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EL SALTO 2: Antes de la 4ª Cosecha.

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1 EL SALTO 2: Antes de la 4ª Cosecha. el 15/09/12, 04:54 pm

Yber

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GM
La luna todavía se veía majestuosa sobre el cielo el día que Giz se encontró con el animal que ahora no se despegaba de él. Había notado una fuente de magia constante que hacía trabajar a su gola durante tantas horas como se mantuviera cerca de Serpentaria. No parecía tener ninguna colateralidad ni ser fruto de algún hechizo largo y duradero, lo que llamó altamente la curiosidad del asreniano. Era como magia en bruto.

A los dos o tres días de conocer a los nuevos habitantes de la ciudad, decidió curiosear la fuente de dicha magia. Se trataba de un animal mamífero bajito, cornudo, con su par de cuernos cubiertos de esquirlas y que jugaba levemente con la luz para hacerse casi invisible a los ojos de nadie o crear ilusiones sencillas, para poder cazar así a sus presas. Tenía un par de alas como las de un insecto, pero parecía no saber usarlas. Buscando en bestiarios terrestres acabó decidiendo que se parecía bastante a una cabra y a una libélula. Pero no supo de ninguna especie ni terrestre ni extraterrestre que fuera exactamente igual.

Había estado bajando a darle comida de la que sobraba del torreón, durante varios días después. Tan solo le costó un par de ellos, y un puñado de restos de verduras y hortalizas destrozados, descubrir que era un animal carnívoro. En estos primeros encuentros, el animal se mostraba algo violento, pero en tan solo un par de semanas, la cabra acabó por entender que Giz era una mejor fuente de alimento que sus propias técnicas de caza y camuflaje. Al final la cabra acabó apegándose a Giz de tal manera que tuvieron que apañárselas para que pudiera pasar al animal a Serpentaria. Después de pelearse con los muebles más hoscos, y ganar dejándolos astillados, la habitación de Giz acabó por adaptarse a ella.

En un intento del lagarto por descubrir la verdadera especie del animal y no una aproximación inexacta, acabó descubriendo una rama de la magia que despertó su poco sana curiosidad. Se llamaba genemagia y parecía ser la culpable de que su animal estuviera vivo y fuera único en su especie. Poco a poco se fue interesando por ella, hasta el punto de que dejó los entrenamientos físicos en la bahía y se llevaba libros allí para estudiarlos mientras el resto se daba con palos o espadas o aprendía a volar. Salvo eso, no faltó a los entrenamientos mágicos o a los momentos random que se daban entre los serpentarios.

Un mes y pico después fue consciente de que con la teoría de los libros que tenía no sería capaz de hacer nada, necesitaba conocimientos menos mágicos para poder entender lo que decían los manuales genemágicos y la única, o la mejor, manera de adquirir conocimientos sobre genética, era hacer un viaje particular a un mundo vinculado.

Su forma de pensar en cuanto al “secuestro” de gente le había parecido siempre clara e inmutable y lo había dejado ver claramente al mostrarse en desacuerdo con la llegada de Tania, Elunin o Yroh a la ciudad. Pero ahora, con la curiosidad en efervescencia por lo que podría llegar a conseguir y una forma bastante egoísta de pensar, acabó decidiendo que traer a alguien de su provecho a Rocavarancolia no era algo tan descabellado o inmoral. Tuvo que pedir audiencia con el consejo y estos, lejos de mostrarse reacios, financiaron sus intereses con el permiso para la incursión y un ayudante peculiar: Demoleo Iteca.

La incursión tuvo lugar, como no podía ser de otra manera, en el día en que llegarían los nuevos cosechados. Demoleo y Giz cruzaron el portal hacia la Tierra y se desplazaron muy al norte, teniendo en cuenta una serie de precauciones en forma de hechizos de invisibilidad y sucedáneos para evitar ser vistos o detectados de ninguna manera. A la vuelta de la Tierra, Giz llegó acompañado de una catedrática de genética de mediana edad que, gracias a Demoleo, estaba tan convencida de que quería venir como Giz de que quería traerla. También habían venido con él una camada de gatos recién nacidos que se encontraron abandonados en una caja, cerca de un contenedor de basura. A Giz le dieron pena y pensó que tendrían una vida mejor si él los cuidaba (y los utilizaba para hacer avances con sus hechizos nuevos). Total, ya estaba la cabra, ¿qué más daban unos pocos animalillos más? Además les daría con su magia la oportunidad de destacar en la ciudad como no podrían hacerlo jamás entre terrestres. Era la decisión más correcta. A su entender, al menos.

Miloslava, nombre de la mujer que Giz había traído con él, era una mujer de mediana edad y que, a pesar de haber venido a la fuerza, había visto en este extraño rapto el atisbo de una oportunidad sin precedentes. Esta, se “hospedaría” en el castillo, lugar donde impartiría sus clases particulares. Junto con ella, se quedaron todos los libros de texto y manuales que Giz había podido coger antes de volver.

