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Palacete

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Palacete - Página 33 Empty Palacete

03/08/11, 01:04 am
Recuerdo del primer mensaje :

Hecho en piedra gris, con forma de U, coronado por una cúpula de cristales negros y esmeralda bajo la cual hay un ventanal ovalado. Se entra por una escalinata de azulejos a un recibidor circular con dos grandes escaleras a ambos lados. Sobre este, se encuentran las habitaciones, flotando a distintas alturas.

Descripción más detallada sacada de la saga:

Harek

Ficha de cosechado
Nombre: Rick
Especie: Humano
Habilidades: Puntería, habilidad mental y carisma

Palacete - Página 33 Empty Re: Palacete

20/01/24, 11:14 am
Ver a los chiquillos tan contentos era reconfortante. Pensar que después de tanta tensión durante semanas podían encontrar un remanso de paz dónde volver a la calma era precioso. Una sonrisa se le dibujó en la cara, imaginándose que esa suerte se mantenía hasta que llegara el día que pudieran volver a casa. Se mostró atento cuando Aniol empezó a formular su pregunta, aunque desde luego no esperaba una así. -Oh, pues... Siempre he pensado que tenía una, pero no se si hay alguna forma de asegurarse. Sería curioso descubrir si tengo dos- respondió en un tono amigable con los brazos en jarra. No creía en ello en realidad, pero tampoco había creído en la magia y allí estaban, rodeados de ella. Al menos si el niño conocía alguna forma pasarían un rato charlando cómodamente, pero a saber si habría algo de verdad detrás de unas simples palabras bonitas.

-Bueno, nos hemos dividido y cada uno ha encontrado algo. Tampoco ha pasado tanto tiempo- tranquilizó a Ethan. Rick se acercó un poco más cuando bajó el volumen para desvelarle el truco para el maquillaje de los tres. -Ya veo. A juego con el vestidor mágico- dijo luego de una ligera risilla. Eso explicaba el maquillaje tan perfecto y desde luego la idea de pinceles autónomos y espejos probablemente hechizados para ayudar sonaba muy curiosa. Le guiño un ojo antes de añadir siguiéndole la corriente: -De aquí no sale el secreto, tranqui.- Otra cosa sería que los niños se dieran cuenta luego de ver cómo funcionaba la ropa, pero desde luego él no iba a romper esa promesa.

El neoyorquino observó divertido mientras Nohlem lo superaba en aquellas teatralizadas cortesías hacia los pequeños. Él solo había entrado un poco antes de volver a sus maneras habituales, simplemente por compartir su contagiosa felicidad. Tal vez podría seguir si Damian o Aniol decidían seguir un poquito más, pero de momento normalidad. Por eso mismo que fuera el varmano el que le otorgara un título (además ese en concreto) le cogió desprevenido. Rick lo miró incrédulo y, aparte de un "Tch" entre dientes que dejaba claro que la queja no iba en serio, se limitó a echarlo con una mano. -(Lo que yo te diga, verás el día que tengamos un espejo)- le "amenazó" mentalmente siguiendo por unos segundos con la vista al grupito mientras se alejaba.

Mientras la comitiva real se perdía entre los armarios, el resto seguía charlando. -Hay bastante que apreciar. No se me ocurren muchas tiendas en La Tierra con tanta variedad- bromeó tras el comentario del británico. Seguramente se podían hacer unos cuantos desfiles de moda con todo lo que tenían allí. El siguiente, aunque le encontraba la gracia en el fondo, ya le hizo sentir un poco de lástima por Connor. Cuando Ethan lo miró, el chico se encogió de hombros sutilmente, con una cara algo más seria, sin llegar a perder la sonrisa, que podía traducirse en un "a mí no me mires, es cosa suya". Ya la sonrisilla de su compañero se encargó de avisarle que Nohlem no era el único que iba con guasa hacia él ese día, así que esta vez no le pilló con la guardia baja. Luego de una ligera risa, contestó llevándose una mano al mentón: -Que va. Por ahora no me decido, pero ya encontraré algo.- Y dicho eso volvió la vista hacia el armario y las barras que tenía cerca.

Realmente solo había tenido curiosidad por la ropa que tendrían en un sitio como ese, pero hasta que el resto dijo de vestirse ni se había planteado buscar algo que le gustase. No terminaba de estar convencido de que aquello fuera buena idea, pero al menos podía seguir investigando y buscar una excusa luego. -(No había nada de mi estilo, pero no pasa nada. O tal vez...)- fue barajando las posibilidades mientras iba pasando las prendas absorto en la tarea. Las conversaciones que seguían en la sala sonaban casi de fondo, hasta que al encontrarse de nuevo el cielo nocturno del salón le hizo pararse en seco. Por un instante dudó de no haberse fijado que el vestidor tuviera ventanas similares, pero no tardó en darse cuenta que no era eso. Lo que tenía delante era una gabardina negra, algo estrecha en los hombros y algo más corta  que la que había traído a la ciudad. La tela se notaba que era buena, pero lo impresionante sin duda era el forro interior. Era bastante más sutil, pero de alguna forma habían hecho magia para que la tela negra reflejara pequeñas estrellas. Incluso el color del fondo se asemejaba al cielo de antes, casi cómo si lo hubieran recortado y puesto allí. La abrió un poco para apreciar mejor la calidad de la prenda. De momento no tenía intención de cambiarse, pero se le acababa de ocurrir una idea de lo que se pondría. Tal vez si solo llevaba la gabardina no sería tanto problema si tenían que salir...

El sonido de las cortinas del probador le hizo volver a la realidad. Tenía curiosidad por ver qué habrían escogido el resto, así que se giró para saber quién había sido el primero en estar listo. Cuando quiso darse cuenta intentó que no se notara tanto, pero probablemente la boca entreabierta y los ojos bien abiertos ya habían delatado que estaba sorprendido por el vestido de Kalna. Recordaba aún el vestido que llevaba el primer día y desde luego éste seguía una estética parecida, pero más bonito y sofisticado. El chico se acercó sonriente, apreciando una última vez su elección para el baile antes de mirar a los ojos a la libense. -Vaya, es un vestido precioso. Estás fantástica, señorita caballera- la alabó rematando con una sonrisa juguetona por la broma de antes. Eso sí, el cumplido era genuino.
Kanyum

Ficha de cosechado
Nombre: Nohlem
Especie: Varmano granta
Habilidades: Puntería, intuición, carisma

Palacete - Página 33 Empty Re: Palacete

20/01/24, 05:56 pm
Asintió agachando la cabeza grácilmente a la petición de Ethan a que volviera a tocar, orgulloso por el entusiasmo de los pequeños. No es que le hicieran falta motivos, pero sentaba la mar de bien tener un público interesado. A Rick le lanzó un beso como respuesta a su chasquido de lengua antes de comenzar el tour, con el que se contagió como si él también fuera un crío. Nohlem no era ni medio consciente de cuan ligero se sentía con ellos, no solamente con los niños, sino con el grupo, y es que en una fiesta solo actuaba con aquella naturalidad cuando estaba lejos de la vigilancia de su madre. Ahí podía hacer el tonto, podía malcriar a los peques, podía ser infantil sin reparo a ser la vergüenza de otro, podía fingir ser otra persona… no. Podía ser él mismo.

Se rio con gusto ante sus reacciones, no creyendo exactamente dignas esas palabras para una princesa, pero el mayor logro fue sin duda la mutis del dicharachero de Damian. Volvió a colocar el traje en su sitio (que en seguida recuperó su tamaño original) y se agachó hasta quedar a la altura de Aniol cuando éste le tiró de la mano.

El mío es una sorpresa —le dedicó una sonrisa de las que achican mucho los ojos. Después rio sin abrir la boca, divertido por el rol que le había adjudicado como modista—. Verá, princesa Ania… —continuó en un susurro, mirando a ambos lados como si realmente necesitase todo ese secretismo—. Lo cierto es que no soy el modista del reino.

Miró por encima de la cabecita del polaco fugazmente, allí donde estaba el vittya.

>>¿Ve aquel lobo de allí? Su nombre es Eschezeniak, viene de muy lejos. Tiene un olfato para el buen gusto increíble. Él es el modista. En cuanto a mi… —le estrujó la mano con calidez para recuperar su atención, mirándole a los ojos. Su voz, un murmullo discreto—. Que no le engañen mis harapos, princesa Ania. Mi nombre es Nohlem Ghiope, soy el príncipe de Bermellón —le sonrió, sintiendo el gusanillo de la vergüenza desvanecerse a más abrazaba la broma—. ¡Será un placer para mi tocar el piano para usted! Y ayudarla a vestirse una vez haya encontrado el disf- ¡el traje adecuado! —se incorporó con júbilo—. Quiero que sea la primera en verme, así queeee… —deslizó los dedos hasta soltar su mano con suavidad—. ¡La estaré esperando dentro!

Y con un guiño y un dedo sobre los labios para que le guardara el secreto, Nohlem marchó de vuelta a su probador, donde esperaba oculto en sí mismo su atuendo. Justo cuando iba a pasar dentro se abrió el probador contiguo, dándole un susto que, de no haber sido capaz de mantener, habría sido muy poco principesco. El varmano se quedó a dos aguas del vestidor al probador, observando a la libense desde su ángulo, tan vertiginosamente alta que le hizo dudar si siempre había sido así o él acababa de fijarse. Luego reparó en los tacones. Su boca formó un “ah” insonoro.

El vestido era muy diferente a nada que hubiera visto antes, pero no llegaba al sentido fantasioso de las telas de Schecheniak. No era el elegante corte recto varmano, ni las largas faldas con listones que adoraban su hermana y él, tan de moda últimamente, ni la pomposidad princesil que les había descrito Aniol cientos de veces con sus cuentos de Disney. Aquel vestido le recordó a la cortina de un funeral. Al menos en Kalna era una cortina bonita, supuso… aunque un escote tan abierto sin joyas era un valle inquietante al que no estaba hecho. Tuvo la decencia de ahorrarse un “uhm”.

¡Menudo cambio! —“y buenas piernas”, pensó. Hizo una pequeña reverencia—. Muy elegante —dijo, no con toda sinceridad pero sí con convicción, antes de entrar a la seguridad de su probador. Esta vez sí cerró detrás suya.

Hola, señorito príncipo” le dijo mentalmente a su reflejo, aliviando una mueca humorística. “Vamos a devolverte el culo”.

Lógicamente empezó por los pantalones, no solo porque fuera la parte que más odiaba de lo que llevaba puesto, sino para así no estar en paños menores cuando Aniol entrase. Pronto pasó de aquel trozo de tela mustio a unos sencillos pero impolutos pantalones blancos que se ajustaban perfectamente a su silueta. Soltó un silbido interrumpido por una sonora carcajada victoriosa al darle la espalda al espejo y encontrar su bonito trasero de vuelta.

¡AJÁ! ¡Temblad, enemigos del Señor Culo de Saco! —dijo en alto y con voz grave.

Era una pena que lo fuera a ocultar bajo más ropa. Aunque bien pensado, no es que nadie hubiera demostrado ser merecedor de tales vistas. Sin más demora, continuó desvistiéndose. Se quitó las gafas y las dejó sobre sus viejos pantalones, porque no es que él conociera a muchos príncipes pero estaba seguro de que ninguno llevaba gafas. La cara de niño bueno no pegaba con la soberanía.

¡Este año las uuuvas, no me van a atragantaaar…! —empezó a cantar una de sus traducciones, de excelente humor, incluso cuando tenía la cabeza atorada en el cuello de la camisa que se estaba quitando. No había tenido paciencia de desabotonar todos los botones.
Seth

Ficha de cosechado
Nombre: Connor
Especie: Humano
Habilidades: Fuerza bruta, inmutabilidad, rapidez mental

Palacete - Página 33 Empty Re: Palacete

21/01/24, 11:39 am
La reacción de Nohlem a su "ataque" solo ensanchó más la sonrisa maliciosa y divertida de Connor, quien sentía el agradable calor de la puta victoria en aquel tonto juego que se había iniciado. Aún así, tuvo tiempo de reír cuando pasó al lado suya dándole un golpe con el culo para apartarlo, e incluso de protestar cuando le tendió la ropa como si fuera su criado.

-¡Eh, capullo!- Dijo entre risas, sin saber qué hacer con esa ropa tan jodidamente elegante entre sus manos. Tampoco tuvo mucho tiempo para pensarlo, pues pronto escuchó la voz de Ethan, presentando a una princesita y a su bufón real. Connor se giró con la intriga palpable en su rostro, y en cuanto vio el maquillaje de Aniol y Damian su cara adoptó una expresión de jodida sorpresa. Con los ojos como platos y la boca entre abierta. El maquillaje de Aniol era jodidamente bonito con tonos corales que contrastaban con su piel morena, y atendió con una sonrisa a su presentación como la princesa perdida del reino y Damián como su bufón real.- ¡Viva la princesa del Reino Lavanda y su bufón real, cojones!- Vitoreó el motero con un puño en alto y una sonrisa en los labios, divertido y contagiado de aquellas presentaciones. Aquellos críos habían pasado por tanta mierda en aquel mes y medio, que cualquier cosa que pudieran hacer para distraerlos de aquello era poco. Por otro lado, el maquillaje de Damian no se quedaba atrás, claramente imitando las pinturas de un circo. Tonos azules y cálidos: explosivos como el propio crío. Antes de que pudiera decir nada, asistió a una puñetera pirueta que le quedó de puta madre. Connor aplaudió sonoramente con una sonrisa.- A eso le llamo yo una pirueta de puta madre... Estáis increíbles, joder.- Secundó a los demás, mientras terminaba de aplaudir.- Y sí, el concierto de antes éramos nosotros.- Informó con un orgullo tonto en su voz. Joder, qué bien sentaba que le halagaran su puto talento.

