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Raven
Raven

Ficha de cosechado
Nombre: Ethan
Especie: Humano
Habilidades: Buen oído, valor y motivación
Personajes : Ethan: Humano, Ingles/Japonés 1.75

Síntomas : En ocasiones, se le desenfocará brevemente la vista.
Armas : Ethan Lanza partesana y una daga

Status : Ciego y cojo, el chiste se cuenta solo.

¡Cenicienta, que ya son las doce! - Página 2 Empty ¡Cenicienta, que ya son las doce!

12/03/24, 10:54 pm
Recuerdo del primer mensaje :

Después de haber tenido un cielo estrellado tan bellamente decorado, regresar a la cotidianidad de una noche oscura e insípida era un poco solitario. Ethan ya no vestía sus mejores galas, ni lucía un maquillaje suave y efectivo, ahora, como una Cenicienta a la que el hechizo se le había acabado antes de tiempo descansaba recostado en el patio. Las ojeras marcadas y sus ropajes amplios recordaban más un estatus de servidumbre que de príncipe y rota la magia del baile no había zapatito que pudiera regresarle a vivir de nuevo aquel cuento de hadas.

Estaba bien con ello, no tenía ratones como compañía pero Antorchita hacía de buen sustituto. El pobre y rechoncho murciélago (Estaba engordando de más gracias a su fuente poco controlada de comida) descansaba a su ladol, iluminando de forma tenue las cercanías del pozo. Había terminado de comer hacía rato y ahora por inercia, estupidez o mera ingenuidad se había quedado medio adormilado. El suave calor que emanaba sus alas no era el suficiente para calentarlo pero al menos aliviaba parte de la añoranza arrastrada por la visita al palacete.

Ethan suspiro feliz por el nuevo acercamiento, aún no se atrevía a acariciarlo en parte por el miedo a que se fuera y en parte por el miedo a volver a quemarse, así que en ese momento vacío de tiempo se dedicaba a hacer una pequeña figurita mientras su mente vagaba en los embriagadores recuerdos. Eran tan recientes que aún sentía el rubor de sus mejillas florecer cuando pensaba en las diferentes escenas, en como los brazos de Connor había envuelto sus caderas para recortar distancias o en cómo los iris esmeralda de Nohlem se posaban sobre él a medida que quedaba acorralado en la terraza. Una sonrisilla tonta se le escapó de entre las comisuras lo que llevó a que el murciélago se erizara en el sitio asustado ante el repentino sonido.

-Oh, perdona pequeñín. -Le susurró bajo para no importunar más su ansiada siestecilla.

Tras la puerta que daba al patio los ruidos quedaban levemente opacados por lo que a pesar de la fiesta que estaban haciendo sus compañeros a ellos solo les llegaban los ecos de la misma. Ethan ya había estado animando y festejando pero la pierna había sido demasiada molestía y la música demasiado cansada por lo que con el tiempo había ido a refugiarse en ese remanso de paz al que tantas veces recurría. Bajo sus manos una pequeña nutria de tono castaño (Gracias a un pequeño mago anónimo llamado Aniol al que le pedía colorearle los papelitos)  estaba cobrando cada vez más forma.

Kanyum

Ficha de cosechado
Nombre: Nohlem
Especie: Varmano granta
Habilidades: Puntería, intuición, carisma

¡Cenicienta, que ya son las doce! - Página 2 Empty Re: ¡Cenicienta, que ya son las doce!

22/03/24, 07:19 pm
No esperaba que Ethan se interesase, así que asintió ipso facto a su petición, igual de ilusionado. Tendría que versionarla para que no perdiese rima ni significado, un reto considerando la de interpretaciones que tenía, pero… ¿qué otra cosa tenía que hacer tantas horas metido en el refugio? Otra pizquita de felicidad le llegó al saber que cinco era el número máximo de estrellas, aunque ignoró la amenaza de perder evaluación por un desliz al que no pensaba volver ni para defenderse. Ni falta le haría.

Dándole vueltas al anillo de esmeralda en su anular como tornillo suelto, un movimiento oculto a ojos de Ethan por el ángulo de su cuerpo, Nohlem atendió como si sus respuestas y reacciones fueran temario de examen. Por supuesto que estaba nervioso, pero quizás no tanto como demostraba el humano. Mantuvo a raya una sonrisita burlona cuando notó al otro huir de su mirada, pues era una probabilidad que su timidez viniera de la mano del rechazo. Al menos se quedaría con que lo había intentado, y como para no hacerlo tras el visto bueno que había recibido a media mañana. Que creyera que hablaba de una corona le hizo reír, el tipo de risa cortada que no sabe como entregar una negación.

Bueno, te acabo de decir que no necesitabas corona para parecer un príncipe… —lo dejó al aire a posta.

Quería aparentar soltura recostado en su propia rodilla, pero lo cierto es que se sentía inquieto se pusiera como se pusiese. Le gustaban los nervios buenos y el revoloteo de las mariposas, pero ahora estaba un poco falto de esa anestesia gradual que proporciona el tiempo y un mejor ambiente. Más que romper el hielo Nohlem prefería derretirlo, pero tales eran los contras de dejar las cosas a medias. No obstante las palabras mágicas de Ethan fueron la dulce afirmación de que el cuento no siempre se ata al escenario, ni el flirteo tenía que empezar de cero. Una sonrisa de felicidad torpona como sus latidos brotó en su cara. Como si así pudiera disimularla Nohlem ladeó el rostro a otro lado, rascándose vagamente el morro en el proceso.

Sí, me refería más a lo otro, sí… Por eso que dijiste de que podía devolvértelo cuantas veces quisiera, y tal… ¡Que a ver, no es que estuviera mal o no me gustase! —se excusó rápidamente—. Es solo que como llegó Aniol… —con el rostro bajito buscó el negro de sus ojos, tragándose la timidez—. Solo me debías un beso en la mejilla así que está bien, peroooo… no sé, realmente pensé que iba a ser… diferente.

Sonrió un poco, culpable, riendo suavemente como prueba de unos nervios aflorantes. Luego sacudió ligeramente la cabeza en ese ping-pong entre mantenerle la mirada a Ethan o no. Finalmente se pegó un poquito más a él, hombros en su dirección. Sin mucho preámbulo Nohlem se inclinó para besarle, un beso sencillo en el mismo sitio donde él lo había recibido, entre mejilla y comisura. Exhaló una pequeña risa en el ademán de echarse para atrás, antes de repetir un segundo pico en el mismo lugar ipso facto. Tan cerca Ethan podría escuchar el inicio de un ronroneo.

¿Es aquí donde besáis los humanos normalmente? —preguntó por lo bajo a pesar de ir recuperando las distancias. Su sonrisa reflejaba una alegría desmedida, picardía oculta bajo la excusa de inocencia e ignorancia: primer anzuelo.
Raven

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Nombre: Ethan
Especie: Humano
Habilidades: Buen oído, valor y motivación

¡Cenicienta, que ya son las doce! - Página 2 Empty Re: ¡Cenicienta, que ya son las doce!

24/03/24, 04:53 pm
La desgracia se confirmó cuando Nohlem admitió no haber traído ninguna corona. Ethan escondió tras una sonrisa nerviosa la vergüenza repentina que le había entrado al ser consciente de su error. Ya no sabía qué era exactamente lo que le estaba provocando los cosquilleos, si el sentirse equivocado, la reciente ola de halagos o el hecho de que solo quedará una opción posible como regalo. Un beso.

La pregunta era, ¿qué clase de beso? Porque el trato inicial había sido uno bien sencillo pero las estrellas del palacete guardaban su secreto culposo y sabían que, bajo aquel firmamento había intentado ir a por otro no contento con el de la mejilla. Una realidad que ahora golpeaba con tanta fuerza como lo hacía el latir de su corazón. Claro que lo sabía, ambos lo sabían, si no hubiera sido por Aniol la historia habría cobrado otro rumbo. Tampoco podía enfadarse con el pequeño pues en su momento se había sentido aliviado por la intromisión, al fin y al cabo el juego estaba bien, daba calidez, pero temía acabar quemándose si se acercaba demasiado al sol.

-Ah… -Fue su burda respuesta a la aclaración. Pronto la acompañó con una risa bajita y avergonzada, propia de un niño que aún siendo descubierto trataba de hacerse el confundido ante la trastada. -Si, bueno… iba a serlo, un poco diferente, no tan apresurado desde luego.

Volvió a reírse presa de los nervios ganando algo de valor cuando Nohlem dejaba de verlo para verse desinflado cuando sus miradas se cruzaban de nuevo. La timidez afloraba culposa, causando hormigueos ya conocidos en su interior. Por un lado seguía anclado a esa escena, a como Nohlem se inclinaba sobre él en el palacete y como había deseado volver nula la distancia entre ambos, su otro lobo en cambio, siendo un poquito más racional le recordaba que hiciera lo que hiciera su única vía de escape eran un cuarto en el que irónicamente dormían juntos. Los errores que hubiera cometido en el palacete podían dejarse atrás, los que hiciera allí, no.

Ahora bien…

Tener al varmano cerca tiró por la borda cualquier intento de raciocinio, pues tan pronto sintió el gentil roce de sus labios contra la mejilla el capricho sobrevino a la duda. El segundo regalo se sintió como un premio a medias, como dejarte probar chocolate pero quitarlo antes de que pudieras saborear de verdad. Ethan quedó brevemente mudo, pestañeando con una lentitud pasmosa mientras la brisa volvía a correr entre ambos. Hacía años que no coqueteaba con ningún chico y hacerlo con uno de los más guapos del torreón cuando ya no tenía maquillaje ni vestía bonito era reconfortante, le subía poco a poco un ego marchito.

-No… -Musitó en bajo, atolondrado más por la cargada intención que por la propia acción. -Ah eh, quiero decir, si, bueno, depende!

