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Raven
Raven

Ficha de cosechado
Nombre: Ethan
Especie: Humano
Habilidades: Buen oído, valor y motivación
Personajes : Ethan: Humano, Ingles/Japonés 1.75

Síntomas : En ocasiones, se le desenfocará brevemente la vista.
Armas : Ethan Lanza partesana y una daga

Status : Ciego y cojo, el chiste se cuenta solo.

De oca en oca y tiro porque Ethan me toca - RV Gakuen (+18)  Empty De oca en oca y tiro porque Ethan me toca - RV Gakuen (+18)

07/06/23, 01:48 pm
La noche estaba siendo cuanto menos, caótica. Desde el inicio aceptando viajar en moto, hasta esos instantes donde se habían convertido en un centro de atención no deseado. Si al Ethan de hace unos meses le dijeran que iba a tener no sólo la libertad, si no la esperanza de conseguir algo más que amistad con Nohlem no se lo habría creído.
Pero ahí le tenía, sacando de la manga una excusa que nadie se creía solo para arrastrarlo lejos de aquel foco. El Londinense le siguió sin rechistar, procesando aún la vergüenza tan grande del momento. Su rostro congelado en la más absoluta timidez se fue tornando en una sonrisa cuando habían cruzado la esquina y esa sonrisa se convirtió en una risa que acompañó a la del gato cuando le escuchó desfogarse.

Si quiera llego a responder bien, asintiendo entre resoplidos para que volviera a besarle. Tan torpe como tierno se juntaron otra vez, pero lejos de tener la misma intensidad que el inicio, aquella cercanía se había vuelto comedia. Y es que las risas continuaron a intervalos irregulares, interrumpiendo el contacto y volviéndose aún más sonoras con las cosquillas que el felino le estaba haciendo en el cuello. Sólo cesaron cuando entraron al despacho. Donde la sorpresa ocupó la primera plana y un Ethan curioso empezó a investigar el lugar.

-Vaya, no sabía que tenías este tipo de gustos... -Le respondió burlón, dedicándole una mirada de medio lado mientras recorría con un dedo una de las estanterías. El lugar era extremadamente elegante y en parte le recordaba al escritorio de su madre. Solo que este rezumaba dinero y contaba con suficiente decoración como para volverlo acogedor. Pronto algo captó su atención, un objeto mucho mejor que los libros o plantas del lugar. Una foto que le arrancó una risa suave, cargada de ternura.

-Oh nooo! Eras aún más adorable de pequeñín! -Tomo el marco en sus manos para observar mejor la imagen, huyendo a carcajada limpia en cuanto Nohlem intentó quitársela. Acabo dando la vuelta en torno al escritorio, hasta que vio a su perseguidor rendirse y confiado decidió apoyarse en el, sin llegar a sentarse. La espalda baja descansaba sobre el costado de la mesa, evitando así pisar o tirar ninguno de los objetos que descansaban sobre la misma. Por respeto al valor y orden que el lugar parecía guardar.

-¿¿Cómo es que nunca había visto yo ninguna de estas?? -Su tono era una mezcla entre sorpresa e indignación, disfrutando de las vistas adorables que le daba. Nohlem se veía tan pequeñito y tierno… Le volvió a enseñar el marco, colocándolo a la altura de su mejilla para acentuar lo adorable de la imagen. -Pero mirateee, no se porque no llevas más a menudo gafas. ¡Con lo bonitas que te quedan, si es que te comía toda la carita!

Esto último lo pronunció en un tono más bajo, con una sonrisa inocente que escondía cierta picaresca. Al fin y al cabo no mentía, ya que no podía achuchar a su versión pequeñita, se conformaba con llenar de besos a la joven.
Kanyum
Kanyum

Ficha de cosechado
Nombre: Nohlem
Especie: Varmano granta
Habilidades: Puntería, intuición, carisma
Personajes :
Jace: Dullahan, humano americano. 1’73m (con cabeza 1’93m)
Rox: Cambiante, humano australiano/surcoreano. 1’75m
Kahlo: Aparición nocturna varmana granta. 1’62m
Nohlem: varmano granta. 1’69m
Xiao Taozi: Fuzanglong carabés. 1’55m

Unidades mágicas : 5/5
Síntomas : Mayor interés por acumular conocimiento.
Status : Prrrr prrrrr

De oca en oca y tiro porque Ethan me toca - RV Gakuen (+18)  Empty Re: De oca en oca y tiro porque Ethan me toca - RV Gakuen (+18)

07/06/23, 09:59 pm
Nohlem no podía no reírse junto a él, porque aunque quisiera ser sexy la situación general se prestaba a lo contrario. Ya solo la torpeza de tener que buscar una llave mientras le besaba era una cosa, pero toda la faena del pasillo y las pintas que llevaba cada uno…

Hm-hm, ya ves… —jugueteó con su colgante, tirando de él de un lado a otro—. Soy polifacético, aquí sentado en mi silla de cuero negro es donde os mando mis reels más esquizofrénicos en baja resolución.

Dejó que el moreno ojeara, atento a cualquier reacción que le indicara que no quería estar allí (y en tal caso llevarle a otro sitio) pero esta no llegó. Mejor, porque el sitio era perfecto. Ni siquiera Kahlo los buscaría en el estudio de su madre. De hecho, tan pendiente estaba de una señal que no reaccionó a tiempo de salvar la foto que decoraba el escritorio. Su madre no tenía expuestas fotos vergonzosas de su hermana y él de pequeños, era una mujer demasiado elegante para eso, pero el bochorno que le daban los comentarios hacia su yo infantil independiente de si estaba desnudo o no seguía siendo inevitable. Ethan había secuestrado a unos mellizos de unos 4 o 5 años que se daban la mano en una playa caribeña. Kahlo tenía el pelo extremadamente largo, unas gafas de sol con forma de flor y un vestido de limones más grande que toda ella, mientras que él llevaba un bañador de ballenas y un gorro blanco de pesca con un montón de peceditos tropicales. Los dos parecían tener como el triple de pecas de las que ya tenían y las piernas llenas de arena.

¡Oye! ¡Trae-! —se la intentó quitar de las manos en vano. Se quedó aguardando al otro lado del escritorio con una risa insonora dibujada en la cara, y al dejar claro que no era ninguna amenaza ni pensaba perseguirle se le acercó despacio, resignado. Un bufido respondió a su pregunta—. Pues porque soy más guapo ahora, perdona. Tú tampoco me has enseñado como eras de pequeño.

Ethan siguió a lo suyo y él rodó los ojos con fingido cansancio, una farsa que no pudo mantener al recibir un cumplido y verse a sí mismo con esa cara de mofletes redondos, de chupar crayones y saberse demasiados dinosaurios. Su hermana por el contrario iba diva hasta con unas gafas de plástico. Sonrió.

La verdad es que era lindísimo, sí… —se acercó más con la excusa de ver mejor—. Era uno de esos niños cucos por los que te apetece tener hijos… —cogió la foto con suavidad, pidiendo permiso con el gesto para que no pareciera que se la estaba quitando -aka, sus verdaderas intenciones-, pero ni con esas el moreno la soltó—. ¡OH, venga ya!

No obstante, toda la parsimonia con la que se había acercado a él había dado sus frutos, pues ahora le tenía acorralado contra el escritorio. No es como si el británico hubiera hecho por huir, pero… Ahora ni de coña podría. Colocó las manos a ambos lados de la mesa, con Ethan en medio, y recortó otro poco las distancias que quedaban.

Si quieres voy a por mis gafas —resopló por la nariz, sonriendo de medio lado con ironía—. Aunque no sé tú pero yo no tengo tanta paciencia como para eso…

Le sostuvo la mirada y su sonrisa vaciló, aunque no tanto como lo estaba haciendo su corazón. Mirar a sus ojos oscuros era casi peor que besarle, pues no había forma de no pensar que era él a quien tenía delante: a Ethan, su mejor amigo, el buenazo del campus, el chico lindo y misterioso de las cicatrices y el bobo del que se había ido a enamorar, el que tanta guerra le había dado por no querer puto pillarse y por el que había acabado cayendo igualmente. Y pensar que en un principio había sido un capricho más, un objetivo por su cara bonita… Que le siguiera gustando con ese polo debía significar algo fuerte.
En un milisegundo se acumularon en la punta de su lengua demasiadas palabras, palabras que incluso cuando todo parecía tan claro seguía temiendo pronunciar. Todo lo que en el cementerio había callado y más. Sus manos se deslizaron de la mesa a la cadera del otro y el tacto rompió el breve y a la vez eterno trance en el que había entrado. Su ropa seguiría húmeda, pero el frío había desaparecido. Exhaló algo parecido a una risa.

No me hagas ir a por mis gafas, por favor —susurró, y lo que iba a sonar como una broma sonó a súplica—. Ethan.

