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Giniroryu, Pablo Matthies Fonseca

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Mazmorras de la Cosecha (Archivo V)

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1 Mazmorras de la Cosecha (Archivo V) el 03/08/13, 04:00 pm

Red

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Recuerdo del primer mensaje :

Keiria despertó sobresaltada, incorporándose repentinamente en el catre en el que estaba echada. El brusco movimiento hizo que le sobreviniera un mareo, y llevándose las manos a la cabeza se sentó en el colchón, asegurando sus pies sobre el suelo de piedra. La humedad que impregnaba el ambiente le ayudo a recuperarse enseguida y, parpadeando confusa, echó un vistazo a lo que le rodeaba sin recordar aun como había llegado allí. Se encontraba en una estancia de piedra, iluminada tenuemente por una antorcha y ocupada solamente por el catre en el que había estado durmiendo. Las paredes tenían manchas de humedad, y una capa de polvo y suciedad lo cubría casi todo, removida únicamente en algunas partes del suelo en formas que recordaban a pisadas. Estaba buscando los grilletes en las paredes cuando por fin se aclaró su mente y la ibolense se acordó de Cordia, aquella mujer que había aparecido en su casa por la noche y le había prometido que en su mundo de maravillas dejaría de causarle problemas a su padre.
-Desde luego tengo un cuarto maravilloso -masculló irónicamente, poniéndose en pie algo tambaleante.

La única salida aparente de la estancia era una cochambrosa puerta de madera hinchada por la humedad, y hacia ella se dirigió la pelirroja con la esperanza de que no estuviera cerrada con llave. Por suerte solo estaba entornada, y la chica no tuvo problemas a la hora de abrirla y salir al pasillo que daba. El corredor estaba en las mismas condiciones que su acogedora estancia, simplemente tenía mas iluminación y la capa de polvo del suelo estaba mas revuelta. Keiria estornudó con fuerza y observó con ojos llorosos los dos posibles caminos que podía tomar, decidiéndose al fin por el que parecía estar mejor iluminado. A medida que avanzaba por el pasillo, se percató de que la luz que brillaba con mas fuerza en el camino que había escogido era natural, y al doblar la esquina se encontró en un enorme vestíbulo presidido por una enorme puerta entreabierta. La misma decadencia que le había acompañado en su pequeño paseo seguía estando presente, pero la claridad del exterior que se colaba por la entrada daba a la escena tintes menos siniestros, por lo que la muchacha se acercó a la arcada y empujó la plancha de madera con fuerza, haciendo chirriar las bisagras.

La repentina claridad la cegó por un momento, obligándola a parpadear con fuerza para aclarar su vista. Cuando por fin fue capaz de distinguir lo que tenía enfrente, la realidad la golpeó con menos fuerza de la esperada. Había empezado a intuir que la ciudad de maravillas que le había prometido aquella mujer no era mas que una patraña en cuanto despertó en aquella suerte de calabozo, pero había mantenido la incertidumbre hasta verlo con sus propios ojos. Ahora las ruinas que observaba solo confirmaban su primera suposición, y aunque muchos en su situación se habrían arrepentido de haber decidido ir a aquel lugar después de ser testigos del engaño, ella se negó a dejarse llevar por el derrotismo. Había decidido arriesgarse, e iba a apechugar con las consecuencias; solo esperaba que la parte en la que evitaba mas problemas a su padre fuera cierta.
-Rocavarancolia -murmuró para si con cierta dificultad, acordándose del nombre que le había dado Cordia a aquel lugar-, ciudad de milagros y portentos... desde luego en urbanismo no destacan -comentó, observando la calle en ruinas que tenía enfrente.

Solo veía una pequeña porción de la calle en la que se encontraba, pero enseguida le quedó claro que el estilo arquitectónico no seguía un patrón lógico y que chabolas convivían con mansiones de forma totalmente aleatoria. A pesar de todo la mayoría de los edificios estaban en mal estado, como si hubieran sido atacados, y el cielo gris que cubría todo daba al conjunto un aire decadente que mucho distaba de la ciudad maravillosa que le habían vendido. A lo lejos Keiria vio una plaza amplia, y aunque no estaba segura del todo, creyó distinguir que en ella se alzaba una fuente. A su espalda creyó distinguir ruido en las plantas superiores, así que no se entretuvo mas y se encaminó hacia aquella posible fuente de agua tras cubrirse el ojo izquierdo con su parche por costumbre, no quería arriesgarse a que nadie reconociera su ascendencia.

Continúa en la Plaza de la Fuente.


Tak


GM
La primera impresión que tuvo al abrir los ojos fue la de despertar en un videojuego, dentro de un escenario pasado de época, prehistórico o algo parecido. Sin embargo era un ambiente húmedo y cálido, muy real. Las paredes eran de piedra, pero de piedras apiladas, una construcción. Todo parecía estar mohoso y deshabitado, el olor del aire lo confirmaba. Se irguió de sopetón, quedando sentado en el camastro incómodo y con la cabeza dándole vueltas por un instante. Lo segundo en lo que pensó fue en encender de nuevo el ordenador, preocupado por las últimas palabras de su amigo. Jadeaba de nerviosismo, con la impresión de faltarle el aire, y no se calmó hasta que volvió a ver el tranquilizador gráfico con sus constantes vitales.

Se levantó despacio, avanzando hipnotizado hacia la pequeña abertura en la pared por la que entraba aire fresco. Sacó la cabeza fuera y ante él vio cielo abierto, nublado, y casas y calles ruinosas construidas a la intemperie. «¡Es cierto! ¡Viven a la intemperie! Aunque todo esto… está hecho una mierda. ¿Dónde estamos?» pensó. Tenían que llegar instructores o algo parecido, estaba impaciente por ver cómo era eso de la magia, pero no le cuadraba el estado de las habitaciones que les habían asignado. Ni lo que veía por la ventana. Pero se moría de ganas de salir a caminar a cielo abierto como no podía en su mundo. Siempre que salían no iban más allá de los viveros, y el frío le hacía querer regresar a las profundidades enseguida. Pero allí era diferente, de hecho, inconscientemente empezó a desabrocharse la ropa para quitarse la funda térmica. Si continuaba con ella puesta se iba a morir. Se le hizo extraño no llevar nada debajo, pero estaba tan impaciente por salir que se echó la funda al hombro y todavía recolocándose las botas abrió la puerta y salió al pasillo, donde había oído ruidos de pasos y chirriar de puertas. En la penumbra se encontró a otras tres figuras. Sabía que se podía encontrar todo tipo de criaturas y seres en la ciudad, y la curiosidad le pudo al avanzar hacia ellos. Un insecto gigante se abrazaba a un tipo que tenía rasgos similares a su cosechador. El aspecto del primero casi le hizo reír «¿esto qué es? ¿el sueño de un zoofílico?». También había una criatura chata y peluda. Al final la cautela le pudo y se paró a pocos metros de ellos, observándolos fijamente. Todo era demasiado surrealista para encajarlo de golpe.

Leonart


Diario del Caos:
Entrada Nº1: See you again, space cowboy

Spoiler:

Abrí los ojos. Confuso. Todo era oscuro. Y todo era naranja, por algun motivo.