A estas alturas, un día después de su incursión y la llegada de los nuevos inquilinos a la ciudad, Giz volvía de su primera y complicada clase en el castillo...


_________________________________________

No llores por no poder ver tu pierna,
las lágrimas te impedirán ver los cadáveres de tus amigos.

Giniroryu

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GM
La noche en la que salió la Luna volvimos a Serpentaria con Tsusu como nuevo compañero. Azura se desdobló poco después sin que fuéramos testigos de ello y tan sólo lo supimos porque volvió a utilizar sus habituales tonos azules en la ropa y su maquillaje. A partir de ese día se volvió cada vez más introvertida y lo único que hacía era entrenarse duramente en solitario. Los días pasaron sin que notásemos ninguna mejora en su actitud y las pocas veces que intenté entablar una conversación con ella no dieron fruto. Estábamos preocupados por su aislamiento, pero pronto comprendimos que no podíamos hacer nada para evitarlo. Así mismo nos preguntábamos qué sería de Pyro, pero igual que con Azura tampoco sabíamos mucho más a parte de que estaba en la Sede como su antigua tocaya.

Traté de ignorar el comportamiento de Azura tratando con el resto de mis amigos como de costumbre, pues los demás por suerte seguían siendo los de siempre... Eso si no contamos la repentina desaparición de Nia. Dedicamos una semana entera a buscarla después de los entrenamientos pero parecía haberse esfumado. La preocuapación por el paradero de Nia se sumaba a la preocupación por Azura, pero nos dijimos que ya había hecho algo parecido en otra ocasión y con ese pensamiento intentamos tranquilizarnos.

Tampoco había cambiado nuestro vertiginoso ritmo de entrenamiento, aunque sí algunos de los participantes. Se nos habían unido Vacuum, Tsusu y Wen. Entre Adara y yo enseñamos a volar a estos dos últimos. Me esforcé por tratar de ser un buen maestro de vuelo, utilizando las técnicas que me había enseñado Adara y dándoles consejos de cosecha propia. Sin embargo tuvimos que ingeniárnoslas para enseñar a volar a Wen, ya que su anatomía en forma de serpiente difería mucho de la nuestra y por tanto no servían los mismos ejercicios que habíamos practicado cuando era yo el alumno. Actualmente ambos podían volar decentemente aunque no podían hacer muchas virguerías. Tampoco es que lo necesitasen tanto como yo, por ejemplo, debido a la naturaleza de sus transformaciones. Yo también seguí mejorando mi movilidad en el aire, consiguiendo ahora atacar mientras volaba con mucha más eficacia que antes. Así mismo había mejorado notablemente lanzando las plumas, tanto en puntería como manipulándolas con magia.

Durante este tiempo también volví a bajar a los subterráneos en un par de ocasiones para conseguir algo más de magia. Ya no me resultó traumático como la primera vez, pero, aunque lo disfruté, al terminar siempre me quedaba una sensación extraña que no sabría describir. Tal vez un residuo de mi antigua mentalidad al respecto.

Giz, por su parte, había abandonado por completo los entrenamientos físicos para dedicarse enteramente a la magia. Pronto se interesó por una rama específica de la magia conocida como “genemagia”. Cuando nos contó la incursión a la Tierra que planeaba hacer me sentí tentado a acompañarlo, pero lo cierto es que seguramente sólo sería un estorbo, por lo que finalmente no lo hice. Cuando volvió trajo con él a una humana científica engañada por los poderes de Demoleo y también una camada de gatitos. Los gatitos se sumaron a la extraña cabra mágica que ya se había convertido en la mascota de Giz. Giz quería utilizar a los gatitos para sus experimentos con genemagia, sin embargo acabé pidiéndole que dejase a uno en concreto como estaba. El gato en cuestión era blanco y negro y ahora dormía en mi cuarto todas las noches. Un día se había escapado de la caja donde los guardaba Giz y yo lo había recogido y llevado a su sitio. Sin embargo cuando me disponía a salir de la habitación noté como algo me arañaba la pierna: allí estaba de nuevo. Escenas similares se repitieron en los siguientes días por lo que acabé quedándome con el gatito, al cual puse de nombre Odín.

