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Rocavarancolia Rol » Otros Mundos » Mundos vinculados » Ormivas

Ormivas

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1 Ormivas el 01/05/17, 06:04 pm

Rocavarancolia Rol

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Recuerdo del primer mensaje :

Ormivas

El portal se encuentra en el ecuador, encima de un archipiélago volcánico. Hacia el este se divisan muchos archipiélagos más, más numerosos cuanto más alejados del portal. En el oeste el horizonte tiene una fina línea verde: la isla más oriental del continente ecuatorial.


37 Re: Ormivas el 11/07/17, 05:20 pm

Zarket


GM
Escuchó a Virai moverse a su lado, aunque no dijo nada. Nunca se le había dado bien hablar, y eso no se lo había quitado la Luna Roja. Seguía pensando que romper el silencio era una tontería si lo que iba a sustituirlo no iba a ser mejor.

Hizo un amago en los brazos antes de darse cuenta de que el brujo hablaba en broma. Resopló, no sabiendo si reír o sentir vergüenza por haber caído durante un segundo en aquello. Tras un par de segundos salió del saco y se desesperezó, reprimiendo un bostezo. Unas molestias en su tripa le recordaron que hacía demasiado que no comía.

—Hmm, ¿tienes algo para el desayuno?

No estaba del todo a gusto pidiendo directamente que le dieran comida, pero el hambre que sentía en ese momento priorizaba sobre aquello.

38 Re: Ormivas el 12/07/17, 09:59 pm

Yber


GM
Virai asintió y sacó de su bolsillo sin fondo un tupper sin fondo. Para el brujo, aquel era uno de los mejores usos de la magia actual, lo más cerca que jamás iban a estar de crear un espacio infinito bien organizado: su neceser sin fondo.

Dentro del tupper, toda la comida estaba conservada: había bocatas fríos y calientes, de carne, de pescado y vegetales; ensaladas de distintos tipos; una docena de salsas y aliños diferentes; tortillas; bollos dulces y salados; panes normalitos y otros más extraños con naranja o cerveza; embutido en lonchas; tarrinas de patés, cremas y hummus; arroces cocidos... Aquel era su supermercado veinticuatro horas.

El brujo de la iridiscencia se levantó, desmontó la tienda de campaña improvisada y devolvió a la naturaleza los elementos que habia utilizado. Acto seguido sacó un mantel y se sirvió un plato con queso, tortilla de patatas con cebolla y pan del más barato. Antes de comer, se quitó cualquier rastro de suciedad o mal olor con magia y se sentó con mucho cuidado de que no se le vieran los calzoncillos bajo el jersey largo.

—¿Cuánto crees que tardarán hoy los dragones en intentar comernos?


39 Re: Ormivas el 14/07/17, 03:56 pm

Zarket


GM
A Hal no le sorprendió demasiado aquella exhibición de comida: estar preparados, al fin y al cabo, era lo esperable. «Una pequeña similitud con Carabás», pensó, con una punta de incomodidad allí. Incluso si era muy subyacente, muy sutil, había algún que otro punto de unión entre Rocavarancolia y Carabás, y si bien el demiurgo los apreciaba también le fastidiaba. Hacían que recordara todas las diferencias, y no le gustaba aquello particularmente.

Hal se sirvió pan con naranja, un bocadillo de vegetales y algo de arroz. Comiendo aquello se le ocurrió la idea de una criatura cocinera y se quedó absorto unos segundos, pensando en ello. La pregunta de Virai le le hizo soltar una pequeña risa, algo nerviosa.

—Bueno, espero que...

Se interrumpió cuando empezó a escuchar rugidos, algo más arriba que ellos y mucho más al oeste. El nido de los dragones también empezaba a despertar.

40 Re: Ormivas el 15/07/17, 02:26 am

Yber


GM
—Mira como nos saludan, ¡qué monos! —dijo en un tono irónico vacío de ironía.

Virai no se inmutó y continuó llevándose a la boca bocados de tortilla, queso y pan; una mezcla extraña para algunos y una de sus combinaciones de sabores preferidas. Lo único que interrumpió a Nura su desayuno fue el final de este. Entonces limpió su plato con magia y lo guardó en el tupper sin fondo que iría en su bolso sin fondo bajo el pliegue de su jersey.