Por último, y como bien había dicho Aniol no menos importante, estaba el consejero real Ethan. El cuál se encontraba atrás de los niños y con una expresión de timidez. Pero su maquillaje no se quedaba ni de coña atrás, y que los niños fueran los responsables de ello solo lo hacía mas jodidamente increíble. Tonos rojizos que contrastaban con la blanquísima piel del japonés.- ¿Eso lo habéis hecho vosotros? Qué bien se os da, joder...- Les preguntó al polaco y al italiano con el asombro en su voz, ya que hasta entonces había creído que todo era obra del japonés. El maquillaje le sentaba de puñetero escándalo a Ethan, pero algo dentro de él le decía que tenía que haber algún truco por ahí como para que lo hubieran hecho los críos tan bien, pero su cabeza embotada de maravillas pronto lo pasó por alto. Los críos se desperdigaron en busca de la ropa, mientras que Ethan se le acercó para... meterse con sus putas botas de vaqueros. El motero puso una cara de sincera sorpresa y miró a Nohlem, que les estaba enseñando la magia de la ropa a Aniol y Damian, como si aquella burla fuera culpa de él y hubiera puesto en su contra a Ethan. Con una sonrisa que delataba el humor en todo aquello y lo poco que le molestaba en realidad. Luego miró a Rick y su expresión de "yo no tengo nada que ver" a Ethan. Connor le dio un suave puñetazo en el hombro al neoyorquino con una risotada.

-¡Serás traidor, cabrón! Pensaba que estábamos en el mismo bando... ¿Sabéis qué? Vosotros os perdéis llevarlas puestas... Venga, quiero ver vuestros putos zapatos aburridos de mierda. Panda de cabrones... - Dijo el motero con humor y meneando la cabeza. ¿Cómo podían tener tan mal gusto? ¡Si eran unas botas increíbles, joder!- ¡Eh, gilipollas!- Pilló a Ethan por el camino cuando éste se estaba mirando en el espejo. Soltando en un armario mismo la ropa que le había tendido el varmano. El motero le pasó uno de los pesados brazos por el hombro a Ethan, mientras con el otro le señalaba en su reflejo. Habló con una sonrisilla en los labios.- Pues yo te iba a decir que estabas guapo de cojones con esa mierda en la cara, pero ya no te lo digo. Cabronazo.- Se despegó de él dando un par de pasos atrás con una sonrisa cargada de malicia bien intencionada.- Y el disfraz de puto payaso te tiene que quedar muy bien, póntelo.- El mismo tono de pique infantil que estaba usando con Rick y Nohlem.

Su vista de despegó del japonés cuando la cortina del vestidor se abrió y quién salió fue Kalna con un vestido. Después de dos mirada asesinas que le había echado la libense, no iba a ser él quién la halagara. Connor decidió entonces que ya era hora de buscar algo de ropa como estaban haciendo los demás. Primero que nada se acercó a uno de los armarios, rebuscando entre la ropa. Connor no era una persona desordenada, pero aquellos armarios no eran suyos, así que se notaba que le importaba tres cojones no ser cuidadoso. Dejaba chaquetas y abrigos en el fondo bajo de los armarios, aún con las perchas. Pantalones y camisas volaban de la barra donde colgaban hasta el "suelo" del armario. Cada vez con más velocidad a medida que no encontraba nada que le gustara. Porque la mayoría de prendas eran puñeteramente demasiado elegantes para su gusto. Era la putada de ser un motero de los Wyverns... La variedad de estilos brillaba por su jodida ausencia y no sabía qué le podía sentar mejor o peor, aunque nunca lo había notado hasta ahora. Finalmente encontró algo que sí le llamó la atención. Unos pantalones de cuero negro. La verdad que algo pequeños y ajustados, pero desechó ese pensamiento de su cabeza cuando recordó la puta magia de aquel lugar. Le iban a quedar de puta madre.

-¿Has encontrado ya algo que te guste, princesa de Lavanda? Tiene que quedar a la puta altura de tu maquillaje.- Le dijo a Aniol todavía con la mirada puesta en los pantalones de cuero negro.- Ah, y había pensado...- Se dio la vuelta para mirar al niño polaco con una sonrisa.-... que si Ethan es tu consejero real y Damian tu bufón real... Yo podría ser tu guardaespaldas real, ¿no joder? Todos los príncipes y princesas tienen uno.- Le ofreció al niño, mientras se echaba los pantalones de cuero al hombro, y se llevaba el puño derecho al corazón. Saludo de soldado o esa mierda quería creer. Su mirada se desvió rápidamente a Damian y su mirada silenciosa con aquellas prendas. Connor no sabía mucho de aquello, pero hasta él reconocía esa ropa como la de los presentadores de los circos. Normal que el italiano estuviera tan embobado. Dentro del vestidor, escuchó la voz alta y grave de Nohlem, y con una risotada Connor acudió a la llamada como enemigo del Señor Culo de Saco.-¡Si sigues teniendo culo de saco o no, tendré que decidirlo yo, joder!- Respondió con tono de pique amistoso.

Vale, tenía que centrarse de una puta vez. Buscar ropa. Ponérsela. Dar el puto espectáculo de su vida con la guitarra. El motero volvió a las andadas, rebuscando para encontrar una prenda que le gustara para el torso. Tenía que ser algo no muy elegante, y a juego con los pantalones de cuero...
Raven

Ficha de cosechado
Nombre: Ethan
Especie: Humano
Habilidades: Buen oído, valor y motivación

Palacete - Página 33 Empty Re: Palacete

23/01/24, 10:23 am
La gente iba y venía, murmuraban entre armarios y ropa nueva mientras la mirada de Ethan seguía fija en el reflejo que se le devolvía. Ignoraba su rostro pues ya lo tenía demasiado visto, tratando de observar de reojo cada costado de su cuerpo. Había ganado peso, no el suficiente como para que fuera muy notable pero si el justo para que pudiera percatarse él. Irónico como aún con el racionamiento y los días pasando hambre había estado alimentándose mejor que en sus peores momentos allí en Londres. En el torreón había obtenido un buen horario, costumbres simples y entrenamiento continuo, detalles que en conjunto le estaban haciendo ganar un poco de brazo. Si no le hubiera dado vergüenza se habría remangado para comprobar si sus sensaciones eran ciertas.

Pero para brazo, el que tenía rodeándolo ambos hombros. Ethan se encogió levemente, como una tortuga ante un ataque inesperado. Sus mejillas se ensancharon ante una sonrisa infantil mientras su mirada busco la de Connor, tuvo que contener una sutil risa ante su indignación.

-Oh... -Vale, eso si que no se lo esperaba. Las mejillas de Ethan se encendieron rápidamente ante el halago, con el estupor de quien no esperaba recibir uno. Sus ojos negruzcos regresaron rápidamente al espejo para volver a verse, un intento de confirmar que el cumplido era real para luego volver a fijarse en su compañero canadiense aún atónito ante la sorpresa. -Ah, eh… ¿Gracias?

No sabía ni que responder, la vergüenza se había apoderado de él. Una risa muda se le escapó presa de los nervios y dando gracias a que todo su alrededor había encontrado con que entretenerse decidió imitarlos. Al pasar junto a Rick dejó deslizar una de sus manos sobre su espalda, un toque amistoso mientras le dedicaba un susurro al oído, tan breve como lo que tardó en pasar de largo.

-Me encanta tu gabardina nueva pero darling, cierra la boca que te van a entrar moscas.

Era curioso cómo en tan poco tiempo algunas amistades podían cobrar nuevos matices. La convivencia cercana lograba esos milagros en los que por suerte se mantenía al margen… ¿Verdad? Negó con suavidad, un gesto con el que sus trenzas siguieron bien agarradas hasta llegar a un probador nuevo, tan pensativo como estaba si quiera sabía porqué había escogido ese. Quizá era la puerta de un rojo caoba o la ornamentación dorada que simulaba pequeños dragones apoyados sobre la misma. Todo lo de allí exclamaba una mezcla asiática ambigua, Ethan no pudo evitar abrirlo con cierta curiosidad. Dentro le esperaban trajes clásicos de lo que él creía su cultura y si bien no era erróneo, tampoco era cierto. Había hanbok de todos los colores, kimonos con telas espumosas y bellos relieves cosidos a mano. Todos los conjuntos eran una mezcla étnica, ya no solo entre las de la tierra, si no que parecían haber tomado ideas y adaptaciones de muchas otras culturas extranjeras para las que Ethan no tenía ni conocimiento ni saber.

Dejó escapar una exclamación muda, agobiado de golpe por tanta posibilidad. En su hogar nunca habría escogido un traje así, no era para nada de su estilo, pero la lejanía y cierta añoranza había logrado que quisiera agarrarse a todo lo que considera suyo. En Londres apenas y se creía inglés y allí en cambio era hasta japonés. Para su suerte o su desgracia el dejar de escuchar a Damian alarmó lo suficiente a su subconsciente como para que su atención se centrará en buscarlo.

-Damian, ¿Todo bien? -Preguntó acercándose a él, curioso por ese comportamiento tan errático del joven. Ver al rubio quieto ya era un milagro, pero encima que no tuviera nada que aportar a cada segundo resultaba inquietante. Su vista siguió la del italiano y para cuando se encontró de cara con el traje circense entendió todo, su gesto se ablandó al momento con una sonrisa cargada de ternura y unos ojos entrecerrados ante lo adorable de la escena.  -¿Quieres probarlo? Ya que nuestra princesa ya está atendida mi deber como consejero es ayudar a que el bufón del reino también sea el más brillante y guapo de todos.

Le dejó caer siguiendo el juego absurdo de los peques, apoyó una mano en sus hombros apretando ligeramente para infundir ánimos y con la otra le señaló uno de los vestidores del fondo, por si quería acceder a la ayuda.
Aes

Ficha de cosechado
Nombre: Aniol
Especie: Humano
Habilidades: habilidad manual, automotivación, olfato fino.

Palacete - Página 33 Empty Re: Palacete

23/01/24, 04:48 pm
Los ojos de Aniol se entrecerraron un poquito como mostrando recelo cuando Nohlem le negó ser el modista del reino. En cambio sus labios se curvaron en una mueca divertida y de expectación, dejándose regalar el oído por la historia que el granta dictaba.

Su cabeza se giró hacia Colmillo, el lobo proveniente de un lugar lejano, y rápidamente la voz del elfo lo transportó a un mundo de sueños donde el vittya poseía un gusto y unos modales exquisitos. Cuando el muchacho le dio un apretón en la mano para atraer su atención el polaco parpadeó embelesado por aquellos murmullos discretos.

Nohlem Guiope… —musitó, puede que el varmano no lo supiera nunca, pero por lo que a él respectaba su amigo podría ser un príncipe de verdad, solo le faltaba un reino. Y alguien con quien compartir el trono. La curiosidad del churumbel flotó por toda la estancia, primero revoloteando unos breves segundos en Ethan, quien charlaba distraído con Damian, y finalmente posándose en su objetivo real, Rick. Ojalá el destino uniera lo que estaba predestinado a ser—. Príncipe de Bermellón… —repitió, llevándose un labio a los dedos tal y como acababa de hacer el joven para indicarle que le guardaría el secreto.

El júbilo que sentía era espléndido, no solo se encontraría con Nohlem más tarde para que le ayudara con su vestido si no que encima sería el primero en verlo portando ropajes reales. Y para colmo Connor le habló inmerso de lleno en aquel juego que todos parecían tener entre manos. La infección de una obra en la que cada uno tomaba un rol y un papel parecía estar saltando por todas las cabezas de los presentes como una pulga inquieta.

¡Aún no! ¿Cómo puedo decidirme? —le respondió al canadiense, halagado por haberse referido a él en femenino y como la princesa Lavanda. Que de entre todos el tipo grande e intimidante se prestara a querer hacerle feliz significaba mucho para el pequeño—. ¿Cóoomo? — Para enseñarle a qué se refería exactamente le mostró toda una montaña de telas y vestidos que se encontraba recopilando para llevarlos al probador. Algunos denotaban un matiz pomposo y de cuento repletos de volantes sinuosos. Pero la mayoría de los que se alineaban con su gusto mostraban un cariz más modesto, sus favoritos eran los que se podían usar tanto como para bailar en el salón de un castillo como para salir al bosque encantado a tomar el picnic—. ¿Mi guardaespaldas real?... —aquello le tomó por sorpresa, pues todavía le había dejado un poquito aturdido que dijera “puta” antes de la palabra maquillaje. No tardó más de dos segundos en salir de la confusión, no obstante, y lo hizo acortando distancias entre él y Connor. Le pidió que se arrodillara con el fuego artificial de la emoción brillando en sus ojos y con las palmas en vertical tocó cada uno de sus hombros con solemnidad—. ¡Por supuesto! ¡Con tanto cuero eres como el típico villano que en la segunda película se hace de los buenos y protege al protagonista! Desde ahora mismito… te convierto en el guardaespaldas oficial del reino… jurarás dar la vida por mí… en cualquier momento… incluso si… ¿te he robado la chaqueta…? —rio, exhalando un suspiro entrecortado—. Eso último era bromi.

