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Palacete

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1 Palacete el 03/08/11, 01:04 am

Rocavarancolia Rol

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Hecho en piedra gris, con forma de U, coronado por una cúpula de cristales negros y esmeralda bajo la cual hay un ventanal ovalado. Se entra por una escalinata de azulejos a un recibidor circular con dos grandes escaleras a ambos lados. Sobre este, se encuentran las habitaciones, flotando a distintas alturas.

Descripción más detallada sacada de la saga:
Exterior:
El palacete se encontraba en mitad de una avenida, frente a una larga línea de casonas macizas, con tejados a dos aguas invadidos de gárgolas. Era la única construcción situada a ese lado de la avenida, pero llenaba el espacio con más rotundidad que la treintena de edificios que se desplegaban frente a ella.

Era de piedra gris, con forma de «U» redondeada, y había algo en sus ángulos y en su disposición sobre el terreno que tranquilizaba, que hacía pensar que no todo en aquella ciudad era horror. Lo que más llamaba la atención era la gigantesca cúpula que coronaba su centro: una maravillosa construcción de cristales negros y esmeralda. Bajo ella, en mitad de la fachada, se abría un gran ventanal ovalado rodeado de decenas de ventanas tan estrechas que parecían arañazos en el muro.

El patio era un sinuoso entramado de senderos que se desplegaba entre lo que una vez debieron de ser parcelas ajardinadas, pero que ahora no eran más que solares de tierra reseca. Se dirigieron hacia la escalinata de azulejos negros y verdes que conducía al portón de entrada, observando con cautela las ventanas que salpicaban los muros del palacete. Tras el enorme ventanal que ocupaba el centro sólo se veía oscuridad.

Recibidor:
Lo primero que vieron fue una densa zona de tinieblas, una cortina de oscuridad que precedía a un gran recibidor, iluminado por una delicada luz verde.
Se reunieron todos alrededor de Rachel en el último tramo de escaleras. El aire que se respiraba ante la puerta era de una pureza increíble, en nada se parecía a la peste rancia de los lugares cerrados que estaban acostumbrados a encontrar.

Fueron a parar a un amplio recibidor circular, de suelo y paredes de piedra gris. El techo, en cambio, era una pesada amalgama de grandes planchas de hierro que no encajaba con el resto del palacio; la sensación que provocaba aquel entramado era de asfixia, como si en cualquier momento fuera a caer y aplastarlos.

Dos grandes escaleras se disponían a ambos lados del recibidor, del mismo azulejo negro y verde que la escalinata de la entrada. Desde donde se encontraban, esas escaleras gemelas parecían hundirse como cuchillos en el techo enrejado, en una perspectiva extraña y forzada. No habían dado ni dos pasos fuera de la zona de sombras cuando se detuvieron todos casi al mismo tiempo, mirando hacia arriba, sorprendidos, boquiabiertos.
Lo que habían tomado como techo no era tal. Al salir de las sombras su perspectiva había cambiado y ahora podían ver el palacete tal y como realmente era. Las planchas que en un primer momento había creído colocadas en un mismo plano estaban suspendidas en realidad a distintas alturas por todo el palacio. Retrocedió un paso para regresar a la zona
de tinieblas y las planchas desordenadas volvieron a equilibrarse, formando un techo sin fisuras
aparentes que no era más que una ilusión óptica: si entrecerraba los ojos podía ver que las planchas flotaban en diferentes planos.

El palacete constaba de una sola planta, una planta vasta y asombrosa en la que flotaban
decenas de estancias de todos los tamaños y formas. La única semejanza entre ellas eran sus bases, de idéntico hierro forjado. La mayor de todas ocupaba tres pisos de altura y medía más de doscientos metros de largo, mientras que las más pequeñas eran meros soportes para adornos y estatuas. La mayoría ni siquiera tenía paredes.

Las escaleras no se hundían en ese falso techo como habían creído, sino que se prolongaban
curvándose en el vacío, hasta perderse en la movediza niebla esmeralda que copaba las alturas. Del tallo principal de cada escalera brotaban decenas de nuevos tramos que se dividían a su vez en más ramales de ajedrezado negro y esmeralda, retorciéndose en el aire hasta aterrizar en los bordes de las habitaciones flotantes. Aquel despliegue de habitaciones y escalinatas producía una prodigiosa sensación de armonía; era como si el mundo entero se hubiera vuelto liviano de pronto, como si la realidad, la propia existencia, fueran menos pesadas y opresivas entre aquellas paredes.

Ascenso y ejemplos de habitaciones:
Tomaron la escalinata de la izquierda. El tramo principal no tardaba en dividirse en tres grandes ramales. El de la derecha bajaba en una pronunciada curva antes de dividirse en otros dos tramos de escalera retorcida. A medida que avanzaban por aquella colosal montaña rusa pudieron contemplar un sinfín de habitaciones y salas. Vieron dormitorios de ensueño; salas de recreo con divanes de terciopelo, escabeles de cristal y columpios colgantes; zonas de paseo con fuentes y bancos de hierro…

La perspectiva resultaba engañosa allí arriba; prácticamente cambiaba a cada paso que daban, convirtiendo el palacete en un espacio en constante mutación. Una estancia vista desde arriba era diferente por completo contemplada desde abajo o desde un lateral. Todo fluctuaba, fluía. Era un enloquecido juego de perspectivas y arquitectura. Una sala observada desde una escalera parecía una selva rebosante de vegetación al quedar semioculta por los helechos que colgaban de las plataformas vecinas, para luego, desde arriba, convertirse en un elegante dormitorio. Desde otra curva de la escalera, esa misma habitación parecía vacía.

Rachel los guió hasta la estancia central del palacio, la única completamente cerrada con muros.(...) En el suelo, ante ellos, había aparecido un diminuto chispazo, una salpicadura brillante que se proyectó despacio hacia arriba, convirtiéndose en una creciente columna de luz que no se detuvo hasta alcanzar el techo, situado a gran altura. Un poco más adelante, una nueva columna tomó forma, de igual modo que la primera. Poco a poco, aquí y allá, se fueron formando más y más columnas. La luz que irradiaban iluminó la gran estancia, transformando la negrura en claridad.
—Es una sala de baile —murmuró Madeleine con admiración.
Mistral asintió, aunque sabía que aquel lugar era mucho más que eso. En aquella sala se habían
celebrado todo tipo de eventos: desde torneos de piromantes hasta conciertos de las fabulosas aves cantoras de Alarán, pasando por duelos de hechiceros y bodas reales. Se contaba que, en una ocasión, allí dentro se había sacrificado un dragón albino para mayor gloria del reino.

Los muchachos bajaron las escaleras que llevaban al suelo espejado de la sala. En el muro que
quedaba a su derecha se encontraba el gigantesco ventanal que habían visto desde fuera. El tercio inferior del mismo estaba cubierto por cortinajes negros, corridos en su mayoría, mientras que en la zona alta dos grandes cortinas verdes se abrían a izquierda y derecha.
En el extremo opuesto a la entrada se levantaba un pequeño escenario ocupado por varias estatuas metálicas. Se trataba de una orquesta compuesta por siete músicos tan extravagantes como los instrumentos que se disponían a tocar.

Un engendro con aire de rata humanoide empuñaba entre sus zarpas dos varillas que parecía a punto de estrellar contra el tambor agujereado que tenía delante. Entre los músicos había un ser casi humano, con la piel de un intenso negro y un magnífico par de alas rojas plegadas a su espalda. Aquella criatura sujetaba en una mano un violín abombado mientras en la otra empuñaba una varilla recubierta de protuberancias. Del costado de todas las estatuas surgía una mariposa metálica: una llave con la que darles cuerda.

Después de abandonar la sala de baile, fueron de plataforma en plataforma, siempre con Rachel a la cabeza. Casi tan sorprendente como el mismo palacio era el estado en el que éste se encontraba. Apenas había polvo y suciedad y aunque algunas habitaciones parecían vaciadas a conciencia, la mayor parte estaba en perfectas condiciones, como si los habitantes del lugar se hubieran marchado un instante antes de llegar ellos.

A media tarde hicieron un descanso para merendar. Se sentaron en los bancos de madera que
rodeaban un pequeño estanque. Apenas hablaron. Aquel lugar inducía al silencio, a la ensoñación.

Al poco tiempo de ponerse otra vez en marcha descubrieron una gran sala repleta de estanterías vacías. El cambiante deambuló entre ellas igual que todos, aun sabiendo que no iban a encontrar nada allí. Ese lugar había sido una importante biblioteca mágica, pero hacía tiempo que los pocos libros que no se habían llevado los magos de los mundos vinculados habían sido trasladados al castillo.

