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Primer sueño de Rad con los dolientes de Marsi.

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Yber

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GM
Recuerdo del primer mensaje :

Rad se encuentra en lo alto de Maciel. El torreón ha crecido tanto que se ha convertido en el edificio más alto de la ciudad. Tal y como la primera vez que se soñó, el edificio está entero; sin huellas de incidentes con ballenas, ni nidos de pájaro. Se acerca la Luna Roja y el carabés lo siente. Pero a nadie le sorprendería si lo afirmara, pues un reloj gigante ocupa el lugar del sol y buena parte del cielo, como si fuera un astro curioso que se acerca a Rocavarancolia para verla más de cerca. Las agujas que muestran la proximidad del astro rojo anuncian la llegada. Al contrario que el sol al que sustituye, cualquiera puede mirar el reloj sin cegarse. Detrás de él surge una luz pálida y desganada, el único foco de luz natural.

Desde su atalaya, Rádar puede comprobar cómo emerge el humo de entre las calles y como cientos de soldados y magos poderosos pelean entre sí por toda la ciudad. Unos llevan soles blancos sobre escudos y ropajes cian; otros, lunas rojas sobre negro.  Estos últimos salen sin cesar de las puertas de Maciel, como si la torre se hubiera convertido en una bolsa sin fondo de soldados. Las tropas enemigas intentan acercarse al lugar.

La trampilla que da a la azotea se abre y dama Tersa emerge de ella.

—Mi señor —se dirige a Rad con un tono educado y cierto temor—. El intruso huyó y la habitación de Marsi ha sido asegurada, no podrá volver a colarse.  Las tropas de la Luna Roja salen en defensa, pero están intentando sitiarnos. El ejército del Sol Blanco está arremetiendo con demasiada fuerza.

Muchos sueños se han arremolinado en un mismo sitio y se han convertido en una quimera onírica. Dama Tersa saca una baraja llena de imágenes: Nad, Eorlir, Inna, Tersa, Tuétano, Sarna, la cabra muerta, la hiena gigante y las pequeñas… Todas las pérdidas de Maciel y todos los peligros tienen su propia carta ilustrada.

—Nuestros minions no podrán detenerles mucho más, tenemos que enviarles una amenaza mayor. Escoja una carta, señor.

---

En la sede de los taumaturgos de ese mismo sueño se encuentran Alice, Evelhan Kaw, Heraldo Rocuo, Keiria, Kin y Sura.  Las habitaciones de la residencia de novatos se han convertidos en cárceles y cada uno de ellos se encuentra en su propia celda. Dentro de ellas, no hay fuerza o magia que les permita abrirse paso. Un par de guardias sin rostro montan guardia, con uniformes negros y lunas rojas bordadas. Uno porta una alabarda, el otro un grimorio.

Una risotada aguda invade el pasillo y los guardias se tensan. Una sombra cubierta de telas negras vaporosas cae sobre el alabardero y lo degüella. El mago intenta pronunciar un hechizo, pero la mala suerte obra un mordisco en la lengua. La mala sombra le lanza un cuchillo a la frente y este cae, muerto.

—¡Saria Omen al rescate! —canturrea, a la vez que frunce el ceño para gafar las celdas. La Saria del sueño no es exactamente igual que la real, de su espalda nacen un par de alas grandes, de plumas negras, y se la ve feliz—. Chicos, ¡tenéis que daros prisa! Creemos que tienen a Marsi recluida en la Gran Torre de Maciel. Archi se ofreció a rescatarla, pero no sé qué ha

Su frase se corta en seco. Un hechizo de inyección le parte el cuello y lanza a la mala sombra con una gran fuerza hasta la pared al final del pasillo. Saria Omen yace muerta en el suelo y varios soldados armados con alabardas y más grimorios irrumpen en el pasillo.

Las celdas siguen cerradas, pero esta vez se pueden abrir.


_________________________________________

No llores por no poder ver tu pierna,
las lágrimas te impedirán ver los cadáveres de tus amigos.

Yber


GM
Las estirges se dispersan y la información que recibe Dhelian es la siguiente: para llegar a la Gran Torre de Maciel hay que cruzar el área sudoeste, el área oeste, el área noroeste y el área norte. Por algún motivo, están todas dispuestas en línea recta y no despierta ninguna incongruencia en los soñantes. Al fondo, al norte del norte, se ve el La Gran Torre de Maciel. Pero no habrá estirge capaz de acercarse al cielo que lo rodea.


