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Rocavarancolia Rol por los usuarios del foro está licenciado bajo Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.

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el 03/04/19, 12:37 am
Mjörne

Portal situado sobre una isla flotante del archipiélago de Garmnir, al oeste de Höthor.

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el 15/09/19, 07:59 pm
Había una única rosa. Era solo una, pero la más gloriosa y hermosa que podía existir. Sus pétalos, gigantes, envolvían unas espinas más mortíferas que el más terrible de los monstruos, pero aun así no quitaban belleza a la flor.

Sobre esta correteaban numerosos insectos, cada uno glorioso y portentoso, únicos; pero minúsculos en comparación con la rosa. Viajaban a flores vecinas y robaban sus pétalos, su nñéctar, los huevos de los insectos que vivían en ellas. La mayoría de estas se malograban, pero una vez al día... Oh, una vez al día venía una mujer vestida de rojo y derramaba su propia sangre sobre los huevos. Y de estos nacían nuevos insectos, tan gloriosos, portentosos y únicos como los otros.

Hasta que, un día, los insectos de las flores vecinas fueron a la rosa, y mataron a casi todos los insectos que vivían en ella, y la mutilaron y maltrataronn, le arrancaron los pétalos y sorbieron su néctar, hasta que se fueron, dejando moribunda a la bella rosa y muertos a casi todos sus habitantes, cortando los puentes que unían a todas sus flores con la rosa.

Treinta días de oscuridad siguieron entonces. Uno de los insectos de la rosa iba a veces a otra flor, la única con la que todavía estaba unida, y recolectaba huevos, pero siempre se malograban mucho antes de que la bella mujer roja derramara su sangre sobre ellos.

Hasta que un día algunos sobrevivieron Y la mujer derramó su sangre sobre ellos, y por primera vez en mucho tiempo insectos gloriosos volvieron a caminar sobre la rosa marchita, que sin embargo no había muerto. Y poco a poco, con el paso de los días, con el nacimiento de más y más huevos, la rosa empezó a recuperarse. Y, un día, por fin, apareció un puente entre una flor cercana y la rosa. Y por ese puente cruzaron unos insectos maravillosos, portentosos y únicos que habían abandonado la rosa antes de su caída.

Misticia abrió su pico y gritó de incredulidad y alegría, porque reconoció la visión, porque la comprendió, porque supo qué estaba viendo. Y porque, aunque nunca había terminado de perder la esperanza, aquella noticia no podía dejar de sorprenderla.

Surgió a la vigilia entre graznidos incomprensibles, removiéndose como si le atacaran. Sus compañeros despertaron al instante y desenfundaron sus armas, pensando que había llegado el momento de la última resistencia. No era así. Cuando vieron que aquel estropicio no era originado por una amenaza del mundo físico se calmaron, un poco, y se acercaron con cautela a su amiga. Una pesadilla, pensaba el grupo al completo. Una visión de nuestro fin, temían en lo profundo de su ser. Muy pocos pensaron que podía ser una visión de lo que más ansiaban. Hacía varias décadas que la mayoría había perdido esa esperanza.

—¿Qué ocurre, Misticia? —era Leahrrä quien la miraba, preocupaba. Misticia la miró a ella, a todos. Al cinismo preocupado de Aberyk y a el frío interés de Advay. Se asomó a la esperanzadora mirada de Eritehia y contempló los serenos pero resignados ojos de dama Temple. vio los alentadores ojos de Zircón y Suzaku y los pozos gemelos de desesperación y ansiedad que eran las miradas de dama Huella y dama Rubí.

Abrió el pico, pero descubrió que no podía hablar. Solo podía graznar. Porque aquella noticia era tan grande, tan esperada, tan maravillosa e imposible... que, simplemente, no sabía como mirar a sus compañeros de armas y decirles que su mayor deseo se había cumplido.

