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Mazmorras de la Cosecha (Archivo V)

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1 Mazmorras de la Cosecha (Archivo V) el 03/08/13, 04:00 pm

Red

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Recuerdo del primer mensaje :

Keiria despertó sobresaltada, incorporándose repentinamente en el catre en el que estaba echada. El brusco movimiento hizo que le sobreviniera un mareo, y llevándose las manos a la cabeza se sentó en el colchón, asegurando sus pies sobre el suelo de piedra. La humedad que impregnaba el ambiente le ayudo a recuperarse enseguida y, parpadeando confusa, echó un vistazo a lo que le rodeaba sin recordar aun como había llegado allí. Se encontraba en una estancia de piedra, iluminada tenuemente por una antorcha y ocupada solamente por el catre en el que había estado durmiendo. Las paredes tenían manchas de humedad, y una capa de polvo y suciedad lo cubría casi todo, removida únicamente en algunas partes del suelo en formas que recordaban a pisadas. Estaba buscando los grilletes en las paredes cuando por fin se aclaró su mente y la ibolense se acordó de Cordia, aquella mujer que había aparecido en su casa por la noche y le había prometido que en su mundo de maravillas dejaría de causarle problemas a su padre.
-Desde luego tengo un cuarto maravilloso -masculló irónicamente, poniéndose en pie algo tambaleante.

La única salida aparente de la estancia era una cochambrosa puerta de madera hinchada por la humedad, y hacia ella se dirigió la pelirroja con la esperanza de que no estuviera cerrada con llave. Por suerte solo estaba entornada, y la chica no tuvo problemas a la hora de abrirla y salir al pasillo que daba. El corredor estaba en las mismas condiciones que su acogedora estancia, simplemente tenía mas iluminación y la capa de polvo del suelo estaba mas revuelta. Keiria estornudó con fuerza y observó con ojos llorosos los dos posibles caminos que podía tomar, decidiéndose al fin por el que parecía estar mejor iluminado. A medida que avanzaba por el pasillo, se percató de que la luz que brillaba con mas fuerza en el camino que había escogido era natural, y al doblar la esquina se encontró en un enorme vestíbulo presidido por una enorme puerta entreabierta. La misma decadencia que le había acompañado en su pequeño paseo seguía estando presente, pero la claridad del exterior que se colaba por la entrada daba a la escena tintes menos siniestros, por lo que la muchacha se acercó a la arcada y empujó la plancha de madera con fuerza, haciendo chirriar las bisagras.

La repentina claridad la cegó por un momento, obligándola a parpadear con fuerza para aclarar su vista. Cuando por fin fue capaz de distinguir lo que tenía enfrente, la realidad la golpeó con menos fuerza de la esperada. Había empezado a intuir que la ciudad de maravillas que le había prometido aquella mujer no era mas que una patraña en cuanto despertó en aquella suerte de calabozo, pero había mantenido la incertidumbre hasta verlo con sus propios ojos. Ahora las ruinas que observaba solo confirmaban su primera suposición, y aunque muchos en su situación se habrían arrepentido de haber decidido ir a aquel lugar después de ser testigos del engaño, ella se negó a dejarse llevar por el derrotismo. Había decidido arriesgarse, e iba a apechugar con las consecuencias; solo esperaba que la parte en la que evitaba mas problemas a su padre fuera cierta.
-Rocavarancolia -murmuró para si con cierta dificultad, acordándose del nombre que le había dado Cordia a aquel lugar-, ciudad de milagros y portentos... desde luego en urbanismo no destacan -comentó, observando la calle en ruinas que tenía enfrente.

Solo veía una pequeña porción de la calle en la que se encontraba, pero enseguida le quedó claro que el estilo arquitectónico no seguía un patrón lógico y que chabolas convivían con mansiones de forma totalmente aleatoria. A pesar de todo la mayoría de los edificios estaban en mal estado, como si hubieran sido atacados, y el cielo gris que cubría todo daba al conjunto un aire decadente que mucho distaba de la ciudad maravillosa que le habían vendido. A lo lejos Keiria vio una plaza amplia, y aunque no estaba segura del todo, creyó distinguir que en ella se alzaba una fuente. A su espalda creyó distinguir ruido en las plantas superiores, así que no se entretuvo mas y se encaminó hacia aquella posible fuente de agua tras cubrirse el ojo izquierdo con su parche por costumbre, no quería arriesgarse a que nadie reconociera su ascendencia.

Continúa en la Plaza de la Fuente.


Yber


GM
Al ver como los tres de la misma especie se iban, Lara casi sale tras ellos, pero cierta conciencia de grupo (por triste que fuera el suyo actual), le hizo quedarse a esperar al resto. Aún así, no se movió de su posición retirada hasta que el mono calvo del principio se le acercó. Extendió el brazo hacia ella en lo que Lara interpretó con un gesto muy de usar en mascotas y Lara casi se vio tentada a gruñirle, hasta que vio que el chico rectificaba al mismo tiempo que la cara le cambiaba de color de forma bastante divertida. Le habló algo en su idioma incomprensible y señaló al par que estaban dejando atrás. A pesar de los problemas lingüisticos, Lara creyó entenderlo perfectamente. No obstante era hija de una adivina de alta reputación, por lo que era perfectamente normal.

-Ya... Por muy especialitos que sean no podemos dejarlos solos, supongo-respondió al joven, aunque fuera solo por ejercitar la lengua-. Les aviso y salimos hacia donde han ido los otros.