---


—Muy bien, señor.

Dama Tersa destaca las cartas elegidas sobre el resto del mazo y se las ofrece a Rádar para que las toque. Igual que antes, las cartas echan a volar. Una se aleja hasta el área sudoeste y la otra aterriza a los pies de La Gran Torre de Maciel.

La primera se deshace en una implosión que crea un agujero en mitad del cielo, un vórtice de tonos azul marino, negro y vino de diez metros de diámetro. De su interior comienzan a caer hienas al suelo como si fueran gotas en una cascada. Las criaturas se  pegan entre sí como las gotas que son y van dando forma a cinco enormes hienas dragón: seres de varios metros de altura, alas de membrana y piel cubierta de un pelaje moteado. Una vez están completamente formadas, el agujero se cierra.

La segunda carta se posa en el suelo, brilla y toma forma poco a poco. Al principio puede parecer que se trata de un hombre a caballo, pero cuando la luz se apaga revela una realidad más quimérica: Un Barael el triple de grande que el real se encuentra semidesnudo, a cuatro patas y con su muñón curado. De su espalda nace abruptamente el torso de Eriel, también tres veces más grande que el que Rádar recuerda.

El nublino más pequeño da un toque en la espalda a su hermano mayor y este comienza a cabalgar dando manotazos y arrastrando las rodillas. Los Hermanos Auriga se disponen a patrullar los alrededores de Maciel.

Evanna


Dhelian no tardo demasiado en recibir la información obtenida por sus estirges, entre ellas las zonas por las que podían llegar a la Gran Torre de Maciel. Ninguna de las que envió directamente hasta dicha Torre alcanzo a ver lo que le había pedido, ya fuese porque existía alguna barrera que impedía su entrada o porque fueron asesinadas posteriormente ante la repentina lluvia que emergió de aquel agujero negro en el cielo. Desde su posición, aquello fue estruendoso, algo caía desde el cielo como enormes gotas lluvia algo que posteriormente sus estirges le informaron, se trataban de seres cuadrúpedos peludos que formaron varios seres de mayor tamaño con alas, y cuya imagen de estos obtuvo de las mentes de estirges. Hienas, habían llovido hienas. Resultaba increíble de imaginar.

-Mis estirges no han llegado hasta la Gran torre, algo les impide observar el perímetro y acercarse-explico Dhelian con tensión-  Esa lluvia que acabamos de ver como una cascada salida de la nada son hienas, hienas que parecen haberse convertido en cinco enormes monstruos con alas, creo que podrían volar. Sea quien sea quien haga esto tiene mucho poder mágico - dijo Dhelian mordiéndose el labio inferior, viendo a sus compañeros- Vayamos por el camino que vayamos nos encontraremos con ellas, pero con su enorme tamaño, incluso si acabamos con el que nos encontremos derruirá casas a su paso, igual que el. Tenemos claros riesgos de acabar dañados por los escombros - señalo hacia el dragón de huesos que había destruido no solo la Sede sino algunos edificios colindantes al caer y del que se habían salvado de acabar aplastados por muy poco

- Aun así preferiría tener el refugio de las casas, no sabemos si esa cosa también escupe algo o no, podríamos ir por los callejones - indico Dhelian dubitativo, sin muchas confianza en tener que ser quien tomase alguna decisión, mientras sus estirges los sobrevolaban aun teniendo en su mira a las enormes quimera en el caso de que se movieran.

Jack


En cuanto el dragón cayó, la bruja quería largarse de allí a toda costa. Quería montarse en sus onyces y volar hacia Maciel como fuera, sola, pero los nuevos enemigos que aparecieron se lo complicarían. ¿Le ignorarían por ser una posible amenaza menor? ¿O bien atraería todas sus miradas? Y entonces, ¿podría defenderse por su cuenta? Necesitaba más tiempo para poder apañarse solo con sus sombras, sinceramente, y lo sabía, aunque ellas mismas le impulsasen a ignorarlo. Para colmo, obvio, en cuanto rozase las nubes, estaría sola, ni ejército aliado ni compañeros en quienes apoyarse. Pero tenían a Marsi presa y cada minuto perdido se le clavaba en el pecho como si fueran puñales.