Spoiler:
La sala oscura se convirtió en una pista de baile. Varias bolas de discoteca destellaban por encima de sus cabezas. La fiesta llevaba ya horas, pero no daba señales de querer parar pronto. Todo tipo de criaturas, desde heroes de leyenda, magos, dragones, alienigenas, monstruos y parecidos meneaban en esqueleto con ritmo. No siempre se celebraba la ascensión de uno de ellos al cuarto oscuro.
Se abrió paso por la multiud, procurando no pisar pies, patas, pezuñas y tentáculos mientras no dedicaba una segunda mirada a nadie. Saludó a su compatriota Dimitri que estaba sentado un par de mesas más alla, rodeado de mujeres de pechos gigantescos y figuras de reloj de arena. El viejo ruso bebia, reia y filtreaba con su corte personal de mujeres. El joven ruso, sin embargo, no sentia envidia alguna pues él no era tan ignorante, como para no reconocer a un grupo de transexuales cuando los veia. Suspiró y siguio su camino hacia el cuarto oscuro.
Quitando las implicaciones sexuales del nombre de este, como no, bautizado por Aluqa misma, la blindada y pesada puerta negruzca que conducia a él estaba custodiado por dos estatuas, una de un chacal con cuerpo de hombre y la otra por un cocodrilo, tambien con cuerpo de hombre. Las dos estatuas parecian estar en medio de un combate paralizado, zarandeando sus armas por encima de sus cabezas, apunto de golpear a su adversario. El ruso tenia que agachar un poco la cabeza para pasar.
Entró finalmente en el cuarto que hacia honor a su nombre. Las paredes estaban tintadas de un lustroso color negro, iluminado tenuemente por velas aleatoriamente esparcidas por la sala, sin ningun orden o sentido aparente que el de iluminarlo todo, casi recordando a una especie de ritual siniestro.
Diferentes muebles, así como sillones, butacas o sofás, de cuero y tapiceria negra,estaban repartidos por la sala, todos formando una especie de semi circulo entorno a  un sillón bastante raido pero de los mismos materiales que los otros.
Aparte de él, habia cuatro figuras más en la sala. Tres hombres y una mujer. El primero de ellos, de un porte bastante varonil pero algo flacucho, tenia un pelo de un color castaño intenso, casi chocolate y una maraña de pelo desorganizada por toda su cabeza que podia recordar al peinado del mismo joven ruso, al otro lado de la sala, salvo que la sensación que transmitia su peinado era de una salvaje belleza, no como el desorden que llevaba el chico por cabello. Dos patillas gruesas que terminaban a la altura de la mandíbula y una perilla corta, algo revuelta pero bien cuidada, como su cabellera. Llevaba un traje mandarín de un color naranja intenso que se iba tornando color melocotón en ciertas partes como el cuello o las mangas. Los broches y botones eran de oro puro y estaban decorados con caras de simios de diversa índole. El hombre giró la cabeza y le dedicó un guiño al chico. Este respondia por el nombre de "Rey Mono"
No remoloneó más y se dirigio hacia el viejo y raido sillón, que era suyo. Desde ahí pudo contemplar mejor la figura de Aluqa.
La súcubo, despanzurrada sobre un chaise-long de color negro, miraba aburrida al chico con sus ojos de un color rojo apagado mientras exponia su piel, tan clara y de aspecto tan vulnerable como la porcelana misma. Al final de sus pies y manos, la humanidad la abandonaba, dejando unas garras por dedos y uñas de aspecto tenebroso y malsano, un púrpura apagado. El chico sabia que no debia caer bajo su encanto en ningún momento o estaria perdido, así que no le dedicó una segunda mirada. Sabia, además de haber contemplado a la súcubo en otras ocasiones, que tenia un par de alas enanas a la espalda y una escurridiza cola rosada en el nacimiento de la rabadilla. La mujer además, solia cambiar su cabello largo y su ropa muy a menudo, optando siempre por tonos oscuros y apagados, normalmente negro la mayoria del tiempo.
En una esquina de la sala, de pie, localizó al tercero. Un hombre bajo, más o menos de su misma altura. Llevaba una fedora en una cabeza, por encima de un pasamontañas color beis e iba fuertemente abrigado, con ropas típicas del londres victoriano. Una pipa encendida en su mano derecha y un reloj de bolsillo en su mano izquierda. Tenia la cabeza gacha, parecia contemplando el reloj. Pero la levantó en cuanto vio que al fin habia llegado el joven ruso. Al hacerlo, pudo contemplar de nuevo el siniestro cosido del pasamontañas que tenia por cara. Habia trazas esporádicas de sangre donde deberia ocupar sus ojos, nariz y labios y el ruso nunca habia llegado a ver su cara. Siempre habia pensado que alguien o algo le habia cosido ese pasamontañas a la piel dándole ese aspecto tan siniestro a su, por otra parte, correcta indumentaria, comparado con los otros tres presentes. Este respondia bajo el nombre de "El Detective"
Y, por último, habia una figura nueva en aquella sala. Le habria visto una o dos veces antes en la antesala, pero esta era la primera vez que contemplaba al Bufón en el cuarto oscuro. Una sonrisa siniestra asomaba en su rostro junto con una nariz afilada, remantando su cabeza un exagerado sombrero de copa que tapaba sus ojos. Su piel era pálida, pero no era una palidez como la de Aluqa que tenia cierta belleza, no, su palidez era enfermiza. Era la de un cadaver. Por debajo de la piel de la cara que se dejaba ver casi se podia distinguir el hueso. Una mueca permanente en esta, que podia recordar a una siniestra sonrisa, rematada por un pobre intento de pintarse los labios de color carmesí. La sonrisa se componia de una manera antinatural por un conjunto de dientes incisivos sin ningun desperfecto, salvo el color amarillento que portaban. Sin embargo, las encias, parecian inyectadas en sangre. Tenia los brazos reposando en su regazo y le dedicaba su sonrisa espeluznante a todo el mundo en la sala. Su traje, que se componia de un tuxedo purpura, camisa anaranjada y pajarita amarilla, le daban un toque sofisticado que palidecia grandiosamente al lado de tan grotesca sonrisa. Sin duda alguna, el bufón era de los que más le causaban escalofrios al joven ruso.
Finalmente, tras una pausa de un silencio inpropio, alcanzó con la mano un microfono plegado a un costado del asiento. Tras graduarlo a su altura se aclaró la voz y se volcó sobre este, preparado para lo parecia ser dar un discurso.
El discurso fue sustituido por un profundo y resonante eructo, acompañado de un agradecimiento por haberlo escuchado nada más terminar.
Y fue entonces en aquel momento cuando el joven ruso se despertó de súbito.

>>Oscuridad. Estoy empapado de alguna sustancia extraña. A primera vista, bien podria ser orina o semen. La simple idea hace que me entren arcadas. Dirijo dos dedos y los paso por encima de mi mojada ropa. Despues me los llevo a los labios, sin vacilar.
Es agua, por suerte. Debe de ser de todo el hielo que se habia pegado a la ropa antes de que fuera trasladado a esta siniestra y húmeda mazmorra. Parpadeo un par de veces más y contemplo el cuarto, mientro dejo que el chaval haga lo que le venga en gana. No es mi cuerpo para decidir.

-¡Ah coño!... que todavia llevo las gafas.-exclamé alzando las manos hacia mi cara. Torcí el gesto al comprobar que mis ropas no se habian vuelto blancas. Estaba claro que el pintoresco hombre de las nieves no habia leido mucho Tolkien, pero decidió pasar de aquello. Si de verdad estaba en aquel sitio tan fantastico, deberia salir a investigar, a conocer a los pnj y empezar directamente alguna ruta.
>>Antes de que te vayas por las ramas con tus tecnicismos e historias, quizás convendria que un narrador en tercera persona contara tu historia ¿No crees? Puede ser bastante confuso, alternando entre primera y tercera.
>>¡Qué le den a las normas, tengo dinero!
>>No, no lo tienes.
>>Ah entonces... si, un narrador en tercera persona estaria bien.

