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Mazmorras de la Cosecha (Archivo V)

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1 Mazmorras de la Cosecha (Archivo V) el 03/08/13, 04:00 pm

Red

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Recuerdo del primer mensaje :

Keiria despertó sobresaltada, incorporándose repentinamente en el catre en el que estaba echada. El brusco movimiento hizo que le sobreviniera un mareo, y llevándose las manos a la cabeza se sentó en el colchón, asegurando sus pies sobre el suelo de piedra. La humedad que impregnaba el ambiente le ayudo a recuperarse enseguida y, parpadeando confusa, echó un vistazo a lo que le rodeaba sin recordar aun como había llegado allí. Se encontraba en una estancia de piedra, iluminada tenuemente por una antorcha y ocupada solamente por el catre en el que había estado durmiendo. Las paredes tenían manchas de humedad, y una capa de polvo y suciedad lo cubría casi todo, removida únicamente en algunas partes del suelo en formas que recordaban a pisadas. Estaba buscando los grilletes en las paredes cuando por fin se aclaró su mente y la ibolense se acordó de Cordia, aquella mujer que había aparecido en su casa por la noche y le había prometido que en su mundo de maravillas dejaría de causarle problemas a su padre.
-Desde luego tengo un cuarto maravilloso -masculló irónicamente, poniéndose en pie algo tambaleante.

La única salida aparente de la estancia era una cochambrosa puerta de madera hinchada por la humedad, y hacia ella se dirigió la pelirroja con la esperanza de que no estuviera cerrada con llave. Por suerte solo estaba entornada, y la chica no tuvo problemas a la hora de abrirla y salir al pasillo que daba. El corredor estaba en las mismas condiciones que su acogedora estancia, simplemente tenía mas iluminación y la capa de polvo del suelo estaba mas revuelta. Keiria estornudó con fuerza y observó con ojos llorosos los dos posibles caminos que podía tomar, decidiéndose al fin por el que parecía estar mejor iluminado. A medida que avanzaba por el pasillo, se percató de que la luz que brillaba con mas fuerza en el camino que había escogido era natural, y al doblar la esquina se encontró en un enorme vestíbulo presidido por una enorme puerta entreabierta. La misma decadencia que le había acompañado en su pequeño paseo seguía estando presente, pero la claridad del exterior que se colaba por la entrada daba a la escena tintes menos siniestros, por lo que la muchacha se acercó a la arcada y empujó la plancha de madera con fuerza, haciendo chirriar las bisagras.

La repentina claridad la cegó por un momento, obligándola a parpadear con fuerza para aclarar su vista. Cuando por fin fue capaz de distinguir lo que tenía enfrente, la realidad la golpeó con menos fuerza de la esperada. Había empezado a intuir que la ciudad de maravillas que le había prometido aquella mujer no era mas que una patraña en cuanto despertó en aquella suerte de calabozo, pero había mantenido la incertidumbre hasta verlo con sus propios ojos. Ahora las ruinas que observaba solo confirmaban su primera suposición, y aunque muchos en su situación se habrían arrepentido de haber decidido ir a aquel lugar después de ser testigos del engaño, ella se negó a dejarse llevar por el derrotismo. Había decidido arriesgarse, e iba a apechugar con las consecuencias; solo esperaba que la parte en la que evitaba mas problemas a su padre fuera cierta.
-Rocavarancolia -murmuró para si con cierta dificultad, acordándose del nombre que le había dado Cordia a aquel lugar-, ciudad de milagros y portentos... desde luego en urbanismo no destacan -comentó, observando la calle en ruinas que tenía enfrente.

Solo veía una pequeña porción de la calle en la que se encontraba, pero enseguida le quedó claro que el estilo arquitectónico no seguía un patrón lógico y que chabolas convivían con mansiones de forma totalmente aleatoria. A pesar de todo la mayoría de los edificios estaban en mal estado, como si hubieran sido atacados, y el cielo gris que cubría todo daba al conjunto un aire decadente que mucho distaba de la ciudad maravillosa que le habían vendido. A lo lejos Keiria vio una plaza amplia, y aunque no estaba segura del todo, creyó distinguir que en ella se alzaba una fuente. A su espalda creyó distinguir ruido en las plantas superiores, así que no se entretuvo mas y se encaminó hacia aquella posible fuente de agua tras cubrirse el ojo izquierdo con su parche por costumbre, no quería arriesgarse a que nadie reconociera su ascendencia.

Continúa en la Plaza de la Fuente.


Elliot


Neith abrió los ojos, y lo primero que vio, fue piedra. Piedra gris con formas irregulares. Un techo. "Madre mía, ¿cuanto he bebido esta vez?" fue lo único que acertó a pensar. Se incorporó un poco, notando la cabeza pesada y lo que vio a su alrededor no era demasiado mejor. Mas piedras... "pero, ¿donde estoy?" Neith no recordaba que hubiese ningún castillo cerca de su ciudad. ¿Le habrían echado algo raro en la bebida? Si, definitivamente le habían drogado. Y mucho. Miró de nuevo a su alrededor, esperando ver a alguien,  pero, pasados unos segundos sin que hubiese la mas mínima señal de vida, decidió ponerse de pie. Bueno, por lo menos seguía con su ropa puesta, eso era buena señal. "Pues vaya secuestrador de pacotilla que me deja sola..."

Miró la cama en la que había estado tumbada... bueno, si a eso se le podía llamar cama... en su opinión era mas bien una tabla con pretensiones, con un cojín algo grande encima. En el cuarto no había absolutamente ninguna otra pieza de mobiliario. Ni una triste lampara. "Minimalista" se quedaría corto en cuanto a decoración.

Lo siguiente que notó fue frío, un frío que sin duda no se debía únicamente a que estuviese en una habitación de piedra. Esa temperatura no era la típica de su ciudad. Se frotó los brazos energicamente. ¿Como podía haber cambiado tanto la temperatura?

"Rocavarancolia" Resonó en su cabeza y entonces se acordó de esa noche... ¿Droga? No lo tenia claro... parecía a la vez tan real y tan onírico... Recordaba perfectamente al hombre, y a los cacharros raros que iban con el, y el humo y el contrato y... Drogas. No podía ser otra cosa, no había otra explicación, el frío seria un efecto secundario.


