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Emporio del ocultismo Maldita sea Empty Emporio del ocultismo Maldita sea

04/12/20, 06:14 pm
Local pequeño de tres habitaciones que hace esquina con la calle principal del mercado, ostenta un nombre que le queda grande. Alquilado por Saria Omen, quien lo ha intentado reformar con su bajo presupuesto: pintó las paredes de un rojo oscuro, arregló las estanterías cojas y niveló las baldas, reforzó la cerradura de la puerta y se encargó de parchear pequeños desperfectos.

Al ser un local tan pequeño, cuando lo abre, Saria suele montar un pequeño tenderete en la calle y se queda fuera para charlar con los dependientes de tiendas vecinas y con los viandantes. A estos últimos les ofrece sus servicios, les da explicaciones generales o acuerda con ellos pequeñas transacciones, ya que suele tener piedras vibrantes, colgantes y amuletos meramente decorativos en cestitas monas, listos para vender. Muchos son robados de Ordesta, otros tantos de carácter artesanal.

Saria utiliza su visión porcentual para ajustar presupuestos y no duda en sacar tajada de borrachos y gente perdida o poco avispada que pasee por la calle, siempre y cuando la suerte juegue muy a su favor. Los días en los que los porcentajes no auguran nada bueno, Saria cuelga un cartel en la puerta que reza: “Lo sentimos. Hoy cerramos por mala racha”. No vuelve hasta el día siguiente.

Interior:
La habitación principal da a la puerta de entrada y es la más amplia. Se trata de la parte pública de la tienda y tiene las paredes cubiertas de estanterías cochambrosas, hasta arriba de velas, huesos de animales (y de ordeses) y otros ingredientes sencillos para maldiciones. Al fondo a la derecha hay un pequeño mostrador de la altura de Saria en el cual descansa siempre algún libro de literatura ordesa. Detrás del mostrador es común ver una cesta con ovillos, agujas, parches, cajas de galletas llenas de instrumentos metálicos y proyectos de costura a medio terminar.

La segunda habitación es una cocinita pequeña, readaptada como consulta: en el centro hay una mesa camilla con tres sillas de mimbre y un candelabro con velas de luz tenue para dar algo de ambiente. Saria pasa a sus clientes allí dentro para charlar con ellos, descubrir qué maldición se ajusta mejor a sus necesidades, negociar la obtención de los ingredientes y establecer el precio. En una de las paredes de la consulta hay una humedad que ocupa buena parte de su superficie y que cambia de forma cada día; Saria ha intentado limpiarla cientos de veces, pero siempre vuelve. Al final la ha llamado Bonanza y, cuando no hay clientes, charla con ella.

La última habitación es un baño diminuto al que a veces llega el agua y a veces no.




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