—Cuando quieras, Hal.

Virai nura se puso en pie y se ajustó la ropa para que todo su conjunto fuera en orden. Acarició los cristales incrustrados en su brazo y estos titilaron. Su mirada, sin embargo, estaba fija en las alturas.

41 Re: Ormivas el 15/07/17, 11:42 pm

Zarket


GM
A Hal aquellos sonidos no le parecían exactamente monos. Más bien le daba una sensación mezcla entre pavor y asombro, entre terror y maravilla. La vida, cualquier vida, era magnífica, pero en el caso de los dragones aquello se exponenciaba hasta el infinito. Aquellas bestias quitaban el aliento de una forma rotunda y absoluta.

No tardaron mucho en ponerse en camino, el demiurgo con un molesto zumbido de fondo. Reprimió varios bostezos, intentando mantener su atención en aquella visita. No, definitivamente no le gustaba andar de camping, ni la magia podía sustituir a la placentera sensación de dormir en un entorno civilizado.

O tan civilizado como podía ser Rocavarancolia, de todas formas.

El espía no tardó mucho en activar la invisibilidad una vez estuvieron cerca del nido. El demiurgo, por su parte, contuvo el aliento durante unos instantes, justo cuando se acercaban hacia el límite.

El nido era una hondonada grande, circular, y estaba por completo desprovisto de vegetación, a excepción de algunos musgos rojizos. Era evidente que la roca se había fundido y ardido incontables veces, y que incontables veces en el futuro lo haría de nuevo.

Había casi treinta dragones jóvenes y adultos allí, cuyas escamas iban desde el azul más intenso hasta un tono medio de un verde algo desvaído. Había también numerosas crías en grados distintos de desarrollo, y varios huevos. Uno de estos destacaba por su color, tan rojo como el de la bestia que lo cuidaba, único dragón escarlata en aquel grupo. Cadáveres carbonizados de distintos reptiles y anfibios se desperdigaban por todo el lugar.

Las lindes más cercanas a aquel lugar tenían algunos pequeños troncos, la mayoría carbonizados de las llamaradas cercanas que surgían de tanto en tanto. Más allá había un área extraña, que no calificaba como bosque, como selva, como estepa ni entraba en ninguna otra clasificación imaginable. Una barahunda de algunas de las plantas más extrañas de Ormivas, ninguna de las cuales superaba los dos metros. Con mucha densidad en algunas zonas y muy poca en otras, la heterogeneidad de flores y colores de hojas eran abrumadoras. Todos sus frutos, sin embargo, eran pequeñas esferas con una dureza absolutamente increíble para su tamaño y composición, preparadas para resistir el fuego que llegaba de cuanto en cuanto.

42 Re: Ormivas el 19/07/17, 11:04 pm

Yber

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GM
En cuanto llegó el momento, Virai activó la invisibilidad de ambos y alzó todas las protecciones necesarias. Hal y Nura se internaron en el nido y Virai aprovechó que nadie le veía para dejar a un lado la actitud altiva y la compostura que solía calzar. Estaban rodeados de más de una veintena de dragones, no sería un paseo agradable y al menos no tendría que fingir.

Para saber qué camino seguir, Hal no tenía más que seguir los diminutos arcoiris que aprecían y desaparecían en el suelo y en el aire. Destellos modestos y luces que no llamaban la atención de nadie que no estuviera pendiente de ellos. Cuando la distancia con las criaturas se lo permitía, el brujo le contaba detalles sueltos sobre los dragones, sobre la vieja Rocavarancolia o sobre leyendas como la que había dado nombre al rey piromante.

