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Mazmorras de la Cosecha (Archivo III)

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Elliot

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Recuerdo del primer mensaje :

El sueño engaña mis sentidos, empujandome a un lugar entre la realidad y el delirio, viajando entre mundos y épocas. Muy poco a poco, voy siendo consciente del frío que invade mi cuerpo y que penetra hasta los huesos haciendo que estos tiemblen como si el propio hielo del aire los agitase violentamente. Pero no es el frio lo que me despierta. Tampoco es la luz, que de tan escasa, apenas se puede ver mas que una ventanita, que ilumina parte del camastro en el que estoy tumbada. Lo que hace que me despierte es la inminente sensación de libertad. La sensación de que esos muros de piedra gris no son lo que me retiene en aquel lugar, la completa seguridad de que tras la puerta no hay un guardia listo para activar el collar eléctrico y hacer que me retuerza en el suelo... Al menos eso fue lo que la muerte me dijo en su visita. Tenía el pelo y la piel blanca, no podía ser otra cosa que la guía hacia el mundo de los muertos.

Poco a poco abro los ojos, sin ver practicamente nada. No me muevo de la cama hasta que me acostumbro un poco a la oscuridad y consigo distinguir algunas formas en la habitación. Me envuelvo en la sábana que me cubre, del color de la muerte, como si fuese una capa, tratando de no castañear los dientes. Cuando me fijo en que el collar sigue alrededor de mi cuello, una tremenda sensación de miedo me recorre, aunque al detenerme a pensar, me doy cuenta de que el cosquilleo permanente que este emite cuando está activado ha desaparecido. Eso me tranquiza en parte. Mi ropa sigue siendo la del centro en el que estaba. Un vestido azul cyan, del color de la sangre, cuya manga derecha se enrolla alrededor de mi brazo y el pico de la falda, corta por la derecha, se alarga hacia mi pierna izquierda enrollandola, recordando a quien lo mire que está atado.
Me doy cuenta que la muerte ha limpiado mi piel de sangre, pero no ha conseguido quitar todas las manchas del vestido. Lo siguiente que llama mi atencion es el olor. El aire no huele como debería oler. Huele a rancio, a amargo a agrio. Huele a miedo y a muerte. Huele a libertad.

Me pongo de pie, sintiendome algo debil y me acerco a la puerta, que es de una tosca madera marrón. ¿Quien habrá hecho eso? ¿Porque la hizo así? ¿Porque no la pulió y la pintó para hacerla mas agradable?¿Porque la sabana es tan áspera? ¿Porque el aire estan gelido? ¿Porque no hay luz? ¿Porque no hay color?
Aun no sé si estoy soñando, si todo esto no es más que un delirio provocado por la perdida de sangre o si realmente la muerte me ha ido a visitar. En tal caso, ¿me ha acogido el demiurgo entre sus brazos ya? ¿Es éste el mundo anterior con el que tantas veces mi raza ha soñado? No... no puede ser. ¿Como iba esta habitacion fria y gris a formar parte de un mundo tan maravilloso como el que describen las historias, como el que tratamos de alcanzar? No es el mundo anterior. Me niego a que lo sea.

¿Estoy viva entonces? ¿Estoy soñando? ¿Estoy realmente en otro mundo? El nombre aun resuena en mis pensamientos. Rocavarancolia. Yo siempre me había imaginado un nombre mas... armonioso, pero no dejaba de ser musical. Hay un millon de dudas en mi interior, no se lo que es real o lo que no, no se si estoy viva o muerta y la verdad es que tampoco me importa. Yo he elegido mi camino. Sea como sea, esté donde esté, soy mas libre de lo que era antes.


_________________________________________

Me haré una cama con tus huesos, Invitado, Muajajaj!


Taceant Colloquia.
Effugiat risus.
Hic locus est ubi mors gaudet succurrere vitae.

¡Superpor la aceptación, la integración y los derechy'x Frivy's!

Spoiler:




Click en la imagen para ver el esquema de relaciones entre los Cosechados del Rol

Matt


Mientas apuro las ultimas caladas al cigarro escucho pasos acercarse hacia la habitación. “ Por fin, ya era hora que alguien viniese a recibirme”. Me acerco al borde de la mesa cuando de pronto una figura fantasmal entra en la habitación poniéndome los pelos de punta.

Un poco sobresaltado me fijo en aquel “ente” que se aproximaba hacia mi. Era una chica ataviada con una sabana blanca como la que había en mi cama pero su piel era extraña, era de un color violáceo y su pelo era blanco, un blanco inmaculado precioso. “Es como la virgen María con alguna enfermedad de la piel” me dije mientras se aproximaba hacia mi.

Su acercamiento tan rápido me hizo levantarme de la mesa y ponerme un poco en guardia. Aquella cosa estaba ya demasiado cerca, tan cerca como para llegar a ponerme de los nervios. De pronto un hilillo de voz muy dulce salió de la comisura de sus labios.

Era como una cancioncilla, intenté escuchar lo que decía pero no conseguí entender nada.
Mientras intentaba reponerme del susto aquella niña lila no paraba de canturrear cosas que no entendía “Matt o la paras o esta tia no va a parar de darte el concierto. Quien sabe puede estar enferma o haber comido algo en mal estado. Pero ese lila no es normal, yo no me acercaré mucho no sea que me pille algo malo”

-¿Qué?, lo siento cariño pero si me hablas sin cantar te entenderé mejor- eche a reír mientras me fijaba en su extraña tonalidad.
-Espero que te hayas fijado pero.. ¿Eres lila?.
Me quedé esperando alguna reacción de aquella niña lila, su expresión me ponía nervioso, era una sonrisa dulce, tan dulce que podría llegar a ser empalagosa.
-¿ Hola? Te he hecho una pregunta, es de mala educación no responder ¿Lo sabias?
Mientras esperaba algún signo de vida de esa "niña" saqué mi Zippo y comencé a abrirlo y a cerrarlo en señal de impaciencia

Muffie


Wednesday ni siquiera tuvo que abrir los ojos para darse cuenta de que no dormía en ningún lugar conocido. Sabía a ciencia cierta reconocer cada uno, que no eran pocos, de los lugares en los que había dormido a lo largo de su vida y, en este momento, no se encontraba en ninguno de ellos. Intentó recordar la noche anterior y lo único que vino a su mente fue haber tenido de nuevo el sueño del autobús, como siempre; pero, esta vez, de una manera completamente distinta.