Otro ramal los condujo a una plataforma de paredes listadas en las que se desplegaban más de una veintena de grandes armarios, con espejos de marco de plata en cada puerta. Rachel se apresuró a abrir el más cercano y su contenido la hizo jadear emocionada. El armario estaba repleto de vestidos, a cada cual más espléndido.

2 Re: Palacete el 08/08/12, 02:30 pm

Cain

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Mánia no había visto tanto lujo desde la última vez que vio su tierra natal. Claro que aquel lugar, además de lujo tenía magia, magia por todas partes. El exterior no era nada del otro mundo, la planta del edificio se parecía un poco a las que encontrabas en Libo, pero la fachada desgastada y sucia no prometía nada impresionante. Claro que, Rocavarancolia era conocida por sus sorpresas y milagros.

Tan solo poner un pie en el interior del palacete dejó a Mánia sin aliento. La andrógina dio vueltas sobre sí misma mirando las habitaciones que pendían sobre sus cabezas. Quería verlas todas, hasta el ultimo cuarto de escobas. Echó a correr con Vlad siguiéndole como buenamente podía y recorrió escaleras y pasillos, saltando en las camas de todos y cada uno de los dormitorios, explorando jardines interiores, salones, baños de oro y mármol. Mánia quería vivir allí, quería quedarse allí para siempre. Vlad encontraba extraño que nadie viviese en un edificio tan lujoso y con tan pocas protecciones, así que prefirió no arriesgarse y trató de convencer a Mánia para continuar viviendo en su discreto palacete.

-Nooooo, yo quiero vivir aquí- lloriqueó- Quiero, quiero, quiero! El otro es muy feo en comparación...

El íncubo se deshizo en promesas para decorar su hogar como un palacio y que Mánia se sintiese como en casa. Le prometió ropa, joyas y adornos caros y fue la ropa precisamente lo que le salvó. Justo encontraron un vestidor lleno hasta arriba... Y Mánia se volvió loca.

Perfectamente se habría pasado varios días probándose pero se tuvo que conformar con un par de horas. Desfilaba frente a los espejos admirando su propio reflejo y dusfrutando de las reacciones y expresiones que el íncubo trataba de ocultar con cada nuevo modelito. Buscaron un saco y lo llenaron de transparencias, gasas, cadenas y cintas de seda. Vlad vació a escondidas un poco el saco de las prendas más anodinas que estaba seguro su ama olvidaría enseguida. Tampoco quería vaciar el palacete, aun no sabían si allí vivía realmente alguien.

La ultima parada fue el gran salón de baile, donde aunque no lograron poner los autómatas en marcha, la andrógina improvisó unos pasos, moviéndose con gracia y jugando con el vuelo de sus nuevas prendas. Cuando se cansó se sentó en el regazo de Vlad, que había estado mirando desde un diván, y se puso a comer corazones de dragón.

-¿Sabes? Madre solía celebrar fiestas en casa... Venía mucha gente y siempre me maquillaban y vestían especialmente para la ocasión. Había música y la gente bailaba y hacían juegos como carreras de esclavos en el jardín.

La verdad es que su jardín era bastante triste, en comparación con algunas ilustraciones que había visto en libros. Por eso el aspecto muerto y sombrío de la ciudad nunca le había importado demasiado, en Libo tenían que irse bastante lejos para encontrar verde. Tras un rato de monólogo, ambos se fueron a acurrucarse en una de las habitaciones, con una cama enorme y tan repleta de cojines que casi no se cabía en ella. Mánia se había acostumbrado a la respiración de Vlad, a su olor y a su voz, hasta tal punto que ya nisiquiera le importaba lo más mínimo que fuese un hombre. Era como si lo separase de todos los demás, pero no alcanzaba a discernir porqué. << Claro... Este es mío...>> concluyó, agarrándose a su piel con las uñas.

Cuando comenzaba a oscurecer fue cuando salieron. Habían colocado un sensor para avisarles de la posible llegada de intrusos y eso les había alarmado. Salieron por uno de los balcones, y cuando ya estaban a una distancia prudente miraron atrás, justo para ver a una dama albina rodeada de seres grotescos que rodeaban el palacete.


_________________________________________

Y con este nombre yo te maldigo, y ni tan siquiera la muerte podrá librarte de tu condena, pues todo aquel que intente matarte recibirá siete veces tu castigo.

3 Re: Palacete el 06/06/13, 12:35 am

Cain

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El palacete relucía en la noche como en los mejores años de Rocavarancolia. De hecho, parecía como si todos los alrededores del edificio hubiesen viajado hacia atrás en el tiempo; no había escombros ni palacios derruidos, ni signos de decadencia y derrota. Todo estaba cercado además con hechizos de protección para alejar a las alimañas, y sobre todo a los cosechados.
Había cola para entrar. En la puerta dama Puntada recibía a los invitados, ataviada con un pomposo vestido morado con un velo negro que le cubría la mitad de la cara, e iba acompañada de un enorme oso de peluche que iba tachando nombres de una lista. Dentro, un camino de camareros indicaba el camino al gran salón, portando bandejas con copas para que los invitados se fuesen sirviendo según iban entrando.

El gran salón refulgía en rojo lunar. Las luces y sombras narraban batallas de gloria y grandeza, había jaulas con bestias majestuosas, el mismo dragón de rey estaba recostado en una tarima, moviendo la cola aburrido; había esculturas de hielo flotantes que bailaban, complejos relieves en metales preciosos de paisajes fantásticos de todos los mundos adornando las paredes, junto con tapices y pendones… Todo era grandeza, la grandeza de la ciudad resurgida de sus cenizas gracias a la magia, el milagro de Rocavarancolia en una única sala. La orquesta de autómatas tocaba música suave para ir creando ambiente. Y al lado justo opuesto habían colocado una gran mesa con aperitivos ligeros, tales como lenguas confitadas, ojos de kraken escarchados, canapés de amapolas o gelatina de néctar con bayas del bosque.

La sala se iba llenando poco a poco de criaturas, vestidas de todas las formas, desde las más sencillas a las más excéntricas, de las bestias más aberrantes y fieras a las más dulces y hermosas. Sorprendentemente, había más personas no bendecidas de lo que se habría esperado.
Antes de que llegasen todos los invitados Andras Sula subió a la tarima seguido de los invitados de Libo. El rey ardía, literalmente, pues su traje estaba decorado con llamas reales que arrancaban destellos irisados de las Joyas de la Iguana. El atuendo de la reina de Libo, así como el de su primogénito y de la duquesa de Zhandre no requerían de magia alguna para resultar impresionantes, con trabajadas máscaras de oro, complejos tocados y largas capas que mostraban sus bien trabajados atributos. A loa pies de la tarima aguardaba Mánia, con un vestido de rejilla y terciopelo, y con Vlad guardándole las espaldas.



Las puertas de entrada se cerraron, las luces se atenuaron para dirigir la atención a la tarima, y Andras Sula se adelantó para hablar. Bajo su apariencia de solemnidad estaba nervioso, demasiado nervioso. Era su primer evento oficial como rey, además ante una reina extranjera, pero en ningún momento permitió que se notara. Habló alto y claro.

-Bienvenido, ciudadanos de Rocavarancolia. Habéis sido llamados para celebrar un día histórico; un primer paso hacia la resurrección de nuestro reino. Hemos pasado por muchas penurias, y algunos seguro pensabais que Rocavarancolia nunca recuperaría su antiguo esplendor, pero ahora contamos con un aliado- Hizo un gesto hacia la reina de Libo, que se adelantó para ponerse a la misma altura que Andras Sula- Un aliado fuerte que comparte el valor y la ferocidad de nuestra ciudad, que luchará a nuestro lado en el campo de batalla y gracias al cual recuperaremos lo que legítimamente nos pertenece. La reconquista de nuestro legado ha comenzado. Rocavarancolia es fuerte una vez más, y muy pronto volverá a ser temida.

El dragón del rey lanzó un rugido que hizo temblar la sala y apagó todas las velas.

-Que comience la fiesta.


Las esculturas de hielo se iluminaron y luego todas las luces del gran salón. La orquesta comenzó a tocar y la mesa se llenó de suculenta comida, especialidades traídas de los mundos vinculados. Había carnes de animales exóticos preparadas de mil maneras, acompañadas de verduras de formas y colores imposibles, frutos de olores dulces y ácidos, pastelitos especiados, cereales guisados y salteados, y muchas cosas más. En el centro de la mesa se alzaron dos fuentes; una de vinos y bebidas y otra de salsas y quesos. La gente comenzó a charlar animada y a pasearse de un lado a otro de la sala, a comer y a beber, o a bailar. El ambiente se relajó. Pronto empezarían los espectáculos y entretenimientos, apareciendo de forma espontánea en distintos puntos de la sala, sin seguir ningún horario claro y sin obligar a nadie a contemplarlos.


