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Mazmorras de la Cosecha (Archivo V)

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1 Mazmorras de la Cosecha (Archivo V) el 03/08/13, 04:00 pm

Red

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Recuerdo del primer mensaje :

Keiria despertó sobresaltada, incorporándose repentinamente en el catre en el que estaba echada. El brusco movimiento hizo que le sobreviniera un mareo, y llevándose las manos a la cabeza se sentó en el colchón, asegurando sus pies sobre el suelo de piedra. La humedad que impregnaba el ambiente le ayudo a recuperarse enseguida y, parpadeando confusa, echó un vistazo a lo que le rodeaba sin recordar aun como había llegado allí. Se encontraba en una estancia de piedra, iluminada tenuemente por una antorcha y ocupada solamente por el catre en el que había estado durmiendo. Las paredes tenían manchas de humedad, y una capa de polvo y suciedad lo cubría casi todo, removida únicamente en algunas partes del suelo en formas que recordaban a pisadas. Estaba buscando los grilletes en las paredes cuando por fin se aclaró su mente y la ibolense se acordó de Cordia, aquella mujer que había aparecido en su casa por la noche y le había prometido que en su mundo de maravillas dejaría de causarle problemas a su padre.
-Desde luego tengo un cuarto maravilloso -masculló irónicamente, poniéndose en pie algo tambaleante.

La única salida aparente de la estancia era una cochambrosa puerta de madera hinchada por la humedad, y hacia ella se dirigió la pelirroja con la esperanza de que no estuviera cerrada con llave. Por suerte solo estaba entornada, y la chica no tuvo problemas a la hora de abrirla y salir al pasillo que daba. El corredor estaba en las mismas condiciones que su acogedora estancia, simplemente tenía mas iluminación y la capa de polvo del suelo estaba mas revuelta. Keiria estornudó con fuerza y observó con ojos llorosos los dos posibles caminos que podía tomar, decidiéndose al fin por el que parecía estar mejor iluminado. A medida que avanzaba por el pasillo, se percató de que la luz que brillaba con mas fuerza en el camino que había escogido era natural, y al doblar la esquina se encontró en un enorme vestíbulo presidido por una enorme puerta entreabierta. La misma decadencia que le había acompañado en su pequeño paseo seguía estando presente, pero la claridad del exterior que se colaba por la entrada daba a la escena tintes menos siniestros, por lo que la muchacha se acercó a la arcada y empujó la plancha de madera con fuerza, haciendo chirriar las bisagras.

La repentina claridad la cegó por un momento, obligándola a parpadear con fuerza para aclarar su vista. Cuando por fin fue capaz de distinguir lo que tenía enfrente, la realidad la golpeó con menos fuerza de la esperada. Había empezado a intuir que la ciudad de maravillas que le había prometido aquella mujer no era mas que una patraña en cuanto despertó en aquella suerte de calabozo, pero había mantenido la incertidumbre hasta verlo con sus propios ojos. Ahora las ruinas que observaba solo confirmaban su primera suposición, y aunque muchos en su situación se habrían arrepentido de haber decidido ir a aquel lugar después de ser testigos del engaño, ella se negó a dejarse llevar por el derrotismo. Había decidido arriesgarse, e iba a apechugar con las consecuencias; solo esperaba que la parte en la que evitaba mas problemas a su padre fuera cierta.
-Rocavarancolia -murmuró para si con cierta dificultad, acordándose del nombre que le había dado Cordia a aquel lugar-, ciudad de milagros y portentos... desde luego en urbanismo no destacan -comentó, observando la calle en ruinas que tenía enfrente.