En la mesa en la que habían jugado al beer pong había pedido más, y bajo la forma en la que pronunció su nombre hubo otro implícito. Igual que aquel primer beso que habían tenido en el cementerio, Nohlem tomó su barbilla y le besó, sin prisa. No se dejaría consumir por la lujuria más inmediata, o al menos lucharía contra eso mientras Ethan no se lo pusiera muy difícil, pues era un beso así, a fuego lento, lo que quería devolverle desde hacía meses. Un beso que le permitiera aprenderse su boca, obsesionarse con su cicatriz y el sabor de la última bebida que hubiera probado, uno que le dejara expresarse sin verbos y no fuese acompañado de arrepentimientos ni miradas indiscretas en lugares indebidos. Sus ya comunes ronroneos no tardarían en aparecer mientras se inclinaba sobre él y el calor se adueñaba de su rostro y otros puntos de su cuerpo. Le pegó más contra él, anulando cualquier hueco que hubiera quedado entre las cinturas de los dos al tiempo que sus manos se cerraban con fuerza en torno a su piel y la tela de esa prenda que no le pertenecía. Las ganas de quitársela le hicieron acelerar.

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Raven
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08/06/23, 01:04 am
Pensaba robar esa foto. Nohlem no era consciente de que se iba a llevar ese recuerdo para decorar su propio cuarto. Por ello no dio el brazo a torcer cuando intentó tomarla de una forma menos agresiva, apartando la imagen nuevamente sin moverse del sitio.
La iba a proteger con su vida.

O al menos, eso era lo que se suponía que iba a hacer, porque toda su determinación se esfumó en el aire en cuanto tuvo al gato encima. Una mezcla de sorpresa y deleite se reflejó en su rostro, acentuando un gesto que de por sí ya era alegre. A lo que se  le sumó una sonrisa embobada mientras trataba de contener ambas comisuras para que no invadieran completamente sus mejillas. Le estaba costando horrores aguantar una risa que nunca había desaparecido y la pobre fotografía acababa de quedar abandonada en una de las esquinas del escritorio.

¨Zorro astuto¨ se quejó para sí mismo, pero lejos de buscar alguna ruta de escape se empezó a acomodar en la mesa. Dejándose llevar por aquella complicidad tan magnética que generaba en el ambiente y perdiéndose en el trayecto en unos iris verdosos que apenas eran visibles. El felino era una combinación imperfecta de tantas cualidades que le resultaba imposible que no fuera irresistible: Su pelo cobrizo enmarañado, la multitud de pecas que salpicaba su rostro, aquella sonrisa ladina que de vez en cuando tenía el placer de regalarle. Le quería aún siendo un desastre de ropa mojada y gotas escurridizas, pues esos detalles solo le añadían más encanto.

-No hace falta no, no me gustaría que te me volvieras a perder. -Le susurró de vuelta en un tono que aún siendo humorístico, cargaba con cierta verdad. Ethan no pensaba dejar que se fuera a ningún sitio después del circo que habían montado para poder estar a solas. Aquel riesgo era casi tan alto como las ganas que le llevaba guardando.

Que dijera su nombre fue lo que acabo de rematarlo. Ya no solo por lo bien que sonaba dicho en sus labios, si no por el nuevo significado del que venía dotado. Le había llamado a él, a nadie más que a él. Eran sus caderas las que se veían envueltas por sus manos, su rostro el que levantaba con cuidado, y su boca la que quería besar. Esos pensamientos florecieron como un gentil aleteo en su interior, uno que le hacía vivir la lentitud del momento con una euforia renovada. Correspondió con la misma tranquilidad, reafirmado en un cosquilleo constante del que hacía acopio un corazón desbocado, y es que le quería tanto que el pecho le dolía sólo de intentar aguantar cada nueva oleada de mariposas que luchaban por salir. Tantas estaba acumulando que con los segundos pasando algunas lograban escaparse, convertidas inicialmente en resoplidos divertidos y después en muecas que intentaban frenar la acometida de nuevas sonrisas tontas.

Ethan que en un principio estaba haciendo fuerza con ambos brazos para evitar caer sobre los folios, empezó a dejarse resbalar al ver sus energías escaparse en forma de risas tímidas. Varios papeles se doblaron bajo su peso, pero el ruido que hacían quedó oculto bajo su propia voz ya perdida en batalla.

-¡Ay perdón, perdón! - Trató de disculparse apurado por la situación, abrazando a Nohlem por los hombros para obligarlo a que terminara de bajar a su altura. Ahí le regalo otro beso, igual de profundo pero bastante más escueto para que pudieran seguir hablando. Pegados nariz con nariz, en una distancia justa en la que pudieran vocalizar sin tener porqué perder el calor mutuo. El felino le preguntó por aquella risa floja a lo que el moreno le respondió con unos ojos que a pesar de ser oscuros, reflejaban un brillo lleno de ilusión. -Es que claro, aún no me acostumbro a que te tenga así y la felicidad pues me puede. Quiero decir, si me apetece pues te acaricio. -Como para poder demostrarlo, guió una de sus manos al flequillo anaranjado de su frente. Apartando parte del mismo antes de desplazar la misma palma a su mejilla, donde comenzó a acariciar las pecas que la decoraban. Trazaba pequeños círculos en la misma, hipnotizado por el solo hecho de la libertad de hacer ese pequeño gesto sin que causara malentendido alguno.

-Y si prefiero besarte pues lo hago. -Tampoco esperó respuesta para enseñárselo, conteniendo momentáneamente la torpe sonrisa para volver a unir sus labios con los del felino.  Decidió como pacto silencioso respetar el ritmo que Nohlem había marcado, dejando que el beso profundizara en cada caricia y roce que compartían para centrarse en hacer trampa de otras maneras. Pues la impaciencia contenida de su boca, se vio reflejada en el apego de sus cuerpos.
Una de sus piernas ya estaba empezando a levantarse, buscando el apoyo en uno de los costados de la mesa y permitiendo así que el roce de ambos pantalones fuera más notorio con cada sutil movimiento que hacían. Sus brazos al contrario no podían quedarse quietos, y en búsqueda de seguir explorando todos los ejemplos que no le había mencionado aún a Nohlem recorrieron sus hombros y se adentraron en un pecho que sus yemas ya sabían cómo perfilar. Tantearon con suavidad su piel, trazando un camino juguetón hasta encontrar los inicios de su camisa. Una de sus palmas se quedó apoyada por debajo de la clavícula, pero la otra, sin vergüenza alguna, comenzó a tirar de la prenda hacía el brazo del felino. Tratando de apartarla para que cayera sobre ese lateral. Ya le estaba empezando a molestar que le interrumpiera sus roces de forma continua.  

Cuando volvió a separarse otro suspiro entrecortado a forma de risa se le escapó, dejándose apoyar sobre el manojo de hojas dobladas a modo de almohada improvisada. Estaba rojo, no solo por la situación si no por la vergüenza ante un intento tan pésimo. -Bueno… lo de quitarte la ropa aún está en pruebas. -Le susurro en su boca, en un tono tan bajo que si Nohlem se hubiera levantado no habría podido diferenciar lo que le decía.
Kanyum
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08/06/23, 05:21 pm
No me vas a perder, te lo prometo.

A Nohlem le daban igual los papeles. Incluso si hubieran sido joyas a medio pulir, todo lo que no fuera Ethan sobre el escritorio por él podía acabar por los suelos.

No importa... —masculló sin querer separarse, siguiéndole incluso si tenía que inclinarse tanto sobre el mueble. El beso se vio interrumpido por las pequeñas carcajadas que por alguna razón Ethan no dejaba de soltar, risas que con los nervios, la tontería y la inmensa alegría que sentía terminaron por contagiársele—. ¿De qué te ríes tanto? 

La respuesta hizo que su sonrisa se borrase lentamente, según se iban fundiendo sus neuronas con las caricias y el brillo de sus ojos. Ethan hacía tan fácil como difícil que se mantuviese callado: fácil porque solo le salía desconectar el cerebro y dejarse llevar, difícil porque en cuanto recuperase el habla quien sabe si podría frenar. Nohlem tenía un problema que evitaba distanciándose emocionalmente de los rollos en los que se metía, y es que era un enamoradizo y un ñoño de cuidado. Que su hermana creyera que Abel era una chica a la que había plantado en el altar no era casual. Un tanto extremo, sí, pero no imposible dado su historial. Con el tiempo había mejorado, ya no se dejaba llevar por los fuertes sentimientos pasajeros que surgían del consuelo emocional y la pasión, pero claro, había tenido que llegar Ethan (y en otra medida el imbécil de Connor) para ponerle a prueba. Era increíble que el varmano al que le daba apuro decir “me gustas” por el compromiso al que solía ir ligado fuese el mismo que podía ofrecerte ser más que amigos y estar organizando una luna de miel ficticia tres minutos después. Menos mal que Ethan le besó y no le dejó decir nada inmediatamente.