Aniol ladeó la cabeza, sin entender muy bien por qué Connor y Nohlem se gritaban culo de saco desde un lado del probador al otro.

Pero si Nohlem tiene el culo que parece un melocotón redondito… nu entiendo… —afirmó con toda la inocencia del que aún es infante. Siguió a lo suyo encogiéndose de hombros y desechando aquellos vestidos de color negro con redecillas—. Puaj… demasiado gótico —Dijo al apartar un palabra de honor aterciopelado con una araña de cobre que se movía como colgante. Cuando estuvo listo pegó con los nudillos como le fuera posible en el probador del granta—. ¿Toc toc? Aquí Lavanda a Bermellón… —susurró en código de espías—. De princesa a príncipe secreto… ¿Puedo pasar?.

Cuando el chico le abriera le vería aguantando un montón de vestidos que superaban con creces la altura de su cabeza. Los de la parte superior se cayeron desperdigados por la impresión, unos ojos color miel asomaron con timidez y asombro, refugiado entre las sedas y tules a modo de barrera.

Qué… ¡ELFITO!… —era increíble como un pantalón blanco, una camisa y la ausencia de gafas podían cambiar tanto a una persona. Y eso que ni siquiera estaba listo del todo—. ¡Santos! —no le gustaban las uvas, pero el niño se acababa de atragantar.
Isma
Isma

Ficha de cosechado
Nombre: Damian
Especie: Humano itaiano
Habilidades: Agilidad, dibujo, espontaneidad

Personajes :
Armas :
  • Adam: Cimitarra y cuerpo de caballo. La incomodidad
  • Damian: Dientes
    Daga

Status : muñonesmuñonesmuñonesmuñonesmuñonesmuñonesmuñonesmuñonesmuñonesmuñonesmuñonesmuñonesmuñones
Humor : ajjaj

Palacete - Página 33 Empty Re: Palacete

23/01/24, 07:57 pm
Quizás estaba fantaseando mucho, demasiado. Enfrascado en aquel atuendo que se hallaba en una parte no muy destacable, un conjunto que quizás pertenecía a alguna persona lo suficientemente apasionada con el mundo del circo como para dejarlo ahí, guardado y cuidado. O solo era producto de un curioso azar, una forma de decir que el destino llevaba a Damian por el sendero que él deseaba. No eran dudas que precisamente habitaban en su cabeza llena de ilusiones, de futuros idílicos con aquel traje tan maravilloso.

Por eso, cuando la voz conocida de Ethan se acercó, Damian se giró rápido no por susto sino por ver su burbuja rota repentinamente. No pudo evitar asentir a la pregunta porque, de hecho, mejor no podía estar con el hallazgo que tenía a su lado. Se le bordó una sonrisilla tierna en la cara, genuina como pocas por la propuesta del consejero real.

¡Ah! Eh… Jejejejeje —una risa bobalicona e incluso algo pava se le escapó—. Me… ¡JAJAJAJAJAJAJAJA! ¡Perdón, perdón! Espérate ahí un segundo, jejejeje... ¡AHEM, ojo que voy! —quiso tener compostura para ese momento, incorporándose tieso como un palo ante Ethan. Luego siguió con florituras gestuales que intentaron imitar a la realeza y a los cientos de numeritos que pudo presenciar de su entorno empezando con una mano en el pecho  y otra yendo al traje. Continuó en voz alta, muy alta—. ¡Sí! ¡Meeee encantaría probarme este… increíiiiiible y chuliiiiiisimo traje de aquí de Maestro de Ceremonias que está guapísimo y que me he encontrado aquí mismo, como tú me has ofrecido a mí, claro! —patinazo tras patinazo sintáctico no quería ser menos que los otros que logró escuchar de reojo, invirtiendo esfuerzo en el papel de bufón de la corte y haciendo aspavientos bien adornados al aire junto con gestos exagerados—. ¡Seria un GRANDIOSO honor y me fliparía que tu, consejero Ethan el mejor del mundo mundial, me ayudases a ponérmelo porque nunca me he llegado a poner algo así de complicado, por desgracia! —después de señalar a Ethan con todo el drama ya puesto, se llevó una mano a la cabeza como quien lamenta algo profundamente. Realmente le daba algo de vergüenza admitirlo pero ya estaba montado en la atracción y se lo estaba gozando.

Pero no podía más contra sus ansias internas.

¡BUAAAAA TIO, ETHAN NO PUEDO MÁS, QUIERO PONERME ESTO Y SI ME AYUDAS ERES UN GRANDE! ¡VAMOS, VAMOS AL VESTIDOR, QUE SE NOS ADELANTA ANIOL Y TODA ESTA GENTE!

Rompiendo todo su personaje volvió a ser él mismo, vibrando en el sitio como una pulga tamaño humano. Si era el vestidor su objetivo, sin duda fue con Ethan durante todo el trayecto no sin antes recoger su preciado conjunto que se encogió en sus manos y ayudado un poco por su compañero, pues no podía con todo.

Por el camino no pudo evitar ver de reojo a Kalna, con un vestido algo peculiar y bien oscuro en cuanto a colores se refiere, con detalles dorados. Recordaba haber visto algo similar en las caravanas del circo y eso llamó su atención, saludando con brevedad a la libense antes de partir a toda prisa al vestidor.

Una vez dentro, Damian pensó algo que verbalizó a su compañero de vestidor—. ¡Oye Ethan! ¿Has pensado qué ponerte tú? ¿Has visto algo chulo por ahí o algo que te parezca la ostia? Aquí hay de todo, macho —preguntó mientras se quitaba la camiseta de tirantes con cuidado de no estropear su maquillaje. No quería estar solo en eso y deseaba ver a su amigo ponerse algo guay con él—. ¡Así salimos con algo juntos! ¡Ahora me ayudas y luego yo te espero aquí y te ayudo con lo que sea que te pongas! ¿Te mola la idea o qué? —entre un traje y el maquillaje tendría que verse tremendo, sobre todo para Nohlem con quien debía estrenarse de una buena vez a ver si eso le daba un empujoncito bien tocho al asunto. Pero para impaciente también estaba el propio Damian, probándose ya una manga de la camisa blanca siendo bruto no, lo siguiente.
Harek
Harek

Ficha de cosechado
Nombre: Rick
Especie: Humano
Habilidades: Puntería, habilidad mental y carisma
Personajes :

Armas :

  • Rick: Sable
  • Erknest: "Espada legendaria" y cuchillas de aire

Status : The journey never ends

Humor : Cualquier cosa me vale.

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24/01/24, 01:17 pm
Su cumplido fue bien recibido por la libense, que le respondió: -Gracias. Espero poder decir lo mismo de ti en un rato.- Aquello, acompañado de un guiño, le sacó una suave risilla al neoyorquino. -Intentaré estar a la altura- dijo con convicción sin perder el tono distendido de la conversación. Tras aquello, Kalna salió de la habitación, avisando antes que estaría en la sala donde se habían maquillado Ethan y los niños. -(¿Se hará algo como el primer día o será diferente?)- se preguntó el chico cuando se fue. Si los pinceles y el espejo estaban hechizados bien podría salir cualquier cosa, pero viendo el resultado de los tres no tenía ninguna duda de que le sentaría bien.

El ambiente general, bastante animado, se le enrareció un poco cuando procesó el susurro del británico, pasando su sonrisa a un desconcierto una pizca incómodo. El problema no era el contacto fugaz en el hombro, era la broma en sí aunque lo otro le sumara un poquito más. El tema de sus relaciones era algo que se tomaba en serio y, aunque ya en La Tierra no había recibido muchas bromas al respecto, no es que le gustaran especialmente aún viniendo de un amigo. La cosa además era que, como le había dicho a Räg semanas antes, les caía bien sus compañeros y aunque algunos fueran camino de convertirse en amigos cercanos no llegaba todavía a esos niveles de confianza. No iba a decirle nada, no quería apagar más aún el ambiente y tampoco es que Ethan supiera nada de aquello, pero estaba muy equivocado con lo que insinuaba. Si volvía a repetirse tal vez se lo comentara, pero por el momento lo dejó pasar como un error sin malicia aunque no le sentara del todo bien.

Pero no era el momento de comerse la cabeza por eso, ya lo estaba haciendo antes con la idea de vestirse. Por suerte para Rick, que todo el mundo estuviese ocupado de una forma u otra hacía que fuera más fácil disimular su dilema interno. Mientras miraba entre los armarios y las perchas, prestando solo una parte de su atención, con la mayoría de ella estaba atento a lo que iban diciendo los demás. Desde donde estaba el neoyorquino se fueron sucediendo varias risas animadas, primero por los intentos grandilocuentes de Damian y más tarde con el anuncio triunfal de Nohlem y la posterior respuesta de Connor. La calma que se respiraba en ese vestidor se le hacía tan mágica como las prendas que estaban colgadas allí. Tenía curiosidad por lo que se habría puesto el varmano y lo que llegó a escuchar del motero sobre su papel en la corte de Aniol lo dejó pensativo. -(¿Qué sería yo? ¿Jefe de espías? ¿Explorador real? No se me ocurre algo claro)- fue divagando tranquilamente dejándose llevar por los juegos.

Entre una cosa y otra, lo cierto es que el neoyorquino había reparado en algunos trajes que le gustaban. Había tenido en cuenta inconscientemente que pudieran pegar con la gabardina que había visto y, si bien no era nada espectacular, no era por ello menos elegante. Teniendo en cuenta cual era la prenda a destacar, había estado mirando algunos trajes de chaqueta en negro acompañados de unos zapatos de vestir. Se le dibujó una sonrisilla momentánea imaginándose el pique de Connor por elegir algo "tan aburrido". Lo que más destacaba del conjunto en el que se había fijado era la chaqueta, no tanto por la tela de buena calidad o que los botones se abrocharan más cerca del lateral que el centro, quedando así más ajustada, sino por los pequeños detalles. Justamente los botones de palanca, además de estar hechos en plata, tenían en sus extremos la extraña estrella de diez puntas que ya había visto en otros sitios. Tal vez por eso se había inclinado un poco más por ese traje en concreto. Para terminar el conjunto se decantó por una camisa de lino que daba la impresión de que encajaría perfectamente en el siglo XIX terrestre.

Por supuesto, es lo que se pondría si no hubiera una posibilidad de peligro en una casa ajena, claro. Si el resto pensaba distinto aunque no le gustara la idea del todo estaban en su derecho. Y la verdad que si el de Kalna había sido un adelanto de cómo saldrían el resto, iba a ser un baile muy elegante. Pero por si acaso el se quedaría atento aunque participara en ese rato de música y danza, sí... Se giró un momento para darse cuenta de que la mayoría o ya estaba tras una de las cortinas para cambiarse o estaban a punto de entrar. Fue entonces cuando el cerebro de Rick hizo una sola pregunta retórica: -(Bueeeno... ¿Sabes qué?)- Si era el único sin cambiar de todos modos tendrían el mismo problema y nadie les estaba impidiendo tener las armas a mano aún con la ropa nueva. Así, dejándose llevar por fin, el neoyorquino cogió rápidamente las prendas que había decidido y entró a uno de los vestidores libres a ponerse guapo.
Kanyum
Kanyum

Ficha de cosechado
Nombre: Nohlem
Especie: Varmano granta
Habilidades: Puntería, intuición, carisma
Personajes :
Jace: Dullahan, humano americano. 1’73m (con cabeza 1’93m)
Rox: Cambiante, humano australiano/surcoreano. 1’75m
Kahlo: Aparición nocturna varmana granta. 1’62m
Nohlem: varmano granta. 1’69m
Xiao Taozi: Fuzanglong carabés. 1’55m

Unidades mágicas : 5/5
Status : Prrrr prrrrr

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24/01/24, 08:24 pm
¿¡Qué eres, el culero real!? —le preguntó a voces a Connor. Vaya, que si quería hacer de juez a él no le importaba enseñar el material…

Cuando logró sacar la cabeza de la camisa vieja resopló con alivio, como si se hubiera desecho así de unas cadenas que lo ataban a una vida que no era suya. Ropa andrajosa era lo que llevaba alguien que tenía que vigilar cada paso que daba, alguien que pasaba hambre, quien había sido secuestrado y condenado a un año de castigo. Él no era nada de eso, nunca lo había sido: él era un príncipe y hoy volvía a su palacio, a sus lujos. Las penurias eran parte del teatro, no alrevés.

