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Vuelta a la Sede tras la fiesta del Pub Muerto.

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Muffie

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Recuerdo del primer mensaje :


Karime bromeó con el vampiro todo el trayecto. Saren daba signos de estar medio consciente, balbuceaba o murmuraba algunas cosas y se agarraba de vez en cuando más fuerte a su cintura.

- Si sigues así, yo no respondo- le advirtió ella con una sonrisa picara y soltando una risa.

Aunque el camino se hizo algo largo por las eses que iban haciendo de lado a lado de las calles, no tardaron mucho en llegar a la sede, donde Karime guió al selkie hacia la habitación de ella.

- Me llevo a este pimpollo a dormir la mona - le dijo al vampiro sonriendo-. Si quieres unirte mi puerta está abierta y mi cama lista y preparada. Es grande y blandita, cabremos los tres sin problemas. Piénsalo- le sugirió guiñándole el ojo y lanzándole un beso sugerente.


_________________________________________

"Rocavarancolia es una ciudad llena de misterios y sorpresas, como un acertijo complicado y excitante."

Muffie



“Un puto premio. Una maldita calle con mi nombre. Mi increíble culo estampado en el mural de la gloria, si es que existe alguno aquí en Rocavarancolia. Una gigantesca estatua mía en medio de la plaza de la fuente para que hasta los cosechados puedan ser partícipes de mi inmenso sacrificio. Eso es lo mínimo que me merezco por estar aguantando esto. Karime, no puedes aprovecharte de tu pececito favorito, eso estaría mal. Esta ebrio, recuerda, tú no te tiras a borrachos que no hayan dado su consentimiento previamente y mucho menos si son tus amigos. Y si, posiblemente ahora se le ve más que dispuesto, pero, Karime, es Saren, tú sabes cómo es Saren. Si lo haces, mañana flipará. Y tú prefieres mil veces que lo flipe ahora porque eres increíble en el sexo (ambas sabemos que lo eres), a que lo flipe mañana por la mañana con la resaca”
. La libense no podía evitar suspirar y soltar algún jadeo silencioso al sentir las caricias que le hacía el idrino, mientras intentaba reprimirse ayudada de su verborrea mental, explicándole a sí misma por qué sería un error caer en la tentación.

Karime asintió con una sonrisa resignada y los ojos cerrados cuando Saren dijo que era una obra de arte. Obviamente, ella estaba de acuerdo, solo que preferiría que todo aquello estuviera sucediendo en un contexto menos etílico para poder demostrarle, con todo lo que ella era, cuánta razón tenía al afirmar aquello. Los ojos de la loba se abrieron de golpe y un suspiro se cortó cuando el idrino dijo que iba a dibujarla “otra vez”.

- ¿Me has dibujado?- le preguntó con una sonrisa pícara asomándole por las comisuras-. Más te vale mañana recordar algo de esto. Voy a exigirte ver esos dibujos. Además, si lo que querías era ver bien mis proporciones solo tenías que pedírmelo. Para mi será un verdadero placer modelar para ti- le dijo seductoramente, olvidando por un momento que tenía que concentrarse en reprimirse y no en provocarle más, pero recordándolo enseguida cuando el idrino comenzó a perfilar su cuello y su cara.

Karime quedó quieta y en silencio cuando el idrino comenzó a acercarse más a ella, casi lloriqueando internamente por querer y no poder. Por suerte, la maldición del selkie aligeró un poco el ambiente y la libense soltó una risa casi nerviosa por el comentario antes de que la besara, lo que no fue ninguna sorpresa para ella, ya que ya se lo esperaba.

La licántropa pensó por un momento que quizá no sería tan malo ceder un poco. Al fin y al cabo, ya podía saltarle al cuello y prácticamente violarle, que el idrino no parecía estar en condiciones para resistirse y mucho menos de querer hacerlo. La libense tuvo que recordarse lo que seguramente ocurriría a la mañana siguiente si se dejaba llevar y simplemente le dedicó otra sonrisa resignada al selkie.

- Burbujita, en serio, un día de estos, posiblemente más temprano que tarde a este paso, acabaras conmigo.

