Conectarse
Últimos temas
PalaceteHoy a las 06:30 pmAes¡Eureka!Hoy a las 01:16 pmTakSede de los TaumaturgosAyer a las 11:50 pmKanyumPrimer sueño de Aniol20/02/24, 09:13 pmYberPrimer sueño de Damian20/02/24, 12:12 pmTak
Estadísticas
Tenemos 203 miembros registradosEl último usuario registrado es LiebreNuestros miembros han publicado un total de 51562 mensajesen 1050 argumentos.
Licencia
Licencia de Creative Commons
Rocavarancolia Rol por los usuarios del foro está licenciado bajo Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.

Torreón Sendar

+11
Kanyum
Isma
Trish
Seth
Raven
LEC
Sevent
Muffie
Giniroryu
Aes
Rocavarancolia Rol
15 participantes
Ir abajo
Rocavarancolia Rol
Rocavarancolia Rol

Torreón Sendar - Página 41 Empty Torreón Sendar

19/09/12, 10:54 pm
Recuerdo del primer mensaje :

Ya antes de la Batalla de Rocavarancolia éste era uno de los mayores torreones de la ciudad. Quedó destruido por un explosivo que le arrancó sus cuatro plantas superiores, dejando tan sólo dos, aunque más tarde se reformó convirtiéndose en un torreón de cuatro plantas. Su base es circular y está protegido por un foso frente a la puerta, mientras que en la parte trasera hay un risco de varios metros de profundidad.

Tiene un patio empedrado muy pequeño acoplado a la parte trasera, con sitio para que una o dos personas entrenen. Una estatua pegada al muro representa una figura envuelta en túnicas cuya nariz y barbilla sobresalen de entre los pliegues. Alguien le pintó un bigote ridículo y una perilla garabateada con carbocillo mezclado con grasa.

La planta baja es un salón circular dividido en una gran sala central con cocina y salón y tres dormitorios pequeños que la rodean. Las escaleras, que están tras una puerta, llevan al resto de plantas del torreón. En el sótano hay una armería con mazmorras, en la primera planta hay cinco habitaciones medianas y dos baños, y en la segunda hay tres dormitorios grandes. La última planta no contiene nada salvo unas escaleras que llevan a la azotea, delimitada por un muro simple de escasa altura.

Recetario integral de Persilia Sukaldaria:

Ver mensajes archivados:

Muffie

Ficha de cosechado
Nombre: Szczenyak o Colmillo
Especie: vittya zawodny
Habilidades: Habilidad mental, habilidad manual y orientación

Torreón Sendar - Página 41 Empty Re: Torreón Sendar

24/11/23, 07:27 pm

Colmillo frunció el ceño ante el deseo de Ethan de ser quemado, aunque no dijo nada. Por las respuestas de Nohlem y Connor parecía algo común en la Tierra y Varmania, o al menos eso le pareció al vittya al ver cómo de fácilmente era aceptada una sugerencia tan extraña y sin sentido, y no quiso tampoco alterar la situación preguntando al respecto. Aunque tampoco es que tuviera el ánimo para ello.

A pesar de esto y de que su estado era todo menos idóneo para darle vueltas a esas cosas, su mente no podía evitar pararse a pensar en esa petición, sobre todo después de que Connor exclamara sobre dejar que los gusanos murieran de hambre.

Aunque a él también le repugnaban esos bichos y no quería que le devoraran al final de su vida, tampoco estaba muy a gusto con la idea de que murieran de hambre. Naturaleza desconocida y desagradable o no seguían siendo animales y si su motivo de ser en el ciclo de este mundo era el de comerse la carne de los cadáveres y limpiar sus huesos, no tenían por qué ser juzgados por ello o apartados de su cometido. Y mucho menos si la alternativa era el fuego.

La idea de que su cuerpo fuera desperdiciado de esa manera solo por el rechazo a los gusanos era completamente incomprensible para el zawodny, que todavía pensaba en ello con aire ausente mientras entraba de vuelta en el torreón.

Tras un breve saludo a los que se habían quedado dentro y un respiro de alivio al ver que estaban tal y como los dejaron, todavía con la mente dispersa por los pensamientos sobre el fuego y el bajo ánimo, comenzó a sacar el contenido de la cesta que era más probable que no hubiera sido tocada. Los botes de grillos y paquetes de especias parecían tan intactos como habían estado los anteriores, pero igualmente pasó un trapo por ellos por precaución antes de sacarlos y ordenarlos, tras lo cual ayudó al resto a limpiar la fruta y verdura con el agua que había traído Airi. Aún así, aunque toda la comida pareciera limpia y libre de cualquier contaminación, Szczenyak no se atrevió a probar bocado hasta que algunos de sus compañeros lo hubieran hecho antes, y ni entonces comió demasiado.

Su estómago se había cerrado recordando el crujir de los huesos mientras los gusanos se movían entre ellos en busca de su desayuno.
Isma

Ficha de cosechado
Nombre: Damian
Especie: Humano itaiano
Habilidades: Agilidad, dibujo, espontaneidad

Torreón Sendar - Página 41 Empty Re: Torreón Sendar

30/11/23, 02:07 pm
El chico seguía mirando receloso la comida, teniendo la guardia muy alta con ésta hasta que viese a alguien de comer. Solo ahí probaría bocado, comiendo más lento de lo acostumbrado por lo cortado que sentía el estómago a pesar del hambre que traía consigo. Para el italiano era una sensación agridulce comer, teniendo muy fresco lo que le pasó a Serena.

Y tras eso fueron pasando los días y, con ello, las semanas. Al principio Damian seguía obnubilado, sobre todo pensativo por los acontecimientos que le tocó vivir. Si lo de las ratas gigantes con púas ya fue un buen susto para el pequeño, tener que lidiar con una pérdida, un sentimiento muy nuevo para él, le tuvieron en una densa burbuja visible para el resto en la forma de un silencio extraño que poseería a Damian. No tenía por qué decir nada, ya lo hacía su cabeza por él, pesada, redundante en hechos pasados. Pensó en el resto desde que habló con Ethan, descubriendo la amarga verdad y, con ello, una creciente preocupación por perder al resto y, sobre todo, temía un poco más por sí mismo, de dormir para siempre como Serena hizo.

Por ello hizo en la segunda semana el esfuerzo mental de no pensar, evadirse y echar de su cabeza todos los malos pensamientos. Debido a eso empezó a hablar más, intentar ser como cuando antes todo era normal y, mientras estuviese en otras cosas, parecía funcionar bastante bien para el italiano. Recuperó poco a poco su rutina de levantarse temprano, motivándose para ser mejor por él mismo y por los demás también en un arranque infantil de no querer ser una piedra en el camino, como cuando ese pájaro se coló y no hizo otra cosa que sacar la daga y no usarla.

Lo anterior fue la chispa perfecta para encenderlo en más entrenamientos con Kalna, para aprender a usar ese cuchillo. Quería defenderse por su cuenta y, con el mango en sus manos, se sentía más seguro, más poderoso.

Con Aniol pasaba mucho tiempo, el que más. Jugar con él le ayudaba mucho, en su mejor amigo veía un sólido apoyo que le otorgaba luz en las penumbras más oscuras. Con Erseniak también fue una grata sorpresa, no se olvidó de la vez que lo puso a salvo y no lo culpó por hacerlo sin avisar. El hombre-animal era bueno con todos y su personalidad ayudó a Damian a no ver en él a un chucho apestoso, había más que eso. Con otros tuvo un apego especial, una forma de llamarlo sería como “hermanos mayores”. Ethan, Nohlem, Rag, Connor, Rick, Seseniak, todos ellos aparte de ser más mayores que Damian les servían como algo que seguir y aspirar. De una forma u otra, aprendía cosas nuevas de ellos así como de Kalna y Airi quienes, en parte, tenían aspectos que podía ver en su mama. Kalna tenía la fuerza y entereza; y Airi el aura de calma y amabilidad que emanaba.

Y así continuaron los días, forjando su relación con todos ellos tanto dentro de su castillo como fuera. No fue hasta la tercera semana donde la tensión volvió junto a aquel monstruo que se dignó a volver, a robar más cosas de su vida. Damian no lo podía aguantar, siquiera su propia visión le generaba rabia y ganas de hacerle daño. Insultos y maldiciones saldrían de su boca, dedicados a ese pollo maldito en el momento en que lo viese. Por ello, si escuchaba algo sobre querer eliminar aquella amenaza el italiano daría carta blanca, deseoso de ver eso cumplido.

Triplicó sus esfuerzos entrenando tanto por su cuenta como con Kalna y a veces con Rag, compaginándolo con su vida normal con toda la naturalidad del mundo. Era raro, perseguía un deseo frío pero, aun así, seguía teniendo momentos cercanos y risueños con los demás, en una inocencia que lo hacía un poco inconsciente de distinguir los pesos morales de lo que andaba pensando. No estaba de acuerdo con los puntos de vista de aquellos que no querían acabar con el pollo monstruoso de primeras, dando negativas al respecto.

Tras muchos intentos fallidos y muchos berrinches, Damian desistiría de la magia por el momento de la pura frustración. Se culpaba a sí mismo por no poder hacer lo que otros sí pueden y por mucho que intentase hacer algo de magia no lograba sentir nada, ni siquiera en la punta de sus dedos. Por eso se enfocó más en entrenar con su brillante daga por su cuenta, apuñalando el aire en torpes meneos. Eso le hacía sentir mejor, más preparado y más vivo por alguna razón, embriagándose él solo con su arma. Sin embargo el chico fue visto por la grandullona Kalna, dando un poco de guía al respecto.

Un mes entero pasó, un lapsus de tiempo que se le hizo rápido junto a todos, ameno a pesar de los altibajos. Esa mañana era como todas las demás, con la misma luz y el mismo entorno exceptuando por el hecho de que tenían planes.
Kanyum

Ficha de cosechado
Nombre: Nohlem
Especie: Varmano granta
Habilidades: Puntería, intuición, carisma

Torreón Sendar - Página 41 Empty Re: Torreón Sendar

01/12/23, 05:43 pm
Nada habría preparado a Nohlem al momento en el que hablar de funerales le suponiera un alivio. La muerte nunca había caminado cerca suya, al menos no desde hacía una década, con la muerte de su abuelo, un hombre del que por tener no tenía ni opinión. Tras el “entierro” de Serena fue, durante días, de lo poco en lo que pensaba. Compartió sus peticiones con el grupo, pero sobre todo con Kalna, quien ya le había visto en tan lamentable intento por cumplir lo que él creía correcto. No estaba orgulloso de ello, pero confiaba en la chica más que en sí mismo llegado el momento si era inevitable.