- Suspiro -

Palpó en la oscuridad su costado, recorriendo la pierna de arriba a abajo hasta encontrar el estuche que buscaba. De él, extrajo su consola, de un color carmesí fulgurante y, casi por costumbre, la encendió. El fogonazo de luz que saltó de la pantalla le hizo exclamar en voz alta mientras ponia la cara de lado y salia la pantalla de inicio y despues otra pantalla, más oscura que le pedia una contraseña para garantizarle acceso a la máquina. Un teclado táctil aparecia más abajo y el ruso pronto tecleó algo rápidamente, a una velocidad casi inhumana. Un sonido de una orquesta digital inundó la mazmorra mientras salian varias chicas de diferentes caracteristicas, pero dibujadas con estilo manga. Estas soltaban piropos a su "hermanito", "amo", o "escoria" en un ruso perfecto, casi melódico con una sonrisa radiante y la misma sonrisa tonta apareció en el rostro del chico.
-Ya he vuelto mis pequeñas ¿me habeis echado de menos?-dijo como solia hacer cuando los personajes dentro de la consola le recibian tan cariñosamente. Frunció el ceño al comprobar que no habia ninguna red wifi abierta salvo una que se llamaba "RocaComoMeRobesElWifiTeMatoVarancolia" y al no ser la clave "3333" decidio desistir en "hackear" aquella bizarra red que desapareció casi al instante de todas formas, como fruto de algún espejismo. Pero en aquel momento se dio cuenta de una cosa. No habia traido el cargador consigo.

El mundo se le vino abajo. Lágrimas de desesperación corrieron por sus mejillas y se tiró al suelo, rodando de pura y destilada pena.
O puede que no tan exagerado, pero aún así le jodio mucho. El suelo estaba sucio y tal.
Apagó la consola, queriendo economizar al máximo su bateria, que aunque fuera bastante buena, permitiendole jugar casi cuarenta horas non stop, nunca seria lo suficiente.
Sentia que se olvidaba de algo. Sabia que no eran sus llaves, porque él no llevaba llaves. Tampoco móvil por que este cayó por una ladera de la montaña. No, era algo más reciente.
Fue Aluqa quien se lo recordó.
>>¿No habias dicho que querias conocer a los demás?

Genuinamente sorprendido, golpeó con su puño la palma de su mano, con gran sorpresa y se lo agradeció a la súcubo, provocando suspiros de los otros tres seres que pululaban por su mente.
Se puso en pie de un salto y soltó un grito de concentración, mientras hincaba las rodillas hacia los lados y flexionaba los brazos cerca del costado, como habia visto tantas veces en aquella serie que trataba de un grupo de heroes hipermusculados que volaban y lanzaban ondas mágicas para luchar contra alienigenas que querian destruir el planeta tierra. Aunque tambien habia de fondo algo asi de siete bolas mágicas que concedian cualquier deseo, pero la verdadera esencia de la serie constaba de gente hipermusculada mirandose amenazadoramente y gritando.
-¡CALOR!-exclamó con furia sincera. A continuación se revolvio como una culebra, luchando por librase del caluroso anorak que ya no era necesario, pues no estaba con nieve hasta las rodillas. Cuando por fin se libro de la ropa extra, se quedó mirandola con aires de superioridad, con los nudillos reposando sobre sus caderas. Dejó escapar una risa pausada y poderosa para luego señalar a la ropa con el dedo y hablar con un tono de voz imitado de algun villano que en esos momentos no recordaba.
-¡Te he vencido, necio anorak! ¡Ahora permanece ahí hasta que tu vida expire!-y a continuación soltó otra carcajada de villano para echarse el anorak al hombro y salir por la puerta.
La oscuridad lo envolvia todo y el llevar gafas de sol no ayudaba en absoluto. Reticente de quitarselas, por el factor molón que le aportaban, el ruso decidió recurir a otra opción más sensata, al menos para él. Se remangó el brazo derecho, revelando en su dedo anular, una anillo verdoso, un merchandise bastante caro que era una réplica de un afamado cómic americano que trataba de un superheroe que formaba parte de un cuerpo policial de la galaxia y que, usando ciertos anillos de poder, conseguian mantener el orden y la justicia en el espacio. Tal y como recordó que funcionaba, recitó el juramento, un trato bastante expandido entre los fans de esta historia.
-En el día más brillante,
En la noche más oscura,
Ningún mal escapará de mi vigia.
Dejad que aquellos que veneren el mal tiemblen ante mi poder,
la luz de LINTERNA VERDE!
-
Al final de la frase, hubo un estallido de luz proviniente del anillo que se fue graduando hasta adquerir una especie de utilidad parecida a una linterna, una linterna de color verde. Una risilla feliz se escapó de sus labios y se internó en aquel húmedo y siniestro pasillo de la mazmorra, sin miedo ninguno, pues creia portar un arma letal en su dedo.

Lupin


Así Ozzchreanos abrió los ojos. Y estos registraron el cuarto en el que se encontraba, tan distinto a su habitual. No se pinta en su rostro ni un ápice de sorpresa, ni extrañeza; pues aunque su cuerpo se incorpore, sus oídos sientan al lecho quejarse y sus plantas descalzas toquen el suelo y levanten el cuerpo del gran ochrorio, este sigue durmiendo. Así Ozzchreanos soñó Rocavarancolia.
Al principio no anda, solo contempla las paredes hasta que sus ojos encuentran lo que sin duda es una salida. No tarda más que unos instantes en acompañar a su vista con el movimiento de toda la maquinaria del cuerpo ochrorio y se dirige hacia la puerta, que está abierta tal como no se espera alguien que no espera nada. El mismo rostro vacío ve el pasillo y elije una dirección sin sentido por la que avanzar, pues todas las direcciones carecen para él. Quieras llamarle "suerte" o "casualidad", el sonámbulo acabó encontrando el exterior. Así Ozzchreanos se cegó en un sueño.
[Sigue en la Plaza de la Fuente.]

Giniroryu


GM
Archime ni siquiera se había enterado de como el mago los había dormido a Ippon y a él. El biomecánico no se había acordado de despedirse de su familia, pero a buen seguro sus padres habrían visto lo sucedido a través de la red. El irrense, además, se había asegurado de desconectar su brazo por completo, sabiendo que la magia podía interferir gravemente con la electrónica.

El irrense se desperezó, incorporándose en el precario catre en el que se encontraba. Cuando abrió los ojos, una mancha en las gafas le hacía ver la habitación distorsionada, por lo que se apresuró a sacar un trapo destinado a la limpieza de las mismas que guardaba en el bolsillo del pantalón y se las colocó de nuevo a toda prisa tras adecentar los cristales. Mientras lo hacía comenzó a jadear. La forma física del chico era prácticamente inexistente, pero una acción como aquella no debería suponerle ningún esfuerzo.

No, era el ambiente. Tan pronto se despejó de su sueño, Archime notó el asfixiante calor que hacía en aquella sala, así como la humedad que acrecentaba la sensación térmica que hizo comprender al irrense que en Rocavarancolia su ropa térmica no era más que un impedimento. Pues sin duda debía encontrarse en la ciudad de las leyendas, simplemente la temperatura del ambiente lo confirmaba, pues era evidente que allí no había ningún tipo de tuberías, termostatos ni ningún otro indicativo de que la sala estuviese aclimatada artificialmente. Aquellas temperaturas eran imposibles en Irraria de otro modo.

Y sin embargo quel lugar no tenía nada de mágico. Ni de portentoso o milagroso. La escrutadora mirada del programador se posó en cada rincón de aquella mugrosa habitación. ¿Habría sucedido algo mientras estaba sin conocimiento? ¿Por qué había estado sin conocimiento? Archime estaba casi seguro de que había una lógica tras aquello, ya que si por algo se caracterizaba la visión de Rocavarancolia que había tenido su cultura hacia años era por la completa discrección a la hora de abordar las características del mundo en el que se encontraba. El hecho de que no quisieran desvelar sus secretos a la ligera tenía sentido, tal vez al principio los examinaban de alguna forma, para asegurarse de que habían sido correctamente elegidos, o algo semejante. Archime sacó unas cuantas fotos de la estancia con sus gafas, y las almacenó en el ordenador traspasándolas mediante conexión inalámbrica.