Solo veía una pequeña porción de la calle en la que se encontraba, pero enseguida le quedó claro que el estilo arquitectónico no seguía un patrón lógico y que chabolas convivían con mansiones de forma totalmente aleatoria. A pesar de todo la mayoría de los edificios estaban en mal estado, como si hubieran sido atacados, y el cielo gris que cubría todo daba al conjunto un aire decadente que mucho distaba de la ciudad maravillosa que le habían vendido. A lo lejos Keiria vio una plaza amplia, y aunque no estaba segura del todo, creyó distinguir que en ella se alzaba una fuente. A su espalda creyó distinguir ruido en las plantas superiores, así que no se entretuvo mas y se encaminó hacia aquella posible fuente de agua tras cubrirse el ojo izquierdo con su parche por costumbre, no quería arriesgarse a que nadie reconociera su ascendencia.

Continúa en la Plaza de la Fuente.


Baurus


Llegué de nuevo al pasillo de las habitaciones. Algunas estaban abiertas, otras cerradas, y algunas pues simplemente les faltaba un buen trozo. No pude distinguir la mía, pero sabía que se encontraba más al fondo. Sin pensarlo dos veces, entré por la más cercana a mi. Abrí la puerta de golpe, esperándome lo que fuera que estuviera allí dentro. Lo que me temía... Parece que no soy el único aquí.. La habitación estaba vacía, pero alguien estuvo recientemente. Las sábanas estaban revueltas y arrugadas, además del colchón ligeramente movido de su sitio. Había muy poca luz como para asegurarme por completo e intentar buscar cabellos. Quité la sábana y me la enrollé en el pie que vestía mi camisa rasgada. Era muy fina y seguía haciéndome daño al caminar, esto seguramente disminuiría el dolor. Lo siento, tendrás que dormir en otra parte, mis pies no aguantan más.
Salí esta vez más preparado que la anterior, ahora si podía seguir explorando donde me encontraba sin sufrir pinchazos cada dos por tres. Volví en escasos minutos a la estancia grande donde dormí, esta vez, con la intención de cruzar la otra puerta a una pared. Me quedé frente a ella, dubitativo. No sabía que se escondía detrás. Sabía que estaba el exterior, ya que pequeños rallos de luz entraban por agujeros de la puerta carcomida, además de que a ras de suelo se podía ver bien por el hueco. "Una tierra de sueños y magia". Eso fue lo que dijo. Pero al abrir la puerta me encontré con todo lo contrario. Puras ruinas. Esto es flipante. Al menos antes había tienduchas donde robar comida, aquí como no me alimente de ratas creo que lo pasaré un poco mal. Avancé en línea recta, observando todo a mi alrededor. Hasta que lo pude escuchar aquello que no quería aquí. Maldición... Cerca de una hermosa fuente, había gente. Algunos parecidos, otros completamente diferentes. Unos daban miedo... Otros daban sensación de calidez. "Ven conmigo a Rocavarancolia y encontrarás la soledad que buscas..." Me quedé inmóvil, observando de lejos a aquella pequeña multitud, con los puños apretados y llenos de ira. Me mentiste. Dijiste que la encontraría, o que encontraría algo mejor todavía. Agotado, acabé sentándome, sin apartar la mirada de ellos.

Sigue en: Plaza de la Fuente    

Elliot


Neith estaba temblando. En buena parte se debía al frío que irradiaba ese lugar. Pero no solo era la temperatura la que le hacía estar así. Un nuevo miedo, menos mundano que cualquier otro que pudiese haber tenido antes, se abría paso en su ser.

Este nuevo miedo había llegado a ella cuando la chica del pelo verde se giró y pudo verle la cara. Una cara de todo menos humana. Tenia como... ¿hocico? Neith no sabia si esa sería la palabra exacta para describirlo, pero el asunto es que lo tenía. También tenía las orejas puntiagudas.

Pues bien, este miedo, al contrario de lo que ella misma esperaría, no estaba infundado por esa chica (Que sin duda no parecía una amenaza con su ropita y su libreta) sino, mas bien, de la certeza de que no había droga lo suficientemente fuerte que pudiese producir alucinaciones tan reales. De la certeza de que aquello era real. Real y espantoso. "¿Donde demonios me he ido a meter?"

