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Seth
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Ficha de cosechado
Nombre: Connor
Especie: Humano
Habilidades: Fuerza bruta, inmutabilidad, rapidez mental
Personajes :
Devoss: Humano (Países Bajos) Licántropo Tigre

Maila: Humana (Hawaii) Bruja de la Arena

Connor: Humano (Canadá)
Unidades mágicas : 8/8

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28/11/23, 04:27 pm
Había pasado casi una semana desde que todo se fuera a la mierda. Desde que aquel monstruo hijo de puta decidiera envenenarles la comida para matarlos a todos. Y casi lo habría conseguido de no ser por que Serena decidió comer antes que los demás. La verdad es que nunca le había caído bien, pero joder, cómo le agradecía que hubiera tenido tantas prisas por llevarse algo a la boca... No sabían siquiera si aquella cosa con alas seguía con vida, aunque desde luego que el flechazo del varmano había sonado doloroso de cojones, y el motero esperaba que estuviera muerto por mucho que se mantuviera alerta por si lo veía.

A pesar de todo, el paso de los días le había devuelto algo de la tranquilidad perdida y le había dado el tiempo para preocuparse por temas mucho menos graves, como por ejemplo: la puñetera barba. En el club, muchos de sus hermanos moteros tenían grandes barbas y hacían mucha gala de ellas. Costumbres y tradiciones tan arraigadas dentro de ellos como ir siempre con el chaleco puesto a todas partes o no dejar que nadie tocara sus motocicletas. El difunto Sean siempre se pareció al puto Santa Claus allá por donde fuera, y otros como Blake mostraban unos grandes bigotes trenzados. A Connor por el contrario no le iba mucho esa mierda. En el Paso, al contrario que en Toronto, casi siempre hacía jodido calor, así que era mucho más cómodo ir con la puta cara limpia. Un problema que se había encontrado en la ciudad al no haber cuchillas de afeitar o espuma, aunque tampoco se había esperado nada de eso cuando tenían que luchar por la maldita comida.

Ya habían pasado casi dos semanas desde que llegó, así que la sombra de la barba que acostumbraba a llevar había crecido. Dibujando un poco de negro el contorno de su cara, vaticinando una barba oscura en el futuro si no hacía nada por remediarlo. Aún no había llegado al punto de empezar a picar, pero es que ni siquiera iba a esperar a ese puñetero punto.

Por suerte, Nohlem ya le había ofrecido días antes echarse una mano mutuamente. La putada de todo aquello era que el afeitado debía ser con navaja a falta de otra cosa, y al contrario de lo que parecía ser en el felino... Él no tenía mucha idea de cómo se hacía. Sean le había enseñado en su momento cuando era un adolescente, porque el viejo había sido un cabronazo chapado a la antigua al que le gustaba hacerse el elegante de vez en cuando. Pero lo único que consiguió Connor fue llevarse cortes y más cortes. Ahora había llegado el momento fijado, y el motero ya se estaba imaginando la puta cara de Nohlem como la de un colador...

<<¿Cómo cojones usan algo que está hecho para cortar... y no se cortan, joder?>> Pensó el motero con el ceño fruncido mientras entraba en el salón, el lugar que habían acordado juntos. Connor rellenaría un cubo de agua del pozo, y luego empezaría a limpiar una de las navajas sentado en una silla, mientras hacía tiempo para esperar a Nohlem y sin poder evitar ver la ironía de todo aquello. Justo cuando era la primera vez que iba a usar una navaja contra alguien sin intención de hacer sangre... y es cuando más lo veía posible.
Kanyum
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Nombre: Nohlem
Especie: Varmano granta
Habilidades: Puntería, intuición, carisma

Personajes :
Jace: Dullahan, humano americano. 1’73m (con cabeza 1’93m)
Rox: Cambiante, humano australiano/surcoreano. 1’75m
Kahlo: Aparición nocturna varmana granta. 1’62m
Nohlem: varmano granta. 1’69m
Xiao Taozi: Fuzanglong carabés. 1’55m

Unidades mágicas : 5/5
Status : Prrrr prrrrr

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28/11/23, 11:13 pm
Realísticamente hablando, afeitarse no iba a aumentar sus probabilidades de sobrevivir delante de un monstruo, ni les haría inmunes al veneno, ni evitaría que les cayera encima una cornisa en llamas o que los devorase un gusano. Ahora bien, quizás sí que les ayudaba a quitarse parte del deseo a que ninguna de esas cosas pasara.

Sin espejo en el que alimentar la autoestima la imagen que tenía uno de sí mismo se volvía puro juego mental. Nohlem solo tenía la opinión de otros y el sentido del tacto para “saber” como estaba, y si de algo estaba seguro era de que esa barba tenía que irse. Al granta le gustaba el vello facial, su padre tenía y le hacía parecer distinguido, el problema es que las poquísimas veces que él había intentado dejarse algo o no salía suficiente o no salía uniforme, y su madre rápidamente le “animaba” (con razón) a deshacerse de ello. Es cierto que su último intento había sido hará un par de años, cuando le empezó a salir con mayor insistencia, pero…
No, definitivamente ahora no era el momento. Ya demasiado duro era estar olvidando su propio rostro para descuidarlo tanto. Además, no quería que la próxima vez que se viera en un espejo le diese un telele.

Por eso acudió a la otra víctima de la genética: Connor. Después de tantas desgracias y problemas realmente serios, era normal que su propuesta se hubiese visto aplazada unos días. No morir era prioritario a estar guapo, por supuesto, pero ahora que la calma se asentaba como polvo a la luz y el tiempo amenazaba con volverse más denso que la miel asquerosa de las cestas, bueno, ganar un poco de amor propio seguro les curaba en salud. De nuevo, no les quitaría de morir, pero quizás sí de no querer morirse. Tanto.

¿Cómo va esa navaja? —preguntó a Connor desde la cocina—. ¿Está lista para el cuello de mi primer cliente?

El agua que el pelirrosa le había traído ya estaba bullendo, así que apagó el fuego y sumergió una toalla dentro. Cogió la olla y la llevó hasta la mesa, la cual habían movido cerca de la salida al patio para que agua y jabón cayesen fuera mientras trabajaban. Había preparado todo con el orden meticuloso de un hijo de su madre, y es que ese ritual le hacía bastante ilusión. Arrastró una silla, ofreciéndole nuevo asiento a Connor con una sonrisita.

¿Sabes? De hombre a hombre, respeto y festejo tu decisión de afeitarte y haré lo mejor que pueda, pero debo decir que la barba no te queda naaaada mal. Ya es tarde para cambiar de opinión, ojo —rió.

Y a diferencia del humano, el varmano estaba confiado. En Varmania las cuchillas llevaban décadas existiendo (mucho más rudimentarias que las modernas humanas, claro), pero todavía era común afeitarse a navaja. Él había aprendido de su padre, y este hasta se había ofrecido de modelo en varias ocasiones para que practicase. La excusa era fortalecer el vínculo paterno-filial, ¿la realidad? una buena forma de ahorrarse el ir al barbero.