Era noche cerrada y una espesa y mortecina niebla recorría las calles de Londres. A pesar de que la calle en la que se encontraba estaba situada a las afueras de la ciudad, sobre los tejados podía apreciar con toda perfección el reloj del Big Ben dando las 12 a la vez que el sonido de las campanas resonaba en el silencio nocturno. Wen le dio otra calada a su cigarro y se protegió del frio acurrucándose contra sí misma dentro de su gabardina negra. Se ajustó la boina y le dio otra calada al cigarro. Esperaba que, como cada noche en sus sueños, se oyera el ronroneo del autobús anunciando su aparición inminente entre el humo de su cigarro. Soltó una risa sin diversión alguna. Se sentía estúpida. Estar en la misma parada de autobús, a la misma hora, con la misma ropa y el mismo cigarro que en su sueño le hacía sentirse sumamente estúpida a cada paso que daba. ¿Qué esperaba? ¿Que el autobús llegara y le llevara al lugar al que pertenece?

Arrojó la colilla al suelo y comenzó a andar sin rumbo determinado. Tenía que planear muy bien sus próximos pasos, pues esta vez no quería errar. Todavía no sabía dónde iba a pasar la noche. Los callejones de Tooting High Street se le antojaban muy frio en esa noche y le desagradaba tener que recorrer todas esas calles llenas de figuras decorativas de Halloween.

Decidió ir a La Granja, todavía tenía las llaves. Ni por un momento pasó por su cabeza la idea de volver a casa de los Thompson, por mucho frio que hiciera en la calle ni siquiera se permitiría tener la tentación. Quizás antes fuera un juego, pero esta vez iba a salir del sistema para siempre.

La verdad es que le hubiera gustado llevarse en su camino a los enanos, pero, como siempre decía Church, ella era una loba solitaria. Por ahora, se contentaba con haberles dejado toda su ropa; más adelante, quizás, pudiera sacarlos de ahí, pero lo primero era sacarse a sí misma.

Se le antojó otro cigarro y se deslizó en un callejón para fumárselo con tranquilidad, sin tener que estar atenta de la calle y la posibilidad de que su plan no hubiera funcionado y la Sra. Thompson se hubiera dado cuenta de su ausencia mandando a la policía en su busca. Tras guardar de nuevo el paquete de tabaco y el mechero en su mochila, se recostó en la pared aspirando placenteramente el humo de su filtro divino. Era una delicia. Un ruido dentro del callejón interrumpió su momento de éxtasis. Un joven encorvado de cuyos bolsillos salían una veintena de lo que parecían bichos se acercaba hacia ella de forma nerviosa.

- No pienso darte un cigarro, si es lo que vienes a pedir, yonqui.-le escupió despectivamente sin dejar de disfrutar de su cigarro. De ahora en adelante tendría que estar continuamente escapando y ocultándose de la policía. Ese estúpido yonqui no iba a amargarle su cigarro. Y, si las cosas se complicaban, siempre podría sacar la navaja de su bota.
- Wednesday, vengo a llevarte al lugar al que perteneces.

Dejó caer el cigarro al suelo de la impresión y no tardó ni dos segundos en empuñar su navaja. Estaba asustada, muy asustada. Solo el sistema, Church y los enanos sabían su verdadero nombre y estaba claro que ese drogadicto no era ninguno de ellos. Pero lo que más miedo le daba era que conocía su sueño, y eso solo se lo había contado a Maggie.

- ¿Cómo sabes mi nombre? ¿Cómo sabes lo de mi sueño?- hablaba con nerviosismo y no dejaba de avanzar y retroceder confundida.
- Se algunas cosas de ti, pero eso no es lo que importa ahora. Lo que importa es el maravilloso lugar al que te voy a llevar. Aquí nunca vas a ser comprendida, ni valorada; aquí nunca llegaras a ser todo lo que puedes llegar a ser.- El joven pausó su discurso unos segundos esperando ver la reacción de Wen, pero esta se había tranquilizado lo suficiente como para poner su típica cara de poker. Al ver la nula reacción, continuo.- Aventuras, milagros,… magia.
- Me parece que hoy te has pasado de éxtasis, la magia no existe.
- Entonces, explica esto.- en el momento, un bicho mecánico cayó en su mano vacía. El animal se mantuvo inmóvil hasta que el joven chasqueó los dedos y comenzó a moverse alborotadamente. Wen intentó detenerlo, pero el animalito no se dejó pillar. Con una maestría digna de una pulga, saltó de su mano, corrió hacia el joven y subió por su pantalón hasta volverse a introducir en su bolsillo.- si vienes conmigo puedo prometer todo lo que ansíes.

Probablemente era un truquito de mago aficionado, probablemente era un muñeco motorizado, o probablemente era alguna ilusión óptica. Pero había algo en el joven, algo en el bichito mecánico o algo en la situación, que le hacía creer en la magia.

- Si voy contigo ¿no habrá más traslados? ¿no más casas de acogidas, escapar de la policía, ni servicios sociales?- necesitaba saber, pues si le prometía eso, no habría nada que la retuviera aquí.- si me voy contigo ¿no habrá más sistema?
- Ven conmigo, futuro portento, y nunca más tendrás que preocuparte de esas cosas. Ven conmigo a la ciudad de los milagros, ven conmigo a Rocavarancolia…


No había sido un sueño. Era demasiado diferente como para serlo. Había sido la realidad y ahora ella estaba en ese lugar. La ciudad de los milagros…
Al instante se puso alerta. Lo primero que hizo sin ni siquiera abrir los ojos fue comprobar que todavía llevaba el pañuelo al cuello y los guantes de cuero. Al verificar que, en efecto, los llevaba se tranquilizo, pero no se permitió distraerse y siguió con su reconocimiento, esta vez habiendo abierto los ojos. Llevó su mano a la bota en cuanto reconoció una pequeña habitación en penumbra, tan similar a las celdas del cuartel policial. No fue un gesto defensivo el sacar su navaja de la bota, sino más bien un gesto con el cual comprobar si su arma blanca seguía ahí. Últimamente la llevaba bien escondida, pero la policía le había quitado demasiadas navajas como para confiarse.