Cualquier margen de aire entre sus labios se convertía en un suspiro. El ritmo lo había marcado él pero empezaba a resultarle exhasperante, por eso cuando notó el movimiento de las piernas de Ethan no dudó ni un segundo en acomodarse entre ellas, haciéndose hueco adelantando una rodilla que pronto dio paso a su cadera. Por el momento el roce aún era superficial pero con claras intenciones gracias a la tirantez que ya sentía en aquella zona. Le ayudó a subir mejor a la mesa.
Tú puedes hacerme lo que quieras —masculló en un momento dado, una pequeña ventana que no cortaba aquel intercambio.

Tan ensimismado estaba en el tacto que le proporcionaba que tardó en darse cuenta de lo mucho que le estaba costando a Ethan quitarle la camisa, incluso si la humedad se hacía de notar en los puntos donde se había desacostumbrado a ella. Cuando los tirones fueron muy exagerados el pelirrojo se apartó, interrumpiendo el beso y cualquier caricia con pequeñas risas. No llegó a oírle del todo, pero completar la frase por contexto fue fácil.

No, ya, me he dado cuenta —se la quitó (cuestión de segundos al estar abierta) y la dejó caer detrás suya—. Pero podemos practicar todas las veces que quieras...

Le dedicó una breve sonrisa avergonzada en su sinceridad antes de volver a besarle, esta vez profundizando con más ganas. Necesitaba un brazo para apoyarse y no irse de boca contra él, pero su otra mano era libre de viajar por el cuerpo del londinense y eso hizo. Con la palma abierta presionó su vientre, a la altura de su ombligo. Sus dedos se deslizaron arriba y abajo unos centímetros, una provocación a posta que se debatía sobre que camino tomar: ascender hasta su pecho o...

Le dio un mordisco en el labio y tiró de él, besó su cicatriz, la comisura de los mismos y siguió en descenso por su barbilla y cuello. Se ayudó del equilibrio que le proporcionaba ese nuevo ángulo para, sirviéndose de ambas manos, una en su espalda y otra en el borde de la tela, levantarle un poco y quitarle el polo. Lo mejor de que le estuviera enorme es que salía con la misma facilidad con la que se había colado dentro. En cuanto lo tuvo en sus manos lo hizo una bola y lo lanzó lejos. Esperaba que Adam acabase lo suficientemente borracho como para no recordar haberlo llevado, porque pensaba prenderle fuego en cuanto pudiera. Otra cosa buena de que Ethan se hubiese vestido con una prenda tan ancha y fea es que, aunque ya le hubiera visto sin ella, se sentía como si acabase de abrir un regalo. Un ronroneo, un rubor y una sonrisa acentuaron lo mucho que le estaba devorando con la mirada, un vistazo nada discreto que iba del borde de su pantalón hasta sus hombros, deteniéndose en la forma en la que se marcaba la V de su pelvis, el escaso vello y los límites de su ropa interior (la cual se permitió el lujo de tocar) que asomaban tímidamente, sus piercings y sus tatuajes… Un lienzo en blanco con el que no sabía por donde empezar.

De verdad que no me explico... —susurró, prácticamente un suspiro mientras iba a por sus hombros. La frase murió allí, por suerte, pues su aletargado cerebro le alertó de los peligros de completarla; “no me explico que sigas soltero”. Justo cuando iba a cerrar los dientes en torno a sus clavículas su reloj vibró por una llamada. Gruñó por lo bajo.

¿Quién cojones le llamaba a esa hora? Pensó en ignorarlo, pero ¿y si eran sus padres? El reconcome le hizo mover el brazo para ver la pantalla. Sus ojos se abrieron con menos sorpresa de la que imaginaba al ver el nombre de Connor escrito en ella.

Ah no, que te jodan”. Seguro les estaba buscando. Querría meterles prisa, que volvieran de una puta vez, ponía la mano en el fuego por ello. Por eso en lugar de contestar o simplemente ignorarle, al varmano se le ocurrió algo mejor. Algo de provecho que, de enterarse, seguro le daría muchísima más rabia al pelirrosa. Colocó la muñeca girada sobre la entrepierna de Ethan, con el reloj y por ende la fuente de la vibración sobre la tela, y presionó.

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De oca en oca y tiro porque Ethan me toca - RV Gakuen (+18)  Empty Re: De oca en oca y tiro porque Ethan me toca - RV Gakuen (+18)

12/06/23, 05:07 pm
Cada suspiro que le dedicaba Nohlem era música para sus oídos. Una melodía que le regalaba en tonos irregulares y una a la que le hacía los coros con cada nueva caricia y gesto compartido. El cosquilleo de su piel se desplazaba allí donde se situaban las manos del felino, trazando las mismas formas y dejando un camino de tonos rosados aún no visibles por el polo. Rubor que sí se hizo palpable en su rostro, en el preciso momento donde sintió como su compañero se acomodaba entre sus muslos y un suspiro acorde al soneto se le escapó de entre los labios.

No ayudó al sonrojo cuando decidió abrirle un mundo de posibilidades en tan sólo una escueta oración. Los pensamientos de Ethan volaron lejos, desbordados ante la cantidad de fantasías que hasta ahora sólo había podido imaginar. Un amasijo de ideas que se entremezclaban entre aquellas que quería provocar al chico y las contrarias, en las que quería verse afectado. Pues cuanto más tenía, más quería y cuanto más le daba, más caprichoso se volvía. Quería poder deshacerse de la barrera que suponía la ropa, volver la cercanía entre sus cuerpos tan inexistente que se volvieran uno. Quería morder cada lunar y saborear cada rincón de su piel para comprobar hasta dónde llegaba su perfume. Quería que repitiera su nombre hasta el punto donde él mismo no lo sintiera como propio y escuchar en su voz el ruego sin aliento de quien deseaba más pero ya no podía continuar.

El ardor se incrementó en sus mejillas, pues podría ver cumplido aquellos designios y como si el universo hubiera escuchado sus plegarias, Nohlem decidió terminar la tarea que él no pudo. Camisa fuera, el torso que le regaló logró dibujar en él una sonrisa pícara, acallando sus risas para convertirlas en un largo suspiro lleno de dobles intenciones. No era la primera vez que lo presenciaba, (la galería de su móvil era testigo de ello) pero sí la primera donde podía disfrutarlo.

-No quiero repetirlo si eso significa que te tienes que volver a vestir. -Fue su única respuesta antes de que sus labios volvieran a juntarse y se perdiera entre los roces de cariño. Abrazado a sus hombros, la presión repentina en su abdomen le puso alerta ante la sorpresa. El juego que hizo la mano del felino logró arrancarle pequeños jadeos impacientes, convertidos en su boca en un sutil ruego para que se terminará de decidir. Le daba igual el rumbo que decidiera tomar mientras el contacto no se perdiera. Estaba deseoso de tenerle explorando cada curva de su cuerpo.

-Nohlem... -Fue la primera súplica que le dedicó en voz alta. Lo que sería una apertura a una nueva sonata de entonaciones desiguales. Una melodía dispar que se le iba escapando a cada nuevo beso, un tono más alta cuanto más bajos se los dedicaba. Trazando un recorrido rojizo allí donde sus labios descansaban, desde el inicio de sus mejillas hasta sus clavículas, en el punto donde le había regalado un último beso antes de levantarlo.

Ethan no tardó en cooperar, alzando los brazos por encima de su cabeza con la misma impaciencia con la que Nohlem le quitaba la prenda. La exposición y mirada constante del felino le hizo ser mucho más consciente de la situación en la que se encontraba y con ello algunos nervios empezaron a florecer a lo largo de su piel. Un hormigueo constante que le hacía rememorar los puntos donde había sido tocado con anterioridad. Le dedicó una sonrisa un tanto tímida que acompañaban una mirada coqueta, absorto en aquellos iris turquesas que le devoraban sin ningún tipo de tapujos.

-No te explicas el…que? -Pregunto inocente, antes de que la atención de ambos se dirigiera al reloj. Ethan tenía muchas preguntas en mente, pero ninguna de ellas obtuvo luz verde cuando sus pensamientos e ideas sufrieron el mismo problema que su entrepierna. Su mundo se agitó y tan rápido como tenía cierto control sobre el mismo, se vio sumido en el más absoluto caos. La frase lejos de terminarse se vio alargada en el tiempo, estirando la última sílaba en unos segundos que se le hacían interminables. El temblor de su voz acompañaba el que estaba latiendo entre sus caderas y presa de los nervios, lo que había empezado siendo una vocal se vio transformada en un sonoro gemido que le sacó todos los colores a la luz. Acabo mordiéndose el labio en un intento de contener los siguientes arrebatos que se formaban en su garganta y mientras sus piernas se afianzaban a los costados del felino con cierta fuerza, una de sus manos se apoyaba sobre la culpable de aquel ataque. Mala idea, pues el apoyarse sobre los anillos le reafirmaba a quien tenía delante y dios, la vergüenza y el placer se volvían agua en su boca.

