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Tak
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Personajes :
Gael/Koval: fuego fatuo terrícola.
Kin: demonio raigaurum irrense.
Ayne: anima sinhadre.
Eara: aurva de Ayne, sin esencia.
Nime: demonio mineral libense.
Iemai: cercana, fallecida.


Armas :
Gael/Koval: espadas rectas, maza y quimeras.
Kin: alfanje y guan dao.
Ayne: sable.
Eara: ballesta de repetición.
Nime: dagas.



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Padre e hijo Empty Padre e hijo

27/04/14, 05:17 pm
Notas previas:
Esto es un relatillo que se me antojó hacer para que se entienda mejor la relación padre-hijo de Cío y Mirorrel. Aparentemente puede tener muchos agujeros y cosas sin explicar, pero eso es porque falta el punto de vista de Cío en el asunto, y por más cosas que era mejor omitir para no hacerlo pesado. Si alguien se queda con alguna duda que quiera resolver, estoy dispuesta a hacerlo, claro está, incluso aunque ciertas cosas aún tenga esperanzas de poder tratarlas algún día in rol.


Mirorrel nunca se había preguntado tan seriamente qué era lo que había hecho mal. Su tozudez, al igual que la de su hijo, no le ponía fácil entender los puntos de vista que diferían demasiado del suyo propio, pero, en su opinión, aquella vez Tilecio se había lucido en materia de estupidez.
____Aquella tarde Mirorrel había salido del trabajo convencido de que su hijo todavía no lo había hecho. Precisamente por ser tarde, aquello lo inquietó. Tilecio no era de los que se quedaban a hacer horas extras, por lo que lo único en lo que podía pensar era en que tal vez había tenido algún percance. Quizá cualquier otro padre hubiera vuelto a revisar el almacén, pero él se quedó en una calle paralela haciendo tiempo. Para él había motivos de peso para no plantearse siquiera qué había de malo en hacerlo así, puesto que si simplemente no le había visto salir quedaría como un imbécil. Tampoco le apetecía demasiado encontrarse de frente con él.
____Fue desde esa misma calle por donde lo vio pasar, pero no en la dirección que él esperaba, de camino a casa, sino en la contraria. Mirorrel se vio obligado a seguirlo al cabo de un rato, cuando se dio cuenta de que había entrado de nuevo en el almacén pero tardaba demasiado en salir. A aquellas horas solamente quedarían dentro de la explotación el director y el gerente, discutiendo las cuentas como solían hasta que recordaban echar el cerrojo e irse a sus casas, y lo cierto era que no sabía qué podía querer Tilecio de ellos.
____Pronto lo supo. Una vez se decidió a entrar, lo primero que se encontró fue a su hijo con una caja en brazos. Apenas vio su espalda un segundo, avanzando por el pasillo que llevaba al almacén de deshechos. Pero se había dado cuenta perfectamente de que lo que llevaba no eran deshechos. Retrocedió, alarmado, y salió del edificio como le dictó su instinto en primer lugar. No tenía ni idea de qué otra cosa podía haber hecho. Delatarlo era un seguro de deportación para Tilecio, pero huir no lo dejaba a él en buen lugar. Mientras arrastraba los pies hacia su casa por una calle angosta y opresiva, maldijo una y otra vez al iluso de su hijo. Sabía bien lo que estaba haciendo, pues si apartaba las cajas de hortalizas que debían entregar a Resqiria al día siguiente, ya no podrían declararse y deberían consumirse en el propio pueblo de forma ilegal para no terminar siendo verdaderos deshechos. Pero, por otra parte, perpetrar aquella estupidez era un error de peso que sumar a su larga lista de faltas. Y no le cabía duda de no serían tan estúpidos como para no darse cuenta.

