Conectarse

Recuperar mi contraseña



Últimos temas

» Charla despues de entrenar. Nerys y Kiki.
por Reifon Hoy a las 01:05 am

» Torreón Sendar
por Red Hoy a las 12:02 am

» Biblioteca Mágica
por Red Ayer a las 11:03 pm

» Burdel de Dama Espasmo
por Goliat Ayer a las 07:53 pm

» I Concurso de feofics del rol
por Cuervo Ayer a las 12:23 pm

¿Quién está en línea?
En total hay 3 usuarios en línea: 0 Registrados, 0 Ocultos y 3 Invitados

Ninguno

[ Ver toda la lista ]


Hubieron 98 usuarios en línea en la fecha 13/08/19, 07:13 am
Estadísticas
Tenemos 184 miembros registrados
El último usuario registrado es aceice

Nuestros miembros han publicado un total de 40608 mensajes en 769 argumentos.
Licencia
Licencia de Creative Commons
Rocavarancolia Rol por los usuarios del foro está licenciado bajo Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.

No estás conectado. Conéctate o registrate

Rocavarancolia Rol » Rocavarancolia » Anexos » Incisos » La resaca. (Tras el desfile de la bahía)

La resaca. (Tras el desfile de la bahía)

Ir a la página : Precedente  1, 2

Ir abajo  Mensaje [Página 2 de 2.]

Nihil

Nihil
Recuerdo del primer mensaje :

Rena se levantó hecha una mierda.

Se había ido a dormir sin poder cachondearse una última vez de Rox, aunque no le había importado mucho. Estaba agotada y quería pillar cama cuanto antes. No se esperaba que, a pesar de haber dormido como un tronco y toda la noche (una bendición después de la movida de la torre) al despertarse solo tuviera ganas de morirse. Le dolía la cabeza a horrores, tenía un sabor de mierda en la boca y quería desencadenar toda su furia osuna contra el sol por dejarla ciega. En su lugar se arrastró fuera de la cama y buscó a tientas algo que ponerse. Dio con una sudadera negra ancha con capucha y unos pantalones cortos de algodón, posiblemente un pijama. Se puso las botas sin abrochar y bajó a la cocina muy muy despacio para no desnucarse por las escaleras.

No se miró a ningún espejo pero seguro que tenía un aspecto horrible. Llevaba calada la capucha de la sudadera no solo para protegerse de la horrible luz del mediodía si no para que nadie le viese la cara. Se sirvió un vaso de agua a ver si se le quitaba la sensación pastosa de la boca. ¿Dónde carajo estaban los medicamentos en ese sitio? ¿Había alguna poción mágica o infusión para el dolor de cabeza? El olor de la comida y la gente haciéndose el desayuno le daban ganas de potar.

-Por favor que alguien me mate… -gimoteó.


_________________________________________

Y con este nombre yo te maldigo, y ni tan siquiera la muerte podrá librarte de tu condena, pues todo aquel que intente matarte recibirá siete veces tu castigo.

Goliat


Una sonrisa insegura cruzó su rostro para luego encogerse de hombros. Ahora lo agradecía, pero sabía que ese mismo cuaje del irrense le jugaría malas pasadas a futuro, si es que se atrevía a dejar caer indirectas. La inesperada risa de Dama Abrazos hizo dar a su corazón un brinco, notando la cabeza más cargada que antes y la sangre palpitar con más presión. Miró a Arcan en su sufrimiento, sintiendo una suerte de conexión empática por este. Él también quería taparse los oídos a cada altibajo sonoro, sin embargo las palabras de la guerrera solo consiguieron picarle sobremanera. El cambiante no era de meterse en peleas, pero cuando le arrastraban para mal en algo por supuesto que no callaba, y menos estando con una señora resaca y su rápida influencia al mal humor en consecuencia. De primeras tan solo se volteó para dedicarle la mejor expresión de "¿tú de que vas?" que tenía, pero tan pronto Rena saltó en ofensiva el australiano terminó de calentarse. Mentiría si dijera que el ruido del banco al chocar contra el suelo no le sobresaltó, pero para entonces su enfado ya tenía poder sobre sus cuerdas vocales.

¿En serio te crees superior porque te secuestraron antes? —su expresión era de genuino asombro, asombro de quien habla con alguien corto de mente—. Vete por ahí a tocarte el coño a dos manos, así lo disfrutes maja.