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Seth
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29/11/23, 06:34 pm
Connor lavaba con esmero la cuchilla, con aire distraído. Iban a hacer el afeitado en el salón, pero habían cambiado un poco el orden de los muebles para que fuera mucho más cómodo. La mesa ahora estaba cerca del patio, para mojar lo menos posible de agua y jabón el interior. Mientras tanto, Nohlem se estaba encargando de calentar el agua que había sacado el motero antes del pozo. Había algo de puta armonía en todo aquello... Eran dos jodidos alienígenas el uno para el otro, similares en algunas cosas y muy diferentes en otras, pero ambos secuestrados por los mismos cabrones para que jugaran en sus malditos juegos de psicópatas. Y sin embargo, a pesar de lo ocurrido hacía unos días, el motero sentía una cierta y agradable cotidianidad con algo tan simple como afeitarse, aunque fuera con una navaja.

Algo normal. Nada fuera de lo común. Sin ratas con putas espinas, sin hijoputas con alas ni sombras acojonantes. Sin salidas del torreón para buscar algo que llevarse a la boca. Sólo dos cabronazos y una misión tan normal como resultaba ser quitarse los jodidos pelos de la cara. Por eso, cuando Nohlem le habló Connor alzó la mirada con una sonrisa adornando los labios y un bufido de risa.

-La navaja está afilada de cojones.- Le respondió con sorna mientras meneaba un poquito la mano que sujetaba el arma blanca, para hacer algo de hincapié en la afirmación.- Y mi puto cuello está listo, el que no lo está soy yo... ¿Estás seguro de que sabes una mierda de esto?- Le preguntó con un tono que no dejaba lugar a dudas sus intenciones de picar y molestar.

Más pronto que tarde, Nohlem le ofrecería una silla dónde sentarse. La verdad es que Connor se alegraba bastante de ir primero. Se sentía mucho más seguro en manos del felino que viceversa, cuando le tocara ser el barbero, pero no podía negar que algo de intranquilo se seguía sintiendo. Con el puto hecho de que, como bien había dicho Nohlem, fuera alguien a pasarle algo afilado por el puto cuello. Era como si todas sus alarmas se activaran, en parte por puro instinto y seguramente un poco por las secuelas de la vida violenta que llevaba en el club, y que le decían: Cuchillo y cuello. Cuello y cuchillo. Juntos mal, chungo de cojones. Pero al menos podía quedarse un poco con el truco para cuando cambiaran roles.  Aún así, Connor se acabó sentando en la silla fingiendo que estaba tranquilo. Su sonrisa se ensanchó y soltó un ¡JÁ!, al oír el halago de Nohlem, mientras se acariciaba la corta y oscura barba.

-De hombre a hombre...- Le señaló con la mano abierta y extendida hacia arriba.- A ti tampoco te queda nada mal la puta barba, joder. Pero es verdad que de aquí a tres semanas, pasaremos de ser dos cabronazos guapos de cojones a parecer unos vagabundos. Así que al puto lío.- Le secundó con una risa mientras se daba varias palmadas en el cuello.

Connor le tendió la navaja para que la cogiera por el mango, sin saber si debía recostarse o por el contrario erguirse más.

-A ver, cabronazo.- Empezó su pregunta con una leve sonrisa en los labios mientras, sin darse cuenta puso ambos antebrazos en el respaldo de la silla y se balanceó un poco.- En tu casa sois todos putos pijos... ¿Así que esto de la navaja es algo de los ricachones de por allí? Ya sabes joder, la elegancia, las jodidas  buenas formas... Parece algo que pega con todo eso, ¿no? ¿O tenéis otras formas de hacerlo?- En su tono había genuina curiosidad y humor, sin intención de ofender por lo de "putos pijos". Aunque era cierto que le caían jodidamente mal la gente con dinero... Nohlem se había convertido en la excepción que confirmaba la regla.
Kanyum
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30/11/23, 08:09 pm
¿Acaso es la primera vez que te afeitas? —le preguntó con burla, con los brazos cruzados apoyados sobre el respaldo de la silla y el cuerpo ligeramente inclinado a esta—. Llevo haciendo esto desde los 15 años, amigo. No solo a mi mismo, diré, ¡a mi padre también! Y hasta donde yo sé no me he quedado huérfano —se apartó para dejarle sentarse—. Al menos no desde la última vez que le afeité.

Cuando el motorista tomó asiento Nohlem pilló la toalla y la escurrió en la olla, sacudiéndola un poco para no quemarse con el agua caliente. Bromear era más fácil que pararse a pensar en lo que implicaba que Connor estuviera inquieto -su falta de experiencia con la navaja convertía al granta en potencial víctima-, pero por suerte era inmune a los nervios estando ocupado. Resopló por la nariz, sonrió enseñando dientes cuando el cumplido le fue devuelto y no se aguantó las ganas de atusarse la barba después. Le ayudaba a imaginarse así mismo con mejores ojos.

Sí, que los Santos nos libren de parecer una ardilla espeluchada —rió—. Pero eh, quien sabe —le quitó la navaja y revisó que estuviera bien—, si salimos de esta a lo mejor te hago caso y me dejo la barba corta.

Exprimió la toalla una vez más como último chequeo, se puso a su espalda y espero a que se estuviera quieto con media sonrisa burlona. Al ser llamado pijo alzó las cejas con la pizca justa de ofensa humorística.

Prefiero catalogarnos como “gente de buen gusto” —no bromeaba aunque pudiera parecerlo. Exhaló una risa—. Ojalá poder decirte que sí, te ha quedado muy fino lo que has dicho, peeeeero ¡no! La navaja no distingue entre ricos y pobres. Todo el mundo tendrá que afeitarse de vez en cuando, ¿no? Ahora estate quieto, quiero creer que he matado al pájaro pero no me apetece añadir un segundo cuerpo a la lista.

Con una mano le hizo mirar arriba, alzó y sujetó su barbilla en el sitio, le pidió que cerrara los ojos y colocó la toalla sobre su rostro con cuidado. La humedad y el calor deberían preparar la piel.

También tenemos maquinillas de afeitar. ¿Tenéis vosotros? —imaginaba que sí, porque si no estaba hecho a la navaja…—. Beh, están bien para salir del paso, pero una navaja es mucho más limpia. No se oxida con tanta facilidad ni tienes que estar cambiándola.

Miró la hora en su reloj y aprovechó la pausa para quitarse los anillos, mojar la pastilla de jabón e ir creando espuma, frotándola contra los nudillos de la mano libre.
¿Nervioso? —preguntó para chincharle.

Porque ahora yo lo estoy un poco” se confesó en silencio con una risilla. No por menos, era la primera vez que afeitaba a un mafioso.

