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Raven
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Nombre: Ethan
Especie: Humano
Habilidades: Buen oído, valor y motivación
Personajes : Ethan: Humano, Ingles/Japonés 1.75

Armas : Ethan Lanza partesana y una daga

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Lagrimas de cristal - Página 2 Empty Lagrimas de cristal

26/11/23, 10:29 pm
Recuerdo del primer mensaje :

Era la tercera semana y la tensión sólo había ido en escala. El miedo, la incertidumbre, el hambre y la rabia eran malas compañías durante el día, pero peores eran cuando llegaba la noche. El manto oscuro de unos párpados cerrados se sentía igual que echar grava a su propia tumba y era cuando la mente se diluía en una paz temporal donde las primeras alertas llegaban. Un cuerpo que entendía el sueño como un camino hacía la muerte y que huía de él en un viaje tan agónico como el despertar que le daba a su propio dueño. A veces la lucidez venía de golpe sin mayor explicación que el estar observando repentinamente un techo oscuro, otras en cambio, se convertían en una tortura inducida.

La confusión fue su primera alerta, el dolor como gasolina prendida el segundo. Despertó de golpe falto de aire, asfixiado repentinamente por un miedo irreconocible, la tensión inundando todos sus sentidos, cegando la poca cordura que conservaba de un rápido despertar para volver el terror más visceral como único protagonista. Se estaba muriendo, todo su ser le estaba advirtiendo por ello. Tenía la pierna entumecida y los brazos latentes, su piel más pálida que de costumbre se veía perlada por un calor invadido de una angustia sobrecogedora. Se incorporó malamente, sentándose en un revuelto de sábanas mientras trataba de recordar cómo se respiraba o porque siquiera se encontraba así.

Su pecho iba y venía tan irregular como su pulso, encorvado sobre sí mismo se llevó ambas manos hacía el foco del problema inicial, queriendo dar apoyo a un corazón que no acababa de relajarse. Latía con tanta fuerza que resonaba en sus oídos como un latigazo preocupante, la falta de aire fue abastecida con el tiempo, poco a poco, a medida que su boca iba obteniendo el oxígeno que tanto le demandaba el mismo cuerpo que le había privado de ello. Luego bajó la mirada menos difusa y más focalizada hacía el dolor punzante que se escondía bajo su ropa, de alguna manera ver sangre en la misma le resultó lógico.

-Mierda…

Farfulló en su escasa lucidez, no quería ensuciar las sábanas, ni tampoco molestar. Manchas granates alumbraban sus brazos como focos relucientes aún en la oscuridad del cuarto, manchas que el londinense empezó a rascarse fruto de una costumbre frustrada. Punzadas repentinas venía de unas heridas que conocía aún sin ver, un recuerdo que las hacía tan reales como todo lo que le rodeaba, por ello, cuando se recuperó del mareo inicial empezó a incorporarse con el mayor sigilo posible. Dormir con los chicos le daba la individualidad suficiente como para escabullirse sin mayores problemas, dejando atrás a sus compañeros del cuarto para acceder a la puerta con el torpe caminar de un cojo.

Le seguían pitando los oídos como si hubiera habido un ruido tan fuerte que aún sin recordar el origen quedaban en su cabeza los ecos del mismo. Para cuando alcanzó el pasillo tomó rumbo hacía las escaleras de bajada, había hecho ese mismo camino tantas veces durante ese último mes que se lo sabía incluso en la penumbra de unas antorchas a medio consumir. Necesitaba agua, un cubo, lo que fuera, necesitaba limpiarse. La sangre estaba empezando a gotear y el rojo le asustaba tanto que sentía su piel resquebrajarse bajo la tela de una camisa holgada usada como pijama. Tenía miedo, tenía mucho miedo y ni siquiera entendía porque.

Tan pronto llegó a la cocina encendió una única luz para poder orientarse con los trapos y el agua fría de la fuente. Se remangó la camisa agobiado, tirones erráticos causados por su nerviosismo. Dolía, escocía, quemaba, las cicatrices antes curadas ahora se encontraban abiertas de mala forma, ríos espesos que se juntaban con un paisaje helado cuando frotaba en un afán de limpiarse. En algunos, pequeños cristales llegaban a sobresalir de su piel tan incrustados que al tirar de ellos le arrancaban gruñidos bajos, solo enmudecidos por la presión de no despertar a nadie. Sus ojos pronto se encharcaron sorbiendo una frustración que no podía contener al ver que sus heridas lejos de curarse seguían desbordándose por su piel. ¿Qué estaba haciendo mal?

Poco sabía que en esos instantes no había sangre, ni dolor, ni siquiera cortes abiertos. El único enrojecimiento de sus brazos se lo provocaba él mismo a cada furiosa pasada y las únicas marcas no eran más que las de sus propias uñas cuando se clavaban y tiraban de una piel cuyo relieve no eran cristales rotos si no unas cicatrices curadas desde hacía tiempo.

Lo único por lo que estaba luchando el joven era por limpiar unas memorias que volvían más lúcidas que nunca.

Kanyum

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Nombre: Nohlem
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Lagrimas de cristal - Página 2 Empty Re: Lagrimas de cristal

29/11/23, 11:56 am
No, no estaba bien. Pero obviamente no le llevó la contraria. Tampoco es que hubiera podido hacerlo, ni eso ni ninguna otra cosa, pues las gruesas lágrimas que cruzaron el rostro de Ethan actuaron como veneno paralizante en su sistema, dejando al granta mortalmente quieto en el sitio. Como si un paso en falso pudiese joderlo todo.

¿Qué hacía uno en estos casos? Cuando Serena había llorado el primer día Nohlem había huido de la responsabilidad. Cuando su hermana lloraba, un evento tan poco común como los eclipses lunares dobles en Varmania, Nohlem le daba espacio y tiempo, pues sabía cuanto la incomodaban los espectadores y él solía ser el culpable indirecto de su pesar. Cuando los niños lloraban, bueno, eran niños, era lo natural en mal conflicto. Las lágrimas de Ethan sin embargo, eran diferentes. Eran una incógnita, terreno cercano, una visión tan sumamente incómoda y apabullante como lo habían sido las lágrimas de Rick semanas atrás. La diferencia es que con este último había podido escabullirse, nunca le había pillado de frente y de igual forma, poco confort iba nadie a ofrecer cuando todos estaban mal, pero con Ethan estaba solo, 1 a 1, el peso recaía en él y la distancia era tan nula que no tenía otra que lidiar con ello. Nohlem inspiró hondo, silencioso, abrió las manos para ocupar las rodillas del japonés y le dio un par de toquecitos seguidos de una caricia torpe. Pequeños suspiros rompieron su respiración y el tímido sonido de un ronroneo empático, de los que no reflejaban gusto sino pena, fue su primera respuesta "verbal".

Hmm... sí —mintió.

Nunca le había pasado lo que Ethan describía. Sus sueños no eran más que eso, sueños: breves, largos, memorables o mediocres, pero siempre distinguibles de la realidad. Los sentimientos que evocaban se mantenían durante un tiempo, por supuesto, y eso sí podía comprender. Después de todo él se había pasado días añorando el saxofón de su padre por uno no hacía tanto. Las cosas por las que estaban pasando eran lo suficientemente traumáticas para que una pesadilla terminase de desequilibrarte, y para el varmano el misterio ya casi estaba resuelto. Su teoría es que el japonés había tenido una relacionada con el veneno de Sutileza, por eso había intentado lavarse los brazos con ahínco.
En realidad poco importaba qué fuera, ahora mismo Nohlem solo quería que estuviese bien.

Oye, dicen que... —pestañeó rápidamente, mirando las manos del moreno al sentir el mínimo atisbo de humedad contagiada en sus propios ojos. Los nervios—. En Varmania creemos que las palabras tienen poderes. Por eso tenemos cuidado con lo que decimos, para no atraer la mala suerte ni espantar la buena. Pero dicen que... que si cuentas un mal sueño en voz alta, si lo reconoces, se vuelve tímido y no se hace real —su vista ascendió timidamente, lista para huir de encontrarse con los ojos vidriosos del otro—. Así sabes que estas despierto, porque no puedes soñar dentro de un sueño. Así que, bueno, si quieres... —suspiró antes de sonreír ligeramente. Santos que tenso estaba—. Puedes contármelo si quieres. ¡Mientras voy a- —carraspeó, interrumpiendo el mar de "rrr"s lisas de su garganta y se levantó, dando un par de palmaditas en las rodillas del moreno antes—, calentar un poco de leche! La descuento de mi ración del desayuno, así no se queda ningún pequeño sin. Yo puedo tomar otra cosa.