Corrigió rápidamente tras una risa nerviosa. No se había planteado una duda tan sencilla como que quizá el mismo gesto no compartía significado entre diferentes razas. Ya en la tierra ocurría algo similar, hasta lo que tenía entendido los japoneses eran muy reservados afectivamente y en zonas como el mediterraneo los besos en la mejilla se convertían en un saludo cotidiano entre desconocidos. La sonrisa del felino al menos lograba tranquilizarlo, confirmando al menos que no había nada de malo por ese tipo de confianzas.

-Tenemos muchos, depende de a quien se los quieras dar y porque se los quieras dar, claro.

Sus ojos danzaron por el lugar, de Nohlem al patio, del patio a enfocarlo en el murciélago, el murciélago vuelta a Nohlem y en una fracción de segundos la desvío hacía sus labios en un acto reflejo que le llevó a volver a rehuir. Mejillas encendidas y vergüenza latente.

-A los peques o a los abuelos se les puede dar en la frente, a la gente más cercana en la mejilla y eh, pues cuando alguien te interesa de otras maneras más cercanas pues hmm… -Dudó, durante un instante dudó, movió una mano pero acabo suelta al poco de levantarla, volviendo a bajarla presa de los nervios. No sabía hasta qué punto no estaba cruzando una barrera sin retorno, solo sabía que en parte quería hacerlo.

Fue entonces cuando se atrevió a adelantarse un poco, recuperar una distancia que había perdido Nohlem y por segunda vez logró esta vez sí alzar el brazo hasta que su índice se apoyó levemente en los labios del pelirrojo. Un gentil toque que indicaba el lugar.

-Aquí.
Kanyum

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Nombre: Nohlem
Especie: Varmano granta
Habilidades: Puntería, intuición, carisma

¡Cenicienta, que ya son las doce! - Página 2 Empty Re: ¡Cenicienta, que ya son las doce!

26/03/24, 01:01 am
El varmano hizo acopio de voluntad para mantener su sonrisa a raya y dar la imagen de control y elegancia que cualquiera de su clase se supone que tenía que dar, pero era TAN difícil con toda la alegría que atesoraba dentro que sentía que llevaba puesto un mal disfraz. Le había admitido que el beso iba a ser diferente, pero es que para más inri tras los dos piquitos había fundido algo en Ethan, y lo notaba. Podía verlo cortocircuitar con sus voces bajas, sus ojos esquivos y risas tontas, en esa timidez tan dulce que no le alejaba sino que le traía más cerca de él; las obvias señales de que el interés  seguía siendo mutuo. Con la pequeña sonrisa de un niño que ha cometido demasiadas travesuras dejó descansar la cabeza contra el pozo a su espalda.

¿No? —repitió con modulada sorpresa antes de que Ethan se corrigiera—. ¿De qué depende? 

Ni siquiera se había planteado que los besos terrestres y los varmanos fueran diferentes, ni que separasen distinto a ellos las demostraciones de cariño según para quien fuesen. Su pregunta no había tenido tanta profundidad como la que pudiera darle Ethan, y sin embargo tras la capa de segundas intenciones atendía con genuino interés por la curiosidad de comparar culturas. No se le escapó la forma en la que el otro se fijó en sus labios, y por ese detallito fugaz ahora luchaba contra la inmediata tentación de humedecérselos como reflejo. Y entonces lo que esperaba, la pausa antes del último punto. La espectación le hizo separar la espalda del pozo unos centímetros, orejas rectas en vigía y rostro en su dirección. Impaciente quiso romper el silencio preguntando qué otras maneras cercanas eran esas, pero aún con sus gestos oxidados el londinense fue más rápido. Tocó sus labios.

Ni la oscuridad era lo único que mantenía sus pupilas redondas ni el fuego de Antorchita lo único que prendía sus mejillas.

Oh —musitó, tan bajo que el sonido llegó un poco más tarde que el movimiento de su boca—. Oh —repitió con una sonrisa desmañada, intentando zafarse de lo aturdido que pudiera haberse visto. El corazón le rebotaba en el pecho—. Entonces… No es tan diferente a Varmania.

Sorpresa de nadie. 

>>En mi mundo damos besos en las manos para los recién conocidos… —buscó una mano de Ethan y besó su dorso con suavidad, ojos cerrados. Luego la soltó con delicadeza—. Así. En las mejillas para familiares y amigos un poco según la situación… Aunque los más sentidos los damos con las mejillas tal cual. Frotando con- con esta parte —se cubrió la zona con una mano, abarcando del hueso del pómulo al pico de la mandíbula, cerca de la oreja—. Es para cualquiera que queramos: niños, familia, amigos… parejas. Los damos al consolar oooo, no sé, cualquier muestra de afecto con más sentimiento.

La charla no le estaba haciendo sentirse más tranquilo, solo alargaba lo que seguramente ambos quisiesen, pero le habían enseñado a ser un señorito con clase y paciencia y en el fondo lo disfrutaba. El fuego lento en su justa medida, el vuelo revolucionado de cientos de mariposas y el martilleo de sus latidos, las ganas de mirarle a los ojos y sostenerle la mirada a pesar de los nervios. Era un tango que no dependía de la guía de uno, sino del juego de ambos.

Y como vosotros —esta vez fueron sus ojos los que recorrieron los labios del otro—, cuando alguien nos interesa de otras formas… 

El turquesa de Nohlem ahora engullido por el negro de sus pupilas se detuvo en el centro de su boca, luego en su cicatriz. Sus ronroneos, de momento suaves, se activaron con el tacto de su barbilla, cuando con una mano la sujetó para poner ángulo. Por una fracción de segundo pensó en acariciar con inocencia sus labios tal como había hecho él, pasar el pulgar por el grosor del inferior, comprobar la diferencia entre la cicatriz y la parte sana...  

Aquí.

Pero al carajo. Mejor si lo hacía con los suyos. 

Ethan tendría margen para apartarse si es lo que deseaba. De lo contrario sus labios se encontrarían con los del varmano, quien para no ponerse nervioso y patinar actuó de forma idónea para estos casos: apagando el cerebro. En su burbuja de ignorancia no existían consecuencias, no pensaba en la incomodidad de la convivencia forzada durante a saber cuantos meses, que el chico que tenía delante siquiera era de su mundo, lo que por A o por B lo convertía en algo finito, pasajero, ni que estaban en un sitio horrible donde quizás morían mañana.

Bueno, de hecho, en este último punto sí que pensaba. Era un buen incentivo a no arrepentirse de sus actos.

Su boca se movería cuidadosa, sin lengua ni intromisiones, centrándose poco a poco en su cicatriz para quedarse con una textura que no había probado nunca. Una de sus manos buscó cualquier unión extra con Ethan, posándose sin presión sobre su pierna, brazo o mano, donde quiera que cayese. Roto el primer muro de vergüenza sus ronroneos se intensificaron al ansiar más, aunque tuvo la decencia de separarse para poner punto y coma entre uno y otro (si Ethan le permitía otro beso, claro), para no hacer la escalada tan vertiginosa. Resultó siendo uno sencillo, a sus avariciosos ojos apenas una toma de contacto, pero un beso al fin y al cabo. El varmano le miró sonriente, ruborizado y con las orejas gachas por una ya no tan agobiante timidez, en el espacio escaso, justo y necesario para deleitarse con las facciones del chico lindo al que acababa de besar. Si solo dependiera de él le buscaría al instante, se inclinaría sobre Ethan para cerrar esa distancia de nuevo, y apenas necesitaba una señal para hacerlo. La sonora vibración en su garganta y su respiración pausada eran buena prueba de las ganas que le seguía teniendo.
Raven

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Nombre: Ethan
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¡Cenicienta, que ya son las doce! - Página 2 Empty Re: ¡Cenicienta, que ya son las doce!

29/03/24, 09:03 pm
No era capaz de prestar atención a la clase. El beso en la mano se sentía lejano en comparación al tamborileo presente en sus mejillas y la voz explicativa del varmano no era más que una espera agónica en la que se veía incapaz de tomar aire para descansar. Había lanzado la flecha con tanta inexactitud que no sabía bien donde había caído, así que ahora vivía con el nervio propio de quien metía una moneda en un tragaperras y esperaba impaciente que le tocará algún premio. Si es que tocaba alguno.

Así que se dedicó a asentir con cierta lentitud, sin llegar a escuchar nada que no fuera el resonar de su propio corazón contra el pecho. El nervio crecía y con él las dudas mientras su mano regresaba a terreno seguro, incapaz de intuir si la intrusión de espacio personal había molestado o no al contrario. No porque Nohlem no fuera evidente, sino porque la vergüenza cegaba a la razón. Ethan no era Cenicienta, ni su compañero un príncipe azul en busca de princesa alguna, por desgracia no había zapato que recuperar ni regalo que entregar pero entonces… ¿Por qué sus ojos color esmeralda se fijaban en sus labios? ¿Por qué su mano se apoyaba gentil sobre su barbilla y de golpe se encontraba hipnotizado ante su mirada?

Ethan pestañeo en lo que se le hizo un instante eterno, congelando el tiempo en un suspiro que nunca llegó a verbalizar. Su corazón dejó de latir, respetando la calma que precede a la tormenta y para cuando esta explotó convertida en el suave tacto que juntaba sus labios Ethan ya estaba volando lejos de allí. Dejó que sus párpados se cerrarán para que la negrura visual cobrará una explosión de colores y sensaciones nuevas, disfrutando de la frescura que le estaba siendo regalada, la suave vibración de un beso acompañado de un extraño y relajante ronroneo. Nohlem exploraba el contorno de su boca con el dulce tacto de una brisa veraniega, dejando aún con sus dudas que tomara el control de un beso que él no sabía guiar. La torpeza de sus nervios y su inexperiencia no le hizo disfrutar menos, al contrario, la novedad era tan gratificante que notaba el calor de aquel contacto transmitirse al resto de su rostro. El rubor de sus mejillas era tan latente que abrasaba y aún así, ahora que había probado a qué sabía el sol, no le importaba tanto salir quemado.

