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Primer sueño de Rad con los dolientes de Marsi.

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Yber

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GM
Rad se encuentra en lo alto de Maciel. El torreón ha crecido tanto que se ha convertido en el edificio más alto de la ciudad. Tal y como la primera vez que se soñó, el edificio está entero; sin huellas de incidentes con ballenas, ni nidos de pájaro. Se acerca la Luna Roja y el carabés lo siente. Pero a nadie le sorprendería si lo afirmara, pues un reloj gigante ocupa el lugar del sol y buena parte del cielo, como si fuera un astro curioso que se acerca a Rocavarancolia para verla más de cerca. Las agujas que muestran la proximidad del astro rojo anuncian la llegada. Al contrario que el sol al que sustituye, cualquiera puede mirar el reloj sin cegarse. Detrás de él surge una luz pálida y desganada, el único foco de luz natural.

Desde su atalaya, Rádar puede comprobar cómo emerge el humo de entre las calles y como cientos de soldados y magos poderosos pelean entre sí por toda la ciudad. Unos llevan soles blancos sobre escudos y ropajes cian; otros, lunas rojas sobre negro.  Estos últimos salen sin cesar de las puertas de Maciel, como si la torre se hubiera convertido en una bolsa sin fondo de soldados. Las tropas enemigas intentan acercarse al lugar.

La trampilla que da a la azotea se abre y dama Tersa emerge de ella.

—Mi señor —se dirige a Rad con un tono educado y cierto temor—. El intruso huyó y la habitación de Marsi ha sido asegurada, no podrá volver a colarse.  Las tropas de la Luna Roja salen en defensa, pero están intentando sitiarnos. El ejército del Sol Blanco está arremetiendo con demasiada fuerza.

Muchos sueños se han arremolinado en un mismo sitio y se han convertido en una quimera onírica. Dama Tersa saca una baraja llena de imágenes: Nad, Eorlir, Inna, Tersa, Tuétano, Sarna, la cabra muerta, la hiena gigante y las pequeñas… Todas las pérdidas de Maciel y todos los peligros tienen su propia carta ilustrada.

—Nuestros minions no podrán detenerles mucho más, tenemos que enviarles una amenaza mayor. Escoja una carta, señor.

---

En la sede de los taumaturgos de ese mismo sueño se encuentran Alice, Evelhan Kaw, Heraldo Rocuo, Keiria, Kin y Sura.  Las habitaciones de la residencia de novatos se han convertidos en cárceles y cada uno de ellos se encuentra en su propia celda. Dentro de ellas, no hay fuerza o magia que les permita abrirse paso. Un par de guardias sin rostro montan guardia, con uniformes negros y lunas rojas bordadas. Uno porta una alabarda, el otro un grimorio.

Una risotada aguda invade el pasillo y los guardias se tensan. Una sombra cubierta de telas negras vaporosas cae sobre el alabardero y lo degüella. El mago intenta pronunciar un hechizo, pero la mala suerte obra un mordisco en la lengua. La mala sombra le lanza un cuchillo a la frente y este cae, muerto.

—¡Saria Omen al rescate! —canturrea, a la vez que frunce el ceño para gafar las celdas. La Saria del sueño no es exactamente igual que la real, de su espalda nacen un par de alas grandes, de plumas negras, y se la ve feliz—. Chicos, ¡tenéis que daros prisa! Creemos que tienen a Marsi recluida en la Gran Torre de Maciel. Archi se ofreció a rescatarla, pero no sé qué ha

Su frase se corta en seco. Un hechizo de inyección le parte el cuello y lanza a la mala sombra con una gran fuerza hasta la pared al final del pasillo. Saria Omen yace muerta en el suelo y varios soldados armados con alabardas y más grimorios irrumpen en el pasillo.

Las celdas siguen cerradas, pero esta vez se pueden abrir.


_________________________________________

No llores por no poder ver tu pierna,
las lágrimas te impedirán ver los cadáveres de tus amigos.

