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Rocavarancolia Rol » Rocavarancolia » Anexos » Sueños » Primer sueño de Rad con los dolientes de Marsi.

Primer sueño de Rad con los dolientes de Marsi.

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Yber

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GM
Recuerdo del primer mensaje :

Rad se encuentra en lo alto de Maciel. El torreón ha crecido tanto que se ha convertido en el edificio más alto de la ciudad. Tal y como la primera vez que se soñó, el edificio está entero; sin huellas de incidentes con ballenas, ni nidos de pájaro. Se acerca la Luna Roja y el carabés lo siente. Pero a nadie le sorprendería si lo afirmara, pues un reloj gigante ocupa el lugar del sol y buena parte del cielo, como si fuera un astro curioso que se acerca a Rocavarancolia para verla más de cerca. Las agujas que muestran la proximidad del astro rojo anuncian la llegada. Al contrario que el sol al que sustituye, cualquiera puede mirar el reloj sin cegarse. Detrás de él surge una luz pálida y desganada, el único foco de luz natural.

Desde su atalaya, Rádar puede comprobar cómo emerge el humo de entre las calles y como cientos de soldados y magos poderosos pelean entre sí por toda la ciudad. Unos llevan soles blancos sobre escudos y ropajes cian; otros, lunas rojas sobre negro.  Estos últimos salen sin cesar de las puertas de Maciel, como si la torre se hubiera convertido en una bolsa sin fondo de soldados. Las tropas enemigas intentan acercarse al lugar.

La trampilla que da a la azotea se abre y dama Tersa emerge de ella.

—Mi señor —se dirige a Rad con un tono educado y cierto temor—. El intruso huyó y la habitación de Marsi ha sido asegurada, no podrá volver a colarse.  Las tropas de la Luna Roja salen en defensa, pero están intentando sitiarnos. El ejército del Sol Blanco está arremetiendo con demasiada fuerza.

Muchos sueños se han arremolinado en un mismo sitio y se han convertido en una quimera onírica. Dama Tersa saca una baraja llena de imágenes: Nad, Eorlir, Inna, Tersa, Tuétano, Sarna, la cabra muerta, la hiena gigante y las pequeñas… Todas las pérdidas de Maciel y todos los peligros tienen su propia carta ilustrada.

—Nuestros minions no podrán detenerles mucho más, tenemos que enviarles una amenaza mayor. Escoja una carta, señor.

---

En la sede de los taumaturgos de ese mismo sueño se encuentran Alice, Evelhan Kaw, Heraldo Rocuo, Keiria, Kin y Sura.  Las habitaciones de la residencia de novatos se han convertidos en cárceles y cada uno de ellos se encuentra en su propia celda. Dentro de ellas, no hay fuerza o magia que les permita abrirse paso. Un par de guardias sin rostro montan guardia, con uniformes negros y lunas rojas bordadas. Uno porta una alabarda, el otro un grimorio.

Una risotada aguda invade el pasillo y los guardias se tensan. Una sombra cubierta de telas negras vaporosas cae sobre el alabardero y lo degüella. El mago intenta pronunciar un hechizo, pero la mala suerte obra un mordisco en la lengua. La mala sombra le lanza un cuchillo a la frente y este cae, muerto.

—¡Saria Omen al rescate! —canturrea, a la vez que frunce el ceño para gafar las celdas. La Saria del sueño no es exactamente igual que la real, de su espalda nacen un par de alas grandes, de plumas negras, y se la ve feliz—. Chicos, ¡tenéis que daros prisa! Creemos que tienen a Marsi recluida en la Gran Torre de Maciel. Archi se ofreció a rescatarla, pero no sé qué ha

Su frase se corta en seco. Un hechizo de inyección le parte el cuello y lanza a la mala sombra con una gran fuerza hasta la pared al final del pasillo. Saria Omen yace muerta en el suelo y varios soldados armados con alabardas y más grimorios irrumpen en el pasillo.

Las celdas siguen cerradas, pero esta vez se pueden abrir.