No quería morirse, no tan lejos de casa, pero mantenerse vivo estaba siendo tan difícil que alguien tendría que recordarle porqué merecía la pena intentarlo. Por eso Nohlem no se dio tregua y acudió a aquello que le ayudaba, la gente y el ocio, porque sanar en paz y silencio era algo que a él no le funcionaba, incluso cuando su mente divagaba y a veces le costaba seguir el ritmo de sus propios pensamientos, ajeno y aislado. Temía ser olvidado, así que qué menos que perdurar en las relaciones que formase, caer en gracia, marcar una diferencia, dejar su letra escrita en algo (o en alguien) que durase más tiempo que él. De la misma forma se dejaría marcar por los demás. Ni siquiera Serena merecía caer presa del olvido, por mucho que Nohlem desconociera si pensaba bien de ella por buena fe o superstición.

Se dejó conocer y se esforzó por conocer a otros, permitiendo que las palabras sobre su mundo y sobre sí mismo fluyeran y empañasen su mente hasta que la melancolía que arrastraban actuase de combustible, no de hándicap. Nohlem, orgulloso hijo de orfebres, con una hermana demasiado detallada para ser ficticia, con una casa espectacular y una vida floja y acomodada, de costumbres estrictas, con demasiado gusto por el juego, la música y la compañía, por los chicos que cocinan y las chicas que arreglan flores, por los deportes de puntería y el sabor a mar.

Le dedicó tiempo a los niños, le dedicó tiempo a sus amigos y compañeros, fueran charlas cortas y tontas o dudas profundas como las que tenía Damian sobre el amor, fuera ponerse guapo con Connor o hacer guardias nocturnas con Ethan, enseñar a Rick, Airi y Colmillo y sentirse útil como profesor, incluso competir de buena fe por quien tiraba mejor. Jugar al escondite o a las adivinanzas, dibujar y ayudar, escribir y adaptar canciones hasta que rimasen de nuevo sin perder significado, canturrear al aire y tirar con arco, cosas tontas, significativas, para que el tiempo pasase más rápido. Porque qué caprichoso era y que lento se sucedía a veces.

Una semana, luego dos. La esperanza brillaba con la debilidad de una cerilla, pero con toda la indiscreción del mundo al ser la única fuente de luz en un cuarto demasiado oscuro. El fuego no crecía, no calentaba, pero al menos a cada día que pasaba estaban más cerca de la fuente. La ciudad también les dio tregua, permitiendo que la cerilla iluminase sin vergüenza, sin muebles de por medio, días que pasaban sin altercados como si el karma supiera que se había excedido con ellos. Y aunque estuviera más despejado y de mejor humor, en el fondo Nohlem sabía que era cuestión de tiempo que algo pasase, que una rama seca mal pisada le recordase al monstruo durmiente de fuera que seguían allí.

Lo que no esperaba es que aquel que seguía allí fuera el asesino de Serena. El mismo ser al que había disparado por intentar matarlos a todos. Supuestamente el karma era justo, pero aquello no lo era. Dos semanas para recuperarse. Otras dos para perder los nervios.

El ave para nada sutil volvió a las andadas, y menos mal que tras el incidente del veneno y las ratas con pinchos habían decidido ser prudentes con la comida, pues por culpa del monstruo amenazó con escasear. Comida tirada, abierta y rota, impregnada de miel tóxica. La frustración de estar allí, un sentimiento que hasta ahora había experimentado en ocasiones más o menos puntuales bajo la sombra del malestar, se volvió un estado pesado y permanente. Atrás en el tiempo su primer instinto fue matar a Sutileza, y lo sería una segunda vez, nada más al verle reaparecer. Tantas flechas gastadas intentando atinar a su corazón, todo para que alzase el vuelo y huyese una vez más.

No era justo que ellos hubiesen perdido a Serena y ese condenado parásito solo hubiera pasado un susto. Vale que la pelirroja hubiera puesto todo el karma en su contra, pero… ¿tanto para eso? Nohlem lo quería tan muerto y olvidado como el que más, y es que por mucho que hablase (estaba convencido de que su voz era robada), seguía siendo una alimaña. No era varmano, ni humano, sanaí, mjorní o vittya, sino un monstruo que no merecía tener nombre propio. La gente con la cabeza más fría consideró otros planes para él: capturarle y sonsacarle información, lo cual al granta le pareció lo suficiente razonable como para no inmiscuirse con sus deseos más viscerales. Lo atraparían, le harían cantar, y entonces quizá el pájaro desease estar muerto. Pensaba hacerse una flecha nueva con cada una de sus plumas, siguiera respirando o no.

Por supuesto el malestar hizo mella en él, notable no tanto por la fuerza de los sentimientos negativos sino por el contraste con su actitud semanas previas. Animarse era difícil, y si ni él creía sus propios engaños menos podía fingir con los demás. Sus clases con arco se volvieron estrictas, al punto de no poder importarle menos que Rick las abandonase, de no darse por aludido, de no querer malgastar flechas con tiros erróneos como si temiera el no tener suficientes para clavar al pájaro al suelo llegado el momento. Eran un recurso valioso, finito, y fallar era un lujo que no podían permitirse. A sus pasatiempos se sumaron afilar puntas de flecha y preguntarse a dónde coño había ido el papel, sospechoso teniendo en cuenta de que al pozo seguían sumándose más y más animalitos.

En semejante martirio de días en los que conseguir comida era una incógnita constante, en los que volvían a hacer guardias o él mismo despertaba mortalmente temprano para vigilar desde la azotea que ningún ser desleable se acercara a su refugio, al menos seguían teniendo algo positivo a lo que aferrarse. Los cristales brillantes cuyo protagonismo había sido relegado a mero relleno tras los incidentes resultaron ser algo así como “baterías mágicas”, cargadores de energía que, efectivamente, funcionaban con sangre. Los supuestos hechizos que había en el extraño libro de cocina dejaron de ser tan supuestos, y lo que el granta habría creído imposible, un motor para novela de aventuras, resultó ser tan real como el lobo bípedo que era Scszeniak y las enseñanzas del lagarto morado que era Räg. Que la magia existiera no debía sorprenderle a estas alturas, no en semejante mundo, pero… ¿ser capaz de hacerla? Eso era otra madera.

Una “tontería” como que el agua se calentase a comando o que la punta de su lápiz se tiñera de verde eran cambios tan valiosos que, aunque la esperanza siguiera lejana, oculta tras capas y capas de duda, el granta podía notar su calor. No fuera, algo que alcanzar como lo era el objetivo de cumplir el año, sino desde dentro. Un pulso como el de su corazón, como el de la alegría. Tenía magia, podía hacer magia. Kalna tenía razón. Y aunque él no fuera el mejor alumno, aunque fuera torpe y las letras bailasen cuando estaba nervioso y necesitase leer las instrucciones más veces que los demás, ser capaz de algo nuevo le hacía una ilusión extraña. Igual que una canción bien tocada después de años practicando.

Por eso quería salir. Más allá de los límites, de las cestas y el territorio en el que se moviera el ave monstruosa. Igual que habían encontrado magia en un faro abandonado, podía haber más libros y recursos esperando a ser descubiertos en las profundidades de la ciudad. Igual que les habían dado armas para defenderse o techo bajo el que dormir, igual que les mandaban comida en una bañera… ¿no sería explorar parte del reto?

Llevaba la cuenta de los días, una marca en un papel, su reloj y el semanario de Aniol para medirlo. Ver los números bajar era lento y tedioso (401, 400, 399, 398…) pero pasado un mes entero, prácticamente mes y medio en total, hacía de la esperanza a sobrevivir un año un improbable, no un imposible.


Ese día, 10 de mimbre -o dimimbre, según Aniol el mes humano más importante del año-, la suerte parecía sonreirles. Habían llegado antes que el pájaro a las cestas, por lo que tenían las panzas tan llenas como la despensa y el ánimo avivado para atreverse a una excursión. Puede que fuera rizar el rizo, definitivamente demasiado pronto para cantar victoria, un arrebato de confianza y una trampa rozando el ser activada, pero si había recompensas esperando por ellos, alguna ventaja no escrita con la que sobrevivir, merecería la pena el riesgo. O eso quería pensar. Quitando su habitual plumífero problema habían tenido tregua con otros monstruos, por supuesto lo lógico y lo más sano era pensar que el exterior seguía tan peligroso como el primer día, pero… encerrarce en el torreón no les hacía estar más a salvo, y eso lo sabían todos.

El brillante edificio a lo lejos, cuyo constante titilar le recordaba a una cascada de fuego, sería su meta hoy. Con un poco de suerte la cerilla que era sus esperanzas no se apagaría todavía. Con un poco de suerte, buena compañía, un cuchillo y un arco a la espalda, claro está.


Última edición por Kanyum el 02/12/23, 01:02 am, editado 1 vez
Aes

Ficha de cosechado
Nombre: Aniol
Especie: Humano
Habilidades: habilidad manual, automotivación, olfato fino.

Torreón Sendar - Página 41 Empty Re: Torreón Sendar

01/12/23, 07:40 pm
Los días pasaron para un Aniol que, al igual que las estaciones, fue mutando hacia un invierno apático y sin muchos cambios atmosféricos. Durante las dos primeras semanas el niño pensaba que aquellas serían sus Navidades más tristes hasta la fecha. No era solo la ausencia de Serena o la proximidad del 31 de Diciembre (el día que cumpliría 11 años), si no que allí, rodeado de multitud de calles angostas y vacías, se encontraba lejos de escuchar el sonido de los cascabeles y la risa de sus hermanas. No sonaban villancicos más que el crepitar de algún murciélago flamígero, ni había polvorones más que consumir alguna pieza de fruta cuando no le tenía miedo a dar un bocado.

¿Dónde estaba la nieve? ¿Y la tormenta?

Aquellas eran preguntas recurrentes que el polaco lanzaba al aire en algunas ocasiones puede que para distanciarse de la presencia de la muerte y del adiós. Para no escuchar las conversaciones con voz tensa y baja que los mayores mantenían al hablar de la criatura. Ésta seguía con vida, por cierto, más no para Aniol que se esforzaba por ignorar todo lo que tuviera que ver con algo mínimamente negativo. De por sí cada segundo que permanecía en ese mundo ya lo era, así que si algo acudía a su mente solo tenía que tirar del retrete una vez más y fingir que no lo había oído, o visto por el rabillo del ojo. O soñado, ya puestos.

Por suerte y probablemente al contrario que sus compañeros el humor del churumbel fue mejorando conforme las provisiones se reducían por culpa de Sutileza. Rocavarancolia les estaba dando margen y si avistó al pájaro en alguna de las salidas se dijo así mismo que se trataba de una paloma cualquiera desprovista de voces infantiles y gestos de burla.