Lara buscó entre los bolsillos del interior de su falda y sacó un silbato fino de madera. Cogió aire y lo sopló el tiempo suficiente como para que el insecto y el otro bicho peludo de cara tapada se dieran por aludidos. Hizo un gesto en dirección a las escaleras y luego echó a andar rápido. En el fondo quería salir de allí. El mono calvo, que había puesto una cara rara cuando la vio silbar, la siguió hacia abajo. A Lara le pareció que iba como con prisa. <<A lo mejor se está meando...>> y no le dio mucha más importancia.

A las puertas del edificio, se encontraron con los tres soldaditos de antes; uno de ellos intentando cortarle algo al más pequeño. Lara prefirió no hacer un gasto tonto de saliva preguntando y simplemente disfrutó del paisaje. La ciudad estaba en ruinas, pero a ojos de la ordesa eran unas ruinas con bastante encanto. Sin muchos miramientos, alzó la falda y se sentó en el suelo a observar el paisaje que se habría ante ella y que sería la ambientación de su partida más importante.

En el interior de su marsupio, uno de los bebés comenzó a removerse. Con toda la delicadeza que pudo, dada su posición, Lara metió la mano dentro y acarició al bebé inquieto hasta que volvió a tranquilizarse. <<Pobrecito, estará teniendo pesadillas>>. Decidió dejar la mano dentro, esperando que su tacto reconfortara al pequeño en sueños.

Giniroryu


GM
Archime se giró hacia el pequeño en cuanto terminó de desvestirse y se acercó a examinar la ropa térmica del chico. Bastaba con dejar intacta la zona de la nuca con cierto margen de error, pero este último debía agrandarlo debido a que no disponía de una herramienta que le permitiese precisión para aquella tarea.

Con cuidado acercó el alicates algo más abajo del cuello del chico y tiró de la tela con su otra mano para a continuación hacer un corte desigual con el instrumento, que le hizo chasquear la lengua con fastidio. Intentó recortar un poco más la tela, pero era demasiado complicado de aquel modo. Decidió entonces tirar de la tela haciendo fuerza con su brazo biónico. Cuando comenzaba a torcerse demasiado, algo completamente inevitable, paró para corregir el alcance del error. Decidió seguir el mismo procedimiento con el otro lado de la cremallera y continuó tratando de hacerlo lo mejor que podía con lo que disponía. Supuso bastante esfuerzo y el trozo cortado quedó completamente desigual, deshilachado y le resultaría poco práctico a la larga. Finalizó el trabajo haciendo fuerza con el alicates en la cremallera para que la prenda pudiera desprenderse por completo. Dio unos tironcitos a la tela que había recortado, con un leve cambio en su expresión que indicaba su desaprobación. Archime no soportaba los trabajos mal hechos y a medias, especialmente si eran suyos, pero no había nada más que pudiera hacer en aquellos instantes. Lo primordial era la funcionalidad, se dijo.
-Cuando dispongamos de materiales más adecuados lo repararé -le aseguró a Ippon levantando un segundo la cabeza para mirarlo de pasada antes de volver su atención a la ciudad, a la cual comenzó a sacarle más fotos sin prestar más atención que una breve pero escrutadora mirada a los alienígenas que habían seguido su mismo camino.

Cío también había salido y Archime recordó que seguía queriendo examinar sus brazos. Desplazó la mirada por ambos implantes, pero algo en el derecho captó toda su atención. Inconscientemente comenzó a buscar un destornillador en su bata, el cual sacó para luego señalar con él el brazo de Cío.
-Tu implante está mal ajustado, no puedes mover correctamente los dedos -le anunció sin mirarle a los ojos y realizando una vez más el gesto de subirse las gafas.



Última edición por Giniroryu el 04/08/13, 04:33 am, editado 1 vez

Tak


GM
La forma de hablar de Archime le hizo aguantarse la risa «¿de qué agujero sale este?». Sin embargo, cuando empezó a caminar sin mirar atrás y el pequeño Ippon lo siguió, él dudó unos instantes, pero viendo el panorama que tenía alrededor no tuvo otra opción que hacer lo mismo. No miró atrás cuando pasaron al lado del pequeño grupo, y se alejaron buscando una salida a cielo abierto. Afuera sintió la sensación que tan bien conocía de sentirse absorbido hacia la atmósfera, era algo que le pasaba desde siempre cuando visitaba los viveros. Odiaba esa falta de costumbre porque, a pesar del frío, siempre le había agradado no ver roca ni metal sobre su cabeza. Los otros dos no parecían acostumbrados a ver el exterior, pero eso no le quitaba al enano el seguir sacando fotos. De hecho, ambos eran tal para cual con lo de las fotos. Cío se metió las manos en los bolsillos, aburrido, y observó la calle cochambrosa. Por lo que sabían de la civilización antes de vivir bajo tierra, para nada debería tener ese aspecto si fuese una ciudad habitada. «A lo mejor estamos en la zona equivocada… ¿y si es algún tipo de examen para ver quién vale?» pensaba, no muy convencido. Estaba harto de exámenes, pero si se trataba de una prueba, al menos prometía ser más entretenida.

Los otros dos estaban enfrascados recortando el traje, y había olvidado prestarles atención. No se enteró de que habían terminado hasta que Archime se dirigió a él, destornillador en mano.
¿Eh? —Le cogió por sorpresa, pero sacó el brazo derecho del bolsillo, preguntándose en qué momento se había fijado—. No está roto, es así. —Abrió y cerró inconscientemente la mano varias veces y la volvió a meter en el bolsillo—. Se dañó el nervio.
No tenía ganas de dar más explicaciones. Había divisado a lo lejos una plaza con algunas personas y la señaló con la cabeza.
¿Habrá allí algo interesante?
Mientras tanto dos de los que estaban dentro con ellos habían salido. Empezaba a acostumbrarse a ver sus caras, pero no le hacía ninguna gracia llevarlos pegados. Le resultaba inevitable sentir cierto rechazo ante rasgos extraños e idiomas incomprensibles.