Recordó la conversacion con el joven en la playa. Le había ofrecido una vida nueva, aventuras, grandeza, magia... ¿Porque había aceptado ella venir? Ella no quería todo eso... No lo quería... ¿verdad?

En su interior, el miedo pugnaba con otra sensación. Una sensación de estar viva. No había mejor forma de calificarla que eso. Estaba viva, y en otro mundo.

-Otro mundo... -  Susurro muy bajito mirando el suelo de piedra bajo sus pies. - Rocavarancolia. - La palabra iba tomando consistencia en su mente como si fuese algo vivo. De pronto se sintió con mas fuerzas. Era toda una oportunidad de vivir algo sin igual, algo que muy poca gente podría hacer. ¡Una aventura! Un mundo nuevo, con magia... ¡Magia! ¿Podría hacer ella magia? Se descubrió a su misma mirando fijamente una piedra del suelo, con la esperanza de levantarla, o fundirla, o vaporizarla o... o... convertirla en algodón de azúcar mismo... Pero, para su desilusión, la piedra siguió exactamente como la había encontrado. "Pues vaya mierda..."

Decidió levantarse e ir al encuentro de las otras dos chicas (o lo que fuesen) pero, durante su pequeña lucha con la piedra del suelo, estas habían desaparecido. Ahora estaba en mitad del pasillo mirando a ambos lados cuando de pronto vio una especie de... rata. Sus pulmones se llenaron de  aire, preparados para soltar un grito que capaz hubiese sido de tirar abajo las ruinosas paredes de esa mazmorra, pero, aprovecho ese aire para salir a correr en la dirección contraria tan rápido como pudo.

Oia mas pasos cerca, pero no se detuvo a ver quienes eran, no paró de correr hasta que volvió a estar rodeada de luz solar.


Sigue en la Plaza de la Fuente.

Matt


Abro los ojos lentamente adormilada respirando lentamente. La primera sensación al abrir los ojos fue de un frío y una falta de luz al que no estaba acostumbrada. "¿Donde estoy? ¿Habré llegado ya a este nuevo mundo?¿Donde esta la mujer que me trajo aquí?¿Sigue siendo de noche?" Digo mirando hacia una pequeña ventana por la que entra una minúscula cantidad de luz.

La superficie donde me encontraba acostada era dura y fría. Al incorporarme me froto los ojos intentando dejar de estar tan atontada. "Ese brebaje que me dio la mujer anoche tubo que ser lo que me adormeciese así. Estúpida niña tonta. Dejándote engañar así. Este lugar es frío y poco acogedor." En ese momento me doy cuenta de la única ropa que cubre la dura cama es una sabana sucia blanca lo que me hace saltar de la dura piedra como un resorte acercándome a la esquina de la polvorienta habitación. "¿Qué clase de sitio pone los colores de la muerte? ¿Estaré yo misma muerta?¿Me habrá envenenado la extraña mujer del otro día?"

Mientras pienso en la noche anterior puedo escuchar algunos ruidos abajo por lo que mi cuerpo se tensa al pensar que no estoy sola en este sitio tan oscuro. Lo primero que se me ocurre hacer es mirar por la pequeña ventana que se encuentra algo lejos de mi alcance. "¿Que clase de personas ponen una ventana tan pequeña y a tal atura? Es acaso posible que las personas que pueblan este lugar sean todas demasiado altas?" Pienso mientras intento buscar una manera para poder llegar a la ventana. De un salto subo a la dura cama e intento mirar desde allí a la inmensidad que me presenta la pequeña ventana pero solo puedo ver edificios de piedra sin ningún color.

Chasqueo la lengua maldiciéndome a mi misma por no poder ver nada cuando otro ruido esta vez mas cerca de mi posición me hacen quedarme quieta como una estatua. Uno pasos en el exterior de la habitación suenan alejándose por lo que respiro profundamente y me bajo de la cama buscando algo con lo que poder defenderme.