Zarket

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GM
Rocavarancolia se presentaba ahora como un escenario de guerra, y ya nada se parece a lo que el carabés recordaba. Rádar miró al reloj de las alturas, aquel gigantesco mecanismo que tan poca falta le hacía ahora que podía sentir en sus entrañas cómo el astro rey de Rocavarancolia se acercaba, preguntándose quién diantre lo había puesto en las alturas y por qué. Observó también los ejércitos combatientes, contemplando cómo se diseminaban sus comabientes por las calles, horrorizado por aquella violencia. «¿Qué está pasando? ¿Por qué coño luchan? ¡¿Qué ha sucedido aquí?!»

Rádar sabía lo que era un conflicto bélico: en su pasado Carabás había estado bien servido de estos. Tampoco era pacifista, no cuando estaba seguro de que había gente que solo aprendía la lección cuando todo le explotaba en la cara. Por eso su primera conclusión fue que allí había alguien que debía ganar. Lo que no tenía claro quien. Y, desde luego, que uno de los ejércitos tuviera una Luna Roja como estandarte no sumaba puntos para él.

La última mirada la dirigió al propio Maciel. Se quedo auténticamente estupefacto al comprobar detenidamente sus cambios, incluso a pesar de que había sido conscientes de estos desde el primer momento. Estaba claro cómo se había obrado aquello, lo que se preguntó es por qué un hechicero había modificado de tal manera el torreón y por qué él se encontraba en la azotea.

«¿Seré un prisionero?». La hipótesis de que fuera un prisionero de los Lunas Rojas y que los Soles blancos quisieran rescatarlo era tan absurda como cualquier otra, por supuesto, pero no tenía nada mejor con lo que trabajar.

«Debo encontrar información». Su pensamiento era absolutamente desesperado. Solo tenía claro que estaba en medio de una zona de guerra, y a pesar de que en su mundo hacía mucho que no había ninguna sí sabía que la tasa de mortalidad que solían tener era excesiva para su gusto. Concretamente para su gusto por estar vivo.

Pensando aquello estaba cuando escuchó la trampilla tras él. «¡¿Tú?!» fue su primer pensamiento, aunque por una vez en su vida usó la cabeza. Si era un prisionero prefería no enfadar demasiado a sus captores, y la máscara de seriedad que le dio ese pensamiento fue lo único que evitó que mirara a la niña como si fuera una bizarrada bicéfala cuando habló.

Volvió a dirigir su mirada hacia el campo de batalla que era aquella ciudad, algo aturdido. «¿No soy prisionero sino general? No tiene puto sentido. ¿Me habrán echado algún hechizo de amnesia?». Volvió a tomar el aire, mientras tras su fachada de shock su mente trabajaba sin descanso. «Vale, hay mil explicaciones, pero si lo que dice es verdad entonces supongo que mejor no ganen los soles blancos» pensó, intentando pensar en cómo descubrir más información. Mucha más información.

Contempló las cartas con la vorágine de emociones amenazando con tragarle. El tipo E sabía que debía sobreponerse a ellas, trabajar, cumplir sus objetivos. Luego vendría la recompensa. Estaba seguro de que sería así. Al fin y al cabo siempre, toda su vida, había sido así.

«Vale, primer objetivo: sobrevivir. Objetivo secundario: conseguir información sobre QUÉ COÑO PASA AQUÍ».

Envía a Tuétano —decidió, tocando la carta con un golpecito. El hombre murciélago había tenido resultados más mortales, pero a Rádar la quebrantahuesos le daba una sensación de peligro muchísimo mayor—. Tersa, ¿qué ha pasado?

La voz le había temblado levemente con aquella pregunta. No tenía tiempo de ser el más sutil del mundo.

Dal

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Sura no tenía mucha idea de cómo había acabado en la cárcel pero desde luego no se había quedado quieta allí dentro. Había intentado derribar las rejas varias veces, tanto con magia como con su propia fuerza, evidentemente nada había dado resultado.