_________________________________________

No llores por no poder ver tu pierna,
las lágrimas te impedirán ver los cadáveres de tus amigos.

Jack


Salió todo tan bien que incluso la bruja "salió bien", sí, pero despedida y hacia abajo. No gritó más que una vez, y lo interrumpió cuando sus onyces aparecieron. Intentó concentrarse en lanzar el hechizo y las sombras que pudieron acudir en su ayuda lo hicieron a tiempo de que pudiera levitar. <<Menudo despiste... No, menuda gilipollez o torpeza del siglo de no haberlo pensado antes. Si llego muerta a Maciel no servirá de nada>> pensó cuando se estabilizó. Caer en picado no sienta bien a nadie y estuvo unos minutos como desorientada, pero al menos el plan les había salido bien y no tenía que defenderse.

O no, porque el dragón aunque inmóvil parecía dispuesto a volver a las andadas. Se acercó al grupo. Si la vieron sonreír con cierta malicia era porque había visto el contingente de nuevas onyces resultado de la pelea en el suelo.

Si esa cosa vuelve a la carga qué hacemos? Si nos vamos nos perseguirá... ¿Alguna idea?

A ella se le había ocurrido una, o mejor dicho a la "mente colectiva" que a veces formaban la bruja y sus sombras. Que alguien se acercase a la boca y dinamitase a base de hechizos el interior, <<pero yo no estoy para esos trotes ahora...>> pensó al tocar el suelo, por fin. Pero no tardaría mucho en elevarse de nuevo, o al menos eso esperaba.

¿Reventarlo desde dentro, a lo mejor?

Tak


GM
No había mucho tiempo para decidir, y la propuesta de Keiria fue la que se llevó a cabo y a la que Kin se unió, mientras los soldados eran detenidos por otros. El raigaurum se llevó un buen susto cuando vio caer a Alice, pero no estaba herida, y se volvió a estabilizar ella misma. Habían logrado ganar un poco de tiempo, que no parecía mucha cosa, pero les permitía escoger con más cuidado su próxima estrategia.
No parece que vaya a hacer falta que la rompamos nosotros —contestó a Dhelian, con la vista clavada en aquella bomba de relojería—. La pregunta es… ¿conocéis algún hechizo suficientemente fuerte como para deshacerse de un humo vivo…? No hablamos precisamente del de una hoguera. ¿Sería posible contenerlo? Quizá en algún campo de fuerza donde no pueda conseguir más piedras para cubrirse y golpear el campo. Aunque es demasiado grande…

El raigaurum apretaba los dientes sin ser consciente. Apenas conocía hechizos que estuvieran fuera de su alcance, y eso no ayudaba a la hora de hacer sugerencias. Lo que estaba diciendo no acababa de sonarle bien, pero tenía demasiadas cosas en la cabeza. Entre ellas, no perder de vista el entorno en busca de más soldados que pudiesen aparecer de un momento a otro.

Red


Al final se decantan por la idea que ha sugerido la kitsune e intentan encerrar al dragón de humo en el interior de la carcasa rocosa que le protege mientras Sura se encarga de los soldados de a pie. Parece un buen plan, después de todo, y en cuanto lanzan los respectivos hechizos la criatura queda congelada. Cuando la australiana cae la ulterana contiene el aliento, pero la onycemante se recupera con rapidez gracias a sus criaturas de sombra. No parece estar herida.
Ahora solo tenemos que... —empieza Keiria amagando una sonrisa de alivio, pero no tarda mucho en darse cuenta de que solo han retrasado a su enemigo y la primera frase muere en sus labios—. Mierda. —concluye en su lugar con elocuencia.

Los miembros del grupo empiezan a debatir con cierta urgencia. Kin pregunta por un hechizo capaz de deshacerse del humo y Alice sugiere reventarlo desde el interior.
Mis hechizos mas potentes son ilusorios, ya lo sabéis, y no funcionarían contra esa cosa —apunta la pelirroja, cambiando el peso de una pierna a otra—. Tal vez algún sortilegio de viento sirva para lo que ha propuesto Kin si lo del campo de fuerza no da resultado, pero tendría que ser un huracán o algo así. ¿Alguno de vosotros podría hacerlo? —pregunta, alternando la mirada entre Alice, Dhelian y Ozz. Ellos disponen de mucha más capacidad mágica que el resto.