Y sin dar hueco a quejas se fue con su poca luz a calentar un vasito de leche. Lo cierto es que Nohlem no había preguntado por saber si quedaba mucha o poca, solo si Ethan quería, y técnicamente a eso no había dicho que no. Cogió una cazuela con sumo cuidado para que los cacharros no hicieran ruido y prendió llama con ayuda de la antorcha. Mientras cogió un bollito de pan, de esos que sabían dulzones, y lo puso en un platillo para servírselo después a Ethan con la bebida.
Raven

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Lagrimas de cristal - Página 2 Empty Re: Lagrimas de cristal

29/11/23, 04:57 pm
Los segundos que tardó Nohlem en hablar fueron como flechas clavadas en su pecho. Una a una al compás del tic tac imaginario de un reloj. El remordimiento y el arrepentimiento crecieron en su interior creando una tormenta cargada de dudas. No tenía que haber dicho nada, estaba mejor en silencio, guardando como de costumbre unas lágrimas que le daba miedo expresar. No se atrevió a buscar su mirada para comprobar si sus males eran ciertos, así que quedó ensombrecido por ellos, cabizbajo a medida que poco a poco se iba sintiendo pequeño. Le daba terror que al levantar la vista se pudiera encontrar unos ojos que le juzgaban como su madre había hecho tantas otras veces o que al contrario, fuera el silencio de su padre el castigo que se le imponía por ser incapaz de avanzar.  

¿Estaba dramatizando? Nadie de los jóvenes más allá del destrozado Rick se había dejado ver tan mal, seguían cumpliendo el papel encomendado, siendo los fuertes de un torreón que los necesitaba más que nunca.  Luego estaba él, trayendo problemas desde antes, incapaz siquiera de no interrumpir el sueño de sus compañeros. Se sentía tan fuera de lugar, tan incapaz….

Luego sintió el tacto cálido de Nohlem  y parte de su niebla mental se despejo al escucharle, a pesar de mantenerse huidizo con la mirada. Sus dedos se entrelazaron nerviosos, jugando entre sí con el resquemor de recibir una ayuda que no sentía justa. La historia era bonita, cargaba el típico misticismo que, aún sin creerse, le alegraba.  Ahora bien… No podía explicarle que aquello no era una pesadilla y que no podía evitar que no ocurriera algo que ya había sucedido.  

-Gracias… -Murmuró en un arrebato de sinceridad gratificante. Cada gesto era tan bienvenido como necesario. Una fogata confortable para compensar el horrendo frío que calaba sus huesos desde dentro.

Solo cuando le escuchó marchar se atrevió a alzar los ojos, siguiendo su contorno oscuro hasta la cocina. No quiso insistir con el tema de racionar la comida pues su lado más infantil deseaba de verdad poder beber algo para distraerse, ya mañana se quitaría esa parte del desayuno para devolverle un favor tan agradecido. Así que mientras la leche hervía y su corazón trataba de calmarse decidió subir ambas piernas al sofá. Apoyó sus brazos en torno a las rodillas como un abrazo que se regalaba así mismo, ocultando parcialmente su rostro.

-No es… no era una pesadilla. -Empezó a hilar, un murmullo enmudecido al estar escondido. Al darse cuenta levantó su rostro para descansar de lado sobre uno de sus brazos, de forma que al hablar al menos se le pudiera escuchar. -Perdón, no es, no es una pesadilla. Fue algo, que ya pasó…. No es, quiero decir, fue un accidente.

Tragó saliva a medida que su propia consciencia bailaba en la fina línea de sentir o no, lista para tirar del enchufe si se adentraba en un terreno demasiado pantanoso. Al menos la distancia le aportaba cierta seguridad para poder expresarse sin tapujos, con suerte Nohlem no le llegaba a entender bien, con más suerte aún, si lo hacía.

-Había algo, como una ventana de cristal, me estalló en la cara. Lo único que pude hacer fue cubrirme con los brazos y eh, no salió del todo bien. -Dejó escapar un suspiro roto, el intento de una risa amarga para lidiar con la tensión que le provocaba hablar de ello cuando era tan reciente. Si pestañeaba lo suficiente podía ver sus cicatrices ir y venir, era agónico.

-A veces duele, nada más, pero están curadas. Está bien, fue solo un mal sueño, solo fue eso. Perdón…  
Kanyum

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Lagrimas de cristal - Página 2 Empty Re: Lagrimas de cristal

30/11/23, 09:09 pm
¡No las- —empezó desde la cocina, no muy alto, pero lo suficiente para recordar que era de noche y no estaban solos, que en esa misma planta dormían otras dos personas—, no las des —repitió considerablemente más bajo.

Removió la leche en la olla para que no se quemase contra los bordes del acero, atento a que el chico contase lo que tuviese que contar, si es que se atrevía. Estar fuera de su ángulo de visión les aliviaba a los dos por partes iguales, y a él en particular le servía para pensar con claridad. Qué hacer, qué decir, calmarse un poco y ganar confianza… Entonces la voz de Ethan regresó a sus oídos, primero un murmullo, luego significado.

Oh.

Contra una realidad pasada su pequeño espanta-pesadillas no funcionaba. Quitó la leche del fuego y lo apagó, escuchando a Ethan antes de distraerse al servir. Su cabeza trabajaba a toda velocidad en busca de un nuevo trasfondo: el veneno era un hecho que había pasado, sí, pero llamarlo “accidente” y no intento de homicidio no era lo más adecuado. Los cristales arrojaron nueva luz, luz que a su vez arrojó nuevas sombras y malsanas curiosidades. Se quedó en silencio unos segundos, tras los cuales, consciente de lo maleducada que podía parecer su falta de respuesta, se reactivó. Pestañeó un par de veces y sacudió suavemente la cabeza. No sabía bajo qué circunstancias te explotaba una ventana de cristal (¿una bala perdida quizás?) pero imaginarse sus propios brazos llenos de cortes y esquirlas… El origen de las numerosas cicatrices de Ethan. Tenía que tratarse de algo lo bastante horrible como para perseguirte en sueños, y sobre todo para sacarte las lágrimas en público.

Santos… Ah, da- dame un momento.

Se apresuró en servir la leche, cogió el panecillo dulzón y volvió a su lado. Le ofreció la taza y el plato con movimientos lentos pero firmes, para asegurarse de que no se le cayera nada.

Toma —dijo en bajo. Hizo ademán de sentarse a su vera, pero recordó antes ir a por otra cosa: una manta que poner con sumo cuidado sobre los hombros del moreno. Ahora sí, tomó asiento—. Es… ¿Es por eso por lo que tienes tantas marcas? Y… ¿tú pierna? ¿Fue en el mismo accidente? —su voz sonaba insegura, tanteando que tan buena idea era indagar. Sus manos viajaron erráticamente de lo alto de sus propias piernas hasta las rodillas, inquieto—. Eh, bueno, si quieres hablar de ello, claro. No quiero, o sea, no voy a-… —suspiró—. Lo siento.
Raven

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02/12/23, 12:54 am
Ethan bajó ambas piernas para poder sentarse más acorde en el sofá. Una forma sencilla para que no se le cayera el vaso al sostenerlo, aunque si bien no rechazó el pan dejó en evidencia que teniendo ambas manos al abrigo del calor que desprendía la leche, no le quedaba nada con lo que mantener el plato. Dio un sorbo pequeño sin querer esperar a que la bebida se enfriará y ante el quemazón solo sacó parcialmente la lengua para que reposara antes de su siguiente intento por beberlo.

-Gracias… -Murmuró con la vista abstraída en las ondas que se generaban en el vaso. Ni con la cercanía del felino había intentando buscar sus ojos, en parte avergonzado ante su caudal de lágrimas silencioso e intermitente.