El nervio del momento le tensó los hilos, especialmente en cuanto su amiga se acercó a la frivy con la intención de hacer volar su desayuno con las garras. El cambiante empezó a arrepentirse de todo tan pronto vio sus zarpas formarse.
«¡La madre que te parió, Rena!»

Todo el malestar de su cuerpo le pedía a gritos coger a la osa del brazo, tirar de ella y pirarse de ahí, mientras que su mala consciencia bajo los efectos de la adrenalina le decía: "¡vamos, no la has insultado lo suficiente!". El chico se puso en pie tras la irrense, pero no para intentar detenerla sino para hacer de refuerzo cerca suya: total, el desastre ya estaba hecho. Si les tocaba recibir que menos  que hacerlo con dignidad, dando la cara y atacando de vuelta, o al menos, no demostrando el arrepentimiento que verdaderamente sentía. Mantuvo la mirada altiva clavada en la guerrera, incluso con la cabeza apunto de estallar. Con suerte lo mismo se largaba sin más, Rox le daría una palmadita a Rena como en las peliculas y volverían a su sitio sintiéndose unos campeones. Unos campeones con ganas de enterrar la cabeza en el suelo.

Reifon


Acabadas las tortitas la guerrera empezó a rellenar unas empanadillas con algo que ya tenía preparado de antes, era una masa comestible frivy que no necesitaba cocerse con verduritas y algún crustáceo parecido a una gamba de su planeta, unos bocaditos salados para que su preciosa alternara con el dulce por la mañana.

No se inmutó con el sonido del banco chocando contra el suelo y solo se volvió a reír pues le estaba resultando super gracioso como se habían picado tanto por una tontería como esa, sobre todo él humano, según lo que tenía entendido los humanos solían pasar mucho por estas cosas de jóvenes. Debía ser un buscalíos... Habría que ponerle remedio antes de que matasen a todos los nuevos peques por culpa de ambos.

Estaba pensanda en que hablar cuando la irrense se le acercó y propino un zarpazo, pero no a ella, a las tortitas de su novia, cosa que la verdad es que la mosqueó un poco.

Sin esfuerzo su diestra voló de las empanadillas frivys a aquella zarpa y como un candado de acero detuvo completamente en el aire el zarpazo haciendo un poco de daño a Rena, mientras, su otra mano seguía con las empanadillas.

-Vaya, ¿nadie os ha enseñado que hay que respetar un pelín a los veteranos?

Antes de que pudieran contestarla Abri giró sobre sí misma y tiró con brusquedad del brazo de Rena dejando a la guerrera a la espalda de la ursántropa.

Arcan dentro de su dolor había contemplado o más bien oído como se formaba aquel desastre, sabía de buena tinta por Sura, Garra y también por Tuétano lo que era lidiar con un veterano y anticipándose al desastre intentó conjurar la intangibilidad sobre Rena pero el dolor agudo de cabeza le impidió formular el hechizo correctamente quedándose atontado en el sitio.

Abri con la ursantropa donde la quería simplemente soltó su zarpa y le propinó una tremenda cachetada que resonó por la cocina, le dolería bastante y  le resquemaría durante un tiempo, sin embargo no retiró la mano, apretó la nalga de Rena y como si fuera una pelota de baloncesto la agarró de la cadera con la otra mano y la tiró contra Rox que segundos atrás la estaba mirando desafiante. Eran monos.

-Esto, cachorrillos, se llama experiencia. Y por favor, me gusta tener nuevos vecinos, no quiero que otro venga y se cargue a los peques por culpa de que vosotros dos andáis pegándoos con veteranos así que espero que hayáis aprendido una valiosa lección hoy. Aparte de que el alcohol si no sabes como tratarlo te mata al día siguiente, yo aprendí eso a las malas tambien. -Se giró y siguió con las empanadillas. -Tengo curiosidad, en humanilandia estas situaciones son normales, ¿no? ¿Qué te hace suicidarte contra un veterano pequeño enamorado? -Dijo refiriéndose claramente a Rox.

Arcan casi suspiraba de alivio en su penuria. No parecía que aquella veterana fuera a tomar represalias serías, ni él con todo lo que estaba entrenando estaba preparado para un cara a cara, menos de resaca por culpa de una fiesta.... Aunque la había disfrutado con creces. Miró hacía sus nuevos dos compañeros y sobre todo hacia su compañero de trabajo, curioso, no por lo de enamorado si no por lo de la cultura.