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03/12/23, 09:13 am
Connor solo pudo sonreír con la actitud burlona de Nohlem y su respuesta, alzando los brazos como si pidiera la paz. Tal y como ya parecía, el varmano sabía lo que hacía con la puta navaja, porque le había afeitado hasta a su jodido padre y llevaba sabiendo hacerlo desde los quince. Aunque siguiera algo nervioso, el motero se relajó un poco más con aquella confirmación de Nohlem. Ahora el problema no es que pensara que pudiera acabar degollado... Es que no sabía si iba a poder evitar hacérselo a él...

-¡JA! Nos negamos a ser unas putas ardillas de mierda, ¿verdad?- Le siguió la broma con una risotada que le sacó el felino. Sin embargo sus siguientes palabras le bajaron algo los ánimos. "Si salimos de esta a lo mejor te hago caso y me dejo la barba corta". Era una frase oscura y sombría dentro de aquel ambiente ligero, cargada de dudas. Connor frunció el ceño y su expresión se volvió algo distraída, pues al igual que Nohlem, no las tenía todas consigo de que pudieran volver y solo podía darle la jodida razón.

Aún así, pronto salió de su trance al escucharlo defenderse de su "putos pijos", alegando que él prefería llamarlo "gente de buen gusto". Aquello le hizo sonreír y soltar una leve risa picaresca. Eso del buen gusto no es algo con lo que estuviera de acuerdo, al menos no con los putos ricachones de la Tierra. Trajes de etiqueta, maletines, miradas estiradas y altivas... Joder, que puta ostia en la cara tenían la mayoría de ellos. Connor en cambio prefería la sencillez, como todos los Wyverns, y era algo hasta de lo que se llegaba a sentir orgulloso en comparación con aquellos ejecutivos estadounidenses... Lo curioso de todo era como muchos de ellos eran más hijos de puta que cualquier miembro del club.

-Te discutiré eso del buen gusto después, cabronazo... cuando no seas el que lleve la puta navaja.- Le intentó picar con una sonrisa de medio lado y reincorporándose un poco. Pero por poco tiempo. -Está bien, joder, está bien. Ya me quedo quieto.- Dijo mientras intentaba quedarse como una puñetera estatua. Era mucho más fácil hacerlo a la sombra de algún árbol mientras fumabas, que en ésa situación donde iban a pasarle un filo cortante de cojones por el cuello. Aún así lo consiguió, y se dejó hacer mientras Nohlem le alzaba la barbilla para que mirara arriba y le pedía cerrar los ojos. Pronto sintió la toalla caliente y reconfortante sobre su rostro.

El mundo del varmano era más tecnológico que el de otros, como el de Szcheniak. Pero aún así tenía diferencias con la Tierra más allá de que sus habitantes tuvieran rasgos de jodidos gatos. Así que le sorprendió que las maquinillas de afeitar fueran una de las similitudes con los humanos, sobre todo porque ya se había formado la imagen mental de que tanto ricachones como pobres usaban las navajas para afeitarse y solo eso.

-¡Joder, también tenemos! En la Tierra te puedes afeitar con navajas, pero la usan más lo barberos y no tanto el resto. La mayoría de los humanos somos unos cabrones impacientes, así que nos van más las maquinillas de afeitar...- Empezó a explicar con la voz algo solapada y queda por la toalla caliente pegada a su rostro. Luego su tono se volvió algo más curioso, pero cargado humor.- Tu mundo se parece mucho al mío, joder... ¿Seguro que eres de la puta Paramania?-

A pesar del buen humor había llegado el momento del puto afeitado. Donde tenía que confiar en que un alienígena rico y felino que le caía de puta madre no le degollara el cuello en el intento. <<Joder, si le contara esto al club pensarían que me he drogado de veinte cosas a la vez...>>. Pensó con una sonrisa tras la toalla, que se ensanchó cuando Nohlem intentó chincharle preguntándole si estaba nervioso.

-¡Córtame el cuello y vete a tomar por culo ya, gilipollas!- Una risa corta y nerviosa como respuesta, negándose a admitir lo que ya era evidente, y escurriéndose un poco la toalla hacia abajo debido al movimiento.- Pero prometo intentar quedarme con el puto truco de cómo lo haces, para que no me pase la misma mierda que la última vez.-
Kanyum
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03/12/23, 09:54 pm
Menudos vagos —respondió con una risita burlona. En realidad las maquinillas que tenían eran muy, muy diferentes, aunque eso ninguno tenía forma de saberlo con tan pocos datos. Las varmanas eran trastos metálicos pesados cuyas afiladísimas hojas tenías que cambiar a mano, por no hablar de la cantidad de humedad y por ende peligroso óxido que podían pillar. De ahí a que la navaja aún fuese la favorita de muchos—. ¿Paraqué? —estalló en risas—. ¡Varmania, joder! ¡Varmania!

Su risa continuó en el tiempo, no solo por lo brutísimo que podía ser Connor y sus fallos de niño chico, sino por la casualidad con la que él mismo había dicho “joder”. No era una rareza, las palabras malsonantes solo estaban prohibidas delante de sus mayores, reservadas a aquellos con los que tenía confianzas y no tenía que demostrar respeto, pero… algo le daba en la nariz a que estar con el pelirrosa haría hábito de malas costumbres. Podía imaginarse a su madre mirando fijamente el jabón que tenía entre manos como diciendo “te lo vas a comer” si volvía un poco más rebelde.

Eeeeh, cuidado con lo que me llamas, amigo. ¿Te recuerdo quién tiene el cuchillo? —le advirtió con voz sedosa y una sonrisa de medio lado, visible ahora que Connor había dejado caer la toalla—. Para tu información soy un refinado gilipollas —e igual de visible fue su cara de póker, la perplejidad que la rompió y sus ojos bien abiertos en lo que empezaba a ser susto—. ¿Qué última vez? —rio con una pizca de nervios, pizca que según la respuesta podría ser el salero entero—. ¿A qué te refieres con última vez?

Le quitó la toalla para dejarla en el borde de la olla y le acercó la pastilla reblandecida a una mejilla, haciendo espuma hasta la línea de su mandíbula. Sus ojos eran un rombo grueso, no la fina línea gatuna que solía ser.

No sé como afeitáis los mafiosos pero apreciaría mantenerme con vida, Connor —rio débilmente—. Y no sé que prefiero, que me cuentes como degollaste a alguien o vivir en la ignorancia hasta que me afeites —arrugó el morro, su sonrisa la mueca más comprometida posible. Con todo le hacía gracia—. Por favor dime que no mataste a tu padre afeitándolo.

Una vez lleno de espuma, como si su barba se hubiera vuelto blanca y jabonosa, Nohlem dejó la pastilla en la mesa y se enjuagó las manos. Si algo había aprendido de Ethan y el allí presente era que los humanos tenían mucho gusto por las bromitas, y con suerte se trataba de eso. Cogió la navaja y le apuntó con la misma.