La melodía quedó esperando detrás de sus orejas, ansiosa por ser cantada, cuando la interrumpió el sonido de nudillos contra la puerta. Sin dar la espalda al espejo, Nohlem alzó la barbilla para acomodar el cuello alto de su camisa y que así lucieran bien los bordillos dorados, se peinó fugazmente con una mano y con la otra empujó la puertecilla. Al no cubrir todo podía ver los piececillos de Aniol por debajo, junto la sombra que su cuerpo reflejaba.

¡Pero bienven-! Oh —rio al no poder ver la cabeza del chiquillo entre tanta seda y pañuelo—. ¡Deprisa, deprisa! —le apremió con susurros altos, guiándole dentro sin asomarse demasiado para guardar el misterio.

La sonrisa que le dedicó fue acompañada de una breve carcajada y un rubor algo más intenso cuando, tras la montaña de vestidos, vislumbró la sorpresa del pequeño. No pudo evitar fijarse en la expresión robada, que si bien no era la primera vez que oía de Aniol, probablemente sí la primera que razonaba: los humanos solían aclamar por un dios, no por los Santos, y de esa familiaridad surgió parte de su alegría.

¿Te gusta? —le preguntó mientras le ayudaba con la ropa, guiándole a medias hasta la butaca donde estaba la suya, la cual -junto con sus gafas- apartó para no perder en la abalancha. Hecho eso, estiró ambos brazos a los lados para que le viera—. ¡Todavía falta lo mejor! Peeeeero… —silbó, mirando los vestidos y fallando al contar cuantos habría traido—. ¡Veo que no te vas a quedar atrás! O sea- Hm- Que no se va a quedar atrás, princesa Ania —repitió con un tono mucho más grandilocuente—. No se ha podido decidir, ¿eh?

Le ayudó a colgar algunos vestidos de las perchas a ambos lados del probador, parte por modales y gran parte por curiosidad, para sí ayudar dando su opinión. El polaco había traído, sin exagerar, una docena de ellos, así que si querían verlos todos tendrían que ir turnándolos. Nohlem señaló los que más le iban gustando, que en ocasiones no eran más que puro azar o colores que resaltaban entre los demás. Mientras Aniol se desvestía para probarse el primero, él terminaba de vestirse.

Abotonó su traje con la agilitad de quien acostumbra a llevar tales prendas a diario -que no era el caso, pero ni siquiera un uniforme real tenía más botones que la camisa de vestir media varmana- y ajustó cada abalorio, emblema y escudo en su pecho hasta que nada estuvo enredado. No olvidó ser buen anfitrión, ayudando a Aniol con cualquier pequeña cosita que necesitase incluso si no la pedía, así fuera subir un vestido hasta sus hombros, cerrar alguna cremallera o dar forma a una falda. Entre hueco y hueco, él seguía ultimando su imagen, y sobre todo, cantando.

¡Este año las uuuvas, no me van a atragantaaaar! Este año las uuuvas, no lo van a atragantar- ¡Porque desde antes, yo voy a practicaaar! Porque desde antes, él va a practicaaar —su voz, mucho más entregada a la canción y con total intención de ser escuchado, subía y bajaba según fuera voz cantante o coro. Apretó un cinto de seda del mismo color que daba nombre a su ciudad hasta que lo notó en el alma (y en las costillas bajas), marcando su silueta a pesar de estar brincando en el sitio—. ¿Y cómo practica compadre? ¿¡Cómo practica compradreee!? —le aulló al techo.
Miró a Aniol desde el espejo con inocente travesura. Le robó una mano para hacerle bailar, aún cuando solo tenían un par de metros para hacerlo.
>>Llenándome la boca de tus besos. Que son igual de dulces, corazón. ¡Llenándome la boca de tus besos, mi vida, que son igual de dulces que tu amor!

El meneo de barquito alegre acabó con una vueltecita y la sonrisa de un crío que ha descubierto demasiados regalos bajo el árbol. Toda vergüenza que le quedaba dentro acababa de irse por la borda. Tendría que volver a peinarse, y sobre todo, mirar lo cochinos que habría dejado los calcetines de tanto arrastrarlos por el suelo, aunque seguramente el suelo allí estuviese más limpio que los platos de los que comían en el torreón. Era buen momento para sentarse y ponerse las botas -en el sentido más literal de la frase, claro-. Aprovechó la pausa para mirar a Aniol, que tenía la cara de un enamorado primerizo con aquel vestido que ahora llevaba. Definitivamente, el niño era la primavera personificada. Le pidió que se acercara para ajustarle la cintura, alisar cualquier arruguita y liberar mejor aquellas mangas que le recordaban a la espuma de mar en contraste a la arena oscura de su piel.

¿Es este? —le preguntó aún sabiendo la respuesta. Una imagen valía más que mil palabras y Aniol no las necesitaba para hacerse oír—. Es perfecto. Pareces una flor de melocotón.

Sin embargo, había un detalle…
Nohlem le quitó una de las dos pomposas flores moradas que había a ambos lados de la falda, y con el mismo ganchito la agarró al pelo del polaco a modo de broche. Entre el maquillaje y el vestido a Nohlem se le encendió la vena paternal, un orgullo que no debía ser suyo, y un ronroneo terminó de adornar su sonrisa.

>>Ahora sí. Oye, ¿quieres que les demos una sorpresa? —preguntó un tiempo después, dando margen a que el niño disfrutase de su imagen—. Seguro que se quedan boquiabiertos al verte. ¡Podríamos esperarles en el salón de baile! Ya sabes, como los anfitriones. Y te puedo enseñar el piano…

Cuando se levantó volvió a sentir aquello que había causado esa primera explosión de energía. ¿El motivo? Su reflejo. Los hombros anchos y rectos le daban un aspecto masculino, el color verde de la chaqueta iba a juego con el de sus ojos, las bellas enredaderas bordadas en ocre, los botones blancos como perlas, los cordeles, las botas altas negras cuyo discreto tacón le hacía ganar altura… incluso el cinto, aflojado por las condiciones en las que lo ató, seguía viéndose maravilloso. Y aún faltaba lo mejor.

Sin duda, la pieza más exquisita de todo el conjunto era la capa. Aquello que gritaba “realeza” en vez de “milicia”. Cuando se la echó encima y la ató, Nohlem por poco no se reconoce.
Llegaba a medio gemelo, por abajo de la rodilla, tela lisa color ocre por dentro y puro terciopelo verde oscuro por fuera. Sus filos estaban bordados con pequeños y delicados motivos vegetales que vistos de lejos daban intrínsecas formas geométricas, cuyo color degradaba del dorado al blanco según descendía de hombros a cola. Una mata de pelo blanco rompía la simetría en su hombro izquierdo. Ni siquiera sus mejores trajes atrás en Varmania le hacían sentir así de… importante, tanto así que intimidaba. Apartó los ojos antes de poder sobrecogerse, saboreando la parte de ego más dulce, ese amor propio que tanta falta le hacía después de tanto tiempo sin verse. Lo cierto es que estar tan próximo a la fantasía era como volar demasiado cerca del sol: hacía más áspera la realidad.

¿Vamos, princesa? —esta vez le ofreció el brazo. Con el otro, empujó la puertecita. Muy distinto a su porte majestuoso asomó el morro como si estuviesen jugando al escondite, y al ver el terreno más vacío que lleno, aprovechó para salir—. ¡Eeeh, voy a ir enseñándole a Aniol el salón de baile! —anunció—. Digo- ¡a Ania! ¡Os esperamos allí!

Se guardó las gafas en el bolsillo, cogió la ropa con la que había venido y la mitad de los vestidos descartados para dejarlos bien colgados antes -tardase lo que tardase, pues a diferencia de Connor él no era ningún bruto-, dejando su feo conjunto viejo y su arco sobre un mueble donde pudiera recogerlo luego. El sonido de sus botas se iría con él.

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♪♫♬:
Muffie
Muffie

Ficha de cosechado
Nombre: Szczenyak o Colmillo
Especie: vittya zawodny
Habilidades: Habilidad mental, habilidad manual y orientación

Personajes :
Wednesday: Vouivre humana británica.
Karime: Licántropa loba libense de la capital.
Kimbra: Demonio rakshasa krabelinense Hija de Lunas engendro.
Irenneil: Brujo de la cera aurva sinhadre.
Edén Damkinea: Atlante daeliciano de la Ciudad del Norte.
Szczenyak//Colmillo: vittya zawodny nómada.



Unidades mágicas : 5/5
Heridas/enfermedades :
Ka: Le falta el ojo izquierdo.
Colmillo: Tiene partido el colmillo derecho.


Armas :
Wen: Guadaña doble y arco.
Ka: Espadas gemelas, arco y dardos.
Kim: Arco, machetes y dagas.
Neil: Cuchara de madera y cera.
Edén: Magia y sonrisas amables.
Colmillo: inutilidad.



Humor : Absurdo

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24/01/24, 11:20 pm

Colmillo se rió entre dientes mientras pasaba por las distintas faldas, túnicas y vestidos, imaginando a Connor cubierto de pelo rosa, lo que extrañamente a estas alturas le pareció más raro y divertido que normal, teniendo en cuenta que su imagen mental se acercaba más a la de un vittya que un humano. De alguna manera, la convivencia estaba consiguiendo que normalizara las rarezas que parecían compartir las otras especies y las orejas a los lados de la cara y la falta de hocico, cola y pelo las empezaba a ver como menos extrañas de lo que le habían parecido al principio. “Bueno, aún me queda Räg para no volverme loco” pensó con mofa al recordar que al principio era al único al que le había visto cierta coherencia en su forma.

-Qué poco respeto por los oídos de los demás, joder -contestó riendo a la insistencia de Connor sobre lo bien que seguro se le daba tocar, mientras se apartaba un poco de enfrente del armario para que tanto él como Nohlem pudieran apreciar su descubrimiento.

Ciertamente, las telas de vivos colores y formas geométricas no parecía que fueran a pegar mucho con las botas elegidas por el humano, pero al zawodny no le faltó razón en que Nohlem sí apreciaría ese tipo de ropa y así se lo hizo saber el varmano con un comentario que hizo que sus orejas bajaran un poco cohibido por el halago, pasando completamente por alto el habitual destrozo a su nombre. Para su suerte, Ethan, Aniol y Damian decidieron aparecer justo en ese momento evitando que los demás pudieran ver su vergüenza y se ganaron el foco de atención por cómo se habían pintado la cara y su especial presentación.

Con un poco de duda por desconocimiento, pero divertido por la emoción y el entusiasmo de los niños, Colmillo imitó a algunos de sus compañeros e hizo una reverencia a “la princesa”, “el bufón” y “el consejero” como parecía dictar la etiqueta del momento. No es que el supiera lo que era una princesa, pero gracias a la conversación de la primera noche con Kalna, el vittya dedujo que era un título de nobleza que implicaba de alguna manera ser bonita, mandar y tener gente a su cargo, papel que parecía estar representando Aniol a la perfección.

Con la ropa olvidada momentáneamente, Szczenyak disfrutó del teatro improvisado entre la voltereta de Damian, el recibimiento de Nohlem y el beso lanzado con elegancia de Aniol, sin poder evitar reir por lo adorable que le pareció este último.  

-Joder, si vamos a tener todos que representar bien el papel que nos toque, me vais a tener que explicar mucha mierda, porque yo estoy dentro, pero no tengo ni puta idea de que es una princesa -comentó entre risas a los que se quedaron mientras se giraba para seguir mirando el armario que había dejado olvidado.

Poco a poco, todos fueron eligiendo distintas prendas que querían probarse, siendo Kalna la primera en salir con ropa completamente nueva de un probador, pero Colmillo se sentía muy indeciso sobre qué quería ponerse entre todo lo que se le ofrecía. Él había encontrado prendas increíbles que parecían haber sido sacadas de los mejores mercados textiles de Zemlya y como jamás había tenido (ni tendría) la oportunidad de probarse algo así de exclusivo y lujoso, el zawodny estaba muy tentado a usar alguna de esas prendas, pero también estaba rodeado de otros estilos que parecían ser propios de otros mundos. ¿No debería tomar la oportunidad que se le brindaba y experimentar al máximo? ¿O debía limitarse a lo conocido y poco arriesgado?

-Joder, no me puedo creer que me esté costando tanto tomar una puta decisión -se quejó levantando en una mano una percha con una túnica color borgoña con arabescos dorados y un pantalón ajustado negro en la otra.

Mientras miraba con el ceño fruncido ambas prendas, sus orejas viraron hacia los probadores al haber captado su nombre pronunciado por Nohlem, quien había seguido el teatro para Aniol nombrándole modista del reino, aparentemente, por su gran olfato para la moda. “Pues debo tener la nariz taponada, porque no me está funcionando una mierda” pensó dejando ambas perchas de nuevo en su sitio y cogiendo otras dos, estas con unos pantalones bombachos turquesas y una camisa abotonada morada respectivamente.