Enfrente de ella estaba Keiria y por las voces había más de sus compañeros allí metidos. No supo cuánto llevaba dentro pero se alegró mucho cuando vio a la mala sombra aparecer.

-¡Rápido, sácanos de aquí. Tenemos que ayudar a Marsi! - fue todo lo que alcanzó a decir antes de oír el crujido del cuello y saber que la chica estaba muerta.

La ira que bullía en la naga desde las palabras de la mala sombra estalló con la fuerza de un volcán. Giró sobre sí misma para ganar inercia y descargó un coletazo sobre la verja. Ésta saltó de sus goznes y fue a parar al suelo. Sin pararse a sorprenderse Sura invocó sus espadas y su armadura. Las runas fulguraban en la penumbra.

-¡Hijos de puta! - gritó mientras se abalanzaba a toda velocidad sobre los soldados del pasillo. De un espadazo partió el bastón de una lanza mientras con la otra espada le cortaba la cabeza a otro guardia.


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Soy Dal, hijo del Estío y el Crepúsculo. Señor del Vacío y Amo del Infinito. Destructor de Mundos y Artífice de Infiernos. Conde de la Nada y Duque de los Océanos. Rey del Purgatorio y Terror del Cielo. Marqués del Inframundo y Barón de la Muerte. Por todos estos titulos, Invitado, reclamo tu vida para mí .

Red

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Al principio Keiria no comprende donde se encuentra, pero poco a poco todo empieza a cobrar sentido. Esta en casa, en la Sede de los Taumaturgos, pero las habitaciones ahora son celdas y ella está encerrada en una de ellas. Puede ver a Sura a través de los barrotes, confinada al otro lado del pasillo, y fuera de su campo de visión resuenan las voces de otros compañeros.
¿Qué hago aquí? —murmura para si, comprobando que la puerta no se abre y que sus habilidades no funcionan.

La mente de la ibolense trabaja a gran velocidad, buscando una salida, y cuando está sopesando la idea de atraer a uno de los dos guardias una risotada aguda se propaga por el corredor. Saria Omen cae como una sombra sobre sus captores y acaba con ellos en unos segundos, anunciando que viene a rescatarlos. Keiria la nota cambiada, aunque no sabría decir porque, y observa agradecida como gafa las cerraduras que los retienen. La alegría es momentánea, sin embargo, pues un terrible chasquido resuena en sus oídos poco después de que les comunique el paradero de Marsi.
No... —susurra conmocionada, ajena a la violencia de su compatriota ulterana.

La kitsune se desliza fuera de la celda oculta bajo la ilusión de un insecto diminuto, acercándose a la ordesa alada para comprobar su estado. No se puede hacer nada por ella, pues yace muerta, y confirmarlo enciende la rabia dentro de su pecho.

Keiria, más silenciosa que la naga, se infiltra entre los soldados enemigos sin ser vista y le arrebata la alabarda al que parece más desprevenido. A continuación se manifiesta enfundada en un uniforme idéntico al de sus captores y atraviesa al desgraciado que le ha “cedido” el arma. Al igual que las tropas enemigas ella tampoco tiene rostro.
¡Cuidado con la ilusionista! —exclama aterrada, tratando de sembrar el caos entre la infantería antes de desvanecerse de nuevo. La pelirroja reaparece segundos más tarde en otra posición y acaba con otra vida, repitiendo el proceso una vez más.



Última edición por Red el 28/08/17, 01:52 am, editado 1 vez

Evanna

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Se sentía algo aturdido como si aquellos muros de piedra que lo aprisionaran fueran conocidos y ala vez no. << ¿Que demonios ha pasado? ¿Donde estoy? >> Dhelian se alejo del camastro donde estaba hacia los barrotes que impedían su salida. No había estirges y como pudo comprobar su magia no funcionaba, peor sus armas seguían allí junto al camastro y no dudo en cogerlas. Desesperado se asomo lo máximo que pudo entre los barrotes encontrando allí a sus amigos, en celdas idénticas a la suya. ¿Como había llegado allí? No lo recordaba muy bien. << ¿Me noquearon? >> era lo único que le venia a la cabeza en la confusión del momento.