Lupin


—Keiriarei, creo que esa puede ser la mejor opción —fue la propuesta del sacerdote en respuesta a la kitsune—. Debemos pasar, el tiempo apremia y yo es necesario acabar con esta bestia. Aunque no negaré que seguramente sería lo más seguro —Aunque bajó el tono de voz, seguro que lo entendieron—: Ella está allí —y se lo creía con la firme seguridad que solo puede proporcionar el sueño—. Si necesitas cualquier clase de apoyo, Keiriarei, solo dímelo.

Nadie parece oponerse al plan, así que enseguida se ponen en marcha con las capacidades de Keiria para ocultarse. Querían aprovechar que el dragón aún se encontraba paralizado y los soldados parecían sobrepasados y algo confusos por la agresividad del grupo. Era su mejor oportunidad.

Yber


GM
El dragón de humo y piedra no puede olerlos. Ocultos a todo en el campo de batalla, el grupo puede avanzar sin problemas, siempre y cuando se cuiden de los cascotes que vuelan y los soldados que corren en todas direcciones.

Desde la torre, Rádar puede ver más allá de la ilusión: sabe que se escapan. Tersa espera con las cartas en la mano.

Zarket

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GM
Rádar no rezó, sino que se limitó a posar con fuerza sus manos en la almena. Al margen de la inutilidad que veía en la fe todavía le quedaba suficiente orgullo como para resistirse a charlatanerías y absurdeces. No, el tipo E dejaría los rezos a quienes fueran demasiaod inútiles como para salvarse por sí mismos. Mientras, su mirada se dirigía insistentemente hacia el conflicto, sin querer seguir racionalizando o fustigando su elección con respecto a Eriel y Barael.

«Sobrevive. Primero que todo sobrevive» pensaba.

Apretó los dientes al ver al grupo escabulléndose del dragón, preguntándose si podía detenerlos de alguna forma. Hubo un pinchazo al comparar cómo saldrían los macieleros de aquellos enfrentamientos en comparación con aquellos desconocidos, pero no tardó demasiado en poner la envidia a un lado. O, al menos, en hacer algo con esa envidia.

¿No hay ninguna forma de detenerlos? O, al menos, de que las cartas sirvan para algo —su resoplido fue acompañado de un gesto: tocó la carta de Sarna.

Yber

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GM
—Lo siento, señor —responde Tersa mientras la carta de Sarna echa a volar—. Los resultados dependen enteramente de usted. ¿Se encuentra descansado y tranquilo? Recuerde que su estado anímico influye en el resultado de las invocaciones —la bruja mira de reojo lo que surgió de la carta de La Hermandad y durante unos instantes, en su gesto se revelan las dudas. Sin embargo, su mirada vuelve a Rádar y luego pierde cualquier rastro de negatividad.

Mientras tanto, los dolientes se internan en el área Oeste sin ningún tipo de oposición. La carta tampoco tarda en llegar, se retuerce en el aire y cae girando cual taladro de papel, perdiéndose bajo tierra. En cuestión de segundos, el suelo temblará bajo los dolientes y, tras un par de minutos, el ejército enemigo correrá en su dirección.


_________________________________________

No llores por no poder ver tu pierna,
las lágrimas te impedirán ver los cadáveres de tus amigos.

Jack

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Bajar a tierra le frustró, pero volver arriba era un peligro sin tantas onyces y con tantos soldados distrayendo al grueso de estas. Al menos funcionó lo de paralizar al dragón, aunque fuera algo temporal. Pudieron organizarse a tiempo y escabullirse sin ser vistos. <<Genial, ahora tenemos enemigos delante y detrás>>, pero era su mejor opción ante el desconcierto o desconocimiento de cómo derribar a una criatura de humo. Los soldados eran, de momento, una mera distracción, y le recordaban a los enemigos secundarios que algunos jefazos invocaban en los juegos para hacerte la vida imposible.