Sí, los tiempos mejoraron en cuanto la magia rozó la yema de sus dedos. Gracias a las pruebas que Räg y Kalna realizaron con los cristales (o “gusiluz mágicos”, así es como él los llamaba) pudieron comprobar que se trataba de una especie de cargadores que al estar cerca de ellos les permitía realizar los hechizos que Abel y Rick trajeron del faro. La noticia cayó como el regalo con el lazo más grande del mundo. Y esta sensación de euforia aumentó más cuando se dio cuenta de que se le daba especialmente bien doblegar la realidad a su antojo. Al fin entendía un poco por qué Akeyo Kau le anunció que era una persona especial. Solo tenía que esperar un poquito y sería el hechicero más poderoso que jamás se recuerde. De momento se conformaba con teñir prendas viejas de los baúles y poder recrear el olor grasiento de la churrería cuando se quedaba solo en una de las habitaciones de Sendar.

Su desmesurada imaginación ayudó a que aburrirse fuera una tarea difícil pero fue la presencia de sus compañeros lo que terminó por bajar su guardia del todo. Aniol se volcó por completo en las dinámicas, luchando por trazar historias de amor descabelladas que solo ocurrían en su cabeza (esta vez se esforzó de veras para que no se escaparan de allá, ya que no estaba el horno para bollos), jugando al escondite o a los pasatiempos que Airi proponía proveniente de las tradiciones de su tierra.

Practicaba conjuros, entrenaba con Räg el uso del bastón (más para pasar el rato con el mjorní que otra cosa) y a la noche alternaba entre caer rendido en el falso refugio o en el cobijo que le ofrecía el pelito de Colmillo y su particular forma de ser.

La sorpresa que germinó del caos fue Connor. Bruto. Hosco. Malhablado. ¿Pero infundía tanto miedo en realidad? Aniol se alegró de ver que podía hablar con él y pronto empezaría a buscar su presencia para picarle con ñoñerías que sabía no le gustaban. Se dijo que el canadiense merecía tener una Navidad especial por todo lo que había parecido pasar, así que no tardó en escribir con ilusión la carta al Señor Santa en la intimidad de la noche. Cuando estuviera lista no sabía como enviarla para que los duendecillos se la llevaran a Papá Noel, pero ya pensaría algo.

Damian, Nohlem y Ethan no se presentaron como una sorpresa. El primero le recordaba que al menos por unos años todavía podían jugar a ser lo que eran, unos niños con ganas de volar por encima de las nubes e imaginar que podían ser guerreros o damiselas de cuento que no necesitaban a nadie para salir del apuro. La personalidad cálida pero vibrante del granta serían atrayentes para cualquiera, más para un niño que aprendía de sus gestos y de las formas que tenía de relacionarse con los demás sin ser siquiera consciente de ello. ¡Incluso soltaba "Santos" cuando se asombraba por algo! Llevar la cuenta de manera conjunta gracias a sus semanarios derivó en algo divertido y familiar. Uno con números más altos y tediosos, el otro con una esperanza eterna y más breve ante las festividades.

Ethan necesitaba un punto aparte. Seis semanas bastaron para que Aniol lo considerara algo más que un amigo, la afinidad y el apego que sentía hacia él era tal que la figura de una especie de hermano mayor anidaba en su vientre, con miedo a encender una llama que el medio japonés pudiera apagar de golpe, quizás asustado por lo rápido que el niño se encariñaba con la gente. Los ratos que pasaba con él eran sin duda un remanso de paz al que podría acostumbrarse. No tardó en darse cuenta de que de alguna manera podía ser mutuo, ya que no quedaba papel para nadie, pero si él o Damian necesitaban dibujar algo (o Rambo se había espachurrado otra vez) los folios surgían de Rudolf sabía donde.


Y así llegó la mañana que acontecía. Algunos de sus compañeros seguían pasándolo mal ya que comprendían un peligro mayor que él ignoraba. Rick solía verse muy preocupado. Räg a veces daba la sensación de que no estaba. Pero todos querían explorar. Puede que esta vez les sentara bien, tenía que hacerlo.

Si se concentraba lo suficiente incluso podía olvidar que alguna vez catorce personas convivieron juntas en lugar de trece.

Eso tenía que ser bueno...

¿No?
Harek

Ficha de cosechado
Nombre: Rick
Especie: Humano
Habilidades: Puntería, habilidad mental y carisma

Torreón Sendar - Página 41 Empty Re: Torreón Sendar

03/12/23, 04:19 pm
El resto de aquel día fue tranquilo, al menos todo lo que podía ser luego de un funeral y todo lo ocurrido el día anterior. La comida la limpiaron por si acaso igualmente, pero a Rick le alivió comprobar que no tenía signos de haber sido manipulada. Aquello no quitó que comiera lentamente, por una parte aún con cierto recelo de que hubieran disimulado mejor el veneno y por otra el peso de los acontecimientos. Al menos sentir el estómago lleno fue una pequeña alegría.

Las dos primeras semanas para el neoyorquino fueron un momento para sanar y replantearse sus movimientos en la ciudad. Los días siguientes todavía estaba algo alicaído, aunque quisiera salir adelante las crudas imágenes de ese fatídico día le perseguían hasta en sueños. El esfuerzo por mejorar estuvo presente siempre y, a la vez que fueron pasando los días y el resto iba mejorando algo su humor, el de Rick también se fue recuperando poco a poco. Llegó el punto en el que estaba casi tan abierto como el día que llegó a la ciudad, hablando animadamente con todo el mundo en sus ratos libres, un poco más frecuentemente con Kalna, Räg y sus compañeros de cuarto, pero había una diferencia clave. Esta vez no pecaba de optimista y, aunque tranquilo, estaba atento ante la menor señal de peligro. Que ese tiempo estuviera siendo pacífico no quería decir que estuvieran a salvo, Rocavarancolia les había enseñado eso por las malas. Por ello le pareció bien empezar a racionar la comida como medida preventiva a más saboteos y se ofreció para hacer algunos turnos de guardia a la noche.

Esas semanas los entrenamientos con armas se convirtieron en una de sus prioridades. Con el sable seguía practicando y, aunque lejos de ganarle a la libense, conseguía aguantar más en los combates de práctica. El estilo que estaba desarrollando se basaba en observar al adversario, ser consciente de sus movimientos, sus puntos fuertes y sus debilidades para aprovecharlas a su favor. Tenía claro que sería todo un reto contra un enemigo desconocido, fuera inteligente o no, pero pensaba que podría sacarles de algún un apuro si lo refinaba. Las clases de arco las tomó con más ganas que antes, debido también a que las heridas de las espinas estaban ya casi curadas del todo, lo que le permitía esforzarse al máximo. Si aprender combate cuerpo a cuerpo le gustaba por la novedad, ésta le encantaba por un sentimiento de cierta familiaridad. Además, el buen ambiente con Nohlem, Szczenyak, Airi y el resto que se apuntaba ayudaba bastante.

Por otra parte, tener unas semanas de calma le sirvió para continuar pensando tanto en estrategia como en los misterios que se había propuesto descubrir. Lo primero iba de la mano de los entrenamientos y la información que tenían por el momento. El mapa lo seguía rellenando durante las salidas y en algunos momentos intentaba pensar en formas de evitar más accidentes, pero sin salir de aquella "zona de confort" no iba a sacar nuevas conclusiones. Así que, en cuanto se comentó la idea, el neoyorquino se mostró a favor de realizar expediciones, ya fueran cerca del refugio o explorar más lejos. En todas las salidas iba atento al entorno, tanto para vigilar si había algún peligro cerca como en búsqueda de recursos y nuevas pistas. Por qué los habían atacado, qué motivo tenían para llevarlos a una ciudad en ruinas y sobrevivir... eran muchas preguntas a las que de momento no parecía encontrar una buena respuesta. También tenía otra pregunta más y es que de vez en cuando seguía viendo hojas mecidas por el viento cerca del torreón. No habían visto ni un solo árbol hasta el momento, pero debía haberlos en alguna parte, ¿no?. Estaría atento por si en una salida encontraba de dónde salían.
Además, entre los escombros o en algún edificio podían encontrar más libros de magia, u otra cosa útil. -(Tal vez haya algo para guardar lo que queda antes de llevárselo a su familia)- Sí, aquello también tenía un hueco en su cabeza. Además de la despedida, días después acompañó a Airi y Kalna a grabar su nombre cerca del torreón, una costumbre del mundo de le sanaí. Siempre que pasaban cerca de esa pared la miraba, en recuerdo silencio de alguien que ya no estaba, pero aún quedaba comunicárselo a su familia. No podía dejar en una dolorosa incertidumbre a los seres queridos de Serena, aunque todavía quedara lejos el momento en que pudieran regresar a La Tierra.

Uno de los descubrimientos más importantes de esos días fue cómo funcionaba la magia. Gracias a los experimentos de Rägjynn y Kalna, descubrieron que los cristales almacenaban magia y era necesarios para realizar los hechizos. Por supuesto, Rick se unió a la primera prueba con muchísimo interés... pero algo fallaba. Por más que repitiera el conjuro y los gestos, comprobando que no se estuviera equivocando, no pasaba nada, no había ningún cosquilleo ni chispas. Según el mjörní no todo el mundo tenía la capacidad de hacer magia y, aunque no podía negar que la idea le fastidiaba un poco, Rick no se tomó mal la revelación. Al contrario, eso solo hizo que a los misterios se sumara el por qué de ello. Aún si él era incapaz, ver a otros haciendo magia, algo impensable si le preguntaban hasta hacía un mes, era fascinante. Lo sentía como cuando descubrías de pequeño lo más básico de la ciencia y los fenómenos naturales, tan impresionantes aunque solo fueran la puerta de entrada a un mundo mucho más complejo e interesante. Si no estaba entrenando, a veces se unía a las clases simplemente para ver los avances y los nuevos conjuros que comenzaban a realizar.

Pero claro, no todo iba a ir bien. Estaba listo para otro peligro, pero lo que no se esperó es que la amenaza fuera de nuevo ese pájaro. Sutileza seguía vivo, y tenía más ganas que antes de joderles. La primera vez que lo vieron le dio un vuelco el corazón, aunque lo peor para él era la actitud. Se burlaba de ellos, los vigilaba de vez en cuando y al menor signo de amenaza se iba. Era una sensación horrible, más aún cuando empezó a actuar. La comida empezaba a escasear aunque madrugaran, el ser emplumado podía volar y se encargaba de dejarles sin nada o, a peor fe aún, dejarles solo la miel que ya habían comprobado que no era comestible. Por más que le diera vueltas no entendía el por qué de sus acciones y no quería dejarse llevar por la rabia y frustración creciente que sentía. Sus tareas en el torreón no cambiaron, si bien cualquiera lo podría encontrar más serio y pensativo, ojeando de vez en cuando al exterior por alguna ventana. No le quitó la palabra a nadie, pero con algunos de sus compañeros si que sintió algo de incomodidad. Lo estricto que se había vuelto Nohlem en las clases lo llevó a practicar por su cuenta y algunas reacciones con todo lo que estaba pasando no le terminaban de gustar aunque entendiera de donde venían.