Así mismo durante este tiempo preguntamos a Tsusu acerca del nivel de magia de la gente de su cosecha, excluyendo a los que no habíamos visto cuando los espíamos. No le dijimos que habíamos apostado con su supervivencia, sin embargo. Con su información supimos quien había perdido la apuesta…



Última edición por Giniroryu el 16/09/12, 06:15 pm, editado 1 vez

Tak

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GM
Después de nuestra visita a los nuevos bendecidos por la Luna solo volvimos a ver a unos pocos de ellos. Tanto Wen como Tsusu pasaron a ser nuestros compañeros en los entrenamientos, aunque también se nos unió Vac. Aprovechándome de eso pude manosear a Feliks casi todos los días, acariciando sus suaves plumas y rascándole bajo el pico. Los nuevos chicos poco a poco fueron cogiendo confianza con nosotros, y me agradaba tener nuevos compañeros, sin embargo había dos ausencias que se hacían notar más que eso. Nia desapareció tras la salida de la Luna sin siquiera avisar… de nuevo. Azura no tardó tampoco en volver a desdoblarse y la nueva Pyro desapareció de nuevo aunque sabíamos que vivía en la sede. La actitud de Azura a partir de entonces fue muy preocupante. Se distanció de nosotros y prácticamente no volví a hablar con ella, no sabría qué decirle, pero nos tenía preocupados a todos, así como la Pyro que, aunque era Pyro, había sido hasta entonces la chica que yo conocía. También salimos a buscar a Nia al mar, pero no llegamos a encontrarla. Se había llevado a sus morenas, y supusimos que se iría al mar de nuevo, pero me pareció increíble que de nuevo no avisara. Llevaba rara desde que había vuelto, parecía que tenía ganas de dejar preocupado a todo el mundo.

Para olvidar las preocupaciones traté de avanzar en lo que había estudiado hasta entonces. Además ver a Giz tan aplicado en aquella magia que había llamado su atención –y también a mí me parecía interesante– me dio ánimos para seguir practicando magia al volver de los entrenamientos por muy cansado que estuviese. Además las dos quimeras que me trajo Siloco fueron muy útiles no solo en los propios entrenamientos, sino para ver cómo estaban hechas y tratar de imitarlo con los conocimientos que tenía. Para conseguir hilo tuve que deshacer con cuidado una camiseta y preocuparme de no despilfarrarlo. De todas formas todo lo que hice fue como derrocharlo, porque ninguno de mis intentos de quimera fue medianamente usable, incluso consultando un par de libros que tenía a mi alcance en la torre. Aun así llegué a mejorar bastante en el tema de coser carne. En realidad me parece gracioso el hecho de que Giz y yo estemos haciendo lo mismo pero de diferentes maneras. Aunque crear seres vivos es más propio de Giz, yo estoy y siempre estaré ligado a la muerte, algo que hace ya un año que él mismo me había recordado.

Dos meses después tuvo lugar la noche de la cosecha. Esta vez no di con ningún asreniano que cosechar, y no me gustó la sensación de quedar como un inútil entre los cosechadores. Sin embargo y por suerte la cosecha fue buena. Pero esa no fue la única sorpresa que me encontré al volver, Giz había viajado a la tierra y ahora iría a clases de genética con una científica de nuestro mundo. Además de eso parecía haber aumentado la lista de mascotas con una camada de gatos con la que toda Serpentaria quedó encantada. Eran unos animales adorables, y de hecho Noel se quedó con uno de ellos. Por desgracia solo los podía mirar con envidia, no quería quemarles el pelo. Aunque ellos se acercan a mí para tumbarse al calor y resulta bastante frustrante tener sus cuerpecitos peludos cerca y no poder tocarlos con mis propias manos como hago con Feliks. Eso hizo que me preguntase si Giz sería capaz de crear un animal que no se quemase al tocarme o algo así, y todavía tengo pendiente hablarle sobre ello.

Además después de esos dos meses no habíamos olvidado la apuesta que habíamos hecho en Maciel. Puede que tuviéramos aquello un poco olvidado después de lo que pasó con Nia y Azura, pero cuando recuperamos de nuevo el humor conseguimos sacar a Tsusu información acerca de sus compañeros, y sabiendo eso ya podíamos comparar con el papel de nuestras apuestas, que hubo que buscar porque al menos yo no recordaba muy bien las mías.

Lupin

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Han sucedido ya unos dos meses desde que salió la última luna. De los nuevos cosechados, Tsusu fue a la Torre Serpentaria e incluso acogieron a Wen en el burdel. De los demás que vimos no sé nada. En los entrenamientos, se nos unieron tanto la serpiente alada como el drake, así como alguien de mi generación que no me esperaba: Vaccum.
Me sorprendí un día cuando vi que alguien similar y vestida como la difunta Pyro regresaba al minarete donde resido. Recordé que se volvían a desdoblar en caso de que una de las dos muriera, pero aun así no deja de ser chocante. Al mismo tiempo que sucedía esto, notamos que Azura cada vez estaba más distante, casi no habló nadie con ella durante este tiempo.

Volviendo a los entrenamientos, estos dos meses estuve más concentrada en hacer que tanto Tsusu como Wen aprendan a volar, aunque repartí casi a medias el entrenamiento con Noel pues vi que se desenvolvía bien. Al final, entre los dos logramos que aprendieran a moverse en el aire, alzarse y aterrizar. Cuestión de practicar, a partir de ahora.