Se lanzaron al oeste de la ciudad y las montañas llamaron su atención. Podrían ver toda la ciudad desde arriba, frenar a los soldados en la subida y controlar mejor a cualquier enemigo que se les acercase <<salta, Anakin, salta>> aunque también estarían más desprotegidos si algo les acosaba desde el aire.

¿Subimos? —inquirió señalándolas con la cabeza, apresurada—. ¿Mejor visión y control?

Para colmo de males, el suelo empezó a temblar de pronto.
¡Se acercan soldados! —advirtió una onyce al poco.

Si aquel temblor se volvía un terremoto, no quería ni pensar en verse envuelta en una pelea con edificios cayéndoles encima. No se lo pensó más: increpó con la mirada al grupo una última vez y corrió hacia las montañas con toda su maraña de sombras alrededor. En la subida se permitió unos momentos de reflexión... Pero sirvieron de poco, seguiría en su cabezonería <<como vuelva a pasarme algo por ir por libre... Si sobrevivimos, ya me regañarán luego con todo el derecho, pero no ahora. ¡Ya vamos, Marsi!>>


_________________________________________

Die wahre Macht, die uns beherrscht, ist die schädliche, unendliche, verzehrende, zerstörende, unstillbare Gier...
Spoiler:
El verdadero Poder que nos controla es la vergonzosa, interminable, desgastante, destructiva e insaciable Sed...

Zarket

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GM
Rádar seguía preguntándose cómo iba a acabar aquello y qué estaba pasando, pero se le acababan las ideas para conseguir información.

Estoy descansado —no había rastro de duda en su voz. Cuando la joven dijo lo siguiente frunció el ceño, preguntándose si aquello era un nuevo revés de la lógica ilógica de Rocavarancolia, si se suponía que debía estar más furioso o qué—. Estaría más tranquilo en otras circunstancias, lo admito.

Se quedó toqueteando la almena, mirando con impaciencia hacia aquel grupo de desconocidos y preguntándose todavía cómo conseguir información. Sus ojos se desviaron al cielo, a aquel reloj gigantesco que se enseñaba lo cercana que estaba la Luna Roja. ¿Se suponía que ni tres meses antes había visto aquella aurora con Eriel y los demás?

¿Cómo me definirías?

El tono de aquella pregunta, un intento desesperado más por conseguir información, había sido mortalmente serio. Rádar esperaba encontrar en la opinión de Tersa sobre él algún dato acerca de aquella locura.

Lupin

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Al corpulento sacerdote le pareció correcta la propuesta de Alice, y así se lo hizo saber. Por las montañas le parecía más difícil que fueran rodeados y más sencillo huir en ese caso. Como fuera, el terremoto y el aviso de refuerzos enemigos fueron suficientes para que se dirigieran a las montañas.

La australiana iba en cabeza, cada vez se alejaba más. «Mala señal», pensó. Quiso gritarle algo, no era seguro ir solo, debían permanecer unidos. Pero tuvo una idea que les ayudaría a estar más seguros, así como confió en que otro más veloz intentaría no perder a Alice. Buscó durante unos segundos un edificio que cumpliera con las condiciones y se cercioró de que los demás hubieran pasado antes de detenerse. El terremoto jugaría en su favor, consideró.

Se giró e inmediatamente convocó el don con el que había sido dotado para conjurar un potente impacto contra la débil base de un edificio medio en ruinas. No se entretuvo más que para comprobar que este se produjera, pues temía perder a sus compañeros. Ni siquiera esperó a ver los efectos —con la tierra temblando, era difícil distinguir—. Simplemente siguió corriendo hacia las montañas.

Yber

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GM
El truco del ominario funciona y enlentece al ejército enemigo.