Sigue en la Plaza de la Fuente.



Última edición por Tak el 03/08/13, 10:05 pm, editado 1 vez

Shylver


Akasha se sobresaltó cuando el chico dirigió hacia ella el haz de luz, apartándose unos pasos. Escuchó confusa y sin entender una palabra los gritos que el muchacho profería en su dirección, y le pareció ver a la niña colocarse tras él, aunque no pudo comprobarlo con seguridad debido a una ceguera temporal y parcial. Su preocupación disminuyó notablemente en el momento en el que sus ojos se acostumbraron a la linterna, y se percató de que aquello que en un principio creyó un arma en la posesión de su interlocutor no era más que una inofensiva cuchara montada sobre un peculiar mango. La ochroria lo examinó de arriba abajo, sin emitir sonido alguno. Rápidamente cambió su postura por otra menos amenazadora, bajando su hoz. Al menos, con la cuchara apuntando hacia ella, ya no se sentía tan ridícula como hace unos segundos, cuando se detuvo a pensar en que apariencia daría una campesina como ella armada con una herramienta de trabajo que ya tenía sus años.
La ochroria se adelantó un paso, levantando los brazos en un intento de señal de paz, buscando disipar la tensión que se había formado en unos momentos en la intersección en penumbra. Por el arma improvisada que había sacado, supuso que el extraño chico, que no parecía compartir las características físicas de su raza, debía encontrarse en la misma situación que ella: buscaba una salida y no estaba preparado para la ocasión. Quién sabe si no habría llegado a ese lugar con la misma promesa de aventuras. Probó a hablar, aclarándose antes la voz, pues llevaba más de un día en desuso.
-Tranquilo, chico...-dijo lentamente la campesina.- Aquí nadie va a hacer daño a nadie. Estoy tan perdida como tú.
Akasha volvió a colgarse la hoz al cinto, atenta a cada movimiento del joven. Continuó con el intento de comunicación, sin muchas esperanzas de que llegase a funcionar. Al menos tenía que intentarlo. Apartó ligeramente la mirada de la luz, que comenzaba a ser ligeramente molesta. Salía de lo que logró identificar como un anillo. ¿Una de esas cosas mágicas de las que siempre escuchó hablar? Ya tendría tiempo de averiguarlo.
-Me llamo Akasha.-explicó, señalándose a sí misma.- Akasha.-repitió.- Y no voy a hacerte nada malo.
No podía esperar que lo hubiera entendido a la primera, pero por lo menos estaba intentando superar las barreras del idioma. Si tenía suerte y el individuo comprendía su esfuerzo por mostrarse amistosa, tendría una cosa menos de la que preocuparse. En el peor de los casos, pensó, siempre podría salir corriendo. Correr no era algo que se le diera del todo mal.

LEC


Una vez se quedó solo con la ropa térmica puesta, Archime comenzó a recortarla de forma tosca con los alicates, realizando un trabajo medianamente decente para la herramienta con lo que lo estaba haciendo. Ippon no se movió en ningún momento, intentando facilitarle al biomecánico su trabajo y ya de paso intentando relajarse al estar en el exterior. No le gustaba aquel sitio, prefería estar en la mazmorra donde se había despertado, por incómoda que fuese.

Mientras Archime miraba los brazos a Cío, Ippon se vistió rápidamente, desprendriéndose del resto de su ropa térmica que dejó en el interior del ruinoso edificio de forma disimulada y partió en dirección a la plaza con los irrenses. Por el camino les fue haciendo preguntas de diversa índole, ignorando a cualquier ser de otro mundo. Ya tendría tiempo de sacarles fotos y de dibujarles basándose en las imágenes cuando llegasen a la plaza en la que se atisbaba una fuente desde la lejanía


Sigue en la Plaza de la Fuente.

Zarket

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GM
Entendiendo lo que decía completamente al revés, aquella persona sacó un silbato. Antes de que pudiese detenerla ya lo había hecho sonar y había llamado la atención de las dos criaturas. Resignado, decidí ir rápidamente hacia la salida, asegurándome de no perder a mi compañero. «Por lo menos podía haber tenido sentido común para saber que no se debe llamar la atención de una rata gigante con máscara de gas. Aunque tampoco es que precisamente yo pueda dar lecciones de sentido común».

Al llegar a la puerta agradecí infinitamente que fuese un día nublado, ya que un día totalmente despejado de buen sol probablemente empeoraría el dolor de la cabeza. Al momento me fijé en el estado de esa ciudad. Todo estaban en ruinas y había un silencio sepulcral.  No había nadie por las calles, ni ningún edificio reconocible, ya que todo estaba en ruinas. Ni cine, ni teatro, ni bares, ni supermercados, ni casas, ni pisos, ni coches, ni gente charlando o paseando... «Parece una ciudad muerta» pensé, inquieto. ¿Se supone que había alguna maravilla en este silencio sepulcral? «Hasta los cementerios tienen más vida».

Al lado de la entrada estaban los chicos de antes, ahora acompañados de un tercero que tendría como diez años. A la luz del día veía que tampoco eran humanos. De hecho, los dos mayores más bien parecían una mezcla de persona con maquina. Aunque lo más curioso era su cara.