También logré meterme en un nuevo sistema rúnico más complejo que otros que usé, incluso con algunos puntos que se escapan de mi nivel mágico. Exactamente, este no es un sistema sino más bien un conjunto de runas que se utilizan junto con otra que funciona a modo de identificación personal de cada mago. Esta grafía enlaza las diferentes runas usadas por el usuario, que a la vez tiene esta runa atada a su persona e incluso puede usarla con otros objetos que le pertenezcan. En el caso de la mía, tiene la siguiente forma.
Runa:

Los primeros usos que le doy a esta runa es conjuntándola con una que permite mover los objetos a voluntad, como si fuera telequinesis. Al principio me es costosa de usar porque requiere mucha concentración y visualizar el movimiento que quieres que haga el objeto mientras le transmites poder para que lo realice. Tengo que ir cada poco tiempo a regenerar mi magia en algún mundo vinculado (principalmente Varmania, que es en el que me desenvuelvo mejor), pero con la práctica voy logrando controlarlo de forma cada vez más instintiva y optimizando la magia consumida.

A continuación paso a investigar una runa que actúa como de cámara. Esta permite visualizar lo que hay enfrente de ella desde cualquier parte de la ciudad cuando lo desee el mago. Estas “cámaras” se pueden enlazar al propio cerebro y así ver lo que pasa en una como si de un tercer ojo se tratara, pero tiene una serie de desventajas entre las que se incluyen dolores de cabeza cuando no se está acostumbrado. Por otro lado, se pueden enlazar a objetos con una superficie reflectante como los cristales.

Me decanto por esta última opción y, después de considerar distintas posibilidades e investigar un poco en la biblioteca, decido buscar algunas viejas gafas de estilo similar a las que usan los pilotos de aviones de la Tierra, pues eran utilizadas por algunas criaturas que montaban seres alados y podrían quedar algunas en lugares donde tendrían, como las torres dragoneras. Mirando viejos mapas de la ciudad descubro dónde hay varias ruinas de estos edificios y, aunque me costó varios días, al final di con unas que eran de mi tamaño y no tenían más desperfectos en los cristales que algunas rayas y suciedad que limpié diligentemente.
Spoiler:

El siguiente paso fue dibujar las runas en la parte del cuero de las gafas y encantar los cristales para que estuvieran enlazados. Para ello, justo después de la cosecha, pedí ayuda a Giz puesto que ese tipo de magia se escapa de mis capacidades como ángel negro. Es un hechizo complejo, el encantar los cristales y enlazarlos a las runas, pero traje conmigo el libro en que lo explicaba y le ayudé con su aprendizaje.

Cuando finalizó el encantamiento, estuve probando el hechizo con una runa que puse en la entrada de la Sede y otra en mi habitación. Esta no requería más que un poco de magia para empezar activar la visión y otro poco para desactivarla. Mientras hacía esto, Giz me contó lo que había visto en su visita a la tierra el día de la cosecha. Se ve que esta ha sido mejor que las dos anteriores. Además, no pude evitar querer ver la camada de gatitos de la que me habla el asreniano. Nunca me gustaron especialmente los gatos, pero resulta curioso tenerlos en una ciudad como Rocavarancolia.

—Me temo que voy a tener que deberte dos grandes favores, Giz —le digo mientras agarro a una gatita atigrada de colores grisáceos, con algunas manchas de color anaranjado. Mi amigo no se niega, pero a cambio me sentiré muy en deuda con él. Me llevo el animalito a la Sede y ahí lo instalo en la habitación, pero creo que no voy a impedirle que se vaya por cualquier lado del minarete. Ahora un nombre… Estuve considerando varias posibilidades mientras volvía a la torre, pero al final me decanto por una que me pareció muy graciosa al fijarme en que la gata ronroneaba bastante: Purr.



Última edición por Lupin el 17/09/12, 06:26 pm, editado 1 vez

Cain

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La nueva Luna había traído nuevos inquilinos. Después del rescate de la vouivre, al que le había seguido también el de una pequeña ghoul a la que habían bautizado cariñosamente como ''Sobras'' llegaron grandes cambios al burdel. Cain estaba ya completamente recuperado, pero usaba a sus demonios con moderación, intentando no abusar de los diablillos que chupaban demasiada energía y hacían más bien poco.

Su plan de reformas salió a las mil maravillas gracias a la colaboración de todos; lo inquilinos y empleados se instalaron en el piso más alto, mientras que los intermedios estaban reservados para los clientes. También se ampliaron las termas y se dividieron para que hubiese más intimidad. Se hicieron pequeñas reparaciones, se sustituyeron techos, cambiaron telas, suelos y decoración. Cain dedicó largas horas en decorar las paredes con grandes murales, algunos con escenas eróticas para las que posaron con las prostitutas del lugar. Ahora que tenía materiales buenos a mano, quería recuperar su pasatiempo preferido, y pronto su propia habitación se llenó de dibujos, bocetos y pinturas, tanto retratos de todos sus amigos, como paisajes, dibujos inventados o una guía ilustrada de sus propios demonios que aun no había completado, por evitar invocar a los más poderosos para algo tan tonto.