Red


La mente del selkie, embotada por el alcohol, no discurría del todo bien, lo que le impedía disfrutar por completo de aquella situación y comprender el significado de la misma para su yo sobrio.
Te los puedo enseñar ahora si quieres, solo tengo que acercarme un momento a mi cuarto... —empezó Saren en respuesta a las exigencias de su amiga, haciendo amago de levantarse sin demasiado éxito antes de dejarse caer de nuevo junto a la libense—. O mejor mañana, si. —murmuró ligeramente mareado, ignorando las últimas palabras de la licántropo y aferrándose a ella bajo las sábanas sin refrenar sus caricias.

El sopor empezaba a hacer mella en el idrino, sin embargo, y poco a poco sus ojos empezaron a cerrarse. La calidez que desprendía su compañera de cama era como un bálsamo para su cuerpo cansado, y su olor, salvaje y embriagador, invitaba a la inconsciencia. El norteño permaneció en silencio durante unos minutos, respirando tan profundamente que casi parecía dormido, pero al final volvió a hablar con un hilo de voz.
Siento haber bebido tanto, Ka, y siento haberte cortado el rollo con el mosquito —se disculpó, ocultando la nota de resentimiento irracional que bailaba en su garganta con una maestría impropia de los idrinos de su pueblo—. No recuerdo porque decidí que era buena idea emborracharme y ni siquiera se si fue algo consciente, pero agradezco que estuvieras ahí para cubrirme las espaldas. —agradeció, escondiendo su rostro abochornado entre el cabello de la libense y estrechándola contra su pecho.

El selkie, a pesar de la borrachera, sabía que algo en aquella situación no estaba bien. No era extraño que la morena se metiera en la cama con alguien, aunque si que lo era que solo fuera para dormir, pero para el norteño aquello era una novedad y Karime no era una chica cualquiera. Los sentimientos que el norteño llevaba años reprimiendo hasta el punto de ni siquiera ser consciente de ellos amenazaban con asfixiarlo en aquellos momentos y su raciocinio de beodo no era el adecuado para procesarlos, por eso su mente decidió darle un respiro apagándose de forma bastante repentina.
Creo que... —empezó a decir antes de quedarse sin voz, sumiéndose poco a poco en la negrura del sueño y abrazándose a la muchacha con, quizás, demasiado apremio, como si ella fuera el único salvavidas en el inmenso mar que era su cama.

Muffie



El idrino hizo amago de levantarse, pero claramente no sería capaz hasta que hubiera dormido la mona, por lo que Karime le dejó desplomarse de nuevo a su lado y asintió con una sonrisa divertida cuando este dijo que mejor al día siguiente.

Karime estaba a punto de volverse aquedar dormida pensando que Saren ya dormía cuando este volvió a hablar. La loba rió ante sus disculpas.

- Tranquilo, Burbujita. Si eres tú, puedes cortarme todos los rollos que quieras. Y lo de beber… sí que te prefiero algo más sobrio, pero a lo mejor de ser así no habría conseguido acostarme contigo- dijo de forma picara, como si no se estuviera refiriendo únicamente a dormir juntos-. No le des más vueltas. Si quieres, mañana por la mañana tendremos una larga conversación sobre esto, pero descansados y frente a un rico desayuno. Buenas noches- deseó finalmente con una sonrisa mientras Saren se aferraba a ella con más fuerza.

A la mañana siguiente, Karime despertó como todos los días: soñolienta, pero llena de vitalidad y con el pelo revuelto. Aun así, había algo distinto y es que no había podido removerse en la cama por tener a alguien aferrado a ella. Dormir en compañía no era una novedad para ella, aunque era menos común de lo que la gente podría creer. Lo raro era que hubiera permitido así como así aferrarse a su cuerpo, cuando lo que a ella le gustaba era rodar y removerse, razón por la cual tenía una cama realmente grande. Con la poca movilidad que el abrazo le permitía, la licántropa se dio la vuelta sobre sí misma y se apartó el pelo de la cara consiguiendo ver por fin a su acompañante. Una risa baja se escapó de su boca cuando vio la pacifica expresión del idrino al dormir. Oh, sí, ya recordaba la noche anterior. Y al completo, ya que, a diferencia de su compañero de cama, el alcohol a penas le había afectado. Con una sonrisa encantada retiró el pelo de la cara al selkie acariciando su cara en el proceso. En ese momento los ojos de Saren comenzaron a abrirse y la libense le dedicó una amplia sonrisa.