Nihil


Rena se habría esperado un puñetazo, un empujón o algo así, pero no que le metiera mano. Su cabreo se mezcló con un tipo de humillación que no había sentido ni en su mundo ni en este, pero no pudo responder a tiempo pues la tipa la lanzó contra Rox. Consiguió poner el brazo a tiempo para no aplastar a su amigo, aunque sí lo tiró al suelo. La ursántropa se puso en pie todo lo rápido que pudo para ayudar a su amigo a ponerse en pie.

-Lo siento, tío -le dijo con voz cascada.

Podría haberse quedado en eso y algunos gruñidos o improperios, pero la tiparraca cometió el error de meter a los críos en la conversación. Rena no podía creerse que tuviera la cara de echarles la culpa a ellos por lo que pudiera pasarles a los niños en esa ciudad de monstruos. Creció en todo su tamaño, echando a perder otra de tantas sudaderas, pero no cargó contra la guerrera.

-Mira, pedazo de mierda -gruñó -No te atrevas a sugerir que ponemos en peligro a los enanos porque quien los pone en peligro es esta ciudad de desgraciados asesinos y la gente como tú que se les sube al carro. Me importa una mierda que puedas fregar el suelo con mi cara porque eso no va a cambiar el hecho de que eres una patética y una abusona.

La única lección que había aprendido era que la tal dama Abrazos era gilipollas y que no quería volver a verle el careto. Tenía unas ganas horribles de pegarle un guantazo, o de potarle a los pies (algo más probable que ocurriera dado su estado) pero ya fuera por su entrenamiento con Zarpa o porque estaba hasta el coño de todo eligió la retirada. Ya descargaría su cabreo en la sala de entrenamiento cuando no se estuviera muriendo.

-Rox, vamos a tu cuarto a dormir la mona

En su propuesta había una petición velada para hablar del día anterior. Estaba claro que no podrían hacerlo en las zonas comunes con la moscarda pervertida tocando las narices.

Goliat


Los sentidos del cambiante estaban demasiado aletargados como para que sus reflejos funcionasen remotamente bien, y todo lo que la guerrera hizo pasó en x1.75 de velocidad a sus ojos. El cuerpo de Rena chocó en seco contra el suyo, no tardando en encontrar el suelo de culo mientras el eco de la bofetada seguía congelado en sus oídos. No le había molestado tanto la caída como lo que Dama Abrazos había hecho con su amiga. Tampoco sabría decir si era la maldita resaca o la humillación la que se removía como una culebra desesperada en su estómago.

No pasa nada... —respondió con esfuerzo al levantarse. Le faltó tiempo para preguntarle a Rena si estaba bien, aunque la preocupación y el enfado en su rostro eran obvios.

Rox se habría comido parte de su rabia y recogido los trozos restantes de su orgullo tras aquello gustosamente, después de todo le concernía más Rena. Un insulto o dos por lo bajo bastarían para que llegase a la conclusión de que era tan inútil como pelearse con la repetidora pija del instituto, la que se cree más sabia por llevar más que el resto y haberse tirado al capitán del equipo de rugby, más la frivy cometió el error de involucrar a los menores en el asunto. Como la cuerda de un violín todos sus hilos reaccionaron a su propia tensión, tirante de pies a cabeza, algo inhumano temblando bajo su piel aparentemente normal. El joven notó como hasta sus orejas adoptaban la rigidez de un hueso y toda su forma se afilaba. Deseó inconscientemente tener garras como las de Rena, y su cuerpo reaccionó al comando endureciendo el final de sus dedos como puntas de aguja. No le gustaba delatar su transformación, y sin embargo ahí estaba. Claro que su reacción palidecía al lado de la ursátropa, aunque el enfado fuera el mismo.

Su amiga plasmó en palabras su bulla de pensamientos, y sin duda mucho mejor de lo que le habría salido a él. La adrenalina había hecho una sopa de su miedo, rabia, malestar y humillación, de su boca difícilmente habría salido nada que no fuera la traducción literal de los peores insultos humanos que conocía. Eso y lo mismo echaba la pota.

«¿Que cojones tiene esto de normal?»
La expresión del cambiante describiría muy bien que no entendía lo más mínimo su pregunta. Resacas, claro que eran normales. Que una soplagaitas de otro mundo se riese de ellos como una cría por estar agotados, no tanto. Que insinuase que podían matar a los críos por su culpa, menos aún.