Pero aquella sala tan roñosa... Archime sacudió la cabeza, no podía cuestionarlo todo tan pronto, podría haber numerosos motivos para aquello. Lo más apremiante en aquel momento era quitarse la ropa térmica. Se quitó la bata con cuidado para que no se le cayese nada de los bolsillos y de forma bastante más descuidada los pantalones y la camiseta. Se desprendió de aquellas prendas que lo estaban asfixiando y volvió a vestirse apresuradamente. Dobló la ropa térmica y se la sujetó con los pantalones, dentro de la bata.

Su celda no tenía ninguna ventana, pero la puerta estaba rota, indicativo de que no le habían retenido allí, cosa que interpretó como una especie de buena señal entre todo lo malo. Aunque faltaba la mitad de la madera, pues se trataba de una puerta muy anticuada y sin ningún tipo de seguridad electrónica, Archime giró el pomo tras darse cuenta de que el mecanismo para abrirla era tan anticuado como el resto del complejo, fuese del tipo que este fuese.

Una vez fuera, oyó voces tras una esquina, aunque no comprendía nada de lo que decían. Dirigió sus pasos hacia allí, pasando por unas escaleras en las que notó la presencia de alguien y se giró hacia allí para después observar fijamente a la figura durante unos instantes. Su anatomía se parecía un poco a la de los irrenses, pero había claras diferencias tales como las orejas. Por el tipo de peinado que llevaba estaba casi seguro de que era una mujer, pero no podía afirmarlo tratándose de una especie alienígena. Otros mundos... Sin duda Irraria no debía haber sido el único planeta que había recibido la vuelta de Rocavarancolia. No, por lo que sabía, aquellos otros mundos podrían haber continuado recibiendo a los rocavarancoleses aunque ellos estuviesen incomunicados, realmente desconocían el motivo por el que la ciudad no había vuelto a Irraria en todos aquellos años.

Reaccionó dando un pequeño saltito, tal vez al alinenígena no le gustase que le observasen y llevaba lo que parecía algún tipo de arma primitiva colgada de los pantalones y decidió seguir su camino, no sin antes colocarse sus gafas apresuradamente y hacer otra foto de la escaleras y el alien.

Llegó a la fuente de las voces, y pasó su vista por el grupo de seres vivos que parecían estar hablando en idiomas incomprensibles. Más alienígenas... Un irrense. ¡Un insecto gigante! El que se parecía tanto al mago rocavarancolés tenía sobre él un insecto enorme. Archime hizo una nueva foto y se quitó a toda prisa las gafas. Sin quitar la vista de encima del insecto gigante, se acercó al grupo aunque manteniendo una distancia prudencial. Pero había un irrense, recordó. Se fijó bien en él por primera vez, observando sus dos brazos biónicos. Uno no disponía de ordenador ni de ninguna otra funcionalidad aparente, tal vez aquel chico había perdido ese brazo. Quería examinárselo, pero quizás se enfadase si le cogía el brazo sin más.
-Hola -saludó escuetamente-. Presupongo que eres otro elegido.
A continuación estiró el brazo para intercambiar los datos con él, preguntándose en ese momento si Ippon también estaría por allí. Tilecio de dieciocho años. Después de leerlo, apartó su vista de su congénere para observar fijamente al insecto y a los otros alienígenas.

Jack


Volvía de la fiesta caminando tranquilamente por la calle Adamson, admirando el silencio de las calles y del parque Flynn a mi derecha. Pese al silencio reinante, en mi cabeza sonaba aún el tamborileo del grupo de la asociación, al cual ajustaba el ritmo de mis pasos. Sin embargo, de pronto la temperatura descendió bruscamente y el aire se tornó muy cargado. Tanto que pronto apareció como una barrera sólida ante mí, amenazando con rodearme por completo. Me quedé quieta, mirando nerviosa en derredor, buscando una salida, hasta que el suelo cedió...

Y desperté con un quejido. Estaba desorientada y perdida en el lío de una sábana. Me tomo mi tiempo para salir del caos y acabo sentada contra la cama, la cabeza en el borde del colchón y la sábana a modo de cojines debajo. Por fin puedo bostezar y estirarme tranquilamente, aunque tengo una sed horrible <<Toca hacer recuento... A ver... ¿Ropa? Puesta. ¿Ropa interior? Puesta. Entonces anoche no me fui con nadie... Vine sola, lástima. Y, y, y...>> Entonces alzo la cabeza y me fijo en el lugar tan deprimente en que estoy <<No, definitivamente no ligué>> pienso riendo en voz alta <<¿Pero entonces? A casa llegué porque no tengo las llaves encima, así que un secuestro tampoco. Pero tengo la trenza hecha un asco y siempre la deshago antes de acostarme... ¡Eh! ¡Había un chaval mayor que yo esperándome!>>

Me levanto repentinamente, dejo la sábana encima de la cama y doy un par de vueltas por la habitación mientras trato de hacer memoria. Volvía de la fiesta, pasé por el parque Flynn, avenida Memorial, llegué a casa y el mozo este apareció.

-¡Rocavarancolia! ¡Eso era! Pues es un tanto deprimente este sitio, ¿eh? No esperaba una habitación cinco estrellas, pero pintabas una ciudad de maravillas nunca vistas, al menos un cuarto con espejo. Vamos a ver esta ciudad, a ver qué animales fantásticos tiene, al menos.

Pero antes de salir, compruebo que sigo llevando mis cosas encima y me rehago la trenza como puedo.
-Lista. A la aventura. Adiós, cuartucho gris.

Tras la despedida, avanzo hacia la puerta y la abro sin problemas aunque es un tanto pesada para ser una puerta. Eso sí, el chirrido debe haberse oído en todo el universo. Ante mí se extiende un pasillo en más tonos de gris, con humedad y de aspecto viejo. Y sucio. <<Esta gente... ¿Por qué me habría dejado aquí el muchacho aquel?>> El descansillo está levemente iluminado, pero al final hay unas escaleras así que me encojo de hombros y decido bajar. Lo mejor es que el eco del lugar trae voces de más abajo, así que más motivo para bajar. Y la aventura me premia con la vista trasera de una chica más baja que yo, de piel oscura, cabello verde recogido en dos coletas altas, un chaleco de cuero, botas y guantes, una camisetilla blanca, y unos pantalones ajustados que, por desgracia, están cubiertos por un pañuelo verde justo bajo la cintura. Otro chicho rubio baja por delante y se me pierde de la vista, así que acelero y me acerco a la peliverde, a la que toco en el hombro antes de decir nada, no vaya a tropezar y rodar hasta el suelo.
-¡Hey, hola!

NH


Antes de llegar al final de la escalera se cruza con un... ¿era un chico? Tenía el pelo de color chillón, vestía como un médico y lenía las orejas absurdamente pequeñas. Marsi temió que hubiese sufrido algún tipo de accidente o malformación. Además, estaba muy pálido, pero no lo bastante como para ser balera. Fue a saludarle, pero el tipo al verla alzó un brazo metálico hacia ella, se dio la vuelta y se fue, ignorándola. << ¿Y este tío raro?>> pensó indignada. Podría se otro espíritu, así que pensaba seguirlo para pedirle explicaciones. Pero una voz a su espalda la detuvo.

Era como el espíritu que se le había presentado aquella noche, algo distinta, con el cabello negro y la piel rosada que no brillaba ni un poco. Además era un espíritu femenino. No había escuchado bien sus palabras, por lo que le pidió que las repitiera.

-Er.. hola. Perdona, ¿sabes como se sale de aquí? ¿Eres amiga o familia o algo por el estilo del espíritu que me trajo? Era como así de alto y verde y se convertía en árbol...