—Parece que hoy es el día de los animales —dije sin prestarles mucha atención. Cansado, decidí ir explorando por la zona. De pronto, a lo lejos parecía haber una plaza, así que me dirigí hacia allí.

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Leonart

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El joven ruso arrugó la nariz antes de atender a lo que decia la ochoria. Su cara estaba consternada por el hecho que lo unico que evitaba que le atacase era, aparentemente, una cuchara. Tenia que proteger a la niña, pero este ser no parecia hostil. Casi... Casi que podia distinguir en él algunas facciones humanas, rastros de una evolución asemejada. Pero aquello... ¿que podria significar?

Ruta Nº2: Akasha

-Está bien...-dijo guardando la cuchara pero sin abandonar su postura amenazante.-Deberiamos irnos...-le dijo al daeliciano, que todavia no le entendia.-Me he cansado de seguir metiendome en esta mazmorra y no parece que haya ningun boss salvo nuestra invitada no deseada... Vámonos.-dijo entonces, empujando suavemente a la niña por el pasillo, pasando de largo de la Ochoria. a mitad de camino hacia la salida, se giró hacia la otra, con remordimientos y le llamó la atención.-Puedes seguirnos, pero como intentes algo...-continuó lanzando una mirada de sospecha que quedó atrapada dentro de sus gafas, ya que no se le podian apreciar los ojos muy bien. Hizo señas para que le siguiera, finalmente comprendiendo que no entendia ni una sola palabra. Como pudo le explicó que estaban intentando salir.

>>Blandito~ Blandito y esponjoso~ Kukuku...

Intentó hacer memoria todo lo que habia andado. Si de algo se sentia orgulloso el ruso, era de su memoria. Era capaz de recordar infinidad de detalles, ya bien fueran inútiles o se les pudiera sacar algún uso. Y un mapa mental de como se disponia lo que habia caminado por la mazmorra era bastante fácil. Con esa facilidad, no le costó guiar a los otros dos por el otro camino, el que llevaba al exterior.

Sigue en la Plaza de la Fuente.


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!!SOICRET SOL NE ETATSILNE
Spoiler:

Poblo

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Poco a poco los distintos mamíferos se fueron marchando, el más pequeño de hecho usó un silbato, lo que hizo que Xalkoth lo identificara como algún tipo de pastor amaestrado, aunque no logró hacerse a la idea de cómo un animal había sido capaz de aprender a usar una herramienta tan sofisticada.
La desaparición progresiva de seres vivos en el pasillo, unido a la crecientes ganas de explorar aquel lugar desconocido, hicieron que el clinger se aburriera rápidamente del sitio en el que se encontraba. Ignorando descaradamente al roedor del techo descendió al suelo de un salto, para luego seguir al resto por las escaleras, hasta que localizó una salida al exterior, que cruzó sin pensárselo dos veces. “¡A la aventura!”

En circunstancias normales el hecho de estar en una ciudad que no había visto nunca, aun estando en ruinas, le habría fascinado hasta niveles enfermizos, pero la corriente de aire frío, polar para el clinger, que le recibió al salir echó por tierra cualquier reacción o pensamiento dedicado hacia lo que estaba viendo. Ahora se arrepentía con creces de haberse despegado del simio con el que se había encontrado antes. “Maldito mono pelado ¿Por qué tenía que armar tal escándalo? ¿Qué le costaba que me subiera a su espalda para que pudiera viajar calentito?”
Encima cuanto más pensaba en la situación más se daba cuenta que este problema que tenía él no lo iban a tener los demás.
“Claaaro. Todos mamíferos de sangre calentita y bien protegiditos de este clima polar. Con razón aquí hay tantos. Daría el exoesqueleto con tal de poder tener una capa peludita que me aislara de este puto frío. Total luego podría segregar uno nuevo así que técnicamente me saldría gratis”

Mientras avanzaba tiritando se acordó de que todos iban cubiertos con telas o cosas parecidas. “¿Y si pudiera quitárselas? Puede que eso me sirva para abrigarme, ellos no las necesitan tanto como yo”

Y así, Xalkoth se adentró en las calles, a la vez que ideaba posibles planes para robarles las ropas a los que habían ido por delante de él.

Sigue en la Plaza de la Fuente.

alpeca

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Me despierto de golpe, aunque no recuerdo si tenía alguna pesadilla. Sólo sé que estoy algo alterado, sin causa aparente. Y lo que veo hace que me altere más aún: no reconozco el lugar donde me encuentro. Se trata de una habitación muy extraña húmeda y llena de moho que no inspira demasiada confianza, sensación que se acrecienta con el hecho de que apostaría mis alas a que esto no es obra de ningún abajero. Trato de recordar todo lo que pasó ayer, suponiendo que lleve poco tiempo aquí dentro dormido: estaba ejercitando mi memoria, poniéndola a punto para trabajar, cuando alguien entró en mi habitación, soltando humo…y después poca cosa más…recuerdo algo de un contrato que firmé. Espera, ¿qué firmé? ¿Qué ponía ahí? Que aceptaba ir a…¿dónde?

-Rocavarancolia…

Muevo la cabeza, molesto por recordar tan poco. Nunca me había pasado, y me saca de quicio el tener lagunas en mi memoria. Respiro para tranquilizarme y me pongo en pie. No sé bien qué hacer, y me quedo unos minutos pensativo. A mis oídos llegan voces, aunque no entiendo nada de lo que dicen. Me asomo por la puerta y busco el origen de esas voces. Me acerco con cautela a ellas, y veo como unas cuantas figuras se dirigen a una salida de este lugar. Lo primero que pienso es que viven aquí, pero ese pensamiento se desvanece al ver que parecen muy desorientados. Les sigo pero, aun así, por si acaso, lo hago con cautela, intentando pasar desapercibido, aunque no sea muy sigiloso. Estoy en un terreno que no conozco, con gente muy extraña que no he visto en mi vida, ninguno como yo. Es mejor no arriesgarme.

