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Inmediaciones del castillo

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1 Inmediaciones del castillo el 25/06/13, 06:56 pm

Rocavarancolia Rol

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Zona al pie de las montañas desde la cual se puede ver el castillo. A partir de cierto punto hay unas barreras traspasables sólo para aquellos autorizados. Apostados a lo largo de la barrera, unos custodios consistentes en seres con armaduras vigilan el acceso al mismo y controlan a la Manada, la cual está asentada por los alrededores.

2 Re: Inmediaciones del castillo el 26/06/13, 02:28 am

Muffie

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Karime, guiada por los aullidos de la manada y por un atisbo de su olor que captaba en el aire y reconocía gracias a la leve similitud con su propio aroma, corría por la explanada que separaba la ciudad del castillo y Altabajatorre emocionada por encontrarse con seres como ella. La líbense parecía convencida de que su transformación era la de loba sin opción a recuperar su antigua forma, por lo que se había resignado a liberar sus instintos y no se había permitido por el momento pensar en lo que dejaba a tras, lo que la estaba ayudando mucho a adaptarse, pero que le traería confusión al ver como la manada la rechazaba como miembro, aunque no como compañía.

La loba negra llegó al pie de la montaña y divisó a algunos ejemplares de la manada casi tan revolucionados como ella por el efecto de la luna. La loba negra se acercó lentamente, pero con seguridad a lo que parecía la entrada de su territorio y se aposentó ahí esperando alguna señal que le indicara que podía avanzar o algún tipo de recibimiento, mientras observaba sus movimientos en un intento de memorizarlos para familiarizarse con la forma.


3 Re: Inmediaciones del castillo el 27/06/13, 06:18 pm

Cain

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La manada la olió enseguida. Decenas de ojos se posaron en la gran loba negra parada a escasos metros de ellos. Olía como ellos, similar, pero no igual. Algo no cuadraba.

Le lanzaron gruñidos de advertencia. Algunos trataron de acercarse pero el alfa se metió por medio y los hizo retroceder. Fue él el que avanzó. Oliendo a distancia la esencia de Karime, ratando de averiguar lo que no cuadraba. Tenía el lomo erizado, y se acercaba lentamente.


_________________________________________

Y con este nombre yo te maldigo, y ni tan siquiera la muerte podrá librarte de tu condena, pues todo aquel que intente matarte recibirá siete veces tu castigo.

4 Re: Inmediaciones del castillo el 28/06/13, 01:16 am

Muffie

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Cuando la loba comenzó a oir los gruñidos de advertencia se sintió confundida. En seguida revisó su actitud y sus movimientos y en seguida vio donde se encontraba el fallo: no llevaba ofrenda. La loba se acababa de percatar de que la mejor manera de tomar contacto con cualquier grupo era una ofrenda. Karime se maldijo por no haber cazado y llevado alguna alimaña apetecible como regalo para la manada. Aun así se mantuvo en su misma posición hasta que el lobo alfa, al que reconoció por como impartía su ley sobre el resto, haciéndolos retroceder, se situó cerca de ella, pero a una distancia prudencial. A la líbense no le gustó la actitud que estaba adoptando el alfa, como si ella fuera una amenaza, por lo que la loba optó por agachar la cabeza en señal de sumisión y esperó. Karime era una soldado y, aunque saltaba a la vista su orgullo y su carácter indomable, sabía cuando le convenía obedecer órdenes para alcanzar sus fines. En este caso, su fin era que la aceptaran en la manada ya que, en lo que a ella respectaba, por su transformación debía formar parte de esta.

5 Re: Inmediaciones del castillo el 30/06/13, 01:27 am

Giniroryu

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GM
La Manada observaba a Karime a una distancia prudencial. El alfa no le quitaba ojo de encima a la libense, sopesando si sus intenciones eran tan sumisas como pretendía mostrar. Se acercó cada vez más, lentamente, y olisqueó a la licántropo. Se apartó  de un salto con un leve gruñido. No era como ellos. No podía pertenecer a la Manada. El alfa se agazapó y se le erizó el pelaje mientras comenzaba a retroceder. No sabía qué pretendía aquella loba extraña.