- Buenos días, mi pececillo durmiente. ¿Pasaste buena noche? Seguro que sí, teniendo en cuenta que has dormido toda la noche pegado a un portento como yo- le saludó mientras seguía acariciándole el pelo-. Y me encantaría seguir así eternamente, pero muero de hambre y posiblemente tú necesites una poción antiresaca, mucho líquido y algo de comer también. Así que, ¿por qué no aflojas el agarre para que pueda saltar de la cama, ir a la cocina, traernos un buen desayuno y así no tener que salir de la cama en un buen buen rato? ¿Te parece?


Red


Los sueños de Saren aquella noche fueron poco profundos y fragmentados. Despertó muchas veces en la oscuridad sin saber donde se encontraba, aterido de frío a pesar de la calidez que desprendía su compañera de cama, y volvió a caer en una inconsciencia turbulenta en todas las ocasiones. No descansó apenas, pero para cuando despuntó el alba había conseguido dormir dos horas seguidas sin interrupciones.
¿Q-qué... ? —murmuró con voz débil, entreabriendo los ojos con dificultad. La escasa luz que se filtraba por las cortinas le cegaba y apenas distinguía los rasgos de la libense, pero cuando se percató de que estaba reteniendo entre sus brazos a Karime su cerebro dejó de hacer contacto. El norteño, incapaz de reaccionar, mantuvo su presa durante unos instantes más con la confusión pintada en el rostro, pero al final soltó a su amiga y se alejó sobre las sábanas con torpeza—. Lo siento. —acertó a disculparse, reflejando el aturdimiento que sentía en su tono de voz.

La cabeza empezó a darle vueltas casi de inmediato y la mención de un “buen desayuno” le provocó nauseas, pero asintió vacilante y cerró los ojos para no agravar aún mas su incipiente mareo. No recordaba nada de lo que había ocurrido la noche anterior desde poco después de llegar al Pub Muerto y le daba miedo preguntar, pero se armó de valor y se dirigió a la licántropo antes de que abandonara la cama.
¿Qué hago aquí, Ka? —inquirió con una mueca. Sentía la lengua pastosa y le desagradaba abrir la boca, pero tenía que saberlo—. Tu y yo... solo hemos dormido, ¿verdad? —preguntó, visiblemente avergonzado. No pensaba con claridad.

Saren, con el pelo alborotado y unas ojeras pronunciadas, ofrecía una imagen lamentable, pero logró enderezarse con cierta elegancia mientras esperaba la respuesta y se sentó a la turca sobre las sábanas. El selkie notaba su propio pulso latiendo en los oídos, una sensación muy desagradable en su condición actual, y la expectación lo aceleraba cada vez más ensordeciéndole por momentos.

Muffie



Karime soltó una risa cuando Saren dejó de agarrarla torpemente. Como ya había esperado, la reacción del idrino le resultó adorable. Cuando el selkie asintió, la licántropa le dedicó una sonrisa antes de levantarse, siendo parada por sus palabras, que le hicieron sonreír dulcemente, como si su imagen le provocara una profunda ternura.

- Oh, cariño, no sabes lo que me gustaría decirte que no y contarte con pelos y plumas las mil cosas que hicimos ayer, pero estaría mintiendo y aunque la mayoría del tiempo me gusta jugar con la mente de la gente y ser una completa perra, a veces también me gusta ser una perra sincera- le contestó levantándose de la cama-. Lamentablemente, lo que ocurrió anoche en esta cama fue tan puro que asquearía a cualquier súcubo. Y no porque no hubiera disposición, ¿eh? Fuiste bastante entusiasta en tus piropos y he de decir que eres sorprendentemente táctil cuando bebes, lo que es un interesante descubrimiento, pero yo no me enredo con ebrios cuyo consentimiento es difuso. Además, podría haber sido genial, si, pero...-le dijo atusándose el pelo y recolocándose la camiseta antes de inclinarse hacia él entrando descaradamente en su espacio personal y mirándole fijamente a los ojos-, cariño, te quiero en tus cinco sentidos el día en el que tú y yo nos revolquemos entre las sábanas porque, créeme, vas a necesitarlos para apreciar en todo su esplendor lo increíblemente maravillosos que seremos juntos. Ni tu ni yo nos merecemos menos que eso, Burbujita.