Los gritos de la nordestea fueron las siguientes palabras que escucho, trayendo un poco mas de claridad a la situación de la que no dudo en creer...¡Marsi, se había llevado a Marsi! ¿¡Como había podido olvidarlo!?

Dhelian sintió un alivio inmenso al ver a Saria, decidida a sacarlos de allí. Nunca llego a terminar su labor. El chasquido de su cuello rompiéndose sonó tan fuerte a los oídos de Dhelian que sintió que ensordecía. El horror y la tristeza le hizo quedarse sin aire, casi viendo como el cuerpo desmadejado de su amiga caía contra la pared...los gritos de Keiria y Surasara, el estruendo cuando la naga salio, todo pareció desaparecer a ojos de Dhelian, que desde su posición podía ver solo parte del cuerpo inmóvil de la ordesa. Hambre, fue lo siguiente que sacudió sus entrañas, mientras la lagrimas caían, la furia creciente parecía alimentar el ardor en su estomago, que exigía algo que su olfato no paraba de captar.

El brughou no lo pensó, con furia y los ojos llenos de lagrimas, golpeo los barrotes, separandolo a pura fuerza de pulso, saliendo de la celda clavo sus ojos en aquella gente que había matado a Saria, que luchaba contra Surasara y Keiria. Nunca había matado en su vida...ese día sería la excepción. Eran enemigos. Presas.

Dhelian se lanzo con su armas mas que dispuestas entre los cuerpos de lo soldados, demasiado confundidos por los ataques de Keiria y contándoles defenderse de los mandobles de Surasara, como para prestarles atención a un niño canijo demasiado abajo de su campo de visión. Con la fuerza de una maza, Dhelian clavo el machete en uno de lo soldados a su izquierda, con tal fuerza que que carne y hueso se rompieron derribando al soldado que no tardo en perder la cabeza con otro machetazo del brugho, que inmediatamente uso el propio cuerpo descabezado del guardia para protegerse de una de las alabadas.

Esquivo el golpe de esta por los pelos y usando el propio impulso del guardia, agarro el extremo de madera de la alabarda jalando de este con fuerza para intentar hacerlo caer hacia delante, y aprovechándose de la fuerza de la gravedad, el brugho se incorporo veloz, saliendo de detrás escudo humano para clavar sus dientes en su garganta con fuerza despiadada, desgarrando carne y cartílago. Escupió el trozo de carne que se quedo en su boca, dándole el golpe de gracia con su machete.

-Puag, repugnante. Demasiado vivo para mi gusto...bueno, ya no-  murmuro Dhelian con la boca llena de sangre. No dudo en aprovechar la confusión creada por Keiria para seguir derribando soldados a pura fuerza de machetazos, buscando una salida, llevandose cuanto soldado pudo por delante, junto con los pequeños tentempiés extraídos de sus cuerpos caídos.


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Invitado, sueñas con un mundo perfecto...
...tu paraíso personal...
...donde lloras tu imperfecta realidad

Tak

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GM
Kin no sabe por qué está prisionero, pero tiene asimilada la situación complicada en la que se encuentran él y sus compañeros. Las celdas son imposibles de romper, tanto que no les habían requisado todas las armas antes de arrojarlos allí. Los guardias que los vigilan no tienen rostro, pero eso no resulta nada extraño si lo compara con todas las cosas que ha vivido en los últimos años.

La llegada de Saria le proporciona esperanzas, aunque todo le parece extraño y fuera de lugar. Especialmente cuando menciona a Marsi. Kin siente un alivio que no sabe de dónde viene, y está dispuesto a luchar por Marsi sin plantearse mucho el sentido de lo que Saria les está explicando.