Sigue en la Plaza de la Fuente.



Última edición por alpeca el 03/08/13, 11:43 pm, editado 1 vez

Evanna

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La aparición de esa nueva criatura, que aunque humanoide estaba cubierta de pelo y tenia rasgos bastante poco comunes llamo la atención de Dhelian que se asomo ligeramente desde detrás del cuerpo de su acompañante que para su expresión confundida estaba amenazando a aquel ser peludo, a falta de otra forma de llamarle, con una cuchara. "Que tipo de armas mas peculiares tiene esta persona" pensó bastante curioso, sin entender en lo mas mínimo lo que estaban diciéndose entre si, pero notando que aquel recién descubierto compañero parecía estar tan perdido como ellos mismos y que solo se encontraba asustado.

-No te preocupes no vamos a hacerte daño alguno, estamos en busca de una salida de este lugar, puedes venir con nosotros- hablo en un tono suave y tranquilizador, sonriendole a medias, siguiendo al chico de cabello naranja mirando tras de si de vez en cuando esperando que los estuviera siguiendo pues no aprecia alguien peligroso. Si Dhelian estuviera presente en esos instantes seguramente habría salido rápidamente de allí sin mirar a nadie o si quiera habría salido del cuartucho donde despertó, era una suerte que hubiese sido cosechado cuando estaba como Lhelian. Ahora lo principal era salir de allí no soportaba mas el olor a humedad del lugar las feas vistas de alrededor y la semi oscuridad, mientras se cubría bien con el anorak del chico que estaba en esos momentos guiándolos al parecer sabiendo donde se encontraba la salida de ese laberinto de pasillos.

Finalmente llegaron a la entrada, Dhelian sintió alivio inmediato corriendo los últimos metros hacia la entrada del lugar esperando ver aquella ciudad de fantasía que le prometió aquella mujer. Su desilusión fue enorme cuando al salir...solo pudo ver parte de una ciudad semiderruida, con piso horribles, sin color ni vida, casa de madera y piedra sin olor ni brillo alguno, una ciudad muerta. "¡Esto es por completo espantoso! ¡esta ciudad esta muerta!" pensó sorprendido por lo que sus ojos podía ver, no había nada rescatable a sus ojos, lo único que lo aliviaba un poco era el cielo, ese cielo tan extraño de un color diferente pero menos brillante, menos luminoso. El mismo aire que respiraba transmitía un olor diferente, áspero y rancio, de abandono. Aquello era muy diferente a como imaginaba, tuvo que obligarse a salir junto de pelo naranja, era mejor estar acompañado que solo en ese sitio sin vida.

Sigue en la Plaza de la Fuente.


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Invitado, sueñas con un mundo perfecto...
...tu paraíso personal...
...donde lloras tu imperfecta realidad

Vlad

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Yrfylltabgemesh dio un respingo interno en el mismo momento en el que el insecto saltó hasta el techo. Notó entonces como sus ojos, al igual que los de los demás, iban fijándose progresivamente en él. Se maldijo mil veces y, sin más dilación, se dejó caer sobre el suelo, desenfundando la daga de flamígero filo y el puñal curvo a gran velocidad, posicionándose a la defensiva y bufándo su pelaje.

-Jramatosk- maldijo, dando a conocer su tono agudo y veloz.-tzrujchernthasktilkfaljragaguces pelakisherneery

Estaba a punto de lanzarse contra el enorme insecto, en mor de acabar con la amenaza más cercana, cuando se percató de que todos y cada uno de los presentes comenzaban a retirarse sin mucho interés. No parecían tomarlo como una amenaza, ni como un competidor. Simplemente, parecía que tenían cosas mejores que hacer.

Durante una fracción de segundo, el joven asesino meditó la situación. Quizá aquellos seres inferiores no eran su objetivo, o debían esperar una señal para comenzar.

Finalmente, guardando las distancias, pero no los cuchillos, Yrfylltabgemesh descendió junto con el grupo hasta la calle, dejando un espacio de tiempo razonable y cubriéndose tras de ellos para, en caso de que simplemente fueran imbéciles y algún elegido más avispado esperara para asesinarlos brutalmente, el hagaloch tuviera un tiempo para reaccionar.

Sigue en la Plaza de la Fuente.


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¿Qué es más divertido que matar a un bebé en una batidora?

Matarlo con la tapa abierta.