Y por ello enfocó su mirada en Leahrrä. Porque a todos interesaban esas noticias y todos la oirían, sí, pero quizás la mejor forma de afrontarlo era como un informe a la persona que los había liderado, dirigido y salvado en aquel maldito páramo alejado de la mano de los dioses.

—Yo... he visto... Oh, dioses —sendas cascadas bajaban de sus ojos, contribuyendo a la desconfianza del grupo. Todos habían compartido la soledad de aquellos cuarenta años. La soledad y el miedo. A ser los últimos portentos que quedaban en el universo, los últimos vestigios de la gloria de su tierra, las últimas briznas de la gran gloria de Rocavarancolia, condenados a apagarse poco a poco, hasta que, un día, ya no quedara nadie para recordarla al completo: lo bello y lo horrendo, lo glorioso y lo terrible, los milagros y las pesadillas—. Es Rocavarancolia... no me lo puedo creer, pero es la verdad, lo que tanto esperábamos: ha vuelto. Rocavarancolia ha vuelto —sus caras pasaron del miedo a la sorpresa, de la incertidumbre al éxtasis, de la esperanza al triunfo. Y, poco a poco, el grupo entero empezó a respirar, a llorar de alegría. Y los sentimientos guardados durante más de cuarenta años tras un dique empezaron a desbordarse—. Volvemos a casa, amigos míos, Por fin volvemos a casa...
Tak
GM
Status : ✧ ᕦ(≧◡≦)ᕤ ✧

Personajes :
Gael/Koval: fuego fatuo terrícola.
Kin: demonio raigaurum irrense.
Ayne: anima sinhadre.
Eara: aurva de Ayne, sin esencia.
Nime: demonio mineral libense.
Iemai: cercana.


Síntomas : En ocasiones creerá ver algo moviéndose en su visión periférica. A veces, sentirá dolores intensos sin causa aparente en distintas partes del cuerpo


Armas :
Gael/Koval: espadas rectas, maza y quimeras.
Kin: alfanje y guan dao.
Ayne: sable.
Eara: ballesta de repetición.
Nime: dagas.
Iemai: lanza y patas para salir corriendo.



Ficha de cosechado
Nombre: Iemai.
Especie: Cercana.
Habilidades: Planificación, astucia, orientación.
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el 27/09/19, 10:59 pm
—¿Podemos rastrear ese portal? —preguntó Leahrrä. Nadie respondió porque sabían exactamente a quién dirigía la pregunta. Advay se encontraba ligeramente alejado del grupo, revolviendo en su bolsa, y su expresión suspicaz no revelaba las esperanzas que en realidad sentía. Suspiró con tedio mientras extraía unas notas toscamente encuadernadas con hilo y aguja.
—Lo intentaré, pero todavía no he encontrado la manera de pulir el hechizo. Puede que siga señalando a las Uncidas y nunca detecte un portal de menores dimensiones —dijo.
—O puede que sí. Nunca ha habido otro portal que señalar, Advay. Tus hechizos son nuestra mayor esperanza ahora mismo —intervino Suzaku, gesto que el mago aceptó con un movimiento de cabeza.
—No me lo puedo creer, de verdad está pasando… —murmuró dama Rubí, que no había dejado de sonreír desde el anuncio de Misticia.
—No cantéis victoria tan rápido. Puede que vaya a pasar, pero eso no es garantía de que sea ahora mismo. —Leahrrä se cruzó de brazos y miró a los demás con seriedad. Era evidente que se alegraba por la noticia, pero no dejaba que eso le nublase el juicio.
—Estaba claro que algún día iba a suceder —terció Aberyk, que había perdido el interés en cuanto empezaron a hablar de cuánto tiempo les llevaría volver a casa.
—Muy fácil de decir para ti, que tienes toda la vida por delante —le reprochó dama Huella con amargura.
Eritehia le hizo un gesto para que se tranquilizase: no había motivos para lanzarse reproches cuando por fin sabían que su espera iba a terminar algún día.
—Habrá que ponerse en movimiento. —Era dama Temple—. Tenemos que preparar algún medio de transporte, provisiones. Nos espera un viaje largo.
—Y no podemos dejarnos ver por los mjörnís —añadió Zircón—. No va a ser fácil.
—Ni tampoco tan difícil —gruñó Advay—. No llevamos dos días transformados.
—No, desde luego que no —soltó Aberyk con una sonrisa mordaz, mirando fijamente al anciano. Sabía lo mucho que le molestaban aquel tipo de comentarios, pero estaba demasiado ocupado revolviendo en sus papeles como para enzarzarse en una discusión con él.

