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Torreón Sendar (Archivo III) Empty Torreón Sendar (Archivo III)

21/02/17, 11:03 pm
Aldhias recordaba perfectamente el día en que llegó. La ciudad era tan gris que temió haberse quedado daltónico de pronto. Todo era viejo o estaba sucio, o las dos cosas, y todo en lo que podía pensar era en qué se había fumado para aceptar ir a ese lugar. No había más gente como él, todos los seres ''inteligentes'' con los que se encontró tenian pieles descoloridas y ropas extravagantes. Sus voces eran tan discordantes y desagradables como el resto del paisaje. Salvo uno. Su atuendo era el único cuidado, si bien con colores muy pastel para el gusto de Aldhias. Tenía la piel de un color exótico, como el chocolate fundido, uniforme y suave, y cuando por fin pudieron entenderse, tras beber de la fuente, su nombre se le derritió en los labios al pronunciarlo. Noah.
Su compañero era de talante tan dulce como amargas eran las calles de la ciudad. A pesar del miedo y sus inseguridades intentaba mediar entre el resto de aliens, y nadie lograba calmarle igual.

-Aldhias, nos van a pillar.

-Shhh...

Su primer encuentro, como todos los que lo siguieron, fue en una habitación de la planta baja que no usaban. Ni el polvo y las telarañas les molestó, tan solo querían un momento a solas.

-Erevelin se levanta por las noches.- dijo Noah, asustado.

-Erevelin se puede ir a la mierda. Necesito...

Aldhias no fue capaz de acabar la frase, se lanzó a los labios carnosos de Noah con ansia. Se besaron en la oscuridad, con algo de torpeza pero con pasión, y tras separar sus labios siguieron besándose. En las sienes, en el cuello, en la mandíbula, en cualquier trozo de piel que tuviesen al alcance. No se atrevieron a acostarse sobre el colchón, Aldhias acorraló a Noah contra la pared, pero interponiendo una mano entre el cuerpo del terrícola y la piedra. Algo tan suave no debía tocar la inmundicia de la ciudad, nada podía herir esa piel. Metió los dedos bajo la blusa del terrícola y los pasó con suavidad por todo el recorrido de su columna. Jadeaban. De pronto, se oyó un ruido fuera de la habitación, y el jadeo se convirtió en un respingo.

-¿Noah?

-¿Erevelin? ¿Qué quieres?- preguntó el demichico tratando de recobrar el aliento. Incluso en la oscuridad pudo imaginar qué expresión tendría Aldhias. No estaba contento.

-Han vuelto a salir los alados en llamas. Estaban en mi sueño- algo de angustia se podía distinguir en el tono monocorde de la niña. Llevaba días teniendo pesadillas con las mismas criaturas.

-Ahora mismo salgo.

Aldhias fue a replicar, pero Noah le puso la mano sobre los labios para que guardase silencio. No era el momento. Le dio un beso en la mejilla y se ajustó la ropa. Sabían lo que había que hacer: el humano saldría, se llevaría a Erevelin, y luego Aldhias se escabulliría de vuelta al dormitorio. Como todas las noches.
Yber
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GM

Ficha de cosechado
Nombre: Ulmara.
Especie: cercana alaí.
Habilidades: Velocidad, nociones de lucha y resistencia.

Personajes :
Dirke/Ramas.
Giz.
Tap/Malahierba.
Lara 37/Saria Omen.
Rasqa: parqio transformado en moloch.
Eitne.


Heridas/enfermedades : Eitne: le falta la pierna derecha de rodilla para abajo.
Status : Es complicado.
Humor : La gracia de dios.

Torreón Sendar (Archivo III) Empty Re: Torreón Sendar (Archivo III)

25/05/17, 12:30 am
Los días de normalidad habían quedado lejos para Baste 12, que echaba de menos la tranquilidad de Ordesta. En su casa, lo más peligroso era que el clima hiciera alguna cosa rara: una vez les habían llovido renacuajos y en otra ocasión un vendaval azotó a su aldea aullando una canción. Era muy aleatorio, pero rara vez mataba a nadie. Ahora la cosa era distinta. El clima no hacía nada (y le irritaba) y el peligro podía llegar de formas nuevas y mucho más sutiles.

Era de noche y el cielo estaba vacío (y le irritaba), toda la luz les llegaba de dentro o de los ratapájaros del demonio. Lulú y él reposaban la cena en el patio recostados contra la pared, Baste desde el suelo y Lulú desde el hombro de Baste. El piojo y él habían creado un vínculo muy fuerte, uno que iba más allá de la conveniencia de cargar a un ser enano en el marsupio. El ordés vio a Erevelin dentro del torreón y suspiró.

—¿Qué te pica ahora, grandullón?

—Lo de siempre, Ere —el ordés inclinó la cabeza hacia el interior de Sendar. El repoblador le dio una palmada en el hombro. Ambos miraron a la sinhadre en silencio—. No me gusta nada. Un día nos va a conducir a una muerte grupal y ninguno pondrá objeciones porque "¡mimimi!, ¡lo he visto en sueños!".

Lulú rio. Baste no.

—Una persona que sueña con la realidad más allá de su alcance puede ser muy útil y no se ha equivocado nunca. Vio a la niña, a Nadir... Pero las cosas se torcieron.

—No, Lulú, no se torcieron ¡Las cosas casi nos comen! ¿O ya te has olvidado del monstruo del averno que salió del suelo como si hubieran reventado un grano gigante? —Baste se alteraba conforme hablaba más y más. Se llevó una mano a la frente y se rizó los pelos para calmarse— ¿Y si nos están tendiendo una trampa dentro de su cerebro? Este sitio está lleno de monstruos y magias asesinas, estamos confiando demasiado en lo que sueña una niña.