Shylver


La campesina esperó mientras más palabras incomprensibles salían de la boca del excéntrico muchacho, mientras sus dos acompañantes se movieron lentamente hacia uno de los pasillos para luego tomar una velocidad de avance normal. A medio camino, el chico se detuvo y se dirigió a ella. Por sus gestos y sus señalizaciones, supuso que esperaba que los siguiera. Con la reforzada idea de que buscaban un bien común, que no era otra cosa sino encontrar una salida por la que alcanzar el mundo exterior, no dudó en seguir su consejo. La chica que el hombre parecía intentar proteger también se dirigió a Akasha. El contraste entre la voz tensa del chico y la voz suave y tranquilizadora de la joven le sorprendió un poco. Seguía sin comprender una sola palabra pero, por su actitud, parecía dispuesta a confiar en ella, y la ochroria le agradeció el gesto devolviéndole la sonrisa, para volver a perderse en sus pensamientos, sin dejar de andar. 
Por el camino, pensó detenidamente en los sujetos a los que seguía a una distancia prudencial, todo fuese por no alterar más al humano. No parecían ochrorios. Mientras que el macho sí que tenía algunas similitudes, aunque su estructura corporal era ligeramente diferente, no tenía bigotes visibles y sus orejas eran extrañas, en nada podía compararse a los dispares y llamativos colores que la niña mostraba al mundo. Incluso llegó a sentir que semejante mezcla le causaba mareos si se paraba demasiado tiempo a admirarla, aunque lo atribuyó rápidamente a que no estaba acostumbrada a ver esos tonos todos los días. Determinó, sin lugar a dudas, que no se trataba de ochrorios. Eso implicaba cosas que la mente de Akasha no estaba preparada para asimilar. Por su comportamiento, no eran habitantes del lugar. Habían llegado hace poco, como ella. ¿Quería eso decir que, además de ella, habían llegado personas de... –Akasha hizo una pausa en su línea de pensamiento. –...otros mundos? Por un lado, la idea le pareció completamente absurda, un disparate, pero por otro lado observó las pruebas que se encontraban ante sus ojos, andando un par de metros por delante de ella. Y apoyándose en sus propios argumentos, ¿no había viajado ella misma a otro mundo, un mundo nuevo y misterioso, cuyos secretos le aguardaban? Akasha suspiró por segunda vez ese día y apartó esos pensamientos de su cabeza. No le apetecía perderse en divagaciones que no le harían ningún bien a corto plazo. Más bien acabaría más confusa que al principio.
Se limitó a seguir a los dos individuos, hasta que alcanzaron lo que parecía ser la puerta que los separaba del mundo exterior. La chica de colores salió corriendo y cruzó el umbral, deteniéndose a unos metros de ellos. Akasha esperó a que el chico avanzase y le siguió, contemplando con cierta impresión el objeto de la desilusión del daeliciano. No, lo que observó por su ventana no era una pequeña parte de la ciudad. La urbe en su totalidad estaba compuesta, entera y exclusivamente, por secciones ruinosas de diversa y caótica arquitectura. O, al menos, lo que quedaba de su arquitectura. Un mar de ruinas. Sin duda una visión imponente, aunque Akasha pudo comprender vagamente la decepción de su acompañante más joven. No le habría molestado un poco más de diversidad en el paisaje. Por otro lado, una pequeña parte de su mente barajaba los posibles problemas del lugar. Uno de sus propios pensamientos anteriores la sorprendió al manifestarse con tanta claridad frente a ella. “Nadie me aseguró que este sitio fuera seguro”.
Agitando la cabeza para volver a la realidad, observó cómo los dos jóvenes se habían adelantado, en dirección a lo que parecía ser un claro en el bosque de estructuras semiderruidas. Akasha les siguió. No pretendía alejarse demasiado de ellos. No en un lugar así.
Sigue en la Plaza de la Fuente.

Baurus

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Llegué de nuevo al pasillo de las habitaciones. Algunas estaban abiertas, otras cerradas, y algunas pues simplemente les faltaba un buen trozo. No pude distinguir la mía, pero sabía que se encontraba más al fondo. Sin pensarlo dos veces, entré por la más cercana a mi. Abrí la puerta de golpe, esperándome lo que fuera que estuviera allí dentro. Lo que me temía... Parece que no soy el único aquí.. La habitación estaba vacía, pero alguien estuvo recientemente. Las sábanas estaban revueltas y arrugadas, además del colchón ligeramente movido de su sitio. Había muy poca luz como para asegurarme por completo e intentar buscar cabellos. Quité la sábana y me la enrollé en el pie que vestía mi camisa rasgada. Era muy fina y seguía haciéndome daño al caminar, esto seguramente disminuiría el dolor. Lo siento, tendrás que dormir en otra parte, mis pies no aguantan más.
Salí esta vez más preparado que la anterior, ahora si podía seguir explorando donde me encontraba sin sufrir pinchazos cada dos por tres. Volví en escasos minutos a la estancia grande donde dormí, esta vez, con la intención de cruzar la otra puerta a una pared. Me quedé frente a ella, dubitativo. No sabía que se escondía detrás. Sabía que estaba el exterior, ya que pequeños rallos de luz entraban por agujeros de la puerta carcomida, además de que a ras de suelo se podía ver bien por el hueco. "Una tierra de sueños y magia". Eso fue lo que dijo. Pero al abrir la puerta me encontré con todo lo contrario. Puras ruinas. Esto es flipante. Al menos antes había tienduchas donde robar comida, aquí como no me alimente de ratas creo que lo pasaré un poco mal. Avancé en línea recta, observando todo a mi alrededor. Hasta que lo pude escuchar aquello que no quería aquí. Maldición... Cerca de una hermosa fuente, había gente. Algunos parecidos, otros completamente diferentes. Unos daban miedo... Otros daban sensación de calidez. "Ven conmigo a Rocavarancolia y encontrarás la soledad que buscas..." Me quedé inmóvil, observando de lejos a aquella pequeña multitud, con los puños apretados y llenos de ira. Me mentiste. Dijiste que la encontraría, o que encontraría algo mejor todavía. Agotado, acabé sentándome, sin apartar la mirada de ellos.

Sigue en: Plaza de la Fuente    

Elliot

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Neith estaba temblando. En buena parte se debía al frío que irradiaba ese lugar. Pero no solo era la temperatura la que le hacía estar así. Un nuevo miedo, menos mundano que cualquier otro que pudiese haber tenido antes, se abría paso en su ser.

