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Primer sueño de Rad con los dolientes de Marsi.

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Yber

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GM
Recuerdo del primer mensaje :

Rad se encuentra en lo alto de Maciel. El torreón ha crecido tanto que se ha convertido en el edificio más alto de la ciudad. Tal y como la primera vez que se soñó, el edificio está entero; sin huellas de incidentes con ballenas, ni nidos de pájaro. Se acerca la Luna Roja y el carabés lo siente. Pero a nadie le sorprendería si lo afirmara, pues un reloj gigante ocupa el lugar del sol y buena parte del cielo, como si fuera un astro curioso que se acerca a Rocavarancolia para verla más de cerca. Las agujas que muestran la proximidad del astro rojo anuncian la llegada. Al contrario que el sol al que sustituye, cualquiera puede mirar el reloj sin cegarse. Detrás de él surge una luz pálida y desganada, el único foco de luz natural.

Desde su atalaya, Rádar puede comprobar cómo emerge el humo de entre las calles y como cientos de soldados y magos poderosos pelean entre sí por toda la ciudad. Unos llevan soles blancos sobre escudos y ropajes cian; otros, lunas rojas sobre negro.  Estos últimos salen sin cesar de las puertas de Maciel, como si la torre se hubiera convertido en una bolsa sin fondo de soldados. Las tropas enemigas intentan acercarse al lugar.

La trampilla que da a la azotea se abre y dama Tersa emerge de ella.

—Mi señor —se dirige a Rad con un tono educado y cierto temor—. El intruso huyó y la habitación de Marsi ha sido asegurada, no podrá volver a colarse.  Las tropas de la Luna Roja salen en defensa, pero están intentando sitiarnos. El ejército del Sol Blanco está arremetiendo con demasiada fuerza.

Muchos sueños se han arremolinado en un mismo sitio y se han convertido en una quimera onírica. Dama Tersa saca una baraja llena de imágenes: Nad, Eorlir, Inna, Tersa, Tuétano, Sarna, la cabra muerta, la hiena gigante y las pequeñas… Todas las pérdidas de Maciel y todos los peligros tienen su propia carta ilustrada.

—Nuestros minions no podrán detenerles mucho más, tenemos que enviarles una amenaza mayor. Escoja una carta, señor.

---

En la sede de los taumaturgos de ese mismo sueño se encuentran Alice, Evelhan Kaw, Heraldo Rocuo, Keiria, Kin y Sura.  Las habitaciones de la residencia de novatos se han convertidos en cárceles y cada uno de ellos se encuentra en su propia celda. Dentro de ellas, no hay fuerza o magia que les permita abrirse paso. Un par de guardias sin rostro montan guardia, con uniformes negros y lunas rojas bordadas. Uno porta una alabarda, el otro un grimorio.

Una risotada aguda invade el pasillo y los guardias se tensan. Una sombra cubierta de telas negras vaporosas cae sobre el alabardero y lo degüella. El mago intenta pronunciar un hechizo, pero la mala suerte obra un mordisco en la lengua. La mala sombra le lanza un cuchillo a la frente y este cae, muerto.

—¡Saria Omen al rescate! —canturrea, a la vez que frunce el ceño para gafar las celdas. La Saria del sueño no es exactamente igual que la real, de su espalda nacen un par de alas grandes, de plumas negras, y se la ve feliz—. Chicos, ¡tenéis que daros prisa! Creemos que tienen a Marsi recluida en la Gran Torre de Maciel. Archi se ofreció a rescatarla, pero no sé qué ha

Su frase se corta en seco. Un hechizo de inyección le parte el cuello y lanza a la mala sombra con una gran fuerza hasta la pared al final del pasillo. Saria Omen yace muerta en el suelo y varios soldados armados con alabardas y más grimorios irrumpen en el pasillo.

Las celdas siguen cerradas, pero esta vez se pueden abrir.


_________________________________________

No llores por no poder ver tu pierna,
las lágrimas te impedirán ver los cadáveres de tus amigos.

Lupin


«Tengo que salir de aquí». Estaba seguro y ni siquiera se planteaba por qué. Sabía que se encontraba en la Sede, pero de algún modo aquello no acababa de ser el conocido edificio. Y de alguna forma, aquello le tranquilizaba. O lo haría si no se encontrara preso.