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"Rocavarancolia es una ciudad llena de misterios y sorpresas, como un acertijo complicado y excitante."
Seth
Seth

Ficha de cosechado
Nombre: Connor
Especie: Humano
Habilidades: Fuerza bruta, inmutabilidad, rapidez mental
Personajes :
Devoss: Humano (Países Bajos) Licántropo Tigre

Maila: Humana (Hawaii) Bruja de la Arena

Connor: Humano (Canadá)
Unidades mágicas : 8/8

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25/01/24, 11:12 am
-¡A su puto servicio!- Le respondió divertido y con sarcasmo a Nohlem, cuando le llamó el culero real. Sin tener ni idea de si se estaba metiendo en otro puto juego de tratos y favores, que con el varmano nunca se sabía a esas alturas. Por otro lado, que Ethan actuara con esa sorpresa ante el cumplido le sacó una sonora risotada al motero, divertido con su reacción y con la visión de aquellas pálidas mejillas tornándose rojas. Un leve calor interior le hacía saber que le agradaba su reacción, ¿quizás de una forma no tan superficial?, pero antes de que se pudiera decir o bromear mucho más Ethan le dio las gracias y rápidamente se quitó de en medio.- De nada...- Le contestó ya solo en el espejo y viéndolo irse. Connor frunció el ceño con la escena que había tenido lugar.

Aún así, en aquel sitio no había mucho tiempo para pensar en nada. Las conversaciones iban y venían, y Connor se encontraba dentro de una tranquilidad jodidamente peligrosa, pero que su mente ignoraba a cada jodido segundo. Tras todo ese tiempo en el que habían estado sobreviviendo como podían, se alegraba de que hubiera solo un puñetero momento para respirar. Y aún con toda esa diversión el motero suspiró pesadamente ante uno de los armarios, al ver que otra vez nada de allí le convencía una mierda.

-Yo estoy igual... No me decido con nada de aquí, joder...- Le respondió a partes iguales a Aniol y Szcheniak, mientras revoleaba una prenda al fondo del armario. Donde ya empezaba a formarse una montaña de cojones de ropa desechada. Pomposidades, florituras, botones brillantes y elegancia en su más puta expresión... Estaba claro que aquello no era para él, ¿verdad?

Sus propios pensamientos algo desesperados fueron barridos del jodido mapa cuando decidió unirse a ese teatro que tenían montados los críos y Ethan y ofrecerle a Aniol ser su "protector real". Aunque no lo fuera a decir, Connor le veía todo el puñetero sentido a ese estúpido papel... Al fin y al cabo, los Wyverns se protegían unos a otros y todos eran guardaespaldas del resto....

-¡Claro tu guardaespaldas real, cojones!- Le confirmó el canadiense al polaco con una sonrisa y un asentimiento de cabeza, queriendo alimentar la fantasía del niño. Las próximas palabras de Aniol, sin embargo, le hicieron fantasear a él y le sacaron varias risotadas graves con aquello de que parecía el puto villano de una peli. ¿La culpa de eso? El cuero. No podía negarle mucho aquella mierda, la verdad. Con un meneo de cabeza y una sonrisa, le siguió el juego al niño y se arrodilló para ser nombrado su guardaespaldas, quedando ambos prácticamente a la misma altura. Connor adoptó un tono solemne en sintonía con el del niño y se llevó una mano al pecho.- Juro proteger a la Princesa de Lavanda ehhh con... ahhh... con mi puñetera vida, eso. Incluso... si me robas el chaleco... ¡pero no lo hagas, joder!- Sentenció con una actitud seria y divertida a partes iguales, mientras el niño terminaba aquella "ceremonia". Nombrado ya como su protector, Connor se levantó para seguir mirando la ropa, pero las dudas de Aniol sobre por qué se metía con Nohlem le sacaron una sonrisa por su jodida inocencia. Connor se acercó al niño y se agachó un poco, a la par que ponía una de sus manos sobre el hombro de Aniol y hablaba en tono confidente y susurrante.- Shhh.... Lo sé joder, sé que Nohlem tiene el culo como un puto melocotón... Pero es mi forma bromear con él y picarle un poco, ¿no es jodidamente divertido?- Le preguntó con una sonrisa cómplice y alzando ambas cejas.

Hablando de Nohlem, podía escucharlo cantar desde el probador. Una canción que no entendía a qué se refería exactamente la letra. Y mira, conociendo a Nohlem...¡seguro que no hablaba de uvas, joder! Pero lo que tenía claro es que era una canción rítmica de cojones, y el motero sonrió mientras asentía con la cabeza al ritmo de la letra.- Porque desde antes, yo voy a practicar...- Repitió en voz baja mientras cogía una chaqueta dorada con encajes blancos, y la mandaba a volar junto con el resto de puta mierda. Todos parecían ir poniéndose en marcha... Aniol y Nohlem en un probador, Ethan y Damian (junto con sus gritos estridentes) en otro probador, y ahora Rick también entraba en uno con una ropa jodidamente elegante en sus brazos. <<Lo he perdido, joder... Pensaba que era de mi puto bando, pero lo acabo de perder... Puto pijo...>> Pensó con una mueca sonriente. Mientras tanto, Connor seguía debatiéndose entre más y más ropa. Tenía las botas y también los pantalones de cuero negro, así que... ¿Qué mierda se ponía arriba? Todavía Connor tardó unos minutos más en... encontrarlo. Sí, eso era jodidamente perfecto. Connor lo alzó en el aire y asintió varias veces con la cabeza. Después se giró hacia Szcheniak con una sonrisa pícara en el rostro.

-Lo siento cabronazo, pero te tengo que dejar... Porque he encontrado... ¡esta mierda!- Exclamó mostrándole la prenda, mientras andaba de espaldas en dirección a un probador vacío.- Pero eso de ahí te pega de cojones, ¿no?- Dijo señalando la túnica borgoña y cerrando rápidamente la cortina.

Por otro lado, la prenda que le había mostrado al cánido era un chaleco. Cómo no. Pero no era un chaleco cualquiera, no joder. Era uno elegante pero sin serlo demasiado: la puta mezcla perfecta. De un color marrón en el torso y la espalda, pero cuyos costados eran de color negro. Haciendo juego con los pantalones de cuero y las botas vaqueras. Aún así, la jodida magia de aquel chaleco era su espalda... Corsé. Una hilera de orificios duales donde pasar una serie de cuerdas para ajustar la prenda a su torso, y con ello el problema más evidente de todos. No tenía ni puta idea de cómo ponérselo solo, si es que se podía hacer eso. Con un suspiro, Connor empezó a desvestirse para al menos ir poniéndose la parte de abajo. Gracias a la magia de aquel lugar los pantalones de cuero se ajustaron a la perfección y Connor volvió a ponerse las botas vaqueras. Se miró varias veces en el espejo y desde varios ángulos, hasta asentir conforme con una sonrisa. Joder, probablemente ese conjunto iban a ser las mejores galas que se iba a poner en toda su puta vida. Y lo merecían.

-¡Nos vemos allí! ¡Y guárdame la puta guitarra!- Le respondió a Nohlem al escuchar que se iba junto con "Ania" hacia el salón de baile. Lo que le hizo pensar en qué llevarían puesto, ya que no había podido fijarse bien cuando entraron al vestidor. Connor empezó a quitarse el chaleco del club mientras escuchaba la conversación que tenía lugar en el vestidor de Damian y Ethan. La energía del italiano le sacó una sonrisa profunda al motero antes de hablar.-¡Ehh bufón real! He visto un poco de lo que te ibas a poner, así que vas a quedar chulo de cojones. Y recuerda que tienes que abrir tú el puto baile.- Después se dirigiría a Ethan mientras dejaba el chaleco y la camiseta juntas en un pequeño taburete y cogía el chaleco- corsé con una mueca confundida.- Ethan, cabronazo... Tengo lo que quiero ponerme, pero... No tengo ni idea de cómo... ¿Me echas una puta mano cuando terminéis ahí?- Le preguntó mientras le daba vueltas y vueltas al chaleco con el ceño fruncido. Hizo el intento de ponérselo y atar los cordones a su espalda él solo, pero su flexibilidad era nula y la prenda se le cayó al suelo.
Raven
Raven

Ficha de cosechado
Nombre: Ethan
Especie: Humano
Habilidades: Buen oído, valor y motivación

Personajes : Ethan: Humano, Ingles/Japonés 1.75

Armas : Ethan Lanza partesana y una daga

Status : pss pss veen gatitooo

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26/01/24, 02:12 am
Si una cualidad tenía el joven italiano era sin lugar a dudas la de contagiar su alegría al resto. Ethan no pudo evitar esbozar una sonrisa que pronto se convertiría en una sonora risa al ver sus intentos funestos por aparentar ser noble. No podía evitarlo, la escena era tan entrañable como cómicamente absurda, y entre torpes risas el joven dejaba escapar pequeñas disculpas avergonzadas.

-Ay, querido señorito -Comenzó la broma tomando aire, incapaz de tomarse tan en serio como el felino un papel tan teatral -Creo que ante la ausencia de su majestad puede permitirse hablar de forma eh… menos rebuscada, si es que le es más cómodo así.

No hizo falta que insistiera, como si de una bomba destinada a estallar fuera, Damian no tardó en romper toda la falsa para dejarse llevar por la emoción. Obviamente que Ethan no dudo en seguirlo desbordado de tanta euforia ajena, procurando que con la ilusión y exagerada energía el pequeño no acabará tirando o pisando su propio conjunto. Llevó parte de sus prendas bien dobladas entre ambos brazos, prestando atención a que en esa mini carrera al vestidor no se les cayera ninguna vestimenta al suelo. De camino escuchó a Connor pedir ayuda a lo que asintió con cierta torpeza para no quedarse atrás, apurado con terminar un encargo antes de avanzar al siguiente.

En esos instantes no podía evitar halagar mentalmente la paciencia que tenían Räg y Nohlem con el chiquillo, no porque él se lo estuviera pasando mal, al contrario, si no porque Damian era como un tigre sin enjaular, allí donde a Ethan le faltaba ganas ya se las regalaba su compañero de cambiador. Apenas había cerrado la puertecita y ya estaba siendo masacrado a preguntas, cada cual más adorable que la anterior.

-Oh -Exclamó con cierto asombro, sus mejillas levemente sonrojadas al sentirse adulado por la repentina atención. No esperaba que el niño se preocupara tanto por su propia vestimenta. -No, todavía nada, había demasiados trajes a elegir no veas qué agobio. Ahora si quieres podrías echarme una manita, todo esto de ir elegante es muy nuevo para mi.

Dejó que con la confesión se pudieran ver parte de sus nervios, algo más confidente ahora que contaba con el apoyo directo del italiano. Si Aniol era como un atardecer descansando sobre un claro de lavanda, Damian era como un amanecer jovial, donde el sol alumbraba el comienzo de un día esperanzador. Uno era calma y sosiego, el otro era diversión y ánimos. Esa dualidad le hizo dibujar una pequeña sonrisa en su rostro al percatarse de cómo se habían cambiado las tornas en un momento. Con la nueva música sonando de fondo, Ethan no podía más que reafirmarse en sus palabras, el niño más tranquilo había acabado con el jovial príncipe, ahora sorpresivamente buen cantante, mientras que el circense descansaba bajo las manos gentiles y tranquilas del supuesto consejero del reino.

El japonés ayudó durante todo el proceso con la tranquilidad de quien no tenía prisa ninguna. Le fue cediendo poco a poco el orden concreto de la ropa, abrochando botones, ajustando mangas y girando el pantalón para que no se le quedara atravesado con el mimo y la dulzura de una madre que preparaba a su hijo para ir a la escuela. Poco le importó que Damian tuviera la energía de una estampida, él simplemente iba detallando todo aquello que el pequeño podría descolocar con tanto movimiento, permitiendo en ese pequeño rincón seguro que se equivocara cuantas veces quisiera o que, decidiera meter 30 veces el brazo donde claramente no tocaba. Estaba tan feliz que cuando lo único que le quedó por rematar fue el cuello de su camisa y la pequeña pajarita que lo adornaba una enorme sonrisa cargada de orgullo invadía su rostro.

-Ay Damian, ojalá poder tener una cámara para llenar el torreón con tus fotos, estas precioso! -Remarcó realzando parte de su ego al haber colaborado en esa obra de arte en miniatura. Lejos quedaba ya el niño enfermizo y sucio del primer día. -¿Tienes pensado algún espectáculo para abrir el baile? Seguro que a Aniol ehem… Digo, a nuestra princesa, le agradaría tal sorpresa.

Afuera como si le hubieran escuchado Nohlem avisaba de su marcha dejando que su mente se invadiera con la curiosidad inusitada por lo guapo que el Polaco tenía que estar. No poder haber estado en su elección de vestido le dio cierta pena, como un latigazo nostálgico al sentir que quizá se había perdido un evento importante, pero por otro lado las ganas por verle ahora que era sorpresa eran muchas más.

>>Además… si van a estar ya allí… ¡Podemos prepararte una entrada de lujo! Vamos a dejarles boquiabiertos con el mejor bufón que han conocido nunca, aunque quizá nos vendría bien alguien más fuerte… Por eso de que te pueda levantar y tal… Quizá si ayudamos a Connor con su traje accede a colaborar con nosotros, ¿No crees?