Fue entonces cuando todo tembló. La Manada comenzó a aullar estruendosamente cuando la ciudad rugió, sintiéndose llena de vida. La Luna ejercía una influencia casi palpable en los lobos, que gruñían denotando cada vez más agresividad y furia. Aquella noche era su noche, Rocavarancolia les pertenecía. Y no la licántropo, a quien, teniendo como objetivo fácil y cercano en el que descargar sus instintos, algunos de los miembros de la Manada comenzaron a rodear peligrosamente. Un ejemplar de pelaje gris no tardó en abalanzarse sobre ella, derribándola con un potente cabezazo en un costado.

6 Re: Inmediaciones del castillo el 30/06/13, 05:14 am

Muffie

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A Karime no le gustaba el comportamiento del alfa. Ella había supuesto un recibimiento casi instantáneo y el derecho a pasar algún tipo de prueba tras la cual entraría a formar parte de la manada, pero el alfa parecía disgustado con su presencia. Cuando este comenzó a retroceder y a mostrarse amenazante, la líbense alzo la cabeza orgullosa, ella no era una loba cualquiera, era líbense y que el alfa reaccionara de esa manera ante su persona era un insulto tanto para ella como para su tierra.

Iba a intentar contactar con él, reafirmarse ante la idea de que debía formar parte de la manada cuando la tierra tembló. La líbense casi sintió la misma sensación que estaban sintiendo sus congéneres. Se encontró llena de vida, con ganas de comerse el mundo. Los lobos comenzaron a aullar y ella con ellos. Los lobos comenzaron a gruñir y Karime se temió lo peor. Buscaban una presa fácil y cercana y ella, aunque no era la más fácil, si era la más cercana. En seguida se puso alerta, pero los lobos ya la rodeaban. Antes de darse cuenta, un lobo ya se había abalanzado sobre ella. Era obvia la superioridad física del lobo y Karime terminó en el suelo aturdida y adolorida. Nunca había sentido dolor por algo parecido y el hecho la desconcertó. Parecía que su forma lobuna tenía esa capacidad y la líbense gruñó ante aquel hecho que no le gustó un pelo. Pero en ese momento había cosas más importantes en las que pensar. La líbense se enderezó dispuesta a arremeter contra el lobo gris, pero, como ya les había dicho en alguna ocasión a sus compañeros de Maciel intentándoles convencer de ello, Karime sabía reconocer una causa perdida cuando la veía y esa situación lo era. No solo le superaban en número sino, aparentemente, también en fuerza. Ella no podía hacer nada. Gruñendo, enseñando los dientes y con el pelo encrespado comenzó a retroceder controlando la retaguardia hasta que salió de su territorio. “Esto no va a quedar así.” Pensó antes de darse la vuelta y comenzar a olfatear a los miembros de su anterior manada.


Sigue en Altabajatorre.

7 Re: Inmediaciones del castillo el 30/06/13, 08:04 pm

Yber

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GM
Una vez comprobó que el laboratorio seguía en su sitio, Giz salió escopetado de las mazmorras del castillo.; había decidido darle un toque experimental al extraño incidente de la noche.  Había tenido que sortear a los custodios que defendían el lugar, pues no había salido solo y no quería que se llevaran a sus acompañantes por error.  A su lado se agitaban con impaciencia cuatro de sus hienas. Tres pequeñas, aparentemente comunes, que dirigían sus miradas desorbitadas a todos lados mientras olfateaba el aire; la cuarta triplicaba el tamaño de las anteriores. El cuerpo de la mayor estaba a caballo entre el de la hiena y el de los osogrifos, con el par de extremidades delanteras bastante más robustas que las traseras, aunque Giz la llamaba hiena gigante a falta de una ocurrencia mejor. Esta parecía más calmada, aunque a regañadientes, puesto que ya se había llevado un par de calambrazos disciplinarios por su actitud violenta.

El olor de la manada estaba fresco en la zona y las ponía de los nervios, sacudiéndolas y erizándoles la piel. Pero si no era capaz de controlarlas allí, cuando vieran todo lo que había suelto por la ciudad Giz no podría mantenerlas a raya. Por eso las ordenó a permanecer en su sitio, utilizando el hechizo de olor falso que acompañaba la orden. Las mantuvo quietas hasta que sus ganas de comprobar que su adiestramiento funcionaba pudieron más que su paciencia.