El chico necesitaba respuestas y también tenía claro que tenían que conseguir que les dejara en paz de una vez por todas. No iba a dejarse matar ni que nadie más saliera herido, pero si podía evitarlo no se rebajaría al nivel del pajarraco. -(Si tan solo pudiéramos atraparlo...)- pensaba a veces al verlo en la lejanía, hasta que surgió otro pensamiento: ¿Por qué no intentarlo? Brevemente le preguntó a Kalna si sería viable elaborar un plan para capturarlo e interrogarlo y al poco de verlo posible, decidieron reunir a todo el grupo para plantearlo. Su postura al respecto de qué hacer luego, aunque no terminaba de tenerlo claro, no pasaba por deshacerse de él. No tendría problemas en decirlo si salía el tema y no iba a cambiar su opinión de momento sin tener información. En cualquier caso, quedaban bastantes detalles por decidir, pero la idea estaba propuesta y se aceptó. Solo quedaba esperar el momento idóneo.

Aquel día no lo fue y para suerte de todos prometía ser un buen día. Las cestas de esa mañana estaban intactas y tuvieron un desayuno tranquilo. Tendrían comida asegurada para unos cuantos días y, además, Sutileza no parecía rondar por allí. Por todo ello, decidieron salir a explorar cerca de cierto lugar que Rick esperaba arrojara algo de luz al misterio. La catedral enorme de color rojo era un sitio prohibido según les habían dicho, ¿pero por qué? Se veía prácticamente desde cualquier sitio, estaba claro que era algo importante para la ciudad. Tal vez con esta excursión sacaría alguna respuesta.


Última edición por Harek el 05/12/23, 11:43 am, editado 1 vez
LEC
LEC

Ficha de cosechado
Nombre: Kalna, hija de Mánide
Especie: libense, del imperio
Habilidades: Automotivación, nociones de lucha, valor.

Personajes :
Dama Puente: Maga logomante austriaca (1.60).
Kaethe/Dama Sobras: Ghoul nublina (1.46).
Yttria: Bruja percusionista canadiense (1.53).
Amira : Valkyria francesa (1.63).
Kalna : Libense, del Imperio (1.78).
Nefer : Ammut hijo de luna Levyna. (1.85)

Armas :
Dama Puente: Magia.
Kaethe/Dama Sobras: Daga, fuerza bruta.
Yttria: Arco, hacha, magia, mala leche, cucharillas y otros objetos metálicos.
Amira: Espada corta, pegaso (shire)
Kalna : Espada bastarda
Nefer : Lanza, venenos

Status : One flesh, one end
Humor : Permanent resting bitch face

Torreón Sendar - Página 41 Empty Re: Torreón Sendar

03/12/23, 11:20 pm
Seguir adelante, como si no hubiera pasado nada, era sencillo cuando habías crecido rodeada de muerte y cuando la persona que ya no estaba entre los vivos no te importaba más de lo que lo hacía un mueble, y ni siquiera uno bonito o caro. Para Kalna la vida seguía igual que lo había hecho antes, y tal vez por eso le daba igual ser la que recibiera peticiones sobre qué hacer si alguno de los demás moría. Incluso la de Nohlem, por extraña que siguiera siendo, era algo que estaba dispuesta a cumplir si llegaba a darse la situación. Las costumbres funerarias eran importantes, y no le importaba hacerse cargo de cumplirlas. Por ello acompañó a Airi a grabar el nombre de Serena a un lugar cercano. Ella, por su parte, no había llegado nunca a especificar qué quería; lo único que sabía era que no quería nada de fuego, y eso era lo único que les podía decir a sus compañeros.

Su prioridad pasó a ser la supervivencia. La suya primero, que aquello tuviera como consecuencia que lo hiciera el resto del grupo era secundario. Guardias nocturnas, racionar comida, cualquier mínima cosa que pudiera ser de ayuda, por mucho que aquello significara una vida levemente menos cómoda. Sabía que aquello era una posibilidad, pero por mucho que en el ejército lo dijesen era una que siempre había estado en un lugar remoto en su cerebro, apartada por la vida de lujos que llevaba de normal.

Y los días pasaban, poco a poco. Conversaciones cortas, más largas, con Rick, con Nohlem, con quien fuera. Seguía costando soltarse más allá de frases que respondieran a la pregunta ahondando lo menos posible con gente a la que hacía menos de un mes no hubiera mirado dos veces al cruzarse por la calle, pero poco a poco iba encontrándose algo más cómoda. Si alguien daba en el clavo y preguntaba por algo que le gustase era más fácil empezar a hablar.

Sutileza no había vuelto, pero no por ello se fiaba más de las calles. Siempre abriendo o cerrando la marcha, alerta siempre, en busca de cualquier movimiento en un callejón, en una casa derruida. La seguridad de aquellas semanas solo hacía que quisiera explorar más, cerca o lejos; seguir con el mapa, tal vez encontrar más libros de magia, o aquellos amuletos de los que habían hablado, o cualquier cosa útil. ¿Cuál era el mérito de sobrevivir al reto que era Rocavarancolia si se hacía entre paredes? A partir de cierto punto, había algo que empezaba a ser más prioritario incluso que la magia o los conocimientos del terreno: el papel. No había que ser un genio para intuir quién se lo había quedado, porque el pozo seguía atestado de figuritas, pero no era el único que quería usarlo, y encontrar algo en lo que escribir había empezado a escalar posiciones sobre otras cosas mucho menos tangibles.

Ella podía no tener conocimientos de magia, pero tenía paciencia, y el seguir con su diario le había hecho empezar a tomar anotaciones sobre los cristales. Había empezado a hacer pruebas en su cuarto, para luego ponerlas en común con Rägjynn, lo que había desembocado en que por fin descubrieran para qué servían. No eran simples lámparas, sino que eran catalizadores para los hechizos. Y luego llegaron las clases de los que sí sabían magia, y las pruebas, y las prácticas. Y no había nada. Ni el cosquilleo del que hablaban, ni chispas en los dedos. El mjörní les había dicho que no todo el mundo podía hacer magia, pero aquello era estúpido. A Rocavarancolia se iba a aprender magia, ¿cómo no iba a poder hacerla? No, estaba claro que lo que fallaba era que necesitaba más práctica. Nada tenía gracia si no conllevaba esfuerzo, si te lo daban todo hecho.

Así que practicó magia. Por las noches, en el patio o en el salón, hasta que el sueño la podía. Las siestas que habían sido rutina en Libo volvían a serlo, y por primera vez desde que estaba allí dio gracias por no tener un espejo en el que verse la cara y las ojeras. Seguía sin salirle la magia, pero eso solo hacía que practicase más, de manera casi obsesiva. No sabía si le fallaba la pronunciación o los gestos, pero tenía que ser algo, y no pensaba parar hasta que todo le saliera perfecto y de sus dedos salieran hechizos.

El dedo terminó de curar en algún punto, y aunque nunca había dejado de entrenar ahora podía hacerlo sin miedo a que la fractura empeorase. Sus clases seguían siendo igual de duras, y le daba igual si alguno dejaba de ir. No iban a aprender si se lo ponía fácil, y aunque estuviera enseñando lo básico, no tenía ningún reparo en barrer el suelo con quien fuera si le pedía que no se cortase, y a veces si no lo hacía también. La ciudad no iba a ser amable, y no les serviría de nada que ella lo fuera; si acaso haría el efecto contrario y les daría una falsa seguridad que solo serviría para que las consecuencias fueran peores. Siguió yendo a las clases de Rägjynn. Eran demasiado defensivas para su gusto, pero no despreciaba un arte marcial nueva y el poder añadir nuevos movimientos a su repertorio.

No se había llegado a confiar. Habría sido estúpido hacerlo. Pero que el dichoso pájaro hubiera sobrevivido era algo con lo que poco a poco empezaba a no contar. Se lo tenía que haber llevado una infección, pero el dichoso bicho tenía suerte. Ahora en las salidas vigilaba los techos y el cielo, y aunque tuviera ganas de ensartarle con una lanza se obligó a mantener la calma. De nada servía perder el control, aunque era difícil cuando Sutileza les tiraba la comida, o cuando solo les dejaba aquella miel tóxica. Nunca llegaba a más que dientes apretados, los nudillos pálidos de más contra el asta o las pupilas afiladas; picos de ira provocados por u momento circunstancial.

Pero Kalna era mejor que eso. Nada de sentimientos que hicieran tomar una decisión equivocada, solo una mente fría y capaz de pensar con claridad. Sutileza les valía de mucho más vivo que muerto, y por eso su opción clara fue capturarle. Necesitaban interrogarle, sacarle respuestas, ya fuera por las buenas o por las malas. ¿Quién era? ¿Quién le mandaba? ¿Por qué estaba haciendo aquello? Obtener aquella información era, a sus ojos, lo más útil que les podía dar aquel ser. No parecía demasiado listo, viendo que él mismo se había delatado, pero estaba siendo muy cauto y sería complicado. Fue rumiando planes para ella misma, aunque acabaran poniéndolos en común. Lo que sí pensaba callarse, más que nada por miedo a como reaccionasen los demás (aquel sentimentalismo era algo a lo que no se acostumbraría nunca, pero mantener la convivencia era tan necesario para la supervivencia como comer), era que Sutileza debía morir. En cuanto cantase todo, no había ningún motivo más para que siguiera malgastando oxígeno. Sendar contaba con mazmorras, pero mantener a un prisionero a largo plazo era un gasto de comida que no valía de nada cuando no podían intercambiarle. No, en cuanto dejase de ser útil, aquel pollo le serviría de cena a los gusanos del cementerio.

***


Aquel día parecía ir bien. No había habido ni rastro de Sutileza cuando habían ido a por las cestas, habían podido comer con algo más de tranquilidad, y por fin empezaban a hacerse planes para explorar. Habían optado precisamente por las cercanías de aquella catedral que les habían dicho que estaba prohibida, y aunque Kalna no desobedeciera órdenes si venían de alguien que estaba por encima de ella, suponía que mientras no entrasen a la catedral la zona sí podrían explorarla.

Sin esperar encontrarse a los colaespina y sus púas, Kalna decidió llevar la espada. Siempre había sido su arma predilecta, y sin dedos rotos ni la perspectiva de necesitar un escudo, se sentía más cómoda con ella. Solo por si acaso, cogió también una daga, y se preparó para salir.

