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Torreón Sendar

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1 Torreón Sendar el 19/09/12, 10:54 pm

Rocavarancolia Rol

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Antes de la Batalla de Rocavarancolia, éste era uno de los mayores torreones de la ciudad. Quedó destruido por un explosivo que le arrancó sus cuatro plantas superiores, dejando tan sólo dos. Es de planta circular y está protegido por un foso frente a la puerta, mientras que la parte trasera está elevada cinco metros con respecto a la calle.
Tiene un patio muy pequeño acoplado a la parte trasera, con sitio para que una o dos personas entrenen, aunque también tiene un sótano amplio. Una estatua pegada al muro del patio representa una figura envuelta en túnicas cuya nariz y barbilla sobresalen de entre los pliegues. Alguien le pintó un bigote ridículo y una perilla garabateada con carbocillo mezclado con grasa. La primera planta es un salón circular rodeado por cinco habitaciones entre las cuales hay una cocina y otra que aloja las escaleras para subir y bajar de planta. Las restantes tienen dos camas cada una. En el segundo piso hay cinco habitaciones, tres de las cuales sirven como dormitorios dobles. La cuarta es simple suelo pulido y la quinta tiene unas escaleras que llevan a la azotea y charcos en los periodos lluviosos del año. La azotea sólo tiene algunos rastros de muros antiguos ya retirados y una mancha negra de explosión.

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2 Re: Torreón Sendar el 21/02/17, 11:03 pm

Cain

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Aldhias recordaba perfectamente el día en que llegó. La ciudad era tan gris que temió haberse quedado daltónico de pronto. Todo era viejo o estaba sucio, o las dos cosas, y todo en lo que podía pensar era en qué se había fumado para aceptar ir a ese lugar. No había más gente como él, todos los seres ''inteligentes'' con los que se encontró tenian pieles descoloridas y ropas extravagantes. Sus voces eran tan discordantes y desagradables como el resto del paisaje. Salvo uno. Su atuendo era el único cuidado, si bien con colores muy pastel para el gusto de Aldhias. Tenía la piel de un color exótico, como el chocolate fundido, uniforme y suave, y cuando por fin pudieron entenderse, tras beber de la fuente, su nombre se le derritió en los labios al pronunciarlo. Noah.
Su compañero era de talante tan dulce como amargas eran las calles de la ciudad. A pesar del miedo y sus inseguridades intentaba mediar entre el resto de aliens, y nadie lograba calmarle igual.

-Aldhias, nos van a pillar.

-Shhh...

Su primer encuentro, como todos los que lo siguieron, fue en una habitación de la planta baja que no usaban. Ni el polvo y las telarañas les molestó, tan solo querían un momento a solas.

-Erevelin se levanta por las noches.- dijo Noah, asustado.

-Erevelin se puede ir a la mierda. Necesito...

Aldhias no fue capaz de acabar la frase, se lanzó a los labios carnosos de Noah con ansia. Se besaron en la oscuridad, con algo de torpeza pero con pasión, y tras separar sus labios siguieron besándose. En las sienes, en el cuello, en la mandíbula, en cualquier trozo de piel que tuviesen al alcance. No se atrevieron a acostarse sobre el colchón, Aldhias acorraló a Noah contra la pared, pero interponiendo una mano entre el cuerpo del terrícola y la piedra. Algo tan suave no debía tocar la inmundicia de la ciudad, nada podía herir esa piel. Metió los dedos bajo la blusa del terrícola y los pasó con suavidad por todo el recorrido de su columna. Jadeaban. De pronto, se oyó un ruido fuera de la habitación, y el jadeo se convirtió en un respingo.

-¿Noah?

-¿Erevelin? ¿Qué quieres?- preguntó el demichico tratando de recobrar el aliento. Incluso en la oscuridad pudo imaginar qué expresión tendría Aldhias. No estaba contento.

-Han vuelto a salir los alados en llamas. Estaban en mi sueño- algo de angustia se podía distinguir en el tono monocorde de la niña. Llevaba días teniendo pesadillas con las mismas criaturas.

-Ahora mismo salgo.

Aldhias fue a replicar, pero Noah le puso la mano sobre los labios para que guardase silencio. No era el momento. Le dio un beso en la mejilla y se ajustó la ropa. Sabían lo que había que hacer: el humano saldría, se llevaría a Erevelin, y luego Aldhias se escabulliría de vuelta al dormitorio. Como todas las noches.


