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Mazmorras de la Cosecha (Archivo V)

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1 Mazmorras de la Cosecha (Archivo V) el 03/08/13, 04:00 pm

Red

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Keiria despertó sobresaltada, incorporándose repentinamente en el catre en el que estaba echada. El brusco movimiento hizo que le sobreviniera un mareo, y llevándose las manos a la cabeza se sentó en el colchón, asegurando sus pies sobre el suelo de piedra. La humedad que impregnaba el ambiente le ayudo a recuperarse enseguida y, parpadeando confusa, echó un vistazo a lo que le rodeaba sin recordar aun como había llegado allí. Se encontraba en una estancia de piedra, iluminada tenuemente por una antorcha y ocupada solamente por el catre en el que había estado durmiendo. Las paredes tenían manchas de humedad, y una capa de polvo y suciedad lo cubría casi todo, removida únicamente en algunas partes del suelo en formas que recordaban a pisadas. Estaba buscando los grilletes en las paredes cuando por fin se aclaró su mente y la ibolense se acordó de Cordia, aquella mujer que había aparecido en su casa por la noche y le había prometido que en su mundo de maravillas dejaría de causarle problemas a su padre.
-Desde luego tengo un cuarto maravilloso -masculló irónicamente, poniéndose en pie algo tambaleante.

La única salida aparente de la estancia era una cochambrosa puerta de madera hinchada por la humedad, y hacia ella se dirigió la pelirroja con la esperanza de que no estuviera cerrada con llave. Por suerte solo estaba entornada, y la chica no tuvo problemas a la hora de abrirla y salir al pasillo que daba. El corredor estaba en las mismas condiciones que su acogedora estancia, simplemente tenía mas iluminación y la capa de polvo del suelo estaba mas revuelta. Keiria estornudó con fuerza y observó con ojos llorosos los dos posibles caminos que podía tomar, decidiéndose al fin por el que parecía estar mejor iluminado. A medida que avanzaba por el pasillo, se percató de que la luz que brillaba con mas fuerza en el camino que había escogido era natural, y al doblar la esquina se encontró en un enorme vestíbulo presidido por una enorme puerta entreabierta. La misma decadencia que le había acompañado en su pequeño paseo seguía estando presente, pero la claridad del exterior que se colaba por la entrada daba a la escena tintes menos siniestros, por lo que la muchacha se acercó a la arcada y empujó la plancha de madera con fuerza, haciendo chirriar las bisagras.

La repentina claridad la cegó por un momento, obligándola a parpadear con fuerza para aclarar su vista. Cuando por fin fue capaz de distinguir lo que tenía enfrente, la realidad la golpeó con menos fuerza de la esperada. Había empezado a intuir que la ciudad de maravillas que le había prometido aquella mujer no era mas que una patraña en cuanto despertó en aquella suerte de calabozo, pero había mantenido la incertidumbre hasta verlo con sus propios ojos. Ahora las ruinas que observaba solo confirmaban su primera suposición, y aunque muchos en su situación se habrían arrepentido de haber decidido ir a aquel lugar después de ser testigos del engaño, ella se negó a dejarse llevar por el derrotismo. Había decidido arriesgarse, e iba a apechugar con las consecuencias; solo esperaba que la parte en la que evitaba mas problemas a su padre fuera cierta.
-Rocavarancolia -murmuró para si con cierta dificultad, acordándose del nombre que le había dado Cordia a aquel lugar-, ciudad de milagros y portentos... desde luego en urbanismo no destacan -comentó, observando la calle en ruinas que tenía enfrente.

Solo veía una pequeña porción de la calle en la que se encontraba, pero enseguida le quedó claro que el estilo arquitectónico no seguía un patrón lógico y que chabolas convivían con mansiones de forma totalmente aleatoria. A pesar de todo la mayoría de los edificios estaban en mal estado, como si hubieran sido atacados, y el cielo gris que cubría todo daba al conjunto un aire decadente que mucho distaba de la ciudad maravillosa que le habían vendido. A lo lejos Keiria vio una plaza amplia, y aunque no estaba segura del todo, creyó distinguir que en ella se alzaba una fuente. A su espalda creyó distinguir ruido en las plantas superiores, así que no se entretuvo mas y se encaminó hacia aquella posible fuente de agua tras cubrirse el ojo izquierdo con su parche por costumbre, no quería arriesgarse a que nadie reconociera su ascendencia.

Continúa en la Plaza de la Fuente.

Zarket

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GM
Lo primero que sentí al despertarme fue un buen dolor de cabeza. Gimiendo y maldiciendo todo lo que había pasado la noche anterior, abrí los ojos y me senté en la cama. Al darme cuenta de que el lugar donde estaba tumbado era más bien un catre y mi habitación era una celda (o una pocilga, depende del punto de vista), recordé al extraño hombre, sus cosas raras y el humo verde.

Me froté los ojos intentando terminar de despertarme. Algo de lo que había dicho no pegaba con lo que estaba viendo, y la resaca me estaba impidiendo pensar con claridad. «¿Desde cuándo a las personas especiales se las encierra en una celda tan asquerosa?». Realmente, ahora que recordaba (más o menos) su discurso me daba cuenta de la sarta de tonterías que soltó. «¿Magia, maravillas, portentos? Joder, pues ya podían mantener limpio esto. Y decente», pensé. Me levanté y me acerqué a la puerta, cada vez más cabreado. Estaba claro que el tío había sido un falso y un mentiroso, cosa que me mosqueaba bastante.

Ver que la puerta estaba encajada me extrañó bastante. Dudaba que el tío hubiese dicho la verdad porque nadie encerraría a alguien supuestamente especial con "potencial oculto que te ayudaremos a sacar a la luz" en una celda, a menos que su lógica funcione de forma extraña. Pero tampoco entendía que la puerta estuviese abierta. Me revolví el pelo intentando pensar y decidí escaparme de allí. «Si querían que me esperase aquí que les jodan. No haberme mentido, drogado, secuestrado y encerrado en una pocilga con una puerta tan mal hecha que ni cierra».