En ese tiempo, pudo hablar a solas con Vacuum y aclarar las cosas. El hado se lo tomó bien y decidió quedarse en el burdel para ayudar en lo que pudiera, ya fuera con las reformas, la seguridad, la administración o cocinando para todos. Elliot, por le contrario, prefirió seguir en solitario y se mudó apenas una semana después. Nadie la detuvo, pero Cain deseaba no perder el contacto del todo.

En general, el negocio iba bastante bien, las dos chicas nuevas se habían adaptado rápido a sus nuevos cuerpos y habilidades y trabajaban diligentemente; Wen en la seguridad del local y Sobras con la limpieza, disfrutando de la consciencia que le daba la sangre de Jack.


_________________________________________

Y con este nombre yo te maldigo, y ni tan siquiera la muerte podrá librarte de tu condena, pues todo aquel que intente matarte recibirá siete veces tu castigo.

Muffie

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Desde el mismo momento en el que siguió al vampiro y al hado hacia el burdel, todo cambio para Wen. Durante todo el camino se había concentrado y esforzado en sus movimientos y en intentar volver a ser humana, como le había asegurado el vampiro que podría. Aunque le costó bastante volver a su forma humana, por fin lo consiguió mostrándoles a sus nuevos compañeros de casa una desnuda británica con una gema roja en la frente. Por suerte, Wen, al ver como su ropa interior se destrozaba en su transformación, había previsto ese desenlace y había llevado la ropa que se había quitado en la orilla antes de la transformación en la boca.

El camino junto a Jack y Vac se le hizo ameno por su conversación y sus bromas. A pesar de que Wen no había dejado de ser desconfiada, el poder de la luna y el trato que le daban sus compañeros hizo que Wen se mostrara más amistosa de lo normal, riendo de vez en cuando incluso.

La relación con el resto de habitantes del burdel, tanto amigos de Jack y Vac, como trabajadores, no fue tan mala como Wen esperaba. Resultaba obvio que por su condición desconfiara de todos, por lo que solo hubo cuatro personas en el burdel con los que consideraba que tenía una especie de amistad, similar a la que tenía con sus antiguos compañeros de torreón: Jack, Vacuum, Cain y Norou. Además de la relación que se crea con la convivencia, también estaba en deuda con ellos. No solo le habían dado un lugar donde vivir y un trabajo, sino que también le enseñaban a volar y a defenderse. Hubo una persona del burdel que, aunque apenas veía, no tenía en gran estima: la dullahan. La recordaba de aquel día en el torreón en el que había degollado a un hombre ante la mirada de ella y de Enna. Sleepy Hollow femenina, la había bautizado, pues no sabía su nombre, ni mucho más de ella, pues a la semana de llegar Wen al burdel ella se mudó.

Los entrenamientos con el resto de transformados que había conocido el día de su transformación iban viento en popa, a pesar de las dificultades que la forma de serpiente de Wen presentaba para volar. Vac, Noel y Adara se volcaron en enseñarle, consiguiendo que aprendiera lo básico y más de lo que ella esperaba. A partir de ahí, le tocaría practicar por su cuenta para mejorar su vuelo.

Otra cosa en la que le ayudaban era con el tema de la ropa. Aunque había dejado a tras su fase pudorosa, tampoco le hacía mucha gracia tener que pasearse por ahí sin ropa y llevaba mucho tiempo sin ponerse su pañuelo y sus guantes por miedo a destrozarlos. Adara y Jack le enseñaron y ayudaron a utilizar algunas runas en las que anclaba la ropa de manera que se activaban con su transformación y la vestían y desvestían. Las había hecho de manera que pudiera cambiar de ropa siempre que quisiera, aunque puso como permanentes las de los guantes y el pañuelo, que ahora llevaba alrededor de su frente ocultando su gema.

A parte de entrenar con los transformados y trabajar en el burdel, esos meses se había dedicado a la tediosa tarea de aprender a moverse siendo una serpiente. Gracias a un libro de la biblioteca había descubierto en que se había convertido y que poder tenía, así que lo primero era dominar ambas formas para sacarles el mayor partido. Aprovechaba todo el tiempo que tenía libre para ir al rio a nadar y moverse tanto en tierra como en agua. Descubrió los pozos y con ellos una familia de serpientes a las que se dedicaba a imitar, lo que le facilitó la práctica. Las serpientes se habían acostumbrado tanto a su presencia, que Wen parecía una más. Muchas veces se había replanteado hacerlas sus mascotas, pero era consciente que las serpientes no irían con ella tan fácilmente, por lo que esperaría a que ellas mismas la siguieran.

La verdad era que esos meses habían sido los mejores para Wen. Había entrenado, había descubierto su verdadera naturaleza, había hecho más amigos de los que nunca hubiera imaginado y era libre de ir a donde quisiera. Desde el primer día de su transformación lo había sabido y no le había costado darse cuenta, su sueño había desaparecido.