Esa noche Mirorrel no pudo dormir. Cenó solo y se retiró de la mesa antes de que estuviese reunida toda su familia alrededor. Si veía a su hijo quizá le atacase sin pensar, al ver su cara de pánfilo que cree tener la razón hasta en las cosas más estúpidas. Mientras permanecía en la oscuridad de su habitación con los ojos abiertos, escuchaba las voces tranquilas de su familia al otro lado de la puerta, como si aquel día fuese cualquier otro. Él no entendía de dónde venía aquella tranquilidad, casi insultante, mientras él se devanaba los sesos de preocupación, mientras se maldecía por tener un hijo tan estúpido y lo maldecía a él, por idiota y confiado. ¿De que servía intentar guardar comida para tu pueblo si te terminan deportando a un lugar donde esta escasea todavía más?


Como no podía ser de otro modo, al día siguiente para Mirorrel era evidente que las cajas que cargaron para llevar a la estación eran menos de las que deberían, algo apenas apreciable, tal vez, pero que él creía ver de forma evidente. Se preguntó una y otra vez qué sucedería y, de hecho, no tuvo que esperar demasiado para obtener su respuesta.
____Antes del receso para comer Mirorrel se dirigía con un nerviosismo más que evidente al despacho donde el patrón de la explotación lo había citado mediante un mensaje emergente. No tenía una mala relación con Derit, más de una vez habían comido codo con codo y conversado de esto y lo otro. Sin embargo, estaba seguro de que no lo llamaría por nada que no fuera importante. Y allí estaba, esperándole de pie y con aquel aspecto que ponía cuando quería hacer notar que era el que mandaba allí. Algo por suerte infrecuente. Era un irrense alto, de aproximadamente su edad, con el pelo bastante corto y también bastante más oscuro que la media.
____―Prefiero ir al grano, Mirorrel ―fue lo primero que le dijo tras apoyarse en su escritorio metálico, una vez entró en el despacho. Tenía el ceño fruncido, señal inequívoca de que estaba molesto―. ¿Es posible que hayas visto algo anómalo ayer a la hora de cierre? Cuando volviste a entrar.
____Mirorrel lo miró sin entender. «¿Quiere que delate a mi propio hijo?». Había visto a Cío con Radilo al ir hacia allí. «¿Por qué no ha empezado por él?». Por la pregunta de Derit estaba claro que no creía que Mirorrel fuese el culpable. La localización de los chips era suficiente para exculparlo, pero podía ser cómplice si trataba de ocultar los hechos. En vez de responder de inmediato, tanteó el terreno.
____―¿Qué… ha pasado? ―Todavía podía hacerse el tonto, no haber visto nada, o no haber comprendido lo que pasaba. Contuvo los nervios como mejor supo.
____―Acaba de aparecer una pila de cajas de hortalizas en el almacén de los deshechos. Ya no vamos a poder entregarlas a Resqiria. Tampoco declararlas, o se nos puede caer el pelo, salvo que aparezca el culpable de cambiarlas de sitio.
____»Mira, revisando los movimientos de ayer creo que eso solo pudo pasar entre que se fueron los demás y me marché yo, y al único que he visto rondar por aquí a esa hora eres tú, pero ni te has acercado al almacén. Es bastante peor de lo que parece, porque o tenemos fantasmas o a una escoria que denunciar al S.G.R.
____»¿Y bien?
____Mirorrel no esperaba una descripción tan detallada por su parte, pero había empezado a comprender lo que estaba pasando incluso antes de que Derit comenzase a explicarse. Solo esperó que el temblor de sus manos no le delatase. Probablemente Tilecio no había conseguido ponerlo tan furioso en su vida. Y era la segunda vez que lograba asustarlo tanto.
____―No estaba seguro de qué estaba haciendo ―dijo finalmente, dubitativo―. Entré a coger algo que me quedó en la taquilla y escuché a alguien por los pasillos. Le vi de pasada, pero… estoy casi seguro de que era Risqer― tomó aire «¿qué estoy haciendo?» ―. No sé si has escuchado alguna vez los rumores… no estoy seguro de si son ciertos, pero tendría sentido.