-Nohlem… -La segunda súplica se quedó en un susurro irregular. Tomando la mano del joven y llevándola a su rostro una vez el reloj había regresado a la normalidad. Sin pedirle permiso, descansó su mejilla sobre la palma del felino y solo entonces la liberó del agarre. Agradeció el frío cada vez más inexistente del grata, pues sus mofletes ardían con una intensidad renovada. En esos momentos la coleta de Ethan era apenas anecdótica y el pelo rebelde empezaba a invadir de forma desordenada parte de su frente, ocultando tras los mechones unos ojos oscuros que le observaban con el anhelo de querer más, mucho más. -Ahora no pares, por favor.

No quiso aguardar respuesta, impaciente como estaba de recuperar la emoción de aquel roce, sus caderas empezaron a moverse solas. Buscando el calor ajeno en unos movimientos donde la fricción entre ambos pantalones desataba su deseo a la par que alimentaban su frustración. No eran precisamente rítmicos, pero sí intensos, desesperados.
Él, que se había tomado la noche con calma, que era consciente que tenían tiempo de sobra, ahora luchaba por acelerar cada minuto y volver de las horas un espectáculo explosivo. Dirigió ambas manos a su pelo rojizo, y se enredó en el mismo antes de atraerlo de nuevo hacía sus labios.

Boca con boca en un beso donde Ethan tomó dominancia desde un inicio. Convirtiendo los acercamientos en tirones y pequeños mordiscos a cada cual se volvían un poco más agresivos que el anterior. La separación no dejaba su labio inferior descansar, y las tomas de aire se veían acortadas cuando volvía a presionar ambas bocas sin previo aviso. Dando paso de forma abrumadora a una lengua que no dudaba en explorar cada rincón del contrario. Enredando el piercing y buscando las siluetas punzantes de los colmillos de Nohlem. Sus dedos jugueteaban con los rizos cobrizos, dando ligeros tirones cuando dejaban de acariciar su pelo para agarrarse al mismo según la intensidad se iba incrementando.

-Nohlem... -La tercera vez que lo nombró el ruego se había convertido en pecado. Dejando que las sílabas se perdieran en el enredo de ambas bocas. No había dudas en su tono, solo la decisión de quien exigía más.
Kanyum
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Nohlem: varmano granta. 1’69m
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12/06/23, 11:59 pm
Nohlem no era discreto. Cada vez que el moreno le nombraba un fuerte ronroneo irrumpía en su garganta y sus dedos se afianzaban allí donde estuvieran con más firmeza. De por sí oír su nombre en boca de otro en una situación como esa era algo que le encantaba, pero que viniera de Ethan hacía palidecer su experiencia con ninguna otra persona. Volvía la situación muchísimo más real, como si con el calor de su piel y el roce de sus cuerpos no fuera bastante, y le llenaba de avaricia. Podía decir lo mismo de tantos otros sonidos, y es que cuando consiguió arrancarle el primer gemido Nohlem resopló sonoramente, con claras ganas de más. Se mordió el labio casi en acto reflejo a lo que el otro hacía, sofocando una sonrisa de medio lado que no conseguía completar a causa de la concentración, e igual que oír su nombre le instaba a hacer lo que fuera para provocar una segunda vez, aquella nota sostenida y la desesperación con la que buscó su mano le hizo pegar el reloj con más ahinco. Todo fuera por más. Besó su clavícula y aisló su piel con un mordisco superficial, devolviéndole el primer chupetón sin medirse por la pasión del momento a pesar de que, con lo blanquito que era, poca cosa bastaría para que se notase. Desde ahí podía escuchar la vibración del aparato contra la tela, un murmullo apagado por la presión, pero no tanto como oía sus propios ronroneos, el latido de su corazón contra sus tímpanos y, por supuesto, la siguiente súplica con su nombre escrito en ella.

Ojalá Connor le llamase más veces. El malandro no tenía ni idea de lo muy agradecido que estaba su amigo por activar esa función en su reloj, pero vaya si se lo haría saber como fuera. Ahí perdiera la vida en ello. Cuando la vibración paró dejó que el londinense reclamase su mano a la par que él se apartaba lo justo para ver como había quedado la marca, de un bonito color rojo que, por suerte, no se veía entorpecido por el negro de sus tatuajes a escasos centímetros de la zona. Su corazón se saltó un latido al ver un poco más arriba, y es que un balazo habría sido menos mortal que el rostro de Ethan en ese instante. Quería despeinarle más, quería provocarle, quería…

No pensaba…

Solo tuvo tiempo a dar media respuesta, ya que el otro actuó más rápido. Arrugó el morro en un pequeño y breve gruñido silencioso al sentir el violento vaivén de su cintura, una sorpresa que le hizo tomar aire por la boca, cerrar los ojos y frenar sus ronroneos durante un largo instante. Su mano volvió a bajar a la cadera de Ethan para agarrarla y pegarla contra la propia, tirando de él en un golpe seco que hizo que una montaña de papeles se abriese como una escalera y cayeran los primeros folios. Sin perder un segundo se sumó a aquellos movimientos, buscando coordinarlos para no perder la fricción, ayudándose de ambas manos para encajarse mejor entre sus piernas mientras le besaba. Y por todos los Santos, un beso así es justo lo que le estaba haciendo falta.

Se dejó llevar por lo que sus deseos dictaban. Nohlem no era maniático del control, no cuando el premio era tan rentable como ese, pero tampoco era tonto. Sabía que la recompensa aumentaba cuando se hacía de rogar, cuando luchaba por ella, y por eso mismo no se quedó atrás: si Ethan dominaba su boca, él hacía lo mismo después, convirtiendo aquel beso en un ansioso intercambio de mordiscos y una pelea por el timón. Si Ethan chocaba el piercing contra sus dientes él respondía con un gruñido y luego lo acariciaba con la lengua, tuviera que viajar a otra boca para ello. Aprovechaba la ventaja de colmillos más felinos para marcar sus labios cuando los suyos tenían tregua, y si Ethan no le dejaba suspirar, él tampoco. Sus manos se aferraban a su piel desnuda, clavando las yemas en la pobre rana de papel que tenía tatuada, la que marcaba su curva, mientras sus caderas seguían moviéndose con torpeza a causa de la ropa que aún contenía a ambos.

Se estaba volviendo loco. No le importaba ir deprisa, que fueran salvajes, no le importaba en absoluto, mas sentía haberse metido en una nave espacial y estar a punto de cruzar la estratosfera.

Ethan… —murmuró tras él—. Ethan —repitió en un suspiro antes de profundizar el beso, de volver a recrearse en la solidez de su piercing en contraste a la humedad de su lengua. No quería llamar su atención, tan solo saborear su nombre. No necesitaba invocarle pues ya le tenía delante, pero poder mentarle a él y no a otro, fuese Marta, Tayron, quien fuera, era lo más dulce que hubiera probado nunca. No temía equivocarse de nombre, pues desde hacía casi un año era el suyo el que realmente quería suspirar así—. Ethan…

Como si hubiera tomado un chupito las palabras ardían en su garganta. Sus ronroneos tomaron el relevo, como si con ellos pudiera demostrar todo lo que no le salía decir, un sonido tan involuntario como sincero. Sus manos bajaron un poco nada más, hasta notar la textura de esas tiras de tela que descansaban en su pelvis y tanta curiosidad le habían merecido desde que las había visto. Las usó de guía hasta el borde del pantalón, donde siguió por el centro para desabrochar el botón que lo cerraba. Sus dedos se movían rápido, como las patas de una araña, y al tiempo que hacía eso su otra mano bajaba la cremallera. Se separó y detuvo el beso solo para abrir y tirar hacia abajo de su pantalón y así comprobar lo que llevaba: dos piezas negras que iban unidas a sus bóxer por pinzas, simulando al menos por fuera lencería fancy. No sería real, pero silbó igualmente. Luego se le escapó una risa.

Hah. No me lo esperaba así… —metió el pulgar por debajo de una para tirar de ella y soltarla. Tenía que esforzarse para que la vista no se le fuera a otro punto más abajo—. Te queda increíble.

Se lamió los labios y se inclinó sobre él para besarle la frente. Aquel gesto fue tan puro como breve, pues tan pronto sus manos recuperaron estabilidad a ambos lados de la mesa Nohlem bajó. No se detuvo en sus labios, ni en sus clavículas, sino unos centímetros por debajo del primer chupetón que le había dejado. Hizo otro más, breve y pequeño, apenas visible por los tatuajes. Luego un tercero, bordeando más abajo, peligrosamente cerca de uno de sus pezones…
Y el cuarto fue directamente a este. Mordió el piercing, presionando los laterales del metal para no rozar la piel con los dientes y envolvió el resto con los labios. Su lengua lo lamió despacio, creando un vacío mucho más suave que los anteriores mientras sus manos recuperaron el lugar en su cintura, aunque tuviera que quedar algo encorvado para ello. Subieron y bajaron, acariciando sus costados con la palma bien abierta antes de presionar con la cadera, cada vez más necesitado, evitando eso sí moverse para no hacerle daño durante el mordisco y así permitir que el foco estuviera en su boca principalmente. Un quinto chupetón con menos delicadeza le tomó el relevo justo debajo, acabando con un beso en la estrella que tenía tatuada en el centro, entre las costillas. Por todos los Santos, como le quería. Estaba desesperado, pero ahí estaba la línea donde se cruzaban la lujuría y el cariño.