La última vez que había tenido su habitual sueño del autobus fue la primera noche que durmió como vouivre. Todo fue igual que siempre: la calle, el big ben, la niebla, el autobús, Londres; pero en el momento en el que entró al autobús todos cambió: no había cuatro pasajeros, sino once y Wen conocía a todos ellos: Nasher, Matt, Enna, Tsusu, Lia, Lief, Res, Dys, Cira, Kestel y Kaethe. Lia se bajó en la primera parada, mientras Dys y Res se preparaban para bajar en la segunda. Lief y Cira bajaron en la tercera parada y Kestel en la cuarta. El autobús se detuvo de repente y sus compañeros empezaron a bajar del autobús. Wen les siguió hasta la puerta, donde vió como cada uno que bajaba se iba transformando. Entonces, el conductor se levantó dejando ver su cara. Era nada más y nada menos que el yonki que la cosechó. Con una sonrisa dijo “Este es el lugar al que perteneces.” Y entonces Wen bajó y despertó.

Leonart

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No era sino, la desesperación quien conducia a Nia en minutos antes de que decidiese su destino. Apretando los puños fuertemente, entró a escondidas a Serpentaria, recogio sus cosas, preparó a las morenas para el viaje y salio sin mirar atrás. La vida de la ciudad no habia sido más que un chasco para ella. Habia estado casi igual de sola y habia visto todo su trabajo tirado por la borda por la crueldad de la misma. La naturaleza le parecia mil veces más justa y sabia. En esos momentos, preferiria haberse liado a puñetazo limpio con una criatura abisal que quedarse un minuto más en la ciudad.
Levitando en dirección al mar, pronto su brisa rocio su nariz con ese terrible olor, el olor del mar de rocavarancolia que, aunque despiadado y cruel, tenia una belleza única que no habia en ningun otro mar salvaje. Ni si quiera pensó si alguien la echaria de menos, para ella, los únicos amigos que habian estado siempre para escucharla eran sus morenas Floatfred y Jetfred. Con este pensamiento egoista, Nia dejó bien atrás la ciudad, no sin antes descargar su injusta ira con un par de sirenas que se entrometieron en su camino de nuevo, pensando que habian recuperado su territorio.
Dejando caer lo que quedó de la sirena después de desahogarse con ella, se llevó las manos a la cara y lloró durante una buena hora. Las morenas fueron a dar un nado por la cercania mientras la náyade recuperaba su camarote en el barco naufragado. Todo estaba como lo dejó, salvo quizás por algun polizón que no tardó en echar. Se tumbó en la cama a pensar, que haria de ahora en adelante. No pudo pensar en nada de eso, puesto que sus ideas se iban en la distancia, pensaba en Gael y los demás, en Harm, en su familia que le echaba de menos en Ulterania. La almohada que se puso por encima de la cara silencio en mayor o menor medida el grito de impotencia, pero una buena cantidad de burbujas aparecieron. Agotada mentalmente, Nia permaneció, como en un velatorio, quieta.

Mientras, en otra parte de la ciudad, lejos del sonido de las olas rompiendo, en la sede, el olor a polvora y las espontáneas explosiones era ya un hecho repetido. Toima y Tania trabajaban lo mejor que podia con los materiales que tenian en sus manos, intentando crear el explosivo adecuado, dando palos de ciego. Más de una vez, habian ido al entrenamiento con alguna quemadura y con parte del pelo chamuscado. Mientras que Tania procuraba disimularlo, aquello no le traia la más remota importancia al Kaiser, que no escondio lo que estaba preparando a los demás. Primero, tuvieron que conseguir carbón, y para ello, el ulterano salia a recolectar leña y traia troncos enormes consigo que pronto eran procesados y transformados en carbón, que más tarde seria pólvora. En los dos meses que estuvieron trabajando laboriosamente, apenas pudieron darse cuenta de lo mucho que estaba cambiando la gente de su alrededor. Toima tenia la vista fija en el futuro, un futuro de gloria, como cuando se previene, turnos atrás, una victoria en una partida de ajedrez. Toima ya tenia a sus alfiles, torres, caballos, rey y reina, solo que ellos aún no lo sabian. La espectativa de la guerra hacia que el albino sonriese felizmente, mostrando siempre o casi siempre, la dentadura. Tania fue cambiando tambien, lentamente, la compañia del ulterano estaba cambiando su punto de vista en muchas cosas y ya no se reconocia a si misma, pero su caracter apenas cambio, pues aun conservaba los ideales con los que creció y se crió. La nublina comenzó a tratar más formalmente a los demás cosechados, tras una larga batalla consigo misma, cosa que agradó aparentemente a todos.

Ya estaba cerca, la guerra podia olerse en el aire.