-Uhum… -Afirmó a cada una de sus preguntas con un leve cabeceo de cabeza, ganas pocas de entrar en detalles aunque se sentía justo hacerlo tras toda la ayuda. -En mi mundo… es…

Tomó aire, una pausa necesaria en la que hinchar pecho y llenarse los pulmones antes de dejar que parte de sus males se fueran con el suspiro que vino a continuación. Hablar de esa herida, aunque fuera tan suave como una caricia amorosa dolía, escocía más de lo que recordaba. Era como quitarse la costra de algo no curado que al tirar solo arrancaba piel viva. Su pulso empezó a temblar, un detalle insignificante que pasó desapercibido más allá de las nuevas y erráticas ondas que se formaban en su bebida. Anunciaban que algo grande estaba por venir, fuera bueno o malo.

-Todo el mundo puede tener un coche si quiere, aunque no se lo merezcan, aunque no sean los adecuados. -Tragó saliva, una lágrima chocó contra la superficie del lácteo removiendo la escasa calma que había en su interior. -Vino de frente, no hubo.. no se pudo esquivar.

El fogonazo blanco, la mano sobre su pecho, la cristalera rompiéndose, el dolor sobre su rostro, la negrura. Recuerdos difusos y fragmentados que nunca acababan de alinearse correctamente, no había un antes ni un después, no había una secuencia clara. Su conciencia se rompía, huía de los detalles más escabrosos borrandolos de su memoría, por eso aún queriendo recordar no lo podía hacer, no al menos del todo. Sabía que en algún punto se había despertado porque reconocía el murmullo lejano de voces, que su inconsciencia tan rota bailaba entre el despedirse para siempre o mantenerse firme pero por más que mantuviera los ojos cerrados, por más que quisiera concentrarse en las lagunas espesas que habitaban sus vivencias, nada.

-Me fracture el brazo derecho, no fue grave, escayola un mes y medio. -respondió un tanto perdido, incapaz de alejarse de la puerta roja que suponía ese suceso. -Tuve un latigazo cervical, no podía ni mover el cuello. Al parecer después de los cristales choqué con fuerza contra la parte delantera y el airbag me salvó la vida, pero a cambio me destrozó la cara. Quemaduras de segundo grado, labio roto, ceja rota, la mejilla abierta... -Fue narrando con un tono que lejos de dar pena resultaba mecánico, como quien dictaba la lista de la compra. -La pierna… dijeron que se me había quedado atrapada, en la puerta… Se hizo papilla y tenía tantos hematomas que si tenía alguna parte de mi cuerpo sana dolía igual el solo pensar en moverla. Me advirtieron que quizá nunca podría volver a caminar...

Su voz tembló, resquebrajándose en la última parte antes de quedarse mudo. Las ruedas de la camilla desplazándose hacían eco en el interior de su cabeza, recordaba su respiración profunda, calmada, lenta, resonando por la mascarilla que tenía colocada, el runrún de voces alarmadas y el pasar de luces que iban y venían. Fogonazos que perdían intensidad cuando menos conciencia tenía, el sueño que ganaba terreno a la extraña tranquilidad que daba no sentir su propio cuerpo. Recordaba los cables atravesando su piel, la sangre que fluía hacía su cuerpo, los pequeños latidos ficticios de la máquina que tenía al lado.

Ya no era un leve pulso, era un escalofrío tan repentino que desbordó parte de la bebida tirando el líquido afuera. Intentó sujetarlo con más ahínco, evitar que sus temblores fueran a más, pero lo único que consiguió fue que se siguiera derramando. Observando confuso como no podía hacer nada para controlar su propio cuerpo.

-Perdón, perdón es que… la gente siempre me decía que tenía mucha suerte, que tenía que sentirme afortunado por haber sobrevivido a algo así y y... -Sus ojos se convirtieron en una vidriera rota, riachuelos que desbordaron su rostro. -Yo no creo que esto sea suerte. Yo no pedí seguir aquí, no lo hice….. No lo hice…
Kanyum

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02/12/23, 03:18 am
No hay de qué —musitó, débil por atisbar nuevas lágrimas y el malestar con el que le embargaban.

Nohlem no se hallaba en su sitio. No estaba cómodo, pero apenas se movía para demostrarlo. Sus orejas entre rectas por la atención y gachas por la pena, uno de sus pies presionando el suelo como si así pudiera huir. Pero había preguntado y se le estaba respondiendo, él había pedido eso y ahora tenía que actuar en consecuencia. Abrir un baúl de recuerdos hirientes es lo que tenía. Si seguía pasando el pulgar por sus anillos terminaría por aprenderse su tacto de memoria.

Cuando Ethan le habló de un coche en manos erróneas, algo que jamás se le habría ocurrido a él, las cosas ganaron y perdieron sentido simultáneamente, reestructuradas al recordar que no venían del mismo lugar. Algo tan significativo como sus diferencias a veces se perdía al estar en terreno neutro, al compartir cotidianidad y términos tan cercanos. La Tierra estaba más avanzada tecnológicamente que Varmania, de eso estaba casi seguro, pero no siempre lo tenía en cuenta y en momentos como ese chocaba.

La tensión se hundió en su cuerpo como alcohol fuerte. Inconscientemente se había inclinado hacia delante, pendiente de él y nada más, de la imagen que le proporcionaba su descripción del accidente. Seguramente no pudiera hacerle justicia, pero igual se imaginó -mal- el coche, la carretera y la colisión, las heridas y el shock, al moreno con un brazo escayolado, su cuello sujeto por un collarín, los cristales del capó reventado clavados en sus brazos, su cara tan roja o más como el día que se había manchado con veneno, la pierna… para cuando llegó a esa parte estaba apretando y enseñando los dientes de lado, congelado en una mueca de horror, con el relieve de un anillo impreso en la yema del pulgar de tanto apretar. Los moretones, la silla de ruedas…

No sabía que decir.

La leche se desbordó por un lado, el pulso de Ethan en su propio terremoto, pero el granta atinó a sujetar sus manos y el vaso con las propias para darle más estabilidad. Era todo lo que podía hacer en ese instante. Detrás de sus retinas seguía viendo lo que le había descrito, las cicatrices que cruzaban la piel de Ethan, cuyo tacto ahora mismo notaba contra sus palmas, ganando un terrorífico trasfondo. No, definitivamente no le culpaba por llorar en público.

Tranquilo —musitó, el susurro suave que se le dedica a un niño pequeño, una calma que quizás no sientes pero te obligas a tener por el bien de otro—. Tranquilo…

Santos, aquello era superior a él. Ethan había conseguido algo increíble: dejarle sin palabras. No le soltó, tampoco le miró a la cara, su vista perdida en varios puntos sin concretar a medio camino de sus brazos y el vaso de leche, en un ritmo más errático que el de un partido de tenis.

Si… Si te sirve, yo… —calló. Tomó aire—. No, yo… Lo siento. No… no puedo ni imaginar como tuvo que haber sido.
Ni con todo el opio del mundo podría. Una mano abandonó su lugar para caer cual hoja seca sobre su rodilla, después la alzó a media altura y vaciló, pero finalmente se encontró con su mejilla, donde arrastró las lágrimas fuera.
Esto va a sonar muy egoista, pero… Aunque no pidieras seguir aquí yo… agradezco que lo estés. Y estoy seguro de que otros también —le dedicó una sonrisa breve cual parpadeo, tan minúscula e inútil como se sentía—. No se lo digas a nadie, pero estás fácilmente entre mi top de personas favoritas.

No fue consciente hasta entonces del sonido de su propio ronroneo, un murmullo extremadamente suave que llevaba quien sabe cuanto sonando. En él había pena y duda, una suerte de confort tanto para Ethan como para sí mismo. Estaba siendo demasiado complicado. La mano que tenía en el rostro del moreno fue a su otra mejilla para repetir el gesto, limpiar las lágrimas antes de apartarla. Seguramente fuese inútil si el chico seguía llorando, pero… ¿Qué más se supone que tenía que hacer? Se acercó, pegado para ofrecer soporte, literalmente un hombro en el que llorar. Si creía que su pulso mejoraba también soltaría el vaso.