Cuando por fin se adelantó hacia la puerta, comprobó en primer lugar que esta pudiera abrirse de forma manual. La fuerza de la evidencia venció y la tarea se mostró imposible. Cuando se disponía a comprobar qué podía hacer mediante sus dones, Saria Omen apareció y acabó con las dos figuras que, sabía, tenían como función evitar su huida. La mala sombra usó sus capacidades sobre las cerraduras y aquello fue todo lo que consiguió antes de que un ataque sorpresa le arrebatará la vida. «Gracias» formuló simplemente en su cabeza mientras salía de la celda y se encaraba a los asesinos. Era aquel un final demasiado abrupto para una ordesa sin igual.

Vacío y centrándose solo en el destino, en el peligro que sufría su amiga varmana y en el vacío que sentía al pensar en ella, Heraldo Rocuo se aplicó a su nueva función en un despliegue conjuros como nunca había ejecutado. Sabiendo el poco espacio que tenía para atacar, el sacerdote desviaba conjuros, cubría huecos en las defensas de sus compañeros, más centrados en acabar cuanto antes que en su propia vida, y estorbaba a los soldados de la Luna Roja para facilitar el combate a sus camaradas.

Todo por una muerte irreal y una vana esperanza.

Yber


GM
Los dolientes de Marsi pueden abrirse paso sin dificultad a través de la sede. El ejército de la Luna Roja no tiene poder para pararles por sí solo. El líder enemigo parece saberlo y, a la vez que logran escapar del edificio, todos los huesos de la Cicatriz de Árax se alzan y salen despedidos hacia su posición. Sobre sus cabezas, las piezas se unen sin homogeneidad y crean un dragón titánico y deforme hecho de esqueletos. Tuétano es ahora una reconstrucción de sí misma, hecha de víctimas de guerra y niños muertos.

A la vez que ella toma forma, el cadáver de Saria se desvanece a espaldas de Kin.

Tuétano es invulnerable hasta que la transformación acaba y, en ese mismo instante, verterá sobre el grupo un aliento hecho de huesos: además de un olor fétido, lloverán tibias y fémures y omoplatos y vértebras. Y los peones del ejército de la Luna Roja arremeterán contra ellos y sus defensores, unos soldados con las mismas pintas desechables y un atuendo blanco y azul: el ejército del Sol Blanco.

Las estirges graznan a lo lejos.

---

El rostro de Tersa se ensombrece, pero no se opone a la decisión. La bruja le ofrece la carta a Rádar y, en cuanto este la roce mínimamente, la carta cobrará vida y echará a volar plegándose sobre sí misma. Por el camino se convertirá en polvo y liberará la fuerza que guardaba. La nueva Tuétano es tan grande que es imposible evitarla. Radar la verá mejor que cuando esta les sobrevolaba, aunque antes estuviera mucho más cerca de lo que estaba ahora.

—El Kairós irrense se coló en nuestras instalaciones, señor. No sabemos cómo ha podido descubrir el tempo, nuestros magos más valiosos lo protegían —Tersa le responde tal cual entiende la pregunta—. Señor Rádar, creo que sería buena idea que utilizara una carta de defensa sobre  La Gran Torre de Maciel. Sin embargo, ya sabe que para ello solo puede enviar a sus antiguos compañeros. A los que sobrevivieron a la vieja guerra.

>>Y ya sabe lo que ocurre al usar las cartas.

Tersa chasquea los dedos y su mano se llena de cartas nuevas, que no tarda en añadir. Cuatro cartas y sendas ilustraciones: Barael y Eriel conforman una entre ambos, las demás pertenecen a Tayron, Siete y Sox. No hay rastro de Dafne, ni de Charlie, ni de Sakrilt, ni de Daerhien.



Última edición por Yber el 29/08/17, 05:38 pm, editado 1 vez

Zarket


GM
Rádar observó enmudecido cómo se formaba la nueva Tuétano. No había tenido ni la más remota idea de que algo así fuera a pasar, y quizás lo más descorazonador era no saber si de haberlo sabido lo habría hecho o no. Porque aquella burda imitación era magia con una perversidad que en Carabás hacía mucho que estaba desterrada, era una espantosa burla a los cadáveres que habían descansado en la cicatriz y a la propia Tuétano. Y, a la vez, era quizás de las pocas cosas que podían salvarle. El tipo E seguía valorando el hecho de estar vivo.

«Espero que al menos no haya ninguna consciencia ahí» pensó, recordando el horror que era el cementerio de Rocavarancolia.