—Los más pequeños aun no escupen fuego, tardan años en aprender. Si detectamos un dragón con aliento prematuro tenemos ordenes estrictas de ejecutarlo en el acto, o crecerán y se convertirán en (...) —el brujo paraba ante cada bicho y cada planta que creyera nuevos, a pesar de que la zona cercana al portal era la más estudiada—. Cuando entró, descubrió que no quedaba mundo ni dragón al otro lado. Se cree que Andras Sula había reducido Querenia a poco más que un campo de asteroides, aunque los más fantasiosos creen que el dragón blanco vaga libre ahí arriba, alimentándose de soles y (...) —en un punto, Virai decidió acercarse a uno de los huevos. Le resultaban adorables y estaba seguro de que también podían cumplir una función ornamental si se les ponía en la esquina correcta de la casa adecuada—. Otro muy conocido es Balderlalosa, un dragón vampiro. Casi nada. Lo mejor de aquella bestia es que nació por si sola en otro mundo, tal vez influida por otra magia similar a la de la Luna Roja, quién sabe...

Y asi, iría soltando información con cuenta gotas.


_________________________________________

No llores por no poder ver tu pierna,
las lágrimas te impedirán ver los cadáveres de tus amigos.

43 Re: Ormivas el 19/07/17, 11:43 pm

Zarket

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GM
Las plantas tenían colores casi mareantes. Las hojas parecían que se habían mezclado por completo: tan pronto encontraba un matojo de verdes como otro de rojos. Las flores destacaban con millares de colores distintos: azules, amarillos, violetas, naranjas, blanco, negro... A casi cada paso el demiurgo se paraba con Virai, observando el ir y venir de aquella especie de mariposas-abejas que, ahora comenzaba a sospechar, no era un mero grupo de especies, sino una categoría taxonómica muy por encima.

Las historias de dragones que contaba el espía le fascinaba tanto como horrorizaba. Le ponía los pelos de punta la posibilidad de que por allí hubiera destructores, dragones con el suficiente poder para convertir aquel mundo en cenizas. Luego tuvo ganas de echarse a reír: incluso si no veía destructores... ¿qué más daba? Iba a meterse en un nido de dragones. De dragones.

Hal boqueó cuando por fin entraron en el nido. Sus pieles brillaban bajo la esplendorosa luz de los dos soles mivenses: cada movimiento sacaba un matiz distinto, cada escama brillaba de una forma única que cambiaba a cada mílimetro que se movía. Azules, verdes y rojos se mezclaban en sus ojos de una forma con la que nada podía competir.

«¿Un dragón vampiro?» se preguntó, casi aturdido. Estaba contemplando a un ejemplar cercano, con escamas azules-verdáceas especialmente intensa. Era joven, y acababa de ser derrotado en una pelea por unos restos de un animal demasiado devorado (y calcinado) como para ser reconocible. El dragón extendió las alas en un torbellino de ascuas, escamas y aire y alzó el vuelo hacia el cielo, realizando movimientos que, en principio, deberían ser imposibles hasta para la más ágil y ligera de las aves.

El demiurgo resopló, dándose cuenta de que aquel increíble monstruo ni siquiera era el mayor de los que había. ¿Cuántos litros diarios de sangre podía necesitar aquel dragón de nombre impronunciable?

Lo único que lamentaba el demiurgo de aquella escena es que el gigante verde no estuviera presente. Habría sido maravilloso tener a su luz mezclándose con la de los dos soles para reflejarse en las portentosas bestias entre las que se habían metido.

Hubo más exploración ese día, más calmada que la del día anterior. Estuvieron en otra isla cercana, una vez más en la parte húmeda. El demiurgo agradeció la magia de Virai, porque sospechaba que sin todas las protecciones que tenía lo habría pasado muy mal en una zona con tanta humedad ambiental.

La noche volvió a pasarla algo mal, aunque el puro cansancio le permitió dormir un poco más. Hal se desesperezó con cierto ímpetu, pensando en lo maravilloso que sería poder conjurar una cama completa y cómoda.

Inspiró hondo, contemplando la orilla del mar. Apenas había amanecido, pero la luz se filtraba a la perfección por las cristalinas aguas de aquel océano. El día estaba claro y límpido, tanto que en el horizonte podía verse una finísima línea: las montañas más altas de la isla donde se encontraba Nemae, la ciudad-Estado más grande de toda Ormivas. El demiurgo sonrió, contemplando aquel paisaje enmarcado por el sistema binario. Era un auténtico bálsamo para el alma.