Aun con algo de miedo, caminó hacia la destartalada puerta de madera y abrió una rendija pequeña, lo justo para poder ver. "Aun mas piedras..."  Ante ella se extendía un pasillo oscuro y largo, lleno de puertas por todos lados. Escuchó voces al final del pasillo y eso le atemorizó y tranquilizó al mismo tiempo. Al final, tras pensárselo un rato, concluyó que lo mejor era salir y ver quien estaba allí.

Sus chanclas de playa hacían demasiado ruido contra los adoquines de piedra de suelo pero no se atrevía a quitárselos. Poco a poco fue acercándose y se encontró con un grupo de personas... ¿Personas? Bueno, algunos eran personas los otros eran... "¿Que son?"

De espaldas a mi había una chica con el pelo verde y ropa como... algo anticuada, y enfrente suya, alcanzaba a ver otra con el pelo negro. También había un... ¿Chico? ¿Chica? Un algo con aspecto humano pero la piel completamente. Mas seres (Decidió llamarles "seres" puesto que no sabia que eran) aparecían por el pasillo poco a poco.

Neith se quedó parada un segundo en mitad del pasillo mirándoles. de pronto, se encontró a si misma dando un salto hacia uno de los cuartos y quedándose dentro contra la pared. ¿Como se le podía haber ocurrido acercarse, así, sola y desprotegida? ¿Y si querían hacerle daño? No tenía ni idea de como había llegado allí, y muchísimo menos de donde era ese "allí" en el que estaba. Había varias chicas... ¿Las habrían secuestrado para prostituirlas? Ese pensamiento le hizo estremecerse, pero luego pensó que no podía ser eso... Esas cosas solo pasan en las películas... solo les pasan a otros... no a ella. No.

Se agachó y miro de nuevo, con mucho cuidado de no ser descubierta, al grupo de seres que estaban allí. Trataban de hablar, pero por lo que podía escuchar, no hablaban el mismo idioma. No hablaban ningún idioma que a ella pudiese sonarle. Decidió que lo mejor que podía hacer era espiarles hasta descubrir algo mas de ellos antes de salir y dar la cara.

Realmente, quería convencerse de que eso era lo mejor, porque bajo ningún concepto quería admitir que estaba muerta de miedo.

Yber


GM
Lara estaba temblando, aunque interiormente no estuviera dispuesta a reconocerlo. Después de que el ser que había resultado ser un mono, uno con la cara calva y ojos chiquitinos, le mirara con cara de algo que a la ordesa se le antojó asco, un insecto de tamaño descomunal se aproximó. Por motivos desconocidos, se lanzó contra el calvo y se le abrazó con fuerza. Lara imaginó que tal vez se conocían y hacía mucho desde que no se veían. Por si fuera poco, enseguida se aproximaron otros tres seres, más o menos enormes también, que parecían ser de la misma especie. Hablaron entre sí y Lara no tardó en darse cuenta de que tenía una barrera enorme e insalvable con todos los que se estaban reuniendo. No entendía ni pajolera de ninguno de sus idiomas.

De forma instintiva, Lara abrazó con mayor fuerza su marsupio y dio un par de pasos hacia atrás. Sobretodo después de ver como algunos de los últimos en llegar emitían luces por el brazo. <<¿Magia? ¿Son afines a la luz?>>. O de verdad eran magos, igual que dama Aroma, o estos tipos iban varios pasos por delante a la hora de fabricarse disfraces. De la manera que fuera, Lara se veía por primera vez en su vida en una mala posición para empezar un juego de rol.

Cuando el bicho saltó al techo y Lara vio a otro ser más colgado ahí arriba, dio otro par de pasos hacia atrás. Tenía las escaleras cerca y casi se vio tentada a correr hacia ellas. <<Cálmate, Lara. Eres un ser adulto y racional que entiende que estos seres enormes, feos y medio calvos son tus compañeros de partida. Cálmate>>. Con todo el dolor de su corazón y parte de su barriga, que empezaba a atacarle por el hambre y los nervios, Lara se quedó parada algo alejada, esperando a que todo el grupo decidiera salir del edificio.

Al menos sus bebés seguían dormidos, ajenos a tan extraña situación.

Leonart


Silbando una popular melodía, el joven ruso siguio su inexorable camino adentrandose en las mazmorras. Estaba tozudamente convencido que su primera tarea ahí seria la de luchar contra un boss de bajo nivel. ¿Porque otro motivo sino iban a estar en las mazmorras de algún lugar recóndito?
Curioso como siempre los jefes elegian los lugares más destartalados para hacer sus guaridas.
-Aunque todavia no he encontrado ni un solo minion de camino.-dijo, mirando hacia los lados con sospecha de que en cualquier momento podrian aparecerle con un ataque sorpresa.
>>No son los minion los que me preocupan. Es una locura enfrentarse a un boss tal y como estas.
-Puede que si y puede que...-
Cortó ahí. Vio algo en las sombras y alzó el anillo para iluminarlo. Los ojos del chico se abrieron desorbitadamente ante la visión de lo que creia que era una niña. Se quedó igual que un ciervo a la luz de los faros de un coche: de piedra.
-Oh Yoda mio...-dijo en un susurro casi inaudible.
>>¡Cuidado! ¡Tiene una piel sospechosa!
>>¿Solo la piel? Hohohoho
>>¿Quizás esta seria la primera prueba?

Hubo un silencio incómodo despues en su mente. Rara vez hablaba el bufón y nunca decia palabras vacias. Un ligero escalofrío recorrió su espalda ante cualquier cosa que pudiera tener planeado el payaso. La niña se acercó a él, algo vacilante. El joven ruso tan solo se limitó a tener levantando el anillo entre ellos y a parpadear rápidamente, sin dejar que su nerviosismo aflorase, casi pareciendo una estatua.
La niña entonces habló en un idioma incomprensible pero que al humano le pareció dulce. No supo como describirlo bien. Parecia estar presentandose y a la vez estar muy asustada. Imploró a los dioses viejos y a los nuevos que pudiera salir por patas de aquel lugar en aquel mismo instante.
>>Aluqaaaaaaaaaaa T_T
>>Qué le vamos a hacer... Ju ju ju

Ruta Nº1: Dhelian

Al instante la duda en el chico desapareció. Una cálida sonrisa apareció en su rostro y acortó la distancia entre los dos cuerpos.
-Yadda, yadda...- Bajó el anillo, para evitar deslumbrar a la niña.
-No tengo ni idea de que idioma puedes estar hablando.-le dijo aun manteniendo la sonrisa. Meditó unos instantes antes de acercarse a su altura, inclinandose levemente, porque él tampoco era precisamente muy alto.
-Mi nombre es Shaco.-le aclaró en ruso lentamente, como si eso pudiera ayudarle a entenderlo mejor.
-Se pronuncia Sheeeeeeeeeeeeeeeeeiiiiiiiii-co.-dijo alzando el dedo indice mientras le explicaba y se señalaba a si mismo.-No voy a hacerte daño, ¿vale? Pareces tan perdida como yo... lo cual me recuerda a que he visto demasiado hentai para saber que le pasan a las niñas perdidas que se quedan solas.-dijo, con una cara más amarga. A continuación extendio una mano, para estrecharsela, renovando su sonrisa.
-¡Shaco!-exclamó señalandose una vez más mientras que extendia vigorosamente su brazo.