La idea de quedarse a ver como nuevos niños eran arrebatados de su hogar repugnaba a la náyade que quiso escaparse de la ciudad por un tiempo, no sabia cual. Habia pensado volver a ver su planeta, a explorar sus aguas, a visitar su familia y, quizás, hacer otras muchas cosas que echaba de menos, pero cuando fue hacia el portal, el guardia le dio una directa negativa, alegando que el consejo habia decidido que era demasiado peligroso sin una autorización del consejo. Una muy indignada Nia volvio al castillo, esta vez, sin miedo ni preocupación, solo enfado y solicitó, de la mejor manera que pudo, una autorización para mapear el fondo marino, asi como para la elaboración de un completo bestiario de las aguas profundas y zonas polares del planeta, zonas muy deshabitadas, en las cuales era altamente improbable que se cruzase con nadie (al menos ulterano) El consejo aceptó y, aunque por una parte a Nia le dolio la idea de no poder ver a su familia (de nuevo), le agradó mucho la visita y recopiló un amplio bestiario de flora y fauna, reunido en tres libros, en los cuales contaba su experiencia al haber visitado esos lugares que nunca nadie antes habia visitado. Dos meses después, cansada de nuevo por todo el trabajo que aquello le habia supuesto, volvio, no solo con peso extra, sino que se habia traido consigo varias formas de vida de Ulterania, sin contar un cayado de hueso más alto que ella y multitud de frasquitos y pócimas nuevas que habia desarrollado con los materiales que habia encontrado en el viaje, sin contar que se habia traido además, la materia prima para fabricarlo de nuevo.
Se presentó de nuevo al consejo, mucho más relajada que la última vez, y les dio los resultados que o bien, les servirian para algo en el futuro, o por lo menos verian que tenia buenas intenciones para con la ciudad y colaboraba de la manera que veia en la que seria más útil.
Salio del castillo por tercera vez, suspirando. Iba a tomarse unas vacaciones. De todo. Su investigación no podia avanzar sin ciertos materiales avanzados, tal y como se lo habia expuesto al consejo. No le dieron una respuesta clara de si harian algo para solucionarlo, pero aquello a Nia no le importó. Cuando pensó en volver de nuevo al mar, se acordó de cierto lugar con nostalgia, el único momento en el que a su viejo amigo Harm sonrió y dejó de fruncir el ceño: La Casa Gamides.



Última edición por Leonart el 18/09/12, 09:53 pm, editado 1 vez


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TFW le pones dos velas a la Virgen pa que os saque de aquí pero a un ingrato le da por ser ateo
Spoiler:

Elliot

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Todo había acabado. Elliot notó como el mundo se le venía encima cuando Vacuum fue a hablar con ella y, con palabras dulces y suaves, como si de veneno se tratase, mató la poca esperanza que le quedaba. Vio como todo lo que le ataba a la realidad y a su pasado se quebraba, quedando suspendida en un estado de completa abulia.

Pasó una semana sin salir del cuarto, sin hablar, sin moverse, sin llorar, convertida en una muñeca de porcelana, recordando a ese tiempo años atrás en el que había pasado los días tumbadas en la entrada del burdel mirando el techo. "Todo empieza y acaba igual, nada cambia, en el fondo nada cambia..."

Al acabar la semana, la niña despertó de aquel extraño trance y se sintió fuera de lugar. Ya no se sentía en casa, ya no estaba en su hogar. No podía evitar mirar a Cain o a Vacuum y sentir como los recuerdos se clavaban en su pecho, afilados como espadas. Elliot no podía morir, pero sabía que lo que notaba cuando estaba cerca de ellos debía ser una sensación muy parecida a la muerte, como si cada uno de los dos le hubiesen arrebatado una parte de su alma.

Se fue al dia siguiente, con una despedida amarga, sin saber realmetne cuanto tiempo iba a pasar sin verles y deseando a la vez poder hacerlo todos los días y no volver a hacerlo nunca. La primera noche la pasó en el Torreón Letargo, vacío en ese entonces. Se sintió muy desilusionada al ver el estado en el que se encontraba. Amaneció sentada en una esquina del tercer piso, sintiendo entonces que aquel tampoco era su hogar. ¿Cual era su hogar ahora? Letargo pertenecía a los cosechados no a los transformados, y en ese momento se le tornaba frío, vacío e inhospito. No podría permanecer más tiempo allí.

Las dos semanas siguientes las pasó de mundo vinculado en mundo vinculado haciendo pagar sus penas a todo el que se encontraba en su camino, de nuevo sin hacer distinciones. Mataba por matar sin pena ni gloria, ni siquiera el poder que recibía le hacía sentir mejor. Volvió a Rocavarancolia sintiendose igual de vacía que cuando había salido y sin lugar donde vivir.