Con un último guiño le robó un rápido pico antes de dirigirse a la puerta para ir en busca del desayuno de ambos, pero antes de salir añadió sin volver la vista y con una sonrisa pícara en la boca.

- Por cierto, ayer dijiste algo muy interesante sobre mis proporciones y ciertos dibujos. No lo olvidaré, así que creo que tarde o temprano vas a tener que enseñármelos.

Red

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Las ganas que tenía Saren de que se le tragara la tierra crecieron de forma exponencial al discurso de Karime, la cual parecía estar disfrutando mucho de la situación, y cuando su amiga invadió descaradamente su espacio personal para robarle un pico la cara del chico enrojeció visiblemente. El idrino empezaba a recordar fragmentos de lo que había ocurrido la noche anterior, todos muy borrosos debido a la cantidad de alcohol que había consumido, y aunque era cierto que no había llegado a pasar nada si que había tonteado mucho con la libense.
D-dibujos... claro. —acertó a responder antes de perderla de vista, sin saber en realidad a que se refería.

El mareo con el que se había despertado empezó a remitir poco a poco y el chico aprovechó para levantarse de la cama mientras esperaba el regreso de su compañera. Conjuro un poco de agua fresca en la palangana de la morena para lavarse la cara y empezó a buscar su camiseta, dando con ella a los pies de la cama.
Por el Reflejo —masculló, secándose con ella antes de volver a ponérsela—, soy un pedazo de estúpido... —añadió en voz baja, acercándose a la ventana para observar la ciudad con expresión ausente.

Saren había tardado mucho tiempo en comprender que lo que sentía por Karime era algo más que amistad, pero cuando lo había hecho se había convencido de que no podía ser. La libense era una persona fogosa y sus amantes eran numerosos, algo que el idrino siempre había respetado, pero ninguno le duraba demasiado porque nunca había dado muestras de querer algo serio con nadie.
Y tu no vas a ser distinto. —murmuró abstraído, empañando el cristal con el vaho de su aliento.

La licántropo se le había insinuado muchas veces y de muchas maneras, como acababa de hacer hacía escasos minutos, pero el selkie no estaba preparado para ser un nombre más en su lista de amantes. Nunca lo estaría, en realidad, pues aunque su experiencia en aquel tipo de asuntos era prácticamente nula sabía que quería más de lo que su amiga estaba dispuesta a dar.
Eres un iluso, Saren. —se dijo con el ceño fruncido. No sabía cuando había empezado a dibujar el perfil de Ka sobre el vidrio empañado, pero lo borro con un suspiro y descansó la cabeza contra el alfeizar de la ventana.

Muffie

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Karime arrasó con todo lo que parecía comestible de la cocina, además de un par de opciones antiresaca, antes de subir de nuevo a la habitación.

- ¡Ya estoy aquí! He traído de todo un poco. Fruta por aquí, bollitos por allá, algún zumo y mucha poción antiresaca- enumeró a medida que se las iba enseñando para luego dejarlo todo en el suelo-. Ven, comamos en el suelo como si fuera un picnic en la habitación. Tómate la poción y disfruta el banquete conmigo. Sé que no es gran cosa, pero yo no hago cosas tan ricas como tú.
De hecho, cuanto menos haga uso de una cocina, mejor. Ya estoy muy buena yo, no puedo además también cocinar cosas muy buenas. Sería abusar.


La licántropa se centró entonces en comer, famélica cómo se encontraba normalmente por las mañanas, pero no tardó mucho en volverse de nuevo hacia Saren.