>>Todo un galán que estas hecho.
>>Ju ju ju

>>¿Y ahora que? No es que vayais a entenderos mutuamente por gritaros los nombres como lerdos y esta tiene pinta de estar más perdida que tú.

>>Heh. Necio. ¡EL AMOR ES...

1) ENCUENTRO

2) DESARROLLO

3) BESO

Si se siguen estos pasos, cualquier dama cae rendida a tus pies. No por nada aspiro a ser el dios de la conquista.


>>Pero eso solo ha funcionado en videojuegos hasta ahora Ju ju ju...
>>Un detalle inapreciable. Sobretodo con esta, parece sacada de uno de mis animes... Eso a sonado a Otacon que te cagas...

Tak


GM
Mientras observaba la escena, un flash de luz lo cegó momentáneamente, y al girarse encontró a un irrense más bajo que él, de pelo claro y con una bata que daba a entender su profesión. Se presentó rápidamente e intercambiaron datos. Era un alivio ver a alguien con quien entenderse en aquel barullo. El chico se llama Archime, y cuando vio su propio nombre en la pantalla del brazo del otro, tuvo que hacer una apuntación.
Un nombre viejuno y espantoso. Cío mejor.
Normalmente era más receloso con los desconocidos, pero en aquella situación era inevitable agarrarse a un clavo ardiendo, un irrense en ese caso. Para más, a juzgar por la bata y el peso de sus bolsillos, tenía que ser un biomecánico, y no le vendría mal hacer buenas migas con él, así que se forzó a sonreír. Pero el otro ya no le estaba prestando la menor atención. El que era como el cosechador parecía tener algún problema con el insecto gigante, y en esas se acercó otro irrense, un niño de pelo oscuro, que se presentó rápidamente. Cío extendió la mano con desgana pero después se quedó mirando el nombre en silencio. «Qué casualidad». Cuando pidió unas tijeras negó con la cabeza en respuesta.
Como no uses los dientes…
La vista se le desviaba hacia los rasgos de las personas de otros mundos y hacia las paredes roñosas del pasillo oscuro. El insecto y el que tenía abrazado bien podían estar teniendo una disputa, y el primero acabó subido al techo. Era un bicho increíble. Dudaba si preguntar o no si alguien tenía idea de lo que estaba pasando.

NH


Marsi se quedó descolocada unos segundos cuando el espíritu femenino se presentó como Alis. Sonaba bonito. Cuando la señaló, dudó unos segundos antes de dar su nombre.

-Mar-si -dijo lentamente.

Alis sacó una libreta y escribió algo, tendiéndole la nota en cuanto acabó. Marsi le respondió con una expresiva mirada que daba a entender que no tenía la menor idea de qué ponía en el papel. Eran símbolos extraños que supuso sería su escritura, pero no se parecían a los caracteres que usaba en su tierra. Iba a probar suerte y escribir algo cuando oyó un grito. Se giró repentinamente. Venía de la dirección por donde se había ido el tipo raro de las orejas pequeñas y aunque de normal ir hacia los gritos no solía ser una buena idea, se acercó a comprobar qué ocurría, con Alis siguiéndola.

Un grupo de gente rara todos juntos intentando comunicarse, algunos con más éxito que otros. Pero no fue en eso en lo que se fijó. En el techo había un insecto gigante, y aún peor, una especie de rata enorme con una márcara de gas, allí quieta, observando. Marsi ahogó un grito, agarró a Alis del brazo y echó a correr fuera de la mazmorra, hacia la luz proveniente de un portalón entornado.

Sigue en la Plaza de la Fuente.

Giniroryu

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GM
Archime escuchó la apuntación de Cío acerca de su nombre y, aunque no hubo ninguna respuesta externa por su parte, grabó el dato en su memoria. Poco le importaba como llamar al desconocido, pero estaba dispuesto a atender una petición como aquella si la solicitaban, especialmente si quería que le permitiese examinar su brazo. Al fin y al cabo a él también...

Su cadena de pensamientos fue interrumpida por la aparición de Ippon, que en ese momento llegó preguntando por unas tijeras. El chico estaba visiblemente acalorado, por lo que Archime no tardó en deducir la naturaleza de aquella petición. El irrense rebuscó en sus bolsillos mientras observaba la escena protagonizada por los alienígenas y el insecto gigante de reojo. Sus dedos toparon por fin con el alicates que estaba buscando, el que usaba para cuando los tornillos de los implantes se resistían.

-No dispongo de instrumental con filo, mucho menos unas tijeras, pero es posible que podamos hacer algo al respecto con estos alicates
-intervino tras Cío, quien denotó en su sarcasmo que no poseía ningún instrumento mejor que lo que podía ofrecer él, mostrándoselos al niño de forma distraída mientras miraba a su alrededor-. La iluminación en el interior de este ruinoso complejo no permite trabajar en condiciones favorables, sugiero buscar una fuente de luz -finalizó su apuntación subiéndose el puente de las gafas con uno de sus dedos mecánicos ya que la izquierda la tenía ocupada con la herramienta.

Por lo general, Archime no hablaba tanto en presencia de desconocidos, pero no sabía cuanto tiempo llevaba con la manos desocupadas. Aunque fuese una tarea tan simple como hacer un apaño en las ropas térmicas de Ippon, estaba dispuesto a prestar ayuda al chico. Además correr el riesgo de electrocutarse no podía ser nada agradable y era un desperdicio absoluto de energía.