Misticia se sentía responsable de no poder proporcionarles información más precisa. Mientras escuchaba a sus compañeros trataba de revivir su sueño una y otra vez en busca de detalles que se le hubiesen pasado por alto. Eritehia se percató de su silencio y se acercó a ella para posar una mano en su espalda.
—Has hecho más que suficiente. Nos has devuelto la esperanza, incluso a los más escépticos. —Al decir aquello miraba a dama Huella y dama Rubí—. Aunque nos lleve cinco o diez años, volveremos a Rocavarancolia.
La arpía solo pudo asentir y sonreír.
Giniroryu
GM
Status : Rest in fucking pieces.

Humor : REALLY NOT FEELIN' UP TO IT RIGHT NOW. SORRY.

Personajes :
Noel: Draco de Estínfalo de origen sueco.
Archime/Krono Rádem: Kairós irrense.
Irianna/Dama Enigma: Nebulomante idrina lacustre.
Adrunelia: Gamusino sinhadre, edeel.
Lethe: enderth.


Unidades mágicas : 5/5
Síntomas : Oscurecimiento de las plumas alrededor de los ojos. Se le despierta progresivamente el instinto de protección.
Armas :
Noel: hacha de dos manos y espada bastarda.
Archime/Krono Rádem: sus monólogos sobre biomecánica avanzada.
Irianna: arco y estoque.
Adrune: lanza, espadas cortas y arco.
Lethe: arco y lanza.



Ficha de cosechado
Nombre: Lethe
Especie: enderth
Habilidades: conocimiento de técnicas de supervivencia, orientación y vista de lince.
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el 24/11/19, 07:35 pm
Leahrrä despertó la mañana de la partida notando tirones en las hojas de su cabeza. Se desperezó dentro de su saco de dormir y se incorporó para notar como unas patitas caminaban por las ramas que eran sus cuernos.
—Conque ahí estás... ¿Cómo has entrado a la tienda?
—Secreto, secreto —respondió el loro con descaro.
La mjorní dejó escapar un bufido entre molesto y divertido: sabía que no iba a conseguir que Fjyr le dijese nada más al respecto y no porque no fuese capaz, si no porque el ave era muy dada a la pillería.
La dríade se desperezó y comenzó a vestirse.
—¿Dónde estuviste ayer todo el día? Empezaba a pensar que te habías cansado de nosotros.
El brökt salió volando hacia la única pieza de mobiliario que había en el interior de la tienda, una mesa pequeña, y sujetó con el pico una rama llena de unas bayas rojizas.
—Comida, comida —declaró.
—Ya veo, querías aportar tu parte para el viaje.
Por toda respuestas Fyr silbó y regresó a la cabeza de Leahrrä.

---

—Hoy has remoloneado más que yo —la sarcástica voz de Aberyk fue lo primero que le recibió al abandonar el interior de la tienda.
Por toda respuesta recibió un gruñido mientras la dríade se disponía a desmontarlo todo. Era cierto que se había pasado de la hora acordada: le había costado conciliar el sueño aquella noche pensando en lo cerca que estaba su regreso, pero al mismo tiempo no le resultaba lo suficientemente pronto. La edad no habían hecho de la mjörní mucho más paciente y mucho menos si se trataba de poder regresar al lugar al que pertenecía.