Pero, cuando un hechizo abate a Saria de repente, el raigaurum se queda paralizado sujetando los barrotes. El mundo se le viene encima al verla yacer con el cuello en una pose antinatural, y la impotencia es lo peor de todo. Otra vez. Siente que ha vuelto a morir alguien más delante de él sin haber podido hacer nada, y ni siquiera es consciente de por qué es tan fuerte y reciente esa sensación. Los golpes que abren las celdas contiguas lo sacan de ese trance. Tantea los barrotes, y decide probar suerte con un hechizo de impacto. Antes no habría funcionado, pero ahora arranca la puerta de sus goznes, y Kin sale disparado hacia el cuerpo de Saria. Otros se están encargando de los guardias, y puede ver a Keiria confirmando por sí misma que no hay nada que hacer.

Tiene tantos recuerdos de Lara y de Saria, tantos recuerdos de verla apagarse más cada día, de verla sufrir, y de verla sonreír de nuevo, que está rabioso. Carga el cuerpo de la ordesa a su espalda, haciendo hueco al empuñar su guan dao, y se dispone a defenderlo con uñas y dientes. No quiere abandonarla allí, Saria no se merece eso.

El raigaurum está dispuesto a unirse a la refriega, usando sus descargas y la longitud del guan dao para electrocutar a los soldados tocando su armadura, pero tiene los movimientos limitados y le resulta difícil maniobrar sin acertar a sus compañeros, por lo que no se lanza a lo loco a pesar de que es exactamente lo que le está pidiendo el cuerpo.

Jack

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Menuda locura de... de todo. Les habían encerrado, la ciudad estaba inmersa en el más absoluto caos y encima, encima... Encima le habían arrebatado a Marsi, pues hacía tiempo que no sabía de ella y no les habían encerrado juntas ni cerca. ¿Dónde demonios estaba? Se habría abierto la cabeza contra los barrotes si hubiera servido para derribarlos. No, en su lugar se había limitado a esperar. No podía hacer otra cosa. No tenía a sus sombras cerca, no podía realizar un maldito hechizo, y no tenía forma visible de salir de aquella celda. Y para colmo no había ni rastro de sus onyces. ¿Habrían intentado encontrarle, siquiera?

Estaba sentada en el suelo apoyada contra la pared cuando escuchó un ruido fuera. Se levantó de un salto y se quedó ojiplática al ver qué sucedía: la mala sombra, o una versión mutante de ella, había ido a sacarles de allí. Nunca le había visto en acción, pero <<joooder, tía, pequeña pero matona>>, pensó, alucinando por lo que acababa de pasar. No le dio ni tiempo a saludar. Le dejó hablar y cuando fue a abrir la boca para decir algo, lo hizo para gritar. ¡Estaba muerta! <<¡Y Marsi encerrada en...! ¿En qué? ¿Gran Torre de Maciel, qué diablos?>>

Con Saria muerta y las celdas abriéndose, solo le quedaba una opción. Salir a luchar por su vida. Un prisionero fugado no servía de mucho. Nada de aquello tenía sentido, excepto el tropel de guardias que cargaba contra ellos. Sus compañeros reaccionaron más rápido, ella aún estaba saliendo cuando la refriega comenzaba. No estaba acostumbrada a pelear sin el apoyo de sus onyces, pero... Estaban allí. Las sintió desde que puso un pie fuera de la celda. Y sonrió.

Uno de los soldados cargó contra ella.
¡Cómo no, sin armas y despistada!

Ambos oyeron la vocecilla que venía del techo. El guardia se giró al tiempo que se le echaba encima una sola onyce en forma de mano humana, en la cara, pero la bruja también reaccionó. Un hechizo de impacto lo mandó con violencia con la pared. En ese momento, de todos los rincones ocultos del pasillo salieron sombras como cuchillas. El guardia pudo comprobar su eficacia y lo afiladas que estaban.

Hay que salir de aquí. Id a por esos magos —ordenó a sus onyces mientras la de antes se subía a su hombro y tomaba forma de un escorpión.
Lucharían junto a ella y sus amigos por la fuerza del vínculo que las unía a la bruja o morirían.