Archime entonces echó a andar sin pararse a comprobar si al menos Ippon le seguía. Para él su afirmación era irrefutable y no tendría sentido que no le siguiera. Aún quería averiguar más sobre aquellos alienígenas, pero la barrera del idioma hacía imposible la comunicación. Estaba seguro de que los rocavarancoleses superarían tal eventualidad de algún modo, probablemente mediante magia, sólo tenían que esperar.

Se giró cuando el insecto gigante saltó al techo, preguntándose si era una especie inteligente o se trataba de la mascota de aquel que tanto se parecía al cosechador. Si lo era no la trataba muy bien, pues antes le había gritado algo. Diciéndose que debía centrarse en la petición del pequeño irrense, impaciente también por mantener sus manos ocupadas, siguió su camino fuera de la mazmorra.

Archime parpadeó varias veces para acostumbrarse a la claridad. El cielo estaba encapotado y el chico miró hacia él sintiéndose altamente extraño. Aquel tono de luz le resultaba, paradójicamente, antinatural. Nunca había salido al exterior en Irraria y el encontrarse por primera vez bajo cielo abierto, además en un mundo con unas características tan diferentes a las que conocía del suyo, le hizo quedarse inmóvil y observar con cierta aprehensión. Tuvo que agachar la cabeza porque estaba empezando a marearse, pero antes hizo una fotografía de las nubes rápidamente.

Cuando consiguió levantar nuevamente la vista del suelo, su mirada se paseó entonces por los ruinosos edificios de la ciudad. Aquella visión no encajaba con la idea que la sociedad irrense se había formado, tanto en el pasado como en el presente, sobre la ciudad. Tan solo el hecho de que las construcciones tuviesen un aspecto tan primitivo, incluso obviando el detalle de que estaban en distintos estados de ruina, chocaba con la idea de la esplendorosa ciudad de la hechicería, aquella misteriosa fuerza que podía obrar portentos increíbles. El biomecánico empezaba a estar seguro de que omitían muchos detalles a propósito, aunque la magia era real. La mente de Archime barajó varias posibilidades para aquello, aunque seguía faltando demasiada información. Se volvió a preguntar, mientras realizaba una panorámica de la calle que tenía a la vista, cuando aparecería algún rocavarancolés para explicarles su situación. Una de las hipótesis implicaba que debería comenzar a pensar en como salir de allí, pero no quería perder la fe tan pronto, aún había alguna posibilidad, aunque fuese remota... Prefirió centrar su atención por ahora en esperar a que Ippon saliese tras él.



Última edición por Giniroryu el 04/08/13, 04:36 am, editado 1 vez

Shylver


En algún lugar en las mazmorras, en el interior de una de las celdas, sentada en una esquina a pesar del mal estado y suciedad del suelo de la sala, una ochroria jugaba distraídamente con un helecho entre sus dedos, enroscándolo, estirándolo y girándolo, con la mirada perdida en ningún sitio en particular. Alzó su mano izquierda y contempló la hoz que hace unos minutos había tomado de su cinto mientras comprobaba sus pertenencias. No brilló bajo la escasa luz del día nublado que se filtraba por la ventana. Plantas, piedras y una hoz. No podía haber traído consigo nada más útil, pensó sarcástica. Claro que, con una mirada al día pasado –si es que solo llevaba un día inconsciente– tampoco se le dejó ninguna opción. La campesina suspiró. Tendría que conformarse con eso.
Apoyándose en la pared para ayudarse, Akasha se levantó. Observó una vez más la habitación: el camastro en el que se había levantado, ligeramente incómodo, pero nada que no pudiese aguantar; las paredes y suelo de piedra, frías al tacto, mohosas, maltratadas por el tiempo; la pequeña ventana bloqueada por barrotes, a través de la cual pudo descubrir el extraño paisaje más allá de los muros... Y la puerta. La ochroria se aproximó a ella. Todavía no había salido de la celda en la que se encontraba. Ni siquiera la idea había pasado por su cabeza: simplemente, tenía demasiadas cosas en las que pensar, en las que, por algún extraño motivo, no pensó en el instante anterior a firmar aquel trozo de papel. Abandonó su línea de pensamiento al encontrarse de nuevo con esa extraña barrera de recuerdos borrosos y confusos, y colocó la mano sobre la superficie de madera.
En un suave y silencioso movimiento, cerró la puerta tras su paso. No lo hizo con ninguna intención en especial, pues no era en absoluto necesario. Simplemente, una acción mecánica que no pudo retener. Miró a ambos lados del oscuro pasillo solo iluminado por la tenue luz de unas cuantas antorchas dispersas, mientras su cabeza daba vueltas a otro detalle que había llamado su atención. Ruinas. Fuera le esperaban varias calles de ruinas, aparentemente vacías y silenciosas, como la propia mazmorra. No se podía ver con claridad por la pequeña ventana. Quizás solo fuera una parte del lugar. Quizás solo había tenido la mala suerte de tener las peores vistas. Pero aquello no le importaba realmente. Recordando con dificultad la conversación de aquella noche, lugares maravillosos y seres fantásticos le fueron prometidos. Las ruinas le habían parecido, en una primera impresión, un espacio bastante interesante de por sí, a la altura de sus expectativas, así que no tuvo quejas al respecto. Haciendo acopio de valor se deslizó con cautela por los corredores abandonados, en busca de una salida, temerosa, por otro lado, de lo que podría llegar a encontrar en sus profundidades.
Sus pasos la llevaron durante minutos por galerías idénticas, laberínticas, con su mano derecha sobre la bolsa de su cinto, portando la hoz a su izquierda en un intento de sentirse segura, por poco que fuese, y con la vista clavada en el camino, atenta a cualquier alteración en la monótona imagen, a cualquier estímulo o amenaza. Nunca se le aseguró que su destino estuviera libre de peligro, solo que “no se arrepentiría de su elección”. Repitió en un susurro las palabras, sintiéndose una estúpida imprudente por creer semejantes cosas de un extraño que se presenta a altas horas de la noche en pleno campo. Akasha intentó calmarse, repitiéndose a sí misma que no era para tanto. Solo tenía que aprovechar la situación. Vivir la aventura.
Algo la sacó de su ensimismamiento. Una serie de sonidos inconexos y distorsionados por la sonoridad del lugar, débiles por su lejanía, llegaron hasta sus oídos. Avanzó con rapidez, moviéndose junto a la pared y saltando de esquina en esquina, intentando sin éxito ser sigilosa, siguiendo la dirección del ruido. Una luz al otro lado del pasillo perpendicular al suyo, de un inusual tono verdoso, la alertó. Con la hoz preparada –y esperaba no tener que utilizarla–, se dispuso a asomar la cabeza, en un inofensivo vistazo. Ante su vista se revelaron dos siluetas en la penumbra, una de ellas la portadora de la luz verdosa que la había atraído hasta la intersección. Forzando la vista para intentar verlos con claridad, lo único que consiguió fue sorprenderse con los llamativos colores que lucía lo que parecía ser una niña, sin ser capaz de retomar su atención. Parecían hablar en una lengua que no llegaba a reconocer, cada uno en la suya propia, pensó por la sonoridad dispar de ambos. Intentó retroceder con cuidado, sin provocar ningún ruido que revelase su posición para poder seguir escuchando, pero algo no salió como ella esperaba. Una piedra suelta sobre el suelo se interpuso en su camino, haciéndole caer de espaldas y soltando la hoz, que al contacto con la piedra provocó que un sonido metálico resonase por los pasillos circundantes. La recuperó rápidamente y, levantándose con dificultad por el dolor pasajero, pegó su cuerpo al muro, intentando pasar desapercibida.
“Genial, cómo se puede ser tan torpe”, pensó. Con la esperanza de que no fueran hostiles, o que al menos la ignorasen, esperó. No tenía motivos para pensar que fuera así, pero al verse expuesta a un entorno desconocido sin tiempo de preparación, no podía hacer otra cosa que ir con más cuidado del necesario, al menos hasta tener una mínima idea de cómo eran las cosas por ahí.



