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Una rusa y un nublino ven la tele

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1 Una rusa y un nublino ven la tele el 20/09/17, 01:08 am

Yber

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GM
Miloslava resoplaba irritada mientras Lean toqueteaba los botones que regulaban las cuatro pantallas que se proyectaban en la pared. Giz les había conseguido un artilugio que les mostraba la vida de los cosechados en el mercado y lo había instalado en una de las mini-habitaciones libres del enorme laboratorio. Miloslava habría preferido ver partidos de futbol o baloncesto y Lean habría disfrutado más con alguna serie de animación con buenos valores, pero el único canal que emitía ese cacharro era el de la cosecha. Como mucho podían elegir qué grupo les mostraba.

En aquel momento habían estado viendo a los letarguinos, pero desde que entraron al bosque fantasma los habían perdido por las interferencias.

—¿Por qué se meten ahí si saben que no podemos verlos? —se quejaba la rusa, mientras caminaba en círculos por la habitación. Una de las cosas que más odiaba de no tener televisión era no poder darle un golpe para arreglarla—. Les va a pasar algo y no nos vamos a enterar, que te lo digo yo.
—Pobres, con lo mal que está Roxanne y se meten a buscar una cura al único sitio donde por no haber no hay ni señal...
—Rox está más muerto que mi recuerdo en La Tierra, Lean, que te lo digo yo, que solo lo salva un milagro o una intervención. Y con lo segundo lo matarían después, ¿te imaginas?

Miloslava rio profusamente; Lean le sonrió de vuelta, pero no podía evitar sufrir por el destino de los niños.
—Seguro que hay muchos bichos dentro y se pueden hacer daño con las ramas que se ven menos...
—Y nos lo vamos a perder.
—Espero que a Zobriel no le pase nada...
—Ni a Milo, es demasiado guapo para que lo perdamos, el resto son demasiado niños.

Las pantallas volvieron a recibir señal poco a poco. Primero vieron salir al grupo grande, cerca de la capilla.

—¡Por los dioses! Mira, Milos, ¡acaban de salir al lugar en el que están los sinhadres de Maciel!
—Espera... Ahí falta gente. No, no, no... ¿Dónde están Milo y Hyun?
—Ni idea, pero fíjate... Están dando de comer a un pajarillo. Qué simpático, habla y todo.
—Y ahí va el niño gordo turbio otro día más a un encuentro con la muerte —se quejó la genetista—. No sé cómo no lo han echado del torreón, no les trae más que problemas. Un día se acercará corriendo no a dos cosechados perdidos, sino a un cocodrilo de cinco metros.
—No seas dura. Es solo un niño, igual que los otros...
—Que va, Lean, si ese niño tiene una flor en el culo. Seguro que sus compañeros lo salvan y el cocodrilo se acaba comiendo a Hyun en su lugar. Ese sí que tiene el cielo ganado.
—Pues espero que no se haya muerto en el bosque, o el único cielo al que irá es al del abuelo de Guillermo.

Otra de las pantallas se enfocó entonces y les mostró a Milo volviendo al torreón.
—¡Menos mal! Si me matan al irrense me habría dolido la vida.
—Todavía van a perder a Rox, pero al menos volverán con Innadriel y Eorlir —apuntó el nublino, mientras miraba la otra pantalla.
—Oye, ¿y Hyun dónde andará? Porque no ha salido ni con unos ni con otros.
—Entonces van a cambiar dos coreanos por dos sinhadres… ¿Saldrán ganando o perdiendo?
—El tiempo lo dirá.
—¿Qué crees que habrían sido Rox y Hyun si no estuvieran con una pierna en la tumba?

Miloslava y Lean continuaron opinando, ajenos a lo que se cocía dentro de Letargo y fuera, en las mazmorras.


_________________________________________

No llores por no poder ver tu pierna,
las lágrimas te impedirán ver los cadáveres de tus amigos.

Yber

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GM
—Lean, ¡baja! Que ha vuelto a Maciel.

La rusa había gritado tanto que el interfono asustó al ciervo musgoso que alimentaba el nublino. Lean acabó la ronda tan rápido como pudo y bajó levitando. Giz les había proporcionado artilugios rúnicos para que pudiesen desplazarse rápido por las instalaciones del laboratorio gigante y jamás se había quejado, aunque sabía que casi siempre los usaban para no perderse detalles morbosos de la vida de los cosechados.