Dejó de hablar al sonarse como una auténtica lunática. Y bajó la voz y el brazo con el que había marcado la altura de su cosechador hasta quedar en un incómodo silencio. Miró atrás en busca del tipo de la sorejas diminutas, sin éxito.

Zarket

avatar
GM
Al poco de empezar a andar sentí a algo tocándome en la pierna. Extrañado, me di la vuelta, dando un salto cuando vi qué era lo que había allí. Una especie de canguro no mucho mayor de un metro me miraba abrazando su bolsa. "Esperaesperaespera. ¡¿Está hablando?!". No estaba seguro porque no la entendía, pero desde luego movía la boca y salían sonidos de allí. Comencé a tamborilear con el pie mientras flipaba en colores al darme cuenta que esperaba que dijese algo. «Pero no, no puede ser. ¿Desde cuando cojones los canguros hablan? ¿Es que me han metido en una película para niños o qué?». Comencé a mirar hacia los lados esperando que saliese alguien gritando "inocente" o algo parecido, aunque dejé de hacerlo al darme cuenta que con eso el dolor de cabeza solo empeoraba. «Dios, necesito un paracetamol»

Fui a contestarle, pero un extraño zumbido me interrumpió. Intenté ver en la oscuridad sin conseguir observar nada más que una silueta un tanto rara, algo más alta que el canguro o ser que había hecho sonidos con la boca. «Porque los animales no hablan. No señor». Mientras pensaba eso el nuevo ser salió a la luz de una de las antorchas, dejándome absolutamente blanco al ver cómo era.

—¡¿Pero qué cojones es esto, una película de terror mala o qué?! ¡Joder, solo falta el loco con el hacha! —para mi desgracia, el bicho estaba haciendo otro tipo de sonidos. Parecía que, al gual que la canguro, aquel insecto gigante también hablaba—. Jodeeeeer, si parece que me he metido en un libro de cuentos. Ciudad de las maravillas y una mierda-AAAAAAGHHHHHH. QUÍTATE DE ENCIMA BICHO —el maldito ser-bicho-insecto gigante-cosa zumbadora había decidido que mi cuerpo era un maravilloso lugar al que abrazarse, cosa que no me hacía ni pizca de gracia. No me daban mucho asco los bichos, pero siempre que tuvieran un tamaño de, como mucho, mi mano. Algo tan grande me daba bastante asco, especialmente agarrado a mí, por lo que comencé a tirar de él mientras le gritaba que se apartase. Ni siquiera me di cuenta de la aparición de dos personas más hasta que alguien activó una cámara con flash. Maldiciendo el dolor de cabeza, que no estaba haciendo otra cosa que aumentar con aquella escena, me giré hacia los recién llegados. Parecían humanos, aunque no podía verlos bien.

—¡¿Podríais ayudarme en vez de charlar tan tranquilamente, no?! —seguía intentando quitarme al insecto de encima, aunque no estaba consiguiéndolo. Enfadadado, le di un golpe en la cabeza para llamar su atención y le señalé al suelo—. ¡¡Y tú, bicho, quítate de encima!! ¡¡Vamos, al suelo!!

LEC

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Ippon abrió los ojos de golpe, con el recuerdo de la noche anterior grabado a fuego en la cabeza. Lo primero que hizo fue erguirse sobre el camastro de piedra, con la espalda dolorida. Lo primero que sintió fue calor, un calor asfixiante que le hizo olvidarse incluso del lugar en el que estaba. Fue a quitarse la ropa térmica, pero tenía un problema; si se lo quitaba, a la mínima emoción fuerte que sintiese le podría dar una descarga eléctrica, y no quería arriesgarse. Soltó un gruñido por aquello, sabiendo que tenía dos opciones: o se moría de calor o se arriesgaba a morir electrocutado. Ninguna opción le gustaba, y no tenía nada con lo que recortar la ropa para hacerse una bufanda improvisada o simplemente dejarse el cuello de la ropa a modo de gargantilla, por lo que decidió salir de allí a ver si Archime, el único al que conocía, tenía unas.

Se levantó de la cama y encendió el ordenador casi al mismo tiempo, mientras una sensación de estar en el lugar equivocado lo abrumaba. Si Rocavarancolia había existido, cosa de la que había dudado, no había sido así. Los archivos describían la ciudad como una maravilla, y aquello parecía sacado de algún videojuego ambientado en una época pasada. Empezó a sacarle fotos a su habitación y el atisbo de lo que se encontraba en el exterior que veía desde la ventana. La ciudad no era una maravilla, no había portentos ni los instructores de magia parecían aparecer. Tenía calor y este le impedía pensar bien, por lo que salió del cuerto a un pasillo ligeramente iluminado.

Avanzó sin fijarse en nada más que en el ordenador, observando el exterior de la ciudad en su fotografía. No le gustaba el exterior. No porque fuese decadente, sino porque había vivido toda su vida bajo tierra. Y salir le daba miedo, un miedo irracional que no sabría cómo superar. Subió unas escaleras sin darse cuenta, para encontrarse con algunos alienígenas y un insecto gigante. Su sorpresa se plasmó en más de diez fotos sacadas desde distintos ángulos y desde diferentes distancias, aunque no tuvo que acercarse gracias al zoom. Mientras tanto, el alienígena gritaba algo que no entendió al bicho. Luego se fijo en Archime y en el otro irrense y se acercó a ellos. –Hola –saludó, entusiasmado, y extendió el brazo hacia el desconocido  para el intercambio de datos, que no tardaron en aparecer en su brazalete. -¿Alguno tiene unas tijeras? –preguntó, desesperado. Se estaba asando de calor y dudaba aguantar más con la ropa térmica puesta.


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Que ahora sea una transformada no quiere decir que odie menos los spoilers, Invitado, por lo que no te recomiendo hacerme ninguno.

Vlad

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Yrfylltabgemesh despertó de súbito sobre un mohoso colchón, cuyo espesor más bien humilde a duras penas separaba su espalda del duro camastro de madera burda. Contempló con nerviosa pero minuciosa atención cuanto le rodeaba. Una sala de piedra, llena de moho y de humedades. Se levantó con velocidad, aunque con cierta cautela. Podía haber trampas o enemigos ocultos. No en vano, se encontraba en aquel supuesto mundo para probar sus habilidades, y no debía demostrar ni impulsividad ni falta de prudencia con tanta facilidad.

Tras escanear la zona con su ávida mirada, se percató, con gran disgusto, que allí no estaba su zacltisch. Un hondo sentimiento de reproche y culpa copó el fuero interno del agaloch, que había olvidado, presa de su infantil entusiasmo, su arma predilecta. Al palparse, encontró por otra parte tres dagas en buen estado que sí podrían serle de utilidad, pero tampoco portaba consigo ni munición ni chernogarrortsk, cosa que tampoco parecía tener demasiada relevancia, si atendía al hecho de que carecía del arma que utilizaba aquellos materiales.

Suspiró hondamente en lo que a las claras era un gesto de profundo desasosiego con gruesos matices de pesimismo. Se encontraba en un mundo nuevo, extraño, enviado por el mismísimo Chernogar para demostrarse digno de llamarse su elegido. Aquello tenía muchas implicaciones, pero un significado principal más que claro: Duras pruebas le aguardaban durante el siguiente año. Y debería enfrentarse a ellas armado con tres dagas. Sí, aquello pintaba genial.

Sólo una antorcha iluminaba la estancia de roca, y una única puerta se mostraba ante él en medio del muro. No pudo más que desconfiar, y no dio un paso sin antes comprobar que bajo su cama no había nada que pudiera dañarlo. De la misma manera, decidió no pisar el suelo, y avanzar por el momento por las paredes, cuyo pronunciado relieve permitieron al muchacho desplazarse con relativa facilidad hasta la salida.