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Die wahre Macht, die uns beherrscht, ist die schädliche, unendliche, verzehrende, zerstörende, unstillbare Gier...
Spoiler:
El verdadero Poder que nos controla es la vergonzosa, interminable, desgastante, destructiva e insaciable Sed...

Compis de Sinceridad:
De momento, estos son los deseos/nombres que Sinceridad coloca a sus compis:
Sox= Chamán
Nadzieja = Silencio
Mónica = SinGritos
Tay = Directo
Eorlir = Mapa
Ina = Tímida
Eriel = Fanático 1
Barael = Fanático 2
Dafne = Cría
Lorenzo = Enrevesado
Sakrilt = Sakosa
Siete = Dudoso
Rádar = Callado/Carabés
Fahran = Madura

Warning: estos nombres están sujetos a cambios según el parecer de Sinceridad.

Lupin

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«Tengo que salir de aquí». Estaba seguro y ni siquiera se planteaba por qué. Sabía que se encontraba en la Sede, pero de algún modo aquello no acababa de ser el conocido edificio. Y de alguna forma, aquello le tranquilizaba. O lo haría si no se encontrara preso.

Cuando por fin se adelantó hacia la puerta, comprobó en primer lugar que esta pudiera abrirse de forma manual. La fuerza de la evidencia venció y la tarea se mostró imposible. Cuando se disponía a comprobar qué podía hacer mediante sus dones, Saria Omen apareció y acabó con las dos figuras que, sabía, tenían como función evitar su huida. La mala sombra usó sus capacidades sobre las cerraduras y aquello fue todo lo que consiguió antes de que un ataque sorpresa le arrebatará la vida. «Gracias» formuló simplemente en su cabeza mientras salía de la celda y se encaraba a los asesinos. Era aquel un final demasiado abrupto para una ordesa sin igual.

Vacío y centrándose solo en el destino, en el peligro que sufría su amiga varmana y en el vacío que sentía al pensar en ella, Heraldo Rocuo se aplicó a su nueva función en un despliegue conjuros como nunca había ejecutado. Sabiendo el poco espacio que tenía para atacar, el sacerdote desviaba conjuros, cubría huecos en las defensas de sus compañeros, más centrados en acabar cuanto antes que en su propia vida, y estorbaba a los soldados de la Luna Roja para facilitar el combate a sus camaradas.

Todo por una muerte irreal y una vana esperanza.

Yber

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GM
Los dolientes de Marsi pueden abrirse paso sin dificultad a través de la sede. El ejército de la Luna Roja no tiene poder para pararles por sí solo. El líder enemigo parece saberlo y, a la vez que logran escapar del edificio, todos los huesos de la Cicatriz de Árax se alzan y salen despedidos hacia su posición. Sobre sus cabezas, las piezas se unen sin homogeneidad y crean un dragón titánico y deforme hecho de esqueletos. Tuétano es ahora una reconstrucción de sí misma, hecha de víctimas de guerra y niños muertos.

A la vez que ella toma forma, el cadáver de Saria se desvanece a espaldas de Kin.

Tuétano es invulnerable hasta que la transformación acaba y, en ese mismo instante, verterá sobre el grupo un aliento hecho de huesos: además de un olor fétido, lloverán tibias y fémures y omoplatos y vértebras. Y los peones del ejército de la Luna Roja arremeterán contra ellos y sus defensores, unos soldados con las mismas pintas desechables y un atuendo blanco y azul: el ejército del Sol Blanco.

Las estirges graznan a lo lejos.

---

El rostro de Tersa se ensombrece, pero no se opone a la decisión. La bruja le ofrece la carta a Rádar y, en cuanto este la roce mínimamente, la carta cobrará vida y echará a volar plegándose sobre sí misma. Por el camino se convertirá en polvo y liberará la fuerza que guardaba. La nueva Tuétano es tan grande que es imposible evitarla. Radar la verá mejor que cuando esta les sobrevolaba, aunque antes estuviera mucho más cerca de lo que estaba ahora.

