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Borrando el torreón: Milo y los niños

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Yber

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GM
Ocultando sus verdaderas intenciones a los mayores, los niños habían pedido ayuda para limpiar las paredes. Habían empezado por el cuarto donde dormían y ahora estaban fregando con trapos los ojos del patio. Gracias al mejunje que les había enseñado a hacer Rena con ceniza y grasa, los dibujos no se iban fácilmente y se veían obligados a frotar con fuerza.

Eitne aguantaba las ganas de llorar mientras deshacían lo que había traído al Huésped a Letargo. A su lado limpiaban Guille, Nime y Milo. El irrense se había ofrecido a ayudarles y, tal y como estaban la mayoría, aún heridos, les estaba haciendo un favor enorme.
El niño se vio obligado a hacer una pausa para mojar el trapo en un cubo que habían traído y aprovechó para masajearse los antebrazos. Como siguiera frotando así le iban a salir músculos como a la vecina de las pesas.

¿Os apetece descansar un poco? —preguntó. Era a él a quien le apetecía.


_________________________________________

No llores por no poder ver tu pierna,
las lágrimas te impedirán ver los cadáveres de tus amigos.

Cuervo

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Guille trabajo con decisión y ahínco, la verdad no sabía que pensar del Huésped, él tenía claro que la magia de Eitne no podía ser mala, pero quizás un espíritu maligno se haya aprovechado de Eitne y fingiera que nos ayudaba, como decían los adultos. Claro que siempre que había hablado con él había tenido contestación raras, pero no pensaba que fuera malo.

Mientras frotaba iba pensando que debía sentir Eitne en este momento al estar borrando sus dibujos.

-Por mi si, tenemos tiempo de sobra.-dijo dejando su trapo en el cubo.-¿Cogemos algo para beber?

Tak

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GM
La limpieza de los dibujos era una actividad que ponía a la niña en un estado más silencioso de lo que era habitual en ella. Nime había accedido a ayudar siguiendo el plan de Eitne, por terquedad, y por desafío de pasar tiempo con Guille y Eitne, aunque todo aquello ya daba un poco igual.

La libense de callaba porque no podía parar de pensar en todo lo que había pasado, y en quién tenía razón. ¿De verdad estaban mejor sin el huésped? Adru tenía razón, pero, ¿y si el huésped les protegía? Nada malo había pasado dentro del torreón.

El descanso, sin embargo, la animó un poco.
Si algo nos sobra aquí es tiempo... —murmuró mientras dejaba los bártulos de lado—. A mí me vale con agua. ¿Alguien más quiere?

Se disponía a ir a la cocina con quien se apuntase para traer vasos. En otros tiempos habría pedido un zumo sin pensárselo, pero ahora malgastar fruta de ese modo era un lujo, y se había empezado a dar cuenta.

Se sacudió las manos y esperó a ver si alguien la acompañaba.

Red

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Milo frotaba el muro en silencio, limpiando poco a poco la pintura de la piedra con expresión ausente. Había aceptado ayudar a los niños con aquella tarea cuando se lo habían pedido sin hacer preguntas, pero sospechaba que tramaban algo, pues después de dos días de tener siempre un ojo puesto en ellos también se había dado cuenta de que el Huésped ya no les contestaba.
Un descanso estaría bien, si —les dio la razón dejando caer su trapo dentro de un cubo—. Yo puedo ir sacando el agua mientras traéis los vasos. —sugirió.

Minutos después, sentados a la sombra, los cuatro letarguinos disfrutaban de aquella pequeña pausa en silencio. El irrense, no obstante, decidió romperlo sacando el tema que todos estaban evitando a colocación.
¿Se ha ido, verdad? —inquirió, observándoles fijamente—. Si ya no está podéis hablar del tema con libertad, yo os prometo no comentarlo con los demás si no queréis... —no estaba mintiendo.

Yber

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GM
Eitne se quedó conforme con un vaso de agua. Curiosamente, lo prefería antes que beber té sinhadre. El sabor del syv le recordaba a los zumos y las infusiones de casa si alguien les hubiera robado toda la gracia. Al menos el agua no engañaba, era sosa del todo. El niño siguió al resto y se sentó a la sombra, cabizbajo y con la mirada perdida en el interior trasparente del vaso. Se quedó absorto contemplando como el suelo se deformaba a traves del líquido, al menos hasta que llegó la pregunta.

Su gesto asustado lo dijo todo. Eitne habia tratado de hablar con su hechizo durante la noche, aprovechando sus problemas para dormir, pero no recibió respuesta. El daeliciano lo había hablado con el resto, los había despertado en mitad de la noche para decidir cómo arreglarlo, y de nuevo hizo en esta ocasión. Así, Eitne alzó la cabeza rapido y buscó en sus compañeros cualquier gesto de desaprobación, algo que le diera a entender que no podía hablar. El huesped se había ido y, tal y como decía Milo, no pasaría nada.

Al menos hasta que lo volvieran a conjurar.

—le respondió en un hilillo a la vez que asentía y reforzaba aquella verdad. Podía leerse la preocupación en sus palabras: ¿Y si se había muerto? ¿Y si no volvía? ¿Y si el Huésped que volvía no era el suyo? Pero sobre todo, ¿qué harían sin su protección? ¿Qué podía pasarles ahora?— No ha vu-vuelto a hablar con nosotros.


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No llores por no poder ver tu pierna,
las lágrimas te impedirán ver los cadáveres de tus amigos.