Contempló las cartas que ahora mostraba Tersa con una mirada turbia, pero todo cambió cuando mencionó a "los que murieron en la vieja guerra". Rad ya se había dado cuenta de las ausencias, y comprobar el significado de aquello fue como si le hubieran clavado una puñal en el pecho. El carabés volvió a girarse hacia la vista de la batalla, dando la espalda a dama Tersa, no queriendo que la niña viera sus ojos humedecidos. Recordó las sonrisas de Dafne, la inestimable ayuda de Sakrilt en las salidas. «¿Cuántas hienas mató? Fueron tantas que ni recuerdo el número» el pensamiento vino acompañado de una sonrisa triste. Inconscientemente se estaba acariciando el muslo, allí donde sabía que estaban las cicatrices de la hiena a la que Charlie mató con demasiada lentitud.

¿Sabes, dama Tersa? —su pregunta vino acompañada de un tono serio. No sabía lo que estaba sucediendo, pero debía intentar impermeabilizarse a toda novedad o su existencia estaba perdida. Sus ojos se mantuvieron en el reloj de las alturas—. Ni el más grandioso líder es omnisapiente. Ni omnipotente. Todo el mundo necesita consejos —esperaba que el tono serio, tan suyo y característico, fuera el apropiado para mantener la farsa, el que imaginaba que debía tener un general. O líder, o monarca, o dictador, o lo que fuera él en aquel momento—. Con total sinceridad, ¿qué crees que va a pasar?

Si no podía descubrir qué había pasado esperaba que, al menos, la opinión de Tersa sobre el futuro le diera las suficientes pistas.

Y que no fuera demasiado evidente que él no recordaba nada.

Dal


Sura sonríe con fiereza mientras destroza soldado tras soldado. Más parece un granjero segando grano que una guerrera luchando. Está en su salsa y eso se nota.

Sin que el pulso le tiemble lo más mínimo le corta a un soldado la garganta y descarga su poderosa cola sobre otro, el golpe en la base del cráneo es tal que se oye el agradable sonido de huesos rotos y otro sonido más pegajoso cuando su cabeza choca contra el suelo.

Llena de sangre y aún furiosa por la situación sale de la Sede y toma aire puro. No tarda en volver a ponerse en guardia cuando ve los huesos volando hacia su dirección.

-Está claro que nos esperaban - les dice al resto. Con fría tranquilidad observa la creación del titánico dragón.- ¡A cubierto! - grita cuando ve sus intenciones.

Ella misma se cubre tras una casa esperando que las paredes la cubran de la lluvia de muerte que el dragón vierte sobre ellos. Con cuidado estudia tras una esquina a su oponente. El cuello parece la zona más débil a la que atacar.

-Chicos, podemos dirigir hechizos de impacto a su cuello para arrancar su cabeza y ver cómo reacciona - les dice por encima del ruido esperando sus respuestas.

Evanna


Lograr hacerse paso por entre los soldados fue relativamente fácil para ellos, estaban realmente enojados y con el único pensamiento de descubrir como habían acabado así y como se encontraba Marsi. Debían rescatarla, fuese como fuese. Con las manos y rostro salpicadas de sangre, al igual que sus machetes, Dhelian salio corriendo de la Sede siendo recibido por las estirges que sobrevolaban el cielo, llamándolo con sus graznidos...y por un enorme dragon de huesos que se creo ahí, frente a sus mismos ojos. <<¿¿De donde narices ha salido una cosa tan grande!? >> se pregunto alarmado, viendo a ese nuevo ejercito vestido con capaz blancas, no las rojas de aquellos que habían matado a Saria <<¿Aliados?>> no los recordaba ni tuvo tiempo de ponerse a pensar mucho en estos pues el dragón estaba mas que dispuesto a deshacerse de las moscas molestas y hormiguitas que no dejaban de incordiar.

El aviso de Surasara le permitió correr tras un edificio, cubriendo la cabeza con las manos para evitar los escombros que cayeron ante el choque de los huesos contra la piedra. El olor fétido que salio de la garganta del dragón no fue algo que molestara a Dhelian, acostumbrado a ello. Olor a muerte. Desde su puesto, detrás del mismo edificio donde estaba la naga pudo escuchar sus sugerencia. Dhelian se asomo  observando el grueso cuello del dragón. <<¿Hechizos de impacto? Como no le lancemos el edificio entero encima eso no se rompe >> pensó Dhelian mordiéndose el labio inferior, que de carne y huesos rotos sabia un poco. Había desmembrado bastantes cuerpos ya a esas alturas.