Se irguió en la cama, dolorida por la incomodidad y observó minuciosamente la celda en la que se encontraba. No era un cuartel londinense, de eso estaba segura. No es que hubiera estado en todos, pero, según Church, la estructura era en todos similar. A pesar de la escasa luz que entraba por la pequeña ventana puedo ver una mochila a su costado. Se golpeó mentalmente al darse cuenta que la mochila era suya y que ni si quiera había recaído en pensar en ella. La abrió al instante para comprobar que lo conservaba todo: su cartera con las 500 libras que le había robado al Sr. Thompson; el mechero que pertenecía a Maggie, las llaves de casa de Church; sus dos paquetes de tabaco y los cuatro que le había robado a la Sra. Thompson; las galletas saladas con las que le habían obsequiado los enanos, previamente robadas de la alacena de la casa de acogida; un coletero; unas horquillas; un peine sin algunas púas; y un paquete de pañuelos.
Tras comprobarlo todo, se quito la gabardina, la dobló enrollada y la metió en la mochila; la hacía ver un poco deforme, pero la verdad es que se moría de calor.

Se dio cuenta que había perdido su preciada boina y, a pesar de que en Londres hubiera sido una cosa que le hubiera hecho enfadarse, simplemente desvió sus pensamientos a otras ramas. Comenzaba a sentirse vulnerable y un poco perdida, pero esos sentimientos eran fieramente aplacados por la sensación de libertad que le embargaba. No se había puesto a pensar en que, si las palabras del chico de los bichos eran ciertas, ya no habría más servicios sociales. ¡No más casas de acogida, no más nombres nuevos, no más familias nuevas que la miran con desprecio, no más correr delante de la policía! ¡Ya nunca más estaría dentro del sistema!

No sabía si seguía en Gran Bretaña, ni si seguía en la Tierra; no podía asegurar que iba a dejar de automutilarse con el recuerdo de unos padres que nunca existieron, tampoco podía asegurar que iba a cambiar, ni si quiera podía asegurar que estaba fuera de todo peligro. Pero todo eso no impidió que una leve sonrisa de felicidad hiciera amago de aparecer en su eterna cara de poker.



Última edición por Muffie el 31/03/12, 01:21 pm, editado 1 vez

Elliot



El chico enfermizo parece asustarse cuando me ve. No le doy mayor importancia. Es normal que la gente reaccione así ante alguien con el pelo blanco y el atuendo de confinamiento. Me mira con recelo, pero yo no me inmuto, continuo sonriendo y acercándome. Puedo notar como se pone en guardia. Tampoco es la primera vez que me pasaba.

El chico es bastante mas alto que yo, pero eso no me da miedo. Yo tengo un cuchillo y el parece indefenso, y, ademas está enfermo. No podría hacerme nada. ¿Que tipo de enfermedad teñirá la piel y el pelo de ese color? ¿Será éste aire raro? ¿Será esta ciudad la que consume el color y la luz de las cosas hasta dejarlas así? ¿Porque alguien iba a querer vivir en un sitio tan anodino como éste? ¿Me pondré yo así con el paso del tiempo? Eso me asusta. No quiero ponerme enferma.

El chico me escucha mientras hablo, pero parece confundido. No me entiende. Seguramente sea de alguno de los pueblos del sur, que apenas tienen relaciones con Las Ciudades y les cuesta entender a cualquiera que no pronuncie las palabras como rugidos de bestias. En el centro para niños problematicos había mas de un pequeño infractor de los pequeños poblados, cada uno con su carismática y ronca forma de hablar, dando veces, pronunciando las palabras casi como insultos sin importarles si sonaba bien o mal o si era agradable o no. Yo siempre he tenido mucho cuidado con mis palabras y con mi voz. Las palabras son armas mas fuertes que cuchillos si se saben utilizar con maestria y soltura.

Pero de pronto el muchacho comenzó a hablar, y ahora era yo la que no entendía nada. Ese dialecto no era de ninguno de los pueblos. A los chicos de campo se les entendía, dificultosamente, si, pero se podía conocer el hilo de sus palabras. En cambio, las de esta persona más parecían graznidos que palabras. Eran fuertes y ásperas, aunque vacías de significado para mi. Su tono no era extremadamente rudo, pero no se lo había escuchado nunca antes a nadie de Daelicia. Era descuidado, como si simplemente no tuviese ningun control sobre su voz y la dejase salir, como hacen los animales. A lo mejor todo en el era mas tosco. Quiero acercarme y olerle, saber si tiene el olor de Daelicia o está impregando del hedor rancio de éste lugar, y tocar su piel, conocer su tacto. Quiero saber si tambien son mas bastas. Todo en este mundo parece mas áspero y tosco que en Daelicia, todo parece menos agradable y bonito, pero dentro de toda esa fealdad hay algo que me atrae, como una promesa en el ambiente, un susurro en el aire que me promete todo lo que siempre he querido.

Quiero acercarme al chico, pero no lo hago. En parte por precaucion. No se porqué es asi y no quiero ser igual. Tampoco me acerco a él por miedo a que se asuste. Puede que él conozca éste sitio. Puede que él sepa donde hay comida y bebida y qué es lo que tengo que hacer. Puede serme util. Prefiero hacer que sea él el que se acerque a mi, atraerle a mi terreno, tenerle entre mis manos. El chico se ríe y eso me gusta. Se acerca un poco para mirarme y vuelve a hablar. Yo no pierdo la sonrisa.

El chico saca un objeto extraño y mi mano vuela hacia la empuñadura del cuchillo en un acto reflejo. Me tranquilizo al ver que no parece nada peligroso. Adelanto un paso para mirar el pequeño objeto que abre y cierra entre sus manos. Es como una cajita de metal plateado. Vuelvo a retroceder dando un pequeño saltito, pues aun no se que es ese objeto y no me hace gracia acercarme demasiado.