Más te vale que sea buena la historia, “cabronazo”.

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17/12/23, 05:25 pm
-¡Pues eso he dicho, joder! ¡Varmania!- Le respondió aunque en realidad era consciente de su error con el nombre, con una sonrisa de medio lado y contagiándose del estallido de risas de Nohlem. Con varios de sus compañeros provenientes de otros mundos, era jodidamente difícil quedarse con cada uno de los nombres de los planetas. ¡Y el de Nohlem ni siquiera era el más difícil! ¿Cómo cojones se pronunciaba el de Räg, para empezar? ¿Miorni? ¿Mejorne? El de ellos los humanos era mucho más fácil, quizás hasta el punto de que parecieran algo gilipollas: La Tierra...

El motero se removió en su asiento mientras reía con el comentario de Nohlem y su aclaración de que era "un gilipollas refinado", alzando las manos en señal de paz cuando éste lo "amenazó" empuñando el cuchillo. Era curioso cómo habían empezado al principio. Cada uno por su lado, sin interacciones importantes pero desde luego muchos prejuicios por su parte. Pero joder, es que había acertado a la primera con que era un puto pijo... Y ya no es solo que en el club hubiera toda una tradición a odiar a la gente trajeada con maletín y a sus hijitos de papá y mamá, que iban de un lado para otro con su jodida arrogancia y cara de querer comprarte con su dinero... Es que no creía personalmente que a nadie le pudiera caer bien ninguno de esos cabrones que se bañaba en oro y billetes... Al menos hasta ahora. Nohlem era un pijo si, pero era un buen cabronazo, y le alegraba que así fuera porque le tocaba dejar que le pasara la cuchilla por la garganta.

Cuando Nohlem se preocupó con nervios por la última vez que el motero decidió afeitarse con navaja éste sonrió como un niño pequeño en un inicio, soltando una risilla por su reacción. Pensaba en contarle una historia de lo más jodida, sangrienta y sí, probablemente con alguna muerte desagradable y familiar como estaba teorizando el varmano. Era tentador de cojones, y si el cuento de los putos yodas ya le había parecido su obra maestra, esperaba que ésta fuera la definitiva. Pero luego recordó la historia real, mucho menos fantástica y más cotidiana, con el fallecido Sean como protagonista y la sonrisa traviesa se le borró de la cara. Si le estaban preguntado por esa historia, merecía ser contada la real. Estuvo un par de segundos en silencio con la mente en otro sitio, en otra persona, antes de recuperar la compostura y volver a hablar jocoso como si nada.

-¿Mafioso yo, joder? Hasta ahora el más chungo de este sitio eres tú y ese puto arco tuyo...- Dijo con sorna el motero.- ¡Y no, cojones! No maté a ningún padre intentando afeitarle...- Respondió entre carcajadas que hacían que se moviera en la silla, mientras Nohlem terminaba de enjabonarle la barba en espuma blanca y luego iba a enjuagarse las manos. No podía negar que ver a Nohlem preocupado por la historia le divertía quizás demasiado, y lograba animarlo por mucho que la anécdota estuviera relacionada con Sean. Que después de eso se acercara y le apuntara con la navaja, usando su propio "cabronazo" en su contra y esperando que fuera buena la historia hizo que Connor estallara en carcajadas mientras ponía de nuevo las manos en alto en señal de paz, aceptando la derrota y preparándose para contar la historia. -Está bien, joder, está bien.- Concedió mientras se acomodaba en la silla y clavaba los ojos en el techo del salón.

Hablar de aquello, aunque fuera una tremenda gilipollez, le hacía recordar su vida en el club. No la de hacía apenas unas semanas, no, su vida con los Wyverns cuando era un adolescente y Sean aún estaba vivo.

-Bueno, a ver... Era un puto crío todavía de catorce años.- Empezó a contar con la vista aún clavada en el techo. Su tono era entre medio divertido y algo nostálgico.- Ya me estaba empezando a salir la barba, ya sabes, la puta pelusilla de cualquier adolescente de mierda. Esa que te quieres dejar crecer para hacerte el tío duro y mayor, pero en realidad necesitas que un cabronazo te diga que te afeites y dejes de hacer el jodido ridículo. Bueno, pues ese cabronazo era Sean.- Hablar de él era triste, pero por alguna razón también liberador.- El cabrón me vio un día con mi "barba" y me dijo...- Connor intentó poner una voz mucho más grave para imitarlo.- "Eh, Connor... ¿Qué es esa mierda que tienes pegada a la cara? ¿Vas a dejarte la barba o a participar en un circo, puto payaso?"- A pesar de lo que era el comentario, Connor rio a carcajadas en la habitación, con la tranquilidad que le daba a uno saber que Sean era así y siempre hablaba desde el cariño.- Cuando me di cuenta ya me estaba explicando como había que afeitarse con una navaja, porque eso era lo que usaba la gente que tenía un mínimo de clase. Era el más macarra de todos, así que también era un poco hipócrita de cojones por su parte.- Connor bufó divertido antes de terminar aquella anécdota cotidiana que no llegó a nada mucho más lejos.- Pues este cabrón, Sean, me afeitó la mitad de la cara para enseñarme cómo hacerlo. Y luego me dejó allí solo para que no me quedaran más cojones que hacer yo mismo la otra mitad igual de bien y que aprendiera.-

Connor se quedó un par de segundos en silencio, con una sonrisa nostálgica en los labios antes de volver a hablar. Ésta vez si se giró un poco para mirar a los ojos a Nohlem con una expresión divertida en el rostro.

-Para que te hagas una idea de cómo salí del baño... Estuvieron semanas echándoselo en la puta cara a Sean y diciéndole que cómo cojones se le ocurría dejarme solo.-- Al cabo de un segundo, Connor abrió los ojos como platos al darse cuenta de que quizás esa historia tampoco era la más tranquilizadora de todas, y que parecía revelar un montón de cortes para Nohlem en el futuro inmediato.- ¡Pero eso no va a pasar ahora, joder! Esa vez estuve solo, y ahora estás tú para decirme cómo se hace...- Connor dejó escapar una corta risotada, a medio camino entre la diversión y la incomodidad antes de decidir que era mejor cerrar la puta boca.
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20/12/23, 03:43 pm
Por suerte estar ocupado le libró de ver como se desvanecía la sonrisa de Connor, sino el varmano se habría rallado más que los viejos vinilos favoritos de su padre. Los humanos habían llamado tantas veces al lobo que era fácil quitar razón a sus locuras, pero un gesto como ese daba poco margen a la incredulidad. De espaldas a él mientra se enjuagaba las manos simplemente acató su silencio a la creación del cuento. Una risa tan sincera como abrupta irrumpió de su pecho, profundamente halagado por ser considerado intimidante. Kalna la guerrera le halagaba por su uso del arco, Connor también... como siguieran así su ego crecería cosa mala.