Baste se giró para mirar a la cara al repoblador. Sus ojos compuestos le devolvían una mirada cargada de misterio por la falta de expresión. Para Lulú, los de Baste eran como dos lunas gigantes cerniéndose sobre él.

—Escucha, Doce. Si eso ocurre, tú y yo no nos moriremos. Eso que te quede claro, ¿vale? —el repoblador se puso en pie sobre el hombro y saltó a su cabeza— La próxima vez pisaremos con el doble de cuidado y si hace falta, saldremos corriendo a la primera baldosa desencajada que veamos.

—¿Y si no es suficiente? ¿Y si no basta con correr?

—Pues entonces volaremos —dijo Lulú—. Eres la primera persona a la que irán destinados mis hechizos, ya sabes lo de la regla del marsupio.

Un par de meses y ya tenían cientos de chistes internos. Esta vez, ambos rieron. Luego Baste volvió a suspirar y se hizo el silencio. Por el movimiento en su cabeza, el ordés supo que el repoblador ya se había acomodado ahí arriba. Juntos, observaron el cielo vacío e irritante, intentando no pensar en las mil maneras en las que podrían morir en Rocavarancolia.

Varios minutos más tarde, Lulú habló de nuevo y parecía que la conversación anterior no había ocurrido.

—Oye, Doce, ¿me cuentas otra de esas historias locas tuyas? Pero que sea nueva, ¿eh?, que la de los renacuajos ya me la sé de memoria.

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No llores por no poder ver tu pierna,
las lágrimas te impedirán ver los cadáveres de tus amigos.
Naeryan
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Torreón Sendar (Archivo III) Empty Re: Torreón Sendar (Archivo III)

11/06/17, 12:52 am
Idiotas, confiados, papa-arenas. Granta no confiaba en ninguno de ellos: ni en el rarito con nombre de número, ni en la niña pirada que pintaba en las paredes y decía que veía cosas en sueños, ni en los dos niñatos que iban siempre juntos ni en ninguno de los demás.

Miraba malhumorado por la ventana, alejado del alboroto del resto de habitantes del torreón. Sin embargo parecía que hoy el alboroto había decidido seguirlo a él.
—Hola, Granta.
El asreniano miró ceñudo a la humana que subía por las escaleras, con una sonrisa demasiado amplia para poder ser concebiblemente verdadera. Como si se alegrase de verdad de haberle encontrado o algo, ja. Traía un plato de grillos.
—¿No quieres un poco?
—De ti no. Puedo cogerlos yo solo —podía llevarse sus amabilidades de mentira a otra parte. Tal vez los demás la creyeran, pero él no.
—No hace falta que seas desagradable —la muchacha le miró con los brazos en jarras, poniéndose seria poco a poco—. Mira, aquí tú eres el único que se los come y no sé si estas cosas caducan o no, pero te juro que si no te das prisa los tiraré todos al primer descampado que encuentre. No quiero estar acumulando grillos secos en la cocina.
—Pues echaré ese chocolate que os estáis guardando por las letrinas.
—Mira, chaval, yo solo quiero encargarme de que todo el mundo en este torreón duerma sus horas, esté sanote y esté bien comido. Como que me llamo Ellie que no vas a romperme la racha.

Por toda respuesta Granta giró el plato que le habían dado de forma que los grillos se desparramaron por el suelo. Ellie apretó los labios de una forma que indicaba claramente que estaba conteniéndose con todas sus fuerzas para no maldecir.
—Espero que te guste comer del suelo.
—Acabas de decir que hay un montón más en la cocina.
Granta empezaba a pensar que aquello había sido mala idea para que lo dejaran en paz, porque la humana parecía más que dispuesta a echarle un sermón igual de largo que los que echaba al resto del torreón. Por suerte alguien la interrumpió antes de que terminara de tomar aire.
—¿Ellie?
Un hijo de lunas se asomaba por la escalera. Ojos notablemente más curiosos que los de la mayoría de su especie los enfocaron a ambos.
—Setenta, ¿qué pasa?
—Fiuxy's te llama. Dice que quiere que vuelvas a hacerle las trencitas en el pelo, que cuando se siente más guapo hace la magia mejor. Dice que tiene que ser antes de la salida y que porfa.
Con un último resoplido exasperado hacia el asreniano la humana siguió a su compañero al piso de abajo.
—No creas que te has librado —fue su última advertencia.

Granta volvió a su contemplación por la ventana cuando por fin se encontró de nuevo solo. La media sonrisa que había esbozado el asreniano tras hacerle perder los nervios a su compañera no había sido satisfecha, sino más bien como si hubiera cumplido una cuota diaria. La de ser desagradable. Cuando confirmó que Ellie estaba efectivamente el patio pendiente de los demás raritos, se agachó y recogió los grillos del suelo. El suelo del torreón estaba limpio y en la tribu de los ranta eran de todo menos melindrosos. Luego se los comería cuando tuviera hambre.


-


—Granta, ¿has limpiado el suelo como te pedí o lo ha tenido que hacer otro?
—¿Yo? —Granta hizo el mejor esfuerzo que pudo por reírse en su cara—. ¿Por quién me tomas?