Quería que la tierra se lo tragase.
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Lagrimas de cristal - Página 2 Empty Re: Lagrimas de cristal

03/12/23, 03:42 pm
Las lágrimas seguían emergiendo desbordadas ante unas emociones incontenibles. El pulso firme de Nohlem no sirvió para calmar el suyo propio pero al menos sí logró que su corazón encontrará un compás al que seguir, un apoyo temporal en el que descubrir un remanso de paz. Podía visualizar en la distancia el final de la tormenta, un sol brillante cuyo tono verdoso le recordaba a una esmeralda recién pulida, aún estaba lejos de alcanzar la calma, sufriendo el miedo continuo a que las olas acabarán por naufragar su pequeño barco pero, al menos, esta vez no se sentía tan horrorosamente solo como otras tantas.

La novedad resultó gratificante, su mejilla se aplastó con una suavidad tímida sobre la palma de su amigo dejando que tratará de sacar agua del mar. Era una misión imposible que le regalaba un consuelo agradable, un calor contrarío al frío continuo que le invadía aún con el abrigo de la manta sobre sus hombros. Sus palabras a continuación le hicieron levantar unos párpados cansados para observar confundido lo que tenía que decirle. Cumplidos regalados que lograron sonsacarle una sonrisa temblorosa, una de las que venía con un quejido apagado y un leve cabeceo avergonzado. Sus mejillas teñidas de rojo ante el continuo llanto se volvieron sutilmente más rojizas.

-Gracias… -Murmuró en bajito, apenas un susurro entendible que cargaba con toda la sinceridad escrita en el mismo. -Muchas gracias… Tú, tú también lo eres.

Sentirse apreciado en esos instantes era cómo obtener un bote salvavidas, un recordatorio de que allí tenía más compañía que la soledad de unas fotos llenas de polvo. Ethan se regodeo en esas palabras, dejó que el sabor dulce de las mismas llenarán el vacío que empezaba  formarse en su pecho y que fueran los gestos del felino quienes pudieran ocupar su mente, lejos de unas pesadillas que lo asaltaban continuamente. Sentirse querido, aunque fuera de forma tan apagada como esa era como encender una pequeña vela en un cuarto oscuro, no serviría para iluminar toda la habitación pero era un comienzo para buscar cómo salir de ella.

Por eso sus manos, erráticas, empujaron el vaso levemente hacía el felino, rogando en silencio que lo apartara antes de que su falta de pulso terminará por volcarlo del todo. Seguía levemente encorvado, echado hacía delante aún no teniendo ya donde reposar, por ello cuando vio el hombro del felino libre, la necesidad ganó a la vergüenza y se dejó hundir sobre el mismo. Escondió su rostro húmedo entre el hueco el brazo y el pecho, permitiendo que sus lágrimas ahora murieran sobre la tela del varmano. Todo conflicto sobre la culpa o el sentirse una carga quedó disuelto ante un abrazó que él mismo había buscado, dejando que sus manos de forma tímida quedaran agarradas a la parte inferior de la camisa del pelirrojo. Apenas un pellizco suave donde dejarlas descansar sin llegar a sentir que estaba siendo demasiado intrusivo.

Estaba más relajado, aún con el sutil gimoteo que acompañaba a las lágrimas y el leve temblor que hacían sus hombros al contener un suspiro. Al menos, en esa posición se sentía acompañado y solo ese contexto era tan nuevo que igual que servía para dejar ir parte de sus males sin miedo al rechazo, también le ayudaba a limpiar más rápido la pena. El joven se mantendría así, espachurrado y encogido, dejando que la manta cayera sobre los dos por accidente hasta que su respiración se volviera más regular y el riego pudiera parar.

No había mentido sobre lo rápido que Nohlem estaba ganando un hueco dentro de sus personas preferidas. Pues si bien al inicio habían sido distantes, desde la visita de aquel monstruo negruzco había demostrado que sus joyas no eran solo una decoración exterior, sino que el dorado familiar iba más allá de prejuicios y clasismos. El felino tenía un auténtico corazón de oro.
Kanyum
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Nombre: Nohlem
Especie: Varmano granta
Habilidades: Puntería, intuición, carisma
Personajes :
Jace: Dullahan, humano americano. 1’73m (con cabeza 1’93m)
Rox: Cambiante, humano australiano/surcoreano. 1’75m
Kahlo: Aparición nocturna varmana granta. 1’62m
Nohlem: varmano granta. 1’69m
Xiao Taozi: Fuzanglong carabés. 1’55m

Unidades mágicas : 5/5
Status : Prrrr prrrrr

Lagrimas de cristal - Página 2 Empty Re: Lagrimas de cristal

05/12/23, 02:06 am
Devolvió a Ethan una sonrisa amarga que las lágrimas quizás no le dejarían ver, pero una sonrisa a fin de cuentas. El cumplido habría sabido mejor de no darse en un momento tan complicado, aunque Nohlem no estaba para exigencias ni le quitaba valor por ello. Dentro de lo malo atesoraría el regalo, una yesca entre tanta lluvia. Ya no temía tanto quedar marginado por su especie, pero un poco de validación y un bonito recordatorio nunca hacían daño.

Entendió al momento el gesto, sujetando el vaso que le estaba siendo devuelto sin necesidad de palabras. Lo apartó del chico cuyo pulso seguía imposible, observándole con su ya habitual y perenne preocupación esa noche. Llorar en público a partir de cierta edad era un concepto tan extraño para él que todas sus buenas ideas se habían agotado. Había hablado suave, le había ofrecido un vaso de leche calentita, le había puesto una manta y ofrecido apoyo, y eso seguiría haciendo, claro, pero… todo lo que se le ocurría ahora era el consuelo que le daría a un niño pequeño, no a un adulto. Se le tendría que aparecer un Santo para nada major, pero sin Santos en Rocavarancolia solo le quedaba tener paciencia, confiar en que estaba haciendo suficiente y pedirle fuerzas a su blandito corazón. Esto último resultaba particularmente difícil, el llanto de Ethan se lo encogía a los tamaños de una uva pasa.

Venga, no pasa nada… —susurró con delicadeza, sus ronroneos siendo más altos que su voz. Podía notar la humedad en su pecho, las lágrimas calando la tela de su camisa, sus manos aferrándose a donde pillaban. Se mordió el interior de la mejilla y se contuvo el suspiro. No podía abrazarle con ambas manos, una seguía sujetando el vaso para que no derramar su contenido, así que pasó una sola sobre sus hombros con tanta o más torpeza de la que de por sí notaba. Que rayos, mejor dejarse llevar. Lo necesitaba. Apoyó la cabeza en la suya, frotando suavemente la mejilla contra su pelo—. Tranquilo… Ya pasó, ahora estás aquí… —arrugó la cara. Menudo consuelo de mierda. Tan de mierda que el temblor de una risa irónica remarcó lo que opinaba—. Por desgracia —se animó a comentar—. Aquí condenado a estar conmigo 13 meses más, ¿eh? —se rio flojito—. Santos, lo siento mucho.

Sin soltar a Ethan ni intención de, se inclinó hacia un lado -una rama que se arquea por el viento y el koala que se niega a bajar de ella- para dejar el vaso de leche a salvo en el suelo, a fácil alcance pegado al mueble pero apartado de sus pies para no llevarse una patada por error. Ahora sí, le abrazó en condiciones, la recién liberada mano frotando el brazo que rodeaba para propinarle un calor más afectivo que físico.
Al menos le puedo prometer que aquí no va a ver ningún coche” pensó. “Creo.

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14/12/23, 03:40 pm
Ethan se dejó llevar por la calidez de la cercanía. Ocultando el rostro en el colchón improvisado que resultaba ser el pecho del felino. Estaba agusto, tanto que la timidez del primer agarre se vio suelto con el tiempo, un abrazo delicado y sin fuerza donde sus manos descansaban sobre su baja espalda, apenas entrelazadas por los índices. Las lágrimas dejaron de brotar al tiempo, volviéndose distantes unas de otras y el temblor de un frío solitario dio paso a las brasas controladas de una chimenea hogareña. El dulce agrado de sentirse abrazado no solo por Nohlem si no por la manta que los rodeaba.