<< Los huesos se han convertido en eso frente a nuestras narices, capaz tenga alguna magia de reconstrucción anclada....o un demiurgo dando el coñazo por la zona >> pensó Dhelian cada vez mas inquieto, dando un largo silbido que atrajo a una par de sus estirges hacía el.

-¡Preparar los impacto, voy a intentar desestabilizarlo...y otro hechizo de dislocación no me vendría mal por aquí! - pidió a sus compañeros, necesitando comprobar primero su teoría, pues si el dragón podía regenerarse o algo así, iba a ser un chiste pelear contra el. Aprovechando la cercanía de sus estirges se cargo de magia y sin dudar invoco el hechizo que tenía en mente, asomado de detrás del muro apunto con su mano hacia el enorme dragón de huesos, sin muchas esperanzas de que funcionara pero deseando comprobarlo primero. El hechizo de dislocación fue lanzado sobre la unión del hombro derecho del dragón y Dhelian, cubierto por el  muro de piedra, realizo el gesto con su mano para darle un fuerte tirón, igual que si intentase arrancar una estatua de su pedestal con mucha mala leche, con toda la concentración puesta sobre este.

Jack

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Pudieron salir sin muchos problemas, con la adrenalina a flor de piel, pero al menos ella pisó la calle menos cubierta de sangre que sus compañeros. Era la primera vez que se veía en una refriega así y le daba algo de asco, pero bucearía en vísceras si hacía falta para rescatar a Marsi.

Afuera les esperaba el caos. Hordas de soldados de, aparentemente, dos bandos, se enfrentaban en las calles. Si se metían de lleno en la batalla campal, no llegarían nunca a Maciel. O, peor, llegarían demasiado tarde, extenuados, y posiblemente morirían o... Se llevó la mano al pecho, confusa, pues cada vez que pensaba en su amiga se le instalaba una extraña congoja en su interior. No quería ni pensar que fuera un mal presagio.

Un grito la sacó de su ensimismamiento. Corrió a cubierto como pudo, mientras las onyces levantaban una frágil barrera a su alrededor. <<¿¡Pero qué demonios!?>> Tuvo un arranque de tos por el mal olor y el polvo, pero pudo recomponerse. <<¿Por qué tantos monstruos parecen salidos del darc souls?>>, pensó para permitirse un segundo de calma. No tendría muchos a partir de entonces.

No creo que eso sirva de mucho si es una criatura nigromántica... No para matarlo, digo.

La bruja había tenido otra idea. O mejor dicho, las onyces. Había muchas sombras desperdigadas por la ciudad, por el barrio de la Sede... A más violenta la batalla, más aparecerían. Tan solo tenía que dejar a los demás contra el dragón de hueso mientras se montaba en su dominio y salía disparada hacia Maciel. Eso o reunir aún a muchas más y darle al dragón un enemigo mayor. Necesitaba muchas más, en cualquier caso, y solo conocía una forma de atraerlas de su dimensión.

No tuvo ni que hablar o hacer gesto alguno. La mitad de las onyces se lanzó cual lluvia de garras contra los soldados enemigos que se les venían encima mientras las restantes empezaban a amontonarse a los pies de su bruja. Ella, por su parte, ajena a que a cada segundo iría creciendo su montura, sumaría sus hechizos al dragón de hueso. Y si sus ataques iban a la cabeza era para evitar otra "llamarada fétida", no por creer que eso le dejaría fuera de combate.


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Die wahre Macht, die uns beherrscht, ist die schädliche, unendliche, verzehrende, zerstörende, unstillbare Gier...
Spoiler:
El verdadero Poder que nos controla es la vergonzosa, interminable, desgastante, destructiva e insaciable Sed...

Compis de Sinceridad:
De momento, estos son los deseos/nombres que Sinceridad coloca a sus compis:
Sox= Chamán
Nadzieja = Silencio
Mónica = SinGritos
Tay = Directo
Eorlir = Mapa
Ina = Tímida
Eriel = Fanático 1
Barael = Fanático 2
Dafne = Cría
Lorenzo = Enrevesado
Sakrilt = Sakosa
Siete = Dudoso
Rádar = Callado/Carabés
Fahran = Madura

Warning: estos nombres están sujetos a cambios según el parecer de Sinceridad.

Tak

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GM
El grupo consigue avanzar por la torre hasta abandonarla. A Kin le resulta inquietante que gente así haya conseguido contenerlos, al menos al principio, porque entre todos se bastan para abrirse camino. Ni siquiera necesita plantearse abandonar a Saria para no perder su propia vida.