Bufé de indignación al darme cuenta de todo ello y entré al pasillo. No me sorprendió ver que estaba igual de asqueroso y oscuro que la celda. La verdad es que agradecía la oscuridad para el dolor de cabeza, aunque seguía enfadado por la falsedad del desconocido. «Por lo menos mis padres no están por aquí», pensé mientras comenzaba a caminar por una dirección al azar.

Dal

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Sentí la humedad antes de despertar, abrí los ojos, me incorporé de golpe para volver a recostarme presa de un ligero mareo. Volví a incorporarme y esta vez lo conseguí, mire en derredor y faltaba toda una pared, lugar por el que se colaba el frío y el viento.

Me asomé cuidadosamente al borde del agujero y mire afuera, la visión me decepciono mucho, esperaba encontrarme un lugar lleno de vida, pero aquel lugar parecía gris y frío, y sobre todo, deprimente. Me estiré para desperezarme del todo y acto seguido con el tentáculo saqué mi espejito, miré mi reflejo y vi que estaba en buen estado, mi pelo no parecía haber sufrido daños y no había nada mal en el resto del cuerpo.

Cuando acabé con el escrutinio me di la vuelta y me dirigí a la puerta que para mi sorpresa daba a un pasillo largo, mire en ambas direcciones y al final me fui por una, continué andando hasta dar con unas escaleras descendentes. Seguí las escaleras hasta dar con la puerta de la calle, una calle que bajaba hasta lo que parecía ser una explanada, moviéndome con tranquilidad fui yendo hasta allí.

Sigue en la Plaza de la Fuente.


_________________________________________

Soy Dal, hijo del Estío y el Crepúsculo. Señor del Vacío y Amo del Infinito. Destructor de Mundos y Artífice de Infiernos. Conde de la Nada y Duque de los Océanos. Rey del Purgatorio y Terror del Cielo. Marqués del Inframundo y Barón de la Muerte. Por todos estos titulos, Invitado, reclamo tu vida para mí .

Yber

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GM
Tras aceptar la oferta de dama Aroma, Lara había caído dormida en redondo. Al principio había creído que estaba teniendo una suerte de revelación como las de su madre y le había achacado el adormilamiento a eso, pero su madre nunca se había dormido en sus consultas. Lara se despertó medio abotargada, tumbada bocarriba en una cama incómoda dentro de un edificio de piedra feo como él solo. La cabeza le dolía horrores, igual que la espalda. Se incorporó y lo primero que hizo fue llevar su mano al interior de su marsupio. Acarició a los niños por la tripa, asegurándose al paso de que todos estaban bien y respiraban con normalidad. Dormirse con los niños en el marsupio podía ser muy peligroso, pero esta vez Lara parecía haber tenido suerte. <<¿Será cosa de la ciudad esa?>>.

Con cuidado de no despertarlos, Lara se levantó de la cama y echó un mejor vistazo a la habitación en la que estaba. Estaba horriblemente sucia. Tanto que a Lara le daba repelús, llegando a pensar que se le podrían llenar los pulmones de polvo si respiraba a palo seco. Se subió la bufanda y se la ajustó con su broche alrededor de la boca y la nariz. Apenas había nada más aparte de la capa de mugre acumulada por la falta de limpieza. Tan solo una ventana con barrotes y una puerta metálica. Por el tamaño de la puerta, la ordesa no pudo sino sentirse chiquitita: medía más de dos veces lo que ella y el pomo le llegaba casi a la altura de la cara. <<No hay ordeses tan grandes...>> se dijo. <<¿Habrá otras criaturas aquí que sean más altas que yo?>>. Luego pensó que si existían los monos del queso, podía existir cualquier cosa.

Con la sensación emergente de tener espacio de sobra en el estómago para un bocata de requesón de cuatro metros, Lara abrió la puerta y se asomó al pasillo. Caminaba procurando no hacer ruido y sus orejas se agitaban nerviosas en busca de cualquier ruido. No había jugado a ningún juego de rol desde que había dado a luz, pero recordaba de sobra como se hacía, y su aventura en la ciudad de los milagros tenía pinta de ser un juego más serio. Tenía que ser sigilosa, pues probablemente no era la única elegida por la calva vendada, y tenía que ganar.

En cuanto sus ojos se hicieron a la oscuridad del lugar, divisó a alguien que parecía acabar de salir también. <<Otro jugador...>> dedujo. Dudó unos instantes sobre si acercarse, pero al final optó por hacerlo, aprovechando que le estaba dando la espalda. Corrió de puntillas y, al acercarse, se dio cuenta de que el tipo o tipa medía casi el doble que ella. <<Ja! Sabía que habría elegidos altos>>. Le dio un par de golpes en el muslo para llamar su atención, pues no llegaba ni de coña al hombro.

-Hey, hombretón o mujerona...-susurró no demasiado bajo. Por seguridad, retrocedió un par de pasos, cubrió su marsupio con ambos brazos y esperó a la reacción del jugador enorme.


_________________________________________

No llores por no poder ver tu pierna,
las lágrimas te impedirán ver los cadáveres de tus amigos.

NH


<< Muy bien, Mar. Eres gilipollas>> fue lo primero que pensó Marsi al despertarse. Estaba echada de lado en un camastro duro e incómodo que le había dejado la columna hecha un ocho. La luz de la mañana entraba por un ventanuco pequeño y rejado, pero había suficiente claridad para ver donde estaba. Una celda como las de las historias de terror, toda de piedra gris y mohosa. Lo de la noche anterior no había sido ningún sueño, y ella había aceptado el trato de un espíritu del bosque que la había mandado a una dimensión mágica lejos de su casa.