_________________________________________

Regocijaos, pues ahora sois parte de la leyenda de Kalna, hija de Mánide
Raven
Raven

Ficha de cosechado
Nombre: Ethan
Especie: Humano
Habilidades: Buen oído, valor y motivación
Personajes : Ethan: Humano, Ingles/Japonés 1.75

Armas : Ethan Lanza partesana y una daga

Status : pss pss veen gatitooo

Torreón Sendar - Página 41 Empty Re: Torreón Sendar

05/12/23, 11:24 am
¿A qué sabría la muerte? ¿Sería su abrazo uno dulce como la miel o el sabor a hierro propio de la violencia? Tal vez tendría el amargor de quien no quería despedirse o la frescura frutal de una vida que se extinguió para dar paso a muchas otras. Era un misterio, uno que llenaba su paladar con cada cesta nueva, dientes que se hundían en una manzana recién recolectada y labios que se mojaban en la leche, con la interrogante continua de que esa pudiera ser su última degustación. Ethan temía morir, temía que sus últimas palabras fuera una clemencia que nunca podría ser vocalizada, que el abrazo de despedida solo fueran sacudidas violentas y desesperadas. Claro que lo temía.

Pero… a su vez era reconfortante, la espera decisiva en la que sólo quedaba ver a donde se decantaba la balanza. Sin incertidumbre, sin miedo a quedarse en la cuerda floja, a verse atrapado en un mar embravecido donde no se ahogaba pero tampoco encontraba paz alguna. No, era más sencillo que todo eso, o moría en el próximo minuto o no lo hacía y solo ese conflicto tan bien resuelto le sacaba un suspiro de alivio. Ethan temía morir sí, pero más temía nunca hacerlo del todo.

El tema de la comida era delicado, un impulso a que su lado descuidado saliera a flote. No había prejuicios a la hora de probar, el joven nunca servía nada que no hubiera consumido en repetidas ocasiones (Menos los insectos). Las primeras tomas nada más organizar las cestas, las siguientes durante la cocina y la última delante de los demás, abriendo así la comida como tributo para que el resto pudiera probar con tranquilidad. Un gesto que simulaba como educación o incluso sacrificio pero que escondía la baja moral del joven.

Un muchacho que escondía tras una sonrisa reluciente el continuo peso de una realidad con la que no sabía lidiar, sombras que susurraban todo tipo de maldades esperando pacientes a que el sol se escondiera para asaltar sus pensamientos. Volvían de su orgullo una amalgama insegura, de su valentía un castigo inconsciente y de su felicidad un reproche culposo. Le recordaban dónde estaba aún sin merecerlo, como había llegado tan lejos absorbiendo una suerte ajena, que solo era el sustituto continuo de alguien que podría ser mejor. Estaba cansado, las noches heladas calaban sus huesos y la soledad era tan grande que se sentía demasiado pequeño junto al pozo. Figuras que poco a poco iban desbordando su nuevo hogar hechas con mimo y dolor a partes iguales. Estaba saturado de una costumbre que temía dejar atrás, como quien veía el humo aún sin fumar. Regalarlas a los vivos era un regalo de suerte, un ánimo y un consuelo, pero a los muertos suponían un sacrificio frustrante, saber que por más que hicieras nunca serían suficientes para cubrir su tumba, ni mucho menos para regalarles un deseo que sabía imposible.

La falta de papel le había obligado a dejar de dárselas a los vivos, secuestrando lo poco que quedaba para tenerlo a buen recaudo. En su egoísmo sólo cedía a los más pequeños negando de forma torpe ante el resto saber que había ocurrido con las mismas. Total, para el mapa tenían de sobra y la magia estaba escrita en el libro de cocina, no necesitaban más. ¿No? Los fantasmas se le agolpaban a las puertas del jardín de piedras, ya no era uno, eran dos y si bien la silueta de su hermano era difusa, la de Serena seguía siendo tan exacta que asustaba. No sabía que era peor, el que hubiera estado hasta hace nada con ellos o el hecho de que pasando las semanas pareciera que la joven nunca hubiera estado allí, como si sus huellas fueran poco a poco desapareciendo tras la nueva normalidad.

Por eso le dedicaba un cisne cada noche, tratando de evitar un olvido injusto. No le gustaba que los muertos se quedarán anclados a los vivos como memorias palpitantes, pero tampoco le servía el consuelo falso de negarles su propia existencia. Era complicado, una amalgama de emociones tan contaría como el primer día que visualizaron al pájaro escondido tras un tejado.

Y ahí todo cambió, un golpe necesario para que no ignoraran donde estaban. El racionamiento fue más que necesario, ganando a cada salida la convicción de que aquel ser debía de acabar bajo los mismos huesos donde yacía enterrada su compañera. Era una ira controlada, la inseguridad que apremiaba y convertía de su molestía una flecha con las mismas ganas de ensartarlo que en su día había hecho Nohlem. No era solo una venganza merecida por lo que había arrebatado, era un intento de preservar la seguridad de todos. Esa alimaña había demostrado ser un auténtico psicópata con cada burla que les dedicaba aún a sabiendas de lo que había hecho, por ello no quedaba en Ethan una pizca de piedad que poder regalarle.

Capturarlo le pareció buena idea si es que tenían la suerte de que la primera flecha no fuera a matarlo en el acto. Necesitaban preguntarle, asegurarse de que no habría más como él esperando su ruina en aquella dichosa ciudad y luego, matarlo. No le importaba quien lo hiciera ni como, si era agónico o rápido, mientras estuviera hecho era suficiente. Era consciente de que arrebatar una vida no era sencillo, que mancharse de sangre tenía un impacto mayor del que uno podía llegar a razonar en caliente, por ello se había mentalizado. Si resultaba siendo él quien tuviera que segar su vida, lo haría tirándole donde los gusanos. Sin violencia, sin suciedad, solo la moral tranquila de que sus niños podrían alimentarse correctamente.

Y por eso mismo no entendió la defensa absurda de Rick. No opinaría vocalmente acerca de ello, como tampoco lo hacía en favor de matarlo aún siendo consciente de que se sabía su elección. La piedad era un recurso que solo lo escogía quien podía permitírselo o quien no era consciente de lo ingenuo que era hacerlo. A sus ojos solo el miedo a pecar antes que proteger podía llevarte por ese camino. Serena no había tenido elección, Jasper en su día tampoco, el regalarle esa opción a un asesino emplumado le resultaba chocante, estúpido si se lo preguntaban en privado. No quería meter a ese peligro en el mismo hogar donde descansaban sus protegidos, mucho menos dejarlo suelto. No, si se le atrapaba solo había un final digno para esa monstruosidad con voz de niño, el olvido.

Hasta que pudieran conseguirlo intentaría mejorar por su cuenta, sobre esforzarse en su torpeza para encontrar algún refugio donde verse útil. Las semanas pasaban de forma obtusa creando nuevos lazos y reforzando los anteriores. Connor y Nohlem se estaban convirtiendo en sus amigos más cercanos, con la confianza tonta que solo podía compartir con alguien de su edad cuando no había responsabilidades cerca. Airi y Räg eran un intento de protegidos aún demostrando ser de los más maduros del hogar y los más peques, en cambio, se habían convertido en más familia de lo que quería admitir.

Por ello, cada intento frustrado con magia, cada golpe recibido y cada impacto contra el suelo era una derrota en el nombre de quienes más quería cuidar. No servía para nada. No era diestro con las armas, no tenía el porte fuerte como para resistir golpes, carecía de una mente afilada para tramar planes y nula chispa para conjurar hasta el más mínimo hechizo. Era un error, un falló, un usurpador, como el relleno faltante que tienes que meter para ocupar un hueco que no podía quedarse vacío. Ojala pudiera encontrarse con Akeyo, que de alguna manera pudiera corroborar que no había sido seleccionado por accidente, que de verdad podría ayudar al resto de alguna manera que no fuera lanzándose voluntariamente a las fauces de la siguiente bestia que apareciera en su camino. Necesitaba algo, cualquier pista por ínfima que fuera, un detalle que le hiciera sentir relevante aún a sabiendas de que no lo era.

Quería sentir que merecía estar ahí.

No, quería sentir que merecía seguir con vida aún cuando otros la habían perdido injustamente.

-------------

Ethan estaba empezando a apreciar días como ese, donde el matiz del cielo era de un gris más claro que de costumbre. Un ligero brillo que para unos ojos acostumbrados a la oscuridad eran luz suficiente como para levantar el ánimo.  Esa excursión estaba siendo tranquila, aunque ya tenían aprendido que la calma solo era un escenario antecesor a las tragedias, por eso aún manteniendo una charla animada con el canadiense sus nudillos se encontraban blancos al sostener con firmeza la lanza. Una imagen contraría en la que su sonrisa reflejaba el mismo resplandor que la daga escondida en su cinturón.

-Y por eso nunca hay que fiarse de ningún chihuahua…

Terminó la anécdota absurda a medida que se aproximaban a su nuevo destino. Desde la distancia el edificio rojizo imponía con su sola presencia pero cuanto más cerca se encontraban, más fácil resultaba sentirse diminuto a su lado. Se preguntaba qué entresijos escondería una obra arquitectónica que resultaba tan bonita y espeluznante a la vez, tan ecléctica como la ciudad de su alrededor. Al menos estaban dejando atrás ruinas y polvo, con suerte, con mucha suerte, hasta encontraban papel.
Seth
Seth

Ficha de cosechado
Nombre: Connor
Especie: Humano
Habilidades: Fuerza bruta, inmutabilidad, rapidez mental
Personajes :
Devoss: Humano (Países Bajos) Licántropo Tigre

Maila: Humana (Hawaii) Bruja de la Arena

Connor: Humano (Canadá)
Unidades mágicas : 8/8

Torreón Sendar - Página 41 Empty Re: Torreón Sendar

06/12/23, 12:23 am
El grupo llegaría sano y salvo al torreón, dónde rápidamente se pondrían a observar la comida en busca de veneno. Por suerte no hubo ningún rastro de aquella puta sustancia que habían visto el día anterior, por lo que pronto pudieron comer. Aún así, a Connor le supo la comida a auténtica mierda. Era jodidamente imposible disfrutarla... No cuando tenía en la cabeza el puñetero sonido de los gusanos gigantes quebrándoles los huesos, arrancando la carne y los músculos al cadáver de Serena. Y si ya le había resultado muy desagradable, el mayor culpable de que no tuviera hambre era el pensamiento oscuro que le perseguía. No sabía si iba a volver a casa... Joder no, no iba a volver a casa. Lo tenía claro. Iban a morir todos, solo tocaba esperar a ver quién era el siguiente.