Virai no tenía especiales ganas de seguir metiéndose entre ciudades, por lo que Hal iba a explorar Nemae con uno de sus objetos demiúrgicos. Contemplar al brujo hacer los movimientos del sortilegio de vuelo le hizo pensar en que él mismo no había dedicado mucho esfuerzo al aprendizaje mágico más allá de hechizos básicos. Quería corregir aquello, pero la gran cantidad de cosas que debía aprender acaba haciendo inevitable que dejara atrás algunas de las potencialidades de su transformación.

Estaban más o menos a medio camino cuando un movimiento en la base del agua llamó su atención. Un reptil marino surgió de allí, saltando del agua como si quisiera huir del océano. No quedó duda de que aquella era, en parte, su intención, cuando un segundo reptil saltó hacia él con la boca abierta y lo machacó entre sus mandíbulas. Hal se lo quedó mirando, contemplando el parecido de aquel ser con los dragones: tenía una cola parecida a la de los peces, pero su cabeza era casi idéntica a la de las bestias voladoras. Por su lomo había distintas aletas, mientras que sus garras delanteras eran palmeadas, parecidas a las de las aves marinas de otros mundos.

—¿Qué es eso?

Aquel nueva criatura los vio y se pusó a nadar en su dirección, vigilándolos. Unos segundos después sacó su boca y les escupió un potente chorro de agua, pero el movimiento que llevaban brujo y demiurgo impidió que les diera.

44 Re: Ormivas el 29/07/17, 09:40 pm

Yber

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GM
Para Virai, el día acabó a la vez como un éxito y como un fracaso. Por un lado, se había hecho con varias ilustraciones de especies nuevas (o potencialmente nuevas); por otro, Virai había dicho que esta excursión sería de ocio y no de trabajo. A veces, la línea entre lo uno y lo otro no quedaba clara para el propio brujo. No le dio demasiadas vueltas, sin embargo, ya que el brujo evitaba pensar demasiado antes de dormir.

Así, la noche fue buena (casi tanto como el desayuno posterior) y Virai emprendió el tercer día con tanto ánimo que sus cristales brillaban. El camino de hoy era largo, llegar a Nemae requería usar el hechizo de vuelo, pero era un viaje hermoso. El brujo alternaba entre desatar la irisación de la luz sobre la superficie del océano y robarla; a su paso el agua se llenaba de colores o los perdía brevemente.

La aparición de aquellos reptiles interrumpió el proceso y Virai les prestó toda su atención sin alterar el rumbo. Por suerte, a su velocidad pudieron evitar el chorro de agua, y a raiz de la pregunta de Hal, decidió aminorar la marcha para contemplarlos mejor.

—Creo que los mivenses los llaman sarkens, o algo parecido —le explicó—. En Rocavarancolia no se deciden: unos creen que son dragones marinos y otros creen que son "solo" primos de los dragones. Al final da igual quiénes lleven razón, son igual de peligrosos.

En concreto, a Virai le gustaban más estos que los de fuego.


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No llores por no poder ver tu pierna,
las lágrimas te impedirán ver los cadáveres de tus amigos.

45 Re: Ormivas el 30/07/17, 04:01 pm

Zarket

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GM
—Qué mundo tan vivo...

Su susurro fue dicho con admiración. Contempló un nuevo intento errado de aquel monstruo marino, que no tardó mucho en volver a las profundadis. El demiurgo suspiró, cerrando los ojos y sintiendo el latido del mundo bajo él. Ormivas vibraba de vida, de animales y plantas, de dragones. Cuando cerraba los ojos casi podía ver delante a todos y cada uno de los seres que habitaban aquel satélite.

No fueron más allá de las cercanías de la ciudad, se quedaron al borde de un bosquecillo cercano. Virai le explicó que aquella urbe se levantaba sobre una estrechez en la unión de dos lados, uno muy grande y otro más chico. Hal sacó una de las criaturas que se había traído y, con una mueca de dolor, le dio vida. Luego dejó que su acompañante la hiciera invisible, y dejó que volara.