Por desgracia, los soldados no son lo único que se va a interponer en su camino. Cuando los huesos empiezan a juntarse frente a ellos se hace evidente que no va a pasar nada bueno. Kin se espera lo peor y, por supuesto, acierta. Antes de que el monstruo les tire el aliento fétido, nota con sorpresa que el peso que carga desaparece sin más, como si se volatilizase. Aunque está confuso, la presencia del monstruo no le permite pararse a pensar qué ha pasado. Corre hacia el soportal más cercano tratando de esquivar los huesos que caen, a la vez que ancla sobre sí mismo una barrera física. De un vistazo alrededor consigue convencerse de que no ha imaginado lo que ha pasado con Saria: no está por ningún lado. Siente rabia y confusión, pero no tiene tiempo para detenerse a pensar en lo que acaba de suceder.

Las sugerencias de los demás le ayudan a centrarse en la batalla que tienen por delante. Parece que no son los únicos enemigos de los que los habían hecho prisioneros, pero probablemente sí son los únicos que pueden hacer algo contra la criatura de huesos. No sabe qué esperarse del monstruo, pero decide que no hará daño probar si su enemigo puede regenerarse. «Si se desmantela podemos ganar tiempo para pensar qué hacer a continuación» piensa, viendo que cada uno tiene una idea diferente. Decide unirse a Sura en su intento por separar la cabeza, incapaz de pensar demasiado en lo que está haciendo.

Lupin

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Finalmente, Heraldo Rocuo pudo ver la luz del sol. No sabía decir cuánto tiempo estuvieron allá dentro, intentando salir. Le parecían horas y al mismo tiempo segundos. Pero sobre todo lo que le parecía es que poco le importaba en ese momento: la pesadilla estaba tomando forma enfrente. Y se disponía a atacar.

No esperó ni al grito de Surásara para ponerse a cubierto tras la misma edificación, pronto descubrió que era lo mejor que podía hacer. El olor, tan intenso como nauseabundo, casi le hizo vomitar la cena —por un instante, se le hizo extraño pensar en la cena—. A falta de una idea mejor por el momento, decidió acceder al plan de la naga y pensar en otro por si no funcionaba. Se fijó también en que Onyx había pensado otra cosa, pues podía sacar partido de la situación para contrarrestar al dragón de hueso con su propia creación. Parecía un buen plan B.

Para facilitar la tarea de sus compañeros, el sacerdote decidió emplear el don en un conjuro de abrasión dirigido al área de los impactos. Aquello ayudaría a volver mucho más frágil el cuello de la criatura.

Red

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Salir resulta mucho más fácil de lo esperado, pues aquellos soldados solo son morralla, pero lo que les espera en el exterior es una amenaza mucho mayor. Keiria apenas tiene tiempo de lanzarse detrás de un muro semiderruido antes de que el aliento del monstruoso dragón de huesos arrase la calle.
Que peste... —murmura para si, conteniendo el aliento mientras sus compañeros empiezan a trazar un plan.

Debido a la adrenalina del combate la kitsune apenas ha tenido tiempo para procesar lo ocurrido con Saria o el misterioso sentimiento de vacío que le provoca pensar en Marsi, pero ver como desaparece el cuerpo de la malasombra de la espalda de Kin la bloquea durante unos instantes. Las palabras de Sura le llegan amortiguadas, al igual de las de Dhelian, pero asiente a pesar de todo y prepara otro hechizo de impacto.

Apunta al cuello, como los demás, y trata de no pensar en nada que no tenga que ver con el peligro que se alza justo enfrente. Cree saber que piensa hacer Alice y se plantea apoyarla con alguna ilusión potente, pero prefiere cuidar sus reservas mágicas y aguarda expectante el resultado del ataque coordinado.

Yber

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GM
El plan de los dolientes funciona. La cabeza se desprende y cae con fuerza contra la sede, hundiendo el techo por el peso. Los huesos del cuello se desarman, llueven contra el suelo y contra todos. El ambiente se llena de percusión hueso-madera. El resto del cuerpo se vuelve loco y da zarpazos contra el aire mientras pierde altura a una velocidad alarmante, amenazando con caer sobre ellos. Debido a su tamaño, el cuerpo de Tuétano sepultará la sede y todas las calles alrededor.

Entre todos, pueden ponerse de acuerdo y avanzar: tienen a su disposición todas las localizaciones importantes del área Sudoeste, salvo Maciel, que ahora se yergue en la lejanía.