Nohlem podría sentir el rastro irregular que hacían las yemas de Ethan sobre su piel, tan indecisas que no sabían bien dónde colocarse. Primero tantearon las mangas de su camisa, apenas unos toques para tenerla situada y desde ahí iniciaron un ascenso tan lento como era el beso, quedando colocadas sobre sus hombros para poderse acercar más al felino. Ethan trataba de seguir el ritmo más que crear uno nuevo, dejando que fuera Nohlem quien marcará el compás de aquel vals. La torpeza no era tan evidente gracias a su lentitud, pero seguía presente convertido en sutiles detalles. La discontinuidad que había en sus besos debido a las dudas de cuándo debía seguir y cuándo tomar aire acabó llevando al joven a perseguir brevemente unos labios que se habían distanciado de él. Percatandose a mitad de cumplir su capricho que Nohlem había finalizado un beso que se moría por continuar.

La vergüenza le invadió al instante, apartando ligeramente su cuerpo pero no sus manos. El frío de la noche había desaparecido tras el fulgor de aquel contacto y las consecuencias se palpaban en la velocidad con la que sus ojos trazaron el rostro del pelirrojo. Incapaz de sostenerle la mirada bajaron a su morro y se quedaron ancladas en la silueta de unos labios que le habían sabido a poco, añorando una sensación que aún tenía grabada en los propios.

-Ah, hmmm, perdón. -Rompió el silencio cuando los nervios florecieron en un nuevo cosquilleo, apartando la mirada hacía un costado. Buscaba rehuir, esconderse de unas pupilas tan densas que le devolvieron su propio reflejo y unos ronroneos tan altos que le hacían aún más consciente de con quien se había besado. -No es… quiero decir, ha estado bien, pero ehm… No sé, no sé si me convence, podemos…

Sus ojos entonces, regresaron tímidos, dedicando una sonrisa escueta y vibrante de una emoción malamente contenida. Quería más, pero no sabía cómo pedirlo así que se contuvo a mitad de pronunciar su deseo en voz alta. Carraspeando antes de que una leve risa nerviosa emergiera tratando de llenar su propio silencio. Nohlem notaría la vergüenza, no solo en su huidiza mirada y sus respetuosos susurros, si no en el tamborileo que hacían los dedos del asiático sobre sus hombros, la duda que le generaba el no saber si volverse a acercar o el alejarse del todo.

-Perdón, es que me gustan tus ronroneos…

Confesó en bajo, como si aquel halago pudiera solventar sus torpes intentos de ser recíproco.
Kanyum

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Nombre: Nohlem
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Habilidades: Puntería, intuición, carisma

¡Cenicienta, que ya son las doce! - Página 2 Empty Re: ¡Cenicienta, que ya son las doce!

30/03/24, 02:39 pm
Atrás en Varmania no es que Nohlem se sacase un amante de debajo de las piedras con solo desearlo, ni que existiera alguien fijo al que acudir siempre que tuviera un capricho; no era ni tan mimado ni tenía tanta suerte. Ensha pasaba largas temporadas sin aparecer por casa, y si Olván estaba ocupado o su madre le tenía en vigilancia poco podían hacer. No era la primera vez como joven adulto que pasaba tanto tiempo sin recibir un beso, pero sí la primera que creía quizás no volvería a besar a alguien. Rocavarancolia daba miedo, igual que lo daba ser el único varmano del refugio o las extrañas circunstancias en las que había desaparecido su melliza e indudablemente él también. Ser olvidado o no regresar eran posibilidades demasiado altas, por eso el simple hecho de poner recuerdo y consciencia al que pudiera ser su último beso era para él algo tan importante. Una cosa menos que lamentar.

Ahora que, tampoco tenían que conformarse ahí. Ese no tenía porqué ser el último.

Esa supuesta señal para continuar no sería necesaria pues todo en Ethan era un visto bueno. Nohlem no romantizaba la inexperiencia, por norma general e independiente de rol y género la falta de habilidad era una traba, no una fortuna, pero debía de admitir que la timidez del londinense resultaba encantadora. No era casto y puro como los protagonistas de novelas rosas, sino dispuesto como el que no sabe bailar pero igual tiene todas las ganas de intentarlo. No se había apartado, sus manos aún le mantenían cerca y aunque sus ojos rehuían de los suyos bien sabía el granta donde apuntaban. Su sonrisa se curvó de un lado más que otro. Hasta él empezaba a sentirse torpe y nuevo.

¿Huh? ¿Por qué? —preguntó igual de bajito, con la risa floja. No iba a juzgar su falta de práctica si es lo que creía. Sus orejas se alzaron con suma atención y su rostro viró como el de un cachorro curioso, pues no esperaba haberle decepcionado tal como venía pareciendo… hasta que entendió el gancho. Sus cejas se arquearon en lo que era un "aaaah" muteado.

Demasiado tarde para jugar al noble sofisticado. La alegría traviesa de su sonrisa no podía ser más clara, incluso si esta vaciló por pura empatía al ver una versión mucho más cortada de parte de Ethan. Que él también sonriera le remató e hizo que su corazón diera saltitos -¿o era su estómago?, ¿sus pulmones?, que carajo, todo en su pecho brincaba-, pero lo que más le sorprendió fue el cumplido a sus ronroneos. No era el halago más común viniendo de un mundo donde ronronear es tan normal como estornudar, ahora bien, en lugar de hacerle sentir extraño por sus diferencias Ethan logró que se sintiera especial. A lo mejor ser el único varmano no estaba tan mal.

¿Te gustan? —preguntó atontado, iluso y evidente. Sus ojos achicados por una no-tan-pequeña sonrisa buscaban los de Ethan—. Están sonando por ti.

Tan pronto dijo eso bajó el rostro con una risa avergonzada. No obstante lejos de acobardarse sus manos ganaron confianza, una deslizándose hacia su cintura y la otra asentándose sobre su pierna con firme paciencia. Su vista volvió a subir.

Hmm. Si no te ha convencido podemos repetirlo...

Una mirada, eso es todo lo que esperaría. Mientras su sonrisa caía bajo el peso del reto que era enseñarle a Ethan un beso mejor cerró las distancias en un movimiento suave para unir nuevamente sus labios. El sosiego que demostró antes fue pasajero, pues tan pronto cruzó por su mente un "estoy besando a Ethan" su corazón y todo en él se agitó de forma inevitable. Aquel pensamiento siguió repitiéndose hasta quedar completamente derretido, hasta que sus manos se cerraron y su boca se entreabrió para abarcar más de Ethan. Quería más de su calor, de su cicatriz y el sabor de su boca, pero la torpeza del otro y su responsabilidad como guía le mantenían humilde y atado. Si querían bailar juntos debían ir al mismo son, incluso si la música compuesta de pequeños chasquidos, ronroneos y breves suspiros fugados pedía otro ritmo. Era increíble que en los pocos segundos que dura un beso Nohlem pudiera olvidar tantas cosas de sí mismo.

Suéltate... —susurró en algún punto sin apenas separarse, ojos entreabiertos por un segundo. De vuelta a la oscuridad su lengua rozó sus labios queriendo entrar.

Santos. De verdad estoy besando a Ethan", y como tonto que tropieza dos veces con la misma piedra, su corazón se saltó un latido de nuevo. No había forma de arrepentirse de eso.
Raven
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Nombre: Ethan
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Personajes : Ethan: Humano, Ingles/Japonés 1.75

Síntomas : En ocasiones, se le desenfocará brevemente la vista.
Armas : Ethan Lanza partesana y una daga

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¡Cenicienta, que ya son las doce! - Página 2 Empty Re: ¡Cenicienta, que ya son las doce!

31/03/24, 06:03 pm
-¿Te gustan? Están sonando por ti.

Ethan desconocía que una frase pudiera descomponerlo de aquella manera. Su sonrisa se volvió un temblor similar al cosquilleo que recorrió el resto de su cuerpo. De golpe se sentía liviano, chisporroteante de una energía electrizante que iba y venía con cada gesto, caricia y palabra que le dedicaba el felino. Era increíble como el haberle señalado culpable podía tener un impacto tan positivo en su ánimo, de golpe era el foco, el protagonista. Era él quien le arrancaba sonrisas tan bonitas bajo su morro, quien sumaba a su tez oscura pigmentos de un rojo fuerte y quien volvía de su garganta un suave motor. Era un logró que de todos los allí presentes fuera su persona, pequeña, inexperta y tímida quien hubiera conquistado al príncipe azul, se sentía ligeramente orgulloso por ello.

Ese subidón, tímido pero decidido fue lo que le llevó a acomodarse mejor, a no sentirse mal por querer disfrutar mejor de la experiencia. En cuanto notó las manos del varmano deslizarse por su cuerpo se pegó a él, recortó la distancia tanto como pudo hasta que una de sus piernas tuvo que encontrar espacio sobre la del otro. No había tanto valor como para sentarse sobre su regazo, pero la idea de hacerlo estaba tan presente como el deseo menos inocente de que las palmas de sus manos pudieran seguir explorando mejor sus contornos.