Risqer era un hombre de la edad de Mirorrel con el que había compartido clase y más de una pelea desde críos. Eran bastantes los de su quinta que sabían de sus idas y venidas de aquel entonces con un grupo antisistema organizado, pero nadie jamás llegó al punto de delatarle por miedo de verse involucrados. Era más sencillo hacer oídos sordos. Habían pasado décadas, y a pesar de su numerosa familia y su vida tranquila, haber sido despreocupado y sincero provocó que jamás desapareciesen los rumores sobre él. Mirorrel había sido testigo y recordaba alguna que otra de las canalladas que aquel insensato había llevado a cabo gracias a su chip modificado cuando todavía eran jóvenes.
____Había dado igual que ahora fuese un ciudadano más, demasiado absorbido por su exigente familia desde hacía años como para volver a ser el mismo de su juventud. Difícilmente habría devuelto su chip al estado original, y a eso se había aferrado Mirorrel cuando se dio cuenta de que terminarían por revisar los chips de todos hasta dar con los posibles culpables.

No pasó demasiado tiempo hasta la deportación de Risqer a la mina de Tappa. Llegó con el final de las cosechas y, por lo que se rumoreaba, Risqer estaba preparado para ello desde hacía semanas. E igual de preocupado había vivido Mirorrel, con un nudo en el pecho, esperando que algo pasase o dejase de pasar, tolerando menos que nunca la presencia de su hijo y odiándose cada vez más. Por eso no pudo sentirse peor de lo que ya se sentía cuando deportaron a Risqer, después de todo el crimen por el que había sido deportado era, en realidad, la modificación del chip, algo de lo que efectivamente era culpable.
____Sin embargo, por extraño y contradictorio que pudiese parecer, Mirorrel era consciente de que no se arrepentía. Querría gritar, regañar, e incluso golpear a Tilecio, pero si hubiera podido volver a elegir, habría tomado el mismo camino. Le carcomía no poder enfrentarse a su hijo y darle la lección de su vida pasándole a él la culpabilidad que tenía que soportar por su culpa. Quería demostrarle que existían las consecuencias de sus actos. Quería demostrarle que se equivocaba. Pero no podía, sencillamente no podía. Para hacerlo tendría que admitir su propio error, uno que no sabía siquiera justificar.


Mirorrel nunca pudo saber ni preguntar todo lo que habría querido aclarar. Pasó todo un año siendo incapaz de mirar a su hijo sin recordar aquel incidente e irritarse en consecuencia. Pero aquella novedad no había logrado erradicar tampoco la antigua tara de mirarlo a la cara. En realidad, eran dos los años que llevaba sin poder hablar con él con normalidad, desde aquel incidente con la desgranadora. Siempre se había sentido culpable por ello. Lo había visto todo, y aun así no había reaccionado a tiempo para evitar lo peor, se había quedado paralizado, en pánico. Era la única cosa por la que permitía a Tilecio guardarle rencor, y estaba seguro de que lo hacía.
____Puede que hubiera renunciado a tratar con la oveja negra de su familia, pero a través de Radilo todavía se enteraba de las cosas que hacía Tilecio. Nunca preguntaba, pero su otro hijo le contaba lo que de otro modo nunca hubiera sabido. Y él siempre escuchaba aquella información fragmentada. Llegó a tener la esperanza de que el chico estuviera madurando, y se permitió empezar a pensar en tratar de hablar con él seriamente, aunque le costase todo su esfuerzo intentarlo. Aunque fuese al menos una última vez. Solo quería advertirlo de que tuviese cuidado de dónde se metía sin ser rechazado antes de poder llegar a hablar en serio.
____Finalmente, Mirorrel perdió la oportunidad de llegar a hacerlo algún día cuando, cierta noche, le llegó un mensaje de despedida que no era sino un reproche. Después de tantos años de malentendidos entre ambos pudo decir, por fin, que ambos eran iguales. Igual de idiotas.
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