---


—No lo sé, señor Rádar —admite dama Tersa—. Antes teníamos la situación bajo control, pero Los Seis Legendarios han logrado escapar de la Sede. —La niña bruja no separa su mirada del campo de batalla—. La Saria Negra ha muerto, pero El Viajero Metálico sigue en paradero desconocido. Si no logramos parar al ejército del sol blanco y a sus campeones, me temo que no podremos defendernos.

Tuétano cae y ambos pueden verlo con nitidez, tanto a la dragona derrotada como a los causantes de su caída. Un gran tic sacude cada retal que conforma el sueño y la aguja del reloj que lo sobrevuela todo se acerca un poco más a la Luna Roja. Tersa refuerza su posición agarrándose a una almena, para no caer.

Una vez cesa el temblor, retoma la palabra.

—Señor… Me temo que debo insistirle. Escoja una carta ofensiva si quiere intentar frenarles de nuevo y una defensiva si quiere reforzar nuestra gran torre. Puede usar una de cada, pero elija sabiamente. El elixir que extraemos de La Cabalgante no es infinito.


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las lágrimas te impedirán ver los cadáveres de tus amigos.

Zarket

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GM
Las palabras de Tersa no ayudaron a hacerle comprender qué sucedía, aunque su cerebro ya barajaba varias hipótesis. «O bien es alguna especie de prueba de algo, o me he vuelto loco de remate y estoy delirando» pensó, preguntándose qué hacer. Por lo pronto contuvo las risas que pugnaban por salir ante lo disparatado de la situación.

La caída de Tuétano y la imagen de los dolientes de Marsi terminaron con cualquier gracia que hubiera podido sentir. Rádar gruñó, tan enfadado de que hubieran derrotado aquella aberración antinatural que les había mandado como siempre que le derrotaban en algo. Al carabés no le gustaba que nadie quedara por encima de él, y aquellos desconocidos, de alguna forma, lo habían hecho. «Me la van a pagar» piensa, aferrado a la almena para mantener el equilibrio.

El temblor no hizo más que amenazar con llevarle a otro temblor, acompañado de una brutal caída donde Tuétano también estuvo. El creer que en esta ocasión aquellos seis desconocidos eran los culpables hizo más fácil odiarlos.

Envía a los nublinos —decidió, en un impulso. Quizás si eran enviados juntos Barael trabajara con más ahínco. Sabía que cuando la vida de Eriel estaba en juego el mayor de los dos era mucho más peligroso, y pensar en aquello le revolvió el estómago. «Yo no soy así» pensó, todavía aferrado a la almena, todavía mirando hacia el caos y la muerte que se extendía en las calles de Rocavarancolia. «Solo quiero vivir». En cuanto a algo ofensivo... Las hienas.

En esta ocasión había sido algo mucho más al azar. La verdad es que después de ver qué había sucedido con Tuétano no sabía si aquellos seis podrían ser parados de alguna manera.


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Criaturas acompañantes de Lanor Gris:

-Acompañante: su bufanda, con dos botones a modo de ojos.
-Una libélula: alas de papel, cuerpo y cola de maderas, ojos que son cabezas de alfileres y patas que son alambres retorcidos.
-Defensores: tres "mosquitos". El cuerpo es un pequeño cilindro de madera, ojos y patas idénticos al de la libélula y alas de papel parecidas. Donde estarían sus bocas hay una triada de alfileres puntiagudos y relativamente largos.
-Vigilante: una esfera de madera con dos grandes alas de tela (el "esqueleto" de las alas es alambre) en la parte superior y un gran botón pegado en la parte inferior.

Evanna

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Entre todos acabar con el dragón de huesos fue relativamente fácil, el camino estaba despejado en comparación a antes peor la Sede de la que acababa de salir quedo prácticamente derruida por el peso del dragón. Buena arte del camino acabo bloqueado y dejandolos con la capacidad de tomar solo una dirección, pues la Gran Torre de Maciel se veia aun demasiado lejos de ellos, necesitaban acercarse.

Dhelian se reunió con sus amigos, mientras se sacudía el polvo del pelo y ropa provocado con los escombros. Sus estirges sobrevolaba el destrozo como carroñeros esperando que el polvo levantado se dispersara.