Cuando el nublino entró por la puerta, Miloslava lo recibió con un gesto triunfal.

—Te dije que no aguantaría tantos días, que por muy hábil que fuera, Barael iba solo y seguía siendo manco.

—Me lo vas a restregar, ¿verdad?

—Pues sí, me debes una cena nublina de lujo, majo. ¡De lujo!

Lean refunfuñó y fingió un cabreo que no sentía en absoluto. Luego se sentó frente a las pantallas para observar de cerca la vida de los macieleros.

—Al menos uno de nosotros se dará un festín. Si hubiera muerto nos habríamos quedado los dos con las ganas.

—No creo, si hubiera muerto le habríamos pedido a Giz unas hamburguesas para matar la pena —rio la rusa—. Pero bueno, que conste que puedo compartir contigo la cena que TÚ me vas a preparar. Soy así de amable.

Lean soltó una carcajada y se llevó la mano a la frente.

—Quién me manda apostar contra ti, que eres científica.

—Oye, que soy microbióloga, no matemática estadística.

—Ya, bueno, pero siempre me ganas.

—Porque siempre te pasas de bueno y confías demasiado en las habilidades de unos pobres críos.

Lean asintió, dándole la razón a Miloslava.

—Hablando de críos, ¿cómo va lo de Erevelin?

—Uy, esa da para otra apuesta.

Y cambiaron de canal.


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No llores por no poder ver tu pierna,
las lágrimas te impedirán ver los cadáveres de tus amigos.

Yber

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GM
—Pero ¿QUÉ HACE EL CRÍO ESTE? —Miloslava se llevó las manos a la cabeza.

—Ay, ay, ay... —Lean también.

Frente a ellos, las pantallas les mostraban al niño daeliciano de Letargo siendo atrapado por un lagarto camaleónico.

—¡Si es que es tonto! ¿Qué mierdas es eso de llevar dos escudos?

—Es solo un niño...

—Ya, pero con esa tontería se va a convertir en un niño muerto.

Miloslava no soportaba a Eitne. No lo tragaba. Era repipi, tenía unas visiones de la vida que se le atragantaban a la rusa y, lo más importante, tartamudeaba. Tardaba tres años en decir monosílabos. Y como si eso no fuera poco, era como los niños de las series de televisión, que corrían como estúpidos hacia el peligro más cercano para dar algo que hacer a sus familiares durante cuarenta minutos. La diferencia era que Eitne  no tenía familiares en Rocavarancolia y exponía a sus cosechados preferidos a peligros mortales.

Aun así, no pudo evitar apartar la mirada durante un instante, cuando el lagarto comenzó a serrar.

—Vaya pedazo de lengua...

—Y vaya destrozo le está haciendo. —La rusa estaba curada de espanto y, pasada la primera impresión, no se perdió nada—. Tal vez a Giz le interese el lagarto, podemos comentarselo luego.

—¿Crees que sobrevivirá? —preguntó el nublino—. Eitne, digo.

—Espero que se lo com... ¡No! ¡No, no, no! Alejaos de él. —Miloslava le gritaba a las pantallas—. ¡Que os va a matar por culpa del niñato!

Lean la reprendió con la mirada, pero la rusa tan solo bajó un poco el tono.

—¿Qué? Es que no quiero que me maten a Nime, ni a Rena, ni a...

Miloslava se levantó de su silla como un resorte, con los ojos apretados, y Lean se tapó la cara con las manos. Drusar había caído a una muerte certera.

—No me lo puedo creer.

—Lo siento, Milos...

—Mira, yo paso por hoy. Ya me contarás qué coño le ha pasado al niño-moras, que manda huevos que no se muera después de todo. —La humana resopló, indignada, y caminó hasta la puerta—. Siempre caen los mejores.

La rusa creía que Drusar se convertiría en brujo de la arena y estaba deseando ver qué clase de cosas sería capaz de hacer con un dominio sin diluír, al contrario que lo que le ocurría al que ya existía. ¿Mateo, era? Con un gran pesar, dejó la habitación y fue a chequear a los embriones nuevos.

Lean se reía en silencio, con cierta culpabilidad, porque el último comentario de Miloslava le había hecho gracia. Efectivamente, Drusar había caído.


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