Este nuevo miedo había llegado a ella cuando la chica del pelo verde se giró y pudo verle la cara. Una cara de todo menos humana. Tenia como... ¿hocico? Neith no sabia si esa sería la palabra exacta para describirlo, pero el asunto es que lo tenía. También tenía las orejas puntiagudas.

Pues bien, este miedo, al contrario de lo que ella misma esperaría, no estaba infundado por esa chica (Que sin duda no parecía una amenaza con su ropita y su libreta) sino, mas bien, de la certeza de que no había droga lo suficientemente fuerte que pudiese producir alucinaciones tan reales. De la certeza de que aquello era real. Real y espantoso. "¿Donde demonios me he ido a meter?"

Recordó la conversacion con el joven en la playa. Le había ofrecido una vida nueva, aventuras, grandeza, magia... ¿Porque había aceptado ella venir? Ella no quería todo eso... No lo quería... ¿verdad?

En su interior, el miedo pugnaba con otra sensación. Una sensación de estar viva. No había mejor forma de calificarla que eso. Estaba viva, y en otro mundo.

-Otro mundo... -  Susurro muy bajito mirando el suelo de piedra bajo sus pies. - Rocavarancolia. - La palabra iba tomando consistencia en su mente como si fuese algo vivo. De pronto se sintió con mas fuerzas. Era toda una oportunidad de vivir algo sin igual, algo que muy poca gente podría hacer. ¡Una aventura! Un mundo nuevo, con magia... ¡Magia! ¿Podría hacer ella magia? Se descubrió a su misma mirando fijamente una piedra del suelo, con la esperanza de levantarla, o fundirla, o vaporizarla o... o... convertirla en algodón de azúcar mismo... Pero, para su desilusión, la piedra siguió exactamente como la había encontrado. "Pues vaya mierda..."

Decidió levantarse e ir al encuentro de las otras dos chicas (o lo que fuesen) pero, durante su pequeña lucha con la piedra del suelo, estas habían desaparecido. Ahora estaba en mitad del pasillo mirando a ambos lados cuando de pronto vio una especie de... rata. Sus pulmones se llenaron de  aire, preparados para soltar un grito que capaz hubiese sido de tirar abajo las ruinosas paredes de esa mazmorra, pero, aprovecho ese aire para salir a correr en la dirección contraria tan rápido como pudo.

Oia mas pasos cerca, pero no se detuvo a ver quienes eran, no paró de correr hasta que volvió a estar rodeada de luz solar.


Sigue en la Plaza de la Fuente.


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Me haré una cama con tus huesos, Invitado, Muajajaj!


Taceant Colloquia.
Effugiat risus.
Hic locus est ubi mors gaudet succurrere vitae.

¡Superpor la aceptación, la integración y los derechy'x Frivy's!

Spoiler:




Click en la imagen para ver el esquema de relaciones entre los Cosechados del Rol

Matt

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Abro los ojos lentamente adormilada respirando lentamente. La primera sensación al abrir los ojos fue de un frío y una falta de luz al que no estaba acostumbrada. "¿Donde estoy? ¿Habré llegado ya a este nuevo mundo?¿Donde esta la mujer que me trajo aquí?¿Sigue siendo de noche?" Digo mirando hacia una pequeña ventana por la que entra una minúscula cantidad de luz.

La superficie donde me encontraba acostada era dura y fría. Al incorporarme me froto los ojos intentando dejar de estar tan atontada. "Ese brebaje que me dio la mujer anoche tubo que ser lo que me adormeciese así. Estúpida niña tonta. Dejándote engañar así. Este lugar es frío y poco acogedor." En ese momento me doy cuenta de la única ropa que cubre la dura cama es una sabana sucia blanca lo que me hace saltar de la dura piedra como un resorte acercándome a la esquina de la polvorienta habitación. "¿Qué clase de sitio pone los colores de la muerte? ¿Estaré yo misma muerta?¿Me habrá envenenado la extraña mujer del otro día?"

Mientras pienso en la noche anterior puedo escuchar algunos ruidos abajo por lo que mi cuerpo se tensa al pensar que no estoy sola en este sitio tan oscuro. Lo primero que se me ocurre hacer es mirar por la pequeña ventana que se encuentra algo lejos de mi alcance. "¿Que clase de personas ponen una ventana tan pequeña y a tal atura? Es acaso posible que las personas que pueblan este lugar sean todas demasiado altas?" Pienso mientras intento buscar una manera para poder llegar a la ventana. De un salto subo a la dura cama e intento mirar desde allí a la inmensidad que me presenta la pequeña ventana pero solo puedo ver edificios de piedra sin ningún color.

Chasqueo la lengua maldiciéndome a mi misma por no poder ver nada cuando otro ruido esta vez mas cerca de mi posición me hacen quedarme quieta como una estatua. Uno pasos en el exterior de la habitación suenan alejándose por lo que respiro profundamente y me bajo de la cama buscando algo con lo que poder defenderme.

Mi vista se posa en los pocos utensilios a mi disposición y tras descartar el montón de polvo de la esquina acabo cogiendo una piedra del tamaño de mi mano dispuesta a golpear con ella a quien consideré una amenaza. "Muy bien.. Es hora de salir Korasihanna." Me toco un poco las coletas para asegurarme que estoy medianamente bien peinada mas por nervios que por que me preocupase mi imagen y con la piedra oculta a mi espalda abro la puerta lentamente intentando hacer el mínimo ruido posible.