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"And if you gaze long enough into an abyss, the abyss will gaze back into you."
Al veros conspirar... (CLICK):
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Torreón Sendar (Archivo III) Empty Re: Torreón Sendar (Archivo III)

21/06/17, 01:28 pm
Corann no pasaba todo su tiempo perdido en los delirios de la torre negra. En ocasiones temía perderse, olvidarse de quién era, y por fortuna aún recordaba el camino de vuelta. Odiaba el mundo físico que no controlaba, pero también le mantenía a flote.
Odiaba también los sueños de los demás que podía moldear a su antojo, pero que llenaban sus horas de una forma que el mundo físico no podía. Eran predecibles, en ellos solo sucedía lo que él dictaba, y justo por eso, de los tres, eran los que mejor funcionaban de ancla.

No había jugueteado con la mente de ningún cosechado desde el año pasado. Muchos de los transformados arrastraban todavía miedos de cosecha, miedos de niño. Con el tiempo y las repeticiones Corann había terminado por aborrecer por aburrimiento los sueños de los cosechados, aunque fuera por su falta de experiencia.
Sin embargo hoy le apetecía castigar. Ahora mascaba posibilidades mientras saltaba de un subconsciente a otro de entre los intrusos que ahora habitaban su antiguo torreón.
“No os protegerá de nada”, pensaba con resentimiento mientras elegía a su víctima. “Os arruinaréis, como hice yo.”

Se lo mostraría. Le había cogido inquina a uno en concreto, un asreniano que era un marginado en su grupo como él lo había sido, pero al que no parecía importarle lo más mínimo. Le sacaba de sus casillas.

Una mantícora, decidió. Una mantícora que se comiera a todos sus compañeros una vez atravesaran el portal, y él se quedara solo tras unos escombros si saber si el latido de su propio pulso era real.
El primer contacto fue sutil, como siempre, pero los zarcillos de ilusión resbalaron inocuos sobre el sueño del muchacho en lugar de introducirse en él. Lo intentó con más violencia por despecho pero nada resultó tampoco.

Una magia primaria le impedía ir más allá, advirtió. Contrariado, y con una vertiente de rabia solamente yendo a más, Corann lo intentó una decena de veces más pero fue incapaz. Gruñó al rendirse por fin.

Tras la Luna. Tras la Luna aquella estúpida invulnerabilidad se iría, cuando cambiara hasta gritar o hasta que se le torciera la mente.

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Nombre: Rádar
Especie: Carabés
Habilidades: Resistencia, velocidad natatoria, nociones de lucha
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Status : Jinete del apocalipsis (¡ahora con extra de torpeza social!)
Humor : En muerte cerebral.

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19/07/17, 06:25 pm
En los dormitorios de Sendar solo estaba en ese momento un chico algo moreno, de pelo oscuro y mirada nostálgica. Le llegaba de abajo el sonido de la gente preparándose para comer, pero él ya había hecho esa comida un rato antes. Aunque de todas formas no era probable que hubiera querido bajar y estar con el resto. No ese día, al menos.

La puerta de la habitación se abrió y entró una chica dos o tres años mayor que él. El joven no necesitó girarse para saber quién era: a esas alturas ya estaba claro quién era la "madre" del grupo.

—Miguel, ¿no te apetece bajar a almorzar?

—Ya he comido.

Su respuesta parecía aburrida, como si todo en la existencia le diera igual. O como si esa conversación se hubiera tenido decenas de veces.

—Chico, aunque no sea a comer. Baja y pasa un rato con todos.

Miguel apretó los dientes, reprimiendo el impulso de mandarla al infierno. Por su mente cruzó el relámpago fugaz de una sonrisa preciosa, enmarcada por unos pelos que no temrinaban de salir. Una sonrisa que hacía meses que no veía. Y su malhumor se desplomó como un castillo de naipes.

—Ellie, ¿crees que nos dejarán volver?

Los segundos que pasaron hasta que llegó la respuesta se le antojaron horrendamente interminables. El humano estaba seguro de cuál era la respuesta real a esa pregunta, pero no soportaba pensar en ello. Suficientemente duro se le hacía saber que, como mínimo, le quedaban muchos meses en aquel basurero.

—Claro que sí. ¿Lo decía en el contrato, no? Pero para eso habrá que esperar a que termine el año de plazo que nos dieron. Y mientras eso pasa, pues oye... Hablar y relacionarnos un poco, no estar tan aislados, nos hará más llevadero el tiempo, ¿no te parece?

Miguel se limitó a abrazar con más fuerza la almohada que tenía entre los brazos. Soltó un sonido indefinido que podía tomarse, con mucha imaginación, como un "ahá". Las siguientes palabras de su interlocutora colmaron su paciencia.

—Ay, chico, qué callado eres.

Se sentó como una centella y le miró a los ojos, con una expresión rabiosa. Estaba harto de esa conversación.

—Tú, sin embargo, no te callas ni debajo del agua. Hazme el favor y déjame en paz.

Ellie no dijo nada más. Tras inspirar muy hondo apretó los labios y salió a paso rápido de la habitación, dejando al joven sintiéndose cada vez más miserable. De los labios de Miguel no tardaron en salir dos únicas palabras.

—Lo siento...

El susurro apenas lo escuchó él mismo. Ruido de cháchara incesante fluía de abajo y, tras un momento, acabó dejándose caer sobre la cama, soltando un quejido. Luego se tapó las orejas con la almohada.

Solo quería un poco de silencio y soledad. ¿Tanto era pedir?
Zarket
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Torreón Sendar (Archivo III) Empty Re: Torreón Sendar (Archivo III)

30/03/18, 12:39 am
El monstruo siguió al chico a través de múltiples planos, carreteras y toboganes. Era inmenso, a la par hermoso y aterrador. Y él gritaba y lloraba al no entender por qué aquella cara, que tanto había deseado ver desde su llegada a Rocavarancolia, intentaba ahora matarlo.

