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Giz y Noel perdidos en el Bosque Fantasma

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Giniroryu

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GM
Inciso que corresponde al tiempo de la segunda cosecha y que continua los sucesos del Fumadero Abandonado.


Todavía no había conseguido volver a tratar con Alicia de forma normal. Se lo había contado todo, consideraba que no hacerlo hubiese sido muy cobarde por su parte y sentía que al menos les debía eso a sus compañeros, sobre todo a la danesa. A pesar de que nadie le echaba la culpa se bastaba él solo para hacerlo. Había un hecho innegable en todo aquello, además: Giz había sido completamente capaz de mantener el raciocinio, mientras que él “ se lo había tragado todo como un pringado”. Las últimas palabras que le había dedicado insidiosamente Rutilante todavía acudían a su cabeza mientras trataba de concentrarse en sus totalmente inútiles intentos por hacer magia, o cuando desahogaba la frustración que sentía con el muñeco de entrenamiento. El sueco ni siquiera se planteaba que pudiera existir un factor que explicase la enorme discrepancia entre el efecto que había tenido la droga sobre él en comparación al mirie kitade. Estaba claro que simplemente no servía para nada.

Ausente y perdido en sus pensamientos, ya que aquello lo atormentaba con frecuencia debido a que se había vuelto más silencioso tras el incidente en el fumadero y por tanto se abstraía mucho más, no se dio cuenta de que no sabía hacia donde encaminaba sus pasos. Por ello se sobresaltó al escuchar la voz de Giz llamándole en la distancia. El asreniano se acercaba a paso ligero hacia él, pero no veía a nadie más del grupo cerca, tal y como comprobó al observar confuso sus alrededores.
Lo siento, no estaba prestando atención a dónde me dirigía… Aunque creo es obvio —añadió rascándose la nuca con nerviosismo y volviendo a escanear la zona en busca de algo que le permitiese orientarse—. No… reconozco este sitio en absoluto —concluyó al cabo de escasos segundos—. ¿Tanto tiempo llevo distraído? —Le preguntó a Giz.
Estaba bastante seguro de que la última vez que prestó atención a sus pasos, reconocía perfectamente el lugar en el que se encontraban.

Yber

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GM
Giz se separó del grupo al ver que Noel no seguía con ellos y dio marcha atrás, siguiendo su rastro hasta que lo vio en una de las calles que cruzaban.

¿Noel? ¡Noel, espérame!

El incidente con Rutilante no habia supuesto un choque tan grande para Giz como para el sueco, pero habia sido un recordatorio más de lo indefensos que estaban. Aún con todos los hechizos y las armas que tenían, eran débiles y manipulables. Los letarguinos no tenían nada para defenderse de una magia que atacaba a la mente. Aquella vez Giz tuvo más suerte, pero nunca sabía cuándo podría afectarle a él.


El mirie kitade corrió hacia Noel, frenó junto a él y se agachó para coger aire.

Diste un giro varias calles antes de lo que tocaba —le explicó. Giz había contado las calles para saber volver—. A mí tampoco me suena, creo que nunca hemos venido por aquí... —el asreniano miró preocupado a Noel y asintió tras su pregunta—. ¿Te encuentras bien?

Sin poder evitarlo, el asreniano miró alrededor con curiosidad. Habia algo indefinido que llamaba su atención y, ahora que sabía que Noel estaba bien, podía prestarla.


_________________________________________

No llores por no poder ver tu pierna,
las lágrimas te impedirán ver los cadáveres de tus amigos.

Giniroryu

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GM
Eh… sí, sí, no te preocupes —respondió con un gesto quitándole importancia y sonriendo—. Me había empanado… Vamos a intentar volver por donde viniste, deberíamos poder encontrar a los demás de nuevo.
Pero no fue así. Por más que trataron de hacer el camino inverso que había seguido Giz, solo parecían perderse cada vez más. El sueco era muy reacio a levantar la voz, sabía perfectamente a lo que se exponían si gritaban en mitad de la calle, y lo último que quería, especialmente después de aquel incidente, era resultar una carga para el asreniano, que era el único que tenía alguna posibilidad de defenderlos si los atacaba alguna alimaña.