Ethan… —no era solo una mención, sino el inicio de una frase más larga que no terminaba de llegar. Tragó saliva y suspiró, cortando la fricción para bajar con besos por su torso, desviándose de la línea recta que estaba tomando para besar una cicatriz al lateral con particular cariño—. Quiero besar todas tus cicatrices.

Una pequeña sonrisita asomó en sus labios al tiempo que saltaba para besar la ranita tatuada.

>>Y tus tatuajes también. Y… —miró abajo. Su sonrisa dio un giro de 180º para volverse maliciosa. Exhaló una risa, una nota a lo agitada que estaba realmente su respiración—. Otras cosas. ¿Puedo?

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♪♫♬:
Raven
Raven

Ficha de cosechado
Nombre: Ethan
Especie: Humano
Habilidades: Buen oído, valor y motivación
Personajes : Ethan: Humano, Ingles/Japonés 1.75

Síntomas : En ocasiones, se le desenfocará brevemente la vista.
Armas : Ethan Lanza partesana y una daga

Status : Ciego y cojo, el chiste se cuenta solo.

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15/06/23, 12:28 pm
En esos instantes su mundo era caos, un caos delicioso y agresivo en el que no le daba miedo perderse. Quería más, disfrutar de aquellos momentos y volverlos eternos. Que sus labios tuvieran el hambre y la desesperación de quienes habían esperado demasiado, que cada roce le siguiera arrancando jadeos que no tenía forma de existir entre la violencia de aquel beso, que cada embestida irregular sólo le hiciera desear no tener prendas frenando aquel movimiento. Su pantalón estaba empezando a resultar tan innecesario como molesto y cada vez que Nohlem le regalaba su nombre, un cosquilleo recorría su cuerpo hasta escaparse en pequeñas sonrisas y cortos suspiros de quien anhelaba que no callará nunca.

El silencio del momento solo se volvió vocal cuando Ethan le dedicó un gruñido como queja al haber recuperado distancias. Un lamento que duró tan poco como entendió lo que estaba haciendo y un rubor avergonzado se apoderó de él. Poco tenía el asiático de coqueto en esos momentos, arrepintiéndose de nunca haberse comprado una ropa interior más elegante que unos tristes boxers negros.

-Quizá… la próxima vez… -Empezó a decir con una voz tan irregular como su falta de aire, agotado después del último intercambio. -Puedo buscar uno de verdad… -Dejó resbalar aquellas palabras con toda la cotidianidad que sus nervios le permitían. Nohlem ya había dado vía libre a que esto se pudiera repetir, él solo estaba confirmándolo.

El halago que vino a continuación le logró sonsacar una suave sonrisa, que se vio alimentada cuando para su sorpresa le dedico un beso en la frente. Uno dulce que consiguió rescatar de aquel deseo lujurioso, una ternura que siempre había guardado para él. Y es que le quería, joder, le quería tanto que en momentos como ese le resultaba abrumador. Quería sostenerle ambas mejillas y poder expresar en palabras todo lo que su corazón no podía, decírselo en alto hasta que se quedara sin voz pero, para su suerte, lo único que se escapó de entre sus labios fue un suspiro cargado ante el primer chupetón.

Y otro que le siguió después y otro, y otro más, en una cadena de sonidos que cada vez se volvían más sonoros. Nohlem podía notar como el pecho del joven subía en gran medida. En parte por intentar contener un aire que se le acababa escapando entre jadeos cortados y en parte, porque su espalda se estaba arqueando levemente ante una pasión malamente contenida. Quería más y las prisas se le notaban en pequeños actos: Una mano que se había malacostumbrado a enredarse entre sus rizos, afianzándose cada vez que Nohlem seguía con una nueva marca. Una pierna que buscaba el apoyo de su espalda baja, asegurándose de que la cercanía no se perdiera y unos dientes que volvían a intentar contener su boca de soltar sonidos que aún no quería regalarle.

Un intercambio justo en el que dejó desplazarse al felino a cambio de los besos que le estaba dedicando. Volvía a repetir su nombre, y con él, su corazón latía con un poquito más de intensidad a pesar de que aquella vez venía acompañado de una frase que le hacía dudar. Nada estaba obligando a Nohlem a hacer aquello y aún así Ethan no pudo evitar sentir un poco de culpa al respecto. Como si al aceptar acostarse con el londinense, tuviera que lidiar con un pack que no era tan bonito como el envoltorio simulaba.

-No hace falta… -Se le escapó cargado de dudas, como una respuesta inmediata al hecho de que quisiera besarle las cicatrices. No quería cortar el buen rollo con sus propias inseguridades así que se incorporó un tanto apurado, hasta que quedó parcialmente sentado sobre el escritorio, con ambos codos apoyados sobre la mesa. -Quiero decir, no hace falta si no quieres. Estaría perfecto si no te gustaran, no me importa. -No tardó en aclarar con una sonrisa que mezclaba los nervios de esa situación y muchas otras combinadas en tan poco espacio.

Obviamente tenía que llegar ese momento de la noche, uno que al joven le resultaba especialmente desagradable y uno que sabía que si trataba de evitar solo sería peor a la larga. Las veces que lo había intentado ocultar acababan en desastre y, por dios, no quería que su noche con Nohlem terminara de esa forma. La vergüenza de su condición se le volvía palpable en aquellas situaciones donde se notaba así mismo como un lastre para otros. El hecho de que encima pudiera serlo para el chico que le gustaba simplemente lo volvía peor.

-Solo eh… cuidado con.. yo... -La inquietud le hacía vacilar. Joder, deseaba decirle que sí y olvidarse del resto. Se cubrió parte del rostro con una mano, presa de los nervios entremezclados. La vergüenza que le daba aquella propuesta, la que le daba tener que hablar, y la que le generaba la mirada constante de Nohlem. Unos sentimientos que aún compartiendo nombre tenían matices muy diferenciados. -Yo tengo eh, una media compresora de estas como de gimnasia… No es, no molesta quiero decir, pero por si bueno… Por si hay que quitar más ropa, esa no hace falta. No me incomoda tener que llevarla y eh… te ahorras, quiero decir... No, no es bonito ver lo que hay debajo.

Se le escapó una risa entre dientes, convertida en un resoplido ansioso. Dioses, es que a pesar de la excitación estaba muerto de miedo.
Kanyum
Kanyum

Ficha de cosechado
Nombre: Nohlem
Especie: Varmano granta
Habilidades: Puntería, intuición, carisma
Personajes :
Jace: Dullahan, humano americano. 1’73m (con cabeza 1’93m)
Rox: Cambiante, humano australiano/surcoreano. 1’75m
Kahlo: Aparición nocturna varmana granta. 1’62m
Nohlem: varmano granta. 1’69m
Xiao Taozi: Fuzanglong carabés. 1’55m

Unidades mágicas : 5/5
Síntomas : Mayor interés por acumular conocimiento.
Status : Prrrr prrrrr

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16/06/23, 02:34 am
No consiguió arrancarle más gemidos esta vez, pero la respuesta no-verbal que tuvo cumplió con creces su cometido. Ethan se arqueó como si hubiera un imán en su pecho buscándole a él, imán que él mismo debía tener en ambas manos pues era incapaz de soltarse independiente del sitio al que estuviera agarrado. La única distancia que existía entre ellos era la que le permitía disfrutar de una visión panorámica del chico que tenía delante.

Que le hablara de una próxima vez le llenaba de seguridad y aún más energía de la que ya tenía. No necesitaba que se comprase lencería, al varmano le valía con tenerle tal como le tenía ahora. De hecho, ni siquiera. Incluso en un momento en el que bullía en deseo, Nohlem se conformaba con muchísimo menos, y es que los sentimientos eran más fuertes que la carne, tanto así que cuando las palabras del otro se cargaron de inseguridad su sonrisa cedió para dar paso a una seriedad precavida. Las mismas manos que antes habían explorado su piel y su cintura con tanta agresividad ahora se movían con suavidad, cambiando entre caricias de yema y palma como si así pudiera infundirle confort.

Claro que quiero. Y claro que me gustan —al verle incorporarse él también se reacomodó en su sitio. Después de todo la postura que había tomado iba a ser temporal, apenas un viaje entre punto A y punto B, pero si tenía que parar para hablar con él durante 5, 10 o 20 minutos, así lo haría. Sus orejas se agacharon ligeramente. Consolarle implicaba abrirse, materia en la que no tenía tanta experiencia y le avergonzaba con creces, pero… ya habían cruzado primera base, ¿no?—. Si no me gustaran… no te lo habría dicho.