Cambió el olor, la orden con él, y echó a correr ciudad adentro con sus cuatro bestias tras él. No tardó demasiado en toparse con el primer grupo de alimañas y seres fugados de los subterráneos. No era muy numeroso, apenas tenía un puñado de seres parecidos a perros creciditos, con antenas y seis patas que, por suerte o por desgracia, tenían sus propios problemas. Un hombre bestia debía de haber considerado que esos perros eran buena comida y se había lanzado contra el grupo en pos de su festín, mientras que, probablemente atraídos por la carne fresca fuera de tiesto, un par de pájaros sobrevolaban la zona avizores. Parecían buitres, salvo porque carecían de ojos y tenían el pico permanentemente abierto, con la lengua fuera apuntando siempre en dirección al grupo de animalillos. Giz se dedicó unos segundos a estudiarlos a todos con ojo crítico, aprovechándose del caos que sufrían, y enseguida supo qué quería.

Una bola de luz azul clara surgió de la palma de su mano y se estrelló contra una de las alimañas menores. Era el pistoletazo de salida para las hienas pequeñas, que corrieron hacia los perros hexápodos enseñando los dientes. Una segunda bola de luz, más oscura, impactó contra el hombre bestia. Usar ese hechizo para indicar el objetivo no era casual, las descargas que producían otorgaban cierta ventaja a los animales de Giz, que se debatían encarnizadamente contra los ex de las profundidades. Podría paralizarlos, pero eso ya era regalarles el éxito y algo bastante aburrido.

Mientras las hienas acababan con el grupo que el goliat les había indicado, este tuvo que lidiar con nuevas alimañas que acudían llamadas por el ruido, el olor o vete a saber qué. A Giz no le hacía mucha ilusión hacerles daño, no más del que pudieran causarles sus hienas, pero no le quedaba de otra. Así, con toda la desilusión del mundo, el asreniano fue deshaciéndose de ellos con hechizos de impacto.

Sin embargo, la suerte no estaba muy a su favor. Por cada uno que despachaba, parecían aparecer dos iguales y pronto perdió de vista a las hienas. Tan solo pudo ver de reojo como uno de los buitres de antes se llevaba el cadáver de una de las menores. Refunfuñó mentalmente a la vez que levantaba una barrera mágica y el primer lanzazo mágico de la noche se lo llevó dicho pájaro. Su empatía por las alimañas desapareció de golpe. <<Voy a tener que practicarles la selección natural por mi cuenta>>.  

Decidido a aprovechar esta catástrofe tanto como le fuera posible, por lo que barajó mentalmente los hechizos que estudiaba para curar a Lean. Un par de hechizos de dislocación hicieron caer a dos de las bestias que cargaban contra su protección mágica y una tercera cayó muerta, con la cabeza abollada después de haber sido víctima de un hechizo moldeador de materia orgánica y otro de impacto. La imagen de sangre y otras vísceras manando por nariz y boca era desagradable, pero sus fracasos en el laboratorio habían curado a Giz de espanto en ese sentido. Las siguientes alimañas parecieron enloquecer, indecisas entre lanzarse a los cadáveres o seguir golpeando la barrera mágica.

---

Tardó su tiempo en abatir a todos los seres que había atraído con su experimento estúpido de adiestramiento, pero había aprendido del fallo. Todo sucio, aprovechó para limpiarse las manos en el poncho y miró a su alrededor. Las dos hienas menores restantes estaban muertas, descuartizadas en el mismo sitio en el que se habían topado contra los perros-bicho. A la gigante la había perdido de vista, se había escapado. Algo nervioso, se pasó la mano por la frente y trató de organizar las ideas. <<Las hienas son un fracaso, no duran nada. Y la gigante a saber donde esté... Espero que no ataque a nadie>>. Descartó a las hienas comunes de su inventario de proyectos futuros y echó a andar a paso ligero, rastreando con su gola la zona de mayor afluencia mágica.


Sigue en algún otro tema del foro.


_________________________________________

No llores por no poder ver tu pierna,
las lágrimas te impedirán ver los cadáveres de tus amigos.

8 Re: Inmediaciones del castillo el 11/08/13, 11:43 pm

Matt

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El viaje a través del portal volvió a ser algo movidito pero al tocar suelo lo primero que hago es cerciorarme en que tanto mis quimeras como las esferas han pasado bien el trayecto. Tras cerciorarme de que todo sigue en su sitio me despido de Atol al decirme que no le importa volver él solo a la Sede por lo que me encamino en dirección a un sitio en el que nunca pensé en el que podría acabar. "Es hora de ver el castillo. ¿Veré al Rey?"