Tengo ganas de suicidarme desde que llegué a este puto infierno —respondió mordaz. La extraña sinceridad de sus palabras hizo que salieran sin esfuerzo de sus labios, con más violencia de la que él mismo esperaba. Si algo tenía claro es que aquella tipa no merecía ni una respuesta más, e incluso que supiese su secreto interés romántico le resbalaba en esos momentos debido a la magnitud de su cabreo. No le daría el gusto a que viera su vergüenza, muchísimo menos a mantener una charla sobre su mundo. A pesar de su intenso dolor de cabeza y la gala de trucos marciales de Dama Abrazos, el rubio mantuvo una mirada altanera. También era una excusa para quedarse con tantos rasgos físicos de la veterana como fuera posible.

—respondió a Rena, dándole la espalda a la frivy y su novia—. Ahí sufra un coma etílico —susurró, apenas un murmullo apagado para la irrense con lo que guardaba de sal. Aminoró el paso al cruzar tras la silla de Arcan—. ¿Te vienes, tío?

Apenas conocía al nublino, pero no se le ocurriría marcharse y abandolarlo a su suerte sin preguntar. Fue entonces cuando se dio cuenta de como temblaban sus propias manos (ya vueltas a la normalidad) por el calor de la discusión, como todo su lenguaje corporal demostraba incomodidad. Siguió caminando por donde había venido, y aunque fuera lento y pendiente del rapiña quería largarse volando.

Reifon


Sealhy´s estaba impaciente por volver a su cuarto donde la esperaba Raelene, pero la respuesta de Rena la hizo suspirar con fuerza  y dejar la empanadilla que le tenía entre manos incompleta. Estaba entre cabreada y exasperada.

-Hmmmmm. -Sonó de ella mientras se cruzaba de brazos pensaba una respuesta pues encontraba sentido a las palabras de Rena, un sentido que se había perdido hace mucho tiempo entre los callejones de la ciudad. Se le había olvidado prácticamente su propia pregunta hacia el humano.

-Ahí tienes razón. -Le dijo a Rox. -Esto es más bien el infierno. Y aunque tengas razón en parte licántropa, espero que entiendas que las palabras bonitas no van a evitar una mierda que si repetís esto pueda pasar algo fatal no solo a vosotros, si no a los que os rodean. Da igual cuanto me insultes o te enfades, aquí la moralidad no va a evitar que una espada te atraviese un órgano o que un hechizo te haga hierva la piel. -Y volviéndoles la cara con una actitud infantilesca empezó a acabar su desayuno.

Arcan por su parte se quedó quieto donde estaba y no solo por la resaca, estaba completamente tenso por lo que pudiera pasar tras las palabras de Rena. Pero al final nada, solamente una veterana cabreada y... ¿haciéndoles el vacio? Se relajó echándose hacia atrás y pegándole otro sorbo al agua, su cabeza estaba a punto de explotar.

-No, gracias. Aún tengo que prepararme como pueda para entrenar e ir a acabar de restaurar el recibidor. -Su voz era ronca y cansada. Intentó ponerse en pie pero volvió a dejarse caer ante el repentino mareo y miró al suelo. -Ufffff. -Se colocó el vaso con agua fría en la frente.

Abri con su bandeja acabada empezó a fregar lo poco que había ensuciado para aquello.

Nihil

Nihil
Arcan no se unió a ellos, cosa que Rena en realidad prefería. Prefería sufrir en confianza y aún no conocía mucho al rapiña.

En cuanto llegaron a la habitación se dejó caer de morros sobre el colchón y soltó un gruñido de agonía.

-Odio esta ciudad.

Hasta entonces la convivencia en la Sede no había sido mala, los veteranos que se habían encontrado habían sido majos, pero claro, estaban donde estaban, y una ciudad así no se sostenía sobre gente maja.

Rodó sobre sí misma para colocarse una postura un poco más digna y de paso poder ver a su amigo. Algo de lo que le había dicho a la guerrera le había preocupado.

-Oye… lo de querer suicidarte… ¿iba en serio?

No era una idea descabellada teniendo en cuenta todo lo que habían pasado, y desde luego no iba a juzgar al humano por ello, ni a nadie, sin embargo la idea de que esa posibilidad hubiese existido le daba mucho miedo.


_________________________________________

Y con este nombre yo te maldigo, y ni tan siquiera la muerte podrá librarte de tu condena, pues todo aquel que intente matarte recibirá siete veces tu castigo.