No se sentía capaz de aguantarle la mirada así que bajó la vista a la cicatriz en su vientre, la misma que acababa de besar. Pasó la yema del pulgar sobre la misma, trazando el recorrido del relieve de esa marca irregular, más blanca que el resto de su piel.

Son como relámpagos. Y bueno, son… Son algo tuyo. Algo que me recuerda a ti… —de alguna forma decir aquello era mil veces más vergonzoso que la falta de ropa—. Así aunque te esté besando con los ojos cerrados, pues… —tomó aire por la nariz pesadamente—. Sé que eres tú.

Como era obvio sus mejillas estaban encendidas por toda la acción previa, sin embargo ahora se estaban oscureciendo por algo distinto, una timidez impropia en él. Se sentía un poco ridículo confesándole aquello, pero si de alguna manera ayudaba lo repetiría las veces que hiciera falta. Cuando Ethan mencionó la media compresora sus manos bajaron despacio a cada una de sus piernas (entre el sopor de la vergüenza y el calentón no recuerdaba si la pierna mala era la izquierda o la derecha), palpando con cuidado sobre la tela en busca de dicha prenda. Entre las orejas algo caídas y el rostro ladeado, parecía un cachorro confuso.

No, a ver, si te incomoda no te la quito… Si no quieres que lo vea no hace falta, perooo… —recorrió con suavidad allí donde estaba la media, un rápido viaje de arriba a abajo y vuelta al punto de partida—. Pero que por mi no sea. En serio —sonrió, apenas un poquito, y sus ojos ya no miraron solo la cicatriz en su cadera, sino la que partía su ceja, la que cruzaba su mejilla y por supuesto, la que tenía en el labio, posiblemente la que más le obsesionaba—. A mi me parecen bonitas.

Sabía que eran el resultado de algo horrible, que Ethan tendría motivos de sobra para odiarlas y quizás estaba hablando de más, pero su sentimiento era genuino.

Pero vamos, será por falta de sitios que quiero besar… —terminó recuperando parte de su picardía, por si acaso había dicho algo que no debía. Además, no es que fuera difícil recuperar el punto en el que lo habían dejado. Una de sus manos, traviesa, viajó al borde de su ropa interior.

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Raven
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Nombre: Ethan
Especie: Humano
Habilidades: Buen oído, valor y motivación
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17/06/23, 01:28 am
Nohlem empezó a hablar, y el cambio en sus gestos logró ablandar su corazón y apaciguar el intranquilo mar de emociones que asaltaba su mente. Las caricias de sus palmas le otorgaron un calor nuevo, que si bien alimentaba el que ya tenía, ahora resultaba más reconfortante que abrumador y es que era extraño, pues a medida que se reafirmaba en sus palabras notaba como estaban ganando una cercanía nueva y emocionante. Una en la que la distancia entre sus cuerpos era irrelevante y una que logró sacarle una tonta sonrisa cuando decidió llamar a sus heridas ¨Relámpagos¨.

Ethan las odiaba, pero no por lo que podía parecer. No eran un mal recuerdo del pasado, ni un trauma llevado de aquel accidente… Era un tema delicado y difícil de explicar hasta para él mismo. Suponían actualmente un lastre y un contexto que nunca solía dejarle en buen lugar. La gente temía aquellas marcas, las juzgaban en silencio o las observaban con asco mal disimulado cuando no habían cicatrizado bien. El hecho de que Nohlem hubiera encontrado un apodo bonito para denominarlas le resultaba tan novedoso como entrañable.

-No sé… No sé si justamente las llamaría así. -Mantenía una ligera duda en su tono, pues no era tan fácil lograr calmar unas aguas que llevaban tiempo revueltas, pero en su rostro se podía entrever cómo su sonrisa se había transformado en una sincera. A cuanto más se abría el felino más se relajaba la postura de Ethan. Atontado ante una sinceridad pasmosa en la que se veía identificado. La incertidumbre anterior dio paso a una alegría inocente y unos nervios temerosos se convirtieron en los propios de un joven experimentando su primer amor, tan nuevo y puro que se sentía un tanto estúpido. Su pecho relampagueaba con la emoción de quien parecía estar escuchando una nueva confesión y es que en parte la sentía como una.

-Si, entiendo. -Las palabras le salieron embotelladas, con una garganta espesa ante el cúmulo de alegría. El nervio se le pegó, como si ambos fueran dos chiquillos profesando su amor escondidos en los baños de un instituto, tanto que le costó encontrar la manera de continuar. Viendo justo, y queriendo él también poderse unir a aquella cadena de halagos. -A mí me gustan tus anillos por eso mismo… -En esos momentos agradeció que Nohlem hubiera roto todo contacto visual, dejando al asiático la libertad de observar su reacción sin tanta vergüenza porque si no, dudaba que hubiera podido continuar. -Cuando presionas se notan y puedo saber al momento que esas manos son tuyas y solo tuyas.  

Fue una reacción un tanto inconsciente, pero cuando Nohlem se dispuso a buscar el calcetín, Ethan colocó la pierna mala sobre su hombro. Dejándola descansar en el mismo, en parte le resultaba juguetona la idea de que le desvistiera un poquito más, en parte le aterraba que se pudiera arrepentir al hacerlo. Que acariciara la zona consiguió arrancarle un anhelo egoísta. Ethan deseaba que le quisiese, que quisiese todo lo que él tuviera aún pudiendo resultar desagradable. Volver a escuchar algo positivo sobre sus marcas alimentó aquella ensoñación aún a sabiendas de que quizá luego se veía rota. Quería confiar en el secreto que había compartido en ese momento íntimo, en que de verdad podía navegar en aquel océano menos brillante que suponía su piel.

-Vale pero prométeme que si te resulta muy incómodo de ver, no tendrás problema en comentármelo porfa. No me importa si tengo que volverme a poner luego la media. -Le ofreció aquel trato como un punto medio entre sus ganas y sus miedos. Dejando que una sonrisa de medio lado decorase su rostro al darse cuenta de la ilusión que le daba tan simple gesto. El solo paso de dejarle presenciar ese trocito de su cuerpo era tan íntimo como especial. Iba a ser la primera persona con la que compartiera aquella inseguridad, con la que se permitiera mostrar una vulnerabilidad así. Nohlem, era Nohlem quien iba a tener ese honor.

Una risa torpe, cargada de amor tímido inundó su rostro ante un mar de posibilidades. Dioses, como lo quería. Se sentía tan irreal tenerle así que hasta por un segundo dudo que no fuera todo un sueño. Decidió activarse de nuevo, encaminando una de sus manos hacía la que el felino había colocado en terreno peligroso. Sirviendo de guía para que empezara a bajarle poco a poco la ropa interior y dejando que la v de su cuerpo se empezara a encontrar con una nueva zona inexplorada. Su mirada denotaba una picardía nerviosa, ante una necesidad imperiosa de seguir sintiéndose querido de todas las maneras en las que su compañero pudiera demostrarlo. Solo parando a escasos milímetros de desvelar el premio, pues incluso en su impaciencia le gustaba ponerle los dientes largos.

-Puedes besar cuanto quieras, pero si te gusta lo que ves… -Aguardo unos segundos de expectación, mordiéndose el labio mientras acababa de reunir el valor para realizar su propuesta. Una puramente caprichosa, como poco a poco se estaba empezando a permitir ser. -No te cortes en decírmelo.
Kanyum
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Especie: Varmano granta
Habilidades: Puntería, intuición, carisma
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Rox: Cambiante, humano australiano/surcoreano. 1’75m
Kahlo: Aparición nocturna varmana granta. 1’62m
Nohlem: varmano granta. 1’69m
Xiao Taozi: Fuzanglong carabés. 1’55m

Unidades mágicas : 5/5
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17/06/23, 12:27 pm
Nohlem, casanova y galán, el mismo que acumulaba ligues como su madre anillos, fuera de juego por unas palabras bien devueltas. Que Ethan también tuviera una manera de identificarle era algo para lo que no estaba listo.

Su reacción fue lenta como el vapor que asciende de una olla a bajo fuego pero tan transparente como agua limpia. Sus manos se congelaron in situ y él quedó con la vista perdida, de ojos bien abiertos, en algún punto inconexo entre las arrugas del pantalón de su acompañante. Aquella suerte de “yo también” martilleaba su cabeza tan fuerte como su corazón lo hacía en su pecho: la forma en la que lo había dicho, velando algo mucho mayor, aquel énfasis… “tuyas y solo tuyas”. No sabía encajar el golpe de vuelta. Una sonrisa infantil, torpe pero auténtica fue su respuesta más inmediata.

Había que ser ciego y sordo para no saber que lo suyo era recíproco, especialmente tras los numeritos que habían dado en el jardín y otros tantos en distintas situaciones; si bien la confusión podría venir justamente de la noticia de que no había nada entre ellos, era muy consciente de ello. Y aún así, tener algo remotamente parecido a una confesión golpeaba diferente. De toda la gente con la que había ido a parar, no sabría decir porqué había sido Ethan del que se había encaprichado tan basto. Es decir, tenía quinientas razones para haberlo hecho, solo no estaba seguro de cual había sido la que derramó el vaso. Porque Santos, es que el agua seguía cayendo.