La he liado mucho… —admitió con tono de culpabilidad tras unos minutos completamente perdidos —. Quizás lo mejor sea que caminemos todo el rato en la misma dir… ¿Eso es un árbol?
El paisaje había cambiado de súbito y a pocos metros por delante de ellos había algo que apenas habían visto en Rocavrancolia hasta aquel momento: vegetación.
>>Da como un poco de mal rollo con esa neblina extraña —comentó mientras se acercaban, dejando escapar una risilla. Aun así se acercó al lugar, era una vista insólita en la ciudad—. O… Espera. Creo que eso no es niebla.

Noel acortó distancias con cautela con el primer árbol que había visto y estiró un brazo dubitativo hacia su tronco, esperando atravesarlo dado que se podía ver a través de él.
¿Qué diablos? —se giró hacia Giz con cara de asombro al comprobar que se equivocaba y su mano notaba claramente el tacto rugoso de la madera—. Está ahí de verdad, pero es un árbol transparente.
Al darse la vuelta para encarar a su amigo, de pronto se dio cuenta de que de alguna manera se habían adentrado más en el bosque. ¿El sonido de aves volando y grillos había estado todo el rato ahí?
>>Eh… Estoy empezando a pensar que tal vez, solo tal vez, hemos caído en alguna clase de trampa —ironizó resignado y acercándose al mirie kitade con la mano sobre la guarda de su cimitarra—. Será mejor no separarse y andarse con mucho cuidado.
Para más inri, aunque probablemente se debiera a la propia trampa, parecía haber anochecido de golpe.

Yber

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GM
Por algún motivo, Giz no era capaz de encontrar el camino de vuelta. Había memorizado las calles y los giros, pero al repetirlos fallaban: no era el rumbo correcto. El asreniano se estaba poniendo nervioso, no por haberse perdido, si no por no saber encontrarse de vuelta. ¿No había sido siempre su punto fuerte? Su olfato solía guiar al grupo, pero ahora tampoco valía de nada. De poder, estaría sudando.

El mirie kitade se aferró desde debajo a la tela de su poncho y apretó los puños mientras andaba. A pesar de que el aire no soplaba, Giz sintió una suerte de caricia en el cuello y, escasos segundos después, Noel le habló. El asreniano no llegó a decirle que no pasaba nada. Se quedó completamente sorprendido ante el cambio repentino del paisaje. Tantos árboles juntos... No había nada similar en su desierto.

Espera —se dijo a sí mismo, al ver que Noel se acercaba a ellos. Acababa de descubrir que eran semitransparentes.

Giz era reacio a adentrarse, pero antes de darse cuenta ya no había nada que decir al respecto. El espacio entre árbol y árbol era muy pequeño, al menos para un asreniano como él. Había demasiados y el efecto de mirar a través de ellos le resultaba agobiante. Para más inri, el sonido de los pájaros y los insectos y la oscuridad que provocaban las copas frondosas tan solo hacían el ambiente más opresivo. Giz caminaba cabizbajo, encogido. Asustado.

Yo también lo creo —el miedo ya calaba sus palabras—. ¿Podemos dar marcha atrás?

Giz apretó la mandíbula. Sintió otra caricia, esta vez por la nuca, y se sobrecogió. El asreniano nisiquiera sabía si habian caminado en línea recta. El ruido, la ausencia de luz y la magia lo tenían desorientado. El mirie kitade necesitó frenar en seco para coger aire.

Espera —esta vez era una petición a Noel, una petición que temblaba.

Cerró los ojos, se rascó el cuello y contó hasta cuatro: primero, al aspirar; otra vez mientras mantenía aliento y una última vez al espirar. Con los ojos cerrados, Giz creyó notar algo más allá de los sonidos ambientales. Oía una suerte de susurros inhablados, si es que aquello era posible, y un pálpito nervioso se había instaurado en su cabeza.

