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La última canción

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1 La última canción el 13/03/18, 02:00 am

Goliat

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Hacía a penas unas horas había estado en lo más parecido a un coma. Ahora, aún temblando como un potro recién nacido, Rox había vuelto a la vida y era capaz de moverse con relativa soltura. Su cuerpo tenía leves tics que con el tiempo se iban suavizando, mas hasta que no desaparecieran del todo parecería Bambi los primeros minutos de la película. Las articulaciones le molestaban por la falta de movimiento tras 4 días en cama, asi como por los efectos aún en proceso de su recuperación, y acciones tan simples como subir las escaleras o estirar un brazo resultaban en calambres similares a las agujetas, pero no podía quejarse ni mucho menos. Al contrario, incluso con una rehabilitación que hubiera requerido de meses y más cantidades de dolor habría estado satisfecho.

El susto eso sí, no se le había pasado, y el coreano se sentía una bomba de sentimientos a punto de explotar. Estaba vivo, se había librado otra vez de la muerte, y esta vez por muy poco, pero por otro lado, Hyun parecía haber sido el precio a pagar a cambio de su suerte. ¿Se había perdido por su culpa?
Quería llorar, sin tener claro si de alegría o del miedo concentrado. Aunque antes de desahogarse necesitaba hablar con alguien concreto. Tenía preguntas y cosas que dejar dichas.

Dar con el irrense no fue una tarea difícil. Se encontraba en la sala de entrenamiento, haciendo lo propio del lugar a pesar de las horas y el jaleo de todo el día. Rox supuso que era una forma de evadirse a pensar: él mismo lo ponía en práctica a menudo.

Milo. —le llamó desde la entrada para captar su atención—. Me han dicho que fuiste tú el que encontró mi cura.
Sonrió con suavidad, apoyándose en el borde de la puerta para evitar fallos en sus piernas.
Gracias.


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2 Re: La última canción el 24/03/18, 01:18 pm

Red

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Los golpes resonaban amortiguados en la sala de entrenamiento cada vez que los puños del irrense impactaban contra el muñeco de prácticas acolchado. Era tarde y había sido un día difícil, pero a pesar de todo Milo se había escaqueado de sus compañeros y había subido allí arriba para poder pensar con tranquilidad. La desaparición de Hyun era en lo único que ocupaba su mente, en realidad, pues Rox estaba fuera de peligro y el dudoso trato con Rutilante parecía una nimiedad comparado con el destino del coreano.
¿Dónde te habrás metido? —se preguntó entre golpe y golpe, ensañándose con su rival de trapo como si él tuviera una respuesta para aquella pregunta.

Habían buscado al medio estadounidense durante horas, volviendo sobre sus pasos una y otra vez por si se les escapaba algo, pero al final de la jornada no habían dado con nada. La escasez de luz les había obligado a volver, pues moverse de noche por aquella ciudad era una invitación descarada al desastre, pero habían acordado retomar la búsqueda en cuanto se hiciera de día.

Una voz en la puerta lo sacó de su ensimismamiento y el norteño regresó a la realidad. Casi todos los letarguinos ya estaban durmiendo, pero aquel era el último al que esperaba ver en pie.
¿Qué haces tu despierto? —inquirió con una media sonrisa—. Deberías de estar descansando y no dando las gracias por tonterías, Rox —respondió, quitándole importancia a su hallazgo con un gesto de la mano—. Todos salimos a buscar una cura y tu habrías hecho lo mismo por cualquiera de nosotros, así que olvídalo. —murmuró, dedicándole a Rutilante un pensamiento fugaz mientras se rascaba el brazo en el punto donde lo había perforado el cuerno del unicornio.

3 Re: La última canción el 08/04/18, 03:16 am

Goliat

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Ya he descansado bastante. Llevo días en cama, y hoy he estado a punto de dormirme para siempre. —dijo, con una pequeña sonrisa en la cara. Quería responderle de la misma forma, en tono despreocupado y bromista, aunque acabó oscilando más entre la seriedad y un miedo no muy sútil. No iba a superar la experiencia tan fácilmente—. No me apetece pasar un minuto más en la cama.