Por ello, cuando notó el roce continuo de una mejilla revolviendo su pelo no pudo evitar convertir uno de sus suspiros en una risa floja, apenas el inicio de una que no se formaba del todo ante una garganta aún anudada. El alivio arrastraba consigo a la pena pero dejaba un campo abierto a una conciencia donde la vergüenza poco a poco iba asentándose, había llorado y no es que tuviera conflictos por mostrarse vulnerable, más bien era chocante romper su papel tan repentinamente. Por suerte sus mejillas sonrojadas por culpa del lloró escondía cualquier otra emoción que quisiera salir a la luz.

-Eso es mucho tiempo… -Se atrevió a levantar la voz tras el silencio inicial, una tímida sonrisa escondida entre las dobleces de la tela. A veces resultaba más fácil reírse en la amargura y aquello era un vivo ejemplo de ello. -Eso son demasiados desayunos… Que no me disgusta cocinar… pero es aburrido hacer siempre lo mismo.

Su mente empezó a divagar, hilando una nueva conversación con la que poder descentrarse de un problema que escocía tanto. No quisó aún así desprenderse de una posición en la que se encontraba tan agusto así que en su egoísmo se mantuvo abrazado, dejando que su voz quedara enmudecida en parte por la cercanía de sus labios con la camisa del varmano. Solo al poco, cuando razonó que la extrañeza no era por su malestar si no por la suma de meses tan extraña que había hecho su compañero decidió moverse ligeramente.

Arrastró el rostro hacía un lado, el suficiente para hacer visible sus ojos entrecerrados y su nariz enrojecida, dando apertura a una repentina confusión por las fechas mencionadas.

-¿13? No, no, llevamos uno, no lo sumes que es lo que nos faltaba ya, 11 y bajandoo. -Esta segunda sonrisa se hizo visible, tan suave y frágil como los ojos vidriosos que acompañaban. -En nada estaremos ya…

¨De vuelta¨ Dijo sin decir, en ese instante sus ojos dejaron de intentar observar el inicio del cuello de camisa del pelirrojo para centrarse en algún punto dispar del suelo. No le gustaba estar allí, no después de lo que había ocurrido, pero también le daba miedo despedirse de todas las personas que había llegado a conocer. Esos vínculos aún siendo apresurados eran reales y aquella convivencia improvisada le había regalado una nueva vida, ilusiones pequeñas y cotidianas que le permitían levantarse mejor por las mañanas.

-Perdón, ah… Que mal, le prometí a Aniol que al regresar le buscaría pero… si pasamos todo esto dudo mucho que pueda ser así. Que tonto me siento -Decoró el insulto con una risa un tanto amarga, rota por tener una voz más rasposa. -Odio este sitio pero, es muy agradable estar con vosotros.
Kanyum
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Ficha de cosechado
Nombre: Nohlem
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Habilidades: Puntería, intuición, carisma
Personajes :
Jace: Dullahan, humano americano. 1’73m (con cabeza 1’93m)
Rox: Cambiante, humano australiano/surcoreano. 1’75m
Kahlo: Aparición nocturna varmana granta. 1’62m
Nohlem: varmano granta. 1’69m
Xiao Taozi: Fuzanglong carabés. 1’55m

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15/12/23, 01:44 pm
Un sonido nuevo distinto al de los sollozos fue la primera luz en el túnel. Una risa tan insustancial como la suya momento atrás, la tímida señal de que iba por buen camino. Aún quedaba trecho, pero ese resoplido le daba seguridad.

Bueno, no tienes porque hacer el desayuno tú siempre, algún día podrías dejar a Connor hacer el trabajo, o a los niños… ¿qué podría salir mal? Seguro que nos sorprenden con alguna delicatesen culinaria.

O sin ir más lejos podía ofrecerse a sí mismo. Si se lo proponía sería capaz de prenderle fuego a la sopa. Y si no se lo proponía también.

La duda de Ethan por los meses del año hizo que su sonrisa se perdiera momentáneamente bajo la alfombra y que ladeara el rostro como cachorro confundido, sin separarse más de lo que el chico ya hubiera hecho. Había contado los días religiosamente junto con Aniol, a quien si le preguntaban hasta podrían sacar su equivalente al calendario humano, y de momento por su cabeza no había cruzado la posibilidad de que un año tuviera duraciones distintas según el mundo. Sus neuronas no estaban ni haciendo chispa ni contemplando la posibilidad todavía.

¿Once? —contó con los dedos rápidamente tras la espalda del moreno—. No, entonces habrían pasado tres meses. Faltan trece de catorce —se quedó con la duda encima, haciendo cálculos rápidos y superfluos con los días del mes. No tenía sentido, por los números que le había oído a Aniol sus meses tenían 30 días como los varmanos, así que… —. Ah, eh, ¿y eso? —preguntó, devuelto a la conversación actual—. ¿No teníais buenos medios de transporte en la Tierra? ¿O es que Aniol viene de demasiado lejos?

Ahora tenía tres dudas: cuantos meses se supone que tenían (o si había sido un desliz matemático), si el transporte a la región del pequeño era demasiado caro, y si “tonto” no era el insulto drástico que creía que era a causa de Abel.

Si le quitas lo malo, sí… Conocer a gente de otros mundos es muy divertido. A lo mejor así es como los escritores de ficción sacan sus libros —rio—. A mi también me gusta teneros cerca. Di que al menos vosotros os podéis buscar, sea más o menos difícil estareis en el mismo planeta, ¿no? A mi… me pilláis un poco más lejos, creo —resopló con humor y pesar. Schecheniak le había pedido que si moría regresara a su hogar con sus huesos para su familia y él había aceptado, pero lo cierto es que Nohlem dudaba que tan posible fuese cruzar de un mundo a otro que no fuese el suyo una vez finalizado el año. Por supuesto no se lo había dicho por bondad—. Así que bueno, me tocará ser muy pesado y preguntaros muchas cosas sobre vuestros increíbles trenes acuáticos sin raíles los treces meses que me quedan. Que ojalá fueran menos pero. Trece —insistió de forma cómica, colando así otra de sus tres dudas.

La de la t-palabra podría esperar un poco más.

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Raven
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17/12/23, 04:50 pm
-Aniol cocina bien. -Respondió en bajito, la voz apenas un susurro acomodado en aquella cercanía.

Después de la pena venía la vergüenza sí, pero también aparecía el cansancio. Estar prácticamente tumbado en ese abrazo le daba cobijo para ambas emociones, pues seguía escondido entre los brazos del felino y a su vez le proporcionaba un cojín donde descansar. Sus pestañeos eran tan lentos como el ritmo latente de un corazón que había encontrado cierta calma, por ello mientras Nohlem hablaba de unos meses sin sentido alguno el joven londinense acabó ajustándose en el sitio. Rompió el enlace tímido de sus manos para llevarlas hacía su pecho, haciéndose cada vez más una bolita encogida en el sitio.

-No son… -Catorce. ¿Desde cuando tenía un año catorce meses? -Oh…

Las dudas asaltaron de golpe al joven mientras su mirada gacha se perdía en un punto indefinido del salón. Akeyo había dicho un año, un año entero para regresar, pero nunca le había asegurado que sería un año terrestre. No podía mentir, supuestamente, pero no aclarar que tiempo estaba definiendo no tenía porqué considerarse una mentira. Él no había preguntado, ella no había especificado, estaba en el vacío perfecto para colarsela. Lo único que le consoló es que al menos los meses tenían un duración similar entre ambos mundos, ahora bien, tendrían que poner algún calendario en común pues ahora quizá el tiempo que había estimado era falso, lo que indicaba que, o bien las pruebas podrían durar más o al contrarío, menos.    

-No es tan fácil… Aunque supiera exactamente dónde vive, viajar es caro y -Contuvo un suspiro, los brazos le seguían picando pero el escozor al menos se notaba más lejano. La incomodidad de una picadura en vez del dolor de un corte. -¿Cómo voy a presentarme en casa de Aniol? Imagínate el panorama… Hola padres, soy un extranjero mayor de edad que viene a buscar a vuestro pequeño hijo que lleva un año desaparecido para salir a jugar juntos…

Dejó una pausa silenciosa para que la comedía se hiciera sola. Nadie en su sano juicio accedería a semejante petición, su mayor suerte sería recibir un portazo en la cara, la peor que le hicieran un expediente en comisaría. Todo eso claro, si encontraba fuerzas como para buscar al niño, cosa que una parte de él dudaba seriamente. Si después de todo regresaba a su hogar, tan vacío, tan solitario… ¿Qué sentido volvería a tener su vida? Al menos allí era alguien, le querían y le tenían en cuenta. No, no pensaba que volver a pisar su cuarto fuera un final feliz, no al menos para él. Se apretó un poco más junto a Nohlem, temeroso de golpe de que aquella cercanía tuviera una fecha de caducidad ya marcada.