-Oh... lo siento mucho amigo. Creo que tu idioma y el mio distan mucho de ser parecidos por lo que no puedo entender lo que dices. ¿Podrías hablar en el idiomas de Las Ciudades? - Le pregunto amablemente, hablando despacio pero sin perder mi tono moderado. - Sería muy dulce si pudiesemos ayudarnos mutuamente. - Continuo hablando, pero el chico parece que sigue sin entenderme. - ¿Porque tu piel no tiene los colores que el demiurgo le otorgó? - Le pregunto de nuevo señalando su piel pero sin llegar a tocarla. A lo mejor no es una enfermedad. A lo mejor su piel es distinta de la misma forma que mi pelo es distinto... Pero el no tiene el color de la muerte. A mi me han otorgado el color de la muerte en el pelo, y mas de un guardia me dijo que mi pelo era una señal del demiurgo para prevenirnos de mi locura. ¿Tambien estaba el aqui por ser considerado loco? El no tiene un collar alrededor del cuello y su brazo no está decorado por el fuego del crimen. A lo mejor solo está aqui por ser diferente. Ya lo dijo la muerte en su visita, yo debía venir a este mundo porque yo soy diferente... Le miro ahora con mas curiosidad que antes, mientras una sonrisa malvada se dibuja en el interior de mi alma agria, aunque por fuera solo se siga viendo el caramelo.

hechdi


Me despierto. Estoy en un lugar oscuro, frío, húmedo. "¿Donde estoy?" Me pregunto. Intento levantarme, pero no puedo. Me duele todo el cuerpo, estoy agotado, pero no se por qué. Miro a mi alrededor y solo veo sombras, estoy como en una celda. Intento hacer memoria. Entonces recuerdo que pasó la noche anterior.
Estaba en mi habitación, me tiré a la cama de golpe. Llevaba todo el día trabajando en la granja de mis padres, solo uno de mis hermanos había ido a trabajar conmigo y con mi padre, y teníamos que encargarnos de toda la granja solo los tres. Me di cuenta que no estaba solo en la habitación. Un hombre bajito y joven, no recuerdo demasiado de él. Me dijo que tenia que ir con él a una ciudad, no recuerdo cómo dijo que se llamaba, pero era un nombre muy raro y largo. Me dijo que era especial. Me pregunté por qué yo era especial, solo era un granjero normal y corriente. Dude un momento, mi padre no tenía casi ayuda en la granja y no quería que mis hermanos perdiera a otro, pero acepté. Y ahora es donde estoy, o eso creo.
Entonces tomo impulso y consigo levantarme, aunque necesito apoyarme en una pared y observo la habitación desde donde estoy, sin moverme.

Esmael


Al rato de estar tumbado en la cama, se me pasa el sueño y decido levantarme. La habitación tiene una ventana, una puerta, una mesa rota y las piedras llamadas cama. Me siento encerrado así que abro la ventana, al entrar el aíre, me doy cuenta que hasta ahora, olía raro, como a ceniza, es un olor que parece provenir de dentro mismo de las mazmorras, como si se alguien estuviera fumando. Me armo de valor y decido salir armado con una pata de la mesa, más que nada por si me encuentro con el bicho con el que me he cruzado antes.

Saco la cabeza muy lentamente, casi con la intención de que me claven un cuchillo en el cuello. Pero por extraño que parezca, no hay nadie, sin embargo, oigo voces proviniendo del piso de abajo, creo que además es de donde procede el olor. Bajo las escaleras con cuidado y, ¡Me encuentro con una escena horrorosa!:

Una chica preciosa de color morado con el pelo blanco hablando con un hombre. Eso es impensable, me entran unas ganas de abrirle la cabeza a ese capullo. Pero… no parece que hablen, solamente, la chica canta mientras el hombre dice palabrejas sin sentido. Reconozco que no entiendo a la chica, pero es solo porque soy demasiado estúpido como para entender un lenguaje tan celestial.

No quiero entrar en escena todavía, prefiero permanecer en la sombra por si el hombre ataca a la joven. Ese despreciable…

Por lo tanto permanezco en la puerta, con una mano agarrada a la puerta, y con la otra sujetando la pata de la mesa como si de un estoque se tratara. Alerta a cualquier movimiento de la joven, alerta a cualquier cosa fuera de lo normal.

Matt

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“ Esta niña me esta poninendo de los nervios, Matt esto no te lleva a ningún sitio asique espabila” me digo mientras ella sigue canturreandome cosas.
-Bueno hija mía, no se si me entiendes pero yo me voy a sentar a esperar a alguien que me entienda, y con tu permiso, y sin el me voy a encender un piti.- Diciendo esto me vuelvo a sentar en la mesa, saco un cigarro y enciendo mi querido Zippo.

“Muy bien, esta mujer no me va a aportar nada, a ver si por lo menos es inteligente y sabe descifrar señas para que salga por la puerta” "Hay dos opciones, o sale y lo que ve no le gusta, por lo cual o grita o corre hacia dentro.. o también puede ser que nos esperen fuera entonces saldré detrás y tan felices".

Le doy una calada profunda al cigarro e intento exhalar el humo hacia arriba para no darle a la chica morada. -¿Sabes lo que podías hacer? ¿Ves esa puerta?- Le señalo mi ojo y deslizo el dedo hasta señalar a la puerta.- Podrías salir a que te de el aire guapa que tienes un colorcito muy raro y seguro que con un poco de solito eso se arregla - Me echo a reír de manera dulce con una sonrisa que intento que no asuste a mi amiga lila.