Acabó dando con un pequeño palecete abandonado no demasiado lejos del burdel, pero si lo suficiente como para poder evitarlo. Tenía dos plantas, con un pequeño balcón en la superior. La puerta de madera, en un pasado pintada de blanco, estaba mohosa, agrietada y podrida, para abrirla tuvo que romperla. Dentro olía a cerrado, a polvo... a Elliot le recordó al olor de Letargo cuando entró por primera vez. La mayoría de los muebles no estaban en condiciones de ser usados. Todas las habitaciones estaba llenas de tablas rotas, cristales, objetos extraños e incluso huesos. Tenía un recibidor, un salon bastante amplio con una chimenea, una cocina con despensa, 5 hacitaciones y una especie de baño. No era tan grande como Letargo o el burdel, pero podría servir. En ese mismo momento comenzó a arreglarlo todo y, al menos, mientras limpiaba no pensaba en nada. Tiró todo lo inservible, con la madera de lso muebles rotos, hizo leña para la chimenea, arregló los que pudo sirviendose de algo de magia. Limpió cada pequeño rincón de aquel edificio en una ardua tarea que le costó dos semanas. Cuando terminó, en aquel sitio apenas había muebles, pero todo estaba impecable. Había convertido una de las habitaciones en un despacho donde retomó su trabajo como mercenaria, en el que en poco tiempo se hizo un nombre. Consiguió el dinero suficiente como para acabar de arreglar la casa. Rocavarancolia siempre había sido una ciudad con sed de sangre y muchos pagaban para poder obtener la que ellos no podían derramar por si solos. El numero de muertes iba creciendo a sus espaldas y poco le importaba. Los días pasaban lentos, monótonos, como fotocopias. La niña se preguntaba si tendría que vivir eternamente así. Realizaba todos los encargos que le pedían, se tratase de quien se tratase sin hacer distinciones y con una frialdad digna de cualquier monstruo... hasta que le pidieron que matase a Cain.

Cain había hecho dinero muy rapido y no eran pocos los que tenían envidia, Elliot lo sabía muy bien... pero nunca había esperado que le pidiesen precisamente a ella ese encargo. Elliot había matado cientos de personas sin pestañear, pero por el contrario, no había tenido el valor suficiente para poder volver al burdel. No había visto a nadie conocido desde que salio de allí y muchas noches se preguntaba si ellos le habrían olvidado ya o si todavía le echaban de menos. No quería saberlo, no quería verles, eso solo le causaría daño de nuevo y ella quería seguir siendo fuerte. La niña había recuperado sus barreras y había escondido cualquier tipo de sentimiento tras ella. No había vuelto a llorar ni a reir. Estaba muerta por dentro, sola y muerta. Había sido tonta, se había dejado engañar por esa ciudad... las cosas buenas no podían florecer en un lugar así, pero, por muchisimo daño que le hubiera hecho... por muchas personas a las que hubiese matado, por mucho resentimiento que tuviese, por mucho que hubiese llorado, no podía dejar de querer a Cain... no podía matarle. El nombre del chico impactó contra ella como una bola de demolición haciendo zozobrar sus murallas y sin pararse a pensar en lo que hacía ni en sus consecuencias la cabeza del mercader cayó al suelo. Volvio a llorar, volvió a derrumbarse y todo ese tiempo de calma contenida se le vino encima.

Acabó la noche antes de la cosecha en la taberna, ahogando por primera vez en su vida sus penas en alcohol mientras celebraba la llegada de los nuevos cosechados. Se despertó tirada en un callejón, con una ropa distinta de la que llebaba la noche anterior y el dragón durmiendo delante suya. No se acordaba de nada de lo que había pasado esa noche, pero, a cambio, unos recuerdos antiguos habían vuelto a sus pensamientos junto a la resaca. Recordó a su padre, recordó su vida en aquel mundo gris y aburrido que era la tierra... y decidió ir por esa noche.

Cuando volvió, se sentía mas en calma que nunca. El ambiente vibraba con la presencia de los nuevos cosechados una vez mas y sintió que todo volvía a repetirse, que todo era un ciclo interminable, que nada era necesario ni eterno, sino que cambiaba para repetirse de una forma distinta. Sintió que al mundo no le importaban los deseos de los que habitaban en el, que todo seguiría incluso aunque pareciese imposible, incluso aunque se diese por perdido, que la vida continua por muchas trampas que se le pusiesen, inexorable a las suplicas o sentimientos de los que la viven. Ellos mismos eran la prueba irrefutable de ello. Habían sobrevivido con todas las probabilidades en contra, y ahi seguían, niños debiles, niños sin futuro... pero lo habian conseguido... y aunque hubiesen perecido, la vida continuaría porque nada ni nadie era necesario, porque nadie muere por nadie, nadie vive por nadie y la eternidad es demasiado tiempo para pasarla estancada en el pasado. Porque la vida no se detiene ni se distrae con el ayer.


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Me haré una cama con tus huesos, Invitado, Muajajaj!


Taceant Colloquia.
Effugiat risus.
Hic locus est ubi mors gaudet succurrere vitae.

¡Superpor la aceptación, la integración y los derechy'x Frivy's!

Spoiler:




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