Por ahora, por suerte, sus sueños eran más modestos y reales. Sus yemas recorrieron el cuello de Nohlem a medida que ambos labios volvían a juntarse, acariciando su piel en el ascenso para quedarse reposadas con cariño sobre sus mejillas. El beso se sentía dulce, más necesitado pero igualmente controlado. El joven Japones no tenía ninguna prisa por acelerar, disfrutaba en su inexperiencia de aquel ritmo suave y pausado, cada nueva sensación era un mundo pues la poca cantidad de intercambios que había tenido así habían sido torpes y sumamente atropellados. Por ello se dejaba hacer con tranquilidad y allí donde Nohlem exploraba trataba de imitarlo él después. Que le dejase guiar no significaba que no quisiera aprovechar algunos momentos para conocer y probar.

También quería descubrir el contorno de Nohlem, pues que no tuviera cicatriz no le quitaba emoción al relieve que formaban sus labios. Si el felino habría más la boca él le seguía después, si decidía subir ligeramente el ritmo, él lo intentaba, siempre por detrás más comedido y torpe pero igual de deseoso. Así fue hasta que la orden no fue física sino verbal, un susurro tan profundo que sin verse supo que todo su rostro ardía en nuevos matices rosados. ¿Cómo podía alguien de su edad tener una voz tan jodidamente sexy?

-Nohlem no… -A pesar de sus ganas la vergüenza sobrevino cargada de raciocinio. Sus labios volvieron a pegarse a los suyos para continuar el beso igualmente, anclado entre la lógica y el capricho. -Puedo… -Siguió besándole, cada vez más corto pero igual de efusivo. Algunos picos se colaban entre medias, en sus comisuras o en el centro antes de volver a abrirse para regalarle uno en condiciones. -Estamos en el patio, pueden vernos…

Claro que no se le olvidaba, era difícil que lo hiciera cuando los acordes de la guitarra y los gritos de Damian cantando algo que no entendía atravesaban la tranquilidad de la noche. Estaban opacados pero no eran mudos y ese miedo a ser descubierto seguía siendo muy palpable. En parte porque era una situación en general incómoda si los acababa encontrando un niño, en parte porque no podía evitar sentirse una pizca culpable si el que les acababa descubriendo era Connor.

-No debemos…

Repitió añadiendo al joven en la ecuación un tanto nervioso. Una de sus manos se desplazó hacía su frente para apartarle los rizos anaranjados de la misma, la otra se quedó trazando pequeños círculos con el pulgar sobre su mejilla. Solo había cariño en sus gestos y apuro en su mirada, apenas distanciada de la suya. Todo él eran dudas entre el querer y el deber, pues sabía que lo único que estaba haciendo era ponerle vallas al campo.

Tampoco esperaba conseguir mucho, pues pedir calma estando tan pegados era como imponer una norma que ni siquiera él quería cumplir. Volvió a acercarse al varmano, primero para regalarle un pequeño beso sobre su hocico, luego para repetirlo sobre su boca. Ethan acabó mordiendo su propio labio al volver a ganar un poco de distancia, más por inquietud que por otra cosa. Todo porque tenía otra pequeña complicación, una que le daba aún más vergüenza confesar.

-Además, en su día se que hablamos de ello pero -Le dedicó una sonrisa torpona, ruborizado por la creciente timidez. Sabía por mala experiencia que sobre todo al chocar contra dientes podría no ser agradable, así que por ser prevenido sacó ligeramente la lengua, hasta enseñarle el piercing que la decoraba. -Al principio se nota bastante, no se si te pueda gustar la sensación. Me han dicho que es…curiosa.
Kanyum
Kanyum

Ficha de cosechado
Nombre: Nohlem
Especie: Varmano granta
Habilidades: Puntería, intuición, carisma
Personajes :
Jace: Dullahan, humano americano. 1’73m (con cabeza 1’93m)
Rox: Cambiante, humano australiano/surcoreano. 1’75m
Kahlo: Aparición nocturna varmana granta. 1’62m
Nohlem: varmano granta. 1’69m
Xiao Taozi: Fuzanglong carabés. 1’55m

Unidades mágicas : 5/5
Síntomas : Mayor interés por acumular conocimiento.
Status : Prrrr prrrrr

¡Cenicienta, que ya son las doce! - Página 2 Empty Re: ¡Cenicienta, que ya son las doce!

01/04/24, 09:35 am
Nohlem acostumbraba a besos más impersonales. Impersonales no quería decir que no hubiera pasión ni que carecieran de gracia o gusto; podían ser besos buenos, pero por lo general no había mimo en ellos. La manera en la que Ethan le sujetó las mejillas le hizo ronronear con particular fuerza, pues no tendría la fogosidad de una mano en la nuca que empuja para profundizar, pero sí el poder un recuerdo. Aquellas eran las manos gentiles de gente que quería, no el antojo de una noche. Era otro tipo de interés. Eran Ensha y Olván sin llegar a reemplazar a quien realmente tenía delante, el chico pálido de pelo imposiblemente negro con el carácter de un Santo. ¿Había recibido mejores besos? Que no quepa duda, pero a veces prefería esos con los que la hija de la jardinera le mandaba a callar o los perezosos con los que el cocinero le protegía de problemas mayores.

A medida que densos se volvían sus pensamientos más suspiraba. Ethan no le estaba siguiendo mal, pero había algo en el ritmo pausado y su devoción que le estaba dejando tonto. Con un abrazo sus manos se aferraron a él, un grito sin voz que rogaba por más, más de lo que fuera. La negación del chico le hizo agachar las orejas, tentado a ser malo e ignorarlo muy a pesar de su código de señorito, una dualidad a la que flaco favor le hacía que no dejara de besarlo. A la mano en su cintura se sumó la otra, ambas amenazando con ascender aún sin saber muy bien hasta donde.

Pues que nos vean… —respondió en un suspiro opacado por las vibraciones de su garganta y el juicio nublado por la irresponsabilidad—. Ya lo explicaremos luego…

Algo se les ocurriría, seguro. Estaba cien por cien convencido. Cual niño posesivo con su juguete nuevo sus manos se cerraron sobre la curva de su pelvis, un ángulo que entre tanto beso le costó otro hondo suspiro. El londinense por su parte seguía insistiendo a sí y no, pero no sabía que era peor, que insistiera con besos o con caricias. Las últimas roían algo distinto en su interior, y es que el pobre granta era un chiste como casanova, particularmente susceptible a caer por demostraciones tiernas como esas. Quiso besarle la mano pero se conformó con estrechársela con una propia, manteniéndola sobre su mejilla.

Vamos a una habitación” es lo que pensó y habría dicho de no estar tan pasmado. Miraba al humano con admiración y ojos adormilados a pesar de estar bien despierto, cada vez más perdido por sus besos y el brillante negro de sus ojos. Dentro de su poca lucidez surgió la idea de que quizás, si no decía nada, fuese el propio Ethan quien se auto-convinciese. Él apoyaría ronroneando y devolviendo con gusto lo que recibía, que ya era buen trabajo, y puede que entonces tuviera la oportunidad de ofrecerle continuar sobre una cama. Por comodidad, claro, por comodidad. Cuando se apartó solo pudo pensar que quería ser él quien le mordiera el labio, ojos quietos en como lo hacía y boca entreabierta en acto reflejo. Aunque cualquiera diría que no estaba en situación de atender -y es verdad, no lo estaba-, sus pupilas engrosadas se vieron momentánemante afiladas al tocar tierra escuchándolo. O mejor dicho, mirándolo.

El piercing. Santos, se había olvidado de él. Su pulso se disparó y el turquesa de su iris perdió terreno.

Hm —resopló con gracia mientras en su cara se dibujaba una sonrisa. El bajo jadeo de una carcajada le siguió después—. Ethan… Soy hijo de orfebres —añadió con obviedad. Como si lamer pendientes y piercings fuera lo habitual del oficio—. Déjame probarlo… —susurró. La queja y la broma pronto mutarían a súplica—. Por favor. Por favor, quiero probarlo.

Era lógico, ¿no? Era su trabajo. Hacía eso por trabajo, ajá. Por trabajo. Así podía innovar cuando volviese, y hacer piezas que pues- qué carajo. No esperó. Cerró el espacio que se había creado entre ellos y, luchando por no mandar a tomar viento su código de gentileza todavía, le animó a ganar altura empujando su cintura hacia arriba para con suerte terminar de ponerlo sobre él. Después de todo ya tenía una pierna prácticamente encima.

Independiente de como saliese aquello le besó una vez más, la última si así dictaba Ethan, pero no dispuesto a quedarse sin esa experiencia. Como era de esperar la intensidad escaló. Sus manos subían y bajaban, aferrándose a la ropa del chico en ángulos que creaban arrugas y las alisaban simultáneamente, motivado por el piercing y la linda imagen que había guardado de su intenso rubor antes de cerrar los ojos. Su boca se centraba en la cicatriz, pero cuando tomaba el lado contrario se atrevía a hacer uso de diente para tirar suavemente del labio. Y luego, como no, estaba su lengua. Más pronto que tarde pediría espacio para explorar la boca del londinense con toquecitos, delicado a pesar de la intromisión. Quería entrelazarla con la suya, compartir su humedad, rozar el metal y no solo el filo de sus dientes, quería…

Frío. ¿Frío?

Como era de esperar el mando y función de su cerebro estaba trasladándose a una zona más baja, de modo que lo normal es pensar que emitía el calor de una estufa. Y así había sido la mayor parte, sin embargo… tenía frío en las piernas. Además, ¿era él o el suelo raspaba? Uno de sus resoplidos sonó a interrogación.

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♪♫♬:
Raven
Raven

Ficha de cosechado
Nombre: Ethan
Especie: Humano
Habilidades: Buen oído, valor y motivación
Personajes : Ethan: Humano, Ingles/Japonés 1.75

Síntomas : En ocasiones, se le desenfocará brevemente la vista.
Armas : Ethan Lanza partesana y una daga

Status : Ciego y cojo, el chiste se cuenta solo.

¡Cenicienta, que ya son las doce! - Página 2 Empty Re: ¡Cenicienta, que ya son las doce!