“Espero que la próxima persona que llegue no sea un bicho raro por que vamos de gente rara esta lleno el mundo” Me digo a mi mismo mientras miro por donde entro la chica lila y disfruto del cigarro. “Mierda Matt no has usado cenicero.. bueno tu le hechas las culpas a la tía esta y arreglado”. Me levanto de la mesa y busco en una estantería algo que usar de cenicero pero no hay nada. -Genial me puedo hacer un cenicero de polvo que seguro que funciona- digo echandome a reír mirando a las baldas de la estantería. Me giro hacia la chica lila con una sonrisa de oreja a oreja mientras me fijo en que no me quita la vista de encima "bicho raro"

dama draco


Lía se despertó en lugar oscuro y frío. Había oído un chirriar de madera y metal muy desagradable y se despertó sobresaltada, no podía moverse, sencillamente su cuerpo no respondía como debía, tuvo miedo, sintió un hormigueo incómodo y poco a poco recuperó la movilidad. Todavía no se podía creer lo que la había pasado, su sueño se había consumado, había pasado de verdad, y en mejor momento posible. Ese mismo día era su cumpleaños, pero como de costumbre su tío siquiera se dignó a felicitarla, se limitó a mandar un criado con su regalo a media tarde. El regalo ni siquiera le había gustado, era un catalejo con una pequeña brújula incrustada en él, su tío intentaba hacerle una broma sarcástica con ese regalo, ella se lo podía imaginar diciéndola -¡A ver si con esto encuentras esa tierra prometida con la que tanto sueñas!- ``No sabes cuánto daría porque me vieras ahora tío´´ pensó -Ojalá que nunca vuelva a esa maldita ciudad de locos ¡Al fin he encontrado mi lugar!-
O eso era lo que había dicho aquel señor tan amable.No vestía muy alegre, y era un poco raro, intentó recordar cómo se llamaba. Miseria... algo, bueno daba lo mismo, solo una palabra venía a su mente ahora: ¡Rocavarancolia! No podía dejar de pensar en ese nombre, tan musical, sonaba a magia, a felicidad y a aventura, cuando lo pronunciaba su boca se llenaba de verde hierba y de aire puro y de nubes esponjosas...No se pudo contener, se levantó de un salto del vasto camastro en el que estaba tumbada, y se puso de puntillas para poder ver por la ventana el maravilloso mundo al que había sido enviada.
No vio nada allí. Solo tinieblas y brumas oscuras, y entre ellas más oscura aún si cabe, una ciudad, igual de gris que de la que ella procedía, sino más y más triste. Pestañeó extrañada, ¿Dónde estaban los pastos verdes, donde los vastos bosques? Allí so vio una cosa, piedra gris y muerta.
Desilusionada bajó de la ventana.-Quizá la tierra verde está detrás de la ciudad-se dijo más para auto consolarse que porque lo creyera realmente—Además es de noche y no se ve nada. Volvió a mostrar su enorme sonrisa en el rostro, pero no tardó en retirarla al descubrir que no estaba tan sola en la habitación como había creído en un principio…

Muffie

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Habiendo analizado la estancia en la que se encontraba un mínimo de tres veces, Wen decidió ponerse en marcha. Estaba más que claro que nadie iba a ir a por ella y, si por alguna casualidad lo iban a hacer, ella quería adelantarse a cualquier movimiento. El pequeño brote de euforia tan poco propio de ella había pasado al olvido, aunque seguía sintiendose como la primera vez que escapó de una de sus casas de acogida: llena de vitalidad; pero, esta vez, no era una niñata que solo quería llamar la atención, a partir de ese día nunca más lo había sido.

Se colocó la mochila, se apretó el nudo del pañuelo, se ajustó los guantes y se dispuso a bajar de la cama de un salto, en alerta, precavida, con la navaja en la mano, preparada para defenderse si fuera necesario. Ya en el suelo, la habitación se le antojó más pequeña si podía. Volvió a observarla y, tras cerciorarse finalmente de que nada de ahí le iba a dar respuestas, se aproximó a la puerta. Era de madera, tosca, maciza y, posiblemente, infestada de termitas. Sopesó las posibilidades que tenía de abrirla en el caso de que esta estuviera cerrada con llave, pero optó en un principio por lo práctico e intentó abrirla. Esta se abrió con un chirrío estridente. Observó el pasillo que se presentaba ante sí, el cual tenía la misma estética que la habitación que acababa de dejar. Avanzó de forma cautelosa, atenta a cada ruido o movimiento extraño.

Al llegar al final del pasillo encontró unas escaleras presididas por una forma humana totalmente inmóvil. La figura se movió levemente y Wen dió un paso atrás. La morena escrutó con la mirada la figura: un chico, de unos 12 años, con el pelo largo y blanco. Posiblemente con unos padres permisivos, dado el color del tinte que le habían permitido ponerse. Sopesando sus puntos fuertes y débiles y, al no ver indicios de posesión de ningún tipo de arma, dió un pisotón al suelo para dar a conocer su presencia y esperó estoicamente, disimulando su navaja en el interior de su manga. “No es de sabios dar a conocer tus puntos fuertes desde el principio”. Por ahora, tenía controlada la situación, aun contando con el posible factor sorpresa.



Última edición por Muffie el 31/03/12, 01:10 pm, editado 1 vez

hechdi


Estaba apollado en la pared. Estaba bastante mejor que antes. Entonces vi en la celda, como alguien se levantaba de un salto y se ponía a mirar a por la ventana. "Debería mantener las precauciones, pero me voy a acercar un poco. Esto está muy oscuro y alomejor así veo mejor a quién se acaba de mover" Pienso y doy un paso a delante. En ese momento esa persona se gira. Es una chica, más o menos de mi edad, aunque con toda esta oscuridad no puedo ver demasiado de ella. Pero logro ver en su rostro miedo,"Quizás creía que estaba sola y se ha asustado al verme" Pienso. Pero también veo desilusión. "Es posible que este lugar no sea como ella se esperaba. No es como yo me esperaba..." Doy otro paso, tengo muchas preguntas y alomejor ella sabe responderme a alguna.

- ¿Sabes donde estamos? Pregunto en un tono amable, para que vea que no pienso hacerla daño.

Entonces doy otro paso. Y ahora la veo bien. Es una chica de raza balera, como yo, pero tiene el pelo muy oscuro, y eso es muy raro. Entonces un escalofrío me recorre todo el cuerpo y me encojo un poco.
"Estoy muerto de frío" Pienso mientras me froto un poco las manos para ver si entran algo en calor.