-¿Qué te había dicho mamá? No te fíes de los espíritus, te la acaban colando siempre...

Pero ya que estaba allí tendría que ver como salir. Cogió carrerilla y se encaramó al ventanuco, agarrándose a los barrotes. Fuera hacía... un día bonito. Un día de noche lluviosa, de los típicos de otoño. Una ciudad ruinosa se extendía hasta donde alcanzaba su vista, con edificios de lo más extravagante. Sse dejó caer de nuevo al suelo y se sacudió los pantalones, comprobando de paso lo que llevaba encima. Iba con lo puesto de la noche anterior, pero por suerte su látigo seguía en el cinturón.

La puerta no estaba cerrada con llave, por lo que precedida por un chirrido siniestro salió al pasillo, tan oscuro como la boca de un lobo. No se atrevió a alzar la voz, su prioridad era salir de allí. Avanzó con la mano en la pared para orientarse hasta que llegó a unas escaleras. Y bajó con cuidado.

Baurus

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Frío... "¿Me había vuelto a desnudar mientras dormía? No... Todavía tengo la ropa pegada al cuerpo..." Me revolví fuertemente en la sabana que cubría la cama intentando calentarme, hasta que me di cuenta de algo un tanto importante. "Que demonios...¿Desde cuándo tengo yo cama?" Me levanté de un salto asustado, golpeándome contra el duro suelo de piedra. Mientras me erguía como podía, y sin ver prácticamente nada, el frío ya había abandonado mi cuerpo. Ahora solo quedaban ansias por saber donde me encontraba. El aire que respiraba era helado, húmedo, sucio... No era el mismo que disfrutaba día y noche en las afueras del pueblo, rodeado de árboles de gran tamaño. Pero no solo era el aire que respiraba, también lo acompañaba la sensación de pesadez del ambiente. Era como si rocas macizas a mi alrededor estuvieran aplastándome, inmovilizándose... Asfixiándome. No era mi tierra, tampoco era mi hogar, ni donde me había criado. Solté una ligera risilla al pensarlo. "¿Es verdad eso? ¿Ya no estoy en aquel infierno?" Sentí una relajación completa en aquel momento. Con solo pensar que ya no estaba en mi hogar la tranquilidad inundaba mi cuerpo. Después de aquellos momentos de pensamiento, ya pude acostumbrarse a la oscuridad de aquel cuarto. Piedra por el suelo y por la pared, con solo una cama no de demasiada calidad en toda la estancia. Me volteé y vi la puerta de madera desgastada que conduciría afuera. Me revolví el pelo enredado, intentando recordar como había acabado allí. No tardé demasiado en ello.

Una silueta que no pude distinguir a primera vista me observaba en la oscuridad de la casucha donde dormía. No me pareció una amenaza, por lo que reservé las pocas energías que me quedaban en intentar intimidarle y no pelear. Pero el joven intruso actuó primero. "Ven conmigo Baurus, conozco el verdadero lugar donde ansías ir". Pensé que se trataba de mi hermano, que había vuelto para llevarme con él y vivir mejor, pero sabía que aquella posibilidad era nula. Me había abandonado para siempre. Al rato me di cuenta de que no era él. Mi hermano era mucho más alto que
aquel tipo. El hombre siguió hablando en la oscuridad. "Puedo concederte aquello que tanto buscas" Cuando dijo eso no pude evitar fruncir el ceño. "¿Qué sabes tu de lo que verdad deseo, estúpido? Lo que quiero es encontrar soledad, alejarme de todo. ¿Qué sabes tu sobre eso?", le respondí sin dudar. El joven intruso soltó una pequeña risa.. "Lo sé, y sé también donde puedes encontrarla. Ven conmigo a Rocavarancolia, y serás por fin libre. Ven conmigo a Rocavarancolia y estarás en el lugar que siempre deseaste. Ven conmigo a Rocavarancolia y podrás estar solo, vivir en soledad... No... Te puedo conceder algo incluso mejor que eso..." Me reí. Me reí como nunca lo había hecho. "¿Soledad dices? ¿Acaso tú puedes prometerme algo así? Me gustaría verlo. Voy a ir contigo a donde sea, aléjame de este infierno que tengo por hogar. Pero si has tenido la valentía de mentirme con que encontraré allí mi lugar, te arrepentirás.", El joven le hizo una señal para marchar, pero le paré con curiosidad antes de nada. "A todo esto... ¿Como es Rocavarancolia?". El intruso rió. Después de una pausa, me miró a los ojos, y susurró algo que no olvidaría jamás. "Una tierra de sueños y magia." "Esto más bien es una tierra de ruinas y mugre". Avancé unos pasos a la puerta astillada, sin abrirla. "Bueno, supongo que será mejor que mi estúpido hogar anterior".
La abrí con fuerza. Todo era igual. Habitaciones semejantes con la misma puerta desgastada, y a los lados pasillos igual de cuidados que el resto del edificio. Di un paso afuera cuando un pinchazo enorme me sacudió. Me clavé pequeñas piedras en mi pie descalzo. Entré de nuevo en la habitación, sacudiéndome la planta el pie con fiereza intentando eliminar el dolor. "Maldita sea. Maldita sea mil veces. Si consigo salir de este lugar será sin pies". Me quité el harapo que tenía por camiseta, con toda la naturalidad del mundo, y la enrollé en uno de mis pies. Al acabar me acerqué a aquella cama de lujo, sacándole la sábana para hacer el segundo calzado.
"Jé... Espero que no tenga que pagar por robarles su preciada y hermosa decoración". Ya preparado, pude dar un paso fuera del cuarto sin al menos, quejarme tanto como antes.