Goliat

Goliat
Rox escuchó lo justo para saber que Arcan no les acompañaba. Hizo un "ok" con la mano y le dio un par de palmaditas en la espalda al pasar. Cuando la guerrera volvió a abrir la boca no se molestó en mirar atrás; es más, cerro los canales de sus oídos como si llevase tapones para tan siquiera oírla. Dijera lo que dijera no le importaba, y no quería rebotarse más. Le hizo un gesto con la cabeza a Rena, abrió sus oídos y puso marcha a su habitación.

En su cuarto la resaca volvió a pesarle. La adrenalina del encontronazo se había diluido, dejando hueco nuevamente al mareo y el malestar. Se sentó en el suelo (y un quejido salió de su boca tan pronto lo tocó), apoyando la espalda en una de las patas de la cama y la cabeza sobre el colchón, mirando al techo.
Yo igual.

Cerró los ojos para disfrutar un rato de la oscuridad, demasiado adolorido como para regresar a lo que había pasado. Notó el movimiento de Rena detrás suyo, y en lo que preguntó por aquello con tono de preocupación, el cambiante volteó el rostro para mirarla. Permitió que el silencio ocupase lugar antes de responder, pensativo, bajando luego la cabeza para mirar un punto inconcreto más allá de sus pies. ¿Habían sido palabras genuinas? «», se respondió. Pero, ¿seguían siéndolo?

Iba en serio —dijo finalmente—. Hasta hace no mucho, en realidad.
Sus pulmones se llenaron de aire para soltarlo todo en un suspiro. No podía distinguir el dolor de la resaca del discomfort de que le provocaba ese tema; heridas psicológicas mal cerradas que volvían a palpitar. A pesar de la destrucción de la torre y el rollo macabeo que hubiera sucedido con los sueños, las secuelas que la ciudad había dejado en él seguían persiguiéndole en forma de pesadillas, recuerdos descontrolados y miedos de los que antes no era dueño. No había hablado con nadie antes de sus peores pensamientos ni de sus ataques de ansiedad en mitad de la madrugada, aquello sería lo más cercano hasta el momento.

Era algo en lo que pensaba antes de... antes de que pasara lo de la casa en llamas. Antes de la ciudad incluso. —se mordió el labio, sintiendo el peso de su propia debilidad; no quería entrar en detalles, pero su subconsciente vagaba en los recuerdos—. Aunque solo eran pensamientos pasajeros, nunca habría tenido el valor de hacerlos realidad. Después estuve paralizado y tan cerca de morirme de verdad que se me pasaron las ganas. Ahora no quiero morirme, te lo prometo.

Dejó salir una risa, aunque sonaba todo lo contrario a sincera. Tras eso recogió sus piernas para apoyar los brazos en sus rodillas, intranquilo.

Luego... no es que dejase de pensar en ello, vamos, la ciudad me daba más motivos para que lo hiciese, pero sí que lo hacía de otra forma. Como más consciente de lo que me decía, ¿sabes? A lo... me quiero morir pero sin morirme —otra carcajada, suave y menos nerviosa. Sería ridículo, pero la frase encajaba bastante bien—. Cuando Mike... —«se suicidó.» Silencio. Había entrado en algo especialmente doloroso y difícil de tratar—. Cuando pasó lo de Mike me di cuenta de que yo no... no podría. Definitivamente —negó con la cabeza, algo ido, aunque era más un gesto de reafirmación para sí mismo que para Rena; también una manera de ventilarse el recuerdo de encima—. Era como... no sé, si algo me mataba muy rápido y sin enterarme pues vale, se me acabarían las penas y todo resuelto, así sin darme tiempo a pensar. Pero hacerlo yo por voluntad... no. No podría. Es más un "ojalá no haber existido", supongo.

Volvió a recostar la cabeza sobre el colchón para mirar a Rena brevemente. Se sentía... raro, confuso y agitado, algo asustado incluso, pero tras sincerarse por primera vez también se sentía mucho mejor. Solo quedaba quitarle de encima la preocupación que pudiera haberle generado.

Pero ya no pienso igual. La ciudad me ha dejado tocado y es una mierda, la odio de verdad y ojalá no hubieran pasado las cosas que pasaron, ojalá mudarnos a otro planeta, pero... dentro de lo que cabe estoy bien. Mi transformación no puede ser más guay, tengo un trabajo que me gusta y... y me alegro mucho de haberos conocido. Ahora tengo cosas que no quiero perder —se ruborizó un poco y, a pesar de la verguenza, no miró a otro lado al decirlo—. Lo siento si te asusté.