Obviamente su mente ya trazaba con mil ideas para engrandecer al pequeño que en esos instantes cuidaba bajo su ala. Ese día tenía que ser especial para los chiquitos de la casa, después de tantas penurias se habían ganado ese premio. Alegre le apartó algunos mechones rubios del rostro para que el maquillaje de colores siguiera robando todo el protagonismo y tras darle paso al abrir la puerta, avanzó en búsqueda del ayudante que necesitaban. No tardó mucho en dar con él, aunque definitivamente esa no era la escena que tenía en mente. Por unos instantes sintió que todo pensamiento quedaba derretido ante unas vistas que hacían más mal que bien. Sus iris oscuros trazaron la figura del pelirrosa más veces de las que eran necesarias, desde el cuello hasta la baja espalda, una y otra y otra y otra vez. El corsé aún sin estar sujeto dejaba ver las transparencias y bajo estas, los músculos tonificados de sus robustos hombros se contraían a cada intento de sus manos por llegar al cordel. Ethan no creía en ningún dios, ahora bien estaba dando gracias a todos y cada uno de ellos.

-Dios mira que eres tonto, deja que te ayudo. -Tragó saliva de golpe, tratando de salir del repentino estupor y sin más miramientos se acercó a él. Desconocía si estaba muy rojo pero se lo podía imaginar solo por el calor tan repentino que sentía. -¿Cómo es que se te ha ocurrido … -No podía concentrarse, ¿cómo cojones iba a concentrarse? Sus manos temblaban con la suavidad de una inseguridad repentina mientras trataba de atar el accesorio. -ponerte algo así… -Acabó murmurando, perdido en unos pensamientos que para suerte de todos eran mudos.

Menos mal que el trabajo no era difícil y una vez pillado el orden era tan mecánico como atarse las zapatillas porque en esos instantes no sabía ni vocalizar una frase que fuera del todo lógica. Si todos iban a ir así de guapos no sabía si sentirse agradecido o intimidado, quizá las dos a la vez.

-Ah eh, te quería decir, ofrecer a Damian… -Mierda. -Digo, Damian te quería ofrecer una, eh, plan, no… Eh Idea, si! Eso, si. -Perfecto, de golpe parecía estúpido. Ethan carraspeo agachándose ligeramente para llegar bien a los últimos puntos. -Ahora en la que termine con esto vas a flipar, esta guapísimo, no puedes perdértelo.  

Se rió un tanto atropellado mientras cerraba con un pequeño lazo lo que era su propia muerte en vida. Dio un paso atrás para visualizar su obra y darle cierto espacio a que el pelirrosa pudiera girarse, verse al espejo iba a ser complicado pero podría notar por la presión que el corsé estaba bien apretado. Un balance entre que le sacara forma y pudiera seguir respirando.  

-Siendo horrorosamente honestos, te queda tan jodidamente bien que hasta puedo ignorar las botas.
Aes
Aes

Ficha de cosechado
Nombre: Aniol
Especie: Humano
Habilidades: habilidad manual, automotivación, olfato fino.

Personajes :

Ruth: Humana (Israel)
Demonio de Fuego
Tayron: Humano (Bélgica)
Lémur
Fleur: Humana (Francia)
Siwani
Aniol: Humano (Polonia)


Unidades mágicas : 12/12
Status : KANON VOY A POR TI
Humor : Me meo ;D

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27/01/24, 12:57 pm
¿Que si me gusta? —Si la voz de un niño pudiera resplandecer estaría iluminando todo el probador en ese instante—. ¡Me encanta! —El tono grandilocuente del joven lo halagó, provocando que desviara su atención solo unos segundos a la montaña de ropajes que sus brazos a duras penas soportaban. Ni siquiera fue capaz de responder del todo bien, los bordillos dorados del cuello de la camisa le distraían, el porte a medio pintar que ya apuntaba maneras le hacía sentir que ser el centro de atención era lo incorrecto en esos momentos. Y no como algo malo, más bien como la devoción de quien va a Disneyland y conoce a uno de sus personajes favoritos en persona. Casi esperaba que le firmara en cualquier parte de la cara.

Juntos lograron colgar la docena de vestidos en las perchas, disfrutando de ir cada uno un poco a lo suyo y de vez en cuando girarse para ayudarse mutuamente. Bueno, más bien el elfito le asistía a él con mano presta para ahuecar sus faldas con la misma agilidad con la que abotonaba su traje. La verdad es que no podía pedir más, la calidez del momento y del muchacho a su lado disparaban su corazón con la euforia de quien cumplía un sueño. Aniol reía y cantaba, con una sonrisa que aleteaba al compás de las mariposas y marchitaba de envidia las flores del jardín más cuidado del mundo. Al final incluso bailó, tomando la mano de Nohlem sin pensárselo y cantando a pleno pulmón una canción que no le pertenecía en absoluto.

¿Y cómo practica compadre? ¿¡Cómo practica compadre!? —aulló, con su timbre de voz más bien fino haciendo las veces de coro—. Llenándome la boca de tus besooooos —repitió la letra, siempre por detrás de la propia melodía original. Cuando finalizaron el acto con una vueltecita tonta Aniol respiró emocionado, flotando a dos palmos del suelo de la alegría y pensando que no podía tener mejor anfitrión. Ya ni le daba vergüenza quedarse sin camiseta delante suya—. Ay… ay.... —resoplaba agitado, las mejillas teñidas de un rojo camuflado bajo su piel morena—. ¡Cuando me case…  porfi… tienes que ser tú quien pase conmigo las horas de espera! Estás más que invitado… Nohlem Ghiope.

Al fin y al cabo las circunstancias no distaban mucho de una boda. Se trataba de probarse vestido tras otro hasta saber cúal era el indicado. Su madre siempre le decía que llegado el día sabría cómo por suerte de intuición, una sensación desbordante le llegaría de la cabeza a los pies y entonces se vería así mismo como el novio que tantos años imaginaba en su cabeza. O novia, ya puestos. El caso es que no pudo encarnar aquella sensación, pero desde luego que sí una que se le parecía mucho. Primero se probó todo lo que pudo y más, algunos vestidos empequeñecieron hasta su talla y otros se hicieron más grandes en sus manos por arte de magia. Por la intimidad de aquel probador pasaron todo tipo de escenarios, ropajes plateados como la Luna que le daban un aspecto de bola de discoteca, escotes sin sentido para él con boas de plumas cual manzanas demasiado despampanantes, faldas del rubor de la media noche y el amanecer dándose los buenos días en un degradado espectacular que sin embargo resultaban pomposas, tanto, que si alguien soplaba con fuerza no descartaba salir flotando como un abuelito de primavera.

Y entonces, su vestido.

Es este —murmuró conmovido para Nohlem. Aniol giró sobre sí mismo mirando su reflejo, el maquillaje en conjunto con la prenda le devolvía las florituras de una chiquilla en ciernes esperando a que el bosque le sorprendiera con alguna ardilla curiosa en mitad del picnic. No solo eran los volantes rosados y humildes que rozaban más allá de sus rodillas redondeadas, ni las mangas abullonadas tan blancas como una perla a punto de ser vendida al mejor postor. También le embelesaba las costuras que parecían adherirse a su piel como algo que siempre estuvo destinado a estar ahí, y las flores moradas, que residían en su cintura y sandalias. Los zapatos se sentían ligeros y cuando se dejó hacer por Nohlem para recibir su nuevo broche en el cabello vibró en una frecuencia nueva. Tímida y algo estremecedora, sí, pero también poderosa. La superficie del espejo no era especial como la del tocador, esta sí reflejaba una realidad pasmosa. Quien se agitaba frente a él y apoyaba las mejillas en el dorso de la mano no era Aniol. Si no Ania. Una Ania desconcertada que percibía un hormigueo en el estómago que nada tenía que ver con los nervios del baile que se aproximaba—. Es este… —el rocío en sus ojos la dejó taciturna, y la voz de Nohlem a su espalda rompió el augurio, más no el hechizo que se conjuraba con el tiempo—. ¡Sí… Sí! ¡Vamos fuera! —confirmó, agarrándose de su brazo y saliendo al principio con secretismo, luego con pasos fugaces para que nadie les viera hasta que se acercaran al salón de baile.

El sonido de las botas del varmano le guiaron hasta que Ania pudo contemplar al apuesto chico que tenía al lado. El piano solo era un complemento a su belleza, un elemento más de un entorno de cuento y de realeza que no podían competir para hacerle sombra.

¿Qué vas a tocar para mí? —preguntó curiosa. La pequeña seguía fascinada, los motivos vegetales con el dorado y el blanco combinaban con el verde hoja de la tela lisa. La capa se sentía natural, probablemente por la soltura del chico pues éste vestía el traje y no al revés. Pero no era solo eso, sus hombros parecían más anchos y cuadrados, sus rasgos más fronterizos a los de un felino astuto y no tanto a los de un elfo. Por primera vez no parecía un adolescente asustado. El aura proyectada de quien se convertía en hombre descansaba sobre la figura de Nohlem. Volvió a sonreír—. Nohlem Ghiope… de Bermellón —el misterio de su voz tejía leyendas aún por narrar. Se llevó las manos a la boca, divertida por sus propias ocurrencias, puede que el azul se hubiera quedado en desuso—. El Príncipe Esmeralda —le bautizó.

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"Ya No Hay Fuego, Pero Sigue Quemando."

"Son Un Sentimiento Suspendido En El Tiempo, A Veces Un Evento Terrible Condenado A Repetirse."

"Deja Que Tu Fe Sea Más Grande Que Tus Miedos."

"¡Se Lo Diré Al Señor Santa!"
Isma
Isma

Ficha de cosechado
Nombre: Damian
Especie: Humano itaiano
Habilidades: Agilidad, dibujo, espontaneidad
Personajes :
Armas :
  • Adam: Cimitarra y cuerpo de caballo. La incomodidad
  • Damian: Dientes
    Daga

Status : muñonesmuñonesmuñonesmuñonesmuñonesmuñonesmuñonesmuñonesmuñonesmuñonesmuñonesmuñonesmuñones
Humor : ajjaj

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27/01/24, 02:22 pm
Un suspiro de alivio recibiría Ethan conforme a lo de no ser tan complicado hablando, estaba montado mucho en la actuación pero eso le hacía pensar mucho las palabras y no tenía ganas de que le saliese humo por las orejas al forzar tanto la maquinaria. Eso, sin embargo, le hizo al chico respetar aun más el trabajo de Luciano quien, como el Maestro de Ceremonias, casi que improvisaba sus presentaciones como ya había revelado a todos hace ya un tiempo. ¿Como diantres lo hacía para hablar a la vez que pensar cosas tan difíciles? Y sus compañeros igual, admiraba como todos eran tan buenos actuando como si fuesen de la realeza. Damian por su lado prefería un millón de veces la parte práctica del show si tenía que elegir.

¡Valeeeeee! —respondió vivaz y se echó las manos hacia atrás en la nuca, haciendo equilibrio sobre una pierna mientras sonreía con gratitud a Ethan—. ¡Y para mí! ¡Pero ya que nunca lo he hecho quiero hacerlo, por probar!

Si bien cuando estaban maquillándose no estaban exentos de una buenísima música de fondo, ahora cuando estuvo apunto de vestirse para la ocasión pudo oír a su colega Nohlem y a su mejor amigo Aniol cantar de forma muy animada, hasta le daban ganas de participar. La energía de sus palabras cantadas hicieron que el niño diese unos pequeños meneos al compás, mirando a Ethan con una sonrisilla. Sus amigoa cantaban realmente bien y vaya si podía sentir el ritmo, menuda fiesta podrían montar después de que se vistieran todos.

En cuanto a la ropa se dejó llevar por la guía de Ethan y, aunque sus nervios lo traicionaban bastantes veces, poco a poco estaba consiguiendo ponerse todo el conjunto. La camisa, los pantalones, las botas altas, el cinturón, el chaleco, los guantes, la chaqueta larga y, para rematar, la pajarita. Nunca se había puesto algo tan ceñido al cuerpo ni tan complejo, sentir el chaleco, los pantalones y las botas bien ajustadas a su delgado cuerpo le daba una gran sensación al pequeño, se sentía incluso alguien importante.

¿Ah si? ¿Tu crees? Jeje estoy para un reportaje, bien guapetón. Estoy para cincuenta mil millones de fotos, ¡como poco! —respondió en un tono subidito y una sonrisilla traviesa, haciendo una pose en jarra mientras se colocaba bien el sombrero—. ¡Pues sí, me encantaría pensar algo! ¡Algo de la ostia! Aun no tengo nada pero… ¡Pero ya le daré vueltas al coco y será la po- espectacularmente increíble flipante! —y no solo lo hacía por la ilusión de presentar un evento como un buen maestro de ceremonias sino que era un favor a todos sus amigos, una forma de proyectar en un grandioso espectáculo toda la amistad que ellos le regalaron en todo el tiempo que estuvieron superando dificultades juntos. Además, quería que Aniol lo viese en su mayor especialidad brillar como nunca pero… para ello si tenía un poquito de nervio y no sabía en concreto por qué.

»¡EH CONNOR, FIGURA! ¡ESTOY COMO UN PINCEL, A VER SI TE PONES ALGO GUAPO PARA ACOMPAÑARNOS COJONE-! —le dedicó una mirada culpable y bien breve a Ethan al acabar de hablar con Connor a grito pelado. Siguió el tema rápidamente, con rápidos aspavientos—. ¡Pues sí, pues si! ¡Éste me ayuda fijo si le ayudamos! ¡Venga vamos! ¡CONNOR VAMOS PARA ALLA!