02/04/24, 02:16 pm
Ethan tuvo que negar con un suave cabeceo y una risa queda ante la tentativa de Nohlem. Por mucho que la idea le resultara atractiva, las posibles consecuencias marcaban que como mínimo debía de tener un límite definido. No quería ser descubierto, pero tampoco dejar de besarlo, atrapado entre dos mundos donde con cada nuevo gesto y palabra el varmano ganaba terreno. Que complicado era ser la mente pensante cuando también querías dejarte llevar por el capricho.

La presión sobre sus caderas fueron un punto de no retorno, una chispa que junto a los ruegos prendieron su pecho en una orquesta de fuegos artificiales. ¿Cómo podía negarse? No necesitó más que el acercamiento de Nohlem para reactivarse, deseoso por volver a catar sus labios. Entre besos y suspiros compartidos siguió obedientemente la orden, sin pudor alguno terminó por sentarse sobre su regazo, acomodado ahora que tenía cierta ventaja de altura. Solo esa sutil diferencia le encantaba, como le abría la veda a poder tentar y marcar su propio ritmo.

Si Nohlem mordía, él le imitaba, tirando con prudencia cada vez que debía separarse para recuperar aliento. Sus suspiros acompañaban, faltos y caprichosos, dejando que cualquier distancia entre ellos fuera meramente anecdótica. Esa necesidad creciente se traspasó a un agarre más firme, acabando con las caricias para que ganara la impulsividad de querer tenerlo cerca. Su lengua exploró errática todo cuando pudo, tras un inicio modesto dejándose hacer quiso contornear sus colmillos y probar sus labios, saborear en el enredo si como los gatos de la tierra tenían más asperezas en la boca. Una excusa de intercambio cultural en la que justificar porque le guardaba tantas ganas.

Así fue hasta que el joven soltó en forma de suspiro entrecortado una interrogante cargada de matices. Ethan se distanció brevemente, lo suficiente para comprobar que todo estaba bien pero demasiado poco como para detectar que efectivamente no lo estaba. Volvió a besarlo, con mucha más suavidad y dulzura ante el miedo de haber hecho algo que no le hubiera podido agradar. No hubo más intromisión ni mordiscos por el medio, dejando que las caricias sobre sus mejillas regresaran tan lentas como el nuevo ritmo.

El problema fue que la tensión seguía latente, notaba los besos más distantes, menos centrados y si eso no era suficiente indicativo sí lo eran los gritos de fondo. Ethan terminó cortando el último pico, girándose hacía la puerta que daba al salón en alerta, no por temor a un monstruo, si no a que el canadiense pudiera abrirla de una sola patada.

-¿Pero qué les pasa ahora? -Comentó en bajito, sus manos regresando al terreno seguro que eran los hombros del pelirrojo. -Oye y eh, tu estas bie-

Enmudeció al instante bajando lentamente la mirada ahora que la distancia era suficiente. No tenía… Ethan pestañeó notablemente confuso, subiendo y bajando respectivamente la vista de sus calzoncillos a sus ojos verdosos. Ahora estaba empezando a razonar porque no sonaba la guitarra, porque la tensión anterior y sobre todo el origen de la multitud ingente de improperios que Connor dedicaba al aire.

-No me jodas…

Comentó con la sonrisa temblorosa, tratando de cubrirse la boca antes de que una ristra de carcajadas le invadiera repentinamente. Aún con todo el esfuerzo que hizo en mantenerse cordial, no pudo evitar echarse a reír encima del joven, le costó varios segundos y el miedo latente a ser descubiertos el acabar bajando de su regazo para quedar sentado en el suelo de nuevo.  

Antorchita por su lado estaba experimentando una guerra mundial demasiado estridente y preocupante para su gusto. Primero fueron los gritos guturales de un cazador que amenazaba con su llegada y luego las carcajadas horrorosas de una hiena en plena persecución. Hasta él, diminuto y dormilón sabía diferenciar cuando estaba en peligro por eso, tras desperezarse con una lentitud ridícula alzó el vuelo. La torpeza de sus aleteos pronto encontró refugio en la brisa nocturna. Esa noche se iría a su madriguera como un campeón, había comido y encima había salido vencedor de tan oscuro encuentro.
Seth
Seth

Ficha de cosechado
Nombre: Connor
Especie: Humano
Habilidades: Fuerza bruta, inmutabilidad, rapidez mental
Personajes :
Devoss: Humano (Países Bajos) Licántropo Tigre

Maila: Humana (Hawaii) Bruja de la Arena

Connor: Humano (Canadá)
Unidades mágicas : 8/8
Síntomas : Sufre episodios de insomnio.

¡Cenicienta, que ya son las doce! - Página 2 Empty Re: ¡Cenicienta, que ya son las doce!

02/04/24, 05:33 pm
-¿¡Quién de vosotros quiere bailar, cabronazos!?- El motero hizo sonar por octogésima vez su recién guitarra para nada adquirida legalmente. No había parado de ser un pesado de cojones desde que la había robado y habían vuelto al torreón, dejándose llevar por la puta nostalgia y desempolvando viejas canciones guardadas en su memoria.- ¡La fiesta no termina hasta que me durmáis a hostias, joder!- Connor se paseaba de un lugar a otro del salón, empujando sutilmente y a posta con los hombros a quien estuviera allí para animarlo a bailar y dejándose llevar por el ritmo que dejaba escapar de su instrumento. El tiempo pasado en aquel palacio había estado jodidamente bien, pero no veía por qué no continuar en el torreón, sobre todo cuando Airi y Räg se lo habían perdido.

Damian bailoteaba cerca suya, con su traje de maestro de ceremonias y su maquillaje explosivo en la jodida cara. Connor reía al verlo moverse y le imitaba todo lo que podía, otras veces se limitaba a mover las caderas de un lado a otro mientras seguía tocando con la guitarra todas las canciones habidas y por haber que conocía. Las más country y llenas de energía que lograba recordar.

-Tengo este sentimiento...- Empezó a cantar en voz baja una parte de la misma canción tocada en ese palacio. Footloose. Se había quedado con las jodidas ganas de tocar más y aunque no recordaba la letra en inglés y desde luego en aquel nuevo idioma sonaba mucho peor y sin rima, Connor siguió cantándola con voz grave y tranquila mientras la guitarra le acompañaba. Le dio un empujón amistoso con la cadera a Damian al pasar cerca suya antes de empezar a saltar un poco en el sitio.- Ahora voy a escapar, sin ataduras...- Empezó a alzar un poco la voz, todavía no demasiado por encima de la propia música de la guitarra pero lo justo para ver que cojonudamente se estaba emocionando un poco.

Y puf. A  tomar por culo la puta fiesta.

Connor ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar como era debido a que Damian había empezado a corretear en cuero huyendo de la vista de todos. Porque lo primero que había notado había sido la ausencia repentina de la música y del peso de la guitarra, sus dedos todavía recorriendo el aire buscando unas cuerdas que ya no había. Se quedó parado en el sitio y mirándose las manos como un puto imbécil, sin saber qué había ocurrido. Y en cuánto entendió que debía ser cosa de aquel palacio, que tenía las puertas abiertas porque no te podías llevar una mierda de allí... Se enfadó. Mucho.

-¿¡QUEEEEEEEEEEEEEEEEÉ!?- Gritó abriendo y cerrando las manos y mirándoselas, como para dejarles a todos claros que antes había una guitarra y ahora no.- ¡SIN MOTOCICLETA! ¡SIN CIGARRILLOS! ¡Y AHORA SIN GUITARRA!  ¿¡ALGUNA OTRA COSA MÁS, HIJOS DE PUTA!?- Exclamó al techo como si la culpa fuera de los organizadores de ciudad y estuvieran allí mismo y no lo que parecía otro de los hechizos del palacio. Pero estaba fuera de sí tras habérsele cortado todo el puto rollo después de tantos días de mierda. Suspiró fuerte y sonoramente calmándose lo justo para no ser borde con nadie, antes de alzar una mano en dirección a los que hubiera en el salón como si se estuviera disculpando por el arranque de mala hostia.- Me voy a tomar el puto aire mejor, joder...- Connor se encaminaría ceñudo, gruñendo por lo bajo y bufando sonoramente antes de abrir la puerta de un puto manotazo.

Y lo que se encontró lo dejó sin palabras, joder. Se había preguntado dónde estaban, pero desde luego no se esperaba aquello. Ethan estaba sentado en el suelo, pero rápidamente sus ojos se desviaron con atención al ver a Nohlem intentando escabullirse detrás del pozo. Sin putos pantalones. Su rostro y postura corporal era el de alguien estupefacto en el marco de la puerta sin entender una mierda, hasta que... Claro. Nohlem también se había llevado mierdas del palacete. ¿Había algo que pudiera animarle un poco tras perder su guitarra? Joder, esto se le acercaba lo bastante. Connor alzó lentamente un brazo señalando con el dedo índice al varmano con una sonrisa pícara, luego miró a Ethan y simplemente explotó.

-¡JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA! ¡NO LLEVAS PANTALONES, JODER!- Gritó mientras se doblaba entre risas y miraba a Ethan y a Nohlem una y otra vez.- No... joder, no... ¡JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA! ¡QUE GILIPOLLAS!
Kanyum
Kanyum

Ficha de cosechado
Nombre: Nohlem
Especie: Varmano granta
Habilidades: Puntería, intuición, carisma

Personajes :
Jace: Dullahan, humano americano. 1’73m (con cabeza 1’93m)
Rox: Cambiante, humano australiano/surcoreano. 1’75m
Kahlo: Aparición nocturna varmana granta. 1’62m
Nohlem: varmano granta. 1’69m
Xiao Taozi: Fuzanglong carabés. 1’55m

Unidades mágicas : 5/5
Síntomas : Mayor interés por acumular conocimiento.
Status : Prrrr prrrrr

¡Cenicienta, que ya son las doce! - Página 2 Empty Re: ¡Cenicienta, que ya son las doce!