Noto mi garganta más seca de lo normal.
"Necesito beber algo. Quizás ella sepa donde encontrar agua." Pienso mientras miro a mi alrededor con nerviosismo.

- ¿Sabes donde puedo beber agua? Me muero de sed. La pregunto con un tono más bajo que antes, como si la voz me empezara a fallar por falta de agua. Si no hubiera dado esos pasos, lo más probable es que solo hubiera oído un susurro. Veo una puerta. "Tal vez hay que intentar abrir la puerta" Y me acerco a la puerta.

Frikomid

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Sin perder de vista los puntos que tengo como referencia, voy avanzando por las estancias en las que me encontraba. Veo que estancias idénticas a aquella en la que me desperté. Por sentido común intento bordearlas o esquivarlas.

*Que Flona me asista...*

Es como Sepalian Xila... no. No es como el, pero... se parece. Pero en este caso, no me inspira confianza, me inspira pavor

*¿Porque no lleva una máscara de madera?*

Tengo que huir de aquí... Y como puedo y sin haber hecho nada de ruido logro abandonar aquella estancia. En frente mio se abre un largo pasillo lleno de puertas y piedras y polvo y demás cosas que nunca vi en aquel lugar del que ese extraño ser me robó. Hago un poco más de ruido al respirar y oculto bajo el manto de las sombras y tras un peñasco suficientemente grande para taparme.

*No reacciona al ruido*

Me supera muchas veces en altura, es realmente colosal... pero parece inerte y no reacciona al ruido... Lo mejor será que pase corriendo por la zona en sombras... Flora me asista... soy el único elemento verde de aquí, ¿que clase de ser en su sano juicio ha creado este lugar?

Avanzo y avanzo por ese largo pasillo infestado de "entes" grisaceos inanimados y firmes cuya vacía mirada se dirige al que tienen en frente.

*Definitivamente, debo de estar en un mundo habitado por otra diosa Flora... sin verdor y sin alma... ¿Como es posible vivir así?*

intento evadirme de estos pensamientos y sigo corriendo... Hasta que veo ante mi algo realmente escabroso... ¿Que clase de repoblador en su sano juicio iba a haber creado unas escalera cuyos escalones sean una caida libre? Lo que sea con tal de librarme de este mundo sin color... tiene que haber una salida, tiene que haber vida...

En momento así, es cuando reniego de mi fé, Flora, ¿Porque me has maldecido con dos colas que no puedo usar? Así que poco a poco voy bajando no sin sufrir algún pequeño golpe al no poder agarrarme firmemente a los escalones... Se que una vez bajados del todo, subirlos será algo imposible... pero para mi no hay otra solución...

*De repente me ha entrado sed... precisamente ahora... pero no estoy cerca de un lugar con agua... Oh Flora, ¿Donde me ha llevado el desti... espera; esto es... ¡¿Luz?!*

Esmael

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El hombre se levanta, se dirige al armario y busca algo en el. Me doy la vuelta y me respaldo en la pared aun sujetando la pata de la mesa. Oigo como se cierra el armario, y decido volver a mi posición inicial. El hombre continua soltando idioteces sin sentido, gruño por dentro aguantándome las ganas de entrar en la sala y cerrarle la boca a golpes. A saber que le está diciendo ese imbécil a la chica.

De repente un golpe proveniente de arriba me hace girarme, empuño la pata de la mesa señalando a mi objetivo mientras me doy la vuelta. Suelta unas palabrejas raras, por lo que pienso: ¿¿Nadie sabe habar o qué?? Termino de darme la vuelta y se me cae el ánima al suelo, es una chica, una preciosa y morena chica.

Dejo caer la pata al suelo maldiciendo mi estupidez, me inclino y hago una reverencia antes de arrodillarme. ¡Qué vergüenza por dios! ¡Mira que señalar a una chica con una pata de una mesa!

-Perdone mi imprudencia- balbuceo avergonzado.

Ella dice algo con su preciosa voz, que, nuevamente soy demasiado estúpido para entender, y baja las escaleras.


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Quería pedir perdón a todas las personas de este rol por la espera ocasionada por mí, mis más sinceras disculpas: Guillem.


LEC

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Poco a poco soy consciente de dónde me encuentro. Hace frío y el catre sobre el que estoy tumbada no es muy cómodo, pero seguro que he dormido sobre cosas más duras en casa. En casa... ¿Dónde estoy ahora? Intento rememorar los sucesos que tuvieron lugar la noche anterior. Una mujer cubierta de "cosas extrañas", que no sé lo que eran ni me sonaba haberlas visto nunca y además debían de pesar mucho me preguntó si quería ir a algún sitio al que acepté ir sin pensarlo, de manera impulsiva, algo extraño en mí. ¿Dónde estoy? Por un momento escucho la voz de la mujer en mi cabeza, murmurando una palabra: "Rocavarancolia". Sí, realmente estoy en Rocavarancolia. Realmente estoy en la ciudad de las maravillas y los portentos... Ahora más que nunca creo todas y cada unas de las historias que me contaban mis abuelos.

Me levanto del catre despacio y me estiro, mirando de reojo lo que llevo puesto. Como la mayor parte del tiempo, llevo mi poncho favorito. El diseño que tiene es bastante simple: varias nubes sobre dos colinas y un portal en la parte más a la izquierda, todo muy colorido. Además, sé que el viaje hasta aquí no ha sido precisamente cómodo, pues me duele todo el cuerpo, lo que no ayuda mucho cuando quiero andar. Miro directamente a la ventana y me doy cuenta de la poca luz que entra. ¿Cómo no me he dado cuenta antes de que estoy prácticamente a oscuras? Me acerco a la ventana y observo el cielo. Allí aparecerá la Luna Roja...¿llegaré a verla? No lo sé. Solo con estar aquí me siento afortunada. Especialmente afortunada. Observo la estancia y veo la puerta. Quiero salir de aquí, hay demasiada oscuridad. Pero si salgo puede estar más oscuro que aquí, no haber ventanas. Entonces me entraría un ataque de pánico y no podría pensar con claridad. Pero no puedo quedarme aquí siempre.