—El Kairós irrense se coló en nuestras instalaciones, señor. No sabemos cómo ha podido descubrir el tempo, nuestros magos más valiosos lo protegían —Tersa le responde tal cual entiende la pregunta—. Señor Rádar, creo que sería buena idea que utilizara una carta de defensa sobre  La Gran Torre de Maciel. Sin embargo, ya sabe que para ello solo puede enviar a sus antiguos compañeros. A los que sobrevivieron a la vieja guerra.

>>Y ya sabe lo que ocurre al usar las cartas.

Tersa chasquea los dedos y su mano se llena de cartas nuevas, que no tarda en añadir. Cuatro cartas y sendas ilustraciones: Barael y Eriel conforman una entre ambos, las demás pertenecen a Tayron, Siete y Sox. No hay rastro de Dafne, ni de Charlie, ni de Sakrilt, ni de Daerhien.



Última edición por Yber el 29/08/17, 05:38 pm, editado 1 vez


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No llores por no poder ver tu pierna,
las lágrimas te impedirán ver los cadáveres de tus amigos.

Zarket

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GM
Rádar observó enmudecido cómo se formaba la nueva Tuétano. No había tenido ni la más remota idea de que algo así fuera a pasar, y quizás lo más descorazonador era no saber si de haberlo sabido lo habría hecho o no. Porque aquella burda imitación era magia con una perversidad que en Carabás hacía mucho que estaba desterrada, era una espantosa burla a los cadáveres que habían descansado en la cicatriz y a la propia Tuétano. Y, a la vez, era quizás de las pocas cosas que podían salvarle. El tipo E seguía valorando el hecho de estar vivo.

«Espero que al menos no haya ninguna consciencia ahí» pensó, recordando el horror que era el cementerio de Rocavarancolia.

Contempló las cartas que ahora mostraba Tersa con una mirada turbia, pero todo cambió cuando mencionó a "los que murieron en la vieja guerra". Rad ya se había dado cuenta de las ausencias, y comprobar el significado de aquello fue como si le hubieran clavado una puñal en el pecho. El carabés volvió a girarse hacia la vista de la batalla, dando la espalda a dama Tersa, no queriendo que la niña viera sus ojos humedecidos. Recordó las sonrisas de Dafne, la inestimable ayuda de Sakrilt en las salidas. «¿Cuántas hienas mató? Fueron tantas que ni recuerdo el número» el pensamiento vino acompañado de una sonrisa triste. Inconscientemente se estaba acariciando el muslo, allí donde sabía que estaban las cicatrices de la hiena a la que Charlie mató con demasiada lentitud.

¿Sabes, dama Tersa? —su pregunta vino acompañada de un tono serio. No sabía lo que estaba sucediendo, pero debía intentar impermeabilizarse a toda novedad o su existencia estaba perdida. Sus ojos se mantuvieron en el reloj de las alturas—. Ni el más grandioso líder es omnisapiente. Ni omnipotente. Todo el mundo necesita consejos —esperaba que el tono serio, tan suyo y característico, fuera el apropiado para mantener la farsa, el que imaginaba que debía tener un general. O líder, o monarca, o dictador, o lo que fuera él en aquel momento—. Con total sinceridad, ¿qué crees que va a pasar?

Si no podía descubrir qué había pasado esperaba que, al menos, la opinión de Tersa sobre el futuro le diera las suficientes pistas.

Y que no fuera demasiado evidente que él no recordaba nada.

Dal

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Sura sonríe con fiereza mientras destroza soldado tras soldado. Más parece un granjero segando grano que una guerrera luchando. Está en su salsa y eso se nota.

Sin que el pulso le tiemble lo más mínimo le corta a un soldado la garganta y descarga su poderosa cola sobre otro, el golpe en la base del cráneo es tal que se oye el agradable sonido de huesos rotos y otro sonido más pegajoso cuando su cabeza choca contra el suelo.