Tras cruzar el umbral (y comprobar que no había trampas de ninguna clase) avanzó por el pasillo que se extendía ante él, utilizando entonces el techo. Aunque ese método de desplazamiento le resultara más costoso, decidió que toda precaución era poca hasta que reconociera mejor el terreno por el que tendría que desenvolverse.

En poco tiempo, Yrfylltabgemesh se encontró ante un derrumbamiento en una de las habitaciones, que permitían ver qué se extendía más allá de los muros. Contempló el paisaje que se extendía ante él con fascinación. No sólo le llamaba la atención la curiosa arquitectura, que le resultaba cuanto menos peculiar, sino que también lo atrajo la desolación reinante en la urbe, aparentemente desolada. No podía esperar nada menos de Chernogar.

Cuando dejó de regalarse la mirada, el asesino continuó su travesía a través del edificio. Podría haber salido directamente por aquel derrumbamiento, pero posiblemente habría sido sorprendido por algún tipo de criatura, o quizás por algún contrincante más listo que las mismas bestias y mejor armado que él. Quién sabía, podía haber más elegidos, y era posible que no todos hubieran sido tan idiotas como para dejarse el zacltisch al lado de la cama.

Siguió su silencioso paseo por el techo, maldiciéndose para sus adentros, hasta que unos extraños ruidos le atrajeron tras una esquina. Se asomó cuidadosamente desde la altura, realientizando sus movimientos para no ser detectado.

Allí se encontraba un variopinto grupo de personajes, cada cual más extraño, cuyas anatomías jamás habían sido contempladas por el hagaloch, y cada cual hablaba en una jerga diferente, que no había oído pronunciar por labios comunes o de esclavos. Aquella era, cuanto menos, una escena peculiar, pero no parecía demasiado amenazadora. De hecho, a excepción del insectoide, todos parecían bastante inofensivos. De no haber sido por su obligada y autoimpuesta prudencia, Yrfylltabgemesh habría intentado matarlos a todos de una sentada. Pero uno iba claramente armado, y habría sido una necedad por su parte presuponer que el resto no lo estaba. Además, las apariencias engañaban, y no podía esperar que aquel aspecto desvalido no fuera más que una fachada que ocultara la verdadera y aterradora naturaleza de sus personas. Por ello, se decidió a mantenerse vigilante, contemplando el desarrollo de los acontecimientos hasta que surgiera la oportunidad de actuar.


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¿Qué es más divertido que matar a un bebé en una batidora?

Matarlo con la tapa abierta.

Jack

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La joven se gira y, para mi asombro, ¡tiene orejas de elfo! ¡Y nariz de gato! Y unas gafas de aviador sobre el cabello. Y mira qué detalles en los guantes y las botas... ¿Cómo era? ¡Steampunk! Me gusta su estilo, pero mira que haberse operado las orejas para parecer un elfo... ¿Pero la nariz? Eso no se puede operar... ¿O sí? Hay gente para todo, al fin y al cabo.

Entonces la chica me responde en una lengua fluida y suave que no conozco para nada, a la par que hace unos gestos que a nada puedo unir. <<A ver, veamos...>> Empiezo a hablar pero esta vez más despacio y señalándome.

-Alice. A-lice.-repito un par de veces y luego señalo el sitio en que estamos abriendo los brazos.-Rocavarancolia. Ro-ca-va-ran-co-lia.-y finalmente la señalo a ella, para volver a repetir lo de mi nombre al señalarme.

Pero entonces se me ocurre algo mejor y procedo a escribir todo lo dicho en una hoja de mi libretita, la cual luego arranco y se la doy. <<A ver si así nos entendemos. Si escribe algo me ayudará a entendernos, mientras sea europeo>>


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Die wahre Macht, die uns beherrscht, ist die schädliche, unendliche, verzehrende, zerstörende, unstillbare Gier...
Spoiler:
El verdadero Poder que nos controla es la vergonzosa, interminable, desgastante, destructiva e insaciable Sed...

Evanna

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Se sentía incomodo, muy incomodo. Frío, el frío colándose en su cuerpo haciéndolo tiritar, en ese estado de duermevela previo al despertar. Se revolvió en busca de las cómodas sabanas de su cama, que como siempre acaban disperdigadas por la habitación por sus movimientos nocturnos, tanteando sin querer despertarse el lugar donde estaba acostado. Áspero, duro, no blando y suave como era su colchón, murmurando incoherencias aun medio dormido y quejándose por lo bajo de sus hermanas y sus bromitas, se medio incorporo, pasándose las manos por los brazos al notar el frío colándose en su cuerpo con mayor fuerza espabilandolo.

"Esta situación debe de tratarse de otra de las acostumbradas bromas de mi hermana Lihianna" pensó por unos momentos antes de abrir los ojos e intentar ubicarse. No le costo mas de un par de segundos abrir los ojos enormemente al encontrarse en ese espacio sucio, feo, oscuro y tétrico. Se levanto de golpe de la cama dándole un ligero mareo y palpo su cuerpo asegurándose de estar entero. ¿Plataformas verdes? Bien, ¿Pantalones en su lugar? Bien, ¿Camiseta verde en su lugar sin desperfectos? Bien y su cuerpo no tenia herida alguna así que perfecto. Tras asegurarse sus ojos asustados intentaron ubicarse en la precaria luz de la habitación donde estaba metido preguntando como demonios había acabado en semejante lugar.

Como un flash paso por su mente detalles inconexos, humo verde...la voz suave de una mujer prometiendole un mundo de fantasía como el de sus libros, magia. Los recuerdos del momento inundaron la mente de Dhelian que sacudió la cabeza levemente pasándose los dedos por sus cabellos rojizos que cubrían su real tono de cabello y su otra parte. "Este lugar es espantoso, increíblemente feo y sucio, esperaba un lugar mas luminoso, limpio y bonito...¿y que es ese olor?" pensó frunciendo la nariz y poniendo un leve puchero de disconformidad ante el olor a humedad y suciedad acumulada de a saber cuanto tiempo. Un nuevo estremecimiento le recorrió entero, ahora que estaba despierto el frío se hacia mas patente en su cuerpo, no podía seguir quedándose en ese lugar, debía encontrar a mas gente, luz, algo de luz y calor.

Con pasos dudosos en sus plataformas verdes y abrazándose a si mismo se dirigió a la puerta, o lo que parecía una puerta pues esta apenas estaba bien colocada y con cierto disgusto ante el tacto rugoso de la madera la abrió con un poco de esfuerzo, viendo un ruinosos pasillo alumbrado por unas antorchas que daban un luminosidad triste y deprimente al lugar. Salio al pasillo intentando calentarse las manos y brazos con su aliento, observando el lugar piedra rugosa y sin el color brillante que acostumbraba a ver, sino un frio tono grisáceo. Incluso el mundo tras su gafas oscurecidas, que llevabas colgadas del cuello,  era mas brillante que aquel lugar, aun tiritando mientras se metía mas y mas en aquellos pasillos que parecían querer tragárselo. Una lucecita parpadeante apareció en su campo de visión, un alivio inmediato le sobrevino ante el brillo de aquella luz que iluminaba mas que las tristes antorchas semi apagadas que se había encontrado.

"¡Por el Demiurgo!, hay mas personas perdidas en este deprimente lugar" pensó aliviado, mientras sin cuidado alguno iba hacia la fuente de luz encontrándose a una persona, o al menos tenia su misma fisonomía aunque esa tono de piel resultaba tan simple y plano como el del resto del lugar que lo rodeaba, casi parecía enferma a juzgar por su color de piel, pero tenia un cabello brillante y colorido así que no debía ser malo.