Me acerco a la puerta apretando los dientes, pues no me gusta separarme de la ventana y adentrarme en la oscuridad. Ojalé tuviera aquí una lámpara de aceite, como en Nubla. Toco la puerta con las puntas de los dedos, sintiendo su rugosidad. Antes de decidirme a empujarla y salir al lugar al que lleva esta puerta vuelvo a la ventana por última vez y dedico unos minutos más a pensar en Nubla. ¿Habrá linacs aquí? ¿Y aevas? Intento recordar si mis abuelos mencionaron alguna vez sobre si nuestra fauna era parecida a la de Rocavarancolia, pero no logro recordarlo.
Camino hacía el catre donde desperté, tal vez buscando algo interesante que sé que no voy a encontrar. Tras un rato buscando y rebuscando sin encontrar nada, me siento en el catre. Suspiro algo desilusionada.

«¿Por qué te desilusionas? Sabías que no ibas a encontrar nada.»
Creo que si quiero encontrar algo interesante tengo que salir fuera…Y no estoy completamente segura de que sea buena idea alejarse de la poca luz que entra en la habitación. Salir o no salir… Creo que lo meditaré un rato más.


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Que ahora sea una transformada no quiere decir que odie menos los spoilers, Invitado, por lo que no te recomiendo hacerme ninguno.

Muffie

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“Lo he asustado” pensó Wen soltando una risa socarrada. El niño, ante la amenaza, se dió la vuelta empuñando una pata de mesa.

- No creas que eso te va a ayudar contra mí. - le murmuró con superioridad la morena.

El chico tiró al suelo la pata de la mesa e hizo una reverencia. Esa reacción desconcertó en grado sumo a Wen. “¿se puede saber qué hace? ¿Le doy demasiado miedo?” sonrió socarradamente de nuevo ante su ultimo pensamiento y continuó escrutándole con la mirada. Como ella había predicho, era un chico de unos 12 años y, aunque parecía empuñar su patética arma con ferocidad, ante ella se mostraba sumiso. No pudo evitar que otra sonrisa socarrada se escapara de su boca. Podría aprovecharse de esa sumisión si en algún momento la necesitaba.

El chico balbuceó algunas palabras que, aunque Wen oyó con toda claridad, no entendió. “No es inglés, eso está claro. Tampoco parece francés ni español ni alemán y, desde luego, no es japonés ni chino.” Pensó frustrada al no encontrar similitud con ningún idioma que alguna vez hubiera oído.

Observó de nuevo a su oponente. En cuanto vió los ojos rojos del muchacho se dió cuenta de lo significativas que eran sus diferencias respecto a ella misma. No era raro encontrarse gente disfrazada así en Londres, sobre todo en una noche de Halloween, pero ahora se encontraba en la ciudad de la magia y no iba a descartar tan fácilmente que el niño fuera realmente albino con ojos rojos. Mantendría las precauciones con él, pero todavía no enseñaría su arma o se encontraría indefensa ante la posibilidad de que él estuviera escondiendo la suya.

Escuchó ruido en el piso de abajo. “Hay otros. Como yo o como el niño, da igual, pero hay otros.” Pensó que quizás, como ella era de un lugar ajeno a esta tierra, no solo hubieran traído a niños como el albino, aunque seguía existiendo la posibilidad de que él fuera natural de aquí, sino que también de otras partes del mundo… hasta de otros mundos. Rió mentalmente. “¿otros mundos? Vaya bobada…”

- Mira chaval, no quisiera hacerte daño, así que apártate de mi camino, voy a bajar. - y, dicho esto y sin esperar una respuesta que seguramente no entendería, comenzó a bajar al piso inferior.

Se ajustó la mochila para no hacer ruido y delatarse y se agazapó a mitad de las escaleras, escrutando con la mirada los dos personajes que se encontraban abajo. Una niña lila que parecía tan dulce y tierna que a Wen le entró una arcada por la repentina sensación de todo ese azúcar en la boca. Y un chico, normal si se comparaba con el albino y la chica-azúcar glas, alto, imponente y atractivo; al instante una imagen de Church llegó a su cabeza, no se parecían prácticamente en nada, excepto en la altura, pero a Wen se le antojó ver la mirada y la sonrisa picaras de Church en la cara de ese chico. Además, tenía la característica forma de fumar con aire despreocupado de Church.

No pensó en ningún momento en bajar, todavía no. Primero, esperó a que siguieran hablando o alguna reacción por su parte. El único chico que había encontrado más parecido a las personas normales era el que se encontraba observando y quería verificar que también supiera su idioma o uno conocido. También quería observar con detenimiento a la niña azúcar glas, tenía algo que le hacía querer romperla de un abrazo y eso no le daba buena espina. No, definitivamente era una sensación que le desagradaba.

Así que se mantuvo en su posición, agazapada, en mitad de la escalera, pendiente de los personajes de la planta baja y, a la vez, de cualquier ruido de sus espaldas que pudiera decirle que el albino la había seguido. Y esperó.




Última edición por Muffie el 02/04/12, 02:02 am, editado 1 vez

dama draco


¡Pero que descarado es este chico! ¿Qué hace aquí? Ni siquiera le había visto…”pensaba Lía mientras bajaba de la ventana. -¿Sabes dónde estamos?- Pregunta. Lía no le hace mucho caso, Acaba de descubrir que hay una gran mancha de sangre en el suelo, y es suya. Tiene un corte en la muñeca, como si un enfermero torpe hubiera errado en su intento por obtener su sangre. El chico se impacienta así que le digo-Estamos en Rocavarancolia claro, ¿No te lo dijo… miseria…? bueno no me acuerdo como se llamaba, soy muy mala para los nombres-Ahora parece que esta sediento, pregunta por el agua, pero no sé dónde está, yo también tengo sed. -No sé dónde hay agua, soy tan nueva aquí como tú.-El chico avanza hacia la puerta. Parece querer abrirla. Me acerco para ayudarle y le pregunto-¿Cómo te llamas, de dónde eres?-Lief dice ¿Qué tipo de nombre es ese?. Está concentrado mirando a la puerta como si tuviera miedo de abrirla. Doy un paso al frente y la abro yo, aunque al otro lado tampoco hay nada parecido a lo que esperaba ver. “Menudo día de decepciones llevas Lía”Pienso.Es un largo pasillo, de piedra ennegrecida por la humedad. Hay charcos en el suelo y aunque parezca imposible está más oscuro aún que la celda anterior. Oigo voces al final del pasillo.-Espera- Le digo al chico. Entro de nuevo en la celda y recojo las pocas pertenencias de las que dispongo que siguen encima del jergón, es decir el catalejo y mis zapatos y arranco una barra de hierro de una especie de mesita destrozada que hay en la esquina Después salgo fuera-Por si acaso…-Le digo al chico mientras empiezo a andar por el pasillo en dirección al resto de las voces…