Última edición por Shylver el 03/08/13, 08:21 pm, editado 2 veces

LEC

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La poca esperanza de encontrar unas tijeras se desvaneció al oír la respuesta de Tilecio. «Ya está, voy a  morir de cal…», sus pensamientos se quedaron a medias debido  que Archime sacó unos alicates. Era algo, por lo que asintió antes las palabras del biomecánico y le siguió a dondequiera que estuviese yendo.  Se fijó en el insecto gigante que estaba en el techo y le sacó otra foto, al igual que hizo con el otro ser que no sabía lo que era.

Cuando el irrense salió a la calle, Ippon se quedó en la puerta, sin atreverse a salir del todo. Le daba miedo, por estúpido que sonase, ya que nunca había puesto un pie fuera. La luz era rara y estaba seguro de que cosas horribles le pasarían si salía. O tal vez lo estaba exagerando todo, como solía hacer. «Yo no salgo ahí fuera, vete a saber si hay más bichos como el de la máscara que sean hostiles o algo peor», se quejó mentalmente. Sin embargo, atravesó el umbral de la puerta de forma lenta e insegura. Salía por dos motivos; el primero, poder dejar de pasar calor y, el segundo, no quedar como un cobarde delante de los demás.

Una vez fuera, bajo aquella luz extraña y rodeado de edificios ruinosos, se dedicó a sacar fotos hasta que empezó a sentirse mal. Además de tener miedo, se estaba mareando. Bajó la vista al suelo y se quedó quieto al lado de Archime, esperando que este le dijese qué hacer, tras haberse quitado la camiseta verde y los pantalones grises, quedándose solo con la ropa térmica.



Última edición por Kaila el 03/08/13, 08:32 pm, editado 1 vez


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Que ahora sea una transformada no quiere decir que odie menos los spoilers, Invitado, por lo que no te recomiendo hacerme ninguno.

Evanna

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No comprendía porque no le respondía y le miro con un poco de frustración, antes de comprender, tras que su expresión facial enfermiza cambiase repentinamente causándole curiosidad, que no le entendía. Las palabras que salia de la boca de ese chico, o esperaba que no fuesen sonidos sin mas, era  de una tonalidad que resultaba un poco molesta a sus oídos pero podía notar en ella y en como intentaba acercarsele que buscaba forma de hacerse entender al parecer habiendo entendido también que no podían comunicarse. Ver acercarse al personaje con aspecto enfermizo y como apartaba la fuente de luz lo inquieto un poco, pues eso provocaba que la oscuridad que se cernía sobre el pasillo se volviera mas notoria dificultando su visión. "No, no quites la luz que me permite ver en este lugar"

En el momento que este se acerco y antes de que comenzara a emitir aquellos sonidos desconocidos para sus oídos, tomo su mano con cuidado no queriendo que reaccionara violentamente levantándola un poco para que la luz del anillo le iluminase, suspirando un poco mas aliviado por la luz que le quitaba de encima esa tenebrosa oscuridad, pero sin quitarle ese frío que aun sentía por todo su cuerpo. Tras aquello le soltó lentamente la mano sonriendo e intentando entender sus palabras.

-No consigo comprender lo que me intentas decir en esa extraña lengua que posees- dijo en un tono suave y melódico, negando levemente con la cabeza y con una expresión confusa que debía ser factible para cualquiera. Mientras este hablaba los ojos de Dhelian, o Lhelian en esta situación, se posara en la prenda anaranjada que este llevaba colgando del brazos- ¿Podrías prestarme esa ropa que lleva en su brazo para cubrirme del frío de este lugar? Se la devolveré sin lugar a dudas- pregunto suave acompañando sus palabras con gestos señalando la prenda y a si mismo abrazándose para intentar transmitirse algo de calor. No muy seguro de si se hizo entender saco de su riñonera su cuaderno y lápiz haciendo un dibujo rápido de él mismo con la gruesa prenda naranja del otro puesta, esperando que pudiera entender así lo que decía. La acciones tan espontaneas del tipo de pelo naranja le causaron gracia a pesar de no saber lo que estaba contándole, mirando la mano que le extendía con curiosidad. No le dio tiempo a reaccionar de modo alguno ante dicho gesto cuando  un ruido sordo y metálico se escucho en silencioso pasillo, sobresaltandole- ¿Que es ese sonido que se ha escuchado?- pregunto en un tono ligero suave pero rápido apresurado por los nervios, sin saber que era lo que se escondía entre los pasillos oscuros de aquel lugar-¿Hay alguien escondiéndose por ahí? Puede salir y mostrarse, no vamos a hacerles ninguna clase de daño- intento articular con un tono algo nervioso intentando trasmitir tranquilidad con su voz, esperando que si había alguien no fuese peligroso y pudiera entenderle, bastante inquieto por eso, si era alguna clase de peligro no tenia forma de protegerse.