Mi vista se posa en los pocos utensilios a mi disposición y tras descartar el montón de polvo de la esquina acabo cogiendo una piedra del tamaño de mi mano dispuesta a golpear con ella a quien consideré una amenaza. "Muy bien.. Es hora de salir Korasihanna." Me toco un poco las coletas para asegurarme que estoy medianamente bien peinada mas por nervios que por que me preocupase mi imagen y con la piedra oculta a mi espalda abro la puerta lentamente intentando hacer el mínimo ruido posible.

La zona que se me presenta es igual o peor que en la que me desperté. La humedad del ambiente y la cantidad de musgo y suciedad de las puertas hacen que el frío sea un poco mas intenso. Puedo escuchar los pasos en el fondo de la estancia por lo que me acerco a la pared pegándome a ella dirigiéndome hacia donde se producían los pasos. Lo que mas me llama la atención es el olor en el ambiente. Daelicia era dulce en todos los lugares en los que te encontrases aquí, por el contrario, solo podía oler a humedad y a cerrado.

Siguiendo los ruidos llego a unas escaleras que suben y bajan puedo escuchar un algarabío en el tramo mas bajo de la escalera repleta de polvo y musgo verde. Respiro hondo afianzando la piedra en mi mano y comienzo a bajar las escaleras. Los tacones hacen demasiado ruido al bajar por lo que me paro a los cuatro escalones y moldeo mi calzado hasta hacerlo plano y al comprobar que no hago ahora tanto ruido sigo bajando pegada a la escalera.

Mi brazo se roza con una veta de musgo al llegar a los últimos tramos de escalera produciéndome que la piel se ponga de gallina y obligándome a ahogar un grito de asco al ver que la sala donde acaba la escalera estaban repletas de algunas personas y unas bestias que no acababa de reconocer como algo visto en Daelicia.

Las personas comienzan a salir de la habitación por una puerta por lo que respiro aliviada por no haber sido detectada aún. Las personas hablan cosas que no entiendo y de un tono bastante rudo a mi parecer. "¿Estarán enfadados por estar aquí? Quizás también esperaban otra recepción por parte de la mujer que me había traído a este lugar." Cuando me afianzo que me encuentro sola en la sala salgo por la puerta por la que han salido los demás.

Sigue en la Plaza de la Fuente.

Alicia


Anriel dormía al borde de la cama, mientras Nero se cruzaba a través de ella, ocupando todo el espacio que le era posible. Dormía de lado, sí, pero en diagonal. Ella fue la primera en abrir los ojos, al notar una corriente de aire en la nuca. Echó un rápido vistazo a la ventana abierta y comprobó que el crepúsculo estaba dando a su fin. La casa, en su totalidad, estaba en un silencio sepulcral. Incluso la presencia del intruso en su habitación era silenciosa, al menos hasta que saludó. Anri  volvió a mirar la ventana con curiosidad. ¿Sería un nuevo tutor que les mandaban los  padres de Nero? Estaba  muy tranquilo para ser un ladrón cogido con las manos en la masa, y la jornada estaba comenzando.
- ¿Es abrir ventanas tu manera educada de despertarnos?- preguntó, en vez de responder al saludo. Nero se desperazaba a su lado y se incorporó felino mientras observaba al recién llegado con aire analítico. Primero lo barrió con la mirada, como decidiendo si era de su agrado, y luego se lo quedó mirando a los ojos en  una pregunta muda.
***
Nero despertó a Anri agitándole los hombros con insistencia.  Ri, por una vez en su vida, parecía profundamente dormida, y comenzó a soltar quejidos en sueños.  
- Ri....diversión, recuerdas?- Ri se giró para darle la espalda, quien sabe si conscientemente.- Como quieras- dijo aburrido, y salió de la celda después de examinarla con atención una última vez.