Llena de sangre y aún furiosa por la situación sale de la Sede y toma aire puro. No tarda en volver a ponerse en guardia cuando ve los huesos volando hacia su dirección.

-Está claro que nos esperaban - les dice al resto. Con fría tranquilidad observa la creación del titánico dragón.- ¡A cubierto! - grita cuando ve sus intenciones.

Ella misma se cubre tras una casa esperando que las paredes la cubran de la lluvia de muerte que el dragón vierte sobre ellos. Con cuidado estudia tras una esquina a su oponente. El cuello parece la zona más débil a la que atacar.

-Chicos, podemos dirigir hechizos de impacto a su cuello para arrancar su cabeza y ver cómo reacciona - les dice por encima del ruido esperando sus respuestas.


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Soy Dal, hijo del Estío y el Crepúsculo. Señor del Vacío y Amo del Infinito. Destructor de Mundos y Artífice de Infiernos. Conde de la Nada y Duque de los Océanos. Rey del Purgatorio y Terror del Cielo. Marqués del Inframundo y Barón de la Muerte. Por todos estos titulos, Invitado, reclamo tu vida para mí .

Evanna

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Lograr hacerse paso por entre los soldados fue relativamente fácil para ellos, estaban realmente enojados y con el único pensamiento de descubrir como habían acabado así y como se encontraba Marsi. Debían rescatarla, fuese como fuese. Con las manos y rostro salpicadas de sangre, al igual que sus machetes, Dhelian salio corriendo de la Sede siendo recibido por las estirges que sobrevolaban el cielo, llamándolo con sus graznidos...y por un enorme dragon de huesos que se creo ahí, frente a sus mismos ojos. <<¿¿De donde narices ha salido una cosa tan grande!? >> se pregunto alarmado, viendo a ese nuevo ejercito vestido con capaz blancas, no las rojas de aquellos que habían matado a Saria <<¿Aliados?>> no los recordaba ni tuvo tiempo de ponerse a pensar mucho en estos pues el dragón estaba mas que dispuesto a deshacerse de las moscas molestas y hormiguitas que no dejaban de incordiar.

El aviso de Surasara le permitió correr tras un edificio, cubriendo la cabeza con las manos para evitar los escombros que cayeron ante el choque de los huesos contra la piedra. El olor fétido que salio de la garganta del dragón no fue algo que molestara a Dhelian, acostumbrado a ello. Olor a muerte. Desde su puesto, detrás del mismo edificio donde estaba la naga pudo escuchar sus sugerencia. Dhelian se asomo  observando el grueso cuello del dragón. <<¿Hechizos de impacto? Como no le lancemos el edificio entero encima eso no se rompe >> pensó Dhelian mordiéndose el labio inferior, que de carne y huesos rotos sabia un poco. Había desmembrado bastantes cuerpos ya a esas alturas.

<< Los huesos se han convertido en eso frente a nuestras narices, capaz tenga alguna magia de reconstrucción anclada....o un demiurgo dando el coñazo por la zona >> pensó Dhelian cada vez mas inquieto, dando un largo silbido que atrajo a una par de sus estirges hacía el.

-¡Preparar los impacto, voy a intentar desestabilizarlo...y otro hechizo de dislocación no me vendría mal por aquí! - pidió a sus compañeros, necesitando comprobar primero su teoría, pues si el dragón podía regenerarse o algo así, iba a ser un chiste pelear contra el. Aprovechando la cercanía de sus estirges se cargo de magia y sin dudar invoco el hechizo que tenía en mente, asomado de detrás del muro apunto con su mano hacia el enorme dragón de huesos, sin muchas esperanzas de que funcionara pero deseando comprobarlo primero. El hechizo de dislocación fue lanzado sobre la unión del hombro derecho del dragón y Dhelian, cubierto por el  muro de piedra, realizo el gesto con su mano para darle un fuerte tirón, igual que si intentase arrancar una estatua de su pedestal con mucha mala leche, con toda la concentración puesta sobre este.


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