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Kanon
Status : es medianoche en la discoteca cementerio
Personajes :
Jace Stanfield: Dullahan imbécil procedente de la Tierra. 1’73m (con cabeza 1’93m)
Seo Rox: Cambiante pinche furro, humano. 1’75m
Kahlo: Aparición nocturna varmana granta. 1’59m (sin botines)

Heridas/enfermedades : Alguien que le eche una mano xfi

Ficha de cosechado
Nombre: Kahlo
Especie: Varmana granta
Habilidades: Habilidad manual, inmutabilidad, carisma
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Un último cambio (+18) Empty Un último cambio (+18)

18/03/20, 06:19 pm
El agua caliente de las duchas caía sin pausa sobre el sinfín de hilos que era el cambiante. Había tenido un día productivo en la boutique de dama Isis ultimando detalles y eso siempre le ponía de buen humor. De regreso en la Sede había aprovechado el tirón de energía restante para hacer ejercicio, inconsciente de lo cansado que estaba hasta el momento en el que le tocó asearse. Su ipod, resucitado gracias a un hechizo de recarga, resonaba por toda la sala solo mitigado por el sonido del agua; agua que se permitió derrochar por encima de lo que acostumbraba, demasiado a gusto ahí como para querer cortar el grifo antes. Cuando tuvo suficiente y sus hilos empezaron a arrugarse salió de los baños en dirección a su cuarto, sin vestir, con el cuerpo totalmente deshecho, ropa y pertenencias bajo el brazo y una toalla atada a la cintura. No había nada que tapar (por tener no tenía ni rostro), pero seguía sintiendo pudor al saberse desnudo. Cerró la puerta de su habitación detrás de sí, dejó las cosas en el suelo sin muchos miramientos y se tumbó en la cama sin nada más que la toalla, disfrutando del contraste frío de las sábanas frente su cuerpo aún mojado y caliente.

El reproductor seguía sonando, apenas un murmullo por haber quedado enterrado bajo sus prendas. ¿Cuánto había pasado ya desde que se transformó? A diferencia de como había sido durante la cosecha desde que vivían en la Sede Rox controlaba mejor el paso del tiempo, pero seguía teniendo lapsus de vez en cuando. Se sentía como si hubiera pasado todo en un soplo. El cambiante giró la cabeza hacia la ventana para ver el cielo nocturno, carente ya de Luna y cada vez más vacío de estrellas. Totalmente relajado, el cuerpo del australiano fue recuperando su imagen, simulando todo lo que una vez fue: humano. Carne, uñas, huesos, músculos, pelo. Concentrado y con los ojos cerrados, Rox ya era capaz de volver a ser él sin apenas percances. Se reincorporó para quedar sentado en la cama, viéndose desde el sitio en su gran espejo de pared para ultimar detalles: dibujar algún tatuaje simple por aquí, marcarse las clavículas, teñirse el pelo, corregirse la nariz y las cejas... Se sonrió al verse completo. Fijándose en el reflejo su mirada hizo una inspección general a todo su cuerpo para concretar que todo estaba perfecto, y al llegar a la toalla que aún llevaba a la cintura vaciló.

Hasta el momento había obviado esa zona. Rox se conformaba con haberse quitado el pecho, su principal causa de disforia y ansiedad durante tantísimos años, y es que siendo justos lo que hubiera en sus pantalones nunca le había impedido vivir. La desaparición del primero ya le había hecho lo suficientemente feliz. Las operaciones de reasignación de género eran algo tan extremadamente complejo e intimidante que salían por completo de sus espectativas, así que tampoco es que se hubiera planteado antes que algún día podría ir más allá sin sus complicaciones.
Ahora, sin embargo...
+18:

Agachó la cabeza y se apartó la toalla. Quitarse los órganos sexuales era fácil, incluso volver a ponérselos, pero aquel era un cambio a algo muy ajeno. Podía crear un par de brazos nuevos sin mayor problema que la falta de coordinación que suponían, pues solo tenía que duplicar lo que ya tenía y lidiar con los comandos de su cerebro luego. Podía crear colas o cuernos, lo primero solo era una continuación de su columna y lo otro algo tan simple como adornos de keratina y hueso. Quizás por vergüenza, quizás por desconocimiento, en casi dos meses el cambiante no había visto el momento de intentar aquello. Hizo desaparecer el vello -estratégicamente arreglado- de la zona y se puso a trabajar. Sabía en que consistía la operación, se había informado en su momento (curiosidad común para alguien en su situación), pero claro, no era lo mismo aplicarlo a la realidad con cero conocimientos médicos y un cuerpo mágico hecho de hilos.