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Y con este nombre yo te maldigo, y ni tan siquiera la muerte podrá librarte de tu condena, pues todo aquel que intente matarte recibirá siete veces tu castigo.

4 Re: Palacete el 08/06/13, 04:24 am

Jack

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Por fin salimos a la calle tras las risas y bromas varias del Burdel. Menudo grupo hacíamos, caminando con no mucha prisa y disfrutando de la noche. Confiados por lo numerosos que éramos, pero aun así un par de alimañas se lanzaron a lo suicida contra nosotros saliendo de un callejón. <<Qué demonios les pasa a los bichos estos días...>> Eso sí, fue digno de película y Vivia estuvo todo el rato haciendo fotos del encontronazo.

Pasamos al otro lado de la Cicatriz... Y de pronto el paisaje cambió. Habían colocado ilusiones para tapar los edificios en ruinas... <<Serán hipócritas>> Las calles de la zona estaban bastante concurridas, todos dirigiéndose al Palacete el cual...
-La leche... qué de lujo.-exclamo una vez en la fila.

Saludamos a Dama Puntada y pasamos al interior, donde nos recibe el rojo de la luna y más derroche de lujo mágico. <<¿Así era todo antes en la ciudad? Mira qué de cosas...>> Pero acabaré loco o ciego si sigo saltando de detalle en detalle, casi como memorizando el interior. <<Aperitivos, ¿eh? A ver qué tienen de sangre... Ostras... ¿Habrá de Libo?>> pienso divertido pero de momento me callo mientras cojo una copa ofrecida por un camarero. Y hablando de Libo, luego me fijo en el rey y la corte libense, estos más espectaculares que el otro, ya que sin magia ni artificio lucen espléndidos. <<Cuando Vivia revele las fotos hay que enseñarles una a los libenses de la cosecha si siguen vivos>> pienso mientras sigo a Erika dejándome llevar mientras saludamos a conocidos y buscamos un sitio -desde el que pudiera ver a los cuchitrileros y a Wen- para escuchar el discurso que estaba al caer.

Y llegó la hora. La entrada se cerró, la luz se centró en la tarima y el rey la ocupó para luego hablar con claridad y firmeza. Escuchamos en silencio y, al menos yo, con optimismo por ver la ciudad resurgir <<Y si se presenta alguna batalla... ¿No dice que la reconquista ha comenzado? La guerra aquí no será como en la Tierra, quiero verla y vivirla>> Luego el dragón ruge apagando las velas y la fiesta da comienzo, música de baile incluida.

-¿Y ahora?-Erika me mira curiosa.-No sé, a ver, no sé nada del protocolo en estos casos tan oficiales...
-Es una fiesta, ¡diviértete!-responde riendo.
-Eso es peligroso.-río a la vez que la cojo por la cintura para dar un par de vueltas en el sitio.-Peligroso. Nunca he estado rodeado de tanta sangre, podría descontrolarme.
-¿No tenías menos sed estos días?-inquiere siguiendo el baile.
-Cieeerto... Pero... una guapísima y deliciosa Erika sigue estando acompañada por un vampiro juerguista peligroso, tenga o no sed.-rebato riendo mientras seguimos bailando, ahora guiando ella.

-Pórtate bien, ¿eh?-dice al rato cuando se detiene con intención de dar una vuelta por su cuenta.-Luego nos vemos.
-Sus deseos son órdenes. ¡Nos vemos!

Luego me froto las manos, perdiéndome por el lugar, mirando en todas direcciones y buscando algo que hacer, pero la muchedumbre, los trajes, vestidos, fragancias, malabaristas allí, bufones allá, más gente, caras conocidas, desconocidas, la corte local y la libense... Todo pronto me abruma y miro al techo unos segundos parpadeando <<Diantre, necesito aire>> Disimuladamente busco alguna forma de subir a los balcones -donde descubro que no soy el único- y una vez en uno de estos me apoyo en la barandilla, aun escuchando la música del interior. <<A ver, en un rato bajo y... Es como el Burdel pero cien veces más, tranquilicémonos. Sin agobios, busca gente conocida, habla, bromea, y vuelve a subir si vuelve el agobio. Es fácil>> pienso, terminando la copa.

Y vuelvo a la fiesta.



_________________________________________

Die wahre Macht, die uns beherrscht, ist die schädliche, unendliche, verzehrende, zerstörende, unstillbare Gier...
Spoiler:
El verdadero Poder que nos controla es la vergonzosa, interminable, desgastante, destructiva e insaciable Sed...

Compis de Sinceridad:
De momento, estos son los deseos/nombres que Sinceridad coloca a sus compis:
Sox= Chamán
Nadzieja = Silencio
Mónica = SinGritos
Tay = Directo
Eorlir = Mapa
Ina = Tímida
Eriel = Fanático 1
Barael = Fanático 2
Dafne = Cría
Lorenzo = Enrevesado
Sakrilt = Sakosa
Siete = Dudoso
Rádar = Callado/Carabés
Fahran = Madura

Warning: estos nombres están sujetos a cambios según el parecer de Sinceridad.

5 Re: Palacete el 08/06/13, 04:11 pm

Red

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Vac había tardado en estar listo porque había pasado la última hora junto a Feliks. El ave se mostraba bastante inquieta desde que habían vuelto de Ulterania, y Vac no sabía si estaba enferma. Tenía la impresión de que la temperatura del fénix había subido unos grados, y el chico había terminado por dormirle al no ser capaz de tranquilizarla. Vac no sabía si unas horas de descanso servirían, pero ya pensaría que hacer si no surtía efecto el sueño reparador. Una vez zanjado aquel asunto, el hado se preparó, dándose un buen baño y seleccionando una ropa apropiada. No eligió una vestimenta demasiado llamativa, y se decantó por un traje similar al que llevarían sus compañeros del Cuchitril. Escogió un traje negro a rayas de tres piezas, hecho con una tela de muy buena calidad; una camisa de seda blanca y una corbata azabache completaban el conjunto. Llevaba también unos gemelos de oro con dos rubíes engastados, ademas de un reloj de bolsillo del mismo metal guardado en el chaleco; el clip de la corbata hacía juego con los gemelos. Antes de salir de la habitación abrillantó sus zapatos con un pequeño hechizo y haciendo oídos sordos al comentario de Jau que llegó desde la planta baja, el griego terminó de peinarse frente al espejo, echándose el caballo hacia atrás.

Mientras bajaba por las escaleras del vestíbulo, terminando de colocarse el nudo de la corbata, llegaron a sus oídos los últimos comentarios jocosos sobre su persona, y al chico se le escapó una sonrisa. El grupo allí reunido era bastante variopinto, pero estaban todos muy guapos. El hado alagó a las chicas del burdel, dedicándoles unos cuantos piropos, y se disculpó por su tardanza, sin dar demasiadas explicaciones sobre Feliks. Luego se acercó a su hermano y a Wen, y después de alabar el aspecto de la vouivre y asegurarse de que los hechizos que ocultaban su gema estaban en su sitio, le dedicó una sonrisa burlona al draco y respondió a su último comentario jocoso.

-Si yo fuera la Cenicienta, ¿tu serias la hermanastra malvada y fea? -le preguntó en tono curioso-. Se que yo me llevé todo el atractivo de la familia, hermanito -dijo guiñándole un ojo divertido a la británica-, pero tampoco hace falta que me lo recuerdes hasta cuando tratas de burlarte de mi -añadió con una sonrisa jocosa mientras le daba un suave puñetazo cómplice en el hombro al sueco.

Su hermano no tardó en replicarle, lo que hizo reír al griego con fuerza. La guerra de pullas con su hermano podía ser interminable.

-Detalles Noel, detalles sin importancia -dijo en referencia al cambio de personaje con una sonrisa-, aunque por otra parte creo que puedo resolver esa pequeña duda sobre la elección de nuestra querida Wen. Seguro que es por esa barba de pollo que tienes -afirmo en tono categórico-, ese detalle decantó la balanza a tu favor ya que a pesar de ser de pollo, es mejor que no tener ninguna -rió con ganas, burlándose de su propia condición-. Para mi desgracia particular nuestra sagrada Luna decidió trollearme haciéndome imberbe, tiene un sentido del humor exquisito -concluyó encogiéndose de hombros.

Le hizo gracia la comparación de alturas, pero reconoció que su hermano había crecido bastante en el último año y eso le hizo sentirse orgulloso.

-Eso esta muy bien, hermanito -le alabó-, crecer es importante, así no me tengo que agachar para darte collejas -comentó con una sonrisa burlona-. Pero recuerda, no trates de superarme o te cortare los pies -le amenazó con su mejor tono de mafioso, para estallar después de nuevo en carcajadas.