Al final lo atraparon aquellas manos gigantescas, transformadas en una garras de pesadilla, hechas con hojas marchitas y una oscuridad surgida del alma más corrupta que pudiera existir. El joven miró a aquella cara, que cada vez era menos humana y más monstruosa, cuya avidez quedaba patente en el brillo sediento de sus ojos. Ni las súplicas ni las lágrimas evitaron que aquellos dientes se cerraran en torno a él, quebrando sus huesos y bebiendo su ser.


El grito, sin embargo, despertó a todo Sendar.

Saltaron de sus camas, con el corazón a punto de saltarles del pecho y los ojos abiertos, con la oscuridad evitando que se dieran cuenta de que no había amenaza alguna. Ellie fue la primera que llegó a la cama del humano, que ahora tenía una mano cubriéndole la boca en un intento de evitar las arcadas.

—¡Miguel, tranquilo! ¿Qué pasa?

Sus manos pegaron algún manotazo no demasiado fuerte alerededor, temiendo, como todos, que se hubiera colado alguna alimaña de no demasiado tamaño. Fueron rápidos, sabedora ya de que en Rocavarancolia tamaño y peligro no iban necesariamente unidos. Solo se relajó cuando escuchó las palabras de su interlocutor.

—¡N-nada! Na-da. S-solo ha sido una pesadilla.

Las manos de la casi autoproclamada madre del grupo percibieron lo que creía que eran lágrimas, no sabía si causada por angustia o por las náuseas que estaban acosando a su compañero. Al instante se sentó a su lado, con una voz más dulce y menos urgente.

—No te preocupes, ya ha pasado...

Aunque su voz fue prontamente interrumpida por otra, más molesta.

—¿Has pegado semejante grito por un mal sueño? Pensaba que tendríamos al menos cinco alimañas entrando por las ventanas.

—Granta, no te pongas así —la voz de Noah mostraba, quizás, más comprensión de la que él mismo sentía. Aquella interrupción en el sueño no era agradable, pero comprendía que Miguel no lo había hecho a posta—. No es algo que el pobre chico haya podido controlar.

—¿Qué pasaba en la pesadilla?

La pregunta de Lulú provocó un estremecimiento al humano. En su mente volvieron a aparecer aquellos ojos infernales, deseosos de chuparle hasta el tuétano y pertenecientes a alguien que nunca podría haberle hecho aquello. Más lágrimas se le escaparon de los ojos y Ellie, en un intento de consolarlo, le pasó el brazo por los hombros.

—Un... gigante. Me comía vivo —dicho así le llegó a sonar ridículo, pero no se quitaba de la cabeza aquella imagen. No había solo angustia, dolor y terror en su pesadilla, sino una oscuridad tangible que su mente ni podía imaginar que existía.

—No te preocupes —la voz de Ellie, ahora que se le había pasado la adrenalina de aquel susto momentáneo, sonaba algo cansada, aunque tan comprensiva como siempre—. Da igual lo grande que sea una alimaña, nunca podrá hacernos eso. Somos un equipo muy bueno, ¿no?

—No era una alimaña —conforme la pesadilla se alejaba el pesar comenzaba a sustituir al horror en la voz del humano, aunque este no desaparecería del todo en algún tiempo—. Era alguien que conocía. Alguien de la Tierra.

—Es un sueño desagradable —admitió Noah, sospechando a quién podía referirse el joven—, pero solo es un sueño. No solo es imposible que un humano haga algo así, sino que él está lejos, a una distancia que solo los rocavarancoleses pueden recorrer. Eso no va a pasar.

Pocas palabras más fueron necesarias para devolver la tranquilidad al grupo y alejar de ellos, al menos por aquella noche, las pesadillas que nacían en la oscuridad de Rocavarancolia.
Yber
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Torreón Sendar (Archivo III) Empty Re: Torreón Sendar (Archivo III)

30/03/18, 04:01 pm
Ellie hunde su propia espada en el último de sus compañeros. Las sangres remezcladas tiñen el filo de su arma de un desagradable multicolor, la humana la tira al suelo, asqueada, y llora como si hubiera matado a su familia, porque era lo que había hecho. La arena del circo está tan ruinosa como en la Rocavarancolia de la vigilia, salvo por los cadáveres que la salpican.

—¡Ya basta! Por favor...

No queda nadie por morir de Sendar, pero la neoyorquina no está segura de que eso fuera suficiente para detener al pirado de su secuestrador.

—Todavía no has acabado.

Varias siluetas clarean en mitad del ruedo y adquieren consistencia poco a poco, hasta que Ellie puede reconocer a sus padres y a sus tíos. En ese momento, la humana recoge la espada y se atraviesa el estómago con ella, sin ningún miramiento. No es la primera vez que lo hace, pero esta vez, el sueño la deja morir.

Y se despierta.


El grito inunda la habitación. Se incorpora sudada y busca alrededor, tomando constancia de que sus amigos siguen vivos. Vivos y despiertos, como ella. La mayoría la miran desde la cama, pero Baste y Fiuxy's se acercan a la humana.

—¿Tú también? —la vocecilla de Lulú le habla desde el nido en el que duerme, dentro de un baul roto a los pies de la cama del ordés.

Ellie asiente. Fiuxy's se sienta a su lado y le acaricia el brazo.

—¿Y qué era? —vuelve a preguntar el repoblador.

—Lulú, para ya —le chista Noah—. No puedes preguntarnos eso cada vez que despertamos aterrados.

—¿Y si hay algún motivo por el que todos soñamos con esos horrores? —se queja Lulú formulando una tercera pregunta.

Setenta resopla al fondo de la habitación para dejar patente su disgusto.