Todos estaban atareados en recogerlo todo y asegurarse de que llevaban suficientes provisiones para el viaje. Avday repasaba una y otra vez los hechizos que iban a necesitar, dama Temple y Zircón parecían estar asegurándose de que la embarcación en la que habían estado trabajando no tenía desperfectos, mientras que dama Huella tallaba un último remo. Eritheia se preparaba para cargar con la mayor parte de bultos y una suspirante dama Rubí le ayudaba a colocarlos. El murmullo de dos voces en las distancia hicieron saber a Leahrrä que Misticia y Suzaku elevaban sus últimas plegarias en aquel trozo de tierra que había sido su hogar durante tantos años.
<<No lo voy a echar de menos>>.

_________________________________________

La quinta GM oculta representada en un gif:
Mjörne WLJLnOD
Yber
GM
Status : Es complicado.
Humor : La gracia de dios.
Personajes :
Dirke/Ramas.
Giz.
Tap/Malahierba.
Lara 37/Saria Omen.
Rasqa: parqio transformado en moloch.
Eitne.


Unidades mágicas : 4/5
Heridas/enfermedades : Eitne: le falta la pierna derecha de rodilla para abajo.
Síntomas : Pierde la paciencia con mayor facilidad. Progresivamente querrá pasar más tiempo fuera del torreón.

Ficha de cosechado
Nombre: Ulmara.
Especie: cercana alaí.
Habilidades: Velocidad, nociones de lucha y resistencia.
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el 22/12/19, 04:08 pm
Dos mujeres colosales descansaban en cubierta. Eritehia se apoyaba a la barandilla para dar de comer a una suerte de gaviota que los había sobrevolado, mientras que dama Huella se había sentado apoyada a una pared del navío, mirando con expresión ausente al horizonte.
—Hoy me vibran los terrones —trató de iniciar conversación Eritehia—. Creo que nos estamos acercando.
Dama Huella frunció el ceño un instante. Ambas tenían cosas en común, en concreto eran las dos que más habían tomado de su lugar de destierro, antes de partir en busca del portal. Dama Huella había construído el navío, los remos, las velas; había convertido una pequeña parte de la isla que los retuvo en el vehículo que los devolvería a casa. Eritehia cuidaba roedores y pájaros, cultivaba hongos, hortalizas y flores y guardaba semillas que, sin duda, plantaría cuando volvieran a casa. Si volvían.
—Será el zarandeo del barco.
—No, no me refiero a eso. Es más bien una corazonada —y señaló al ave, la culpable.
Sin embargo, donde Eritehia veía esperanza, dama Huella veía la angustia de un viaje sin rumbo fijo ni fecha de llegada; la posibilidad de morir antes de volver a casa en una tormenta o simplemente otro mägsjo más. Esos pajarracos no significaban nada bueno para Huella, sus graznidos eran el sonido más común que habían escuchado en décadas, un signo de que todavía seguían en Mjörne.
—No empieces, por favor. —Dama Huella barritó a modo de queja. Eritehia podía ser peor que Misticia a veces, porque su confianza no se basaba en visión alguna, solo era paciente, muy paciente. Demasiado paciente. Por eso a dama Huella le molestó que asintiera con una sonrisa en la cara—. Esa mägsjo puede venir de cualquier lado, incluso de la isla que dejamos atrás hace semanas.
—O puede venir de la playa en la que se encuentra el portal a casa, o ser de un brujo que nos está buscando.
Huella rió con amargura y se llevó una mano a la cara, antes de levantarse.
—Para Rocavarancolia estamos muertos y ese bicho solo se ha acercado por tu culpa, pero piensa lo que te dé la gana.
Eritehia se quedó sola, como solía ocurrir cada vez que Rubí o Huella se topaban con su optimismo, pero tarde o temprano le darían la razón. Podían pasar dos meses o tres años, pero algún día volverían a casa.
La atlante fijó su vista en la superficie marina, se concentró en las siluetas que se dibujaban bajo la superficie y levitó un par de peces para dar de comer al mägsjo. Tal vez el viaje del pájaro fuera más largo que el de la Legión, al final, y Eritehia no quería que se marchara con hambre.