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Invitado, sueñas con un mundo perfecto...
...tu paraíso personal...
...donde lloras tu imperfecta realidad

Zarket

avatar
GM
Solté un quejido cuando el bicho me tiró al suelo al subirse al techo. Al caer me golpeé con la cabeza en el suelo, con lo que el dolor que tenía solo empeoró. Mascullé un insulto dirigido al insecto gigante mientras me frotaba la espalda, donde también me había pegado un buen golpe al caer.

Al sacudirme la chaqueta busqué alguna pastilla para el dolor de cabeza en los bolsillos, aunque sabía que no tenía ninguna. «Por lo menos puedo calmarme un poco ahora que no está el bicho pegado a mí». Me fijé entonces en que el bicho que me había asaltado estaba observando otra cosa en el techo. Forzando la vista, acabé llevándome las menos a la cara con horror al descubrir nuestro nuevo acompañante. A estas alturas no sabía si reírme histéricamente, poner pies en polvorosa o quedarme allí, por lo que decidí cerrar los obros y volverlos a abrir, esperando que todo fuese un sueño. Pero no, allí, en el techo, seguía esa rata gigante con una mascarilla de gas. «Vale, esto bien podría ser una película de parodia de miedo». Estaba seguro que, si alguien viese esto a través de la pantalla de un cine, se descojonaría. «Y no es para menos. Dios, una rata gigante con una mascarilla de gas» me dije mientras soltaba una risita por lo bajo.

Al darme cuenta de que las figuras de antes habían desaparecido decidí dejar allí a esos dos bichos gigantes. «Que se las apañen como puedan». Sin embargo, antes de poder irme recordé al ser que parecía un canguro. Me fijé en que se había alejado algo de donde había estado antes y me quedé allí indeciso, sin saber muy bien qué hacer. Al final me acerqué lentamente a ella, con el brazo extendido, intentando mantenerla tranquila.

—Pss, eh. ¿Por qué no...? —me corté al darme cuenta de que la estaba tratando como un animal, cuando parecía ser que era alguien inteligente. Con la cara roja de la vergüenza dejé caer el brazo y me incorporé algo abochornado. Después volví a mirar hacia las dos criaturas del techo—. Oye, estos dos no parecen agradables —le dije lentamente. Suponía que no me entendía, así que intenté hacer algunos gestos a la vez que hablaba, sin mucho éxito—. Me voy por donde se han ido los demás. ¿Te vienes?

Leonart

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No parecieron llegar a ningun tipo de comunicación. Ni si quiera con señales. Un ligero puchero se asomó en el rostro del ruso. ¿Cómo iba a poder saltar flags de este evento si no estaba en un idioma que comprendiese? Lo que podia ser aún peor, que hiciera algo que le ofendiese y causar una muy mala impresión. Perder Heart Points al principio dolia mucho. Se cruzó de brazos pensativo. Fue entonces cuando la niña tomó la iniciativa e intentó mejorar la comunicación, pero primero, tomó su mano y la instó a que la mantuviera en alto. Parecia tenerle miedo a la oscuridad.
>>Aww es adorable...

>>Parece que tiene algo de frío.

Y en efecto, eso fue lo que le comunicó, usando una libreta y dibujos y señalando a su anorak. El ruso dedicó una mirada rápida a este y con una pequeña sonrisa asomandose en sus comisuras, echó por encima de sus hombros el caliente forro polar. Este le quedaba exageradamente grande pero al menos la calentaria por el tiempo.
-Espero que no te importe, pero esta un poquito sudado.-le dijo guiñando un ojo.-¡No te preocupes! ¡Mientras yo este aquí no hay nada que debas- HIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIK!!!!-chilló del susto cuando escuchó un sonido a su espalda. Dio un brinco y se posicionó al lado del daeliciano.
Al instante se colocó sobre una pierna, flexionando la otra por encima de su entrepierna y alzó los brazos en una postura defensiva, mostrando la su conocimiento de la palma de mono, en una postura marcial que, en otras situaciones podria haber sido impresionante, pero el joven ruso estaba temblando de miedo debido a la sorpresa del susto.

>> No te quedes ahí parado ¡Ve a averiguar que ha sido!

El rey mono tuvo razon. No podia dejar que el miedo se apoderase de su cuerpo Rebuscó en el anorak que ahora llevaba puesta la niña un utensilo. Finalmente lo sacó. Una navaja suiza multiusos. Temblando, sin levantar la mirada de la dirección en la que habia oido el ruido iluminó la la estancia. Un cuerpo que se movia. El humano tragó saliva y avanzó lentamente en su dirección.
-E-En el d-día m-más brillante...-comenzo a decir casi en un susurro.-E-En la noche m-más oscura...-continuó, dando otro paso.-N-Ningun mal escapará de m-mi vigia...-El corazón le latia fuetemente en el pecho a medida que se acercaba al ser en el pasillo.-D-Dejad que aquellos qu-que veneran el mal t-tiemblen ante mi p-poder...-su respiración se agitó y giró la cabeza para ver como la niña le habia seguido, con bastante más valor y menos miedo, a averiguar que era aquel ser. Parpadeó una sola vez.
-¡La luz de linterna verde!-gritó alzar su todopoderosa y asesina arma: Una cuchara.

>>Has estado temblando tanto de miedo que no te has dado cuenta de que has sacado la herramienta equivocada. Sinceramente... Eres de lo que no hay.

El chico ignoró la voz de su cabeza y pasó a apuntar a la ochoria con su anillo al completo, intentando deslumbrarla.
-¿Qué eres?-dijo abriendo bien los ojo al ver su anatomia, bastante diferente de los otros dos detrás de la luz. Tenia pelo en la cara, pelo diferente al humano y podia jurar que esas cosas diminutas que colgaban de los lados de su cabeza eran orejas pero...-¡No te acerques! ¡Vi un video en youtube sobre como matar a alguien con una cuchara! ¡No me obligues a usar mis tecnicas de asesinato cucharil! ¡No pienso volver a la trena!- Esa ultima frase la sacó de alguna pelicula de acción de hollywood, no recordaba cual, pero le parecia que sonaba bastante bien.
Alargó un brazo para traer a la niña para si. Podia ser un cobarde, pero no iba a huir teniendo a alguien indefenso a su lado. Tragó saliva y esperó que esta criatura si que pudiera entenderle.