Caminaba con dificultades, intentando evitar todo lo posible las piedras del suelo, mientras me apoyaba en la polvorienta pared. "¿A esto le llaman tierra de magia? Antes de magia sería mejor que contratasen algún albañil. ¿O están tan centrados en su querida magia que no les llega el presupuesto?" Al rato conseguí llegar, todavía de una pieza, a una sala más grande que las demás. Ya no había tanta piedrecita en el suelo como para quejarme, pero me dejé esos perfectamente fabricados zapatos. Me acerqué a la pared mas cercana a mi, donde me senté dispuesto a descansar. Poco a poco el sueño se apoderó de mi cuerpo, hasta que no pude resistirme más. Me dormí en aquel edificio mugriento una vez más, sin saber lo que me aguardaba después.

Poblo

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Cuando Xalkoth recuperó la consciencia, lo primero de lo que fue consciente fue del frío, un frío intenso, que le calaba en los huesos. En su vida había sentido tanto frió. “¿Q..qqqu..qQue?”
El clinger tiritaba como nunca antes lo había hecho. En un acto instintivo, con un poco de pánico se giró bruscamente hacia un lado, lo que provocó que se cayera del camastro en el que estaba tumbado. -¡Ay!-
Algo confuso se levantó de un salto, a la vez que comenzaba a hacer vibrar sus alas en un intento por calentarlas, provocando un ligero zumbido. 
Se encontraba en un cubo de piedra totalmente cerrado, en un estado tan lamentable como ruinoso. La única salida visible era una puerta parcialmente podrida. Justo al lado una antorcha emitía la luz justa para que pudiera ver lo que le rodeaba.
Entre temblores Xalkoth abrió la puerta, cubriéndose el cuerpo con los brazos en un gesto inútil de entrar en calor. Detrás de la misma no había más que un pasillo, por el que de vez en cuando se veían puertas parecidas a la que acababa de abrir. Estaba a punto de avanzar cuando un movimiento llamó su atención. No estaba solo, por el pasillo se veía una silueta que avanzaba. “¿Que es eso? ¿Un mono pelado?” La escasa luz no le dejaba ver muchos detalles, pero desde luego se trataba de un simio. Al pobre lo habían depilado todo el cuerpo salvo la cabeza, y lo habían cubierto de telas raras. “Que mala gente. Si van a tener una mascota al menos que la traten bien”
Otra puerta se abrió, y una cosa peluda que no reconoció salió de ella para acercarse al mono disfrazado. “¿Otro mamífero? ¿Qué hacen tantos en un sitio de piedra?”

No podía esperar más. Hacía demasiado frío y tenía dos animales de sangre caliente delante. Tras comprobar que no parecían demasiado peligrosos acabó por avanzar hacia ellos.
-Hola bichitos ¿Y vuestros dueños? ¿Os habéis perdido?- En el ultimo tramo pegó un salto y se abrazó al más alto. Estaba calentito, como imaginaba. “Por fin. Pensaba que me moría congelado”

Tak


GM
La primera impresión que tuvo al abrir los ojos fue la de despertar en un videojuego, dentro de un escenario pasado de época, prehistórico o algo parecido. Sin embargo era un ambiente húmedo y cálido, muy real. Las paredes eran de piedra, pero de piedras apiladas, una construcción. Todo parecía estar mohoso y deshabitado, el olor del aire lo confirmaba. Se irguió de sopetón, quedando sentado en el camastro incómodo y con la cabeza dándole vueltas por un instante. Lo segundo en lo que pensó fue en encender de nuevo el ordenador, preocupado por las últimas palabras de su amigo. Jadeaba de nerviosismo, con la impresión de faltarle el aire, y no se calmó hasta que volvió a ver el tranquilizador gráfico con sus constantes vitales.

Se levantó despacio, avanzando hipnotizado hacia la pequeña abertura en la pared por la que entraba aire fresco. Sacó la cabeza fuera y ante él vio cielo abierto, nublado, y casas y calles ruinosas construidas a la intemperie. «¡Es cierto! ¡Viven a la intemperie! Aunque todo esto… está hecho una mierda. ¿Dónde estamos?» pensó. Tenían que llegar instructores o algo parecido, estaba impaciente por ver cómo era eso de la magia, pero no le cuadraba el estado de las habitaciones que les habían asignado. Ni lo que veía por la ventana. Pero se moría de ganas de salir a caminar a cielo abierto como no podía en su mundo. Siempre que salían no iban más allá de los viveros, y el frío le hacía querer regresar a las profundidades enseguida. Pero allí era diferente, de hecho, inconscientemente empezó a desabrocharse la ropa para quitarse la funda térmica. Si continuaba con ella puesta se iba a morir. Se le hizo extraño no llevar nada debajo, pero estaba tan impaciente por salir que se echó la funda al hombro y todavía recolocándose las botas abrió la puerta y salió al pasillo, donde había oído ruidos de pasos y chirriar de puertas. En la penumbra se encontró a otras tres figuras. Sabía que se podía encontrar todo tipo de criaturas y seres en la ciudad, y la curiosidad le pudo al avanzar hacia ellos. Un insecto gigante se abrazaba a un tipo que tenía rasgos similares a su cosechador. El aspecto del primero casi le hizo reír «¿esto qué es? ¿el sueño de un zoofílico?». También había una criatura chata y peluda. Al final la cautela le pudo y se paró a pocos metros de ellos, observándolos fijamente. Todo era demasiado surrealista para encajarlo de golpe.

Leonart

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Diario del Caos:
Entrada Nº1: See you again, space cowboy

Spoiler:

Abrí los ojos. Confuso. Todo era oscuro. Y todo era naranja, por algun motivo.