_________________________________________

No llores por no poder ver tu pierna,
las lágrimas te impedirán ver los cadáveres de tus amigos.
Zarket
GM
Status : Jinete del apocalipsis (¡ahora con extra de torpeza social!)
Humor : En muerte cerebral.
Personajes :
Spoiler:
Bastel (antes Bran/Branniel): Trasgo de Ewa sexto sacerdote de la Secta, sádico, aficionado a matanzas y luchador en los bajos fondos. No tocarle los cojoncios, que muerde.

Lanor Gris: demiurgo procedente de Carabás. Tímido, llorica y buena gente.

Rádar (o Rad): astrario carabés tsundere hacia la magia, mandón, brusco y estricto. Fashion victim. Reloj andante.

Galiard Syl: mago rabiosamente rocavarancolés, despiadado antihéroe brutalmente pragmático y compasivo antivillano bienintencionado.

Armas :
Spoiler:
Bastel (antes Bran): magia, garras, dientes y una espada de longitud media a larga. O lo que haga falta.

Lanor Gris: magia y sus criaturas.

Rádar (o Rad): espada de longitud media. Sus habilidades de desviación de hechizos.

Galiard Syl: magia y, si hace falta, una espada de longitud corta a media.


Ficha de cosechado
Nombre: Rádar
Especie: Carabés
Habilidades: Resistencia, velocidad natatoria, nociones de lucha
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el 12/03/20, 07:16 pm
Suzaku terminó sus oraciones matutinas. Esperaba que los dioses del renacimiento escucharan sus plegarias, que dieran paz, gloria y maravillas a los caídos por su causa. Ninguno de aquellos monstruos había sido perfecto, pero todos habían entregado hasta la última pizca de su alma por la legión. En ocasiones de forma muy literal.

Salió a la cubierta del barco. Todos sus compañeros andaban allí: en algunos casos se hallaban realizando las tareas necesarias para el funcionamiento del barco. En otros casos se dedicaban a charlar, probablemente como un método de matar su nerviosismo e impaciencia. Advay se encontraba casi en el centro de la embarcación, concentrado en su hechizo para encontrar portales. Y en el frente, mirando con ojos ansiosos y sedientos al mar... dama Rubí.

Una conversación que tuvo días atrás con Leahrrä revoloteó en la mente de Suzaku.

—¿Sabes que no es muy probable que Rocavarancolia se parezca a lo que recordamos, verdad?

—Suzaku, creo que todos sabemos eso. Ni siquiera nos han localizado... Los espías y exploradores de hace cuarenta años nos habrían encontrado en días, una semana como mucho. Rocavarancolia debe andar escasa de efectivos.

—No tengo tan claro que dama Rubí lo sepa.

—No es que puedas culparla. Ella precisamente tiene derecho a desear más que nadie la vuelta a Rocavarancolia.

—Aun así... Es verdad que si tienes en ti un pozo de desesperación tan hondo como el de dama Rubí debes intentar luchar contra él, cueste lo que cueste. Pero ese abandono al optimismo desatado... puede acabar provocando un desagradable efecto rebote.

—¿No deberías hablar eso con ella?

La fénix respiró hondo. Leahrrä le había acabado diciendo que esperara unos días: habría sido muy malo que la ibis rojo se derrumbara justo antes de comenzar el viaje. Y ahora, en medio del mar, tan cerca del objetivo... sí, había llegado el momento. Ver lo que había sido de la ciudad de los portentos iba a resultar, estaba segura, la peor experiencia vital de todas las personas que pertenecían a la legión. Si encima ni siquiera se habían preparado aquel momento resultaría absolutamente demoledor.

Se acercó con cautela, observando cuidadosamente su expresión. No resultaba difícil descifrarla: dama Rubí estaba tan ansiosa como pletórica. Lo cierto que a Suzaku le habría gustado poder sentirse así, pero engañarse a sí misma no era algo en lo que hubiera destacado nunca.