Cuando Dhelian terminó de informarles, tomó su decisión.
¡Os cubriré desde el aire, pero en cuanto vea que el camino se abre, me largo!

No necesitaba hechizos de levitación para elevarse, no con su torrente de onyces a la espalda y recubriendo todo su cuerpo. No esperó a que decidieran la ruta. Con un batir de alas, se impulsó hacia el Fumadero abandonado, aquel edificio destartalado que no conocía. Iría por los tejados de la zona, y si las hienas amorfas volaban, saldría a su encuentro. Lo que menos le apetecía era que el grupo se perdiera y dividiera en los callejones, porque tendría que elegir entre ayudarles o ir a por su amiga. Y no quería tomar esa decisión.

Yber


GM
El dragón del fumadero se encarama al tejadillo del edificio, lo rodea y aspira el humo que mana por sus aberturas. La piel de la criatura se asimila al edificio y se convierte en piedra en un aullido que poco tiene que ver con un dragón o una hiena y más con una enorme olla exprés. El edificio se derrumba entonces y se levanta una gran nube de humo con forma de dragón.

Lejos de desvanecerse, la nube se mueve. Se puede ver como el dragón gaseoso abre las alas y estira el cuello. Alza la cabeza en un segundo silbido y los escombros vuelan y se reordenan sobre su silueta. El dragón final es una mole de piedra agrietada de la que se escapa el humo.

Los soldados de la Luna Roja se acercan por el revuelo y forman en torno a él. Decenas de soldados con alabardas y magos con grimorios se disponen a pelear contra los dolientes.

Tak


GM
Kin no imaginó que para derrotar a aquel monstruo fuese suficiente cortarle la cabeza. Pensaba que era algún tipo de engendro nigromántico o similares, y que por tanto se iba a volver a levantar. Al menos probablemente.

De cualquier forma, el irrense estuvo bastante ocupado intentando no morir durante el derrumbe como para pensar en que habían tenido suerte. La caída de los huesos fue aparatosa, pero luego pudo reunirse de nuevo con sus amigos.
He perdido a Saria… no sé qué ha pasado —fue lo primero que les dijo, tan confuso como cabreado—. Desapareció sin más, yo no la solté. Joder…

Se movía con nerviosismo trazando pequeños círculos en el suelo. Las estirges habían salido a examinar la zona y el raigaurum no podía dejar de pensar en el lío en que estaban metidos, así como en la muerte de Saria. Solo consiguió mantenerse quieto cuando Dhelian empezó a comunicarles malas noticias.
Tócate los huevos… Habrá que abrirse paso como sea —fue todo lo que atinó a decir. Que temía que se repitiese lo que había sucedido con Saria no podía verbalizarlo.

Echó a correr sin perder de vista a Alice en el cielo, con su arma lista para defenderse o atacar. Sus defensas físicas y mágicas ya habían sido renovadas por lo que pudiese pasar, pero cuando vio lo que les esperaba se dio cuenta de que no iban a ser suficiente.
Deberíamos volver a atacar todos a una a esa mole con magia. ¿Creéis que podemos romperlo? —exclamó mientras se acercaban. Iban a tener suficientes distracciones con los soldados si no se hacían cargo de aquel monstruo primero.

Red

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La cabeza de lo que había sido un día Tuétano se desprende gracias a los hechizos combinados del grupo, pero el derrumbe que se genera a continuación casi les cuesta la vida a los dolientes. Keiria se escabulle como puede entre la lluvia de cascotes, pero cuando cesa el estruendo tiene un par de moratones en el brazo que ha usado para protegerse la cabeza. La nube de polvo residual le provoca una ataque de tos y dificulta su visibilidad, pero logra reunirse con los demás sin demasiados problemas.
Yo vi como se desvanecía, Kin —le dice con voz ronca—. No ha sido culpa tuya. —añade, observando como las estirges de Dhelian alzan el vuelo.

Las noticias no tardan en llegar y, como era de esperar, no son buenas. El camino hacia la Gran Torre de Maciel está custodiado por cinco engendros alados que se han formado a partir de una lluvia de hienas. Van a tener que abrirse paso a la fuerza.
Si vamos todos juntos no debería resultarnos difícil. —añade a los comentarios de sus compañeros, avanzando con ellos hacia el fumadero abandonado.