Spoiler:
La sala oscura se convirtió en una pista de baile. Varias bolas de discoteca destellaban por encima de sus cabezas. La fiesta llevaba ya horas, pero no daba señales de querer parar pronto. Todo tipo de criaturas, desde heroes de leyenda, magos, dragones, alienigenas, monstruos y parecidos meneaban en esqueleto con ritmo. No siempre se celebraba la ascensión de uno de ellos al cuarto oscuro.
Se abrió paso por la multiud, procurando no pisar pies, patas, pezuñas y tentáculos mientras no dedicaba una segunda mirada a nadie. Saludó a su compatriota Dimitri que estaba sentado un par de mesas más alla, rodeado de mujeres de pechos gigantescos y figuras de reloj de arena. El viejo ruso bebia, reia y filtreaba con su corte personal de mujeres. El joven ruso, sin embargo, no sentia envidia alguna pues él no era tan ignorante, como para no reconocer a un grupo de transexuales cuando los veia. Suspiró y siguio su camino hacia el cuarto oscuro.
Quitando las implicaciones sexuales del nombre de este, como no, bautizado por Aluqa misma, la blindada y pesada puerta negruzca que conducia a él estaba custodiado por dos estatuas, una de un chacal con cuerpo de hombre y la otra por un cocodrilo, tambien con cuerpo de hombre. Las dos estatuas parecian estar en medio de un combate paralizado, zarandeando sus armas por encima de sus cabezas, apunto de golpear a su adversario. El ruso tenia que agachar un poco la cabeza para pasar.
Entró finalmente en el cuarto que hacia honor a su nombre. Las paredes estaban tintadas de un lustroso color negro, iluminado tenuemente por velas aleatoriamente esparcidas por la sala, sin ningun orden o sentido aparente que el de iluminarlo todo, casi recordando a una especie de ritual siniestro.
Diferentes muebles, así como sillones, butacas o sofás, de cuero y tapiceria negra,estaban repartidos por la sala, todos formando una especie de semi circulo entorno a  un sillón bastante raido pero de los mismos materiales que los otros.
Aparte de él, habia cuatro figuras más en la sala. Tres hombres y una mujer. El primero de ellos, de un porte bastante varonil pero algo flacucho, tenia un pelo de un color castaño intenso, casi chocolate y una maraña de pelo desorganizada por toda su cabeza que podia recordar al peinado del mismo joven ruso, al otro lado de la sala, salvo que la sensación que transmitia su peinado era de una salvaje belleza, no como el desorden que llevaba el chico por cabello. Dos patillas gruesas que terminaban a la altura de la mandíbula y una perilla corta, algo revuelta pero bien cuidada, como su cabellera. Llevaba un traje mandarín de un color naranja intenso que se iba tornando color melocotón en ciertas partes como el cuello o las mangas. Los broches y botones eran de oro puro y estaban decorados con caras de simios de diversa índole. El hombre giró la cabeza y le dedicó un guiño al chico. Este respondia por el nombre de "Rey Mono"
No remoloneó más y se dirigio hacia el viejo y raido sillón, que era suyo. Desde ahí pudo contemplar mejor la figura de Aluqa.
La súcubo, despanzurrada sobre un chaise-long de color negro, miraba aburrida al chico con sus ojos de un color rojo apagado mientras exponia su piel, tan clara y de aspecto tan vulnerable como la porcelana misma. Al final de sus pies y manos, la humanidad la abandonaba, dejando unas garras por dedos y uñas de aspecto tenebroso y malsano, un púrpura apagado. El chico sabia que no debia caer bajo su encanto en ningún momento o estaria perdido, así que no le dedicó una segunda mirada. Sabia, además de haber contemplado a la súcubo en otras ocasiones, que tenia un par de alas enanas a la espalda y una escurridiza cola rosada en el nacimiento de la rabadilla. La mujer además, solia cambiar su cabello largo y su ropa muy a menudo, optando siempre por tonos oscuros y apagados, normalmente negro la mayoria del tiempo.
En una esquina de la sala, de pie, localizó al tercero. Un hombre bajo, más o menos de su misma altura. Llevaba una fedora en una cabeza, por encima de un pasamontañas color beis e iba fuertemente abrigado, con ropas típicas del londres victoriano. Una pipa encendida en su mano derecha y un reloj de bolsillo en su mano izquierda. Tenia la cabeza gacha, parecia contemplando el reloj. Pero la levantó en cuanto vio que al fin habia llegado el joven ruso. Al hacerlo, pudo contemplar de nuevo el siniestro cosido del pasamontañas que tenia por cara. Habia trazas esporádicas de sangre donde deberia ocupar sus ojos, nariz y labios y el ruso nunca habia llegado a ver su cara. Siempre habia pensado que alguien o algo le habia cosido ese pasamontañas a la piel dándole ese aspecto tan siniestro a su, por otra parte, correcta indumentaria, comparado con los otros tres presentes. Este respondia bajo el nombre de "El Detective"
Y, por último, habia una figura nueva en aquella sala. Le habria visto una o dos veces antes en la antesala, pero esta era la primera vez que contemplaba al Bufón en el cuarto oscuro. Una sonrisa siniestra asomaba en su rostro junto con una nariz afilada, remantando su cabeza un exagerado sombrero de copa que tapaba sus ojos. Su piel era pálida, pero no era una palidez como la de Aluqa que tenia cierta belleza, no, su palidez era enfermiza. Era la de un cadaver. Por debajo de la piel de la cara que se dejaba ver casi se podia distinguir el hueso. Una mueca permanente en esta, que podia recordar a una siniestra sonrisa, rematada por un pobre intento de pintarse los labios de color carmesí. La sonrisa se componia de una manera antinatural por un conjunto de dientes incisivos sin ningun desperfecto, salvo el color amarillento que portaban. Sin embargo, las encias, parecian inyectadas en sangre. Tenia los brazos reposando en su regazo y le dedicaba su sonrisa espeluznante a todo el mundo en la sala. Su traje, que se componia de un tuxedo purpura, camisa anaranjada y pajarita amarilla, le daban un toque sofisticado que palidecia grandiosamente al lado de tan grotesca sonrisa. Sin duda alguna, el bufón era de los que más le causaban escalofrios al joven ruso.
Finalmente, tras una pausa de un silencio inpropio, alcanzó con la mano un microfono plegado a un costado del asiento. Tras graduarlo a su altura se aclaró la voz y se volcó sobre este, preparado para lo parecia ser dar un discurso.
El discurso fue sustituido por un profundo y resonante eructo, acompañado de un agradecimiento por haberlo escuchado nada más terminar.
Y fue entonces en aquel momento cuando el joven ruso se despertó de súbito.