Con mis pensamientos rondándome en mi cabeza llego a los aledaños del castillo y lo primero que me recibe es un imponente muro de piedra bastante alto por lo que suelto un silbido largo. Mi silbido se ve respondido por un aullido que me hace acercarme casi corriendo a una de mis quimeras. "¿De donde demonios ha salido eso?"

Mis pasos me acaban llevando a una entrada en la muralla custodiada por dos imponentes guardias reales con sus flagrantes armaduras y sus brillantes alabardas apuntando al cielo sin inmutarse lo mas mínimo. Paso por en medio de los dos guardias inertes fijándome en todas las cosas al rededor del castillo.

En la puerta del castillo me reciben otro par de guardias que al llegar a su altura con mis criaturas puedo escuchar como los guantes de los guardias aprietan sus armas por lo que trago un poco de saliva y me dispongo a pasar por en medio de los dos con mis esferas y criaturas subiendo los escalones comenzando a hablarles -Hola buenos días. Mi nombre es Matthew y vengo a ver a ¡WAAH!- Mi presentación se ve cortada en seco al cerrarme el paso con sus armas casi llevándose mi cara por delante si no hubiese sido algo rápido. -¿A qué has venido?- Dice una voz algo extraña, casi como si le costase la vida misma alzar la voz desde el interior del castillo. -Emmhh Vengo a ver a Giz. Soy Matt, su amigo, que vengo a traerle unas cosas.-

Tras decir esto, el silencio se hizo presente en la zona. Solo la respiración de los guardias cortaba este silencio. -¿Hola?- Pregunto a la puerta sin recibir respuesta. -Buuuueno pues las calles han quedado bastante limpias.- Digo soltando una pequeña risa nerviosa dirigiendo mi mirada a los dos guardias.

9 Re: Inmediaciones del castillo el 12/08/13, 12:04 am

Yber

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GM
Giz salió del castillo con curiosidad cada vez mayor. Le acababan de avisar de que habían venido a verle y no sabía muy bien quién podría ser. No solía tener muchas visitas y, la única que entraba y salía aparte de él, Miloslava, se sabía el camino de sobra. Iba vestido con la bata blanca y llevaba en brazos un cachorro de osogrifo totalmente negro. Cuando llegó a las puertas se sorprendió de ver al brujo de arena allí. <<Espera, ¿por qué viene a...>> cayó entonces en la razón, al contar cuatro esferas de arena (además de sus dos quimeras). <<Sí que ha sido rápido...>> se dijo sorprendido.

-Matt-lo llamó con un gesto de brazo-. Mejor hacemos dentro el intercambio, que tengo que adecentar algo de espacio para los nuevos inquilinos y soltarlos aquí sería aparatoso-dijo con una sonrisa enorme. Cuatro nuevos especímenes no eran moco de pavo-. ¿Has entrado alguna vez al castillo?-le preguntó con curiosidad. Ante la negativa del brujo, respondió-. Pues hoy vas a ver la mejor y peor parte a la vez-las mazmorras no eran la zona más bonita del castillo, pero rebosaban magia y tenían un encanto especial para el goliat.


Sigue en las mazmorras del castillo.


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No llores por no poder ver tu pierna,
las lágrimas te impedirán ver los cadáveres de tus amigos.

10 Re: Inmediaciones del castillo el 30/09/13, 07:21 pm

Muffie

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Para su agrado, sus amigos la apoyaron en su decisión. Comprendieron que lo necesitaba y no le pusieron impedimento, más bien la animaron. Karime se sintió agradecida y prometió volver antes de que pudieran echarla de menos. Respecto a la petición de DL se sintió alagada, pero exigió al cambiante que ni se le ocurriera hacer cosas en su nombre, amenazándole con dejarle una bonita marca de su dentadura en su culo.

La libense tardó un día en preparar su marcha. No eran muchos los preparativos que debía llevar a cabo, pero si importantes para ella. El más importante fue el de dejar su habitación sellada para que nadie pudiera acceder a ella, por lo que pidió ayuda a Yrio para que llevara a cabo el trabajo de evitar que, tanto por métodos mágicos como físicos, pudieran entrar en su habitación. Realmente, no se había planteado esa acción si no hubiera sufrido las runas de Tap. En cuanto dejó sus cosas en orden, se puso en marcha, llevando consigo únicamente su parche y el collar de plumas rodeando su muñeca. En cuanto cruzó la puerta de la sede se transformó en loba por completo sabiendo que estaría en esa forma durante mucho tiempo.