Ahh, bueeeno, me quedo mucho más tranquilo entonces —replicó con canturreada ironía. Su sonrisa in crescendo cuando la risa de Connor llenó el lugar, tan lejos de tomarse mal su propia medicina con el insulto que le dedicó. Connor le había aterrado tanto o más que Kalna el primer día, los dos con esas caras mortalmente serias y el plus de la altura del pelirrosa, y aunque ahora quedaba una capa de prudente respeto hablar con ellos era a su manera terreno ya explorado. Con Kalna el meticuloso cuidado de un vals en una fiesta importante y con Connor la desfachatez de un mesa de apuestas a la que tratan bien las cartas. Claro que, sin ojo ambos podían salir terriblemente mal.

Se pasó el filo de la navaja por antebrazo para comprobar que tan bien cortaba, y apartó los pelitos resultantes mientras oía a Connor, no queriendo interrumpir aún. La forma que tenía de expresarse era tan única para él que su risa afloraba a cada poco.

Sí, la conozco bien —esa pelusilla por la que su madre le había hecho el favor de obligarle a afeitarse.

El tal Sean le habría parecido un completo bruto de no ser porque ya conocía a Connor, y a cierta forma era una realidad tan alternativa a la suya que la tomaba como una muy entretenida ficción. Le gustaba la dualidad de aquel personaje, y más aún la terrible forma que tuvo de enseñar a un Connor tan jovencillo que si Nohlem se lo imaginaba demasiado no se vería para nada como el buey de carga que era ahora.

¡Pero, vamos a ver...! —comenzó replicando, interrumpido por las carcajadas—. ¡¿Ni siquiera te dijo como sujetarla o qué?! Y yo pensaba que mi madre era una profesora drástica.

Él se había cortado y seguía cortándose de vez en cuando, por supuesto, no tenía la precisión de una mantis religiosa en caza, pero su padre se había encargado de enseñarle bien para evitar que el rostro de su hijo, o más bien, del hijo de su esposa, fuera motivo de vergüenza.

Connor el dos caras. Me gusta como suena —rio un poco más, algo más débil pensar, desgraciadamente, en la veracidad de la historia y lo que eso suponía—. Bueno pero algo aprenderías, ¿no? —le hizo alzar un poco el rostro, acercando por fin el filo a su barbilla. Al encontrar sus ojos negros le dedicaría una sonrisa de muchos dientes que, dentro de toda su diversión, reflejaba cierto pánico—. ¿No?

Tragó saliva, resopló una última risa y afianzó su pulso, arrastrando el filo con el característico raspar del vello y el jabón.

Es verdad que afeitarte y afeitar a otro son dos mundos distintos, pero... Ya verás como no es tan difícil —los ánimos eran más para sí mismo que para él. Otra pasada—. Tienes que seguir la dirección del pelo. Es cuestión de ángulo, como... ¡como untar mantequilla en un pan! —y para validarse pasó una tercera, despacio, limpia—. Un pan que tiene ángulos raros y sangra mucho si te descuidas... —silencio. Apartó el cuchillo para que Connor pudiera hablar, el tono calmado del granta convertido en un ruego cómico, al menos si no eras él—. No quiero ser Nohlem el media cara, por favor. Si pierdo mi hermosura no le daré pena a los monstruos.

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Seth
Seth

Ficha de cosechado
Nombre: Connor
Especie: Humano
Habilidades: Fuerza bruta, inmutabilidad, rapidez mental
Personajes :
Devoss: Humano (Países Bajos) Licántropo Tigre

Maila: Humana (Hawaii) Bruja de la Arena

Connor: Humano (Canadá)
Unidades mágicas : 8/8

Navajazos con mucha clase Empty Re: Navajazos con mucha clase

25/12/23, 10:04 am
Contar anécdotas del pasado podía ser peligroso, porque podía romper muros y barreras erigidos con gran solidez, sobre todo si se hablaba de alguien que ya no estaba. Como con todos los Wyverns, Connor siempre consideró a Sean como un hermano mayor. Irresponsable, ruidoso y demasiado problemático como para que existiera alguna posibilidad de que pudiera hacer vida fuera del club. Pero además de un puto cabrón también había sido alegre, leal y en muchos sentidos el corazón de los Wyverns. Su muerte pesaba... en realidad todas lo hacían. Por eso, debajo de las carcajadas y ambiente dicharachero Connor sentía un pequeño nudo en el estómago que lo enredaba por dentro y no lo soltaba ni de puta coña. Hablar de Sean era liberador, pero también podía ser un arma de doble filo.

Aún así, todo era mucho más fácil cuando el que escuchaba era Nohlem. Las risas del varmano le sacaban una amplia sonrisa al canadiense, mostrándose contento de que la historia le resultara jodidamente entretenida. En su momento fue una pedazo de putada, pero ahora era una historia más que contaban los suyos en el club después de una fiesta, con más alcohol que sangre en vena.

-¿Enseñarme a sujetar la puta navaja? ¡Que va, ni de coña joder!- Respondió contagiándose de las carcajadas de Nohlem, mientras se movía un poco en el asiento. Cuando le llamó "Dos Caras" no pudo más que redoblar sus risas, provocando subidas y bajadas en su pecho.- Eh, te llamaría cabronazo por decirme algo así... Pero sigues teniendo la puñetera navaja... Y me gusta ese nombre.- Sin embargo, cuando el felino por fin se dispuso a afeitarle y antes le preguntó si algo aprendería de Sean... Connor se quedó en silencio unos segundos, con una leve sonrisilla pícara en el rostro que delataba su lucha por ser de nuevo un puto payaso o ponerse algo serio.- Eh...¡Claro, capullo! ¿De verdad crees que me ofrecería a afeitar a alguien sin tener ni puta idea y arriesgando su jodido cuello? No, cojones... Soy un puto cabrón, pero no un hijo de la gran puta...- A pesar del tono tranquilizador que había mostrado, hubo un leve movimiento en la silla y unos ojos evitando su mirada.

Aunque el hecho de dejar que otra persona le afeitara con una cuchilla le ponía jodidamente nervioso,  la sensación no tardó en irse en cuanto Nohlem empezó a demostrar que no hablaba a la puta ligera sobre su habilidad. El raspar del filo con su rostro no resultaba doloroso, llevándose los pelos en esa zona mientras el varmano seguía hablándole y dándole consejos. Lo que antes había sido un latir de corazón acelerado por sentirse tan vulnerable, ahora era un compás lento que iba casi al puto ritmo de la navaja. El motero atendía concentrado a Nohlem, sentado en la silla y moviendo la cabeza cuando fuera necesario para su compañero. Su último comentario le sacó una risa completa y jodidamente nerviosa, mientras sentía cada vez más y más una presión aplastante por no cagarla cuando llegara su turno. Ésta vez optó por intentar ser más tranquilizador.