—¿Y si dejamos toda esta mierda para mañana? —el malhumor se filtra en cada palabra de Aldhias—. A lo mejor algunos sí que podemos dormir bien y no lo sabemos por vuestra culpa.

Lulú berrea en voz tan baja que nadie más que Baste le oye.

—Ya está bien, chicos —Ellie sale al rescate de la situación, a pesar de lo reciente que sigue el sueño—. Mañana te lo cuento, Lulú. Y ahora a dormir todos.

Nadie se opone. Baste bosteza en su camino de vuelta a la cama y el abrir de bocas se contagia a varios de sus compañeros. Ellie es la última en caer y esboza una sonrisa débil cuando sus labios vuelven a su sitio, porque da igual lo feo que haya sido el sueño, está de vuelta con sus compañeros y la aventura sigue.

Nadie nota que Erevelin no está con ellos.

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Torreón Sendar (Archivo III) Empty Re: Torreón Sendar (Archivo III)

31/03/18, 04:08 pm
—¡Chicos! ¡Venid a ver esto!

El tono alarmista de Granta ayuda a que todos se den prisa en despertarse. Van bajando poco a poco y encuentran al asreniano cruzado de brazos junto a Erevelin, a quien parece custodiar en actitud severa. En la pared, tras ellos, destaca un dibujo enorme hecho a carboncillo. La obra de la niña no es ni más ni menos que unos barrotes de celda pintados a tamaño real con una persona dentro, por cuyos rasgos presuponen que se trata de una chica.

—¿Qué es esto? —pregunta Aldhias.

—¿Lo has pintado tú, Ere? —pregunta Lulú.

La niña asiente.

—Dile a Aldhias qué es —pide de nuevo el repoblador.

La niña agacha la mirada, pero luego busca la del daeliciano.

—Es la verdad.

En esas tres palabras, la sinhadre siembra la ansiedad en todo el grupo. Varios resoplan o ríen con nerviosismo excéptico. Otros parecen simplemente sorprendidos o asustados.

—¿Cómo que la verdad? —la voz de Baste se rompe y el ordés no se esfuerza en disimularlo—. Erevelin, no estamos para bromas.

—Esto es de coña —se queja el daeliciano, de nuevo.

—Aldhias...

Noah intenta acercarse a él, pero se arrepiente a medio camino y se acerca a Miguel y a Fiuxy's. De todos, Noah y Fiuxy's son los que parecen más asustados, mientras que la cara de Miguel es un poema indescifrable. Lulú, que parece guardar una curiosidad morbosa sobre el asunto, ya ha trepado a la cabeza de Baste y le habla en susurros, a lo que el ordés le responde con gestos hoscos y bufidos.

—Me niego a dejar esto en la pared —dice Aldhias.

Granta, Baste y Setenta asienten. Ellie resopla. No ha dormido bien por culpa de la pesadilla y ahora se encuentra con esta situación descabellada. ¿No podía el día ser normal? Al menos hasta la hora de la merienda...

—Ere, cariño, ven conmigo.

La humana se agacha y la niña se le acerca. Ellie hace una seña a Aldhias, dandole a entender que se lleva a Erevelin al patio y que pueden borrar.

—Cariño, ¿lo de antes lo decías en serio? Nos has asustado a todos.

Erevelin asiente y Ellie se toma unos segundos para tomar aire. Durante esos segundos, por primera vez desde que llegó, la humana siente que se desborda, que no puede con todo. Es la primera vez que la verdad, la de la ciudad y no la de la pared, pesa más que el cuento de la aventura. Por suerte, la humana vuelve a su lugar mental; sonríe a la niña y procede a hablar con ella.

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Torreón Sendar (Archivo III) Empty Re: Torreón Sendar (Archivo III)

01/04/18, 05:40 pm
Granta se despierta, como siempre, a su hora. El resto duerme malamente, recuperando a costa de la mañana el tiempo de descanso que han perdido. Erevelin está dormida en el sofá y, junto a ella, hay restos de carboncillo. El asreniano no tarda en encontrar su dibujo, una suerte de cocodrilo que nada en la pared de la cocina. Suspira, acostumbrado ya, y humedece un trapo para limpiarlo sin levantar ruído.

Sin embargo, el ruido se levanta solo, en la habitación. Ellie grita tan fuerte que asusta a Granta y despierta a Erevelin. La niña vuelve a cerrar los ojos, pero el asreniano corre escaleras arriba.

Se encuentra a la humana de pie, junto a la cama de Setenta. El krabelinense yace bocarriba, con varios arañazos frescos en el cuello, las uñas manchadas de sangre, el pulso vacío y los ojos abiertos y rojos, muy rojos, señal de alerta entre los de su especie.

—¿Qué ha pasado? —pregunta Granta, a quien le sobreviene el pensamiento infantil e inconsciente de que se ha adelantado a Lulú.

El repoblador sale de su nido y corre a seis patas hasta ellos. Baste le sigue con cuatro patas menos y, poco a poco, el resto del grupo se une para formar entre todos una representación grupal de El Grito.

—Estaba así cuando me he levantado —explica Ellie, con signos evidentes de ansiedad.

—Joder.

—Sí, joder —Noah y Aldhias se miran asustados.

Lulú, a pesar de la impresión que le produce, trepa por las patas de la cama y avanza por las sábanas hasta llegar a las heridas. Se apoya en la coraza calcárea que recubre los hombros del cadáver y acerca sus ojillos compuestos a los rasguños.

—No son profundos —informa, a pesar de lo evidente que es—. Ha debido de sufrir mucho como para llegar al punto de lastimarse a sí mismo de esa manera...