-Se ve que no vamos a tenerla fácil llegar hasta Marsi- dijo Dhelian viendo hacia los restos del dragón- La Gran Torre de Maciel, esta aun muy lejos, enviare a mis estirges para revisen el camino, hay que evitar encontrarse los mayores obstáculos posibles, tenemos que darnos prisa -tras decir aquello, Dhelian le dio una orden a sus estirges, que de inmediato se dispersaron en pequeñas bandadas para revisar los caminos a tomar frente a ellos y algunas continuaron directamente hasta Maciel con el fin de ver, tal y como Dhelian les había indicado, como era la situación en el torreón. Un pequeño grupo de estirges se quedo cerca de Dhelian, un de ellas sobre su hombro, tanto como para seguir cargando su magia como receptoras de mensajes de las demás.


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Yber

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GM
Las estirges se dispersan y la información que recibe Dhelian es la siguiente: para llegar a la Gran Torre de Maciel hay que cruzar el área sudoeste, el área oeste, el área noroeste y el área norte. Por algún motivo, están todas dispuestas en línea recta y no despierta ninguna incongruencia en los soñantes. Al fondo, al norte del norte, se ve el La Gran Torre de Maciel. Pero no habrá estirge capaz de acercarse al cielo que lo rodea.


---


—Muy bien, señor.

Dama Tersa destaca las cartas elegidas sobre el resto del mazo y se las ofrece a Rádar para que las toque. Igual que antes, las cartas echan a volar. Una se aleja hasta el área sudoeste y la otra aterriza a los pies de La Gran Torre de Maciel.

La primera se deshace en una implosión que crea un agujero en mitad del cielo, un vórtice de tonos azul marino, negro y vino de diez metros de diámetro. De su interior comienzan a caer hienas al suelo como si fueran gotas en una cascada. Las criaturas se  pegan entre sí como las gotas que son y van dando forma a cinco enormes hienas dragón: seres de varios metros de altura, alas de membrana y piel cubierta de un pelaje moteado. Una vez están completamente formadas, el agujero se cierra.

La segunda carta se posa en el suelo, brilla y toma forma poco a poco. Al principio puede parecer que se trata de un hombre a caballo, pero cuando la luz se apaga revela una realidad más quimérica: Un Barael el triple de grande que el real se encuentra semidesnudo, a cuatro patas y con su muñón curado. De su espalda nace abruptamente el torso de Eriel, también tres veces más grande que el que Rádar recuerda.

El nublino más pequeño da un toque en la espalda a su hermano mayor y este comienza a cabalgar dando manotazos y arrastrando las rodillas. Los Hermanos Auriga se disponen a patrullar los alrededores de Maciel.


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Dhelian no tardo demasiado en recibir la información obtenida por sus estirges, entre ellas las zonas por las que podían llegar a la Gran Torre de Maciel. Ninguna de las que envió directamente hasta dicha Torre alcanzo a ver lo que le había pedido, ya fuese porque existía alguna barrera que impedía su entrada o porque fueron asesinadas posteriormente ante la repentina lluvia que emergió de aquel agujero negro en el cielo. Desde su posición, aquello fue estruendoso, algo caía desde el cielo como enormes gotas lluvia algo que posteriormente sus estirges le informaron, se trataban de seres cuadrúpedos peludos que formaron varios seres de mayor tamaño con alas, y cuya imagen de estos obtuvo de las mentes de estirges. Hienas, habían llovido hienas. Resultaba increíble de imaginar.

-Mis estirges no han llegado hasta la Gran torre, algo les impide observar el perímetro y acercarse-explico Dhelian con tensión-  Esa lluvia que acabamos de ver como una cascada salida de la nada son hienas, hienas que parecen haberse convertido en cinco enormes monstruos con alas, creo que podrían volar. Sea quien sea quien haga esto tiene mucho poder mágico - dijo Dhelian mordiéndose el labio inferior, viendo a sus compañeros- Vayamos por el camino que vayamos nos encontraremos con ellas, pero con su enorme tamaño, incluso si acabamos con el que nos encontremos derruirá casas a su paso, igual que el. Tenemos claros riesgos de acabar dañados por los escombros - señalo hacia el dragón de huesos que había destruido no solo la Sede sino algunos edificios colindantes al caer y del que se habían salvado de acabar aplastados por muy poco

- Aun así preferiría tener el refugio de las casas, no sabemos si esa cosa también escupe algo o no, podríamos ir por los callejones - indico Dhelian dubitativo, sin muchas confianza en tener que ser quien tomase alguna decisión, mientras sus estirges los sobrevolaban aun teniendo en su mira a las enormes quimera en el caso de que se movieran.


