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IsmalKreek_24
Status : I am thou. Thou are I
Humor : Un resplandor y hace bao
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  • Adam: Cimitarra y cuerpo de caballo


Ficha de cosechado
Nombre: Adam
Especie: Humano ruso
Habilidades: Fuerza bruta, resistencia, oido musical
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Una vida de circo Empty Una vida de circo

07/11/22, 01:05 am
¡Damián! ¡Damián donde estás, tu madre te está llamando! ¿¡Estás sordo!?

Luciano, el maestro de ceremonias, estaba cansado de buscar al hijo de Bianca. El niño era escurridizo a la par que revoltoso y cuando le da por esconderse en el remolque del atrezo no era fácil encontrarlo. ¿Cómo lo hacía para esconderse tan bien? Estaba vigilando que su traje de ceremonias no se ensuciase con todo el polvo del remolque y mantener su espeso bigote en orden, a ese paso se le caerían los pelos del estrés.

Que sepas que no habrá cena para ti como sigas así. ¿Tanto te la quieres jugar por no querer salir de donde Dios sepa? —obviamente no lo dijo en serio, esperando que con esa mentira piadosa el niño cediese.

Jssjsjjs —a Damián se le escapó un risilla entre dientes.

¡Te escuché! ¡Estas aquí! —levantó un par de maniquís pero, extrañamente, no estaba.

Uy… Casi lo tenías.

Al lado de los maniquíes habían acumuladas multitud de pequeñas cajas de madera. En la de arriba del todo la tapadera salió para mostrar el cabezón peludo del niño y poco a poco salió sacando sus finos brazos y piernas. Se incorporó, estirando sus hombros y mostrando toda la suciedad posible en un cuerpo humano. Estaba lleno de polvo, purpurina de la caja y barro de la calle.

Si estaba al lado, Luciano. Mira que eres tonto —le dijo al maestro de ceremonias con una cara de prepotencia, más despeinado imposible.

Por el amor de Dios Damián, ¿cómo cabes ahí? Te pareces a Stefano.

Él me está enseñando un par de trucos, dice que soy un niño muy frensible.

Flexible, Damián.

Lo que sea… Tampoco lo he dicho mal —hinchó sus mofletes, frustrado por la corrección del circense.

Anda, ve a lavarte. Pareces un cuadro —aunque no quería, Luciano esbozó una sonrisa al hacerle gracia la falta de higiene del niño con toda esa purpurina y barro—. Y ve luego con tu madre, te espera para cenar.

Vaaaale uf…

Dando una pataleta por el camino Damián se baja del remolque, con las manos en los bolsillos de su ancho pantalón. Estaba lloviendo pero poco le importaba la lluvia, era una cosa que le gustaba y además ahorraba tiempo para llenar los cubos de agua que debía cargar para lavarse pues ya estaban llenos con la precipitación. Llevó un par de ellos lentamente, pesaban bastante y su pequeño cuerpo no daba para mucho.

Que bruto eres... ¿Te ayudo renacuajo? —se le acercó con un paraguas un hombre delgaducho y alto, cargando los dos cubos por Damián y tapándolo de la lluvia de paso.

¡Oye no! Sabes que puedo solo Stefano…

Si, seguro que sí. Pero no vamos a hacer esperar a mamá, ¿verdad? —le dijo con ternura.

Vale, pero solo hoy. Ya soy mas mayor, puedo solo —argumentó sin mucho éxito por la cara escéptica de Stefano.

Sin embargo al hombre le pasó por la cabeza una cosa que lo hizo sonreir.

He oido de Luciano que te has escondido esta vez en una de las cajas pequeñas del almacén.

Damián se esperaba un regaño del contorsionista pero su sonora risa indicó lo contrario, mas bien.

¡Sabía que podías hacerlo, tienes madera de contorsionista! ¡Bien hecho Damián!

Al niño se le subieron los ánimos mucho, demasiado. Una enorme sonrisa de gratificación se le dibujó en la cara, mostrando lo mellado que estaba sin una paleta.

Es que soy un genio. Algún día te quitaré el trabajo y seré rico —declaró con chulería.

Que no te escuche tu madre, que me mata…

Llegaron a la caravana de Stefano. Detrás de ella tenían montado un toldo apañado con una enorme tela y una pila de madera que el contorsionista preparó de antes.

Renacuajo, enciende el fuego. Voy a mirar donde dejé la tina y el jabón.

¡A la orden! —respondió enérgico.

De su bolsillo sacó una pequeña caja de fósforos que “agarró prestada” de Luciano. Tiene la suya pero prefería gastarla en hacer cosas propias así que no le importó el préstamo involuntario de su compañero de circo. Con uno de los fósforos encendió la yesca bajo la madera y mientras iba ardiendo colocó los cubos de hierro llenos de agua por encima vigilando que no se caigan.

Stefano llega con la pesada tina y una pastilla de jabón, mirando a Damián mientras va a lo suyo.

Ya llegué renacuajo. ¿Y esto? ¿Los has puesto encima de la madera tu solo? Que niño más apañado eres, con lo que pesan esos cubos.

No pesaban tanto pero Stefano deseaba inflar la cabeza de Damián. El niño respondió flexionando el brazo con muchas ganas pero sin mucho resultado por su canijo cuerpo, las costillas se le notaban por la manga baja de su camiseta de tirantes que le quedaba enorme.

Es que estoy como un toro y no queréis verlo, ¿eh o no?

Anda, toro, ven que te toca bañarte. Hueles desde aquí.

Lo terrible estaba por comenzar. Stefano reunió fuerzas para lo peor.