El futuro goliat apretó los párpados, la mandíbula y los puños. Abrió los ojos, ahora húmedos, y buscó a su amigo el sueco con la mirada.

Algo va mal, Noel —su voz se entrecortaba—. Algo va mal. Algo va mal... —Algo había mal, sí, la crisis nerviosa que estaba teniendo.

Giz no era capaz de dar un solo paso.


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No llores por no poder ver tu pierna,
las lágrimas te impedirán ver los cadáveres de tus amigos.

Giniroryu

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GM
No creo que funcione, el bosque apareció de pronto —respondió a Giz cuando preguntó sobre si podían dar marcha atrás—. De todas formas ni siquiera sabría decir de qué dirección venimos…
Al igual que a su amigo, a Noel también le resultaba mareante el hecho de poder ver a través de todas las capas de vegetación, así como dificultaba todavía más la orientación. No obstante, al contrario que el asreniano, el sueco no estaba teniendo problemas más allá del hecho de que aquel lugar se esforzaba por ser la antítesis de lo tranquilizador. Ello no le había hecho creer en un principio que cuando Giz le pidió esperar por segunda vez y decía que “algo iba mal” implicaba algo más que la preocupación por haber caído en una trampa tan elaborada; pero enseguida resultó patente que, como mínimo, sí que había una cosa que iba mal con seguridad.

¿Qué te ocurre, Giz? ¿Te encuentras bien? —Se acercó más a él observando de reojo los alrededores, desviando su vista hacia un aleteo repentino que sonó cerca de ellos antes de poner toda su atención en los movimientos del asreniano. La respuesta a su segunda pregunta resultaba obvia—. ¿Qué es lo que sientes? Apóyate en mí si lo necesitas —le ofreció su brazo—. Saldremos de aquí, si caminamos en la misma dirección acabaremos por salir —trató de sonreír levemente y sonar seguro de lo que decía a pesar de que no lo estaba en absoluto.

Yber

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GM
No lo sé —no sabía responder a algo tan simple como un "¿cómo te encuentras?".

A pesar de todo lo que les había ocurrido, a Giz le daba miedo explicar qué le pasaba. Noel parecía estar bien, como si no le afectara aquella sensación extraña que lo cubría todo y que tanto asfixiaba al mirie kitade. El asreniano se apoyó en el brazo que le ofreció Noel con un gracias entrecortado. Al asreniano le costaba respirar con normalidad y el miedo tan solo iba a más conforme le aumentaba el dolor de cabeza.

No sé qué me pasa. —Giz jamás había sufrido antes un ataque de ansiedad. En aquellos momentos se veia obligado a hablar en frases cortas con pausas largas entre una y otra—. No me encuentro bien. Este lugar me marea. Hay algo en el ambiente... No lo sé.

El asreniano se limitó a caminar en la misma dirección que Noel sin soltarse de su brazo.


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No llores por no poder ver tu pierna,
las lágrimas te impedirán ver los cadáveres de tus amigos.

Giniroryu

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GM
Su mirada bailaba con gesto de preocupación entre Giz y los alrededores. Tenía que mirar al suelo constantemente ya que, aunque también la hierba era transparente, al menos había menos capas superpuestas por las que ver a través.
Es verdad que marea, pero...
Respondió a Giz, inseguro acerca de qué decir. No creía que el asreniano se estuviese refiriendo al malrollismo que trasmitía aquel sitio, Giz nunca había dado muestras de achantarse tanto solo por encontrarse en una situación difícil. Estaba claro que hablaba de alguna otra sensación que por algún motivo el sueco no notaba. ¿O a lo mejor el asreniano tenía alguna clase de fobia desconocida incluso para él provocada por algún elemento de aquel siniestro bosque? Tal y como estaba actuando… parecía ansioso.
>>Respira hondo y no te separes de mí. Saldremos de aquí —volvió a asegurarle—. Yo nos he metido en este lío y por tanto me comprometo a sacarnos de él como sea.
La última vez los había puesto a todos en un aprieto por haber demostrado una vez más lo débil que era. Pero en esa ocasión no podía permitirse ser débil, era intolerable teniendo a Giz en aquel estado por, nuevamente, su culpa.