Aquella criatura tenía un único botón cosido en la parte baja de un pequeño cuerpo esférico, que servía como ojo. Había tenido que copiarla casi punto por punto de uno de los ejemplos de Ingeniería demiúrgica, y había habido ocasiones en las que ni siquiera estaba seguro de qué estaba haciendo. Los pasos, sin embargo, eran correctos, y eso le permitía ver ahora lo que veía su criatura. Le incomodaba en extremo no estar entendiendo exactamente la mecánica de cómo lo hacía, pero sabía que aquel agujero en el estudio tendría que suplirlo los meses siguientes.

La ciudad era muy grande, y a pesar de ser la más poblada de aquel mundo al demiurgo le dio la sensación de estar casi deshabitada. «Será por una baja densidad, supongo...» pensó, ordenando a su criatura que volara mucho más bajo. Lo que desde arriba se veía tan difuso comenzó a ganar nitidez y detalle, y el más nuevo de los demiurgos de Rocavarancolia no pudo sino soltar un grito ahogado.

Sabía que había canales y aceras a los lados, pero no esperó que aquel fuera, en parte, el motivo del gran tamaño de la ciudad. A pesar de que varias de las calles-canales eran más ancha que el resto no había una sola vía estrecha, ni una callejuela, ningún callejón. Las aceras que había a ambos lados del canal de cada calle tenía, aproximadamente, la mitad de anchura del canal en cuestión, y acababan en pequeñas escalinatas donde había mivenses sentados, manteniendo sus pies y piernas sumergidos en el agua. El color, un suave crema, invitaba de alguna forma al sosiego.

Los edificios sí tenían color, aunque el demiurgo se sorprendió al ver que no era para nada pintura. Multitudes de plantas colgantes o trepadoras con flores y hojas del más diverso color. En algunos casos la planta cubría cada milímetro de la construcción con un solo color, aplastándose contra ella casi como si hubiera algo comprimiéndola. En otros dejaban parte del edificio libre, formando murales con una belleza difícil de describir. El demiurgo imaginaba, acertadamente, que todas aquellas enredaderas se habían obtenido mediante demiurgia.

Mentalmente ordenó a su criatura que ascendiera, buscando una zona inusualmente verde y roja que había visto antes desde el aire. No tardó en encontrarla y colarse entre ella, asitiendo extasiado a aquella nueva gigantesca obra mivense.

Era el Gran Parque de Nemae, una increíble construcción como pocas se podían ver. Los canales eran mucho más estrechos por aquí, mientras que la zona terrosa en la que consistía el suelo para las plantas se hallaba contenida por unas especie de amalgama de piedra con escaleras talladas que permitían a los mivenses salir de los canales.

El parque era circular, con ocho canales de entrada que se unían en el centro. Los canales dividían el lugar en ocho triángulos, donde las plantas de clorofila verde y las de clorofila roja se alternaban. Pro lo que más estaba maravillando a Hal eran los ramilletes flotantes: el camino en torno a los canales se encontraba flaqueado por árboles, y entre árbol y árbol se encontraba alguna planta de flores tupidas flotando. Tuvo que ordenar a su creación que se colara entre aquellas flores para descubrir que su hipótesis era acertada: aquellos ramos eran en realidad tierra volante, como la que se encontraba en los archipiélagos.

Pero sin lugar a dudas lo que más le maravilló aquel día fue el centro del parque. Los ocho canales confluian en un gigantesco estanque (que, estaba seguro, recibía agua de algún lugar más, pues los pequeños canales no podían bastar para alimentarlo). En el centro del estanque, en medio de una plataforma de tierra, se alzaba la estatua más espectacular que había contemplado nunca.

Era la cristalina representación de un dragón, con el vidrio tallado de una forma tan detallista que, de no ser por su obvia transparencia, podría haber pasado por un dragón disecado. Los colores de los soles se mezclaban al pasar por su interior de una forma imposible y se refractaban en cientos de arcoiris por la gran plazoleta central del parque.

Hal dejó a su creación revolotear durante largo rato entre los edificios de Nemae, admirándolos. Aquello sí que era una ciudad, y no Rocavarancolia. Al demiurgo le encantaría vivir en un lugar tan bello, limpio y bien cuidado como aquel.