-Bah, si sobrevivimos a esto pediré un carnet de viaje que seguro que los reparten. ¿Oye señorita secuestradora le importaría llevarme a este otro mundo? No se quien se podría negar a una oferta así. -Una pequeña sonrisa hizo temblar su tórax, era imposible que se volvieran a ver, era obvio. Si de verdad toda aquella locura era real quedaba claro que nunca había intercambio entre realidades, si no ya habría algún video viral en YouTube sobre ¨la persona semi furro alíen¨ que caminaba por Central Park. -Ah y no, Son 11 meses.

Respondió con burla apagada, solo entonces se permitió alejarse un poco, lo justo para que, aún con las manos apoyadas pudiera buscar los ojos esmeralda del felino. La cercanía era burda, apenas había levantado su rostro para verle pero era la suficiente para que pudieran hacer contacto visual.

-En mi mundo un año tiene 12 meses, no 14. Cosa que es una putada porque ahora ninguno de los dos va a saber cuanto tiempo exacto vamos a estar aquí encerrados…
Kanyum
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20/12/23, 01:40 pm
Nohlem se sentía como las cuerdas de un puente levadizo, tensando y destensándose por dentro a la mínima de cambio. Estaba más que acostumbrado al contacto físico por lo que la manera en la que Ethan se apoyaba en él debería serle casi natural, sin embargo el contexto era tan diferente a lo que habituaba que el varmano no terminaba de hallarse. No era un amante sino una persona desconsolada, y que crueles eran los Santos si esa era su nueva y única posibilidad para tener a alguien contra su pecho.

Oh —viajar era caro, lógico. Los trenes entre ciudades en Varmania lo eran, y aunque en su familia pudiera permitírselo seguía siendo un sablezo al bolsillo. Lo otro sin embargo... frunció el ceño—. Si lo pones así claro que suena raro pero... También eres el que lo mantuvo a salvo cuando ellos no estaban. Creo que seríais dignos de salir en las noticias... —"si os creen". Él intentaba no pensarlo, pero temía que contar su experiencia le ganase una entrada al manicomnio o medicación de por vida. Siendo el único varmano secuestrado no tenía a otro en corroborar su experiencia, a no ser que Kahlo... Menos mal que las lobotomías no estaban popularizadas aún—. Seguro que su padres querrían conocerte. Quiero decir, eres el favorito de Aniol, no hay que ser muy listo para saberlo. Si acaso compites con Damian, o con Räg y Airi... y conmigo, claro —resopló con humor.
En realidad era obvio a quien había elegido el pollito.

Eh eh, si de verdad estamos en un concurso algún premio habrá, digo yo. Lo mismo nos conceden un deseo —rio con sorna, no creyendo en lo que decía. Tampoco es que quisiera otra cosa que volver a casa.

Aprovechando el movimiento de Ethan se recostó en el sillón para estar más cómodo, y de paso, dejar ir la tensión residual. Una risita incrédula le valió de escape extra al confirmarse aquello. Tenía tan asumido que un año eran 14 meses que caer en que en otro planeta podían ser mas cortos, lo que incluía el mundo en el que estaban, era una buena noticia. "Igual que las lunas tienen ciclos distintos..." pensó, sintiéndose felizmente tonto.

¡Doce meses! ¡Ja, entonces me gusta más el calendario humano! —despachó el nacimiento de cualquier preocupación así—. Oye, a lo mejor aquí son más rápidos. O una media, trece meses, ni para ti ni para mi —suspiró, aún sonriendo—. Ojalá hubiesen especificado.

Doce. Once para acabar. La posibilidad de quitarse tres meses de encima le estaba despertando más de lo que ya estaba, y ahora tenía ganas de preguntarle a los demás sobre sus años. Con suerte ninguno superaría a Varmania en longitud, lo que le haría la peor opción, y eso para este caso era bueno. Doce meses y... oh.

Espera. Si tu año son doce y los míos catorce... —se quedó con la vista perdida en el suelo un instante—. ¿Cuántos años tienes? ¿Eres mayor que yo? ¿Cuántos.. Ah. Connor entonces no tiene 21. Tiene... ¿menos?

¿El pelirrosa era mayor o menor? 21 años humanos, eso serían... ¿Tenía que restar? Un año varmano era un año humano más dos meses, asi que... Cada x años humanos tendría que haber el doble de varmanos. ¿O era alrevés? Guardó silencio mientras hacía gimnasia mental. Joder como odiaba las matemáticas. 1 restaban 2, 2 restaban 4, 3 restaban 6, 4, 8... Contó con los dedos de forma poco ortodoxa.

Ah, eh, Santos —el ruido de su cerebro le abrumaba—. Se te va a enfriar la leche Ethan.

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22/12/23, 03:14 pm
Escuchar a Nohlem empezaba a resultar tan cotidiano que por momentos se le olvidaba lo distantes que eran ambos mundos, estar encerrados en un lugar en ruinas habría las puertas a que curiosidades tan asombrosas como era el no compartir origen se volvieran meramente anecdóticas. Pensó en lo que decía, su historia tenía un matiz muy diferente a la que él tenía en mente. En su cabeza regresaría a la tierra y tendría que justificar ante sus padres porque se había fugado de casa, con suerte todo quedaría en un mal susto ante la policía, un chaval desubicado incapaz de superar una pérdida. Ni se planteaba la idea de hablar de un secuestro, no podría demostrar nada y su locura solo invitaría a que le quisieran ingresar en alguna sala de psiquiatría.

-No se, no creo que la gente nos creyera. Chavales de diferentes países dicen haber sido secuestrados juntos… Suena a inicio del telediario, sí, y a que acabamos todos en un loquero.

Ahora que Nohlem se había recostado se permitió encontrarse aún más agusto sin dejar de usarlo como colchón, quedando apoyado de medio lado para dejar sus manos libres, con una se rascaba el brazo contrario en un gesto inconsciente. Ser señalado como el favorito de Aniol le agradaba, llenaba un orgullo apenas palpable en su persona y de alguna manera lograba hacerle sentir querido, disfrutar del calorcito que brindaba esa sensación continua. ¿Le echaría de menos cuando tuvieran que despedirse? Una parte de él esperaba que así fuera, la otra, menos egoísta y más traumada deseaba que nunca ocurriera.

-¿Tú crees? Yo creo que Aniol nos quiere a todos por igual, pasa el mismo tiempo con nosotros que con Räg o Airi… -Guardó silencio a medida que se formaba una sonrisa burlona en el rostro al escuchar el intento de desafío de Nohlem, a este paso iba a luchar con todo el torreón por el amor del niño. -Eh, no. Eso sí que no, yo le caígooo mejor que tú si, si.

Se rió con suavidad. movido por su propio humor absurdo. Estaban tan jodidos que bromear con casi cualquier cosa resultaba sencillo, una forma de evadir una realidad que a veces se hacía demasiado pesada. El deseo le hizo pensar, recordó aquel que había hablado con Airi pero de alguna manera lo noto insuficiente, insulso. Dudaba que recuperar su pierna pudiera devolverle toda la felicidad robada, quizá podría desear algo más sincero y directo.

¨Deseo que nunca nos hayan secuestrado¨

Sería una condena para sí mismo, como cerrar la puerta de su propia jaula pero a cambio dejarían pasar todo el sufrimiento. Podrían recuperar sus vidas normales, revertir las pérdidas, el dolor y los llantos. No era un final exactamente feliz pues el sabor agridulce siempre quedaría ahí, pero sería un final cotidiano, uno merecido…. o algo así suponía en su mar de dudas. La verdad es que volver a su casa y olvidarlos a todos le resultaba igual de horrible que algunas noches en vela que pasaba ahí.