Los días pasaron. Oscuros. Silenciosos como una mortaja. La muerte de Serena les había afectado, ya fuera por su pérdida en sí o por el propio miedo. Pero desde luego era un antes y un después. El puto juego había comenzado, y detrás de todo aquel miedo que sentía Connor estaba rabioso. Una rabia profunda y desesperada similar a la de un animal acorralado que lucha por su vida, que amenazaba con arrasarlo todo por delante como si fuera un jodido camión con los frenos cortados. Necesitaba pegarle a algo, con mucha puta urgencia. Y no solo era por el atentado que les había hecho aquel puto pájaro de mierda, no, también era a la ciudad. A quienes les habían secuestrados. A veces rememoraba su conversación con Akeyo y cómo ésta empezaba a convencerlo de que era especial, pero en su imaginación el final era distinto: con una puñetera bruja con una bala en la cabeza.

Sin embargo, el paso del tiempo era poderoso y capaz de al menos enterrar la mierda que tenía uno dentro. Y en el caso de Connor así fue, calmando aquellas embravecidas aguas por unas más mansas al no pasar por más peligros en aquellos días, aunque no por ello pacíficas del todo. Se dejó llevar por la relaciones con sus compañeros. Buscando matar el tiempo de cualquier forma posible, sobre todo para intentar ahogar la jodida abstinencia. De vez en cuando podía vérsele frustrado, irritable y nervioso... Y aunque empezaba a controlarlo y a acostumbrarse un poco, aún faltaba mucho para sentirse básicamente una puta persona normal. Le ayudaba mucho entrenar con sus compañeros, asistiendo a las clases de Kalna y Räg para desfogar un poco aquella tensión del cuerpo. Aún así, Connor no veía progresos en sus resultados con las armas. La maza seguía siendo un objeto contundente, que servía de puta madre para partir y moler, pero donde se le enseñaba más ligereza y técnica el motero seguía optando de forma inconsciente por un enfoque más bruto y callejero. A fin y al cabo, la calle había sido una de sus únicas maestras.

En las noches en particular, pensaba mucho en el club y en lo que pensarían de él. Algunos le dirían que lo estaba haciendo genial, otros que podía hacerlo mejor, y Eva que tenía que tomar el puto mando porque no podía confiar en nadie más de allí. Connor no lo veía así, porque el paso del tiempo le había hecho confiar algo más en sus compañeros y acercarse a ellos, por mucho que aquello le hubiera parecido imposible en un principio. Pero la verdad es que se sentía ajeno así mismo al darse cuenta de que era la primera vez que no estaba de acuerdo con Eva en algo. Y le daba algo de miedo que si lograba volver a Texas... Fuera una persona completamente distinta.

Su relación con sus compañeros fue mejorando en general. Ya fueran breves charlas o largas, más serias o más divertidas, Connor iría conociendo un poco mejor al resto de personas del torreón. La confianza, aunque ni de coña absoluta, se había abierto paso y permitido que el motero contara un poco más de su vida privada. Nada demasiado jodido, nada de toda la sangre acumulada que anegaban sus recuerdos o las muertes que asomaban en lo más profundo y oscuro de su mente. Pero sí detalles como que se apedillaba Wright, que le encantaba tocar la guitarra y cantar country, su vida diaria en el club que se basaba en hacer de mecánico de coches y motos y varias anécdotas divertidas.

No le gustaban demasiado los animales, excepto los caballos y que le gustaría saber montar en uno. Le encantaban las putas películas antiguas de vaqueros y los juegos como los dardos, el billar y las cartas aunque era un puto paquete en todo eso... Sabía que la mayoría de allí era consciente de que no era una puta hermanita de la caridad, pero tampoco era necesario empezar a contar todas las putas mierdas que había hecho solo porque sí.

Se interesó más aún por la cultura de aquellos mundos más exóticos, como los de Szcheniak, Räg y Airi. Siguió hablando con Rick y relacionándose especialmente mucho con Ethan y Nohlem. El primero había sido un apoyo desde el jodido principio, y en aquel tiempo su relación se fue estrechando más. Entrenaban juntos sacándose unas risas por el camino, y a sabiendas de que en la Tierra no habrían tenido siquiera oportunidad de tener una amistad, se sorprendía sintiendo gratamente justamente eso en aquella ciudad de mierda. Con el segundo fue aún mayor la sorpresa. Nohlem era un hijo orgulloso de orfebres, de vida acomodada y lujos dicho por su propia boca. Era con todas las de la ley un "puto pijo de mierda" como decían todos en el club, pero el felino era otra de las pruebas de que el club no tenía la razón en todo y él mismo tampoco. Sus charlas con él, tanto en sesiones de afeitado como fuera, le sacaban a golpe de martillazo los prejuicios que pudiera tener. Era la excepción a la regla.

Con los críos también pasó gran parte de su tiempo, enfocándose en pensar cómo actuarían los demás para hacerlo lo mejor posible. Con Damian era fácil, a veces pensaba que era como un puto mini-yo pero acrobático, y pasó tardes viéndole dibujar retratos del resto de compañeros o de él mismo. Con Aniol fue mucho más difícil, pero con el tiempo fueron acercándose más y se divertía observando las imaginativas maneras que tenía el polaco de intentar picarle con aquella travesura que le caracterizaba.

Aún así, no todo fueron buenas noticias. Sutileza, aquel puto monstruo de mierda, había vuelto y por todo lo grande. Desparramando sus cestas por el suelo antes de que pudieran recogerlas, vertiendo miel tóxica en ella o simplemente vigilándoles y burlándose de ellos ganándose amenazas del motero cada vez que lo veía. La puta paranoia volvía, las guardias nocturnas también, y la rabia por descontado. Deseando en cada uno de los tiros de Nohlem que fuera el certero que acabara con aquel gilipollas alado, o al menos que lo pudiera abatir del cielo para poder rematarle él mismo. La idea de capturarlo fue bien acogida por parte Connor si matarlo de primeras resultaba ser complicado. Puede que aquella alimaña supiera más cosas de la ciudad y como mínimo podrían averiguar si estaba solo o no. Pero Connor tenía muy claro que si lograban capturarlo aquel puto pajarraco no saldría de allí con vida, no solo porque no pensaba darle nada de la comida que tenían ellos... También se trataba de puta venganza por todo lo que estaba haciendo para putearles y por el veneno de hacía dos semanas. Si tenía la oportunidad él mismo lo mataría, y si no felicitaría a quien lo hiciera.

Otro tema importante fue la magia, que había sido apartada tras lo ocurrido. Ni siquiera Connor, que ya era escéptico por naturaleza, podía hacer como el que no creía en ella. Era la magia la que los había llevado hasta aquella ciudad y también la que los retenía sin poder volver a sus hogares. En lo que no había creído es en que ellos fueran capaces de hacerla. ¿Por qué cojones lo iba a hacer? Räg y Airi podían hacerla en sus mundos, pero ya no estaban allí y aunque habían dicho sentir chispazos no ocurría nada. Connor dudaba mucho que los cabrones que manejaban todo aquello les dieran algo tan jodidamente útil, no cuando tenían armas llenas de mierda y tenían que recoger la comida de un puto espantapájaros. No tenía sentido que pudieran hacerla.... y sin embargo así fue. Con las pruebas con los cristales de Räg y Kalna pudieron descubrir el cómo. Y ante los ojos atónitos de Connor, éste se vio así mismo siendo uno de los capaces de hacerlo... La chispa, el cosquilleo, el resultado... A pesar de que era jodidamente malo a la hora de memorizar, Connor intentó practicar al menos todos los días desde entonces. Aunque no todos parecían ser capaces, y tras la conversación que tuvo con Ethan en la azotea semanas antes el motero estuvo pendiente de él y preocupado por lo que pudiera pensar de sí mismo, al igual que con Damian al ver su frustración.

                                                                                              ---------


Tras un mes, en aquel día habían podido recoger la comida a tiempo. Así que tras un buen desayuno habían optado por explorar un poco la ciudad. Puede que descubrieran más cosas de la puta pesadilla en la que estaban o incluso libros de magia más útiles que calentar el agua o cambiar de color las cosas.

-Venga ya, no me jodas... ¿Estás seguro de que eso era un puto chihuahua y no un oso pardo?- Le preguntó divertido a Ethan, mientras caminaban con el grupo por las calles. Connor sonreía ante la anécdota del japonés, pero sus ojos seguían fijos en los recovecos y las esquinas, y sobretodo en los tejados por si aparecía el puto bicho con alas. La mano sujetando con fuerza la maza de acero.

A lo lejos se divisaba la imagen de una enorme catedral roja, que daba un mal rollo de cojones. Uno de los lugares prohibidos por los hijoputas de la ciudad. Pero si las órdenes no venían de los Wyverns, Connor no era de seguir las reglas.
Muffie
Muffie

Ficha de cosechado
Nombre: Szczenyak o Colmillo
Especie: vittya zawodny
Habilidades: Habilidad mental, habilidad manual y orientación

Personajes :
Wednesday: Vouivre humana británica.
Karime: Licántropa loba libense de la capital.
Kimbra: Demonio rakshasa krabelinense Hija de Lunas engendro.
Irenneil: Brujo de la cera aurva sinhadre.
Edén Damkinea: Atlante daeliciano de la Ciudad del Norte.
Szczenyak//Colmillo: vittya zawodny nómada.



Unidades mágicas : 5/5
Heridas/enfermedades :
Ka: Le falta el ojo izquierdo.
Colmillo: Tiene partido el colmillo derecho.


Armas :
Wen: Guadaña doble y arco.
Ka: Espadas gemelas, arco y dardos.
Kim: Arco, machetes y dagas.
Neil: Cuchara de madera y cera.
Edén: Magia y sonrisas amables.
Colmillo: inutilidad.



Humor : Absurdo

Torreón Sendar - Página 41 Empty Re: Torreón Sendar

09/12/23, 07:23 pm

Y el recuerdo del crujir de los huesos y los sonidos de ahogo de Serena no cesaron.

Incluso si sus compañeros le aseguraron que la comida no estaba envenenada o ellos mismos no dieron muestras de estar enfermos, Colmillo comió poco o directamente no comió. No es que creyera que la comida estaba mal, él mismo era capaz de comprobarlo sin problema si es que tenía dudas, simplemente su sola visión era suficiente para cerrarle el estómago. A veces, muerto de hambre, asaltaba la cocina cuando todos dormían y comían puñados de bichos o cuando la comida incluía arroz u otro tipo de cereales era capaz de comer más de tres bocados, pero la fruta y la carne le produjeron tanto malestar que a veces era incapaz de incluso olerla.

Pero esa no fue la única secuela que aquel día le dejó.

La idea de la muerte nunca había sido algo tan cercano a la par que aterrador para él. En Zemlya, la muerte era natural, un paso más en el camino. Nacías, crecías, hacías tu vida, morías, la naturaleza se alimentaba de tu cuerpo como tú te habías alimentado de ella y te volvías una estrella.