_________________________________________

Y con este nombre yo te maldigo, y ni tan siquiera la muerte podrá librarte de tu condena, pues todo aquel que intente matarte recibirá siete veces tu castigo.

3 Re: Torreón Sendar el 25/05/17, 12:30 am

Yber

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GM
Los días de normalidad habían quedado lejos para Baste 12, que echaba de menos la tranquilidad de Ordesta. En su casa, lo más peligroso era que el clima hiciera alguna cosa rara: una vez les habían llovido renacuajos y en otra ocasión un vendaval azotó a su aldea aullando una canción. Era muy aleatorio, pero rara vez mataba a nadie. Ahora la cosa era distinta. El clima no hacía nada (y le irritaba) y el peligro podía llegar de formas nuevas y mucho más sutiles.

Era de noche y el cielo estaba vacío (y le irritaba), toda la luz les llegaba de dentro o de los ratapájaros del demonio. Lulú y él reposaban la cena en el patio recostados contra la pared, Baste desde el suelo y Lulú desde el hombro de Baste. El piojo y él habían creado un vínculo muy fuerte, uno que iba más allá de la conveniencia de cargar a un ser enano en el marsupio. El ordés vio a Erevelin dentro del torreón y suspiró.

—¿Qué te pica ahora, grandullón?

—Lo de siempre, Ere —el ordés inclinó la cabeza hacia el interior de Sendar. El repoblador le dio una palmada en el hombro. Ambos miraron a la sinhadre en silencio—. No me gusta nada. Un día nos va a conducir a una muerte grupal y ninguno pondrá objeciones porque "¡mimimi!, ¡lo he visto en sueños!".

Lulú rio. Baste no.

—Una persona que sueña con la realidad más allá de su alcance puede ser muy útil y no se ha equivocado nunca. Vio a la niña, a Nadir... Pero las cosas se torcieron.

—No, Lulú, no se torcieron ¡Las cosas casi nos comen! ¿O ya te has olvidado del monstruo del averno que salió del suelo como si hubieran reventado un grano gigante? —Baste se alteraba conforme hablaba más y más. Se llevó una mano a la frente y se rizó los pelos para calmarse— ¿Y si nos están tendiendo una trampa dentro de su cerebro? Este sitio está lleno de monstruos y magias asesinas, estamos confiando demasiado en lo que sueña una niña.

Baste se giró para mirar a la cara al repoblador. Sus ojos compuestos le devolvían una mirada cargada de misterio por la falta de expresión. Para Lulú, los de Baste eran como dos lunas gigantes cerniéndose sobre él.

—Escucha, Doce. Si eso ocurre, tú y yo no nos moriremos. Eso que te quede claro, ¿vale? —el repoblador se puso en pie sobre el hombro y saltó a su cabeza— La próxima vez pisaremos con el doble de cuidado y si hace falta, saldremos corriendo a la primera baldosa desencajada que veamos.

—¿Y si no es suficiente? ¿Y si no basta con correr?

—Pues entonces volaremos —dijo Lulú—. Eres la primera persona a la que irán destinados mis hechizos, ya sabes lo de la regla del marsupio.

Un par de meses y ya tenían cientos de chistes internos. Esta vez, ambos rieron. Luego Baste volvió a suspirar y se hizo el silencio. Por el movimiento en su cabeza, el ordés supo que el repoblador ya se había acomodado ahí arriba. Juntos, observaron el cielo vacío e irritante, intentando no pensar en las mil maneras en las que podrían morir en Rocavarancolia.

Varios minutos más tarde, Lulú habló de nuevo y parecía que la conversación anterior no había ocurrido.

—Oye, Doce, ¿me cuentas otra de esas historias locas tuyas? Pero que sea nueva, ¿eh?, que la de los renacuajos ya me la sé de memoria.


_________________________________________

No llores por no poder ver tu pierna,
las lágrimas te impedirán ver los cadáveres de tus amigos.

4 Re: Torreón Sendar el 11/06/17, 12:52 am

Naeryan

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Idiotas, confiados, papa-arenas. Granta no confiaba en ninguno de ellos: ni en el rarito con nombre de número, ni en la niña pirada que pintaba en las paredes y decía que veía cosas en sueños, ni en los dos niñatos que iban siempre juntos ni en ninguno de los demás.