La zona que se me presenta es igual o peor que en la que me desperté. La humedad del ambiente y la cantidad de musgo y suciedad de las puertas hacen que el frío sea un poco mas intenso. Puedo escuchar los pasos en el fondo de la estancia por lo que me acerco a la pared pegándome a ella dirigiéndome hacia donde se producían los pasos. Lo que mas me llama la atención es el olor en el ambiente. Daelicia era dulce en todos los lugares en los que te encontrases aquí, por el contrario, solo podía oler a humedad y a cerrado.

Siguiendo los ruidos llego a unas escaleras que suben y bajan puedo escuchar un algarabío en el tramo mas bajo de la escalera repleta de polvo y musgo verde. Respiro hondo afianzando la piedra en mi mano y comienzo a bajar las escaleras. Los tacones hacen demasiado ruido al bajar por lo que me paro a los cuatro escalones y moldeo mi calzado hasta hacerlo plano y al comprobar que no hago ahora tanto ruido sigo bajando pegada a la escalera.

Mi brazo se roza con una veta de musgo al llegar a los últimos tramos de escalera produciéndome que la piel se ponga de gallina y obligándome a ahogar un grito de asco al ver que la sala donde acaba la escalera estaban repletas de algunas personas y unas bestias que no acababa de reconocer como algo visto en Daelicia.

Las personas comienzan a salir de la habitación por una puerta por lo que respiro aliviada por no haber sido detectada aún. Las personas hablan cosas que no entiendo y de un tono bastante rudo a mi parecer. "¿Estarán enfadados por estar aquí? Quizás también esperaban otra recepción por parte de la mujer que me había traído a este lugar." Cuando me afianzo que me encuentro sola en la sala salgo por la puerta por la que han salido los demás.

Sigue en la Plaza de la Fuente.

Alicia

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Anriel dormía al borde de la cama, mientras Nero se cruzaba a través de ella, ocupando todo el espacio que le era posible. Dormía de lado, sí, pero en diagonal. Ella fue la primera en abrir los ojos, al notar una corriente de aire en la nuca. Echó un rápido vistazo a la ventana abierta y comprobó que el crepúsculo estaba dando a su fin. La casa, en su totalidad, estaba en un silencio sepulcral. Incluso la presencia del intruso en su habitación era silenciosa, al menos hasta que saludó. Anri  volvió a mirar la ventana con curiosidad. ¿Sería un nuevo tutor que les mandaban los  padres de Nero? Estaba  muy tranquilo para ser un ladrón cogido con las manos en la masa, y la jornada estaba comenzando.
- ¿Es abrir ventanas tu manera educada de despertarnos?- preguntó, en vez de responder al saludo. Nero se desperazaba a su lado y se incorporó felino mientras observaba al recién llegado con aire analítico. Primero lo barrió con la mirada, como decidiendo si era de su agrado, y luego se lo quedó mirando a los ojos en  una pregunta muda.
***
Nero despertó a Anri agitándole los hombros con insistencia.  Ri, por una vez en su vida, parecía profundamente dormida, y comenzó a soltar quejidos en sueños.  
- Ri....diversión, recuerdas?- Ri se giró para darle la espalda, quien sabe si conscientemente.- Como quieras- dijo aburrido, y salió de la celda después de examinarla con atención una última vez.



Última edición por Alicia el 08/08/13, 02:21 am, editado 2 veces


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Naeryan

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El rumor de la lluvia en alguna parte le había despertado, y Taro llevaba un rato recorriendo los pasillos. En las mazmorras reinaba un silencio sepulcral y el reloj del carabés, funcionando a través de la energía de su propio pulso, le informaba de que apenas habían pasado un par de horas desde que el tipo de rojo le había asaltado.

Acababa de encontrar unas escaleras cuando un zumbido en la oscuridad le distrajo. Tuvo el tiempo justo para girarse y ver lo que parecía ser una señora jeringuilla de proporciones preocupantes surcando el aire en su dirección, ayudada por dos pares de alas de cristal y llena de un líquido verde que no prometía nada bueno.

El artefacto había arremetido contra su brazo, inyectándole una dosis  considerablemente mayor que la primera de somnífero, y él había caído de nuevo como un fardo al suelo.

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-Joder, mi cabeza...
Muchas horas más tarde, Taro despertó de su sueño con las sienes latiéndole y un molesto rumor en los oídos. Sentía los músculos completamente adormecidos, y tuvieron que pasar un par de minutos antes de poder moverlos con soltura. Tiempo más que suficiente para darse cuenta de que no estaba en su cuarto y por qué, y con ello recordó una cosa más.
Aprovechó mientras se estiraba para comprobarlo. Ahí estaba, en el brazo derecho. Un pequeño desgarrón en el jersey bajo el cual se ocultaba un sarpullido algo hinchado, como una picadura.

Tras un chequeo rápido para comprobar que la caída al suelo no le había supuesto grandes daños, Taro salió a toda prisa de la celda dispuesto a caminar pasillo abajo. Sin embargo apenas salió pudo divisar a un segundo chico que avanzaba por la galería.
-Eh- llamó sin miramientos-. ¿Por dónde se sale de aquí?

Si el otro tampoco lo sabía, Taro no pensaba entretenerse buscando la salida: buscaría el primer cuarto con ventanuco que pudiese encontrar y se descolgaría por él. Quedarse sentado esperando a que llegase alguien no era su estilo. Y dicho sea de paso, tampoco tenía prisa por recibir un tercer jeringazo.


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"And if you gaze long enough into an abyss, the abyss will gaze back into you."
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