-No serás Nohlem Media Cara, joder...- Le dijo dándole una palmada en el hombro. Y luego le imitó con una risotada...- Seguirás teniendo tu puta hermosura para darle pena a esos cabrones, ya verás. Y eh, si te quedas más tranquilo...- Connor se quedó unos segundos en silencio, meditando alguna opción que pudiera servir...- Vale joder, si te quedas más tranquilo... Por cada corte que te haga te debo un puto favor. Nada que me reviente la puñetera cabeza, eh... Yo que sé, cojones... Traerte el puto vaso de agua, no poder escaquearme y tener que entretener a los enanos, afilar las putas flechas...-Connor levantó las manos con las palmas hacia arriba mientras asentía con la cabeza. -¿Más calmado, cabronazo? Yo no quiero deberle una mierda a un puto pijo, que lo sepas...- Añadió con sorna y una sonrisa en su rostro lleno de espuma.

El motero se quedó unos segundos en silencio, antes de volver a la carga dándole un leve empujón en el hombro a Nohlem.

-Y hablando de putos pijos... Yo ya te he contado algo, ¿no vas a contarme alguna historia divertida tuya, joder?- Le preguntó con una sonrisa por lo que estaba a punto de decir, queriendo chincharle.- He oído que os bañáis en sangre de putos pobres y esas mierdas.-

Si al Connor del pasado le dijeran que iba a llevarse tan bien con un rico, independientemente de que fuera un gato, probablemente se habría descojonado sin creérselo. Pero era cierto, y no pudo evitar pensar de nuevo que Nohlem debía ser la puta excepción que confirmaba la norma.
Kanyum
Kanyum

Ficha de cosechado
Nombre: Nohlem
Especie: Varmano granta
Habilidades: Puntería, intuición, carisma

Personajes :
Jace: Dullahan, humano americano. 1’73m (con cabeza 1’93m)
Rox: Cambiante, humano australiano/surcoreano. 1’75m
Kahlo: Aparición nocturna varmana granta. 1’62m
Nohlem: varmano granta. 1’69m
Xiao Taozi: Fuzanglong carabés. 1’55m

Unidades mágicas : 5/5
Status : Prrrr prrrrr

Navajazos con mucha clase Empty Re: Navajazos con mucha clase

27/12/23, 10:13 pm
Hay que joderse —masculló entre risas, poniendo cara de circunstancias.

No le habían enseñado a sujetar una navaja. No era la afirmación que esperaría de un mafioso en su primer día de clase pero, eh, si apenas sabía de mafiosos en Varmania menos sabía de sus tradiciones fuera de su mundo. Quiso agarrarse a las palabras de… ¿ánimo? de Connor, aunque más bien sonaban a amenaza bajo amenaza, como si desconfiar de su palabra solo le llevase a un destino peor. A las malas, supuso, podría intentar afeitarse solo…

¡No, noo! ¡Para nada! Confío ciegamente en ti… —añadió llenándose la boca con cada sílaba—. Aunque prefiero seguir viendo mientras confío, te lo digo por si piensas en dejarme ciego cuando tengas tú la navaja. Mejor no, ¿sí? —añadió con retitín de broma.

Le dedicó una sonrisa de medio lado después de la palmada y una entera en toooda su magnificencia cuando Connor le propuso un intercambio en toda ley. No es que quisiera recibir un solo corte, pero puestos a llevarse un arañazo o dos… ¿qué menos que cobrarse algo? Arañazo, claro. Porque eso es lo que quería imaginarse del peor escenario.

Oh. Ooooh, ahora… ahora estas hablando mi idioma. A lo mejor mafias y familias ricas no son tan diferentes después de todo, ¿eh? Dos gotas hermanas —rio entre dientes, de mejor humor—. Calentarme el agua… Enjabonarme la espalda, sacar brillo a mis zapatos… Que tengas que llamarme Señorito Nohlem durante una semana, como compensación por todos tus “pijos” —rio un poco más—. Estoy más calmado sí. Si no quieres deberme un beso como me lo debe Ethan a lo mejor te conviene no cortarme la cara, creo que estamos en un buen punto intermedio de interés.

Iba a empezar a silbar con renovado humor cuando otro empujón de Connor hizo que la melodía saliese como la llamada de un estornino. Se lamió los labios como para preparar un segundo intento, pronto reemplazado por un nuevo propósito de Connor: hacerle abrir los ojos como platos por el pozo del que hubiera sacado tales ideas de bombero borracho.

¿Perdón? Creo que te estás confundiendo de mundo. Con sangre se bañan en Libo —comentó con total naturalidad, aprovechando la genuina sorpresa de su expresión para darle más peso. Aún así, sus ojos exploraron rápidamente la sala para comprobar que Kalna no estaba cerca. No quería que le oyera decir tales cosas—. No sé si tengo nada a la altura de Connor Dos Caras, la verdad, pero…

Se concentró en su trabajo y en buscar en su baúl de recuerdos. No quería nada muy personal, nada que hiciese burla a su imagen y mucho menos que le pudiera etiquetar como “gato en celo”, tampoco herir la privacidad de ningún amante porque era de mal gusto…

Oh —abrió los ojos—. Mira, temático, ¿sabes que una vez me endeudé con la mafia? La de mi mundo. Santos, esto lo vas a saber tú y los cuatro tontos que me acompañaban —rio, inconsciente de haber usado la famosa t-palabra—. No ha salido nunca de mis labios, siéntete honrado.

Uno pensaría que era buen truco para ligar, “huí de la mafia, estoy vivo”. Si tenías la suerte de que te creyesen luego tenías que tener la suerte de que no te rehuyeran.

>>Estaba con unos amigos haciendo apuestas en el hipódromo. Ya, ya sé, no está bien visto en tu mundo, Ethan ya me ha echado la bronca, no hace falta que lo hagas tú también —comentó rápidamente, casi rodando los ojos con una sonrisita burlona—. El caso es que estaban teniendo una racha increíble. Yo… no tanta. Tengo mis ahorros y tal pero me quedé sin dinero y se me ocurrió la genial idea de poner en juego el dinero de mis padres. Lo típico, ¿sabes? Rascar una billetito o dos extra solo para hacer una apuesta firme… —solo que no habían sido un billete o dos—. Bueno, pues lo perdí. Y como claramente yo no tenía ese dinero encima, porque era de mis padres, no mío, estaba en su cuenta y ellos no sabían ni saben que me gasto el dinero en apuestas, pueees… Jaja… —rio con nervio contagiado—. Connor, yo no sabía que los mafiosos se vestían tan bien, te lo prometo. Me los imaginaba, no sé, con abrigos exageradísimos, bastones y zapatos en punta y cicatrices por toda la cara. Yo pensaba que era un empresario muy elegante, nada más. Nos sentamos en su mesa porque a un amigo le gustaron sus guantes —negó con cara de circunstancias—. Cuando le dijo a otro “llama al jefe”… Te juro que escuché como chasqueaba la pistola. ¿El cargador, sabes? —y con ambas manos, navaja aún en mano, imitó el giro del tanque de un revolver—. Ya no sé si fueron alucinaciones mías o qué, pero ni en esta ciudad he corrido tan deprisa. Si me ponen a correr en la pista le gano a los osogrifos.