Alice, sin dar muchas explicaciones, se eleva en el cielo y precede la marcha. La kitsune cree que se está arriesgando demasiado, pero nadie puede culparla porque es la que tiene una relación mas estrecha con Marsi.
Mierda... —murmura cuando llegan a su destino. Allí se topan con la primera hiena-dragón.

La criatura derrumba el fumadero y se fusiona con el, convirtiéndose en una nube de humo y escombros. Los rugidos que emite son ensordecedores.
Romperlo no se, pero tal vez podamos fundir entre si las rocas que le conforman —comenta en respuesta al raigaurum—. Para paralizarlo, vaya. Mi repertorio de hechizos tampoco es muy extenso, pero si se os ocurre algo mejor soy todo oídos —aclara, observando como las tropas de la Luna Roja forman en torno al engendro—. También tenemos que encargarnos de esos. —añade esbozando una sonrisa vulpina.

Zarket

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GM
Rad miró el vórtice del cielo absolutamente impresionado. Aquella era magia que no conocía, y por su mente no tardó en pasar la pregunta de si sería muy distinta a la que habían usado para sacarlo de su mundo. Por primera vez estaba viendo magia que no había en Carabás, y lo aberrante que resultaba no le agradaba lo más mínimo.

Entonces el brillo de la carta de los dos hermanos atrajo su atención. Rad apretó su mandíbula, intentando con todas sus fuerzas no mostrar en su cara el espanto que sentía. «No debería participar en esto. Es una jodida monstruosidad. Es lo que acabó con Rocavarancolia, lo que casi acaba con Carabás tantas y tantas veces» pensaba, a pesar de saber que no podía salir de allí.

Inspiró hondo y, con las manos posada en el almenar, miró hacia el reloj en las alturas. La Luna Roja estaba cercana, y sus mismos huesos le gritaban aquello. Rádar no estaba muy seguro de si quería que saliera de una vez o que no saliera nunca.

¿Ahora qué?

Su pregunta era seria, con su mirada pasando a contemplar el campo de batalla en el que se había convertido Rocavarancolia.


_________________________________________

Criaturas acompañantes de Lanor Gris:

-Acompañante: su bufanda, con dos botones a modo de ojos.
-Una libélula: alas de papel, cuerpo y cola de maderas, ojos que son cabezas de alfileres y patas que son alambres retorcidos.
-Defensores: tres "mosquitos". El cuerpo es un pequeño cilindro de madera, ojos y patas idénticos al de la libélula y alas de papel parecidas. Donde estarían sus bocas hay una triada de alfileres puntiagudos y relativamente largos.
-Vigilante: una esfera de madera con dos grandes alas de tela (el "esqueleto" de las alas es alambre) en la parte superior y un gran botón pegado en la parte inferior.

Lupin

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Heraldo supo de alguna forma que no habría atajos posibles. Tendrían que avanzar lenta, agónicamente, y sabiendo que cada segundo desperdiciado era una posibilidad más de perder a Marsi para siempre. Estaban atados a una causalidad inexpugnable y tendrían que luchar a cada paso. Se preguntó, durante un instante, si todo eso iba a servir para algo. Pero seguir adelante era la única forma de comprobarlo.

Extrañamente sumido en sus reflexiones, seguía al grupo. Se encaminaban hacia el viejo fumadero abandonado, un lugar en el que nunca estuvo y que, a razón de la destrucción a la que estaba siendo sometido, nunca podría visitar.

El sacerdote no se impresionó ante la criatura de piedra y humo, mucho menos ante los soldados que, como ya había visto antes, no eran gran cosa. Sin embargo, enfrentarse a la bestia con la distracción de los soldados podía resultar muy peligroso. Confiando en que los magos no darían abasto para desviar los proyectiles, el corpulento ochrorio solicitó cobertura a sus compañeros y formuló con la precisión habitual una catarata de centellas ambarinas dirigida al conjunto de infantería.

Dal

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Sura contempló con satisfacción como la mole de huesos se desmoronaba. Pronto había planes en marcha, las estirges de Dhelian les advertían del peligro que se avecinaba, pero ni siquiera ellas habían podido acercarse a Maciel.

La naga no se sorprendió con la destrucción del fumadero ni con la aparición de aquel nuevo engendro, estaba claro que les tenían cosas preparadas. Se sugirió usar magia y ella siseó molesta.

