rancio de éste lugar, y tocar su piel, conocer su tacto. Quiero saber si tambien son mas bastas. Todo en este mundo parece mas áspero y tosco que en Daelicia, todo parece menos agradable y bonito, pero dentro de toda esa fealdad hay algo que me atrae, como una promesa en el ambiente, un susurro en el aire que me promete todo lo que siempre he querido.

Quiero acercarme al chico, pero no lo hago. En parte por precaucion. No se porqué es asi y no quiero ser igual. Tampoco me acerco a él por miedo a que se asuste. Puede que él conozca éste sitio. Puede que él sepa donde hay comida y bebida y qué es lo que tengo que hacer. Puede serme util. Prefiero hacer que sea él el que se acerque a mi, atraerle a mi terreno, tenerle entre mis manos. El chico se ríe y eso me gusta. Se acerca un poco para mirarme y vuelve a hablar. Yo no pierdo la sonrisa.

El chico saca un objeto extraño y mi mano vuela hacia la empuñadura del cuchillo en un acto reflejo. Me tranquilizo al ver que no parece nada peligroso. Adelanto un paso para mirar el pequeño objeto que abre y cierra entre sus manos. Es como una cajita de metal plateado. Vuelvo a retroceder dando un pequeño saltito, pues aun no se que es ese objeto y no me hace gracia acercarme demasiado.

-Oh... lo siento mucho amigo. Creo que tu idioma y el mio distan mucho de ser parecidos por lo que no puedo entender lo que dices. ¿Podrías hablar en el idiomas de Las Ciudades? - Le pregunto amablemente, hablando despacio pero sin perder mi tono moderado. - Sería muy dulce si pudiesemos ayudarnos mutuamente. - Continuo hablando, pero el chico parece que sigue sin entenderme. - ¿Porque tu piel no tiene los colores que el demiurgo le otorgó? - Le pregunto de nuevo señalando su piel pero sin llegar a tocarla. A lo mejor no es una enfermedad. A lo mejor su piel es distinta de la misma forma que mi pelo es distinto... Pero el no tiene el color de la muerte. A mi me han otorgado el color de la muerte en el pelo, y mas de un guardia me dijo que mi pelo era una señal del demiurgo para prevenirnos de mi locura. ¿Tambien estaba el aqui por ser considerado loco? El no tiene un collar alrededor del cuello y su brazo no está decorado por el fuego del crimen. A lo mejor solo está aqui por ser diferente. Ya lo dijo la muerte en su visita, yo debía venir a este mundo porque yo soy diferente... Le miro ahora con mas curiosidad que antes, mientras una sonrisa malvada se dibuja en el interior de mi alma agria, aunque por fuera solo se siga viendo el caramelo.


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Me haré una cama con tus huesos, Invitado, Muajajaj!


Taceant Colloquia.
Effugiat risus.
Hic locus est ubi mors gaudet succurrere vitae.

¡Superpor la aceptación, la integración y los derechy'x Frivy's!

Spoiler:




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hechdi


Me despierto. Estoy en un lugar oscuro, frío, húmedo. "¿Donde estoy?" Me pregunto. Intento levantarme, pero no puedo. Me duele todo el cuerpo, estoy agotado, pero no se por qué. Miro a mi alrededor y solo veo sombras, estoy como en una celda. Intento hacer memoria. Entonces recuerdo que pasó la noche anterior.
Estaba en mi habitación, me tiré a la cama de golpe. Llevaba todo el día trabajando en la granja de mis padres, solo uno de mis hermanos había ido a trabajar conmigo y con mi padre, y teníamos que encargarnos de toda la granja solo los tres. Me di cuenta que no estaba solo en la habitación. Un hombre bajito y joven, no recuerdo demasiado de él. Me dijo que tenia que ir con él a una ciudad, no recuerdo cómo dijo que se llamaba, pero era un nombre muy raro y largo. Me dijo que era especial. Me pregunté por qué yo era especial, solo era un granjero normal y corriente. Dude un momento, mi padre no tenía casi ayuda en la granja y no quería que mis hermanos perdiera a otro, pero acepté. Y ahora es donde estoy, o eso creo.
Entonces tomo impulso y consigo levantarme, aunque necesito apoyarme en una pared y observo la habitación desde donde estoy, sin moverme.

Esmael

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Al rato de estar tumbado en la cama, se me pasa el sueño y decido levantarme. La habitación tiene una ventana, una puerta, una mesa rota y las piedras llamadas cama. Me siento encerrado así que abro la ventana, al entrar el aíre, me doy cuenta que hasta ahora, olía raro, como a ceniza, es un olor que parece provenir de dentro mismo de las mazmorras, como si se alguien estuviera fumando. Me armo de valor y decido salir armado con una pata de la mesa, más que nada por si me encuentro con el bicho con el que me he cruzado antes.

Saco la cabeza muy lentamente, casi con la intención de que me claven un cuchillo en el cuello. Pero por extraño que parezca, no hay nadie, sin embargo, oigo voces proviniendo del piso de abajo, creo que además es de donde procede el olor. Bajo las escaleras con cuidado y, ¡Me encuentro con una escena horrorosa!:

Una chica preciosa de color morado con el pelo blanco hablando con un hombre. Eso es impensable, me entran unas ganas de abrirle la cabeza a ese capullo. Pero… no parece que hablen, solamente, la chica canta mientras el hombre dice palabrejas sin sentido. Reconozco que no entiendo a la chica, pero es solo porque soy demasiado estúpido como para entender un lenguaje tan celestial.

No quiero entrar en escena todavía, prefiero permanecer en la sombra por si el hombre ataca a la joven. Ese despreciable…

Por lo tanto permanezco en la puerta, con una mano agarrada a la puerta, y con la otra sujetando la pata de la mesa como si de un estoque se tratara. Alerta a cualquier movimiento de la joven, alerta a cualquier cosa fuera de lo normal.

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