—¿Qué tal estás?

La ibis rojo dio un pequeño salto, girándose con rapidez para ver a quien le hablaba. Apenas medio segundo un sonido extraño salió de su garganta: una pequeña risita hecha por su garganta aviar.

—¿Cómo puedo estar? Volvemos a Rocavarancolia, Suzaku —más que sedienta, absolutamente famélica, decidió. No era de extrañar, claro: Suzaku no quería ni imaginar lo que era estar casi cuatro malditas décadas sin gota de magia—. Por fin. Volvemos a nuestro hogar —giró su cabeza hacia el mar. Suzaku no pudo evitar recordar la ilusión con la que muchos niños esperaban una gran celebración—. Volver a ver las dragoneras y los dragoners, las torres de hechicería y de guerra, Rocavaragálago... la Luna Roja... Nunca había creído que realmente podríamos volver a verlo, Suzaku. Y ahora estamos a punto de volver.

Si su transformación lo hubiera permitido la ibis rojo hubiera sonreído hasta partirse la cara. Suzaku suspiró, definitivamente esta charla era necesaria. E iba a ser muy, pero que muy dolorosa.

—¿Qué crees que sucedió? —le miró con confusión, no sabiendo muy bien a qué venía esa pregunta. Suzaku tuvo que reprimir otro suspiro, y elaborar más—. Dama Rubí... Rocavarancolia desapareció de súbito hace cuarenta años, y ahora una visión nos dice que vuelve. ¿Qué ocurrió? ¿Por qué vuvelve ahora?

—Bueno... la propia visión lo decía, ¿no? Hubo guerra —Rubí era casi reacia a repetir lo que habían oído a Misticia. No quería pensar en aquello: quería pensar en que estaba a punto de volver a Rocavarancolia—. Se perdió. Y ahora ha vuelto porque algunos cosechados han logrado sobrevivir.

Suzaku asintió. Lo cierto es que no habían prestado mucha atención atención a esa parte del sueño, pero no era difícil imaginar qué mundo había salvado a Rocavarancolia. Que pudiera recordar, al menos, en aquel momento había habido un único mundo que no estuviera vinculado durante la caída... pero sí en Samhein.

—¿Recuerdas cuál fue la última noticia que recibimos?

—Hmm... Almaviva —le costó recordar aquel dato. Suzaku volvió a asentir, apoyándose, igual que Rubí, en la barandilla del barco.

—Sí, Almaviva. Diez siglos vinculada, prodigiosos científicos, y mejores hechiceros todavía. Un poder que Rocavarancolia apenas podía igualar —la mayor estupidez de Sardaurlar, de eso no cabía ninguna duda. No solo se había enfrentado a un mundo que le aventajaba tanto en magia como en ciencia, sino que el arma secreta de Rocavarancolia (los dragones) ni siquiera particularmente eficaz contra Almaviva, un mundo en el que los dragones de hielo estaban perfectamente... bueno, domesticados, si tal palabra podía usarse con un dragón.

—¿Por qué estamos hablando de esto?

—Porque... —dudó un instante, sin saber bien cómo decir lo que debía decirse—. No me malinterpretes. Estoy feliz: Rocavarancolia sufrió un gran revés, pero finalmente ha resucitado, y por fin podemos volver a casa. Simplemente no creo que nos espere exactamente lo que recordamos —otro suspiro—. Mordimos más de lo que podíamos tragar. Estoy casi segura de que Almaviva venció, aniquiló a Rocavarancolia y dejó con vida solo a un puñado que fuera lo suficientemente inteligente como para esconderse en el Panteón Real. Y hasta mucho después no conseguirían una cosecha terrestre en condiciones, que pudiera sobrevivir —había una mirada triste en sus ojos cuando miró a dama Rubí—. Y ahora ha resucitado, pero probablemente siga herida. Seguirá habiendo zonas destruidas, quizás, y seguro que todo lo reconstruido no alcanza a la belleza de antaño. Dos mil cien años de gloria no se recrean en diez o veinte años de crecimiento.