—¿Creéis que ha podido ser una pesadilla? —apunta Ellie, que tiene razones de sobra para creerlo.

—Es imposible —dice Fiuxy's con su vocecilla entrecortada—. ¿O no?

Se producen varias miradas, entre ellos y al cadáver de Setenta. Nadie quiere creer que sea posible, dormir había sido para todos ellos como la casa cuando jugaban al lobo: un lugar seguro, un refugio inocuo para evadirse de todos los peligros de la ciudad.

—¿Y si se ahogó?

—A lo mejor estaba enfermo...

—Todo esto es muy raro.

Lulú se propulsa de un salto hasta el suelo y trepa por el pelaje de Baste.

—Oye, ¿y Erevelin?

Durante lo que tarda en responder Granta, el miedo vuelve a las pocas caras que había abandonado.

—Está abajo, se quedó dormida en el sofá.

—¿No creerás... ? —Aldhias tuerce el gesto, no le quita un ojo al repoblador.

—Es imposible —interviene Miguel—. Es demasiado pequeña.

—Ella no ha podido ser —vuelve a tomar la palabra Granta—. Esta noche estuvo pintando de nuevo, había un lagarto de río en la pared de la cocina.

—Otra vez...

Ellie se lleva las manos a la cabeza y respira de forma muy sonora, como si le costase.

—¿Qué vamos a hacer?

—Habría que enterrarlo.

—O quemarlo.

—O tirarlo muy lejos.

La mayoría están demasiado alterados como para saber hasta qué punto están siendo irrespetuosos con la memoria de su compañero.

—En mi tribu nos comíamos a los muertos. Pero, si es verdad que está enfermo, yo no lo pienso probar ni aunque lo hirvamos durante cinco días seguidos.

Ellie respira hondo varias veces.

—No seamos alarmistas. No sabemos qué le ha pasado...

—Solo que se ha muerto.

El tinte siniestro en la vocecilla de Lulú da paso a un silencio muy incómodo. Luego, Aldhias y Ellie toman la iniciativa y se encargan de envolver a Setenta con sus propias sábanas. Algo hay que hacer, se dicen, ambos para sí mismos.

_________________________________________

No llores por no poder ver tu pierna,
las lágrimas te impedirán ver los cadáveres de tus amigos.
Giniroryu
Giniroryu
GM

Ficha de cosechado
Nombre: Rägjynn
Especie: mjörní
Habilidades: memoria, buen oído y don de lenguas

Personajes : Noel: Draco de Estínfalo de origen sueco.
Archime/Krono Rádem: Kairós irrense.
Irianna/Dama Enigma: Nebulomante idrina lacustre.
Adrune: Gamusino sinhadre, edeel.
Lethe: Horus, enderth.
Rägjynn: mjörní.
Naeleth: Bruja del Hielo, nublina.


Unidades mágicas : 8/8
Síntomas : Aumenta su resistencia progresivamente.
Armas : Noel: hacha de dos manos y espada bastarda.
Archime/Krono Rádem: sus monólogos sobre biomecánica avanzada.
Irianna: arco y estoque.
Adrune: lanza, espadas cortas y arco.
Lethe: arco y lanza.
Rägjynn: jō.
Naeleth: arco, sai y báculo.


Status : Gin: do the windy thing.

Humor : REALLY NOT FEELIN' UP TO IT RIGHT NOW. SORRY.

Torreón Sendar (Archivo III) Empty Re: Torreón Sendar (Archivo III)

10/04/18, 01:06 pm
Ellie observaba su reflejo distiorsionado en el pozo. Tenía unas ojeras espantosas y una expresión de agotamiento que la hacía parecer varios años mayor. Empezó a oír gritos provenientes de la cocina pero en un principio para ella no eran más que ecos lejanos amortiguados por la sensación disociativa que estaba teniendo en aquellos momentos debido al cansancio.

—...tra vez? ¿Qué te hemos dicho acerca de esos espantajos? ¿¿Me oyes, Erevelin??
Finalmente los gritos de Granta la trajeron de vuelta a la realidad y la humana se dirigió a la cocina suspirando. A aquellas alturas no le extrañó en absoluto ver a la aprendiz de sacerdotisa levitando en medio del cuarto mientras ignoraba al asreniano gritándole y a Lulú, que también levitaba tratando de llamar la atención de la sinhadre moviéndose frente a sus ojos. Sus ojos, que estaban fijos en un punto en el vacío mientras la niña pronunciaba una retahíla ominosa.

—Condenados. Condenados. Condenados...
La estampa era aterradora. Erevelin no paraba de repetir aquella palabra, que también estaba escrita en las paredes junto a dibujos en los que predominaban los rostros con expresión de sufrimiento y el color rojo que sin duda representaba la sangre.

—Joder, ya está sonámbula otra vez —soltó Ellie mientras se acercaba a ella—. ¡Ere! ¿Me oyes? ¡Despierta! Como si no tuviéramos suficiente con la maldita epidemia... —Continuó farfullando mientras zarandeaba la mano de la sinhadre.
Granta, Lulú y más compañeros que se habían acercado a ver qué pasaba intercambiaron una mirada sorprendida: no era propía de la humana actuar de aquella forma. Era cierto que todos estaban un tanto paranoicos cuando la tercera muerte en circunstancias muy parecidas a la de Setenta había sucedido, pero la estadounidense había demostrado más entereza que nadie hasta aquel momento.