Se acercó al irrense, y una vez le tuvo a mano le golpeó en la nuca. No fue sino una colleja torpe, salvada solo porque sus músculos no respondían como debían.

Calla y acepta las gracias, caragato. Le he dado las gracias hasta a los renacuajos por entretenerme cuando no podía hacer nada, y mira que cuando me comían la oreja a tonterías quería estrangularlos. Ahora hazme el favor y no hagas como si nooo, no pasa naaada Roooox, es una tonteríiiiiaaaa Roooox. —añadió, cambiando el tono a uno de burla más agudo—. Porqué no lo es.

Otra sonrisa, esta vez sincera. No quería molestar al irrense, más aún si lo que Milo buscaba era estar a solas: había sido un día duro, y podía imaginarse el peso de culpabilidad que sentiría por lo de Hyun. Pero el australiano necesitaba ser egoísta, al menos por unos minutos.

Si llegas a tardar media hora más... no sé, a saber que habría pasado. Me creía muerto, ¿sabes? —tragó saliva y se mordió el labio, mirando al suelo—. Dejé de sentir nada.

Respiró profundamente, controlándose para no desbordarse tan deprisa. El incidente con Verael había sido terrible, pero ni siquiera entonces, con el nublino medio monstruo, una casa en llamas y el psicópata que mató a Drake había estado tan cerca de morir como lo había estado el día de hoy. Bajó la cabeza y se presionó el puente de la nariz, tapando sus lagrimales antes de que sucediera.

Asi que acepta tu parte de mis gracias o te juro que me voy a inflar a llorar. Y no... no me apetece que veas el espectáculo. —murmuró.


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4 Re: La última canción el 22/04/18, 10:38 pm

Red

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Milo escuchó en silencio a la coreana, consciente del miedo que había pasado mientras su cuerpo dejaba de responderle poco a poco, y cuando se acercó a darle una colleja no hizo amago de esquivarla. Fue un golpe flojo, pues aún no había recuperado todas sus fuerzas, pero le alegró verla tan activa. Sus palabras, sin embargo, le asustaban, y recordar que había estado a punto de morir no era algo a lo que quisiera darle vueltas. No quería verla en aquel estado y tampoco quería verla llorar, así que optó por su salida habitual; esbozó una amplia sonrisa y le quitó hierro al asunto.
Vaaaale, acepto tu agradecimiento —cedió al final, alzando las manos en señal de rendición—. Pero solo si sigues sonriendo, ¿de acuerdo? Si no te lo devolveré y no lo aceptare jamás. —aseguró en tono de broma, fingiendo resolución mientras se rascaba la nuca.

En aquel momento empezó a ser consciente de lo cansado que estaba, pues a la extenuación del entreamiento y a la carga física del día se le sumaba la maldición del unicornio. Milo no era consciente de esta última, no del todo al menos, pero sentía las piernas pesadas y decidió que era un buen momento para pararse a descansar.
Admiro la resolución que demuestras al estar caminando a estas horas, pero este mundano irrense necesita sentarse un rato —masculló, apoyándose en la fresca pared de piedra y dejándose caer hasta el suelo—. ¿Quieres hacerme compañía un rato? —inquirió sonriente.

El norteño aun jadeaba debido al esfuerzo, pero logró sobreponerse a la debilidad que le sobrevino después de sentarse y se estiró para alcanzar el cubo de agua fría que se había subido desde el patio antes del entrenamiento.
¿Y qué cosas te contaban los niños cuando estabas en cama? Tuvo que ser terrible, sin duda, pero siento curiosidad. —comentó burlón una vez hubo apurado el primer trago, palmeando el suelo a su lado en una clara invitación.

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