Caminaron un trecho sin vistas a que el bosque se fuese a terminar. Las pocas veces que alzaba la mirada tenía que volver a bajarla. Ya ni siquiera se sobresaltaba por los repentinos sonidos de supuestos animales que nunca llegaba a ver.
<<Si esa fuente de luz significase algo… pero no consigo distinguir que venga de ningún lugar en particular>> frustrado hablaba consigo mismo en su cabeza, no queriendo exteriorizar sus inquietudes. Si no se equivocaba con los signos que presentaba Giz, lo último que debía hacer era aquella clase de comentarios en voz alta.

Un nuevo aleteo suave al que no le prestó atención, pocos metros por delante de ellos, fue el aviso de lo que se les vino encima a continuación, cogiéndoles totalmente por sorpresa.
¡¿Qué es…?!
En aquella ocasión tuvo que reconocerle al siniestro lugar que había conseguido sobresaltarlo con creces. Una extraña polilla de color azul apagado y que medía casi tanto como el asreniano se acercaba a ellos en un vuelo prácticamente silencioso, lo cual hacía la estampa todavía más ominosa. Noel se apresuró a colocarse delante del mirie kitade y a intentar desenvainar el arma con movimientos torpes producto del nerviosismo. Con suerte quizás el insecto gigante perdiese interés en ellos si se comportaba como las polillas que él conocía…

Por supuesto, que las cosas funcionasen como uno esperaba era mucho pedir en un lugar como Rocavarancolia. Apenas tuvo tiempo de procesar, al acercarse a ellos lo suficiente, de que aquel ser disponía de una aguja similar a la de un mosquito cuando la criatura ya le había sobrevolado e ido directo a posarse sobre Giz. El ser comenzó a buscar un buen lugar en el que clavar la aguja y no tardó en localizar la zona del abdomen carente de escamas.
¡No! ¡Apártate de él! —gritó acercándose pero inseguro sobre qué podía hacer.
No se atrevía a blandir el arma si corría el riesgo de herir al asreniano. Pero aquello era lo que le faltaba a su amigo: que le chupasen la sangre. Buscó piedras transparentes en el suelo y, cuando dio con una de tamaño razonable la lanzó hacia las alas de la criatura. Esta ni se inmutó a pesar de que la piedra impactó claramente contra ella, ni pareció sufrir daño alguno.
>>Mierda, mierda, mierda… —murmuraba sin dejar de moverse inquieto, agobiado porque no sabía qué hacer.

Yber

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GM
Giz siguió en silencio los consejos de Noel. El asreniano se esforzó por respirar hondo y tratar de olvidarse de todo lo que le rodeaba. Sin embargo, no bastaba con cerrar los ojos o hacer oídos sordos. Habia algo en el lugar que traspasaba cualquier barrera que el asreniano pudiera erigir y le taladraba la cabeza.

Uno de los muchos aleteos que se escuchaban se hizo real y una polilla gigante se abalanzó sobre los adolescentes. La criatura era gigante y de un color majestuoso, pero el mirie kitade no tenía el cuerpo para maravillarse mucho. Noel fue rápido y desenfundó su arma. Giz, por su parte, trató de reunir en su mente las instrucciones que tan bien se conocía y que les habian salvado en ocasiones como la del fumadero. Sin embargo, los recuerdos se entremezclaban y, aunque no lo hicieran, la falta de concentración arruinaría cualquier intento de magia.

¡Cuidado! —fue todo lo que logró decir.


El asreniano iba a desenfundar su cimitarra cuando sintió aquellas patas peludas posarse en su cuerpo. Giz se quedó paralizado, mirando con horror como el bicho tanteaba con su aguijón a traves de su ropa. ¿Así era como iba a morir, sorbido por un mosquito gigante? El mirie kitade buscó con la mirada a su amigo cuando sintió el picotazo en el abdómen y se quedó en shock.