-Hmmm si quedara papel podríamos calcularlo, es como una regla de 3 no tiene que ser difícil. -Comentó un tanto distraído mientras Nohlem seguía sus cálculos mentales. Se había mantenido tan fijo en el anterior tema que le estaba costando arrancar para el siguiente. -Si teneis 2 meses más significa que cada eh, 6 años vosotros tenéis uno más que nosotros…. creo. Lo que significa que…

Frunció el ceño mirando el lateral del salón, parte del pecho del felino ocultaba su vista pero no importaba demasiado. Lo relevante no era la oscuridad si no la simple suma que se le formaba en una cabeza que aún estaba un poco espesa. Si Nohlem tenía 17 significaba que en años humanos… Peor aún, eso le hacía a él más pequeño en años varmanos… ¿No? Ahora empezaba a cobrar lógica lo acelerados que parecían ir en el otro mundo, ya no era solo que estuvieran en una década anterior, es que su edad era bastante mayor comparada con la de los humanos.

-Tu tendrías 19 humanos y pico, oh. -Exclamó un tanto sorprendido, así que resultaba ser de los mayores. -Y yo eh… pues 3 años menos creo, siguiendo la misma lógica… ¿Así que 15? Ay, esto es muy confuso. -Acabo sincerándose con una risa callada para no hacer demasiado ruido, apoyando ambos brazos en el pecho del felino para incorporarse levemente, todo en busca de su contacto visual. -Es raro porque ahora significa que no nos sacamos menos de un año, sino prácticamente dos. Eres el segundo más mayor de este sitio, si es que nadie más tiene un calendario sorpresa.

Sonrío con total sinceridad ladeando el rostro hacía uno de los lados y dejando que parte de su cabello descansara sobre ese hombro. Ahora no podía estar seguro sobre ninguna edad del torreón, quizá los peques no eran tan peques o resultaba que Kalna era menor de lo que creían, todo era muy incierto gracias a la mezcla cultural. Era curioso sentirse tan pequeño en otro mundo, mientras en la tierra con quince apenas eras un chavalin de donde venía el pelirrojo te preparabas para ser un adulto. Visto en perspectiva, quizá eran ellos los que más prisa metían con el desarrollo.

-Vale pues, si tengo un deseo a escoger creo que sería poder recuperar mi status como adulto del torreón.
Kanyum
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23/12/23, 01:11 pm
Venga hombre, habéis desaparecido varios por un año, en distintas partes del mundo con el mismo testimonio. Seguro que es más fácil creeros. Vuestras familias estarán preocupadas también —le respondió mirando al techo, su tono perdiendo fuelle—. Yo... sí que estoy jodido en eso.

No hubo margen a ponerse agorero con el tema de la pérdida de memoria y el misterioso caso de su hermana, por suerte. Resopló una risa sarcástica cuando Ethan insinuó que Aniol les quería a todos por igual. Vale que fuera cojo, pero hasta donde él supiera no era ni tonto ni ciego. Si estuviera en su ángulo y no más arriba que el moreno le habría dedicado una significativa mirada de burla, pero el propio británico se retractó cuando entró a competir por el amor del niño, lo que le arrancó otra pequeña carcajada. Una mucho más corta le siguió, silenciosa y sarcástica al mencionar la falta de papel, crimen del que era el principal sospechoso.

Ya ¿eh? Es raro que falte, hm. ¿No sería al revés? Cada 6 años nuestros vosotros tenéis 7. Porque vuestros años son más cortos y los cumplís antes. Entonces si es cada 6, cuando nosotros tenemos 12 vosotros vais a ¿14? y así...

Aprovechó el silencio que se hizo entre ambos para comprobar la fórmula, la tabla del 6 para los varmanos (6-12-18-24) y la del 7 en los humanos (7-14-21-27), al tiempo que abría mucho los ojos al ver su edad tan aumentada en calendario terrestre. De 17 a casi 20. Connor entonces no era mucho mayor que él, y definitivamente no tenía porqué tener hijos aún tal como había creído por la cifra. Su madre le tuvo con 21, pero claro, 21 varmanos eran... ¿24 terrestres? Santos, menudo lío.

Espera, ¿eso quiere decir que eres menor de edad? —igual que él, buscó y encontró su mirada—. ¿Has pasado de sacarme un año a sacarte yo dos? ¿Eres un renacuajo? —rio. Entonces si él tenía 19 e Ethan 15 no- no. 15 y 17. 18 y 19 largos. Pero... frunció el ceño, viendo agujeros por todas partes—. No, no, te has restado 3 años, solo te tienes que restar 2. A partir de los 21 restas 3. 21 humanos. Creo —otros cálculos mentales rápidos—. Sí, 18 menos 2, tienes 16. Entonces sí eres mayor. Uug... —bostezó sonoramente—. Yo que sé, soy músico y orfebre hmmm —estiró las sílabas tal como estiraba su cuerpo—, no banquero.

>>Y ahora resulta que no soy cascarón de huevo, sino un pájaro adulto que tiene que traer sustento a los pollitos... —se reacomodó y acurrucó mejor con la manta. Tanta matemática le estaba dando sueño—. Los mismos pollitos que olvidan que su padre se ha quitado de desayunar leche mañana por ellos y la dejan enfriándose en el suelo —remarcó con retintín—. Si se tomasen la leche a lo mejor podrían ser pájaros adultos...

Se le hacía tan pero tan raro... Ethan, Rick, Connor, se había hecho tan a la idea de que eran mayores que él que era raro verse de repente en segundo puesto. Especialmente Ethan, quien se dedicaba tanto a otros. Al menos no era menor, supuso, si llega a tener 15 ya habría sido preocupante en más de un sentido.

Oye, eh... ¿Estás mejor?

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24/12/23, 01:58 am
¨Vuestras familias estarán preocupadas¨

Ethan sopeso la frase en silencio, dejando que aquel tema muriera antes de que hiciera el error de expresar sus pensamientos en alto. No sabría si llamarlo preocupación o más bien enfado, conociendo a sus padres iría bastante de la mano pero por mucho que no le agradaba su situación el caso del felino era aún bastante peor. La incomodez de ser olvidado era un destino bastante más horrible que el de dar explicaciones, al menos él podría elegir si mentir o no, Nohlem no tenía alternativa, nadie le iba a creer… Una de las manos del japonés acarició brevemente el único brazo que alcanzaba del pelirrojo, un intento pobre de infundir ánimos ante algo que no podían cambiar.

Por suerte ningún tema podía ensombrecer el peso de las matemáticas. Un suplicio que no tenía fin mientras era rebatido en un campo en el que supuestamente era bueno. Entrecerró los ojos sin apartar la mirada de los iris esmeraldas del varmano, un ceño fruncido que marcaba lo poco convencido que estaba ante su respuesta. No podía ser, aún sin una calculadora cerca estaba seguro de que eran más de dos años los que debía de quitarse… 18 x 14 era pff mucho número…

-Cuatro por ocho treinta y dos me llevo tres así que son… -Siguió murmurando en bajo, tratando de no perderse en su propia cuenta mental. -Setenta y dos más los dieciocho… shhh doscientos ehmmm dosciento cincuenta y algo... -Sentenció un tanto confuso, como echaba en falta los folios que tan bien tenía escondidos en el baúl de su cuarto en esos instantes. -Vale y dieciocho por doce ehmm si son dieciséis así que si. !Vale! ¿¿Ves??

Comentó en alto como si algo de todo lo que hubiera dicho tuviera algún sentido, la resta mental al ignorar los doses iniciales era más fácil de sacar, 50 - 16 boom 34 meses de diferencia entre ambas edades. Nohlem tenía razón, no salía exactamente a tres años, pero seguían siendo más de dos… Espera, ¿Por que estaba queriendo rebatir eso? Le venía mejor sentirse superior en edad, verse canijo respecto al joven resultaba de golpe muy chocante, pero…

-Nada, ni para ti ni para mi. Si calculas los meses que tenéis al cumplir los dieciocho respecto a los humanos dan como dos años y pico de diferencia. ¿Así que supongo que tendría quince y mucho? -Sonrío con cierta torpeza al empañar su rostro una risa inocente tras escucharle bostezar. Se sentía un tanto responsable por las repentinas clases de ciencias, pena que a veces le gustará tener un poco de razón en algunos temarios. -Uy, perdón, perdón no más matemáticas, mejor lo dejamos estar y yo sigo siendo el mayor de los dos, ¿Si?