Simple, confiable.

La muerte podía venir en cualquier momento y a cualquier hora y eso estaba bien porque era lo natural, incluso cuando venía demasiado pronto como pasaba con los cachorros. Y no es que esto fuera algo desconocido para el vittya, ya que él mismo había sido el único superviviente de una camada de cuatro.

Pero esto no estaba bien. Esto no era normal. Había sido deliberado, planeado, un ataque. Ni siquiera había sido cuestión de supervivencia o habían tenido la posibilidad de otorgarle a su familia el consuelo de recuperar sus huesos ò la certeza de que estaría en el cielo junto a Matka.

Él no quería ser devorado por los horribles seres de aquel lugar, pero cuando más pensaba en ello más se daba cuenta de que, tristemente, no dependía en lo absoluto de él.

Cuando Nohlem compartió con el grupo cómo quería que fuera su funeral llegado el caso, Colmillo pensó que quizás no estaba de más decirlo también para evitar terminar con sus huesos perdidos en aquella zanja. Primero se planteó decirlo al grupo como había hecho Nohlem, pero tanto la reacción estoica de Kalna a la muerte de Serena, como el estado en que la misma había dejado a otros del grupo, le hicieron pensar en ser más discreto y decidió pedírselo únicamente al vamano, ya que como él también lo había pedido al grupo parecía el mas dispuesto a cumplir sus ritos a pesar de que no los compartiera.

No queriendo tampoco suponer una gran molestia, Szczenyak se limitó a pedir que, a su muerte, dejaran que los animales del lugar devoraran su cuerpo, pero que recuperaran el mayor número de huesos posibles para devolvérselos a su familia una vez terminara el año.

Y aunque la petición quitó un gran peso de sus hombros, la falta de alimentación, el miedo y la tristeza no permitieron que el ánimo de Colmillo subiera a penas.

No fue hasta que consiguieron descubrir para qué servían los cristales que se iluminaban que el ánimo de Szczenyak no se estableció un poco. Al principio, el zawodny fue muy escéptico al tipo de magia que algunos de sus compañeros decían ser capaces de hacer en sus mundos de origen o que estaban seguros de que existían, pero cuando la combinación de los cristales y las palabras del extraño libre lo verificaron Colmillo quedó atrapado. Incluso el hecho de que no todo el grupo fuera capaz de hacer magia o no con la misma facilidad que otros no fue suficiente para que volviera a retraerse. Él podía hacer cosas. Quizás no de forma tan fácil como Aniol, por ejemplo, lo hacía parecer, pero él podía. No era un inutil, era capaz, servía para algo. Tenía un don.

La magia fue tan fascinante para Colmillo que durante algún tiempo fue capaz de olvidar el horrible lugar en el que se encontraban, llevándole a terminarse un plato entero de comida en un memorable momento, pero entonces el pájaro volvió. Y todo el miedo y tristeza se convirtieron en odio e ira dejando a penas hueco para cualquier chispa de esperanza o felicidad que la magia pudiera darle.

Tras el primer encuentro con el enemigo, la actitud de Szczenyak cambió por completo. De un vittya melancólico, depresivo y hambriento pasó a una bola de furia contenida enfocada a atrapar al intruso que había puesto en jaque la seguridad del grupo. Si bien nunca fue agresivo o poco amistoso con sus compañeros, tampoco escondió que la sola visión de Sutiliza hacía arder su sangre y que después de los encuentros siempre se empecinaba en entrenar con el arco y la ballesta más duramente, lo que parecía estar bastante en línea con las ideas de Nohlem, ya que endureció sus clases de arquería al mismo tiempo que Colmillo empezó a tomarlas más en serio, compartiendo además su necesidad de racionar las flechas y saetas lo máximo posible.

Y es que era tan injusto.

Ellos estaban aterrados y confusos y Serena estaba muerta, mientras ese horrible ser se había lamentado de no haberlos matado a todos y se burlaba de ellos como si fueran suciedad en sus plumas. Colmillo quería venganza, sí, pero sobre todo quería saber por qué. ¿Qué habían hecho ellos para merecer esto? ¿Cómo podía existir un ser con ese nivel de maldad? Ellos no le habían hecho nada y el pajarraco no solo había matado a uno de los suyos, sino que además pretendía matarlos a todos de hambre mientras se burlaba de ellos. La incomprensión del vittya solo servía para que su ira se hiciera más ciega.

Por suerte, aunque el monstruo con alas parecía decidido a dejarles sin comida, ellos llevaban desde su primer encuentro racionando la comida, por lo que, aunque fue un duro golpe, no fue lo suficientemente grave como para que sufrieran más de lo que ya lo hacían, pero eso no ayudó a bajar ningún tipo de preocupación.

Desde la muerte de Serena, Colmillo había mantenido todas las ventanas y puertas cerradas en las noches y hacía todas las primeras guardias que podía, paranoico con la posibilidad de que volviera a encaramarse a alguna de sus ventanas y esa paranoia sólo aumentó cuando comprobaron que la flecha no lo había matado. Además, se sentía muy protector con el grupo, especialmente con los niños. Eran sus compañeros, su único consuelo, y solo juntos conseguirían salir de aquel horrible lugar. Incluso su malestar anterior con Damián parecía ya olvidado, tanto porque el niño había dejado tratarlo mal, como porque el vittya los veía tanto a Aniol, con el que acostumbraba a dormir y a abrazar cuando ambos lo necesitaban, como a él como sus sobrinos, cachorros inocentes y vulnerables que debían ser cuidados y protegidos por todos. incluso se sentía protector con los más grandes y amenazantes del grupo, como eran Kalna y Connor, aunque ciertamente con ellos no sabía muy bien cómo canalizar esa necesidad y se limitaba a vigilar que en todas las salidas que se unía siempre estuvieran todos en su radio de visión y llevar su ballesta a punto. Quizás no tuviera una fuerza bruta que aportar, pero podía dar su mayor esfuerzo para sus saetas se acercaran lo más posible al blanco.

Y así, pasó un mes.

Y aunque aquella mañana, con sus cestas intactas y ni una pluma a la vista, parecía vaticinar un buen día, Colmillo solo se sentía cansado. Cansado de estar enfadado, de no conseguir capturar a Sutileza, de comer poco y de estar aterrorizado. Colmillo, simplemente, estaba cansado.



_________________________________________

"Rocavarancolia es una ciudad llena de misterios y sorpresas, como un acertijo complicado y excitante."
Giniroryu
Giniroryu
GM

Ficha de cosechado
Nombre: Rägjynn
Especie: mjörní
Habilidades: memoria, buen oído y don de lenguas
Personajes :
Noel: Draco de Estínfalo de origen sueco.
Archime/Krono Rádem: Kairós irrense.
Irianna/Dama Enigma: Nebulomante idrina lacustre.
Adrune: Gamusino sinhadre, edeel.
Lethe: Horus, enderth.
Rägjynn: mjörní.
Naeleth: Bruja del Hielo, nublina.


Unidades mágicas : 8/8
Armas :
Noel: hacha de dos manos y espada bastarda.
Archime/Krono Rádem: sus monólogos sobre biomecánica avanzada.
Irianna: arco y estoque.
Adrune: lanza, espadas cortas y arco.
Lethe: arco y lanza.
Rägjynn: jō.
Naeleth: arco, sai y báculo.


Status : Gin: do the windy thing.

Humor : REALLY NOT FEELIN' UP TO IT RIGHT NOW. SORRY.

Torreón Sendar - Página 41 Empty Re: Torreón Sendar

22/12/23, 05:43 pm
Los días transcurrían y el mjörní a veces parecía un fantasma. Su presencia en las zonas comunes y en compañía era menor a lo habitual en él, quien siempre gustaba de rodearse de otras personas, charlar y aprender cosas nuevas. No quería que nadie lo viese temblando continuamente y sintiendo ganas de llorar a cada rato. Si alguien hablaba del incidente, evitaba decir lo menos posible al respecto. Escuchó como algunos pedían qué querían que hiciesen con sus cuerpos cuando muriesen… A él le daba igual, y no quería pensar en que nadie más fuese a morir, se tratase de él o de cualquiera. Si alguien le preguntaba directamente, le diría exactamente eso: que no importaba lo que hiciesen con su cuerpo. No les iba a pedir que realizasen un rito funerario mjörní en aquellas circunstancias, ni había ymres ni ninguna otra flor negra que poder poner en su cadáver… Sí que acompañó a Airi y a los que quisieron ir con elle a realizar su propia costumbre de grabar un nombre en algún muro.

Aunque, a cuento de eso, después de que finalmente sucediese algo que levantó considerablemente su ánimo por un tiempo, le haría la petición a Ethan que no se había atrevido todavía: pidió al medio asiático que crease una flor de papel describiéndole una ymre, como ofrenda para Serena. El humano hizo un trabajo excelente y con aquel hechizo de cambio de color que venía en el libro de cocina, hizo que el papel se tornase negro. Tal vez no fuese una flor curativa real, pero era un gesto simbólico que creía que le debía a la humana, al menos, ya que no había estado presente cuando se la llevaron.

Con el descubrimiento de que los cristales eran cargadores y, finalmente, poder llevar a cabo aquellos hechizos, su humor había mejorado considerablemente. Estaba más participativo y ya no realizaba las tareas tan mecánicamente. No era el mismo Rägjynn de semanas atrás, pero volvió a abrirse un poco a todos y no dudaba en ocultar su malestar para tratar de mejorar el ambiente general, particularmente delante de Aniol y Damian. Intentaba incluirse en los juegos que proponía le sanaí o cualquier otro, aunque no siempre se veía capaz de ello.

Aún así, el descubrimiento de la magia aunque para el reptil era bastante positivo, tenía su parte agridulce. Podía entender la frustración de aquellos que no parecían poseer la capacidad para realizar magia y, aunque intentó explicarles que se trataba de algo normal, estaba claro que la mayoría se sentían muy decepcionados. De hecho, no lo diría, pero él mismo estaba ligeramente decepcionado: aquellos hechizos costaba muchísimo hacerlos, incluso si todos tenían efectos muy simples y no parecían ser tan efectivos como se describía. ¿Estaba fallando algo más otra vez? Lo que era más: él, por ejemplo, no era capaz de hacer algún hechizo concreto, pero sin embargo Aniol y Tawar sí. Y había otras personas que podían hacer menos hechizos que, por ejemplo, él mismo. ¿A qué se debía aquella diferencia? Otra incógnita más tras el misterio de los cargadores macabros, pues estaba seguro de que no había problema en el procedimiento, una vez los habían practicado las suficientes veces.