03/04/24, 04:14 pm
Por la cabeza del granta cruzaban ahora mismo un número limitado de cosas, como venían siendo el nombre de Ethan, el peso de su cuerpo o lo absolutamente maravillosa que le parecía la bolita metálica en su lengua y todos sus ángulos. Sus ronroneos eran tan intensos como simples sus ideas, una consciencia limitada a los estímulos y un motor que a pesar de su constante ruido se las apañaba para acentuar otros sonidos: el aire que exhalaban con sentimiento, la tela que susurraba bajo su agarre, el leve chasquido de sus labios hambrientos. Quizás el humano no ronronease, pero había en su disposición las mismas señales sinceras, imposibles de malinterpretar. Nohlem no quería separarse de él. No le molestaba la torpeza con la que bailaban sus lenguas, en absoluto, ni siquiera en el hipotético caso de que chocasen sus dientes querría que el beso acabase, por ello que el moreno se distanciase por una duda que él mismo había generado le hizo quejarse con un murmullo. Igual de caprichoso que un niño que quiere seguir jugando a pesar de que los zapatos le hacen daño, la extraña sensación de que algo iba mal no aplacaba con su necesidad por volver a la boca de Ethan o el deseo de llevarlo a la cama.

Pero por supuesto el malestar no iba a desaparecer. Su atención estaba dividida entre Ethan y lo que quiera que pasase con sus piernas, pues no era solamente la intensidad con la que notaba su roce o la excitación natural de su cuerpo (por vergüenza que le pudiera dar), también era el frío, la desagradable certeza de que eso que le raspaba era la grava del suelo. A pesar de todo sus ronroneos se mantenían, haciendo remota la culpabilidad del moreno. Cuando se apartó alarmado por unas voces que dentro de su ensimisimamiento y vibraciones guturales bien podría haber pasado por alto, Nohlem se quejó por inercia de nuevo. Se relamió los labios, atolondrado, mientras recuperaba aire y se disponía a mirar abajo para entender qué augurios ocurría.

No estaba hablando pero enmudecieron hasta sus pensamientos. La pregunta llegó con tan poco margen que solo pudo hacer una cosa: abrir los ojos como platos y desear estar muerto. No tenía pantalones. Un cómico grito de Damian alertando estar desnudo respondió por él.

No, no, no es- ¿qué? ¡No...!

Sus frases no iban a ningún lado, igual que como por desgracia no lo hacían sus piernas, las cuales intentaba esconder de alguna forma aún con el japonés encima. Quería empujarlo fuera, pero a la vez era lo único que le protegía. Para colmo debajo suya abultaba su aún humilde alegría, aunque no lo bastante humilde para pasar desapercibida. Que en su piel oscura se notase el rubor decía mucho de la intensidad del mismo. En cuanto el chico bajó el varmano se tapó a toda prisa, el último movimiento ágil que daría en lo que quedaba de noche. Con las orejas gachas evitaba la mirada de Ethan, mientras la suya buscaba con desespero su prenda desaparecida como si fuera físicamente posible el que se le hubiera caído. El sonido de la puerta terminó de activar todas sus alarmas, pues por si no tenía bastante con las hirientes carcajadas de Ethan ahora encima iba a tener público. Ah no, ni de coña. Con la torpeza de un pato en calzoncillos Nohlem salió escopeteado a medias erguido y a gatas para esconderse tras el pozo, pero las risas de Connor estallaron antes. Quería morirse. Sí. Quería morirse.

Usó el pozo como trinchera, sin asomar otra cosa que sus rizos naranjas según las risas caían como bombas. Lo bueno es que si había estado "contento" la tontería se le bajó pronto.

Dejad... ¡Dejad de reiros! —gritó finalmente, cuando el intenso calor de sus orejas le hizo creer que se le caerían—. ¡Que te jodan! —le dijo concretamente a Connor, alzando la cabeza lo justo para mirarle con la mueca de un gruñido.

Volvió a esconderse, abochornado, acumulando una sarta de insultos mientras buscaba a su alrededor sus pantalones como un pobre iluso. No sentía una vergüenza así desde la anécdota que ya le había contado al pelirrosa, y eso que en aquellas la persona con la que se estaba liando no se había reído de su desgracia.

¿Qué carajos ha pasado? —en su tono había un pánico mal controlado. Su pregunta era genuina, pero más genuina era la necesidad de darle a aquel par de hienas otro hueso que roer.

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Raven
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Nombre: Ethan
Especie: Humano
Habilidades: Buen oído, valor y motivación
Personajes : Ethan: Humano, Ingles/Japonés 1.75

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Armas : Ethan Lanza partesana y una daga

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¡Cenicienta, que ya son las doce! - Página 2 Empty Re: ¡Cenicienta, que ya son las doce!

05/04/24, 08:11 pm
Un segundo antes había estado junto a Nohlem, unidos en un placer culposo donde sus bocas habían buscado calor en una noche tan fría, ahora en cambio se veía arrodillado en el suelo, confuso entre las risas, gritos y una huida accidentada. No podía evitar encorvarse ante el absurdo, perplejo por que su pareja de baile hubiera perdido los pantalones en el peor momento posible.

Que Connor se uniera no ayudó a  calmar el ambiente, Ethan no sabía cómo parar las carcajadas ahora que a la violencia del pelirrosa se le sumaba la vergüenza del felino. Un extraño karma donde las tornas giraban para dejarle descansar de toda la timidez cargada. Era curioso, no solo como un simple beso podía iluminar la noche, si no como una culpabilidad silenciosa podía ahogar parte de la misma. Cuando las risas cesaron en una respiración más entrecortada y la calma cómica se empezó a asentar, también lo hizo en parte el miedo. No quería ser descubierto, no quería que su amigo tuviera preguntas y menos que pudiera ser el pelirrojo quien las acabara contestando.

Era un pensamiento egoísta, lo sabía, pero el constante bombeo de su corazón, la sombra de calor que aún guardaban sus labios y el suave aroma de Nohlem le rogaban mantener ese enlace en secreto, principalmente porque no podía olvidar tampoco la sombra proyectada sobre él en el vestidor, como las manos de Connor le envolvían la cintura o…

Dios, esperaba muy poco de aquel lugar, pero que le hubiera devuelto el libido con un golpe de remo tan certero no era una de sus principales ideas. Ethan sonrió torpe, al menos el sonrojo poco a poco iba disminuyendo y su mirada dudosa no sabía muy bien a donde apuntar. Durante unos instantes se colocó sobre el invitado y después trazó todo el camino hacía el pozo, soltando una risilla en bajo al ver como un hociquito asomaba tras el mismo.

-Ay, eso, ¿Que ha pasado? -Ladeo la vista de nuevo hacía el canadiense, como si pudiera responder algo por ambos. -Ha desaparecido… todo todo? Por qué Damian….

Que difícil era aguantarse ante el absurdo. Soltó un resoplido negando antes de incorporarse del todo. Entendía el pudor del joven varmano, aunque no recordaba que lo hubiera guardado cuando tenía un bulto rozando sus piernas…. Soltó otra risa marchita y se acercó al pozo sin llegar a irrumpir en la privacidad del otro.

-Anda, sal de ahí, te vas a congelaar. Si quieres te bajo algo o que te lo baje Connor, que seguro tiene buen gusto.

Bromeó denotando obvio sarcasmo en la última frase, aún recordaba las botas vaqueras en su precioso conjunto del palacete. La verdad es que en frío no se le ocurría muy bien que podía haber pasado, deducía que magia, porque si en ese mundo algo no tenía lógica directa se le aplicaba ese cuento. Tenía sentido, el lugar estaba hasta arriba de objetos hechizados y si de verdad había sido un escenario montado para ellos era de razonar que no pudieran sacar parte del decorado de la obra de teatro. Una pena, ni eso podían regalarles.

-Menudo cabrones, ya nos podían haber dejado ni que fuera un recuerdo… ¿Creéis que mañana seguirá el edificio allí? Yo ya no me fio de nada, vete tú a saber si no era un escenario montado… !Como en los juegos del hambre! -Repitió su hipótesis constante con efusividad, dedicando una mirada de lado y un tanto indignada al pelirrosa. -No me creo que de verdad no hayas visto las pelis, no sé en qué mundo vives tío.
Seth
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Nombre: Connor
Especie: Humano
Habilidades: Fuerza bruta, inmutabilidad, rapidez mental
Personajes :
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¡Cenicienta, que ya son las doce! - Página 2 Empty Re: ¡Cenicienta, que ya son las doce!

07/04/24, 11:04 am
Las carcajadas no hicieron más que aumentar en cuanto Nohlem asomó parte de la cabeza solo para insultarle, provocando que Connor se doblara más aún en el sitio y tuviera que apoyar ambas manos en las rodillas. Risas estridentes y sonoras totalmente fuera de control por la imagen que había tenido ante sí... Y es que ver a Nohlem intentando esconderse sin pantalones le daba horas y horas de puñetero y  divertido vacile en el torreón. Y no solo eso. Ahora que había olvido el enfado por la pérdida de su guitarra no podía evitar descojonarse también por lo mismo que le había ocurrido a Damian. Huyendo rápidamente de la escena tras desaparecer su traje de circo. Era todo tan jodidamente absurdo que casi se había olvidado de dónde estaban. Sólo era un amigo capullo riéndose de las vergüenzas de sus otros amigos.