__________________________________________________________________________

La loba se mantuvo alerta, pero aparentemente relajada. No quería dar razones a la manada para que se vieran provocados. Adoptaba una actitud de respeto y fortaleza, pero sin verse en ningún momento amenazante. Con pasos firmes se plantó a unos 20 metros de la entrada al territorio de los lobos. Y ahí se quedó. Sentada, firme, pero serena, sin dejar de observar a la manada.

La loba negra se mantuvo en la misma posición durante horas, observando y analizando. Memorizando el comportamiento de los lobos y visualizándose a sí misma comportándose de esa manera. Luego, se levantó con toda la solemnidad de la que fue capaz de disponer y, con paso tranquilo, desapareció entre las calles. Horas más tarde, cuando ya comenzaba a anochecer, la silueta de la loba volvió a aparecer reflejada en una pared medio derruida de una callejuela cercana. Traía entre sus fauces dos cuerpos muertos: una cría de colaespina y la madre, más grande y rellena.

Karime se acercó pausadamente hasta la entrada del territorio donde dejó el cuerpo aun fresco de la madre y se alejó con la cría a la misma posición que había adoptado al principio. Se mantuvo quieta observando cómo los lobos se acercaban y olisqueaban la ofrenda. Cuando el alfa la miró fijamente, ella, con tranquilidad, se recostó en el suelo y comenzó a devorar a la cría de colaespina, aunque paró después de dar un par de bocados. Con ese acto, la loba pretendía mostrar que ofrecía y compartía su comida, así como demostrar que esta no tenía ningún veneno ni sustancia perjudicial. Luego, esperó a que fueran los lobos los que comieran y ella no siguió con su presa hasta que el alfa le hincó el diente a su ofrenda. Desgarrar y masticar carne cruda le resultó extraño al principio, pero al dejarse llevar por su parte lobuna no lo encontró desagradable y no tardó en acostumbrarse.

Durante semanas solo ocurrió eso. Karime cazaba su comida tanto en el interior como en los alrededores de la ciudad y compartía parte de su caza con la manada, cada vez posicionándose más cerca de la entrada de su territorio. El resto del tiempo lo gastaba en observar, analizar y aprender de ellos, poniendo en práctica de vez en cuando los comportamientos observados. Para su suerte, se encontró más de una vez con Seon en sueños y esta le iba informando sobre la situación de Alder y sus amigos, lo que tranquilizaba a la loba.

Poco a poco, la manada se fue acostumbrando a su presencia, hasta el punto de que ella misma empezaba a dejar de verse como una intrusa. No podía comunicarse con ellos, excepto por los métodos lobunos tradicionales, y saltaba a la vista que era diferente físicamente, pero, aunque le había costado, finalmente había conseguido integrarse en la manada. Sabía que llegaría un día en el que tuviera que volver al mundo bípedo y que tardaría su tiempo en regresar. Sabía que, si se iba, cuando volviera todos los avances desaparecerían y sería como el primer día. Pero sabía que en realidad no sería así, que estaba dejando su huella para que la recordaran, para que no la olvidaran.

Esa noche, la magia se palpaba en el ambiente. La manada estaba agitada y la libense con ellos. Pardo y Musgo comenzaron a aullar a su lado y la libense no tardó en acompañarles. A pesar del conflicto inicial con la pareja de lobos, debido a que pertenecían a su misma cosecha, pero al torreón Sendar, la loba negra había entablado cierta amistad tanto con la loba verde como con el lobo marrón. Roja, el alfa, miró a Karime con una orden implícita y esta la acompañó hasta lo alto de un peñasco. Karime se había ganado mudamente una posición de reconocimiento, pero fuera de la jerarquía de la manada. Ambas lobas, seguidas del resto de la manada, aullaron a los vórtices, que rasgaban el cielo dejando entrar y salir a cosechados y cosechadores. Desde su posición privilegiada podían hasta identificar vagamente a las personas que salían y entraban de ellos. Poco después de que los cosechadores terminaran su trabajo, cuando los primeros rayos de luz se atisbaban en el horizonte, la manada comenzó a calmarse, aunque seguiría excitada hasta unos días después. “Hace un año, me estaba despertando en una habitación oscura y ruinosa.” Recordó y se imaginó a los nuevos cosechados despertando y haciéndose las mismas preguntas que se hizo ella.