Una vez logró bajar la vista a sus propias manos, a esos anillos a los que ahora debía tanto, le estrechó entre sus dedos como énfasis a sus palabras. O al menos esa era la intención, pues entre la ropa y el miedo a hacerle daño en la pierna mala a penas quedó como un tic involuntario. Además, Ethan acababa de subir la pierna en su hombro dejándole más tonto todavía. Tanto que cuando le habló reaccionó con lag.

¿Eh? —pestañeó un par de veces. Se le había caído la careta de zorro y ahora solo había un gatito abrumado por lo enamorado que estaba—. Ah, claro, sí.
Eeeh, ¿de qué estaba hablando? “Ah carajo. La pierna.
No seas tonto —se corrigió repentinamente—. Eso no va a pasar.
En una salvada rápida se echó atrás y besó la vieja herida aún vestida, con una sonrisita cada vez más incontenible en el rostro. Sus pupilas hacían del verde de sus ojos una mera anécdota, aunque el contacto visual que había entre ellos en esos momentos no durase más de 2 segundos por sentirse tan volatil.

Ahora, que la cosa cambió cuando la mano de Ethan acompañó a la suya sobre la tira elástica de su ropa interior. Nohlem recuperó sangre en más de un sentido, atento a aquella bajada como si fuese temario de exámen. Sus dedos se aferraron a la prenda, no necesitando más ayuda para llevarla hasta donde Ethan dictaba, volviendo a los fuertes ronroneos en vista al fino vello y el inicio de una curva prominente que delataba proximidad.

Se colocó sobre ambas rodillas y se acercó mejor. La mano que tenía sobre la pierna de Ethan viajó para reunirse con la otra, y aún sin tirar de la ropa Nohlem se inclinó sobre él para besar la nueva piel descubierta en su vientre, dando un pequeño mordisco en el proceso.

Me encanta lo que veo —respondió en voz baja—. Pero me sabe a poco.

En el momento en el que sus manos abandonaron la tela para apartar mejor la cremallera abierta, las tiras de falsa lencería que seguían unidas al bóxer y a la cadera de Ethan hicieron que este subiera de vuelta a su posición original. Nohlem, que había olvidado ese detalle, no pudo evitar reírse entre dientes al ver como perdía terreno como un pasmarote.

Joder —negó suavemente—. Vienes a prueba de tontos.
Con una mano en cada lado, desenganchó la tira y repitió el camino, esta vez sacando el valor de sostenerle la mirada al moreno hasta el punto donde lo habían dejado antes. Una vez allí devolvió la vista abajo y le liberó.

No es que la prenda hubiera ocultado mucho del bulto, pero igual reprimió un suspiro al ver la hombría de Ethan, tan impaciente como él mismo en ese instante. Su sonrisa se ladeó con un ronroneo. Tenía los nervios a flor de piel, pero con esos, a diferencia de con los que le producían las palabras más dulces del medio-japonés, sabía lidiar bastante bien. Si acaso añadía que fuera Ethan quien los provocase, una dosis extra de adrenalina y calor.

Que lindo... —se puso cómodo entre sus piernas, divertido. Sin perder un minuto más le besó, empujando con los labios suavemente—. A juego con su dueño.

Exhaló una pequeña risa, agitado, y según le daba un segundo y tercer beso en distintos puntos, cada vez más impetuosos, su mano derecha se deslizaba hacia él para agarrarle. Al cuarto beso lo acompañó su lengua, con la boca abierta en un jadeo silencioso que buscaba humedecerle de abajo a arriba antes de devorarle. Afianzó la mano, pensando justamente en la presión que harían sus anillos sobre una zona tan sensible, y si bien había estado trabajando a ciegas o con la vista baja, al hacer aquello el varmano le miró a los ojos para no perderse su reacción. Hizo particular énfasis allí donde más se notasen sus joyas.

Sus pupilas estaban algo más finas a causa de la concentración que aquello le requería. Antes de meterle en su boca le dejó descansar sobre su lengua unos breves instantes para provocarle. Ahí Nohlem sonrió, un gesto sutil en su evidencia, enseñando unos colmillos algo más puntiagudos que los humanos por los que Ethan no tendría que preocuparse dada su experiencia. El rubor que le devolvía el chico era tan intenso que su ya de por sí fuerte ronroneo aumentó en volumen, sonido que se vió amortiguado al tenerle dentro, acorde a los todavía suaves vaivenes de su cabeza. Algunos le habían dicho que las vibraciones de sus cuerdas vocales se sentían al hacer ese tipo de cosas, pero ya no sabía que tanto era cierto y que tanto sugestión. Su lengua no paraba quieta, recorriendo y acariciando lentamente la superficie de la que disfrutaba a cada ir y venir.

A pesar de tener la boca llena y la mente ocupada quería decirle que le quería, y si no podía ser verbalmente... que lo disfrutase de otra forma.
Su mano libre bajó a su propia entrepierna, de momento solo para bajar la cremallera y que no apretase tanto el pantalón.

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Raven
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De oca en oca y tiro porque Ethan me toca - RV Gakuen (+18)  Empty Re: De oca en oca y tiro porque Ethan me toca - RV Gakuen (+18)

18/06/23, 02:39 pm
Haber conseguido que el rostro de zorro pillo diera paso a una tierna mirada fue un logro que le hubiera gustado enmarcar. Aunque solo fuera momentáneo. Una risa no tardó en acompañar la confusión de Nohlem, ablandado ante ese lado de su personalidad mucho más dulce y considerado. ¿Cómo no iba a enamorarse de cada sutil gesto y palabra que le dedicaba cuando iban tan cargadas de amor? Su risa no tardó en convertirse en una sonrisa tímida cuando el felino le beso el pantalón, allí donde dormía su cicatriz y es que, a cada segundo que pasaba Ethan se deshacía un poquito más, con un corazón blandito que dedicaba todos sus latidos en exclusivo al felino.

Tanto así, que cuando lo tuvo entre sus piernas le dio un vuelco en el interior de su pecho, arrancando del mismo un suspiro que se alargó tanto como hizo su mordisco. Ah, mierda, estaba demasiado feliz, en todos los sentidos que la palabra pudiera contener. Él mismo había guiado aquella expedición, pero se sentía atrapado de igual manera en la mirada que Nohlem le dirigía. Esos ojos eran una red demasiado efectiva e hipnótica, aunque por suerte, no era el único que sabía cómo colocar trampas. Una risa un tanto maliciosa expuso al asiático cuando noto el tirón del calzoncillo regresando a su lugar de origen, dejando en evidencia que ya conocía desde un inicio que iba a ocurrir.

-Entonces menos mal que tu no eres tonto. ¿Verdad? -Respondió con una picardía nerviosa al ver cómo se deshacía del impedimento de las tiras.

La expectación le estaba matando. Ethan era alguien que aún careciendo de la experiencia de su compañero tampoco se quedaba atrás: le gustaba tener sus rollos de una noche, le gustaba poderse acostar con otros sin impedimento ninguno y dejar el pudor de su día a día aparte para cuando regresara a sus tareas de guía. Ahora bien, con Nohlem todo cambiaba pues no solo existía lujuria, sino también amor y eso, se dejaba ver ante las acciones más estúpidas.  Donde los nervios florecían y las emociones se sentían igual de vivas que en su primera vez.  

Ethan contuvo el aliento, allí donde su boxer se había vuelto no más que una anécdota y dejaba que Nohlem descubriese lo poco que le quedaba de conocer. Sus latidos frenaron a conciencia, su rubor se condensó y nuevas señales ensordecedoras hicieron de su cabeza un espectáculo de fuegos artificiales. El primer beso consiguió un leve suspiro, y mientras el segundo y el tercero le hacían afianzarse a la mesa con mayor ahínco, la lengua logró sonsacarle una respuesta mucho más sonora. Escapando de entre sus labios un suave gemido, que solo sería el comienzo de los que estaban por venir.

-Nohlem... Nohlem… -Susurro en apenas un aliento cortado, reafirmando que de alguna manera reconocía esos anillos suyos. La presión sobre su piel tan sensible, el frío del metal contrarrestando el calor de su cuerpo, el sutil contacto de sus yemas en comparación con sus joyas o la mirada tan esmeralda de aquel océano donde quería dejarse ahogar. Daba igual en que quisiera centrarse, si prefería sentir o ver, pues todo su cuerpo bullía con una emoción tan renovada que le costaba controlar su propia respiración.

-Más -Replicó. - Más -Aún sabiendo que aquella impaciencia solo jugaba en su contra.