>>Oscuridad. Estoy empapado de alguna sustancia extraña. A primera vista, bien podria ser orina o semen. La simple idea hace que me entren arcadas. Dirijo dos dedos y los paso por encima de mi mojada ropa. Despues me los llevo a los labios, sin vacilar.
Es agua, por suerte. Debe de ser de todo el hielo que se habia pegado a la ropa antes de que fuera trasladado a esta siniestra y húmeda mazmorra. Parpadeo un par de veces más y contemplo el cuarto, mientro dejo que el chaval haga lo que le venga en gana. No es mi cuerpo para decidir.

-¡Ah coño!... que todavia llevo las gafas.-exclamé alzando las manos hacia mi cara. Torcí el gesto al comprobar que mis ropas no se habian vuelto blancas. Estaba claro que el pintoresco hombre de las nieves no habia leido mucho Tolkien, pero decidió pasar de aquello. Si de verdad estaba en aquel sitio tan fantastico, deberia salir a investigar, a conocer a los pnj y empezar directamente alguna ruta.
>>Antes de que te vayas por las ramas con tus tecnicismos e historias, quizás convendria que un narrador en tercera persona contara tu historia ¿No crees? Puede ser bastante confuso, alternando entre primera y tercera.
>>¡Qué le den a las normas, tengo dinero!
>>No, no lo tienes.
>>Ah entonces... si, un narrador en tercera persona estaria bien.

- Suspiro -

Palpó en la oscuridad su costado, recorriendo la pierna de arriba a abajo hasta encontrar el estuche que buscaba. De él, extrajo su consola, de un color carmesí fulgurante y, casi por costumbre, la encendió. El fogonazo de luz que saltó de la pantalla le hizo exclamar en voz alta mientras ponia la cara de lado y salia la pantalla de inicio y despues otra pantalla, más oscura que le pedia una contraseña para garantizarle acceso a la máquina. Un teclado táctil aparecia más abajo y el ruso pronto tecleó algo rápidamente, a una velocidad casi inhumana. Un sonido de una orquesta digital inundó la mazmorra mientras salian varias chicas de diferentes caracteristicas, pero dibujadas con estilo manga. Estas soltaban piropos a su "hermanito", "amo", o "escoria" en un ruso perfecto, casi melódico con una sonrisa radiante y la misma sonrisa tonta apareció en el rostro del chico.
-Ya he vuelto mis pequeñas ¿me habeis echado de menos?-dijo como solia hacer cuando los personajes dentro de la consola le recibian tan cariñosamente. Frunció el ceño al comprobar que no habia ninguna red wifi abierta salvo una que se llamaba "RocaComoMeRobesElWifiTeMatoVarancolia" y al no ser la clave "3333" decidio desistir en "hackear" aquella bizarra red que desapareció casi al instante de todas formas, como fruto de algún espejismo. Pero en aquel momento se dio cuenta de una cosa. No habia traido el cargador consigo.

El mundo se le vino abajo. Lágrimas de desesperación corrieron por sus mejillas y se tiró al suelo, rodando de pura y destilada pena.
O puede que no tan exagerado, pero aún así le jodio mucho. El suelo estaba sucio y tal.
Apagó la consola, queriendo economizar al máximo su bateria, que aunque fuera bastante buena, permitiendole jugar casi cuarenta horas non stop, nunca seria lo suficiente.
Sentia que se olvidaba de algo. Sabia que no eran sus llaves, porque él no llevaba llaves. Tampoco móvil por que este cayó por una ladera de la montaña. No, era algo más reciente.
Fue Aluqa quien se lo recordó.
>>¿No habias dicho que querias conocer a los demás?

Genuinamente sorprendido, golpeó con su puño la palma de su mano, con gran sorpresa y se lo agradeció a la súcubo, provocando suspiros de los otros tres seres que pululaban por su mente.
Se puso en pie de un salto y soltó un grito de concentración, mientras hincaba las rodillas hacia los lados y flexionaba los brazos cerca del costado, como habia visto tantas veces en aquella serie que trataba de un grupo de heroes hipermusculados que volaban y lanzaban ondas mágicas para luchar contra alienigenas que querian destruir el planeta tierra. Aunque tambien habia de fondo algo asi de siete bolas mágicas que concedian cualquier deseo, pero la verdadera esencia de la serie constaba de gente hipermusculada mirandose amenazadoramente y gritando.
-¡CALOR!-exclamó con furia sincera. A continuación se revolvio como una culebra, luchando por librase del caluroso anorak que ya no era necesario, pues no estaba con nieve hasta las rodillas. Cuando por fin se libro de la ropa extra, se quedó mirandola con aires de superioridad, con los nudillos reposando sobre sus caderas. Dejó escapar una risa pausada y poderosa para luego señalar a la ropa con el dedo y hablar con un tono de voz imitado de algun villano que en esos momentos no recordaba.
-¡Te he vencido, necio anorak! ¡Ahora permanece ahí hasta que tu vida expire!-y a continuación soltó otra carcajada de villano para echarse el anorak al hombro y salir por la puerta.
La oscuridad lo envolvia todo y el llevar gafas de sol no ayudaba en absoluto. Reticente de quitarselas, por el factor molón que le aportaban, el ruso decidió recurir a otra opción más sensata, al menos para él. Se remangó el brazo derecho, revelando en su dedo anular, una anillo verdoso, un merchandise bastante caro que era una réplica de un afamado cómic americano que trataba de un superheroe que formaba parte de un cuerpo policial de la galaxia y que, usando ciertos anillos de poder, conseguian mantener el orden y la justicia en el espacio. Tal y como recordó que funcionaba, recitó el juramento, un trato bastante expandido entre los fans de esta historia.
-En el día más brillante,
En la noche más oscura,
Ningún mal escapará de mi vigia.
Dejad que aquellos que veneren el mal tiemblen ante mi poder,
la luz de LINTERNA VERDE!
-
Al final de la frase, hubo un estallido de luz proviniente del anillo que se fue graduando hasta adquerir una especie de utilidad parecida a una linterna, una linterna de color verde. Una risilla feliz se escapó de sus labios y se internó en aquel húmedo y siniestro pasillo de la mazmorra, sin miedo ninguno, pues creia portar un arma letal en su dedo.