Había cierta burla en su voz pues irónicamente no quería perder su estatus de adulto, para cuando Nohlem le volvió a ofrecer el vaso de leche el moreno ya se había vuelto a recostar sobre él, aprovechando para reacomodarse en el cobijo de la manta. Agradeció el gesto en silencio. La dulzura del detalle acompañado de una nueva pregunta hicieron de sus mejillas un campo rosado. Se sentía como un niño al que sus padres mimaban tras una tonta pesadilla, era reconfortante, tanto que no le importaba permanecer así un poco más de tiempo.

-Perdún, luego me la bebo, prometido. -Imitó por error la suavidad de Aniol cada vez que buscaba disculparse sin mucha intencionalidad. -Y si.. gracias, por todo, siento el desastre.

Una ligera risa nasal acompañó la caída de sus párpados, daba un poco de vergüenza recordar que aún tenía parte del reguero de lágrimas marcado, como si estando en calma recordar los destrozos de la tormenta se sintieran lejanos e impersonales. Una de sus manos tiró de la manta para abrigarse en ella mientras sus piernas trataban torpemente de no enredarse entre las contrarias, se estaba haciendo un poquito más pequeño. Una bola torpe que descansaba parcialmente sobre el pelirrojo.

-No esperaba despertarte, mucho menos acabar usandote de colchón. -Confesó en apenas un hilo tímido de voz. -Espero no haberte molestado mucho…

Ethan no era consciente, pero en el refugio de los brazos ajenos el picor había acabado amainando.
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27/12/23, 11:14 pm
Desconectó un segundo y de repente Ethan estaba calculando con números que no recordaba haber mencionado una sola vez, así que cuando exclamó “¿¿ves??” el varmano obviamente no estaba viendo nada.

Ehhh… —agachó las orejas, no queriendo rebatir las cuentas que hubiera hecho. No es que tener recostado encima a un alienígena “menor de edad” le alarmase, partiendo de ser de especies y metabolismos diferentes no había tanta diferencia entre los dos (aunque con tanto número ya no lo tenía tan claro) y su visión de Ethan no iba a cambiar por ello—. Tú sabrás, si tanta ilusión te hace tener quince años, claro, adelannnn- ¡Oye, no! ¡Sois todos más altos que yo, déjame al menos tener esto!

Irónicamente al granta no le interesaba ser el más adulto. Realisticamente hablando, ¿de que servía ser mayor si no para agobiarle? Una cosa era aprovechar para chinchar a Ethan o a Rick como enanos, y otra muy diferente tragarse nuevas espectativas y responsabilidades por ello. No es que las cosas fuesen a cambiar, a Connor no le pedían nada diferente por ser el más viejo, pero… Le gustaba su zona de seguridad, donde si a veces actuaba un poco idiota es porque estaba en edad de serlo.

Luego se te va a enfriar… —dijo sin ningún tono de orden, una risa floja por el tono infantil que creyó irónico del moreno. La leche no era una medicina y él solo era un compañero preocupado, y sinceramente, estaba tan a gusto ahora mismo que si Ethan se movía del sitio quien se quejaría sería él—. Me alegro —sonrió ligeramente—. No hay de qué… y deja de pensar que me has molestado, por todos los Santos, estaba ya despierto —resopló con humor y efímera energía—. Estaba inquieto y con el sueño roto… y que me usen de colchón me gusta casi tanto como usar de colchón a otro, así que… —y con menos pudor que antes le abrazó. La excusa: echarse más manta encima y adueñarse del calor, cubriéndoles a los dos. En su defensa hacía lo mismo con Damian cuando dormían los cuatro juntos—. Hmmm.

La gente iba a hacer preguntas cuando les vieran ahí por la mañana, si es que ahí seguían. Y lo que es peor, les iban a despertar. A no ser que despertaran ellos primero, claro… si eso no fuera un improbable por parte de Nohlem. No había nada de lo que avergonzarse, solo se estaban quedando dormidos y ni siquiera era la primera vez que compartían lecho, si bien sí la primera que lo hacían tan pegados y a vista de cualquiera, pero eso no le quitaba el sueño al granta. La idea de levantarse y volver a sus camas le daba tanta pereza que, por lógico que viera preguntar e incluso advertir al humano, él no diría ni mu al respecto. Problema de su yo de mañana.

Todo lo contrario, al cerrar los ojos el leve ronroneo de cualquier varmano que está por quedarse dormido con demasiada comodidad fue la señal de que Morfeo se lo estaba llevando. Una tormenta de ideas fue el último remo de su cerebro por mantenerle despierto, y como si fuera acorde al momento, Nohlem verbalizó -o mejor dicho, murmuró- una conversación que no estaba sucediendo.

Aquí no hay coches… tranquilo.

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Raven
Raven

Ficha de cosechado
Nombre: Ethan
Especie: Humano
Habilidades: Buen oído, valor y motivación
Personajes : Ethan: Humano, Ingles/Japonés 1.75

Armas : Ethan Lanza partesana y una daga

Status : pss pss veen gatitooo

Lagrimas de cristal - Página 2 Empty Re: Lagrimas de cristal

12/01/24, 01:44 am
Una risa tímida, apenas un murmullo hizo temblar ligeramente el pecho del joven tan tumbado como estaba. No podía evitarlo, toda la situación de alguna manera le causaba una gracia cotidiana, donde el extraño suceso de estar hablando de años con un alien se había vuelto una simple charla amena para curar el mal de sueño. Ethan se sentía bien, tan relajado que de alguna manera la pesadilla se le antojaba lejana y distópica.

-En mi mundo serías aún más bajito... -Respondió en bajito con cierta sorna, aquella afirmación no era del todo verdad pero nadie tendría por qué saberlo. -Quizá tendrías que beberte tú la leche… para crecer más y eso.

Si la frase tenía alguna vuelta graciosa se había quedado a mitad de camino, atrapada en un inicio de duermevela que poco a poco iba ganando territorio en el adormilado japonés. Unos párpados caídos, una voz más suave y un corazón en calma que empezaba a aumentar la distancia entre sus latidos indicando que la tormenta había amainado, ahora todo lo que quedaba era un plácido mar en calma. Su mente poco a poco empezaba a divagar alejándose de la realidad para fundirse poco a poco en el espejismo que suponía los sueños, unos que le habían sido arrebatados hace no mucho pero que ahora regresaban confiados en aquel pequeño santuario de telas y cuerpos.

No es que tuvieran mucho espacio, Ethan estaba tan pegado a Nohlem que si solo hubiera sido consciente le habría generado una vergüenza inusitada. Por suerte para ambos, no era así y eso le daba el margen suficiente para que abrazarse a él no supusiera una obra dramática. Se acomodó a su lado, la mitad del cuerpo sobre su compañero y la otra descansando en un costado del sofá, en una cercanía que volvería del frío de esa noche una anécdota al lado del confort que regalaba la cercanía humana.

-Gracias… -Volvió a repetirse con voz queda y una sonrisa desdibujada en el rostro. -Eres un buen colchón, te pondría 5 estrellas, si pudiera, claro. -Y ahí iba, desvariando poco a poco del tema original.

Sin embargo no mentía pues el pecho del joven era la mejor almohada que en esos momentos podría pedir, su cuerpo un buen peluche gigante sobre el que recostarse y sus brazos la manta que necesitaba para refugiarse de los males que le atormentaban. Los párpados perdieron la lucha y tras cerrarse como unas cortinas que ocultaban la luz exterior Ethan perdió la conciencia. Vagó libre en una nueva tranquilidad donde no recordaría nada, donde el descanso sería tan profundo que lo único que importaría sería la energía recuperada tras una buena noche. Los problemas del mañana serían eso, del mañana, pues en esos instantes donde la nada era paz acabó encontrando consuelo. Aquella voz distante tenía razón, mientras estuviera allí, mientras se mantuviera en ese refugio no habría mal que pudiera alcanzarlo pues era verdad.

Entre aquellos brazos morenos no había coches, solo el amor de una compañía agradecida.
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