Después de dejarse arreglar un poquito más por Ethan, salieron en la búsqueda del crestudo en necesidad de ayuda ropera. Iba contento por el camino, animado por moverse en su nuevo conjunto favorito. Era muy cómodo e increíblemente flexible para ser esa clase de ropa, hasta pensó en si podía dar alguna voltereta con eso puesto pero mejor no arriesgarse, no quería tirar todo el trabajo de Ethan por la ventana. Una vez dentro, Damian estuvo estupefacto de ver a su colega con aquella cosa que parecía un molde de su torso.

—¡OH! ¡¿Eso te quieres poner? ¡Que elegaaaaante eres, si yo lo sabía! —halagó asintiendo mientras veía a Connor de arriba a abajo. Como estaba de espaldas, no lo estaba viendo pero no le importaba, Ethan estaba liado con el cordel de la vestimenta—. Los pantalones ahí guapísimos, las botacas… ¡Todo OK, un 100 de 10! ¡Bueno, me piro que quiero ver al resto! ¡BYEEE!

El niño era un prisas desde luego, haciendo una rápida bomba de humo después de apreciar al distinguido Connor. Además ya lo vería luego, el tema del chaleco ese tan apretado parecía algo que tardaría un rato por lo que salió del vestidor con la cabeza bien alta y el sombrero de copa colocado debidamente. Entró primero por aquella sala llena de instrumentos, entre los cuales había muchísimos que le llamaban la atención al chiquillo, por desgracia ya iba impacientado hacia el salón de baile en donde estuvo impresionado de nuevo por todo el escenario, si se adaptara bien podrían hacerse una funciones de circo tremendas con trapecistas y todo. Sin embargo no tardó en mirar a dos figuras que se encontraban al lado del piano. Damián levantó la mano, sacando pecho mientras enfocaba la vista para verlos mejor mientras se acercaba.

Y un diminuto fuego, ocultado irónicamente por su maquillaje flamígero, se encendió en su cara. No pasó desapercibido Nohlem, con aquel traje con capa, de tonalidades verdes y detalles que gritaban realeza en su estado más puro. Lo que le despertó aquel sentimiento, que llevó a su mirada posarse en aquella persona sin perder detalle, era Aniol. Era… una princesa verdaderamente, una total y absoluta… ¿belleza? Con solo el maquillaje no pudo apreciarlo del todo pero aquel vestido tan bonito, elegante, los adornos de éste, los colores… hasta Damian estaba confundido de toda esa avalancha de sentimientos que sometían a su yo mas enérgico en algo más reservado incluso. Menos mal que llevaba maquillaje pero sus orejas lo delataban pues estaban rojísimas.

Hooola, hola... —Damian saludó de nuevo, esta vez verbalizado pero de aquella manera. ¿Por qué no podía dejar de ver a su mejor amigo? Apartó un poco la mirada de esos amielados ojos, sintiéndose incluso intimidado por lo deslumbrante que estaba la princesa del baile. Recuperó la compostura como pudo, mirando más a Nohlem que a Aniol por pura vergüenza tonta—. ¡E-Estais bien elegantes! ¡El príncipe y…! Y la princesa —bajando el tono al mencionar a Aniol se aventuró a mirar de nuevo al susodicho, teniendo una sonrisa tímida pero, sobre todo, melosa, llevada por todos sus pensamientos que gritaban: “parece una chica”. Era de las poquísimas veces que hablaba más dentro de su cabeza que con su boca—. ¡Ah! Ehh... ¡Eso! ¿Queeee os parece mi traje? ¿Os mola? Es de maestro de ceremonias —se animó a sonreír mientras se mostraba de frente y espalda. Sin embargo sus ojos obsidiana no paraban de brillar, atados inconscientemente en el encanto que emitía Aniol.
Harek
Harek

Ficha de cosechado
Nombre: Rick
Especie: Humano
Habilidades: Puntería, habilidad mental y carisma
Personajes :

Armas :

  • Rick: Sable
  • Erknest: "Espada legendaria" y cuchillas de aire

Status : The journey never ends

Humor : Cualquier cosa me vale.

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28/01/24, 12:10 pm
En cuanto entró, Rick dejó el conjunto a un lado junto con las armas y empezó a desvestirse. Iba sin prisa ninguna tanto para quitarse la ropa de diario como para ponerse las nuevas y elegantes galas. Mientras iba colocándose los pantalones, la camisa y todo lo demás prestaba atención al jaleo que tenían montado en el resto de vestidores a sus lados. La entregada actuación del varmano, a la que se había sumado Aniol también, le sacó una amplia sonrisa. No se les daba nada mal. -Tened cuidado no vayáis a dar todo antes del baile, ¿eh?- les dijo en voz alta. Si luego se animaban y además de tocar se sabían alguna canción que pegara con el ambiente, sería un toque más divertido a un baile que ya de por sí prometía ser interesante. Poco después los dos anunciaron que estaban listos y los esperarían en el salón de baile. -Va. Yo en breve voy para allá- les respondió mientras seguía vistiéndose.

En la misma tarea seguían Damian, Ethan y Connor, al menos por lo que escuchaba con el griterío. Negó con la cabeza divertido con el intercambio entre el motero y el niño mientras se iba colocando los últimos botones de la chaqueta antes de ponerse la gabardina. Hace unos minutos estaban decidiendo si era buena idea entrar allí y ahora casi parecía que pudieran estar de nuevo en La Tierra en alguna fiesta donde la única preocupación era pasarlo bien. Se hacía tan extraño tener tanta calma...

El neoyorquino terminó de ajustarse la gabardina a los hombros y se miró al espejo del vestidor. Comprobó que todo estuviera bien desde un par de ángulos, pero no había nada que corregir. Le quedaba perfecto. Satisfecho, se apreció sonriente con aquel traje por unos momentos antes de doblar la otra ropa y dejarla en las pequeñas perchas del lateral. Eso lo dejaría allí, al fin y al cabo tenían que volver a cambiarse, pero lo que sí iba a llevarse serían las armas por si acaso. Abrió las cortinas y luego cogió el sable y el arco con ambas manos, rumbo al punto de encuentro. El sonido de los zapatos repiqueteaba con cada paso que daba tanto allí como luego en el pasillo, recordándole que aún en el caos habían encontrado un pequeño momento de felicidad. Uno que iban a aprovechar, por supuesto. -(Espero de verdad que podamos tener la fiesta en paz)- deseó durante el camino una última vez.

En cuanto llegó a la sala de instrumentos-salón de baile, saludó con ánimo a los ya presentes: -¿Cómo van los preparativos por aquí?- El neoyorquino se acercó un momento a la pared para dejar las armas apoyadas en la pared, en uno de los pocos lugares dónde no había un instrumento de por medio y lo más cerca posible del piano y la otra sala. Con eso listo, ya fue con los tres y pudo apreciar mejor qué habían elegido. Llevándose una mano al mentón, miró con tranquilidad el traje de cada uno. -¡Vaya! Tenemos un elegante maestro de ceremonias hecho y derecho y nuestra querida princesa no podría haber escogido un vestido mejor, sin duda es un conjunto precioso... Aunque no sabía que también teníamos un príncipe- alabó en orden, acabando con una sonrisilla para el varmano. Ya con los que llevaba vistos, estaba claro que cada uno iba a destacar con un estilo propio. Elegantes todos, sí, pero que no iban a parecerse seguramente a ningún otro. -Estáis muy guapos los tres- acabó añadiendo. Por suerte para el italiano, la novedad de la ropa había hecho que el neoyorquino no hubiera captado sus orejas coloradas de momento.
Kanyum
Kanyum

Ficha de cosechado
Nombre: Nohlem
Especie: Varmano granta
Habilidades: Puntería, intuición, carisma
Personajes :
Jace: Dullahan, humano americano. 1’73m (con cabeza 1’93m)
Rox: Cambiante, humano australiano/surcoreano. 1’75m
Kahlo: Aparición nocturna varmana granta. 1’62m
Nohlem: varmano granta. 1’69m
Xiao Taozi: Fuzanglong carabés. 1’55m

Unidades mágicas : 5/5
Status : Prrrr prrrrr

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28/01/24, 08:51 pm
La energía se conservaba latente en su pecho, más sin el ambiente a su alrededor la extrañeza del palacete caía sobre sus hombros con la pesadez de un deber no cumplido, la premisa de una tarea urgente que estaba ignorando para poder entretenerse. Por mucho que a este punto Nohlem confiase plenamente en su seguridad ahora no era un chico rodeado de otros, sino un único adulto y el menor del que era responsable. Quizás tendría que haber cogido su arco.

Me vas a tener que contar más sobre las bodas en vuestro mundo —le dijo en un punto a Ania. Prefería oír su propia voz por encima de las que dejaban atrás en el pasillo y el vacío que ocupaba su lugar—. Para poder ser buen invitado.

Un espacio cerrado como era la sala de instrumentos bastó para calmar la estela de inquietud que le seguía, para que su sonrisa ganase en certeza. Guió a Ania hasta el piano y tomó asiento antes que él, ofreciéndole con una palmada un hueco a su lado. Tocó unas notas aparentemente aleatorias, el inicio realentizado de una canción. Lo había hecho sin pensar, se supone que iba a enseñarle primero el salón de baile a apenas unos pasos de distancia, pero en ocasiones hasta los comandos más sencillos bailaban en su mente. No se dio cuenta de su error hasta que Ania preguntó por el concierto.

Oh, pues… —se llevó una mano al morro, su dedo empujando unas gafas que no estaban. Recordó sonreír, parte por el fallo, parte contagiado por la fascinación que la princesa parecía profesar por él, con un rubor casi invisible. El título le arrancó el soplido de una risa, halagado—. Y la princesa… ¿Amatista? —añadió mirando la flor en su pelo.

Captó un pequeño manchurrón de color a un lado. Su cuerpo no tuvo momento de tensarse al reconocerlo como Damian, volteando en su dirección para encontrárselo con traje y todo. Su boca formó una “o” antes de una sonrisa. Y pensar que ese chaval había llegado a la ciudad con un total de 0 prendas de su talla…

¡Pero bueno! ¡Yo pensaba que teníamos a un bufón real, no al mismísimo director del circo! Qué honor —remató con voz grave—. Que porte, que elegancia.

Había algo diferente en el italiano, no en el maquillaje ni en la vestimenta, sino en su actitud; una timidez suave impropia de su agitado carácter. El varmano siguió la breve mirada de Damian hacia Ania, y a pesar de que en su sonrisa apareció una ola de ternura (y más que entendimiento, una corazonada) Nohlem no dijo nada. Se limitó a aplaudir cuando les enseñó su ropa con una vuelta.

¡Oooh, está fantástico, maestro! —se giró de vuelta al piano—. Llegas justo a tiempo, estaba a punto de tocar algo para la princesa Ania. ¿Queréis bailar?

Algo nuevo le hizo levantar los dedos a tiempo de tocar nada, esta vez la voz de Rick. Nohlem resopló con fingido hastío y rodó los ojos aunque solo la polaca pudiera verle, como si ese comportamiento fuera habitual entre ellos.

Pues espero que bien, que para algo eres mi mayordomo y ese es tu trabajo —podría haberse puesto a tocar inmediatamente para meterse en el papel de ricachón que ignora a sus sirvientes (tenía experiencia en ello), pero eso requería un control de la curiosidad del que carecía. Se giró hacia el neoyorko—. Oh.

Fue lo primero y único que soltó por un buen rato. Muy a pesar de tener bien construida una muralla en torno a Rick El Hetero, sus pupilas engrosaron. Debería estar más que acostumbrado a ver chicos en traje, era su día a día en Varmania al punto de resultar aburrido, pero quizás por el nuevo hábito a la roña, las estrellas de la gabardina o que ya de por sí era guapo y resaltaba con buenas telas, al varmano inevitablemente se le quedó cara de tonto. Por eso su falta de interés dolió tanto. Nohlem chasqueó la lengua y se volteó, barbilla alta, llevándose fuera de ángulo sus rubores y pensamientos. ¿Cómo podía sentirse tan decepcionado tras una sonrisa tan bonita? ¿De verdad eran esas todas las palabras que merecía?

Gracias, aprecio que eso sea todo lo que tengas que decirme. “No sabía que también teníamos un príncipe…” —repitió con voz aguda—. Cómo se nota que eres el detective del grupo —añadió grave al contraste, con el tono más desinteresado del mundo. Después se volteó abruptamente para mirarle a los ojos, verde y azul contra sus turquesas, la mezcla de ambos—. Pues que sepas que tú no estás simplemente guapo, estás espectacular. Tu ropa es casi tan hermosa como tus ojos. Que digo tus ojos, como tu cara entera. Estás tan guapo que me molesta que seas heterosexual —una risa rompió su semblante serio, la cual se esforzó -inútilmente- en controlar. Negó en un vaivén, mirando hacia delante, cara al piano—. Tú te crees… ¿Qué clase de príncipe da más halagos de los que recibe? —dijo como si Rick no estuviera allí, y como si tal cosa comenzó a tocar. Transformó con maestría una carcajada en un suspiro, mirando a Ania de medio lado. Sus manos se movían solas—. ¿Crees que debería ejecutarlo?