El temblor, sin embargo, persigue a los dolientes hasta las montañas y se intensifica por segundos hasta que, finalmente, el suelo se abre. Decenas de criaturas surgen de los surcos excavados y se lanzan contra ellos. Son bultos de carne con el cuerpo cubierto de tentáculos y dientes afilados*. Una vez despegan del suelo, los parásitos mutados extienden un par de alas membranosas, las sacuden y se lanzan en picado contra el grupo.

---

En la torre, Tersa tiembla ante el tono que Rádar emplea para preguntar.

—Es usted una persona autoritaria, señor —logra decir, a pesar de que su fachada de seguridad se quiebra—. Es severo, mantiene con lealtad ferrea sus convicciones y no permite que nada ni nadie se oponga a sus intereses.

Cuando la sarna vuela, la bruja se gira un instante y sonríe.

—Mire —le señala—. Han herido a La Estafadora y a El Cardenal.

---

Los bichos de la sarna se lanzan en picado contra el grupo, pero ponen especial interés en Keiria. Da igual cuanto se camufle con magia o ilusiones, los parásitos sabrán siempre dónde está. Uno de ellos le roza una de las colas y, junto a un corte profundo, la kitsune notará cómo se le seca la piel y se le cae el pelo alrededor de la herida. Otro golpea a Heraldo con el extremo del ala en el costado y lo tumba contra el suelo. El resto se salvan por poco.

Acto seguido, las criaturas toman tierra y vuelven a cavar con una ferocidad explosiva. Pronto se reinstauran los temblores, ahora con la amenaza de que vuelva a surgir la sarna.

Heraldo Rocuo tiene roto el húmero, el hombro dislocado y raspaduras por el choque contra el suelo. La calvicie de Keiria se extenderá poco a poco a las colas vecinas y la herida tornará en un morado enfermizo.


*Aquí la base de lo que os ataca: Foto.


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No llores por no poder ver tu pierna,
las lágrimas te impedirán ver los cadáveres de tus amigos.

Tak


GM
Su huida los llevó a las montañas, y ni siquiera parecía extrañarles que se hallasen en medio de la ciudad. Nadie celebró que hubieran podido huir porque nuevos problemas no se hicieron de esperar. El temblor del suelo ya no tenía nada que ver con el que había provocado Heraldo, y antes de que pudiesen tomar precauciones al respecto su próximo enemigo ya había hecho acto de presencia. Los bichos grotescos que habían emergido de la tierra también tenían alas, y Kin no pudo hacer más que soltar un juramento y blandir su arma anticipando el ataque.

Había llegado a las montañas con sus defensas intactas, pero cuando vio las consecuencias de los ataques sobre sus compañeros empezó a preocuparse por el momento en que cayeran. «¿Qué acaba de pasar?» se preguntó, tan confuso como preocupado.

¿Estáis bien? —gritó, dirigiéndose a los heridos. Sus atacantes habían vuelto a la tierra, pero eso de ninguna manera eran buenas noticias. El ochrorio parecía ser el que estaba herido de más gravedad, así que Kin empezó correr en dirección a él. También necesitaba reforzar sus propias defensas, pero comenzó a conjurar una primera línea de defensa para el ominario instintivamente. Estaba seguro de que sus atacantes volverían a emerger antes de que pudiese acercarse a Heraldo.

Jack

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No dejaban de tener problemas. ¡La ciudad entera parecía estar en su contra! ¿Qué demonios habrían hecho Marsi o sus amigos para desatar aquello? Apenas tuvieron unos minutos de calma en las montañas, pues nuevos enemigos, y en grandes cantidades, salieron del suelo. ¿Causarían ellos el temblor? Si no fueron ellos, al menos lo causaron en su grupo.