Al griego le encantaban aquellas guerras de pullas con el draco, y cuando compartía aquellos momentos con el chico agradecía a aquella ciudad que le hubiera reunido con su hermano. El grupo no tardó en organizarse y poco después de la llegada de Vac, se pusieron en marcha hacia la fiesta. El hado no estaba demasiado convencido acerca de aquella recepción, y cuando le llegó la invitación se había mostrado muy escéptico. En toda la historia de Rocavarancolia, esta nunca se había aliado con ningún mundo vinculado, y aunque la ciudad no pasaba por su mejor momento, el hado no estaba seguro de que aquella alianza fuera tan beneficiosa como el rey afirmaba. Lo que mas le molestaba, sin embargo, era que el rey les quisiera exhibir como si fueran una atracción de feria, una forma de enseñarle el esplendor de la ciudad a la reina de Libo. Mientras caminaban sin demasiada prisa hacia el palacete, estos pensamientos cruzaban por la mente del griego, pero poco antes de llegar decidió apartarlos de su mente, no quería amargarse la noche.

Cuando el grupo entró en las inmediaciones del lugar de festejo, los primeros signos de esplendor empezaron a hacerse patentes. Las calles habían adquirido color y vida; las ruinas que eran el pan de cada día en la ciudad, habían desaparecido; no había escombros en las calles, y todo estaba limpio e impoluto. El edificio en el que se celebraba la fiesta estaba bellamente decorado en el exterior, y al entrar a mas de uno se le cortó el aliento. El interior del palacete reflejaba a la perfección la antigua gloria de la ciudad, y entre aquellas cuatro paredes parecía que el tiempo había retrocedido. La decoración era fantástica, y el hado quedó gratamente impresionado. Mientras el resto de invitados iba llegando, el griego se dedicó a observar la infinidad de detalles que llenaban la estancia, disfrutando de los descubrimientos que hacía al pasear la vista por el lugar. También dedicó su tiempo a admirar los ropajes de la corte libense, ropajes que rivalizaban en esplendor con los de los rocavarancoleses, a pesar de carecer de magia alguna.

Cuando todo el mundo hizo acto de presencia, el rey procedió a dar su discurso, que el griego escuchó con atención, evaluando las palabras del monarca. El dragón de Andras Sula concluyó el discurso de su amo con un sonoro rugido que apagó las velas de la estancia, y fue entonces cuando empezó la fiesta. La orquesta empezó a tocar y la larga mesa se llenó de comida y bebidas. La gente empezó a mezclarse y a conversar, y las risas inundaron la estancia. El griego dedicó una reverencia a sus compañeros y se mezcló con la multitud con una sonrisa burlona. Vac se acercó en primer lugar a la larga mesa que dominaba uno de los laterales de la estancia y se sirvió una copa de un vino tinto, un caldo de un color rojo oscuro que tenía un sabor afrutado.

El chico se paseó por la gran sala buscando conversaciones agradables, disfrutando del acto de la socialización. A Vac le gustaba conocer gente nueva, y aquel era un lugar perfecto para ello.



Última edición por Vacuum el 09/06/13, 03:53 am, editado 2 veces

6 Re: Palacete el 08/06/13, 05:37 pm

LEC

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Kaethe sonrió levemente al oír el “ya veremos” de Gael, casi como si en vez de aquella respuesta le hubiese afirmado que bailaría con ella. Se había arrepentido de haberle hecho la pregunta al notar su incomodidad, pero no podía volver atrás en el tiempo e impedírselo a sí misma, por lo que dejo que las cosas pasasen como tuviesen que pasar. Observó a todo el grupo con detenimiento cuando todos estuvieron listos antes de partir, riéndose de las bromas que hacían los cuchitrileros aunque no entendiese ni la mitad; las risas de sus amigos eran contagiosas.

Caminaron lentamente hasta llegar al Palacete, lugar donde se celebraría la fiesta, mientras Vivia sacaba fotos como si le fuese la vida en ello. Al cruzar la cicatriz, el deplorable aspecto de los edificios de la ciudad fue sustituido por uno bien diferente: el que para la ghoul tenía la Rocavarancolia de las historias de Nubla, el de una ciudad maravillosa. Casi se centró más en mirar a los edificios que en sus compañeros, aunque de cuando en cuando les dedicase alguna que otra mirada, más a unos que a otros.

La nublina saludó a Dama Puntada y pasó al interior del Palacete, donde se entretuvo largo rato observando el color rojo de la decoración, los tapices y las escenas de fantasía que le recordaron a Nubla con los ojos como platos. <<Lo han decorado con escenas de mi tierra…>>, pensó, emocionada, ignorando las imágenes que representaban escenas de otros mundos. En cualquier otro momento habría llegado a echar de menos Nubla, pero no en aquel lugar, que revivía la gloria de Rocavarancolia, la gloria de la que se hablaba en su mundo. También estaban las esculturas de hielo que bailaban, que recordaban a Kaethe que Gael la “debía” un baile, aunque solo fuese en su mente. Y el dragón. El majestuoso dragón del rey, al que la ghoul no podía dejar de mirar. En las historias sobre la Luna Roja que contaban, había dragones, y era la primera vez que veía uno.

La nublina escuchó el discurso del rey con atención, en un silencio sepulcral, observando a la reina de Libo de cuando en cuando, hasta que Andras Sula finalizó el discurso y su dragón rugió antes de que la fiesta comenzase realmente. Las mesas se llenaron de comida y la gente comenzó a hablar, riendo, llenando la sala de ruido de voces entremezclado con el de la orquesta de autómatas. Le gustaba aquella música, tranquila. <<Me da igual que no sepas bailar, Gael, te enseñaré si hace falta...>>, pensó, sonriendo.

Kaethe se dirigió a ninguna parte en especial, escuchando retazos de conversaciones ajenas a medida que se iba internando en la multitud, aunque dirigiendo miradas a los cuchitrileros y burdeleros para saber donde estaban de cuando en cuando, mientras devolvía saludos a gente que le costaba reconocer y buscaba a alguien agradable con quien charlar un rato, sin estar demasiado segura de con quién hablar. Era demasiado tímida como para lanzarse a conversar con un desconocido así por las buenas, por lo que no pasó mucho antes de que volviese con sus amigos en busca que la tranquilidad que estar con gente conocida le ofrecía.


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Que ahora sea una transformada no quiere decir que odie menos los spoilers, Invitado, por lo que no te recomiendo hacerme ninguno.

7 Re: Palacete el 08/06/13, 08:55 pm

Tak

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GM
El cambio fue tan brutal que Gael miró con escepticismo a su alrededor. De pronto, como si aquello fuese la frontera con otro país totalmente diferente, llegaron a una ciudad reconstruida y en perfecto estado. No había visitado muchas veces aquella zona, pero sabía perfectamente que aquello no estaba así hacía poco tiempo.
Hipocresía, hipocresía… –empezó a canturrear con voz queda mientras seguía avanzando entre los demás, con las manos en los bolsillos.

Cuando llegaron al palacete, los alrededores sí que estaban cambiados, y además no paraba de presentarse gente. Y Vivia seguía sacando fotos, lo cual le hizo preguntarse si no vendría el clásico gorila de seguridad a quitársela o algo por el estilo. Sin embargo, por lo menos en la entrada quien se encargaba de dar la bienvenida era una mujer que poco tenía de gorila. Al principio no la reconoció por llevar media cara cubierta, pero al tenerla justo delante sonrió al reconocerla, hacía cerca de tres años que se había encontrado a dama Puntada en la calle y lo había invitado a un té.
Buenas noches, dama Puntada. No sé si me recuerda… soy Koval, de hace tres cosechas, pero igualmente me alegra volver a verla –le dijo antes de pasar al interior. Recordaba que ella tenía unos modales impecables, pero se sonó demasiado pomposo al intentar hablarle educadamente, igual que le había pasado la última vez.

Pasar al interior del palacete resultó ser una impresión aún mayor que encontrarse las calles en buen estado. De hecho, de un primer vistazo ni siquiera pudo abarcar todas las maravillas que tenía delante, y se limitó dejar caer su mandíbula inferior, que tardó algunos segundos en devolver a su sitio por educación. Se sentía como un mendigo invadiendo la corte de un rey, pero no tardó en olvidarse de todo mirando de un lado para otro. Lo primero que llamó su atención fue el dragón, no podía quitarle la vista de encima. Lo más parecido que había visto a aquel animal tan solo era una suerte de congénere decrépito y modificado. Pero pronto otras partes del gran salón le obligaron a mirar hacia ellas, animales enjaulados, esculturas de hielo, relieves con escenas cada cual más curiosa, mesas de aperitivos… y lo variopinto de la gente que asistía.