Última edición por dama draco el 01/04/12, 04:44 pm, editado 5 veces

Sepalian Xila

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Aviso a dama draco: ni puedes manejar a los personajes de los demás ni inventarte que son varmanos. Edita ahora mismo


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C.a.e

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Para mi sorpresa, la puerta estaba abierta. Ante mi, había un largo pasillo desierto y bastante ruinoso.

Salí cuidadosamente de la habitación y me adentré en esa Rocavarancolia que no conseguía recordar. Lo que más me llamó era el olor, era diferente, y de alguna manera me despejó la cabeza.

Me apoyé en la pared, y caminé a tientas por pasillo, buscando la fuente de la luz que lo iluminaba todo. Era un gran boquete en la pared, desde el cual podía ver un lugar increíble.
Así que esto era Rocavarancolia, ante mí, había una ciudad mágica y viva. Lo podía notar con todos los poros de mi piel.

Me alejé del boquete por si las moscas, mi cuerpo todavía estaba adormilado por la droga de mis padres. Entonces oí ruidos al final del pasillo.

¿Habrá más cómo yo?

Fui a buscarles.

Elliot

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El chico continua hablando sin parar en otro idioma. ¿Porque no habla el idioma de Las Ciudades? ¡Todo el mundo debe conocer el lenguaje que el demiurgo nos dio! No lo comprendo... ¿Es que no quiere ayudarme? ¿Es que quiere hacerme enfadar? Disimulo un suspiro de frustración con una risilla nerviosa. A lo mejor nació aqui y por eso no sabe hablar como debe. Y a lo mejor por eso su piel no es del color apropiado, y su tono es tan descuidado y su ropa tan rara. Quizá le trajesen aqui cuando era muy pequeño y se ha olvidado de como hablar. A lo mejor no lo hace a proposito. Esa idea me tranquiliza un poco... pero mi paz no dura mucho.

El chico tranquilamente se sienta en la mesa de nuevo, con movimientos mas bien torpes, pesados y con poca gracia, mientras habla y saca un objeto extraño y alargado. Luego, la cajita metálica se abre sacando una llama de su interior que hace que mi mano vuele al mango del cuchillo que hay en mi pierna, aferrandolo con fuerza, pero sin mostrarlo. No me gusta el hecho de que el chico puedallevar al fuego con él. El fuego no es un juguete. Enciende el objeto alargado poniendoselo en la boca mientras por el otro extremo una delicada voluta de humo gris asciende hacia el techo, disolviendose antes de rozarlo y llenando el ambiente de un olor desagradable y molesto que me hace retroceder otro paso.

El chico no se come la barrita, pero parece querer sacar el aire de dentro. CUando se lo quita de la boca, de ella sale otra filigrana de niebla y eso me asusta. ¿Está quemándose por dentro? No... no parece que le duela, asi que dudo que el fuego haya pasado adentro. ¿Come humo? ¿Porque se come el humo? ¿Será un humo especial? Alimentará? Sea lo que sea, no huele apetitoso para nada y espero que ese no sea el unico sustento disponible por aqui. De todas formas tengo curiosidad por saber como funciona esa barrita y exactamente para sirve.

Parece que se ha dado cuenta de que no le entiendo y ahora me hace señas. Me indica mediante gestos que mire la puerta y yo, obediente, lo hago, tratando de adivinar en qué exactamente quiere que me fije. Sigue hablando mientras se sonríe y señala a la puerta. Mi mirada vuelva a su cara y me encojo de hombros en un gesto teatral e infantil para indicarle que no entiendo lo que me quiere decir. Miro a la puerta de nuevo esperando que pase algo, pero parece que nada va a ocurrir.

Se pone de pie y comienza a pasear por la habitación buscando algo entre los estantes mientras murmulla cosas inconprensibles riendose y mirandome de vez en cuando. Parece que por ahora el enfermito no me va a servir para mucho mas. ¡Que aburrido! Si por lo menos hablase mi idioma podría divertirme un rato, pero asi... me va a costar bastante conseguir alguna utilidad de un ser tan tonto, torpe y aburrido.

Decido dejarlo durante un rato, hasta que encuentre alguna manera de hacerle entender lo que quiero o hasta que me aburra del todo y compruebe si es comestible. No tiene pinta de estar rico, pero he oido de gente que con hambre comió cosas peores. ¿Si me como a un enfermo, me pondré enferma? Lo mejor sería que alguien probase la carne antes que yo... pero claro, si hubiese otra persona para probar la carne, podría comerme a esa persona y estar segura de que estaría sana. Bueno, de todas formas aun no es necesario... si se da la situacioón ya lo pensaré con mas detenimiento. Aunque podría cocinarlo con el fuego que lleva en la cajita metálica...

Voy andando despacio hasta la otra punta de la habitación, sin quitarle la vista de encima mientras mis pensamientos trazan planes bastante utiles para el muchacho, tanto si está de acuerdo como si no. Me siento en una esquina, en silencio mientras acaricio con suavidad, casi con ternura las runas azules de mi brazo muentras jugueteo a escondidas con el cuchillo.


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Me haré una cama con tus huesos, Invitado, Muajajaj!


Taceant Colloquia.
Effugiat risus.
Hic locus est ubi mors gaudet succurrere vitae.

¡Superpor la aceptación, la integración y los derechy'x Frivy's!

Spoiler:




Click en la imagen para ver el esquema de relaciones entre los Cosechados del Rol

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