Red

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Milo agradeció en silencio no tener que insistir y asintió tras la respuesta de Eitne, pues confirmaban lo que él ya había supuesto. Que los pequeños estuvieran dispuesto a hablar del tema era un avance, pero el irrense sabía que tenía que medir bien sus palabras si no quería que se cerraran en banda de nuevo. Tras meditarlo unos segundos decidió empezar por algo fácil.
¿Por qué creéis que era un hechizo protector, chicos? —preguntó.

La raíz de todo aquel problema residía en que los niños creían estar ayudando a un protector, así que necesitaba saber como se había desarrollado la relación entre ellos y el Huésped para descubrir el engaño. Si lograba que le contaran todo desde el principio tal vez pudiera abrirles los ojos.

Cuervo

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Guille siguio atentamente la conversación entre Milo y Eitne, intentado descubrir las intenciones de Milo, no parece que fuera a regañarlos como el resto, parecía que quería escuchar a los niños.

Guille decidió confiar en Milo y empezó a contarle porque era un hechizo protector.

-El nos lo dijo, nos dijo que era el hechizo protector de este torreón, había sido activado por la magia de Eitne. Eitne me estaba enseñando para ayudarle a hacer sus hechizos y entonces activo el hechizo protector, que nos hablo Eitnie Hyun y a mi, y nos pidió ayuda, nos pregunto si sabíamos guardar un secreto, y nos dijo que necesitaba ayuda y le teníamos que traer cosa.- contó guille, liberándose de todo el secreto, sintiéndose mejor al compartirlo con un adulto. El les podría ayudar a recuperar el hechizo, pensó y así serían más ayudandole.

Red

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La respuesta a su primera pregunta se la proporciono Guille, al que observó con atención mientras hablaba, y cuando el pequeño humano concluyó el irrense se rascó la nuca en actitud pensativa. Ya había dado con un par de cosas que no le olían bien, pero aún no era el momento de lanzar argumentos en contra del Huésped, así que planteo una nueva incógnita.
¿Y qué cosas os pedía que le llevarais? —preguntó, dando un trago de agua y dejando el vaso en el suelo frente a si.

Milo recordaba el punto exacto donde había arrojado al foso la comida que Eitne y Nime habían enterrado. Ahora que se estaban sincerando confiaba en que los niños no omitieran aquel detalle, pero si era necesario lo sacaría él mismo a colocación.

Tak

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GM
Hasta el agua sabía bien cuando se tenía sed. Por lo demás, no estaba siendo un descanso tan agradable como lo habría sido algunas semanas atrás, probablemente con juegos y buen humor.

Milo rompió el silencio hablando del huésped y Nime se puso automáticamente a la defensiva, algo que no se notó realmente en su postura o expresión, pero que sí notó ella misma. Había tantos reproches hacia ellos por aquel tema, y ella estaba tan insegura al respecto, que no quería hablar de ello con los adultos. Pero Milo lo hizo de forma tan natural y sencilla que no sonaba a bronca, y los otros dos empezaron a contarle todo. Nime no se pudo resistir y se unió a ellos.
Eran cosas poco importantes... Bichos, y luego comida de las cestas. Ni siquiera mucha. Es normal que quisiese comer, digo yo —añadió, como si fuese lo más obvio del mundo.

En realidad era liberador incluir a alguien más en el secreto, alguien de fiar. Nime deseaba que Milo les entendiese y acabase por ponerse de su parte. O al menos eso se decía a sí misma, con la misma terquedad que le impedía confiar completamente en la palabra de Hyun.

Yber

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GM
Eitne sintió un gran alivio al descubrir que no habia malinterpretado a sus amigos. Al contrario, Guille y Nime también se animaron a hablar y Milo no parecía juzgarles ni les hablaba con el odio que habían recibido de Hyun. Al niño se le venía a la cabeza la charla con Adru y cuanto más escuchaba, más dudaba de todo lo que había creído cierto. Sin embargo, aún tenía excusas para sí mismo.

La magia siempre tienen un precio —explicó Eitne a través de su abuela.


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No llores por no poder ver tu pierna,
las lágrimas te impedirán ver los cadáveres de tus amigos.

Red

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Ya veo... —murmuró en respuesta a las aclaraciones de Nime y Eitne, observando los ojos que aun salpicaban la pared con expresión ausente. Milo escuchaba atentamente, pero su mente no dejaba de trabajar e iba desmontando minuciosamente la historia al mismo tiempo que le era revelada. Buscaba grietas, deslices del Huésped que le ayudaran a destapar sus engaños, y aunque no sabía cuales eran su motivaciones empezaba a formarse una imagen mental de aquella entidad.

El norteño sabía que había ido a por los niños desde el principio porque resultaba más fácil ganarse su confianza, pero no entendía que ganaba revelándose también ante Hyun. Aquel error había terminado explotándole en la cara y eso le confundía.
¿Y por qué el secreto? —inquirió al final, mirando a sus tres interlocutores a los ojos de uno en uno—. Le he dado vueltas, pero sigo sin comprender porque no podíamos saber los demás que había un hechizo protegiéndonos. —añadió con naturalidad, tamborileando con los dedos sobre su brazo de metal.

Con aquella pregunta Milo pretendía que empezaran a fijarse en lo extraño de todo aquel asunto, pero solo eran los preliminares, un golpe de tanteo antes de empezar a derribar el muro de engaños tras el que los niños seguían atrapados.

Yber

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GM
(Post de Cuervo)

-Si se lo decíamos  se rompía el hechizo y no podría protegernos de los  monstruos, creo que eso es lo que ha pasado ahora- dijo a Milo, dándole vueltas a las cosas que le había dicho él huésped todo el tiempo.


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No llores por no poder ver tu pierna,
las lágrimas te impedirán ver los cadáveres de tus amigos.

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