Poco a poco se acostumbró al entorno nuevo para ellos. Descubrió que, para su sorpresa, no le intimidaba del todo estar entre aquella multitud ni entre tanto lujo, e incluso empezó a tener hambre. «De estar en casa ya habríamos cenado» pensó mientras miraba por encima de la multitud las mesas de aperitivos.
¿Alguien viene? –ofreció señalándolas, antes de salir a picar algo. Los primeros pinchos con los que dio eran de todo menos apetecibles, pero no tardó en encontrar cosas de su agrado.
Masticaba a dos carrillos cuando empezó a hablar el rey. Tragó aceleradamente y sufrió en silencio el dolor de su esófago. Por suerte fue un discurso breve, pero extraño. Gael seguía preguntándose si aquella alianza podía durar. Observó a la nobleza libense, que eran tres contando a la reina, pero todos llevaban máscaras y era imposible leer su expresión. Además su ropa, o mejor dicho su carencia de ella, no dejaba de llamarle la atención. Y sabía perfectamente cómo era la vestimenta de Libo, pero no se daba acostumbrado a aquel exhibicionismo, y más le extrañaba verlo en personas que estaban presentándose ante una multitud.

La fiesta comenzó mientras se ponía en marcha para volver con los demás. Pronto todo era comida, baile y música. El espectáculo que daban las esculturas de hielo era digno de verse, y la peculiar banda le dio ganas de acercarse para examinarla de cerca.
Esto no está tan mal. Viendo los entremeses temí por la comida, pero mirad eso –le dijo a los que tenía más cerca, señalando las mesas– . Estoy por gritar que trasgo el último, pero… ehm… –Su repentino silencio se debía a que, no muy lejos de allí, vio a un trasgo con cara de aburrimiento, mirando a su alrededor.

En la mesa había de todo un poco. Dio un paseo esquivando gente –que por suerte la gran mayoría se alejaba de él para que las llamas no tocaran su ropa– y vio incluso bandejas de carne cruda.
Está tan fresca que podría reconstruirla y largarme escondido dentro –bromeó. Al final se decidió a probar unas verduras de aspecto exótico cubiertas de una salsa oscura–. Ahora lo mismo que en los buffet libres, a comer despacio y mucho, que solía decir mi madre.
En cuanto se llevó el primer bocado a la boca vio a Kaethe que, por casualidad, miraba en su dirección en ese instante, y recordó las burlas que le habían caído en el burdel por haberse puesto como un tomate. «Maldita parejita… seguro que Noel está esperando para devolverme las que le dije». Sin embargo, se dio cuenta de que estaba otra vez comiendo como una ardilla y al saberse descubierto corrigió su actitud inmediatamente.

8 Re: Palacete el 08/06/13, 11:13 pm

Vlad

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Vladimir rondaba por la fiesta muy en su salsa. Tras el final del discurso del rey, había tomado habilidosamente una copa de vino tinto libense de una de las bandejas que blandían los camareros en su recorrido por la lujosa sala. Ciertamente, aquel ambiente no era en absoluto desconocido para el conde, que durante sus años en la Tierra había recorrido salas de aquella guisa (quizás menos variopinta que la de aquella ocasión) aprendiendo el arte de la apariencia, de la palabra suave y a esconder puñales entre las palabras de terciopelo. Otra importante característica unía su experiencia anterior con la presente, y era el artificio utilizado para cubrir de brocados de oro la verdadera miseria decadente de la realidad.

Parecía que toda la ciudad se había personado en aquel palacio para la ocasión, todos ellos engalanados de punta en blanco para la ocasión, y Vlad decidió buscar a sus antiguos compañeros de cosecha, a los que hacía mucho que no veía. Buscando con su profunda y perniciosa mirada, escrutó la multitud en busca de algún rasgo que le fuera familiar entre el pomposo desfile de monstruos que tenía lugar ante él. El primer físico que llamó la atención al íncubo fueron las muchas miradas del antiguo bruto de su refugio durante la cosecha, aquel ser semi cefalópodo. ¿Cómo se llamaba?… Toima, cierto. Y cerca suya parecía estar Giz, que no había cambiado demasiado tras los fulgores del astro escarlata.

Se dirigió hacia ellos con paso natural y seguro, meneando con suavidad y elegancia la cola tras de sí, añadiendo a su figura y a sus movimientos un ritmo sinuoso y ofidio.

-Saludos, señor Toima, señor Giz.-comentó con tono suave y cordial del anfitrión cordial y atento con ciertos tintes de sensualidad, que parecían impregnar cada gesto del rumano con cada gesto y cada movimiento.- Es un verdadero placer verlos por aquí tras tanto tiempo sin oír hablar de ustedes. Parece ser que perdí el contacto con mi generación a raíz de mis labores diplomáticas, pero dicen que los reencuentros son más dulces cuando la espera es larga, ¿no creen?

Hizo una ligera pausa en aquel momento para darle un ligero trago a su copa, no sin antes agitarla suavemente. Paladeó el néctar con tranquilidad y atención, mientras alzaba ligeramente la vista al techo y permitía que su lengua bífida asomara ligeramente por la comisura de sus labios para limpiar su extremo de una gota imperceptible de líquido carmesí.

-Afrutado, ácido con pinceladas dulces y exóticas. Y con cuerpo. Se nota que, a diferencia que en la Tierra, los libenses no bajan la graduación de sus vinos.-comentó, mientras una sonrisa pérfida e hipnótica se iba dibujando lentamente en el blanco lienzo que era la piel del conde. En su etapa plenamente humana, había dado la sensación de que era incapaz de sonreír. En su estatus actual, como el resto de sus acciones, sus labios se llenaban de astucia y educada lascivia. Ciertamente, parecían dos tipos completamente distintos de relamido aristócrata, aunque ambos compartían la naturalidad con la que ejecutaban cada uno de sus movimientos. Era evidente que ambos Condes habían sido forjados para aquella extraña tarea de las apariencias.- No es lo único singular de su cultura, pero podría decir sin temor a equivocarme que un catador y un sociólogo utilizarían los mismos adjetivos para designar el producto y al productor.-y, al decir esto, su sonrisa se hizo suavemente más ancha.- Esperemos que a ellos también les impresione nuestra singular cultura, Aunque témome que este festejo pueda resultarles tan ameno como confuso… y engañoso. Supongo que es parte de Rocavarancolia el vivir de la apariencia y el lujo de las glorias pasadas. No se imaginan hasta que punto me es esto familiar. Aunque el discurso de nuestro monarca desentone un poco con lo pomposo de la situación, ¿no creen? Demasiado parco… marcial para la ocasión. Aunque tampoco podemos exigir mucho más de nuestro Gran Señor; estoy seguro de que, con el tiempo se irá haciendo más a la política activa. Desde luego, así deberá de ser si quiere lidiar con la Emperatriz de Libo. Son gente carismática, desde luego, y Su Alteza no es sino el exponente superlativo de ese rasgo.

Vlad dirigió su mirada hacia la interpelada. Tanto sus vestiduras como su porte no hacían más que realzar aquella severidad tan atrayente. Aunque sí es cierto que el conde tenía un abanico muy amplio de gustos, la familia real era ciertamente un elenco de particularidades atrayentes.

Lo positivo de trabajar tanto en Libo era que no había necesidad de camuflar el natural entusiasmo ante la belleza bien llevada.


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¿Qué es más divertido que matar a un bebé en una batidora?

Matarlo con la tapa abierta.

9 Re: Palacete el 09/06/13, 12:42 am

Giniroryu

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GM
Noel arqueó una ceja cuando Vac le devolvió la pelota antes de rodar los ojos con fingida exasperación.
-Pero nada de eso es la realidad porque eres Campanilla y no Cenicienta. De todas formas yo me replantearía seriamente eso del atractivo, porque si Wen está conmigo por el dinero que no tengo, sin duda tiene que haber un motivo de peso para que no te haya elegido a ti que eres una fuente de ingresos andante -le espetó con una sonrisa socarrona-. Eh, oye, ¿soy más alto que tú? -añadió tras unos breves segundos colocándose al lado de su hermano y midiendo la diferencia entre ambos con las manos. En realidad eran prácticamente de la misma altura y era casi imposible discernir quién de los dos medía más, pero le resultó enormemente divertido el hecho de ser igual de alto que su hermano.
El sueco miró a su hermano con una omnipresente sonrisa sarcástica mientras le respondía, hasta que le llamó pollo y la cambió por una mirada amenazante.
-Si yo soy un pollo tú eres una frágil mariposa. Y encima imberbe -se burló-. Aunque te compadezco, hermano -añadió recuperando la sonrisa y dándole unas palmaditas en la espalda-. Y ten cuidado con a quién amenazas, camarada -contestó en respuesta a su comentario sobre cortarle los pies, empleando el mismo tono mafioso que su hermano-. No creo que sea del agrado de Don Lagartone que te metas con su familia -finalizó haciendo un gesto hacia el goliat para después estallar en carcajdas.
Continuaron intercambiando comentarios hasta que se cansaron y el draco no pudo sino disfrutar de aquel constante tira y afloja de pullas con su hermano.