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Spoiler:

inglés quien lo lea

Baurus

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Mmm~ Que preciosa siesta... Hacía mucho que no recordaba lo que era el verdadero silencio. Me levanté, estirando cada centímetro de mi cuerpo de cualquier manera. Mis estupendos zapatos todavía seguían atados, y parecía que fueran a aguantar todavía más. Nada más terminar, sus tripas rugieron como león hambriento. Jé... Lo que faltaba... Bueno, ¿Y ahora donde se supone que tengo que ir? Reconocí al momento el pasillo por el que vine, y a los otros extremos de la estancia, se encontraban dos puertas, tan carcomidas como la de mi habitación. Creo que lo mejor será volver por donde salí. Quien sabe, quizás hasta encuentre una cocina con algo comestible en este magnífico hotel. Me giré, evitando como siempre las fastidiosas piedras del suelo, y volví por el pasillo anterior. Me resultaba más pequeño que la otra vez, quizás por que ahora me encontraba descansado. De repente me volvieron a rugir las tripas y resonaron por todas partes, casi pareciendo que un tigre salvaje se había escapado. Genial, espero no haber despertado a los vecinos. Espera, se supone que vine aquí para evitar a la gente, ¿De que me tengo que preocupar? Aquí no habrá ni un alma. Volvieron a rugir las tripas, tan fuerte como la vez anterior. Seguí caminando con dificultades por el pasillo, pudiendo ver ya algunas puertas carcomidas de las habitaciones.

Yber

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GM
Al ver como los tres de la misma especie se iban, Lara casi sale tras ellos, pero cierta conciencia de grupo (por triste que fuera el suyo actual), le hizo quedarse a esperar al resto. Aún así, no se movió de su posición retirada hasta que el mono calvo del principio se le acercó. Extendió el brazo hacia ella en lo que Lara interpretó con un gesto muy de usar en mascotas y Lara casi se vio tentada a gruñirle, hasta que vio que el chico rectificaba al mismo tiempo que la cara le cambiaba de color de forma bastante divertida. Le habló algo en su idioma incomprensible y señaló al par que estaban dejando atrás. A pesar de los problemas lingüisticos, Lara creyó entenderlo perfectamente. No obstante era hija de una adivina de alta reputación, por lo que era perfectamente normal.

-Ya... Por muy especialitos que sean no podemos dejarlos solos, supongo-respondió al joven, aunque fuera solo por ejercitar la lengua-. Les aviso y salimos hacia donde han ido los otros.

Lara buscó entre los bolsillos del interior de su falda y sacó un silbato fino de madera. Cogió aire y lo sopló el tiempo suficiente como para que el insecto y el otro bicho peludo de cara tapada se dieran por aludidos. Hizo un gesto en dirección a las escaleras y luego echó a andar rápido. En el fondo quería salir de allí. El mono calvo, que había puesto una cara rara cuando la vio silbar, la siguió hacia abajo. A Lara le pareció que iba como con prisa. <<A lo mejor se está meando...>> y no le dio mucha más importancia.

A las puertas del edificio, se encontraron con los tres soldaditos de antes; uno de ellos intentando cortarle algo al más pequeño. Lara prefirió no hacer un gasto tonto de saliva preguntando y simplemente disfrutó del paisaje. La ciudad estaba en ruinas, pero a ojos de la ordesa eran unas ruinas con bastante encanto. Sin muchos miramientos, alzó la falda y se sentó en el suelo a observar el paisaje que se habría ante ella y que sería la ambientación de su partida más importante.

En el interior de su marsupio, uno de los bebés comenzó a removerse. Con toda la delicadeza que pudo, dada su posición, Lara metió la mano dentro y acarició al bebé inquieto hasta que volvió a tranquilizarse. <<Pobrecito, estará teniendo pesadillas>>. Decidió dejar la mano dentro, esperando que su tacto reconfortara al pequeño en sueños.


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No llores por no poder ver tu pierna,
las lágrimas te impedirán ver los cadáveres de tus amigos.

Giniroryu

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GM
Archime se giró hacia el pequeño en cuanto terminó de desvestirse y se acercó a examinar la ropa térmica del chico. Bastaba con dejar intacta la zona de la nuca con cierto margen de error, pero este último debía agrandarlo debido a que no disponía de una herramienta que le permitiese precisión para aquella tarea.

Con cuidado acercó el alicates algo más abajo del cuello del chico y tiró de la tela con su otra mano para a continuación hacer un corte desigual con el instrumento, que le hizo chasquear la lengua con fastidio. Intentó recortar un poco más la tela, pero era demasiado complicado de aquel modo. Decidió entonces tirar de la tela haciendo fuerza con su brazo biónico. Cuando comenzaba a torcerse demasiado, algo completamente inevitable, paró para corregir el alcance del error. Decidió seguir el mismo procedimiento con el otro lado de la cremallera y continuó tratando de hacerlo lo mejor que podía con lo que disponía. Supuso bastante esfuerzo y el trozo cortado quedó completamente desigual, deshilachado y le resultaría poco práctico a la larga. Finalizó el trabajo haciendo fuerza con el alicates en la cremallera para que la prenda pudiera desprenderse por completo. Dio unos tironcitos a la tela que había recortado, con un leve cambio en su expresión que indicaba su desaprobación. Archime no soportaba los trabajos mal hechos y a medias, especialmente si eran suyos, pero no había nada más que pudiera hacer en aquellos instantes. Lo primordial era la funcionalidad, se dijo.
-Cuando dispongamos de materiales más adecuados lo repararé -le aseguró a Ippon levantando un segundo la cabeza para mirarlo de pasada antes de volver su atención a la ciudad, a la cual comenzó a sacarle más fotos sin prestar más atención que una breve pero escrutadora mirada a los alienígenas que habían seguido su mismo camino.

Cío también había salido y Archime recordó que seguía queriendo examinar sus brazos. Desplazó la mirada por ambos implantes, pero algo en el derecho captó toda su atención. Inconscientemente comenzó a buscar un destornillador en su bata, el cual sacó para luego señalar con él el brazo de Cío.
-Tu implante está mal ajustado, no puedes mover correctamente los dedos -le anunció sin mirarle a los ojos y realizando una vez más el gesto de subirse las gafas.