No si, normal que los humanos viesen con malos ojos las apuestas. Menudo ejemplazo acababa de marcarse.

No me persiguieron, ni a mi ni a mis amigos. Éramos unos críos, o sea… 15 recién cumplidos. Yo creo que ni se molestaron con nosotros por eso. Por eso y porque bueno, no les di el nombre de mi familia y al menos se quedaron con lo poco que sí pude apostar —rio entre dientes—. No he vuelto a pisar ese hipódromo nunca.

Sacudió la cuchilla fuera para deshacerse de la espuma, inspeccionando vagamente el rostro de Connor aún con la sonrisa nerviosa en la boca por la historia. A un lado, al otro… Un corte más.

>>Así que bueno, en el caso hipotético de que pudieras pisar Bermellón ya sabes como joderme la vida. Te plantas en La Ladera conmigo atado y dices “¡este idiota os debe dinero!” y listo. Te podrías cobrar hasta un secuestro conmigo —arrugó la cara—. O sea, otro.

Con toda la charla, Connor estaba listo. Nohlem se acercó a la mesa a por la toalla seca para quitarle cualquier pelito suelto del cuello.

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Seth
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Maila: Humana (Hawaii) Bruja de la Arena

Connor: Humano (Canadá)
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Navajazos con mucha clase Empty Re: Navajazos con mucha clase

03/01/24, 12:38 pm
-Palabrita de motero, cabronazo. No pienso dejarte ciego.- Le prometió con una sonrisa mientras juntaba sus manos como si aquel gesto de mierda pudiera arreglar el hecho de que Connor no tenía ni idea de cómo afeitarlo cuando llegara su turno. Había escuchado con atención las indicaciones de Nohlem y era buen profesor, pero una cosa era eso y otra muy distinta tener el filo en su propia mano. Al menos entre las carcajadas de ambos, la tensión de poder degollar a su compañero se veía algo reducida y quedaba enterrada bajo una capa de diversión. Sobre todo al ver cómo al felino se le llenaba la boca hablando de que confiaba en él, pero pidiéndole que no le sacara un ojo. Pero para qué mentirse joder, en realidad el motero estaba de los putísimos nervios.

Sin embargo tras ofrecerle aquel trato de favor por cada corte que pudiera hacerle, y tras ver cómo había reaccionado Nohlem, Connor no pudo evitar soltar un bufido aparentando molestia aunque la sonrisa en su cara le delataba.

-Joder... Ya me estoy arrepintiendo de haberte propuesto...Ésta puta mierda.- Dijo mientras escuchaba todas las ideas de Nohlem. Estaba claro que sabía aprovechar las oportunidades cuando las veía. Cuando llegó a la parte del beso el motero soltó otro puñetero bufido meneando la cabeza.- ¡Ehhhh! ¿¡Qué cojones te pasa con los besos!? ¿Es algo típico de los vararma... var... de los tuyos? Yo me refería a algo más como lo otro que has dicho, ser tu... joder, si es que soy gilipollas... Tu puto criado.- Declaró de una manera tan forzada y robótica, que quedaba claro que le había costado horrores decir aquello. Aunque seguía con la idea de seguir adelante con la apuesta. Mientras Nohlem seguía afeitándole con soltura, una sonrisilla adornaba la cara de Connor mientras lo escuchaba.

-Tienes toda la razón. En Libo tiene pinta de que se bañan con sangre de pobres cada día, al menos Kalna tiene toda la puñetera cara de que no le importaría hacerlo, ¿verdad?- Comentó con sorna. Aquella cabronaza era tan fría e iba siempre tan de dura que se esperaba cualquier mierda. Cuando Nohlem se dispuso a contar también una historia, Connor se acomodó en la silla, dispuesto a escuchar con la mayor atención. Que aquella anécdota que le iba a contar lo supieran solo otras cuatro personas más la hacía jodidamente más interesante. -Necesito que me cuentes esa mierda.- Le pidió con una risotada.

En la sala solo se escuchaba el raspar de la navaja contra la barba de Connor y la voz de Nohlem hablando de aquella historia. La verdad, era una más jodida que la que él había contado. La suya se había quedado en una pequeña broma con el paso del tiempo, más o menos, ¿pero la de Nohlem? Era cojonudamente mucho mejor.

-¿Apostaste el puñetero dinero de tus padres? ¿Ves? Te lo dije cabrón, aquí el que tiene más pinta de mafioso eres tú.- Dijo cuando iba por esa parte, otra vez más con una carcajada. Sin ninguna duda aquello le dejaba claro que Nohlem era o había sido el típico pijo ricachón que todos en el club tenían como concepto en sus cabezas. Irresponsable y que se gastaba el dinero de sus padres. Pero dónde siempre habían creído que todos eran unos cabrones elitistas, Nohlem no se comportaba de esa forma. Así que diez puntos para el gato y seguía siendo la excepción a la regla.

El resto de la historia se avecinaba mucho más chunga y Connor la escuchó mientras dentro de él se libraba una puta batalla. ¿Se reía? ¿No se reía? Porque joder, le hacía toda la puñetera gracia y se le notaba en la cara. Puede que fuera porque él ya formaba parte de una banda y ese tipo de ajustes de cuentas las tuviera normalizadas. Puede que simplemente le gustara reírse de la gente que consideraba ya como colegas o amigos, o que descojonarse de desgracias ajenas pasadas era terapéutico. Ni puta idea, pero cuando Nohlem dijo: "Connor, yo no sabía que los mafiosos visten tan bien, te lo prometo", simplemente el motero puso cara de no poder aguantar más y empezó a hacer ruidos de risa y contención por lo bajo. Sin saber si se debía a la forma que tuvo Nohlem de decirlo, si era por la risa acumulada que contenía o una mezcla de las dos cosas. Cuando terminó de hablar, Connor dejó salir todo.