_________________________________________

♪♫♬:


La resaca. (Tras el desfile de la bahía) - Página 2 Mercad11

Nihil

Nihil
Rena había rodado para quedar boca arriba y tenía los ojos fijos en el techo. Ella también había deseado no existir en algún momento durante la criba. No habían sido pensamientos concretos y nunca había evolucionado a un deseo real de morir, pero cuando la situación la sobrepasaba incluso más de lo que creía possible muchas veces había deseado desaparecer, dejar de sentirse horrible y descansar. Podría haberse dejado ir en más de una occasion, sin embargo al final, cuando la situación lo requería, se ponía en marcha. Rena sabía que todo lo que había enterrado en los meses de criba volvería en algún momento a morderle el culo.

-Cuando pasó lo de Mike me cagué viva –confesó. –No quería reconocer que esa posibilidad existía, temía que acabásemos cayendo todos como moscas después de eso. Creo que me dio más miedo que cualquier otro monstruo.

Las cosas contra las que no podia luchar a hostias eran las que más miedo le daban.

-Os quiero tela, a todo el grupo, pero la verdad es que no sabría qué habría hecho si no os llego a tener a Milo y a ti. Gracias… yo que sé, por no matarte y eso…

Se sentía jodidamente gilipollas diciendo eso. Pero era la verdad. A ella, a Rox y a Milo les unía no solo la cercanía de edad si no el sentimiento de estar totalmente incapacitados para lo que se les había venido encima y que habían tenido que ponerse en el papel de mayores igualmente.


_________________________________________

Y con este nombre yo te maldigo, y ni tan siquiera la muerte podrá librarte de tu condena, pues todo aquel que intente matarte recibirá siete veces tu castigo.

Goliat

Goliat
Ya. No es como salvar a alguien de un monstruo o vendar una herida... —guardó silencio, intimidado por sus propias palabras—. Y aquí seguimos.

«Algunos.» Al menos habían recuperado a Hyun de entre los muertos, pero tras su reencuentro ni siquiera eso era consuelo. Por suerte Rena no le permitió hundirse en la pena. El cambiante pestañeó un par de veces ante sus palabras, sin poder evitar reirse seguidamente por ellas. Comprendía el peso de estas y lo jodido que era tener que decirlas, aquello que implicaban, pero...

Perdona, es que... Es que creo que nunca me habían dado las gracias por algo así. Casi seguro, vamos —despegó la espalsa de la cama para girarse a la peliverde, apoyando los brazos sobre el colchón. No contenía su sonrisa, divertido—. Gracias a ti también por no morirte.

A pesar de la aparente coña, sus palabras estaban impregnadas en sinceridad. Le había cogido un cariño inmenso a todos, consideraba a los renacuajos como hermanos pequeños, pero el hueco que se habían hecho los dos irrenses en él era particular.

Vaya par de ñoños. Menos mal que no somos los típicos borrachos que se inflan a llorar —sacó fuerzas para levantarse a por una camiseta que ponerse. La resaca seguía siendo una mierda, pero al menos ahora estaba animado—. Ah tía, ayer me guardé unos dulces daelicianos de esos. ¿Quieres? A mi el cuerpo me los está pidiendo.

Buscó torpemente por el cuarto algo que ponerse y los susodichos dulces entre el desastre de ropa, efecto de probarse distintos modelos para la noche anterior y desvestirse borracho después. Encontró una magdalena amorfa y una tartaleta apachurrada debajo de su camisa-kimono de grullas. Aprovechó para ponerse la prenda sin abotonar, soltando una maldición por lo bajo al ver una mancha de azúcar glass en la fina tela negra, ahí donde habían sido aplastados los dulces. Le dio unas sacudidas con la mano y sin muchos miramientos, le dio un buen bocado a la tartaleta de lo que parecían moras, acercándose a la cama para ofrecerle a la ursátropa.

Come, que tienes que crecer —soltó con la boca llena.


_________________________________________

♪♫♬:


La resaca. (Tras el desfile de la bahía) - Página 2 Mercad11

Contenido patrocinado


Volver arriba  Mensaje [Página 2 de 2.]

Ir a la página : Precedente  1, 2

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.