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inglés quien lo lea

Lupin

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Así Ozzchreanos abrió los ojos. Y estos registraron el cuarto en el que se encontraba, tan distinto a su habitual. No se pinta en su rostro ni un ápice de sorpresa, ni extrañeza; pues aunque su cuerpo se incorpore, sus oídos sientan al lecho quejarse y sus plantas descalzas toquen el suelo y levanten el cuerpo del gran ochrorio, este sigue durmiendo. Así Ozzchreanos soñó Rocavarancolia.
Al principio no anda, solo contempla las paredes hasta que sus ojos encuentran lo que sin duda es una salida. No tarda más que unos instantes en acompañar a su vista con el movimiento de toda la maquinaria del cuerpo ochrorio y se dirige hacia la puerta, que está abierta tal como no se espera alguien que no espera nada. El mismo rostro vacío ve el pasillo y elije una dirección sin sentido por la que avanzar, pues todas las direcciones carecen para él. Quieras llamarle "suerte" o "casualidad", el sonámbulo acabó encontrando el exterior. Así Ozzchreanos se cegó en un sueño.
[Sigue en la Plaza de la Fuente.]

Giniroryu

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GM
Archime ni siquiera se había enterado de como el mago los había dormido a Ippon y a él. El biomecánico no se había acordado de despedirse de su familia, pero a buen seguro sus padres habrían visto lo sucedido a través de la red. El irrense, además, se había asegurado de desconectar su brazo por completo, sabiendo que la magia podía interferir gravemente con la electrónica.

El irrense se desperezó, incorporándose en el precario catre en el que se encontraba. Cuando abrió los ojos, una mancha en las gafas le hacía ver la habitación distorsionada, por lo que se apresuró a sacar un trapo destinado a la limpieza de las mismas que guardaba en el bolsillo del pantalón y se las colocó de nuevo a toda prisa tras adecentar los cristales. Mientras lo hacía comenzó a jadear. La forma física del chico era prácticamente inexistente, pero una acción como aquella no debería suponerle ningún esfuerzo.

No, era el ambiente. Tan pronto se despejó de su sueño, Archime notó el asfixiante calor que hacía en aquella sala, así como la humedad que acrecentaba la sensación térmica que hizo comprender al irrense que en Rocavarancolia su ropa térmica no era más que un impedimento. Pues sin duda debía encontrarse en la ciudad de las leyendas, simplemente la temperatura del ambiente lo confirmaba, pues era evidente que allí no había ningún tipo de tuberías, termostatos ni ningún otro indicativo de que la sala estuviese aclimatada artificialmente. Aquellas temperaturas eran imposibles en Irraria de otro modo.

Y sin embargo quel lugar no tenía nada de mágico. Ni de portentoso o milagroso. La escrutadora mirada del programador se posó en cada rincón de aquella mugrosa habitación. ¿Habría sucedido algo mientras estaba sin conocimiento? ¿Por qué había estado sin conocimiento? Archime estaba casi seguro de que había una lógica tras aquello, ya que si por algo se caracterizaba la visión de Rocavarancolia que había tenido su cultura hacia años era por la completa discrección a la hora de abordar las características del mundo en el que se encontraba. El hecho de que no quisieran desvelar sus secretos a la ligera tenía sentido, tal vez al principio los examinaban de alguna forma, para asegurarse de que habían sido correctamente elegidos, o algo semejante. Archime sacó unas cuantas fotos de la estancia con sus gafas, y las almacenó en el ordenador traspasándolas mediante conexión inalámbrica.

Pero aquella sala tan roñosa... Archime sacudió la cabeza, no podía cuestionarlo todo tan pronto, podría haber numerosos motivos para aquello. Lo más apremiante en aquel momento era quitarse la ropa térmica. Se quitó la bata con cuidado para que no se le cayese nada de los bolsillos y de forma bastante más descuidada los pantalones y la camiseta. Se desprendió de aquellas prendas que lo estaban asfixiando y volvió a vestirse apresuradamente. Dobló la ropa térmica y se la sujetó con los pantalones, dentro de la bata.

Su celda no tenía ninguna ventana, pero la puerta estaba rota, indicativo de que no le habían retenido allí, cosa que interpretó como una especie de buena señal entre todo lo malo. Aunque faltaba la mitad de la madera, pues se trataba de una puerta muy anticuada y sin ningún tipo de seguridad electrónica, Archime giró el pomo tras darse cuenta de que el mecanismo para abrirla era tan anticuado como el resto del complejo, fuese del tipo que este fuese.