Ya había dado la orden de vuelta a su criatura, sabiendo que le quedaba poco tiempo de vida, cuando sintió un retortijón doloroso en el vientre. La conciencia y visión de su creación desaparecieron por completo, devoradas por la nada de la muerte, y Hal, tras unos momentos para recuperarse del repentino shock, miró a Virai con algo de conmoción y miedo.

—S-se ha muerto. Creo que no había calculado bien el tiempo —admitió, preguntándose por los pensamientos que irían pasando por la cabeza de su acompañante—. Ha tenido que caer... no sé, en algún punto de Nemae, cerca de su frontera más cercana a nosotros.

La conmoción que le duraba no era por haber perdido esa criatura, o ni tan ni siquiera por la posible opinión que podría tener Virai sobre él. Lo que el demiurgo temía allí era al Consejo de Rocavarancolia, y qué decisión podían tomar con respecto a él ante ese error.

46 Re: Ormivas el 31/07/17, 07:40 pm

Yber

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GM
Para cuando llegaron, Virai ya habia informado a Hal de todo lo básico. El brujo no tenía muchas ganas de adentarse en la civilización y ambos pararon en la linde del bosque. Hal puso en marcha uno de sus juguetes demiúrgicos y Virai lo observó con seriedad. De estar atento, el carabés notaría como palidecía el brillo de los injertos de Nura. La envidia que sentía el brujo no llegó a detonar su mal humor solo por un motivo: dar vida dolía física y mentalmente. Virai apenas tenía herramientas de ayuda, pero al menos su inutilidad no dolía. No de la misma manera.

El brujo ayudó a invisibilizar la criatura y acto seguido levitó hacia las copas de los árboles más cercanos, en busca de una rama gruesa y alta. Virai Nura lanzó sobre sí mismo un hechizo repelente de insectos y se tumbó bocarriba, con los brazos cruzados bajo su cabeza y las piernas flexionadas. ¿Por qué ver la ciudad pudiendo contemplar aquel cielo un rato más?

La voz de Hal lo sacó del ensimismamiento en el que se había sumido y el brujo bajó a tierra firme.

—Lo siento por tu criatura —dijo inseguro. ¿Había que darle el pésame a un demiurgo cáda vez que se le moría un invento? No tenía claro cómo funcionaba aquello—. El hechizo de invisibilidad que usé sigue activo, lo podemos rastrear —respondió con cierta sequedad.

Virai podía haberle dicho que no pasaba nada, que lo que había ocurrido era insignificante y no les daría problemas, tal y como pensaba. Sin embargo, la envidia se llevaba aquellos detalles. No le diría nada malo, nada que le pudiera causar problemas; pero tampoco aliviaría al demiurgo más de lo necesario. No en aquel momento.

—Sígueme.

El brujo realizó un hechizo de búsqueda y voló en dirección al instrumento invisible.


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47 Re: Ormivas el 01/08/17, 07:19 pm

Zarket

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Virai Nura parecía molesto, pero por suerte no parecía que aquello hubiera sido un gran error. El demiurgo sintió una punzada de vergüenza cuando lo siguió, preguntándose si alguna vez dejaría de cometer errores que lo dejasen tan mal delante de otros. «Es normal cometer estos errores. ¡Apenas llevo dos meses transformado!» intentó convencerse, con poco éxito.

por suerte aquel invento no había caído en un lugar demasiado expuesto. Estaba en el tejado-azotea de una casa mivense de un solo piso cercana a las afueras de Nemae. En cuanto Virai quitó el hechizo que le había lanzado Hal soltó un suspiro de alivio, metiéndoselo con manos temblorosas en la bolsita de la que lo había sacado. Con algo de suerte el Consejo no pediría su cabeza.

No tardaron mucho en irse de aquel mundo, en parte por el cansancio que acumulaba el hechicero dador de vida. Aquella visita había sido corta y maravillosa, pero arrastraba un agotamiento que solo podría solucionar durmiendo en un lugar algo civilizado.

Sigue en la torre Serpentaria.

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