Miraba malhumorado por la ventana, alejado del alboroto del resto de habitantes del torreón. Sin embargo parecía que hoy el alboroto había decidido seguirlo a él.
—Hola, Granta.
El asreniano miró ceñudo a la humana que subía por las escaleras, con una sonrisa demasiado amplia para poder ser concebiblemente verdadera. Como si se alegrase de verdad de haberle encontrado o algo, ja. Traía un plato de grillos.
—¿No quieres un poco?
—De ti no. Puedo cogerlos yo solo —podía llevarse sus amabilidades de mentira a otra parte. Tal vez los demás la creyeran, pero él no.
—No hace falta que seas desagradable —la muchacha le miró con los brazos en jarras, poniéndose seria poco a poco—. Mira, aquí tú eres el único que se los come y no sé si estas cosas caducan o no, pero te juro que si no te das prisa los tiraré todos al primer descampado que encuentre. No quiero estar acumulando grillos secos en la cocina.
—Pues echaré ese chocolate que os estáis guardando por las letrinas.
—Mira, chaval, yo solo quiero encargarme de que todo el mundo en este torreón duerma sus horas, esté sanote y esté bien comido. Como que me llamo Ellie que no vas a romperme la racha.

Por toda respuesta Granta giró el plato que le habían dado de forma que los grillos se desparramaron por el suelo. Ellie apretó los labios de una forma que indicaba claramente que estaba conteniéndose con todas sus fuerzas para no maldecir.
—Espero que te guste comer del suelo.
—Acabas de decir que hay un montón más en la cocina.
Granta empezaba a pensar que aquello había sido mala idea para que lo dejaran en paz, porque la humana parecía más que dispuesta a echarle un sermón igual de largo que los que echaba al resto del torreón. Por suerte alguien la interrumpió antes de que terminara de tomar aire.
—¿Ellie?
Un hijo de lunas se asomaba por la escalera. Ojos notablemente más curiosos que los de la mayoría de su especie los enfocaron a ambos.
—Setenta, ¿qué pasa?
—Fiuxy's te llama. Dice que quiere que vuelvas a hacerle las trencitas en el pelo, que cuando se siente más guapo hace la magia mejor. Dice que tiene que ser antes de la salida y que porfa.
Con un último resoplido exasperado hacia el asreniano la humana siguió a su compañero al piso de abajo.
—No creas que te has librado —fue su última advertencia.

Granta volvió a su contemplación por la ventana cuando por fin se encontró de nuevo solo. La media sonrisa que había esbozado el asreniano tras hacerle perder los nervios a su compañera no había sido satisfecha, sino más bien como si hubiera cumplido una cuota diaria. La de ser desagradable. Cuando confirmó que Ellie estaba efectivamente el patio pendiente de los demás raritos, se agachó y recogió los grillos del suelo. El suelo del torreón estaba limpio y en la tribu de los ranta eran de todo menos melindrosos. Luego se los comería cuando tuviera hambre.


-


—Granta, ¿has limpiado el suelo como te pedí o lo ha tenido que hacer otro?
—¿Yo? —Granta hizo el mejor esfuerzo que pudo por reírse en su cara—. ¿Por quién me tomas?


_________________________________________

"And if you gaze long enough into an abyss, the abyss will gaze back into you."
Al veros conspirar... (CLICK):


Al poner un evento... (CLICK):
Durante el transcurso del evento... (CLICK):

5 Re: Torreón Sendar el 21/06/17, 01:28 pm

Naeryan

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Corann no pasaba todo su tiempo perdido en los delirios de la torre negra. En ocasiones temía perderse, olvidarse de quién era, y por fortuna aún recordaba el camino de vuelta. Odiaba el mundo físico que no controlaba, pero también le mantenía a flote.
Odiaba también los sueños de los demás que podía moldear a su antojo, pero que llenaban sus horas de una forma que el mundo físico no podía. Eran predecibles, en ellos solo sucedía lo que él dictaba, y justo por eso, de los tres, eran los que mejor funcionaban de ancla.