Durante el camino hacia el Palacete, varias criaturas que mostraban la misma imprudencia y agresividad que las de los subterráneos les salieron al paso sin tener en cuenta en ningún momento el elevado número del grupo. El draco encontró altamente divertidas las breves escaramuzas debido a lo inusual que era realizar algo así con aquellas vestimentas, y también los constantes flash de las fotografías que estaba realizando Vivia las cuales pidió ver cuando fuera posible. No se separó de Giz y, entre risas, no dejó que él hiciese nada alegando que Don Lagartone no podía permitirse mancharse las manos y mucho menos el traje. El traje que sí se manchó fue el suyo, que para cuando estaban cerca de Luna Alta tuvo que realizar un hechizo de limpieza sobre el mismo, salpicado aquí y allá de manchas de sangre.

Al igual que a muchos otros, lo primero que le llamó la atención fue el estado del barrio. No se habían molestado en reconstruír nada hasta ahora y no pudo estar más de acuerdo con los comentarios acerca de la hipocresía de la que estaba haciendo gala el Consejo aquella noche.
-Es como si nos estuvieran lanzando a la cara el hecho de que se preocupan más por las apariencias con los libenses que de mejorar las condiciones de vida de los habitantes de la ciudad -comentó con un gesto de desaprobación mientras se ponían a la cola para entrar.
Le hizo gracia la inusual educación con la que Gael saludó a la que llamó Dama Puntada, una chica albina que era quienes los estaba recibiendo en la puerta y a la que dedicó un saludo de buenas noches cuando les pidió sus nombres.

El interior era todavía más espléndido que el exterior, y el sueco no tardó en no saber ni hacia donde mirar de tantas cosas que llamaban su atención. Reconoció a algunos habitantes aquí y allá a los que había visto casualmente por la ciudad y vio a muchos otros que jamás había tenido delante. Inconscientemente echó un vistazo por si veía a Enna pero no consiguió distinguir a nadie que se pareciese a ella entre la enorme multitud. Se encontraba observando una de aquellas llamativas estatuas de hielo cuando las luces se atenuaron haciendo que dirigieran su mirada hacia la tarima donde Andras Sula se adelantó para hablar. Fue un discurso breve y directo, el cual no dejó impresión alguna en el sueco, que en aquel momento tenía su atención mucho más centrada en el dragón del rey, ser de impresionante envergadura que descansaba tras su dueño y que sin duda era el elemento de todo aquel gran salón que hacía evidente que se encontraban en Rocavarancolia. El resto del ambiente se le hizo pesado de digerir y, sobre todo, impropio. Le daba la impresión de estar metido en medio de una fiesta de un noble terrestre como las que se veían en las películas, tal y como había supuesto cuando les llegó la carta. Con este pensamiento le dirigió una mirada a Adara que la ángel negro tal vez no supiese a que venía. Aunque brevemente, también observó a la nobleza libense que se encontraban al lado del rey, haciendo gala del peculiar exhibicionismo cultural de aquella raza, haciendo hincapié en lo paradójico que le resultaba que se tapasen la cara y no el pecho.

Algunos de los del grupo original no tardaron en desperdigarse un poco por el lugar, pero él prefirió mantenerse cerca de sus más allegados y no tardó en acpetar la propuesta de Gael de dirigirse hacia las mesas llenas de comida.
-Ya que nos hemos dejado el sueldo en esta farsa por lo menos vamos a sacarle todo el partido que se pueda -comentó mientras empezaba a probar un poco de todo, acción que acabó lamentando al encontrar un par de "manjares" completamente intragables.

Al poco de empezar a comer, el draco se sorprendió al escuchar una voz lejanamente familiar que saludaba a Giz y a Toima. No había vuelto a verlo desde que enterró a Mark en el patio de Letargo y su voz tenía una entonación distinta, pero era la suya. Si se le observaba bien, de todos modos, podía seguirse reconociendo al "señor conde" con el que había compartido cosecha hacía tres años. Allí estaba Vlad, el íncubo del que sólo había oído hablar a través de Mánia en un par de ocasiones, vestido de una manera que podía armonizar con los libenses. Su apariencia había cambiado considerablemente, acorde con la naturaleza de su transformación, pero el sueco no pudo evitar sonreír con socarronería al oírle hablar. En eso no había cambiado ni un ápice.
-Ya sé que mi insignificante presencia nunca fue muy tenida en cuenta por nuestro "señor conde" -intervino sin más componiendo una sonrisa sarcástica pero haciendo hincapié en las dos últimas palabra que puede que resultasen familiares tanto para el íncubo como para Giz-. Pero creía que unos modales como los suyos le comprometerían, por lo menos, a saludarme -prosiguió con evidente jocosidad en el rostro imitando a su manera los modales que había utilizado su interlocutor para luego quitarse el sombrero y que de este modo Vlad pudiera reconocer sus rasgos-. La verdad es que no puedo culparte por no reconocerme. Cuánto tiempo, Vlad -dijo dejando finalmente de lado el tono de diversión.
No pudo evitar pensar en lo mucho que había cambiado desde la última vez que había visto a su ex-compañero de cosecha. Ya no era ningún crío inútil al que mirar por encima del hombro. <<Ni siquiera literalmente>>, pensó riendo para sus adentros al acordarse del intercambio de pullas que había mantenido con Vac al respecto de sus estaturas hacía un rato.



Última edición por Giniroryu el 09/06/13, 04:24 am, editado 2 veces

10 Re: Palacete el 09/06/13, 04:03 am

Yber

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GM
Ahora que todo el mundo parecía hecho a la idea de la fiesta, Giz estaba empezando a cuestionarse muchas cosas. En un principio había sido de los primeros en defender todo lo que se podía hacer allí, pero ahora que tenía una tarea más complicada, la idea de la celebración se le hacía cuesta arriba. Por suerte, las bromas sobre la mafia y Don Lagartone que se dieron por el camino, sobretodo cuando les atacaron las alimañas suicidas, relajaron un poco al goliat.

Lo malo es que no duró mucho, en la puerta del palacete se encontraba Cai. Giz no pudo reprimir la mueca reacia que su cara gestionó por su cuenta y pasó de largo, caminando con cierta tensión. Si le preguntaran, no sabría decir por qué se la tenía jurada de esa manera a la trasgo, pero su sola presencia le incomodaba. Tanto que no se dio tiempo ni para sorprenderse porque un peluche estuviera tomando notas en la misma puerta.

En el interior, admiró la decoración no sin cierta envidia. Organizaban todo esto para hacer un tratado de paz que él no veía ni necesario y luego ellos mismos tenían que andar cazando en mundos vinculados para alimentarse. <<E incluso gastar más dinero aposta para la propia fiesta>> refunfuñó mentalmente. Aún así, Giz no era el más indicado para quejarse, pues le habían permitido montarse su propio laboratorio en las mazmorras del castillo, asíque simplemente se dedicó a llenarse la boca con alimentos varios que fue pescando por las mesas. Su paladar no era capaz de reconocer la calidad de los alimentos libenses, pero lo que más le gustó fue, como era de esperar, algo parecido a unas galletas.

El discuro del rey lo escuchó con más o menos atención. Aprovechó que todo el mundo estaba pendiente de Andras Sula para lanzar el hechizo de rastreo por genoma y así localizar a los daelicianos de la sala. Llegó justo a tiempo para escuchar la segunda mitad. <<Cuando Rocavarancolia realmente sea fuerte y recupere su verdadero legado, ¿mantendrá toda esta parafernalia y compartirá con Libo lo que consiga?>>. El asreniano creía saber la respuesta y, por lo tanto, la fiesta le parecía cada vez más un timo. Giz estaba siendo consciente por primera vez de que les estaban pagando un banquete de lujo a los libenses como forma bonita de decirles “no os vamos a matar todavía”. Definitivamente, lo que más le gustó -probablemente también lo único- de todo el discurso fue el dragón. El genoma del dragón, para ser exactos.

A partir de ahí, Giz solo tendría que arrastrar a Nasher en dirección contraria a la que el hechizo le señalaba, al menos si Enna parecía acercarse, que de momento no era el caso. <<Solo hay una daeliciana, por suerte>>. Si ya de por si había demasiada gente, lo cual imponía bastante al asreniano, de haber también muchos daelicianos... <<Me emborracharía y que fuera lo que Nassandra quiera>>. Como era de esperar, dadas las circunstancias, Giz se había prohibido beber alcohol.