Ahora podían calentar agua y otras cosas (pues su sangre fría agradecía poder aumentar la temperatura de su ropa aunque fuese por poco tiempo), pero costaba demasiado. Cada vez que llevaba a cabo un simple hechizo térmico se agotaba muy rápido si forzaba hasta conseguir que el agua estuviese lo suficiente caliente para que no enfriase de nuevo al instante. Alguna vez sintió que incluso se mareaba.

Las clases de artes marciales eran uno de sus momentos preferidos, pues cuando entrenaba y transmitía a aquellos que habían decidido aprender de él lo que sabía era cuando mejor se sentía. Las capacidades moviendo su cuerpo y el jō como le habían enseñado no habían desaparecido ni habían sido sustituidas por un espejismo pobre como si sucedía con la magia. Era un oasis de cotidianeidad y disciplina que le ayudaba a centrarse y despejar su mente. Accedió también a centrar algunas clases enteras en solo el manejo del jō, ya que Aniol estaba muy interesado en ello.

Por desgracia, ni siquiera esos momentos podrían eclipsar lo que comenzaría a suceder tras las dos primeras semanas. Sutileza había vuelto, y con él, la ansiedad, el miedo, las discusiones y las opiniones que no quería oír. Según los ánimos fueron decayendo junto a los subsiguientes saboteos y burlas del extraño, Rägjynn volvió a caer en un pozo de retraimiento todavía más profundo. No se atrevía a dar ninguna opinión cuando se hablaba de qué se debía hacer: le aterraba sobremanera que hubieran quienes hablasen de segar la vida de alguien con tanta facilidad. No quería sentirse acorralado y asustado de sus propios compañeros, a los que había visto ser simpáticos y colaborativos durante aquel tiempo, incluso superando situaciones tensas… El mjörní estaba completamente perdido. Se sentía solo. Incluso cuando supo con certeza que había personas más afines a su manera de pensar no podía evitar sentirse claramente sobrepasado.

Él no sabía qué hacer respecto a Sutileza. No estaba en contra del plan de intentar capturarlo y preguntarle cosas, pero le aterraba lo que parecían querer que sucediese después y no opinó al respecto de eso en particular tampoco. Nunca se había tenido que enfrentar a una situación ni remotamente parecida, ni siquiera planteársela ni tampoco había leído sobre algo así. Era violencia. Una completamente desconocida para él y con la que no sabía lidiar. Pero lo mismo se podía decir de la maldad de Sutileza. Rägjynn solo quería desaparecer, y cada vez los pensamientos intrusivos acerca de que su sitio debería haber estado en la Isla de los Sanguinarios eran más frecuentes.

A partir de aquel momento, cuando estaba presente en una zona común parecía más un fantasma que un mjörní y respondía apenas con monosílabos y el tono apagado. Volvía a realizar las tareas de forma automática, lo cual le costó algún que otro error durante el desempeño de las mismas del que se disculpaba profusamente antes de arreglarlo a toda prisa y desaparecer escaleras arriba o abajo, según donde hubiera ocurrido el incidente.

Aunque salía de vez en cuando, lo había evitado todas las ocasiones posibles, y esa mañana no era diferente: se había ofrecido a permanecer en el refugio y poder manejar el mecanismo del puente mientras el grueso del grupo partía con la intención de explorar. Comprendía por qué era necesario hacerlo, pero cada vez que salían, estuviese fuera o dentro, le invadían unas taquicardias y una angustia que le costaba controlar. Se despediría de ellos pidiéndoles que tuviesen mucho cuidado con un hilillo de voz antes de regresar rápidamente al sótano para elevar el puente y buscar una tarea en la que ocupar su mente.
Tak
Tak
GM

Ficha de cosechado
Nombre: Airi
Especie: Sanaí
Habilidades: Habilidad manual, memoria, imaginación.
Personajes :
Gael/Koval: fuego fatuo terrícola.
Kin: demonio raigaurum irrense.
Ayne: anima sinhadre.
Eara: sinhadre sin esencia.
Nime: demonio mineral libense.
Iemai: cercana, fallecida.
Airi: sanaí.


Unidades mágicas : 8/8

Armas :
Gael/Koval: espadas rectas, maza y quimeras.
Kin: alfanje y guan dao.
Ayne: sable.
Eara: ballesta de repetición.
Nime: dagas.
Airi: diálogo y esconderse.


Status : ✧ ─=≡Σ((( つ•̀ω•́)つ

Torreón Sendar - Página 41 Empty Re: Torreón Sendar

23/01/24, 01:19 pm
Sin importar el dolor y el miedo que ocupaban los pensamientos de todos, Airi encontró el valor para hacer una petición que podía sonar absurda a sus compañeros. Su mente no se quedaría tranquila ni daría por finalizado el ritual de enviar a Serena con los Espíritus si no escribía su nombre en un muro fúnebre. El problema principal era que no tenían uno, y nunca había recaído sobre sus hombros grabar las primeras letras, con lo que implicaba en su situación.

Contra todo pronóstico, Rägjynn, Kalna y Rick se ofrecieron a protegerle las espaldas mientras tallaba el nombre de la chica. Porque no quería escribirlo dentro del torreón, donde fuese un recuerdo gráfico constante de su ausencia. Había razones por las que los muros nunca estaban en medio de las aldeas, y mientras Airi rascaba la pared de una casa cercana, no podía dejar de pensar en los nombres que podían seguir a aquel en un futuro. Igual que lo hicieron otros, elle se aseguró de que sus acompañantes entendieran lo importante que era en su cultura que el nombre del fallecido fuese recordado. Por si el siguiente acababa siendo el suyo.


Las semanas siguientes consistieron en una dura adaptación a la realidad. La verdadera realidad que había estado tratando de evadir y caló por fin con la muerte de Serena. Las horas y los días pasaban con dificultad, como si el tiempo se hubiese detenido. Solo pudieron normalizar su situación gracias a la falta de accidentes relevantes, que les permitió recuperar una rutina similar a la de días anteriores a conocer al morador del cielo homicida.

Airi se obligó a distraerse ocupando las horas con prácticas de arco, con la nueva descubierta magia, con las tareas del torreón o charlando con sus compañeros, aunque evadiendo los temas más complicados. En especial, los hechizos fueron lo único que le mantuvo en sus cabales los primeros días. Que algo tan fascinante existiera de verdad, que saliera de sus dedos, aun con esfuerzo, era una fuente de esperanza débil, pero real. De ahí que se obsesionara con ella.

El descubrimiento de Rägjynn fue una revolución, y aunque no sabía cómo tomarse que no a todos les resultase igual de fácil realizar los hechizos del libro de cocina, desde luego les proporcionaba una gran ventaja. O lo haría, si encontrasen otros grimorios, pero la esperanza era lo único que les quedaba. Entre tanto, Airi se volcó en entender mejor aquel arte, cubriendo al mjörní bajo una avalancha de preguntas y practicando hasta el agotamiento. Una parte de elle sabía que se había vuelto adicte a notar la chispa mágica en sus dedos, pero no quería mostrarlo abiertamente ni admitirlo. Solo quería sentir el poder y fingir que este les iba a proteger de todo lo malo.

Las dos semanas de calma terminaron de forma abrupta con el regreso de Sutileza. El mundo se desmoronó una vez más y, aunque todo continuó igual, la presencia del morador pesaba como una losa. Aquella amenaza se cernía sobre ellos en todo momento, afectando a sus decisiones, a su estado anímico… e incluso creando divisiones entre ellos con respecto a qué hacer. Airi decidió evitar el tema, más allá de estar de acuerdo en capturarlo para poner a salvo sus propias vidas. Lo que hubiese que decidir vendría después, cuando se acabase el racionar la comida, hacer guardias nocturnas, o temer poner un pie fuera del torreón. Lo óptimo para elle sería hacerle un juicio al modo tradicional de su tribu, pero no había adultos para hacerlo. Tomar una decisión y ejecutarla recaería en ellos, y no quería esa responsabilidad sobre sus hombros, porque era evidente cómo iba a terminar.

Quizá aquellas semanas habían servido para que una parte de elle que nunca se había enfrentado al peligro madurase de golpe, porque la presión que ejercía Sutileza sobre ellos ahora que sabían que estaba ahí fuera no acabó con le sanaí. Una vez se hizo a la idea de seguir adelante como fuera, pudo empezar a vivir con esa presión constante. ¿Era así cómo se sentían los cazadores? ¿O quienes cruzaban el desierto? Airi nunca había tenido que enfrentarse al peligro y, aunque había deseado cualquiera de esas cosas antes que la vida que llevaba, ahora era consciente de lo poco que había meditado acerca de los peligros que afrontaban el resto de miembros de su tribu mientras elle llevaba una vida tranquila.

Para acallar el miedo y las dudas la mejor opción era distraerse y distraer a los demás. Cuando estaban en el refugio, incluso si no se sentía bien, se forzaba sobre todo a jugar con los niños, enseñándoles juegos tradicionales sanaís, y aprendiendo los que se jugaban en otros mundos. Aunque fuese algo pequeño le gustaba mucho ese intercambio cultural, no pudiendo evitar analizar las similitudes y diferencias entre tradiciones tan dispares con curiosidad.

Lo único positivo que notó en aquellas dos últimas semanas era que la humedad ambiental se había reducido considerablemente, lo que ayudaba a que sus huesos no doliesen tan a menudo. Lo hacían, porque las clases de arco se habían vuelto más duras y elle no quería quedarse atrás, pero podía sobrellevarlo. Tras una charla con Ethan en el pozo en uno de sus peores días, decidió tomar inspiración de las figuras de papel del chico y, a su manera, llenar también el torreón de figuritas de protección. Para ello empezó a ocupar parte de su tiempo libre en dar forma a piezas de madera con un cuchillo, pero el arte resultó ser más difícil de lo que creía, y la madera que tenían muy poco apropiada para la tarea. No le faltaba maña con las manos, por lo general, pero dar una forma definida y bonita a una figura estaba fuera de todo lo que había practicado. Aun así, era un buen pasatiempo, y esperaba que en algún momento adquiriese habilidad suficiente para poder hacer una ofrenda decente a los Espíritus.


Llegó un día en que, pese al miedo, sus compañeros decidieron salir una segunda vez a explorar después de traer las cestas. Como Airi había salido esa mañana prefirió quedarse descansando con Räg, Tawar, Abel y Aria. Pasaría la tarde con la cabeza hundida en el libro de hechizos, haciendo preguntas al mjörní para tratar de entender el lenguaje y las partes que los componían una vez más. No resultó ser una tarde muy provechosa porque la preocupación le hacía buscar el sol de forma constante, agobiándose por el tiempo que faltaba para anochecer y preguntándose si todo iba bien allá donde estuviesen.
Volver arriba
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.