- Bueno, Burbujita, ¿Quieres que hagamos algo hoy? Podemos pasarnos el día tirados en la cama viendo pasar las estirges o darle un mejor uso, tú ya me entiendes. También podemos ir a tu habitación a ver esos dibujos de los que hablabas, o siempre podemos hablar en profundidad de tu interesante faceta cariñosa en estado de ebriedad. Como ves las posibilidades son infinitas.


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Red

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La llegada de Ka le provocó un respingo que a duras penas pudo disimular mientras se volvía hacia la libense, esbozando una leve sonrisa al verla tan animada antes de acercarse y tomar asiento frente a ella con las piernas cruzadas.
Me tomare una de esas pociones si no te importa. —susurró, alargando la mano hacia uno de los frascos mientras la licántropa continuaba hablando.

Saren, algo incómodo por la situación, apuro el bebedizo de dos tragos y suspiro aliviado en cuanto empezó a notar los efectos del remedio, agradecido de que la bruma de la resaca se empezara a desvanecer. Aquello, no obstante, no le ayudaba a pensar mejor, y cuando la libense mencionó lo que había sucedido la noche anterior y lo que podrían hacer en la cama el norteño se atragantó con la uva que se estaba comiendo.
S-sobre eso... —articuló entre tosidos con los ojos llorosos, golpeándose con fuerza el pecho para no ahogarse. Tardo unos instantes en recuperarse, pero cuando lo hizo se apresuró a disculparse—. Siento lo de anoche, Ka, estaba demasiado borracho y seguro que dije e hice demasiadas estupideces —logró decir sin aturullarse, esforzándose por no sonar ridículo—. No recuerdo mucho, pero lamento haber sido una carga. —añadió con una inclinación de cabeza que oculto el rubor de su rostro. «Embustero» pensó furioso, enterrando sus sentimientos en lo más profundo de su corazón.

El selkie estaba mintiendo, por supuesto, y ser consciente de ello le asqueaba. Recordaba perfectamente lo que había sucedido, pues la poción se había encargado de refrescarle del todo la memoria, pero se negaba a afrontar la situación. Prefería mentirse a si mismo y a su amiga, algo que antes de llegar a aquella ciudad nunca habría hecho, y se forzaba a negar lo que sentía por ella. «No quiere lo mismo que tu» se dijo, observando a la muchacha por encima del borde de su vaso de zumo.
Así que mencione lo de los dibujos, ¿eh? —inquirió, visiblemente avergonzado—. Lamento haberlo hecho a tus espaldas, Alfiletero, pero resulta que eres un excelente referente visual y lo sabes —sonrió, ocultando la verdad tras una expresión burlona algo apresurada—. Puedo enseñártelos si quieres, si... aunque no son nada del otro mundo. —aclaró, alcanzando un bollo y dándole un buen mordisco.

Muffie

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Karime no pudo ni quiso evitar reírse cuando Saren se atragantó, divertida por haber generado esa reacción en él. A la licántropa le generaba ternura y diversión a partes iguales el que el selkie se afanara en pedirle perdón y justificarse por lo ocurrido la noche anterior. Por otro lado, el hecho de que no recordara mucho no le afectó. Al fin y al cabo, esa precisamente, además del dudoso consentimiento, había sido la razón por la que no se había lanzado a su cuello desde el mismo momento en el que se había puesto cariñoso con ella.

- Ni dijiste estupideces, ni fuiste una carga- le aseguró al libense-. Solo alabaste mi maravillosa persona, nada a lo que no este acostumbrada. Además, tú eres ligero como un polluelo, ya lo sabes- le dijo guiñándole un ojo mientras bebía zumo-. No entiendo por qué te apena tanto lo que haya podido ocurrir ayer. Soy una perra decente y ya te aseguro que no he mancillado tu suave y mojadito cuerpo por mucho que me hubiera gustado.

Aunque Saren parecía avergonzando cuando se ofreció a enseñárselos, Karime insistió emocionada en que quería verlos por lo que tan pronto como el selkie terminó su desayuno, ya que ella se limitó a engullir rápidamente, Karime le arrastró a su habitación como si fuera de ella misma y el idrino no conociera el camino.


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