Última edición por Giniroryu el 04/08/13, 04:33 am, editado 1 vez

Tak

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GM
La forma de hablar de Archime le hizo aguantarse la risa «¿de qué agujero sale este?». Sin embargo, cuando empezó a caminar sin mirar atrás y el pequeño Ippon lo siguió, él dudó unos instantes, pero viendo el panorama que tenía alrededor no tuvo otra opción que hacer lo mismo. No miró atrás cuando pasaron al lado del pequeño grupo, y se alejaron buscando una salida a cielo abierto. Afuera sintió la sensación que tan bien conocía de sentirse absorbido hacia la atmósfera, era algo que le pasaba desde siempre cuando visitaba los viveros. Odiaba esa falta de costumbre porque, a pesar del frío, siempre le había agradado no ver roca ni metal sobre su cabeza. Los otros dos no parecían acostumbrados a ver el exterior, pero eso no le quitaba al enano el seguir sacando fotos. De hecho, ambos eran tal para cual con lo de las fotos. Cío se metió las manos en los bolsillos, aburrido, y observó la calle cochambrosa. Por lo que sabían de la civilización antes de vivir bajo tierra, para nada debería tener ese aspecto si fuese una ciudad habitada. «A lo mejor estamos en la zona equivocada… ¿y si es algún tipo de examen para ver quién vale?» pensaba, no muy convencido. Estaba harto de exámenes, pero si se trataba de una prueba, al menos prometía ser más entretenida.

Los otros dos estaban enfrascados recortando el traje, y había olvidado prestarles atención. No se enteró de que habían terminado hasta que Archime se dirigió a él, destornillador en mano.
¿Eh? —Le cogió por sorpresa, pero sacó el brazo derecho del bolsillo, preguntándose en qué momento se había fijado—. No está roto, es así. —Abrió y cerró inconscientemente la mano varias veces y la volvió a meter en el bolsillo—. Se dañó el nervio.
No tenía ganas de dar más explicaciones. Había divisado a lo lejos una plaza con algunas personas y la señaló con la cabeza.
¿Habrá allí algo interesante?
Mientras tanto dos de los que estaban dentro con ellos habían salido. Empezaba a acostumbrarse a ver sus caras, pero no le hacía ninguna gracia llevarlos pegados. Le resultaba inevitable sentir cierto rechazo ante rasgos extraños e idiomas incomprensibles.

Sigue en la Plaza de la Fuente.



Última edición por Tak el 03/08/13, 10:05 pm, editado 1 vez

Shylver


Akasha se sobresaltó cuando el chico dirigió hacia ella el haz de luz, apartándose unos pasos. Escuchó confusa y sin entender una palabra los gritos que el muchacho profería en su dirección, y le pareció ver a la niña colocarse tras él, aunque no pudo comprobarlo con seguridad debido a una ceguera temporal y parcial. Su preocupación disminuyó notablemente en el momento en el que sus ojos se acostumbraron a la linterna, y se percató de que aquello que en un principio creyó un arma en la posesión de su interlocutor no era más que una inofensiva cuchara montada sobre un peculiar mango. La ochroria lo examinó de arriba abajo, sin emitir sonido alguno. Rápidamente cambió su postura por otra menos amenazadora, bajando su hoz. Al menos, con la cuchara apuntando hacia ella, ya no se sentía tan ridícula como hace unos segundos, cuando se detuvo a pensar en que apariencia daría una campesina como ella armada con una herramienta de trabajo que ya tenía sus años.
La ochroria se adelantó un paso, levantando los brazos en un intento de señal de paz, buscando disipar la tensión que se había formado en unos momentos en la intersección en penumbra. Por el arma improvisada que había sacado, supuso que el extraño chico, que no parecía compartir las características físicas de su raza, debía encontrarse en la misma situación que ella: buscaba una salida y no estaba preparado para la ocasión. Quién sabe si no habría llegado a ese lugar con la misma promesa de aventuras. Probó a hablar, aclarándose antes la voz, pues llevaba más de un día en desuso.
-Tranquilo, chico...-dijo lentamente la campesina.- Aquí nadie va a hacer daño a nadie. Estoy tan perdida como tú.
Akasha volvió a colgarse la hoz al cinto, atenta a cada movimiento del joven. Continuó con el intento de comunicación, sin muchas esperanzas de que llegase a funcionar. Al menos tenía que intentarlo. Apartó ligeramente la mirada de la luz, que comenzaba a ser ligeramente molesta. Salía de lo que logró identificar como un anillo. ¿Una de esas cosas mágicas de las que siempre escuchó hablar? Ya tendría tiempo de averiguarlo.
-Me llamo Akasha.-explicó, señalándose a sí misma.- Akasha.-repitió.- Y no voy a hacerte nada malo.
No podía esperar que lo hubiera entendido a la primera, pero por lo menos estaba intentando superar las barreras del idioma. Si tenía suerte y el individuo comprendía su esfuerzo por mostrarse amistosa, tendría una cosa menos de la que preocuparse. En el peor de los casos, pensó, siempre podría salir corriendo. Correr no era algo que se le diera del todo mal.

LEC

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Una vez se quedó solo con la ropa térmica puesta, Archime comenzó a recortarla de forma tosca con los alicates, realizando un trabajo medianamente decente para la herramienta con lo que lo estaba haciendo. Ippon no se movió en ningún momento, intentando facilitarle al biomecánico su trabajo y ya de paso intentando relajarse al estar en el exterior. No le gustaba aquel sitio, prefería estar en la mazmorra donde se había despertado, por incómoda que fuese.

Mientras Archime miraba los brazos a Cío, Ippon se vistió rápidamente, desprendriéndose del resto de su ropa térmica que dejó en el interior del ruinoso edificio de forma disimulada y partió en dirección a la plaza con los irrenses. Por el camino les fue haciendo preguntas de diversa índole, ignorando a cualquier ser de otro mundo. Ya tendría tiempo de sacarles fotos y de dibujarles basándose en las imágenes cuando llegasen a la plaza en la que se atisbaba una fuente desde la lejanía


Sigue en la Plaza de la Fuente.


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Que ahora sea una transformada no quiere decir que odie menos los spoilers, Invitado, por lo que no te recomiendo hacerme ninguno.

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