Necesitaría unos segundos antes de recuperar el habla y tratar de sacudirse a aquel monstruo de encima.


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No llores por no poder ver tu pierna,
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Giniroryu

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GM
Cuando el asreniano reaccionó ante el ataque de la polilla mosquito la desesperación de Noel aumentó y, tras abandonar la idea de probar a lanzar más piedras porque ya había visto que no servía de nada, decidió dejar de pensar y se abalanzó sobre el animal para tratar de tirar de sus alas hacia atrás.
¡Déjale en paz, estúpida chupasangres!

El insecto gigante, al notar el tirón, supo que estaría en problemas si se quedaba sin sus alas, ya que estas eran casi tan frágiles como las de una polilla normal y corriente, y si el humano continuaba tirando se las podría arrancar. Es por ello que decidió detener el proceso y alzar el vuelo. Pero chupar la sangre no era lo único peligroso que podía hacer aquella criatura, por lo que enseguida dio a concer su siguiente baza: describió un círculo en el aire sobre ellos y seis patas se desprendieron de su cuerpo, ocultas entre la pelusilla de este hasta aquel momento. El problema radicaba en que no se trataba del tipo de pata que cabría esperar en un insecto. Aquellas seis patas eran seis garras que el animal empleaba para mantener sujeta a su presa si esta trataba de deshacerse de ella. Un mecanismo de emergencia en el caso de que hubiese elegido mal a su víctima y resultase que no estaba lo suficientemente débil o dormida.

¡Joder! —maldijo el humano cuando vio la que se les venía encima.
Tenía que hacer algo, no podía esperar que Giz emplease magia en el estado en el que estaba. Pero al menos ahora ya no corría el riesgo de hacer daño al asreniano, por lo que podía usar libremente su espada contra ella. Todo el entrenamiento al que dedicaba tiempo en el torreón, todo lo que le había enseñado Caillech… Tenía que aplicarlo. Era ahora o nunca. Ya perdía el tiempo suficiente intentando que acudiese a él una magia que no parecía querer fluir a través de sus dedos como sucedía con la mayoría de sus compañeros, al menos que pudiese demostrarse a sí mismo que algunos sus esfuerzos eran tales y no simples palos de ciego.

La polilla, por supuesto, no estaba de acuerdo en darle aquella oportunidad y se lanzó con las garras por delante hacia el sueco antes de que pudiera reaccionar. Noel recibió un considerable arañazo en la mejilla, y tan solo evitó que el insecto le destrozase la cara porque el impulso del animal le hizo perder el equilibrio y lo tiró al suelo, demasiado bajo para que las otras patas de la polilla le alcanzasen en su barrido. El sueco gritó al recibir el impacto y notar la sangre correr por su mejilla, dejando caer su espada con miedo a clavársela al ser derribado. Con la respiración agitada y el pelo pegándosele a su mejilla debido a la sangre, Noel se arrastró hasta donde se encontraba su espada y la recogió, empuñándola con dos manos temblorosas todavía sentado en el suelo. El insecto gigante ya volvía a la carga y no pretendía darle tiempo de levantarse.

En ese instante, el bosque se desdibujó todavía más para él, o al menos lo poco que podía ver a través de los mechones de pelo que le dificultaban la visión. Y algo en su interior bullía, provocando que tuviese incluso ganas de llorar de rabia. Pero no podía permitirse hacer las cosas aún más difíciles. Tenía que proteger a Giz fuese como fuese. Gritó de nuevo, pero esta vez no fue por el dolor. La polilla descendía hacia él de nuevo en ese momento y el sueco saltó directamente desde su posición sentada con el arma por delante para ensartarla con decisión en el cuerpo blando de la polilla.