Estaba picoteando en otra de las mesas, junto al Toima y el resto de los cuchitrileros cuando Vlad se les apareció delante. Giz no pudo evitar escanear de arriba a abajo el cuerpo del íncubo, sin estar seguro de si lo hacía solo para comprobar la fama de su transformación o debido al influjo de la propia.

-Hola, Vlad-saludó sin mucho espíritu.

El íncubo se puso a hablar con ellos muy a lo libro complicado de leer y Giz miró con cara de “no entiendo nada” a Toima. Ver la expresión facial (y corporal) del argos, que parecía tener un tic nervioso en esos momentos, consoló un poco al goliat. La respuesta de Noel le ayudó a salir del paso. Más o menos.

-Sí... Cuánto tiempo...-se rascó la barbilla y se ausentó de la conversación para echar un vistazo a los transformados que había. Se preguntaba si a alguno de ellos se le caería el pelo y, en consecuencia, si quedaría mal visto que alguien fuera recogiendo pelos en plena fiesta.

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En otro lado de la estancia, Dirke mantenía su actitud infantil y despreocupada ante una buena fiesta. Esto podía deberse a lo poco que le había costado encontrar un traje. El hombre árbol iba totalmente desnudo, salvo un par de hojas de rigor que le tapaban las vergüenzas. Además, como complemento natural, su piel brillaba tenuemente en un tono verde pálido.

Lejos de tener los problemas de socialización del asreniano, el alemán iba de aquí para allá saludando efímeramente a desconocidos como si fueran primos hermanos suyos y aprovechando para dar a conocer su nombre rocavarancolés y, si se terciaba, de sus cualidades como hombre árbol. En concreto, ahora estaba presentándose a un hombre que le hizo mucha gracia por ir vestido como un mosquetero. De hecho, lo hacía básicamente para elogiar el traje.


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No llores por no poder ver tu pierna,
las lágrimas te impedirán ver los cadáveres de tus amigos.

11 Re: Palacete el 09/06/13, 05:32 pm

Leonart

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Nia, Toima y Tania

La ulterana reaccionó a los elogios de una manera muy vergonzosa, puesto que no se esperaba que tanta gente de verdad lo encontrara "bonito", pues era un vestido de legado cultural ulterano, de todas las familias. Se habia comprometido a llevar los colores de su mundo consigo, a modo de representante y, por ello, era normal que Toima no lo reconociera.
Cuando estuvieron en marcha, de camino al palacete, Toima decidio que seria un buen entretenimiento para aliviar estress el hacer wrestling contra un colaespina algo despistado para dejarse atrapar por el colosal ulterano. Cuando el colaespina ya no dio más de si, el ulterano se aburrió y lo lanzó lejos por la cola, como si fuera un martillo. Su traje se habia ensuciado en el proceso, lo cual le ganó una reprimenda de Tania y un suspiro de cansancio de Nia quien fue quien arregló el traje de nuevo gracias a un hechizo. Con las protestas del ulterano, entraron en el barrio en el que se encontraba el palacete. Con la ayuda de la magia, habian renovado el barrio por completo a base de hechizos ilusorios para "aparentar" ante los visitantes libenses. Aquello se ganó dos miradas amargadas por parte de las chicas y una confusa del ulterano quien se artevió a intentar tocar las ilusiones, incredulo. Fue Tania quien tiró de él de vuelta al grupo, cogido por la oreja. Ya se habian retrasado bastante por su culpa.
Al llegar a la entrada, Nia comprobó que conocia quien estaba recibiendo a los invitados. Una demiurga que respondia al nombre de Dama Puntada y un oso enorme, hacian las veces de puerta y guardia vigilante. Nia la saludó cordialmente, recordando brevemente su estancia en su hogar particular. Toima no le quitó el ojo de encima al enorme oso de peluche mientras entraba y no pareció haber más incidentes.
Finalmente entraron. Toda la ciudad congregada ante ellos, les sacaron nervios hasta al impasible Toima, quien comenzó a parpadear rápidamente, intentando procesar más información de la que podia hasta que hubo blancos en su vista, al intentar registrar a todos los presentes. Finalmente se dio por vencido e intentó mantener pocos ojos abiertos. Por su parte Nia exploró con la mirada a la nobleza libense. Descartando su nudismo cultural, la ulterana apreció como parecian llevar esa aura de superioridad característica de la alta cuna. Se cruzó de brazos y frunció el ceño mientras jugueteaba con la seda de sus mangas, pensativa, absorta más bien. Por su parte Tania, no hizo muchos esfuerzos para exponerse a toda la multitud que habia congregada e intentó camuflarse en el seno de los cuchitrileros que, por su parte si que querian ver el espectáculo.
El rey procedió a dar su discurso, sin ningun incidente si no se contaba el hecho de que el ulterano habia intentado interrumpirle gritando: "¡Si! ¡Un valioso aliado, si eres una mujer!" pero en cuanto habia puesto sus manos entorno a su boca para amplificar el sonido, Nia le habia lanzado un hechizo de silencio, para evitar causarle problemas a nadie. El ulterano, ignorante de esto, pensó que su voz habia salido de su garganta y habia llegado a oidos del rey, quien la habia ignorado, por falta de una contestación que estuviera a la par. El ulterano se lo tomó como una victoria y se colgó la medalla.
-Heh.-dijo, revolviendose el pelo.-Soy demasiado bueno para él.-
El objeto en cuestion era la mano derecha de la ulterana y el objetivo fue la nuca del ulterano. Todavia silenciado el sonido entorno a él, solo los cuchitrileros llegaron a oir sus palabras, al igual que la sonora colleja que le propinó la ulterana en respuesta a su intervención. Por desgracia, la reprimenda del albino hizo que la ulterana se perdiera el resto del discurso y que solo llegara a tiempo de ver al dragón rugiendo y apagando las velas.
Sumidos en una oscuridad repentina, la niña no dudó en tirar de su último truco bajo la manga y, rápidamente, se llevó su pulgar derecho a los labios y, como si fuera el tubito que servia para hinchar una rueda, comenzó a soplar con fuerza. A partir del tercer soplido, su piel se comenzó a iluminar, tenuemente, como si fueran brasas de un fuego, solo que eran de un color zafiro brillante y, para cuando hubo terminado de soplar, toda su piel expuesta, incluida la de la cara, estaba recorrida por un sinfín de glifos, marcas y letras ulteranas, a modo de tatuajes. El color de estos no era constante y parecia que fluctuaba entre diferentes tonos de azul que se movian, como si de lenguas de fuego se trataran.
-Lista.-comentó para si misma, contemplando sus propias manos absorta.
A continuación, se iluminaron las esculturas y finalmente toda la sala de nuevo en ese fulguroso rojo que ensombreció al azul de Nia. Entró todo un banquete de diferentes delicias de todos los mundos vinculados, algo dubitativa, se giró hacia los cuchitrileros y dijo que iba a dar una vuelta, para ver que podia degustar. Dicho esto, cogio y se fue, confundiendose entre la multitud. La niña no tenia claro que pretendia llendo sola, sabiendo que empezaba a hacerse un nombre en la ciudad y que aquello podria acarrearle problemas. Pero sintió que tendria toda la noche para estar con el grupo, que primero debia saciar su curiosidad.
Paseando entre mesas, encontró más de un plato que conocia de sus estudios, ya fuera de Libo, Ulterania, La tierra e, incluso, de Idris, probó uno a uno de los que exponian. Algunos le dejaron un sabor amargo en la boca y otros salado, pero para lo que no estuvo preparado fue para una especie de gelatina púrpura que servian los abanderados de daelicia. Nia se preguntó como es que nadie se habia atrevido a probarlo antes y estaba intacto. Cierto era, que todo en Daelicia era venenoso para los no daelicianos, doblemente si eras un ulterano, pero Nia tenia más de un antídoto encima y no pudo evitar plantearse si probar el plato o no, a sabiendas del riesgo que suponia. Dudó unos instantes antes de que reemplazaran una bandeja con unos cangrejos de río peludos que todavia se movian, en una salsa picante que estaba preparada con un tipo de alga rojiza y muchas especias que les daban un color anaranjado. Nia se quedó mirando la bandeja ensimismada. Hacia años que no veia y probaba ninguno.
-¡Kus-kusu!-exclamó riendo mientras se servia.