Última edición por Alicia el 08/08/13, 02:21 am, editado 2 veces

Naeryan


El rumor de la lluvia en alguna parte le había despertado, y Taro llevaba un rato recorriendo los pasillos. En las mazmorras reinaba un silencio sepulcral y el reloj del carabés, funcionando a través de la energía de su propio pulso, le informaba de que apenas habían pasado un par de horas desde que el tipo de rojo le había asaltado.

Acababa de encontrar unas escaleras cuando un zumbido en la oscuridad le distrajo. Tuvo el tiempo justo para girarse y ver lo que parecía ser una señora jeringuilla de proporciones preocupantes surcando el aire en su dirección, ayudada por dos pares de alas de cristal y llena de un líquido verde que no prometía nada bueno.

El artefacto había arremetido contra su brazo, inyectándole una dosis  considerablemente mayor que la primera de somnífero, y él había caído de nuevo como un fardo al suelo.

-

-Joder, mi cabeza...
Muchas horas más tarde, Taro despertó de su sueño con las sienes latiéndole y un molesto rumor en los oídos. Sentía los músculos completamente adormecidos, y tuvieron que pasar un par de minutos antes de poder moverlos con soltura. Tiempo más que suficiente para darse cuenta de que no estaba en su cuarto y por qué, y con ello recordó una cosa más.
Aprovechó mientras se estiraba para comprobarlo. Ahí estaba, en el brazo derecho. Un pequeño desgarrón en el jersey bajo el cual se ocultaba un sarpullido algo hinchado, como una picadura.

Tras un chequeo rápido para comprobar que la caída al suelo no le había supuesto grandes daños, Taro salió a toda prisa de la celda dispuesto a caminar pasillo abajo. Sin embargo apenas salió pudo divisar a un segundo chico que avanzaba por la galería.
-Eh- llamó sin miramientos-. ¿Por dónde se sale de aquí?

Si el otro tampoco lo sabía, Taro no pensaba entretenerse buscando la salida: buscaría el primer cuarto con ventanuco que pudiese encontrar y se descolgaría por él. Quedarse sentado esperando a que llegase alguien no era su estilo. Y dicho sea de paso, tampoco tenía prisa por recibir un tercer jeringazo.

Alicia

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Nero caminaba mirando los pasillos con desgana. Una vez visto un corredor, el resto eran iguales - con ligeras variaciones en el numero de telarañas y cantidad de polvo-. No  se le había pasado por alto que algunos tenían huellas en la suciedad del suelo, pero por el momento el silencio era absoluto.  Cuando ya comenzaba a plantearse regresar a por su pareja, se cruzó con alguien. No contestó de inmediato a su saludo, entre otras cosas porque no había entendido una palabra. En cambio se quedó mirandolo fijamente. "Aurva". Y todo en el desconocido era curioso, desde el amarillo chirriante de sus ojos, al tono enfermizo de la piel. "El rey del sur cada día los alimenta menos". Aquello era menos que una broma, claro, porque el chico ni parecía sinhadre, ni hablaba sinhadre, ni iba acompañado.
- Sandía.- dijo al fin con una sonrisa de disculpa. Podría haber dicho "no entiendo" pero el resultado habría sido el mismo.
-Eso de abandonarme ha sido un precioso detalle por tu parte, Nero.- la voz de Ri le llegó a su espalda. Para ella, el edeel tenía una sonrisa radiante y exenta de toda malicia, que no engañaba a nadie. Ri tenía el pelo blanco completamente despeinado, la ropa arrugada y gesto serio. Solo  había remoloneado un minuto sobre el colchón duro, pero había sido suficiente para encontrarse sola en la habitación ruinosa y con aspecto de celda para prisioneros.



Última edición por Alicia el 08/08/13, 02:22 am, editado 1 vez


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Naeryan

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Taro no era particularmente pasota pero tampoco particularmente puntilloso, así que el resultado de la rápida observación que hizo de los dos recién llegados pudo resumirla en dos simples palabras. "Gente rara."