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Jack

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En cuanto el dragón cayó, la bruja quería largarse de allí a toda costa. Quería montarse en sus onyces y volar hacia Maciel como fuera, sola, pero los nuevos enemigos que aparecieron se lo complicarían. ¿Le ignorarían por ser una posible amenaza menor? ¿O bien atraería todas sus miradas? Y entonces, ¿podría defenderse por su cuenta? Necesitaba más tiempo para poder apañarse solo con sus sombras, sinceramente, y lo sabía, aunque ellas mismas le impulsasen a ignorarlo. Para colmo, obvio, en cuanto rozase las nubes, estaría sola, ni ejército aliado ni compañeros en quienes apoyarse. Pero tenían a Marsi presa y cada minuto perdido se le clavaba en el pecho como si fueran puñales.

Cuando Dhelian terminó de informarles, tomó su decisión.
¡Os cubriré desde el aire, pero en cuanto vea que el camino se abre, me largo!

No necesitaba hechizos de levitación para elevarse, no con su torrente de onyces a la espalda y recubriendo todo su cuerpo. No esperó a que decidieran la ruta. Con un batir de alas, se impulsó hacia el Fumadero abandonado, aquel edificio destartalado que no conocía. Iría por los tejados de la zona, y si las hienas amorfas volaban, saldría a su encuentro. Lo que menos le apetecía era que el grupo se perdiera y dividiera en los callejones, porque tendría que elegir entre ayudarles o ir a por su amiga. Y no quería tomar esa decisión.


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Compis de Sinceridad:
De momento, estos son los deseos/nombres que Sinceridad coloca a sus compis:
Sox= Chamán
Nadzieja = Silencio
Mónica = SinGritos
Tay = Directo
Eorlir = Mapa
Ina = Tímida
Eriel = Fanático 1
Barael = Fanático 2
Dafne = Cría
Lorenzo = Enrevesado
Sakrilt = Sakosa
Siete = Dudoso
Rádar = Callado/Carabés
Fahran = Madura

Warning: estos nombres están sujetos a cambios según el parecer de Sinceridad.

Yber

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GM
El dragón del fumadero se encarama al tejadillo del edificio, lo rodea y aspira el humo que mana por sus aberturas. La piel de la criatura se asimila al edificio y se convierte en piedra en un aullido que poco tiene que ver con un dragón o una hiena y más con una enorme olla exprés. El edificio se derrumba entonces y se levanta una gran nube de humo con forma de dragón.

Lejos de desvanecerse, la nube se mueve. Se puede ver como el dragón gaseoso abre las alas y estira el cuello. Alza la cabeza en un segundo silbido y los escombros vuelan y se reordenan sobre su silueta. El dragón final es una mole de piedra agrietada de la que se escapa el humo.

Los soldados de la Luna Roja se acercan por el revuelo y forman en torno a él. Decenas de soldados con alabardas y magos con grimorios se disponen a pelear contra los dolientes.


_________________________________________

No llores por no poder ver tu pierna,
las lágrimas te impedirán ver los cadáveres de tus amigos.

Tak

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GM
Kin no imaginó que para derrotar a aquel monstruo fuese suficiente cortarle la cabeza. Pensaba que era algún tipo de engendro nigromántico o similares, y que por tanto se iba a volver a levantar. Al menos probablemente.

De cualquier forma, el irrense estuvo bastante ocupado intentando no morir durante el derrumbe como para pensar en que habían tenido suerte. La caída de los huesos fue aparatosa, pero luego pudo reunirse de nuevo con sus amigos.
He perdido a Saria… no sé qué ha pasado —fue lo primero que les dijo, tan confuso como cabreado—. Desapareció sin más, yo no la solté. Joder…

Se movía con nerviosismo trazando pequeños círculos en el suelo. Las estirges habían salido a examinar la zona y el raigaurum no podía dejar de pensar en el lío en que estaban metidos, así como en la muerte de Saria. Solo consiguió mantenerse quieto cuando Dhelian empezó a comunicarles malas noticias.
Tócate los huevos… Habrá que abrirse paso como sea —fue todo lo que atinó a decir. Que temía que se repitiese lo que había sucedido con Saria no podía verbalizarlo.

Echó a correr sin perder de vista a Alice en el cielo, con su arma lista para defenderse o atacar. Sus defensas físicas y mágicas ya habían sido renovadas por lo que pudiese pasar, pero cuando vio lo que les esperaba se dio cuenta de que no iban a ser suficiente.
Deberíamos volver a atacar todos a una a esa mole con magia. ¿Creéis que podemos romperlo? —exclamó mientras se acercaban. Iban a tener suficientes distracciones con los soldados si no se hacían cargo de aquel monstruo primero.

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