-Buenos días, estoy feliz de ubicar alguien en mi misma situación, el nombre por el que soy llamada es Lhelian, puede llamarme de esa forma -se presento en un susurro bajo y melódico, estaba disfrazado en aquellos momentos por tanto no era Dhelian, sino Lhelian, lo cual era una suerte sino fuese así nunca se habría dirigido a aquella persona frente a el- Lamento si mi pregunta llega a molestarle, pero su piel....¿se encuentra, por un casual, bajo el desafortunado yugo de alguna enfermedad?- pregunto con curiosidad en su voz suave y dulce, como el sonido  susurrante del viento, mientras mantenía su cuerpo hecho una bolita abrazándose a si mismo sobre aquellas plataformas verdes que le daban una altura considerablemente mayor a la propia.



Última edición por Evanna el 03/08/13, 06:47 pm, editado 1 vez


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Invitado, sueñas con un mundo perfecto...
...tu paraíso personal...
...donde lloras tu imperfecta realidad

Poblo

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Xalkoth tendría que haber imaginado que el mono entraría en pánico, pero el frío le había hecho actuar prematuramente. Ahora se debatía internamente entre si soltarse del pobre animal o si quedarse. El simio intentaba librarse de él pero con la fuerza con la que le empujaba difícilmente podría quitarse al clinger de encima, y menos cuando se había agarrado con ambas manos y pies.
Ignorando totalmente al mono se fijó en que habían llegado más animales, mamíferos también. “¿Pero qué es esto? ¿Me han metido en un zoo?” Además no eran animales corrientes. Todos llevaban algo puesto. “Quién los habrá disfrazado así? ¿Y por qué? Esto no tiene ningún sentido”

A Xalkoth le pareció que le golpeaban en la cabeza, pero fue algo tan tenue que pensó que se lo había imaginado. Aun tenía frío, pero era mejor que tener que aguantar a un mono chillando, así que, a su pesar, el clinger separó los brazos del animal, pero siguió aferrándose a él con los pies. Luego, ayudándose de las alas dio un salto y se agarró al techo, derribando al mono pelado en el proceso.

Bien agarrado contempló la escena que sucedía debajo de él con curiosidad mientras intentaba averiguar el por qué de todo lo que estaba pasando. Fue entonces cuando vio que no era el único en el techo. Esperanzado al principio se pensó que era otro de los suyos, pero en seguida se dio cuenta de que no. 
Era otro mamífero, un roedor esta vez. “¿Y si esto es algún tipo de reserva natural? Porque en mi vida había visto a tantos mamíferos juntos en un mismo sitio” Encima este tenía tapada la cara. “¿Para qué querrían ponerle a ese bicho una máscara?”

Elliot

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Neith abrió los ojos, y lo primero que vio, fue piedra. Piedra gris con formas irregulares. Un techo. "Madre mía, ¿cuanto he bebido esta vez?" fue lo único que acertó a pensar. Se incorporó un poco, notando la cabeza pesada y lo que vio a su alrededor no era demasiado mejor. Mas piedras... "pero, ¿donde estoy?" Neith no recordaba que hubiese ningún castillo cerca de su ciudad. ¿Le habrían echado algo raro en la bebida? Si, definitivamente le habían drogado. Y mucho. Miró de nuevo a su alrededor, esperando ver a alguien,  pero, pasados unos segundos sin que hubiese la mas mínima señal de vida, decidió ponerse de pie. Bueno, por lo menos seguía con su ropa puesta, eso era buena señal. "Pues vaya secuestrador de pacotilla que me deja sola..."

Miró la cama en la que había estado tumbada... bueno, si a eso se le podía llamar cama... en su opinión era mas bien una tabla con pretensiones, con un cojín algo grande encima. En el cuarto no había absolutamente ninguna otra pieza de mobiliario. Ni una triste lampara. "Minimalista" se quedaría corto en cuanto a decoración.

Lo siguiente que notó fue frío, un frío que sin duda no se debía únicamente a que estuviese en una habitación de piedra. Esa temperatura no era la típica de su ciudad. Se frotó los brazos energicamente. ¿Como podía haber cambiado tanto la temperatura?

"Rocavarancolia" Resonó en su cabeza y entonces se acordó de esa noche... ¿Droga? No lo tenia claro... parecía a la vez tan real y tan onírico... Recordaba perfectamente al hombre, y a los cacharros raros que iban con el, y el humo y el contrato y... Drogas. No podía ser otra cosa, no había otra explicación, el frío seria un efecto secundario.


Aun con algo de miedo, caminó hacia la destartalada puerta de madera y abrió una rendija pequeña, lo justo para poder ver. "Aun mas piedras..."  Ante ella se extendía un pasillo oscuro y largo, lleno de puertas por todos lados. Escuchó voces al final del pasillo y eso le atemorizó y tranquilizó al mismo tiempo. Al final, tras pensárselo un rato, concluyó que lo mejor era salir y ver quien estaba allí.

Sus chanclas de playa hacían demasiado ruido contra los adoquines de piedra de suelo pero no se atrevía a quitárselos. Poco a poco fue acercándose y se encontró con un grupo de personas... ¿Personas? Bueno, algunos eran personas los otros eran... "¿Que son?"

De espaldas a mi había una chica con el pelo verde y ropa como... algo anticuada, y enfrente suya, alcanzaba a ver otra con el pelo negro. También había un... ¿Chico? ¿Chica? Un algo con aspecto humano pero la piel completamente. Mas seres (Decidió llamarles "seres" puesto que no sabia que eran) aparecían por el pasillo poco a poco.

Neith se quedó parada un segundo en mitad del pasillo mirándoles. de pronto, se encontró a si misma dando un salto hacia uno de los cuartos y quedándose dentro contra la pared. ¿Como se le podía haber ocurrido acercarse, así, sola y desprotegida? ¿Y si querían hacerle daño? No tenía ni idea de como había llegado allí, y muchísimo menos de donde era ese "allí" en el que estaba. Había varias chicas... ¿Las habrían secuestrado para prostituirlas? Ese pensamiento le hizo estremecerse, pero luego pensó que no podía ser eso... Esas cosas solo pasan en las películas... solo les pasan a otros... no a ella. No.

Se agachó y miro de nuevo, con mucho cuidado de no ser descubierta, al grupo de seres que estaban allí. Trataban de hablar, pero por lo que podía escuchar, no hablaban el mismo idioma. No hablaban ningún idioma que a ella pudiese sonarle. Decidió que lo mejor que podía hacer era espiarles hasta descubrir algo mas de ellos antes de salir y dar la cara.

Realmente, quería convencerse de que eso era lo mejor, porque bajo ningún concepto quería admitir que estaba muerta de miedo.


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Me haré una cama con tus huesos, Invitado, Muajajaj!


Taceant Colloquia.
Effugiat risus.
Hic locus est ubi mors gaudet succurrere vitae.

¡Superpor la aceptación, la integración y los derechy'x Frivy's!

Spoiler:




Click en la imagen para ver el esquema de relaciones entre los Cosechados del Rol

Yber

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GM
Lara estaba temblando, aunque interiormente no estuviera dispuesta a reconocerlo. Después de que el ser que había resultado ser un mono, uno con la cara calva y ojos chiquitinos, le mirara con cara de algo que a la ordesa se le antojó asco, un insecto de tamaño descomunal se aproximó. Por motivos desconocidos, se lanzó contra el calvo y se le abrazó con fuerza. Lara imaginó que tal vez se conocían y hacía mucho desde que no se veían. Por si fuera poco, enseguida se aproximaron otros tres seres, más o menos enormes también, que parecían ser de la misma especie. Hablaron entre sí y Lara no tardó en darse cuenta de que tenía una barrera enorme e insalvable con todos los que se estaban reuniendo. No entendía ni pajolera de ninguno de sus idiomas.

De forma instintiva, Lara abrazó con mayor fuerza su marsupio y dio un par de pasos hacia atrás. Sobretodo después de ver como algunos de los últimos en llegar emitían luces por el brazo. <<¿Magia? ¿Son afines a la luz?>>. O de verdad eran magos, igual que dama Aroma, o estos tipos iban varios pasos por delante a la hora de fabricarse disfraces. De la manera que fuera, Lara se veía por primera vez en su vida en una mala posición para empezar un juego de rol.