No le extrañó demasiado que no hablasen su mismo idioma ni que guardasen diferencias con respecto a él mismo, aunque bastante puntuales para ser justos. El tipo de rojo venía de "un universo de distancia" al fin y al cabo, así que era lógico.

Él también se encogió de hombros. Su mirada se detuvo un fugaz instante de más en la chica albina, por lo llamativo de dicha característica. Sin embargo no tenía buenas experiencias con la gente llamativa, así que sin decir una palabra más dio media vuelta y se marchó pasillo abajo, registrando las habitaciones. Era la primera vez que pasaba tantas horas seguidas sin comer y su estómago protestaba, así que sacó la bolsa de fritos que llevaba y se puso a comer por el camino.


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"And if you gaze long enough into an abyss, the abyss will gaze back into you."
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Alicia

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-¿Estas persiguiendo faldas tan pronto, Ri?- No veía la sonrisa burlona de su edeel, que había quedado a su espalda, pero la imaginaba a la perfección.
"Tampoco podría ser peor que tu"
- Busco una salida. -contestó monocorde. ¿Y porque no hacerlo en la misma dirección que el desconocido? No era amenazador, de hecho, había pasado de largo, y quizás así Nero la dejara tranquila ante nuevos objetivos para su aburrimiento.



Última edición por Alicia el 08/08/13, 03:53 pm, editado 1 vez


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Naeryan

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Le seguían, o eso parecía. Aquello le ponía nervioso, y Taro agradeció el momento en que un rayo de luz tardía le dio la bienvenida al abrir la enésima puerta. Aquella celda era idéntica a las demás excepto en un detalle, y ése era el que le interesaba: tenía una ventana. No sabía cómo pensaban salir los otros dos, pero él pasaba de dar vueltas por un edificio laberíntico cuando podía tomar la vía rápida.
"Un primer piso", constató al asomarse. Y ni siquiera era uno demasiado alto, por lo que solo con descolgarse ya habría cubierto la mitad de la diferencia de altura.

Su constitución enclenque le venía de perlas para escurrirse por sitios a los que otros menos flexibles no podían acceder, así que no tuvo problemas para encaramarse al alféizar sin tener que encogerse demasiado. Probó la adherencia de la pared con la suela de los zapatos antes de pasar a pender del ventanuco solo con las manos.

De espaldas a la pared y usándola de apoyo, se dio impulso hacia adelante con las piernas. La caída fue baja y un movimiento rotatorio semejante a una voltereta absorbió el impacto. El fluir del mismo movimiento le permitió ponerse en pie, así que libre de daños miró a su alrededor al desolado paisaje que Rocavarancolia ofrecía.
Tanto le daba ir en una dirección u otra, pero vio una fuente a lo lejos y pensó que no le vendría mal hacer uso de ella para calmar el sabor a salado en la lengua.

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Lo vieron deslizarse fuera por una ventana al poco rato. Ri acabó descartando la idea cuando se dio cuenta de que significaba ir detrás de un chico que no hablaba su mismo idioma y que lo mismo se había tirado por la ventana para dejarlos atrás.
-Taza de cacao!- Nero lo despidió con el gesto de los dos dedos y una sonrisa. A su lado, su aurva llevó los ojos al techo mientras cogia aire. - ¿Te he dicho alguna vez que eres muy divertida, Anri?
- ¿Te he dicho alguna vez que te vayas a comer hierba?- se le escapó entre los labios, con un tono plano que estaba lejos de demostrar lo irritada que estaba. Otra vez se lo habría callado. Había aprendido rapido que solo lo hacía reir. Y ahi estaba, la risa de Nero, absurdamente infantil y encantadora.
- Bueno, lo mejor será salir de este lugar tan muerto, ¿no?- apretó la mano contra el hombro de Ri, que se envaró  ante el contacto. Riendose de nuevo, continuó por el pasillo más cercano.

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