¡Pero ven aquí! ¡No, con la ropa no!

Stefano bajo la lluvia intentó atrapar al piojo tamaño humano y sin embargo no paraba quieto. Al fin se quitó la ropa y sin ninguna vergüenza correteó al contorsionista como Dios lo trajo al mundo, Damián veía en la situacion un gracioso juego huyendo todo el rato de su responsabilidad higiénica. El hombre sin ninguna paciencia por rascar al fin lo agarro al amasijo de nervios, revolviéndose sin éxito y metiéndose en el agua caliente. Stefano no sabía si Bianca había concebido aquel niño con un gato, era demasiado arisco con el agua.

¡No, que quema!

¡Mentira! ¡Si está templada Damián! ¡Cierra los ojos que te entrará espuma!

Enjabonó la bola de pelo de su cabeza con ganas usando el jabón, haciendo mucha espuma en la pequeña tina de madera. Lo iba enjuagando y enjabonando, al menos tres veces por lo perfeccionista que era Stefano con la higiene personal. Ya si iba a pasar por ese infierno lavándolo lo haría a la perfección. Damián se quedó con su pelo mojado y liso, que seguramente se tornarían esos cabellos de color rubio algo apagado en una esponjosa mata en cuanto se sequen. Poco a poco el niño se dejó llevar por el lavado, ya no quedándole más remedio.

Que alegría cuando dejas de darme la lata… Levanta los brazos.

La higiene personal siempre fue una cosa que el contorsionista del circo puntuaba a diario. No le valia la escusa de la pobreza del circo, el hecho de estar limpio debe estar presente siempre. Muchas veces regañaba a Bianca por descuidar a su hijo, nunca fue mala madre pero Damián no paraba quieto y se escapaba de ella yendo a sus anchas por ahí.

¿Ya?

Si. Pero Damián, prométeme que no te pongas así nunca más cuando te asees. Hazlo por mamá, por Bianca.

Vale… —aceptó algo tristón. El hecho de que mencionen a su madre era su debilidad.

Venga campeón, vístete y ve con ella. Hoy te mereces un buen plato. Y no te ensucies por el camino por favor.

Stefano tenía su ropa doblada, lavada con ahinco para que estuviese impoluta. Damián se puso la ropa, que era otra camiseta de tirantes del equipo de actuación y pantalones no tan enormes. No habñía ropa de niño y tenían que improvisar. Con suerte no le quedaba todo grande. El niño se puso sus botas y se marchó con el paraguas de Stefano a su caravana.

¡Mamá, ya me vuelto!

La caravana como tal poseía un remolque donde se resguardaban los animales del circo. Bianca era la cuidadora del circo y se encargaba de entrenarlos para algunas funciones junto a Luciano, el maestro de ceremonias.

Hola amor mío —Bianca estaba en la cocina, haciendo un estofado de ingredientes simples para ella y su hijo en una olla de modesto tamaño. El cabestrillo de su brazo la incomodaba un poco pero no la inutilizaba para dar de comer a su hijo—. Veo que alguien te ha dado un buen repaso.

Damián sonrió cuando su madre halagó su aspecto limpio.

Iba a lavarme yo, pero Stefano quiso insistir en hacerlo —dijo con la mirada esquiva—. ¿Y cómo tienes tu brazo mamá?

Voy poco a poco, no te preocupes —se molestó en dejar el cazo para acariciar la cabeza de Damián.

No… me gusta que cuides de esos bichos. Te hicieron daño.

Pero si es un bocadito de nada cielo, nada que el tiempo no cure. Ellos no tienen la culpa.

Escuché de Luciano que tuviste fiebre ayer y no mejorabas… ¿Eso es malo?

Bianca suspiró, disgustada que Luciano dijese esas cosas a la ligera cerca de su hijo.

Me pondré mejor, no le hagas caso.

¿Me lo prometes?

Bianca apagó el fuego, agachándose para estar cara a cara con Damián. Los ojos azules de su madre lo cautivaban y ella lo sabía.

Claro, tu mamá es mas fuerte que nadie. Y vas a comer un buen plato de estofado que mamá tiene para ti, vamos a la mesa.

¡Si! ¡Si! ¡Si!

Damián fue como una bala a la mesita de dos que había en la sala. La bombilla del techo daba un ambiente acogedor dentro del decorado rojizo de la caravana. Muchos dibujos a carboncillo de Damián adormaban las paredes y su madre los exhibía con orgullo al resto, prometía talento como artista. Bianca se acercó a la mesa con dos platos.

Aquí tienes corazón.

El plato de su hijo estaba algo más repleto de alimentos que el de ella pero no le entristecía pasar un poco de hambre por su pequeño quien no vió diferencia entre platos y fue directo a comer. Ella aprovechaba cada bocado, sonriente por tener la bendición que tuvo hace doce años enfrente suya, alimentándose con mucha energía.

¿Está bueno?

¡Te ha salido buenísimo! G-gracias mamá —Damián se sonroja un poco, agradecido por lo que ella ha cocinado.

Bianca desvía la vista, disimulando un tonto humedecimiento de ojos por escuchar ese tímido agradecimiento de su hijo.

¿Mamá?

Gracias a ti Damián.

Ella miraba a su hijo todos los días a sus ojos, esos pozos oscuros a la vez que hermosos para ella. Le recuerdan a los del padre de Damián, aquel hombre que los abandonó sin avisar. No lo odiaba pero quería olvidarse de él, pasar página con la bendición que le quedaba de ese romance tan efímero. Solo quería que tuviese una vida plena y sin complicaciones.

Tan solo eso.
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