Era una simple canción infantil, sobre una niña que se despeina por el viento camino al colegio. La clase de cancioncilla de primerizo que aprendes por partes, primero a una mano, luego a dos, una que había practicado miles de veces con su hermana a la flauta. Podía estar contando las estrellas en la gabardina de Rick y que aún le saliera sola.

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♪♫♬:
Muffie
Muffie

Ficha de cosechado
Nombre: Szczenyak o Colmillo
Especie: vittya zawodny
Habilidades: Habilidad mental, habilidad manual y orientación

Personajes :
Wednesday: Vouivre humana británica.
Karime: Licántropa loba libense de la capital.
Kimbra: Demonio rakshasa krabelinense Hija de Lunas engendro.
Irenneil: Brujo de la cera aurva sinhadre.
Edén Damkinea: Atlante daeliciano de la Ciudad del Norte.
Szczenyak//Colmillo: vittya zawodny nómada.



Unidades mágicas : 5/5
Heridas/enfermedades :
Ka: Le falta el ojo izquierdo.
Colmillo: Tiene partido el colmillo derecho.


Armas :
Wen: Guadaña doble y arco.
Ka: Espadas gemelas, arco y dardos.
Kim: Arco, machetes y dagas.
Neil: Cuchara de madera y cera.
Edén: Magia y sonrisas amables.
Colmillo: inutilidad.



Humor : Absurdo

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29/01/24, 01:40 pm

Colmillo observó con curiosidad la prenda que le mostraba Connor antes de que este desapareciera en las cortinas y luego dejó la camisa morada de nuevo en su sitio antes de volver a coger la túnica borgoña a la que se había referido el humano. Ciertamente le gustaban los detalles dorados, pero no estaba del todo seguro de que el color le quedara del todo bien. Además, ¿no era acaso esta la mejor oportunidad para probar otros colores en él? ¿Quizás uno que ni Dosto ni Kusny hubieran usado jamás para hacerle ropa? Pensando en los tonos completamente oscuros que había elegido el motero, Szczenyak recuperó el pantalón ajustado negro que había estado mirando, aunque todavía no del todo convencido por la forma, pero justo tras él vio un conjunto que le había pasado desapercibido anteriormente.

-Esto es un poco… corto -murmuró para sí mientras levantaba la percha frente a él y tragaba audiblemente con las orejas bajas por la vergüenza.

La falda era larga, con una gran raja que llegaba a la cadera y pañuelos con borlas y flecos colgando y la parte de arriba tenía una media capa atada de hombro a hombro y unida a las mangas, que estaban hechas de brazaletes y separadas de la camiseta. La camiseta, por otro lado, era más corta de lo que nunca se había atrevido a vestir Colmillo.

Mientras luchaba entre la vergüenza y el picor por llevar esa combinación de negros, blancos y dorados, sus ojos captaron otro conjunto, que decidió coger también por un impulso. La falda del nuevo conjunto era más discreta, más larga, con más vuelo y completamente negra, con un fajín con detalles dorados que llegaba hasta el suelo. El chaleco, por otro lado, tapaba todo lo que la camiseta del otro conjunto no hacía, pero por el contrario exponía prácticamente todo el pecho.

-Joder -murmuró tragando de nuevo.

El vittya inclinó la cabeza pasando la vista de uno a otro conjunto, mientras escuchaba de fondo las conversaciones que salían de los probadores. A pesar de toda la vergüenza que le daba pensar en sí mismo con cualquiera de los dos conjuntos puestos, la cosa es que le gustaban mucho. El estilo era algo con lo que se podía sentir identificado, pero el color oscuro y lo revelador de las prendas no eran detalles a los que estuviera habituado.

Mirando por encima del hombro hacia la puerta por la que habían desaparecido Nohlem y Aniol, Colmillo pensó que independientemente de lo que se pusiera, lo más seguro es que no iba a ser juzgado como si estuviera en Zemlya. “Les puedo decir que esto es típico y ellos tendrán que creerme” se convenció, cogiendo los dos conjuntos y metiéndose en el probador libre más cercano, sintiéndose bastante tonto por haberle dado tantísimas vueltas a una simple ropa.

Una vez estuvo vestido con el conjunto finalmente elegido, Colmillo esperó conscientemente a que todos sus compañeros hubieran salido ya hacia la sala de baile y les siguió a una distancia prudencial, todavía tirando de algunas de sus prendas para intentar tapar un poco más de lo que la ropa lo permitía. Aunque se había gustado mucho en el espejo, todavía se sentía bastante inseguro de estar mostrando tanto de su piel.

“Joder, aun estoy a tiempo de volver y ponerme una camisa debajo” pensó tirando un poco más de la corta camiseta mientras entraba discretamente por la puerta esperando pasar desapercibido.


_________________________________________

"Rocavarancolia es una ciudad llena de misterios y sorpresas, como un acertijo complicado y excitante."
Seth
Seth

Ficha de cosechado
Nombre: Connor
Especie: Humano
Habilidades: Fuerza bruta, inmutabilidad, rapidez mental
Personajes :
Devoss: Humano (Países Bajos) Licántropo Tigre

Maila: Humana (Hawaii) Bruja de la Arena

Connor: Humano (Canadá)
Unidades mágicas : 8/8

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30/01/24, 10:40 am
Connor siguió probando de forma inútil varias formas de ponerse el corset solo, pero la flexibilidad no era una de esas puñeteras cosas que se le dieran bien. Mientras tanto, escuchaba con una sonrisa la conversación de al lado entre Ethan y Damian. Era jodidamente agradable ver al niño tan entusiasmado con todo aquello, y tras todas las putadas que habían tenido que aguantar... Era lo menos que merecían Aniol y Damian, y ya de paso todos los demás. <<Nos merecemos tener un respiro, joder... Y si esta casa es de alguien pues que le den por culo... Que hubiera cerrado la puta puerta>>. A pesar de eso, una duda cruzó su rostro durante un segundo. ¿Estaban haciendo bien? La duda quedó disipada poco después. Era difícil salir de la alegría y tranquilidad cuando llevabas un mes y medio sin disfrutarla del todo.

-¡No tengo dudas de que vas a ir guapo y elegante de COJONES!- Terminó el insulto con una risotada y divertido al ver que el niño se había cortado en hacerlo en el último momento.- ¡Y eso estoy intentado! Pero ésta mierda es más... difícil de lo que... creía... ¡Joder!- Exclamó con frustración cuando la prenda volvió a caérsele al suelo.

Por suerte, tanto el italiano como el japonés por fin terminaron y se dirigieron a su probador. El motero seguía enfrascado en intentar atarse aunque fuera solo un jodido cordel, pero es que era imposible hacer nada por mucho que lo intentara. Las palabras de Ethan fueron lo que lo sacaron de esa concentración, con un insulto que Connor no pilló el motivo pero que le hizo torcer el gesto con una mueca divertida y que sus ojos se clavaran en él. Ya lo había visto con aquel maquillaje, pero era casi como si su mente lo hubiera olvidado y volviera a sorprenderle de nuevo. Cuando le dijo que estaba guapo de cojones no mentía para nada...

-¿Eh? ¿Y yo qué mierda he hecho ahora, capullo?-Le soltó con una sonrisa mientras retiraba las manos y dejaba que Ethan se encargara de todo. En aquel instante al motero le era incapaz de ver a su amigo, ya que estaba enfrascado justo detrás de su espalda. Pero el tono de voz que siguió le tomó por sorpresa y le hizo fruncir el ceño confundido. Sin saber muy bien por qué le preguntaba cómo se le ocurría ponerse algo así. ¿Es que era jodidamente raro que lo hiciera? A él no le parecía demasiado atrevido, joder... Tardó poco más de un par de segundos en entender de qué cojones podía ir todo aquello, quizás. Y el murmullo final se lo confirmó... ¿O eso es lo que él quería creer? En cualquier caso, una sonrisa floreció en el rostro de Connor mientras un calor empezaba a recorrerle.- Hmmm... Me gustan los putos chalecos... ¿te acuerdas, cabronazo?- Fue lo único que pudo decir antes de que la voz gritona de Damian se adueñara de todo.

El italiano le hizo soltar varias carcajadas ante lo que decía y giró un poco la cabeza para intentar verlo sin mucho éxito, pues no quería joder el trabajo con los cordeles de Ethan, aún así pudo ver algo de su chaqueta larga y una pajarita. -¡Gracias, cabroncete! Ésto es lo más elegante que me verá nadie ponerme en mi puñetera vida...- Empezó a decir con cierto orgullo de gilipollas. Luego se dispuso a decirle a Damian que se acercara por un lado para poder verle mejor, pero antes de que abriera la puta boca el italiano ya se estaba marchando, con las prisas en cada parte de su ser.- ¡Espera, Damian! ¡Que no te he visto bien, cojones!- Diría en vano mientras escuchaba sus pasos alejarse a toda prisa. Connor suspiró con diversión, mientras pensaba que sería otra de las sorpresas que le esperarían en el salón de baile cuando saliera.- Qué prisas tiene el puto niño, ¿eh?- Le soltaría intentando mirarle de reojo, y ésta vez juraría que había visto rojo en la pálida piel del japonés.

Vale.

Estaba ocurriendo de nuevo. Una sensación de calidez recorriéndole con más fuerza ante el halago que para él suponía aquello, pero sin que pudiera darle siquiera un puto nombre con exactitud a lo que sentía. Quizás se sentía algo... ¿un poco halagado de más? Connor frunció el ceño y decidió centrarse en su reflejo en el espejo y sobre todo en las cuatro cicatrices diagonales que surcaban su hombro derecho, mientras sentía los leves tirones de Ethan luchando contra los cordeles. Pero escapar de aquella sensación cálida no era jodidamente fácil, menos cuando su amigo empezaba a balbucear desde atrás.

-¿Ofrecer a Damian...? Ahh.... vale vale, joder...- Empezó a responder el motero una vez que entendió del todo la frase, con una corta risotada nerviosa. Divertido con su actitud, pero que solo le daban ganas de darse la vuelta y...- Si si, tengo que verlo bien al cabroncete. Bueno, a todos... ¿Tú ya sabes qué cojones vas a ponerte?- Le preguntó mientras Ethan parecía finalizar con los últimos cordeles.

De fondo se escuchaban las voces del resto, pero quedaron solapadas por el inconfundible sonido del piano a las puñeteras manos maestras de Nohlem. <<Qué cabronazo... Tengo que vengarme de alguna forma por haberse quedado con toda la puta atención antes...>> Pensó meditabundo y divertido durante varios segundos.

Una vez Ethan terminó, Connor se dio algo de tiempo en mirarse ante el espejo, a veces dándose la vuelta para verse desde atrás. Primero por la curiosidad que le daba ver cómo le quedaba... y segundo para despejarse un poco de mierdas confusas que no quería pensar ahora. El chaleco de corset le quedaba de puñetero escándalo, o es que Ethan había sabido ponérselo a la puta perfección. Apretaba un poco pero lo justo para marcar su torso ante la tela medio transparente, y entre eso y los pantalones de cuero negro y las botas... Connor sonrió satisfecho ante lo que veía. Aún así y con diversión, puso los ojos en blanco un segundo ante el nuevo " cumplido y ataque" de Ethan. Pero a esas alturas el motero se tomaba con mucho humor lo poco que estaban gustando sus jodidamente increíbles botas vaqueras. Además habían venido después de un halago, así que eso podía perdonarlo. Se dio la vuelta para mirarle bien en aquel probador, con los brazos cruzados.

-Espera, espera...- Empezó a decir mientras alzaba una mano con sorpresa fingida en su voz.- ¿Acabas de querer decir... que te gustan mis puñeteras botas vaqueras?- Exageró el motero con un tono estúpido, sabiendo muy bien que aquello era una mentira.- ¡Joder, no lo sabia! No tenías que fingir tanto si te gustaban, cojones...- Su tono adornado con un divertido e infantil sarcasmo, que Connor no tardó en cortar con una expresión que intentaba ser seria. Pero no le salía del todo por la sonrisa.- PEDAZO DE GILIPOLLAS.- Alzó la voz un poco en ésto último, con una ceja levantada y una mueca divertida, abandonando la broma para insultarle amistosamente por lo que solo podía explicarse como un ataque a sus botas. Connor soltó una corta risotada, para luego si ser sincero con sus palabras.- Gracias, cabronazo... La verdad que has hecho que me quede de puñetera madre...- Se pasó las manos por el chaleco nuevo como si estuviera alisando sus arrugas para hacer énfasis en aquello.

El motero se quedó un par de segundos mirándole con una expresión algo indescifrable, antes de parecer tomar riendas de su propio puto cuerpo y volver a hablar.

-Sería muy de hijoputa que me fuera ahora y te dejara aquí solo, ¿verdad, joder?- Empezó a decir el motero con una sonrisa. ¿Por qué mierda se ponía un poco nervioso?- ¿Quieres que te ayude a encontrar lo que sea? No te pondré a la fuerza unas putas botas como las mías... Bueno, en realidad no puedo prometer esa mierda.-
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