-La magia no es mi fuerte - les dijo al resto,- encargaos vosotros de esa mole, yo me encargo de los soldados.

Acto seguido se lanzó contra ellos a toda velocidad moviéndose como pez en el agua. Hacía mucho que no entraba en batalla pero la naga no había perdido el toque. Sus espadas atravesaban a los enemigos como un cuchillo caliente la mantequilla y lo cierto era que disfrutaba con aquello.


_________________________________________

Soy Dal, hijo del Estío y el Crepúsculo. Señor del Vacío y Amo del Infinito. Destructor de Mundos y Artífice de Infiernos. Conde de la Nada y Duque de los Océanos. Rey del Purgatorio y Terror del Cielo. Marqués del Inframundo y Barón de la Muerte. Por todos estos titulos, Invitado, reclamo tu vida para mí .

Evanna

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Dhelian se mordió el labio inferior con fuerza, incomodo y abrumado al ver a Alice decidir ir por su cuenta. Su preocupación por Marsi superando su sentido común. Dhelian pensaba que separándose era mas peligrosos que ir todos juntos, pero tal vez se debiera a estar en consonancia con sus estirges, que nunca estaban solas.

-Ten cuidado Alice, envía a una onyce si consigues acercarte- le pidió a la bruja, antes de correr junto al resto hasta encontrarse ala enorme moles de piedra que sus estirges habían visto cortando el camino. Se escondió para no ser visto. La solución llego igual que como había ocurrido con el dragón de huesos: Necesitaban magia para destruirlo.

Dhelian vio a Surasara encargárse de los soldados que se encontraban alrededor de la bestia  e inquieto, intento recordar los hechizo que sabia. Estaban perdiendo un valiosos tiempo en aquellas batallas, un tiempo que no sabia cuanto tendrían, mientras Marsi permanecía prisionera. ¿Para que la necesitaban?¿Seguiría viva? << No piense así, debe estarlo. Es Marsi >> pensó sacudiendo la cabeza para alejar esos pensamientos que le dificultaban centrarse en lo que estaba frente a el en esos momentos. Necesitaba sobrevivir para poder ver de nuevo a Marsi, escuchar su voz en su mente. Y para eso, necesitaban destruir primero a aquel nuevo enemigo.

Se asomó para ver al dragón, viendo como su parte externa se cubría de rocas peor entre los orificios de las piedras se avistaba su humo interno. Un dragón dual. Su parte externa era dura y solida, su parte interna era puro gas ¿COmo demonios dañabas a algo que internamente no tenía sangre o estructura solida? << No, primero hay que destruir su corteza exterior, tal vez es esta la que mantiene la densidad del humo interno >> Penso Dhelian, viendo a sus amigos y escuchando la propuesta de Keiria, decidió hablar.

-Lancemos hechizos de impacto contra las rocas que lo cubren, si destruimos su coraza exterior y intenta volver a cubrirse de la piedra podemos probar a disipar el humo. Nos dará tiempo a avanzar mientras lo hace. -dijo viendo a sus amigos tras analizar un poco la situación, no sabiendo de donde provenía su serenidad en esos momentos, cuando internamente era un autentico manojo de nervios. Sus pensamientos mas profundos solo estaban en Marsi, allí encerrada y en Alice, sola yendole a rescatarla. No era momento de sentir miedo. No iba a perder a sus amigas dejándose vencer por su poca confianza.


_________________________________________

Invitado, sueñas con un mundo perfecto...
...tu paraíso personal...
...donde lloras tu imperfecta realidad

Jack

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Otro bicharraco se les venía encima, además de más soldados enemigos. La bruja rechinaba los dientes mientras intentaba entrever el torreón Maciel en el horizonte tras la mole, pero el enemigo ocupaba toda su visión. Para colmo, este parecía estar más reforzado que el otro. Y encima sus amigos tendrían que lidiar también con los soldados del suelo. En resumen, otro buen rato parados allí mientras a saber cómo estaba Marsi <<¡Joderjoderjoder!>> pensó, apretando los dientes.

Escuchó las ideas de los demás y decidió seguir la de Kei mientras un buen contingente de sus onyces se lanzaba a ayudar a Sura. Irían contra los magos, sobretodo, aunque tuvieran que sacrificarse para tirar sus barreras o desviar sus hechizos. Ya vendrían más. Restaba distraer al dragón... y para eso nada mejor que un blanco móvil en el aire. ella misma con sus alas de sombras, además del resto de sus amistades. Le gritaría unas cuantas veces antes de conjurar el hechizo.