Esta se retorció, logró arañarle de nuevo la cara, aunque de forma más superficial, hasta que el niño soltó el arma y observó, sudando y jadeando, como el ser se retorcía en el suelo. Se apartó el pelo de la cara y trotó hasta donde se encontraba Giz, con una expresión indescifrable en el rostro. No sabía muy bien qué acababa de pasar.
¿Te encuentras… bien? Tenemos que encontrar la salida… cuanto antes —le dijo mientras ya trataba de ayudar al asreniano a ponerse en pie.
Tenía la sensación de que si se detenía no volvería a ser capaz de moverse.

Yber

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GM
No supo muy bien cómo, pues el asreniano tenía su mente ocupada regodeandose en el malestar que sentía, pero Noel alejó al bicho de Giz. El mirie kitade se había puesto aún más nervioso si cabía y la ansiedad no bajó en ningún momento. Al contrario, se hizo una con el mareo, la desorientación y el dolor de cabeza. Giz se estrujó los ojos y continuó su intento inútil de poner en orden su memoria mientras sentía que se moría por dentro.

Pero para cuando se dio cuenta, al abrir los ojos vio a Noel abalanzándose contra el animal. El sueco lo hirió y lo hizo caer. Giz contempló cómo el animal pataleaba ante las puertas de la muerte y esbozó una sonrisa de alivio, que se abrió paso a través de todo el caos en el que se sentía sumido. Sin la amenaza, algo se relajó dentro de él. Aunque seguía mal, ahora sentía que podrían escapar.

Gracias —dijo con un hilo de voz temblorosa. Su tono era todo gratitud—Estoy bien, estoy bien. Es solo... Hay algo aquí que me marea... ¿Tú no lo notas? Como un ruido falso, algo que no se ve ni se toca... —Giz se calló en cuanto se dio cuenta de lo estúpido que sonaba—. Lo siento, me duele mucho la cabeza.

El asreniano no lo dijo por miedo, pero temía que alguna magia le estuviera atacando la cabeza para volverlo loco. Y si algo era valioso en aquel momento, se trataba de su capacidad de razocinio.

Cómo se notan las clases de Cai —dijo en su lugar, una vez echaron a andar.

Intentaba animar tanto a Noel como a sí mismo.


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No llores por no poder ver tu pierna,
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Giniroryu

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GM
Noel también temblaba ligeramente y se sentía nervioso. Y aunque para él fuese totalmente distinto, lo que no sabía era que en realidad lo mismo que afectaba a Giz también le estaba afectando a él, pero de otra manera y por motivos muy diferentes.
No… No noto nada así… —le respondió mientras se aseguraba de que el asreniano podía caminar y echaba a andar sujetándolo—. No te preocupes, seguro que se te pasa en cuanto volvamos a Letargo.

Dejó escapar una risa nerviosa ante la apreciación de su amigo y volvió a mirar hacia la polilla moribunda.
Fue extraño, sentí algo raro mientras estaba en el suelo… No lo mismo que tú, no sé cómo describirlo. Probablemente sí que haya algo raro en este sitio, más razón para largarnos cuanto antes. Un momento, tengo que recuperar la espada.
El aturdimiento le había hecho olvidar momentáneamente que aquella arma era lo único que tenían para defenderse en ese lugar. Se acercó a la criatura que le observaba con aquellos profundos ojos negros al borde de la muerte y, tras dudar unos instantes, desclavó el arma de un tirón. El insecto se retorció por última vez, en silencio.

No tuvieron más incidentes en aquel lugar, aunque sí les llevó mucho más tiempo del que les gustaría encontrar la salida. Noel fue el primero en oír las voces de sus compañeros que estaban buscándoles y no salió corriendo en su dirección únicamente porque tenía que ayudar a Giz a moverse. Tal vez mucho tiempo después, cuando recordasen aquella anécdota, se pudiesen dar cuenta de que lo que habían sentido en aquel lugar había sido una de las primeras manifestaciones claras de aquello en lo que se iban a convertir en unos meses, cuando el astro rojo desvelase su auténtica naturaleza.

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