Una vez fuera, oyó voces tras una esquina, aunque no comprendía nada de lo que decían. Dirigió sus pasos hacia allí, pasando por unas escaleras en las que notó la presencia de alguien y se giró hacia allí para después observar fijamente a la figura durante unos instantes. Su anatomía se parecía un poco a la de los irrenses, pero había claras diferencias tales como las orejas. Por el tipo de peinado que llevaba estaba casi seguro de que era una mujer, pero no podía afirmarlo tratándose de una especie alienígena. Otros mundos... Sin duda Irraria no debía haber sido el único planeta que había recibido la vuelta de Rocavarancolia. No, por lo que sabía, aquellos otros mundos podrían haber continuado recibiendo a los rocavarancoleses aunque ellos estuviesen incomunicados, realmente desconocían el motivo por el que la ciudad no había vuelto a Irraria en todos aquellos años.

Reaccionó dando un pequeño saltito, tal vez al alinenígena no le gustase que le observasen y llevaba lo que parecía algún tipo de arma primitiva colgada de los pantalones y decidió seguir su camino, no sin antes colocarse sus gafas apresuradamente y hacer otra foto de la escaleras y el alien.

Llegó a la fuente de las voces, y pasó su vista por el grupo de seres vivos que parecían estar hablando en idiomas incomprensibles. Más alienígenas... Un irrense. ¡Un insecto gigante! El que se parecía tanto al mago rocavarancolés tenía sobre él un insecto enorme. Archime hizo una nueva foto y se quitó a toda prisa las gafas. Sin quitar la vista de encima del insecto gigante, se acercó al grupo aunque manteniendo una distancia prudencial. Pero había un irrense, recordó. Se fijó bien en él por primera vez, observando sus dos brazos biónicos. Uno no disponía de ordenador ni de ninguna otra funcionalidad aparente, tal vez aquel chico había perdido ese brazo. Quería examinárselo, pero quizás se enfadase si le cogía el brazo sin más.
-Hola -saludó escuetamente-. Presupongo que eres otro elegido.
A continuación estiró el brazo para intercambiar los datos con él, preguntándose en ese momento si Ippon también estaría por allí. Tilecio de dieciocho años. Después de leerlo, apartó su vista de su congénere para observar fijamente al insecto y a los otros alienígenas.

Jack

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Volvía de la fiesta caminando tranquilamente por la calle Adamson, admirando el silencio de las calles y del parque Flynn a mi derecha. Pese al silencio reinante, en mi cabeza sonaba aún el tamborileo del grupo de la asociación, al cual ajustaba el ritmo de mis pasos. Sin embargo, de pronto la temperatura descendió bruscamente y el aire se tornó muy cargado. Tanto que pronto apareció como una barrera sólida ante mí, amenazando con rodearme por completo. Me quedé quieta, mirando nerviosa en derredor, buscando una salida, hasta que el suelo cedió...

Y desperté con un quejido. Estaba desorientada y perdida en el lío de una sábana. Me tomo mi tiempo para salir del caos y acabo sentada contra la cama, la cabeza en el borde del colchón y la sábana a modo de cojines debajo. Por fin puedo bostezar y estirarme tranquilamente, aunque tengo una sed horrible <<Toca hacer recuento... A ver... ¿Ropa? Puesta. ¿Ropa interior? Puesta. Entonces anoche no me fui con nadie... Vine sola, lástima. Y, y, y...>> Entonces alzo la cabeza y me fijo en el lugar tan deprimente en que estoy <<No, definitivamente no ligué>> pienso riendo en voz alta <<¿Pero entonces? A casa llegué porque no tengo las llaves encima, así que un secuestro tampoco. Pero tengo la trenza hecha un asco y siempre la deshago antes de acostarme... ¡Eh! ¡Había un chaval mayor que yo esperándome!>>

Me levanto repentinamente, dejo la sábana encima de la cama y doy un par de vueltas por la habitación mientras trato de hacer memoria. Volvía de la fiesta, pasé por el parque Flynn, avenida Memorial, llegué a casa y el mozo este apareció.

-¡Rocavarancolia! ¡Eso era! Pues es un tanto deprimente este sitio, ¿eh? No esperaba una habitación cinco estrellas, pero pintabas una ciudad de maravillas nunca vistas, al menos un cuarto con espejo. Vamos a ver esta ciudad, a ver qué animales fantásticos tiene, al menos.

Pero antes de salir, compruebo que sigo llevando mis cosas encima y me rehago la trenza como puedo.
-Lista. A la aventura. Adiós, cuartucho gris.

Tras la despedida, avanzo hacia la puerta y la abro sin problemas aunque es un tanto pesada para ser una puerta. Eso sí, el chirrido debe haberse oído en todo el universo. Ante mí se extiende un pasillo en más tonos de gris, con humedad y de aspecto viejo. Y sucio. <<Esta gente... ¿Por qué me habría dejado aquí el muchacho aquel?>> El descansillo está levemente iluminado, pero al final hay unas escaleras así que me encojo de hombros y decido bajar. Lo mejor es que el eco del lugar trae voces de más abajo, así que más motivo para bajar. Y la aventura me premia con la vista trasera de una chica más baja que yo, de piel oscura, cabello verde recogido en dos coletas altas, un chaleco de cuero, botas y guantes, una camisetilla blanca, y unos pantalones ajustados que, por desgracia, están cubiertos por un pañuelo verde justo bajo la cintura. Otro chicho rubio baja por delante y se me pierde de la vista, así que acelero y me acerco a la peliverde, a la que toco en el hombro antes de decir nada, no vaya a tropezar y rodar hasta el suelo.
-¡Hey, hola!


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Die wahre Macht, die uns beherrscht, ist die schädliche, unendliche, verzehrende, zerstörende, unstillbare Gier...
Spoiler:
El verdadero Poder que nos controla es la vergonzosa, interminable, desgastante, destructiva e insaciable Sed...

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