¡EH! ¡AQUÍ, AQUÍ! ¡MIRA, MIRA! —gritó mientras saltaba de un punto del aire a otro. Se la estaba jugando, pero si los demás conseguían derribarlo sin que nadie les molestara, sería suficiente.


_________________________________________

Die wahre Macht, die uns beherrscht, ist die schädliche, unendliche, verzehrende, zerstörende, unstillbare Gier...
Spoiler:
El verdadero Poder que nos controla es la vergonzosa, interminable, desgastante, destructiva e insaciable Sed...

Compis de Sinceridad:
De momento, estos son los deseos/nombres que Sinceridad coloca a sus compis:
Sox= Chamán
Nadzieja = Silencio
Mónica = SinGritos
Tay = Directo
Eorlir = Mapa
Ina = Tímida
Eriel = Fanático 1
Barael = Fanático 2
Dafne = Cría
Lorenzo = Enrevesado
Sakrilt = Sakosa
Siete = Dudoso
Rádar = Callado/Carabés
Fahran = Madura

Warning: estos nombres están sujetos a cambios según el parecer de Sinceridad.

Yber

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GM
El sortilegio de Heraldo Rocuo cumple su cometido. Las centellas ambarinas distraen a los magos y a los guerreros por igual. Gracias a esto, son muy pocos los que se centran en Sura y son aún menos los que la sobreviven. Las ónyces de Alice rematan a todo aquel que no estuviera ya muerto y aumentan en número.

La bruja llama rápidamente la atención de la mole de piedra y esta lanza manotazos veloces contra ella. Los hechizos de fundición logran su cometido, pero en un último ataque, sus garras de humo y piedra rasgan las alas de Alice. La gravedad la llama.

Dentro del dragón petrificado el humo se revuelve y la piedra vibra, amenazando con romperse de nuevo.


- - -


Tersa no se asoma por las almenas, permanece cerca de la trampilla, donde no alcanza a ver lo que las cartas hacen con los vivos.

—Ahora esperamos a que las máquinas recolecten más elixir mágico de La Cabalgante y pueda invocar más ayuda con su gran don, señor —le dice la bruja con voz de manual—. Si lo desea, podemos rezar por sus antiguos compañeros.


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No llores por no poder ver tu pierna,
las lágrimas te impedirán ver los cadáveres de tus amigos.

Jack

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Salió todo tan bien que incluso la bruja "salió bien", sí, pero despedida y hacia abajo. No gritó más que una vez, y lo interrumpió cuando sus onyces aparecieron. Intentó concentrarse en lanzar el hechizo y las sombras que pudieron acudir en su ayuda lo hicieron a tiempo de que pudiera levitar. <<Menudo despiste... No, menuda gilipollez o torpeza del siglo de no haberlo pensado antes. Si llego muerta a Maciel no servirá de nada>> pensó cuando se estabilizó. Caer en picado no sienta bien a nadie y estuvo unos minutos como desorientada, pero al menos el plan les había salido bien y no tenía que defenderse.

O no, porque el dragón aunque inmóvil parecía dispuesto a volver a las andadas. Se acercó al grupo. Si la vieron sonreír con cierta malicia era porque había visto el contingente de nuevas onyces resultado de la pelea en el suelo.

Si esa cosa vuelve a la carga qué hacemos? Si nos vamos nos perseguirá... ¿Alguna idea?

A ella se le había ocurrido una, o mejor dicho a la "mente colectiva" que a veces formaban la bruja y sus sombras. Que alguien se acercase a la boca y dinamitase a base de hechizos el interior, <<pero yo no estoy para esos trotes ahora...>> pensó al tocar el suelo, por fin. Pero no tardaría mucho en elevarse de nuevo, o al menos eso esperaba.

¿Reventarlo desde dentro, a lo mejor?


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Spoiler:
El verdadero Poder que nos controla es la vergonzosa, interminable, desgastante, destructiva e insaciable Sed...