-¡JAJAJAJAJAJAJAJAJA! ¡Cojones, tu historia es mucho mejor!- Soltó mientras se daba un par de hostias en la pierna, después levantó un poco las manos en señal de que no se lo tomara a mal y habló interrumpido por las risas.- Perdona joder, es que... ¡HMMM! Es que... tuvo que ser jodido de cojones, perdona Nohlem...- Tras varios pares de risitas más por lo bajo Connor recuperó parte de la compostura.- Eso sí que fue jugártela, cabronazo... Me alegro de que no te metieran un tiro o te mandaran la cabeza cortada de un animal, o algo así.- No sabía si le hacía más gracia imaginarse a un Nohlem de quince años apostando o corriendo por su puta vida. Vale, en realidad el chiste no estaba por ningún lado, pero si que lo tenía de alguna forma...-Debían ser los mafiosos más simpáticos del barrio si te dejaron marcharte aún cuando apostaste ese "par de billetes". -Dijo con sorna y picardía en su cara.- Pero es verdad que hay que ser muy cabrón para joderle la vida a un puto crío de quince años...-

Tras un par de cortes más Nohlem parecía haber terminado de eliminar su barba, y mientras iba a buscar una toalla el motero se palpó la ahora limpia cara con una sonrisa de satisfacción.

-Te ha quedado de puta madre... Joder, mejor que cuando llegué aquí.- Cuando Nohlem se acercara de nuevo, Connor mostraría una sonrisa abierta, pero que dejaba ver algo de nervios.- ¿Estás listo para el cambio? Recuerda: cada corte es un favor. Pero te vas a comer una mierda. Pienso dejarte bien afeitadito, solo para no deberte nada.- Palabras seguras, dichas con un tono que dejaba mucho que desear.-

Una vez Nohlem le pasara la toalla para quitarle los pelos suelto, Connor se levantaría de la silla haciéndole gestos para que se sentara. Empezaría a lavar con esmero la navaja mientras tanto.

-Al principio no me caías del todo bien, ¿sabes cabronazo?- Le empezó a contar.- Solo la primera mañana, después tuvimos esa charla los cuatro por la noche y fue algo mejor.- El motero se quedó unos segundos en silencio ante de volver a hablar, precedido por un bufido divertido.- Y ahora parece que me esté despidiendo de ti, cojones... ¿Algunas últimas palabras?-
Kanyum
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Nombre: Nohlem
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Rox: Cambiante, humano australiano/surcoreano. 1’75m
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Nohlem: varmano granta. 1’69m
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Navajazos con mucha clase Empty Re: Navajazos con mucha clase

03/01/24, 11:30 pm
Quizás por no tener a otros varmanos como influencia el clasismo de Nohlem estaba mejorando a pasos agigantados. Como en una tumba ahí todos estaban igual de jodidos, y la barrera cultural irónicamente ayudaba a normalizar lo extraño. Entonces, que Connor acabase como criado era única y exclusivamente culpa suya, no del granta. Era su palabra contra la suya, no había sido él quien verbalizó el pensamiento en primer lugar.

¿Acaso sois alérgicos a los besos? Cualquiera diría que os dan más miedo que la servidumbre —sonrió con decepción—. Es una pena porque beso muy bien, pero si lo que prefieres es frotarme la espalda en la bañera… —se encogió de hombros.

Su sonrisa se estiró con cierta incomodidad cuando Connor siguió la broma sobre Libo, demasiado temeroso a ser oído en algo que si bien había empezado él, por educación no pretendía continuar. No quería caer mal a nadie, pero sobre todo no quería caer mal a Kalna, principios de supervivencia. Con el tiempo el canadiense había dejado de darle tanto miedo, la libense por otro lado descendía en su escala mucho más despacio, en parte por esa aura que a grosso modo le recordaba tanto a las féminas de su familia. Ahora bien, la posibilidad de infundir aunque fuese una porción de ese respeto en otros… tenía que admitir que no se sentía mal. Prefería ser amado que temido, pero como niño que fantaseó con ser pirata imaginarse como mafioso también tenía su encanto.

Que eso venga de ti me halaga.

Una víctima contándole a un criminal sus andadas y que el mafioso le creyera un igual a su vez, esa sí que era buena conclusión. Que a Nohlem le subieran las angustias de un miedo pasado no significa que quisiera dar pena con ello, por eso cuando notó que el otro contenía la risa no pudo sino reírse por su cuenta. El duelo interno del humano lo hacía aún más divertido y ameno, incluso si pudiese sentirse humillado. Inspiró sonoramente como una señora mayor indignada y le miró con una mano puesta en el pecho.

¿¡Estuve a punto de morir y tú te ríes!? —pero en el momento en el que Connor empezó a pedir perdón no aguantó, las carcajadas salieron tras las suyas—. Capullo. Espera —abrió mucho los ojos—. ¿Cómo que la cabeza cortada de un animal? ¿Me estás diciendo que los mafiosos de la Tierra también hacéis eso?

Menudo ping-pong más ridículo se estaban montando, culpándose el uno al otro de crimen organizado. Ahora que, pensaba ganar. Sonrió con satisfacción por el trabajo bien hecho, contemplando al motero en busca de cualquier fallito de última hora y lo que es mejor, no encontrando ninguno.

Hmmmm. No has quedado mal, no. También te digo, es difícil arruinarte con lo guapo que eres. Y a estas manos prodigiosas no les tiembla el pulso —alzó las cejas y ladeó la sonrisa. Que interpretase como quisiese.

Se hizo a un lado para dejarle pasar y ocupar su puesto, sintiendo entonces el peso de su estómago caer como una piedra por los crecientes nervios. El precio de un corte salía más caro a su barbero que a él, y aún así no le apetecía dejar su futuro en manos tan inexpertas o acabar con la cara hecha un rascador de osogrifos. “Tu criado” pensó, infundiéndose ánimos, “tu propio guardaespaldas”. Suspiró, y aunque pudiera leerse como teatro cómico, no lo era.

Claro. Estoy listo para que me debas un beso. O a lo mejor te lo doy yo a ti, me apetece estrenar esa cara tan limpia.

Se reacomodó varias veces en el sitio antes de quedarse oficialmente quieto, observando sin observar lo que hacía Connor. Al menos sí que le estaba escuchando, porque rio ante su confesión repentina. Sin lugar a dudas sonaba como una despedida, y Nohlem no sabía si eso lo hacía más horrible o más gracioso.

¿Se puede saber que he hecho? ¿Es por haber llamado “tonto” a Abel? Chico, no sabía que los humanos teníais la piel tan fina. El tipo se asustó de Tawar y vomitó en la fuente, si me preguntas a mi me quedé corto llamándole solo eso. ¡Mi duda era genuina e inocente, culturalmente correcta! —¿eso de que no quería llevarse mal con nadie? Bueno, había una excepción—. ¿Fue por mi aspecto? Entiendo que no estés acostumbrado a mis rasgos, sobre todo siendo tan pálidos, pero a mi me resultaste sexy desde el día uno —mintió. Una risita entre dientes no tardó en venderle—. Vale que a lo mejor vuestras narices y orejas redondas me parecieron un poco raras, y puede que tú me dieras bastante miedo, peeeerooo… Pst, ¡me caíste bien desde el principio! Para nada creía que me matarías en mis sueños. ¡Pssst!

Despachó toda la información con un gesto de mano. Después le miró a los ojos sin sonrisas, solo clemencia.

Por favor no me mates. Soy adorable.

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