Y más obtuvo. Sus piernas se afianzaron con cierta fuerza en la espalda del felino, empujando levemente en la presión accidental que ejercían. Ethan perdía la noción de su propio cuerpo tan absorto como estaba en no perderse ningún detalle del felino. Sus ojos rasgados eran apenas visibles ante la sensación de placer continua y sus labios se separaban a cada bocanada de aire que intentaba recuperar, pues a cada vaivén de la boca del felino perdía todo lo ganado en una nueva melodía cargada de notas eróticas. Los latidos de su pecho habían bajado hasta su entrepierna, acompañando las vibraciones del gato en un dueto tembloroso que solo le regalaba nuevos escalofríos al joven, cada uno más fuerte y vivo que el anterior.  Las sensaciones eran tan abrumadoras como un concierto donde todos los instrumentos tocaban a la vez y hasta el mínimo golpe de tambor reverberaba por todo su cuerpo. El problema es que amaba como se sentía y el temer dejarse llevar quedó tan de fondo que sus propios gemidos lo escondían. Ethan quería más pero las primeras alertas llegaron ante un corazón desbocado que se había posicionado para que hasta Nohlem pudiera escucharlo latir mejor. Separó una de sus manos del escritorio y la guió hasta la melena del varmano. Tratando con toda la delicadeza que le permitía el momento (Que no era mucha) enredar sus dedos entre los rizos ajenos como una forma de caricia y aviso.

-Nohlem… -Logró balbucear en una garganta rota que solo parecía querer transmitir otro tipo de sonidos menos elaborados. -Nohlem… Estoy… Estoy cerca.

Intentó advertirle precisamente para que no le pillara por sorpresa, ahora bien, lo que no esperaba era que Nohlem empezará a bajar el ritmo a causa de eso. La reacción inmediata del londinense convirtió sus últimas palabras en un lloriqueo de protesta, con unas caderas que se movieron sutilmente, apenas del sitio, más como queja que como una acción útil para terminar con el problema, angustiadas ante aquel cese de roce constante.  Incluso la única mano que aún reposaba tranquila titubeo dando un pequeño tamborileo sobre la mesa con sus dedos, impacientada de la misma manera que todo su cuerpo y mente lo estaba.

-No, no... Pero ahora no pares… -Busco su mirada a la desesperada, acariciando su nuca como ruego insistente. Ethan era demasiado considerado como para forzarle y tirar de su pelo para ello, aunque ganas no le faltase en esos momentos. -Nohlem por favooooooor sigue.. un poquito más, solo un poquito. -Trago saliva de forma notoria, tratando de despejar una cabeza embotellada entre el ruego y el placer.  Todo con el único intento de lograr construir alguna frase que pudiera sonar coherente. -Porfa Nohlem, Nohleeem, Nohleeeeeeem. -No lo consiguió. Así que se quedo repitiendo su nombre atrapado en aquella desesperación tan bonita que suponían sus ojos.
Kanyum
Kanyum

Ficha de cosechado
Nombre: Nohlem
Especie: Varmano granta
Habilidades: Puntería, intuición, carisma
Personajes :
Jace: Dullahan, humano americano. 1’73m (con cabeza 1’93m)
Rox: Cambiante, humano australiano/surcoreano. 1’75m
Kahlo: Aparición nocturna varmana granta. 1’62m
Nohlem: varmano granta. 1’69m
Xiao Taozi: Fuzanglong carabés. 1’55m

Unidades mágicas : 5/5
Síntomas : Mayor interés por acumular conocimiento.
Status : Prrrr prrrrr

De oca en oca y tiro porque Ethan me toca - RV Gakuen (+18)  Empty Re: De oca en oca y tiro porque Ethan me toca - RV Gakuen (+18)

18/06/23, 10:08 pm
Nohlem era un buen anfitrión, complaciente y receptivo. No necesitaba mucho a cambio, él cumplía con su parte con gusto y sin escatimar en gastos. Cada suspiro, temblor, mención y ruego del moreno fueron premiados de alguna forma: un aumento del ritmo al que le comía, que tan profundo llegaba… Un suspiro nasal delató su impaciencia, y es que por mucho que fuera más de hacer regalos que de recibirlos, avaricia tampoco le faltaba. Podía esperar, aguantar alimentaba su ansia y hacía la recompensa más dulce (además, no es como si no estuviera teniendo ya una), motivo por el que su mano izquierda, en lugar de uso propio, subió de vuelta a Ethan para agarrarle de la cadera y afianzarse más en su postura. Aunque procuraba verse calmado, el vigor con el que apretaba su costado vendía las capas debajo de la fachada.

Si creía que no podía ronronear más alto se equivocaba. La débil música que llegaba al estudio terminó de hacerse inaudible (sinceramente era todo un logro que todavía fuese capaz de distinguir los bajos de los altavoces de sus propios latidos), no solo porque el chico estaba reclamando toda su atención, sino que también le entorpecían las potentes erres que retumbaban en su oídos, y es que cuando Ethan le acarició el pelo el varmano se incendió un poco más. Lo que había empezado como una fogata ahora era un fuego en su paso de consumir todo el bosque. Su mirada se cargó de deseo y malas intenciones, mirada que le sostuvo a modo de invitación para hacerle saber que podía agarrar. Después cerró los ojos para tragarle entero… algo que habría ido a más de no ser por la advertencia de Ethan. Nohlem emitió un pequeño gruñido, no como queja sino como mofa divertida, a lo que fue poco a poco frenando y suavizando sus movimientos hasta parar del todo. Le sacó de su boca y suspiró para acompasar su respiración, procurando que sus jadeos fuesen lo más discretos posible. Los pequeños temblores que dejaban en evidencia al humano le sacaron una sonrisa.

¿Ya? ¿Tan rápido…? —dijo con voz ronca, teniendo que carraspear para que los ronroneos no le solapasen al hablar—. ¿Tan bueno soy? —se rió—. Vaaamos, flaco… Quiero que me dures un poco más.

Y era verdad. El motivo no es que le diera asco (“ja, ¿te imaginas?”) o que quisiera hacerle rabiar (“que también”), es que de verdad quería tenerle lo menos cansado posible. Iba a levantarse, pero decidió mantenerse en el sitio un rato para picarle y deleitarse en ese duelo de voluntades en el que Ethan no dejó de rogar y, por desgracia, aquella fue su perdición. Nohlem suspiró otra vez, demasiado embobado por la manera en la que repetía su nombre como una plegaria y, en general, toda su imagen. Fue el primero en bajar la mirada. Después se echó el pelo hacia atrás (que por supuesto volvió a caer revoltoso tan pronto lo soltó) en un gesto de frustración mal contenida.

Carajo, Ethan… —no podía ser malo y decirle que no a esa cara. No podía. Tragó saliva. Otro suspiro—. Okey… Tú ganas.

Depositó un beso cargado de ternura en el lateral de uno de sus muslos y su mano volvió a cerrarse en torno a su carne, dando un par viajes por toda su longitud. Por supuesto no iba a hacerle terminar así; en cuanto sus labios se acercaron para retomar el trabajo apartó la mano, y esta se unió a la otra en la pelvis del chico para aferrarse a él con ambas.

El acelerón fue mucho menos gradual que antes pues no tenía motivos para ir lento, y su propia desesperación se hizo transparente en el ritmo que ejercía, prácticamente abrazado a Ethan. Clavó los dedos en la baja espalda del londinense al notar como se intensificaban los signos del éxtasis, y contuvo sus ronroneos con los ojos cerrados y pura fuerza de voluntad para escucharle sin nada que entorpeciera de por medio. Que fuera todo lo escandaloso que quisiera, quería oírle a él y solo a él, que la sinfonía se grabase a fuego en su mente igual que lo hacían sus labios y la textura de sus cicatrices, junto a todas las veces que había olvidado el concepto del tiempo a su lado. Solo cuando el calor llenó su boca dejó que aquel runrún suyo regresase, más bajo debido al esfuerzo, como si de una muestra de cariño y satisfacción se tratase. Tragó antes de que el sabor abrumase sus papilas, y en su camino de salida le recorrió con la lengua de forma perezosa con el objetivo de dejarle más húmedo que limpio. Al finalizar dejó un suave beso en la punta, la simple forma que tomaron sus labios al cerrarse, y sonrió, recuperando entonces el contacto visual. Su aparente calma estaba más que rota, algo que se notaba en su respiración irregular y el brillo febril de sus ojos y mejillas. Además de, bueno, por lo obvio un poco más abajo.

Suenas… Tienes- —tomó aire pesadamente. Tenía que decantarse por una, no podía decir cinco frases a la vez—. Tienes una voz preciosa.

Besó su vientre una vez más y se levantó, agarrotado, yendo directo a su cuello para besarle e ir ascendiendo desde allí al rostro. No sabía si era escrupuloso, así que por respeto besaría cualquier otro punto que no fuera su boca hasta que algo le indicase que podía. Por los Santos, menos mal que se había desabrochado el pantalón, hasta más suelto le estaba dando algo. No quería rogar mientras el otro regresaba del cielo, pero si Ethan tardaba más de la cuenta le tendría gimoteando su nombre.

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