-¡JAJAJAAJAJAJAJAJAJAJA!- Exclamó cuando el varmano exigió que dejaran de reírse y volviéndole a señalar con el dedo solo para picarle un poquito, sin poder contenerse. Ethan, al igual que él, se encontraba con el mismo problema de ataque incontrolable.- ¡Y TENDRIÁIS QUE HABER VISTO A DAMIAN, JODER!- Un nuevo ataque le sobrevino a la garganta, dejando escapar más y más risas. Connor miró al japonés casi con lágrimas en los ojos y dándose varias palmadas en la pierna, casi buscando con la mirada que Ethan le confirmara que estaba pasando todo aquello de verdad.

Finalmente, poco a poco las risas fueron remitiendo en sintonía y Connor se incorporó con un suspiro divertido mientras escuchaba las dudas de ambos. Soltó una corta risotada cuando se mencionó nuevamente a Damian y se llevó una mano a la cara como si así pudiera contener un poco las risitas... Pero no valía una mierda ese intento. Connor negó con la cabeza y carraspeó sonoramente para quitarse la puta tontería de una vez. Luego se acercó con una sonrisilla a Ethan cerca del pozo, sin llegar tampoco a invadir el espacio personal, íntimo y jodidamente vergonzoso de Nohlem.

-Eh... ¿Eso ha ido con segundas, gilipollas?- Preguntó con una sonrisa ofendida ante el sarcasmo sobre su gusto que le había lanzado Ethan, dándole un empujón con la mano a su hombro para intentar desestabilizarlo. A ver si se caía al pozo o algo, el imbécil. Y aún así tuvo tiempo de negar con la cabeza ante la idea de traerle unos pantalones a Nohlem.- Y ni de coña, joder... Es que...- Otra corta risotada y se dirigió al varmano. Unió ambas manos casi como si estuviera rezándole.- ¿Sabes lo feliz que harías a este cabronazo si te viera corriendo por las escaleras en busca de tus putos pantalones? A ver... ¡Nunca te pido nada, cojones!- Otra risotada y ésta vez sí: Una mirada culpable de "Perdona joder, ya paro". Aunque siguió sin ir a por los pantalones, podía estirar el puto chicle un poco más mientras teorizaban sobre lo que había pasado. El motero asintió con la cabeza ante las palabras de Ethan.- Vaya cabrones que son... Estaba tocando mi puta guitarra y de repente desapareció de mis manos... Y joder, espero que el edificio siga estando allí... Es lo único que vale la puta pena de ver por aquí aparte del culo de este cabrón.- Dijo señalando a Nohlem con la mirada y encogiendo los hombros con una leve sonrisa. Un pobre intento de compensar lo mucho que se había reído de él y también eran sus puñeteras disculpas. -Y... tú te quedas sin un puto cumplido, pedazo de imbécil de los cojones.- Se dirigió a Ethan con todo su cariño amistoso cuando volvió a meterse con él por no ver esa puñetera película donde todos tenían hambre o algo así. -Yo creo que estaba la puerta abierta porque... ¿Qué cojones importa? Al final nadie puede robar nada de allí, ¿no? Estoy seguro de que mi guitarra tiene que estar por alguna parte dentro...-

Connor se quedó unos segundos en silencio y podrían ver casi como si una bombilla empezara a encenderse en su atolondrada cabeza. El motero empezó a asentir y empezó a alzar la vista poco a poco hacia Nohlem y Ethan.

-Y hablando de mi puta guitarra... Sois unos cabrones, ¿sabéis?- Soltó con tono convencido y ceño fruncido, aunque su leve sonrisa mal disimulada lo delataba irremediablemente.- Estaba dando un concierto de puta madre... Y de repente habéis desaparecido, joder... ¿Qué cojones hacíais aquí? ¿Sabes qué?- Señaló a Nohlem.- Te mereces perder los pantalones por eso, cabronazo.- Señaló a Ethan y le pinchó en el pecho con un dedo.- Y tú ten cuidado... Pienso planear una puta venganza para ti. A lo mejor te robo el puto desayuno y así empiezas a tener hambre como en esa película de mierda que tanto te gusta.-
Kanyum
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Nombre: Nohlem
Especie: Varmano granta
Habilidades: Puntería, intuición, carisma

Personajes :
Jace: Dullahan, humano americano. 1’73m (con cabeza 1’93m)
Rox: Cambiante, humano australiano/surcoreano. 1’75m
Kahlo: Aparición nocturna varmana granta. 1’62m
Nohlem: varmano granta. 1’69m
Xiao Taozi: Fuzanglong carabés. 1’55m

Unidades mágicas : 5/5
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¡Cenicienta, que ya son las doce! - Página 2 Empty Re: ¡Cenicienta, que ya son las doce!

08/04/24, 01:58 pm
NO —exclamó tajante cuando Ethan le ofreció que saliera—. No —debió sentirse mal, pues en seguida se repitió mucho más suave. Aún así, prefería congelarse a salir y recibir más burlas. Se encogió en el sitio, temeroso a que en la cercanía de sus voces alguno se asomara por el pozo para verle.

Al menos su duda en algo había funcionado, porque ahora jugueteaban con el nombre de Damian. No es que fuera mucho consuelo que Connor hubiera visto al crío desnudo: era un crío al fin y al cabo, no un adulto medio hecho y derecho como él, y por supuesto el pelirrosa se vio poco saciado con esto y redirigió sus mofas. La vergüenza empezaba a ser cargante, la que dejaba de lado la hostilidad más directa por una más fría y frágil, resultando en su absoluta mutis. Si creían que iba a subir corriendo en ropa interior lo tenía claro. Antes moriría ahí fuera o se tiraría dentro del pozo con la esperanza de ahogarse.

De nuevo no tenía idea de que eran esos condenados juegos del hambre que otras veces habían mencionado (empezaba a creer que los humanos tenían un concurso similar a lo que fuera que hacían en Rocavarancolia), pero entre uno y otro entendió mejor la lógica tras la desaparición de sus pantalones. Después de haber visto ropa de talla mágica que dejaría en paro al mejor sastre o una orquesta tocarse sola, no era difícil creer que todo estaba intacto dentro del palacio precisamente porque estaba tan hechizado que era imposible de saquear. Mientras fuera la ciudad estaba hecha trizas ese sitio mantenía toda su gloria. Por lo pronto prefería pensar eso a que hubiera gente vigilándolos en ese mismo instante, decidiendo que podían tener y que no con un chasquido de dedos. Se tapó más con los brazos por si acaso.

Y aburrido de teorías, Connor volvió a ser un tremendo imbécil. Nohlem sintió arder su paciencia, y aunque no era una persona de violencia física, pulsando las teclas correctas podía tener la misma cantidad de veneno que el resto de su familia. Muchas se habían pulsado solas por la vergüenza de la situación, pero es que Connor estaba aporreando las demás. Se irguió ligeramente tras el pozo, buscando al pelirrosa con unas pupilas redondeadas que poca positividad indicaban.

Estábamos hablando —contestó mordaz, en un tono que claramente no aceptaba más preguntas que por poco no sonaba a “y a ti que te importa”. No pensaba dar margen a que Ethan le delatase también—. Oye, Connor —continuó en un tono más suave; demasiado suave, ignorando nada de su concierto. Hablando de venganza…—. No quiero ser esa persona pero, tengo que recordarte que me debes dos favores —levantó dos dedos, manteniéndole muy fija la mirada, desafiante. En su rostro había surgido una sonrisita muy falsa y poco amable—. ¿Te acuerdas? —le preguntó como si fuera tonto—. Pues creo que me vas a hacer uno ahora mismo. Quítate los pantalones —la sonrisita desapareció. Con los ojos señaló fugazmente las piernas del pelirrosa—. Quítate ahora mismo los pantalones y dámelos.

Apoyó los codos sobre el pozo, espectante.

>>Niégate y te juro que mi próxima petición será peor —le señaló con un dedo—. Eso o vete acostumbrando a tener una rata peluda en la cara, porque no pienso ser yo quien siga afeitándote.

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Seth
Seth

Ficha de cosechado
Nombre: Connor
Especie: Humano
Habilidades: Fuerza bruta, inmutabilidad, rapidez mental
Personajes :
Devoss: Humano (Países Bajos) Licántropo Tigre

Maila: Humana (Hawaii) Bruja de la Arena

Connor: Humano (Canadá)
Unidades mágicas : 8/8
Síntomas : Sufre episodios de insomnio.

¡Cenicienta, que ya son las doce! - Página 2 Empty Re: ¡Cenicienta, que ya son las doce!

10/04/24, 09:28 am
Connor no podía negar que se lo estaba pasando de puta madre. Ver a Nohlem en esa situación solo le daba años de vida y muchas oportunidades para usar a favor ese día y recordarle de muchas formas que: "Al menos yo no perdí los pantalones..." "Oye, ¿te acuerdas cuando perdiste los pantalones" "Se me ha caído el puto vaso... Me recuerda a cuando perdiste tus pantalones, hmmm más o menos". Así con infinidad de ejemplos. Nada con verdadera malicia, pero era esa clase de puñetero amigo y había que aprovechar las oportunidades.

-"Estábamos hablando"...- Repitió el motero con tono estúpido y una sonrisilla ante el comentario mordaz de Nohlem. Sin poder evitar hacerle un poco de gracia que se estuviera picando un poquito con aquel vacile.- Joder, pues vale... Vosotros os habéis perdido mi puto concierto.- Sin embargo donde las dan las toman y él ya había estirado y vacilado demasiado a Nohlem, y aún así Connor no se esperó para nada el siguiente comentario del varmano. Los putos favores. El motero abrió los ojos por la sorpresa y una leve sonrisa nerviosa empezó a asomar en sus labios. Soltó un ruido de su garganta que bien podría haber sido una risa queda. -Ehhh.... ¿Si te digo que no tengo ni puñetera idea de qué estamos hablando?- Bromeó mientras su mirada se desviaba hacia Ethan. -Es una mierda larga de contar eso de los favores...- No tuvo mucho tiempo para decir nada más. Pues aquel cabrón vengativo salió con algo que ni él mismo se había esperado. Joder si jugaba sucio. Connor se quedó mudo durante unos segundos, antes de soltar un bufido entre incrédulo, divertido e incluso algo molesto.