Tomó aire profundamente y se concentró.

Por mucha vergüenza que le diera admitirlo recurrió al recuerdo de uno de sus ex, por tacto, forma y tamaño para su miembro; tal como le había dicho Mephis no solo podía beber de imágenes o vídeos de referencia, y aquella experiencia era lo mejor con lo que contaba. Partiendo de lo que ya tenía sus genitales femeninos cambiaron, despacio, procurando no estimular en exceso nada durante el proceso. Se sentía raro. Inconscientemente una sonrisa se había apalancado en su cara, incapaz de apartar la mirada mientras se reconstruía; después de todo no había nada escabroso, solo eran hilos moviéndose. Tardó un buen rato, y para cuando hubo terminado le temblaban ligeramente las manos. Ver aquello entre sus piernas supuso un bombazo a su cerebro, un aluvión de emociones que ventilaron todo rastro de sueño que tuviera. Se tapó con la toalla rápidamente y se echó a reir de puro nerviosismo.

«Tengo polla. ¡Tengo polla, tengo polla, tengo polla!»

Rio en silencio, dejando que su espalda chocase contra el colchón de nuevo. El corazón le latía muy deprisa y casi tenía ganas de ir corriendo a contárselo a Rena, a Milo, a Pelusa, ¡a cualquiera! Hasta tenía ganas de recibir su primer golpe en ella. La ridiculez de dicha ocurrencia le sonsacó varias carcajadas bajas, encogiéndose brevemente sobre su estómago.

Y como era obvio, el pensamiento de estrenarla no tardó en llegar, pillándole entre risas mirando al techo con cara de idiota. El corazón le ejercía presión y la respiración se le desacompasó, ansioso. Deslizó una mano por debajo de la toalla, la cerró entorno su nuevo miembro y...

«¡MI PUTA MADRE!»

De sus labios escapó un quejido roto y todo resultó en él encogiéndose bruscamente sobre sí mismo, soltando rápidamente la mano para agarrarse a las sábanas con la otra. Aquello seguía teniendo la extrema sensibilidad de su clítoris, y encima en una superficie mucho mayor. El estímulo había resultado demasiado. Aisló los receptores, disminuyendo que tan erógena resultaba al tacto y tragó saliva, tocando con timidez hasta asegurarse de que no iba a morirse por ello. Cuando los gestos no resultaron dolorosos sino placenteros el chico se permitió masturbarse con menos miedo. Su respiración se volvió lenta, suave e inaudible, con la boca entreabierta en una pequeña sonrisa. Observó como su erección crecía, finalmente echando la cabeza atrás para morderse el labio, demasiado excitado para mirar. La sangre palpitaba en este y la distancia que tenía que recorrer su mano de base a punta se incrementó. Claro que lo había imaginado antes, pero poner a prueba por fin que podía ser tan grande como él quisiera le subió a una nube.
Se detuvo a observarla un buen rato al llegar al tope de su dureza, contemplándola como si fuera una obra de arte. ¿Era malo sentirse tan orgulloso? Puede que no fuera funcional al 100%, que internamente su anatomía fuera una quimera, que se pareciera ridiculamente a la de su ex, pero era una primera toma de contacto y la estaba disfrutando como él solo. Le encantaba cada curva, cada vena, el calor que emitía. Y cuanto más tocaba más quería. Su imaginación se perdió en mil cosas, y mentiría si dijera que no involucraban a cierto moreno. Ya tendría tiempo de avergonzarse por ello luego.

Rox no tardaría demasiado en llegar a su límite, nada acostumbrado a ese tipo de contacto. Sus movimientos incrementaron la velocidad considerablemente y en algún momento se acercó el borde de una manta para llevársela a la boca, necesitado de algo que morder durante el orgasmo. El climax fue más que decente, sobre todo con el éxtasis de que fuera su primera erección, y aunque no produjera semen Rox notó los lubricantes naturales de sus órganos femeninos salir como tal.

«Al menos... no mancha tanto» pensó divertido, jadeando y con las mejillas fuertemente coloradas. Se quedó reposando un minuto, disfrutando de las leves palpitaciones que iban y venían antes de apartar la mano. Esbozó una sonrisa cansada al descubrir que, tras mirarse la palma cubierta en fluidos, se equivocaba.

Vale —pronunció con voz pastosa—. Necesito otra ducha.

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♪♫♬:


Un último cambio (+18) Mercad11

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