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Sox= Chamán
Nadzieja = Silencio
Mónica = SinGritos
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Eorlir = Mapa
Ina = Tímida
Eriel = Fanático 1
Barael = Fanático 2
Dafne = Cría
Lorenzo = Enrevesado
Sakrilt = Sakosa
Siete = Dudoso
Rádar = Callado/Carabés
Fahran = Madura

Warning: estos nombres están sujetos a cambios según el parecer de Sinceridad.

Tak

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GM
No había mucho tiempo para decidir, y la propuesta de Keiria fue la que se llevó a cabo y a la que Kin se unió, mientras los soldados eran detenidos por otros. El raigaurum se llevó un buen susto cuando vio caer a Alice, pero no estaba herida, y se volvió a estabilizar ella misma. Habían logrado ganar un poco de tiempo, que no parecía mucha cosa, pero les permitía escoger con más cuidado su próxima estrategia.
No parece que vaya a hacer falta que la rompamos nosotros —contestó a Dhelian, con la vista clavada en aquella bomba de relojería—. La pregunta es… ¿conocéis algún hechizo suficientemente fuerte como para deshacerse de un humo vivo…? No hablamos precisamente del de una hoguera. ¿Sería posible contenerlo? Quizá en algún campo de fuerza donde no pueda conseguir más piedras para cubrirse y golpear el campo. Aunque es demasiado grande…

El raigaurum apretaba los dientes sin ser consciente. Apenas conocía hechizos que estuvieran fuera de su alcance, y eso no ayudaba a la hora de hacer sugerencias. Lo que estaba diciendo no acababa de sonarle bien, pero tenía demasiadas cosas en la cabeza. Entre ellas, no perder de vista el entorno en busca de más soldados que pudiesen aparecer de un momento a otro.

Red

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Al final se decantan por la idea que ha sugerido la kitsune e intentan encerrar al dragón de humo en el interior de la carcasa rocosa que le protege mientras Sura se encarga de los soldados de a pie. Parece un buen plan, después de todo, y en cuanto lanzan los respectivos hechizos la criatura queda congelada. Cuando la australiana cae la ulterana contiene el aliento, pero la onycemante se recupera con rapidez gracias a sus criaturas de sombra. No parece estar herida.
Ahora solo tenemos que... —empieza Keiria amagando una sonrisa de alivio, pero no tarda mucho en darse cuenta de que solo han retrasado a su enemigo y la primera frase muere en sus labios—. Mierda. —concluye en su lugar con elocuencia.

Los miembros del grupo empiezan a debatir con cierta urgencia. Kin pregunta por un hechizo capaz de deshacerse del humo y Alice sugiere reventarlo desde el interior.
Mis hechizos mas potentes son ilusorios, ya lo sabéis, y no funcionarían contra esa cosa —apunta la pelirroja, cambiando el peso de una pierna a otra—. Tal vez algún sortilegio de viento sirva para lo que ha propuesto Kin si lo del campo de fuerza no da resultado, pero tendría que ser un huracán o algo así. ¿Alguno de vosotros podría hacerlo? —pregunta, alternando la mirada entre Alice, Dhelian y Ozz. Ellos disponen de mucha más capacidad mágica que el resto.

Lupin

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—Keiriarei, creo que esa puede ser la mejor opción —fue la propuesta del sacerdote en respuesta a la kitsune—. Debemos pasar, el tiempo apremia y yo es necesario acabar con esta bestia. Aunque no negaré que seguramente sería lo más seguro —Aunque bajó el tono de voz, seguro que lo entendieron—: Ella está allí —y se lo creía con la firme seguridad que solo puede proporcionar el sueño—. Si necesitas cualquier clase de apoyo, Keiriarei, solo dímelo.

Nadie parece oponerse al plan, así que enseguida se ponen en marcha con las capacidades de Keiria para ocultarse. Querían aprovechar que el dragón aún se encontraba paralizado y los soldados parecían sobrepasados y algo confusos por la agresividad del grupo. Era su mejor oportunidad.

Yber

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GM
El dragón de humo y piedra no puede olerlos. Ocultos a todo en el campo de batalla, el grupo puede avanzar sin problemas, siempre y cuando se cuiden de los cascotes que vuelan y los soldados que corren en todas direcciones.

Desde la torre, Rádar puede ver más allá de la ilusión: sabe que se escapan. Tersa espera con las cartas en la mano.


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No llores por no poder ver tu pierna,
las lágrimas te impedirán ver los cadáveres de tus amigos.

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