Casi por reflejo bajó la vista hacia sus pantalones cuando Nohlem hizo lo mismo. Porque eso es lo que quería ese maldito pijo de los cojones. Qué cabrón, joder. A Connor no le daba tanta vergüenza el hecho de quitárselos que el hecho de que era jodidamente humillante. Más cuando antes había estado vacilándole sin parar.

-Eh....- Volvió a bufar algo incrédulo antes de reponerse un poco. Frunció el ceño ahora él un poco picado, aunque la sonrisa tampoco se la quitaba nadie. Un juego era un juego. Y un trato era un trato.- Joder, tendrás mala hostia cabronazo...- Aún así volvió a bufar con una sonrisa mientras negaba con la cabeza y empezaba a descalzarse.- A tomar por culo, joder... Pero ésta pienso devolvértela, que lo sepas.- Con un rápido tirón hacia abajo Connor se bajó los pantalones hasta los tobillos, quedándose en calzoncillos en el proceso y recogiendo la prenda del suelo. Abrió los brazos con una risa algo nerviosa.- ¿¡Contento, gilipollas!? ¡Ahora somos dos putos subnormales de mierda sin pantalones! ¡Hay que joderse, joder!- Exclamó divertido y ya algo más repuesto de aquel tremendo vacile que le había hecho. Se dirigió a Ethan con una leve sonrisa y fingiendo con exageración que hablaba educado y cordial, que se portaba bien. Incluso puso la voz algo más fina. -¿Podrías por favor darle estos bonitos pantalones a nuestro amigo? Es que estás más cerca y es que...- Su mirada de desvió hacia Nohlem otra vez y habló como de costumbre-... me están entrando unas ganas de tirarlo al pozo que no te haces ni una puñetera idea, joder...- Connor le lanzaría los pantalones por el aire a Ethan esperando que los cogiera al vuelo.- Ojalá te queden tan puñeteramente grandes que parezcas un puto payaso... Payaso...- Le soltó a Nohlem con los brazos cruzados.
Raven
Raven

Ficha de cosechado
Nombre: Ethan
Especie: Humano
Habilidades: Buen oído, valor y motivación

Personajes : Ethan: Humano, Ingles/Japonés 1.75

Síntomas : En ocasiones, se le desenfocará brevemente la vista.
Armas : Ethan Lanza partesana y una daga

Status : Ciego y cojo, el chiste se cuenta solo.

¡Cenicienta, que ya son las doce! - Página 2 Empty Re: ¡Cenicienta, que ya son las doce!

10/04/24, 11:01 am
Las risas siguieron acompañando a los insultos, Connor era una metralleta sin capacidad de apuntar a nadie en concreto y con tanta pulla soltada al aire era imposible que no acabara escaldado con alguna. Su sonrisa se ensanchó al momento, un tanto nervioso al haber sido descubierto, él había salido a descansar pero que luego hubiera sucedido el intercambio de besos solo teñía su rostro de un matiz culpable, o así fue hasta que Nohlem consiguió borrar todo rastro de alegría de un plumazo. Pronto lo que era timidez pasó a ser una incomodez solo escondida tras una suave sonrisa apenas mantenida, no acaba de entender que acababa de ocurrir.

Si, vale, le venía bien que lo hubiera querido ocultar, la pregunta era ¿Porque había querido ocultarlo? Ethan tenía sus motivos, pero el felino más allá de un pique que se estaba volviendo personal no tenía ninguno. Había sido tan cortante que el hachazo había traspasado al pelirrosa para llegar hasta su persona, no le apetecía añadir nada ante la contundencia de su compañero. En parte por ese motivo agradeció que el foco desapareciera de su persona para centrarse en una batallita de favores y afeitados.

¿Si se iba sería muy cantoso? No sentía que tuviera nada más que opinar allí y ahora que el frío de la noche calaba en forma de dudas no estaba seguro de querer directamente opinar nada. Claro que los favores no eran individuales, nunca lo habían sido, ya conocía los de Rick de tantos platos que le había visto limpiando pero que Connor también tuviera le hizo más daño del que cabía esperar, porque claro, todo lo que le hacía exclusivo e importante había desaparecido de un solo plumazo. ¿Le pediría otro beso al canadiense? Podría hacerlo perfectamente, la primera proposición había sido en público así que nada le paraba de repetir, ahora bien qué irónica era la situación. Que alguien quisiera seguir su mismo plan le dolía horrores.

Por eso ocultaba lo que ha ocurrido, por eso se había centrado en él en cuanto ha entrado, por eso le pidío más favores, aún le quedaba otro. Ya sabía cual es el otro.

Que Connor se quedara en calzoncillos no le alegró las vistas, el juego ya le resultaba más cansado que divertido. Sobraba lo suficiente como para tener una excusa para irse y aún así, su educación le obligó a formar parte de una broma que ya no le hacía gracia. Tomó los pantalones antes de que acabaran de caer y se los llevó a Nohlem sin chascarrillos, coñas o ánimo.

-Anda toma, pero deberías de regresar los dos pronto, al final os vais a resfriar.

Mencionó sin dirigir la mirada a nadie en particular, en cuanto el felino tomará la prenda se alejaría un par de pasos señalando la puerta en un gesto que esperaba que se entendiera.

-Voy a por unas mantas para que podáis subir -Trató de mejorar su sonrisa, un intento pobre de no sonar sumamente seco.- No vaya a ser que asustéis a los de dentro.
Kanyum
Kanyum

Ficha de cosechado
Nombre: Nohlem
Especie: Varmano granta
Habilidades: Puntería, intuición, carisma
Personajes :
Jace: Dullahan, humano americano. 1’73m (con cabeza 1’93m)
Rox: Cambiante, humano australiano/surcoreano. 1’75m
Kahlo: Aparición nocturna varmana granta. 1’62m
Nohlem: varmano granta. 1’69m
Xiao Taozi: Fuzanglong carabés. 1’55m

Unidades mágicas : 5/5
Síntomas : Mayor interés por acumular conocimiento.
Status : Prrrr prrrrr

¡Cenicienta, que ya son las doce! - Página 2 Empty Re: ¡Cenicienta, que ya son las doce!

17/04/24, 01:25 am
Nohlem le mantuvo la mirada a Connor en una actitud que habría sorprendido a su yo del pasado, quien creía que el pelirrosa podía matarle por cualquier excusa. En el fondo no es que hubiera dejado de pensarlo, la diferencia es que ahora confiaba en su autocontrol y lo bien que le cayera.

Sus sonrisas eran más rápidas y escuetas, pues la vergüenza y la molestia habían hecho mella. Para ser de la estricta clase alta se le podía considerar bastante tolerante, pero su soberbia era tan grande como frágil y pocas veces había sido herida de tal forma, y eso se demostraba. Ignoró sus amenazas por mucho que quisiera devolvérselas con el recordatorio de su segundo y último favor, viéndole en silencio con una pequeña sonrisa perder los pantalones. De nuevo no dijo nada a los insultos, pero su sangre se mantuvo caliente por ellos, en un tira y afloja entre el dulzor de la venganza y el picor de una nueva bofetada. El pelirrosa jugaba con su paciencia y los afilados trozos rotos de su orgullo, al punto que ni verle medio desnudo le estaba satisfaciendo. Chasqueó la lengua ante el comentario del pozo, exhalando una risa cortante por la nariz. No aguantó más.

Pues ya somos dos, imbécil.

Si le preguntaban a él si la acidez de sus palabras era real o broma no sabría especificarlo.
Tomó los pantalones en cuanto Ethan se los tendió, dándole las gracias por lo bajo sin atreverse a mirarlo demasiado. Aún se sentía demasiado expuesto. Por supuesto no era ni medio consciente de los intrincados derroteros que había tomado la mente del londinense, mucho menos tras haber sido toreado por el canadiense y sentirse un saco de boxeo. Empezó a vestirse en seguida, y como era de esperar la prenda le quedó gigante. Tuvo que sujetarse la cintura para que no se le cayeran, sobre todo cuando se agachó para recoger el ruego y que no arrastrasen; no porque le importase manchar los mugrientos pantalones de Connor, más bien porque no quería matarse ni terminar haciendo el payaso para deleite del mismo. Si los que había llevado antes de cambiarse esa mañana le hacían un culo lamentable, con estos estaba oficialmente apuntado a una carrera de sacos. Ahora bien, mejor eso que medio desnudo. Al menos él podría entrar al refugio con un mínimo de decencia. Y vamos, ni de coña iba a quedarse esperando ahí con Connor.

Yo ya estoy vestido, no me hace falta una manta.

Por si no era obvio seguía picado. Con las manos haciendo pinza a la tela en su cintura pasó de largo del canadiense y siguió a Ethan unos pasos atrás. No se registraba como causante de la sequedad en su tono, una sequedad que compartía e interpretaba como empática decepción, quizás por la realización de haber sido interrumpidos o haber presenciado tan lamentable documento. No es como si Ethan no se hubiera reido también, pero definitivamente no le había llamado gilipollas repetidas veces. Apretó los labios, mirando en todo momento a un punto bajo con las orejas gachas y expresión en conflicto consigo mismo.

Lo siento —musitó finalmente por decencia. En un principio no se sentía exactamente culpable, pero sí abochornado por el espectáculo y ser partícipe en él—. No ha sido… mi mejor actitud.

Siendo hijo de su madre estaba cansado de decir aquello, pero de alguna forma siempre calaba.

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