Varias onyces se sacrificaron en su ataque y la bruja y sus defensas salieron ilesas, pero no sus amigos. Cuando la maraña hubo pasado, se giró y pudo ver a Ozz malherido, así como a Keiria en un estado curioso que no apuntaba a nada bueno. <<¿¿Veneno?? ¡No podemos tratar eso aquí, Marsi no puede esperar tanto!>> Ella al menos no podía. Pero tampoco podía irse ahora que les habían herido, por mucho que su corazón y su ejército en miniatura le envenenara la cabeza con esa idea... Sería abandonarles a su suerte. Tendría que esperar, unos minutos más al menos. <<perdóname, Marsi>>

¿Alguien sabe tratar esa herida? Parece veneno. Y tenemos que hacer algo, esos bichos siguen ahí debajo... —miraba el suelo, preocupada... y entonces se le ocurrió algo—. ¿Podríamos hacernos intangibles todos hasta que nos alejemos? Y si salen, les pegamos fuego o yo qué sé.

No obstante, no esperó a que decidieran. Tal y como llevaba toda la pesadilla haciendo, se aplicó el hechizo a sí misma, temerosa de que volvieran a atacarles y no fueran suficientes sus onyces, sus defensas y las de sus amigos. Pero tampoco iba a gastar toda su energía en mantener intangible a todo el grupo.


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Lupin

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Todo fue demasiado rápido para Heraldo. Cuando se dio cuenta de la situación, se vio de repente en el suelo. Se encontraba desorientado, no sabía qué hacía allí. Se levantó de golpe, o lo intentó, casi con vergüenza. Entonces lo sintió. Miró la postura evidentemente anormal de su largo brazo y vio el dolor.

Era más de lo que podía soportar. Aunque la cosecha lo había curtido, nunca había experimentado un dolor físico como ese. Ni siquiera había podido soñar que tal sufrimiento fuera posible. Su estado era lamentable y el tiempo acuciaba, pero aun sabiéndolo no sentía que pudiera hacer nada. Aquello dolía demasiado. Trató de concentrarse en recordar si entre sus dones se contaba alguno para hacer que aquello parara. Más deprisa de lo que hubiera podido ser posible, dio con el necesario y se anestesió el brazo. Una extraña sensación le asaltó por un instante, como si no supiera de dónde había salido tal poder. Pero no tenía tiempo para perderse en pensamientos secundarios.

Intentó levantarse de nuevo, esta vez con dificultad pero al fin con éxito. Miró a su alrededor tratando de no fijarse en la evidente fractura. Debían salir de allí deprisa, sin duda aquellos monstruos volverían. Apretó los dientes y decidió seguir la propuesta de Alice, así que procedió a conjurar intangibilidad sobre sí mismo. Finalizado, decidió completar el tratamiento inicial con un conjuro para inmovilizar el brazo. Ejecutar todos esos conjuros con una sola mano útil no resultó ser tan problemático como hubiera podido creer.

―Debemos seguir moviéndonos, rápido ―dijo cuando terminó los preparativos. En cuanto se pusieran en marcha, saldría corriendo como buenamente pudiera.

Zarket

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GM
«Bueno, es una descripción precisa» piensa el tipo E, no sin ironía. El problema es que aquella descripción era demasiado general y no le daba ninguna información sobre qué estaba pasando y por qué de repente se encontraba dirigiendo ejércitos. Pero suponía que, mientras su vida estuviera aparentemente en riesgo, aquello no importaba demasiado.

Bien —murmuró, entrecerrando los ojos hacia aquellos desconocidos. El que se parecieran a tantas amenazas que había sufrido en Rocavarancolia ponía aquella situación, al menos, algo más fácil. Y poder enfocarse en la agobiante proximidad con la que sentía a la Luna Roja también.

Yber

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GM
Los intentos de Rad por detener el avance del ejército del Sol Blanco caen en saco roto. Poco a poco logra acabar con varios de sus campeones: la Estafadora, el Cardenal, el Espantapájaros y la Sierpe Coral... Todos muertos a consecuencia de sus cartas. Sin embargo, los supervivientes avanzan con firmeza hasta la torre y empañan el peso de las bajas. El elixir que extrae de la Cabalgante no es suficiente para que el ejército de la Luna Roja se imponga sobre ellos.

Finalmente, el Sol Blanco asedia la Gran Torre de Maciel y el Viajero Metálico se les une para informar de la situación a los únicos supervivientes: el Demonio Lummínico y la Encantasombras. Les habla del cautiverio de Marsi, de los tubos conectados a ella, de la extracción de elixir y de los crueles intereses de la Luna Roja para expandir su imperio de terror más allá de los portales.