Por su parte, Toima localizó a la única persona que le merecia la pena buscar en aquella sala. El conde, fue el primero en acercarse a ellos y el ulterano se quedó quieto, alisandose la coleta, distradio, fingiendo que no le habia visto venir. Cuando les saludó Toima formó una mueca en su cara. No estaba acostumbrado al nuevo tono de voz del rumano y no creia que se fuera a acostumbrar. Con eso, y sus recuerdos de lo que pasó en la noche de Luna, hicieron que Toima no se mostrara tan... amigable con el conde como lo habia hecho en un principio, años atrás.
-Conde.-le saludó escuetamente, con un ligero movimiento de cabeza. A continuación, el íncubo se sumio en una discurso, casi como una letania monóloga en la que decia muchas palabras que Toima jamás habia oido por separado, aún más raro haberlas oido junto. Asumió que era parte del caracter del conde que no habia cambiado con los años. Durante toda la cosecha, habia tenido arranques así antes, pero Toima nunca les habia dado mucha importancia y nunca se los daria. Sin embargo, entendio que hablaba de la realeza de ambas culturas, y Toima decidió dar su opinión también, sin importarle muy bien la apariencia actual de este.
-La verdad, el rey por mi se puede ir a tomar viento fresco y los otros tambien. La gente nunca ha necesitado de lideres "por sangre" o "por magia" y yo sin duda tampoco, asi que no le veo el punto a todo este...-buscó una palabra.-Engaño.-dijo refiriéndose más bien a la monarquía que al evento de alianza, y entonces permaneció callado.
Detrás del ulterano, algo tiró de su chaqueta. Sus ojos captaron a Tania que le suplicaba con la mirada irse de ahí, alejarse del conde que le daba de todo menos buenas sensaciones. El ulterano se enfrentó a los otros dos.
-Bueno, la noche es larga y hay mucho alcohol que probar, asi que, si me permitis, me sumerjo en...-intentó recordar la palabra que habia usado el conde.-...la catación.-
Con un ligero movimiento de cabeza se despidió y, junto a Tania, marcharon a las mesas que servian la comida y la bebida. En la lejania pudieron apreciar a Nia escupiendo una especie de gelatina purpura en una servilleta y toisendo fuertemente hasta que se bebio un pequeño vial que pareció ayudarla. Toima, con una copa de vino libense servido, dio un buen trago despues de comentar.
-Algún día la glotoneria matará a esa chica.-y rió, socarronamente.
-No eres quien para hablar, Toima. Tu hígado te agradeceria moderación esta noche.-comentó la otra. El ulterano contempló, con asombro, como la nublina sostenia una copa, al igual que él y estaba casi vacia.
-Estas bebiendo.-dijo, algo sorprendido.
-Si, he decidido probarlo, por esta noche solo. Una ocasión especial.-dijo jugueteando con su pelo nerviosamente. En verdad sabia de los efectos inhibidores del alcohol y pensó que seria una buena oportunidad para aprovecharse de estos y hacer un movimiento sobre Vac. El ulterano se hundió de hombros e hicieron un chinchin.
-Bien, tengo hambre.-dijo, dejando la copa vacia sobre una mesa, contentillo.-¿Tu crees que si lo pido, me prepararán ese bicho a la brasa?-dijo, señalando al dragón que reposaba al lado del rey.
-Toima ha sido solo una copa.-dijo la otra, exhasperada, llevandose su copa a los labios y dando un pequeño sorbo.
-Lo digo en serio. Apuesto que esas patas estan buenisimas con un poco de sal y pimienta.-contestó, con una carcajada seca mientras cogia otra nueva copa llena.


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TFW le pones dos velas a la Virgen pa que os saque de aquí pero a un ingrato le da por ser ateo
Spoiler:

12 Re: Palacete el 09/06/13, 06:12 pm

Muffie

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No tardaron mucho en salir del burdel, rodeados de bromas y de un humor impecable, que no empañaron las alimañas suicidas que salieron a su paso. “No tenía ni idea que los bichos se volvieran tan locos con la llegada de la Luna” se dijo mientras entraba en el barrio donde se encontraba el palacete. En ese momento, se sintió como si hubiera entrado en una ciudad completamente diferente, pero en seguida se dio cuenta que eran ilusiones. “Parece que el Consejo ha puesto mucho empeño en que Rocavarancolia aparente la opulencia de antaño.” Pensó al ver la belleza de los edificios comparándolos con el recuerdo de algunas descripciones leídas en un libro de historia. Pero todo eso pasó a segundo plano cuando entraron al palacete. La humildad, la sencillez y la escasez brillaban por su ausencia. El palacete era un continuo de ostentosidad, riqueza y magia, mirara a donde mirara todo le impresionaba: las esculturas, la decoración, las ropas de los asistentes, el consejo y la corte líbense,… sin pasar por alto el dragón del rey, del cual había oído hablar, pero al que nunca había visto en vivo. Todo era una muestra del futuro que se esperaba para Rocavarancolia.

Wen avanzó despacio por la sala, intentando guardar en sus retinas todos los detalles de la sala. No recordaba haber visto nada que se le pareciera ni en su corta estancia con sus hipócritas y ricos padres adoptivos. Una vez empapada en todo el esplendor, se concentró en buscar a la daeliciana de su cosecha, con la que no quería que Nasher se cruzara por nada del mundo. Su vista no dio con ella y, en vez de sentir alivio, sintió enfado. Quería hablar con ella, no sabía muy bien qué le iba a decir, pero tenía la imperiosa necesidad de saber si estaba vivía y, si lo estaba, hablar con ella y, si era necesario, darle su merecido. La vouivre a veces se sorprendía arrepintiéndose por no haberle dado a la daeliciana el mismo trato que le había dado a Res. “Ambos hicieron lo mismo.” Se decía, pero enseguida lo desestimaba ante la clara diferencia de una y otra acción.

A penas oyó el discurso del rey al estar pensando en Enna y en cómo habría muerto si es que lo había hecho, pero algo en su interior le dijo que no estaba muerta. “Esa niña no se iba a dejar matar por Rocavarancolia.” Concluyó. Sus pensamientos fueron interrumpidos al instante por el rugido del dragón y en seguida siguió a Noel y a Gael hacia las mesas de aperitivos y comenzó a probar manjares de otras tierras que no podía identificar mientras por su cabeza pasaban nada más que pensamientos banales. Wen se separó un poco del grupo casi persiguiendo a un camarero que portaba una bandeja con un vino preparado especialmente para la ocasión: una mezcla de un vino líbense muy popular y de su vino favorito, un caldo algo picante que daba la sensación de estar bebiendo veneno de serpiente. La vouivre no sabía exactamente si se podía considerar ironía que le gustara o que esa fuera la razón de su predilección por aquel vino. La británica tenía entendido que se habían hecho algunas mezclas especiales con vinos rocavarancoleses y vinos libenses, pero también sabía que el número de unidades de estas eran exclusivas de la fiesta y escasas, puesto que la mayoría de bebidas expuestas eran libenses, con algunas excepciones de otros mundos vinculados.

Ya con dos copas de ese vino especial en las manos, una de ellas para dársela a probar a Noel, se acercó de nuevo al grupo, sorprendiéndose al ver con ellos a Vlad. No era la primera vez que la vouivre veía al incubo, ni iba a ser la última. Vlad era un trabajador esporádico del burdel, por lo que ya lo había visto otras veces e incluso había intercambiado algunas palabras con él, pero no tenía con el conde la misma relación que con el resto de compañeros de trabajo, por lo que la conocía como dama Diurna y no sabía de su verdadera transformación.

- Buenas noches, Vladimir. Últimamente no te hemos visto por el burdel, supongo que estarías ocupado con los preparativos. - saludó educadamente la vouivre, para luego ofrecerle la segunda copa que llevaba a Noel.- Pruébalo, es magnífico. Suaviza un poco el picante del vino de serpiente, pero la pérdida es remplazada por el intenso sabor del vino líbense. - luego de decir esto, se dio cuenta de lo pedante que sonaba, por lo que lanzó a Noel una mirada de advertencia ante la seguridad de que su pareja bromearía con ello.

Mientras los antiguos compañeros de criba hablaban, la vouivre buscó con la mirada a los suyos, exceptuando a Nasher, y los apartó un poco del grupo para hablar con tranquilidad sin que el asreniano se percatara, aunque sabía que, por su oído fino, le sería imposible evitar que Noel los escuchara, aunque le era indiferente.

- Os quería informar de que voy a hablar con Enna. - les dijo en voz baja a Kaethe y a Matt.- Todavía no la he encontrado, ni sé si sigue con vida, pero si vive estará aquí y tengo que hablar con ella. Sois libres de acompañarme si queréis, pero nada de espectáculos ni levantar la voz. Solo hablaremos con ella para advertirla de que no olvidamos y que ni se le ocurra acercarse a ninguno de nosotros. Espero que no tenga que deciros que de esto ni una palabra a Nasher. Ya sufrió bastante por su culpa y parece que se está divirtiendo, no queremos estropearle el día.



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