No había jugueteado con la mente de ningún cosechado desde el año pasado. Muchos de los transformados arrastraban todavía miedos de cosecha, miedos de niño. Con el tiempo y las repeticiones Corann había terminado por aborrecer por aburrimiento los sueños de los cosechados, aunque fuera por su falta de experiencia.
Sin embargo hoy le apetecía castigar. Ahora mascaba posibilidades mientras saltaba de un subconsciente a otro de entre los intrusos que ahora habitaban su antiguo torreón.
“No os protegerá de nada”, pensaba con resentimiento mientras elegía a su víctima. “Os arruinaréis, como hice yo.”

Se lo mostraría. Le había cogido inquina a uno en concreto, un asreniano que era un marginado en su grupo como él lo había sido, pero al que no parecía importarle lo más mínimo. Le sacaba de sus casillas.

Una mantícora, decidió. Una mantícora que se comiera a todos sus compañeros una vez atravesaran el portal, y él se quedara solo tras unos escombros si saber si el latido de su propio pulso era real.
El primer contacto fue sutil, como siempre, pero los zarcillos de ilusión resbalaron inocuos sobre el sueño del muchacho en lugar de introducirse en él. Lo intentó con más violencia por despecho pero nada resultó tampoco.

Una magia primaria le impedía ir más allá, advirtió. Contrariado, y con una vertiente de rabia solamente yendo a más, Corann lo intentó una decena de veces más pero fue incapaz. Gruñó al rendirse por fin.

Tras la Luna. Tras la Luna aquella estúpida invulnerabilidad se iría, cuando cambiara hasta gritar o hasta que se le torciera la mente.


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6 Re: Torreón Sendar el 19/07/17, 06:25 pm

Zarket

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GM
En los dormitorios de Sendar solo estaba en ese momento un chico algo moreno, de pelo oscuro y mirada nostálgica. Le llegaba de abajo el sonido de la gente preparándose para comer, pero él ya había hecho esa comida un rato antes. Aunque de todas formas no era probable que hubiera querido bajar y estar con el resto. No ese día, al menos.

La puerta de la habitación se abrió y entró una chica dos o tres años mayor que él. El joven no necesitó girarse para saber quién era: a esas alturas ya estaba claro quién era la "madre" del grupo.

—Miguel, ¿no te apetece bajar a almorzar?

—Ya he comido.

Su respuesta parecía aburrida, como si todo en la existencia le diera igual. O como si esa conversación se hubiera tenido decenas de veces.

—Chico, aunque no sea a comer. Baja y pasa un rato con todos.

Miguel apretó los dientes, reprimiendo el impulso de mandarla al infierno. Por su mente cruzó el relámpago fugaz de una sonrisa preciosa, enmarcada por unos pelos que no temrinaban de salir. Una sonrisa que hacía meses que no veía. Y su malhumor se desplomó como un castillo de naipes.

—Ellie, ¿crees que nos dejarán volver?

Los segundos que pasaron hasta que llegó la respuesta se le antojaron horrendamente interminables. El humano estaba seguro de cuál era la respuesta real a esa pregunta, pero no soportaba pensar en ello. Suficientemente duro se le hacía saber que, como mínimo, le quedaban muchos meses en aquel basurero.

—Claro que sí. ¿Lo decía en el contrato, no? Pero para eso habrá que esperar a que termine el año de plazo que nos dieron. Y mientras eso pasa, pues oye... Hablar y relacionarnos un poco, no estar tan aislados, nos hará más llevadero el tiempo, ¿no te parece?

Miguel se limitó a abrazar con más fuerza la almohada que tenía entre los brazos. Soltó un sonido indefinido que podía tomarse, con mucha imaginación, como un "ahá". Las siguientes palabras de su interlocutora colmaron su paciencia.

—Ay, chico, qué callado eres.

Se sentó como una centella y le miró a los ojos, con una expresión rabiosa. Estaba harto de esa conversación.

—Tú, sin embargo, no te callas ni debajo del agua. Hazme el favor y déjame en paz.

Ellie no dijo nada más. Tras inspirar muy hondo apretó los labios y salió a paso rápido de la habitación, dejando al joven sintiéndose cada vez más miserable. De los labios de Miguel no tardaron en salir dos únicas palabras.

—Lo siento...

El susurro apenas lo escuchó él mismo. Ruido de cháchara incesante fluía de abajo y, tras un momento, acabó dejándose caer sobre la cama, soltando un quejido. Luego se tapó las orejas con la almohada.

Solo quería un poco de silencio y soledad. ¿Tanto era pedir?

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