—Te ayudaré a despertarla —dijo Noah acercándose con preocupación—. Creo que lo primero que deberíamos hacer es tranquilizarnos...
Ellie lo miró sin soltar la mano de Erevelin, dándose cuenta entonces de que no estaba actuando correctamente.
—Gracias... —le respondió Ellie en un suspiro—. Tienes razón, no es su culpa.
¿Qué podía hacer? Estaba agotada, muy agotada. Sus compañeros estaban muriendo y ella no podía hacer nada por evitarlo.
Yber
Yber
GM

Ficha de cosechado
Nombre: Ulmara.
Especie: cercana alaí.
Habilidades: Velocidad, nociones de lucha y resistencia.
Personajes :
Dirke/Ramas.
Giz.
Tap/Malahierba.
Lara 37/Saria Omen.
Rasqa: parqio transformado en moloch.
Eitne.


Heridas/enfermedades : Eitne: le falta la pierna derecha de rodilla para abajo.
Status : Es complicado.
Humor : La gracia de dios.

Torreón Sendar (Archivo III) Empty Re: Torreón Sendar (Archivo III)

12/04/18, 02:29 pm
Hace días que Ellie dejó de ser madre de nadie. Se encuentra tirada en el sofá, hecha toda ojeras, vestida con un pijama viejo que quién sabe a cuántos niños muertos haya vestido antes que a ella. Bosteza de vez en cuando, a la vez que intenta comprender qué dice un libro en otro idioma. No logra entender nada, ni dentro ni fuera de sus páginas. Piensa en Setenta y en el resto de los caídos, resopla y tira el libro contra la pared.

—¡Me cago en todo! —grita, en un intento vano de descargar su furia.

Cada vez es más consciente de que viven sumergidos en una incógnita asesina. Que si la luna, que si los méritos, que si la valía, que si los milagros, que si los sueños… Una maldita locura. Ellie se pasa las manos entre sus pelos sucios y respira hondo, se da a sí misma otro intento vano por mantenerse cuerda. Se tumba y cierra los ojos. Tal vez ahora pueda dormir; tal vez esta vez no pase nada.

Y así, Ellie duerme, sí. Duerme durante los quince minutos que tarda en llegar el ruido. Viene de fuera, mucho antes de lo que habría esperado: voces conocidas. Ellie se levanta y les abre la puerta. Poco a poco entran Granta, Miguel, Baste, Lulú, Noah y, finalmente, Erevelin.

—La habéis encontrado —dice Ellie, que ya ni se esfuerza en preguntar ni en mostrar alivio.

—¡La loca esta estaba pintando mierdas en mitad de la plaza! —grita Baste en cuanto tiene oportunidad.

Erevelin dirige una mirada triste a Ellie tras escuchar al ordés, pero de la humana no sale ni una palabra de consuelo para la niña, ni regaños para el marsupial.

—No puedes hacernos esto —sí salen regaños para la niña.

—Un día se la van a comer las alimañas —espeta Granta.

—O nos van a comer a nosotros por salir a por ella —añade Lulú, cuya curiosidad ya no parece compensar el riesgo.

Erevelin se aleja en silencio y toma las escaleras hacia la habitación.

—No podemos hacer nada más.

—Tampoco podemos abandonarla a su suerte… —la voz de Miguel suena cansada.

—No, pero esto no es humano. Es un sinvivir. ¡Ni siquiera podemos dormir! Cómo para encima estar pendientes de ella.

—Deberíamos encadenarla por las noches —dice Granta.

Ellie le hace un gesto claramente despreciativo.

—Pero ¿tú te estás oyendo? Es una puñetera cría, ¿cómo la vamos a encadenar?

—Ellie… —Noah intenta interceder.

—Ni Ellie ni pollas.

—Ere sabe hacerse intangible —añade Miguel—, tampoco serviría de mucho.

La humana suelta un gruñido que nace de lo más profundo de su alma insomne: ni ella misma sabe ya lo que quiere. Sus compañeros la miran y no la reconocen, como tampoco se reconocería ella si pudiera verse.

—¿Y qué ha pintado esta vez?

Sus dibujos siniestros, al final del día, son lo menos problemático; el tema perfecto para olvidarse de todo el malestar que causa la niña. Algunos, aunque no lo dicen en voz alta, esperan que en algún delirio Erevelin los revele vivos a todos, sobreviviendo a la Luna y volviendo a casa. Otros, que tampoco lo dicen, están seguros de que Erevelin sabe de qué manera van a morir, eventualmente. Pocos son los que creen que los dibujos son solo dibujos, pero incluso ellos no lo dicen en voz alta.

—Había una torre y muchos niños muertos en la base, también un gigante y una avispa que parecían caer del cielo.

El silencio se une a la conversación y la acapara, hasta el punto de que, poco a poco, todos se desbandan y vuelven a sus tareas: cocinar, entrenar, intentar dormir…

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Giniroryu
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Ficha de cosechado
Nombre: Rägjynn
Especie: mjörní
Habilidades: memoria, buen oído y don de lenguas

Personajes : Noel: Draco de Estínfalo de origen sueco.
Archime/Krono Rádem: Kairós irrense.
Irianna/Dama Enigma: Nebulomante idrina lacustre.
Adrune: Gamusino sinhadre, edeel.
Lethe: Horus, enderth.
Rägjynn: mjörní.
Naeleth: Bruja del Hielo, nublina.