La manada al completo dedicó unos últimos aullidos a la noche antes de que esta, junto con el portal de la Tierra, desaparecieran y entonces Roja volvió a mirar fijamente a la loba negra y esta no necesitó nada más. Podía irse. Su propósito había finalizado con éxito y había completado su aprendizaje, el alfa le daba su bendición: ya era una loba de verdad. Karime lamió el hocico de Roja, agachó la cabeza en señal de sumisión y aceptación de su mandato, y bajó del peñasco. Frotó el cuello contra el de sus amigos cuadrúpedos a modo de despedida. Sabían que no eran un adiós definitivo, ya que Karime volvería, por lo que la despedida ni se alargó ni se recargó. Un pequeño gesto cariñoso, no necesitaban más.

En pleno amanecer, pudo verse a una loba salir del territorio de la manada e internarse a pasos pausados en la ciudad. Ni ella echó la vista atrás, ni la manada la observó partir. Era como cualquier día normal en el que abandonaba el territorio para traer su ofrenda acostumbrada, solo que ese día no volvería con una presa entre las fauces. Solo Roja vigilaba la partida de la loba negra desde el peñasco en el que ambas habían aullado a la noche.


11 Re: Inmediaciones del castillo el 01/07/14, 12:31 am

Muffie

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Karime sonrió ante el alago del idrino.

- Burbujita, eres realmente encantador y eso hará que algún día alguien piense lo que no es y entonces tendremos un problema, porque no pienso cederte tan fácilmente.- le dijo guiñándole un ojo. Saren no tardó en vestirse y ponerse su piel y, encaramado a la ventana, le invitó a montarle.- Nací preparada, nene.

Saren alzó el vuelo y enseguida Karime comenzó a pedirle que volara más rápido como si fuera una niña. La brisa nocturna acariciaba su piel y el sonido, el calor y la luz que desprendían los pájaros flamígeros al pasar junto a ellos hacia un contraste agradable. Karime indicó al selkie la dirección en la que quería que volara y en poco tiempo estuvieron sobre la zona de la manada, donde los lobos aullaron a modo de bienvenida.

- ¿Quieres que yo te enseñe lo divertido que puede ser volar a ras de suelo?- le sugirió, refiriéndose a que las tornas cambiaran y fuera ella la montura corriendo por las montañas y las inmediaciones del castillo. No pretendía acercarlo demasiado a la Manada, ya que, obviamente, no lo aceptarían, pero si quería que disfrutara de una noche lobuna si era posible.

Siento el doblepost

12 Re: Inmediaciones del castillo el 03/07/14, 01:15 am

Red

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Saren rió internamente ante el entusiasmo de la libense, acelerando cuando se lo pedía y dejando que ella decidiese la ruta. El selkie voló entre los murciélagos flamígeros, esquivándolos con elegancia y sin que apenas se percataran de su presencia, a diferencia de ellos su plumaje oscuro le hacía ser una sombra mas en la oscuridad.

Los aullidos de la manada les recibieron cuando sobrevolaron el castillo, y el roc no dudo en contestar, alzando su voz en la noche. Volar de aquella forma era una sensación increíble, y el chico no se cansaba de ella.
<<Estoy abierto a nuevas experiencias, pero no se yo si esto se puede comparar a correr por el suelo>> —comentó el idrino, reflejando en la mente de la licántropa una sonrisa.

Aterrizó en una calle amplia cuando se lo pidió la muchacha, y tras un par de aleteos para desentumecer las alas, el chico revirtió a su forma idrina. Tardó unos segundos en acostumbrarse a la falta de luz, pues sus sentidos en forma de roc eran mucho mejores, pero para cuando hubo guardado la piel su vista ya se había acomodado.
¿Estas segura de esto? —le preguntó— Peso mucho y eso, no quisiera que te lastimaras la espalda —añadió con una sonrisa burlona.

Antes de que le respondiera, el chico se agachó y recogió una pluma negra, guardándosela a continuación en el bolsillo. No era frecuente que perdiera plumas, solía tener cuidado con eso, pero cuando se le caían solía recogerlas. Se había convertido en una manía.

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