Cuando el bicho saltó al techo y Lara vio a otro ser más colgado ahí arriba, dio otro par de pasos hacia atrás. Tenía las escaleras cerca y casi se vio tentada a correr hacia ellas. <<Cálmate, Lara. Eres un ser adulto y racional que entiende que estos seres enormes, feos y medio calvos son tus compañeros de partida. Cálmate>>. Con todo el dolor de su corazón y parte de su barriga, que empezaba a atacarle por el hambre y los nervios, Lara se quedó parada algo alejada, esperando a que todo el grupo decidiera salir del edificio.

Al menos sus bebés seguían dormidos, ajenos a tan extraña situación.


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No llores por no poder ver tu pierna,
las lágrimas te impedirán ver los cadáveres de tus amigos.

Leonart

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Silbando una popular melodía, el joven ruso siguio su inexorable camino adentrandose en las mazmorras. Estaba tozudamente convencido que su primera tarea ahí seria la de luchar contra un boss de bajo nivel. ¿Porque otro motivo sino iban a estar en las mazmorras de algún lugar recóndito?
Curioso como siempre los jefes elegian los lugares más destartalados para hacer sus guaridas.
-Aunque todavia no he encontrado ni un solo minion de camino.-dijo, mirando hacia los lados con sospecha de que en cualquier momento podrian aparecerle con un ataque sorpresa.
>>No son los minion los que me preocupan. Es una locura enfrentarse a un boss tal y como estas.
-Puede que si y puede que...-
Cortó ahí. Vio algo en las sombras y alzó el anillo para iluminarlo. Los ojos del chico se abrieron desorbitadamente ante la visión de lo que creia que era una niña. Se quedó igual que un ciervo a la luz de los faros de un coche: de piedra.
-Oh Yoda mio...-dijo en un susurro casi inaudible.
>>¡Cuidado! ¡Tiene una piel sospechosa!
>>¿Solo la piel? Hohohoho
>>¿Quizás esta seria la primera prueba?

Hubo un silencio incómodo despues en su mente. Rara vez hablaba el bufón y nunca decia palabras vacias. Un ligero escalofrío recorrió su espalda ante cualquier cosa que pudiera tener planeado el payaso. La niña se acercó a él, algo vacilante. El joven ruso tan solo se limitó a tener levantando el anillo entre ellos y a parpadear rápidamente, sin dejar que su nerviosismo aflorase, casi pareciendo una estatua.
La niña entonces habló en un idioma incomprensible pero que al humano le pareció dulce. No supo como describirlo bien. Parecia estar presentandose y a la vez estar muy asustada. Imploró a los dioses viejos y a los nuevos que pudiera salir por patas de aquel lugar en aquel mismo instante.
>>Aluqaaaaaaaaaaa T_T
>>Qué le vamos a hacer... Ju ju ju

Ruta Nº1: Dhelian

Al instante la duda en el chico desapareció. Una cálida sonrisa apareció en su rostro y acortó la distancia entre los dos cuerpos.
-Yadda, yadda...- Bajó el anillo, para evitar deslumbrar a la niña.
-No tengo ni idea de que idioma puedes estar hablando.-le dijo aun manteniendo la sonrisa. Meditó unos instantes antes de acercarse a su altura, inclinandose levemente, porque él tampoco era precisamente muy alto.
-Mi nombre es Shaco.-le aclaró en ruso lentamente, como si eso pudiera ayudarle a entenderlo mejor.
-Se pronuncia Sheeeeeeeeeeeeeeeeeiiiiiiiii-co.-dijo alzando el dedo indice mientras le explicaba y se señalaba a si mismo.-No voy a hacerte daño, ¿vale? Pareces tan perdida como yo... lo cual me recuerda a que he visto demasiado hentai para saber que le pasan a las niñas perdidas que se quedan solas.-dijo, con una cara más amarga. A continuación extendio una mano, para estrecharsela, renovando su sonrisa.
-¡Shaco!-exclamó señalandose una vez más mientras que extendia vigorosamente su brazo.

>>Todo un galán que estas hecho.
>>Ju ju ju

>>¿Y ahora que? No es que vayais a entenderos mutuamente por gritaros los nombres como lerdos y esta tiene pinta de estar más perdida que tú.

>>Heh. Necio. ¡EL AMOR ES...

1) ENCUENTRO

2) DESARROLLO

3) BESO

Si se siguen estos pasos, cualquier dama cae rendida a tus pies. No por nada aspiro a ser el dios de la conquista.


>>Pero eso solo ha funcionado en videojuegos hasta ahora Ju ju ju...
>>Un detalle inapreciable. Sobretodo con esta, parece sacada de uno de mis animes... Eso a sonado a Otacon que te cagas...


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Soft Vapor Wave トップスペイン  [Siglo de Oro]  あなたの金をくれ  S·A·N·T·I·A·G·O
Spoiler:

inglés quien lo lea

Tak


GM
Mientras observaba la escena, un flash de luz lo cegó momentáneamente, y al girarse encontró a un irrense más bajo que él, de pelo claro y con una bata que daba a entender su profesión. Se presentó rápidamente e intercambiaron datos. Era un alivio ver a alguien con quien entenderse en aquel barullo. El chico se llama Archime, y cuando vio su propio nombre en la pantalla del brazo del otro, tuvo que hacer una apuntación.
Un nombre viejuno y espantoso. Cío mejor.
Normalmente era más receloso con los desconocidos, pero en aquella situación era inevitable agarrarse a un clavo ardiendo, un irrense en ese caso. Para más, a juzgar por la bata y el peso de sus bolsillos, tenía que ser un biomecánico, y no le vendría mal hacer buenas migas con él, así que se forzó a sonreír. Pero el otro ya no le estaba prestando la menor atención. El que era como el cosechador parecía tener algún problema con el insecto gigante, y en esas se acercó otro irrense, un niño de pelo oscuro, que se presentó rápidamente. Cío extendió la mano con desgana pero después se quedó mirando el nombre en silencio. «Qué casualidad». Cuando pidió unas tijeras negó con la cabeza en respuesta.
Como no uses los dientes…
La vista se le desviaba hacia los rasgos de las personas de otros mundos y hacia las paredes roñosas del pasillo oscuro. El insecto y el que tenía abrazado bien podían estar teniendo una disputa, y el primero acabó subido al techo. Era un bicho increíble. Dudaba si preguntar o no si alguien tenía idea de lo que estaba pasando.

NH


Marsi se quedó descolocada unos segundos cuando el espíritu femenino se presentó como Alis. Sonaba bonito. Cuando la señaló, dudó unos segundos antes de dar su nombre.

-Mar-si -dijo lentamente.

Alis sacó una libreta y escribió algo, tendiéndole la nota en cuanto acabó. Marsi le respondió con una expresiva mirada que daba a entender que no tenía la menor idea de qué ponía en el papel. Eran símbolos extraños que supuso sería su escritura, pero no se parecían a los caracteres que usaba en su tierra. Iba a probar suerte y escribir algo cuando oyó un grito. Se giró repentinamente. Venía de la dirección por donde se había ido el tipo raro de las orejas pequeñas y aunque de normal ir hacia los gritos no solía ser una buena idea, se acercó a comprobar qué ocurría, con Alis siguiéndola.

Un grupo de gente rara todos juntos intentando comunicarse, algunos con más éxito que otros. Pero no fue en eso en lo que se fijó. En el techo había un insecto gigante, y aún peor, una especie de rata enorme con una márcara de gas, allí quieta, observando. Marsi ahogó un grito, agarró a Alis del brazo y echó a correr fuera de la mazmorra, hacia la luz proveniente de un portalón entornado.

Sigue en la Plaza de la Fuente.

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