Unidades mágicas : 8/8
Síntomas : Aumenta su resistencia progresivamente.
Armas : Noel: hacha de dos manos y espada bastarda.
Archime/Krono Rádem: sus monólogos sobre biomecánica avanzada.
Irianna: arco y estoque.
Adrune: lanza, espadas cortas y arco.
Lethe: arco y lanza.
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Torreón Sendar (Archivo III) Empty Re: Torreón Sendar (Archivo III)

14/04/18, 08:03 pm
Todos se habían ido a dormir nada más cenar, bostezando sonoramente y murmurando lo agotados que estaban. No resulto sorprendente para nadie: llevaban varios días durmiendo mal, temerosos de si la epidemia los afectaría a ellos aquella noche. Hasta ahora todas las víctimas habían muerto mientras dormían, de la misma forma. Alguno no consiguió llegar al piso de arriba y se quedó dormido en el sofá tras sentarse allí porque el cansancio podía con él... Como había sido el caso de Aldhias.

Aldhias se despertó gritando. Sudaba e hiperventilaba, y se levantó del sofá componiendo una expresión de terror. No tardó en escuchar más gritos provenientes del paso de arriba e incluso la propia planta baja. Granta, Baste y Lulú no tardaron en aparecer desde distintos puntos del torreón: el repoblador había salido desde detrás del sofá y el asreniano entró desde el patio, temblando de miedo y frío. El ordés los miró a los tres detenidamente como queriendo comprobar que eran reales. Estaba claro que nadie había tenido "dulces sueños" aquella noche.
—¿Qué demonios ha sido eso...? Vosotros... Sabéis de lo que hablo, ¿no es así?
—Sí —respondió Granta—. Había algo terrible...
—Nos perseguía —añadió Lulú acercándose a Baste con la intención de subir hasta su marsupio.
—¿Vosotros también?
La última voz pertenecía a Fluxy's, a quien seguían Noah y Erevelin de cerca; los tres acababan de descender las escaleras. El francés se adelantó para dirigerse al grupo de la planta baja.
—Hemos... hemos soñado todos lo mismo.
—Sí —confirmó la sinhadre, que era la que parecía menos agitada de todos—. Tal y cómo estaba previsto.
Señaló entonces los restos de dibujos en las paredes de la cocina: los rostros gritando. Si alguien los contaba quizás se podría dar cuenta de que el número de personas representadas coincidía con los habitantes de Sendar que quedaban con vida.
—Joder, ya estás otra vez añadiendo más sal a la herida.

El daeliciano emitió un quejido y no solo debido a la afirmación de la aprendiz de sacerdotisa: le dolían varias partes de su cuerpo, por haberse dormido en una postura y un lugar tan pésimos, pero no podía haber pasado tanto tiempo, ¿no? Es decir... todavía era de noche. Pero se habían pasado tanto tiempo soñando aquella pesadilla horrible... Quizás estuviese a punto de comenzar a amanecer.

Una nueva presencia interrumpió los pensamientos del daeliciano y la conversación general.
—Ahora que lo pienso... Tú no estabas en la pesadilla —Miguel acababa de llegar justo tras Ellie, y se dirigía a ella.
La estadounidense se giró hacia el otro humano y lo miró con sus ojos de agotamiento tan profundo como sus ojeras y a través de su pelo completamente desaliñado.
—Sí que lo estaba. Yo os vi huyendo de algo... Justo antes de morir.
Se hizo el silencio de pronto. Habían olvidado que justo antes de despertarse conseguían llevar al horrible ser que los perseguía hasta una trampa y este moría.
—No me digas que...
—Sí —se adelantó Ellie, tajante—. Vosotros me matabais.

El resto se miró, como queriendo buscar al culpable de aquello. La pesadilla había sido tan real... Pero la humana estaba allí, frente a ellos. Nadie estaba seguro de si les estaba acusando, era difícil leer su expresión detrás de la maraña de pelo, pero varios sentían que así era. Salieron de dudas enseguida, no obstante.
—Yo solo pretendía ayudaros, desagradecidos. Yo solo... pretendía ayudaros...
El tono de Ellie sonaba ausente, no se dirigía a nadie en particular y sus puños se habían cerrado con fuerza. A continuación, se dio bruscamente la vuelta, haciendo que Miguel se sobresaltase y se apartase para dejarle el paso libre, y se perdió escaleras arriba.

El ambiente que se había quedado en el salón era pesado como una losa. Nadie se atrevió a moverse o hablar durante unos instantes.
—Solo fue una pesadilla. Seguro que Ellie también lo verá así por la mañana.
El intento de aportar una brizna de optismismo por parte de Noah no tuvo mucho efecto y se hizo el silencio una vez más. Todos tenían en la cabeza el horror que habían compartido y cómo era posible que hubiese sucedido. Aunque a aquellas alturas cuestionarlo habría sido ridículo.
—Pues no sé vosotros, pero yo ahora no tengo una sola pizca de sueño. Aunque sí hambre —fue Granta el que lo rompió y dio el complicado paso de cambiar de tema.
Erevelin no se movió aún cuando el resto sí lo hizo y enseguida se quedó sola, de pie en medio del salón y totalmente inmóvil. Nadie se sintió capaz de preocuparse por ella en aquel momento, ni siquiera Noah. La sinahdre tardó un buen rato en salir de su trance, hasta que finalmente regresó al dormitorio sin decir nada.

Al cabo de unas horas y tras haber vuelto a tomar un tentempié de medianoche, amaneció sin que nadie fuese capaz de volver a dormirse.  Aldhias lo había achacado al principio al miedo a tener otra pesadilla como aquella, pero lo cierto era que tenía sensaciones contradictorias: por una parte notaba su cuerpo cansado, como si hubiera corrido de verdad muchos kilómetros aquella noche; por otra, no tenía una sola pizca de sueño en aquel momento. Se pasó una mano por la cara y suspiró. ¿Qué sería lo próximo que les sucedería la próxima vez que se fuesen a dormir?
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