El Demonio Lumínico y el Viajero Metálico caen a mano de La Hermandad y La Reina Caracol, que se inmola en un último intento de salvar a su señor.  Sin embargo, antes de morir logran abrir un agujero en la base de la Torre. Toda Rocavarancolia tiembla ante la posibilidad de que tamaño edificio se desmorone, pero la Encantasombras no se lo piensa dos veces y se adentra en el lugar que mantiene atrapada a La Cabalgante. El interior del edificio es estrafalario, caótico; un mejunje de escaleras, ventanas y habitaciones que carece de sentido arquitectónico y lógico.

Alice no encuentra ningún obstáculo en su camino hasta la sala de extracción. Rádar sabe que, sin elixir, lo único que puede salvarle es sacrificar a La Cabalgante para una última y arriesgada toma de magia. Así le informó Tersa.

De esta manera, uno baja y otra sube y ambos se encuentran frente a frente, en una habitación que bién podría ser una plaza. En el centro, tumbada en una camilla conectada a multitud de aparatos, Marsi descansa via coma inducido.


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Jack

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No sabía cómo pero seguía viva. Llegar hasta Maciel con sus compañeros había sido una masacre tal que solo quedaban ella y sus sombras. Archi, que había aparecido recientemente, y Kin habían sido los últimos en acompañarle antes de prácticamente sacrificarse para que ella pudiera llegar al interior de la maldita torre e iniciar su ascenso. Su horda de sombras le siguió, las que pudieron la acompañaron, colapsando el espacio a su alrededor, inundándolo como si tuviera que avanzar en un mar de sombra líquida que solo la obedecía a ella, y el resto trepó por el muro, por fuera. Eran sus ojos y sus manos, apenas necesitaba de sus ojos para ver en la oscuridad que engulló la torre.

No quería nada de esto, no quería que todo acabase así y verse sola, completamente sola, ante el único peligro que quedaba por delante. Estaba cubierta de sangre, sudor, polvo y los ojos llorosos por ver morir a sus amigos sin poder hacer nada, sin poder evitarlo, y sin poder llorarles. Rabiaba por dentro. Temblaba. Pero la determinación por salvar a Marsi de aquel horror le bastaba para no derrumbarse. Las onyces la animaban. No estaba sola. Su propia horda de pesadilla la acompañaba. No sabía quién era quien había desatado aquel horror sobre la ciudad, su ciudad, pero se le antojaba diminuto en comparación con lo que llevaba dentro después de ver morir a todos sus amigos.

Las onyces le avisaron. Habían entrado como huracanes, barriendo las habitaciones, sin encontrar a nadie. Hasta ahora. Alguien bajaba según subían. Lo notaron. Lo sintió. No era un simple guardia. No. Era quien había causado tanta muerte. Debía ser poderoso. Y le odiaban tanto como odiaban a su bruja. Ojalá se matasen entre ellos.

¡Vas a morir!
¡Traidor!
¡Te despedazaremos!

El mar de sombras se abriría a su paso sin dejar de increparle hasta que la bruja les diera la última orden. La terrícola no sabía qué esperar, por lo que iba bien pertrechada: barreras defensivas y una armadura de sombras, como si una película de alquitrán recubriera su cuerpo por completo. Un centenar de ojos salpicaba la superficie, todos ajenos, todos vinculados a la bruja. Cuando estuvieron cara a cara, las sombras les cubrieron, formando paredes y techo, todo recubierto de púas, hasta que cubrieron incluso el suelo. Pero no estaban quietas y el movimiento pretendía ser tan hipnótico como agobiante.

Cuando habló, todas las onyces hablaron con ella, en distintos tonos y a tiempo y ritmo diferentes.
No sé quién eres pero vas a sufrir.

El suelo se alzaría mientras el techo y las paredes de sombras se abalanzarían sobre él y la bruja desaparecería de su vista.


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