»Es mejor tener eso en cuenta para no decepcionarnos.
Tak
GM
Status : ✧ ᕦ(≧◡≦)ᕤ ✧

Personajes :
Gael/Koval: fuego fatuo terrícola.
Kin: demonio raigaurum irrense.
Ayne: anima sinhadre.
Eara: aurva de Ayne, sin esencia.
Nime: demonio mineral libense.
Iemai: cercana.


Síntomas : En ocasiones creerá ver algo moviéndose en su visión periférica. A veces, sentirá dolores intensos sin causa aparente en distintas partes del cuerpo


Armas :
Gael/Koval: espadas rectas, maza y quimeras.
Kin: alfanje y guan dao.
Ayne: sable.
Eara: ballesta de repetición.
Nime: dagas.
Iemai: lanza y patas para salir corriendo.



Ficha de cosechado
Nombre: Iemai.
Especie: Cercana.
Habilidades: Planificación, astucia, orientación.
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el 15/03/20, 11:00 pm
Llevaban demasiado tiempo viajando. Unos llevaban religiosamente la cuenta del paso de los días, pero otros preferían no saber, o no les importaba demasiado, como era el caso de Aberyk. Advay, por el contrario, era el más interesado en encontrar el portal cuanto antes, por muchos y muy buenos motivos.

El mago estaba al cargo de forma rutinaria del hechizo que los guiaría hasta el portal, algo que mermaba su vitalidad por mucho que él se negase a admitirlo.
—Deberías descansar más horas —oyó tras él, al tiempo que una mano emplumada dejaba a su lado una bebida caliente.
Advay se giró para mirar a Misticia, que sostenía una bandeja con tres tazas más. Algunos de sus compañeros parecían haberse empezado a preocupar por su fragilidad, pero aquello no sentaba tan bien a su orgullo.
—No es necesario, y cuando así sea lo diré.

La arpía se limitó a asentir, no deseando toparse con el mal genio del mago. Sin Advay, encontrar el portal sería como buscar una aguja en un pajar, pero si continuaba con aquel ritmo demencial su cuerpo acabaría resintiéndose. Al menos Suzaku le había asegurado que estaba cuidando bien de él.

Misticia se acercó entonces a dama Temple y Zircón. La pareja se estaba haciendo cargo de la pesca: mientras la minotauro revisaba la posición de las redes, el trémor limpiaba los peces que se habían ido quedando atrapados en ellas. Les ofreció un pequeño descanso de sus tareas al tenderle las tazas y ambos aceptaron.
—¿Cómo está? —preguntó dama Temple en voz baja, refiriéndose a Advay, a quien miraban los tres de reojo.
—Cabezota, como siempre —respondió la arpía.
—Sabe que no avanzamos tan rápido, no pasaría nada si durmiese más horas de tirón —añadió Zircón.

Los ojos del mago se abrieron mucho de repente, y los cuchicheos cesaron. Pero Advay no había escuchado lo que decían de él, ni siquiera escuchaba el ruido constante de las olas rompiendo contra la embarcación. El único sentido que le importaba era la percepción mágica que fluía desde el hechizo brújula.
—¡Está virando! —exclamó. Su propia voz se quebró diciendo aquello. Su expresión, por una vez, mostraba la más sencilla y radiante felicidad—. ¡Está virando!

Pronto tuvo nueve pares de ojos clavados en él. La cubierta se había atestado en un instante, y todos aguantaron la respiración mientras el mago reía.
—¡A babor! —les dijo, señalando en la dirección correcta—. ¡Hay un portal a babor!

La tensión explotó en forma de exclamaciones y vítores, risas y lágrimas. Cuanto quiera que le quedase a aquel viaje, solo sería un segundo al lado de las décadas que habían pasado encerrados en aquel planeta.
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